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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 440 | Noviembre 2018
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Nicaragua

Razones y sentimientos en la insurrección de abril

El estallido de abril no ocurrió en un cielo sereno. Había un acumulado de descontento y había un activismo político muy variopinto entre la juventud. La chispa fue la empatía. La desmesurada represión hizo el resto. Los testimonios de algunos protagonistas de la primera hora explican cómo se entrelazaron las condiciones objetivas y las subjetivas, Las razones y los sentimientos fraguaron este acontecimiento nacional, al que aún le falta el final.

José Luis Rocha

La revuelta de abril de 2018 no fue como muchas veces se dijo de la caída de la Bastilla, “un estallido en un cielo sereno”. Las protestas contra los fraudes electorales, las manifestaciones contra la ley que prohíbe todo tipo de aborto, el movimiento campesino contra la ley del canal interoceánico y el movimiento juvenil #OcupaINSS de 2013, fueron antecedentes que revelaron y canalizaron la inconformidad con las políticas, la autocracia y el aferramiento al poder de Daniel Ortega y sus seguidores. Pero fueron luchas aisladas, esporádicas, reprimidas y aparentemente aplastadas.

La revuelta de abril de 2018 ha durado más de seis meses, ha sido masiva, su cobertura geográfica ha sido casi nacional en diversos momentos y la represión, más cruel y sangrienta que la aplicada a las protestas que la precedieron, no ha conseguido abatirla. Aunque no surgió en un cielo despejado, fue imposible anticiparla entre los nubarrones a los que ya nos estábamos habituando.

AL FILO DE LOS ACONTECIMIENTOS


Escribo entre la virtud y el defecto de hacerlo al filo de los acontecimientos. Varios testimonios los recogí antes de que quienes me los dieron cayeran presos, buscaran asilo político en el extranjero o, en el caso de las madres de los jóvenes detenidos, semanas antes de que sus hijos fueran condenados en juicios de opereta estalinista, dignos de figurar en los anales de la infamia judicial.

La virtud es que en estos testimonios se agita la vida y la rebeldía. El defecto es que el humo de los eventos no permite esclarecer su dirección y algunos de sus significados. En momentos así es muy patente lo que la filósofa estadounidense Susan Buck-Morrs concluyó sobre el carácter elusivo del sentido y la verdad de la historia: “La verdad es singular, pero está en un constante proceso de indagación porque se construye sobre un presente que es un suelo movedizo. La historia siempre está escapando de nuestro alcance, yendo a lugares que nosotros, simples humanos, no podemos predecir”. No obstante, aunque sea muy pronto para hacer un balance de la huidiza historia, ya es tiempo de escudriñar los orígenes de la insurrección cívica de abril.

LAS VOCES DE VARIOS PROTAGONISTAS


Las condiciones subjetivas de la rebelión son las que se fueron creando mediante las percepciones y las acciones de los primeros protagonistas de la revuelta: los universitarios.

Destacar su papel va a contracorriente de la historia de los grandes episodios y de la sociología weberiana, que encuentra en los sujetos dotados de carisma las explicaciones de algunos acontecimientos. Los universitarios no se presentan como líderes carismáticos. Los rostros universitarios más visibles de la revuelta, quienes participan en la Alianza Cívica, han eludido deliberadamente el título de líder y el papel de vanguardia.

Doy la palabra a universitarias y a universitarios y a las madres de dos de ellos. Su visión y actuación son nuestra ventana a la historia y a la forma en que la gente común explica los acontecimientos. Esta atalaya hacia las subjetividades de varios protagonistas nos permitirá entender algunos aspectos de los orígenes de la rebelión y ponderar hasta dónde podemos hablar de un cambio que se avizora en las mentalidades de los testimonios que recogí.

Es habitual que los estudios sobre los movimientos sociales no se ocupen de los individuos que se confunden en el montón y cuya reputación de héroes -menos habitualmente, de heroínas- no ha sido avalada por el paso del tiempo. La historia sólo rescata del anonimato a unos pocos y lo hace con un criterio vinculado a la distribución social del poder. La era de la información rompe con esta dinámica y permite -impone- la visibilidad de otros actores.

Los sociólogos suelen contraponer lo macro y lo micro. El enfoque que propongo es una fusión de ambos. Norbert Elias proponía vincular los microprocesos biográficos a los macroprocesos históricos. Leí huellas de los macroprocesos en las breves autobiografías orales de quienes protagonizaron la revuelta para encontrar las condiciones subjetivas que la propiciaron.

FAMILIAS SANDINISTAS,
MILITANCIA DECEPCIONADA


El primer rasgo que destaca en el perfil de los jóvenes, ellos y ellas, más visibles en la revuelta, son sus raíces o incluso su militancia sandinista. El origen sandinista de un segmento de la juventud en rebelión y su decepción del partido FSLN son un dato significativo.

Siguiendo los rostros más visibles en las comparecencias públicas, especialmente el de quienes participan activamente en la Alianza Cívica, el resultado fue el mismo: un sandinismo de diverso cuño se levantó contra su propio partido, tras un desgaste en el poder debido a promesas incumplidas, atropello a los derechos humanos y a la institucionalidad del país, y un clientelismo percibido como insultante manipulación.

Hansel Vásquez fue criado en una familia de sólida tradición sandinista. El camino de su ruptura estuvo erizado de obstáculos, pero recibió un acelerado empuje en los últimos años. No pocas dificultades enfrentó, como relata su madre, Liliam Ruiz, cuando confrontó su visión desengañada¬ con la lealtad que su familia seguía guardando al Frente Sandinista.

Lesther Alemán, según los datos que de él obtuvo el periodista argentino Martín Caparrós, viene de una tradición ideológica sandinista: “Ha leído mucho sobre los ideales sandinistas. El fundador y prócer del Frente, Carlos Fon¬se¬ca, es su héroe. Lesther comenzó a construir sus ideales a partir de libros, de videos, de canciones. Su himno es Nicaragua Nicaragüita, sus canciones favoritas son las testimoniales”. Sin embargo, Lesther Alemán nunca perteneció a la Juventud Sandinista ni a otro grupo organizado.

Víctor Cuadras fue más allá en su involucramiento con el FSLN: “Soy sandinista, soy de izquierda. Y yo me formé en los cuadros del Frente Sandinista. En el 2014 ingresé en los cuadros de la Juventud Sandinista de mi barrio y ahí comencé mi formación política. Y si vos me decís a mí a qué partido quisieras pertenecer y qué partido quisieras recuperar y renovar, sería el Frente Sandinista, el partido en el cual me formé políticamente. Yo creo que el Frente Sandinista no tiene por qué desaparecer. El Frente Sandinista es un partido con una gran trayectoria, un partido bien constituido”. Otro reportaje consigna que “Víctor creció escuchando historias sobre el Frente Sandinista, que su padre participó en el ejército sandinista, de hecho es un lisiado de guerra y se retiró de la institución en 1989”.

Jeancarlo López, del Movimiento Universitario 19 de Abril, también comparte las simpatías de Cuadras hacia el sandinismo: respalda muchos de sus ideales originarios, pero los “del sandinismo puro, no el sandinismo que promueve Ortega”.

“MI FAMILIA ME DIJO:
SE ME MURIÓ ESTE GOBIERNO”


Dolly Mora, activista feminista de 26 años, fundadora en 2011 junto con una amiga trans, de la Agrupación de Mujeres Trans y Culturales (AMTC) y rostro femenino más conocido de la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN), declaró que viene “de un crecimiento familiar sandinista. Mis tíos anduvieron en la revolución y mis abuelos también, pero Daniel Ortega ha jugado con la memoria de la revolución”.

Juanita Paz (seudónimo), activa en León, también habló de sus raíces sandinistas: “Mi familia siempre ha sido sandinista. Han sido históricamente personas que estuvieron involucradas en el partido y fue gente que, cuando todo empezó a pasar el 18 de abril, me dijeron ‘Se me murió este gobierno’, por ver todo lo que estaban haciendo, cómo agredieron a estas activistas, a estos jóvenes”.

