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  Número 396 | Marzo 2015
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Nicaragua

Inseguridades en el país más seguro

¿Se puede ser el país “más seguro” y estar incubando inseguridad? La coyuntura actual parece demostrarlo. La política interna, basada en un control social omnipresente abona el miedo, otro nombre de la inseguridad. La población campesina que convive con grupos armados y la que resiste el proyecto canalero viven en inseguridad. Los alineamientos geopolíticos en política exterior son caldo de cultivo de especulaciones que provocan temor. Aunque pretende dar seguridad, el secretismo oficial en temas de preocupación nacional olvida que la desinformación también provoca inseguridad.

Equipo Envío

Dos realidades en el escenario nacional son hoy motivo de gran inseguridad entre la población campesina de varias zonas rurales.

En el norte, la presencia de grupos armados a los que el gobierno ha respondido con la militarización y la represión. En el sur, el proyecto del Canal Interoceánico, y los megaproyectos asociados han sembrado gran inseguridad en las comunidades que verán expropiadas sus tierras y serán desalojadas.

HAY GRUPOS ARMADOS

Es cada vez más frecuente escuchar, por pláticas personales o por noticias fragmentadas, que en distintas zonas del Norte del país y del Caribe existen grupos armados con motivaciones políticas que se movilizan y cuentan con apoyo de la población. Desde 2009 los obispos de Estelí, Matagalpa, Jinotega y Managua han hablado de esto, conociendo los hechos de primera mano a través de la feligresía. El gobierno y el ejército siempre han insistido en que se trata de delincuentes comunes.

En meses pasados el experto en temas de seguridad Roberto Orozco reflexionaba en Envío: “¿No son esos grupos una reacción natural a la politización de las instituciones? Sus objetivos no son los de la delincuencia común. Todas las acciones que han realizado tienen un mensaje político. Dicen que se han alzado por la violación a la Constitución y a las leyes que comete este gobierno, por la reelección de Daniel Ortega, por los fraudes electorales, por la violencia política ejercida en el campo por simpatizantes del Frente Sandinista, por el cierre de los espacios políticos y por la intención de Daniel Ortega de perpetuarse en el poder. ¿De qué índole son estas causas sino de índole política?”

Durante años los medios vienen informando de combates que estos grupos libran con el ejército, de ataques a estaciones policiales, de comunicados en los que denuncian el asesinato de algunos de sus dirigentes, crímenes que siempre quedan impunes...

En la tarde del 20 de enero de 2015 ocurrió un hecho vinculado a esta realidad que, por sus características, provocó especial atención y preocupación, que ha generado temor y especulaciones y que, como es habitual, el gobierno ha envuelto en desinformación. Los detalles fueron documentados por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) en un informe y ampliados después con el testimonio que un sobreviviente dio personalmente al obispo de Estelí, Abelardo Mata.

HAY MUERTES

En un cerro de la comunidad El Portal, municipio de Pantasma, Jinotega, un pequeño grupo de cuatro rearmados recibió de un conocido -que no sabían colaboraba ya con el gobierno- una mochila con teléfonos celulares y linternas de mano. Cuando los rearmados abrieron la mochila, ésta explotó -llevaba una bomba que fue activada a distancia-, destrozando a dos de ellos e hiriendo a otros dos. Uno de los heridos logró huir y habló con el obispo Mata.

A los pocos minutos se presentaron en el lugar una veintena de militares disparando a mansalva. Ultimaron al otro herido y torturaron y asesinaron a un productor campesino dueño de la finca donde ocurrió la explosión, cuando él y sus dos hijos llegaron al lugar al escuchar el estruendo. Uno de sus hijos resultó herido, fue apresado e interrogado por la Policía durante horas sobre su vínculo “con los grupos armados”.

Después de estos hechos, efectivos del Ejército y la Policía acordonaron la zona y retiraron los restos de los cadáveres. A pesar de que los movimientos de militares y policías se produjeron a la vista de toda la comunidad, el Ejército negó que tuviera presencia en la zona y la Policía, sin presentar ninguna investigación, afirmó que se trató de un ajuste de cuentas entre dos grupos de narcotraficantes de marihuana.

