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  Número 446 | Mayo 2019
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Nicaragua

“Cuál es hoy el reto de la oposición Azul y Blanco”

Eliseo Núñez Morales, ex-diputado representante en la Asamblea Legislativa de varios partidos liberales, hoy integrado al Frente Amplio por la Democracia, que a su vez es parte de la Unidad Azul y Blanco, hizo una radiografía de la oposición a la dictadura de Ortega, de sus avances y retos, en una charla con Envío que transcribimos.

Eliseo Núñez Morales

En enero de 2018, tan sólo tres meses antes de la rebelión de abril, dije en este mismo espacio: “Me niego a creer que los jóvenes de hoy, a pesar de toda la anestesia de farándula que reciben, no tengan dentro ese sentimiento que todos los jóvenes tuvimos, que es creernos capaces de cambiar el mundo. Eso se lleva dentro cuando uno es joven y estoy seguro que lo llevan dentro los jóvenes, aún inmersos en las redes sociales”. Yo creía que en algún momento pasaría. Y pasó. Y cuando pasó, no terminaba de creer lo que estaba pasando...

En abril esos muchachos pusieron a disposición de toda Nicaragua la voluntad de cambio que llevaban dentro. Y aceptaron que les truncaran sus sueños para que los demás pudiéramos seguir soñando. Muchos sacrificaron su vida, muchos su libertad. Muchos su patria y hoy están en el exilio. La gran mayoría tiene menos de treinta años. Recuerdo una pinta que veía todos los días en Monimbó, a media cuadra del parque central, que decía: “Esta lucha de pocos es por todos”. Fue por todos. Y sigue siendo por todos.

Antes de hacer una radiografía de dónde está hoy la oposición Azul y Blanco y dónde la dictadura, quisiera decir lo que fue Abril desde mi punto de vista. Abril es una ruptura entre la sociedad tradicional y ese segmento de nuestra sociedad que quiere un país moderno. La mayoría de quienes iniciaron e impulsaron Abril son jóvenes. Son ese segmento de Nicaragua que desde una computadora habla con amigos en España, se informa de lo que le pasa a la juventud en el otro lado del mundo y hasta consigue trabajo e ingresos a través de la tecnología... Es la juventud que ya siente que vive en el mundo, que todo el mundo es su lugar. Fue el mundo interconectado el que marcó a quienes iniciaron Abril. Fue ese segmento, al que llamaron bono demográfico y siempre hemos llamado juventud, el que inició esta lucha. Fue esa juventud, que se desarraigó del tradicionalismo y comenzó a apostar por una sociedad con valores distintos, y hasta desconocidos para muchos de quienes hemos vivido en la política tradicional, la que se rebeló. Siento que ésa es la esencia de lo que pasó en abril.

La juventud de Abril se encontró con un gobernante incapaz de comprender lo que ocurría. Además del grado de crueldad que demostró, lo que vimos fue un enorme grado de incomprensión. Hasta el día de hoy Ortega no termina de entender lo que pasó. Cree él que en alguna oficina de la CIA se diseñó un esquema de golpe de Estado para derrocarlo. Y no sólo dice eso para justificar lo que hizo. Lo dice porque así lo cree. Y lo cree porque no entiende lo que pasó, no llega a comprender que la gente, especialmente la juventud, además de trabajar y comer y vestir, necesita libertad. Y después, convencido de que era una conspiración contra él, enfrentó la rebelión como si fuera una guerra… Uno escucha los audios de ellos (“¡Bajátelo! “¡Se está posicionando!” “¿Cuántas bajas…?”) y sin ver imágenes lo que imagina es una guerra y que las bajas son gente armada y uniformada... y eran muchachos con una tiradora en la mano, con una piedra, o a lo más, con un mortero.

No hay nicaragüense que no haya llorado esos meses al ver los niveles de crueldad que se emplearon para sofocar la rebelión… Esas noches interminables esperando un ataque, esas lágrimas, todo este dolor, nos ha marcado a todos y a cada uno de quienes hoy estamos en la oposición contra Ortega.

