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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 65 | Noviembre 1986
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Nicaragua

Hasenfus: la prueba

"Me llamo Eugene Hasenfus. Soy de Marinette, Wisconsin. Fui capturado en Nicaragua". Sólo estas tres frases dijo el prisionero norteamericano al presentarse por primera vez ante la prensa nacional e internacional en Managua.

Equipo Envío

Después de indentificarse así, entre resignado e impotente, del todo derrotado, Eugene Hasenfus desapareció. Ese día, el 7 de octubre, no estuvieron permitidas las preguntas.

Un "gringo puro"

Durante unos minutos los periodistas sólo pudieron mirar, escuchar y fotografiar rápidamente al corpulento y rubio tripulante del avión derribado. A la noche, todos los nicaragüenses que tiene televisor vieron también, fugazmente, al prisionero. "¡Es alto, chele, fuerte, como siempre se imagina uno a un gringo puro!" decía, sin poder ocultar su entusiasmo, un locutor de radio poco antes de la rueda de prensa, tratando de describir como era el capturado.

El 8 de octubre, el periódico Barricada publicaba en primera página, a toda plana, una foto histórica, potencial merecedora del premio a la mejor foto del año. Sin duda, una de las fotos que expresa mejor lo que está sucediendo en la guerra contrarrevolucionaria que Estados Unidos ha lanzado contra Nicaragua. José Fernández Canales, un muchacho bajito, moreno, de 19 años, de rasgos indiscutiblemente indígenas, con un rosario con cruz al cuello y el uniforme verde olivo del ejército sandinista hala un mecate. Lleva amarrado por las manos un hombre grande, rubio, de rostro malhumorado. Eugene Hasenfus es conducido tranquilamente por un soldado casi 30 años menor que él.

Con la captura de Eugene Hasenfus se abrió en Nicaragua un inédito episodio en la coyuntura de guerra que el país enfrenta y que apunta aceleradamente a un agravamiento de la agresión, después del signo político que representa la entrega a la contrarrevolución de $100 millones.

Alrededor de Hasenfus se han reconstruido datos, informaciones y circunstancias de esta guerra, que explican mucho mejor el por qué de la gravedad de la coyuntura. Por eso, por todo lo que en él se prueba, se revela y se anuncia, envío quiere contar con detalle el caso Hasenfus.

"Un tuquito de los 100 millones"

La infiltración de contrarrevolucionarios en la profundidad del territorio nicaragüense, hecho que se produce habitualmente desde 1983, no podría darse si estos grupos armados dejaran de recibir abastecimiento en armas y pertrechos por vía aérea. Periódicamente, el Ministerio de Defensa informa sobre el número de violaciones del espacio aéreo nicaragüense que los radares del ejército sandinista logran detectar. Estos constantes vuelos de abastecimiento son identificados como procedentes, tanto de territorio hondureño como de territorio costarricense.

En cinco años de guerra, la defensa antiaérea de Nicaragua ha logrado derribar 2 aviones, 3 avioneta y 8 helicópteros contrarevolucionarios. En uno de estos helicópteros "bajados" -como se dice en Nicaragua- murieron en 1983 dos norteamericanos, que fueron identificados ya entonces como miembros de un grupo privado de ayuda a los contrarrevolucionarios nicaragüenses.

El domingo 5 de octubre de 1986 uno de estos aviones de abastecimiento, un C-123K, clasificado en el argot aéreo bélico como un "avión táctico de transporte", volaba muy bajo, a sólo 700 metros de altura, tratando de evitar los radares sandinistas. Venía subiendo la frontera con Costa Rica y entraba en el Departamento de Río San Juan, al sur de Nicaragua. En días anteriores, se habían detectado 4 vuelos de abastecimiento por esta misma ruta, aunque fuesen otras aeronaves las que violaron esos días los cielos de Nicaragua.

José Fernando Canales y Byron Montiel -19 y 17 años, con apenas 5 meses cumpliendo el servicio militar- tenían preparado el cohete tierra-aire portátil CM2, la "flecha", desde hacía días, tratando de alcanzar uno de esos aviones. Era poco después del mediodía y lloviznaba en medio de aquellas selvas que tan bien llegaron a conocer los norteamericanos buscadores de oro del siglo XIX, cuando se oyeron los motores del C-123-K. José Fernando recibió la orden de disparar. Bajar aquel avión era casi un sueño. Apuntó, disparó y el sueño se hizo realidad en segundos. El avión estalló en el aire y cayó. Sólo la cola le quedó intacta. Los hechos ocurrieron en El Tule, a 30 kilómetros al norte de la ciudad de San Carlos.

El ejército sandinista tardó en llegar a los restos del aparato por las difíciles condiciones del terreno. Dentro del avión venían 13 mil libras de armas: 100 mil cartuchos para fusiles AK-47, 60 AK-47 plegables, un número similar de lanzacohetes RPG-7, 150 pares de botas de jungla.. La noticia del derribo tardó más de 24 horas en ser conocida por los nicaragüenses. "La Voz de Nicaragua" anunció como una especialísima última hora, en la tarde del lunes 6 que un avión de la contrarrevolución había sido alcanzado por una "flecha" y que "había norteamericanos entre los tripulantes".

"¡Rendite, gringo, o te volamos verga!"

Los tripulantes del C-123K eran cuatro. El piloto William Cooper, muerto. El copiloto Wallace Blane Sawyer, muerto. Los dos, norteamericanos. El radioperador de la nave, Freddy Vilchez, nicaragüense, de la FDN entrenado en la 2a. División Aerotransportada del ejército de Honduras, también muerto. Eugene Hasenfus, responsable del lanzamiento de la carga aérea, pudo ver a tiempo que el avión iba a ser tocado por la flecha y entonces se lanzó al aire con un paracaídas que su hermano le había regalado antes de salir de Estados Unidos. Salvo la vida.

"¡Rendite, gringo, o te volamos verga!": Eso fue lo que le gritó a Hasenfus Raúl Antonio Acevedo, cuando lo encontró el 6 de octubre, rastreando el territorio para dar con el hombre que habían visto saltar por los aires. Hasenfus estaba en una choza abandonada, acostado en su paracaídas -transformado en cama- y mordisqueando una calabaza. Iba armado con una pistola y una navaja, pero enseguida que oyó que Raúl Antonio -20 años- los soltó y se entregó al muchacho. Unos días después los tres jóvenes soldados sandinistas fueron condecorados con medallas de oro por el Ministro de Defensa de Nicaragua, Humberto Ortega.

Raúl Antonio declaró: "El gringo estaba nervioso, agüevado de viaje, asustado; él sabía que estaba haciendo algo malo en otro país". Y José Fernando: "Estamos contentos porque éste el primer tuquito de los 100 millones que le tumbamos a la contrarrevolución."