El 24 de enero, familiares y vecinos de El Portal acudieron a las oficinas del CENIDH en Managua, señalando como responsable de lo ocurrido al Ejército, al que pidieron que “no siga matando a los campesinos”.

HAY NEGACIÓN

El informe del CENIDH, basado en más de veinte testimonios y entrevistas, confirma la responsabilidad del Ejército. Concluye así el informe: “Estos gravísimos hechos evidencian el uso de inteligencia militar para fines ilícitos, operaciones que se consideran conceptualmente como terrorismo de Estado, que consiste en la utilización de métodos ilegítimos por parte de un gobierno, orientados a inducir miedo o terror en la población civil para alcanzar sus objetivos”.

La mochila-bomba ha sido el tercer hecho de sangre ocurrido en Pantasma en la persecución desatada por el Ejército contra los grupos armados. Antes se dio el asesinato de dos civiles en Anisales y Tamalaque, documentados también por el CENIDH y atribuidos también por esas comunidades al Ejército.

Con palabras muy duras, el inspector general del Ejército, mayor general Adolfo Zepeda, rechazó la versión del CENIDH por presentar conclusiones que “no contribuyen a la institu¬cionalidad del país” y desacreditó al organismo de derechos humanos, afirmando que era “gente no capaz” para hacer investigaciones. Declaraciones tan descalificadoras no se habían escuchado en ocasiones previas, cuando el CENIDH también señaló la responsabilidad del Ejército en otros crímenes.

HAY MUCHO MIEDO

El obispo de Jinotega, el religioso franciscano Carlos Enrique Herrera, calificó el hecho de sangre ocurrido en Pantasma como “un acto de terror”. “No podemos -dijo- negar a los rear¬mados, estamos en una situación de incertidumbre y desconfianza porque pasan las cosas y no se les da el verdadero nombre que tienen. La gente tiene mucho miedo”.

El vicario general de la diócesis de Jinotega, el sacerdote Elear Pineda -quien siempre ha tenido mensajes claros y hace poco clamaba en una homilía: “¡Yo recuerdo que Arnoldo Alemán vendía huevos y en 1979 Daniel Ortega no tenía nada y ahora ellos y muchos más son millonarios. ¿De dónde sale tanta plata mientras el pueblo sufre la carestía de la vida?”-, después del crimen provocado por la mochila-bomba, afirmó estar amenazado, pero no tener miedo. Sí se refirió al miedo que la militarización de las montañas del Norte está provocando en las comunidades. “En El Portal -dice- la gente está viviendo como en estado de sitio, temerosísima. Pantasma es una bomba de tiempo”.

HAY IMPOSICIÓN

Si hay un lugar en el Norte, en los escenarios de la guerra de los 80, que tiene potencial de ser eso, una bomba de tiempo, es Pantasma. Muy cerca de allí inició el movimiento armado del campesinado contra el gobierno revolucionario, a pocos meses del derrocamiento de Somoza. Pantasma es uno de los lugares en donde las atrocidades del gobierno revolucionario -no sólo fruto de decisiones personales y perversas, sino más institucionales de lo que hoy se quiere admitir- fueron más atendidas y más documentadas internacionalmente en aquellos años.

Tal vez por eso Ortega no se atrevió a alterar allí los resultados de las elecciones municipales de 2012. Sin embargo, y según miembros de su familia, el fraude que sí organizó en el cercano municipio de Wiwilí, para hacerse con la alcaldía, motivó a alzarse contra el gobierno a Gerardo de Jesús Gutiérrez, “El Flaco”, uno de los finqueros más perseguidos por el Ejército en la zona. Ya fue herido y hoy sigue¬ al frente de un grupo de armados.

La socióloga e investigadora de la memoria histórica del campesinado nicaragüense, Angélica Fauné, reflexionaba recientemente en Envío: “La imposición de la hegemonía sandinista es algo que perturba hasta el día de hoy en la Nicaragua campesina. Y para colmo, hoy les han impuesto en zonas que fueron de la Resistencia a alcaldes del Frente Sandinista. Al menos hasta el año 2011 tenían alcaldes liberales, a los que reconocían. Ahora, ya ni eso. Los liderazgos de la Resistencia de los años 80 no reconocen la hegemonía sandinista porque sienten, saben, que la guerra de los años 80 la ganaron ellos o la empataron. Saben que el Frente Sandinista perdió políticamente y saben que si ahora gobierna es por fraudes electorales”.