¿Y quiénes estamos hoy en la oposición, en la Unidad Azul y Blanco? En primer lugar están los movimientos de jóvenes, que son el sector operativamente más fuerte dentro de la Unidad. Hay una gran cantidad de grupos de jóvenes, unas 30 agrupaciones. Unas se definen por la universidad de la que vienen. Otras por su origen territorial. Hay otros grupos que venían trabajando desde antes en temas feministas, ecológicos, LGBT... Todas las agrupaciones juveniles han logrado vincularse de una o de otra forma a tres polos: unas a la Alianza Cívica, otras a la Articulación de Movimientos Sociales y otras han generado su propio ecosistema y dialogan con las demás. A la hora de tomar decisiones se juntan todas. Entre la juventud la gran discusión es sobre las tácticas. Tienen discusiones interminables, pero al final llegan a conclusiones muy maduras, a pesar de que no tienen experiencia política.

Está también el grupo de los empresarios, el más criticado en las redes sociales. En este grupo hay tres segmentos. El que se mueve basado en cálculos fríos que van más allá de la coyuntura. El de los “mea culpa”. Y el de los que siempre estuvieron criticando el modelo “de consenso” entre el régimen y el empresariado. El grupo que tiene mayores intereses económicos es el menos numeroso, pero el que tiene más poder. En él están los empresarios más grandes, los capitales financieros. Están en la oposición porque ya entendieron que Ortega “no es negocio”. Además de que nunca compartieron realmente principios con Ortega, sólo intereses, saben que mientras Ortega esté en el gobierno no vuelve a haber inversión en Nicaragua en el volumen que hubo en años anteriores. No creemos que estos empresarios vuelvan al modelo “de consenso”. Ortega ya no les es rentable… y además saben que las sanciones de los gringos podrían afectarles si continúan en relaciones económicas o comerciales con el régimen. En ese sentido, las amenazas de Ortega son locales... y las de los Estados Unidos son globales.

El segundo grupo es el más numeroso. Lo conforman en su mayoría círculos concéntricos alrededor del capital financiero, que habían navegado en la política “de consenso” sin tener mayor capacidad de decisión en él. Este grupo empresarial siente que la alianza con Ortega causó efectos catastróficos y está genuinamente interesado en que las cosas cambien.

El tercer grupo es el de los empresarios emergentes, los más jóvenes. Aprovecharon las ventajas que les dio el modelo de Ortega, pero no lo “compraron”. Éste es un grupo muy interesante porque está demandando en política lo mismo que demandan los jóvenes. Desde su plataforma empresarial quieren un país con libertades. Y demandan su propio espacio. Ya tienen capital, ya tienen empresas y ahora aspiran a “escupir en rueda”, como llamamos a tener ese espacio propio... A la hora de platicar con los empresarios, este grupo nos resulta el más genuino, porque tienen intereses muy en común con los jóvenes.

No hay muchas posibilidades, aunque no digo que sean nulas, de que el empresariado rehaga el arreglo que tuvo con el régimen antes de Abril. Porque Ortega ya no resuelve el problema económico. Porque Ortega se ha convertido en el problema. Conozco la desconfianza que provoca en algunos sectores nacionales el empresariado en su conjunto, pero no la comparto. Ellos se “arreglaron” con Ortega durante muchos años porque tenían ganancias. Ahora ya no las tienen y saben que no volverán a tenerlas. Y en este momento, algo más: ellos no son sólo una élite económica, también son una élite social… y Ortega no es alguien que ellos invitarían a sus fiestas por amistad.

En la Alianza Azul y Blanco está también el grupo de los políticos. Ahí está el Frente Amplio por la Democracia, en donde estamos un grupo de liberales, un grupo de la Resistencia, ahí está el MRS y el Rescate al Sandinismo. Numéricamente, los políticos somos los menos en la Unidad. La mayoría de políticos que hoy estamos ahí fuimos quienes sostuvimos durante años, y mucho antes de Abril, que el modelo de Ortega no tenía futuro. Pasamos años no sólo denunciando a Ortega, sino a su sistema. Pasamos años manteniendo ese discurso y cargando con el desprestigio que tenían la política y los políticos.

Cuando estuve en el PLI (Partido Liberal Independiente), que fue un partido de oposición, decidimos hacer en 2015 los “Miércoles de Protesta” manifestándonos ante el Consejo Supremo Electoral. Lo hicimos semana a semana todos los miércoles y no para cambiar el Consejo ni para sacar a Roberto Rivas del Consejo, mucho menos para sacar a Ortega. Y aunque parezca mentira, ni siquiera lo hacíamos pidiendo elecciones libres... Lo hicimos para que semanalmente algún ciudadano nicaragüense escuchara que en Nicaragua necesitábamos un cambio. Al final, cuando hubo emisores más creíbles -los jóvenes de Abril- dando la vida por el cambio, escuchamos de nuevo las palabras de nuestro discurso en aquellos miércoles: democracia, instituciones, elecciones libres...

