Envío Digital
 

Revista Envío
Edificio Nitlapán,
2do. piso
Universidad Centroamericana
UCA

Apartado A-194
Managua, Nicaragua

Teléfono:
(505) 22782557

Fax:
(505) 22781402

Email:
info@envio.org.ni

Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 412 | Julio 2016
Inicio Escribanos Archivo Suscribase

Anuncio

Nicaragua

“La salida cívica tiene hoy tintes de rebelión”

Eliseo Núñez Morales, Diputado a la Asamblea Nacional por el Partido Liberal Independiente, partido despojado de su derecho a participar en las elecciones del 6 de noviembre, analizó algunos aspectos de la situación del liberalismo y de la situación nacional en una charla con Envío que transcribimos.

Eliseo Núñez Morales

Nos esperábamos en el PLI el golpe que nos dio Daniel Ortega al impedirnos participar en las próximas elecciones? Era algo previsible y lo veníamos analizando desde noviembre de 2015, pero era muy poco lo que podíamos hacer para evitarlo. Lo único que podíamos hacer es encarecerle el costo político que tendría que pagar. Y eso hicimos. Y eso es lo que haremos.

En la sociedad nicaragüense viene creciendo la sensación de indefensión y de impotencia ante las arbitrariedades de este gobierno. Después de lo que nos hizo Ortega no podemos menos de comprender a la gente que se siente indefensa y no quiere salir a manifestarse en las calles. Más allá de esos sentimientos, entendemos que eliminar la participación en las elecciones del PLI y de la Coalición Nacional por la Democracia que encabezaba el PLI, a lo que hemos asistido es al colapso del sistema de partidos políticos que conocíamos hasta hoy. Es un colapso que viene produciéndose en muchos otros países del mundo y también en el resto de América Latina, en unos países con más fuerza que en otros.

Lo grave en Nicaragua es que este sistema, anclado en el siglo 19 y dominado por la cultura del “hombre fuerte”, no nos encuentra en un modelo político en donde podamos crear nuevos grupos y presentar nuevas opciones. Nos encuentra ante el gobierno autoritario de Daniel Ortega, lo que profundiza las limitaciones que encontramos para avanzar.

El sistema de partidos políticos anclado en el siglo 19 lo comenzamos a remover en Nicaragua durante la transición que iniciamos al finalizar la guerra, una etapa de transición que inició en 1977 y se prolongó hasta 1990, y que valoramos mucho porque salíamos de un conflicto que nos costó cien mil muertos. La guerra contra Somoza y la guerra de los años 80 fue una misma guerra y, aunque no hay acuerdo en el número de muertos que provocó, en lo que sí hay acuerdo es en la convicción de que no podemos volver a la guerra, de que debemos resolver nuestras diferencias de forma cívica, de que debemos aprender a vivir en democracia sin acudir al conflicto bélico.

Siempre pongo como ejemplo las elecciones del año 2006, cuando compitieron cuatro partidos políticos con posibilidades de triunfo: el Partido Liberal Constitucionalista, el Frente Sandinista, el Movimiento Renovador Sandinista y la Alianza Liberal Nicaragüense. Dos partidos, ALN y MRS, lo hicimos con un discurso hacia la modernidad, cada uno desde su plataforma ideológica. Y dos partidos, el PLC y el FSLN, compitieron con dos discursos anclados en el pasado. Fue aquella, creo, la primera elección en Nicaragua en la que la gente empezó a votar por quien sentía que la representaba, por quien quería que ganara.

No fueron unas elecciones polarizadas y por primera vez ejercíamos la democracia de la manera más pluralista. Daniel Ortega obtuvo el 38%. Eduardo Montealegre con la ALN el 28%, José Rizo con el PLC el 27% y el MRS ganó el 6%.

En vez de valorar aquellas elecciones como un activo y como la oportunidad para convertirse en el Figueres de Nicaragua, como lo fue José Figueres en Costa Rica, dedicando su victoria a fortalecer la institucionalidad y a transformar el país, Ortega vio en aquel pluralismo una debilidad y un peligro. Y fue a partir de recuperar el gobierno en 2007 que empezó a instalar su modelo, avanzando en una deriva autoritaria que nos ha llevado hasta el peligroso momento en donde hoy nos ha colocado. Al año siguiente le arrebató la personalidad jurídica al MRS y a ALN, todo en nombre de la que llamaba “democracia directa”, olvidando que la democracia directa sólo funciona donde funciona el Estado de Derecho.

De la Conquista española heredamos una cultura tribal, en la que manda el “hombre fuerte”, quien decide por los demás. En esa cultura no se conoce una teoría de sucesión. El sistema de partidos políticos que ha ido colapsando en toda América Latina se ha caracterizado, entre otras cosas, por eso, por no tener una teoría de sucesión. En el caso de nosotros los liberales, al no tenerla, nos vimos obligados a forzar la sucesión y en 2006 terminamos yendo a las elecciones, unos liberales por un lado y otros liberales por otro, unos bajo la bandera del PLC y otros bajo la nueva bandera de la ALN.

