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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 83 | Mayo 1988
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Nicaragua

Mujer y poesía: clave de la nueva cultura nicaragüense

"Dos son, entre otros, los fenómenos que caracterizan la revolución nicaragüense: la masiva participación cristiana y la importancia que se atribuye a la dimensión cultural": Con este diagnostico comenzó, en 1983, el teólogo y sociólogo italiano Giulio Girardi su perspicaz análisis " Fe en la Revolución - Revolución en la Cultura".

Equipo Envío

Frecuentemente, Envío ha venido dejando testimonio de la presencia y actividad de los cristianos en la Nueva Nicaragua. Reconocimiento publico y nacional de dicha participación es el preámbulo de la Constitución Política de la República de Nicaragua, promulgada el 9 de enero de 1987 también en nombre de los cristianos "que desde su fe en DIOS se han comprometido e insertado en la lucha por la liberación de los oprimidos".

Con el presente estudio envío ahonda en la vertiente de la dimensión cultural: Sin ella, poco se conoce del proceso que el pueblo de Nicaragua vive, en medio de la guerra, la amenaza permanente, la creatividad para salir adelante en las crisis y angustias de una economía de sobrevivencia y para alcanzar la paz con independencia.


Un árbol en el bosque

Canto, danza, artesanía, pintura primitivista, vestidos de moda, documentales cinematográficos, murales, oratoria, posters, periodismo popular, teatro, fiestas patronales, caricatura, narrativa, fotografía, arquitectura turística, jardinería, ensayo histórico co-político y sociológico... En cada uno de estos campos se han explorado caminos, se han abierto posibilidades inéditas en la afirmación de "un hombre nuevo y una sociedad nueva".

Contra la novedad, "los cultos" -aferrados a los patrones culturales como si "lo clásico" valiera solo por ser arcaico y viejo- podrán condenar lo hecho en Nicaragua en estos ocho años de niñez revolucionaria. "El arte como herejía" -título del ensayo con que en 1981 el Comandante Tomás Borge convocó a los poetas y sus fusiles- ha sido y es hasta hoy el reto asumido en la búsqueda queda la identidad y la afirmación de los valores que en sus símbolos, en sus mitos y sus ritos convoca a sabios e ignorantes para la creación mutual de una cultura revolucionaria.

Entre todos los campos fecundados es reconocido por amigos y detractores que Nicaragua ha hecho la poesía la expresión privilegiada de la creatividad cultural. Herencia e impulso de Rubén Darío.

El nombre de Ernesto Cardenal es tal vez más universalmente conocido: heredero de los inmediatos herederos de Darío y pionero innegable de cuantos, tras él y con él, hicieron la revolución y cantan hoy con la poesia la esperanza nueva.

Entre Rubén Darío y Ernesto toda reseña de la literatura nicaragüense fiel a la historia recoge la obra de Azarías H. Pallais, Alfonso Cortés y Salomón de la Selva. Tras ellos el Movimiento de "Vanguardia" congrega a José Coronel Urtecho, Luis Alberto Cabrales, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos, Manolo Cuadra, Alberto Ordoñez Arguello, Octavio Rocha. Ernesto Mejía Sánchez y Carlos Martínez Rivas, quienes con Ernesto Cardenal mismo perviven a la dictadura y entroncan con la revolución como la "generación del 40". Las "Generaciones del 50, del 60, del 70" multiplicaron las páginas y columnas de los seminarios culturales, se escondieron a lo mejor en un seudónimo o un apodo para rehuir la persecución y romper el silencio en el somocismo, superaron las diferencias de edad, sexo, nivel educativo, afiliación política: Ernesto Gutiérrez, Fernando Silva, Raúl Elvir, Mario Cajina Vega, Eduardo Zepeda Henríquez, Guillermo Rothschuh Tablada, Armando Incer, Obar de León, Pedro Pablo Espinosa, Horacio Peña, Octavio Robleto, Julio Centeno, Alberto Baca Navas, Alberto Incer, María Teresa Sánchez, Daisy Zamora, Edwin Yallescas Ciro Molina, Michele Najlis, Vidaluz Meneses, Luis Rocha, Carlos Pérez Alonso, Beltrán Morales, Adriana Guillén, Julio Cabrales, Ana Ilce Gómez, Erick Blandón, Francisco de Asís Fernández, Carlos Rigby, Jorge Eduardo Arellano, Rosario Murillo, Dora María Tellez...

Con éstas ultimas, los guerrilleros "ponen flores al cañón de su fusil" y desde la montaña cantan, como Ricardo Morales Avilés, cuando el soñar era proscrito como una pesadilla. En los mismos días y contra la misma causa, alguno reniega de la herencia transmitida, como de Roberto Cuadra escribió Ernesto Cardenal: "Era uno de los poetas mas valiosos y que más prometían de su generación pero parece ser que renunció a la poesía cuando renunció también a su independencia". Pero otros Felipe Peña, Elvis Chavarría, Donald Guevara hicieron en su muerte a manos de la Guardia Nacional el poema a la vida que iban ya escribiendo en su palabra joven, desde Solentiname. Isla en que los "pescadores-agricultores-poetas-combatientes" iniciaron con su ejemplo a niños de once o diez años -Johnny Chavarría, José Ramón Meneses, Mauricio Chavarría- y de siete -Juan Agudelo- y aun de cinco: Irene Agudelo. Aquella escuela campesina, tras el triunfo, renacieron en los Talleres de Poesía" poetas de barrio y de pueblos de toda Nicaragua.

