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  Número 397 | Abril 2015
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Nicaragua

El proyecto de Ortega en arenas movedizas

Cuánto han cambiado los escenarios, tanto el nacional como el internacional, desde 2010, año pre-electoral, hasta este 2015, cuando Daniel Ortega prepara ya su próxima reelección… Más de ocho años de “populismo responsable”, sazonados con un autoritarismo creciente y excluyente, podrían estar llegando a su fin. Lo saben los opositores de Ortega y lo saben también sus aliados.

Equipo Envío

Para identificar los cambios ocurridos en Nicaragua y el mundo que no favorecen a Daniel Ortega conviene recordar el consejo que un allegado le dio cuando estaba en la oposición: para regresar al gobierno –le dijo– debía dejar de pelearse con sus tres grandes enemigos de los años 80: el gobierno de Estados Unidos, el gran capital nacional y la jerarquía de la iglesia católica.

UNA ESTRATEGIA PERECEDERA

Cuando en las elecciones de 2006 Ortega volvió al gobierno la estrategia iba demostrando su eficacia. Ortega había apoyado el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Ya se había fortalecido y capitalizado el grupo empresarial del FSLN, estableciendo puentes con el gran capital nacional. Y la alianza con el Cardenal Obando era manifiesta y creaba confusión en el pueblo católico.

Desde 2007, ya de regreso al gobierno y durante cinco años, Ortega manejó muy buenas relaciones con sus enemigos de antaño. Obando lo acompañaba a todos lados. Con Estados Unidos se comprometió a fondo en resolver problemas de los confiscados, a detener a migrantes y a colaborar con la DEA en el narcotráfico. Con la empresa privada empezó prácticamente a co-gobernar. Hoy todo ha empezado a cambiar. La figura de Obando está en decadencia y el uso y abuso que hace el gobierno de la simbología cristiana incomoda cada vez más a la jerarquía católica y aún más a no pocos católicos. Estados Unidos está interesado en elecciones libres. Y la cúpula empresarial ha empezado a preocuparse mucho por los recursos que ya no llegarán al país por la crisis en Venezuela… Desde hace algunos meses la solidez de la estrategia se está evidenciando perecedera. El piso que parecía sostenerla se está convirtiendo en arenas movedizas.

EL GOBIERNO
DEL DIOS DINERO

A pesar de todos los esfuerzos –entre ellos, mantener al Cardenal Obando en todas las tarimas oficiales y repartir dádivas a clérigos y parroquias–, no son sólidas las buenas relaciones con la jerarquía católica.

El 8 de marzo los obispos publicaron un Mensaje para la Cuaresma 2015 que causó escozores. En el texto los prelados citan en doce ocasiones extractos de la encíclica del Papa Francisco Evangelii Gaudium, de noviembre 2013, en los que Francisco señala críticamente aspectos que pueden identificarse en el proyecto corporativo de la cúpula empresarial con el gobierno de Ortega.

“A nivel social y político –dicen los obispos– se debe superar la mentalidad que concibe al Estado como un organismo administrativo cuyo objetivo principal es el de facilitar el bienestar de los mercados financieros y el crecimiento del gran capital. Esta mentalidad hace que «se instaure una tiranía invisible que impone, de forma unilateral e implacable sus leyes y reglas» (Evangelii Gaudium, 57). En este ordenamiento social y político las personas y sobre todo los pobres son algo secundario. Desde esta perspectiva la economía de mercado se vuelve el sistema normativo e institucional que rige la vida de toda la población. El Papa Francisco ha comparado este fetichismo de la riqueza y esta dictadura de una economía sin rostro y sin un verdadero objeto humano con la adoración del antiguo becerro de oro (Evangelii Gaudium, 55). No es la gente, la organización social, la democracia, las leyes laborales, la educación, las instituciones estatales y los proyectos gubernamentales, etc., quienes deben doblegarse ante el crecimiento económico y la producción de capital, sino al revés. ¡El dinero debe servir y no gobernar! (Evangelii Gaudium, 58)”.

