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  Número 408 | Marzo 2016
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Nicaragua

Sólo el desarrollo humano produce desarrollo económico

Fernando Cardenal, quien falleció el 20 de febrero, fue un educador de tiempo completo. Este texto, que le publicamos hace más de veinte años, tiene una enorme vigencia en la Nicaragua de hoy, cuando el gobierno y sus aliados empresariales no se cansan de hablar de lo bien que vamos en desarrollo económico, olvidando el desarrollo humano, y cuando el gobierno ha provocado un grave conflicto con el PNUD, institución pionera en dar relevancia al desarrollo humano sobre el PIB en sus informes anuales.

Fernando Cardenal

Todos los análisis económicos sobre la década de los años 80 en América Latina se pueden resumir en la famosa frase acuñada por la CEPAL (Consejo Económico para América Latina): “Fue una década perdida”. Todas las estadísticas de los organismos internacionales nos muestran que en esos años el pueblo latinoamericano se hizo más pobre.

En mayo de 1993, Juan de Dios Parra, Presidente de la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (ALDHU), recordó en Quito que en los últimos veinte años viven en América Latina 70 millones más de seres humanos hambrientos, 30 millones más de analfabetas, 10 millones más de familias sin techo, 40 millones más de desempleados.

Ante este drama surge inmediatamente una pregunta: ¿Qué pasó con los millones y millones de dólares que llegaron a nuestro continente a través de ONG, grupos de iglesias, organismos financieros y agencias gubernamentales? ¿Todo ese capital cayó como agua en canasto? Esfuerzos, sufrimientos, trabajo, sudor, organización, esperanzas para promover el desarrollo económico local. Y al final, la población se ha hecho más pobre. ¿Qué pasó?

LA CIENCIA ECONÓMICA
PUESTA EN CUESTIÓN


Las palabras de la economista chilena Rayén Quiroga resumen muy bien la creciente crítica de muchos sectores a la ciencia económica: “Ni en las décadas del llamado desarrollismo, ni mucho menos en la recién pasada década perdida, ni durante las reacciones privatizadoras, la gestión de los gobiernos para lograr el desarrollo ha logrado producir procesos sostenidos de mejoramiento en la calidad de vida de las personas que cohabitamos el espacio regional”. Y añade: “Desde nuestro ghetto, los economistas hemos ido esparciendo nuestro credo, al tiempo que nos negamos a ver los signos inequívocos del deterioro de nuestras verdades”. Y nos ofrece otra cita muy valiosa: “Actualmente, la economía monopoliza el conocimiento y la praxis del desarrollo. Por tanto, los economistas son los profesionales mejor capacitados para hacerse cargo de la difícil tarea del desarrollo. Pero resulta que la economía se refiere exclusivamente a los procesos materiales de la vida humana, a pesar de que la práctica económica trasciende este estrecho confinamiento. En la realidad, donde supuestamente pretendemos que operen nuestras recetas para el desarrollo, convergen todo tipo de ‘perturbaciones’ emocionales, sicológicas, políticas y valorativas que no podemos seguir desestimando como trivialidades o ‘exogeneidades’ irrelevantes”.

Tiene razón esta economista. A nuestro alrededor hemos visto muchos “proyectos de desarrollo” que consideramos incompletos y truncados, en el sentido de que no alcanzaron su máximo impacto o alcanzaron muy poco. En otros casos, fracasaron o las cosas quedaron incluso peor que antes. Después de una breve investigación de 17 proyectos en Nicaragua, de la información obtenida sobre otros proyectos y de la reflexión sobre trabajos similares llevados a cabo en América Latina, África y Asia, se comprueba que los éxitos son muchas veces limitados y que el impacto no siempre está en relación con el dinero invertido.

EL DESARROLLO HUMANO
ES UN PROCESO LENTO


Un ejemplo claro de este fracaso es la Reforma Agraria del gobierno sandinista, que fue un éxito porque repartió a los campesinos nicaragüenses millones de hectáreas de tierra, pero que como proyecto de desarrollo económico fue un fracaso. Se dieron tierras, financiamiento, capacitación, maquinarias, semillas, fertilizantes, comercialización... Tuvieron los campesinos casi todo, menos los elementos que los hacen crecer a ellos mismos, sujetos del desarrollo, como personas. Faltó lo básico.