En ese bosque de audacia y de palabra viva, 1970 es especialmente significativo, por la exacta realidad con que los que son sembrados renacen en sus hermanos, El 15 de enero de ese año, tras el valeroso y popular grito "¡Que se rinda tu madre!", Leonel Rugama cayó en una casa de Managua: síntesis de participación cristiana y de naciente cultura revolucionaria. Semanas más tarde, con el poema "Y Dios me hizo mujer", Gioconda Belli irrumpe como fruto cierto.

A su obra destinamos este estudio. Elección consciente. Sin minusvalores a nadie. Por ser ejemplo de lo que va significando en Nicaragua la dimensión cultural en la angustiosa esperanza de esta lucha y de este pueblo, que no nació ni terminó el 19 de julio de 1979, pero sí hizo de ese día la fecha del alumbramiento de todo lo soñado antes y después.

La mujer que se revela

Rebelarse y revelarse, rebelión y revelación van unidas siempre, como intuitiva y poéticamente lo destacó José Coronel Urtecho al presentar en febrero de 1974 el libro Sobre la Grama, de Gioconda Belli.

Revelación sin adjetivos. Sin el connotado religioso -sí instintivo- de la revelación divina. Sin el comercialismo de las revelaciones anuales en los festivales cinematográficos o en el boom literario de los sesenta en la novelística latinoamericana. Revelarse con la crudeza de quien arranca los velos y muestra su desnudez, como antes de que la primera pareja inventara la hoja de parra, el primer escondite:

¿Poesía erótica: ¿Erotismo de mujer? Como toda lectura inmediata, la que "nos impresiona" y esconde el germen de toda interpretación ulterior, el recorrido de los poemas de Gioconda es la contemplación de un cuerpo que suda y se agita, se contrae y se distiende al primer contacto y en el orgasmo pacificador: "y bendigo mi sexo", canta su primer poema:

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.

Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro
me hizo un taller de seres
humanos (AI, 39)


"La abundancia de mi pelo", cabellera, piel, poros, colinas, cueva, sudor, saliva, espalda, dedos, pechos, naranjas maduras, caracola del oído, hormonas, piernas, brazos, dientes, cuenco de la mano, centro del lirio, talón, bahías, olores, uñas, boca, "mi mismo centro": Metáforas y geografía corporal,
"hecha naturaleza", enredadera, metamorfoseada.

Y ansia de mujer tierna: anhelos de ser gacela, arisca yegua, luciérnaga instantánea, gata boca arriba. Con la misma petición-plegaria de la mujer madura:

Vestime de amor
que estoy desnuda;
que estoy como ciudad
-deshabitada-
sorda de ruidos,
tiritando de trinos,
reseca hoja quebradiza de marzo

("Petición, CE, 25).

Pero no para ser poseída:

El hombre que me ame
no querrá poseerme como una
mercancía
ni exhibirme como un trofeo de
caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo

("Reglas para los hombres
que quieran amar a mujeres", CE, 41)

Porque estar juntos, codo a codo, lado a lado, ser compañeros es el sueño primigenio, raíz de la admiración y la ternura:

Juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndolos mujer y hombre
Y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos

("De la mujer al hombro", AI, 46).

Entonces vienen la caricia, los besos, las cosquillas, los "secretos en los poros para llenar muchas lunas", la marea del corazón, las sábanas explayadas, el temblor de las piernas, los crujidos de las ramas, la embestida al hombro izquierdo, las dentelladas, el lenguaje de los jeroglíficos, "la noche con su cantar de guitarra del monte", las playas de ternura, los gemidos: "exploradores que renuevan el más antiguo acto del conocimiento" (CE, 59):

mi cuerpo como tinaja
recogió todo el agua tierna
que derramaste sobre mí. (AI, 90).


Por eso el anhelo de la revelación nueva y del próximo crepúsculo para que "ondees tu cuerpo/como una bandera/sobre mi cuerpo" ("Esperándolo", AI,59). Deseo decidido de "sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo" ("Te veo como un temblor", AI, 52). Recuerdo y promesa de hacer de mi cuerpo tu perenne habitación./Tu morada de las suaves paredes" ("In Memoriam, CE, 30). Con realismo crudo, surge ahí la confesión más íntima, la definición más "escandalosa" del amor:

amo la escondida torre
que de repente se alza desafiante
Y tiembla dentro de mí
buscando la mujer que anida
en lo más profundo de mi interior de
hembra

("Definiciones", CE, 59)

Y entonces el descubrimiento mas limpio y lleno de gozo: "Dios te hizo para mí" (AI, 60). Confesión juvenil que hace de la desnudez el regreso al paraíso sin vuelos, re-velación femenina:

Dios y el Hombre me permitieron
volver
a mi estado primitivo
al salvajismo delicioso y puro,
sin malicia
al barro, a la costilla
al amor de la hoja de parra, del cuero
del cordero a tuto,
al instinto ("Soy llena de gozo" AI, 40).


Habituados como estamos a la cultura "desarrollada", con sus leyes y normas de pudor, el descubrimiento del instinto salvaje y el canto al estado primitivo pueden parecernos todo, menos "cultura". Gioconda Belli propugna lo contrario.

