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  Número 413 | Agosto 2016
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Nicaragua

No quedará piedra sobre piedra…

El 28 de julio Daniel Ortega tomó una de las decisiones más definitorias del modelo de partido único que está imponiéndole a Nicaragua al ordenar al Poder Electoral que despojara a todos los diputados opositores de sus escaños parlamentarios. Cinco días después anunció que será su esposa quien le acompañará como Vicepresidente buscando asegurar así la sucesión familiar de su modelo. Todas las decisiones de los últimos dos meses venían preparando esto: un proyecto dinástico.

Equipo Envío

La última de las decisiones pre electorales de Daniel Ortega la conocimos el 29 de julio. “Zarpazos” llama a estas decisiones en páginas siguientes el sandinista Víctor Hugo Tinoco, quien fue víctima de uno de ellos hace una década.

UN ZARPAZO CONTRA LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA


Cuando aún no se asimilaba plenamente el zarpazo del 8 de junio -la resolución política de la Corte Suprema de Justicia que quitó la personalidad jurídica al Partido Liberal Independiente (PLI) y se la otorgó a una facción que la reclamaba, impidiendo así que el PLI, al frente de la Coalición Nacional por la Democracia, único grupo opositor, participara en las elecciones de noviembre- vino el siguiente.

Aquel 8 de junio el magistrado Rosales, al hacer pública la resolución afirmó categóricamente que los diputados del PLI y los dos diputados aliados del MRS no perderían sus escaños parlamentarios y los ocuparían hasta la nueva legislatura en enero de 2017. Los ocupaban, dijo, por el voto popular y eso no podía modificarse. Serían diputados hasta diciembre. Estos diputados han representado desde 2012 a la segunda fuerza política del país, contando, a pesar del fraude de aquellas elecciones, con el voto de casi 800 mil electores.

A pesar de la afirmación del magistrado Rosales, una simple solicitud de Pedro Reyes, el político al que le concedieron la personalidad jurídica del PLI, bastó para que, de forma expedita y sin respetar el debido proceso, el Consejo Supremo Electoral, que acata desde hace años todas las órdenes con las que Ortega ha venido diseñando la oposición que más conviene a sus intereses, despojara de sus escaños parlamentarios a 16 diputados propietarios y a 12 diputados suplentes, entregándolos a seguidores de Reyes, irrespetando así la voluntad de los miles de electores que en 2011 convirtieron con sus votos a estos hombres y mujeres en sus representantes.

Al arrebatarles sus escaños en la Asamblea Nacional Ortega eliminó el último vestigio que quedaba de oposición en la institucionalidad del país. ¿Serán destituidos también los 13 alcaldes que representan a la fuerza política atropellada por la resolución de la Corte?

“Es el tiro de gracia a la democracia”, “es un paso más en la ruta hacia la implantación de un partido único”, “es una ruptura del orden constitucional”, “es el fin del sistema democrático”, “es el golpe final al pluralismo”, “amerita la activación inmediata de la Carta Democrática Interamericana”, “es un golpe de Estado”… La noticia tuvo un eco internacional infrecuente. Y tanto nacional, como internacionalmente, se acumularon los calificativos críticos, sorprendidos y preocupados.

LA RESPONSABILIDAD DEL COSEP


Horas después del nuevo zarpazo, y al igual que cuando el 4 de junio Ortega canceló la participación de observadores y el 8 eliminó de la competencia electoral a la Coalición, los gremios de la gran empresa privada agrupados en el COSEP, principales aliados de Ortega, y los empresarios de la Cámara de Comercio Americana Nicaragüense (AMCHAM) expresaron también su preocupación.

“Lo ocurrido -dice el COSEP en su comunicado- debilita la democracia representativa, el pluralismo político y la división de poderes… Resulta imperioso y urgente que nos propongamos y dispongamos a la brevedad a establecer las condiciones mínimas para fortalecer la institucionalidad democrática de nuestro país, siendo responsabilidad del partido de gobierno y de los partidos políticos adoptar decisiones que garanticen la estabilidad política, económica y social del país”.