El PLC fue ciertamente un partido fuerte, pero construido en torno a un liderazgo único, el de Arnoldo Alemán, y no en torno a bases ideológicas definidas y firmes. Eso impidió generar espacios en los que todos tuvieran capacidad de aspirar a ascender y a suceder al liderazgo único.

Eso nos llevó a una desgastante guerra intestina de la que sacó ventaja Ortega, el otro “hombre fuerte”, que aprovechó nuestras debilidades. Y no sólo, sino que tomó bandos en nuestra guerra y obviamente lo tomó por el PLC, iniciando un juego perverso y cínico, en el que cada vez que quienes ya no éramos adeptos a Alemán y al PLC subíamos un poco, nos daba un golpe para hacer subir a Alemán. Hasta hoy, en eso ha consistido su juego.

En las elecciones de 2006, que en el primer momento creímos que fueron limpias, pero siendo los márgenes tan estrechos dudamos ya de que lo fueran, Ortega nos dio a los liberales de ALN el segundo lugar para lograr el balance que a él le convenía en ese momento. Después siguió jugando: a unos les doy magistrados y a otros no se los doy, a uno lo acuso de algo y al otro le quito las acusaciones… Como ya controlaba la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Supremo Electoral podía hacerlo.

Al comenzar su juego, Ortega decidió mantenernos relativamente equilibrados, para mantenernos divididos, pero cuando en 2006 vio que ALN podría consolidarse como una marca electoral que lo podía enfrentar con posibilidades, ordenó en febrero de 2008 al Poder Electoral que nos despojara de la personalidad jurídica. Ahora repite el golpe arrebatándonos el PLI. En 2008 el golpe quería impedir que se consolidara una nueva marca en la política nacional y quería, como siempre, abrirle espacios al PLC.

Cuando nos quitan ALN y decidimos ir a las elecciones municipales de 2008 fuimos como Movimiento Vamos con Eduardo en alianza con el PLC. Y después de todo lo que sucedió en esas elecciones tomamos la decisión de hacer una alianza con el Partido Liberal Independiente, que terminaría con la inclusión del Movimiento en el PLI.

En las elecciones de 2011, con todo y los votos que nos robaron, Ortega no pudo falsear totalmente el resultado. En la alianza que ese año encabezaba el PLI obtuvimos el 33%, y el PLC, que ese año llevaba de candidato a Alemán y seguía en alianza con Ortega, sacó menos del 5%. Nunca sabremos cuáles fueron los resultados verdaderos de esa elección, porque ya el sistema electoral estaba muy carcomido. Sin embargo, los tan bajos resultados del PLC, a pesar de llevar a Arnoldo de candidato, le desequilibraron totalmente el juego a Ortega, que inició en 2012 su segundo período con 63 diputados en la Asamblea y se dedicó a consolidar su poder. En vísperas de nuevas elecciones, seguir el juego le exigía darnos un nuevo golpe. Y lo dio: la sentencia de la Corte Suprema de Justicia que nos despojó del PLI impidiéndonos participar en las elecciones.

Tenemos que reconocer que los liberales hemos sido víctimas de nuestra propia guerra interna, que yo achaco a la falta de una teoría de sucesión. Hace 15 años nos vimos obligados a hacer una ruptura que nunca sanó. Y en dos ocasiones, cuando dimos pasos hacia la conformación de un partido político más moderno, nos hemos encontrado con esa pared que se llama Ortega.

Además de nuestra guerra interna y de esa pared, otro factor le ha dado fortaleza a Ortega en sus juegos y rejuegos con el liberalismo y es entera responsabilidad nuestra. En estos años los liberales no hemos logrado conectar con la gente.

Durante todo este tiempo hubo una incapacidad nuestra, de todos nosotros, de hablar de cosas que conectaran con la gente. Se debe tal vez a una interrupción generacional que no permite crear ese cordón que normalmente va de una generación a la generación siguiente.

En Nicaragua las dirigencias políticas, en su gran mayoría, tienen más de 55 años y al liderazgo emergente, el de menos de 40 años, lo vemos en las empresas y en otras áreas sociales, pero no en la política. Esa brecha entre los de menos de 40 y los de más de 55 años es exactamente la brecha de los años 80. Es la brecha de quienes tuvieron que salir del país y no regresaron, la de quienes no completaron los estudios universitarios porque o fueron a la guerra o se fueron del país para no cumplir con el servicio militar… La transmisión que normalmente se da entre la generación, que con 55 años o más ya está en la cúspide, y la siguiente generación no se dio en Nicaragua. Eso ha creado una desconexión que nos ha afectado a todos. También a nosotros, que no hemos sido capaces de conectar con ese 65% de jóvenes que están pensando en cosas bien diferentes a las que pensamos nosotros.