“Fue increíble. Y fue, creo, el impulso y la fuerza que me dieron para poder decir: Sí, vamos a poder, Nicaragua puede cambiar, la gente no está ciega y en verdad sí vamos a decirles lo que hemos querido decirles durante todos estos años muchas organizaciones, muchas mujeres feministas, muchos jóvenes, muchas jóvenes. Y la gente lo está viendo y lo va a ver, y toda esta lucha va a ser más fuerte. Creo que es lo que se ha logrado porque vemos tanta gente que se ha levantado y que ha dicho ‘No estoy a favor de esto’. Eso ha sido increíble”.

“CRECÍ CON LOS RELATOS
DE LA REVOLUCIÓN”


Aunque el involucramiento más inmediato de Madelaine Caracas en la política está más vinculado a su participación en grupos feministas y artísticos -pues como pintora ha buscado “denunciar desde las artes la violencia hacia la mujer”-, reconoce sus raíces sandinistas: “Mi papá estuvo en la revolución. Fue guerrillero. Crecí con esos relatos, pero crecí igual teniendo debates políticos con mis padres. Ninguno de ellos se habían mantenido activos. Sólo mi papá en algunos espacios del Frente”. Los padres de Valeska Valle no son sandinistas, pero sí lo son otros familiares -tíos y un hermano-, cuya experiencia en el FSLN tuvo sobre ella influencia.

Harley Morales mencionó a Alfredo, otro joven activista, miembro de Diálogo Generacional: “Es un chavalo que era de la Juventud Sandinista de Ciudad Darío. Él es sandinista y viene de una familia sandinista y ha estado en esta insurrección desde el principio, desde que reventó la olla en la UNI hasta ahora. Han hecho represalias contra él y contra su familia por estar metidos”.

“DESDE PEQUEÑO
ME GUSTABA TODO ESO DE LA POLÍTICA”


De todas las personas que entrevisté, el que quiso presentarse como Carlos Herrera, en memoria de un compañero muerto en la lucha, era el más inmerso -por tradición familiar y directamente- en el mundo sandinista.

Su testimonio muestra que su espíritu de rebelión nace del mismo imaginario y valores revolucionarios vueltos contra el sandinismo: “Mi línea siempre fue política. Hice un di¬plomado en formación política y ciudadana. También hice un curso de filosofía marxista que dio un profesor cubano de la universidad de La Habana”.

“Fui parte del Frente Sandinista. Tengo mi carnet de militante. Mi papá fue guerrillero. Estuvo en la guerra contra la contrarrevolución en todos los años 80. Mi papá y mi mamá se incorporaron a todos los proyectos, a la alfabetización”.

“En los 90, que es la época que yo viví, vos sabés, crecés con las canciones, con todas las historias. Crecí en ese ambiente y me gustaba mucho. Me interesó mucho la historia. En secundaria fui de la Juventud Sandinista. El Frente no estaba en el poder, pero nosotros estábamos organizados en el colegio. Hacíamos jornadas de limpieza en el colegio. Desde pequeño me gustaba todo eso. Incluso leía los discursos de Fidel porque me gustaba ver cómo los estructuraba para así hacer los míos”.

“PREFERÍ ESTAR
AL MARGEN DE LA POLÍTICA”


Rodrigo Espinoza, Edwin Carcache y Harley Morales son excepciones. Brenda Gutiérrez, madre de Rodrigo, me explicó que su familia siempre ha sido apolítica. Edwin tenía reticencias éticas -probablemente asentadas sobre un discurso religioso- hacia la política.

Antes de ser capturado, Edwin Carcache me habló de sus resistencias a los cantos de sirena del sandinismo: “Tengo 27 años y una bebé de cuatro años. Soy egresado de la UCA, licenciado en comunicación social. Ahora estudio administración de empresas”.

“Cuando entré en la generación del 2008 en la UCA, recuerdo que era un momento de elecciones y muchos de mis compañeros pertenecían a la red de comunicadores de la Juventud Sandinista. Todos esos chavalos que hoy vemos en los canales de televisión estatales fueron compañeros de clase míos. Muchas veces trataron de involucrarme con el gobierno, pero yo siempre rechacé. Lo mío era estar en la pastoral, en los programas de liderazgo”.

“Yo pensaba que en la política no servía a la gente. Y yo siempre me he caracterizado por ser alguien servicial con actos concretos y con un enfoque social para ayudar al prójimo. Muchas veces estos muchachos intentaron que yo me pasara a sus filas, pero no lo consiguieron porque sé cómo es la política y decidí mantenerme en mi línea de comunicador social”.

“En tiempos de estudiante uno piensa en la ética, en esos aspectos que son fundamentales para la profesión. Por eso preferí mantenerme al margen de la política y no envolverme con ningún partido”.

“MI HIJO SIEMPRE FUE BIEN CRÍTICO
Y YO DISCUTÍA CON ÉL”


Los fraudes electorales y el clientelismo, las más recurridas estrategias mediante las que el Frente Sandinista decidió asegurar su permanencia en el poder, fueron atizando el malestar dentro de sus mismas bases. En una especie de efecto boomerang de los mecanismos para reforzar su control y seducir a las masas, el FSLN ha venido experimentando una erosión de sus bases, tanto de militantes como de simpatizantes.

Los testimonios que recogí develan la tensión provocada por una colisión de valores: la lealtad a un partido que ha encarnado -para un segmento de los nicaragüenses- los ideales de igualdad social y oportunidades para los obreros y campesinos y la lealtad directa a esos ideales, sin asidero institucional.

Liliam Ruiz, madre de Hansel Vásquez, relata la forma en que vivió esa colisión: “Hansel percibía siempre la corrupción del FSLN. Y yo peleaba, yo discutía con él. ‘Ay, mama -me decía-, vos vivís ciega con este gobierno. ¿Vos creés que esos zapatitos que les regalan a los chavalitos en el colegio, esa mochila, las da Daniel? Eso no lo da Daniel: son de la cooperación. Y ahí da
n chingaste porque lo grueso se lo dejan ellos’. Eso lo decía él cuando estaba en la universidad”.

“Él siempre fue bien crítico y siempre me lo decía. En una ocasión incluso trabajó en unas elecciones en las mesas electorales con el Frente Sandinista. Y me dijo: ‘Voy a ir allí porque a lo mejor consigo trabajo’. Después que vio lo que pasaba me dijo: ‘Y yo de baboso que trabajé para ellos y hasta les di ganada la mesa. Hice lo que ellos me dijeron, porque esa mesa no la ganaron’. Eso fue en unas elecciones de alcaldes. Lo hizo por la misma necesidad. ‘Y mirá, mama -me dice-, maldita la hora en que lo hice. ¡Estos hijos de la tal por cual!’”

“Desde entonces él agarró un odio visceral, pero siempre por la misma necesidad se tuvo que ir a trabajar en el canal 8, tragándose muchas cosas. Ahí los conoció más. Ahí es donde él se dio cuenta más todavía”.

“TU PRESIDENTE
SE ROBA LAS ELECCIONES”


Valeska Valle narra una experiencia semejante del fraude electoral como punto de partida del desengaño por promesas incumplidas, del clientelismo como manipulación, luego de su infiltración en una junta receptora de votos para acopiar pruebas que desengañaran a otros.

“Mi familia no es sandinista. Pero tengo tíos que sí son sandinistas y es por ellos que fui crítica porque vi la manera cómo los utilizaban. Cuando ya dejaban de ser útiles para el régimen, simplemente los desechaban. Mi hermano, recuerdo, participó en las elecciones del 2006. A él le prometieron muchas cosas. Él estudiaba en la Universidad Nacional de Ingeniería. Se metió al tendido electoral e hizo el trabajo sucio, y luego todas las becas, todas las oportunidades que le habían dicho, no se dieron”.

“Yo desde la secundaria era bastante crítica y era de las que tiraba la cizaña en la sección. Cuando hablaban de política, explotaba en la sección. A mí me molestaba mucho el conformismo de las personas que estaban arraigadas a esto por su situación de precariedad. Para mí el régimen se aprovechaba de esa ignorancia. Les daba una provisión o una casita que no iba a aguantar tal vez un huracán o un terremoto, y ellas se sentían conformes con eso”.

