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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 65 | Noviembre 1986
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Nicaragua

Los mískitos en la propaganda Reagan

La campaña propagandística del gobierno de Estados Unidos sobre la Costa Atlántica de Nicaragua, simplista, descontextuada, mentirosa y distorsionadora, es una importante pieza en la guerra de agresión contra Nicaragua.

Equipo Envío

Quien piense que en Estados Unidos la prensa es libre y el ciudadano medio tiene posibilidades de acceder habitualmente a una información objetiva, se equivoca. En el caso de Nicaragua, y particularmente en el tema de los mískitos, la desinformación fabricada y difundida por la Administración Reagan alcanza volúmenes preocupantes.

Publicar "la gran mentira" o perecer

La manipulaciones de los medios de comunicación - y, por consiguiente, de la opinión pública - por parte del gobierno norteamericano, no son nada nuevo. No es nuevo tampoco el que deliberadamente o no haya periodistas que participen de esas manipulaciones. Se trata de un tradicional estilo de hacer política que emplea el gobierno de Estados Unidos. Lo nuevo en la actual Administración es la perfección a la que ha llevado ese estilo, hasta convertirlo en "la gran mentira".

A diferencia de loas tradicionales campañas de desinformación, Reagan no las basa en el suministro de informaciones falsas o secretas a una red de periodistas, sino que hace descansar fundamentalmente su "gran mentira" en una premisa similar a la que enarboló Goebbels, el responsable del aparato de propaganda nazi: si se repite algo continuamente, al gente terminará creyéndolo. Descansa en el hecho de que toda información proporcionada por la Administración -sea o no verdad se convierte en primer plana una y otra vez - no importa el numero de repeticiones-. Esta táctica basada su confianza en que la mentira será difundida fiel y repetidamente, pero nunca su desmentido llegará a ocupar el punto central de otra noticia.

Grietas en la "gran mentira"

Pero a veces grietas en la "gran mentira". Es lo que ha ocurrido en el mes de octubre en Estados Unidos. Veamos algunas de las últimas evidencias:

2 octubre 1986: The Washington Post y The Wall Street Journal revelan planes secretos de desestabilización contra el líder libio Khadafi, elaborados por el Presidente Reagan y su Consejo de Seguridad Nacional, con el objetivo de hace creer a Khadafi que Estados Unidos está a punto de bombardear Libia otra vez y preparar a la opinión pública para esta eventualidad.

5 octubre 1986: The Philadelphia Inquirer informa que la CIA posee un abultado presupuesto anual para mantener una red de periodistas, periódicos y otros medios de comunicación listos para llevar a cabo campañas de propaganda en cualquier momento en que las precise para sus planes.

8 octubre 1986: Bernard Kalb, vocero del Departamento de Estado y ex-corresponsal respetado entre el público norteamericano, renuncia a su cargo para resguardar su credibilidad, a la luz de las revelaciones hechas sobre la campaña de desinformación contra Libia.

13 octubre 1986: Mientras muchos periodistas intentan demostrar su independencia revelando conexiones entre funcionarios del gobierno Reagan y Eugene en Nicaragua, The Miami Herald destapa otras "conexiones": desde hace tres años la Administración Reagan ha estado pasando desinformación a los periodistas como parte de una campaña para erosionar el apoyo internacional al gobierno sandinista. Un funcionario no identificado de la Administración declaró que se trataba de "una vasta operación de guerra psicológica" y citaba como pieza central de esa operación la llamada "crisis de los Mig", fabricada el 6 de noviembre de 1984 con el fin de opacar la cobertura internacional de noticias positivas sobre las elecciones en Nicaragua.

Ronald Reagan, fabricador de mentiras

A pesar de las grietas, la confianza de la Administración Reagan en la eficacia de su "gran mentira" se ha visto recompensada. Periodista que en otros tiempos no dudaban en destruir la carrera de un Presidente si resbalaba en la escalerilla de un avión, tienden ahora a mostrarse totalmente respetuosos frente a las mentiras que Reagan fabrica en sus conferencia de prensa y comparecencias públicas.

Refiriéndose al discurso de Reagan del 9 de mayo de 1984 sobre la política norteamericana hacia Nicaragua, un periodista de la sección de análisis de una de las más importantes cadenas de periódicos de Estados Unidos, dijo: "Después de la mentira número 17, perdí la cuenta, pero no escribí una sola palabra sobre esto". En esa misma ocasión, otro periodista añadió: "Cuando el Presidente volvió a hablar de la persecusión a los judíos, no podía creerlo. Ya habíamos enviado tres equipos a Nicaragua por este asunto y con dificultad lograron encontrar a un judío...Pero esta vez no podíamos volver a hablar sobre ese asunto".

Los corresponsales norteamericanos en Nicaragua ya no pierden el sueño para resolver la contradicción que se les plantea entre escribir un reportaje objetivo sobre Nicaragua y asegurar su futura carrera profesional, que se verá afectada, si son objetivos, por los virulentos ataques de la derecha norteamericana.

Aunque en honor a la objetividad, hay que señalar que no todos los periodistas norteamericanos participan de la "gran mentira". Por ejemplo, el veterano articulista de The Nation, Alexander Cockburn, que escribió refiriéndose al discurso de Reagan del 16 de marzo de 1986 sobre Nicaragua: "Conté 47 falsas conclusiones, distorsiones, deducciones incoherentes y tergiversaciones directas. En 20 minutos de paroxismo vi condensadas todas las mentiras que sobre Nicaragua ha elaborado la derecha en estos seis años".

No perdonó Cockburn a sus colegas de los medios: señaló que sólo hicieron tímidos esfuerzos para responder a tantas falsedades y los criticó especialmente por no informar sobre una noticia publicada el mismo día del discurso del Presidente por el San Francisco Examiner, revelando que la contrarrevolución nicaragüense era financiada por las redes de tráfico de cocaína, con el conocimiento de las autoridades federales. "Haber tenido esta información y no haberla utilizado, mientras el Presidente Reagan estaba denunciando los nexos de los sandinistas con el tráfico de drogas, indica un preocupante grado de autocensura por parte de la prensa norteamericana, que ha llegado a considerar como traición el refutar al Presidente con los hechos o con comentarios críticos de los opositores serios a su política".

