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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 79 | Enero 1988
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Nicaragua

Reagan persiste: se dificultan los diálogos

Cuando están a punto de concluirse los plazos que fijó Esquipulas II y se prepara ya Esquipulas III como una etapa más del proceso, con la reunión de presidentes centroamericanos en San José (15 enero), los espacios abiertos por los acuerdos de Guatemala para una solución política al conflicto Estados Unidos Nicaragua comenzaron a cerrarse.

Equipo Envío

Comenzaron a cerrarse estos espacios:

- con la nueva aprobación de fondos para la contrarrevolución en el Congreso norteamericano,
- con el bloqueo de la dirigencia contrarrevolucionaria al diálogo para la concertación de un cese al fuego,
- con el bloqueo de la oposición interna de Nicaragua al diálogo nacional con el gobierno sandinista.

Ante esta situación, los dirigentes sandinistas trataron de dejar bien claro lo que para algunos no lo era tanto hace unos meses, cuando se firmaron los acuerdos: que la voluntad de paz de Nicaragua no se convertirá, por más difícil que sea la situación y por más presiones que haya, en una concesión de principios, en una renuncia al proyecto revolucionario o en una debilitamiento del mismo.

Republicanos: ni un milímetro, Demócratas: vulnerables

Como señalábamos el mes pasado, cuando el gobierno de Nicaragua decidió el 5 de noviembre iniciar un diálogo para la concertación de cese al fuego con los dirigentes contrarrevolucionarios estaba iniciándose el diálogo indirecto de Nicaragua con los republicanos y también con los demócratas de Estados Unidos, que durante años han sostenido bipartidistamente, política y financieramente, la guerra contrarrevolucionaria.

El termómetro concreto para medir las posibilidades de este difícil y necesario diálogo con los político norteamericanos hay que aplicarlo este mes al que debate que se dio en el Congreso acerca de la aprobación de nuevos fondos para la guerra de "los paladines de Reagan".

El presidente de Estados Unidos viene postergando desde hace 3 meses la presentación al Congreso de su solicitud de $270 millones, con los que pretende financiar a los contrarrevolucionarios a lo largo de 1988, el último año de su presidencia. La postergación se ha debido al clima en favor de una solución política y no militar generado por el proceso de Esquipulas II. Esta postergación ha supuesto, en sí misma, una relativa derrota para el Presidente Reagan.

En esta situación, y como una alternativa para mantener viva su política de guerra, Reagan ha ido proponiendo en esos meses partidas parciales de dólares. En octubre consiguió la aprobación de $3 millones 500 mil. Y en noviembre de $3 millones 200 mil. "Serán los últimos", dijeron en esta ocasión y de forma tajante, algunos líderes demócratas.

Pero no fueron los últimos. Según las contabilidades de la Casa Blanca, los $3 millones 200 mil se agotarían el 16 de diciembre. Reagan decidió entonces hacer en diciembre una solicitud de $30 millones más, que la Cámara de Representantes -con mayoría demócrata-rechazó considerar.

La táctica presidencial volvió a variar: incluyó una ayuda superior a los $9 millones dentro del presupuesto federal que los legisladores norteamericanos debían aprobar antes de iniciar sus vacaciones navideñas. Este presupuesto, por un total de 600 mil millones, contenía medidas para contener el abultado déficit fiscal de Estados Unidos -que está en la base de la profunda crisis económicas del país-, que fueron frutos de largas negociaciones entre republicanos y demócratas. Era, pues, importante, el aprobarlo cuanto antes -ya había retraso en el calendario- y en los términos bipartidista acordados.

Algunos representantes demócratas se opusieron a que el presupuesto incluyera "un sólo centavo" más para los contras. Otros intentaron recortar la cantidad que proponía Reagan. Como elemento de presión y creando una tensa situación que se prolongó por varios días, Reagan declaró que vetaría las veces que fuera necesario la ley de presupuesto si no incluía ayuda para sus "paladines" y llegó a firmar que suspendía sus vacaciones de Navidad si era necesario con tal de conseguir esa ayuda. Mientras, el país estaba en estado de virtual "quiebra legal" al no tener acordado el presupuesto del próximo año fiscal en las fechas previstas.

Las presiones dieron por fin resultado y Reagan ganó. El presupuesto de 1988 incluye un total de $8 millones 100 mil en ayuda "humanitaria" y también militar y logística, que canalizará la CIA, postergándose hasta los primeros días de febrero la batalla por más fondos, a la que no ha renunciado Reagan.

El demócrata Franz Razek describió el resultado del debate, que concluyó muy poco antes de la Navidad, con estas palabras: "Lo que hemos aprobado es un cerdo al que hemos vestido de smoking, pero sigue siendo un cerdo". Y el senador demócrata Chirstopher Dodd declaró: "Aprobando esta ayuda estamos diciendo que queremos que fracase el proceso de paz en Centroamérica".

Dos acciones preparó la Administración Reagan para que influyeran en la decisión final de los congresistas. Por un lado, la presentación en público del ex-Mayor Roger Miranda, que desertó del ejército sandinista a fines de octubre y fue a los Estados Unidos a colaborar con el gobierno norteamericana en su guerra contra Nicaragua. Miranda no había hecho ninguna declaración hasta entonces, cuando su aparición coincidió con el debate en el Congreso. En sus palabras no hubo prácticamente nada nuevo para quien lo oyera desde Nicaragua. Hizo, sobre lo oyera desde Nicaragua. Hizo, sobre todo énfasis en la colaboración militar de la URSS y de Cuba con Nicaragua, pero más que aportando nuevos datos dando a esta colaboración -que no ha sido nunca ocultada por el gobierno nicaragüense- características de estrategia destinada a amenazar a los países del área y en último término a los Estados Unidos.