“En la universidad yo me infiltré en el sandinismo en el segundo año de mi carrera porque en uno de los debates que yo creé, uno de los amigos que era sandinista, me dijo: ‘Vos no podés decir que Daniel Ortega se roba las elecciones si vos no has estado ahí’. Entonces yo dije: Tiene razón este chavalo. A mí me habían ofrecido los CPC del barrio que trabajara en el tendido electoral, pero como a mí no me interesaba eso, yo me negué. Pero un día fui a la casa de la señora que era CPC y le dije: ‘Lo he pensado mejor, quiero meterme’. Inicié el papeleo, me sacaron mi carnet de militante y empecé a asistir fielmente a las reuniones. Empecé a ver el trabajo de base que ellos realizan, el lavado de cerebro también. Llegué a ser presidenta de junta receptora de votos. Entonces ahí se me impuso a mí que si las boletas salían más de 400, yo tenía que anotar 400 y las demás eran para jugárselas con los votos. Y la verdad es que ese día casi me matan porque yo me negué a firmar otros nombres de gente que no había ido a votar”.

“Me tuve que pelear con varios. El vicepresidente de la junta, que vivía cerca de mi casa, dijo que yo estaba ahí tergiversando las cosas y que yo era infiltrada de otro partido. Obviamente no era significativo lo que yo hiciera en mi junta receptora de votos. Y si lo hicieron en mi junta, lo hicieron en todas porque metían fiscales como que eran de otros partidos, pero eran de ellos mismos. Cuando eso terminó, llegué a la sección y le dije a mi amigo: ‘Ahora sí lo vi. Tu presidente se roba las elecciones’. Incluso él dejó de ser sandinista y se sentía traicionado. No entiendo por qué, pues él estaba más cerca de todo eso. A partir de eso yo fui muy crítica”.

“LOS JÓVENES
NO ESTÁN VICIADOS CON NINGÚN PARTIDO”


Los fraudes electorales tuvieron peso en el segmento sandinista. Pero no fueron los únicos eventos que acicatearon el malestar. Sumaron a un acumulado de decepciones y constataciones que fueron incrementando el descontento entre sandinistas y no sandinistas: enriquecimiento ilícito, clientelismo, asesinatos, chantajes a los empleados públicos, anular la participación, violación de la institucionalidad y de los derechos humanos.

Liliam Ruiz habla de aquellas decepciones que fueron minando la lealtad de Hansel Vásquez y su familia hacia el FSLN, las mismas que venía denunciando la oposición desde que el FSLN tomó el poder: “La realidad de las cosas es que estos señores están enfermos de poder. Es la ambición. Imagínese cómo han enriquecido sus bolsillos. Y no conformes con eso siguen queriendo más dinero, más poder. Se olvidaron de que el pueblo que los puso es el pueblo que ahora les está demandando que ya no, que ya es suficiente. El pueblo es el que los quita. Ellos siempre pregonaron ‘El pueblo presidente’. ¿Y dónde está entonces el pueblo presidente? El pueblo presidente ya decidió porque ya se cansó de tantas muertes que han sido descubiertas. Por ejemplo, cuando mataron a los niños en Esquipulas. A ellos y a su familia. ¿Qué pasó con toda esa gente que han matado, las tierras que se han tomado? ¿Qué pasó con la quema de Indio-Maíz? Los jóvenes despertaron para defender su nación. Y yo siempre digo: Fueron los jóvenes quienes nos llevaron a levantarnos y a acompañarlos en su lucha porque los jóvenes no están viciados con ningún partido”.

“Es raro el joven que vos mirás que está viciado. Los únicos jóvenes viciados que tenés ahorita son los simpatizantes del Frente Sandinista, que también en alguna medida están engañados porque les dan prebendas, porque les dicen que les van a dar una beca, te vamos a dar 300 pesos, te vamos a dar una bolsita de arroz… Porque eso ha ocurrido: vos aquí no trabajás si no tenés un aval político o si no sos el vecino o el pariente de la coordinadora. Y eso si tenías suerte y te lo daban. Eso es una realidad. Te lo digo porque a mí me pasó. Yo metí como cuarenta mil solicitudes hace 15 años para poder trabajar cuando yo estaba en mis tiempos de poder trabajar. Y donde quiera a mí me cerraron las puertas. Una vez llegué a la Dirección General de Ingresos y llevé mis papeles, todos los documentos que me acreditaban como sandinista.

¿Sabés lo que me dijo el Director? ‘Eso puede ser escaneado’. Tanta humillación... Y si no vas a las marchas, te corren. Si no ibas a los plantones, te corrían. Todo eso es una manipulación y sometimiento. Por todas esas cosas la gente explotó y Hansel fue uno de ellos. Todas esas cosas influyeron para que el pueblo se cansara de tantos vejámenes. Aquí se hicieron cambios en la Constitución y el pueblo no participó, lo hizo la Asamblea. Aquí se de¬cretaron leyes donde el pueblo no fue tomado en cuenta. Decían que estaba representado por el Frente Sandinista. Ningún otro partido le podía hacer la competencia. La democracia que pregonaban siempre no existía. Lo que pasa es que había cosas que mirábamos como bien normales por la mente embrutecida de uno mismo”.

Liliam Ruiz constata otra señal: “Otra cosa que caracteriza al Frente Sandinista de ahora, que nunca había sido así, es la vulgaridad. Rayan en lo vulgar. Una cosa es que tengás simpatía por un partido y otra cosa es que seás vulgar. Nosotros vamos a nuestras marchas azul y blancas, y usted ahí no va a ver vulgaridad. Ahí reina la armonía, reina la paz, la unidad, el amor. Eso es el pueblo nicaragüense. Al confrontarnos no van a ganar nada”.

EL ASISTENCIALISMO
Y LOS DERECHOS DE LAS MUJERES


Otros militantes, como Carlos Herrera, quedó más impactado por la degradación interna del partido: “Yo andaba más con los mayores. No compartía mucho con la Juventud Sandinista. Siempre me pareció que necesitaba otro tipo de formación. Miraba que el Frente se iba volviendo sólo un partido de masas, sin una línea. Miraba a los chavalos. No tenían formación política. No había escuelas de cuadros, algo que era antes bien fundamental para el Frente”.

“Y eso fue porque cuando volvió al poder, el fuerte del Frente Sandinista era un 30, 32 por ciento, ése era su voto fiel, y con eso hizo una campaña para instalarse en el poder. Ya no le interesaba tanto la formación política, sino ganar y ganar gente. Por eso sus proyectos asistencialistas en un país bien empobrecido. Y así tenés a las bases, que son la mayoría pobres, con vos sólo porque estás regalando y asistiendo. Y yo miraba, que sí había una formación continua, pero para un grupo muy reducido en el cual yo estaba involucrado. En el lugar donde yo me movía, los chavalos tenían formación política, íbamos a escuelas de cuadros. Nos llevaban a campamentos. Pero en general, cuando bajábamos a los barrios, los chavalos llegaban porque les dábamos algo, como una camiseta, o porque hacíamos una fiesta. Seguí fiel al partido durante varios años, pero me retiré en 2013”.

Feministas que participaron en la rebelión, que tienen en la defensa de los derechos de las mujeres su principal motivación para el alzamiento, también expresan su indignación ante los fraudes electorales. Entre otras, Juanita Paz: “Me ha indignado muchísimo la violación de los derechos de las mujeres y de las niñas. Pero también he sido consciente de todos los fraudes que han hecho, especialmente electorales. Estuve de cerca, siendo muy muy joven y logré ver cómo se robaban unas elecciones, cómo dejaban que mucha gente marcara boletas y no fuera la que estaba votando. Ser consciente de todo eso a mí me permitió saber en qué posición estaba y a qué dirección quería ir”.

“BUSCÁBAMOS
OTRAS FORMAS DE HACER POLÍTICA”


En ese caldo de cultivo del malestar, fueron proliferando iniciativas diversas de organización en las que se formaron, desahogaron, entrenaron y dieron sus primeros pasos en política varios de los jóvenes, ellos y ellas, que después se involucraron en la rebelión.

El testimonio de Harley Morales es bastante elocuente para conocer esa política que no se apreciaba cuando se hablaba de la apatía juvenil: “Soy ingeniero industrial. La sociología es mi segunda carrera. Cuando estudié ingeniería, me involucré en ciertas organizaciones. Para mí fueron una especie de escuela política. No vengo de una familia muy politizada. Este tipo de organizaciones en las que me involucré tenían un tinte muy político. Hacíamos política de otra manera, decíamos nosotros”.