EL MITO
DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Del crecimiento económico hablan siempre gobierno y empresarios como el principal éxito del país. Gobierno y COSEP presentan su alianza como la explicación de ese éxito. El presidente del COSEP, José Adán Aguerri, no deja de afirma que cuando se trabaja por el crecimiento económico se trabaja por la democracia. Y hasta el representante del FMI, al frente de una misión que visitó el país en marzo, afirmó que el crecimiento económico de Nicaragua era “impresionante”.

Otra visión presentan los obispos: “El crecimiento económico, considerado en sí mismo, liberado de toda ética y de todo compromiso por la justicia y por los pobres, por la institucionalidad democrática y por la paz, no logra por sí mismo mayor inclusión social o equidad en el mundo. Cuando la riqueza se vuelve un dios, cuando hay personas y grupos que se aferran al poder por ansias de riqueza, cuando la situación política se acepta sumisamente y no se cuestiona aunque sea injusta, simplemente porque facilita la economía de mercado y el acumular dinero, cuando «los excluidos siguen esperando» (Evangelii Gaudium, 54), la sociedad se corrompe y se deshumaniza”.

LA ZOZOBRA EN EL CAMPO

En otra parte de su mensaje los obispos aterrizan aún más sus reflexiones en la coyuntura política nacional, refiriéndose al problema siempre negado por el gobierno de los grupos armados, mencionando incluso hechos recientes, como la mochila-bomba que mató en febrero a algunos de ellos en el municipio de Pantasma, Jinotega.

“Se ha generalizado –dicen– un modo de hacer política en el que parece contar poco la cercanía al pueblo, el interés por resolver sus problemas reales y tomar en cuenta sus expectativas y opiniones. Es grave también que la práctica política del país siga dominada por el olvido del bien común, la ambición, el autoritarismo, la ilegalidad y sobre todo por la corrupción, un gravísimo pecado, «que al final lo pagan los pobres» (Francisco, homilía 16 junio 2014)… Es preocupante la presencia de grupos armados, no oficialmente identificados, en zonas rurales del país, a quienes no podemos ignorar ni desestimar. Nos estamos acostumbrando a actos de represión y de violencia criminal con claros matices de terrorismo, que han enlutado y puesto en zozobra a muchas familias y comunidades de zonas rurales, los cuales han quedado en una alarmante impunidad debido a que la Policía y el Ejército, cuya presencia muchas veces más bien crea pánico e inquietud entre la población, no han sabido dar una explicación aceptable de los hechos”.

“SALGAN DE LAS CATEDRALES”

Hace casi un año, el 21 de mayo y después de gran expectativa, todos los obispos se reunieron con Daniel Ortega y con su esposa para presentarles un extenso documento, en el que recogían muchas de sus preocupaciones. En Envío calificamos ese texto como una “hoja de ruta” porque contenía elementos que propiciaban el inicio de un necesario debate punto por punto entre el gobierno, la oposición y la sociedad organizada. Pero nada hubo después. La arrogancia del poder no se inquietó y guardó silencio. “Tengan paciencia” –dijo Ortega en aquellos mismos días– porque el Frente Sandinista seguirá gobernando “por décadas”.

Este nuevo texto de los obispos es menos abarcador, pero tal vez por ser más breve, porque resultó inesperado, y por tocar de forma directa un tema siempre tan sensible como es el del “bolsillo” de quienes tienen más, irritó al gobierno y a algunos de sus aliados empresariales.

En el gobierno, únicamente expresó públicamente su molestia quien fuera Comandante de la Revolución y uno de los miembros de la Dirección Nacional del FSLN, hoy asesor presidencial para temas económicos Bayardo Arce, tal vez el único alto funcionario con libertad para decir lo que quiere y cuando quiere, en un gabinete donde la censura y la autocensura son la norma. Lo hizo con su sorna característica: “Hablan de los pobres, pero no salen de las catedrales… y el Papa Francisco les ha dicho que salgan de ahí, porque sabe que tiene muchos obispos en el mundo que no salen de las catedrales ni de los vehículos con aires acondicionados”...