Reagan calificó de "estremecedoras" las revelaciones de Miranda para concluir que "nunca ha sido más evidente que ahora la necesidad de mantener vivos a los combatientes de la libertad". Todo esto ocurría mientras los congresistas debatían el presupuesto que incluía mas ayuda para estos combatientes.

La otra acción preparada por la Administración fue de carácter militar. Los combatientes quisieron demostrar que estaban vivos y activos y el 20 de diciembre, cuando el Congreso discutía y decidía, atacaron Siuna, Rosita y Bonanza, tres poblados mineros en la región del Atlántico Norte de Nicaragua.

El gobierno nicaragüense calcula que los atacantes fueron algo más de mil. El ataque consistió en un mortereo indiscriminado contra objetivos económicos y civiles de los tres poblados y en el intento fallido de tomárselos durante varios días -previsiblemente hasta el 25 de diciembre-, tiempo suficiente para que periodistas norteamericanos preparados por la Administración Reagan pudieran llegar a las minas a reportar el éxito de los contras. La destrucción fue importante en diversos edificios públicos (oficinas, silos de granos básicos, una emisora de radio, bodegas, etc), pero la infraestructura de las minas y las instalaciones militares de defensa quedaron intactas. Los milicianos de los poblados mineros y poco después el ejército regular enfrentó a los atacantes obligándolos a huir hacia las zonas selváticas y fronterizas de donde habían partido. Las fuentes nicaragüenses informaron de 215 bajas de la contrarrevolución (de ellas, 137 muertos), 5 capturados y 8 desalzados que se acogieron a la amnistía durante los combates. En los poblados hubo 57 muertos (de ellos, 19 civiles, 7 de los cuales eran niños). El resto de los que cayeron eran milicianos campesinos o miembros del ejército. La población civil sufrió también 93 heridos, 21 desaparecidos y 53 secuestrados.

"El ataque a las invulnerables minas, porque estaban defendidas por el pueblo, fueron sobre todo un ataque a la vulnerable opinión de los congresistas norteamericanos": éste fue el balance que hizo del ataque militar a las minas el Comandante Tomas Borge, tratando de explicar cómo la acción tuvo la lógica de la destrucción económica y principalmente de la propaganda internacional.

Aunque resulta difícil evaluar la influencia concreta que las declaraciones de Miranda y los ataques a las minas hayan tenido o sigan teniendo sobre los congresista, la realidad es que la contrarrevolución continúa disponiendo de fondos aprobados bipartidistamente y discutidos pública e impúdicamente, sin que la nueva situación abierta con Esquipulas II haya logrado detener aún esta inmoral e ilegal realidad. Si Reagan no logra de una vez todo lo que quiere, sí lo continúa logrando poco a poco.

Otro dato a tener en cuenta a la hora de evaluar las posibilidades del difícil con los republicanos y los demócratas es otra votación que tuvo lugar este mes en la Cámara y que paso más desaparecida. Incluida también en la amplia Ley de Ayuda Exterior, la Cámara aprobó por 346 votos a favor y sólo 58 en contra una enmienda en la que los legisladores norteamericanos establecen los criterios para definir lo que debe ser una "democratización" de Nicaragua como condición para cesar la guerra contrarrevolucionaria. Entre otros, esos criterios son: abolición del servicio militar obligatorio, absoluta libertad de prensa, derecho de huelga, no discriminación de los indígenas mískitos, etc.

Al margen de cuáles sean los criterios elegidos y de la interpretación que se haga de ellos, lo más desconcertante es la injerencia que supone el que los legisladores estadounidense se elijan en jueces, olvidando que abierto el proceso de Esquipulas II es a la Comisión Internacional de Verificación y Seguimiento de los acuerdos, a la CIVS, a quien corresponde, por voluntad de los presidentes centroamericanos, este papel. 346 legisladores de Estados Unidos intentan suplantar así a los Cancilleres de 8 naciones latinoamericanas, a los de las 5 naciones de Centroamérica y a los 5 Secretarios Generales de la ONU y la de la OEA, que son quienes conforman la CIVS.

Como una señal más de que en la mente de la mayoría de los políticos norteamericanos las exigencias de Esquipulas sólo obligan a Nicaragua, en esa misma ocasión la Cámara rechazó por 290 votos contra 110 otra enmienda que aplicaba también a los otros 4 países centroamericanos los criterios que se exigían a Nicaragua.

Todo esto demuestra las grandes dificultades que presenta el diálogo indirecto que se abrió en noviembre entre el gobierno de Nicaragua y los republicanos y demócratas de Estados Unidos. Por un lado, los republicanos no han retrocedido ni un milímetro en su opción por la guerra -y no es ninguna metáfora-. No dan tampoco señal alguna que permitan esperar que estén en vías de retroceder en algo. Ni presentan tampoco entre ellos fisuras significativos sobre esta opción .

Por otro lado, los demócratas, con una mentalidad marcada por el imperialismo como la de los republicanos no consiguen la coherencia necesaria para sacara adelante una política que no esté basada únicamente en defenderse de los ataques y presiones de Reagan y en recortarle algo sus deseos, gravitando siempre en torno a él. dominados por el temor de que los acusen de "comunistas". Un tipo de política opositora tan poco creativa no abre verdaderas alternativas y facilita el que los chantajes y las presiones terminan imponiéndose.

