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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 82 | Abril 1988
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Nicaragua

Sapoá: ¿jaque mate a la guerra?

El proceso iniciado en Esquipulas II sigue adelante, revela sus potencialidades y hoy se vislumbra más cercano el final de la guerra impuesta al pueblo de Nicaragua. El mismo día que se reanudaba en Managua el Diálogo Nacional, se iniciaban en Sapoá, (Rivas), puesto fronterizo con Costa Rica, conversaciones para comenzar el proceso de concertación del cese al fuego. El 23 de marzo se firmó el acuerdo inicial.

Equipo Envío

En un proceso complejo y también acelerado, iniciado con el acuerdo centroamericano de Esquipulas II (agosto/87), se ha ido abriendo la posibilidad del fin de la guerra contrarrevolucionaria y de la normalización de las relaciones de Estados Unidos con Nicaragua. Para que esto suceda es indispensable un diálogo bilateral entre el gobierno norteamericano y el gobierno nicaragüense. Como un preludio, con Esquipulas II se puso ya en marcha un diálogo indirecto tripartito entre el gobierno sandinista, los demócratas y los republicanos. Esquipulas III (enero/88) significó un nuevo avance en este diálogo. Después de estos dos encuentros de los cinco presidentes del área, el gobierno de Estados Unidos -tanto el Presidente Reagan como el Congreso- se veían más que nunca condicionados a actuar con responsabilidad política ante la nueva situación creada en Centroamérica por los propios centroamericanos.

El Congreso dio un paso adelante en esta dirección al cortar la ayuda militar a la contrarrevolución (3 de febrero). Otro paso importante ha sido la forma de los Acuerdos de Sapoá (23 de marzo) entre el gobierno de Nicaragua y la dirigencia contrarrevolucionaria, que podría estar iniciando con ellos un complejo desplazamiento hacia las posiciones demócratas. El diálogo interno entre el gobierno de Nicaragua y los partidos de oposición representa también un paso adelante en la búsqueda de ese diálogo mayor Estados Unidos-Nicaragua que ponga fin al prolongado conflicto que el gobierno norteamericano se ha empeñado en sostener con la revolución nicaragüense.


Estados Unidos: las posiciones de republicanos y demócratas

Como en ocasiones anteriores, el debate del Congreso sobre una nueva solicitud presidencial de ayuda a la contrarrevolución, generó expectación en los Estados Unidos, en Nicaragua y en los círculos políticos internacionales. Pero después de Esquipulas II, éste no era debate más. En él se iba a poner a prueba el avance de las opciones demócratas por una salida política el conflicto, en respeto a lo acordado en Guatemala por los centroamericanos.

Los $270 millones propuestos inicialmente por Reagan -como un intento de boicotear los acuerdos de Esquipulas II- tuvieron que ir siendo rebajados por el mismo Presidente hasta quedarse en la cifra de $36 millones, que fue la cantidad que finalmente se sometió a debate. Reagan redujo cuantitativamente el paquete con el objetivo de ganarse a un sector de congresistas, preocupados por entregar un elevado monto a los contrarrevolucionarios. El componente militar del paquete ($3.6 millones de los 36 eran en ayuda militar) le aseguraba, de todas formas, mantener el compromiso del Legislativo con la guerra contrarrevolucionaria. Más allá de la cantidad de ayuda que se vote, es el componente de ayuda militar independientemente también de cuál sea su cantidad- el que resulta significativo políticamente.

El numero de congresistas indecisos y las fuertes presiones del Presidente sobre muchos legisladores hacían difícil prever los resultados hasta el último momento. Para asegurarse todos estos votos fluctuantes con un NO a la ayuda militar, los demócratas encabezados por Jim Wright hicieron una concesión: aseguraron que de ser derrotada la propuesta Reagan, presentarían posteriormente un paquete de ayuda humanitaria a consideración del Congreso. Aunque aún no era claro si las características de este paquete humanitario serían conformes con lo acordado en Esquipulas II , la propuesta demócrata era una decisión contra la guerra y a favor de una salida política, y por lo tanto, sustancialmente opuesta a la a posición de Reagan y los republicanos.

Entre tremendas presiones y movidas de Reagan y el cabildeo demócrata para lograr abrir este nuevo camino transcurrieron las vísperas del debate. EL 3 de febrero en la noche éste terminó, después de 10 horas de encendidas discusiones, con el resultado de 219 votos vs. 211 en contra de la propuesta de Reagan. Fue un voto en contra de la política republicana y en favor de la salida política que propugna Esquipulas II. Al día siguiente, en una votación meramente simbólica, el Senado dio la victoria da Reagan por 51 votos contra 48. Los escasos márgenes que lograron unas y otras opciones están hablando de las dificultades del diálogo tripartito, y de que muchos demócratas no están aún convencidos de caminar hacia la paz y respetar la voluntad de los centroamericanos.

El escaso margen de la victoria de Wright y los demócratas permitía a Reagan, aunque más débil que nunca, volver a la carga. Y así lo anunció inmediatamente después de la votación dijo que "el telón no ha caído aún", y que se disponía a solicitar nuevos fondos para sus paladines.

Un mes después de la estratégica votación de febrero, la iniciativa concesión de Wright y el sector demócrata que lo apoya resultó inesperadamente derrotada. Sorprendentemente, el paquete de ayuda humanitaria ($30.8 millones) no pasó en la Cámara al producirse una inesperada alianza entre demócratas opuestos actualmente a cualquier tipo de ayuda y republicanos que se oponen a toda ayuda que no tenga el componente militar que garantice la continuación de la guerra.