“NOSOTROS
NO TENEMOS CAPITAL”

Viniendo del acaudalado empresario que es hoy Arce su crítica causó irrisión. Fue precisamente un obispo, que no es de catedral ni de aire acondicionado, el franciscano Carlos Enrique Herrera, al frente de la diócesis de Jinotega, quien le respondió: “¿Qué proyectos sociales tiene este señor…? Nuestro mensaje es el sentir de nuestra gente, que nos dicen que están en desempleo… Nosotros no tenemos capital, pero en medio de nuestras posibilidades y a través de proyectos sociales, a través de nuestras Cáritas, tratamos de ayudar a los más pobres”.

En la acera empresarial, Michael Healy, presidente de la Unión de Productores Agropecuarios (UPANIC), una de las cámaras del COSEP que recibe mayores privilegios fiscales, rechazó la crítica de los obispos afirmando que en su gremio se “preocupan” por “distribuir los beneficios económicos” entre pequeños agricultores y ganaderos. También se distanció del mensaje de los obispos el empresario del sector eléctrico César Zamora, quien afirmó que en el gremio empresarial “no se defienden intereses particulares”. Zamora dijo sentirse “dolido” también por las declaraciones críticas al empresariado, aún más específicas, que hizo el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez en una entrevista al programa televisivo “Esta Semana”. “Se trata de destruir moralmente al sector privado para que eche pie atrás en el diálogo con el gobierno… Soy católico, creo mucho en el Espíritu Santo, y viniendo de un líder religioso al que yo respeto y admiro, sus declaraciones me golpearon, no se vale su saña contra los empresarios”.

210 EPULONES
Y 2 MILLONES 200 MIL LÁZAROS

Los señalamientos críticos de los obispos al “dios dinero” tienen base. Las desigualdades en Nicaragua se están profundizando. La brecha es cada vez mayor. Después de ocho años, los varios programas sociales del gobierno –a los que aludió Arce como prueba de que sí se ocupan de los pobres– apenas están reduciendo la extrema pobreza y lo peor: coexisten con una cada vez más escandalosa extrema riqueza, para la que no existe ningún programa que la frene.

El informe anual Wealth-X and UBS World Ultra Wealth Report, que ofrece pistas de cuánta es y cuánto está creciendo la extrema riqueza en el mundo, censando a los “ultra–ricos”, calculándoles a cada uno de esos personajes al menos 30 millones de dólares como fortuna personal, detectó en 2014 en Nicaragua a 210 de ellos, sobre una población de 6 millones 200 mil personas. En 2013 eran 200 esos millonarios.

Esta desigualdad se da en un país donde el 37% de la población, más de 2 millones 200 mil personas, viven en estado de “pobreza crónica”, según el informe “Los olvidados” en el que el Banco Mundial ha estudiado la situación de América Latina en el período 2004-2012. Pobreza crónica, según el BM, consiste en disponer en promedio de menos de 4 dólares diarios en familias que son siempre muy numerosas. Lo de “crónica” significa que estas personas sólo conocen ese estado de postración económica, no imaginan cómo salir de él y, por eso, significa que de ese estado no saldrán, como tampoco se sale de una enfermedad crónica y lo único que queda es vivir con ella aliviándola. En lenguaje evangélico este dato nos presenta el cuadro de 210 “epulones” rodeados de más de 2 millones 200 mil “lázaros”...

Después de ocho años de propagandizar el gobierno su combate a la pobreza, Nicaragua tiene hoy, según el informe de 2014 del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) el menor Índice de Desarrollo Humano en el área centroamericana, ocupando el lugar 132 entre 187 países estudiados.

EL POPULISMO RESPONSABLE

A la pobreza estructural que ha acompañado la historia de Nicaragua y que se ha mantenido gobierno tras gobierno, cúpula empresarial tras cúpula empresarial, Ortega comenzó a responder desde 2007 con un menú de programas sociales. Plan Techo, Usura Cero y Hambre Cero han sido los más conocidos y extendidos: láminas de zinc para techar viviendas, créditos para pequeños negocios de mujeres urbanas y vacas, gallinas y cerdas para mujeres rurales mejorando así la alimentación de sus familias.