HAY RESISTENCIA

Para el sacerdote Elear Pineda “la cuestión del Canal es otra bomba de tiempo que también va a reventar”.

La resistencia campesina contra la construcción del Canal Interoceánico, en la posible ruta en la que se abriría la zanja, no ha cesado. Se mantiene masiva, decidida y firme. Desde septiembre de 2014 hasta el último día de febrero ya se habían celebrado 32 marchas de comunidades y comarcas campesinas contra el Canal.

Una de las más simbólicas la que hizo el número 25, cuando centenares de niñas y niños de El Tule (Río San Juan) acompañados de sus madres marcharon para decir no al Canal, no a la venta de las tierras de sus familias. Para decir también que no asistirían a la escuela, al iniciarse el 9 de febrero el curso escolar, en protesta por la presencia de militares y policías en sus comunidades y en las aulas. El Tule es “la capital de la lucha anti-canal”, se escuchó en una de las varias marchas que ya han realizado sus pobladores. Fue allí en donde fue más violenta la represión gubernamental en la madrugada del día de Nochebuena de 2014.

Similares marchas infantiles se produjeron en San Miguelito (Río San Juan) y La Fonseca (Nueva Guinea). Una de las últimas y más numerosas marchas, la número 33, el 1 de marzo, se realizó en ese rincón de la Nicaragua más profunda, Punta Gorda (Caribe Sur), con la participación de miles de familias.

HAY ZOZOBRA

La irresponsable falta de información en que el gobierno mantiene a las miles de familias campesinas que serán expropiadas y desalojadas de sus tierras cuando comience a construirse el Canal, o los subproyectos asociados al Canal, el hacerse oídos sordos a lo que gritan en estas marchas, los censos que pretenden hacer valiéndose del subterfugio de que los realizan brigadas médicas y las mediciones de tierras que han hecho técnicos chinos sin dar explicaciones siguen favoreciendo un clima de gran zozobra, de inseguridad, también de indignación, que activan la “bomba de tiempo”.

Durante semanas han sido casi nulos los avances sobre el proyecto canalero. En este incierto y prolongado prólogo del proyecto se mantiene la pregunta del primer día: ¿Habrá Canal o no? Y la de los días siguientes: ¿Tiene el Canal objetivos comerciales o sólo geopolíticos?

En el panel de expertos internacionales que se reunieron en noviembre de 2014 en la UCA para reflexionar y debatir sobre aspectos científicos y sociales del proyecto canalero, el británico Anthony Clay-ton, experto en desarrollo sostenible, destacó lo verosímil del objetivo geopolítico. Clayton dijo haber consultado toda la información que había hasta ese momento a nivel mundial sobre tráfico naviero, “y en el 80% de esa información el proyecto del Canal por Nicaragua aparece como carente de sentido comercial”.

HAY INCERTIDUMBRE

Si el Canal carece de sentido comercial, si no existe información sobre su viabilidad financiera ni sobre quiénes invertirán en la megaobra, empezamos a pensar que tiene alguno de tres objetvos, o los tres combinados. Es una fantasía articulada dentro de una operación de imagen para garantizarle a Ortega la reelección en 2016. Es un enclave geopolítico que servirá a los intereses de China. Es un proyecto especulativo que nunca se hará, pero que servirá de justificación para que la empresa china, en sociedad con el grupo en el poder, se apodere de tierras con alto potencial turístico.

Si el proyecto canalero responde a una estrategia geopolítica de China, no deja de resultar paradójico que en el Primer Foro Ministerial CELAC-China celebrado en Beiging (8-9 enero de 2015), en el que participaron los Presidentes Maduro, Solís y Correa, de Venezuela, Costa Rica y Ecuador, junto a veinte Cancilleres latinoamericanos, evento en que el Presidente de China anunció inversiones en América Latina en los próximos cinco años hasta por 250 mil millones de dólares, incluyendo grandes infraestructuras, no hubiera ninguna representación de Nicaragua y no se dijera una sola palabra del Canal, cuya construcción se había “inaugurado” sólo días antes en las costas de nuestro país.

¿ES SÓLO RETÓRICA?

