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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 398 | Mayo 2015
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América Latina

Nicaragua en los ojos de Eduardo Galeano

Nicaragua, algunas de sus historias y algunos de los nombres que han hecho su historia, están presentes en los libros de Eduardo Galeano. Imposible reproducir todo lo que dijo de nosotros y todo lo que nos dijo desde su pluma apasionada. He aquí un resumen que busca resaltar su indoblegable pensamiento crítico, siempre desde la izquierda, siempre coherente, siempre en evolución.

María López Vigil

El libro que ha hecho más famoso a Galeano es de 1971, “Las venas abiertas de América Latina”, un texto que enseñó a varias generaciones a pensar la historia de nuestro continente con otras clases. Cuando Hugo Chávez se lo regaló a Barack Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en 2009, tuvo un espectacular repunte de ventas. En esa ocasión Galeano tomó distancia de su obra. Dijo que “no sería capaz de leerlo de nuevo” porque era “una prosa de izquierda tradicional pesadísima” y reconoció que no tenía preparación ni económica ni política cuando lo escribió.

En ese libro, un ensayo de historia del saqueo económico y de las miserias políticas de América Latina, las palabras más extensas sobre Nicaragua las dedica Galeano a la figura de Augusto Sandino, de cuya gesta escribirá una y otra vez, siempre con admiración.


SANDINO CONMUEVE AL MUNDO

“Alrededor de veinte años -unos más, otros menos- per¬ma¬ne¬cieron en el poder Jorge Ubico en Guatemala, Maxi¬miliano Hernández Martínez en El Salvador, Tiburcio Carías en Honduras y Anastasio Somoza en Nicaragua... La epopeya de Augusto César Sandino conmovía al mundo. La larga lucha del jefe guerrillero de Nicaragua había derivado a la reivindicación de la tierra y levantaba en vilo la ira campesina. Durante siete años, su pequeño ejército en harapos peleó, a la vez, contra los doce mil invasores norteamericanos y contra los miembros de la guardia nacional. Las granadas se hacían con latas de sardinas llenas de piedras, los fusiles Springfield se arrebataban al enemigo y no faltaban machetes; el asta de la bandera era un palo sin descortezar y en vez de botas los campesinos usaban, para moverse en las montañas enmarañadas, una tira de cuero llamada caite...”

PEDRARIAS Y EL GUEGÜENCE, WILLIAM WALKER Y SANDINO

Después de “Las venas abiertas” vino la trilogía “Memoria del fuego”, tres tomos publicados entre 1982 y 1986. Galeano abandona el intento de una visión tan abarcadora y teje una colección de piezas literarias que relatan momentos de la gran historia y pequeñas historias de América Latina. Entre esas perlas preciosas, semillas de pasión para despertar la memoria colectiva, Galeano menciona en muchas páginas a Nicaragua.
En el tomo primero, que dedicó nada menos que a Tomás Borge, y que tituló “Los nacimientos”, parte de nuestros mitos ancestrales hasta llegar al siglo 18. En este tomo hace un perfil del tiránico primer gobernador de Nicaragua, Pedrarias Dávila, cuenta de aquel “infierno” que fue en la mente de los conquistadores el magma ardiente del volcán Masaya y retrata, piropeándolo, al Güegüence.


“Un indio vejete, engañador y deslenguado, ocupa el centro de la obra. Es el Güegüence o Macho-Ratón, un burlador de prohibiciones, que nunca dice lo que habla ni escucha lo que oye, y así consigue evitar que lo aplasten los poderosos: lo que el pícaro no gana, lo empata; lo que no empata, lo enreda”.

En el segundo tomo de la trilogía, que tituló “Las caras y las máscaras”, reconstruye con brillantes y pulidas piezas el rompecabezas de la historia latinoamericana en los siglos 18 y 19, los siglos de las independencias. En estas páginas Nicaragua está presente en un retrato del filibustero William Walker y en el de Sandino asomándose a la vida.

“1856 – Granada – Walker, el hijo de Tennessee fusila en caliente y entierra sin epitafio. Tiene ojos de ceniza. No ríe ni bebe. Come por cumplir. No se le ha visto mujer, desde que murió su novia sordomuda; y Dios es su único amigo digno de confianza. Se hace llamar el Predestinado. Viste de negro. Detesta que lo toquen. William Walker, caballero del Sur, se proclama presidente de Nicaragua…. Restablece la esclavitud, abolida en Centroamérica hace más de treinta años, y reimplanta el tráfico negrero, el régimen de servidumbre y el trabajo forzado. Decreta que el inglés es el idioma oficial de Nicaragua y ofrece tierras y brazos a los norteamericanos blancos que quieran venir”.