Al conocerse en Estados Unidos la noticia, funcionarios del gobierno, de Reagan para abajo, evitaron dar importancia o manifestar interés y eludieron cualquier responsabilidad en el vuelo del avión derribado. Esta actitud iba a durar apenas unas horas.

La conexión salvadoreña

Eugene Hasenfus fue trasladado del sur de Nicaragua a Managua el día 7 para ser interrogado por funcionarios de la Seguridad y Defensa de Nicaragua. No sabe anda de español. Desde el primer momento mostró voluntad de colaboración, informando a las autoridades de Nicaragua, a través de interpretes, de todo lo que él conocía en relación con aquel vuelo y aquellas armas.

Y había mucha información que comunicar. El C-123K no sólo estaba listo para abastecer a los contrarrevolucionarios con armamento sino que ha sido también una mina de información para abastecer datos sobre las redes contrarrevolucionarias en los Estados Unidos de América. Entre carnets, cartas, tarjetas, cuadernos de direcciones y otros impresos, se sacaron del avión derribado decenas de documentos, que han estado a la disposición de los periodistas que han querido fotografiarlos. con estos documentos, con las declaraciones de Hasenfus, con los datos de inteligencia del gobierno de Nicaragua y con investigaciones/revelaciones aparecidas en esos días en los medios de comunicación de Estados Unidos, han salido a la luz informaciones que prueban desde los más diversos ángulos denuncias que Nicaragua viene haciendo desde hace mucho tiempo en muy diferentes foros.

Cuando Hasenfus llegó al aeropuerto de Managua, un soldado del ejército sandinista se le acercó y, con instinto igualitario, le dio una palmada en el hombro y le dijo, riendo, algo que Hasenfus seguramente no llegó a entender: "¡Anjá, ¿con qué Rambo, eh?"

Tan sólo dos meses antes se había proyectado en los cines de Managua la película norteamericana "Latino", en la que fue en un final nada feliz para Estados Unidos, un boina verde de origen latino es capturado por los sandinistas. Con Hasenfus en las calles de Managua la realidad superaba una vez más la ficción fílmica. "Que recuerden los americanos que Supermán no existe", diría unos días más tarde el Presidente Daniel Ortega.

Quién es Hasenfus

Hasenfus podía identificarse ante las autoridades nicaragüenses. Llevaba varios documentos, entre ellos un carnet con el número 4422 que lo acredibata como "asesor" del "Grupo USA" y que era válido del 28/VII/86 al 28/I/87. Lo más sorprendente de este carnet era que estaba expendido por la Fuerza Aérea de El Salvador, que con él Hasenfus tenía acceso a los lugar más reservados de la base aérea militar de Ilopango y que estaba firmada nada menos que por el General Juan Rafael Bustillo, Jefe de la Fuerza Aérea Salvadoreña.

Hasenfus subió al avión derribado en la base militar de Ilopango, San Salvador, atravesó el Pacifico, entró en Costa Rica por el norte y enfiló hacia Nicaragua por el sur. En su vuelo, el avión debía reportarse 3 veces, una de ellas al sobrevolar territorio costarricense. El gobierno de Costa Rica dijo no saber absolutamente nada de éste ni de ningún otro vuelo semejante.

Desde julio a octubre, cuando su trabajo terminó con un precipitado salto en paracaídas, Hasenfus había participado ya en 10 vuelos de abastecimiento a la contrarrevolución. En 6 de estos vuelos, hizo la misma ruta del 5 de octubre. Los otros cuatro vuelos partieron de Honduras, de la base de El Aguacate.
Esta base fue construida por 400 ingenieros militares norteamericanos durante las maniobras Ahuas Tara II (junio/83-marzo/84), las mayores maniobras militares realizadas por Estados Unidos en América Latina.

En el aeropuerto de Ilopango, Hasenfus conoció personalmente a 5 aviones destinados a la tarea de abastecer a los contrarrevolucionarios; dos C-123K -uno de ellos fue el derribado-, un Cessna-180 y dos Caribú DHC4. Algunos funcionarios norteamericanos dijeron que en esos mismos días que era un total de 19 aviones los que estaban destinados a abastecer a la contrarrevolución desde Honduras y El Salvador.

Se trata de aviones grandes y de bastante capacidad, difíciles de ocultar. Por ejemplo, el C-123K mide 110 pies de ala a ala y puede transportar a 60 personas. Según datos que iban en los records del mismo avión la nave había transportado y lanzado 131 mil 335 libras de armas a los contrarrevolucionarios. El día 5 de octubre, era "Franklin", jefe de la "Fuerza de Tarea Jorge Salazar", internada actualmente en el sureste de Nicaragua, quien esperaba las balas y fusiles que le caerían desde el cielo.

En la víspera del derribo del avión C-123K en Nicaragua, el 4 de octubre, un acción del mismo tipo se estrelló en la base militar de Kelly, cerca de San Antonio de Texas. Estaba cargado también de pertrechos militares para la contrarrevolución, según denuncia del representante demócrata Henry González.

Una "prueba" con nombre y apellido

Cuando Reagan decidió entrar a una guerra secreta y encubierta contra Nicaragua, en 1981, hacía publico y descubierto en diferentes ocasiones, que las "actividades" de esta guerra estaban dirigidas a impedir el flujo de armas de Nicaragua hacia El Salvador, un flujo del que incluso se ofrecieron pruebas fotográficas, que no eran otra caos que manchas confusas sobre fondos ilocalizables.

Con ellas, el Departamento de Estado pretendía demostrar embarques clandestinos de armas, transportadas en pequeñas canoas por el Golfo de Fonseca y destinados al FMLN salvadoreño. La ilegalidad de este supuesto flujo, orientado a desestabilizar al gobierno salvadoreño, con quien Nicaragua mantenía relaciones, hacía "legal", según Reagan, la guerra norteamericana contra Nicaragua. Durante años Estados Unidos sostuvo esta tesis. Y aunque ya da otras razones, nunca ha dejado de argumentar que Nicaragua intenta exportar la subversión a su vecinos y desestabilizarlos militarmente. Incluso, el gobierno salvadoreño pretendió inútilmente hacer prevalecer la tesis del flujo de armas ante el Tribunal de La Haya.

De repente, una prueba nada confusa, con nombre y apellido, con lugares localizables, viene a demostrar que el flujo existe, pero que su sentido es inverso; que las armas vienen de El Salvador hacia Nicaragua y no en pequeños barcos de pescadores ni a lomo de mula sorteando vigilancias fronterizas, sino que se trataba de miles y miles de libras transportadas en grandes aviones, con la autorización del gobierno demócrata de José Napoleón Duarte y con todo un equipo de asesores norteamericanos dirigiendo los envíos.