"Yo soy un mískito": un caso para estudio

La persecución a los judíos, la persecución a la Iglesia, la persecución a la prensa, son tres temas "sagrados" que han sido usados por la Administración Reagan para conseguir sus objetivos, teniendo muy poco en cuenta la realidad misma. Otro tema en este catálogo es la persecución a los indígenas. Teniendo el gobierno norteamericano tan poca autoridad moral para hablar de un tema en el que las fallas históricas de Estados Unidos son clamorosas, Reagan no parece muy preocupado por el conflicto que pueda crearse entre las imágenes elaboradas por su ficción política y la realidad. Demostrando un gran atrevimiento en un tema de por sí polémico, el presidente ha hecho de los indios mískitos otra de sus más célebres causas, siempre y cuando esos indígenas acepten mantenerse en su papel de indefensas víctimas.

La campaña empezó a comienzos de 1982, cuando el gobierno sandinista evacuó 49 aldeas mískitas del río Coco, en el borde fronterizo con Honduras, en la Costa Atlántica. Esta reubicación fue consecuencia de dos meses de escaramuzas militares de mískitos y ex-guardias somocistas que operaban en los puestos fronterizos. En estos enfrentamientos murieron 60 personas, entre ellas varios mískitos civiles, brutalmente asesinados por estar colaborando con la revolución.

En varios informes que relatan los sucesos de estos primeros momentos de la guerra en la Costa no hay referencia constante a la muerte de un grupo de civiles mískitos en Leimus, un poco antes de la evacuación. La acusación a los sandinistas por estas muertes dejó huella. Uno se preguntaba: si lo de Leimus es cierto "por qué no van a ser ciertas otras acusaciones?*

*El informe de Amnesty International de marzo/86 aporta toda una serie de datos sobre los conflictivos acontecimientos ocurridos en Leimus en diciembre de 1982. El informe indica, entre otras cosas, que las fuerzas sandinistas describieron que durante una breve ocupación de San Carlos dos días antes por "fuerzas de oposición" (presumiblemente mískitas) "siete soldados sandinistas capturados habían sido torturados y asesinados, siendo mutilados sus cadáveres". En el informe de Americas Watch de julio/85 titulado: "Derechos Humanos en Nicaragua: Reagan, retórica y realidad", se dice que "no existe evidencia que éstos (el incidente de Leimus y otro similar, supuestamente ocurrido en Walpa Siksa en 1982, del que Amnesty dijo tener pruebas) fueran dirigidos o permitidos por el gobierno central..." Al hablar del caso Amnesty declara: "No hay ninguna evidencia de asesinatos de mískitos de forma indiscriminada o por motivos raciales".

La imagen de los sandinistas como ávidos perseguidores de los mískitos estuvo también alimentada por otros factores que favorecían la campaña de la Administración: la decisión de los dirigentes de los mískitos alzados en armas de lanzar acusaciones calumniosas contra los sandinistas, la arraigada tendencia de muchos mískitos de dar una credibilidad total a las acusaciones formuladas por sus dirigentes y a incorporarlas a su tradición oral como hechos vividos por ellos y la atávica creencia de indígenas y no indígenas de que la violencia es la única relación posible entre los pueblos indígenas y cualquier gobierno central. La campaña estaba ayudada permanentemente por el objetivo de la Administración Reagan de distorsionar u omitir cualquier contexto aclaratorio.

Como veremos mas adelante, la campaña sobre los mískitos de la Administración Reagan se ha apartado aún más de la realidad en el año 1985 y la pregunta a la que trataremos de responder es: por qué precisamente sucede ahora esto.

Primeros y legendarios excesos de Reagan

Los primeros excesos de Reagan y su gente sobre este tema son ya legendarios.

-No contenta simplemente con cuestionar las intenciones o la eficacia de los sandinistas al tomar la medida de evacuar a las comunidades mískitas de la conflictiva frontera con Honduras, Jeane Kirkpatrick, entonces embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, afirmó que los abusos cometidos contra los mískitos por el gobierno nicaragüense eran "la violación más masiva que contra los derechos humanos se habían cometido en Centroamerica". Las instituciones que trabajan en el campo de los derechos humanos quedaron estupefactas ante esta declaración, teniendo en cuenta el terrorismo de los escuadrones de la muerte en El Salvador y las matanzas de miles de indios guatemaltecos, situaciones que venían denunciando estos organismos desde hacía años, sin que encontraran ningún eco en la Administración Reagan.

-También en aquel tiempo, Kirkpatrick, en el programa de TV "Informe MacNeill-Lehrer", denunció que los sandinistas estaban construyendo campos de concentración para 250 mil mískitos. Esta cifra es, tirando muy bajo, tres veces superior al número total de mískitos que existen en Nicaragua. Hay que tener en cuenta también que de ese total, sólo 22 mil vivían en territorios fronterizos y que de ellos, sólo 8.500 fueron desplazados a asentamientos que no tenían nada que ver con lo que se define como "campo de concentración".

-El más escandaloso de estos hechos iniciales de la campaña de desinformación fue la fotografía publicada en la revista derechista francesa Le Figaro, en donde se presentaba a mískitos quemados vivos por los sandinistas. Cuando el entonces Secretario de Estado, Alexander Haig, blandió la revista con la foto ante las cámaras de la TV norteamericana, el autor de aquella fotografía la identificó inmediatamente como una que había tomado en 1978 durante la insurrección contra Somoza: los supuestos mískitos quemados no eran sino jóvenes sandinistas asesinados por la Guardia Nacional y a los que la Cruz Roja había incinerado después para evitar epidemias como se tuvo que hacer en muchas ocasiones en aquellos días.

Sin perder una sola oportunidad

El Presidente Reagan no ha perdido oportunidad de referirse personalmente a los mískitos en su letanía de mentiras contra la revolución nicaragüense.

