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  Número 397 | Abril 2015
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Nicaragua

“Se están confundiendo los intereses de un partido y una familia con los intereses de la nación”

Francisco Aguirre Sacasa, ex-Canciller de Nicaragua, embajador en Estados Unidos y Canadá (1997-2001), y durante 28 años Director en distintos departamentos del Banco Mundial, compartió sus reflexiones sobre las relaciones internacionales de Nicaragua en la actual situación mundial en una charla con Envío que transcribimos.

Francisco Aguirre Sacasa

Antes de comentar el estado de las relaciones internacionales del gobierno actual de Nicaragua, es útil establecer un marco conceptual sobre cuáles son los fundamentos esenciales de la política exterior de todo país serio.

Una política exterior bien entendida y bien manejada se asienta sobre tres pilares. El primero es contribuir a la defensa de la soberanía nacional y a la integridad territorial de la nación. Esto implica una relación de colaboración con las fuerzas armadas del país. La diplomacia es la mano con guante de terciopelo de un país y la fuerza armada es el puño con guante de acero. El segundo pilar es velar por los intereses de la nación y por los de sus ciudadanos donde quiera que se encuentren. Los países serios no sólo se preocupan por defender los intereses de sus ciudadanos que viven en la patria, también atienden los problemas que pudieran enfrentar sus ciudadanos en el extranjero. En este sentido, la Cancillería de Nicaragua tiene la obligación de velar por los intereses de la población nicaragüense en Costa Rica, en Panamá, en Estados Unidos, en El Salvador, en España, en dondequiera se encuentren nuestros compatriotas. Desgraciadamente, tenemos en Nicaragua una diáspora grande: uno de cada seis nicaragüenses vive fuera de su patria. Y es nuestra obligación asistirlos en todo lo que podamos. Esta obligación no sólo se basa en un pilar fundamental de la diplomacia, es lo mínimo que podemos hacer por nuestros hermanos y hermanas en otras naciones que, generosamente, nos envían más de mil millones de dólares anuales en remesas.

El tercer pilar de la diplomacia, el más reciente y más moderno, tiene que ver con temas económicos, con cómo promover el crecimiento de la patria y con cómo vender al país, en el sentido positivo de la palabra “vender”. Tiene que ver, por ejemplo, con atraer inversiones a Nicaragua. Es una de las principales tareas a las que me dediqué cuando fui embajador de Nicaragua en Estados Unidos y Canadá y cuando fui Canciller.

Hay gente que confunde la diplomacia con el protocolo. Esto es un error. La diplomacia consiste en formular e implementar estrategias para promover los intereses de la nación en las áreas que mencioné, basándonos en esos tres pilares. Ésa es la esencia de la diplomacia en cualquier país, llámese Estados Unidos, Rusia o Nicaragua.

La estrategia diplomática de una nación también tiene que ser consistente con sus posibilidades y, por eso, debe basarse en lo que se llama realpolitik, una palabra alemana que significa pragmatismo político. Un elemento esencial de la realpolitik de un país es saber ubicarse en el espacio que le corresponde en el concierto de las naciones. Más específicamente: una nación tiene que tener claro su peso específico –su quantum de poder económico y militar– y adaptar sus actuaciones a esa realidad. Ese mismo principio, el de ubicarse, no sólo se aplica a los Estados, también debemos aplicarlo los seres humanos. Y para recordarme de eso, en la puerta de mi casa tengo una placa de cerámica señalando la latitud y la longitud de mi casa y su altura sobre el nivel del mar.

Veamos ahora cómo se aplican los principios de una diplomacia seria a nuestro país. En su política exterior Nicaragua tiene que ubicarse. Nicaragua no puede aspirar a la misma política internacional que, por ejemplo, la China porque no jugamos en las mismas ligas, no tenemos los recursos de ellos, no tenemos el peso específico de ellos. ¿Quiénes somos? Somos el país latinoamericano con la economía más pequeña, más pequeña aún que la de Haití. Y somos el segundo país más pobre de América Latina, sólo Haití tiene un ingreso per cápita menor que el nuestro. En estas circunstancias, nuestra proyección hacia afuera es limitada, a pesar de que a algunos de nosotros nos gusta creer que somos el ombligo del mundo. Pensar eso es una manera de enredarse, de engañarse y de no acertar en las relaciones internacionales.