Porque, evocando el mito del barro y la costilla -nada puede haber más primitivo-, desenmascarar el maniqueísmo -herejía de quienes vieron en la materia al dios del mal todopoderoso- fue decidida y clara; pero dejó el temor de descubrirse sexudo, genital. Desde que Eva mordió la manzana e hizo que Adán la probar, el instinto se hizo malo. Pecado "original originante" defiende la más acentrada teología. Sin desconocer el mal -veremos cual y de dónde nace, según Gioconda-, ella va más allá y proclama en sus "Pequeñas lecciones de erotismo":

Instálate en el humus sin miedo
al desgaste
sin prisa
No quieras alcanzar la cima
Retrasa la puerta del paraíso
Acuna tu ángel caído revuelve
la espesa
cabellera con la
Espada de fuego usurpada
Muerde la manzana (CE, 102).


Con sus poemas de carne y pelo descubre el secreto inicial y único de "la cultura": acción de cultivar, fruto del cultivo. Prototipo permanente, el campesino rompe la tierra -desnuda de piedras y de espina-, esparce la semilla y hacer germinar la vida:

Amo a los campesinos
que no tienen más tractor que
su brazo
que rompen el vientre de
la tierra y la poseen (AI, 84).


Posesión sin mercancías ni mercantilismos. Sin prostitución. Sin pornografía. Con el mito de Eros: el que existió desde el principio. Sin pugna con el Agape.

Comunión total en la total revelación. Apretados los pechos en la palma de la mano: "como pájaros pequeños/en tus jaulas de cinco barrotes", el corazón se abre y desnuda su historia y sus angustias y sus sueños:

renegada de mi clase
engendrada entre suaves almohadas
y aposentos iluminados;
sorprendida a los veinte años
por una realidad
lejana a mis vestido de tules
y lentejuelas
volcada a la ideología de los sin pan
y sin tierra

("Canto al nuevo tiempo", AI, 132).

Todo como junto al mar, un castillo de agua, arena y "divagando sobre las historias que nos contaban/cuando, niños, éramos un solo poro abierto a la naturaleza" (AI, 54). Confesión de nostalgias "de todo lo que tenemos y lo que nos hace falta, de todo eso que tengo dentro" ("El recuerdo", AI, 56), y de tristezas:

Ahora la tristeza ha hecho nido,
se h venido a posar entre mis ramas
y estoy como un sauce llorón
tendida y doblada,
acariciando apenas
la tierra
con mis lágrimas

("Ir dejando en jirones la piel en el amor", AI, 128).

En la inseguridad de un presente nuevo:

Estos en el filo de la construcción de mí misma
ansiosa de cimientos, estructura, sólidas paredes
para proteger el bagaje de sueños que ando a cuestas,
requiero de certezas y verdes tranquilas,
pasos firmes hacia mi propia patria desconocida
("Nueva construcción del presente", AI, 137).


La revelación de las propias inseguridades, compartidas, no hacer perder la conciencia de quien también se descubre avanzando:

Aunque a ratos me asalten las dudas, brinco como
caballo de carreras
sobre sus bien construidas estructuras y sigo, sigo
hacia ese final donde me espera el bosque verde,
la iluminación y el sueño callado donde nada
me acompañara sino la tierra con su murmullo de
vientre ("Avanzando", AI, 80).


En la desnudez completa, por dentro, por fuera, se revela el murmullo del vientre el clamor de las entrañas, la promesa de la tierra: "Yo amo tu semilla/y la guardo". Porque en eso se cimienta la identidad de la mujer entera. En sólo cinco versos queda todo resumido:

Yo soy tu cama,
tu suelo,
soy tu guacal
en el que te derramás sin
perderte
porque yo amo tu semilla
y la guardo ("Yo soy", AI, 51)


Más de un critico -de los que piensan que la poesía es refinamiento exótico, asunto rebuscado- ha tachado de prosaico el poema de los nicaragüenses. La condena aduce no pocas líneas de Ernesto Cardenal. Reproducir, como lo hizo él, el telex sobre la bolsa de valores, según reporte de AP, Asociated Press, o recordar las latas de cerveza vacías, las colillas de cigarros apagadas, el hierro sarrosos, los pedazos de lona, los tubos quebrados, los alambres retorcidos, los boletos rotos, el aserrín con que al amanecer barrieron los bares, las llantas viejas, el plástico envejecido, es el colmo de lo vulgar: gritos del vulgo, de la pobretería. Olvidan quizás -o nunca han sabido- que ese "cementerio de cosas gastadas" necesitó la audacia del Poeta para decir que está "esperando como nosotros la resurrección". Que hacer poesía no eso no significa que esta cierto de que la tumba llena de cadáveres quedara vacía porque la muerte se convierte en vida. Olvidan -o nunca han sabido- que el pánico de la bolsa por las buenas cosechas o por las malas, con su dios moneda, quiso acabar con los tiempos en que "las cosechas eran hechas con cánticos y chicha".

La poesía nicaragüense, la cultura nueva está escrita con las cosas cotidianas, con sencillos deseos, como los de Gioconda y de toda mujer:

Hoy quisiera (...)
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer mas linda del mundo
que me querés mucho
cosas así
tan sencillas
tan repetidas
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida dependiera de
que los míos
sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la
espuma

("Sencillos deseos", CE, 65).