-En su discurso del 9 de mayo de 1984 afirmó: "Se ha intentado aniquilar totalmente una cultura -la de los indios mískitos-, miles de ellos y han sido asesinados o detenidos en campos de concentración, en los que han sido sometidos a malos ratos. Sus pueblos, iglesias y cosechas han sido quemados".*

-Durante la cena ofrecida el 15 de abril de 1985 por Reagan para recoger fondos para los refugiados nicaragüenses, el Presidente norteamericano hizo algunos comentarios en los que fue mas lejos aún: "Como ustedes saben, los mískitos apoyaron a los sandinistas contra Somoza, pero poco después de que tomaran el poder, los sandinistas intentaron adoctrinar a los mískitos en los dogmas marxistas y los indígenas se resistieron. Los sandinistas impusieron a sus propios dirigentes sobre las comunidades mískitas y los indígenas se resistieron. Los indígenas resistieron tanto que los sandinistas los tildaron de "burgueses" y, por esto, de enemigos del pueblo. Entonces, empezaron a arrestar a los líderes indígenas. Algunos fueron asesinados, otros torturados. Un mískito explicó a la gente de nuestro sindicato AFL-CIO con Tomás Borge y otros dirigentes sandinistas 'vinieron a mi celda a advertirme que el sandinismo se establecería en la Costa Atlántica aunque hubiera que eliminar a todos y cada uno de los indígenas'.".**

-En la Base Aérea de Bitberg (Alemania Federal), tres semanas después más tarde, Reagan, evocando al Presidente John F. Kennedy, afirmó: "Hoy el pueblo amante de la libertad en todo el mundo debe decir: yo soy un berlinés, soy un judío en un mundo todavía amenazado por el anti semitismo, soy un afgano, soy un prisionero del Gulag, soy un refugiado que escapa en un barco abarrotado de gente de las costas de Vietnam, yo soy un laosiano, un camboyano, un cubano, un indio mískito de Nicaragua,. Yo soy también una victima potencial del totalitarismo".

-A continuación, ya en Birmingham, Alabama, dijo a un grupo de visitantes que los sandinistas tenían en marcha "una campaña de virtual genocidio contra los mískitos".

Afirmaciones falsas

Es falsa la afirmación sobre la destrucción de la cultura mískita, sobre el asesinato de mískitos y los malos tratos en el asentamiento de Tasba Pri.

Es un simplismo hablar del apoyo de los mískitos a los sandinistas, cuando la mayoría de los indígenas ignoraba quien era Somoza y quiénes eran los sandinistas. Es falsa la indoctrinación marxista de los indígenas, la imposición de líderes sandinistas y el que los lideres sandinistas identifican como "burgueses" a los mískitos. Es cierta la detención, pero por muy breve tiempo, en 1981, de los dirigentes mískitos, pero incluso Stedman Fagoth fue dejado en libertad a los dos meses, aun cuando se conocía que había trabajado como informante de los órganos de la seguridad de somoza en los años 70. La afirmación hecha a la AFL-CIO la hizo el propio Fagoth, pero es una falsedad.

En una inusual crítica a las mentiras del Presidente ("Falsedades de Reagan sobre Managua", NY1, 18 junio 1985), el escritor Abraham Brumburg hizo un especial ataque a "la facilidad con el Sr. Reagan y sus seguidores manipulan el termino "genocidio", hablando del caso de los mískitos en los mismos términos que del holocausto judío". Señalando que unos 70 mískitos perdieron la vida en choques con el ejército sandinista hace unos tres años", Brumburg se preguntaba: "¿Cómo puede alguien, que tenga sentido histórico y discernimiento ético, comparar esto con el asesinato sistemático de 6 millones de judíos y de millones de otras personas durante la Segunda Guerra Mundial? Conscientemente o no, estas tácticas de oratoria están extraídas del arsenal totalitario. Según él, hay que pintar a aquellos a los que se intenta destruir con los más chocantes y horribles colores".

A mayor victimización de los mískitos, más guerra

Todos estos comentarios de Reagan tienen en común el estar basados en situaciones ocurridas por lo menos dos, o incluso tres años atrás. Todos ellos presentan a los mískitos como primeras víctimas pasivas de la represión sandinista, sin que se mencione nunca el hecho de que varios millones de ellos estaban luchando desde hacía años contra los sandinistas con armas y entrenamiento proporcionado por el gobierno de Estados Unidos.

Curiosamente, el único gran discurso de Reagan sobre Nicaragua en los últimos tres años, en el que el Presidente renunció a hacer mención de los mískitos como victimas fue el del 16 de marzo de 1986, el que precedió a la primera votación que se hizo en la Cámara de Representantes sobre la ayuda contrarrevolucionaria. ¿Una posible razón? En esos mismos días el ex-dirigente del Movimiento Indígena Americano, Russell Means, había sacado a los mískitos de la categoría de victimas para incluirlos en la de la contrarrevolucionarios inoportunos. Específicamente, Means y Brooklyn Rivera, dirigente del grupo armado mískito Misurasata, habían reclamado en esos mismos días a Elliot Abrams, desde las páginas del The Washington Post que levantara la condición impuesta para otorgar ayuda militar a los mískitos de Misurasata.

Esa condición no era otra que Misurasata se uniera Kisan. "Si nosotros conseguimos suficiente ayuda militar y humanitaria para Misurasata en la Costa Atlántica podríamos tener de inmediato un ejército de 15 mil hombres y, respondiendo a los intereses anti-comunistas, expulsaríamos al gobierno comunista de Nicaragua de la Costa Atlántica en sólo unos meses", había prometido Means, en una rueda de prensa en San José de Costa Rica.

La conferencia de prensa fue convocada para denunciar un ataque sandinista a Brooklyn Rivera, a Means y a otros dos indígenas norteamericanos que habían entrado clandestinamente a la Costa a comienzos de enero. En una conversación reciente con miembros de Instituto Histórico Centroamericano en Washington, el periodista Bob Martin, que acompaño al grupo, admitió en forma privada que Rivera había usado este viaje para alentar a las comunidades mískitas que están en la así llamada "zona de paz" a abandonar el cese al fuego, que es efectivo en estos lugares desde hace nueve meses, y a reintegrarse a la lucha armada.

Sólo tres días antes del discurso de Reagan se hicieran publicas las diferencias existentes entre los indígenas de Misurasata y Abrams.

En su artículo del New York Times, Abraham Brumberg decía de Reagan: "Convencido, aparentemente, de que el fin justifica los medios, está listo para usar incluso las herramientas menos escrupulosas, incluidas mentiras, medias verdades e mentiras disfrazadas para derribar a los sandinistas. Y, el colmo de todo esto, tiene la desfachatez de proclamar que 'mantiene su compromiso por una solución pacífica en Centroamérica'".

Este duro juicio es más cierto que en ninguno en el caso de la campaña Reagan sobre la Costa Atlántica en el año 1985. Las herramientas inescrupulosas empleadas por la Administración incluyen no sólo mentiras e historias disfrazadas sino la búsqueda del apoyo de organizaciones indígenas o no y de individuos muy cuestionables por sus trayectorias, a la vez que el incremento del apoyo militar, con el fin de asegurarse el control sobre los grupos mískitos armados, precisamente en momentos en que la base social de estos grupos ha sufrido un notable desgaste debido a los avances logrados por el gobierno de Nicaragua en su deseo de responder a las legítimas reivindicaciones de los pueblos indígenas de la Costa y a que los sumus y los ramas han unido su clamor por una solución pacífica al de la mayoría de las comunidades mískitas.