¿En qué consiste lo básico? Lo echamos de menos palpablemente en el contacto con los campesinos nicaragüenses que fueron beneficiados con la Reforma Agraria de los años 80. Poseen las mejores tierras de cada región, pero se están muriendo de hambre. Además de que el gobierno actual (el de doña Violeta de Chamorro) les niega los créditos, no tienen la suficiente iniciativa y organización para salir adelante.

En otros casos, nos encontramos con campesinos que recibieron tierras de la Reforma Agraria, y aunque mantienen el nombre de “cooperativa”, siguen sintiéndose productores individuales. Cada uno siembra en “su” parte de la tierra y no desean trabajar colectivamente. Con la tierra recibieron muchas cosas materiales para la producción, pero ellos mismos no pasaron por el proceso humano de ir convirtiéndose en productores organizados en una colectividad. Pensar en ellos como una cooperativa de producción es engañarse. El mundo interior del humano no cambia sólo porque nosotros lo deseemos. El desarrollo humano es un proceso lento, como todo complejo proceso de la vida.

LOS CIMIENTOS DEL EDIFICIO


Conversando sobre los problemas para el desarrollo económico con los miembros de una cooperativa sandinista con la que hoy trabajamos, ellos mismos señalaron los obstáculos que enfrentan: dificultades para cambiar ante las ideas nuevas, problemas internos entre ellos, falta de disciplina laboral... Una campesina de la cooperativa lo resumió así: “Falta de formación humana”.

Desde 1990, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) viene centrando su interés en su Informe Anual en el Desarrollo Humano. Repiten allí lo que dijo esta campesina. Afirman que el desarrollo económico no produce desarrollo humano, sino que es el desarrollo humano el que produce desarrollo económico. Y llaman al desarrollo humano “fundamento del desarrollo económico”. Es una imagen que explica muy bien por qué tan grandes proyectos terminan fracasando. Les faltó la base. Son como edificios que caen porque no tenían fundamentos.

El PNUD sitúa el desarrollo al servicio del bienestar de la persona, y no la persona al servicio del desarrollo. Lo define como un proceso por medio del cual los miembros de la sociedad se desarrollan ellos mismos, de tal manera que incrementan su habilidad para movilizar y manejar recursos, para producir mejoras en su calidad de vida, justamente distribuidas y acordes a sus propias aspiraciones.

EL PNUD HA SIDO PIONERO: NO BASTA
QUE CREZCA EL PRODUCTO INTERNO BRUTO


Según el PNUD, el desarrollo humano ofrece a las personas la facultad de escoger sus propias opciones, que pueden estar relacionadas con el nivel de ingreso, el acceso al crédito, la educación (alfabetización o educación primaria), el aumento en la expectativa de vida (salud y alimentación), la seguridad personal y la libertad política. Y también con prioridades y valores específicos que dependen de la cultura y de otros aspectos que son propios de un país o de un particular grupo social.

Los análisis del PNUD son macroeconómicos. Piensan en el desarrollo económico de las naciones. Y han dado un sustantivo paso hacia adelante al superar el estrecho límite que representa tomar el PIB como principal indicador para valorar el desarrollo económico de un país. El PNUD ha sido pionero en resaltar el fundamento del desarrollo y actualmente, nadie que quiera estudiar seria y responsablemente el tema del desarrollo puede prescindir de los Informes Anuales de este organismo.

UN PROYECTO
EN LAS ISLETAS DE GRANADA
Nuestra experiencia nos enseña que es necesario también aplicar estas ideas al universo del desarrollo local y en especial, al mundo campesino. Existe un gran campo de valores humanos, de hábitos, actitudes, concepciones y patrones de conducta en el productor campesino concreto que el PNUD no tiene suficientemente en cuenta.

La pobreza de nuestros campesinos no es sólo carencia de bienes de consumo y de producción. Graves limitaciones en actitudes, valores, concepciones y hábitos los llevan a ser ineficientes productores e inadecuados administradores, tanto de los recursos financieros como de los medios de producción y de los recursos naturales.