***
“1895 – Niquinohomo – A las puertas de esta casa de adobe se juntan las gentes, atraídas por el llanto. Como araña volteada mueve brazos y piernas el recién nacido. No vienen desde lejos los reyes magos para darle la bienvenida, pero le dejan regalos un labrador, un carpintero y una vivandera que pasa camino del mercado. La comadrona ofrece agüita de alhucemas a la madre y al niño una pizca de miel, que es su primer sabor del mundo. Después, la comadrona entierra la placenta, que tan raíz parece, en un rincón del huerto. La entierra en buen lugar, donde da fuerte el sol, para que se haga tierra aquí en Niquinohomo. Dentro de algunos años, también tierra se hará, tierra alzada de toda Nicaragua, el niño que acaba de salir de esta placenta”.

DARÍO, SANDINO, SOMOZA Y LA REVOLUCIÓN

En el tercer tomo de “Memoria del fuego” Galeano recoge pedacitos de historia del siglo 20, al que llamó, dándole título al libro, “El siglo del viento”. En el viento captura esas briznas y las abrillanta. Nicaragua está muy presente en estas páginas apasionadas.

Muchas traen detalles de la vida de Sandino hasta su alzamiento, hablan de su guerra contra los marines, dibujan perfiles de algunos de sus hombres, relatan su asesinato… Está también presente Rubén Darío. También Somoza, el terremoto, el asalto al Palacio, Solen¬ti¬na¬me... Finalmente, pinta Galeano con palabras llenas de sor¬presa y entusiasmo los primeros momentos de la Revolución sandinista, de la que, como tanta otra gente en América Latina y el mundo, se enamoró.


“1916 – León – En Nicaragua, tierra ocupada, tierra humillada, Rubén Darío muere… Rodeado de cirios y de admiradores, el cadáver de Darío luce durante el día túnica griega y corona de laurel y por la noche traje negro de etiqueta, levita y guantes al tono. Por toda una semana, día tras noche, noche tras día, se lo azota con cursis versos, en recitales de nunca acabar, y se le propinan discursos que lo proclaman Cisne Inmortal, Mesías de la Lira Española y Sansón de la Metáfora. Rugen los cañones: el gobierno contribuye al martirio descerrajando honores de Ministro de Guerra al poeta que predicaba la paz. Alzan cruces los obispos, tintinean las campanillas: en el momento culminante de la flagelación, el poeta que creía en el divorcio y en la enseñanza laica cae al hoyo convertido en Príncipe de la Iglesia”.
***
“1933 – Managua – La primera derrota militar de los Esta¬dos Unidos en América Latina. El primer día del año aban¬donan Nicaragua los marines, con todos sus barcos y sus aviones. El esmirriado general de los patriotas, el hom¬bre¬cito que parece una T con su aludo sombrero, ha humilla¬do a un imperio…”
“1972 – Managua – El reloj de la catedral queda clavado, para siempre, a la hora en que el terremoto alza en vilo a la ciudad. El terremoto sacude a Managua y la destroza. Ante la catástrofe, Tachito Somoza prueba sus virtudes de estadista y empresario. Decreta que los albañiles trabajarán sesenta horas semanales sin ganar ni un centavo más y declara:
Ésta es la revolución de las oportunidades.

Tachito, hijo de Tacho Somoza, ha desplazado a su hermano Luis del trono de Nicaragua. Graduado en West Point, tiene mejores uñas. A la cabeza de una voraz bandada de primos segundos y tíos terceros, se lanza sobre las ruinas: él no ha fabricado el terremoto, pero lo cobra. La tragedia de medio millón de personas sin casa es un espléndido regalo de Navidad…”
***

“1979 – En toda Nicaragua – Que nadie quede solo, que nadie se pierda, que se armó la runga, reventó la mierda, el gran correcorre, el pueblo arrecho peleando a puro pecho contra tanques y tanquetas, camiones y avionetas, rifles y metralletas, todo el mundo a la bulla, de aquí nadie se raja, sagrada guerra mía y tuya y no guerrita de rifa y rafa, pueblo fiero, arsenal casero, a verga limpia peleando, si no te morís matando vas a morirte muriendo, que codo a codo es el modo, todos con todo, pueblo siendo”.