La obcecación de unos y la debilidad de los otros plantea grandes dificultades el proceso de paz. Aunque falta aún la decisiva batalla por los $270 millones, que se anuncia para los primeros días de febrero y cuyos resultado dependerán en gran parte de lo que pase en Esquipulas II, lo que ha ocurrido en las vísperas de esta nueva etapa del proceso de paz no resulta muy alentador. El desafío que una Centroamérica más unida y más celosa de su independencia plantea a los políticos norteamericanos está abierto y lleno de dramáticos interrogantes.

En Centroamérica: dificultades en vísperas de Esquipulas II

Los avances de Reagan -por más que sena limitados- tienen repercusiones en Centroamérica. Esquipulas II significó, entre otras muchas cosas, la apertura de un diálogo entre los presidentes centroamericanos, que lograron en Guatemala el consenso inicial para optar por la solución política de los conflictos en la región. Fue un importante paso inicial en un nuevo camino, contrario al de las soluciones militares. El tiempo y las presiones de la Administración republicana han ido mostrando las dificultades que encierra este camino, no andado hasta ahora por los gobernantes de la región.

El 4 de diciembre se reunió por primera vez en Nueva York la CIVS, con el objeto de que sus 15 miembros escucharan y comenzaran a evaluar el cumplimiento que de los acuerdos de Esquipulas II se estaba haciendo en los cinco países centroamericanos actitud de gobierno de Honduras, que se niega a la inspección in situ que tenía que hacer la CIVS entre el 4 y el 10 de enero de 1988 en los cinco países, negativa que tiene su razón de ser en el hecho público de que los dirigentes contrarrevolucionarios continúan actuando en Honduras y de que las bases desde las que los contrarrevolucionarios en Nicaragua se han desplazado de lugar o se han camuflado pero siguen abiertas y activas en diversos puntos del territorio hondureño.

En esta reunión surgió ya abiertamente como una seria dificultad la actitud del gobierno de Honduras, que se niega a la inspección in situ que tenía que hacer la CIVS entre el 4 y el 10 de enero de 1988 en los cinco países, negativa que tiene su razón de ser en hecho público de que los dirigentes contrarrevolucionarios continúan actuando en Honduras y de que las bases desde las que los contrarrevolucionarios entran en Nicaragua se han desplazado de lugar o se han camuflado pero siguen abiertas y activas en diversos puntos del territorio hondureño.

Honduras ha ido variando las justificaciones para esta negativa. En diciembre reclamó que para permitir la inspección debe cumplirse con la "simultaneidad", reduciendo prácticamente ésta a que el gobierno de Nicaragua conceda una amnistía general que abarca a los ex-guardias somocistas y levante el estado de emergencia decretado a causa de la guerra. La primera condición no es exigencia de Esquipulas II y el gobierno de Nicaragua ha decidido no amnistiar al somocismo, como lo ha declarado reiteradamente. El levantamiento del estado de emergencia está condicionado al juicio que haga la CIVS certificando el fin de la agresión.

A "puntos de estrangulamiento" en el proceso de verificación se refirió con preocupación el Canciller peruano Alan Wagner, citando concretamente el concepto de simultaneidad que está esgrimiendo Honduras. De persistir Honduras en su negativa, se establecería un obstáculo insalvable en un punto que es básico en Esquipulas II: el no uso de los países centroamericanos pro fuerzas irregulares. De la resolución de esta contradicción depende en gran medida un avance o estancamiento a corto plazo del proceso de paz.

Además de este problema de fondo, otros incidentes parecen estar diseñados (¿por el "participante invisible en el proceso, el gobierno de Estados Unidos?) para dificultar las relaciones bilaterales de Nicaragua con Honduras y Costa Rica y así entorpecer el nuevo clima de diálogo entre los gobiernos centroamericanos que abrió Esquipulas II.

Son incidentes de muy diversas naturaleza. Entre ellos hay que señalar este mes un ataque aéreo al poblado de Panalí en el norte de Nicaragua efectuando por dos aviones procedentes de Honduras, y la reanudación después de mucho tiempo de tregua de ataques con morteros desde la frontera y con lanchas pirañas en las aguas limítrofes.

En Costa Rica hay que señalar la publicitada "reunión cumbre" de los líderes contrarrevolucionarios en el Hotel Balmoral de San José, para lanzar su "programa de gobierno" y el derribamiento con un misil tierra-aire desde territorio costarricense de un avión de carga de la Línea Aeronica que hacía la ruta Managua-Panamá, lo que provocó el aterrizaje forzoso de la nave y causó heridas a sus 6 tripulantes. Finalmente, el caso del norteamericano James Jordan Denvy, capturado después de que su avioneta violara el espacio aéreo nicaragüense y fuera impactado por las antiaéreas sandinistas en San Juan del Norte, al su de al Costa Atlántica. Denvy pertenece al grupo de los llamados "Rancheros de Illinois", integrado por norteamericanos propietarios de fincas en el norte de Costa Rica -frontera con Nicaragua, en las que han vivido durante años y aún siguen viviendo contrarrevolucionarios armados, que desde allí incursionan en Nicaragua. El incidente vino a poner en evidencia que Costa Rica tiene aún pasos que dar para ser el país "neutral" que dice ser y para cumplir con Esquipulas II.

También en diciembre como otra piedra de tropiezo, Honduras recibió el gobierno de los Estados Unidos dos caza-bombarderos F5-E, los primeros de un paquete de doce de estos aviones de guerra que le serán entregados en los próximos meses. Si ya la fuerza aérea hondureña era la mejor equipada de la región, esto viene a reforzarla aún más. En estos momentos, el hecho buscaría que Nicaragua tome una decisión en torno al compra de MIG u otros aviones de intercepción con los que equilibrar la desigualdad de medios aéreos entre ambos países.