El grupo más numeroso en la Alianza Azul y Blanco, y el más diverso es el que viene de las organizaciones y movimientos de la sociedad civil. Hay feministas, sectores campesinos, sectores LGBT, sectores gremiales. Es muy amplio y, sobre todo, muy diverso. Tanto que Roberto Courtney me dijo una vez que era un “arroz con mango”...

Interactuar con los grupos de jóvenes ha sido para mí una de las experiencias más interesantes. Durante toda mi vida política pasé mucho tiempo buscando convencerlos… y no lo lograba. Y ahora ellos llegan a tratar de convencerme a mí. Son muy activos, cada grupo tiene metas muy claras. Algunos me piden que los asesore, otros que me integre, otros que no me meta en nada... Hay de todo, pero todos son gente valiosa e inteligente y con una característica: dan todo por lo que creen. Y son gente del pueblo. ¿No vieron las casas de los primeros jóvenes excarcelados? Gente muy pobre. Ha sido también para mí un gran aprendizaje trabajar con la gente que viene de las ONG. Son gente muy genuina, muy consistente y muy insistente. Son gente que apuesta por la construcción de un modelo diferente, que coloca en la política nacional temas no habituales: el agua, el medioambiente, los derechos de las mujeres, la discriminación... Y por fin estamos entendiendo los políticos que los temas de las ONG requieren de políticas públicas.

Fuera de la Unidad Azul y Blanco están dos partidos políticos que son tangenciales a la Unidad: el PLC y CxL (Ciudadanos por la Libertad). CxL es un partido liberal nuevo en el que no he participado, pero los conozco a todos y, por ejemplo, sé que el tranque de La Gateada, en Chontales, lo organizaron y lo mantuvieron las estructuras de CxL de esa zona. En el caso del PLC puedo decirles con conocimiento de causa que en la rebelión de abril las estructuras de base del PLC se unieron a los azul y blanco en todos los departamentos. Se demostró así que es diferente lo que hacen y lo que piensan sus bases y lo que su cúpula continúa haciendo: conservar su espacio dentro del sistema de Ortega.

Medardo Mairena, el líder campesino hoy encarcelado y condenado a más de 200 años de cárcel, viene de las estructuras del PLC y nunca abandonó al PLC, a pesar de que el PLC lo abandonó en su lucha dentro del movimiento anti-Canal. Medardo bregó solo en ese movimiento, junto con doña Francisca Ramírez, que también viene del PLC. Ambos son voto duro del PLC. Pero Abril lo cambió todo: A pesar de que en la Unidad es imposible ver a Arnoldo Alemán, en la Unidad es necesario ver a Medardo Mairena... y los dos son PLC, pero están en los dos extremos. Y en medio de esos extremos hay un montón de gente del PLC y de otros partidos que no hizo caso a sus cúpulas y que en abril se hizo azul y blanco.

La lucha de hoy en Nicaragua no es ya entre derecha e izquierda. No es ésa la discusión en la Unidad Azul y Blanco. No hay unos propugnando por una sociedad de valores conservadores con una economía totalmente abierta y un Estado más pequeño, y otros queriendo un Estado centralizado con una economía más planificada y valores más progresistas. La lucha de hoy en Nicaragua es entre libertad y autoritarismo. Es entre quienes creen que el modelo de este país debe seguir siendo el del hombre fuerte y quienes creemos que podemos ser libres y podemos construir una sociedad en la que alcancemos todos.

En la Unidad no buscamos uniformarnos, sino coincidir en ideas que nos conduzcan a un único objetivo y que nos animen a caminar juntos hacia esa meta. Eso hay que construirlo todos los días. Una de las cosas buenas de la Unidad Azul y Blanco es que somos pocos los políticos dentro de la Unidad. Y eso es bueno porque en la política en vez de administrar talentos se administran egos, y la diversidad que hay en la Unidad Azul y Blanco es tan grande que eso nos lleva a administrar muchas otras cosas.

Las diferencias que hasta ahora nos habían separado y hasta estorbado, comenzamos a descubrir que son la principal fortaleza de la Unidad. Hemos descubierto que podemos hablar, discutir, criticar, que podemos proponer y disentir. Algo que considero nuevo y grande en lo que está naciendo es que tenemos la capacidad de hacer, deshacer y rehacer hasta que todos nos sentimos cómodos con lo que decidimos. Ése ya es el germen del modelo que queremos construir. Y mientras lo hacemos lo que tenemos enfrente es a Ortega, un troglodita que nos está matando. Enfrentamos a un tirano.