Estos programas sociales han llegado a un porcentaje de la población y, según testimonios recogidos en barrios y comarcas rurales, favorecen a quienes pertenecen al partido de gobierno o a quienes declaran simpatizar con él para conseguir ser beneficiados. A pesar de sus sesgos, hay que reconocer que han resuelto carencias básicas de muchas familias pobres y han significado mejorías en sus vidas. No salen de la pobreza, pero el yugo se les hace más ligero… La gente más pobre los agradece sinceramente. Y los espera ansiosa. Los tres gobiernos anteriores al de Ortega no hicieron nada similar. Se les ha calificado como formas de asistencialismo y clientelismo. “Populismo responsable” fue la etiqueta positiva que les colocó la escuela de negocios INCAE. Responsable por dar continuidad a la gestión económica del gobierno anterior, el de Enrique Bolaños, contrastándolo con el “irresponsable” populismo del FSLN en los años de la revolución en los que Ortega también formó parte del gobierno.

¿CRISTIANO Y SOCIALISTA?

Sea cual sea su intención y adjetívense como se quieran adjetivar, estos programas no resuelven el problema estructural de la pobreza. El desempleo y el subempleo –la informalidad se ha disparado en los años de Ortega alcanzando ya a 8 de cada 10 nicaragüenses, que trabajan sin contrato, por su cuenta, con ingresos precarios y sin seguridad social– y la falta de tierra –el 40% de las familias rurales no la tiene– son las bases estructurales de la pobreza en Nicaragua.

El populismo responsable no ha tocado esas bases ni ha detenido la migración masiva hacia Costa Rica de una población joven que no encuentra futuro en Nicaragua y sí en el país vecino. Más que por los empleos que genera la cúpula empresarial y por sus inversiones, la economía nicaragüense está estabilizada por las remesas de nuestros migrantes. El populismo responsable sólo tapa las deficiencias más flagrantes de un proyecto que, aunque vive proclamándose cristiano, socialista y solidario, no calza en ninguna de esas acepciones.

Mientras el amplísimo sector social –los productores y las productoras campesinas y los informales urbanos–, no sean tenidos en cuenta y tomados en serio por el gobierno corporativo no se estará caminando en dirección cristiana, socialista y solidaria. Lo recordaba hace un año en estas páginas Sinforiano Cáceres hablando a nombre de la Federación de Cooperativas Agropecuarias y Agroindustriales: “En la Constitución Política que el gobierno ha reformado –decía– se habla con orgullo del modelo de alianza tripartita, de un taburete con tres patas: el sector estatal, el sector privado y el sector obrero. Nosotros somos protagonistas del desarrollo rural y exigimos que sea una mesa con cuatro patas: sector estatal, sector privado, sector obrero y sector de la economía social, nuestro sector. Le decimos a los empresarios del COSEP: No sean descarados, no hablen en nombre nuestro, no nos representan. Le decimos al gobierno: No te hagás el tonto, bien sabés que existimos. Esto es también un problema de ética política y de ética económica”.

VENEZUELA EN CRISIS

Desde 2007 los programas sociales los ha venido financiando el gobierno con una porción –difícil de calcular por falta de control público o institucional– de los cuantiosos recursos que le ha dejado a Ortega el favorable convenio petrolero con Venezuela: un crédito de 500 millones de dólares anuales de libre disponibilidad, usados a discreción del gobernante.

Hoy, la crisis venezolana anuncia que estos programas, populistas responsables o simplemente clientelistas, que explican mucho del apoyo que ha cosechado Ortega, se moverán sobre arenas movedizas porque la baja de los precios del petróleo ha reducido más o menos a la mitad ese crédito.

Además, tanto el FMI como el BID han advertido que con la baja de los precios del petróleo, sus voluminosas deudas y su crisis interna, Venezuela no podrá seguir subsidiando con petróleo las economías de los países más pobres del Caribe. Un reciente informe de Barclays –banco de servicios financieros de nivel mundial con sede en Londres– informa que Caracas ha recortado ya a la mitad los suministros de petróleo a los países de Petrocaribe: los 400 mil barriles diarios de 2012 son ya unos 200 mil.