Si a estos hechos, que parecen estar destinados a echar a pelear a Nicaragua con sus vecinos y a hacer tambalear la frágil unidad estrenada en Esquipulas II, unimos la crisis particular que vive cada uno de los países -intento de golpe militar en Guatemala, acelerado desgaste de Duarte en El Salvador- resulta un complejo cuadro de dificultades que mostraría los límites del proceso iniciado en Esquipulas II a la vez que la necesidad de reforzarlo en la reunión de Esquipulas III, donde los presidentes centroamericanos podrían dar nuevos pasos en la dirección de la paz, la convivencia y la autodeterminación regional frente a los Estados Unidos. Este desafío está abierto y lleno también de interrogantes.

En Nicaragua: el fuego no cesa

En el marco de Esquipulas II dos diálogos tenía que iniciar, llevar adelante y sostener Nicaragua: uno con los dirigentes contrarrevolucionarios, que pusiera fin a la guerra. Y otro con los partidos de oposición interna, que diera nueva vida al debate político al interior del país. Alcanzar progresos en estos dos diálogos crearía algo así como una presión irresistible hacia el diálogo más necesario y decisivo de todos: el diálogo del gobierno sandinista con el gobierno de Estados Unidos para normalizar por fin las relaciones entre ambos países. Ambos diálogos -con la contrarrevolución y con la posición- sufrieron reveses este mes.

El diálogo para la concertación de un cese al fuego tuvo en diciembre y en la República Dominicana sus dos primeras rondas. La primera, el 3 y 4 de diciembre. Desde mediados de noviembre el gobierno de Nicaragua había presentado a la contrarrevolución un plan de 11 puntos en el que se sugerían mecanismos técnicos para implementar el cese al fuego. El plan era, en resumen, un proyecto de salida política para que los contrarrevolucionarios armados pasaran a ser opositores políticos desarmados o simples ciudadanos con todos sus derechos, según lo decidiera ellos mismos. La contrarrevolución, en su contra-propuesta, presentó en resumen un programa de reformas políticas que se le exigían al gobierno nicaragüense como condición para cesar la guerra y que suponían una desnaturalización de la revolución y de la institucionalidad lograda en el país durante 8 años. Los dos planes situaban la negociación en dimensiones muy diferentes.

Los dirigentes nicaragüenses calificaron de "provocación" la contra-propuesta y siempre que se refiere a ella la llaman "la propuesta de Estados Unidos". "No esperábamos que fuera tan irracional y estuvimos tentados de romper las negociaciones al recibirla", confesó a los periodistas el 7 de diciembre el Presidente de Nicaragua. A pesar de todo, el gobierno de Nicaragua fue a Santo Domingo a dialogar.

Todas las pláticas de esta primera ronda del diálogo las centró la del diálogo las centró la delegación contrarrevolucionaria en una propuesta hecha por el Cardenal Obando, mediador en las pláticas, para establecer una tregua el 7 y 8 de diciembre, fechas en que se celebra a la Purísima Concepción de María- la fiesta religiosa de más arraigo popular en Nicaragua y el 24 y 25 de diciembre, con ocasión de Navidad.

La discusión sobre la tregua temporal distrajo de la discusión sobre el cese total del fuego. En un momento de las pláticas, la delegación nicaragüense aceptó la tregua si el gobierno norteamericano se comprometía a cesar toda ayuda a los contrarrevolucionarios, pero estos no aceptaron la condición, con la que la tregua de la Purísima quedó en nada. En esta primera ronda la delegación contrarrevolucionaria no respondió a la propuesta del gobierno de Nicaragua ni tampoco preguntó nada sobre ella. Tampoco respondió nada a las preguntas que la delegación nicaragüense le hizo sobre su propia contrapuesta.

De esta primera ronda no salió más que un breve y formal documento de consenso de ambas partes, en el que se aprueba la mediación del Cardenal, se apoya Esquipulas II, se reafirma el deseo de paz, etc. etc.

A su regreso de Santo Domingo, el Cardenal sugirió que el diálogo entre ambas partes fuera cara a cara -el había estado desplazándose de una delegación a otra- y en un lugar de Centroamérica. Pidió que se estableciera una tregua navideña, que se decretara una amnistía general y que levantara el estado emergencia y que fuera la Conferencia Episcopal la que verificara y controlara el cumplimiento de todos estos compromisos.

Por su parte, el Presidente de Nicaragua anunció que el Cardenal había solicitado la ayuda de un equipo técnico con experiencia en este tipo de negociaciones militares y sugirió que la sede de las negociaciones fuera Belice o Panamá -países de Centroamérica, pero no signatarios de los acuerdos de Esquipulas- o eventualmente Venezuela o México. Pocos días antes de la Navidad el gobierno sandinista decretó una tregua incondicional y unilateral los día 24 y 25 de diciembre, como "reconocimiento a las gestiones del Cardenal". La contrarrevolución aceptó la tregua pocos días después.

Para la segunda ronda, precedida por muchas tiras y aflojas sobre la fecha y el lugar, el gobierno nicaragüense nombró una delegación integrada por un equipo de técnicos para que hablaran directamente, cara a cara, con la delegación de la contrarrevolución, únicamente sobre aspectos del cese al fuego. EL equipo técnico estaba integrado por Hans Wischnewski -quien fuera mediador en el secuestro de la hija de Duarte y en el secuestro por los contrarrevolucionarios de 8 ciudadanos alemanes en 1986, por el abogado norteamericano Paul Reichler -quien representó los intereses de Nicaragua en el juicio ante la Corte de La Haya y por los expertos en asuntos militares Roger Ficher y Max Gordon, catedráticos de Harvard. El equipo y la decisión de que dialogara cara a cara sobre asuntos de cese al fuego recibió la aprobación, tanto del mediador, Cardenal Obando, como de la dirigencia contrarrevolucionaria.