Al conocerse en El Salvador las declaraciones de Hasenfus, funcionarios de El Salvador, de Duarte para abajo, eludieron aceptar ninguna responsabilidad en lo que había ocurrido. Pero esta actitud duró muy poco tiempo. Duarte terminó diciendo que una de las pruebas de que El Salvador era un país libre era que su aeropuerto estaba abierto a quien quisiera utilizarlo, sin que su gobierno pidiera cuentas de los fines para los que lo empleaban. Por su parte, el gobierno de Nicaragua, que ya ha demandado a Costa Rica y a Honduras ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por prestar sus territorios para una guerra, comienza a estudiar ahora la posibilidad de demandar también al gobierno de El Salvador por las mismas razones.

"Mi esposo trabaja para la CIA"

Eugene Hasenfus le había dicho a su esposa Sally que si alguna vez le pasaba algo recurriera inmediatamente al más alto nivel de gobierno norteamericano. Sally lo hizo. Llamó al Departamento de Estado enseguida que se difundió la noticia del derribo y dijo: "Mi esposo trabaja para la CIA".

Eso mismo vino a decir desde el comienzo Eugene Hasenfus relatando a las autoridades nicaragüenses cómo había llegado a desempeñar la tarea de responsable de la carga aérea del avión derribado. Durante la guerra de Vietnam, Hasenfus -que fue marine hasta 1965- trabajó también en el abastecimiento de armas desde aviones en vuelo. Tanta experiencia adquirió que es considerado como un experto en carga aérea y también en saltos de caída libre en paracaídas. Volaba entonces con la Compañía Air America, una línea aérea que hacía trabajos para la CIA. Este trabajo duró hasta 1973. Entre 1973 y 1986, Hasenfus mencionó que había trabajado en la construcción.

En junio de 1986 William Cooper -el piloto muerto en el avión derribado- contactó a Hasenfus en Miami para ofrecerle trabajo. Hasenfus estaba en problemas económicos. El salario mensual que le ofrecían era de $3,000, además de los gastos de casa, comida y vehículo gratis. Cada vez que sobrevolara Nicaragua, tendría un plus de $70. En julio, Hasenfus llegó a El Salvador para empezar a trabajar con Cooper. Se hospedó en el Hotel Ramada Inn de la capital salvadoreña. Al momento de su llegada, la compañía aérea que lo contrataba, la Corporate Air Services, tenía en el aeropuerto de Ilopango bodegas en las que almacenaba 89 mil libras de armas.

La Corporate Air Services funcionaba en las mismas oficinas de la Southern Air Transport, compañía aérea que fue propiedad de la CIA entre 1960 y 1973, que continuó después prestándole servicios y que era la propietaria del avión derribado. La Corporate resultaba así una especie de pantalla de la Southern y, a su vez, la Southern una especie de pantalla a la CIA. Hasenfus afirmó haber conocido en El Salvador a unos 26 norteamericanos que trabajaban para la Southern.

Por otra parte, en una agenda personal del copiloto Sawyer apareció una lista de 34 apellidos de norteamericanos que trabajaban en el Salvador y que tenían que ver con los vuelos de abastecimiento a la contrarrevolución. 18 de estos apellidos concuerdan con los de los empleados de la Southern. Cooper y Sawyer aparecen como empleados de ésta.

En el avión derribado por la "flecha" sandinista se encontraron datos sobre tripulantes, carga, horas, itinerarios, etc. de todos los vuelos de abastecimiento a la contrarrevolución efectuados desde El Salvador entre abril y octubre de 1985.

Los escándalos suscitados por el minado de los puertos nicaragüenses en abril/84 -actividad en la que la CIA reconoció haber participado- y por la publicación bajo responsabilidad de la CIA, de un Manual de terrorismo para los contrarrevolucionarios al mes siguiente, motivaron que en agosto/84 el Congreso norteamericano aprobara una ley que prohibía a la CIA seguir apoyando a los contrarrevolucionarios, excepto en cuestiones de información e inteligencia. Lo que ha revelado el caso Hasenfus, lo que ha probado claramente, es que desde que se le impuso esta prohibición, la CIA ha estado violando abiertamente la ley con la colaboración de los militares salvadoreños.

Estados Unidos busca "explicaciones"

Tratando de obviar esta embarazosa situación, funcionarios del gobierno de los Estados Unidos insistieron en que se trataba no de operaciones de la CIA sino de actividades de ciudadanos privados, que a través de organizaciones privadas y con fondos privados, ayudaban voluntariamente a los contrarrevolucionarios. Pero tampoco por este camino se salvaba la legalidad de la situación, puesto que estos grupos privados habían estado violando entonces la Ley de Neutralidad de Estados Unidos, que prohibe expresamente que ciudadanos norteamericanos participen en acciones militares o paramilitares contra gobierno en los que Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas.

Algunos congresistas señalaron y denunciaron estas flagrantes irregularidades para aclarar las circunstancias del avión derribado en Nicaragua. La demanda revestía especial trascendencia, porque tan sólo unos días después el Congreso se vería ante la decisión de ratificar la asignación de los $100 millones para los contrarrevolucionarios. Muchos nicaragüense, confinado aún en los restos de honestidad que pueden quedar en el Congreso, esperaban que el caso Hasenfus podía encender la luz roja a la entrega de los $100 millones.

El senador demócrata John Kerry elaboró un informe de 13 páginas basándose en datos facilitados por 50 testigos, en el que se prueba que hay cuentas bancarias, aeródromos, aviones, pilotos, líneas aéreas y bases militares que han sido usadas conjuntamente por contrarrevolucionarios, narcotraficantes y contrabandistas.

Ahora, cuando ya nada se podía negar en Estados Unidos y de nada valía mostrar indiferencia frente al caso, personajes como el Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Elliot Abrams, comenzaron a exaltar a estos "ciudadanos privados": "Ellos mantienen vivos a los combatientes por la libertad hasta que el Congreso actúe. Son unos héroes, debemos sentirnos orgullosos de hombres así. Que Dios los bendiga".

En su casa de Estados Unidos, el padre de Hasenfus, abrumado por la difícil situación en la que se encontraba su hijo, y por la gran verdad de lo que estaban revelando los restos del avión derribado, declaró: "Mejor hubiera sido que Eugene hubiera muerto. Los muertos no hablan."

Aparecen terroristas de alto vuelo

Hasenfus estaba en El Salvador, cumplía con su responsabilidad de calcular las cargas aéreas de armamentos en cada avión y la precisión en el lanzamiento sobre los objetivos específicos, pero no se relacionaba fondo con los otros norteamericanos que estaban vinculados al mismo trabajo. Hacía su tarea bajo la dirección inmediata de William Cooper, el piloto muerto. A él era quien mejor conocía. William Cooper, con carnet de la Gran Logia Masónica de Nevada, era más que un buen piloto de la Southern. Era un funcionario de confianza de la CIA.

Según informaciones norteamericanas, Cooper había hecho vuelos a bases altamente secretas del ejército de Estados Unidos. Había sido piloto de la Marina de Guerra norteamericana durante la II Guerra Mundial, volando precisamente con aviones C-123K, en el manejo de los cuales llegó a ser considerado como un experto. Poco antes de morir, el mismo fue el encargado de comprar al precio de $250 mil otro avión C123-K para la Southern. Otros nombres dio también Hasenfus. Entre ellos los de los dos individuos de origen cubano que tenían cargos de dirección sobre el personal responsable de los vuelos: Ramón Medina y Max Gómez.