Un día, y en un proyecto que estamos desarrollando en Las Isletas de Granada, lo percibimos con claridad. La Cooperativa Claudia Chamorro tiene en su propiedad dos grandes ensenadas con una boca estrecha, que parecían muy aptas para la crianza intensiva de peces. Luego de un proceso de diálogo con los miembros de la cooperativa y de soñar con ellos una vía de desarrollo que los sacara de la miseria en la que apenas sobreviven con la pesca artesanal y las frutas, hicimos el proyecto.

Conseguimos buenas promesas de financiamiento. Para la tecnología, acudimos a la Facultad de Ecología de la Universidad Centroamericana de Managua -específicamente a su escuela de Piscicultura- y para la comercialización hablamos con uno de los más importantes exportadores de pescado y mariscos de Nicaragua, que se ofreció a comprar a la cooperativa de 10 a 12 mil libras semanales de tilapia.

MEJOR, UN COMPÁS DE ESPERA


Aparentemente, todo estaba listo y estábamos felices. ¿Estaría lista también la gente, el sujeto del desarrollo, el isleño, ancestralmente marginado, sumido en la pobreza y la ignorancia? Con el proyecto se podría elevar muy rápida y sustancialmente el nivel de ingresos económicos de la cooperativa. Pero también existía el peligro de que el repentino aumento de dinero los encontrara sin preparación, sin hábitos de ahorro, sin suficiente organización interna, con cierta tendencia en algunos al licor, por la vida miserable que llevan y por la falta total de diversiones en su medio, impulsados a gastar por el consumismo -nunca satisfecho casi en nada- que la publicidad ha introducido en sus corazones. Todo esto podía poner el peligro el proyecto y aún la misma unidad de la cooperativa. Nos detuvimos en un compás de espera.

Nuestro trabajo continúa en Las Isletas y los cooperativistas están trabajando en algo de ganado vacuno y gallinas, en siembra de plátanos y en reforestación con árboles frutales. Mientras llega el proyecto mayor de los peces, estamos edificando con ellos el fundamento del edificio: hemos iniciado el proceso de desarrollo humano.

SI NO ENTRAMOS
EN EL MUNDO INTERIOR DEL SER HUMANO...


Uno de nuestros primeros proyectos lo realizamos con un grupo de mujeres. Comenzamos alfabetizándolas y poco a poco pudieron ir superando su desconfianza en ellas mismas y en su capacidad de producir eficazmente. Después de todos los estudios necesarios, decidieron que trabajarían en una granja de crianza de cerdos. Recibieron capacitación: desde albañilería para que ellas mismas construyeran el cobertizo de los cerdos, hasta cuidado de la salud de los animales.

Todo iba bien. Crecieron y engordaron los cerditos y los vendieron bien. Y comenzó a aumentar no sólo la confianza de las mujeres en ellas mismas sino también su ingreso económico. Pero un buen día hubo un pleito entre ellas, no se encontraba la solución y unas pocas tomaron la parte de los cerdos que les correspondían y se separaron del grupo. Faltó capacidad humana de diálogo, reconocimiento de los errores cometidos, solidaridad y dominio de las pasiones y un grupo renunció a su futuro de desarrollo.

Si no logramos que a través de un proceso educativo los sujetos de nuestro desarrollo económico vayan aumentando los niveles de madurez, responsabilidad, espíritu de trabajo y disciplina, solidaridad, crítica y autocrítica, confianza en ellos mismos, si no logramos que vayan logrando valorar correctamente y modificando sus conductas con relación a la dimensión y el rol de la mujer, al medio ambiente, a la sexualidad, al alcoholismo, el impacto de nuestro proceso en el desarrollo humano será incompleto y la mayor parte de las veces casi inútil, quedando la gente al final del proyecto de desarrollo más o menos en la misma situación en la que estaba al comienzo, luchando sólo para sobrevivir.

Cualquier intento de desarrollo que no entre al mundo de los valores, a ese mundo interior del ser humano en donde surgen los hábitos, las actitudes, la concepción sobre el mundo que nos rodea, los patrones de conducta, todo nuestro comportamiento sería exactamente como querer levantar un edificio sin poner antes los cimientos.