Pero de nuevo en Santo Domingo, el 21 y 22 de diciembre, los contrarrevolucionarios se negaron a iniciar cualquier conversación con los asesores, aduciendo razones "nacionalista": el equipo estaba formado por extranjeros y por ser una guerra entre nicaragüenses sólo debía resolver entre nicaragüenses. Después de 48 horas de estériles gestiones del Cardenal, la segunda ronda tuvo resultados aún más raquíticos que la primera.

El Vicecanciller de Nicaragua, que presidía la delegación del gobierno de Nicaragua que se traslado a Santo Domingo para apoyar la gestión del equipo técnico, dijo que el gobierno de Nicaragua estaría dispuesto a hablar cara a cara con los contrarrevolucionarios si era el gobierno norteamericano quien nombraba su propia delegación e incluía en ella a los contras. No hubo respuesta a esta proposición.

Al término del encuentro, el abogado Reichler declaró a la prensa que estaba extrañado de la insistencia contrarrevolucionaria en no hablar con ellos y en exigir de los miembros del gobierno nicaragüense fueran a la mesa de conversaciones. "Era sólo una formalidad -concluyó-, porque insistieron en que se presentaran, aunque se quedaran mudos". "Es falso -añadió que ésta sea una guerra entre nicaragüenses. Esta es una guerra manejada, financiada y dirigida desde Washington, como ya dijo la Corte Internacional de La Haya. Y en esta guerra hay también sangre norteamericana". La perplejidad que la actitud de la delegación contrarrevolucionaria causó en Wischnewski la expresó confesando que en todas las negociaciones en que había participado era ésta la primera en la que "el otro lado" rechazaba hablar. Ante una situación así trabada, Wischnewski tomo la decisión de visitar Washington en enero para dialogar allí con congresistas opuestos a continuar financiando la guerra, convencido de que "no habrá cese al fuego mientras siga esa ayuda".

El 29 de diciembre se inició el proceso para organizar una tercera ronda en Belice o Panamá - a sugerencia de Nicaragua- y en la que el mismo equipo técnico representará al gobierno nicaragüense, sugiriendo en esta ocasión el Cardenal que al equipo de extranjeros se uniera un nicaragüense, para evitar lo sucedido en la segunda ronda.

Coincidiendo en los mismo días, una poderosa tenaza de dos brazos estrechaba sus presiones sobre el frágil proceso de Esquipulas. Uno de sus brazos estaba en el Congreso norteamericano, donde los legisladores volvían a discutir para terminar aprobando nueva ayuda para prolongar la guerra, Y el otro brazo actuaba en Santo Domingo, en donde los contrarrevolucionarios se negaban a aceptar una salida política a su fracasada guerra, mientras disparaba en los poblados nicaragüenses de Siuna, Bonanza y Rosita, donde la guerra continuaba, afectando principalmente a la población civil. Año fue una coincidencia casual. Era una misma maquinaria de presión con un único objetivo: bloquear la esperanza de una paz con dignidad que Esquipulas II abrió para Nicaragua.

El diálogo se estanca

Al igual que un diálogo con las fuerzas irregulares para la concertación del cese al fuego, el diálogo nacional entre el gobierno y los partidos de oposición fue un compromiso asumido por el gobierno sandinista al firmar los acuerdos de Esquipulas II.

Este diálogo nacional se inició en octubre. Después de diversas contradicciones de los partidos entre sí y de otras contradicciones internas de algunos partidos, las 3 primeras sesiones del diálogo se invirtieron en discutir quiénes serían los participantes, los 4 siguientes en discutir y aprobar el reglamento y las 5 siguientes en lograr el consenso de los 15 partidos participantes en la agenda a discutir. De esta agenda, el FSLN estaba particularmente interesado en dialogar sobre las próximas elecciones municipales.

Esta era la situación a comienzos de diciembre, cuando el día 4, 14 partidos -exceptuando sólo al MAP-ML- plantearon un ultimátum al gobierno sobre uno de los puntos de la agenda "reformas ala Constitución"- para que en 15 días el Ejecutivo aceptara hacer 17 reformas a la Constitución de la República, promulgada en enero/87. De no aceptar las reformas, los partidos abandonarían el diálogo.

Las 17 reformas propuestas son:

1) no reelección presidencial
2) no sucesión familiar en la Presidencia
3) no voto de los militares
4) reforma del Poder Electoral
5) independencia del Poder Judicial
6) creación de un Procurador de Derechos Humanos
7) clarificación sobre el derecho de propiedad
8) limitación de las facultades del Presidente
9) cambio en la naturaleza de las Fuerzas Armadas
10) creación de un Tribunal de garantías constitucionales
11) supresión del preámbulo de la Constitución
12) autonomía universitaria
13) autonomía municipal
14) objeción de conciencia al servicio militar
15) prohibición de la pena de expatriación
16) separación del Estado, el Partido FSLN y el Ejército
17) redefinición de la inmunidad parlamentaria.

La trascendencia política y jurídica de muchas de la reformas propuestas a una Constitución en cuya elaboración y ratificación habían participado hace apenas 12 meses 4 de los partidos que planteaban el ultimátum -los que están presentes en la Asamblea Nacional hizo que el gobierno interpretara esta iniciativa como una forma de presión política a partir de un "imposible". El socialcristiano Jarquín reconoció la coincidencia de algunas de las reformas exigidas al FSLN con algunos planteamientos hechos por la contrarrevolución en su contrapuesta.