1990: EL NIÑO PERDIDO EN LA INTEMPERIE

El 28 de marzo de 1990, el diario español “El País” publicó un extenso texto titulado “El niño perdido en la intemperie”, en el que Galeano reflexionaba sobre aquel “fin de la historia” con el que se etiquetó el fin del socialismo europeo. En aquel contexto, Galeano habló, adolorido y perplejo, de la derrota electoral del proyecto revolucionario de Nicaragua.

“En Bucarest, una grúa se lleva la estatua de Lenin. En Moscú, una multitud ávida hace cola a las puertas de McDonald’s. El abominable muro de Berlín se vende en pedacitos, y Berlín Este confirma que está ubicado a la derecha de Berlín Oeste. En Varsovia y en Budapest, los ministros de Economía hablan igualito que Margaret Thatcher. En Pekín también, mientras los carros de combate aplastan a los estudiantes. El Partido Comunista Italiano, el más numeroso de Occidente, anuncia su próximo suicidio. Se reduce la ayuda soviética a Etiopía y el coronel Mengistu descubre súbitamente que el capitalismo es bueno. Los sandinistas, protagonistas de la revolución más linda del mundo, pierden las elecciones: Cae la revolución en Nicaragua, titulan los diarios. Parece que ya no hay sitio para las revoluciones, como no sea en las vitrinas del Museo Arqueológico, ni hay lugar para la izquierda, salvo para la izquierda arrepentida que acepta sentarse a la diestra de los banqueros. Estamos todos invitados al entierro mundial del socialismo. El cortejo fúnebre abarca, según dicen, a la humanidad entera.

Yo confieso que no me lo creo. Estos funerales se han equivocado de muerto. La perestroika y la pasión de libertad que ésta desató han hecho saltar por todas partes las costuras de un asfixiante chaleco de fuerza. Todo estalla. A ritmo de vértigo se multiplican los cambios, a partir de la certeza de que la justicia social no tiene por qué ser enemiga de la libertad ni de la eficiencia. Una urgencia, una necesidad colectiva: la gente ya no daba más; la gente estaba harta de una burocracia, tan poderosa como inútil, que en nombre de Marx le prohibía decir lo que pensaba y vivir lo que sentía. Toda espontaneidad era culpable de traición o locura.

¿Socialismo, comunismo? ¿O todo esto era más bien una estafa histórica? Yo escribo desde un punto de vista latinoamericano, y me pregunto: si así fue, si así fuera, ¿por qué vamos a pagar nosotros el precio de esa estafa? En ese espejo nunca estuvo nuestra cara”.

¿CONFESIÓN DE UN DINOSAURIO?

“En las recientes elecciones de Nicaragua, la dignidad nacional ha perdido la batalla. Fue vencida por el hambre y la guerra; pero también fue vencida por los vientos internacionales, que están soplando contra la izquierda con más fuerza que nunca. Injustamente pagaron justos por pecadores. Los sandinistas no son responsables de la guerra ni del hambre, ni cabe atribuirles la menor cuota de culpa por cuanto ocurría en el Este. Paradoja de paradojas: esta revolución democrática, pluralista, independiente, que no copió a los soviéticos, ni a los chinos, ni a los cubanos, ni a nadie, ha pagado los platos que otros rompieron, mientras el partido comunista local votaba por Violeta Chamorro…

…Las elecciones de Nicaragua fueron un golpe muy duro. Un golpe como del odio de Dios, que decía el poeta. Cuando supe el resultado, yo fui, y todavía soy, un niño perdido en la intemperie. Un niño perdido, digo, pero no solo. Somos muchos. En todo el mundo somos muchos…

Ahora hay que volver a empezar. Pasito a paso, sin más escudos que los nacidos de nuestros propios cuerpos. Hay que descubrir, crear, imaginar. En el discurso que Jesse Jackson pronunció poco después de su derrota en Estados Unidos, él reivindicó el derecho de soñar: “Vamos a defender ese derecho”, dijo, “no vamos a permitir que nadie nos arrebate ese derecho”. Y hoy, más que nunca, es preciso soñar. Soñar juntos sueños que se desensueñen y en materia mortal encarnen, como decía, como quería, otro poeta. Peleando por ese derecho viven mis mejores amigos, y por él, algunos han dado la vida.