Ante la gravedad de este golpe, cabe esta pregunta: ¿adoptará también decisiones la gran empresa privada representada en el COSEP, dada la responsabilidad que les corresponde en el diseño de este modelo corporativo y antidemocrático? ¿Seguirán insistiendo los representantes del gran capital en que la ciudadanía debe acudir a las urnas el 6 de noviembre?

ESTADOS UNIDOS: “URGIMOS DE MANERA CATEGÓRICA...”


Inusualmente pronto, el 1 de agosto hablaba Washington y en términos muy firmes. Dice el comunicado del Departamento de Estado: “Estados Unidos se encuentra profundamente preocupado por las acciones del Gobierno de Nicaragua y de la Corte Suprema de Justicia que han cerrado los espacios democráticos previo a la realización de las elecciones presidenciales y legislativas el próximo 6 de noviembre. Urgimos de manera categórica al Gobierno de Nicaragua a crear un entorno más propicio para la realización de elecciones libres y justas que permitan al pueblo de Nicaragua decidir el futuro de su país”.

Al día siguiente, 26 ex-mandatarios de América Latina aglutinados en el grupo IDEA comparaban los actuales contextos antidemocráticos de Venezuela y de Nicaragua y, después de detallar los últimos embates de Ortega para eliminar a la oposición y despojarla de la representación parlamentaria, pedían a la OEA, a la Unión Europea y a la comunidad internacional “mantener su vigilancia crítica frente a estas graves alteraciones al orden democrático y constitucional para que se dispongan los medios necesarios y efectivos para la normalización de la democracia en dichos países”.

COMEDIA O TRAGEDIA


En medio de esta “crisis política y de incertidumbre que se profundiza en el país”, como declaró AMCHAM después del despojo contra los diputados, se levantó finalmente el telón del escenario electoral, dando así inicio a la obra que se representará el 6 de noviembre.

El partido de gobierno tipifica la representación como “comedia” cuando afirma que estamos en camino a una jornada “animada, festiva y entusiasta” y a la vez la considera una especie de ritual religioso, al considerar las elecciones un momento “convertido de la mano de Dios en los mejores tiempos de la historia de Nicaragua”.

Los partidos que, colaborando con el régimen aparecerán en la boleta, hablan de la obra con el tópico habitual: será “una fiesta cívica”. Para la oposición, impedida de participar por decisión de Ortega, el 6 de noviembre se representará una “farsa”, y por cómo se diseñó, la farsa tiene visos de tragedia.

¿QUIÉN SERÁ LA FÓRMULA DE ORTEGA…?


En agosto todo el elenco que, en partidos y alianzas estarán en el escenario del 6 de noviembre fue presentado al público elector. El nombre más esperado de todos en el repertorio era el del candidato a Vicepresidente del partido de gobierno. Desde hace meses quién sería la fórmula presidencial de Ortega provocó arroyos de tinta y de saliva en análisis públicos y pláticas.

Se barajaron nombres de empresarios, de deportistas y de varios políticos. Ya en vísperas del anuncio oficial las apuestas se concentraban en sólo dos nombres: el actual Vicepresidente y general en retiro Omar Halleslevens, Jefe del Ejército hasta 2010, y Rosario Murillo, esposa de Ortega. Finalmente, al caer la tarde del 2 de agosto el mandatario anunció finalmente que llevará como fórmula presidencial a Murillo.

