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  Número 400 | Julio 2015
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Nicaragua

“Las zonas francas son las que están aprovechando el bono demográfico”

Verónica Gutiérrez, economista con especialidad en economía y género, compartió información y reflexiones sobre la realidad de las mujeres que trabajan en las zonas francas en una charla con Envío que transcribimos.

Verónica Gutiérrez

La información que les comparto la hemos obtenido en encuentros, foros y grupos focales que hemos realizado con el Movimiento de Mujeres Empleadas y Desempleadas María Elena Cuadra, con mujeres trabajadoras de las zonas francas, para que ellas nos cuenten las condiciones en las que trabajan. A partir de esas reuniones y foros se elaboró la Agenda Concertada de los Derechos Humanos Laborales de las Mujeres Trabajadoras de las Industrias Maquiladoras de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Es interesante recordar cómo ha crecido en Nicaragua la industria de zona franca. Al caer la dictadura de Somoza había en Nicaragua tan sólo 12 empresas maquiladoras, todas textiles, que daban empleo a unas 8 mil personas. Con el cambio revolucionario se cerraron 7 y las 5 que quedaron empleaban a unas 3 mil personas. En la década de los años 80 no hubo más maquilas. En esos años, en el resto de Centroamérica la industria maquiladora textil-vestuario crecía rápidamente desarrollando una importante infraestructura.

En los años 90, con el gobierno Chamorro, el panorama económico se transforma. Se liberaliza el mercado, se hacen cambios en la legislación y el país se abre a la inversión extranjera directa. En esos años asistimos en Nicaragua a un auge acelerado de construcción de infraestructuras creando condiciones que atrajeran inversiones extranjeras directas, entre ellas las de zonas francas. Entre 1990 y 1996, al término del gobierno de Chamorro, ya eran 19. De 1997 a 2001, durante el gobierno de Alemán, las zonas francas crecieron hasta ser 43. Y en el gobierno de Bolaños se duplicaron: llegaron a 95. Se empieza entonces a vender a Nicaragua como un país atractivo para la inversión, como un país “competitivo”. Y lo éramos porque ofrecíamos una mano de obra barata. Una hondureña trabajadora de la maquila me comentaba que participó en esos años en una reunión a la que llegó Bolaños y eso decía él a los inversores de zonas francas: “Vengan a Nicaragua, vengan a invertir, encontrarán allí la mano de obra más barata de la región”. Hoy, según datos de 2014 de ANITEX (Asociación Nicaragüense de la Industria del Textil y Confección), tenemos en el país 110 empresas de zona franca, en las que trabajan entre 110 mil y 130 mil trabajadoras y trabajadores y este gobierno expresa un continuo entusiasmo por atraer más y más zonas francas.

Hay industrias maquiladoras de cuero y calzado, de tabaco en Estelí, de arneses para automóviles en León, las hay de productos agroindustriales, están comenzando los call centers, pero el sector textil-vestuario sigue siendo el más numeroso. Y se espera que tendrá un mayor repunte, porque quieren que no sólo sean empresas para pegar piezas, sino para confeccionarlas enteras y a partir de más tierras del país dedicadas al algodón, aun sabiendo el desastre ecológico que ese cultivo ya provocó en décadas pasadas.

Escuchamos continuamente en los medios de comunicación que Nicaragua vive un auge económico. Y escuchamos también continuamente que el problema principal de este país es el desempleo. Las salidas para el desempleo son la migración, el trabajo informal por cuenta propia y el trabajo en la zona franca. Pero las zonas francas son un paliativo pequeño al problema del desempleo, porque emplean actualmente a menos del 5% de la población económicamente activa del país. El actual gobierno es el que le ha abierto, más que ningún otro, las puertas al capital extranjero. Y ha seguido promoviendo la imagen de Nicaragua como país atractivo y competitivo por su favorable “clima de negocios”.

Nicaragua se promueve por su seguridad: no hay en el país conflicto armado, no hay delincuencia organizada, no hay secuestros, no hay huelgas, no hay manifestaciones… Todo es favorable para los inversores. Ciertamente, Nicaragua está mejor posicionada en la seguridad ciudadana, medida así, que el resto de países de Centroamérica -a excepción de Costa Rica-, mejor que México y mejor que algunos países latinoamericanos. Esos criterios de seguridad atraen a profesionales con experiencia, gente que tal vez no tiene trabajo en sus países, que viene a Nicaragua a ocupar cargos gerenciales en muchas de las empresas de capital extranjero que están llegando a nuestro país.