Pero ser pequeños no quiere decir que somos impotentes. Nuestra diplomacia cuenta con hombres y mujeres con la capacidad y la preparación para lidiar pragmáticamente con países más grandes y más poderosos que el nuestro. Lo que necesitamos es creatividad, audacia, perseverancia y conocimiento de la correlación de fuerzas que existe internamente en los países con los que nos relacionamos. Por ejemplo, en 1997 nuestra diplomacia pudo conseguir que se aprobara la ley NACARA (Nicaraguan Adjustment and Central American Relief Act), que fue de hecho una amnistía a favor de los nicaragüenses indocumentados en los Estados Unidos.

Siendo embajador en Washington, existía entre los miles de nicaragüenses indocumentados en los Estados Unidos un gran temor de ser deportados. Ese mismo terror lo experimentaban también millones de otros latinoamericanos ilegales. Y es que a finales de 1996, el Congreso de Estados Unidos había aprobado, y el Presidente Clinton había firmado, la ley anti-inmigrantes más severa en la historia de Estados Unidos. Me propuse entonces lanzar una campaña para revertir esa ley, al menos para los nicaragüenses. Y me percaté que quienes más se oponían a la liberalización de la ley eran los republicanos. Entonces, empecé a trabajar con congresistas y senadores republicanos, quienes en aquel entonces, como ahora, controlaban el Senado y la Cámara de Representantes. Recuerdo que compré un mapa de Estados Unidos en el que coloreamos con diferentes tonos de rojo todos los condados en que vivían hispanos para indicar cuán numeroso e importante era potencialmente el voto hispano en cada uno. Con ese mapa fui de oficina en oficina de senadores y diputados republicanos explicándoles que nunca habría un Presidente republicano si su partido continuaba siendo percibido como hostil a la comunidad hispana, la minoría más grande y de más rápido crecimiento del país.


Otro contenido de mi mensaje era que los nicaragüenses indocumentados eran, en su mayoría, refugiados que habían llegado “mojados” a los Estados Unidos en los años 80 cuando los sandinistas gobernaban Nicaragua y que, en su mayoría, votarían por los republicanos. Ese argumento fue crucial en mi estrategia. Gracias a él, logré la ayuda de poderosos congresistas republicanos y de columnistas y editorialistas de medios conservadores que internalizaron ese mensaje y que apoyaron la ley NACARA, que fue, repito, una amnistía para los nicaragüenses indocumentados en Estados Unidos. Para los republicanos fue una manera de demostrar su simpatía hacia los hispanos, sin que eso perjudicara su posición política.

Adelantando la película al momento actual, conseguir una amnistía para los 11 millones de hispanos indocumentados que viven hoy en los Estados Unidos es uno de los temas más candentes de la política norteamericana. Y lo que quieren todos los ilegales latinos, desde los mexicanos hasta los dominicanos y los de los tres países del triángulo norte de Centroamérica, es algo como la ley NACARA que nosotros los nicaragüenses obtuvimos en 1997.