¿Es el Canal un proyecto que Rusia pretende aprovechar en su conflicto geopolítico con Estados Unidos?

En febrero, visitó Nicaragua -después de visitar Cuba y Venezuela- el Ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigu. En ocasión de esta visita, el director del Centro de Estudios Públicos y Políticos del gobierno ruso, Vladimir Yevseyev, hizo declaraciones a “Pravda”, diario oficial del gobierno, destacando la importancia que tendría para Rusia el Canal por Nicaragua: “Rusia será capaz de garantizar la disuasión nuclear, debido a que la armada rusa (que pasaría por el canal) tiene misiles crucero de largo alcance. Si los buques rusos están desplegados en algún lugar cerca del territorio de Cuba, Rusia será capaz de atacar a Estados Unidos...”
Este personaje anunció así el sentido geopolítico que para Nicaragua tendría el Canal: “Es evidente que Nicaragua no puede ponerse de pie contra Estados Unidos. Sin embargo, si Rusia y China están ahí para cabildear los intereses de Nicaragua, entonces ese país puede sentirse más independiente”.

¿Son estas declaraciones la temeraria retórica de un funcionario? ¿O detrás de todo esto está Rusia, atravesando una profunda crisis económica, y priorizando el rehacer su poderío militar para negociar con Estados Unidos sus fronteras en Europa y así volver a ocupar un papel importante en el ajedrez mundial?

¿ARMAMENTISMO?

Durante su visita a Nicaragua, el Ministro de Defensa ruso Shoigu firmó con Nicaragua un acuerdo para capacitar a especialistas militares nicaragüenses en las universidades rusas. Según “Pravda”, “las fuerzas armadas de Cuba, Nicaragua y Venezuela estarían sujetas técnica y mentalmente a Rusia y eso marca un retorno al sistema soviético de la cooperación militar aliada entre Rusia y América Latina”.

La visita del ministro Shoigu a Nicaragua se produjo dos días después que el mayor general Adolfo Zepeda informara que el Ejército estaba realizando “algunas gestiones” para obtener medios aéreos “caza interceptores” para luchar contra el narcotráfico.

Aunque Zepeda no precisó a qué tipo de aviones se refería, se comenzó a especular que podrían ser los cazas interceptores MIG de fabricación rusa. Sin una clara confirmación o negativa sobre qué aeronaves se comprarán, la inseguridad y la preocupación alentaron las especulaciones.

Si se tratara de MIG son costosos: unos 30 millones de dólares cada uno. Como son aviones de combate alterarían el “balance razonable de fuerzas” acordado entre los países centroamericanos. Y para la lucha antinarco no son adecuados. El mayor retirado del Ejército, Roberto Samcam, explicó que lo eficaz sería mejorar los recursos navales, con lanchas rápidas, “porque hoy -dijo- la principal ruta de la cocaína es marítima: está yendo de Apure y Sulia en Venezuela hacia la Moskitia hondureña”.

Una eventual compra de MIG-29 la puso en duda, y por razones geopolíticas, el ex-Canciller Francisco Aguirre Sacasa: “Recordemos que durante los años 80 la eventual adquisición de MIG por Nicaragua despertó un avispero en Washington. Y ahora que las relaciones Washington-Moscú están de nuevo tensas, nada ganaría Nicaragua. Nos pondría, de nuevo, en la mira de los congresistas y se enfriarían aún más las relaciones con nuestro principal socio comercial y con la única superpotencia del mundo... Yo creo que no habrá MIG-29, así como no habrá el Canal Wang Jing”.

HAY ESPECULACIONES

En Nicaragua sobran hoy las especulaciones. Y en un país en donde ni el Presidente ni la vocera de la Presidencia han dado una sola rueda de prensa desde hace siete años y dos meses para aclarar temas como éste y otros similares, las especulaciones alimentan también la inseguridad.

¿Será el alineamiento con Rusia y el anuncio de la compra de aviones de combate algo real o son sólo fantasías en la geopolítica mental en la que discurre el pensamiento del Presidente Ortega, anclado en los años 80? ¿Se aprovecha Putin de Ortega ¿O es al revés y serán los MIG y el desfasado acercamiento a la Rusia de Putin una carta de negociación que Ortega se guarda para que un eventual gobierno republicano en Estados Unidos pase por alto el posible fraude que le lleve a su tercera reelección en 2016?