¿Por qué ahora esta nueva campaña?

Octubre de 1984 marca un momento histórico en la lucha indígena en América Latina. En este mes se inicia en Nicaragua, con el proceso de autonomía de la Costa, lo que, si respeta su dinámica propia, podría llegar a ser el viraje total de 400 años de relaciones conflictivas entre los pueblos indígenas del continente y los gobiernos centrales, coloniales y post-coloniales, que nunca los tuvieron en cuenta. Después de varios años de doloroso examen sobre los errores en su política hacia la Costa, el gobierno revolucionario de Nicaragua hizo una autocrítica ejemplar. Los dos aspectos claves de la rectificación eran: el reconocimiento de la legitimidad de las aspiraciones de los pueblos costeños a la autonomía y, en consecuencia, el reconocimiento de que había bases legítimas para iniciar un diálogo con representantes honestos de la lucha armada indígena.

Las pláticas públicas con Rivera (diciembre/84 y mayo/85) en el exterior, y las platicas inicialmente secretas llevadas a cabo con el grupo Misura durante este mismo tiempo en el interior de Nicaragua, introdujeron cambios sustanciales en el panorama bélico de la Costa. A finales de septiembre de 1985, como afirmábamos en estas mismas páginas de envío, la Costa vivía un difícil equilibrio "en el filo de la navaja".*

El documento-guía que bosquejaba los principios fundamentales de la autonomía circulaba por la Costa para una amplia consulta popular; la mayoría de los 14 mil mískitos y sumus evacuados en 1982 habían vuelto al Río Coco y, superando el impacto que provocó en ellos el ver sus antiguas aldeas invadidas por la selva, habían comenzado a reconstruirlas y a sembrar, recibiendo ayuda del Estado y de organismos internacionales. El grupo de Misura dirigido por Eduardo Pantin fue el comandante de más alto rango de Misura dentro de Nicaragua. En nombre de 40 jefes de Misura y representado a un total de 200 hombres en armas, negoció un cese al fuego con funcionarios sandinistas del gobierno regional en reuniones que se llevaron a cabo entre el 17 y el 20 de mayo de 1985. Eduardo Pantin -que había iniciado platicas de paz con el gobierno sandinista- murió poco después, víctima de un inexplicable accidente. Superado el choque por la muerte de Pantin (junio/85), eran cada vez más numerosos los combatientes mískitos que participaban en las platicas, urgido por el anhelo de la comunidades ansiosas de paz y de soluciones políticas y no militares. Todo esto eran novedades positivas. En el lado negativo hay que señalar la reacción norteamericana frente a esta situación en la que la lucha política se había impuesto, por fin, sobre la lucha militar.

Los Estados Unidos intentaron unificar a Misura y a Misurasata en torno al compromiso de continuar la guerra, fortificando su alianza con la FDN y valiéndose de la pantalla de la recién creada Unión Nicaragüense Opositora (UNO). Quienes

Estados Unidos en busca de una unidad estratégica

Estados Unidos intentó unificar a Misura y Misurasata en torno al compromiso de continuar la guerra, fortificando su alianza con el FDN y valiéndose de la pantalla recién creada Unión Nicaragüense Opositora (UNO). Quienes se opusieron a las platicas de Rivera con el gobierno con el gobierno sandinista en Misurasata y los también opuestos al dialogo de Misura renacieron en una nueva organización mískita armada: Kisan. A las 6 semanas de haber sido creada, los hombres de Kisan volaron un estratégico puente entre Puerto Cabezas y el río Coco haciendo casi imposible la llegada de abastecimiento a las comunidades que habían retornado al río.

En cuatro meses llevaban a cabo acciones militares de provocación en las comunidades de las que el ejército sandinista se había retirado como parte de los acuerdos que posibilitaron el retorno al río. En mayo/86 el pastor moravo Wycliffe Diego, dirigente de Kisan - suplió a Fagoth, cuando éste fue destituido de la dirección de Misura admitió a un periodista norteamericano que Kisan había recibido $2 millones de los $27 millones otorgados a la contrarrevolución unos meses antes. En esta cantidad no incluía las ayudas "privadas" de organismos "humanitarios" presentes en la Mosquitia hondureña "para ayudar a los refugiados mískitos" (Woody Jenkins Friends of the Americas, Rev. Moon's Causa Internacional, etc) ni tampoco las armas y otras infraestructuras militares que quedan en la Mosquitia hondureña después de las continuas maniobras militares realizadas allí entre el ejército norteamericano y el d Honduras.

A pesar de todos estos esfuerzos del gobierno de Estados Unidos, hoy en día el balance para Kisan - la reencarnación de Misura - es algo negro. La mayoría de las comunidades indígenas en el norte de la Costa tiene activas comisiones que trabajan por el diálogo; el grupo de Misura en pláticas con el gobierno - que se ha dado el nombre de Kisan Pro Paz- continúa creciendo en número y ganándose el respeto de las comunidades indígenas y está ahora participando en la promoción de la autonomía; borradores del Proyecto de Autonomía, escritos tanto en el norte como en el sur de la Costa están en camino de su aprobación final por representantes electos en las comunidades; en mayo de 1986 eran 200 los mískitos combatientes que se habían acogido a la ley de amnistía entregando sus armas; por lo menos más de 1 mil mískitos y 300 sumus refugiados habían regresado a Nicaragua por el programa de repatriación de las Naciones Unidas; de los 12 mil mískitos que cruzaron el río hacia Honduras en abril/86* más de 7 mil habían vuelto, trayendo consigo a familiares que se habían ido de Nicaragua en 1982.

Como respuesta guerrerista a esta nueva situación, Kisan esta actuando nuevamente en las comunidades situadas a lo largo del Río Coco, amenazando a los mískitos sandinistas y a los dirigentes de Kisan Pro Paz. En septiembre fue asesinado Onofre Martínez, un mískito sandinista con mucha representatividad en las comunidades del río. El crimen fue ordenado por su primo Wilfredo Martínez, dirigente de Kisan. También corrió la misma suerte Jimmy Wilson, ex-jefe de inteligencia de Kisan Pro-Paz. Los mískitos dicen que en muchas comunidades del río hay ahora más miedo al ejército de Kisan que al ejército sandinista.

