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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 413 | Agosto 2016
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Internacional

¿Cómo llegamos a este caos?

El Papa Francisco afirmó al volver del campo de concentración de Auschwitz que el mundo está en guerra. ¿Cómo llegamos a esto? Entre los líderes políticos actuales, sin ideologías y subordinados a las finanzas, es difícil distinguir entre izquierdas y derechas. Algunos historiados sostienen que la codicia y el miedo son los dos motores de la historia. Y explican que los valores y las prioridades cambian en una sociedad codiciosa. Claramente, el mundo vive hoy un período de codicia y de temor.

Roberto Savio

Una maldición china dice: “Ojalá que le toquen tiempos interesantes”, ya que demasiados acontecimientos perturbarían el elemento esencial de la armonía, base del panteón chino. Éstos de hoy son, por cierto, tiempos interesantes, en que se acumulan acontecimientos dramáticos, desde acciones terroristas a golpes de Estado hasta desastres climáticos pasando por el declive de instituciones y la agitación social. Repasemos brevemente cómo llegamos a esta situación de “falta de armonía”.

1981: SE INICIA EL DECLIVE DE LA ONU


Comencemos por algo conocido. Tras la Segunda Guerra Mundial hubo consenso mundial en la necesidad de evitar que se repitiera el horror vivido entre 1939 y 1945. La Organización de las Naciones Unidas fue el foro que reunió a casi todos los países. Y la consiguiente Guerra Fría propició la creación de una asociación de jóvenes estados recién independizados, los Países No Alineados, convertidos en zona de contención entre el Este y el Oeste.

La brecha entre el Norte y el Sur global se convirtió en el asunto más importante de las relaciones internacionales. Tan fue así que en 1973 la Asamblea General de la ONU adoptó de forma unánime una resolución sobre el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). El mundo acordó un plan de acción para reducir las desigualdades, impulsar el crecimiento global y hacer de la cooperación y el derecho internacional las bases de un mundo en armonía y en paz.

Con la adopción del NOEI la comunidad internacional comenzó a trabajar en ese sentido y tras la reunión preparatoria de París, en 1979, se organizó en 1981 una cumbre con los Jefes de Estado y de gobierno más influyentes en el balneario mexicano de Cancún para adoptar un plan de acción global.

Entre los 22 Jefes de Estado y de gobierno presentes estaban el Presidente estadounidense Ronald Reagan (1981-1989), elegido pocas semanas antes, quien se encontró con la Primera Ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990). Ambos mandatarios procedieron a anular el NOEI y la idea de la cooperación internacional. Los países diseñarían políticas según sus intereses nacionales y no se inclinarían ante ningún principio abstracto.

La ONU comenzó su declive como ámbito para fomentar la gobernanza. El lugar para la toma de decisiones pasó al G-7, el grupo de los siete países más poderosos, hasta entonces un órgano técnico, y a otras organizaciones dedicadas a defender los intereses nacionales de las naciones más fuertes.

TRES ACONTECIMIENTOS CAMBIARON EL RUMBO DE LA HISTORIA


Otros tres acontecimientos ayudaron a Reagan y a Thatcher a cambiar el rumbo de la historia.

El primero fue la creación en 1989, por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, del Consenso de Washington. Estas tres instituciones impusieron una política según la cual el mercado era el único motor de las sociedades.

Los Estados pasaron a ser un obstáculo y debían achicarse lo más posible. Reagan incluso evaluó la eliminación del Ministerio de Educación. El impacto del Consenso de Washington en el llamado Tercer Mundo fue muy doloroso. Los ajustes estructurales redujeron drásticamente el frágil sistema público.

El segundo acontecimiento fue la caída, en 1989, del Muro de Berlín, que trajo aparejado el fin de las ideologías y la obligada adopción de la globalización neoliberal, que resultó ser una ideología todavía mucho más estricta.

La globalización neoliberal se caracterizó por el predominio del mercado, que liberó a las empresas “libres” o privadas de toda obligación con el Estado; por la reducción del gasto público en los servicios sociales, lo que destruyó las redes de protección social; por la desregulación o la disminución de toda regulación estatal que pudiera reducir las ganancias. Y por la privatización, por la venta de las empresas estatales de bienes y servicios a inversores privados.

Además, la globalización neoliberal implicó la eliminación del concepto de “bien público” o “comunitario” y lo reemplazó por la “responsabilidad individual”, obligando a las personas más pobres a buscar soluciones por su cuenta a la falta de atención médica, de sistemas de educación y de seguridad social, culpándolas de sus fracasos, considerándolas “flojas”.

El tercer acontecimiento fue la eliminación progresiva de las normas que regían al sector financiero, iniciada por Reagan y terminada por Bill Clinton (1993-2001) en 1999, en el marco de la cual los bancos de depósitos pudieron utilizar el dinero de sus clientes para la especulación.