El resultado de las dos votaciones -la primera estratégica, la segunda muy circunstancial- fue una contrarrevolución oficial y momentáneamente abandonada pro el Congreso norteamericano: sin ayuda militar y sin ayuda humanitaria. Unos días después, el dirigente contrarrevolucionario Adolfo Calero, en rueda de prensa, se lamentó amargamente de esta situación declarando que los Estados Unidos eran "aliados no consistentes y no permanentes", contrastando su volubilidad con la fidelidad que los soviéticos tienen con sus amigos. Eran lamentos que intentaban, sobre todo, impresionar al Congreso. Pero más allá de cualquier impresión, las palabras de Calero revelaban unan realidad: la profunda debilidad militar, política y diplomática de este grupo armado, en la medida en que se estaba iniciando y consolidando entre sector mayoritario de los políticos norteamericanos la determinación de acabar con la guerra.

En el diálogo tripartito, los demócratas han ido avanzando lenta y conflictivamente hacia las opción por una salida política y por el respeto a los acuerdos centroamericanos de Esquipulas II. Los republicanos, con Reagan a la cabeza, permanecen empeñados en no abandonar la salida militar. Tanto la presentación como la derrota del paquete Reagan en febrero son la expresión de estas dos posiciones. El escaso margen con el que avanza la opción por la paz entre los políticos norteamericanos hace previsible que Reagan continúe sometiendo a votación nuevos paquetes -siempre con el decisivo componente en ayuda militar. También es previsible que por una mala conciencia hacia unos paladines que también ellos han respaldado, los demócratas se embarquen en nuevos paquetes de ayuda hum anitaria no suficientemente respetuoso de los acuerdos de Esquipulas II. Es de esperar que la contienda electoral norteamericana añadirá más contradicciones a los desacuerdos que republicanos y demócratas tienen aún, frente a la realidad de una Nicaragua revolucionaria.

Los "paladines" políticos y militares: a sembrar el caos

Después de Esquipulas II, Reagan y los republicanos necesitan ganar espacio ante los demócratas con nuevos argumentos anti-sandinistas. Desearían demostrar que el cumplimiento que Nicaragua ha hecho de los acuerdos de Esquipulas es mero formalismo, que el gobierno revolucionario no tiene real voluntad de "democratización" y que, por lo tanto, deben de continuar las presiones militares, la guerra, para doblegar el totalitarismo, que se supone consustacial al régimen sandinista.

Para esta tarea, Reagan y los republicanos se sirven de sus "paladines". En el terreno político el "paladín" es la Coordinadora Democrática Nicaragüense (CDN), la coalición de partidos reaganianos dentro de Nicaragua . En el terreno militar, los paladines siguen siendo los contras.

Desde diciembre de 1987, la CDN logró paralizar el Diálogo Nacional iniciado en octubre entre el gobierno sandinista y todos los partidos de oposición. Durante semanas, la CDN arrastró tras de sí el resto de los partidos parlamentarios por razones diversas según la ideología de cada uno de estos partidos. Planteando la posición maximilista de que se hicieran 17 reformas a la Constitución de la República -algunas de ellas referidas a la estructura institucional, discutida y aprobada en la Asamblea Legislativa a todo lo largo de 1986-, los partidos abandonaron este foro de diálogo, abierto tras Esquipulas II.

El 2 de febrero, para reanudar el Diálogo Nacional y romper esta alianza entre la abstencionista y reaganiana CDN y los partidos opositores parlamentarios, el gobierno propuso todos los partidos una reunión para discutir una agenda de 14 puntos (poder electoral, independencia del poder judicial, autonomía universitaria, fecha de las elecciones municipales, tribunal de garantías constitucionales, etc.), pero los partidos rechazaron la convocatoria y la agenda.

No fue sólo la paralización del Diálogo Nacional. La CDN se lanzó también a una política de provocaciones callejeras, planteando en ellas reclamos contrarios a las leyes del país, aprovechando para esto el espacio político abierto tras los acuerdos de Esquipulas II y el total levantamiento del estado de emergencia desde mediados de enero/88.

Entre el 5 de noviembre fecha de entrada en vigor de los acuerdos de Esquipulas II- hasta el día 24 de marzo, y según certificación de la Comisión Nacional de Reconciliación que preside el Cardenal Obando, se realizaron en Nicaragua 65 actos públicos al aire libre -marchas o manifestaciones-, la mayoría de ellos en abierta oposición a la revolución. (No se contaron los actos realizados bajo techo). En algunos de estos actos fue patente la intención provocadora de sus organizadores. Una de las banderas que alzaba era, por ejemplo, la abolición de la ley de servicio militar. En tiempo de guerra y en cualquier país del mundo una demanda como ésta resulta ilegal, unan forma de traición a la patria.

Fue en Masaya en donde se manifestaron más claramente las tendencias provocadoras de la derecha. El 8 de febrero, unos 400 ultraderechistas, entre los que había ex-guardias somocistas indultados recientemente tras los acuerdos de Esquipulas, actuaron vandálicamente destrozado vehículos, atacando edificios del gobierno y haciendo ostentación de sus agresividad. El FSLN respondió lanzando posteriormente a la calle a un grupo más numeroso de sus militantes sin que ocurriera ningún acto violento. El 6 de marzo, la CDN y sus gremios empresariales volvieron a intentar una provocación violenta en Masaya y en repuesta los sandinistas organizaron ese mismo día una manifestación masiva. En el enfrentamiento, hubo personas golpeadas de ambos lados y los sandinistas quemaron dos vehículos de dirigentes opositores.