Informaciones nicaragüenses y de los Estados Unidos coinciden en la promesa norteamericana de incrementar la ayuda a los mískitos contrarrevolucionarios ha provocado un incremento de las luchas internas entre los mískitos alzados en armas.

Los $100 millones de ayuda a la contrarrevolución incluyen $5 millones para Kisan y Misurasata, las dos organizaciones armadas de los mískitos. Cada una dice tener unos 2 mil miembros, aunque los cálculos sandinistas y de otras fuentes independientes estiman cifras más bajas, especialmente en el caso de Misurasata. Recientemente, se le preguntó a Rivera en Estados Unidos si aceptaría esos $5 millones. Respondió que entendía que esa ayuda venía del pueblo norteamericano como un apoyo a la lucha indígena. Presionado por otro periodista para que especificara si aceptarla el dinero en el caso de que fuera administrado por la CIA Rivera respondió: "Veremos".

Mientras el intenso drama humano de los mískitos continúa desarrollándose en la Costa Atlántica, tanto del lado nicaragüense como del lado hondureño, marcándose una vez con más claridad cuál es la frontera entre los que quieren responder a las justas demandas indígenas y los que defienden otros intereses discutibles, la campaña de desinformación siguió desarrollándose en los Estados Unidos, como si nada nuevo hubiera ocurrido en la Costa Atlántica en estos dos últimos años. El cambio principal en el enfoque de esta ola de desinformación está en que así como la ayuda militar a la contrarrevolución tiene su lado oficial y su lado privado, igual sucede con la campaña de propaganda. Hay una nueva vertiente de desinformación "privada" en esta campaña antinicaragüense.

Materiales sobre la Costa Atlántica circulando en Estados Unidos

Trataremos de analizar los contenidos de algunos materiales claves que sobre la Costa Atlántica se difundieron en Estados Unidos en los últimos doce meses, desde el período iniciado con la creación, por el gobierno norteamericano, de Kisan. Analizamos especialmente una publicación del Departamento de Estado de junio/86, titulada "Los desposeídos: indígenas mískitos en la Nicaragua sandinista" y un aporte privado a esta campaña, la película para TV titulada "Nicaragua era nuestro hogar" financiada por Causa International, de la Secta Moon. Aunque el film fue rodado en 1984 y terminado de editarse a principios de 1985, fue presentado a nivel nacional en los canales públicos de la TV de Estados Unidos inmediatamente antes de la segunda votación sobre los $100 millones.

"Desposeídos: una historia que nunca fue así

"Desposeídos" intenta capitalizar las experiencias de los mískitos que pasaron del lado nicaragüense al lado hondureño dle río Coco en el éxodo de abril/86. Este éxodo, según informes de periodistas y observadores de Americas Watch que se encontraban en esa zona cuando llegaron a Honduras los primeros mískitos o que visitaban el lado nicaragüense, estuvo planificado y dirigido por Kisan. Estos mismos testigos dijeron incluso que una promoción publicitaria del hecho fue orquestada por la propia embajada norteamericana en Honduras.

La publicación del Departamento de Estado repite la "gran mentira" de Reagan al afirmar que los ataques sandinistas a tres comunidades mískitas provocaron que "unos 10.500 habitantes de las orillas del Río Coco abajo huyeran a Honduras". Pero no se explica por que otras comunidades bien lejanas de estas tres -cada una de las cuales tenía una base militar de Kisan ubicada cerca-, incluyendo algunas del río Coco arriba, habrían participado también del éxodo. Evita también recoger afirmaciones aparecidas en los periódicos norteamericanos de comienzos de abril de los primeros refugiados de estas tres comunidades que llegaron a Honduras. Varios de ellos afirman que cruzaron al lado hondureño a causa de un breve ataque sandinista poner que después regresaron. Volvieron a cruzar el río un día o dos después, porque los miembros de Consejo de Ancianos de Kisan visitaron todas las comunidades diciendo que debían de volver a irse.

La publicación del Departamento de Estado, de 14 páginas, resulta tan significativa por lo que omite cono por lo que afirma. La omisión mas flagrante -aunque lógica, dados los objetivos de este texto- es que para junio, la fecha en que se imprimió "Desposeídos" varios miles de mískitos que se habían ido habían regresado ya a Nicaragua. En septiembre eran 7 mil los mískitos y que estaban de vuelta.

La sección de la publicación titulada "El proyecto de autonomía de Borge" contiene no sólo el mayor número de mentiras sino el mayor número de omisiones. Una de las dos únicas frases que se ocupan del actual proyecto de autonomía dice: "En junio, él (el Comandante Borge) anunció la formación de una Comisión Nacional de Autonomía para elaborar los puntos de un proyecto que diera a los indígenas mayor participación en el gobierno local y garantizara la no interferencia (del gobierno central).

El retorno a la propiedad comunal y la desmilitarización de la región siguen siendo los principales obstáculos al proyecto". En junio, efectivamente, tres Comisiones de Autonomía, creadas en diciembre e integradas por 80 miembros de la Costa y 3 del Pacífico, se habían puesto de acuerdo en 14 principios básicos y en una serie de objetivos que resultan una autentica novedad para los pueblos indígenas de toda América Latina y de Norteamérica. Uno de estos puntos, que sí trata de la propiedad comunal de la tierra, dice: "Los pueblos indígenas y comunidades de la Costa Atlántica tiene derecho de propiedad colectiva o individual sobre las tierras que han ocupado tradicionalmente.

Asimismo, deberán respetarse los procedimientos de transmisión de propiedad y uso de la tierra establecidos por sus costumbres". Por otra parte, un proceso de desmilitarización total en medio de una guerra como la actual es algo completamente imposible. A pesar de eso, sí que se han establecido acuerdos con el grupo mískito que jefeó Eduardo Patín, por los cuales las tropas del ejército sandinista abandonaron ciertos lugares, confiando en su defensa a los jefes de Misura que estaban en diálogo por la paz. (Uno de estos lugares fue el puente de Sisin, volado cuatro meses más tarde por Kisan).

Por otra parte la sección "histórica" de esta publicación es una obra maestra en el estilo que habitualmente se puede encontrar en los libros escolares norteamericanos. Dos ejemplos sirven de buena ilustración:

Refiriéndose a la relación que en el siglo XVII y XVIII en tres los comerciantes británicos y los mískitos dice entre otras cosas:

"... La influencia británica declinó a mediados del siglo XIX y la Corona firmó un tratado reconociendo el derecho de Nicaragua a ese territorio, a pesar de que la nación mískita aspiraba a un reconocimiento internacional de su soberanía".