La lógica maximalista del ultimátum fue justificada también maximalistamente, sobre todo por los partidos más minoritarios. El comunista Altamirano llegó afirmar que "el diálogo nacional no sólo está por encima de la Asamblea Nacional sino de cualquier otro poder de la república".

Había tras el ultimátum no solo un "imposible político" sino además un "imposible jurídico" de mucha importancia si se quiere respetar la legalidad del país. Según la Carta Magna de Nicaragua toda reforma a la Constitución deben debatirla los legisladores en dos legislaturas. La legislatura-87 estaba a punto de acabar -el 21 de diciembre. De ahí las prisas y las impaciencias que reflejaba el ultimátum. Pero aún así, cualquier discusión debía continuarse en la legislatura-88, que se inicia en febrero. Los demandantes, pasando por encima de esta ley y de la misma Asamblea Nacional planteaban el ultimátum al Ejecutivo.

A los 15 días, el Ejecutivo rechazó este "impaciente" planteamiento -como lo calificó el representante sandinista en el Diálogo, Comandante Carlos Núñez.- El Presidente Ortega sugería a los partidos, siguiendo la Constitución, que las reformas estrictamente constitucionales -12 de las 17-, fueran discutidas en la Asamblea Legislativa, bien fuera a solicitud del Presidente o porque los partidos parlamentarios introdujeran la solicitud. Y señalaba que 5 de las reformas correspondían a leyes ordinarias. Al conocer la respuesta del Ejecutivo, los 14 partidos abandonaron el diálogo nacional, entrando éste en un estancamiento, hasta el momento sin fecha o previsible vías de reanudación. Unos días más tarde el Presidente Ortega insistió en que los Acuerdos de Esquipulas comportan muchos compromisos, pero todos dentro de la legalidad vigente en cada país. Dijo también que el Diálogo Nacional no podía convertirse en "un parlamento paralelo".

Resultado lógico que los partidos abstencionistas y otras fracciones de partidos, que siempre han mantenido posiciones pro-norteamericanas, las tenga ahora y las expresen en iniciativas como ésta destinadas más a bloquear el diálogo que a dialogar. Menos lógico parece que otros partidos progresistas de izquierda apoyen estas posiciones. de falta de un proyecto nacional a causa de la permanente amenaza norteamericana, de falta de imaginación política, de ansias liderazgo, de desesperada búsqueda de unidad sea sobre la plataforma que sea con el objeto de suplir la debilidad, etc. En cualquier caso, puede diagnosticarse que mientras penda sobre la revolución nicaragüense la guerra contrarrevolucionaria que sostienen los Estados Unidos en su voluntad de destruir el actual poder sandinista, los partidos -aun los más consecuentes tendrán dificultades para decidirse a una oposición leal y constructiva por temor a que los sandinistas sean derrocados y entonces ellos sean considerados por Estados Unidos como sus aliados. Puede también diagnosticarse que la unidad de estos 14 partidos, tan disímiles ideológicamente, no tendrá mucha estabilidad. La historia de estos 8 años lo hace prever.

El anuncio hecho a finales de diciembre de que los 14 partidos del ultimátum recibirían del Congreso norteamericano una donación de $250 mil vino a plantear aún más interrogantes y especulaciones. El dinero que ya muchos partidos opositores están recibiendo de fuera, de partidos afines, con el objetivo de fortalecerlos, está contribuyendo sobre todo a dividirlos y a hacerlos confiar más en los medios técnicos que en un verdadero trabajo de base. Algunos analistas políticos hablan ya de una "saigonización" de la posición nicaragüense.

El Presidente de Nicaragua convocó a los partidos a unirse, "pero a partir de un mínimo de dignidad nacional", recordando la necesidad que tiene la revolución nicaragüense de la unidad nacional, pero "no para mezclar a Reagan con Sandino sino para hacer una mezcla patriótica que defienda en primer lugar los interese nacionales".

Este es el gran desafío de los partidos políticos en esta delicada coyuntura en la que consciente o inconscientemente pueden convertirse en los representantes desarmados de una contrarrevolución armada que no quiere detener la guerra. Este es el desafío para la que tenaza que presiona sobre Esquipulas no tenga en ellos un tercer brazo.

Lenguaje firme y posiciones firmes

En diciembre la luz y de esperanza de Esquipulas II se opacó y aparecieron algunas sombras. En el Congreso, en Santo Domingo y en los salones de Managua donde se celebraba el diálogo nacional. En esta nuevamente delicada coyuntura se hizo evidente que la firma de los acuerdos de Esquipulas II no significó nunca ni va a significar a decisión de la revolución sandinista de hacer concesiones de principios y que se Nicaragua ha aceptado que la carga de Esquipulas descanse sobre todo en sus espaldas y que se aplique lupa internacional a todas sus decisiones, esto no debe ser interpretado como una señal de debilidad de la revolución.

1988 va a ser un año difícil en Nicaragua. Es el último año de la presidencia de Reagan, que "hasta el último hálito de su existencia" según su propia expresión- está decidido a continuar la guerra. Será un año en el que la crisis económica se profundizará, obligando a serios y necesarios reajustes. -la guerra en primer lugar- hay que añadir ahora la fuerte sequía del irregular invierno de 1987 en toda Centroamérica, que en Nicaragua ha obligado a emitir un Decreto de Emergencia Alimentaria en el que se hace un llamado a la solidaridad internacional en vista de la masiva pérdida de las cosechas de alimentos básicos.