Otro ejemplo de algo que pude lograr en los Estados Unidos, siempre midiendo la correlación de fuerzas en ese país, fue frustrar los intentos de sindicatos de Estados Unidos que en los años 1997-99 se propusieron destruir las zonas francas establecidas en Nicaragua. Para lograrlo, esos sindicatos denunciaban malos tratos a quienes estaban empleados en las maquilas nicaragüenses. Su intención no era mejorar las condiciones en nuestras maquilas, sino proteger a los trabajadores americanos empleados en fábricas de confección de vestuario en Estados Unidos, que serían perjudicadas por la competencia nicaragüense. Recordemos que las maquilas estadounidenses no eran competitivas por el alto costo de la mano de obra. Además, los trabajadores de estas maquilas eran miembros de sindicatos y pagaban una cuota de sus salarios a los sindicatos. Por todo esto, esos sindicatos tenían un claro interés en protegerlos de la competencia extranjera. Y aunque en esos años nuestras zonas francas tenían aún una mínima exportación a Estados Unidos, esos sindicatos pretendían una operación “ejemplar” en nuestras maquilas, siguiendo el adagio de que “al perro más flaco se le pegan las pulgas”, para después usar el precedente de una victoria en Nicaragua para convencer a congresistas demócratas de que se debería penalizar a República Dominicana, México, Bangladesh y hasta la China, países con exportaciones textiles mayores. En todo caso, conociendo la correlación de fuerzas en los Estados Unidos y colaborando con medios de comunicación influyentes y con compañías que compraban la ropa que manufacturábamos en Nicaragua, como Fruit of the Loom, logramos convencer a congresistas
de que no había tales abusos. En este esfuerzo conté con el apoyo de la administración de nuestras zonas francas, de nuestro Ministerio del Trabajo y con el de algunos líderes de sindicatos nicaragüenses en la zona franca, quienes explicaron a mis interlocutores que en nuestras maquilas se observaban las normas de la OIT y que mantenerlas abiertas beneficiaba a miles de mujeres cuya emancipación económica dependía de esos trabajos. Así logramos desarticular la campaña intensísima que hubo contra las zonas francas nicaragüenses.

Con estos ejemplos quiero demostrarles que, aunque somos un país pequeño podemos operar exitosamente en el sistema de un país grande y defender nuestros intereses si nos lo proponemos, si actuamos inteligentemente y si buscamos aliados influyentes. Hago énfasis en esto porque en Nicaragua estamos acostumbrados a que las grandes potencias nos manipulen. Y hasta nos gusta que nos dominen. La prueba es que cuando políticos nuestros se encuentran en desventaja en el juego político interno recurren muchas veces a embajadas extranjeras buscando apoyo para sus causas. Pero debemos de estar conscientes que nosotros también podemos manipular el sistema de países más grandes si lo conocemos y sabemos movernos en la política interna de ellos.

Abordemos ahora otros elementos de las relaciones internacionales del gobierno de Nicaragua. Decimos pretender mantener relaciones armoniosas con todas las naciones. Esto me parece bien. Pero en la práctica pareciera que el gobierno actual no comprende que no todos los países tienen la misma importancia geopolítica para nosotros. Y con el país que más cuenta, los Estados Unidos, manejamos relaciones correctas, pero frías. Históricamente, nuestra relación con la Unión Americana no siempre ha sido la más feliz, pero al menos desde mediados del siglo 19 ha sido la potencia de más peso para nosotros.

Quizás el pobre estado de nuestras relaciones con los Estados Unidos se debe a que en algunos sectores de nuestro gobierno se percibe que Estados Unidos es una potencia en decadencia, una suerte de “tigre de papel”. Posiblemente esto se debe al hecho de que, en términos relativos, Estados Unidos ya no es el coloso militar y económico que fue hace algunos años. O tal vez esa percepción proviene de una lectura equivocada de la visión del mundo y del actuar del Presidente Barack Obama, cuyo bagaje personal es totalmente diferente al de todos sus predecesores en la Casa Blanca. Diferente no sólo por el hecho de ser moreno, sino por ser hijo de un extranjero que nació en Kenya y allí regresó. Diferente también por haber vivido parte de sus años de formación fuera de los Estados Unidos, en Indonesia. Después vivió con sus abuelos en Hawái, un estado en medio del Pacífico a cinco horas en avión de Los Ángeles, y un estado atípico de Estados Unidos porque la mayoría de su población no es de origen típicamente anglosajón. En Hawái el grupo mayoritario étnicamente es de origen japonés y hay mucha gente de Polinesia o de origen portugués. Por este cúmulo de factores la visión del mundo de Obama es más internacionalista que la de sus predecesores, más tolerante. Obama ve el mundo como es en realidad: un planeta muy diverso en donde no siempre hay una comunidad de intereses entre lo que quieren los diferentes países y lo que quiere Estados Unidos. Obama, estoy convencido, comprende que hay límites al poder norteamericano y no necesariamente es un creyente del “excepcionalismo” estadounidense. Todo esto, y en particular su tolerancia en asuntos internacionales, lo hace aparecer a veces como un presidente débil e indeciso.