El clima de negocios favorable a las maquilas también se debe, en gran medida, a que estas empresas reciben exenciones tributarias. No tienen que pagar impuestos durante diez años, no sólo por lo que producen sino por toda la materia prima que compran para producir. El 90% de la materia prima que se usa en las zonas francas de este país viene de afuera. Ni pagan impuestos ni compran insumos nacionales. Si al menos se establecieran en algún municipio y compraran producción nacional, entonces generarían una dinámica económica beneficiosa para el país. Prácticamente son enclaves y funcionan como territorios autónomos en el territorio nacional, aun cuando tienen que mantener relaciones con el Ministerio del Trabajo, el Ministerio de Salud y el Seguro Social y consumen energía y agua.

Lo que se promueve como más favorable en Nicaragua es su abundante mano de obra desempleada y, sobre todo, su mano de obra barata. En Nicaragua la población económicamente activa es de 2 millones 900 mil personas y el 77% de esa población es menor de 39 años. Y cada año salen al mercado laboral miles de jóvenes. Y como no hay otras oportunidades de empleo para ellos y ellas, el país se convierte en especialmente atractivo para el inversionista de zonas francas. Las empresas maquiladoras contratan a muchachas y a muchachos de entre 16 y 30 años. Una gran cantidad de esa juventud que va a caer a la maquila porque no encuentra otras oportunidades de trabajo, son bachilleres. Hay miles y miles de bachilleres trabajando en las maquilas. Un estudio que hizo Pro Nicaragua, la agencia estatal que promueve a Nicaragua en el extranjero, anuncia, además, que el 10% de la juventud nicaragüense sabe hablar inglés, lo que es otro atractivo para el inversionista.

Las maquilas, única fuente de empleo masivo que ha prosperado en este país, se nos está “comiendo” el bono demográfico. Es la maquila la que lo está aprovechando. La maquila se está llevando a nuestra juventud, a nuestro más joven capital humano. Y ya sabemos que el capital humano es lo mejor que tiene cualquier país. En el modelo de “desarrollo económico” que hoy tenemos, un desarrollo de cifras -producto interno bruto creciendo, incremento de las exportaciones, aumento de la inversión extranjera- nos estamos olvidando del desarrollo humano y le estamos regalando nuestra juventud a la maquila.

El último estudio sobre riesgos del mercado laboral publicado por “The Economist Intelligence Unit” califica a Nicaragua como el segundo país de América Latina donde la inversión extranjera corre menos riesgos. Este índice mide varios factores: el poder de los sindicatos, las restricciones salariales y de contrato -esto quiere decir que no existe en Nicaragua ninguna restricción ni salarial ni de contrato que imponga limitaciones al empleador-, señalan que no hay huelgas, que hay disciplina laboral, que hay buenas oportunidades para alquilar la infraestructura en donde instalar el parque industrial, que las disputas laborales se solucionan sin problemas… También hay facilidades para que prosperen en Nicaragua las llamadas empresas “golondrina”, ésas que llegan, comienzan a producir y al tiempo o se van a otro país que les resulta más favorable o cambian su razón social, dejando sin respaldo a las trabajadoras y a los trabajadores que quedan en el desempleo y no pueden reclamar a nadie sus prestaciones laborales.

Con tal cantidad de ventajas Nicaragua resulta muy atractiva y muy competitiva para la inversión extranjera. En América Latina, sólo Haití nos gana en mano de obra barata. ¿Por qué entonces la maquila no va a invertir a Haití? Porque en Haití no encuentran la infraestructura que tiene Nicaragua y tendrían que invertir en construirla. Tampoco van a Haití porque nuestra mano de obra barata tiene en su mayoría el bachillerato y eso contribuye a que capten más rápido el trabajo que deben hacer. En Haití pagan 86 centavos de dólar la hora. Nicaragua paga 1 dólar 5 centavos la hora. A nivel mundial, sólo nos ganan pagando menos aún Bangladesh, Vietnam y la China rural, donde pagan la hora a menos de un dólar.

El 1 de enero de 2015 concluyeron las tarifas preferenciales conocidas como TPL, que Estados Unidos concedió sólo a Nicaragua dentro del CAFTA para beneficiar a las zonas francas de textil-vestuario. Pero el fin de los TPL no está teniendo el impacto tan negativo que se esperaba. Sí ha disminuido la producción textil-vestuario y han ido al desempleo unas 7 mil personas aproximadamente, lo que ha venido a aumentar la carga laboral al personal
que queda. Pero se temía un impacto mayor. La crisis financiera de 2008-2009 tuvo efectos mucho más negativos: se cerraron empresas y unas 30 mil personas perdieron su empleo en las zonas francas.