“Esas organizaciones me fueron marcando una trayectoria. Me involucré en Techo. Después quisimos conformar algo que se llamó Plataforma de Incidencia Estudiantil (PIE), un intento de organizar al estudiantado en la UCA. No duró mucho. Como en 2011 quisimos el diálogo con algunos movimientos como Nicaragua 2.0 y el Movimiento No, que en ese momento estaban en auge. Luego estuve involucrado en un proyecto que se llamaba Prendo, que era un intento de proyecto de educación popular, donde agarramos mucho de la filosofía de Paulo Freire para tratar de concientizar en una comunidad rural a través de la alfabetización. Eso fue en Santa Julia, en el Crucero. Interesante porque la líder de ahí estuvo del lado del gobierno en la mesa del diálogo nacional”.

“Eso me involucró en la sociología. Pero cuando estudio sociología ya no estoy organizado. Comienzo a relacionarme con la política de una manera más bien contemplativa, como un sociólogo que se distancia. Dejo de ser activista y de tener una relación práctica con la política. Sin embargo, teníamos un programa de radio en la UCA que se llama De Kriterio, donde entrevistamos a un montón de gente, incluyendo a los candidatos a la alcaldía de Managua. Eso surgió del Centro de Análisis Socio Cultural (CASC), porque yo estuve ahí en el CASC. Eso me fue politizando”.

“Siempre fui crítico del gobierno. Pero buscamos otras formas de hacer política. Por ejemplo, yo nunca me involucré en los miércoles de protesta frente al Consejo Supremo Electoral porque estábamos desilusionados con la política institucional: decíamos que los partidos políticos no nos representaban y que la oligarquía política no sólo era el Frente Sandinista, aunque fuera su expresión paradigmática. La oligarquía política era todo el sistema político ya viciado, y decíamos que lo que teníamos que hacer era conformar o esperar la conformación de una nueva juventud que le hiciera frente a toda esa élite política cuya lanza era el Frente Sandinista de Liberación Nacional”.

“YO SENTÍA
QUE HABÍA QUE ARTICULAR EL DESCONTENTO”


Continua Harley Morales: “Así estábamos hasta que explotó esto y nos agarró a todos movidos. Ya se sentía un descontento: ya la gente estaba comenzando a hablar en las aulas”.

“El 17 de abril saqué un artículo en ‘Managua furiosa’ que se llamaba ‘No pasar de lucha en lucha: hay que articular’, donde lo que trataba de decir era que yo temía que los chavalos que estaban en la protesta por Indio-Maíz pasaran enseguida a protestar por la reforma del seguro social y la otra lucha se olvidara y que la protesta se tenía que articular en términos de enmarcarla en una narrativa un poco más grande, más amplia, no solamente protestando por la mala gestión gubernamental ante el incendio en Indio-Maíz, no solamente por la reforma al seguro social, no solamente por otros errores… ”

“Había que enmarcarlo como una lucha frente a un enemigo y que ese enemigo fuera el régimen. Me acuerdo que me empecé a reunir con las personas que estaban liderando en ese momento la protesta por Indio-Maíz. Eso fue un 17 de abril en la noche. Ya el 18 de abril comencé a contactar a otras personas después de la represión en el Camino de Oriente, y me acuerdo que comencé a hacer grupos. El primer grupo se llamaba Paro. Ya estábamos pensando en un paro nacional desde el 18 de abril”.

“Me comencé a contactar con Dolly, chavalas y chavalos que yo conocía de otras plataformas, como Diálogo Generacional. Yo no era parte de Diálogo, pero siempre nos invitaban porque éramos como aliados. Nosotros los invitábamos a De Kriterio y ellos nos invitaban a Diálogo, un programa para reflexionar sobre la memoria histórica”.

“VEÍAMOS QUE ESTA GENERACIÓN
QUERÍA SER PARTE DE ALGO”


La profesora de Ciencias de la Comunicación Karla Lara corrobora y rastrea los antecedentes de ese bullir de iniciativas políticas y añade otras: “El momento que yo marco como el despertar, por así decirlo, tiene que ver también con la cantidad de críticas que existían a la generación de ahora y eso empezó más o menos para el 2013 con lo de OcupaINSS. Ahí empezaron las publicaciones sobre la generación perdida y todo ese tipo de comentarios negativos que salieron lastimosamente de periodistas”.

“Hubo muchas posturas que criticaban la pasividad pública de los estudiantes. ¿Por qué la llamo pasividad pública? Porque nosotros al interior de la universidad teníamos muchos proyectos que te decían que los estudiantes estaban bien preocupados por temas que eran bien sentidos y que tenían cierta influencia en la sociedad”.

“Ese despertar de OcupaINSS los mismos chavalos lo sintieron. El movimiento salió de ellos. No salió de nosotros los profesores. Sin embargo, hubo un grupo de profesores que apoyamos en cómo trabajar el tema de la comunicación y la seguridad. Luego, a través de debates y actividades académicas que se hacían nos fuimos dando cuenta del tema de Bosawás. Se intensificó en ese momento la violencia en la Costa Caribe Norte. Y entonces los muchachos también empezaron a tener interés en temas bien específicos”.

“Lo de Bosawás y lo del INSS fueron temas que los movieron. Estaban muy empapados en esos temas y ahí creo yo que empezó todo esto, como un movimiento, organizado por temas específicos. También empezamos a ver qué tanto le interesaba a los estudiantes meterse en temas que están vinculados a la política en las investigaciones de culminación de estudios”.

“Nosotros pasamos en un momento de hacer sólo monitoreos de medios sobre notas rojas a tocar temas de género, temas de migración, de violencia, abuso sexual… Eran temas que los muchachos ya veían que traspasaban algo más que la disciplina como tal, que en este caso era la comunicación. Se estaban viendo pasos que los estudiantes daban y que mostraban que estaban en pro de un momento reflexivo, interesándose en temas que tuvieran repercusión nacional y que al final tuviesen un beneficio social. También ayudó a este ambiente que tuviéramos varios conversatorios con intelectuales. Por ejemplo, con Oscar René Vargas. Participaba en una asignatura que se llama ‘Temas interdisciplinarios de la comunicación’. Recuerdo que nosotros los docentes dijimos: ‘Esta generación tiene algo particular’. Se sentía en ellos unas ganas de ser parte de algo: participar en, estar en. Eso nosotros lo notamos y lo dijimos en ese momento”.

“Es una generación que demandó mucho tener espacios en los congresos, que se les invitara cuando, por ejemplo, hablaban de comunicación y política. Y aunque era la Facultad de Derecho la que convocaba, ellos querían estar en ese tipo de espacios. Había una serie de pistas que nos decían a nosotros que había algo diferente. Después estudiamos la encíclica del Papa “Laudato si” y ocurrió lo de Indio-Maíz. Llegó entonces un momento de actuar lo que veníamos enseñando, en que el conocimiento se tradujera en una acción concreta, y ellos sintieron el ir a protestar”.

“TENGO 18 AÑOS DE ESTAR ORGANIZADO
EN MATAGALPA”


Este mismo ambiente de diversidad de iniciativas se extendía a los departamentos y proliferaba en ellos gracias al vigor de la sociedad civil en la política local.

Alfredo Ocampo, líder en Matagalpa, compartió su experiencia: “Tengo unos 18 años de estar organizado con movimientos sociales de jóvenes, de mujeres, ambientalistas y de la comunidad LGBT. En esos años he estado involucrado en comunicación, porque soy comunicador y también sociólogo, y en investigaciones relacionadas con temas sociales. He¬ hecho diplomados ligados a abordar socialmente la democracia y la equidad de derechos para todas las poblaciones en Nicaragua. Yo llegué a esto de abril desde antes. Estuve apoyando varios días en OcupaINSS y cuando se dio el incendio en Indio-Maíz, empecé a mover gente en Matagalpa, a organizar plantones el 12 de abril. Así comenzamos. Y cuando se aprobó la ley de reforma al seguro social, yo como profesional y cotizante del seguro social me indigné y seguí protestando y desde entonces no he parado”.

“Me movió entender que ha habido una historia cronológica desde que este gobierno asumió el poder, queriendo censurar espacios de participación ciudadana. Por eso se eliminaron los cabildos y otros espacios en los que en algún momento la juventud estuvo involucrada. Yo era parte de la comisión de la juventud y la niñez en Matagalpa en los gobiernos neoliberales y cuando estaban los primeros gobiernos municipales sandinistas. Pero cuando ya entró el gobierno central sandinista, todos esos espacios se abolieron. Entonces la indignación ha sido permanente”.