Dejando a un lado el bagaje del Presidente Obama, Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia económica
y militar del mundo desde que desapareció la URSS y hasta que China cobre mayor fuerza. Lo demuestran algunas cifras. El gasto anual en armamento de los Estados Unidos es mayor que el que hacen de la segunda a la décima potencias del mundo ¡combinados!, entre ellas Rusia, China y las potencias de la OTAN. Su economía sigue siendo también la más grande del mundo. Teniendo sólo el 4% de la población mundial, los Estados Unidos producen el 16% del PIB del mundo entero. Actualmente no hay ningún otro país jugando en esta liga y no hay ningún otro país tan importante para Nicaragua por su proximidad geográfica, por antecedentes históricos y por relaciones comerciales.

Estados Unidos es nuestro socio comercial más importante y de Estados Unidos viene el grueso de esos 1 mil 200 millones de dólares en remesas que ingresan anualmente en Nicaragua, producto del trabajo de nuestros compatriotas en la diáspora. Además, el voto de Estados Unidos es decisivo en las instituciones financieras internacionales, en el Fondo Monetario, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Todas estas instituciones son determinantes para nuestra economía y hay que estar claros que con sólo cerrarle el ojo a quienes las dirigen, o con sólo un telefonazo, Washington puede decidir si se suspende, se reduce o se aumenta la ayuda a Nicaragua, sin ni siquiera llevar el tema al directorio. Y se los dice alguien que trabajó en el Banco Mundial por casi treinta años, incluyendo más de diez como director.

¿Cómo está manejando hoy Nicaragua sus relaciones con Estados Unidos? A como ya lo insinué, mal y de manera temeraria. En los últimos años, desde 2007 hasta 2014, he venido diciendo que nuestras relaciones con Estados Unidos eran correctas, pero no cordiales. Hoy día digo que son correctas, pero frías. En lugar de ir mejorando han ido empeorando. Las han empeorado nuestra cercanía a cuatro de los cinco países del mundo sancionados formalmente por Washington: Venezuela, Cuba, Irán y Rusia. El quinto país de ese grupo es Corea del Norte. Washington ha tenido relaciones tensas con algunos de esos países. Desde hace décadas, con Cuba, aunque ahora están mejorando, y rápidamente. En el caso de Rusia, desde 1989 hasta hace un par de años hubo una suerte de kupia-kumi (“un solo corazón”) entre Washington y Moscú, pero eso se ha roto por las acciones de Rusia en Ucrania. La percepción sobre Rusia en Washington es que ambas naciones están de nuevo viviendo una “guerra fría”. Y en consecuencia, los países amigos de Rusia son vistos como adversarios de Estados Unidos. A pesar de lo insignificantes que somos, las amistades de Nicaragua con enemigos de Estados Unidos nos colocan en la pantalla de radar de Washington. Y eso no es nada positivo para nosotros. En el argot nica, con estas amistades nos estamos “metiendo en las patas de los caballos”, estamos “hincando la yegua”…

En este momento Daniel Ortega no tiene ni un solo amigo en Washington. Paradójicamente, ésa no era su situación en los años 80, durante la mera guerra de los contras, cuando había políticos, académicos influyentes y ONG que simpatizaban con la Revolución sandinista. Pero desde 2007 hasta hoy todos han ido alejándose de Daniel Ortega y ahora no le queda nadie con influencia que dé un chelín por él. Nadie. Esto no quiere decir que los Estados Unidos van a invadir a Nicaragua o que van a desestabilizar al gobierno. Lo que quiere decir es que no hay nadie que quiera hacerle un favor al gobierno de Nicaragua. Lo vimos, por ejemplo, en el caso de la extensión de los TPL que, tanto nuestro sector privado como el gobierno, han estado pidiendo. Sencillamente no existe la voluntad de ayudar a un Comandante Ortega que es amigo de Maduro, de Putin y de los Castro. Tampoco ayuda su virulenta retórica antinorteamericana, su hostilidad hacia Israel y sus votos en organizaciones multinacionales como la ONU y la OEA en temas que son sensibles para Washington. Y créanme, ¡esas votaciones se anotan en Washington!