Éste es mi testimonio. ¿Confesión de un dinosaurio? Quizá. En todo caso es el testimonio de alguien que cree que la condición humana no está condenada al egoísmo y a la obscena cacería del dinero, y que el socialismo no murió, porque todavía no era: que hoy es el primer día de la larga vida que tiene por vivir”.

1992: A PESAR DE ALGUNOS DIRIGENTES…

Un par de años después, el 31 de marzo de 1992, “El País” publicaba otro texto de Galeano, titulado “A pesar de los pesares”. Librepensador y espíritu de verdad crítico, seguía pensando con libertad. El texto se centra en Cuba, que seguía bloqueada. Decía Galeano: “Nunca he confundido a Cuba con el paraíso. ¿Por qué voy a confundirla, ahora, con el infierno? Yo soy uno más entre los que creemos que se puede quererla sin mentir ni callar”. En el contexto de aquel momento de éxito desaforado del capitalismo, Galeano se refiere a Nicaragua. Y en sus palabras de ese año ya apunta la decepción y también una frontera: el sandinismo no es la codicia de algunos dirigentes.


“Tiempo de derrumbamiento y perplejidad; tiempo de grandes dudas y certezas chiquitas. Pero quizá no sea tan chiquita esta certeza: cuando nacen desde adentro, cuando crecen desde abajo, los grandes procesos de cambio no terminan en su lado jodido. Nicaragua, pongamos por caso, que viene de una década de asombrosa grandeza, ¿podrá olvidar lo que aprendió en materia de dignidad y justicia y democracia? ¿Termina el sandinismo en algunos dirigentes que no han sabido estar a la altura de su propia gesta, y se han quedado con autos y casas y otros bienes públicos? Seguramente el sandinismo es bastante más que esos sandinistas que habían sido capaces de perder la vida en la guerra y en la paz no han sido capaces de perder las cosas”.

En muchas ocasiones durante los años de la Revolución Galeano visitó Nicaragua, asombrándose de todo lo que veía avanzar. Después de 1990, y sabiendo ya lo que “algunos dirigentes” hacían y decían, no volvería nunca más a nuestro país.

UNA VOLTERETA ASOMBROSA

Ocho años después de estar “perdido en la intemperie” Galeano comienza a analizar en sus nuevos libros, siempre con ojos latinoamericanos y siempre en un brillante patch¬work que organiza y cose retazos mezclando tamaños y colores, las injusticias, paradojas, barbaridades y hazañas humanas en un mundo más ancho que nuestro continente, nunca ajeno para él, por humano. Ya está bastante decepcionado de lo que ocurre en Nicaragua. En esos años confusos, y hasta el final de su vida, la revista “Envío” lo mantuvo en contacto con nuestro país y con los países centroamericanos. Gran orgullo haber tenido a este lector tan fiel.

En “Patas arriba – La historia del mundo al revés”, libro que publicó en 1998, recoge tres escenas que muestran los drásticos cambios ocurridos en la Nicaragua de los años 90: el Cardenal Obando inaugurando una gasolinera nueva, los pobres de Managua corriendo en sus carretones de caballos en las carreras de Ben Hur que inventó Pedro Solórzano y unas palabras de Humberto Ortega que, con su característica ironía, consideró útiles “para las Cátedra de Historia de las Ideas”.


“En los años ochenta, el pueblo de Nicaragua sufrió castigo de guerra por creer que la dignidad nacional y la justicia social eran lujos posibles para un país pobre y chiquito. En 1996 Félix Zurita entrevistó al general Humberto Ortega, que había sido revolucionario. Con diez años de guerra fue castigada Nicaragua, cuando cometió la insolencia de ser Nicaragua. Un ejército reclutado, entrenado, armado y orientado por los Estados Unidos atormentó al país, durante los años ochenta, mientras una campaña de envenenamiento de la opinión pública mundial confundía al proyecto sandinista con una conspiración tramada en los sótanos del Kremlin. Pero no se atacó a Nicaragua porque fuera el satélite de una gran potencia, sino para que volviera a serlo; no se atacó a Nicaragua porque no fuera democrática, sino para que no lo fuera. En plena guerra, la revolución sandinista había alfabetizado a medio millón de personas, había abatido la mortalidad infantil en un tercio y había desatado la energía solidaria y la vocación de justicia de muchísima gente. Ése fue su desafío, y ésa fue su maldición. Al fin, los sandinistas perdieron las elecciones, por el cansancio de la guerra extenuante y devastadora. Y después, como suele ocurrir, algunos dirigentes pecaron contra la esperanza, pegando una voltereta asombrosa contra sus propios dichos y sus propias obras. Mucho habían cambiado los tiempos, en tan poco tiempo. ¿Humillación? ¿Injusticia? La naturaleza humana es así, dijo el general: nunca nadie está conforme con lo que le toca.
Hay una jerarquía, pues –dijo.