LOS MUCHOS MÉRITOS DE TANTOS Y TANTAS…


En la celebración del 19 de Julio un desacostumbrado ramillete de elogios a la lealtad incondicional de su esposa pre-anunció la decisión de Ortega. Recordó que su casa había sido casa de seguridad, que fue apresada en Estelí, que colaboró como poeta con el FSLN, que fue leal a los héroes y mártires…

En Nicaragua son miles y miles los colaboradores del FSLN en aquellos años oscuros de la dinastía somo¬cista. Miles ofrecieron sus hogares como casas de seguridad, miles sufrieron prisión, tortura, persecución. Miles dieron su vida y han quedado anónimos, de miles aún no sabemos siquiera dónde están sus tumbas… Leales incondicionales en la lucha por transformar a Nicaragua, ¿qué dirían estos héroes y mártires, estas heroínas, del actual modelo que Ortega le está imponiendo a Nicaragua, que anuncia un nuevo ciclo de represión y de violencia…?

¿QUÉ HACE EL VICEPRESIDENTE?


Tanto la posibilidad de Murillo como la de Halleslevens representaban ventajas y desventajas para el proyecto de poder que Ortega le está imponiendo al país, con el rechazo y las resistencias, tanto de quienes se le oponen, organizados o no en partidos, como de quienes dentro del Frente Sandinista no comparten el rumbo autoritario y excluyente, represivo y absolutista, en el que este proyecto ha ido avanzando, cada vez con menos frenos.

Con uno o con otra había pros y contras, porque uno y otra representaban a los dos grupos en contradicción en el círculo del poder, los “históricos” y los “nuevos”, los más jóvenes. Sólo fue hasta las últimas horas del último día de plazo que el mandatario anunció la decisión.

En la Constitución de Nicaragua no se le asigna al Vicepresidente ninguna función específica. La Carta Magna establece que “desempeña las funciones que le delegue el Presidente”. Por tanto, la trascendencia de este cargo en este momento tiene más que ver con el futuro que con el presente: el Vicepresidente, dice la Constitución, “sustituirá en el cargo al Presidente en casos de falta temporal o definitiva”.

HALLESLEVENS: UNA APUESTA MENOS CONFLICTIVA


Elegir a Halleslevens era mantener a un “histórico” y era también avanzar en el proyecto de poder sin mover fichas, con “más de lo mismo”. Era “no mover nada” para seguir moviéndolo todo… pero haciendo menos olas en las turbulencias que el modelo provoca.

La permanencia del actual Vicepresidente iba más a tono con el tono que ha querido darle el partido de gobierno a este proceso electoral, para que no parezca que hay elecciones. Entre otras, Ortega no hará campaña. Fue notorio que en la celebración del 19 de Julio no dedicara una sola palabra a las elecciones de noviembre y no ofreciera nada como candidato presidencial. Tampoco mencionó el Canal Interoceánico, del que dijo nos conduciría en apenas unos años a “la tierra prometida”. Ni siquiera volvió a mencionar otro megaproyecto, el de riego con las aguas del lago Cocibolca, del que había dicho apenas dos meses antes que era un proyecto “de vida o muerte” para Nicaragua y el que anunció “encarnaría” su programa de gobierno en los próximos cinco años…

En el modelo de elecciones que no parezcan elecciones, el diseñado por el partido de gobierno para este 2016, escoger a Halleslevens parecía lo más adecuado. Con trayectoria probada en el FSLN desde la juventud universitaria, cuadro histórico del FSLN -los que se llaman hoy “la vieja guardia”-, ¿no se hubieran sentido más satisfechos?

En las elecciones de 2011 las bases históricas del FSLN, relegadas hoy por jóvenes militantes con escasa trayectoria y nula memoria histórica, se reconocieron, de una o de otra forma, en la candidatura a la Vicepresidencia de Halleslevens.

YA ERA PRIMER MINISTRO


Pero Ortega eligió a Murillo, que no necesitaba de la Vicepresidencia para que se le delegaran nuevos poderes. Desde 2007, y en un cargo que al inicio parecía de orden protocolario, una simple vocería, la Coordinación de Comunicación y Ciudadanía, Murillo fue convertida por Ortega, como él mismo dijo, en Primer Ministro, recibiendo de Ortega el 50% del poder de su gobierno.