La realidad que estamos viendo es que, aun sin TPL, Nicaragua, por los bajos salarios que el gobierno les permite a estas empresas y por su “disciplina laboral”, sigue siendo atractiva y competitiva.

En toda Nicaragua la mayoría de los alcaldes reciben con bombos y platillos a la zona franca que llega a su municipio porque dará empleo a unas mil personas, a más o a menos. No se ponen a pensar en las secuelas que las condiciones laborales de la zona franca dejarán en la salud de la juventud de ese lugar.

Si aceptamos la triste realidad de que las zonas francas son las que están aprovechando el bono demográfico empleando a nuestra juventud, veamos ahora cómo trabajan esos jóvenes, especialmente las mujeres, porque son mayoría en las maquilas y porque es con ellas con quienes más he trabajado y compartido. La información que les brindo incluye referencias a empresas maquiladoras de otros países de Centroamérica.

En algunas de estas empresas las mujeres realizan hasta 20 mil movimientos repetitivos diariamente. La repetición continua de movimientos y las posturas forzadas del cuerpo durante horas, días y meses tienen consecuencias produciendo trastornos en músculos y huesos que pueden dejar a una persona discapacitada de por vida. En las maquilas las mujeres escuchan durante horas la vibración de máquinas que aturden con su ruido.

En algunas empresas textiles flota en el ambiente la mucha pelusa que producen las telas sin que se les faciliten buenas mascarillas a las obreras. En otras empresas tienen que manejar o aspirar químicos que son tóxicos
y que se usan de forma indiscriminada. Hay en las empresas o altas temperaturas en lugares muy cerrados con deficiente iluminación o muy bajas temperaturas en lugares también cerrados. Es el caso de la Costa Caribe, donde las mujeres que empacan camarones tienen que usar botas de hule en salas amplias y muy heladas. Esas mujeres tienen problemas respiratorios y hongos a causa de la humedad permanente en los pies.

En la maquila el ritmo de trabajo es extenuante. A las trabajadoras se les exigen altas metas de producción. Cuando algunas empresas tienen pedidos importantes y tienen que cumplir en muy poco tiempo, aplican la fórmula del 4 x 4 y del 3 x 4. Significa trabajar cuatro días continuos y descansar los cuatro días siguientes. En los cuatro días de trabajo se trabajan prácticamente las 24 horas con un descanso corto de sólo unas horas. La fábrica trabaja día y noche, no se cierra, no se para. Mientras un grupo trabaja otro descansa, y cuando ésos descansan los otros trabajan. Se les ponen metas de producción inalcanzables. Les dicen, por ejemplo, que cada una tiene que pegar 3 mil cuellos de camisas. Y si la capacidad de una mujer sólo le da para pegar 1 mil 500 cuellos, tiene que trabajar horas extra hasta cumplir la meta, pero esas horas extra no se las pagan porque ésa fue la meta fijada. Sólo les pagan horas extra cuando van más allá de la meta de producción que les pone la empresa.

Las jornadas laborales son agotadoras y con poca o nula autonomía de movimiento. En algunas empresas se les cierra con llave el servicio higiénico y sólo se abre una hora en la mañana y una hora en la tarde. El resto del día permanece cerrado. Como si uno pudiera programar su cuerpo para ir al baño... Cuando estábamos haciendo la agenda de los derechos laborales de las trabajadoras de las maquilas conocimos que en una de las maquiladoras hondureñas les estaban exigiendo a las mujeres ir a trabajar con pampers, con pañales, para que así no fueran al baño durante toda la jornada de trabajo. La protesta de las mujeres impidió que ese abuso se materializara. En algunas empresas no se respetan las horas de almuerzo y si se tardan más del tiempo fijado. O almorzando o en el baño, les descuentan del salario. Todo retraso se anota.

Son muchas las enfermedades derivadas de estas condiciones laborales. En Honduras, la organización de mujeres CODEMUH hizo un estudio sobre las consecuencias en la salud de las mujeres que trabajan en las maquilas.
Detectaron trastornos musculo-esqueléticos por estar en una misma posición durante horas repitiendo el mismo movimiento, trastornos en la piel, enfermedades respiratorias (neumonía y bronconeumonía) por respirar ambientes cerrados y no sanos durante muchas horas, gastritis, colitis y enfermedades en las vías urinarias como cistitis, por no respetar las horas de comidas, no disponer de los servicios higiénicos y no tomar suficiente agua… También padecen trastornos oculares y de la piel, hipertensión, mialgias y neuralgias.