Desde entonces, las finanzas, consideradas el lubricante de la economía, siguieron su propio camino, embarcándose en operaciones muy riesgosas y sin relación con la economía real. Actualmente, por cada dólar de bienes y servicios producidos, se generan 40 dólares en transacciones financieras.

LA CODICIA ES UN MOTOR DE LA HISTORIA


Ya nadie defiende el Consenso de Washington ni la globa¬li¬za¬ción neoliberal. Quedó claro que, si bien desde el punto de vista macro, la globalización aumentó el comercio e impulsó el crecimiento financiero y global, a escala micro resultó un desastre.

Los defensores de la globalización neoliberal sostenían que el crecimiento le llegaría a todo el mundo. En cambio, se concentró cada vez más en un número cada vez más reducido de manos. En 2010, sólo 388 personas concentraban la riqueza de la que disponían 3,600 millones de personas. En 2014 el número de privilegiados se redujo a 80 personas y en 2015, a 62. Ahora, son el Banco Mundial y el FMI los que piden que se refuerce al Estado como regulador indispensable.

Desde la caída del Muro de Berlín, 18 millones de personas de la clase media europea perdieron ese estatus. En Estados Unidos han sido 24 millones. Ahora hay en el mundo 1,830 multimillonarios con un capital neto de 6.4 billones de dólares. En Gran Bretaña se pronostica que en 2025 la desigualdad será la misma que en 1850, en plena época victoriana, cuando nacía el capitalismo.

El nuevo mundo creado por Reagan se basó en la codicia. Algunos historiados sostienen que la codicia y el miedo son los dos motores de la historia, y explican que los valores y las prioridades cambian en una sociedad codiciosa.

PRIMER JINETE DEL APOCALIPSIS: LA CRISIS BANCARIA DE 2008


Tenemos hoy cabalgando nuevos jinetes del Apocalipsis que nos anuncian que los daños que hemos vivido en los pasados veinte años (1981-2001) se agravarán en los siguientes veinte años (2001-2020), que todavía no han terminado de transcurrir.

El primer jinete fue el colapso del sistema bancario en 2008 en Estados Unidos por especulaciones absurdas con los créditos hipotecarios. La crisis se expandió a Europa en 2009, a raíz de la caída del valor de los títulos inmobiliarios. Para salvar al sistema financiero los países destinaron cerca de 4 mil millones de dólares, una cifra enorme si se tiene en cuenta que los bancos siguen teniendo unos 800 mil millones de dólares en activos tóxicos.

Los bancos tuvieron que pagar 220 mil millones de dólares en multas por actividades ilegales, pero ningún gerente fue condenado. Europa no volvió a la situación anterior a la crisis. Numerosos puestos de trabajo desaparecieron por la deslocalización de la producción hacia lugares más baratos y aumentaron los empleos de bajos salarios, además de los empleos precarios.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un trabajador gana actualmente en términos reales 16% menos que antes de la crisis, lo que ha afectado principalmente a los sectores más jóvenes, con apenas un 10.5% de empleo promedio en Europa. El único sector que crece es el sector bancario, al que el Banco Central Europeo vuelca 80 mil millones de dólares cada mes. Con ese monto se habría resuelto fácilmente la falta de empleo juvenil.

DESEMPLEO ESTRUCTURAL, TERRORISMO Y POPULISMO


Los economistas hablan ahora de una “Nueva Economía”, en la que el desempleo será siempre estructural. De 1959 a 1973 el crecimiento mundial se ubicó por encima del 5% anual. Se redujo al 3% anual en 1973, cuando la crisis del petróleo, que marcó un cambio. Desde 2007 el crecimiento no logra llegar al 1%.
A esto hay que agregar el desempleo creciente propiciado por el desarrollo tecnológico. Las fábricas necesitan una proporción menor de trabajadores. La Cuarta Revolución Industrial, que implica la producción robotizada, y que ya representa el 12% del total de la producción mundial, se elevará al 40% en 2025.

Algunos economistas, como el estadounidense Larry Summers, una voz oficial del sistema, dicen que estamos en un período de estancamiento que durará varios años. El temor por el futuro se volvió una realidad, avivado por el terrorismo y el desempleo, que va acompañado del sueño de muchas personas que creen que es posible volver a un pasado mejor.

De esa nostalgia se aprovechan, figuras populistas, desde el estadounidense Donald Trump a la francesa Marine Le Pen. Una de las consecuencias de la crisis actual es que en varios países europeos han aparecido partidos populistas, con plataformas nacionalistas y xenófobas, 47 la última vez que fueron contados. Muchos ya están en el gobierno o integran coaliciones gobernantes: en Eslovaquia, Hungría y Polonia, y habrá que prestar atención a las próximas elecciones de Austria.