Sólo vaporando la fuerte ternura de una mirada, la apuesta que supone hacer depender la vida toda de una sonrisa, se podrá aceptar que hay aquí una cultura distinta y audaz. Gioconda llega a lo mas femenino, a lo más audaz, al confiar a las hojas de papel -"vírgenes blancas"- su canto con la "enfermedad" de las mujeres ("Menstruación", AI, 60), con "las planicies de mi vientre" que van cogiendo forma "de una redonda colina palpitante" ("Maternidad", AI, 61), con su "Feto" en las entrañas:


pequeño ser
estás creciendo dentro de mí
dándome una nueva dimensión.

(...)
Por las noches me despiertas
con tu suave golpeteo
a las puertas de mi casa más
secreta (AI, 62).


Esperanza de mujer -sólo "mujer" puede ser ya su adjetivo- es ser madre. Para eso guardó la semilla. Para poder arrullar entre los brazos y darle el pecho al sueño por años soñados, prepara el momento en que, tan bíblicamente, "le llegue su hora". Luego, todo el sufrimiento será gozo y recuerdo agradecido:

Me acuerdo
cuando nació mi hija.

Yo era un solo dolor miedoso,
esperando ver salir de entre
mis piernas
un sueño de nueve meses
con cara y sexo ("Parto", AI, 64).


Cuando la niña contempla su muñeca, cuando la jovencita re-conoce con los dedos la metamoforsis de su cuerpo, cuando la mujer madura repasa en la doliente soledad de un domingo los recuerdos de sus sudorosas batallas, cuando desafía las venas azules y las ojeras de la vejez, cuando en el exilio se alegra al mirar su propia historia en toda embarazada, cuando su grito se une al gritería de miles y miles de mujeres -todo un pueblo- que hacen la guerra para acabar con el tirano y el imperio -edades y situaciones recorridas a lo largo de dieciocho años por Gioconda como poeta-, la mujer no hace sino ir tejiendo el más dulce cantar:

Ya se quedó dormida la muchachita.

Cerro de nuevo su corazón de palma (...)
¡Qué linda se ve mi muchachita dormida! (...)
¿Cómo fue que el amor floreció de esta manera? (AI, 66),


Revelación de la mujer. Canto a la vida nueva. Tan sencilla que ni parece nueva. Identidad y herejía.

La mujer que se rebela

La poesía de Nicaragua -y la de Gioconda Belli no es excepción- es un canto de árboles: guanacastes, ceibos, almendros, robles, jocotes, palmeras. Como los bordes de todas las carreteras del país, las murallas siempre verdes del chilamate acompañan la geografía de palabras. La flor del sacuanjoche compite con la flor de pino, la que llenó con sus olores la iglesia en que se casó Sandino, como símbolo nacional. Pero son los malinches los más cantados. Malinche, flor de mayo, roja de sangre.

Hay en ese símbolo una doble ambigüedad que lo hace plural, portadora de múltiples sentidos. La Malinche -la mujer intérprete de Hernán Cortés, testigo al lado del conquistador de la tortura de Cuauhtémoc y de la caída de los dioses de Tenochitlán- es para su tierra de origen sinónimo de La Chingada, la mujer violada. ¿Traidora o víctima? Y en Nicaragua el viejo militar Mascafierro repite lo que le oyó a su abuela: "El matrimonio es como el malinche: un mes de

flores y once de vainas". Vaina de malinche: portadora de semilla y vida; síntesis de todo lo que es problema y queja.

Coherente con su re-velación, Gioconda, "borracha de primaveras", grita:

Estoy deseando explotar
como vaina de malinches
para darle mis semillas al
viento (AI, 41).


Pero al protestar con Mario Benedetti -"Claro que no somos una pompa fúnebre"-, reconoce:

Aunque nacimos para ser felices
nos vemos rodeados de tristezas
y vainas,
de muertes y escondites forzado
(AI, 76).


Ante eso asegura: "No se marchitan los besos/como los malinches,/ni me crecen las vainas en los brazos" (AI, 152). Por el contrario, promete: "segaremos los campos de malezas/para que crezcan, reviente, florezcan, nos inunden de rojo los malinches" (CE, 117). Masculino el árbol, femenina la flor. Comunión de uno y otra, sólo cuando hay sangre y vida. Para eso hay que reventar las vainas. En juventud o en vejez, "mi corazón estará -rebelde- tictaqueando": espinado nuevos mañanas (AI, 144).

La Rebeldía es pues consigna. Contra toda vaina.

La primera vaina, con una honestidad que admira, son tal vez sus propias hormonas: "Quizás las hormonas conspiran" (CE, 96): añoranzas del lino y de los almohadones familiares que impiden el cambio de los tiempos y de las estaciones. Y las tristezas y soledades de hembra que se quedó sin el hombre que se fue a la guerra o se afana por la reconstrucción. Necesidad de seguridad, extrañando siempre -¿quién no?- "el regazo de mi madre". Miedo a la cama vacía y a los trayectos solitarios: "Sombras innombrables", "castillo de fantasmas" (CE, 23). Rebelión: "Me entregaré a los huracanes (ib), "no nací para estar triste/y la tristeza me queda floja/como ropa que no me pertenece" ("Petición", CE, 25).