En estas manifestaciones la lógica de la oposición reaganiana ha sido ésta: desafiemos el poder revolucionario en las calles para obligar al gobierno a cerrar los espacios o a reprimirnos; con eso conseguiremos una especie de "chilenización" y sobre todo, tendremos argumentos sobre la falta de democracia en Nicaragua, con lo que revitalizaremos la opción militar en el Congreso.

La lógica de los sandinistas para frenar una escalada de caos callejero ha sido: responderemos a la provocación y a la ilegalidad, pero no con la policía (represión); lo haremos con el pueblo, poniendo en las calles al pueblo revolucionario para que enfrente a los provocadores y los haga retroceder. La férrea voluntad de evitar el caos presidió la lógica, tanto del gobierno revolucionario como la del FSLN como partido. Los propios periódicos norteamericanos han informado quien sustenta la lógica provocadora de los paladines políticos de Reagan. EL diario "Newsday" informó en febrero que existía un plan del gobierno de los Estado Unidos para canalizar a los partidos de oposición entre 4 y 7 millones de dólares para financiar sus actividades y formar a sus líderes.

Es ya un "secreto a voces" en Nicaragua que algunos partidos derechistas están recibiendo ayuda económica del gobierno norteamericano. Al informar sobre esta iniciativa, el diario "Newsday:" recogió la opinión que un funcionario norteamericano tenía sobre la oposición nicaragüense: "Siempre están peleando entre ellos. Tienen que aprender a trabajar juntos y a arriesgarse en aras de la democracia. Los contras están dispuestos a morir por su causa, pero los líderes políticos internos no. Quizás sea necesario que haya mártires por esta causa para que la democracia eche raíces en Nicaragua."

El gobierno de Nicaragua es consciente de estas tácticas y está dispuesto a evitar esos mártires y nuevas provocaciones. Lo cierto es que después de los sucesos de Masaya, las provocaciones de la derecha disminuyeron. La lógica del enfrentamiento pueblo revolucionario-sectores derechistas mostró su eficacia.

Aunque después de Esquipulas, la guerra contra la revolución nicaragüense se ha ido desplazando más y más del terreno militar al terreno político e ideológico, a las calles y a los medios de comunicación social y esto es un giro patente de la coyuntura interna de Nicaragua, la guerra militar no cesó, por eso, en este período.

Los paladines militares buscaron afanosamente en estos dos meses dar golpes significativos para mostrar con ellos que están vivos, que son una alternativa válida, y que el Congreso debe, por tanto, seguirlos financiando. Si en algún momento los contras necesitaban dar golpes militares importantes eran justamente en éstos meses. Pero no los lograron: ni cuando se estaba celebrando Esquipulas II y se cocinaba la estratégica votación en el Congreso ni cuando se debatía el paquete de ayuda humanitaria. Ningún combate o golpe militar pudo impresionar al Congreso o influirlo. Ninguna prueba mayor que ésta de la incompetencia militar de la contrarrevolución, a pesar de los poderosos medios técnicos con los que el gobierno de Estados Unidos los ha dotado.

En estos importantes 60 días que reseñamos puede afirmarse que los únicos actos "sonados" llevados a cabo por los contrarrevolucionarios fueron ataques contra civiles y algunos ataques contra objetivos económicos menores. Dos de estos ataques fueron especialmente salvaje: el primero, el 4 de febrero, cuando una banda contrarrevolucionaria emboscó cerca de Quilalí a un vehículo de transporte civil, destrozándolo con 3 minas y baleando después a sus ocupantes. En la emboscada hubo 18 muertos entre ellos 4 niños, 2 de ellos bebés y 18 heridos. Cuatro días después, los contrarrevolucionarios lanzaron una granada de fragmentación contra los pobladores de Wiwilí, que protestaban por la masacre de sus hermanos. Como resultado, hubo 9 muertos (3 niños) y más de 30 heridos. Dos acciones de gran crueldad que muestran cómo la lógica terrorista contrarrevolucionaria se mantiene y va en ascenso.

El diario "La Prensa" defendió implícitamente la emboscada de Quilalí justificando el hecho en la afirmación de que el gobierno arriesga a los civiles vistiéndolos de militares en zonas de guerra en donde actúan los contras...Todo los intentos desestabilizadores de los paladines políticos y militares de Reagan fueron divulgados y defendidos con gran beligerancia por "La Prensa " y por algunos noticieros radiales abiertos en cumplimiento de los acuerdos de Esquipulas II. De hecho, "La Prensa" y de algunos de estos noticieros han asumido el papel de voceros del proyecto Reagan al interior de Nicaragua. Para cumplir con esta tarea, el diario "La Prensa" ha tenido que polarizar excesivamente su información, tratándose no sólo de una polarización cualitativa, sino también cuantitativa.

El resultado es un periódico sensacionalista, con claras distorsiones informativas y, por sobre todo eso, con serios vacíos informativos. De tal manera, que el que quiera tener una visión pluralista o al menos quiera informarse de lo que pasa no encontrará de una cara de la moneda, ya que ni siquiera toda la oposición encuentra espacio en las páginas de este diario. Esta es una de las razones pro las que el periódico ha visto descender notablemente su venta.

Incapaces con las armas, fracasados en su política de provocación callejera, limitados por su propia beligerancia en sus medios de comunicación, los paladines intentaron otra vía: trataron de obtener espacio político en el diálogo iniciado en diciembre entre la dirigencia contrarrevolucionario y el gobierno de Nicaragua a través de la mediación del Cardenal Obando.