Max Gómez es el "nombre de guerra" de Félix Rodríguez, cubano-norteamericano, vinculado a la CIA y a la contrarrevolución cubana desde los años 60. Participó en la fracasada invasión a Playa Girón en 1961. En los años 67 y 68, en el tiempo de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, colaboró en la guerra contrainsurgente de Estados Unidos en ese país.

Según el New York Times este hombre lleva en su muñeca el reloj que perteneció al Che Guevara y fue uno de sus interrogadores en Higueras, antes de que mataran al revolucionario. Gómez fue uno de los primeros agentes de la CIA vinculados con la contrarrevolución nicaragüense cuando, con ocasión de la guerra de las Malvinas, los asesores militares argentinos abandonaron ese trabajo, que les había confiado el gobierno norteamericano, y esta responsabilidad pasó a manos de los militares salvadoreños. Max Gómez era, con el Coronel Bustillo, el responsable de coordinar los vuelos de abastecimiento a los contrarrevolucionarios. La Administración norteamericana trata de presentarlo ahora como una especie de "héroe" contra el FMLN salvadoreño, por ser el diseñador de la "guerra de helicópteros", parte de la táctica contrainsurgente de Estados Unidos en ese país.

Ramón Medina es también un nombre falso. Su identidad real es la de Luis Posada Carriles, peligroso terrorista, también cubano-norteamericano.

El 6 de octubre de 1976 -se cumplieron precisamente en los días del derribo del C-123K los 10 años de aquel crimen- un avión de Cubana de Aviación explotó en el aire al despegar de Barbados en vuelo hacia La Habana. Como consecuencia de la bomba, murieron los 73 ocupantes, tripulación y pasajeros, entre los que estaba un equipo juvenil de esgrima cubano, que volvía de un campeonato celebrado en Venezuela. En La Habana hay un meses que recuerda a las victimas de este acto de terrorismo.

Los responsables materiales de la colocación de la bomba en el avión cubano fueron dos venezolanos: Freddy Lugo y Hernán Ricardo. Los autores intelectuales del crimen fueron dos cubanos contrarevolucioanrios: Orlando Bosch y Luis Posada Carriles. Los cuatro fueron llevados a cárceles venezolanas, aunque nunca se concluyó el juicio ni se dictó sentencia, por presiones de la contrarrevolución cubana. Luis Posada, había cumplido 8 años de prisión en la cárcel de San Juan de los Morros, Venezuela, en condiciones bastante cómodas, cuando misteriosamente escapó de la cárcel y salió de Venezuela a fines de 1985. Ahora se ha conocido que lo hizo con un pasaporte salvadoreño falso.

Hasenfus ha identificado las fotos de Posada: él es Ramón Medina, el hombre que se encargaba de los papeles de los norteamericanos que llegaban a El Salvador, el que hacía conexión entre la Embajada y el grupo de "asesores". Luis Posada se ha hecho una cirugía plástica y se ha cambiado de nombre. "Puedo asegurarles que Ramón Medina no es oro que el terrorista Posada Carriles", aseveró varias veces el Comandante Luis Carrión, viceministro del Interior de Nicaragua y miembro de la Dirección Nacional del FSLN, en una conferencia especial de prensa que se dio en Managua el 15 de octubre.

El historial terrorista de Posada Carriles es amplio. Desde los años 60 estuvo vinculado a la contrarrevolución cubana. Fue entrenado por la CIA en las bases contrarrevolucionarias que en aquellos años se establecieron en Florida. Posada fue reclutador de los hombres que integraron la brigada 2506 que protagonizó la invasión de Playa Girón.

Después, fue responsable de más de 70 infiltraciones contrarrevolucionarias a Cuba. Ingresó en el ejército norteamericano, realizando actividades bajo la dirección de la CIA en Vietnam y también en la Nicaragua somocista. En los años 68-73 trabajó también en proyectos contrainsurgentes de la policía venezolana, siempre en vinculación con la CIA. Después de escaparse de la cárcel fue entrevistado hace unos meses por un canal de TV de Hollywood, ya transformado su rostro. En esta ocasión afirmó que trabajaba en Centroamérica.

La complicidad pública en la red privada

Siguiendo las pistas que en Nicaragua se descubrían y que en Estados Unidos se revelaban, se supo que el cubano Max Gómez fuer recomendado al ejército salvadoreño nada menos que por Donald Gregg, asesor personal del Vicepresidente de Estados Unidos George Bush, que seguramente lo conocía y valoraba sus capacidades desde los tiempos en que Bush fue director de la CIA (1976-1977). Según periódicos norteamericanos, diariamente, Gómez informaba al propio Bush sobre el abastecimiento a los contrarrevolucionarios desde territorio salvadoreño. Desde la llegada de Gómez a El Salvador -comienzos de 1985- se hacían tres vuelos semanales.

Con todas estas informaciones se reconstruyeron ejes claves en la famosa "red privada", bien poco "privada" cuando en ella estaban implicados el propio vicepresidente y su asesores personal; también Jeb Bush, su hijo y el ex-Teniente coronel Oliver North, asesor del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. La "red privada" ha terminado siendo lo que, de hecho, la todos sabían era: una pantalla para encubrir el involucramiento oficial que durante años Estados Unidos ha tenido en una guerra cada vez más abierta, aunque aún "no declarada".

La red "privada", de la que Hasenfus es sólo una pieza, fue un invento de William Casey, director de la CIA, cuando en 1984 se le impusieron restricciones a la Central de Inteligencia para actuar en Nicaragua. Surgieron entonces en Estados Unidos unos 20 grupos "privados" que establecieron conexiones con los gobiernos de Honduras, El Salvador, Guatemala y Costa Rica y con grupos afines, ideológicamente por su anticomunismo de Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Corea del Sur, Taiwan y Arabia Saudita. Investigaciones hechas en Estados Unidos revelaron, por ejemplo, que el dinero con el que se compro el avión derribado era dinero saudí.

Tan "privada" era esta red que se descubrió también otra complicidad oficial no por pequeña menos significativa: el avión en el que supuestamente los hombres del Comandante Tomás Borge traficaban con cocaína en un aeropuerto nicaragüense, según pruebas fotográficas presentadas por el Departamento de Estado en una de sus publicaciones antisandinsitas de 1984, era precisamente este mismo avión que hoy está hecho pedazos en las selvas del sur de Nicaragua...

A estas alturas, cuando el crucigrama ya estaba prácticamente resuelto en todas sus palabras claves, Mauricio Salvador Hernández, portavoz militar salvadoreño, declaró a The New York Times que "Bush si tiene que ver con el suministro de armamentos a los contrarrevolucionarios nicaragüense, pero pretendió lavarse las manos en este asunto y nos tiró el problema a nosotros".