“TENGO 7 AÑOS DE SER ACTIVISTA EN LEÓN”


Juanita Paz, muy activa en el levantamiento en León del Movimiento 19 de Abril, me compartió sobre su participación política: “Estudié en la UNAN León. Tengo 28 años. Terminé mi carrera en el 2011, pero desde antes de terminarla empecé a hacer activismo por los derechos de las y los jóvenes. Tengo siete años de ser activista en Nicaragua. Me he organizado en diferentes espacios. Mi activismo se ha dirigido más a visibilizar la violación de derechos humanos que el gobierno de Ortega y Murillo han ejercido durante muchos años. Soy una activista feminista, lesbiana, y evidentemente me he visto violentada constitucionalmente y en diferentes espacios, no solamente los gubernamentales, también en otros espacios sociales. Y eso me ha motivado a estar organizada. He participado en un sinnúmero de marchas donde nos han reprimido: marcha del 8 de marzo en 2018, marchas del 25 de noviembre en 2016 y 2017, atacadas por los antimotines”.

“La represión del gobierno para mí no es nueva. Lo nuevo es toda esta violencia. Pero saber que estábamos ante un gobierno que reprimía no era nuevo. He estado en espacios de jóvenes organizándonos, ejecutando acciones de fortalecimiento de diferentes habilidades, tanto de desarrollo personal como habilidades que nos ayuden a emprender algo nuevo. Yo he estado involucrada más en esos espacios donde las y los jóvenes hemos tomado decisiones y hemos empezado a hacer algo para mejorar nuestras vidas y poder dejar algo mejor para Nicaragua. Hemos trabajado en barrios y en universidades. Hemos tratado de tener un público bastante amplio”.

UNA JUVENTUD EN EBULLICIÓN


El estallido de abril de 2018 no ocurrió en un cielo sereno. Había múltiples manifestaciones de descontento. El carácter de estas actividades políticas era muy variopinto: promover discusiones en las aulas de clase, invitar a conferencistas, realizar actos de infiltración para investigar los fraudes electorales y acopiar pruebas convincentes, emitir programas de radio con entrevistas y debates políticos, realizar investigaciones con filo político, involucrarse en grupos feministas y LBGT y en el activismo comunitario…

Había muchos vigores dispersos y en permanente ebullición. Los temas ecológicos y los de género, diversidad sexual y machismo fueron lo que más convocaron a jóvenes que enfrentaron al régimen. También porque el régimen fue más intolerante hacia sus propuestas y protestas.

INDIGNACIÓN, IMPOTENCIA, PESAR, ESPERANZA...


En todos los relatos aparece la represión como un elemento que produjo compasión y/o incentivó las protestas. En ese sentido, se puede decir que la represión las construyó. La indignación fue un combustible de larga data, según el activista matagalpino Alfredo Ocampo: “La indignación ha sido permanente, pero para mí fue contundente sobre todo cuando empezaron a agredir a los viejitos otra vez en León y en Managua. Eso fue el colmo para mí y fue lo que me arrechó más. Lo otro fue cuando mataron a los primeros estudiantes en la UPOLI. Recuerdo que yo estaba con unos amigos ayudando a recoger víveres y a pasar agua para la gente que estaba atrincherada en la UPOLI. Y ya cuando nos dimos cuenta que hubo los primeros muertos fue como decir ‘Esto es el vaso y esta es la gota que derramó el vaso: de aquí no hay vuelta atrás’. Y desde entonces no he parado”.

Enrieth Martínez también destaca el impulso emocional: “Fue sentir la impotencia. Creo que más que esos eventos, que fueron sumamente violentos, es la cuestión de sentirte agredido, vulnerable, impotente, y a la vez sentir ese enojo, esa rabia”. Ésa fue también la experiencia que impulsó a Edwin Carcache: “Fue después, estando en mi trabajo, que me voy dando cuenta de que golpean a muchos conocidos míos en la UCA, en el Camino de Oriente, al inicio de las protestas. Yo decido salir de mi trabajo y me voy a manifestarme con la gente”.

Ambos estudiantes y otras y otros muchos echaron mano de esa imaginación empática que Susan Buck-Morss especula que podría ser “el mejor camino para la humanidad” y que podría ayudarnos a “progresar más allá del círculo constante de víctimas y victimarios”.

La pesadumbre y la esperanza han sido señaladas por el sociólogo catalán Manuel Castells como elementos clave de las revueltas. Al compartir esas emociones, los individuos forman redes, se suman a otros en su misma frecuencia emocional, independientemente de sus puntos de vista personales y de sus vínculos organizacionales. Se unen y juntos se ayudan a sobreponerse al miedo y a transformarlo en indignación. La pesadumbre -a veces formulada como compasión- y la esperanza de que la situación puede cambiar forman parte de las emociones políticas que movieron a muchas y muchos jóvenes en la rebelión de abril.

CÓMO SE GESTA
EL ESTALLIDO PERSONAL Y EL SOCIAL


A Carlos Herrera le entró el pesar, la rabia y se sumó a otros rebeldes, como hicieron muchos de sus conciudadanos diriambinos hasta formar un mar de gente, pese a su militancia sandinista y a su distancia ideológica de la oposición: “Yo no me manifestaba mucho ni iba a marchas en contra del gobierno. Primero porque en realidad ni sé si estaba en contra. Segundo porque no me gustaba marchar con personas que no me agradaban, con figuras políticas como Eduardo Montealegre. Llegó un momento en que me dije: ‘No me gusta lo que está pasando, cómo tienen todo el poder acaparado’. Pero no había otra propuesta. No había una figura que pudiera agarrar las riendas del país. Por eso no hice el corte en ese momento. Pero este año mi novia me dijo: ‘Me gustaría ir a una de esas marchas en Managua del día de la mujer’. Y entonces hicimos un grupo de amigos y de amigas y nos venimos a Managua a la marcha del 8 de marzo”.

“Y veníamos en la marcha cuando topamos con un súper cordón policial de antimotines que no dejó que la marcha terminara. Un cordón de tres filas de antimotines con sus escudos y atrás las patrullas. Y eso no me agradó para nada. A qué nivel hemos llegado, me dije. Y además las personas con las que estaba marchando no eran personas agresivas. Después vi todo lo que pasó con el incendio de Indio-Maíz”.

“Creo que se venían dando las condiciones para que esto estallara. Pero este año las marchas eran más seguidas y estaba más tenso todo el ambiente. Después pasó lo del INSS. Y ya cuando miro en las noticias cómo el 18 de abril vinieron y golpearon a los periodistas, a los chavalos que se estaban manifestando ahí en Camino de Oriente, y miro algunos chavalos a los que conozco, que son estudiantes, chavalos bien activos en cuestiones políticas, chavalos serios y bien interesados en un cambio, y también miro a unos chavalos de una institución del gobierno en la que trabajé, miro que esos chavalos con los que trabajé eran los agresores, chavalos que sólo están ahí por cargos políticos, porque en realidad no son ni capaces de ejercer los cargos donde están, y sé cuál es su actitud violenta, y los miro agredir a estos otros a los que también conozco, eso fue bien chocante”.

“EN ESE MOMENTO,
AL VER LO QUE HACÍAN, EXPLOTÉ”


Continúa Carlos Herrera: “Después viene el 19 de abril. Y miro a uno de los muchachos heridos. Ahí estaban tirando balas de goma. A uno de los muchachos lo conozco de mi barrio. Estudia medicina veterinaria. Y sale en las noticias, y lo miro donde le pegaron. Después me di cuenta de que hirieron al hermano de uno de mis mejores amigos, que es un chavalo al que conozco desde siempre, un chavalito que acababa de entrar a la universidad, y eso me impacta. Pero ahí no termino de explotar”.