Ante esta situación, el proyecto republicano se perfila más y más como el intento de destruir la revolución desestabilizándola, propiciando el descontento acelerado un colapso económico. El medio para lograr esto es canalizar políticamente la crisis económica, creando así una situación de pre-insurrección en la que los contrarrevolucionarios -por eso "es más necesario que nunca mantenerlo vivos" asestan el golpe militar decisivo que remate a los sandinistas.

Se trata de "chilenizar" a Nicaragua, expresión que usó este mes el Presidente de Nicaragua, haciendo énfasis en ella. Según el Comandante Bayardo Arce en una entrevista aparecida este mes en el diarios "Barricada", lo de "chilenizar" Nicaragua es un planeamiento reciente del Director del Instituto de Estudios Políticos del Partido Republicano en un seminario que hubo sobre Centroamérica. Allí se llegó a la conclusión de que ése era el camino más adecuado en la presente coyuntura.

Para lograr esta "chilenización", los partidos políticos de oposición los eventuales canalizadores del descontento provocado por la crisis económica resultan una pieza clave. Como clave resulta el articularlos con la contrarrevolución armada.

Hasta el momento, los hechos muestran los grandes límites que la realidad de Nicaragua pone a este proyecto. Este mes, los 14 partidos del ultimátum, después de retirarse del diálogo con gran despliegue informativo en medios radiales y en "La Prensa", organizaron una Marcha de la Unidad Opositora a la que pensaba se unieron muchos manifestante, pero tan sólo 400 personas, incluídas las dirigencias de estos 14 partidos, desfilaron por las calles en una movilización en la que Envío pudo constatar que había más banderas que personas.

Si débil es el canal político interno, débil es también la contrarrevolución que tendría que aprovechar política y militarmente la crisis. Su ataque de este mes a las tres poblaciones mineras lo muestra. A pesar de que en sus versiones hablaron de 7 mil atacantes, ¿cómo es posible que esta cantidad -falsa naturalmente- de hombres bien armados no pudieran tomarse tres pequeños pueblos -que no llegan a una población total de 20 mil personas- ni tampoco lograran que las armas que tienen los milicianos del lugar se unieran a las de ellos? Los contrarrevolucionarios no han logrado nunca "insurreccionar" contra los sandinistas al pueblo de ningún lugar al que han llegado, aún cuando ese pueblo suele estar armado. Es una señal de su debilidad política y de que están vivos por la sofisticada tecnología que les entregan y por el despliegue informativo que sus acciones tienen en el exterior gracias al poder de las agencias de noticias norteamericanas. Envío estuvo en las minas después de terminados los combates, comprobó que los atacantes no pudieron tomarse ni un sólo barrio de los tres poblados, pero comprobó también cómo un corresponsal de un gran diario norteamericano regresó a Managua informando a su periódico sobre la toma de las poblaciones por los contras...

Debilidad de la oposición desarmada y de la contrarrevolución armada. Y una renovada firmeza de la revolución expresada este mes con más fuerza, variando así el lenguaje mas conciliador que caracterizaba los discursos posteriores a Esquipulas y que algunos interpretaron como correspondiente a una "hora de concesiones".

Los dirigentes de la revolución se viene refiriendo con renovada firmeza a varias posiciones de principio que los acuerdos de Esquipulas respetan y a los que la revolución no renunciará. Señalamos tres de ellos.

El primero, el derecho a la defensa militar de la nación, garantizado por la masiva entrega de armas al pueblo y su permanente entrenamiento para afrontar, bien sea la prolongación de la guerra contrarrevolucionaria o cualquier aventura intervencionista de los Estados Unidos. De ella se vuelve a hablar en Nicaragua, pues 1988 es el último año de Reagan y éste continúa empeñado en su objetivo de destruir la revolución.

Ante la Asamblea Sindical, el 11 de diciembre, el Ministro de Defensa, General Humberto Ortega, reafirmó que la revolución continuará estudiando la adquisición de aviones de intercepción para obtener el abastecimiento aéreo de la contrarrevolución -aunque no mencionó específicamente los MIG- y de armamentos mas modernos, señalando que el proyecto de llegar a tener a 600 mil hombres sobre las armas era la meta de la defensa militar de la revolución.

En posteriores declaraciones, y respondiendo a la alharaca informativa que la noticia de los 600 mil hombres armados levantó en Estados Unidos, el Presidente Ortega señaló que esta cifra era hasta el momento sólo un proyecto, pero que si la realidad seguía siendo de guerra era un proyecto realista que habría que implementar. Recordó que en el punto 7 de los acuerdos de Esquipulas II los presidentes centroamericanos se comprometieron a seguir discutiendo sobre la limitación de armamentos en la región y en cada país, según lo ya avanzado en las negociaciones de Contadora y declaró que Nicaragua aspira a un ejército según el "modelo suizo": un ejército regular limitado (entre 60-80 mil hombres y un masivo ejército de reserva, compuesto por toda la población civil, entrenada y capaz de usar las armas para defender a la nación. Ese ejército de reserva sería el que tendría cientos de miles de hombres sobre las armas.

Un segundo principio defendido con firmeza en varias declaraciones de este mes es el de un pluralismos político abierto, pero libre de chantajes y respetuosos de la legalidad y la institucionalidad del país.

Dada la actitud asumida por la casi totalidad de los partidos opositores el Diálogo Nacional, las declaraciones de los dirigentes revolucionarios fueron particularmente fuertes con ellos. Humberto Ortega les advirtió que "temblaran" porque se les aplicaría "la justicia revolucionaria" antes de que pudieran colaborar con los marines en una eventual intervención. El Presidente Daniel Ortega, haciendo historia y evocando las tímidas actividades de todos estos partidos durante el somocismo, afirmó: "No los necesitamos a ellos para que aquí haya democracia". También hizo el Presidente una distinción entre el "gobierno", al que la derecha podría acceder, y el "poder que -dijo- nunca alcanzarían, volviendo sobre esta distinción gobierno-poder en el discurso de cierre de la legislatura de la Asamblea Nacional, insistiendo en que es el pueblo el que tiene derecho para quitar y poner gobiernos.