¿HABRÁ FRAUDE?

El fantasma del fraude recorre Nicaragua: es otra razón para la inseguridad. No hemos visto una sola señal que indique que esa posibilidad no será de nuevo realidad. No hay indicios de que Ortega hará cambios en el Poder Electoral, hoy totalmente alineado y en control total del aparato que organiza todo, antes durante y después de los comicios. Y ya cuenta Ortega con varios partidos políticos que darán a esos comicios imagen de pluralismo y competencia, y creará otros, con identidad liberal y hasta con perfil religioso, como anuncia el lanzamiento, a fines de febrero, de la pre-candidatura presidencial de Saturnino Cerrato, pastor de las Asambleas de Dios, la denominación evangélica con más seguidores en el país.

HAY CONTROL DE MEDIOS

También el secretismo oficial, las informaciones sesgadas y el silencio sobre temas importantes de la realidad provocan inseguridad.

En enero de 2015, con la compra del canal 2 de la televisión nacional, se fortaleció el control de los medios de comunicación nacional en manos del empresario mexicano Ángel González y de la familia presidencial.

González, a quien apodan “el Fantasma”, dueño de casi 30 televisoras y de más de 80 radioemisoras en AM y FM en América Latina, se convirtió desde 2013 en socio mayoritario del Canal 2, que marcó pautas de calidad en los espacios informativos durante muchos años. Hoy ya es su dueño. Los espacios informativos los entregó a la Secretaría de Comunicación de Ortega.

En sociedad con González, la familia Ortega-Murillo es dueña de cuatro canales de TV y han hecho del canal estatal un medio partidario. Tienen también una red cada vez más extensa de emisoras radiales de alcance nacional y de radios y televisoras locales.

Todos estos medios oficialistas, durante años llamados “medios del poder ciudadano” han sido bautizados ahora como “medios del poder de las familias y comunidades”, un cliché permanente cuando los voceros oficiales los mencionan.

El control de Ortega-Murillo en TELCOR, la institución estatal que regula las comunicaciones, les permite, a ellos y a su socio “fantasma” conseguir sin dificultad nuevas frecuencias.

Estrategias similares se llevan a cabo hoy en los países del Socialismo del Siglo 21, donde la censura o la confiscación que antaño realizaban las dictaduras han sido sustituidas hoy por la compra de medios, ya que dentro del hegemónico sistema del mercado la compraventa legitima la acumulación.

HAY UN PENSAMIENTO ÚNICO

Con algunas variantes en su programación, los medios del duopolio González–Ortega Murillo fomentan un “pensamiento único”, en el sentido que le dio Marcuse a ese concepto: un discurso poblado de ideas repetidas incesantemente con capacidad de hipnotizar y de convertirse en dictados.

Algunos de los medios oficiales abundan en la más execrable nota roja y abonan el machismo, la homofobia y hasta el desprecio a los pobres. En otros predominan documentales que presentan las bellezas naturales de Nicaragua, un país reiteradamente presentado como “bendito, lindo y siempre libre”.

Otros se especializan en triviales programas de perfil juvenil. En todos es permanente, tanto la propaganda gubernamental, como una interpretación sesgada de la historia nacional.

Los espacios informativos nunca tocan, o lo hacen anecdóticamente, los conflictos sociales, a no ser que la familia presidencial tenga un particular interés por destacar alguno. Los eventos religiosos tienen una cobertura destacada. Dedican bastante tiempo a recoger las palabras agradecidas de la población más pobre, beneficiaria de los programas sociales del gobierno. Los anuncios publicitarios son de las cada vez más numerosas firmas que están creando o acaparando los miembros del grupo empresarial del FSLN.

HAY SILENCIOS

Los grandes temas del país y sus causas -la emigración masiva, una economía sostenida por las remesas de nuestros migrantes, los más sonados casos de corrupción gubernamental, la escasa calidad del modelo educativo, los desastres que causa la minería, los manejos turbios en el uso de la cooperación venezolana o en el proyecto canalero, la cuestionable política energética del gobierno, que explica el experto Fernando Bárcenas en páginas siguientes de este número…- nunca aparecen en los medios oficiales. Son silenciados.