REDUCIENDO LA GENEROSIDAD

Los acuerdos de Petrocaribe son generosos: establecen que el país paga sólo la mitad del petróleo que recibe y la otra mitad le queda como crédito a pagar en largos plazos y a bajos intereses. El informe de Barclays se titula “Reduciendo la generosidad” y da cuenta de que desde agosto de 2014, cuando los precios del petróleo comenzaron a disminuir, Venezuela recortó a la mitad los suministros incluso a Cuba, su principal aliada, que no paga en efectivo el petróleo que recibe de Caracas, sino en capital humano: médicos, enfermeras, trabajadores sociales, entrenadores deportivos…

El gobierno bolivariano ha tenido que “reducir su generosidad” porque la caída de los precios del petróleo –que proporciona al país el 96% de sus ingresos en divisas– y la ineficiencia de su subdesarrollado y deteriorado aparato productivo han sumido al país en una crisis económica de difícil salida. En una situación así, gana más Venezuela vendiendo petróleo a quienes le pagan en efectivo que enviándolo “fiado” a los países de la región.

Barclays informa que los suministros a República Dominicana se redujeron en un 56% y a Jamaica en un 74% y aunque nada dice de la reducción a Nicaragua, es lógico que también se haya producido. Y aunque el gobierno de Nicaragua nada informa sobre esto, hay señales de que ya está ocurriendo.

EL DEBATE
SOBRE LA TARIFA ELÉCTRICA

Cuando se empezó a observar la caída en picada de los precios del petróleo, ya en octubre de 2014 el asesor económico Bayardo Arce dijo que eso era una buena noticia para los países que no lo producían, porque consumirían energía y combustibles más baratos. Sin embargo, aclaró que para el gobierno la noticia no era buena: “A nosotros nos puede afectar los flujos de cooperación”.

Este mes, el más caluroso del verano, el debate sobre cuánto rebajar la tarifa eléctrica, la más alta de la región centroamericana, se mantuvo en punto de ebullición permanente. Caídos los precios del petróleo, en Nicaragua apenas se movían los precios de los combustibles y no bajaban absolutamente nada los de la energía eléctrica. Durante semanas, la cúpula empresarial presionó al gobierno, privada y públicamente, por una rebaja –eso mejoraría la competitividad de la economía– mientras los consumidores la reclamaban para aliviar el cada vez más alto costo de la vida. Hasta algunos obispos hicieron presión. Ni el silencio de Ortega y de Murillo a este clamor nacional ni una que otra explicación oficial lograba explicar por qué en los países vecinos se notaba la baja de los precios del petróleo y en Nicaragua no se notaba nada.

La respuesta no era técnica, sino de voluntad política. La familia Ortega-Murillo y el grupo empresarial del FSLN tienen intereses, a través del consorcio Albanisa, tanto en el negocio de los combustibles como en el de la generación de energía. Es en este terreno de la economía donde la confusión entre lo público y lo privado, donde la mescolanza Estado-gobierno-partido-familia se ha ido haciendo cada vez más inextricable, con consecuencias más negativas para el país.

Finalmente, y siguiendo el patrón de que algunas “cosas” suceden siempre antes de las vacaciones de Navidad o Semana Santa, Ortega envió al Legislativo, con trámite de urgencia, una ley para reducir la tarifa eléctrica.

Dejando a un lado que en Nicaragua hay unas 50 modalidades de tarifa (residenciales, agrícolas, industriales…) y que no quedó claro en cuánto serían en promedio las diferentes reducciones, la ley en esencia partió en tres a los beneficiados con el ahorro generado por la baja del precio del petróleo en la reducción de la tarifa: una tercera parte del ahorro lo sentirán los consumidores (con rebajas que apenas fueron de entre 6.5% y 10%), otra tercera parte se ocupará para terminar de pagar la deuda que tiene el sistema de energía nacional con Alba Caruna (Caja Rural Nacional), financiera de Albanisa, y la otra tercera parte la dedicará el gobierno a un fondo para financiar programas de combate a la pobreza.