¿A quién nos estamos enfrentando? A alguien en el ocaso de su carrera. A alguien al que Abril no sólo le destruyó su sucesión familiar. También le destruyó lo que él creía sería su legado. Ortega arruinó la economía nicaragüense en los años 80 y en este nuevo período de gobierno construyó lo que pensó dejaría como su legado: el modelo de consenso con el empresariado y el crecimiento económico del país. De pronto, llegó Abril y la rebelión de la juventud le obligó a enseñar su peor cara. Y mató, apresó, torturó... Él mismo hizo trizas su legado, lo destruyó hasta los cimientos. Se suicidó políticamente...

Cuando pensemos en a quién nos enfrentamos hoy debemos tener en cuenta que Ortega es un hombre muerto, un hombre que ya no tiene nada que perder porque ya todo lo perdió. Y lo único que defiende hoy es su vida y su libertad. Eso lo convierte en un peligro. Sabe que salir del poder significa para él la cárcel y la muerte. Sabe que ningún legado va a dejar...¿Quién es Ortega hoy? Un hombre que sólo ve en el poder su garantía de estar vivo y libre. Atrás quedó el usar el poder como el “juguete” con el que departía con los grandes empresarios, construía carreteras y ofrecía programas sociales... Eso se acabó y hoy en lo único que está empeñado es en mantenerse en el poder solamente para seguir vivo y libre.

¿Y cuál es hoy la base social que sostiene a Ortega? Ésta es una gran diferencia entre lo que fue el Frente Sandinista en los años 80 y hoy. Aunque yo siempre creí que los sandinistas estaban equivocados, en los años 80 era otra la realidad: era el amanecer de una revolución y el aura de ser revolucionario era importante. También lo era la convicción de que estaban construyendo un mundo alternativo. Además, todavía en esos años el mundo estaba partido en dos, en Este y Oeste, lo que les hacía pensar que eran parte de una lucha mundial por el proletariado, por los pobres y contra el imperio. Pero la gente que pensó así ya no está con Ortega. Los que hoy lo defienden son los que defienden los negocios que han hecho gracias a él. Los que lo siguen apoyando defienden sus cuentas, su mansión, su fortuna... Otros que también lo defienden son un segmento de empleados públicos que tienen ese trabajo porque el partido los puso ahí. Esa gente ha sido tan humillada que ha llegado a pensar que no tendrían otro modo de vivir sin el partido, que no merecen más y que deben agradecerle al partido todo, su trabajo y su plato de comida. Creo que en algún momento se darán cuenta de que les arrebataron sus vidas y emigrarán hacia el fanatismo ciego o hacia la rebelión. Y algo de esa rebelión en el Estado la empezamos ya a ver surgir en Abril... A estos dos grupos que son la base de Ortega, los que defienden su fortuna y los que defienden su trabajo, hay que sumar a la Juventud Sandinista, esos centenares de jóvenes que aún confunden a Sandino con Messi… Son muchachos sin ninguna formación política ni ideológica. Si ésa es su actual base, aunque Ortega es un monstruo, tiene los pies de barro. Y sabiéndolo, la estrategia debe ser, como decía Sun Tzu, no pegarle en la cara, sino “debajo del cinturón”... hasta minarlo. Y a eso ayudan también las sanciones internacionales.

Yo siempre he hecho la diferencia entre Sandinismo y Orteguismo, algo que tenemos que entender quienes llevamos mucho tiempo oponiéndonos al Frente Sandinista. El Sandinismo va a sobrevivir a esta crisis, lo que no sobrevivirá es el Orteguismo y Ortega. Y ojalá que el Sandinismo encuentre dónde alojar sus ideas. Porque hay un segmento amplio de la población nicaragüense que ha creído en esas ideas y que tiene todo el derecho de hacerle a Nicaragua una propuesta democrática desde esas ideas.

¿Cómo enfrentar a Ortega, cómo hacer para que salga, para que caiga...? Ortega siente que no tiene salida. ¿Hay que darle una salida en una negociación, en la que prácticamente nadie quedará contento? ¿O hay que empujar la crisis hasta un nivel de conflicto en el que se derrumbe todo, asumiendo el enorme costo humano de esa ruptura? En ese dilema estamos, pero por cuál de esas dos vías será la salida será decisión de Ortega. Lo que nos toca a nosotros en la oposición es caminar, caminar, empujar sin descanso para que salga, para que caiga. Y tengan la seguridad de que va a caer.