Lo único que se destaca sobre algunos de estos temas mayores es una insistente propaganda oficial con la que el gobierno ha ido construyendo mitos sobre su “exitosa” gestión.

De los temas mayores que el duopolio silencia sabemos por los cada vez menos medios que aún son independientes de este pulpo.


¿HAY CONFORMISMO?

En un mundo como el actual, cuando “la civilización del espectáculo” -como la llama Vargas Llosa- ha llegado a dominar todos los campos de la vida, el duopolio y sus contenidos han tenido un éxito innegable al promover una cierta indolencia social. Entre telenovelas, concursos, promociones, anuncios, música y propaganda política repetida hasta el cansancio es difícil que funcione con la misma velocidad y eficacia aquella probada metodología del ver–juzgar–actuar.

Sin embargo, sucede en este terreno, como en otros muchos en Nicaragua, que el país real no encaja en el país oficial, en este caso en el país del duopolio mediático. La realidad se ve (“lo que está a la vista no requiere de anteojos”). Los malos ejemplos, los malos tratos y las desigualdades también se ven y son juzgadas críticamente cada vez más hasta por simpatizantes del partido de gobierno. Y lo no informado corre en forma de rumor y muy pronto todo se sabe, se comenta y va moviendo a la gente de la inercia a la indignación y algún día seguramente a la actuación.

Eso ya lo estamos viendo en el norte y en el sur, entre la población campesina, que en sus esfuerzos de resistencia al Canal, a la minería, al control militar, ha encontrado en el teléfono celular un medio de comunicación precioso. “¿Cómo hacemos?”, nos¬ contaba en Envío, Petronilo López, de Rancho Grande, Matagalpa. “Con este aparatito, con el teléfono celular, trabajamos nosotros los Guardianes de Yaoska y en un día tenemos a un pueblo reunido”. Reunido para enfrentar la minería a cielo abierto que quiere imponer allí para extraer oro la empresa canadiense B2Gold.

HAY MIEDO SOBRE EL FUTURO

El control de los medios, una prioridad del gobierno, revela su miedo al debate, a la crítica, al pluralismo. La compra de más y más medios revela que le son necesarias cada vez más herramientas para imponerse como poder omnipresente. En un ambiente así, la acumulación de desinformación, el exceso de propaganda y las noticias sesgadas provocan incertidumbre e inseguridad: ¿Qué está pasando realmente? ¿Qué va a pasar…? ¿Y cómo me va a afectar lo que pase o no pase?

En la más reciente de las encuestas trimestrales que realiza la empresa nicaragüense M&R Consultores a nivel nacional, la desarrollada entre el 13 y 29 de diciembre de 2014, resulta destacable que cuando se le preguntó a la gente cuál era su actitud cuando en su entorno se hablaba de temas políticos -puede colegirse que esos temas son problemas del país que silencian los medios oficiales-, sólo el 19.4% de la gente encuestada dijo que participaba en la conversación. El 78.5% dijo que o se retiraba o se quedaba a escuchar, pero no opinaba. Tres de cada cuatro de quienes se retiran o sólo escuchan son simpatizantes del gobierno. Desde hace dos años la empres costarricense Borge y Asociados comenzó a dar cuenta de que percibía temor en los encuestados cuando les preguntaba sobre sus opiniones políticas.

Hace un año, Sinforiano Cáceres, presidente de la Federación de Cooperativas FENACOOP, decía en las páginas de Envío: “En este país existe una crisis de cohesión social. Eso se nota y se siente en el temor y la incertidumbre de mucha gente. Se nota y se siente en la desconfianza que mucha gente tiene en el poder político, en el poder judicial, en todos los factores de poder. La gente desconfía, tiene dudas y miedo sobre su futuro: ¿Me cortarán, me van a dar el proyecto, me van a correr al muchacho? La gente vive pegada a la pared y con los pelitos parados. Y si no existe cohesión social y todo el mundo anda pegado a la pared y con los pelitos parados, no podemos construir nada ni en lo económico ni en lo social”.

¿HAY SEGURIDAD?