“UN INTENTO DESESPERADO PERO MAL CONCEBIDO”

La inconformidad comenzó a generalizarse inmediatamente que los diputados de Ortega aprobaron el 25 de marzo la ley.

La rebaja en la tarifa es muy pequeña. Los fondos de Alba Caruna han crecido en estos años exponencialmente, alimentados con los recursos que deja en el país la cooperación petrolera venezolana, que Ortega administra a su antojo. Cuántos sean y cómo se aplican esos fondos constituye un misterio porque es un banco que no supervisa nadie, ni la Superintendencia de Bancos, ni el Poder Legislativo ni la Contraloría. En la deuda que tiene con Caruna la institución estatal INE (Instituto Nicaragüense de Energía), de unos 200 millones de dólares a intereses del 8%) se revela el conflicto de intereses que existe entre los Ortega empresarios y el Ortega gobernante. Priorizar el pago de esta deuda podría revelar también las presiones del gobierno de Maduro para recuperar esos recursos.

Lo que nadie esperaba es que la tercera parte de los recursos que saldrán de la reducción de la tarifa se dedicara a programas de combate a la pobreza. El IEEPP (Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas) calificó esta decisión como un “impuesto disfrazado” que tendrá que pagar toda la población, en vez de que el gobierno financie esos programas con las ganancias que le han dejado todos los negocios que ha hecho con los petrodólares venezolanos. “Es un intento desesperado, pero mal concebido, para mitigar el impacto de la reducción de la cooperación venezolana”, dijo Adelmo Sandino, uno de los investigadores del IEEPP.

Este nuevo bolsón para programas sociales es otra señal de que los recursos venezolanos siguen disminuyendo. Ya desde 2014 el gobierno ha ido trasladando al presupuesto el gasto de varios de sus programas sociales y en un año pre-electoral el gobierno necesita mantener e incrementar el populismo responsable.

EL HACHA EN LA RAÍZ

¿Cuán sólidas son las buenas relaciones de Daniel Ortega con la cúpula empresarial? Desde 2007, cuando iniciaron siendo muy buenas, se han ido solidificando más y más hasta eclosionar en un gobierno corporativo. Tan buenas relaciones se han basado en un modelo que ha favorecido que los grandes empresarios “hagan dinero” sin pagar corresponsablemente impuestos justos, eximidos de ellos con exoneraciones, exenciones y todo tipo de privilegios, a la par que el gobierno –que también hace dinero sin pagar impuestos en las empresas que controla la familia presidencial y el grupo empresarial del partido de gobierno– maneja un “populismo responsable” que le baja algo el gas a la caldera de la pobreza y del descontento social. El abundante dinero de la cooperación petrolera venezolana es el cimiento de las buenas relaciones del gobierno corporativo.

De los impuestos que deberían aportar quienes adoran “al dios dinero” no hablaron los obispos. Y, en lenguaje evangélico, es en esa raíz donde habría que colocar el hacha… Porque es con un sistema de impuestos justo, con una educación de calidad –que se paga con impuestos justamente recaudados– y en un país como el nuestro con un auténtico desarrollo rural, que contemple un mejor acceso a la tierra, que se sale de verdad de la pobreza, no que sólo se la alivia.

Estudios del Fondo Monetario y del BID, entre otros muchos, demuestran que en Nicaragua es la gente de menores ingresos, la gente más pobre y los asalariados, quienes pagan proporcionalmente más impuestos que los que paga la gente más rica, la de mayor renta, la que integra las cámaras del COSEP, que recibe exoneraciones desproporcionadas.

La millonaria cooperación venezolana, que nos ha llegado durante más de siete años en términos muy concesionales, no la ha usado el gobierno para invertir en desarrollar el capi¬tal humano y aprovechar el bono demográfico. La usa en subsidios y gasto social que podría financiar con los impuestos de quienes más tienen y más ganan.