"Yo no soy un comandante por la libertad"

A la embajada norteamericana en Managua le tocaron momentos difíciles en los comienzos del caso Hasenfus y no supo salir de ellos airosamente. El día 9 de octubre, por ejemplo, tardó en abrir sus pontones para recibir los dos ataúdes con los cadáveres de Cooper y de Sawyer, que regresaron al día siguiente a Estados Unidos, sin ningún honro de "héroes", perdidos entre los bultos de a carga de un avión norteamericano. Unas horas después la Embajada norteamericana daba una conferencia de prensa, a la que no quisieron permitir la entrada más que a los "periodistas capitalistas", excluyendo así a todos los periodistas nicaragüense y a otros europeos que tenían aspecto latino.

La protesta de los periodistas norteamericanos logró que abrieran la puerta a algunos. En un comunicado, el gobierno de Estados Unidos acusaba a Nicaragua por el trato dado a los cadáveres de los dos muertos -por haberlos dejado en la calle al no abrirse los portones- y especialmente por violar la ley internacional, concretamente el artículo 36 de la Convención de Viena en lo referente a los prisioneros en países extranjeros, ya que el día 9 Hasenfus aún no había pido hablar suficientemente con el Cónsul norteamericano. "¿Y la violación a todos los artículos de la sentencia de la Corte de La Haya?"... A ninguna de estas preguntas concretas de los periodistas respondió esa noche el vocero de la Embajada. "Ese es otro tema" era su estribillo.

El día 11 de octubre, Mike Wallace, periodista de la TV norteamericana, entrevistador en el popular programa dominical de la CBS, "Sixty Minutes" se trasladó a Managua para hacer una entrevista a Hasenfus. Las autoridades nicaragüenses se lo permitieron. Durante 20 minutos, millones de televidentes norteamericanos pudieron ver y escuchar a Hasenfus declarando ante el tribunal de la opinión pública de su país. La importancia de la entrevista reside en que en este momento Hasenfus hablaba públicamente con total espontaneidad. Sus contactos hasta ese momento con los funcionarios del gobierno norteamericanos habían sido mínimos y Hasenfus no había recibido orientaciones de ellos. Esta es una de las partes más sustanciales de la entrevista, cuyo video se utilizó como prueba documental en el proceso judicial.

Declaraciones de Hasenfus en el proceso judicial

WALLACE: El Canciller de Nicaragua, Miguel D'Escoto, que estuvo en Nueva York la semana pasada, me dijo que él supo que una de las primeras cosas que usted dijo cuando fue capturado fue: "¡Infierno, ésta no es mi guerra"!.

HASENFUS: Sí, eso es lo que dije.

WALLACE: ¿Qué es lo que quiso decir?

HASENFUS: Yo fui contratado... Soy americano. Esta es una guerra nicaragüense. Estoy aquí trabajando, no estoy aquí como un soldado. Así que ésta no es mi guerra, no creo que ésta sea una guerra americana...

WALLACE: ¿Qué es lo que quiere decir?

HASENFUS: Lo que quiero decir es que esta gente tiene aquí su propia guerra y ahora yo estoy atrapado en medio de esto. Y fue una equivocación muy egoísta por mi parte cuando me metí en esto. Un error egoísta, por mi familia...

WALLACE: Explíquese

HASENFUS: Bueno, aquí estoy, esto lo explica todo.

WALLACE: Sí, pero usted estaba ganando, ¿es así?

HASENFUS: Sí, yo ganaba, eso sí.

WALLACE: ¿Le puedo preguntar cuánto ganaba o no debo meterme en el asunto?

HASENFUS: Yo estaba ganando tres mil dólares al mes.

WALLACE: Correcto. Así que usted vino aquí a trabajar. ¿Usted no era entonces un combatiente por la libertad de los que el Presidente Reagan habla?

HASENFUS: No, yo no soy un combatiente por la libertad. No soy uno de esos soldados de fortuna o algo parecido. Yo era un individuo al que se le pidió si quería trabajar. Es una tarea que se hace, una oportunidad de hacer dinero, eso es lo que hicimos.

WALLACE: Pero lo que detecto -corríjame si estoy equivocado-, lo que usted está diciendo, es que los Estados Unidos no deben estar aquí tratando de derrocar al gobierno sandinista...

HASENFUS: Esa es mi opinión y probablemente es la opinión de muchos otros americanos.

WALLACE: Y, extrañamente, usted estaba aquí ayudando a los contras a tratar de derrocar al gobierno sandinista.

HASENFUS: Sí, yo estaba aquí.

WALLACE: Gene, usted lo que está haciendo es tratando de ganarse a los sandinistas. Yo lo entiendo. Yo haría lo mismo. En otras palabras, yo diría: "Eh, yo no estoy en contra de ustedes, muchachos, déjenme libres".

HASENFUS: No, yo estoy diciendo lo que estoy diciendo por mi propia cuenta. Yo creo que no debemos estar aquí. Después de cómo me capturaron, se puede decir de mí que soy un mercenario. Desde que me capturaron, todos los días esta gente podía haberme hecho cualquier cosa, creo que con justificación. Y me han estado tratando bien.

WALLACE: ¿Se considera usted un prisionero de guerra?

HASENFUS: Sí, lo soy.

WALLACE: ¿Piensa usted que Estados Unidos tiene obligación de venir a rescatarlo?

HASENFUS: No. Me gustaría decir que sí, pero, personalmente, por mí mismo, digo que no. Claro que estando ligado a la Compañía de la manera que lo estaba y conociendo lo que estaba haciendo...

WALLACE: ¿La Compañía es la CIA?

HASENFUS: Si. Por eso es que creo un merezco un poco de respaldo.

Luz verde a los 100 millones

El caso Hasenfus entró en la opinión pública norteamericana en un momento critico para la Administración en materia de política internacional, después de la revelación sobre las manipulaciones de los medios de comunicación contra Libia y el fracaso de la Cumbre de Islandia. Ante la avalancha de revelaciones comprometedoras para la Administración, las reacciones del gobierno Reagan fueron muy variables:

-Primero, se intentó responsabilizar a la "red privada" del ex-General John Singlaub, que negó todo vínculo. Aquel avión cargado de tantas pruebas le pareció a este experto militar un trabajo demasiado mal hecho para querer aparecer vinculado a él.

- En segundo lugar, las responsabilidades recayeron sobre el gobierno salvadoreño que, después de negar inicialmente, no tuvo más remedio que admitir sus vínculos.

- Finalmente, el gobierno Reagan ha aceptado tácitamente la responsabilidad, pero evitan confesiones o de culpa o de vergüenza. Estas han sido sustituidas por sentimientos nacionalistas de orgullo. Desde esta perspectiva, las operaciones de abastecimiento han sufrido un pequeño golpe, pero en su conjunto está resultando un éxito y se avecinan meses de muchas posibilidades para una contrarrevolución tan reabastecimiento con nuevos armamentos y a punto de reabrir, con nuevos hombres y nuevas armas, el frente de guerra en el sur.