Entre esa mitad del poder que le entregó, y otros muchos poderes que ella fue absorbiendo, hoy Murillo “es quien gobierna”, según se escucha en cualquier ámbito, favorable o no a Ortega. Ella reúne al gabinete, a los secretarios políticos del FSLN y a los alcaldes para bajarles orientaciones y órdenes, decide nombramientos y ordena destituciones, controla todos los programas sociales del gobierno y también prácticamente todas las informaciones, siempre positivas, que el gobierno quiere difundir.

¿QUÉ LE AÑADE LA VICEPRESIDENCIA?


Teniendo ya tanto poder, ¿qué le añade la Vicepresidencia de la República? El nuevo cargo transformará el poder de facto que ha tenido durante cinco años en poder legitimado en las urnas. Y, lo más importante, Murillo queda ya posicionada y ungida para suceder a Daniel Ortega.

En páginas siguientes, Víctor Hugo Tinoco -expulsado del FSLN en 2005 cuando integraba la Dirección Nacional del FSLN- afirma que Ortega “tiene la decisión personal de que quien le suceda en el poder sea su mujer o sus hijos y ha suspendido las elecciones libres no sólo porque podía perder poder, sino porque podía perder la oportunidad de consolidar, en cinco años más de gobierno, la sucesión dinástica”.

Al anunciar que Murillo sería su fórmula para esta reelección, Ortega lo justificó ante un grupo de jóvenes de la Juventud Sandinista, todos de blanco, bases de Murillo, en la necesidad de “ser consecuentes” con el proyecto 50/50, que significa darle la mitad de los cargos en el gobierno y en todos los espacios a las mujeres.

Efectivamente, la cantidad de mu¬je¬res vinculadas al partido de gobierno que hoy ocupan cargos públicos ha crecido notablemente. Pero, en un modelo de poder tan centralizado como el actual y cada vez más autoritario, “ocupar” no significa “opinar”, “debatir”, mucho menos “decidir”.

REELECCIÓN Y DINASTÍA


Elegir a Murillo proyecta internacionalmente una imagen insólita de Nicaragua. No parece políticamente correcto que sea un matrimonio quien gobierne un país. A pesar de las frecuentes excentricidades que han llenado la historia política de América Latina algo como esto nunca antes había ocurrido.

Elegirla, ¿no es un anuncio de que se avivarán las tensiones que a lo interno del FSLN, y fuera del FSLN, rechazan a Murillo?

La sucesión dinástica que Murillo anuncia trae a la memoria colectiva tiempos recientes. La fórmula presidencial es todo un símbolo, porque en Nicaragua “reelección” y “dinastía” son palabras que evocan el somocismo, un pasado oscuro, peligroso y sangriento.

“NO PERMITIRÁN LA SUCESIÓN DINÁSTICA”


El 20 de julio, cuando se barajaba como alta probabilidad la unción de Murillo, el economista y ex-candidato a la Presidencia por el MRS (2006) y a la Vicepresidencia (2011), Edmundo Jarquín, se hizo vocero de ese rechazo cuando afirmó en el programa de TV “Esta Noche”: Lo que sí quiero afirmar de manera categórica es que el hecho de que la esposa del Presidente Ortega sea Vicepresidenta no significa que aquí se vaya a consolidar una sucesión dinástica”.

“Se podrán respetar los períodos constitucionales en términos de una Vicepresidencia, pero aquí no va a haber sucesión dinástica. Creo que las fuerzas armadas, el Ejército y la Policía, no permitirían, como la sociedad tampoco permitiría, que esa posibilidad se concrete. Las fuerzas armadas saben que al final del camino van a tener que enfrentar la decisión de disparar contra la población. Yo creo que el Ejército de Nicaragua y la Policía de Nicaragua no van a acompañar el proceso de sucesión dinástica”.

FSLN Y PLC: PARTIDOS GEMELOS


Inicia así el camino hacia unas elecciones que se realizarán sobre aguas turbulentas, sin tener a la vista puente alguno que permita evitarlas.