A pesar de todas estas inseguridades el gobierno sigue ufanándose de la seguridad que hay en el país. Recientemente ha convocado “asambleas de seguridad ciudadana”, espacios en los que agentes de la Policía se reúnen con los oficialistas Gabinetes de la Familia para escuchar los problemas de barrios y comunidades. Los pobladores reclaman atención a los robos y a los expendios de licor, mejores patrullajes policiales, mejor atención en las estaciones policiales, mayor efectividad en los teléfonos para emergencias... De otras inseguridades mayores no se habla.

El 21 de febrero, en el discurso en conmemoración del 81 aniversario del asesinato de Sandino, el Presidente Ortega divagó sobre un nuevo concepto: la “seguridad soberana”. La describió así: “Es el milagro de un entendimiento entre fuerzas económicas y sociales, que ha evitado que el narcotráfico, el crimen organizado y las pandillas no estén establecidas en Nicaragua, como desgraciadamente han venido avanzando y estableciéndose en pueblos hermanos en la región centroamericana”.

Horas después, Murillo no logró explicar mejor la noción: “Seguridad soberana quiere decir: Nosotros todos juntos en nuestra Nicaragua en unidad, en este modelo privilegiado de fe, familia y comunidad. Tiene que ver con nuestros valores cristianos, valores familiares, valores socialistas, prácticas solidarias”.

A pesar de los esfuerzos por la seguridad ciudadana, y ahora por la novedosa seguridad soberana, la crítica situación en Venezuela que pone en peligro los petrodólares, eventuales presiones reclamando transparencia en las próximas elecciones y las tensiones en el campo, también están provocando inseguridad y, por eso, nuevas tensiones al interior del aparato de poder. Daniel Ortega es hoy más vulnerable que en todos los años anteriores. ¿No crea eso inseguridad?

HAY INCONFORMIDAD

No sólo abajo la gente vive “pegada a la pared y con los pelitos parados”. También arriba pasa algo parecido. Son continuas y repentinas las sustituciones, sin explicación, de alcaldes, ministros, viceministros y funcionarios de áreas estratégicas. Las más recientes, el cambio ministerial en el sector de la energía y el cambio ministerial en el sector de la economía social. Se va multiplicando así la incomodidad y la inconformidad que provoca la centralización unipersonal -a veces bipersonal- de las decisiones grandes y pequeñas, lo que cercena la iniciativa de la mayoría de funcionarios y se escuchan más abiertamente críticas de ex-combatientes y de militantes de “la vieja guardia”.

HAY TENSIONES

Errores diplomáticos del tamaño del cometido por Ortega y Murillo en la CELAC celebrada en San José en enero 2015, cuando Ortega inscribió como delegación nicaragüense a cuatro portorriqueños con pasaportes nicas, a tres de sus hijos como asesores y a su esposa como Canciller en funciones y terminó boicoteando la reunión al querer imponer a un portorriqueño como representante de Nicaragua en la reunión privada, la más importante del evento, tienen que haber causado tensiones en el círculo de poder, como las causó Ortega entre sus colegas latinoamericanos.

Es impensable, igualmente, que la permanencia en su cargo del General Avilés como Jefe del Ejército por cinco años más, rompiendo así con la cadena de mando y el escalafón militar, no haya creado tensiones al interior del cuerpo castrense, siendo tantos los que han trabajado decididamente por la institucionalización del Ejército de Nicaragua.

A la ceremonia en la que Avilés recibió de Ortega el bastón de mando, no asistieron Humberto Ortega, Joaquín Cuadra y Javier Carrión, los tres Jefes del Ejército que iniciaron la sucesión ordenada y quinquenal de la jefatura militar y que tanto defendieron la institucionalidad, basada en esa sucesión.

HAY INSEGURIDADES

Sí, cada vez son más visibles o presumibles o conjeturables las tensiones entre orteguistas y murillistas, las sordas pugnas por espacios en el gabinete entre representantes con poder de la vieja guardia orteguista y representantes con poder de la juventud murillista, antiguas y nuevas rivalidades entre los tradicionales y los “minifaldas”, como se les llamó en los tiempos de Somoza.

Sí, hay inseguridades en los de abajo y también en los de arriba. Y eso incuba inseguridad en toda la sociedad, en todo el país. ¿Tendremos por mucho tiempo “el privilegio”, como dice la propaganda oficial, de “vivir bonito” en un país tan seguro? Parece difícil...

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