EDIFICIOS QUE CAEN POR FALTA DE BASE


Veamos un ejemplo. Según el Proyecto NI 0022, del 21 de agosto de 1993, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se ofrece un préstamo de 72 millones de dólares al gobierno de Nicaragua para 4 años y para el Programa Nacional de Desarrollo Rural (PNDR). Los rubros del presupuesto se desglosan así:
Gastos de coordinación y operación del PNDR.......23%
Promoción y asesoría a iniciativas locales...............32%
Formulación, seguimiento y evaluación...................12%
Investigación sectorial aplicada................................13%
Fortalecimiento municipal............ .............................20%
Total PNDR................................................................23%
Asistencia técnica a la producción............................. 5%
Legalización individual de títulos............................... 7%
Caminos rurales, puentes......................................... 88%
Total fuera del PNDR..................................................77%


Es interesante constatar que el BID dedica únicamente un 5% a la “asistencia técnica a la producción” -apoyo tecnológico o capacitación-. Aunque este escaso rubro es indispensable, es peor aún que no aparece ni un solo centavo dedicado al desarrollo humano. Por proyectos como éste es tal vez por los que se afirma que la década pasada fue “perdida” económicamente para América Latina. En este caso concreto, además de un edificio que cae por falta de cimientos, con la consiguiente frustración de sus “beneficiarios”, Nicaragua quedaría debiendo 72 millones de dólares, más los intereses.

SABER, SABER HACER, SER


Existe en Nicaragua -también en Europa- confusión sobre el contenido de términos como educación y capacitación. ¿Qué entendemos cuando usamos el término educación? Basándonos en un trabajo elaborado por el Equipo PROCEP, de Bolivia, creemos que la educación tiene tres componentes:

Información – Objetivo: dar conocimientos. Resultado: saber.
Capacitación – Objetivo: desarrollar aptitudes, habilidades, técnicas. Resultado: saber hacer.
Formación o Educación – Objetivo: desarrollar actitudes, personalidad, valores. Resultado: ser.

Indudablemente, no se trata de tres acciones desarrolladas por separado o aisladas una de la otra. En la práctica, existen combinaciones entre ellas. Lo importante es saber dónde se pone el énfasis mayor.

La educación se caracteriza por su globalidad, por la acción integral teórica y metodológica de su práctica y concepción. Tiene necesidad de la información, así como de la enseñanza o capacitación, pero no busca quedarse ahí, pues se concibe como un acto intencionado para generar cambios de conducta o actitudes que permitan al hombre cambiar de un estado a otro.

La capacitación transmite tecnología, enseña a hacer cosas, prepara para utilizar nuevas técnicas agrícolas o ganaderas -cómo cosechar mejor el maíz o cómo criar adecuadamente los cerdos -. Es necesaria pero insuficiente. La educación va más profundo: enseña a ser, ayuda a que uno sea más. Más trabajador, más solidario, más maduro, más responsable. En una palabra, más humano, desarrollando al máximo posible en cada persona todas las capacidades humanas que recibió en su naturaleza. Entra en el mundo de los valores: las actitudes, los hábitos, las visiones sobre el mundo que nos rodea, los patrones de conducta. Entra en el mundo del desarrollo humano.

LA EDUCACIÓN FORMAL Y LA NO FORMAL


Es muy importante también la distinción entre la educación formal y la no formal. Hablando de educación, no nos estamos refiriendo a la educación que se da en las escuelas, con programas sistemáticos, contenidos y textos ya elaborados previamente dentro de procesos institucionalizados, que buscan el aprendizaje y van dirigidos normalmente a niños y jóvenes que ascienden grado tras grado hasta sacar su diploma y llegar a su graduación. Ésa es la llamada educación formal, que normalmente está dirigida por los Ministerios de Educación.

La educación no formal está fuera de la institución escolar y dura toda la vida. Inicialmente, esta educación tuvo un influjo decisivo gracias al gran educador brasileño Paulo Freire, y ha estado presente en América Latina desde hace más de 30 años. Va dirigida a adultos y tiene como único texto la vida misma -la vida de los adultos que se educan- y el trabajo diario. No tiene como meta la calificación necesaria para ascender a otros cursos superiores. Su organización es variada y heterogénea. Es una educación alternativa y complementaria de los programas formales. En ella se adquieren conocimientos, actitudes, capacidades y tecnologías. Con ella se busca transformar prácticas, hábitos y comportamientos.