Leyendo esto, uno podría preguntarse: ¿por qué "declino" la influencia británica? La respuesta no es otra que fue en ese tiempo cuando el gobierno de los Estados Unidos, fiel a la Doctrina Monroe -"América para los americanos"-, empezó a presionar a los británicos para sacarlos del área y eliminar así la competencia por el control de un posible canal interoceánica, esfuerzo que culminó con el retiro definitivo de los ingleses en 1894.

Como una evidencia de la verdadera reacción norteamericana frente a la reivindicación mískita de su soberanía, tenemos que recordar la nota que escribió el Secretario de Estado John Clayton en 1848 a su representante en Nicaragua:

"Nunca hemos reconocido y nuca podremos reconocer la existencia de ninguna reinvidicación de soberanía al reino mískito ni de ningún otro grupo indígena de América. Si así lo hiciéramos tendríamos que renunciar a los títulos de propiedad que Estados Unidos tiene sobre su propio territorio. siempre hemos considerado los títulos indígenas como un simple derechos de ocupación de la tierra y no podremos permitir nunca que esos títulos sean vistos de otra forma que como algo a ser extinguido a voluntad del que descubra el territorio en cuestión." (Citado por Judy Tazewell en "The Mískito Question". Compita Press, Estados Unidos).

Otro párrafo histórico también merece citarse:

"Durante los años de Somoza, las compañías norteamericanas y canadiense aprovecharon los ricos recursos naturales de la Mosquitía nicaragüense. Aunque la vida tribal no se vio afectada, muchos indígenas se sintieron explotados. Cuando a finales de los 60, el boom del desarrollo desapareció, los indígenas quedaron como empleados temporales de las industrias mineras y forestales que permanecieron en la región".

"Aprovecharon" es una manera suave de referirse al saqueo de los recursos naturales de la Costa Atlántica por las grandes compañías norteamericanas. "El boom del desarrollo" es el eufemismo empleado por el Departamento de Estado para describir el clásico proceso del enclave, en el que las pocas piezas de la infraestructura local se ponen únicamente al servicio directo de las compañías y no tiene ninguna relación con las necesidades del mercado interno.

El boom "desapareció" cuando, por ejemplo, la Nicaragua Long Leaf Pine Co. (NIPCO), que había iniciado operaciones en Puerto Cabezas en 1945, abandonó la región 15 años más tarde no dejando en pie ni un sólo pino de los alrededores. La vida trivial no dejó de ser afectada -tampoco fue beneficiada- por los miles y miles de exportaciones de recursos naturales hacia los Estados Unidos, como lo reconoce el propio Bernard Nietschmann, actual gran defensor de los mískitos, en su libro "Entre tierra y agua". Los indígenas sumus fueron seguramente algunos de los que se "sintieron" explotados. Insistentemente, y con amargura, enviaron delegaciones a reclamar a los representantes de las compañías mineras para que no continuaran arrojando restos de cianuro en sus ríos, pues mataban no sólo a los peces y destruían las cosechas cercanas sino que provocaban la muerte de niños y adultos sumus, peor sus demandas fueron siempre rotundamente rechazadas.

Empleando los términos de Brumberg, esta publicación combina hábilmente "medias verdades, cuartos de verdades y mentiras disfrazadas". En la introducción, por ejemplo, se dice que
"poco después de la revolución, el gobierno insistió en que comités de cuadra al estilo cubano reemplazaron a los consejos tribales indígenas en que la religión fuera suplantada por la fidelidad al FSLN, en que las tierras indígenas pertenecieran al Estado y no siguieran siendo tierras comunales". La primera afirmación es una media verdad: los indígenas no aceptaron los Comites de Defensa Sandinista -forma de organización popular, no copia de Cuba sino creada durante la insurrección sandinista en la zona del Pacífico- y no se les impusieron. La segunda afirmación es una flagrante mentir.

La tercera es una distorsión de la historia, en la que ignora que fue precisamente el Rey Mískito, a finales del siglo XIX, y después de él, los gobiernos centrales quienes entregaron las tierras comunales indígenas a las compañías norteamericanas. Los sandinistas, al contrario, nacionalizaron las compañías mineras en 1979, comenzaron inmediatamente a realizar inversiones en escuelas, centros de salud y otra infraestructura social y aprobaron en 1980 que Misurasata elaborara un proyecto que se detuvo en febrero de 1981, sólo cuando Steadman Fagoth -entonces dirigente de Misurasata- exigió que un 75% de la Costa quedara bajo jurisdicción de Misurasata y amenazo con expulsar de estas tierras a criollos y mestizos.

Siguiendo las categorías empleadas por Brumberg, hemos contado en la publicación del Departamento de Estado 38 mentiras, 9 medias verdades y 23 mentiras disfrazadas.

"Nicaragua era nuestro hogar":
la TV promueve la guerra mískita

La película "Nicaragua era nuestro hogar" no tiene sólo un contenido desinformador sino que deja sin explicación por qué la Corporation for Public Broadcasting" (CPB) accedió a presentarla en las más importantes ciudades de los Estados Unidos justamente antes del voto sobre la ayuda a la contrarrevolución. El introductor del film, Johm Dinges, dijo abiertamente que no se trataba de "un trabajo de periodismo objetivo" sino que "favorecía la causa de los mískitos en armas excluyendo cualquier otro punto de vista". Es notable que muchas otras películas sobre Nicaragua hayan sido rechazadas por la CPB de manera categórica por ser "parciales" y que ésta, con una clara opción por la guerra haya sido tan ampliamente promovida.

En cualquier caso la caracterización de Dinges es cierta: la película no es objetiva. Peor a diferencia de la Administración Reagan, que prefiere silenciar el financiamiento a los contrarrevolucionarios mískitos y denunciar la "represión" sandinista contra los indígenas, como si no existiera guerra en la Costa, la Secta Moon -financiadora de este film- aboga abiertamente por la guerra mískita, al menos por la que lleva adelante el grupo de Fagoth, -el grupo de Rivera no es ni mencionado-. Para muchos espectadores, se trata del mismo mensaje, porque la guerra mískita es descrita en el film como la consecuencia de la represión sandinista.