Y dijo que la sociedad es como un estadio de fútbol:

–Al estadio entran cien mil, pero en el palco caben quinientos. Por mucho que usted quiera al pueblo, no puede meterlos a todos en el palco.”

REAGAN, SIEMPRE SANDINO, Y DE NUEVO EL GUEGÜENCE

Ya en el nuevo milenio, y hasta el final de su vida, en sus tres libros, “Bocas del tiempo” (2004), “Espejos – Una historia casi universal” (2008) y “Los hijos de los días” (2012), Galeano retoma el estilo de la trilogía “Memoria del fuego”. Sus páginas recogen grandes y pequeñas historias “tejidas por los hilos del tiempo” con más minuciosidad en las anécdotas elegidas, más ironía y humor en el estilo. Y la misma pasión en el propósito: descorrer velos, revelar para hacer reflexionar y para emocionar, para hacer sonreír y llorar.

En estos tres libros hay referencias a Nicaragua. En “Bocas del tiempo” ironiza sobre Reagan. En “Espejos” y en los relatos de la historia más grande vuelve de nuevo sus ojos admirados a Sandino, y en los de las historias más chiquitas habla de la radio de Paiwas que defiende a las mujeres. En “Los hijos de los días”, una especie de almanaque con reflexiones para cada día del año, el 25 de enero vuelve a piropear la picardía del Güegüence y el 27 de abril ironiza sobre la participación del FSLN en la penalización del aborto terapéutico. Este tema le sirvió para reflexionar sobre izquierdas y derechas en una amplia entrevista con Telesur y con “Punto final” de Chile.


“Tiene pánico a la invasión el país que nadie invade y que tiene la costumbre de invadir a los demás. En los años ochenta, el peligro se llamaba Nicaragua. El presidente Ronald Reagan fumigaba a la opinión pública con los gases del miedo. Mientras él hablaba por televisión denunciando la amenaza, el mapa se iba tiñendo de rojo a sus espaldas. El torrente de sangre y comunismo avanzaba por América Central, subía por México y entraba vía Texas a los Estados Unidos. La teleaudiencia no tenía la menor idea de dónde quedaba Nicaragua. Y tampoco sabía que ese país descalzo había sido arrasado por una dictadura de medio siglo, fabricada en Washington, y por un terremoto que borró del mapa media ciudad de Managua. La fuente del terror tenía, en total, cinco ascensores y una escalera mecánica, que no funcionaba”. (“Alarma roja” en “Bocas del tiempo”).

***
“En 1933, los marines, humillados, se fueron de Nicaragua. Se fueron, pero se quedaron. En su lugar, dejaron a Anastasio Somoza y a sus soldados, entrenados por los invasores para ejercer la suplencia. Y Sandino, victorioso en la guerra, en la traición fue derrotado. En 1934, cayó en una emboscada. Por la espalda tenía que ser.

A la muerte no hay que tomarla en serio –gustaba decir–. No es más que un momentito de disgusto”. (“Resurrección de Sandino” en “Espejos”).

“El pueblo de Nicaragua celebra al Güegüence, y ríe con él. En estos días, días de su fiesta, las calles se vuelven escenarios donde este pícaro cuenta, canta y baila, y por su obra y gracia todos se vuelven cuenteros, cantores y bailanderos. El Güegüence es el papá del teatro callejero en América Latina. Desde el principio de los tiempos coloniales, él viene enseñando las artes del maestro enredador:

Lo que no puedas ganar, empátalo. Lo que no puedas empatar, enrédalo.
Y desde aquel entonces, de siglo en siglo, el Güegüence no ha parado de hacerse el tonto, inventón de palabras que nada significan, maestro de diabluras que el Diablo envidia, deshumillador de los humillados, jodón, jodido, jodedor”. (“El derecho a la picardía” en “Los hijos de los días”).