Hay también complicaciones antes y después del parto. Las mujeres embarazadas y las que amamantan realizan las mismas labores y en las mismas condiciones que las demás trabajadoras, colocando en alto riesgo su salud y la de la criatura. En algunas empresas se les impide el control médico prenatal y postnatal y cuando se les permiten tienen que reponer el tiempo de la cita, teniendo jornadas de trabajo intensas, causándoles en algunos casos presión arterial alta, preeclampsia, hemorragias…

En Guatemala, una organización de mujeres hizo un estudio en un municipio rural donde había niños y niñas con problemas de deformación y en el estudio se descubrió y demostró que todas esas niñas y niños eran hijos de mujeres trabajadoras de las maquilas. El hecho de estar agachadas durante muchas horas recolectando vegetales o manteniendo una misma posición o inhalando y manipulando los potentes químicos usados en la empresa, estando ellas embarazadas, eran la causa de las deformidades infantiles.

También las condiciones laborales de estos trabajos provocan envejecimiento prematuro en quienes los realizan durante mucho tiempo. Se detectó que trabajadores y trabajadoras padecen de estrés y todo tipo de trastornos sicológicos por trabajar bajo presión, durmiendo mal, soportando ruidos… Y aunque muchas de estas dolencias han sido producidas por las condiciones de trabajo no son consideradas por el seguro social enfermedades laborales. Y a toda esta carga de trabajo en la empresa hay que sumarle la carga que les espera a las mujeres al regresar a sus casas, porque no hemos avanzado mucho todavía en la corresponsabilidad de los hombres en el trabajo en la casa. También la doble carga es causa de violencia intrafamiliar en los hogares.

Con estas condiciones, las maquilas dejan a miles de mujeres jóvenes con secuelas de salud que pueden durar toda la vida. Y dejan a miles de mujeres y de hombres jóvenes estancados, sin posibilidad de desarrollarse profesionalmente, sin poder seguir estudiando. Les impiden estudiar por los horarios de trabajo que tienen que cumplir y también por el agotamiento con que salen del trabajo. La mayoría de las empresas trabajan también los sábados hasta la 1 de la tarde, lo que les impide estudiar en cursos sabatinos.

Y a cambio, los salarios son muy bajos. Según informaciones oficiales que dan cuenta del “éxito económico” que está viviendo Nicaragua, entre 2010 y 2014 las exportaciones de las zonas francas se duplicaron, mientras que los salarios de quienes producen esas exportaciones permanecieron estáticos. De acuerdo a Doing Business 2015, en Panamá, el país con la mejor economía en la región, el salario mínimo en las industrias de zona franca es de 520 dólares mensuales. En Costa Rica de 359 dólares. En Guatemala 288. En Honduras 265. En El Salvador 210. Y en Nicaragua 141.

Lo que ganan las mujeres en la zona franca nicaragüense no cubre ni el 30% del costo de la canasta básica. Una de las demandas de las mujeres que trabajan en la maquila es que el tema del salario mínimo se incluya en las negociaciones de la Comisión del Salario Mínimo que se reúne dos veces al año con participación de funcionarios del gobierno, sindicatos y empresarios.

También hay discriminación contra las mujeres en las zonas francas. Los puestos mejor pagados son para los hombres: los supervisores y los jefes de línea -responsables de cada línea de máquinas en las que trabajan mujeres- son en su mayoría hombres. Las mujeres se ven limitadas en sus posibilidades de ascenso y de desarrollo laboral. En algunas empresas hay irrespeto, humillaciones, maltrato, amenazas de despidos, violencia y acoso sexual laboral. En todas las empresas se les registra diariamente todo el cuerpo a hombres y a mujeres, tanto al entrar como al salir, para que no se “roben” alguna pieza. Ese toqueteo diario, que hacen los vigilantes, se presta a abuso sexual. Las mujeres trabajadoras tienen que enfrentar esa humillación diariamente. Y dependiendo del interés que tenga el supervisor en determinada trabajadora, habrá gestos y miradas morbosas y continuas evaluaciones, lo que constituye acoso sexual laboral.