En la casilla 1 de la boleta electoral participa el PLC, dirigido y controlado por Arnoldo Alemán. Va solo, sin aliados. Como candidato presidencial lleva al jefe de la Contra Maximino Rodríguez y como primera diputada nacional a María Fernanda Flores, esposa de Alemán. En la lista de candidatos a diputados abundan amigos, allegados y parientes de Alemán. Gemelos políticos, tanto el FSLN de Ortega como el PLC de Alemán, los dos partidos del pacto con que Nicaragua inició el siglo 21, se han convertido en una empresa familiar.

En la posición en que compite, María Fernanda tiene asegurada la diputación. Maximino resulta una muy buena apuesta de Alemán, considerando que puede ser un buen gancho que atraiga el voto rural de tradición liberal y decididamente antisandinista, con el añadido de que eso haría aparecer al PLC a ojos de algunos sectores nacionales e internacionales como “la oposición”.

Aun cuando Maximino no juega a disputarle el poder a Ortega, ganará un escaño parlamentario si el PLC queda, como es de esperar, en segundo lugar.

LA BOLETA ELECTORAL


En la casilla 2 de la boleta electoral participa el FSLN con 17 aliados: 9 mínimos partidos -3 de ellos evangélicos- y 8 movimientos, algunos de reciente creación. Esperan alguna diputación o algunos empleos en el próximo gobierno. El partido indígena Yátama no hizo alianza este año con el FSLN y sólo participará en la boleta correspondiente a la Costa Caribe.

En las listas de diputados presentadas por el FSLN es mayoritario el número de diputados titulares que repetirán en sus cargos, algunos de ellos “históricos”. Sólo aparecen como titulares algunos muchachos y muchachas de la Juventud Sandinista.

En la casilla 4 participa, sin aliados, el Partido Conservador, controlado actualmente por Alfredo César.

En la casilla 9 ALN participa llevando como candidato presidencial al pastor evangélico Saturnino Cerrato. En reiteradas ocasiones Cerrato dijo que se siente llamado a ser Presidente de Nicaragua.

En la casilla 10 participa APRE, que lleva como primer diputado nacional a Byron Jerez, principal operador de los negocios de Alemán cuando éste era Presidente (1997-2001) y acusado de varios casos de corrupción de todos los cuales lo libró el FSLN.

En la casilla 13 participa “el nuevo PLI” nacido del zarpazo del 8 de junio. Va en alianza con el partido costeño PAMUC.

EN TOTAL CONTROL


En las elecciones de 2011 la boleta electoral tenía cinco casillas Este año son seis. En 2011 Ortega controlaba cuatro de las casillas y el PLI, en alianza con el MRS, lo desafió y consiguió, a pesar del fraude, el 31% de los votos. Hoy, aquellos diputados electos han sido despojados de sus escaños parlamentarios.

En situación de total control en relación con 2011, Ortega maneja hoy todas las casillas, pues en las que no son del FSLN participan partidos satélites. Como hace cinco años, Ortega tiene total control del CSE. Y tiene ahora lo que no tenía en 2011: todo el personal que dirige los consejos electorales municipales y departamentales y todo el personal que trabaja en las más de 13 mil juntas receptoras de votos responde al partido de gobierno. En estas óptimas condiciones seguramente obtendrá un número de votos superior al 62.4% que se asignó en 2011.

LA OPCIÓN DE LA ABSTENCIÓN


En este contexto inédito, cuando ir a votar no significará ir a elegir, ha ido surgiendo, tanto desde abajo, desde mucha gente decepcionada, como desde arriba, desde la oposición impedida de participar, la decisión de organizar desde ahora una “abstención activa” que proteste de aquí al 6 de noviembre y que en la jornada electoral pueda documentar los niveles de la abstención.

La abstención es vista como herramienta para deslegitimar este proceso electoral y para conducir, como explica Víctor Hugo Tinoco en páginas siguientes, a forzar la anulación de las elecciones y a exigir la convocatoria de nuevas elecciones justas en el menor tiempo posible.