¿Qué nos toca hacer para mantener caminando a la Unidad? Creo que además de componendas y pactos, a los partidos políticos nos mató la ineficacia. Los partidos políticos están construidos para alcanzar el poder, pero durante años fuimos ineficaces ante los fraudes y las mañas de Ortega. La Unidad Azul y Blanco tiene que construir una estrategia para evitar caer en la ineficacia. Y eso sólo se logra con un trabajo de todos los días. ¿Cómo consiguió Juan Guaidó el 23 de enero que el pueblo venezolano volviera a salir a las calles, cuando tantos decían que ya la oposición en Venezuela había desaparecido? Guaidó logró mover a la gente con dos cosas: con una ilusión y con una meta de corto plazo. Y eso fue Abril en Nicaragua. Por la ilusión de que podríamos conseguir la libertad y porque creímos que podíamos sacar a Ortega del poder en poco tiempo salimos cientos de miles a las calles...

Creo que hoy debemos prepararnos sicológica y materialmente para una lucha que puede ser larga. Si esto se soluciona pronto mejor, pero hay que caminar y caminar y caminar y empujar y seguir golpeando siendo consistente. Ése es el reto. Habrá gente que se quede en el camino, pero habrá más gente que se quede en el camino si no se les avisa que la lucha puede ser larga y se les da también la certeza de que en algún momento encontraremos como Guaidó la ilusión y la meta de corto plazo.

Lo que tiene a mucha gente metida hoy en sus casas no es sólo el miedo. El miedo contribuye, pero lo que más pesa es que la gente no ve todavía una meta de corto plazo. Debemos encontrarla y entretanto construir una plataforma, que creo debe ser como la plataforma del Lego, donde cada pieza, cada ficha, tiene un lugar. Aunque esto parece conceptual, cuando en la Unidad Azul y Blanco quisimos ponerlo en práctica vimos que no era fácil. Desde octubre, cuando nació la Unidad, hasta marzo, cuando logramos elegir al Consejo Político, ¡pasaron cinco meses! Porque queríamos que todo el mundo se sintiera cómodo poniendo su ficha en esa primera plataforma... También hay que reconocer que entre octubre y diciembre la represión recrudeció y fueron meses en los que no podíamos reunirnos porque a donde uno llegaba había una patrulla lista para capturarlo... A finales de enero, con la llegada a Nicaragua de los eurodiputados, comenzó a bajar la intensidad de la represión. Y ahora Ortega está administrando la represión, y no sólo por las sanciones, sino porque también los recursos para la represión se agotan y la misma represión agota su eficacia... Hay policías que están agotados de la carga de trabajo que les exigen, de la tensión en la que viven, de la presión que ejercen sobre ellos, del rechazo social que sienten...

De momento, en esta oposición diversa todos estamos unidos en el objetivo de sacar a Ortega, sabiendo que si tuviéramos que pasar a una lucha electoral la plataforma que ya hemos construido sería insuficiente. Y no porque no le podamos ganar a Ortega, sino porque tendríamos que apropiarnos de un sistema democrático para la selección de las candidaturas. Y bueno, aunque yo desearía que esta crisis se solucionara por la vía electoral, creo que es la menor de las probabilidades.

¿Y cómo lograr que la solución sea electoral, pero que antes de esas elecciones Ortega entienda que se tiene que ir? Eso no va a pasar. Ortega nos está llevando hacia el conflicto. Yo no coincido con los que dicen que él quiere la guerra. Creo que él amenaza con la guerra, pero no estoy tan seguro de que quiera la guerra. Porque él sabe cuál sería el final de una guerra civil, de la que no saldría vivo. A pesar de todo, él lo que quiere es arrastrarnos a un conflicto.

Si la solución viene por una negociación cualquier arreglo nos va a caer mal a todos. A unos totalmente y a otros por pedacitos. Los arreglos políticos aun con las mejores intenciones no dejan conforme a nadie. Ya lo estamos viendo en la mesa de negociación entre la Alianza Cívica con el gobierno, en el diálogo 2.0.

Si la salida es de transición será con Ortega. Si es de ruptura será sin él. Lo que hay que valorar es si la oposición puede lograr la ruptura o si tendremos que conformarnos con la negociación de una transición. ¿Tenemos las herramientas para lograr una ruptura? Esa vía, que tendría un alto costo en vidas, puede tener también el riesgo de traer como consecuencia la exclusión de un segmento de la población. Creo que lo que más nos conviene es seguir empujando la vía de la rebelión ciudadana y de la resistencia cívica.