La mejor arma, la risa: "y río porque amo el viento y las nubes/y el paso de los pájaros cantores/aunque ande enredada en recuerdos" ("Mayo", AI, 152). En lucha contra las risas seductoras de faunos, ninfas, infancia (CE, 76). No se puede conspirar contra la alegría y la sonrisa:

abrirnos a la vida ésta que
escogimos,
ubicarnos en nuestra pequeñez y
grandeza,
confiados como niños en la luz de
mañana
("Reflexiones", CE, 55).


Gracias a una mago amiga que sostiene, levanta y zarandea la ganas de vivir, es posible "borrar la huella de mis pequeños pecados" (AI, 140).

Para combatir otros. El machismo, ante todo, de Cortés -a lo mejor también el de Cuahtémoc- que rotula y etiqueta a la mujer como cocinera y lavapañales del niño y lo presume ante los amigos como el "trofeo de caza": poseída. Es sabido que bajo la exhibición de sus conquistas, Don Juan -Tenorio en el romanticismo; charrasqueado en la canción popular- esconde y descubre el doble temor que lo hace menos hombre, el homoxesualismo y la impotencia. Rebelión par libertar al hombre de sí mismo y darle la mano y también el sea hombre-hombre, el único que "en una plaza llena de multitudes, podrá gritar -te quiero-":

llevándose entre nubes de sueño
y pasado
las debilidades que, por siglos,
nos mantuvieron
separados
como seres de distinta estatura


Por eso las "Reglas del juego par los hombre que quieren amar mujeres" y las "Pequeñas lecciones de erotismo" (CE, 41, 101) son, en la pluma de Gioconda, diecinueve estrofas que revolucionan la cultura e invitan al reto de trabajar unidos en la cocina y con los pañales del hijo, con el mismo amor violento que la mujer reclama y pone en esta lucha:

El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparemos juntos
contra el enemigo


Sin caer en la "liberación femenina" que, sin estas batallas, es palabrería ante el espejo (CE, 71), espejismo de paraíso para quien teme preñarse "de frutas y malinches, de poemas y cogollos" (AI, 148), y anhela saciarse con todo lo que ofrece esa "vieja bruja fascinante", Nueva York, moderna caja de Pandora y templo del comunismo, sin puntuación, sin tiempo para decidir ante lo que anuncia:

abiertas puertas hacia la tentación
libros muebles ropa revistas restaurantes tiendas
tiendas caras baratas cines teatros modas
deportes pornografía zapatos queso sorbete
conciertos opera boutiques almacenes inmensos
el almacén más grande del mundo
pisos unos sobre los otros
cafeterías hamburguesas supermercados
salmón ostras aguacates jugo de naranja
máquinas para jugar par excitarse para pensar
para calcular drogas para soñar
audífonos para pasear por las calles
oyendo música en patines surcando navegando (CE, 136).


Ciudad llena "de todo lo que aquí nos falta": el jabón, las bujías, la leche (CE, 57). Rebelión contra este pecado de desperdicio y hambre. Para eso hacen falta "balas de corazón", como las del Hermano combatiente, que acaben con las águilas rapaces y los asesinos fulanos que destrozaron vidas "para guardar riquezas/o pedazos de mundo que no les pertenecen" (CE, 114). Hacen falta los nuevos portadores de sueños, "armadores y soñadores/hombres y mujeres que no soñaron con la destrucción del mundo,/sino con la construcción del mundo de las mariposas y los ruiseñores" (CE, 129).

Sólo lo que los acumuladores de riquezas les temieron a estos portadores de sueños y lanzaron contra ellos sus ejércitos. Y las grandes rotativas y los presidentes en sus discursos y los artífices de la guerra gritaron su sentencia: "Son peligrosos. Hay que destruirlos" (CE, 131). Lluvia de balas. Oscuridad, barricadas, abuso del espejo retrovisor para ver si me siguen (AI, 126). Guerra. Heridas de guerra. Minas. Orfandad. Padres asesinados. País asediado. Trampas de politiqueros "-tantos años vendiendo patria, concesiones, honra" ("Canto al nuevo tiempo", AI, 134)-. Muerte. Muerte. Muertes encubiertas de musgo y lágrimas ("Furias par danzar", CE, 83). Y por si fuera poco, "hojas impresas que salen por la tarde con sus mentiras/y sus rabias de histérica frustrada" (CE, 109), y el paso de "los diablos anunciando la buena nueva del perdón" (CE, 108).

Levántate, muchacha
que ya sonaron las trompetas de Jericó
y han de caer tus muros sordamente levantando
polvaredas de recuerdos,
para que se libere tu recóndita ciudad
y haya ruido de domingo otra vez y fiesta en tu
corazón ("Saludo al eclipse en tiempo de guerra", CE, 49).


Machetes. Bayonetas. Cantos clandestinos. Vestidos de dinamita. Huelga. Amantes que hacen el amor/que hacen hijos que hacen cartas par los movilizados" ("Nicaragua, Agua Fuego", CE, 108). Trabajo. Pantalones de trabajo. Ingenios de azúcar. Leche, casas, escuelas. Baile, circo y ferias. Rezo. Esconderse para desconcertar. Encender los malinches. Sudor de multitudes. Recoger la solidaridad, "ternura de los pueblos":

Convocada por los vientos
en el volcán me yergo
te invito a este mundo
de jaguares
este mundo de helechos
este mundo tendido
que mira y se entrega
abierto en lagos y veredas oscuras
cubierto de musgo
mirando
-mira que nos está mirando el mundo
este mundo de árboles
("Arboles despeinados", CE, 75).