Lo hicieron retrasando las reuniones y, fundamentalmente, a través de la agenda política que el Cardenal propuso en la reunión de mediados de febrero en Guatemala. A pesar de que los acuerdos de Esquipulas II establecen que el diálogo con los grupos irregulares no es un diálogo político y que debe de darse con el objetivo de buscar un cese al fuego, el Cardenal confeccionó para la discusión una agenda política en la que planteaba al gobierno 4 exigencias: amnistía total, irrestricta libertad de expresión y revisión de la ley de servicio militar. A la contrarrevolución le planteaba una sola: determinación de los enclaves en los que se reconcentrarían durante una tregua de 30 días hasta que el gobierno de Nicaragua se "democratizara" cumpliendo las anteriores exigencias.

El 19 de febrero, en Guatemala, el Cardenal rompió inesperadamente las pláticas, después de pocas horas de discusión, alegando falta de entendimiento entre las partes. Los contrarrevolucionarios apoyaron totalmente la agenda propuesta por Su Eminencia. El gobierno insistió en que se tratara de temas técnicos del cese al fuego, según lo acordado previamente por ambas partes y en cumplimiento de Esquipulas II. A raíz de la ruptura de las pláticas y del regreso del Cardenal a Managua hubo un cruce de cartas entre el Presidente de Nicaragua y el Cardenal.

La posición de gobierno era reanudar cuanto antes las conversaciones y que el mediador elaborara una agenda con los puntos comunes a ambas partes, pero sólo los aspectos técnicos de cese al fuego, para partir de ahí y avanzar algo, ya que hasta ese momento y desde diciembre no había habido ningún avance significativo. La posición del Cardenal era mantener la agenda que había propuesto él mismo en Guatemala. El 2 de marzo y para romper este difícil impasse, el gobierno nicaragüense cambió las reglas de juego en el diálogo con la contrarrevolución: las pláticas serían directas es decir, si mediador-, al más alto nivel la delegación nicaragüense sería presidida por el Ministro de Defensa, General Humberto Ortega- y en territorio nicaragüense. Las primeras fechas propuestas para este trascendental encuentro (9-11 de marzo), fueron rechazadas por la contrarrevolución, siguiendo la lógica que habían mantenido desde que se iniciaron las pláticas: utilizar tácticas dilatorias para ganar tiempo y posibilidades de impactar la opinión del Congreso norteamericano. Por fin, del 21 al 23 de marzo se celebró el encuentro entre el gobierno revolucionario y la dirigencia contrarrevolucionaria en Sapoá.

Para enfrentar a los paladines del gobierno norteamericano la revolución ha tenido que utilizar diversas vías. El caos callejero ha sido neutralizado utilizando la fuerza del pueblo en las calles. La defensa militar y la estrategia del ejército sandinista han impedido a los paladines militares lograr ni un sólo avance en muchos meses. Finalmente, el cambio de reglas de juego en el diálogo con la contrarrevolución cerró el paso a los intentos de convertir éste en un callejón sin salida.

Aunque los paladines del gobierno norteamericano han logrado hacer algún daño en estos meses no lograron sus objetivos de desestabilización. La "insurrección" antisandinista que pretenden los paladines políticos y de la que hablan o escriben no se produce. No "la producen" . Y los problemas económicos punto débil de la revolución- siguen sin generar una actividad política que se engarce orgánicamente con las líneas de acción contrarrevolucionarias. Tampoco los paladines militares consiguieron los golpes de efecto que necesitaban. Ni en el terreno político distorsionando el contenido de las pláticas para concertar el cese al fuego, ni mucho menos en el terreno militar. Esta debilidad de los paladines de Reagan ha mantenido al Presidente de los Estados Unidos con las manos atadas, aún en espacios norteamericanos (medios de comunicación) que le han sido tradicionalmente serviles. Ha permitido, sobre todo, a la revolución avanzar aceleradamente en todos los frentes. Todo logrado por Nicaragua en estos dos últimos meses es un fruto maduro de la ofensiva global iniciada en 1985, a la par que de la reciente debilidad del proyecto contrarrevolucionario, tanto dentro como fuera de Nicaragua.

Ofensiva sandinista en todos los frentes: En el frente económico, una riesgosa "cirugía sin anestesia"

Dentro del diálogo tripartito en marcha, Nicaragua logró dificultar seriamente la palabra que Reagan quiso decir en las calles nicaragüense, en los campos de batalla y en Guatemala a través de la agenda política del Cardenal Obando. Pero no sólo se ha tratado de éxitos a la defensiva. Nicaragua ha continuado diciendo palabras importantes en todos los frentes tomando en ellos la iniciativa.

En el frente económico, el gobierno de Nicaragua dio un importante paso el 14 de febrero con la reforma monetaria y el inicio del reajuste económico. Aún cuando se trata de una "cirugía sin anestesia", y aún estando pendientes muchos riesgos, decidir el reajuste en este momento tan delicado es el signo de unan necesidad imperiosa y, a la vez, el signo de la solidez que siente la revolución. Es además una muestra de que el gobierno retoma la iniciativa en el terreno económico, en donde la había perdido, y en donde empezará a jugarse el proceso revolucionario cuando venga la paz y se normalice el país. (Un análisis amplio de este hecho central en al actual coyuntura en otro artículo de este número).

