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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 61 | Julio 1986
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Nicaragua

En una nueva fase del conflicto: vencer la guerra con la guerra

La derrota militar de la contrarrevolución, que viene consolidándose desde hace meses y que obliga a Estados Unidos a reformular sus políticas, y los avances del proceso de Contadora parecían acercar el momento de iniciar el proceso de una solución política negociada.

Equipo Envío

La intransigencia norteamericana ha vuelto a detener ese proceso. ¿Hacia dónde vamos ahora? ¿Hacia el desenlace de esa solución política negociada con Estados Unidos o hacia la intensificación de la presión militar hasta una eventual intervención directa?

Dos importantes hechos ocurridos este mes -la decisión tomada por la Cámara de Representantes norteamericana de continuar apoyando a la contrarrevolución y la decisión favorable a Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia de La Haya- han reforzado las posiciones de los dos contendientes en el conflicto, han acentuado la gravedad de éste y están abriendo una nueva coyuntura internacional, y también interna, para Nicaragua.

El gobierno sandinista ha interpretado la decisión de la Cámara como una declaración de guerra y, apoyándose en el derecho internacional y en el deber de preservar el proyecto revolucionario, saca las consecuencias. "Aquí lo que hay es una guerra y a la guerra se le responde con la guerra", dijo el Presidente Daniel Ortega, anunciando que la revolución entra en un período de profundización de sus objetivos y de aplicación rigurosa de la emergencia, en lo político, en lo económico y en lo militar.

La dinámica de la solución política negociada y la dinámica de la solución militar

En esta nueva coyuntura -declaración de guerra del gobierno de Estados Unidos y respuesta de Nicaragua- conviene recordar una vez más cuál es la dinámica de la solución política y cuál la de la solución militar.

La solución política al conflicto de Estados Unidos con Nicaragua la negocian como mediadores los 8 gobiernos latinoamericanos de los países de Contadora y del Grupo de Apoyo. En esencia, buscan la paz basando ésta en el respeto al derecho de cada nación a elegir su propio sistema político y económico (derecho de autodeterminación, principio de no-intervención).

La solución militar la promueve el gobierno de Estados Unidos que, desde hace 5 años, pretende resolver el conflicto a su favor a través de la guerra contrarrevolucionaria. Se trata de una guerra en escalada, que ha de desembocar en la intervención directa o en la rendición política -por presiones militares- del gobierno revolucionario. (Cuando el gobierno norteamericano propone el diálogo de los sandinistas con los contrarrevolucionarios está proponiendo arreglos políticos que lleven a fórmulas de compartir el poder, pero dada la opuesta naturaleza de un proyecto revolucionario y de otro contrarrevolucionario, de lo que se está hablando propiamente es de una fórmula de rendición).

Para dar un marco de justificación a la solución militar, el gobierno Reagan -y el Presidente de forma personal- se han embarcado desde hace años en una campaña de acusaciones contra el gobierno de Nicaragua que llama la atención del mundo entero por su insistencia y desproporción. Llama aún más la atención el que estas acusaciones no sólo son cuestionadas por la misma realidad de Nicaragua, sino por la propia propuesta de Contadora. todos esos problemas y peligros que "atormentan" al presidente norteamericano y le llevan a proponer y elegir como remedio la solución militar, están contemplados en los planteamientos que Contadora hace para lograr la solución negociada.

Cuando Reagan dice temer que Nicaragua se convierta en una base soviética, Contadora propone el compromiso solemne del no-alineamiento y la eliminación de cualquier base extranjera y Nicaragua apoya esa posición. cuando Reagan dice temer los MIGs, Contadora llama a una regulación de armamentos como ésos y Nicaragua propone renunciar a los MIGs. Con Contadora, los peligros podrían neutralizarse y los problemas resolverse, pero la solución militar sigue su escalada. Esto evidencia que las posiciones y decisiones del gobierno norteamericano (Ejecutivo y Legislativo) no son más que una nueva forma del histórico intervencionismo norteamericano en América Latina.

Los últimos acontecimientos en Contadora: hacia la solución negociada

De la esperada reunión del 6 de junio fecha-tope que Contadora se había autoimpuesto, surgió una vez más la fórmula negociadora de América Latina. Esta vez, y tras una de las reuniones más intensas y agitadas del grupo en todo el proceso, surgió en la forma de una tercera Acta de Paz y de la llamada Declaración de Panamá que la acompaña.