Herencia de los muertos que no mueren: "siempre-vivos nuestros muertos" (CE, 75). Muerte que da vida. Nuestros muertos resucitan (CE, 117): en lo que soñaron, sonrisas de niño, "Sonrisas vestidas de colores como pedazos de sandía,/de melón o níspero" ("Patria libre 19 de julio 1979", AI, 117).

En comunión con los antepasados, Gioconda Belli confesó su crudo cuando entre "truenos y arco iris" todo parecía acabar y todo recomenzar: 1979-1982. Tradición cristiana, sin duda. Bíblica. Helénica más de una vez. Impulsada por la Literatura que por ser universal es nuestra: del Quijote a Rayuela; de Lope de Vega a Marc Twain, Lewis Carroll, Benedetti... Pero la raíz más viva es la del guerrero, cazador de jaguares, ante cuya tumba, india, acepta la herencia:

Indio salvaje
me haces señas a través de los
siglos,
a través de todos los
descubrimientos,
vuelves a vivir en mis ansias de
monte
de desnudez...

de milpas...

("Escrito ante una tumba india", AI, 69).


Por eso Nicaragua es agua y fuego, volcán y lago:

donde mujeres gritan nacimientos
todo el día pasamos palpitando
tum tum tam tam
Por eso los malinches son hoy más rojos (AI, 126).


En el gozne de la esperanza

La critica literaria de corte histórico y positivista dejó a la critica contemporáneo la obligación de situar en su propio contexto al autor, la creación de su obra, el significado de sus símbolos. Peor con sobrada razón los promotores de la Nouvelle Critique reaccionaron contra el historicismo que convierte la obra simbólica en una mera biografía y reduce la interpretación de las obras de arte a pesquisa detectivesca de fuentes e influjos temáticos.

No queremos releer la poesía de Gioconda Belli como historiadores. Si algo hay de autobiográfico en sus escritos, por ella misma queda dicho, y basta. El contexto histórico y social en que nació como poeta -es claro, desde Coronel Urtecho, que aquí no se habla de "poetisas"- es de sobra conocido. Queremos comprender la Revolución no como mera historia -la suponemos sabida-, sino como cultura revolucionaria.

venas de indios repiten historia:
No queremos hijos que sean esclavos
flores salen de ataúdes
nadie muere en Nicaragua (CE, 107).


El indio supo y lloró su Malinche traicionada. Y la mujer que se rebelde con la ternura indígena de una madre increíble, llora y acaricia y convoca a la batalla:

Nicaragua mi amor mi muchachita violada
levantándose componiéndose la falda
caminando detrás del asesino siguiéndolo
montaña abajo montaña arriba
no pasarán dicen los pajaritos
no pasarán dicen los amantes que hacen el amor
que hacen hijos que hacen pan que hacen trincheras
(CE, 107-108).


Más sútil es la corriente psicoanalítica. La ciencia tan afanosamente creada por Freud tiene mucho que ofrecer para valorar en los símbolos no sólo su significado sino su sentido. Búsqueda en profundidad. Hasta el inconsciente. Es tan obvio el connotado psíquico, afectivo-sexual, de formas como agua, torre, vaina, árbol, colinas, laberinto, espada, trinchera, rojo, amarillo, musgo, tumba, hamaca... que Gioconda misma se encarga de decírnoslo, sin semiconciencias siquiera. Por lo demás, ya Satre desenmascaró el peligro de esta escuela: la obra artística y simbólica es mucho mas que la reseña de nuestras psicologías, si es que alguna vez es eso. La cultura que Gioconda revoluciona con sus versos rebosa de salud. La enfermedad, como "pecado" que combate, es muy otra. Sin embargo vale la pena retener uno de los aportes más valiosos del proceso propuesto por Freud: la madurez y la salud humana se logra en la medida en que se enfrenta, se acepta y se asume lo que se es. Sólo así se afirma la propia identidad y sobre ella se es capaz de impulsar a otros para que enfrenten, acepten y asuman la suya. Es este el sentido -más allá del significado- de las imágenes corporales y sexuales de la poesía de Gioconda: con todas ellas va logrando decir "yo soy". La "re-velación" es pues una forma, muy bella y concreta, de afirmar su propia identidad y de asumir la responsabilidad de defenderla contra toda agresión. De rebelarse.

El artista es el máximum de conciencia posible de una clase social. En el conjunto de relaciones que los mismos símbolos de la obra artística generan hay una manifestación y un impulso de las relaciones sociales: De sus tendencias al cambio, de sus luchas, de sus utopías y sus sueños esperanzados. Así lo postula la escuela genético-estructural y así lo asumimos nosotros, por el rigor con que marxólogos como Lukács y Goldmann lo han aplicado y por la afirmación: de lo que parece evidente: el artista es centro del influjo social, condicionado por la dinámica social de su tiempo e impulsador de ese mismo dinamismo.