Sé que éste no es un problema propio de la sociedad nicaragüense. Lo estamos viendo en otros países. El “brexit” lo mostró en Gran Bretaña, donde la votación reveló una desconexión total entre lo que pensaban las personas mayores y lo que pensaban los jóvenes, provocando una ruptura social que irá más allá de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, ruptura que se irá debatiendo dentro de un modelo que es democrático. Lo que hace más grave la desconexión generacional en Nicaragua es que la tenemos que resolver dentro del modelo autoritario que nos ha impuesto Ortega.

No es responsabilidad de los jóvenes su distancia actual de la política. Es responsabilidad nuestra porque no les hemos hecho una oferta que la juventud quiera comprar. Yo doy clases en la Universidad y estoy claro que cuando los chavalos me dicen que no me entienden es porque yo no les expliqué bien lo que quería transmitirles. Si los jóvenes no están en la política es porque nosotros no hemos hecho las cosas que ellos esperaban que hiciéramos.

Tenemos que reconocer que en la intercomunicación generacional hemos fallado. Creo que el gobierno del Frente Sandinista a eso ha apostado, pero lo que le ofrece fundamentalmente a la juventud es diversión, entretenimiento.

Cuando veo su oferta me declaro optimista porque soy de los que creo que cuando esos chavalos a los que han usado durante estos años sean un poco mayores y vayan a buscar un trabajo digno que les permita mantener a sus hijos empezarán a reflexionar y a darse cuenta de lo que era el sistema en que los metieron. Se darán cuenta de que les dieron “atol con el dedo” y ahí van a surgir inconformidades y rebeliones. Es sólo cuestión de tiempo.

¿A qué está apostando Ortega en el nuevo escenario que le ha impuesto al país, eliminando al PLI y a la Coalición de las elecciones? Él sabe que está en una situación política adversa a nivel internacional. Y sabe que en su nuevo período de gobierno estará en una situación económica también adversa. Ha perdido la cooperación venezolana y los precios de los principales productos de exportación de Nicaragua tienden a la baja.

En diez años este gobierno no ha dado pasos para reconvertir el modelo productivo del país, que se sigue moviendo esencialmente por dos motores: el agro y la maquila. El agro y no la agroindustria. Y la maquila textil, la de menor nivel, porque aquí maquilamos ropa, pero no ensamblamos ni una computadora ni un televisor.

En esos dos ejes sigue anclada nuestra economía. Hay un tercer eje que mueve la economía, que son las remesas, que paradójicamente es el que Ortega hace crecer con su autoritarismo y su modelo económico, incapaz de generar oportunidades. Las remesas son los ingresos más directos que tienen las familias más pobres. Exportamos emigrantes, yo las llamo exportaciones de sudor y de pobreza. Al igual que los bajos salarios de las maquilas y los escasos ingresos de la pequeña agricultura, las remesas son el sostén de los más pobres de este país.

Desde el punto de vista económico, lo que hizo Ortega al recobrar el gobierno en 2007 fue seguir al pie de la letra una política macroeconómica que siempre rechazó, pero que fue la que sacó a Nicaragua del desastre en que su gobierno nos había dejado.

A los gobiernos de los años 90 nos tocó “bailar con la más fea”. Nos tocaron los planes de ajuste y la reducción del déficit fiscal. También hay que reconocer que, o por falta de recursos o por falta de voluntad, a los gobiernos que precedieron al de Ortega les faltó apostar a la cohesión social y no generaron un modelo más incluyente que tuviera en cuenta a las mayorías pobres.

¿Qué hace Ortega sabiendo que le tocará ahora bailar “con la más fea”, al tener que enfrentarse a una situación internacional adversa y a una economía con problemas en sus motores y sin la ayuda venezolana? Lo que haría un gobernante razonable, y respetuoso de los parámetros de lo que conocemos como democracia, sería incluir a la mayor cantidad de gente para entre todos encontrar soluciones en un período que todos sabemos que nos viene duro. Eso implicaría ceder un poco de poder para atraer a otros y encontrar salidas. Pero Ortega piensa en función del poder, de su poder, y no en función del país. ¿Qué es lo que hace entonces…? Se atrinchera. Y empieza a golpear a todos lados, como estamos viendo.

Lo primero que hizo desde su trinchera fue proclamar bien claro que no habría observación electoral. Y lo proclama en nombre de la “autodeterminación” en el sentido en que él la entiende, porque la autodeterminación es la de los pueblos, no la del presidente del país. Inmediatamente vino el golpe que nos dio a nosotros despojándonos del PLI. Y siguió. Y seguirá…

¿Qué persigue con el golpe que nos da a nosotros? Ortega sabe que el electorado que lo rechaza a él y rechaza su modelo proviene esencialmente del sector rural y de los sectores medios urbanos. Aunque también hay sectores pobres urbanos que no son orteguistas, la movilidad mayor contra su modelo viene del sector medio urbano y de los sectores campesinos, en donde el liberalismo siempre ha tenido mucho arraigo. Sabe también Ortega, igual que nosotros lo sabemos, que las campañas electorales, representan para los liberales algo distinto de lo que representan para el Frente Sandinista. El Frente es un partido en movilización permanente y nosotros los liberales somos de movilización electoral. Entonces, sabiendo que el entorno político y económico le es adverso, Ortega no mira las elecciones como una oportunidad para ganar legitimidad. Lo mira como una amenaza a su poder.