La realidad es que un caso como el de Hasenfus, potencialmente desestabilizador de la Administración, al menos, altamente cuestionador de la política hacia Nicaragua, debía haber influido más. Sin embargo, no llegó ni siquiera a poner una luz roja a la aprobación definitiva de los $100 millones.

En los mismos días del derribo del avión,75 veteranos de guerra norteamericanos devolvían sus medallas ganadas en la guerra de Vietnam y en otras guerras de Estados Unidos y los cuatro veteranos ayunantes en las gradas del Capitolio terminaban 46 días de ayuno en protesta por la política de guerra contra Nicaragua. Tampoco estos gestos lograron encender la luz roja.

El 16 de octubre, el Senado y la Cámara de Representantes ratificaban definitivamente la asignacion de los $100 millones para entregar mas armas a los contrarrevolucionarios y para poner en manos de la CIA la dirección de la guerra. Resultó sorprendente que la propuesta del senador Tom Harkin para que se abriera una investigación sobre el caso Hasenfus fuera derrotada por 55 a 47. Como si se quisiera enterrar todo en el silencio.

Los 100 millones de dólares ya aprobados y listos para la entrega forman parte del paquete de gastos militares más grande de la historia de Estados Unidos. En ese paquete se incluyeron, por fin, los discutidos 300 millones para los cuatro gobiernos centroamericanos aliados de Estados Unidos. Dos días después, el 18 de octubre, el Presidente Reagan firmó la ley. Después de su victoria, la prisa de la administración es evidente: 60 millones se gastarán inmediatamente en la compra de cohetes tierra-aire, artillería ligera, minas a control remoto, etc. -los restantes 40 millones se invertirán en febrero-.

Al día siguiente de la firma, 500 boinas verdes de Georgia eran lanzados en paracaídas en territorio hondureño fronterizo con Nicaragua para entrenarse "en operaciones nocturnas y en supervivencia en montañas y pantanos". A los pocos días, 14 mil soldados de la 82 División Aerotransportada hacían las mayores maniobras realizadas nunca en Fort Bragg, Carolina del Norte. Las maniobras simularon la invasión a Nicaragua. "Esperamos que Danny reciba el mensaje", dijo un oficial que dirigió las maniobras, refiriéndose a Daniel Ortega.

A pesar de las clamorosas pruebas de ilegalidad que había en el caso Hasenfus, a pesar del escándalo los congresistas votaron una vez más por la ilegalidad y el escándalo, pasivamente resignados a una situación que ellos mismos crearon cuando reabrieron las puertas a la CIA aprobando los $100 millones en las condiciones en que éstos se propusieron. Hasenfus vino únicamente a demostrar que esas puertas nunca estuvieron cerradas por ninguna ley. Las enmiendas de los congresistas fueron burladas, pero ya estos no tienen autoridad moral para criticar que la CIA forzara las puertas antes de que ellos mismos se las abrieran de nuevo.

Luz roja de alerta internacional

El mismo 18 de octubre, el Presidente de Nicaragua convocó una urgente rueda de prensa para declarar una "alerta internacional" y anunciar que Nicaragua recurriría al Consejo de Seguridad de la ONU para que exigiera a Estados Unidos cumplir con el fallo de La Haya.

El 10 de octubre ya derribado el avión contrarrevolucionario, el Canciller de Nicaragua, padre Miguel D'Escoto, llevando en sus manos algunos documentos encontrados en el avión, había hablado ante la 41 Asamblea General, con palabras que contenían un inusual alegato:

"Señor Presidente Reagan, Señor Secretario Shultz: donde sea que se encuentren, desde aquí, desde las Naciones Unidas, les exigimos, en nombre del Dios en quien ustedes dicen creer, y en el del que mi pueblo y yo en verdad creemos, que cesen la guerra, que acaten la sentencia de la Corte Internacional de Justicia, que ajusten su política exterior a las normas establecidas en la Carta, pues, aunque poderosos, no se crean con derechos que Dios no ha conferido a ningún hombre ni a ninguna nación. Los responsabilizamos -y ante el Señor- por toda la sangre derramada y todo el sufrimiento ocasionado a tantos inocentes por su insaciable ambición de dominación. Los responsabilizamos de antemano por cualquier mal que les pueda ocurrir a los ayunantes por la paz, a quienes ustedes, insensatamente, han ignorado hasta el momento. No hay duda de que los Estados Unidos son muy ricos y poderosos y que pueden burlarse de todos los tribunales de la tierra, pero es hora de que vayan temiendo la justicia implacable del Dios de la paz y la vida, pues ésa, créame, Señor Reagan, Señor Shultz, no podrá ser burlada ni evadida.

El día 21 de octubre se reunía el Consejo de Seguridad de la ONU, Nicaragua invocaba el artículo 94 de la Carta de las Naciones Unidas que establece que si una de las partes implicadas no cumple con el fallo de la Corte Internacional, la otra puede recurrir al Consejo. Después de escuchar diferentes intervenciones de los miembros del Consejo, éste pasó a votar una resolución que urge a Estados Unidos a acatar el fallo de La Haya. De los 15 miembros, 11 votaron a favor, 3 se abstuvieron (Francia, Gran Bretaña y Tailandia) y Estados Unidos lo vetó. Este es el cuarto veto que desde 1982 ejerce Estados Unidos sobre resoluciones del Consejo de Seguridad que cuestionan su política en Nicaragua.

Por ser el de esta vez un veto contra la propia Carta de la ONU, se trata de un veto ilegal. Nicaragua convocó inmediatamente a la Asamblea General de la ONU para que se pronunciara sobre la resolución, sabiendo ya en la Asamblea, Estados Unidos no puede ejercer el veto. (El 3 de noviembre Nicaragua obtuvo un gran éxito cuando al Asamblea General adoptó por mayoría acatar la resolución, que "urge" a Estados Unidos a cumplir "en forma cabal e inmediata" con el fallo de La Haya. 94 países votaron a favor y sólo 3 en contra (Estados Unidos, Israel y El Salvador). 47 países se abstuvieron, entre ellos, los cuatro países centroamericanos. Es la primera vez en la historia de la ONU que la Asamblea condena a una nación por no acatar sentencia de la Corte).