El reajuste económico, por otra parte, junto al marco político abierto en Esquipulas, ofrece nuevas perspectivas de apoyo económico internacional para la revolución. Dependiendo del volumen que tenga, esta ayuda jugará un papel más o menos importante en la consolidación de la nueva situación económica nacional. Una muestra de estas nuevas posibilidades se vio ya cuando este mes la comunidad socialista aseguró a Nicaragua todo el petróleo necesario para el normal funcionamiento de la economía de en 1988. Europa estudia también actualmente un nuevo paquete de ayuda a Centroamérica.

En el frente militar, la Operación Danto

En el frente militar, el ejército sandinista lanzó, del 3 al 20 de marzo, la mayor ofensiva de toda la guerra. La "Operación Danto" que cubrió 150 kms2. en una amplio movimiento desde Bonanza hacia la frontera con Honduras y que en su momento culminante contó con la participación de 4.200 efectivos del ejército nicaragüense fue parte principal de una más amplia ofensiva en distintos puntos del país para acelerar la derrota final de la contrarrevolución.

En la Operación Danto, -pensada desde octubre/87 y comenzada a preparar en enero/88, le fueron cortadas a los contrarrevolucionarios importantísimas fuentes de suministros y logístico que tenían a ambos lados de la frontera que el río Coco y el río Bocay forman en la zona centro-oriental entre Nicaragua y Honduras. Se trata de una zona muy selvática, de muy difícil acceso. En este lugar inextricable los contrarrevolucionarios lograron establecer su más importante "santuario" con arsenales de armas, clínicas, almacenes con vituallas de todo tipo, etc. Este complejo funcionaba como retaguardia estratégica de los grupos armados que actúan en la zona central de Nicaragua.

La operación, en la que participó la infantería, la aviación y hasta la marina (transporte fluvial) resultó un éxito. Fue un golpe concreto al más estratégico espacio fronterizo que en estos momentos de la guerra tenían los contras.

Por ser golpe ala retaguardia fue también un golpe a la facilidad de movilización y desplazamiento de los contrarrevolucionarios que actúan dentro de Nicaragua, situación que puede resultar determinante en el curso actual de la guerra. Según noticias internacionales, no hubiera sido posible un golpe de tal envergadura sin que las tropas sandinistas hubieran entrado en territorio hondureño, en donde estaban parte de las bases. Según el informe elaborado por la Comisión Técnica de la ONU, que a solicitud de Nicaragua visitó la frontera del lado nicaragüense, el ejército sandinista se habría introducido 2-3 kms. en territorio de Honduras. Sobre ese punto no ha habido declaración en Nicaragua.

La contrarrevolución tuvo más de mil bajas entre muertos y heridos durante el Operativo. El golpe fue tal magnitud que cundió la alarma en los Estados Unidos y funcionarios norteamericanos hablaron del "fin" de la contrarrevolución. Se generó entonces un momento de grave tensión, uno de los momentos más críticos por los que ha atravesado la revolución. De repente, un Reagan debilitado y maniatado por sus fracasos en el Congreso, tenía en sus manos la gran oportunidad de lanzar contra la revolución una operación militar de castigo. Los siempre esperados "bombardeos quirúrgicos, por ejemplo.

El departamento de Estado declaró que no se descartaba ninguna opción. Fueron días de tensión internacional, de tensión en Managua y en los Estados Unidos. Como sucedió ya en otros operativos fronterizos de este estilo en 1986 y 1987, el gobierno de Honduras, en nada interesado entrar en conflicto con el de Nicaragua, guardó silencio sobre la Operación hasta que los norteamericanos denunciaron la "invasión sandinista". En parte, este silencio es una forma de hacerse la vista gorda -dada la crisis social que los contrarrevolucionarios han creado en Honduras- y en parte, es también debido a las características de aislamiento de la zona en donde se produjeron los hechos.

La realidad es que a pesar de las denuncias de "invasión", Reagan no pudo hacer, nada pues no había consenso en el Congreso sobre las medidas a tomar. Tuvo que contentarse con un golpe efecto, que también le generó oposición. EL envío de más de 3 mil marines de al 82 División Aerotransportada a Honduras no fue más que una imagen de fuerza y prepotencia. Sólo una imagen. En los días en que se conoció internacionalmente la magnitud de la Operación Danto, apareció más cerca que nunca la paz -era el "fin" de la otra en opinión de sus padrinos- y a la vez más cerca que nunca la decisión de una medida "final" de Reagan contra la revolución. El peligro fue real, la solución de Reagan no pasó de ser efectista y en difinita el conflicto se resolvió a favor de la paz.

En el terreno diplomático y político, cosecha de solidaridad

El terreno diplomático, Nicaragua cosechó una general e inmediata solidaridad porque había clara conciencia en el mundo de que Reagan podía decidirse por una medida irracional y porque después de Esquipulas II ya poco se pueden equivocar sobre lo realmente ocurre entre Nicaragua y Honduras. Al interior de los Estados Unidos, miles de norteamericanos que hacía años, se habían comprometido a resistir en las calles frente ala eventualidad de una invasión, respondieron a su compromiso. Y con emoción y gratitud el pueblo de Nicaragua pudo contemplar a través de la TV impresionantes imágenes de esta respuesta activa, que tal vez ni Reagan ni la contrarrevolución esperaban tan inmediata.