Sabe también Ortega que en la campaña electoral podíamos crecer más de lo que él iba a poder controlar. Normalmente, los partidos que adversan al Frente Sandinista crecen exponencialmente en el período electoral.

El boxeo me permite una buena comparación. El Frente es como un boxeador que se mantiene en un entrenamiento permanente y que golpea permanentemente. Nosotros somos como un boxeador delgado, hasta debilucho, pero que cuando se prepara para la pelea entrena, saca músculo, toma cuerpo y en ocasiones se hace más grande que su contrincante. Algo así ya ha pasado. Ellos sabían que nos tenían que dar el golpe antes de que empezara la campaña.

Ortega sabe de sobra que la inconformidad social está ahí y está creciendo. El año 2015 le dio claras señales en las minas, en la zona del Canal, problemas con los transportistas del Caribe… Hay también inconformidad social en las zonas francas. Él no es tonto y sabe que esa inconformidad podría alinearse en su contra en las elecciones. Por eso golpea antes de que eso suceda y nos deja sin posibilidad a todos los que no aceptamos su modelo.

Después que Noel Vidaurre, un candidato creíble, abandonó la candidatura presidencial del PLC, Ortega entendió que se le podía polarizar la elección: o era él o éramos nosotros en la Coalición. Y una elección polarizada era el peor de los escenarios para él. Necesitaba eliminar cuanto antes al competidor que provocaría una polarización y contribuiría a alinear la inconformidad social que ya existe y la que previsiblemente surgiría en tiempo electoral.

Sabiendo que son los sectores medios urbanos los que nutren la oposición a su modelo, otra apuesta que viene haciendo Ortega es la represión económica contra los sectores medios. Cuando éramos opositores a Somoza te echaban preso, te recluían, te enviaban al ostracismo y había un cierto halo de heroicidad en el victimizado por Somoza. El método de mano dura y de carceleada que usaba Somoza contra quienes luchaban contra él prestigiaba al opositor.

Ortega ha cambiado de método. Su represión física la hace con pinzas y lo que hace es minar económicamente al opositor. Y al que es minado económicamente en la clase media y ya no puede pagar ni la hipoteca de su casa ni el crédito de su carro y tiene que sacar a sus hijos del colegio, la gente no lo mira como un héroe, sino como un perdedor. El castigo que emplea Ortega es afectarte, quitarte tu fuente de ingresos. Ésa es la amenaza permanente que pesa sobre quienes, en cualquier nivel, tienen un negocio o un empleo y temen perder su negocio o su empleo. Él sabe que amenazar la integridad física pasó de moda, que lo que tiene que amenazar, que lo que tiene que tocar es el bolsillo…

Desde su trinchera, Ortega también apuesta a la insignificancia de Nicaragua en la comunidad internacional. Apuesta a que para Estados Unidos va a ser más problema meterse con él que dejarlo hacer. Apuesta a que Europa nos mirará con preocupación (“Pobre país, lo hemos ayudado tanto…”), pero sería un problema mayor para los europeos ver qué hacer aquí que dejar hacer a Ortega, que hasta hoy cuenta con las instituciones financieras internacionales.

Es cierto que con su autoritarismo y su ataque al proceso electoral Ortega está poniendo en riesgo la economía del país. Pero para que veamos un cambio tiene que suceder algo más dramático, porque aparentemente hasta ahora no hay interés de los grandes bloques de poder del mundo en golpear económicamente a este régimen.

Veamos si no el antecedente inmediato de 2008, cuando la cooperación internacional comenzó a irse de Nicaragua después del probado fraude en las elecciones municipales de aquel año. ¿Qué pasó entonces? Que se fue la cooperación y Estados Unidos cortó la Cuenta Reto del Milenio, pero enseguida vino el BID a ofrecer créditos y los duplicó y vino el Banco Mundial y el Fondo Monetario fue laxo con este gobierno para que pudiera conseguir recursos. La cooperación se sustituyó con endeudamiento de las instituciones financieras internacionales y no pasó nada.

A partir de esta experiencia, Ortega está convencido de que con concederle a los grandes poderes mundiales mano dura contra la migración ilegal y con mantener un combate aparentemente exitoso contra el narcotráfico, presenta a Nicaragua como territorio seguro contra el terrorismo y nadie se meterá con él. Hasta ahora ha vendido bien la idea de que Nicaragua actúa como un enclave de seguridad que contrasta con la inseguridad que existe en el norte de Centroamérica.

El eje del discurso oficial ha ido migrando de los éxitos económicos al éxito en seguridad. Los mensajes oficiales están remarcando continuamente que somos el país más seguro de la región. Es un mensaje dirigido a Estados Unidos, en el que les dice: No me toqués, porque si a mí me tocás yo me convierto en el mismo problema que tenés en el triángulo norte de Centroamérica…

Donde lo vemos agresivo es en la OEA. Y ahí está siendo agresivo porque necesita heredar los pedazos que queden del ALBA para protegerse a sí mismo cuando Venezuela caiga. Ortega es cínico y es pragmático. Sabe que Maduro tiene fecha de vencimiento y que será sustituido o por la oposición o por otro dirigente del PSUV, pero tiene los días contados.