Pasando a otro tema que tiene que ver con Estados Unidos: ¿cuán importante es hoy la democracia para Estados Unidos en sus relaciones con Nicaragua? Mi respuesta es que es definitivamente menos importante que hace unos años. Con un Departamento de Estado agobiado por crisis en todo el mundo, la política internacional norteamericana es sencilla: “No crear más problemas”. Obama tiene muchísimos dolores de cabeza. Anunció hace cinco o seis meses que uno de sus grandes éxitos en Medio Oriente era haber sacado a Al Qaeda del Yemen, y ahora hay una guerra civil en Yemen y los Estados Unidos han tenido que retirar de allí a toda su gente, incluyendo a los de operaciones especiales. En Irak los Estados Unidos se metieron en una guerra innecesaria. Fue el gran error de George W. Bush porque Saddam Hussein no participó en los ataques a las Torres Gemelas. Después de derrocar a Saddam, los Estados Unidos nunca pudieron controlar la situación en Irak. Metieron a 150 mil hombres, que mientras estuvieron allí mantuvieron en el poder al sucesor de Saddam, al nuevo dictador irakí, que robó miles de millones de dólares y que tampoco nunca logró controlar la situación. Y la prueba es que cuando apareció el Estado Islámico, el ejército irakí desapareció… Me río ahora cuando escucho a generales jubilados norteamericanos declarando que están adiestrando de nuevo a militares irakíes y que ahora sí van a tener un buen ejército. ¡Se equivocan! Los Estados Unidos nunca han comprendido o no han sabido manejar la complejidad política del Medio Oriente.

Estemos claros: el compromiso norteamericano para con la democracia y los derechos humanos varía de administración en administración, de país en país, y de tiempo en tiempo. Creo que Bush tuvo un interés más decidido que Obama en la democracia, pero no fue capaz de traducir ese interés en políticas que fomentaran realmente la democracia. La manera en la que su administración intervino en Nicaragua es un ejemplo de esa ineptitud y fue demoledora para nuestra frágil democracia. Y, por supuesto, la ineptitud de nosotros los nicaragüenses contribuyó también a debilitarla.

Pasemos ahora a las relaciones de Nicaragua con otros países que son importantes para nosotros o que podrían serlo: Cuba, Venezuela, Rusia y la China.

Las relaciones que el Comandante Ortega maneja con Cuba se encuentran hoy ante una nueva realidad: el anhelo de ambas naciones, Estados Unidos y Cuba, de normalizar sus relaciones diplomáticas y económicas. Algo que caracteriza a Obama es que no tiene miedo de abordar temas tabúes, siempre y cuando esos tabúes no le vayan a dañar en el juego político interno. Cuando él era candidato a la presidencia en el año 2008 anunció que iba a normalizar las relaciones con Cuba. Y lo justificó en que la política de aislar a Cuba no había arrojado resultados positivos en cincuenta años y en que ya era hora de cambiarla. Creo que Obama espera mucho de estos acuerdos. Y mi percepción es que Cuba también está buscando un acercamiento pragmático con Washington, en vista del colapso político y socioeconómico que está viviendo Venezuela, hasta ahora benefactor de Cuba.

Venezuela es otro país muy importante en las relaciones internacionales de Nicaragua, aunque su importancia está disminuyendo. Desde el gobierno de Alemán hemos tenido una política estrecha con Venezuela. Recuerdo que cuando era Canciller, Hugo Chávez visitó Nicaragua. En esa ocasión le recomendé a Arnoldo que lleváramos a Chávez a Matiguás y que allí, en el corazón de Nicaragua, lo condecoráramos. Al Presidente Alemán le gustó la idea y a Hugo Chávez le encantó. Fuimos a Matiguás en un helicóptero de la Fuerza Aérea de Venezuela y fue espectacular el recibimiento que se le dio, no sólo porque Matiguás era un municipio liberal y nosotros estábamos bien organizados allí, sino porque se podía percibir el afecto que había entre los campesinos para con Chávez, un líder indiscutiblemente carismático.