O simplemente porque si algo ha afirmado la revolución en Nicaragua es su empeño en la construcción -en versos de Gioconda- "no sólo de nuevas relaciones de producción/sino de nuevas relaciones de amor" ("Problemas de la transición", CE, 77).

El reflejo y el impulso social de la revolución en la cultura, concretamente en la obra de Gioconda Belli, no está en su declaración de principios, ni siquiera en los poemas destinados y contar y cantar las peripecia de la lucha, la victoria o la agresión norteamericana. La canción de juglaría y los corridos populares al estilo mexicano posiblemente no pasarían de ese nivel.

Es natural que Gioconda, como tantos otros poetas nicaragüenses, dedique mas de una página a la historia de la huelga general, a la caída de Marcos, a la entrada en Managua el 19 de julio, a la alfabetización, a la consigna. El valor de tales poemas -tal vez no los mejores en el conjunto de su obra- no está en la narración fraterna de lo acontecido, sino en la re-velación y la rebelión que con ocasión del suceso nos convoca.

Es mérito de Greimas el proponer como técnica para descubrir la dinámica con que los símbolos el llamado "cuadro semiótico": Representación visual de la articulación de un conjunto de símbolos dados.

No es este el lugar par explicar dicha técnica. Una simple palabra para facilitar la lectura del cuadro que proponemos. Se eligen dos símbolos contrarios entre sí (rebelarse/revelarse) y mediante un doble eje diagonal se les relaciona con su respectivo símbolo contradictorio (no rebelarse/no revelarse) representados gráficamente como rebelarse y revelarse. Se establece que es lo que genera la contradicción entre uno y otro par de formas contradictorias y así relacionadas, y se prosigue la búsqueda de relaciones en el cuadro formado, comenzando por la derecha, tratando de ir retomando el conjunto de símbolos previamente analizados.

El valor de este procedimiento es lograr ver la interrelación del conjunto de símbolos propuestos. En la dinámica con que se van relacionando se podrá descubrir el reflejo dinámico de relaciones sociales que mutuamente se generan: base para una relectura sicológica de la obra artística, según la escuela genético-estructural a que hemos aludido.

En los apartados precedentes hemos destacado ya un conjunto de símbolos que nos parecen los mas significativos en la obra de Gioconda Belli. Repasando ese conjunto de formas proponemos pues el siguiente cuadro semiótico. En él valoramos lo que es Nicaragua hoy en la revolución y la cultura: revolución y cultura que ni nacieron ni terminaron el 19 de julio, pero sí hicieron de ese día el reto de una vida nueva, tan dolorosa y esperanzadamente soñada.

Gráfico


Dos ejes de contradicción: Rebelarse <-----------> no rebelarse: hacer o no hacer la guerra contra toda "vaina", toda injusticia y toda humillación. Revelarse <-------------> no revelarse: desnudarse o no desnudarse; afirmar o no afirmar la propia identidad.

En esos ejes se juega toda posibilidad de ser mujer:

1) "Muchachita violada", la mujer desnudada a la fuerza, sin capacidad de rebelión, sin lucha eficaz, como la Malinche Mexicana: "deixis negativa": como exhibición que destruya a la mujer, la prostituye, la comercializa. La mayor injusticia, la del "macho", la del conquistador.

2) La mujer que, como "Vírgenes blancas", como hojas de papel sobre la mesa antes de toda escritura, permanece "deshabitada", yerma, infecunda, porque no hay en ella ni "re-velación" ni "rebelión". Aceptación de toda "vaina", pasiva, sin combate. Eje de subcontrarios asumidos o impuestos. Negación total de la mujer.

3) La mujer de la "liberación femenina": En guerra, sí, pero sin desnudez que acepte que sobre ondee una bandera o quede sembrado un árbol. Mujer a medias. "Deixis positiva": Mostración que es positiva por la lucha y sin embargo no engendra sueños ni sonrisas.

4) "Mujer" sólo aquella que en cabal desnudamiento se re-vela y en cabal lucha contra toda vaina se rebela. Eje de contrarios enfrentados, aceptados, asumidos como tales: Decisión y ansias de ser fecundada por y fecunda al hombre hecho hombre porque ella lo hizo ser, al ser hecha ella misma mujer por el hombre por ella hecho hombre. En la re-belión y en la revelación mas plena, por ser compartida.

En el centro, en el "gozne", está la apuesta entera: el parto de la vida nueva. Fruto nacido en el cruce de la desnudez amorosa y la batalla contra todo lo que humille, todo lo que encierra, todo lo que niega la ternura de un hijo -o hija- nuevo. Sueño posible: soñado a lo largo de la biología de la mujer, desde la niñez, hasta la ancianidad de la abuela.

¿Simple historia -biografía a veces- de la mujer? ¿Mero erotismo escandaloso? ¿Refrito de amoríos de una simple telenovela? Mucho mas que eso: dinámica de Nicaragua en busca de un hombre y una sociedad nueva. Nuevas relaciones de amor:

Contra el conquistador que, como macho acomplejado por sus impotencias y sus regresiones no sólo sexuales sino políticas y económicas y sociales quiere imponer lo que siempre impuso: Su palabra de emperador y rey, que viola las leyes y desconoce los tribunales mismos que, supuestamente, en el consorcio de las naciones había él creado para la comunión humana y justa, fundamento de la cultura. Violación y usurpación de todo derecho. Como vivió Nicaragua en la dictadura, como se le quiere hacer vivir con pirañas y minas en sus mares y sus fronteras. Sin nadie que juzgue al violador.