Ortega apuesta a que una vez que Maduro caiga y Venezuela deje de jugar un papel importante en la región, él necesita protegerse. Piensa hacerlo mostrando fortaleza en la OEA, reclamando en el seno de la OEA un liderazgo anti-imperialista que le permita acorazarse. Apuesta a la insignificancia de Nicaragua y, a la vez, está apostando a jugar fuerte en la OEA. Y no para salvar a Venezuela, sino para impedir que los votos que son necesarios para activar la Carta Democrática no se activen contra él. Aspira a liderar los votos de los 11 países que han bloqueado la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela. Necesita mantener a esos 11 países, esos 11 votos, pegados a él. Porque sabe que lo que le viene en los cinco años próximos no será fácil y porque sabe que después de Venezuela puede caer él. Porque también sabe bien que su relación con Estados Unidos es simplemente táctica.

Dice un dicho que “no hay mal que por bien no venga”. Ortega nos dejó fuera de la competencia electoral, pero con eso nos ha dado la oportunidad de revisar lo que hemos hecho y de cambiar.

Lo primero que tenemos que hacer es reparar la conexión con la gente. Si no logramos conectar con la gente no iremos a ningún lado. Y no es que luchar por reconstruir la institucionalidad destruida por Ortega no importe. Sí importa. Pero es mucha la gente en Nicaragua que cuando llega la noche y se sienta a cenar, los que pueden cenar, las preguntas que tiene son otras: cómo pagar el siguiente mes del colegio de los hijos o cómo comprarles zapatos o incluso la pregunta más acuciante tiene que ver con la comida del día siguiente…

Uno de los problemas de que nuestro discurso apueste al largo plazo es que para más de un 40% de nuestra población su “largo plazo” a la hora del desayuno es lo que van a comer en el almuerzo… Hablarles de institucionalidad, de Estado de Derecho, de que sin instituciones democráticas y sin respeto a la ley pueden perder el empleo o el salario no les interesa porque no tienen salario ni empleo, porque si no trabajan y se la rebuscan hoy no comen hoy. Esta situación de empobrecimiento cambia totalmente el discurso con que debemos buscar conectar con la gente.

Nuestro discurso se ha estructurado más en base al enorme deterioro de la democracia y no al enorme deterioro del nivel de vida de mucha gente. Eso tenemos que reconocerlo. Hemos hablado más de las instituciones, de la democracia, de los magistrados… que de lo que la gente vive y siente.

La mayoría de la población de Nicaragua está en la base de la pirámide de Maslow, está a nivel de sobrevivencia, preocupada por las necesidades fisiológicas básicas: comida, vestido, agua… Ni siquiera estamos en el nivel que reclama educación, mucho menos educación de calidad. Ese nivel de pobreza le ha permitido a este gobierno destruir el sistema de educación pública sin que nadie reclame. En Chile la protesta de los estudiantes ha sido porque el nivel que recibían en la secundaria era inferior al europeo y eso no les permitía ir a estudiar a universidades europeas porque su nivel de matemáticas y física no era equiparable. Eso está sucediendo aquí, en un país de América Latina y en Nicaragua nos parece ciencia ficción…

El primer cambio que debemos hacer es elaborar un discurso que conecte con la gente. Hay una máxima de mercadeo político que dice que el mensaje no está en la dirigencia, está en la gente. El mejor mercadotécnico político no es el que crea el mensaje, sino el que lo captura de la gente y lo convierte en discurso. El reto de los liberales es capturar los mensajes que están en la gente y trasladarlos a un discurso. Y del discurso trasladarlos también a opciones que puedan ilusionar.

También es importante que nos veamos a nosotros mismos, que todos los liberales entendamos quiénes somos y qué es lo que queremos para este país. Probablemente las dirigencias lo entiendan y estén conscientes, pero de esa conciencia deben apropiarse las bases. Una parte de las bases del liberalismo aglutinadas en el PLC -y en el PLI prácticamente todos venimos del PLC- tienen una enorme debilidad ideológica, que les ha sido inherente por esa falta de apropiación de un discurso ideológico coherente. Lo que ha habido es una amalgama de intereses.

Nuestro discurso político debe ir acompañado de un discurso social y económico. No podemos seguir dándole la espalda a la concentración de la riqueza que se ha producido en el país. ¿Eso significa echarnos de enemigo al COSEP? ¿Un enemigo más…? Ahora lo que menos necesitamos es más enemigos. Siempre que hablo con alguno de los dirigentes del COSEP les digo: Ustedes tienen que estar claros que su relación con Ortega es táctica. Creo que si la empresa privada no se da cuenta ahora, en esta crisis, de que para Ortega esa relación tiene un valor estratégico, Ortega se los va a comer.