LA PENALIZACIÓN DEL ABORTO

“El Partido Conservador gobernaba Nicaragua cuando en este día de 1837 se reconoció a las mujeres el derecho de abortar si su vida corría peligro. Ciento setenta años después, en ese mismo país, los legisladores que decían ser revolucionarios sandinistas prohibieron el aborto en cualquier circunstancia, y así condenaron a las mujeres pobres a la cárcel o al cementerio. (“Las vueltas de la vida en “Los hijos de los días”)

***
“Por supuesto que soy un hombre de izquierda, claro que sí. Si mañana se me ocurre decir que pasé a la derecha nadie me va a creer. Soy de izquierda, pero eso no significa que yo confunda, como muchos compañeros, por cierto muy queridos por mí, la religión con la política… En el año 1830 y pico Nicaragua fue uno de los primeros países que legalizó el aborto en los casos en que corriera peligro la salud de la mujer y la vida de la mujer. En ese momento gobernaba en Nicaragua el partido conservador, un partido de derecha, que fue el que promulgó la ley. Pasó un siglo y medio más o menos y un gobierno de izquierda, sandinista, anuló la ley… Bajo esos parámetros, que me aclaren qué es izquierda y qué es derecha, porque si izquierdista es el gobierno que ilegalizó el aborto que había sido legalizado por un gobierno de derecha entonces estamos todos locos. Habría que recuperar el sentido de las palabras, que es en definitiva la función primordial de un escritor, contribuir a limpiar el diccionario”. (“Punto final”, Santiago de Chile, febrero 2013)

DORA MARÍA MERECE SER ESCUCHADA

En junio de 2008, Galeano, junto a Noam Chomsky, SusanMeiselas, Ariel Dorfman, Salman Rushdie, HermannSchulz, Juan Gelman, Brian Willson, Tom Hayden, Bianca Jagger y Mario Benedetti, firmó un mensaje que titularon “Dora María merece ser escuchada”. En ese momento ella había concluido una huelga de hambre en el centro de Managua reclamando devolvieran la personalidad jurídica al partido que había fundado, el MRS, despojado de esa personalidad de forma arbitraria por el gobierno de Ortega. En su gesto, Galeano y los firmantes vieron una señal de los retrocesos que estaba viviendo la democracia en Nicaragua.

“Quienes firmamos este pronunciamiento hemos compartido de una u otra forma, la historia de Nicaragua. Durante la lucha sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza y posteriormente durante los años en que Nicaragua sufrió la agresión producto de la política interventora de la Administración Reagan, acompañamos a la Nicaragua revolucionaria con nuestras posiciones y acciones. Muchos de nosotros formamos parte de un amplio movimiento de solidaridad.

Desde entonces, conocimos y admiramos la valentía y compromiso de Dora María Téllez. Su integridad, prestigio, dedicación y el riesgo que corrió su vida al permanecer trece días en huelga de hambre nos motiva a pronunciarnos para solicitar al Gobierno de Nicaragua que medite muy bien sobre las consecuencias de no atender las demandas que ella representa. Lo que llevó a Dora María a exponer su salud y su vida de nuevo, es una demanda clara: que no se cierren los espacios políticos y que haya un diálogo nacional para resolver la crisis alimentaria y del alto costo de la vida que, como muchos países, enfrenta Nicaragua. Ninguna de estas demandas es irracional y un gobierno que quiera el apoyo popular debe responderlas.

Queremos sumarnos a esta demanda y a esta protesta. La representación política es un derecho. Es un derecho protestar contra los mecanismos que cierran estos espacios. Dora María ejerce su derecho. Ella representa a un amplio sector de la sociedad nicaragüense que debe ser escuchado. Pedimos por su derecho, por el de sus compañeros y el de todos los nicaragüenses”.

PREGUNTITAS SOBRE EL CANAL

Ya estaba muy enfermo cuando, en noviembre de 2014, le pedimos a Galeano que dijera algo sobre el proyecto del Canal, del que estaba muy bien informado. Y habló, dejándonos en las últimas palabras que le dedicó a Nicaragua unas preguntitas llenas de su elegantísima y atrevida ironía.

“¿Qué cuento chino está comprando la familia reinante en Nicaragua?
¿Cuánto está pagando ese pueblo heroico a cambio de un canal fantasma?
¿No sienten ni un poquito de vergüenza los que han puesto bandera de remate a la memoria de la dignidad del pueblo que supo plantarle cara al más poderoso de los imperios de la época contemporánea?
Disculpas pido, por el atrevimiento”.

Adiós, amigo, maestro, mago de las palabras.

PERIODISTA. EDITORA DE ENVÍO.

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