La crisis en Venezuela no permite financiar más tan injusto modelo y las relaciones gobierno-empresarios pueden empezar a fracturarse. La élite empresarial lo sabe y además, sopesa las cada vez más frías relaciones de Ortega con el gobierno de Estados Unidos, donde “Daniel Ortega no tiene un solo amigo”, como afirma Francisco Aguirre Sacasa en las siguientes páginas de este número. La crisis en Venezuela y las malas relaciones de Ortega con Estados Unidos combinadas podrían quebrar a mediano plazo el gobierno corporativo.

2010 NO SE PARECE A 2015

La jerarquía católica –unánimemente o algunos obispos–, fortalecida hoy por el mensaje a favor de la justicia social del Papa Francisco, le habla con firmeza al gobierno. La élite empresarial no le habla aún –apenas se queja de vez en cuando (“No nos consultaron, no fue una decisión consensuada la forma de reducir la tarifa eléctrica”, se lamenta el presidente del COSEP)–, pero debe estar cambiando la percepción que tenía del gobierno de Ortega hace unos años, en vísperas de las elecciones de 2011.

Es imposible que los empresarios vean con tranquilidad el mediano plazo. Nicaragua aparece aislada en el mapa regional e internacional. El “imperio” que tanto ataca Daniel Ortega está a la ofensiva: negociando con Cuba y sancionando a Venezuela. Venezuela ya no es mercado seguro para los productos nicaragüenses y está recortando la cooperación. Además, el control institucional del gobierno se ha profundizado en estos años con las reformas constitucionales y con la reforma a las leyes del Ejército y la Policía.

¿No observa también con preocupación la élite empresarial cómo el fantasma de la competencia desleal avanza en todos los terrenos, moviéndose ahora hacia el jugoso monopolio de las medicinas, con la creación de esa otra Alba que será Albamed…?

Es difícil no pensar que la élite empresarial no esté nerviosa al ver en crisis el populismo responsable y al percibir un autoritarismo cada vez más irresponsable… Es obvio que Ortega regresó en 2006 al gobierno mejorando las relaciones con sus tres grandes enemigos de antaño y con el beneficio de la duda que tantos le concedieron. En 2011, cuando forzó su reelección, el beneficio de la duda continuaba intacto. Pero hoy las dudas están cada vez más despejadas.

EL CANAL
SOBRE ARENAS MOVEDIZAS

El proyecto del Gran Canal Interoceánico, que el gobierno lanzó como el broche de oro de todos sus éxitos económicos, tiene que tener también nerviosos a muchos de los aliados empresariales. También el Canal se está demostrando como una fantasía edificada sobre arenas movedizas…

Mientras permanece la opacidad del proyecto, nada avanza y la retórica ha disminuido, las marchas de la población campesina que se verá afectada por el Canal no han cesado. A finales de marzo se contabilizaban ya 41 movilizaciones.

En su mensaje de Cuaresma los obispos se refirieron ampliamente al tema planteando más precisas objeciones que las que habían planteado un año antes.

Este mes la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) atendió la petición de diez organizaciones de la sociedad civil nicaragüense, encabezadas por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), que en el 154 período de sesiones de la CIDH en Washington denunciaron las violaciones que el Canal causará a los derechos ambientales, sociales, culturales y económicos del pueblo nicaragüense. Fue la primera ocasión en que quienes nos oponemos a la construcción del Canal y sus defensores se vieron frente a frente cruzando argumentos. Los comisionados de la CIDH hicieron a la delegación gubernamental una batería de preguntas importantes que no obtuvieron respuestas más allá de la propaganda consabida: el Canal sacará a Nicaragua de la pobreza y transformará su economía...

Han sido los cuestionamientos ambientales al Canal los que han llevado la polémica contra el proyecto Ortega-Wang a una dimensión internacional. Las revistas Science y Natu¬re, las más prestigiosas del mundo, se han hecho eco de serias preocupaciones. Este mes, la consultora ambiental ERM, que trabaja para Wang Jing, presentó en Miami, en la Universidad de la Florida, sus estudios preliminares ante una veintena de científicos internacionales, que concluyeron unánimemente que lo que tienen hasta ahora es superficial e incompleto.