LAS MUJERES:
EDUCADORAS EN LA ESCUELA DE LA VIDA


El desarrollo es producto de la integración de una compleja serie de factores. Al hablar de la importancia de la educación informal, no estamos rechazando la educación primaria ni la educación técnica. Sólo insistimos en que en el mundo del trabajador adulto no podemos nunca olvidar que, además de la necesidad de completar la educación primaria que ese trabajador no tuvo oportunidad de realizar cuando era niño, queda por delante una educación que le va a ayudar a ser más, que le va a desarrollar como humano, como hombre y mujer, que le va ayudar a adquirir nuevos hábitos, valores, actitudes y patrones de conducta para que sea no sólo más humano sino también mejor y más eficiente productor.

Y aquí entra el tema de la mujer. Con frecuencia se enfoca mal el papel de la mujer en el desarrollo, con lamentables consecuencias para la mujer y para el desarrollo. Se considera a la mujer como elemento pasivo del desarrollo. “Hay que hacer proyectos para desarrollarla”, afirman muchos, casi todos varones. Y se olvida o se desconoce que las mujeres pueden ser magníficos agentes de desarrollo, motores del desarrollo. Precisamente, porque ellas son transmisoras de los valores en la familia, transmisoras de cultura, tradiciones, hábitos, actitudes y patrones de conducta. Por estar encargadas del cuidado de la vida, de la alimentación del niño, del huerto familiar y del jardín son más capaces de captar y de transmitir todo lo que tiene que ver con la protección de la naturaleza y de la vida. Son potenciales educadoras no formales en la escuela de la vida.

EL EDUCADOR POPULAR
DEBE SER UNO DE ELLOS


Difícilmente se negará que el desarrollo económico local no es simple sino complejo, que requiere de investigación de tecnologías adecuadas y de capacitación, de organización, de alfabetización muchas veces, de formación de los dirigentes, de seguimiento y evaluación, de mercadeo, de finan¬ciamiento, de infraestructura... En muchos proyectos no se encuentra el fundamento de todos estos elementos: el desarrollo humano. Pero lo que es más difícil aún de encontrar en ellos es el mecanismo adecuado para producir ese desarrollo humano.

Este mecanismo puede ser un proceso de educación permanente basado en el diálogo y dirigido por un maestro popular. Un maestro de la educación informal, que viva y trabaje con los miembros de la cooperativa, que conozca la metodología de la educación popular y que esté en formación permanente él mismo para poder ir cumpliendo mejor sus importantes y difíciles tareas.

En nuestro trabajo, para la capacitación, encontramos técnicos de acuerdo a la especial tecnología que queremos transmitir. Pero la tarea que no delegamos en nadie es la del proceso educativo. Buscamos concienzudamente un educador popular entre aquellos que trabajan o que trabajaron en educación de adultos. Que sea, preferiblemente, miembro de la cooperativa o que al menos viva en la misma comarca. Lo escogemos como representante nuestro ante la cooperativa y es nuestro principal cuadro en la zona.

EL DIÁLOGO Y “LAS VETAS EDUCATIVAS”


En el proceso de desarrollo económico, lo educativo parte de la vida misma y se hace con los mismos sujetos del desarrollo con los que trabajamos. No se trata de “educar para producir”, sino que hay que “educar produciendo” o “producir educando”. Bajo esta concepción, intentamos convertir en verdadera escuela los proyectos de desarrollo con las cooperativas con las que trabajamos, integradas por los campesinos más pobres de Nicaragua.

Se trata de aprovechar lo que llamamos “vetas educativas”: algún problema humano, un conflicto o un acontecimiento en la vida o en el trabajo de los miembros de la cooperativa que nos brinda una buena oportunidad para convocar a un diálogo, dirigido por el educador popular y a través del cual se intenta que ellos mismos capten y asuman el problema y que ellos mismos busquen, encuentren y lleven adelante las soluciones adecuadas.

El diálogo es el instrumento fundamental. Se puede iniciar directamente o prepararlo mediante un teatro campesino, un sociodrama, títeres, la música o tantos otros mecanismos que tiene en su práctica la educación popular. En este proceso, la educación deberá estar transmitiendo privilegiadamente los temas de la mujer, y permanentemente, los temas de la ecología y del medioambiente, para que el desarrollo sea sostenible.