Hugo Chávez ideó el Socialismo del Siglo 21 pensando que con el petróleo venezolano lograría realizar el sueño de Bolívar: unificar a América Latina bajo el liderazgo de Venezuela. Y hoy todos sabemos que Venezuela está pasando
el Niágara en taburete. Todos sabemos que su economía está devastada, todos sabemos que tiene la segunda tasa de homicidios más alta del mundo, sólo superada por la de nuestra vecina Honduras. Todos sabemos que hay una tremenda escasez de todo, todos sabemos que hay un pésimo manejo de la economía –según el Fondo Monetario la economía venezolana va a tener una contracción del 7% este año–, todos sabemos que ese país sufre la inflación más alta del planeta y está endeudado a niveles tan altos como los que tuvimos en Nicaragua en los años 80.

Mucho habla el Presidente Maduro de la relación especial de Venezuela con China, pero esa relación se reduce a la compra que China está haciendo de petróleo venezolano. Y Venezuela se lo está vendiendo cada vez más a China porque los Estados Unidos le compran cada vez menos crudo, ya que están viviendo una revolución tecnológica, con la extracción de petróleo por fracking, lo que les está permitiendo convertirse en exportadores netos de energía. Lo más irónico es que Venezuela exporta a Estados Unidos unos 850 mil barriles diarios de crudo y que Estados Unidos re-exporta a Venezuela una parte de ese crudo como productos refinados a un precio más alto. O sea, que más gana Estados Unidos en ese comercio que lo que gana Venezuela.

Las relaciones de Nicaragua con Venezuela son importantes porque Nicaragua ha sido beneficiada desde 2007
por lo que llaman la “ayuda” venezolana, aunque ya estamos viendo una disminución y un cambio en la modalidad de esa ayuda. Si se le aplicara a esa relación un análisis costo-beneficio, yo diría que el impacto de esos recursos sería negativo. Seamos francos: a la mayoría de quienes estamos en esta sala no nos benefician en nada, principalmente porque hemos seguido pagando cara la energía eléctrica y también los derivados del petróleo. Además, todos sabemos que esa ayuda no llega de forma transparente, más bien lo hace de forma invisible, paralela. Eso sugiere que, en lugar de actuar conforme a los intereses de la nación –uno de los fundamentos de las relaciones internacionales de países serios–, el gobierno de Nicaragua la está usando para satisfacer intereses “diferentes”... Llamémosles así para ser diplomáticos.

Antes de cerrar el tema de Venezuela, quiero aclararles un punto muy importante. ¿Tiene Nicaragua una deuda con Venezuela derivada de la “ayuda” venezolana? En los primeros años del segundo período de Daniel Ortega fui diputado y presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional. Y fui nombrado para presidir una comisión especial para examinar el acuerdo marco para el apoyo que Venezuela le brindaría a Nicaragua. Esa comisión, que incluía a representantes de todos los partidos, incluyendo al FSLN, concluyó unánimemente que esta ayuda no era un préstamo de Estado a Estado y que, por eso, no constituía un pasivo o deuda pública de la República de Nicaragua para con la República Bolivariana de Venezuela. La Constitución de Nicaragua estipula categóricamente que sólo la Asamblea Nacional puede aprobar endeudamiento de la República de Nicaragua y nunca se aprobó ese endeudamiento con Venezuela en nuestro Parlamento.

Lo que había era un acuerdo marco basado en lo que antes se llamaba el Acuerdo de San José, que Hugo Chávez y Daniel Ortega transformaron en un acuerdo prácticamente personal entre ellos dos. Crearon Albanisa y lo que hay es una deuda de Albanisa, una sociedad privada formada parcialmente con capital de la estatal PETRONIC con PDVSA, la empresa estatal de petróleos de Venezuela. Pero, repito, no hay una deuda del Estado de Nicaragua con el Estado de Venezuela. ¿Qué va a pasar con esa deuda? Posiblemente, lo que pasó con la deuda que adquirió Nicaragua en los años 80 con Irán, con Rusia, con Libia y con Costa Rica… No la vamos a pagar. O pasará que Albanisa o Alba Caruna o una de esas tales Albas que hay por todos lados se haga cargo de ella. Pero no es un pasivo para nuestro Estado y no tiene por qué pagarla la República de Nicaragua.
El gobierno de Nicaragua está estrechando hoy sus relaciones con Rusia. Daniel Ortega recuerda que la Unión Soviética fue su benefactor en los años 80 y sueña con revivir esa relación especial con Moscú. Pero la Rusia de hoy no es la Unión Soviética de ayer. Rusia es un animal muy distinto, muy disminuido. Rusia ya no es una potencia militar de primer orden. Es cierto que está aumentando considerablemente sus gastos militares y que sigue contando con un arsenal de armas nucleares, pero las fuerzas armadas rusas están muy degradadas comparadas con lo que fueron hace veinticinco años. Y la industria de armas rusa también está disminuida. No pueden ni siquiera construir naves sofisticadas para su armada de guerra. Prueba de esto es que Rusia está construyendo en Francia cuatro grandes barcos para su armada de guerra porque sus artilleros no tienen ni el “know how” ni la capacidad de construirlos.