Con el fin de la ayuda venezolana el pastel se ha achicado. ¿Compartirá Ortega con la empresa privada su trozo del pastel? No. Si de 100 era el pastel y 50 eran para Ortega y 50 para ellos y ahora el pastel es de 80, a ellos les tocarán 30. Ortega no va a repartir lo suyo. Según datos del gobierno, el 65% de los impuestos de este país lo pagan 2,500 empresas que están ligadas a no más de 100 grupos económicos. Eso quiere decir que cien empresarios podrían poner de rodillas a Ortega. Y pareciera que de eso no se han dado cuenta esos empresarios…

No podemos seguir dándole la espalda al clientelismo que ha generado Ortega. Y tenemos que tener propuestas alternativas. Porque no se trata sólo de decir que hay que cambiar a Ortega porque no sirve, sino de tener un referente de futuro. Tenemos que plantear una propuesta, decir qué no sólo cambiaríamos a Ortega y su autoritarismo, sino que debemos decir qué haríamos nosotros por los pobres atrapados en el clientelismo si llegáramos al gobierno. Yo me pongo en los zapatos del que está en el barrio y recibe todos los meses un saco de arroz, frijoles y azúcar y el único problema que ha tenido con Ortega fue cuando bebió, le pegó a la mujer, lo echaron preso y tuvo que buscar al CPC del barrio para que lo sacaran de la cárcel…

Ese hombre no tiene un trabajo fijo, no tiene un ingreso que le permita surgir y para él ese saco de comida que le dan cada mes es mejor que nada. Y esa nada es lo que nosotros le ofrecemos porque no le ofrecemos nada más que sacar a Ortega del gobierno. Y para él Ortega es un saco de arroz, frijoles y azúcar todos los meses…

Los programas sociales que debemos ofrecer no pueden ser como los que ha ofrecido este gobierno, que han sido asistencialistas. Tenemos que ofrecer programas sociales gradualistas que garanticen que la gente salga realmente de la pobreza. El bono productivo alimentario del programa Hambre Cero, que entrega a mujeres rurales pobres una vaca, un cerdo, gallinas, es uno de los que el gobierno ha propagandizado más. Dicen que en Venezuela hubo algo parecido. Allí daban un chancho y una gallina y la gente decía que les daban “chicharrones y un sancocho” porque lo que la gente hacía nomás dárselos era comérselos. Aquí con la vaca es difícil, porque mantener a una vaca es a veces más costoso que mantener a un niño. Y le dan la vaca a quienes ya tienen problemas para mantener a sus hijos y terminan vendiendo la vaca.

Un día quise saber los efectos del bono productivo durante tantos años y fui a preguntarle a la ministra del MEFCCA (Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa), si tenían estadísticas de cómo había impactado en la movilidad social de las beneficiarias el bono productivo ¿Qué me respondió? “Tendría usted que ver la cara de esas madres cuando reciben la vaquita y el chanchito, hasta lloran agradecidas, hasta abrazan a quienes se los entregan”. Conclusión: o no tienen estadísticas de la movilidad social o no quieren darlas. Con un programa social como ése el gobierno debe saber ya cuánto tiempo le toma a esa mujer superar un grado, dos o tres en la escala social. El objetivo del gobierno no puede ser darle a la gente comida. Debe ser darle a la gente la capacidad de agenciarse su comida. Nosotros debemos presentar una alternativa al saco de comida mensual y al bono productivo y a todos los programas sociales…

Tampoco podemos darle la espalda al sistema tributario, al sistema fiscal, a los impuestos. Creo que el liberalismo debe empezar a plantear una alternativa a la enorme cantidad de exoneraciones que hoy se conceden. Creo que es preferible un subsidio focalizado que un subsidio escondido en una gran cantidad de exoneraciones, que al final son aprovechadas por quienes tienen una mejor contabilidad. Porque el pequeño empresario, el mediano empresario que no tiene una contabilidad capaz de aprovechar esas exoneraciones… sólo las ve pasar. Es preferible ingresar esa cantidad de exoneraciones al presupuesto por medio del cobro de impuestos para devolverlas después focalizadamente.

Nuestro discurso debe plantear no la redistribución de la riqueza, sino la redistribución de los ingresos. Redistribuir riqueza es que el Estado agarre la riqueza de unos y se la entregue a otros. Eso ya se hizo. Redistribuir ingresos es agarrar la riqueza de unos a través de un justo cobro de impuestos y convertir esos recursos en mejorar la capacidad productiva para que la gente aumente sus ingresos, sus salarios. Durante los diez años de Ortega la productividad del país ha bajado año con año.

La discusión semestral del salario mínimo se ha convertido en una discusión maniqueísta entre “los buenos”, los sindicalistas, que quieren que suba y “los malos”, los empresarios, que no quieren subirlo. Lo que no se dice es que si la productividad del país se incrementara el salario mínimo subiría automáticamente. Porque un obrero que produce tres veces más recibiría un mejor salario.