ELECCIONES…
CON QUÉ CONDICIONES

El piso del proyecto de Ortega está entrando en arenas movedizas en vísperas de un año electoral.

Los partidos políticos de oposición se muestran envalentonados al observar variables internacionales tan desfavorables a Ortega. Y ven posibilidades de derrotarlo, aun cuando no cambien ni la antidemocrática Ley Electoral ni las desprestigiadas autoridades electorales. Sin presentar propuestas alternativas, algunos dicen que bastará con una votación masiva y con una nutrida presencia de observa-dores electorales nacionales e internacionales para ganarle a Ortega en noviembre de 2016. Hablan también de otra condición indispensable: una “coalición amplia” de toda la oposición.

Las misiones de observadores electorales fueron prácticamente prohibidas o impedidas por el gobierno en las elecciones de 2011. A inicios de marzo de 2015, los diputados del PLI introdujeron un proyecto de ley para establecer como obligatoria la presencia de observadores nacionales e internacionales en los comicios. Es de esperar que el gobierno no le dé curso.

Que la votación sea masiva y que la coalición sea amplia depende mucho de cuáles sean los imanes que atraigan y entusiasmen a una población que viene creciendo en rechazo al actual modelo de control social y exclusión. Depende de quiénes sean “los santos” que encabecen “la procesión” de los descontentos.

A pesar de contextos tan diferentes, el discurso de algunos políticos rememora continuamente la experiencia de 1990, cuando fue doña Violeta la “santa” y fue el ansia de ponerle fin a la guerra el imán que explica la votación masiva que derrotó al gobierno revolucionario del FSLN.

A DISTANCIA DE AÑO Y MEDIO
DE NOVIEMBRE 2016

A distancia de año y medio de los comicios de noviembre de 2016, los dos grupos liberales, el PLC de Arnoldo Alemán y el PLI de Eduardo Montealegre, compiten por ser quienes controlen, determinen y diseñen la coalición amplia, aunque Alemán y Montealegre deben saber ya que no pueden encabezarla sin convertirla en un fracaso.

Mientras Montealegre se mantiene a la expectativa y dudoso, Alemán, por tan “quemado”, busca legitimarse acercándose a los conservadores y ha lanzado como “señuelo” a Noel Vidaurre como pre-candidato presidencial, aunque seguramente tiene guardados “gallos tapados”, sabedor del atractivo que tiene en el electorado nicaragüense el efecto sorpresa, como sucedió en 2011 con la candidatura de Fabio Gadea.

¿Qué hará el sandinismo crítico que se siente representado por el MRS? ¿Y qué hará el MRS, sin personalidad jurídica pero con una evidente personalidad política? ¿Harán algo los sandinistas aún vinculados al FSLN que están cansados de un proyecto familiar como el actual? ¿Qué hará la jerarquía católica, que tiene el poder de un extenso tendido territorial de parroquias? ¿Qué harán los sectores evangélicos, con un tendido de templos de extensión similar o superior, y con un pastor de las Asambleas de Dios lanzado ya como pre-candidato presidencial, coqueteando con Alemán?

¿Y qué hará el sector empresarial? Tiene ante sí tres opciones. O corre el riesgo de seguir respaldando a Ortega, como hasta ahora. O decide limitarle los superpoderes de los que hoy goza y corre el riesgo de apostar a fortalecer a un sector de la oposición. O se embarca de lleno en respaldar una alternativa que vaya “de frente contra el Frente” para derrotarlo. Y… ¿hará algo el gobierno de Estados Unidos?

SE REQUIERE FUERZA

Las arenas movedizas tienen la apariencia de una superficie sólida mientras no son perturbadas por algún agente exterior. Cuando aparecen esos agentes se revelan viscosas y se convierten en trampas mortales. Es enorme la fuerza que se requiere para poder salir de ellas sin hundirse.

Perturbado por varios agentes exteriores, el proyecto de Ortega está empantanándose y arrastrando a Nicaragua a ese pantano, sin que veamos en la cúpula del poder fuerza, voluntad política, para sacar de esa ciénaga al país.

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