La película está hecha muy profesionalmente, a pesar de que su director, Lee Shapiro parece ser, según los críticos, un hombres sin experiencia en este campo. Se requiere estar muy familiarizado con las comunidades mískitas y con los acontecimientos de los últimos años en la Costa para ser capaz de distinguir entre la verdad y las falsas extrapolaciones, para saber interpretar el peso que en la cultura mískita tiene la tradición oral y para descubrir que los montajes cinematográficos hablan de unos hechos muy distintos a los que de verdad sucedieron.

El más claro ejemplo de estos montajes ficticios se encuentra al final de la película, cuando se cuenta cómo Misura se llevo a la población de Francia Sirpi hacia Honduras, suceso que ocupó grandes titulares en la prensa internacional a fines de 1983. Shapiro afirma haber acompañado a 100 guerrilleros mískitos cuando "se dirigían a Francia Sirpi, aldea ocupada por 200 soldados sandinistas que ejercían constante vigilancia sobre la población mískita. Fui testigo -dice- del incidente internacional en el que un obispo y un sacerdote (norteamericanos el obispo es Mons. Schlaefer) sintieron que escapaban literalmente de ser asesinados por los sandinistas.

Ante todo, estos hechos ocurrieron en diciembre de 1983 y Shapiro, en otra parte de la película, afirma que su viaje clandestino a la Costa tuvo lugar a finales de 1984. En segundo lugar, la realidad es que solamente 5 milicianos sandinistas en Francia Sirpi cuando llegaron los hombres de Misura. El único esfuerzo fílmico que aporta Shapiro para demostrar lo de los 200 soldados es una banda sonora con muchas voces y fuego de ametralladoras sobre el cielo totalmente negro. El padre Wendelin Shafer, el sacerdote al que se refiere, en una corte entrevista filmada, no precisamente durante el éxodo, dijo que el estuvo escondido debajo de la cama el tiempo que duró el combate y que no vio nada.

Esto coincide con la versión dada por un mískito que pudo escapar del éxodo y que declaró que todo el fuego de fusilería que se había escuchado había sido simuladamente por Misura para asustar a la población y hacerla abandonar la aldea. En resumen, esta secuencia de la película sirve para perpetuar la versión de Misura que fue difundida entonces masivamente por los medios de comunicación versión que de hecho, no se prueba en la filmación.

Vidal Poveda, supuesto sobreviviente de los sucesos de Leimus, da sobre ellos, en la película, una versión diferente en sus detalles a la que el mismo ofreció a Amnesty International y que esta organización recoge en su informe. Mantiene de todos modos Poveda que 75 mískitos fueron asesinados por los sandinistas en Leimus. Se trata de una cifra que ha pasado a formar parte de la "tradición oral" de Misura y que no ha podido ser confirmada nunca, a pesar de todos los esfuerzos hechos en esta dirección por organizaciones de derechos humanos como Amnesty. Tampoco existe ninguna evidencia que apoye las declaraciones que aparecen en el film acerca de ancianos y mujeres embarazadas que no pudieron caminar hasta Waspan en 1982, durante las evacuaciones y que fueron amarrados dentro de las iglesias del lugar y después quemados vivos. La realidad es que el ejército sandinista facilitó helicópteros para que se trasladara, precisamente a los ancianos y a las embarazadas, y que después, el viaje de Waspan al asentamiento de Tasba Pri se hizo en camiones.

Sin darse cuenta Shapiro ofrece un ejemplo de cuál es el proceso por el que se forma la "tradición oral" mískita: el rumor se convierte en realidad, la realidad se hace evidencia, la evidencia se transforma en experiencia personal de la que ha sido testigo... Al hacer una entrevista a una anciana pareja que huyó de su comunidad durante un ataque sandinista a posiciones de la guerrilla mískita, se observa el inicio de este proceso cultural:

Hombre: Corre el rumor de que ellos van a volver para amarrarle las manos a la gente, rociarlos con diesel y prenderles fuego.

Mujer: Eso no es nada nuevo. Ellos ya hicieron eso en la Aldea de Auya Pini.

Hombre: Sí, nos rociaran con diesel y nos quemarán. Para mí eso está muy mal. Como si Dios no existiera.

Aunque esto es falso, seguramente esta mujer oyó esta historia de boca de un guerrillero mískito y la cree como verdadera.

Shapiro afirma que los sandinistas regresaron a estos lugares el 12 de febrero de 1985 y destruyeron las aldeas "para forzar a la gente a trasladarse a un campamento recién construido". Puesto que por alguna razón no da el nombre de esta aldea, sólo es posible responder a esta acusación diciendo que desde finales de 1983 no hay ningún informe que hable de la reubicación forzosa de aldeas mískitas.

La indiferencia de Shapiro muestra por una rigurosa verificación de los hechos de los que habla le lleva a exageraciones tan ridículas como peligrosas. Presenta en su película, por ejemplo, a un mískito que dice estar trabajando como explorador con los marines durante la intervención norteamericana en Nicaragua en los años 20. Este hombre cuenta que un día encontró a la esposa de Sandino, Blanca Aráuz, muerta en un campo, que la enterró y que regresó a su casa en donde le compuso una canción, que canta en la película. Aparte del hecho de que este hombre no tendría ni 10 años en el tiempo de parto en Las Segovias, bien lejos de los campos de la Costa Atlántica...

La película de los Moonies da un especial crédito al profesor Bernard Nietschmann, autor intelectual de lo que se ha publicado en los Estados Unidos sobre los mískitos en estos últimos tres años. Nietschmann, asesor de esta película que favorece al grupo Kisan (ex-Misura), es también miembro del grupo de asesores del Indian Law Resource Center, que actúa como brazo progandístico de Misurasata y es una de los asesores personales de Rivera. Es citado varias veces en "Desposeídos" y sus testimonios, artículos, y particularmente un insidioso "pequeño acertijo sobre Nicaragua" publicado en The Wall Street Journal justamente antes del voto sobre la ayuda a la contrarrevolución de abril/86, forman parte importante de un paquete de información sobre de un paquete de información sobre los mískitos difundido por el Departamento de Estado ese mismo mes.

¿Por qué ahora toda esa propaganda?

Con los datos parciales que hemos incluido en este artículo, apenas hemos rascado la superficie de todo el cúmulo de acusaciones hechas contra el gobierno de Nicaragua por los funcionarios de la Administración Reagan, por el Dr. Nietschman o por Brooklyn Rivera y Wycliffe Diego y sus seguidores. Aunque es Reagan quien mas aprovecha las calumnias y las exageraciones de los dirigentes mískitos, con ellas también impactan y logran apoyo y simpatía entre los círculos liberales de los Estados Unidos.