Contra los diablos del perdón que invitan a que la víctima se sienta culpable y perdone, sin atreverse a condenar al violador, sin luchar contra las armas de opresión que hacen infecunda la tierra o matan a los campesinos que la cultivaron. Contra una falsa y mentirosa ética que -como las hojas impresas por la tarde con sus mentiras- se rasgan las vestiduras porque un pueblo grita por la vida nueva. Contra los que, por voluntad o por fuerza, dejan a Nicaragua deshabitada, despoblada, sin identidad verdadera.

Contra los que a nombre de revolucionarios ya hechas -es evidente que la "liberación de la mujer" es algo que quiere revolucionar, dar la vuelta al machismo conquistador y dominante-, imiten que un pueblo llegue a sus raíces y desde ellas, indígenas, hispánicas, cristianas, universales, también grecolatinas a veces, invente, se heterodoxo: inédito, no pardo antes. Sin aceptar que revolución alguna, fiel a su nombre, pueda alguna vez decirse "ya hecha" como articulo de exportación.

En contra de todos y de todo. Y en favor de un solo instinto, el más primitivo -desde el lodo y la costilla-: ser y reproducirse en sus hijos. Con la afirmación de la propia identidad; con el derecho a elegir lo que quiere y lo que ama; con el poder suficiente para establecer las reglas de sus relaciones y amistades; con la conciencia de sus debilidades y de su grandeza; con la fraternidad de todos los humillados, de todos los pueblos que hacen de la solidaridad la expresión de su ternura; con el pan que es pan y la escuela que es escuela sin metáforas ni alegorías, todo tan cotidiano, tan vulgar como eso; con la geografía de lagos y volcanes, de agua y fuego, como un triángulo abierto en sus fronteras de cuerpo mirado desde todos sus ángulos; con la certeza de que el dolor de la parienta de esta hora -su hora- será presencia agradecida y comprometedora de los que dieron su vida para renacer entre las hojas del maíz, como "un chilotito tierno" que canta aquella otra canción:

Veo los vientres hinchados de vida que vendrá (CE, 37).

Me duele como parto esta alegría (AI, 117).

La plaza es como un gigantesco vientre dando a luz (CE, 111).

Revolución, 19 de julio, bandera roji-negra: Realidades y símbolos que hacen más rojos los malinches. Con una sola decisión: "paraísos terrenal/o cenizas/patria libre/o morir (CE, 118).

Hay en Nicaragua una cultura, un cultivo -como acción y como fruto- nueva. Lo confirman los poemas de Gioconda, los mas biológicos, los más femeninos, releídos como el maximum de conciencia -identidad- posible de este pueblo: "Menstruación", "Maternidad", "Feto", "Parto", "Dando el pecho". Nadie dejará de cantarle a la muchachita:

Ya se quedó dormida la muchachita.
Cerró de nuevo su corazón de palma (...)
¿Cómo fue que el amor floreció de esta manera?
¡Qué estrella me reventó en el sexo
y me entregó este chiquito planeta perfecto....! (AI, 66).


Una síntesis de la cultura en Nicaragua

¿Qué sos Nicaragua en tu cultura? De esta pregunta partimos y hemos querido respondernos.

Pero ¿es esto lo que quiso decir Gioconda con sus poemas? No sabemos "que quiso decir": eso es historia y autobiografía. Esto "nos dijo", al responder ella misma a la misma pregunta: "Que sos Nicaragua":

¿Qué sos
sino un triángulo de tierra
perdido en la mitad del mundo?

¿Qué sos
sino un ruido de ríos
llevándose las piedras pulidas y brillantes
dejando pisadas de agua en los montes?

¿Qué sos
sino pechos de mujer hechos de tierra,
lisos, puntudos y amenazantes?

¿Qué sos
sino cantar de hojas en árboles gigantes,
verdes, enmarañadas y llenos de palomas?

¿Qué sos
sino dolor y polvo y gritos en la tarde.

-'gritos de mujeres, como de parto'-?

¿Qué sos
sino puño crispado y bala en boca?

¿Qué sos, Nicaragua,
Para dolerme tanto? (AI, 74-75).

Ante el dilema teórico sobre si el quehacer de la revolución en la cultura consiste en hacer llegar "lo culto" a las masas, o en lograr que el pueblo emprender su propio cultivo, Nicaragua ha dado su respuesta. Sin enquistarse contra aquello que es herencia de los pueblos, del Quijote a Rayuela. Hoy, aquí, el varón mismo, con la canción del popular cantante de Masaya, Hernaldo Zúñiga, anima a la mujer para que "una vez al mes" viva la bendición: estrellita de rosa, semilla, agua santa, rosas de un jardín dentro de ti: "Mujer, te quiero, mujer, mi amor".

Dejamos, simplemente, testimonio de que es tan valida la cultura nueva, que será siempre verdad lo que la poeta, como profeta de la vida, anuncia:

aquí nadie sale sin un arañazo en la conciencia
nadie pasa sin que le pase nada (CE, 109)


Símbolo de todo, la mujer que se revela y se rebela en el gozne de la esperanza. Poesía: quehacer. Esto es revolución: herejía.

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