“Tenía un negocio en Diriamba y trataba de mantenerme al margen por mi negocio. Yo trabajaba con la alcaldía, la Policía, el INTUR, y no sabía hasta dónde iba a llegar esto. Y entonces llega el 21 de abril. Hubo una marcha en Diriamba. Pasaba la marcha cerca de mi negocio y yo no participaba porque no quería que tomaran represalias conmigo. Pero, como sé cómo operan, tenía botiquines listos en bolsas y dos amigos paramédicos ahí en mi negocio. Pensé que ese podía ser mi aporte, sin meterme yo. En eso miro a una familia, a unas señoras que van por el zonal del Frente y veo que unos majes violentos empiezan a gritarles, incluso a unas chavalas les quebraban botellas en los pies. Personas súper vulgares. Eso me chocó. Después miré a unos chavalos que son bien formales, y miré que empezaron a llegar pandillas y que del zonal del Frente sacaron lanzamorteros y les comenzaron a tirar. Y esos chavalos no tenían con qué defenderse”.

“Los majes tirándoles y la policía en la alcaldía no hacía nada. En ese momento sí exploté: vine, me puse un suéter con capucha, me puse una pañoleta y me puse a hacer Molotov en la casa. Y salí con los otros amigos a pelear contra esos majes en una lucha desigual porque ellos nos tiraban morteros e incluso balas. Al inicio la marcha era pequeña. Y entonces miramos cómo la gente se iba uniendo: iban saliendo de las casas… hasta que se hizo un montón de gente”.

LA REPRESIÓN
CONSTRUYÓ LA REBELIÓN


La indignación emanó de la represión, como ocurrió con la revuelta y represión que culminó en la masacre de Tlatelolco, según la actriz Margarita Isabel relata en “La noche de Tlatelolco”, el libro de testimonios recogidos por Elena Poniatowska: “Yo le entré al Movimiento Estudiantil porque un día, sin más, llegaron los granaderos a la Escuela de Bellas Artes con perros policía y cadenas y se llevaron a todo el mundo preso… A muchos actores, esta invasión arbitraria nos hizo tomar conciencia y resolvimos unirnos a los estudiantes y ayudarlos, pero de veras, no sólo yendo a las manifestaciones agarrados del brazo o gritando en los mítines”.

La represión empujó a tomar decisiones y construyó en parte la rebelión. Provocó que las protestas aisladas y a veces lánguidas se transformaran en un movimiento potente y de cobertura nacional. Pero su influjo no determinó la forma y los instrumentos de la lucha: la represión fue armada y cruel, la rebelión mantuvo predominantemente su opción no violenta.

De la represión no emanó su agenda y métodos, sí su impulso, su masividad y su importancia, como también ocurrió en Tlatelolco, según Carolina Pérez Cicero, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, entrevistada por Poniatowska: “Pienso que la fuerza y la importancia del Movimiento Estudiantil se la dio la represión. Más que ningún discurso político, el hecho mismo de la represión politizó a la gente y logró que la gran mayoría participara activamente en las asambleas”.

13 DE ABRIL: LA RUPTURA


La resistencia a la represión es una de las características de los movimientos sociales. Pero esa resistencia no fue la reacción que predominó durante una década de gobierno de Ortega. Para que el desafío sea mayor, se necesita un evento o eventos de ruptura del miedo y del control hegemónico que posibilita que el poder no sólo se base en la coerción sino también en la autoridad.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek describe esa ruptura en el Irán del Sha en estos términos: “En la revolución de Khomeini, Ryszard Kapuscinski localizó el preciso momento de esta ruptura: en un cruce de caminos en Teherán, un solitario manifestante rehusó obedecer cuando un policía le gritó que se alejara, y el policía, abochornado, simplemente tuvo que retroceder. En un par de horas, todo Teherán ya sabía del incidente, y aunque hubo peleas callejeras por semanas, todos sabían, de alguna manera, que el juego había terminado”.

Esa ruptura ocurrió en Nicaragua cuando el 13 de abril de 2018 un grupo de estudiantes universitarios organizados en #SOSIndioMaíz irrumpieron en una de las aulas de clases de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Centroamericana (UCA), considerada -como también lo fue en los años 60 y 70 la Facultad de Derecho de la UNAN de León-, la más proclive al régimen.

Ahora dicen: “conservadora, anticool.” Antes decían, como lo dijo Omar Cabezas, uno de sus estudiantes en aquellos años, “donde estaban refugiados los más reaccionarios y oscurantistas de los profesores de la universidad, que enseñaban con programas de estudio individualistas, donde se defendía la constitución política de Somoza, donde se hacía apología de la democracia representativa de Somoza, donde se nos instruía a respetar, por sobre todas las cosas, el Código Civil”.

EL ATREVIDO PRIMER DESAFÍO
DE LOS JÓVENES A LA AUTORIDAD


Los estudiantes interrumpieron la clase del jefe de la bancada sandinista y profesor de derecho constitucional Edwin Castro para leer un comunicado de protesta por el manejo negligente del incendio en la reserva forestal Indio-Maíz, donde ya se habían perdido más de cinco mil hectáreas de bosque. La suya fue también una reacción a las declaraciones del día anterior del diputado Castro, que los acusó de ser “ambientalistas de computadora que tratan de lucrarse de la desgracia” por haber propuesto la creación de una cuenta bancaria para recaudar fondos con los cuales financiar las actividades de salvamento que no estaba asumiendo el gobierno.

Edwin Castro fue el hombre que en una entrevista con Mónica Baltodano recordó la rebelión contra el primero de los tres Somoza con estas palabras: “Realmente este pasaje de la historia inicia en 1954, cuando el fundador de la dictadura somocista, Anastasio Somoza García, manifiesta su intención de reelegirse y comienza su campaña política. Ante esa situación, se forma en la Universidad de León un comité anti-reelección que encabezan Aquiles Centeno Pérez, Tomás Borge Martínez y Edwin Castro Rodríguez”.

Sesenta años después de que su padre Edwin Castro, iniciara en la universidad sus subversivas actividades anti-reeleccionistas, su hijo Edwin Castro Rivera presidió la bancada sandinista en la Asamblea Nacional que modificó la Constitución para permitir la reelección indefinida de Daniel Ortega.

Es imposible ponderar las repercusiones subjetivas del desafío a la autoridad que supuso la atrevida irrupción estudiantil en aquella aula. Dos de los videos en YouTube que registran el hecho cosecharon 17,127 y 6,259 visualizaciones. Más allá de su valoración cuantitativa, cabe valorar el evento por ser el primero en el que un alto funcionario del régimen es desafiado públicamente por estudiantes que no ocultaron su identidad y justificaron su acto mediante un pronunciamiento y otras declaraciones.

NACEN CUATRO ORGANIZACIONES
EN VARIAS UNIVERSIDADES


Algunos de los jóvenes involucrados en la rebelión de abril pertenecían a organizaciones formales o informales. Pero esas organizaciones, que a veces iban desde un grupito que se aglutinaba alrededor de un programa de radio hasta las más sólidas y nacionales organizaciones de mujeres, no fueron el cauce adecuado para canalizar los esfuerzos y promoción pública que requería el movimiento de abril.

Los jóvenes replicaron la fórmula que había tenido éxito anteriormente. Con #OcupaINSS en 2013 y después con #SOSIndioMaíz en 2018 se articularon alrededor de causas muy específicas. En abril formaron grupos alrededor de eventos. En ambos casos las convocatorias se basaron en un efecto de “bola de nieve” generado mediante invitaciones a grupos de amigos en las redes sociales.

El Movimiento Estudiantil 19 de Abril y el Movimiento Universitario 19 de abril nacen como una sola organización de la toma de la Universidad Politécnica (UPOLI) y, durante el atrincheramiento de jóvenes en esa universidad, ocurre una escisión. Hay opiniones divergentes sobre cuál surgió primero y cuál surge por efecto de la división. Según los voceros del Movimiento Universitario 19 de Abril, la primera reunión -con el movimiento aún no constituido como tal- tuvo lugar el 20 de abril en la toma de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

La Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia nació de una convocatoria a mesas de trabajo temáticas. Cuando los convocados se dieron cita con ocasión de una entrevista televisada, tomaron la decisión de constituirse como organización.

La Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN) surge el 20 de abril del grupo de universitarios que estuvo en la toma de la Catedral de Managua ese día. Cada una de estas cuatro organizaciones incluye a jóvenes de varias universidades.

Únicamente el Comité de la Universidad Nacional Agraria (UNA), que nació de la toma de esa universidad, está integrada exclusivamente por jóvenes de la UNA.