Palabras del Canciller soviético

A la notable legitimidad internacional obtenida este mes por Nicaragua, legitimidad que desautoriza la re-legitimación que el Congreso norteamericana ha dado a la contrarrevolución hay que sumar, también en este mismo período, una de las tomas de posición más explícitas y concretas hechas por la URSS sobre Nicaragua. Se trata de declaraciones del Canciller soviético, Edward Shevardnaxe, al término de su visita oficial a México, el 5 de octubre, el mismo día que un avión norteamericano era derribado en Nicaragua. Dijo Shevardnadze:

"La causa de los ataques a Nicaragua, así como a Cuba, se explica por la alergia de la Administración de Estados Unidos hacia lo que no encaja en su imagen de lo que deben ser los procesos políticos. Alrededor de la Unión Soviética, como ustedes saben perfectamente, se encuentran mucho Estados cuyo sistema sociopolítico yo diría que en su misma base, se diferencian del nuestro. Por ejemplo, Turquía. En el territorio de Turquía hay armas más que suficiente y, además enfiladas directamente contra la Unión Soviética. Esta también allí la presencia norteamericana en decenas de bases, en las que se encuentran los aviones de la Fuerza de Estados Unidos de justificar esa actitud con la mítica presencia militar soviética en Nicaragua. Puedo declarar con plena responsabilidad: ni hubo ni hay presencia militar soviética en Nicaragua.

Hasenfus acusado de tres delitos

Mientras Nicaragua luchaba en el campo diplomático y obtenía en el importantes avances con los que contrarrestar la ilegalidad de la actitud norteamericana, Eugene Hasenfus era juzgado en Managua.

El 20 de junio se inició el juicio en el Tribunal Popular Antisomocista. Como una prueba extrajudicial, pero valida para entender la gravedad de los cargos de los que se acusa a este hombre, ese mismo día 20, una mina Claymore destruyó un pequeño autobús de transporte civil, que con 45 pasajeros campesino hacía temprano en la mañana su habitual ruta Pantasma-Jinotega. De las 45 personas que iban en el bus, 5 resultaron muertas y 34 heridas. Entre los heridos, hubo que amputarles una o dos piernas a 17 personas. Una niñas pequeña y un anciano perdieron sus dos piernas ese día. Las fotografías de los cuerpos mutilados ilustraban los periódicos de Managua cuando se iniciaba el juicio de Hasenfus. Los aviones que abastecen a los contrarrevolucionarios llevan en su "carga aérea" estas minas Claymore y otros tipos de minas de diferentes tamaños, que después los contrarrevolucionarios colocan en carreteras y caminos del campo nicaragüense.

Según las leyes de Nicaragua, Eugene Hasenfus, aunque extranjero, puede ser juzgado por tribunales nicaragüenses, porque cometió los delitos que se le imputan en territorio nacional. A Hasenfus se le acusa por tres delitos:

-Por violar la Ley de Seguridad y Orden Público en sus incisos a y b, participando en acciones que intentan someter a Nicaragua al dominio extranjero o menoscabar su soberanía y empleando armas para atacar el gobierno de la nación.

-Por terrorismo, violando el artículo 499 del Código Penal, que tipifica como terrorismo la importación, fabricación, distribución y transporte ilícito de armas.

-Por asociarse ilícitamente para delinquir, violando así el artículo 493 del Código Penal.

Una de las mayores incógnitas cuando se empezó a organizar el juicio fue quien haría de abogado defensor. Intentó presentarse como tal el ex-Ministro de Justicia de Estados Unidos en tiempo de Carter, Griffin Bell, pero las leyes de Nicaragua sólo permiten jugar este papel a los abogados inscritos ante la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua.

Griffin Bell ha estado yendo y viniendo de Estados Unidos a Managua, y ha manifestado su disgusto porque no le permiten entrevistarse con el acusado -no lo permite la ley- y porque no lo recibe el Presidente de Nicaragua... La Embajada de Estados Unidos en Nicaragua selecciono como defensor, finalmente, a Enrique Sotelo Borgen, del partido Conservador en su facción abstencionista y, por tanto, extra-parlamentaria. En su primera rueda de prensa, Sotelo arrancó carcajadas de los periodistas norteamericanos cuando dijo que para él Hasenfus no era más que un "obrero calificado en la especialidad de la carga aérea".

El fiscal de este juicio, es el Ministro de Justicia de Nicaragua, Rodrigo Reyes, que pidió para el acusado la pena máxima: 30 años de cárcel. En Nicaragua no hay pena de muerte desde el triunfo de la revolución. Precisamente, el 1 de junio, 4 días antes de que el avión derribado de Hasenfus fuera derribado, la Asamblea Nacional -que continúa su diaria discusión del articulado de la Constitución- aprobaba por mayoría del artículo, en el que se ratifica que no existe pena de muerte en Nicaragua.

Hasenfus es juzgado en el Tribunal Popular Antisomocista, creado el 11 de abril de 1983 en los momentos en que se agravó la agresión contrarrevolucionaria. El TPA, como se conoce en Nicaragua a este Tribunal, que tiene su única sede en Managua, fue organizado en base a los convenios internacionales establecidos en relación a los crímenes de guerra, con el fin de agilizar la vista de los casos, dada la situación de emergencia creada con la guerra contrarrevolucionaria. Según el decreto de creación, el 1233, el TPA nació "para responder ante la situación de agresión impuesta al pueblo de Nicaragua por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica". Es un tribunal civil, con jueces y criterios civiles, integrado por un abogado y 2 ciudadanos, en el que se conceden al acusado de los mismos derechos que en cualquier otro juzgado de lo criminal, a excepción de que sólo hay posibilidad de apelación en segunda instancia al mismo tribunal.

Argumentos de la defensa de Hasenfus

Después de presentada la acusación -que recogía una síntesis histórica de la agresión imperialista de Estados Unidos en Nicaragua desde el siglo XIX- Sotelo centró la argumentación de su defensa en negar la competencia de los TPA -porque Hasenfus no es "somocista"-, en cuestionar la legalidad e imparcialidad, en negar la competencia del Ministro-fiscal Rodrigo Reyes, en rechazar la tipificación de "mercenario" o "prisionero de guerra" para Hasenfus, en rechazar las confesiones echas por el reo ante las autoridades nicaragüense, por ser estas militares, y en calificar todo el juicio como "un adefesio jurídico que pone en vergüenza a los tribunales del país".

Toda esta argumentación, coincidente con el inicial punto de vista adoptado por el aparato de propaganda del gobierno norteamericano (no hablar bien ni mal del acusado sino hablar muy mal del tribunal que le iba a juzgar), fue rechazada. Y el juicio continuó.

El Ministro de Justicia, en su alegato contra la defensa, presentó argumentos como éstos: "En ningún momento en el escrito de acusación, esta Procuraduría ha señalado a Hasenfus como prisionero de guerra, como asevera maliciosamente la defensa, porque hacerlo sería aceptar que Estados Unidos le ha oficialmente declarado la guerra a Nicaragua; en todo momento hemos señalado en el escrito que la guerra que sufre Nicaragua es una guerra de agresión y, por lo tanto, es una guerra ilícita e injusta.