La firme solidaridad expresada por los ocho países de Contadora y Apoyo; las palabras del presidente del Perú, Alan García, comprometiéndose a venir a Nicaragua en el momento en el que el primer marine llegara a nuestro país y llamando a toda América Latina a apoyar a Nicaragua; la reacción europea y la de otros continentes, concretada en la respuesta inmediata que dio la ONU enviando una Misión Técnica a inspeccionar la frontera del lado nicaragüense -Honduras se negó a aceptar la visita- fueron triunfos para la revolución. De algún modo, fue la hora de un reconocimiento internacional al único gobierno centroamericano que con toda voluntad se ha empeñado en cumplir la palabra dada en Esquipulas de luchar por la paz y por la democracia.

En el terreno político interno, en éxito con el que se realizó la delicada operación del cambio de moneda y se inició el reajuste económico y la señal de firmeza y control que esto dio al pueblo; el éxito militar de la Operación Danto y las mismas amenazas de Reagan, provocaron que la nación cerrara filas. Y como ya ha sucedido en ocasiones similares, también críticas, volvieron a disolverse los partidismo para dar paso al nacionalismo antimperialista.

Dentro de esta amplia ofensiva sandinista en todos los frentes -económico, militar político- el gobierno llamó al diálogo a los paladines políticos y militares. El golpe militar en la frontera norte fue decisivo para que unos y otros respondieran afirmativamente y aceptaran dialogar. Por otra parte, un NO podría haberles cerrado aún más espacios en el Congreso de Estados Unidos. Atentaron las reglas del juego puestas por la revolución y en la tercera semana de marzo y la coyuntura dio otro importante giro hacia la paz.

Dos diálogos paralelos en Nicaragua

El 21 de marzo, después de dos sesiones de trabajo en los días anteriores, en los que por más de 17 horas el Presidente de Nicaragua sostuvo pláticas con representantes de todos los partidos políticos, el Diálogo Nacional quedó reabierto, quedando aisladas las operaciones reaganistas de la CDN.

Ese día, el gobierno de Nicaragua y los más importantes partidos políticos llegaron a 11 puntos de acuerdo. Entre estos, la decisión de continuar el Diálogo Nacional sin precondiciones y el compromiso del gobierno de revisar los casos de militantes de partidos o sindicalistas detenidos y de resolver los problemas laborales planteados por medio de comisiones mixtas. En esta ocasión, los partidos opositores -como también hizo el FSLN, la Comisión Nacional de Reconciliación y el propio Cardenal Obando- llamaron a evitar los enfrentamientos callejeros y a que los medios de comunicación social moderaran su lenguaje, excesivamente polarizado en estos meses.

Con la reanudación del Diálogo Nacional se rompió el "embrujo" ejercido por los partidos reaganistas de la CDN sobre el resto de la oposición, que durante semanas evidenció, al dejarse embrujar, la debilidad de su proyecto nacionalista. El paladin político se quedó solo y una vez más, la palpable debilidad de Reagan evidenciada en la derrota militar de los paladines en armas -abocados al diálogo como vía para terminar la guerra fortaleció las decisiones autónomas de los partidos no reaganista. La reanudación del Diálogo Nacional fue de importante paso de avance hacia la paz. Y un dique alternativo y concreto al caos callejero.

Sapoá: conversaciones para concertar el cese al fuego

El mismo día que se reanudaba en Managua el Diálogo Nacional, se iniciaban en Sapoá, (Rivas), puesto fronterizo con Costa Rica, conversaciones para comenzar el proceso de concertación del cese al fuego. El día 23 estaba firmado el acuerdo inicial.

El encuentro de Sapoá fue precedido en Nicaragua por una amplia movilización popular, que culminó en la noche del 20 al 21 con alegres concentraciones callejeras -orquestas, cantos, baile- en apoyo a la delegación del gobierno. El "diálogo directo con la cúpula contrarrevolucionaria en territorio nicaragüense" ha sido durante mucho tiempo una especie de tabú para amplios sectores de la opinión pública en Nicaragua. El nuevo proceso abierto con Esquipulas II, una permanente explicación sobre las diferencias entre "diálogo político" y "diálogo para el cese al fuego" y, en los últimos días, las victorias militares en la frontera norte, comenzaron a revestir este diálogo -no sin contradicciones en la conciencia popular- en una señal de firmeza y también de victoria sobre la contrarrevolución.

Sapoá era una incógnita. ¿Mostraría la contrarrevolución su total dependencia de la política y Reagan? ¿Cuál sería su táctica para defender esa política sin embarcarse en la burda decisión de una ruptura inmediata de las pláticas? ¿Buscaría la contrarrevolución ir separándose de Reagan, ya en su ocaso presidencial, y aproximándose a los demócratas? ¿Se habrían generado ya al interior de la contrarrevolución tendencias hacia la búsqueda de una salida política a la guerra?.

Los análisis más optimistas de los observadores no permitían esperar de Sapoá más que algún acuerdo mínimo entre los dos partes y la decisión de continuarlas pláticas. Sólo esto hubiera sido ya una gran ganancia para la paz. Pero la realidad, muy acelerada políticamente tras los acuerdos de Esquipulas II, se impuso a cualquier análisis. Sólo los muy conocedores del grado de desgaste y descomposición de la contrarrevolución tenían pistas para imaginar los resultados.