¿CÓMO MEDIR EL IMPACTO?


Es relativamente fácil medir el éxito cuantitativo obtenido con un proyecto. Mucho más difícil es medir lo cualitativo: el proceso educativo alcanzado, el crecimiento humano conseguido.

Más que hablar de indicadores cualitativos, podría ser más rico plantearnos la elaboración de criterios que nos permitan reconocer si la educación cumple con lo que la realidad está requiriendo, realidad no sólo como demanda social, sino como trama histórica y contradictoria.

Partiendo de las pautas que establece la socióloga y educadora peruana, Estela González, proponemos que los criterios para el monitoreo lo hagan:
– Flexible y procesal, poniendo el proyecto educativo en función de la realidad y no la realidad en función del proyecto.
– Imaginativo y exigente, dejando mucha libertad a la acción de los sujetos que intervienen, pero con mecanismos que garanticen el rigor y la exigencia de la práctica.
– Más que transferible, transmitible. Transferible parece aludir a modelos a ser “pasados” de unas manos a otras. Transmitible pone el acento en la capacidad de generar y manejar criterios sobre la pertinencia del proyecto educativo como eje central de la gestión educativa.

NO TENEMOS AÚN LA FÓRMULA


El mundo interior se manifiesta en los actos de la vida concreta. No tenemos todavía una fórmula de medición del crecimiento humano que conseguimos, pero la estamos elaborando. Y nos encontramos que hay claras manifestaciones del desarrollo humano que se va logrando. Una cooperativa que sólo trabajaba dos horas diarias y donde la gente decidió por sí misma pasar a trabajar cuatro horas al día. Otra cooperativa que decidió dar una parte de sus tierras para que sembraran en ellas unos campesinos del vecindario afectados por un huracán.

Señales positivas son también el mantenerse unidos como cooperativa cuando en los alrededores otros colectivos se están desintegrando, la disciplina laboral, la disminución de conflictos no resueltos entre los compañeros de trabajo, el aumento de la esperanza, el crecimiento de la confianza en sí mismos y en los compañeros.

EL DESARROLLO SOSTENIBLE
DEBE SER AUTOSOSTENIDO


Para todos los que trabajamos en el desarrollo es claro el complejo contenido del actual y tan reiterado término de “desarrollo sostenible”. Estamos convencidos de que esta sostenibilidad es un elemento esencial en cualquier proyecto de desarrollo en el Tercer Mundo o en cualquier parte del planeta.

Pero, además de sostenible, el proyecto debe ser autosos¬tenido: llevado adelante autónomamente por los sujetos del desarrollo. Ellos son quienes deben darle seguimiento, continuidad y permanencia. No se trata sólo de que estén más o menos bien económicamente mientras trabajamos con ellos, sino de que su desarrollo humano tenga un fundamento tan sólido que garantice que puedan mantener después por ellos mismos su propio desarrollo económico.

El enemigo número uno del desarrollo sostenido es el paternalismo que da y entrega cosas -tal vez, muchas cosas materiales- pero que no educa, que no integra a la persona como sujeto de desarrollo sino sólo como objeto que extiende la mano para pedir, en permanente actitud de mendigo. Cuando así sucede, el organismo paternalista se va y la gente queda huérfana, incapaz de seguir sola.

El éxito de cualquier proyecto está sometido a múltiples factores. El principal, la libertad humana, que puede aceptar el proceso de educación que lo llevaría a su desarrollo humano, que puede aceptar sólo parte de ese proceso y que también puede cerrarse y no querer cambiar en nada. Hay otros factores exógenos que influyen en el éxito. Una larga sequía, el desplome de los precios en el mercado, las plagas y otros desastres naturales, tan frecuentes en nuestros países.

Cualquier edificio puede ser arrasado por incendios o derrumbado por terremotos o desplomado por huracanes. Es posible. Pero aún antes de que sucumba a estas catástrofes, caerá al suelo hecho escombros si fue construido sin el cimiento de una sólida formación en la gente que lo puso en pie.

ESTE TEXTO, AL QUE HEMOS HECHO UNA LIGERA EDICIÓN, APARECIÓ EN ENVÍO EN OCTUBRE DE 1994.

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