“NUNCA NOS IMAGINAMOS
QUE SUCEDERÍA COMO SUCEDIÓ”


Harley Morales comparte un relato bastante pormenorizado del salto desde las pequeñas iniciativas grupales hasta la Coalición Universitaria: “Las organizaciones van surgiendo por cómo van surgiendo los focos de la resistencia y de la lucha. Nosotros en ese momento vamos viendo tres. Primero eran los de la zona universitaria, que confluyen en la Catedral. Las personas que estaban luchando en la UNI el 20 de abril se tuvieron que refugiar en la Catedral. Después surge la UPOLI. La legitimidad, lo representativo y el liderazgo van surgiendo por ciertos eventos que van sucediendo en la lucha. Fue por hitos. Fueron liderazgos que se consagraron en la lucha, al calor del combate. Los de la UNA sí hicieron elecciones, fueron muy rectos y conformaron un Comité de la Agraria”.

“Después de la represión en el Camino de Oriente, yo me comienzo a contactar con personas, a hacer grupos. El primer grupo se llamaba Paro. Me comienzo a contactar con Dolly, con chavalos que yo conocía de otras plataformas, como Diálogo Generacional. Comienzan las primeras reuniones el 19, 20 de abril. La primera vez que nos reunimos lo hicimos con el grupo de Indio-Maíz: Ariana, Eloísa Madelaine… Nuestro miedo era que, como la protesta era autoconvocada, había muchos focos, había muchos plantones, era muy disgregada. El miedo que yo compartía con Dolly era que se disgregara, que se disipara. Era un miedo que venía de tiempo atrás”.

“Nunca nos imaginamos que esto iba a suceder tal como sucedió: que iba a explotar de una forma tan grande y que el pueblo iba a levantarse de esa manera. Por eso llegamos a compartir nuestra idea de que teníamos que subir la parada”.

ASÍ NACIÓ EL PUEBLO AUTOCONVOCADO


Continúa Harley Morales: “Ya había una acumulación de demandas y yo sentía que ese momento era propicio para que nuestro enemigo ya se marcara bien fuerte y que nosotros hiciéramos una suerte de contraposición: nosotros en contra de un ellos bien demarcado, que era el régimen. Y los chavalos se quedaron así, como diciendo ‘¿De qué está hablando éste? Si nosotros lo que mañana vamos a hacer es un plantón, lo que deberíamos estar discutiendo es la logística del plantón’”.

“El 20 nos comenzamos a reunir en las oficinas de una fundación. Ahí, entre los reunidos, estaba uno de los chavalos que le gritó a Edwin Castro. Conformamos algo que se llamó en ese momento Junta Frente a la Problemática Nacional, agarrando un poco de AMPRONAC. En un comunicado decíamos que era necesario un Comité de representación sectorial con participación de todos los sectores. El 21 salimos decididos a que en la tarde íbamos a dar una conferencia de prensa, arriesgando mucho porque muchos chavalos habían participado en distintas luchas”.

“En ese momento nos damos cuenta de que eso que estamos haciendo lo están haciendo ocho colectivos más. Y nos reunimos con esos ocho colectivos. En ese primer intento en el que estuve yo había chavalos de la UAM, de la UNAN, de la UCA. Cuando nos juntamos con esos ocho colectivos, ya había más gente y se conformó lo que fue el Pueblo Autoconvocado, como una suerte de coalición, no sólo de universitarios. En ese momento no buscábamos representar universidades, porque no estaba todavía la cuestión de organizarse como universidad. Estaba muy reciente el levantamiento”.

EL PRIMER PRONUNCIAMIENTO
DE LOS AUTOCONVOCADOS


Continúa Harley Morales: “Conformamos el Pueblo Autoconvocado y sacamos el primer pronunciamiento. Y lo hicimos en la Bahía del Contil, un barrio cerca de la UPOLI. Fue una conferencia en un barrio. Ya había barricadas en los barrios y ya estaba la UPOLI llena de barricadas”.

“Dolly, que trabajaba en los barrios, leyó el comunicado donde exigíamos cuestiones básicas: el cese a la represión, la liberación de presos políticos, el cese a las represalias a los canales de televisión… Y ya comienza la cuestión del diálogo y comenzamos a articularnos con otros movimientos. No había liderazgos claros, no había una organización clara, sino que había varias organizaciones. Como pasó en la UNAN, donde no había una organización fija, sino varias, cada una en un portón. De ahí salió la organización de Valeska y de Víctor. Y comenzamos a reunirnos con Víctor, del Movimiento Universitario 19 de Abril. Los que más legitimidad tenían eran los de la UPOLI. Estaban en su recinto. Eran los del Movimiento Estudiantil 19 de abril: Jeancarlo, Edwin Carcache… No todos son de la UPOLI: Jeancarlo es de la UNAN”.

“Los del Pueblo Autoconvocado estábamos más de cara a la UPOLI porque sentíamos que ahí estaba el foco de la resistencia. Todavía en ese momento no habían tranques y no se había activado Masaya. En menos de una semana la gente sintió que la UPOLI era el bastión simbólico de la lucha. Ésos fueron los primeros momentos. Y después comenzamos a articularnos como Coalición. Todos luchábamos por la legitimidad del movimiento estudiantil: por ser la representación legítima de tal o cual recinto universitario. En la UPOLI había tres grupos disputándose el liderazgo. Pero estábamos claros de que había cuestiones que nos aglomeraban a todos: la matanza y que se vaya Ortega, que era y es el clamor del pueblo. Y luego, para saber lo que pensaba la gente, cómo estaban leyendo lo que estaba sucediendo, nos comenzamos a reunir con ciertos sectores: sindicatos, ONG, empresariado, incluso antes de conformarnos como coalición, que fue lo que más costó”.

DONDE SE INCUBABA EL DESCONTENTO


La juventud que tuvo un rol activo en el movimiento de abril había empezado a organizarse años antes de la protesta de abril. Algunos llevaban 11, 7, 5 años de estar organizados, generalmente en movimientos ecologistas y feministas. Algunos eran grupos de incidencia nacional, otros eran grupos muy locales, como organizaciones comunales, municipales o grupos universitarios que se reunían alrededor de programas de radio donde promovían el debate político.

Esta constatación pone en cuestión la tesis de una apatía política. Pero no la invalida totalmente si tomamos en consideración que la profesora Lara y sus colegas percibieron un inusitado interés por los temas sociales -ostensible en los temas de las investigaciones, la organización de debates y el deseo de participar en conferencias políticas- en la generación que protagonizó la rebelión.

La confluencia de un ambiente adverso al régimen de Ortega -por problemas económicos y de imagen internacional- y este interés juvenil por la política es el gozne en el que se unen las condiciones objetivas y subjetivas para producir la posibilidad del movimiento universitario que desafió al régimen, con la irrupción / interrupción en la clase de Edwin Castro como uno de los hitos donde la autoridad del FSLN se degradó.

Los testimonios de los jóvenes reflejan que no sólo había una incubación del descontento, sino también una vida política -en forma de pequeños grupos de debate y programas de radio- que no tenía proyección sobre los ámbitos más visibles de la esfera pública, pero que anidaba en las plataformas que -valoradas en retrospectiva- hicieron de incubadoras de las organizaciones que emergieron durante la rebelión. No fueron grupos masivos. Pero tampoco en los 60 y 70, en la lucha contra la dictadura de Somoza, los jóvenes interesados en política fueron mayoría.

POR QUÉ LOS UNIVERSITARIOS


En la pequeña muestra de los entrevistados para este estudio y sus referencias a otros participantes en la rebelión se advierte la fuerte presencia de universitarios de clase baja con potencial de ascenso por su graduación como profesionales. Los padres de varios de los universitarios no tuvieron acceso a la educación superior y esperaban una movilidad familiar ascendente mediante la inserción de sus hijos en el mercado laboral.

En el microcosmos que se atisba al asomarnos a las experiencias personales de algunos protagonistas de la revuelta se percibe en primer lugar una presencia notable del sandinismo decepcionado. Predominan los jóvenes que tienen padres que son o fueron sandinistas e incluso jóvenes que militaron en el partido FSLN o en la Juventud Sandinista. Sus testimonios dan cuenta de una progresiva decepción en algunos individuos de las bases sandinistas debido al choque con los principios primigenios y a las limitaciones -y declive- del modelo clientelista en el que el FSLN basó su masificación.