SEGUNDO JINETE: EMIGRACIÓN MASIVA SOBRE EUROPA


El segundo jinete del Apocalipsis es el resultado de las intervenciones armadas de Estados Unidos en Iraq y las de Europa en Libia y Siria, donde jugó un papel particular el ex-Presidente de Francia Nicolas Sarkozy (2007-2012).

Las intervenciones militares derivaron, a partir de 2012, en una inmigración masiva que se dirige a Europa, para la que Europa no estaba preparada. A las poblaciones europeas le dio miedo la ola humana que se les venía y su impacto en el mercado laboral, la cultura, la religión, convirtiéndose en un importante ingrediente del miedo.

TERCER JINETE: ESTADO ISLÁMICO Y XENOFOBIA


El tercer jinete ha sido la creación en Siria en 2013 del Estado Islámico, una de las consecuencias de la invasión de Iraq en 2003, encabezada por Estados Unidos. La crisis global comenzó en 2008 y desde entonces el populismo y el nacionalismo comenzaron a crecer.

El espectacular impacto del Estado Islámico en los medios y la radicalización de muchos jóvenes europeos de origen árabe, por lo general marginados, acentuó el temor y fue un acicate para el populismo, ahora capaz de utilizar la xenofobia para movilizar a ciudadanas y ciudadanos inseguros y descontentos.

La decadencia de las instituciones europeas llevó a muchos países, tras el Brexit en Gran Bretaña, a pedir una profunda revisión del proyecto europeo. El 2 de octubre Hungría consultará a su ciudadanía: ¿Aceptaría una cuota de inmigrantes impuesta por la Unión Europea contra la voluntad de parlamento húngaro?

Ese mismo día se repetirán las elecciones en Austria por cuestiones de forma, después de que en las anteriores la extrema derecha perdiera por 36 mil votos. Le seguirán comicios en Holanda, Francia y Alemania, con la probabilidad de que crezcan los partidos de extrema derecha. Polonia y Eslovaquia también quieren realizar referendos sobre la permanencia en la Unión Europea. Es posible que para fines de 2017, las instituciones europeas estén profundamente dañadas.

PERDIMOS LA CAPACIDAD DE PENSAR JUNTOS


El verdadero problema es que desde la fallida Cumbre de Cancún en 1981, los países perdieron la capacidad de pensar juntos. India, Japón, China y muchos otros atraviesan también una ola de nacionalismo.

En Cancún, todos los participantes, desde el entonces Presidente de Francia François Mitterrand (1981-1995) hasta la Primera Ministra de India Indira Ghandi (1966-1977 y 1980-1984), desde el Presidente de Tanzania Julius Nyerere (1964-1985) hasta el Primer Ministro de Canadá Pierre Trudeau (1968-1979), compartían ciertos valores de justicia social, solidaridad, respeto por el derecho internacional, así como la convicción de que las sociedades fuertes eran la base de la democracia. Eran la excepción Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quien declaró: “No existe la sociedad, sólo hay individuos”.

También aquellos dirigentes consideraban la paz y el desarrollo como paradigmas de buena gobernanza. Todo eso desapareció. Los líderes políticos actuales, sin ideologías y subordinados a las finanzas, se han volcado principalmente al debate administrativo, sobre asuntos puntuales, sin contexto, donde es difícil distinguir entre izquierdas y derechas. Claramente, estamos en un período de codicia y temor.

Y el tiempo no ayuda. En 1900 Europa concentraba el 24% de la población mundial. A fines de este siglo, sólo tiene el 4%. En 2050 Nigeria tendrá más habitantes que Estados Unidos. África, que ahora tiene 1 mil millones de habitantes, tendrá 2 mil millones en 2050 y 3 mil millones en 2100.

ES HORA DE UN ACUERDO GLOBAL


Sería hora de discutir juntos cómo hacer frente al mundo que se nos viene. Se necesitaron 25 años para llegar a un acuerdo sobre cambio climático y el que hemos conseguido en 2015 quizá llega ya demasiado tarde. En materia de migraciones y empleo el tiempo es una eternidad.

Sería hora de un acuerdo global, no sólo de la reacción impulsiva de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, en completa soledad, sin siquiera consultar al Presidente de Francia, François Hollande.

Ese tipo de agenda es hoy políticamente inimaginable. ¿Cómo discutir algo así con Le Pen, con Trump y con otros populistas emergentes en el marco del nacionalismo que se propaga por el mundo?


PERIODISTA.
CO-FUNDADOR Y EX-DIRECTOR DE IPS
(INTER-PRESS SERVICE).

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