También hubo pronunciamiento firmes y un nuevo lenguaje político en el Comunicado del 10o. de diciembre que precedió la Asamblea Sindical, en la que participaron representantes de unos 300 mil trabajadores afiliados a los sindicatos sandinistas. Ante las presiones por reformas constitucionales planteadas por la oposición, los trabajadores declaraban que si reformaba la Constitución "tendría que ser para socializar más la revolución" y enumeraban algunas de las banderas que alzarán los trabajadores "para acelerar la construcción de la sociedad socialista en Nicaragua": control obrero en las empresas privadas y mixtas, límites más restringidos para la propiedad agrícola, confiscación de alas empresas privadas que desvían su producción hacia el mercado especulativo (citaban a las arroceras), etc.

Un tercer principio reafirmado con renovada firmeza es el de la soberanía de Nicaragua para con los países de la comunidad socialista. En esto insistió mucho el Ministro de Defensa en su discurso ante los sindicalistas. Eran los días en que empezaba a especularse sobre lo hablado por los líderes de los dos grandes potencias en la Cumbre de Washington.

Diciembre fue el mes del importante encuentro Reagan-Gorbachov, un encuentro en el que se expresa la urgente necesidad que tiene el mundo de reformular el concepto de seguridad no en términos militares sino políticos.

Al término de la Cumbre, declaraciones surgidas en los círculos de la Administración Reagan y declaraciones del propio Presidente Reagan, dieron pie a noticias alarmistas sobre la decisión soviética de suspender su ayuda militar a Nicaragua, sugiriéndose a la vez que las grandes potencias habrían negociado en Washington el destino nicaragüense.

La Cancillería soviética reaccionó inmediatamente, afirmado que es totalmente apartado de la realidad" lo de la suspensión de la ayuda militar a Nicaragua y que en Washington lo que Gorbachov había sugerido a Reagan eran "compromisos recíprocos" de alcance regional. También le propuso una declaración conjunta de apoyo a los acuerdos de Esquipulas II, pero Reagan no aceptó. En el comunicado, recordando la necesidad de contribuir a un desarme en la región en su conjunto, la URSS calificaba de "indecorosa" la entrega a Honduras de los aviones de guerra F-5E. Por otra parte, en la amplia entrevista que Gorbachov antes de la Cumbre había declarado que la URSS estaba decidida no sólo a continuar la ayuda militar y de todo tipo a Nicaragua sino aumentarla. Esta solidaridad que asegura la sobrevivencia de Nicaragua en el caso de que se prolongue la guerra es eco de respuesta a la firmeza con que la revolución defiende el principio del no-alineamiento y el de su libertad para tener relaciones dignas con todos los gobiernos de la tierra.

Con Esquipulas II se abrió en Nicaragua un espacio de debate ideológico, en el que la oposición y la derecha pro-norteamericana han empezado a hablar abiertamente contra el gobierno. Cada número del diario "La Prensa" es una abierta confrontación con todo lo que es y representa la revolución: la vida privada de sus dirigentes, las leyes, las decisiones y pronunciamientos revolucionarios, cualquier medida gubernamental que afecta la vida cotidiana... Todo se enfoca alarmista y panfletariamente, con sensacionalismo y amargura y en la mayoría de los casos con un enfoque idéntico, calcado al que ofrece, por ejemplo, "La Voz de Estados Unidos", órgano oficial del gobierno norteamericano. En este clima, los sandinistas han empezado a usar también un lenguaje más firme, más directo, en correspondencia con la nueva etapa de la lucha ideológica que abrió la reunión de Guatemala.

La revolución nicaragüense está ante una dura batalla, que llenará seguramente todo 1988. El desafío está en saber manejar la crisis económica y en continuar cumpliendo la letra de Esquipulas II y, sobre todo, manteniendo vivo su espíritu cumpliendo la letra de Esquipulas II y, sobre todo, manteniendo vivo su espíritu.

Será dura también la batalla en Centroamérica en este nuevo año. El desafío inmediato está en que los pueblos de la región sepan sortear todas las presiones con las que Reagan intentará cerrar los espacios abiertos por Esquipulas II.

1988 es año electoral en los Estados Unidos. La batalla entre republicanos y demócratas será también previsiblemente dura, más con la perspectiva de tan aguda crisis económica como la que vive el país. El desafío para Nicaragua y para Centroamérica en esta coyuntura pre-electoral es complejo: cómo flexibilizar a los republicanos y como hacer menos vulnerables a los demócratas liberal.

En cualquier caso, los primeros interrogantes que plantean estas batallas pueden empezar a perfilarse en enero con Esquipulas III, reunión presidencial en la que impactarán decisivamente los avances o retrocesos de Nicaragua en su difícil pero ya iniciado diálogo indirecto con los republicanos y los demócratas a través del diálogo para concertar el cese al fuego con la dirigencia contrarrevolucionaria y en el diálogo nacional con los partidos opositores. Hay aun muchas puertas que se pueden abrir en ambos diálogos y el gobierno de Nicaragua parece armado de paciencia para abrirlas. Otro cercano y decisivo momento para este despejarse -o ensombrecerse del horizonte aparecerá en febrero, cuando se conozca la suerte que correrá el plan de Reagan de nuevos millones para la contrarrevolución. Desde los primeros meses 1988 será un año decisivo.

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