En nuestra propuesta deben aparecer también propuestas para transformar el actual modelo depredador, tan depredador que una vaca dispone de una manzana de pasto. Un modelo así es destructivo. En Nicaragua la ganadería viene avanzando a la par del despale. Después de tumbar el bosque llegan los frijoleros y detrás llegan los ganaderos y así va avanzando y avanzando la deforestación, la destrucción ambiental… Este modelo depredador se alimenta de la falta de instrucción de la población rural hasta convertirse en un círculo vicioso. Porque para criar una vaca en una manzana nadie necesita de un perito agrónomo. Basta con un campesino con machete y botas de hule que con costo sepa leer y escribir. Y si no sabe leer mejor, porque así le pagan lo que el patrón quiera…

Ése es el círculo vicioso. Tenemos que presentar un modelo alternativo de tecnificación de la ganadería y de todo el agro. Y para eso necesitamos de gente más instruida. Y la gente más instruida tiene que ganar más. Romper ese círculo vicioso frenaría la destrucción de nuestros recursos naturales.

Este país necesita un cambio y para lograrlo estamos obligados a soportarnos todos… pero todos los que somos opositores. El punto hoy no es quién se tiene que ir, sino cómo hacer para que venga más gente. ¿La solución es la unidad de todo el liberalismo? Ciertamente, el PLC tiene todavía marca y va a participar en las elecciones. Sin embargo, yo no creo que se pueda considerar a Arnoldo Alemán un opositor. Creo que él ya compró el ser parte de este sistema. Hay otra gente en el PLC o en otras expresiones del liberalismo que ya compraron eso mismo. Y hay otros rescatables.

Pienso que si construimos un buen eje en base a principios, a valores, a una oferta, la unidad caerá por su propio peso. Y la unidad en la que yo creo va más allá de los liberales. Es la unidad de toda la gente que piensa que Nicaragua se merece algo mejor de lo que hoy tenemos. Ya en 2011 mucha gente había logrado ver y decidir hacia dónde ir porque aquel año don Fabio tuvo el 30% de los votos, aun con todos los que le robaron, y Arnoldo, siendo él mismo candidato presidencial del PLC, no tuvo ni el 5%. Eso ya nos decía bastante de lo que la gente pensaba que era la unidad del liberalismo.

Hay quienes dicen que Eduardo Montealegre se debe de apartar. Insisto: creo que el momento no es para ver quiénes se van sino quiénes vienen. El desafío ahora es cuánta gente atraemos a esto, no cuánta gente expulsamos. Yo prefiero preocuparme por a quien meto aquí que por a quien saco de aquí.

Una de mis críticas al PLI que fuimos, y Eduardo lo sabe, es que en algunos momentos cuando alguien se nos oponía y lo expulsábamos hacíamos una reunión para aplaudir. ¡Se fue, se fue! Y dos meses después lo encontrábamos en la acera contraria haciéndonos la vida imposible. Se nos olvida que en política hay más resucitados que muertos, que el que damos por muerto resucita en la otra acera...

Si tuviéramos un pacto o un arreglo con Ortega estuviéramos participando en estas elecciones. Así de sencillo. A mí no me preocupa que Eduardo siga en la política. Lo que me preocupa es que él entienda, como debemos entender todos, que la suerte de este país va a cambiar cuando empecemos a cambiar la cultura del “hombre fuerte” y pasemos a la cultura del arraigo ideológico, de la coherencia en el discurso. Los rostros nuevos vendrán entonces. En el momento actual nos vamos a comprometera crear los mecanismos transparentes, verificables y aceptables para que todo el que quiera surgir pueda surgir y acabar así con el modelo del hombre fuerte. El compromiso no es sólo crear los mecanismos que permitan que surja el relevo. Será también crear los mecanismos que no permitan que alguien se anquilose en la dirección de los partidos y se apodere de ellos.

En la Coalición Nacional por la Democracia nos reunimos derecha, izquierda, centro, gente que no tiene partido… Nos impidieron participar en estas elecciones, no tenemos una oferta electoral, pero sí tenemos una oferta para el futuro y es la que tenemos que construir. Hoy tenemos incluso más capital político que antes de que nos golpearan y por eso tenemos la obligación de no despilfarrar ese capital. No sabemos aún cómo potencializarlo, pero sí tenemos la certeza de que muchas de las cosas que hemos hecho van a tener que ser diferentes. Y todos vamos a tener que cambiar. Todos. Vamos a tener que repensar qué tipo de estructura es la que la gente siente más cercana. Tenemos que repasar de la A a la Z toda la estrategia. Hay que repensarlo todo. Y si hay problemas en el camino, volver a repensarlo. No hay espacio ahora para dejar que la gente sienta que no estamos haciendo lo necesario para seguir adelante.

Si la gente siente que nosotros somos parte del problema y no planteamos soluciones vamos a pasar a la historia. El capital político que hemos ganado porque nos impidieron participar en las elecciones tenemos que aprovecharlo. Tenemos que demostrar que estamos dispuestos a seguir adelante y que vamos más allá de lo que han sido hasta ahora estructuras y partidos. Creo realmente que hay espacio para hacer algo nuevo.