“UNA LUCHA DIFÍCIL, COMPLEJA Y LARGA”


La salida a la actual situación no se ve fácil. Henry Ruiz, quien fuera miembro de la Dirección Nacional del FSLN en los años 80, desde hace casi dos décadas opuesto a Ortega, no ve “ahorita” ninguna esperanza de cambio. Pero afirma: “La gran consigna debería ser la abstención para descalificar ya totalmente el proceso y tener un activo político para continuar la lucha. Porque si dejamos que continúen acumulándose las contradicciones, se van a volver más potentes y podemos llegar al lugar al que no debemos llegar nunca más: a la lucha armada”.

El jurista José Pallais, miembro de la Coalición hoy impedida de participar, quien considera que “el futuro está abierto para una lucha muy difícil, muy compleja y me atrevería a decir incluso que larga”, ha escrito que “votar o abstenerse de votar son dos aspectos del ejercicio de un mismo derecho y ambas prácticas son igualmente legítimas”. Y ha explicado que “conforme la doctrina política moderna la abstención constituye un modo de expresarse y puede ser útil como modo de protesta contra el sistema político que se pretende imponer”. Concluye Pallais que “la abstención en forma consciente y razonada es una forma de participación válida para deslegitimar políticamente procesos tales como las elecciones que se avecinan”.

En algunas zonas del país de fuerte raigambre antisandinista, zonas que fueron escenarios de la guerra de los años 80, Maximino Rodríguez, candidato presidencial del PLC, partido aliado de Ortega, trabaja activamente por atraer votos y convertirse así en antídoto contra la abstención.

Mientras, el diputado liberal y pro-alemanista, hoy candidato a di¬pu¬tado en las listas de Ortega, Wilfredo Navarro, anunció que presentará un proyecto de ley que establezca que proponer la abstención en público o en cualquier medio de comunicación del país sea penado como delito y castigado con cárcel.

PASO A PASO


Este momento al que la obcecación del poder nos ha conducido tiene historia. No surge de la nada. Se ha venido preparando paso a paso.

El 13 de noviembre de 2008, apenas una semana después de las elecciones municipales que terminaron en el primero de los cuatro fraudes electorales de estos años de Ortega, el Procurador General de la República, Hernán Estrada, se presentó en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) con un mensaje que quería externar ante el equipo de defensores de derechos humanos de la institución y ante un buen grupo de periodistas que habían llegado allí buscando información sobre lo que estaba ocurriendo en cuarenta puntos céntricos de Managua, donde grupos vandálicos atemorizaban armados a la población y decenas de empleados públicos agitaban banderas rojinegras del partido de gobierno en defensa del amañado resultado electoral que Ortega imponía.

PIEDRA A PIEDRA


Aquella tarde el Procurador Estrada trató de minimizar lo que pasaba en las calles de la capital con esta declaración: “Si el Jefe de Estado y líder político del Frente Sandinista, Daniel Ortega, dispusiera llamar a sus partidarios a las calles no quedaría piedra sobre piedra en este país, sobre ninguna emisora, sobre ningún canal de televisión o medio de comunicación que lo adverse. Hay que agradecerle que no lo ha hecho, por la sabiduría y la serenidad del gobernante que tenemos”.

Vilma Núñez de Escorcia, Presidenta del CENIDH, comentó ante los perplejos periodistas: “Es una amenaza. Y es también una aceptación tácita de que quien impulsa la violencia que estamos viendo es el Presidente Daniel Ortega”.

Desde que esta advertencia fue lanzada hace ocho años el Jefe de Estado y líder político del partido de gobierno ha ido desmontando, piedra a piedra, muchos medios y todas las instituciones nacionales. Todas.

Hoy, en vísperas de su séptima candidatura presidencial y de su tercer mandato consecutivo, apenas quedan piedras del edificio de la democracia que Nicaragua empezó a construir con tantas dificultades en 1990. Hoy, concluida la demolición anuncia sobre los escombros la construcción de su dinastía.

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