Precisamente, por no estar contemplado en nuestra legislación el delito de mercenario, es que no hemos acusada a Hasenfus por ese delito. Eso, sin embargo, no significa que no existen los mercenarios, tan es así que en los Protocolos adicionales a los convenios de Ginebra del año 1977, se señala expresamente que los mercenarios no tendrán el status de combatientes y que serán juzgados como delincuentes".

En la Resolución 40-25 de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29/11/85 se habla también del delito de mercenario: "La Asamblea General reafirma que la práctica de utilizar mercenarios contra los Estados soberanos y los movimientos de liberación nacional constituye un acto criminal, y exhorta a los gobierno de todos los países a que aprueben leyes en que se declaren delitos punibles el reclutamiento, la financiación, el entrenamiento y el tránsito de mercenarios en su territorio y se prohíba a sus nacionales prestar servicios como mercenarios y a que informen de dichas leyes al Secretario General".

Después de esta primera fase de su defensa, Sotelo pareció querer centrarse en resaltar la necesidad económica de Hasenfus, en desvincular del todo su actividad de la CÍA y en evitar que se le califique como terrorista. A su juicio, los delitos de Hasenfus serían: complicidad en tráfico de armas, con el atenuante de que desconocía lo que había en los bultos que lanzaba al aire, y complicidad en la violación del espacio aéreo de otros países.

El juicio cumple con los requisitos

Para conocer de cerca el juicio, no sólo llegó a Managua Griffin Bell, sino también otro ex-Procurador General de Estados Unidos, éste durante la Administración Johnson: Ramsey Clark. Después de informarse de las incidencias del caso y del juicio, Clark llegó a estas conclusiones, que expuso públicamente en Managua:

-El juicio cumple con todos los requisitos de las leyes de Nicaragua.

-El defensor, Sotelo politiza el juicio, por su carácter de político opositor al gobierno. (Clark dijo que Sotelo fue elegido por la Embajada Norteamericana en una lista de 12 nombres; se sabe que el abogado personal de Hasenfus está muy molesto con el estilo seguido por Sotelo para la defensa, que estaría perjudicando a su defendido).

- El acusado está siendo presionado por los funcionarios del gobierno de Estados Unidos que lo han visto, para que no hable de ciertas particularidades de su actividad.

Categóricamente, Clark afirmó:

El delito de Hasenfus" es el tipo de delito que merecería la pena de muerte en Estados Unidos. Si fuera un mercenario haciendo algo similar en favor de los revolucionarios de El Salvador tendría suerte si no lo ejecutaran inmediatamente.

Sally, la esposa de Hasenfus, y William su hermano, asisten al juicio. El gobierno nicaragüense ah mostrado una gran flexibilidad permitiendo que en las conversaciones de Hasenfus con Sotelo, su defensor estén presentes funcionarios de la Embajada y sus familiares.

El caso es difícilmente defendible. El propio Griffin Bell, tras sus iniciales bravatas, tuvo que reconocer en Managua: "Después de todo, Hasefnus no cayó del cielo sino que fue derribado de un avión repleto de armas".

Comenzó a partir de ahí a apelar a los sentimientos de misericordia del gobierno sandinista, ya que Hasenfus estaba desempleado y tenía tres hijos que alimentar. Griffin Bell actúa como asesor de Sotelo.

Ante los tribunales, Hasenfus ha reconocido su culpabilidad, ratificando datos que dio en los primeros interrogatorios. Unicamente, ha querido distanciarse de su primeros afirmaciones sobre lío vínculos que señaló entre Cooper, la CIA y George Bush, diciendo que él solo oyó decir a Cooper, pero que a el no le constaba... Esta es la línea actual de la defensa: desinvolucrar a la CIA y a los altos funcionarios de la Administración. Es un objetivo casi tan difícil como probar la inocencia de Hasenfus.

Un juicio seguido con avidez

El juicio de Hasenfus llenó el mes de octubre en Nicaragua. Es público y es seguido con avidez pro periodistas nacionales e internacionales y también por el pueblo de Nicaragua a través de medios de comunicación. En la actual guerra de resistencia, el derribo del avión, la captura de Hasenfus y su juicio son todo un símbolo que da seguridad en la victoria.

El caso Hasenfus atraviesa la actual coyuntura nicaragüense dejando una estela de evidencias y pruebas y revelaciones. Ya no queda duda sobre el carácter de la guerra que enfrenta el pueblo nicaragüense. Es la guerra de Estados Unidos contra Nicaragua. La Administración Reagan ya no tiene máscaras que quitarse o que ponerse. Ha quedado aislada, legitimando empecinadamente una guerra ilegal que dirige totalmente desde Washington, y así aislada, está, a la vez, ante la creciente disyuntiva de un involucramiento mayor, en el que podría morir muchos Cooper y Sawyer y ser capturados muchos Hasenfus. Estas muertes y capturas no están aún legitimadas por la opinión pública de Estados Unidos, y éste el único frente en el que se puede obtener un freno a esta guerra imparable.

Mientras empiezan los preparativos par el entrenamiento de contrarrevolucionarios por asesores de la CIA en campos "discretos" de Estados Unidos y se anuncian unas gigantescas maniobras conjuntas de Estados Unidos-Honduras para el mes de diciembre, crecen los rumores de que el próximo paso que dará la Administración será una ruptura unilateral de relaciones diplomáticas de Nicaragua, que le permita actuar tan ilegalmente como hasta ahora pero con mayor coherencia. A este plan, el gobierno norteamericano quiere arrastra a los países centroamericanos aliados de Estados Unidos.

Nicaragua no está aislada

Pero Nicaragua no está aislada. Fue elegida este mes para ser sede en 1987 de la reunión anual de la Unión InterParlamentaria Mundial, que agrupa a 103 parlamentarios de todo el mundo, dándosele así una importante legitimación a su Asamblea Nacional Legislativa. Esa Asamblea, por su parte, continúa construyendo la nueva institucionalidad, con el diario debate del texto de la nueva Constitución. Por otra parte, se celebró este mes la segunda ronda del diálogo Iglesia-Estado, y se empiezan ya a estudiar los puntos concretos que formarían parte de un Acuerdo Global, que asegure de manera permanente la legitimidad, el respeto y la autonomía entre ambas instituciones.

Aunque la agresión continúa -y buena prueba son los intensos combates que se dieron este mes, los más fuertes de este año, "en algún lugar de la frontera", entre el grueso de las tropas de la FDN que pretendían infiltrarse a Nicaragua y 4 batallones de lucha irregular del ejército sandinista-, aunque las perspectivas y el gobierno de Estados Unidos no da una sola señal de rectificar su rumbo guerrerista, Nicaragua tampoco está nerviosa. Continúa siendo un país en el que reina una increíble normalidad. La resistencia se asimila cada vez más como un virtud cotidiana. Hay serenidad, hay seguridad, hay victorias. Hay la sencilla tranquilidad de tener la razón. Es la intranquilidad que refleja el rostro del soldado sandinista que lleva, amarrado y controlado, al norteamericano Eugene Hasenfus.

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