Estos resultados sorprendieron a toda Nicaragua en la medianoche del días 23 de marzo, en un acto inolvidable. Un acto escueto, tenso, rápido, que se inició con el himno nacional y una oración del Cardenal Obando. Después, la lectura pausada de los acuerdos, hecha por el Secretario de la OEA, Baena Soares. El discurso de Humberto Ortega, mínimo, contenido. El de Adolfo Calero -con un ostento escapulario al cuello- invocando a Dios y agradeciendo a los paladines de Reagan. El de Alfredo César, en el que se adivinaban sus sueños de llegar a ser un día presidente de Nicaragua. El de Daniel Ortega, como "Presidente Constitucional de la Patria de Darío y Sandino", recordando los esfuerzos de Contadora y Apoyo y la lucha de los combatientes sandinista, exigiendo el cumplimiento del compromiso y hablando con esperanza de la posibilidad real de que termine la guerra impuesta a los nicaragüense. Al terminar la transmisión televisiva, Nicaragua se desveló tratando de interpretar lo sucedido.

Lo sucedido tiene una profunda raíz en las divisiones que existen desde hace mucho al interior de la contrarrevolución y que se hicieron patentes en algunos detalles del mismo acto: la evidente tensión competitiva entre Calero y César, la ausencia del ex-coronel de la guardia somocista, Enrique Bermúdez...

Los orígenes de esta división no son nuevos. Cuando Reagan procedió a maquillar a la contrarrevolución creando la "Resistencia Nicaragüense,"con un directorio de 7 miembros, unió artificialmente a la FDN -dominada por los guardias somocistas-con los sectores antisandinistas de la burguesía en el exilio. Hay que recordar que aunque los somocistas derrotados en 1979 han sido columna vertebral de la operación contrarrevolucionaria organizada por Estados Unidos, en torno a esta columna se han ido relacionando, aglutinando -y también desprendiendo- otros sectores (Pastora, el Negro Chamorro, Rivera y Fagoth, Robelo, Cruz, etc). La denuncia de expresiones de la desunión entre los "políticos" y de que los "Militares", los ex-guardias somocistas, dominaban el terreno.

Por otra parte, es una realidad que la FDN logró captar cierta base social campesina, especialmente en la faja central del país. En estas zonas ha operado durante años el Comando "Jorge Salazar" que aunque de la FDN, por la situación geográfica en la que se ha tenido que mover y por sus bases reales, ha tenido algunas fricciones con el grupo armado que dominan.

En Sapoá, un sector de la dirigencia política contrarrevolucionaria (con Alfredo César al frente) y un sector militar de la FDN (jefes de los "Salazares") habrían tratado de distanciarse de un Reagan aislado y en retirada, para ampararse a la sombra de los demócratas y entrar a lucha política dentro de Nicaragua. Tanto los demócratas como estos contrarrevolucionario están convencidos de que los firmantes podrán desafiar eficazmente los firmantes podrán desafiar eficazmente el poder revolucionario el poder revolucionario en el terreno político.


El otro sector de la contrarrevolución, el que ha dirigido militarmente Bermúdez y políticamente el agente de la CIA, y Adolfo Calero, no puede tener esta misma perspectiva, pues la viabilidad política de estos hombres dentro de Nicaragua es nula. Esta es una de las razones de las profundas divisiones y tensiones provocadas desde el primer momento después de Sapoá en la fraccionada contrarrevolución en el exilio, pero de la cual ha vivido esta guerra como el gran negocio de su vida. Cómo se resolverán estas divisiones es una pregunta abierta para los próximos meses. En Sapoá prevalecieron los más pragmáticos y los de pasado más presentable.

Significado de los acuerdos de Sapoá

Los acuerdos de Sapoá significan entre otras cosas:

- El principio del fin de la guerra contrarrevolucionaria.

- El momento de mayor aislamiento y debilidad de la política de guerra de Reagan, sean cuales sean los obstáculos que se presenten para el cumplimiento de lo acordado.

- La expresión política de lo que desde 1985 la revolución ha llamado el "declive estratégico" de la contrarrevolución.

- Una de las mayores pruebas de la coherencia de la política sandinista tras el compromiso asumido en Esquipulas II.

- La mayor victoria política de la revolución sobre la contrarrevolución.

- La primera expresión de la división, no sólo en su cúpula política sino también en sus mandos militares.

Sapoá es un grandísimo avance hacia la paz, a la vez que hacia la legitimación y consolidación de la revolución. Es la nueva palabra que el gobierno de Nicaragua ha dado para avanzar en este difícil diálogo tripartito emprendido con los políticos norteamericanos, tanto republicanos como demócratas. Es difícil predecir aún qué grado de cumplimiento hará la contrarrevolución de lo firmado y los muchos obstáculos que habrá que sortear para desembocar en el cese al fuego definitivo.

Sandinistas en Nicaragua y demócratas en Estados Unidos
dominan el juego

Los sandinistas y los demócratas dominan el juego. Y en Sapoá ambos parecen haber planteado a Reagan el jaque mate. Para que lo sea en verdad, sin sombra de duda, tendrá que completarse el diálogo político interno y tendrá que producirse el diálogo bilateral entre el gobierno de los Estados Unidos y el gobierno de Nicaragua. En días después, el condecorar a Brian Willson, pacifista norteamericano que perdió sus piernas por una paz digna en Nicaragua y en Centroamérica, recordó esto una vez más el Presidente Daniel Ortega:

En este día en que nos acompaña Brian Willson, queremos ratificar una vez más la disposición del gobierno de Nicaragua de llevar adelante conversaciones directas con el gobierno de los Estados Unidos, para tratar asuntos de seguridad en el marco bilateral. Esperamos que el Presidente Reagan cumpla su palabra. Porque él vino repitiendo que el día que los sandinistas se sentaran a negociar con la contrarrevolución, ellos, los Estados Unidos, se iban a sentar a negociar directamente con nosotros." (20 marzo)

Cuando esta negociación directa se produzca, el juego de esta cruel guerra habrá concluido definitivamente.