No obstante la expansión del número de trabajadores del sector público en el gobierno del FSLN, la provisión de empleo (condición objetiva) ha estado por debajo de las expectativas (condición subjetiva). Si calculamos que un tercio de los recién integrados a la PEA entre 2006 y 2015 tenía algún tipo de vinculación con el FSLN que justificara sus expectativas de obtener un empleo en el Estado -por militancia, parentesco con militantes, trabajo como CPC u otro tipo de servicios-, tendremos alrededor de 140 mil personas que vieron frustrados sus sueños y, en no pocos casos, no retribuidos sus servicios. El Estado no puede incrementar su personal al ritmo del crecimiento de la PEA. El conflicto emerge porque el FSLN cimentó en parte su legitimidad sobre la base de un paternalismo de Estado que suscitó ese tipo de expectativas.

Esa colisión entre los límites del crecimiento del empleo en el sector público y las expectativas marca un punto donde las condiciones objetivas y las subjetivas se funden y devienen en un terreno propicio a la pérdida de fidelidad e incluso a la rebelión. Tenemos en primer lugar un sandinismo insatisfecho por las promesas incumplidas, que no son sólo las ofertas programáticas lanzadas al gran público, sino también las ofertas particulares de beneficios muy específicos a colaboradores.

El sujeto más sensible a esta colisión era el de los universitarios y profesionales de “nuevo ingreso” en el mercado laboral. El resultado ha sido que, en las bases, el FSLN ha perdido militantes jóvenes durante su estadía en el poder. Al explicar por qué la militancia no es asunto de masas, Carlos Herrera dejó claro que, por diversas razones, el clientelismo y la membresía dura no son compatibles

EL SANDINISMO
DECEPCIONADO Y REBELDE


Los jóvenes sandinistas también expresaron su repulsión ante su propia participación en el fraude, que condensa los escrúpulos hacia la colaboración con un régimen que ya no representa -porque no practica- los valores originales del sandinismo. Susan Buck-Morss escribió sobre la ambivalencia de la culpa política, patente “cuando uno se rehúsa a cumplir con el deber socialmente prescrito para hacer lo correcto, eso implica ser un traidor al colectivo que le reclama a uno como propio (a través de la nación, clase, religión o raza) y a arriesgar como consecuencia la pérdida de la protección proveída por el colectivo”.

Esto ocurre muy frecuentemente en las pandillas juveniles y funciona como una atadura cultural muy difícil de disolver. También ocurre con partidos políticos o confesiones religiosas, pero sobre todo con partidos que funcionan como una denominación confesional.

Cuando los sujetos deciden romper, lo hacen porque los impulsa otro sentimiento, otro tipo de culpa: “Esta culpa tiene como origen el vacío entre la realidad y la fantasía social, y no entre la realidad y la fantasía individual”. No es una culpa individual, sino una culpa social porque hunde sus raíces en la relación del sujeto con un colectivo político y por eso “rompe el silencio oficial que sanciona el estado injusto de las cosas”.

Podemos interpretar la conducta del sandinismo decepcionado y rebelde contra el FSLN desde la culpa de la que habla Buck-Morss, que puede ser asociada a la anomia de la que habla Robert K. Merton: la tensión que experimentan los individuos cuando se ven expuestos al conflicto entre las normas y la realidad social.

En el caso del sandinismo decepcionado, está la tensión que existe entre los ideales que el FSLN propugna y su práctica real. Frente a esa situación, las bases sandinistas tienen fundamentalmente tres reacciones: conformismo, ritualismo e innovación.

EN EL FSLN HAY
CONFORMISTAS, RITUALISTAS E INNOVADORES


Los sandinistas conformistas son quienes aceptan los valores y los medios que el FSLN propone para alcanzarlos. Para ellos no existe conflicto. Son la militancia disciplinada e incondicional que obra convencida de que lo que es bueno para el FSLN es bueno para el país o, al menos, para los pobres. El fraude es legítimo porque es el medio para perpetuar al FSLN en el poder y permitir de esta forma que continúe implementando sus programas sociales.

Los sandinistas ritualistas se parecen mucho a éstos, pero se distinguen en que ya perdieron de vista los valores que originalmente impulsaron su vinculación al FSLN y actúan meramente por compulsión.

Los sandinistas innovadores aceptan los valores que el FSLN proclama, pero utilizan medios para lograrlos que provocan una ruptura con el FSLN: la rebelión contra el FSLN es la manera de realizar los valores del sandinismo.

HASTA LLEGAR AL FACTOR
“NOSOTROS CONTRA ELLOS”


Otra hipótesis es que las condiciones objetivas actuales fueron propicias para que en algunos sandinistas fuera más evidente y repudiable la divergencia entre ideas y prácticas. No es que la mayoría de elementos de la protesta provengan del sandinismo decepcionado, pero sí que esa divergencia ha sido un factor determinante, sin el cual es imposible explicar la revuelta.

En cualquier caso, no hay ninguna duda de que el creciente distanciamiento entre práctica e ideales es la principal narrativa que dio impulso a la ruptura de varios sandinistas con el FSLN y que esa ruptura fue un parteaguas en sus vidas y una condición de posibilidad de su participación en la rebelión de abril. Carlos Herrera explotó ante la violencia, Hansel Vásquez se asqueó de su participación en el fraude y Liliam Ruiz notó el contraste entre la concordia de las marchas azul y blanco y la vulgaridad y violencia de las masas sandinistas. Sus testimonios son un indicio de la escisión histórica en muchas subjetividades.

EL SALTO A LA COALICIÓN


En un contexto de condiciones objetivas poco favorables al régimen, y de condiciones subjetivas donde se profundizaba la pérdida de autoridad, la reacción represiva contra las protestas -motivadas por el manejo negligente del incendio en la reserva Indio-Maíz y por la reforma a la seguridad social- tuvo el efecto de atizar las demandas y prestar condiciones a una narrativa polarizada -“nosotros contra ellos”, como expresa Harley Morales-, que sirvió como factor cohesionador. En el momento en que esa narrativa se extiende, las organizaciones estudiantiles van tomando cuerpo y después se van agregando a la Coalición, el salto más erizado de obstáculos -lo que más costó, recuerda Harley Morales-, porque requería un salto desde las redes construidas por cierta afinidad hacia la pluralidad variopinta de los jóvenes autoconvocados.

RAZONES Y SENTIMIENTOS
SE DIERON LA MANO


Esa trayectoria está incompleta si no consideramos otra condición de posibilidad de la revuelta: la organización y la posibilidad de vencer el miedo, que opera -según Castells- como el factor más paralizante de las iniciativas políticas. Esa condición fue la imaginación empática.

Todos los entrevistados alegaron motivaciones emocionales para involucrarse en la protesta y señalan un momento clave: la paliza a los viejitos, el maltrato a personas a veces conocidas, la muerte de alguno... El acumulado de malestares se transmutó en impulso de rebelión cuando se nutrió de imaginación empática ante varios eventos de represión.

La revuelta, en parte protagonizada por el sandinismo desilusionado, pero también complejizada y puesta al día con luchas feministas y ecologistas -expresión de que el sandinismo tradicional no ha conseguido caminar al ritmo de las nuevas luchas, fue el fruto del procesamiento de la represión en la imaginación empática.

Estar indignados ante la represión por la imaginación empática, saberse enfrentados a la precariedad laboral y sentirse frustrados en sus expectativas políticas y laborales configuran una buena síntesis y un crisol donde se funden las condiciones objetivas y subjetivas de la rebelión. Una confluencia similar fue el cóctel del espíritu rebelde en el 68 en México, según Carlos Monsiváis: “La primera rebeldía viene¬ de los politécnicos, capaces de combinar, entre otros elementos, la rabia ante las arbitrariedades de la policía, el rencor social y el impulso de la marginalidad ciudadana que quiere dejar de serlo”.

Más allá de análisis y de investigaciones, lo que seguimos viendo en Nicaragua al terminar este inolvidable 2018 nos demuestra que razones y sentimientos se dieron la mano en la insurrección de abril.

INVESTIGADOR ASOCIADO DEL INSTITUTO
DE INVESTIGACIÓN Y PROYECCIÓN
SOBRE DINÁMICAS GLOBALES Y TERRITORIALES
DE LA UNIVERSIDAD RAFAEL LANDÍVAR DE GUATEMALA
Y DE LA UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA
JOSÉ SIMEÓN CAÑAS” DE EL SALVADOR.

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