El gobierno del Comandante Ortega ha sabido sacarle algún provecho a Rusia en cargamentos de trigo y en buses. Pero no creo que pase de allí. Tampoco creo que Nicaragua vaya a adquirir ni un solo avión MIG. Ni nos conviene adquirirlos, porque no tenemos los recursos financieros para mantenerlos operando y porque no son un arma idónea para combatir el narcotráfico, que ha sido la justificación para adquirirlos. Igualmente, adquirir estos aviones sería visto como una provocación en círculos influyentes en Washington.

Hablemos ahora de China. En primer lugar, es necesario precisar que Nicaragua no tiene relaciones diplomáticas con la República Popular China. Nuestras relaciones son con China Taiwan. Es cierto que China tiene ya la segunda economía
más grande del mundo y la que más rápidamente está creciendo. Además, está en segundo lugar en gastos militares. En diez o quince años la China va a ser un gran contrincante de Estados Unidos, tanto económica como militarmente. Pero, desde los años 70, cuando Nixon estableció relaciones entre Estados Unidos y la China, existe una relación simbiótica entre ambas naciones: una necesita de la otra. Les doy unos datos: el segundo socio comercial más importante para Estados Unidos es China y el tercer exportador más grande hacia China es Estados Unidos. En ese comercio, la China tuvo en el año 2014 un superávit a su favor de 345 mil millones de dólares, una cifra igual al PIB de Venezuela o al de Sudáfrica. Otro dato: el acreedor extranjero más grande de Estados Unidos es la China, que posee .6 billones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Billones significa millones de millones, una cifra que no podemos ni comprender. Estos datos nos indican que ambos países se necesitan.

Se necesitan, se conocen… y son rivales con diferentes intereses. Vean este otro dato: los chinos están en el proceso de fundar un banco de desarrollo que en Asia será supuestamente un contrincante del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo. El banco tendrá un capital semilla de 50 mil millones de dólares y la mayoría de ese dinero la van a poner los chinos. Los Estados Unidos pidieron a sus aliados europeos que no participaran en ese banco. Sin embargo, Francia, Inglaterra, Alemania e Italia se han incorporado al banco, lo que ha representado una derrota diplomática para los Estados Unidos. Esto da una idea del poderoso imán en que se ha convertido la China Popular.

China tiene hoy un nuevo “emperador”, el Presidente de China. Se llama Xi Jinping. Al igual que su padre, Xi fue perseguido durante la revolución cultural que promovió Mao Tsé Tung. Visitó Estados Unidos hace un cuarto de siglo siendo un joven y se hospedó en la casa de una familia estadounidense del estado de Iowa, casa que ha vuelto a visitar Xi, ya como alto jerarca de su país. La hija de Xi también estudia en la Universidad de Harvard. Esto nos indica que Xi tiene vínculos personales con Estados Unidos. Xi Jinping conoce el músculo económico y la fuerza de Estados Unidos. Y aunque él está consciente de que su país es una gran potencia euroasiática, sabe también que la China aún no juega en las ligas norteamericanas y que le conviene manejar relaciones estrechas con Estados Unidos. Xi viaja frecuentemente a Estados Unidos y dos veces al año se realizan consultas de alto nivel entre ambos gobiernos sobre temas económicos, militares y de política internacional. Este año Xi será recibido en visita oficial con una cena de gala en la Casa Blanca.