En las clínicas en donde el personal médico forma parte de la empresa es frecuente que no se haga caso a las constancias médicas, que se les quite importancia a las enfermedades de las que se quejan las trabajadoras como consecuencia del trabajo que realizan. También les descuentan el salario de los días que les dan como subsidio por enfermedad. Una de las demandas de las mujeres es que las clínicas que las atienden no estén dentro de la empresa y, si están dentro, que el personal médico no sea parte de la empresa, que sea especializado en medicina laboral y que también sea rotativo, que no esté siempre el mismo personal en la misma empresa.

En algunas empresas la ausencia por maternidad no se compensa salarialmente. Otras no tienen cobertura de seguridad social. Otras les quitan a las trabajadoras la contribución al seguro social, pero no las registran en el seguro. En algunas pagan con tarjeta y cuando las trabajadoras van al banco a sacar el dinero de su salario ven que les han descontado una cantidad que no es la correcta, y cuando reclaman, la empresa no se hace responsable porque ya firmaron el recibido.

En los contratos hay muchas empresas que emplean en período de prueba y ese período dura tres meses, a veces hasta seis meses. Durante los meses de prueba les pagan el salario, pero no tienen derecho a ninguna prestación social. Aunque eso no es legal, se les permite y nadie reclama por temor a no quedarse fija en planilla por haber reclamado. Una de las demandas que hacen las trabajadoras es que cuando llegue a instalarse el país una empresa se le exija dejar un depósito como respaldo para cubrir las prestaciones sociales de los trabajadores cuando la empresa se vaya del país o cambie de razón social.

No todos estos abusos se dan en todas las empresas. En los encuentros que realizamos con trabajadoras de la maquila les pedimos a las mujeres que digan el nombre de la empresa, para no generalizar. En algunas de las más avanzadas facilitan que las mujeres se hagan mamografías, papanicolau, exámenes de la vista y otros exámenes médicos.

Una de las demandas de las mujeres es que cuando el Ministerio del Trabajo llegue a la empresa a hacer las inspecciones no llame antes anunciando que va a llegar. Las mujeres reclaman que aparezcan por sorpresa
y que no sólo entrevisten a los jefes de línea, que hablan maravillas de la empresa, o a los del sindicato, que no señalan nada, sino a las trabajadoras.

Dicen las mujeres que muchas empresas, cuando saben que va a llegar el Ministerio, ponen las mejores máquinas a trabajar, encienden el aire acondicionado y les dan el equipo de protección adecuado. Y cuando se van los del Ministerio vuelven a trabajar las máquinas más viejas y más ruidosas y apagan el aire acondicionado. ¿Y cuando el Ministerio del Trabajo encuentra irregularidades qué hace? Envía una notificación a la empresa. Y nada más, no se le da seguimiento a los casos, lo que es prioritario para mejorar las condiciones laborales.

Con este nivel de explotación, con tantas ventajas y con estas condiciones laborales las maquilas han distorsionado el mercado laboral nacional. No podemos considerar el trabajo de las maquilas como un trabajo digno si se trabaja en las condiciones en que se está trabajando en la mayoría de estas empresas. Por eso, el Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra ha hecho énfasis en la consigna “Empleo sí, pero con dignidad”. Es eso lo que quieren lograr las mujeres, es eso por lo que luchan.

Los sindicatos han sido la herramienta que históricamente ha sido más útil para defender los derechos laborales de trabajadores y trabajadoras. Desgraciadamente, los que hoy están presentes en las zonas francas no son beligerantes. En algunas empresas está prohibida la organización sindical y quienes intentan organizarse son despedidas.

Es cierto que si comparamos las condiciones de trabajo que hay actualmente con las de hace años hay algunas mejoras. Nos comentaba una trabajadora que hubo un tiempo en el que los jefes de línea pegaban cachetadas a las mujeres para reprenderlas. Eso ya no se permite. Si alguien le pega a una trabajadora ella lo puede denunciar. Es un avance. Antes, a todas las mujeres que solicitaban empleo en las zonas francas les exigían un examen para comprobar que no estaban embarazadas y en base a eso decidir si les daban o no el empleo. En algunas empresas todavía sucede, pero si la mujer lo denuncia y lo hace público la empresa se mete en problemas. Ese abuso también ha ido desapareciendo y está prohibido por el Ministerio del Trabajo.