Tengo la confianza de que saldremos de Ortega sin excluir porque he visto que hay una enorme voluntad en los azul y blanco de evitar otro conflicto armado. Porque he visto que ha arraigado la convicción de que la lucha debe caminar por la vía de la protesta cívica, de la resistencia pacífica... Y viendo esto, siento que los costos que deberemos pagar todavía para salir de Ortega pueden ser muy altos. Pero serían mucho más altos si decidiéramos terminar esto con una ruptura violenta, militar, en la que siempre al final hay exclusión. Porque en esa vía se impone siempre el más fuerte. Y no siempre el más fuerte es generoso para abrir las puertas a todos, sino que va a querer imponerse y excluir.

Hay que evitar el conflicto, pero Ortega puede imponernos ese camino. Porque al final, es él quien va a decidir cómo salimos de esto. Y lo que ya va quedando claro es que él no quiere salir de esto ni por la negociación ni por el diálogo. No miro a Ortega con incentivos para negociar. ¿Qué se le puede ofrecer como incentivo? Que su partido seguirá siendo una fuerza política, que conservará cuotas de poder, que en unos años su partido podría volver al gobierno… Creo que eso no es ya un incentivo para él, porque él no mira hoy ni por su partido ni por sus partidarios. Hasta creo que no mira ni por sus hijos... Los incentivos a ofrecerle serían cosas que él quiera tomar o cosas que él quiera evitar. Y en la oposición no tenemos nada que él quiera tomar y habrá que buscar entonces cosas que él quiera evitar...

Tenemos hoy el reto de ilusionar a la gente, dejándole claro que el camino es largo y que puede ser tortuoso, que no será un camino fácil. Tenemos también que dejarle claro a la gente que también estamos en esta lucha para que tragedias como la que hemos vivido nunca más se vuelvan a repetir en Nicaragua. Con la puntualidad de un reloj, cada 30-40-50 años, hemos activado en el país el círculo de la violencia. En 1893, la revolución liberal de Zelaya hasta llegar a la elección de Somoza en 1928. Después, Somoza consigue la pacificación a fuerza de balazos hasta 1979, cuando lo sacamos a fuerza de balas. Y llega la Revolución... Y hoy volvemos a estar en el mismo punto. Sacar a Ortega por una ruptura violenta traería el peligro de que se vuelva a activar de nuevo el reloj y se vuelva a repetir la historia... La resistencia pacífica es la que nos puede llevar a un mejor futuro.

Cuando hablo de que la lucha será larga es porque debemos ponernos en el peor de los escenarios: que esto llegue hasta 2021. Ortega dice que él llega hasta 2021, pero no dice que él entrega el poder en 2021. No, lo que él nos está diciendo es: llego a 2021 y aquí me quedo. Dejarlo llegar a 2021 es la garantía de que inevitablemente habrá un conflicto.

La otra vía es que entre el día de hoy y el 2021 arda una chispa que vuelva a encender la mecha de la rebelión, que algún detonante empuje la siguiente etapa de la lucha cívica. La tarea de la Unidad Azul y Blanco es caminar, caminar todos los días, empujar la lucha todos los días y estar lista para el detonante que avive de nuevo la rebelión. En abril y después, cuando aparecieron las barricadas y los tranques, hubo tal grado de dispersión, de espontaneidad y de verdadera autoconvocación, que nadie daba una orden que pudieran seguir todos o que quisieran seguir todos. Ahora que ya estamos más organizados la tarea es estar listos para a la hora de cualquier detonante, contribuir, ayudar, guiar... Es tarea de la Unidad estar organizados para aminorar el costo humano que habrá.

Vuelvo a recordar Abril. Abril nos demostró que Nicaragua puede ser diferente. Porque hay gente que está interesada en que lo sea. Y tan interesada la hubo que fueron muchos quienes fueron capaces de dar su vida, su libertad y su comodidad para que eso sucediera. Creo que quienes tenemos la oportunidad de seguir luchando debemos ocupar cada segundo en pensar cómo logramos esa Nicaragua que soñó cada uno de los que perdieron su vida y que ya no van a poder verla. No espero encontrarme en las esquinas monumentos de piedra azul y blanco con placas con sus nombres. Espero que quienes siendo tan jóvenes nos dieron la oportunidad de seguir soñando estén siempre presentes en nuestras mentes y corazones cuando ya estemos construyendo esa mejor Nicaragua.

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