Texto del Acuerdo de Sapoá

"Acuerdo entre el Gobierno Constitucional de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense"


El Gobierno constitucional de la República de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense, reunidos en Sapoá, Nicaragua, los días veintiuno, veintidós y veintitrés de marzo de mil novecientos ochenta y ocho, con el fin de contribuir a la Reconciliación Nacional y en el marco de los Acuerdos de Esquipulas II, y ante la presencia de los testigos Su Eminencia el Cardenal Miguel Obando y Bravo, Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, y Su Excelencia Embajador Joao Baena Soares, Secretario General de la Organización de los Estado Unidos Americanos, OEA, han llegado al siguiente Acuerdo:

1. Cesar las operaciones militares ofensivas en todo el territorio nacional, por el período de 60 días a partir del primero de abril del presente año, durante el cual se llevará a cabo un proceso de negociación integral para el cese del fuego definitivo cuya ejecución efectiva se dará conjuntamente con los demás compromisos contemplados en Esquipulas II para poner fin a la guerra.

Ambas partes convienen reunirse al más alto nivel en Managua, el próximo 6 de abril, continuar las negociaciones sobre el cese al fuego definitivo.

2. Durante los primeros 15 días, las fuerzas de la Resistencia se ubicarán en zonas, cuya localización tamaño y modus operandi, serán acordados mutuamente, a través de comisiones Especiales, en una reunión en Sapoá a iniciarse el lunes 28 de marzo.

3. El Gobierno de Nicaragua decretará una Amnistía General para los procesados y condenados por violaciones a la Ley de Mantenimiento del Orden y la Seguridad Pública, y para los miembros del ejército del régimen anterior por delitos cometidos antes del 19 de julio de 1979. En el caso de los primeros, la Amnistía será gradual. Tomando en cuenta los sentimientos religiosos del pueblo nicaragüense en ocasión de Semana Santa, el Domingo de Ramos se comenzará con la puesta en libertad de los primeros 100 prisioneros. Posteriormente, al momento de ser verificado el ingreso de las fuerzas de la Resistencia Nicaragüense a las zonas mutuamente acordadas, se liberará el 50 por ciento de los prisioneros. El 50 por ciento restante será puesto en libertad en una fecha posterior a la firma de cese del fuego definitivo, que será acordada en la reunión del 6 de abril en Managua. *En esta reunión no se logró avanzar todo lo que deseaba el gobierno de Nicaragua. Se convino en la localización de 5 zonas de cese al fuego. El tema del modus operandi no llegó a contratarse, entre otras cosas, porque el Congreso norteamericano estaba esos mismos días decidiendo un paquete de ayuda humanitaria para los contrarrevolucionarios, a solicitud de éstos.

En el caso de los prisioneros contemplados en la parte final del primer párrafo de este numeral, la puesta en la libertad de los mismos comenzará a partir de la firma del cese del fuego definitivo, previo dictamen de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

El Secretario General de la Organización de los Estado Americanos, OEA, será el garante y depositario del cumplimiento de esta Amnistía.

4. Con el fin de garantizar los alimentos y suministros básicos para las fuerzas irregulares, se gestionará y aceptará exclusivamente ayuda humanitaria de conformidad con el numeral 5 de los Acuerdos de Esquipulas II, la que será canalizada a través de organizaciones neutrales .

5. El gobierno de Nicaragua garantizará la libertad de expresión irrestricta, tal como se contempla en el Acuerdo de Esquipulas II.

6. Una vez concentradas las fuerzas de la Resistencia Nicaragüense en las zonas mutuamente acordadas, enviarán al Diálogo Nacional tantos delegados como organizaciones políticas la integran hasta un máximo de ocho. En el Diálogo Nacional se abordará, entre otros temas, el relacionado con el Servicio Militar.

7. Se garantiza que todas las personas que por motivos políticos o de cualquier otra índole haya salido del país, puedan regresar a Nicaragua e incorporarse a los procesos políticos, económicos y sociales, sin ningún tipo de condicionamiento, más que aquellos establecidos en las leyes de la República. No serán juzgados, sancionados ni perseguidos por las actividades de carácter político militar que hubieran desarrollado.

8. El Gobierno de Nicaragua ratifica que las personas que se hayan reintegrado a la vida pacífica podrán participar con igualdad de condiciones y garantías en las elecciones del Parlamento Centroamericano, en las elecciones municipales, en las fechas que se establezcan para las mismas, así como en las elecciones nacionales generales, en las fechas que la Constitución Política establece.

9. A efectos de verificar el cumplimiento de este Acuerdos se integrará una Comisión verificadora, constituida por el Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, Su Eminencia el Cardenal Miguel Obando y Bravo, y el Secretario General de la OEA, Su Excelencia Embajador Joao Baena Soares.

La asistencia técnica y los servicios necesarios de esta Comisión que permitan y expediten el cumplimiento, seguimiento y verificación de este Acuerdo, serán solicitados y confiados al Secretario General de la OEA.

Transitorio:

Ambas partes acuerdan prorrogar hasta el primero de abril del presente año, el cese de las operaciones militares ofensivas, acordado por ambas el 21 de marzo recién pasado.

En fe de lo cual, los abajo firmantes, suscribimos el presente Acuerdo en cuatro tantos del mismo tenor, en Sapoá, Rivas, Nicaragua, a los 23 días del mes de marzo de mil novecientos ochenta y ocho.

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