Por ejemplo, cuando Rivera miente y dice que "Eduardo Pantin fue capturado por la Seguridad del Estado (de Nicaragua), enviado a Puerto Cabezas y dos días mas tarde a Yulo, en donde fue torturado y ejecutado en presencia de varios testigos mískitos", el Senador Edward Kennedy lo anima a escribir a los funcionarios nicaragüenses pidiéndoles aclaraciones sobre la muerte de Pantin. Ni Rivera ni sus padrinos tienen en cuenta, al dar esta versión, que estos supuestos testigos indígenas no han existido nunca, que no hay razones para que los sandinistas hubieran querido la muerte de Pantin, que el gobierno de Nicaragua ha mantenido el compromiso de seguir las conversaciones de paz con sus sucesores, que la oficina regional del Ministerio del Interior de Nicaragua mandó a imprimir, después de la muerte de Pantin, un afiche en memoria del dirigente, en el que se le ve firmando los acuerdos de paz y que el Comandante Tomás Borge dedicó un monumento a estos acuerdos en Yulo, con ocasión del primer aniversario de la muerte de Pantin.

Teniendo en cuenta todos los acontecimientos ocurridos en la Costa en 1985, la estrategia de Kisan y Misurasata en favor de la guerra ha perdido la lógica interna que pudo haber tenido en algún momento. Hoy, estos dos grupos protagonizan una lucha en la que obtiene victorias, una lucha mal orientada y fundamentada en el supuesto de que ningún gobierno central es legítimo, una lucha que, irónicamente, es totalmente dirigida por el gobierno central más poderosos de la tierra.

Para demostrar de alguna manera la "independencia" de su lucha, los dirigentes de ambas organizaciones mískitas han dicho que si la FDN le ganara la guerra a los sandinistas y no respondiera a las reivindicaciones indígenas, ellos volverían a empuñar las armas contra la FDN. Hasta ahora, toda la ayuda norteamericana para Misura/Kisan ha sido canalizada por la FDN, que tiene un obvio interés en no ser excesivamente generosa con este grupo, del que desconfían, y al que obviamente no quieren entregar muchas armas. Wycliffe Diego ha declarado que Kisan no puede romper su alianza con la FDN, aun cuando él reconoce que en este grupo están presentes los somocistas, aquellos en nombre de cuyos intereses la Costa fue saqueada. Dice que nunca se puede confiar en los sandinistas y que, por eso, es preferible mantener la alianza con la FDN que romperla negociando con los sandinistas, con lo que -afirma- los mískitos tendrían que luchar con dos enemigos. Entretanto, los dirigentes de Kisan y de Misurasata mantienen entre sus mas fieles seguidores que si el gobierno de Estados Unidos los apoya no pueden perder la guerra. A la vez, continúan estimulando sentimientos antisandinistas entre la población, que está perdiendo más vidas a manos de ellos que a manso de los sandinistas.

Si desconfían de los sandinistas y de la FDN también deben desconfiar Kisan y Misurasata de su padrino mayor. Los lamentos de la Administración Reagan por el sufrimiento de la población mískita son hipócritas. A pesar de toda la insistencia en que el gobierno sandinista dialogue con los contrarrevolucionarios, las acciones de Estados Unidos en la Costa están particularmente dirigidas a abortar el creciente y exitoso diálogo de los sandinistas con los combatientes mískitos. Pero este apoyo financiero a la lucha armada indígena es igualmente hipócrita, porque los Estado Unidos no tienen ninguna intención de permitir una verdadera lucha por la independencia de los grupos indígenas, tal como ya se proclamaba en los tiempos del Secretario de Estado John Clayton.

¿Qué es lo que quiere entonces el gobierno norteamericano y qué hay detrás de su voluntad de apoyar de forma directa la lucha armada de estos dos grupos mískitos y de mantener una campaña propagandistica basada en hechos tan irreales como superados?

Por lo menos, no quiere la Administración perder uno de los más elementos en su imagen antisandinista, uno de los que con mas éxito divide incluso a las fuerzas más activas de la solidaridad en los Estados Unidos, incluso al mismo movimiento indígena americano. Yendo más allá, no quiere tampoco que surja en la Costa Atlántica de Nicaragua un nuevo tipo de relaciones entre los sandinistas y los indígenas.

El surgimiento de este nuevo modelo, por incipiente que sea, por amenazado que éste por las históricas desconfianzas mutuas, podría convertirse en un significativo desafío a la perpetuación de las condiciones de opresión en las que viven todos los pueblos indígenas del continente, incluidos los de Estados Unidos. Y finalmente, una clave para entender por que la Administración lanza esta campaña tan desfasada actualmente está en el nuevo documento del Departamento de Estado, preparado por el asesor político del Partido Demócrata, Bernard Aronson, quien escribió para Reagan su último discurso sobre Centroamerica.

El documento de Aronson se titula "Cómo ganar en Nicaragua". Entre los pasos a dar para corregir esta victoria, se sugiere la toma de la ciudad costeña de Bluefields y la instalación en ella de un "gobierno provisional" que sería protegido por los marines y que pediría reconocimiento internacional. Un plan como éste resultaría difícil de implementar en la medida en que internacionalmente se reconociera otra cosa, lo que ya reconoce un pequeño pero creciente número de indígenas costeños: que el proceso revolucionario les da por primera vez en su historia la oportunidad que nunca tuvieron: ocupar un lugar digno en la vida y en la historia de su país.

Los gobernantes nicaragüenses no han descartado nunca la posibilidad de que Estados Unidos intenta la "coreanización" de Nicaragua, partiendo el país por la Costa, pero no se creen en la eficacia militar de esta medida. El intento de tomar y de mantener tanto la ciudad de Puerto Cabezas como la de Blueflieds -con muy escasa población- requeriría de un gran operativo de invasión y posteriormente de un gran contigente de fuerzas militares de ocupación. Por otra parte, los sandinistas saben que el corazón del poder revolucionario está en el Pacifico, en Managua, y ese poder no estaría amenazado desde la lejana Costa Atlántica.

Entretanto, éstas y otras posibilidades se estudian, el gobierno norteamericano -incluido sus congresistas- mantienen viva en la Costa Atlántica una guerra a la que los pueblos indígenas, el gobierno revolucionario y el resto de la población nicaragüense sólo desean poner un fin rápido y digno.

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