Ha habido avances, pero también hay retrocesos, porque antes no existían las jornadas 4 x 4, que son expresiones de lo que se llama “flexibilización laboral”, aplaudida por algunos. También se está dando otra forma de flexibilización laboral: la subcontratación. Pongamos un ejemplo: una maquila textil tiene un pedido grande de uniformes y subcontrata a doña María, que tiene 10 mujeres que le trabajan, para que le entregue 300 uniformes. Y contrata a doña Panchita y le pide otros 300 uniformes y así, poco a poco va cubriendo el pedido. Les paga a doña María y a doña Panchita, pero ¿quién asume el pago de la luz, del agua, del gasto de las máquinas, que han hecho doña Panchita y doña María? Los asumen ellas, no la gran empresa. Y las empresas grandes tampoco les pagan prestaciones sociales ni a doña Panchita ni a doña María ni a las mujeres que les trabajan.

En Nicaragua ya se está dando la subcontratación, aunque se da aún más en el resto de Centroamérica. En algunos países de América Latina esta modalidad de los talleres familiares trabajando para grandes empresas está predominando. Dicen que “beneficia” a las mujeres porque así no salen de sus casas, porque así pueden seguir cuidando a sus hijos y están más tranquilas. Pero, sin duda, ésta es otra forma de explotación económica y de doble jornada laboral.

¿No podría Nicaragua crear otras oportunidades de trabajo para nuestra juventud? El Informe de Desarrollo Humano del PNUD, realizado en Nicaragua en 2011 y dedicado a la juventud, nos da pistas. Una de ellas es una inversión consistente en la educación técnica para capacitar a nuestra juventud, para que así logre trabajos más dignos y mejor remunerados.

En la zona franca de Costa Rica las empresas capacitan a sus trabajadoras y trabajadores. Hay allí maquilas de computadoras, de celulares, de material informático, de aparatos tecnológicos… Requieren mano de obra calificada y tienen mejores salarios. Nicaragua debería invertir más y más en educación técnica. Y no solo en la que brinda INATEC. Hay que crear institutos técnicos en todos los departamentos y hay que exigir que brinden capacitación en una variedad de profesiones técnicas y que no sólo enseñen a las mujeres a hacer queques y a cortar el pelo. Requerimos una educación técnica que no esté basada en la división sexual del trabajo.

Tenemos que preparar a nuestra juventud como mano de obra calificada. Así aprovecharíamos el bono demográfico. El gobierno también debería apoyar más a la microempresa y a la pequeña empresa. El sector turismo, por ejemplo, es prometedor para desarrollar cadenas productivas en las comunidades, porque donde llega el turista se beneficia a los productores agrícolas, a los artesanos, a los del sector servicios, a muchos más. Pero actualmente la ley de turismo sólo da incentivos fiscales a las grandes empresas turísticas.

Es lamentable que en zonas tradicionalmente dedicadas a la artesanía, y a muy buena artesanía, se estén instalando también zonas francas. Por ejemplo, en los llamados “Pueblos Blancos” hay familias con una valiosa tradición de hacer muebles, hamacas, preciosas artesanías. Es un aprendizaje acumulado durante generaciones con un enorme valor cultural. Sin embargo, hoy la juventud de esos pueblos ya no quiere trabajar en la empresa familiar. Ve que las jóvenes que trabajan en la zona franca tienen el celular más caro y de último modelo y visten la ropa de última moda y se deslumbran y ya no quieren trabajar en lo tradicional sino irse a la maquila sin conocer las secuelas en la salud que les dejará ese trabajo. Esos celulares, a veces los más caros, se los venden a crédito a las muchachas y a los muchachos en la empresa. Les descuentan cada mes un poquito del salario porque que los tengan les sirve de anzuelo para atraer a otros jóvenes a la maquila. Saben que su mano de obra es joven y así los seducen.

Sabemos que el bono demográfico con el que hoy contamos tiene un plazo. Después del año 2040 ya no tendremos la oportunidad que hoy tenemos y seremos más las personas viejas que las jóvenes en edad de trabajar. Se acabará entonces el bono demográfico. Desde ahora hay que demandarle al gobierno otras alternativas de trabajo en los municipios. La educación técnica y el apoyo al desarrollo de las microempresas y de las pequeñas empresas evitarían que nuestra juventud se vea forzada a caer en la zona franca por no tener otra opción. Queremos que de las universidades salgan profesionales no solo para irle a trabajar a “don Fulano”, sino que salgan profesionales con capacidad de abrirse paso en sus pequeñas empresas propias. Queremos escuelas técnicas en todo el país para desarrollar nuevas capacidades en nuestra juventud.

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