Y hacer algo nuevo y ganar a la gente requiere de un discurso insurgente, de un discurso de cambio, de un discurso que presente alternativas, que le diga a Ortega que se tiene que ir no sólo porque es autoritario sino porque no garantiza el bienestar de Nicaragua. Necesitamos un discurso insurgente hacia los jóvenes. Los liberales tenemos que empezar a discutir ideas que son propias del liberalismo, pero que son tabúes en nuestra sociedad. Tenemos que discutir el matrimonio igualitario, la legalización de las drogas, el derecho al aborto terapéutico, la concepción de qué es una familia… Debemos poner esos temas sobre la mesa y debatirlos porque es inherente a la esencia del liberalismo defender las libertades individuales.

No podemos seguir pensando los liberales que debemos mantener un discurso conservador porque esta sociedad es conservadora y si nos declaramos liberales no conseguiremos votos… La discusión de estos temas, y de todos los temas, es importante porque cuando todos se sientan incluidos en algún pedacito de la realidad se sentirán representados.

Cuando el obrero se sienta incluido en la discusión sobre el salario en base a la productividad, cuando el estudiante se sienta incluido en la discusión sobre acceso igualitario a universidades y becas, cuando las minorías se sientan incluidas en el debate sobre sus derechos… en ese momento seremos capaces de poder decirle a todos que la política y la institucionalidad es precisamente para resolver sus problemas.

¿Nicaragua aguantará otros cinco años con Ortega en el gobierno? Creo que no. Y lo creo así porque se está deteriorando muy rápidamente el entramado social. Por eso, creo que al impedirnos participar en las elecciones nos hicieron un favor. En 2012 sostuvimos, y seguimos sosteniendo, que ocupar los escaños en la Asamblea Nacional, a pesar del fraude electoral, era una apuesta para mantener abierta la posibilidad de una salida cívica. Hoy la salida cívica se ve mucho más difícil. Yo diría que la salida cívica hoy tiene tintes de rebelión. No de guerra, pero sí de rebelión, una rebelión cívica.

Si participábamos en el proceso electoral teníamos un gran riesgo con el acelerado deterioro del entramado social, porque a la hora de que ese “árbol” cayera encima nos iba a caer encima también a nosotros, que éramos parte del sistema. Nos hicieron el favor de apartarnos y ahora formamos parte de los que vamos a botar el “árbol”. Y ahí vamos a estar. Vamos a tratar de contribuir a que ese árbol caiga sobre Ortega y sobre los que conscientemente le están haciendo el juego.

Estar estos casi cinco años sentados en la Asamblea Nacional nos hizo perder prestigio desde el primer día en que llegamos allí. Pero estábamos convencidos de que había que mantener los espacios cívicos hasta el último momento en que pudiéramos mantenerlos, aunque eso implicara un enorme deterioro para nuestro prestigio como políticos. Hoy ya estamos del otro lado y nos toca pensar muy bien lo que haremos, hacer cosas nuevas y diferentes y llenar espacios que podemos llenar…

Hasta que no logremos estructurar un discurso insurgente, un discurso de cambio, de transformación, que ilusione a la gente, no le vamos a poder hablar de institucionalidad ni de democracia. Quiero terminar con una idea del padre Xabier Gorostiaga, que para lo que hoy nos sucede en Nicaragua parece como calcado. Él decía que mientras en un escritorio en Washington se sigan definiendo las políticas económicas de nuestros países no importará qué presidente cambiemos aquí, porque no cambiará nada. Él decía que sin un cambio profundo la democracia empezaría a perder contenido hasta que la gente terminará encontrándola inútil.

Tenemos que reconocer que, desgraciadamente, es mucha la gente que hoy en Nicaragua encuentra inútil la democracia para resolver sus problemas y ha encontrado en Ortega, que no es democrático, un refugio. No les resuelve los problemas pero algo se los alivia. Nuestro reto es demostrarle a esa gente que la democracia es útil porque resuelve de forma más permanente sus problemas. Nuestro desafío es demostrarles que el autoritarismo resuelve algunos problemas inmediatos, y cuando ya no los puede resolver reacciona como sólo sabe hacerlo: con represión. Como ya lo está empezando a hacer.

Imprimir texto   

Enviar texto

Arriba
 
 
<< Nro. anterior   Nro. siguiente >>

En este mismo numero:

Nicaragua
Sin puentes sobre aguas turbulentas

Nicaragua
Noticias del mes

Nicaragua
“La salida cívica tiene hoy tintes de rebelión”

Nicaragua
Crónica de una guerrilla y piezas del mosaico de una región, la Moskitia

Guatemala
Lo que han revelado “los papeles de la CICIG”

Internacional
Economía verde: ¿la nueva fórmula mágica?

Internacional
¿Por qué no funciona la democracia?
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica
GüeGüe: Hospedaje y Desarrollo Web