Quienes son apologistas del Canal Interoceánico de Nicaragua e insinúan que la República Popular China está detrás de este proyecto se equivocan. Si Nicaragua tuviera relaciones tan buenas con la República Popular China, ¿cómo explicar la ausencia de un representante importante de Nicaragua en la Cumbre de China con América Latina celebrada en Beijing en enero de 2015? ¿Por qué no fue a Beijing el Presidente Daniel Ortega o el Vicepresidente Omar Halleslevens o el Canciller Samuel Santos? ¿Cómo creer que los chinos van a poner 50 mil millones de dólares en un canal en Nicaragua cuando Xi Jinping viene en 2014 a seis países de América Latina, incluyendo países de nuestra vecindad como Venezuela, Trinidad Tobago, México, Cuba y Costa Rica y ni pasa por Nicaragua? Y a pesar de todas estas evidencias, hay algunos empresarios nicaragüenses que creen en ese canal, quizás porque viajaron a China, vieron la Gran Muralla, vieron grandes empresas, vieron tanta abundancia ¡y confundieron a la China con el Canal!

¿Quién está detrás de Wang Jing? Algunos afirman que está el Ejército chino. Cuando yo trabajé en el Banco Mundial, estudiamos la realidad china y quedamos claros que las grandes empresas estatales chinas –algunas de las cuales pertenecen al Ejército Popular Chino– son las más ineficientes de la economía china. También les puedo asegurar que el señor Xi, con su rigurosa campaña anti-corrupción, le ha puesto el ojo a estas empresas paraestatales y las está controlando. En vista de todo esto, y del sentido común, estaría dispuesto a apostar que no hay manera alguna de que el Ejército chino se vaya a meter en una aventura como la del canal en Nicaragua.

Yo quisiera que en Nicaragua se hiciera un canal, pero no como se pretende hacer éste, con un acuerdo más leonino que el que le impusieron hace un siglo los Estados Unidos a la República de Panamá, país que ellos mismos crearon para construir su canal, con la diferencia de que han pasado cien años y que detrás del Canal de Panamá estaba Estados Unidos con toda su tecnología y su capacidad para hacerle frente a esa obra. Y aquí, ¿quién está detrás? Wang Jing, un hombre que estudió medicina natural…

¿Por qué el gobierno del Comandante Ortega actúa como actúa, por qué tiene como aliada a Rusia y a Irán, y por qué critica tanto al “imperialismo” de Estados Unidos? Creo que eso es algo que él lleva en la sangre, que es parte de su ADN. Recordemos que Daniel Ortega es una criatura de la década de los 80. Cuando él era joven, andaba codeándose por todo el mundo con los grandes líderes del movimiento de los no alineados. Desde ese tiempo él quedó enamorado de las relaciones internacionales. Sé que le interesan, porque he hablado con él sobre política exterior y sobre política económica. Tal vez él añora esos años, cuando era una estrella en el mundo no alineado. En aquellos años uno de los elementos obligados en su retórica era atacar a los Estados Unidos y de tanto hacerlo ese discurso parece haberse quedado grabado en su disco duro mental y le es difícil borrarlo. Pero además también hay intereses creados, especialmente en el caso de su relación con Venezuela. Él ha sido muy beneficiado por esa relación y en su afán de caerle bien a su benefactor asume posiciones “más papistas que el Papa” que perjudican a nuestro país.

Les dije desde el comienzo que es fundamental que las relaciones exteriores de un país reflejen los intereses de la nación. No pueden basarse en defender los intereses de un grupo político o los de una familia en particular. Porque en el momento en que se confunde el Estado con el partido y con la familia gobernante eso resulta fatal, no sólo para un país, sino para sus relaciones internacionales. Y eso es lo que está pasando hoy.

Repito una idea central: Creo que en sus relaciones internacionales Nicaragua tiene que pensar en los intereses de la nación. Quien crea que en la diplomacia hay amigos eternos se equivoca. Alemanes e ingleses nos enseñaron que lo que cuenta en las relaciones internacionales es la realpolitik. Lo que cuentan son los intereses del país. Y cada nación tiene que defender sus intereses, los intereses de su gente dentro y fuera del país. Confundir los intereses de la nación y de su población con los intereses de un partido o de una familia es un error que lamentablemente hoy se está cometiendo en Nicaragua.

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