Estando pendientes aun de negociación en la segunda Acta los importantes temas de seguridad (maniobras y control de armamentos), Contadora tuvo en cuenta el 6 de junio las propuestas militares presentadas por Nicaragua el 27 de mayo (explicadas ampliamente en nuestro anterior número) y también las de los otros países centroamericanos, menos elaboradas, y planteadas más como improvisadas respuestas a la propuesta nicaragüense que como opciones plenamente asumidas por los respectivos gobiernos.

Combinando ambas posiciones, Contadora elaboró una tercera versión del Acta de Paz, un texto de consenso. En él se proscriben las maniobras internacionales y se establecen los criterios para iniciar la reducción de los armamentos en cada país. Los 8 países mediadores convocaron ese día a los 5 países centroamericanos a presentar cuanto antes un inventario de los asuntos militares que cada uno de ellos considera negociables para iniciar así las negociaciones que deberán culminar en la firma del Acta.

En septiembre de 1984, contadora elaboró su primera Acta de Paz. Nicaragua se comprometió a firmarla, sin introducir en ella ningún cambio. Esta decisión llevó a Estados Unidos a bloquear el Acta, presionando a los centroamericanos y a Contadora para que reformaran el texto, según los intereses norteamericanos. Aun cuando Contadora siguió apostando por la solución negociada, los cambios introducidos en lo que fue la segunda Acta revisada significaron un retroceso y una cierta tolerancia con aspectos de la solución militar norteamericana. La segunda versión del Acta es la que ha venido siendo objeto de negociaciones hasta ahora, cuando surge la tercera versión. Aparte de las variaciones en los contenidos, entre la primera y la tercera Acta hay diferencias importantes que muestran la evolución y el agravamiento que ha ido teniendo el conflicto entre Estados Unidos y Nicaragua, prioritario en las negociaciones de Contadora.



Contenidos de la Declaración de Panamá

La Declaración de Panamá que acompaña esta tercera Acta ha de considerarse como muy importante, dada la crisis de debilidad en la que se encontraba Contadora después de que Estados Unidos hizo caso omiso de las posiciones latinoamericanistas de Caraballeda. La Declaración tiene 11 puntos. De ellos, el punto 7 resulta en estos momentos el más significativo:

"Para avanzar en el proceso de Contadora y alcanzar el objetivo final de la paz, es imperativo que se acepten tres órdenes fundamentales de compromiso:

a) Que no se permita la utilización del territorio nacional para que desde el mismo se agrega a otro país o se dé apoyo militar o logístico a fuerzas irregulares o grupos subversivo.

b) Ningún país debe constituirse en miembro de alianzas militares o políticas que amenacen directa o indirectamente a la paz y la seguridad en la región, insertándola en el conflicto Este-Oeste.

c) Que ninguna potencia apoye militar o logísticamente a las fuerzas irregulares o grupos subversivo que actúan o puedan actuar en los países de la región o utilice o amenace con utilizar la fuerza como medio para derrocar a un gobierno del área".

En estos tres órdenes de compromiso están identificados, de forma más concentrada que nunca, las condiciones de una paz realista, la esencia de la negociación. El (a) y el (c) se dirigen al gobierno de los Estados Unidos para que renuncie al camino de la solución militar para imponer su criterio, a través de los gobiernos centroamericanos (a) o de manera directa(c). El (b) se dirige a Nicaragua para que garantice con el compromiso del no alineamiento la seguridad de los Estados Unidos y de los demás países del área, abriéndose así el camino de una solución negociada.

El día 21 de junio, Nicaragua respondió positivamente a los países de Contadora y del Grupo de Apoyo. Sin referirse a si firmaba o no -expectativa concreta pero artificial, dado el estado en el que están aún las negociaciones-, Nicaragua califica el Acta del 7 de junio como "el único instrumento que puede y debe propiciar una conclusión rápida y eficaz del proceso negociador" y expresa su disposición a entregar ya el inventario del listado de asuntos militares y la tabla de factorización recomendados en el Acta para iniciar de inmediato las negociaciones sobre armamentos, las únicas que faltan ya para concluir en la firma. Por otra parte, Nicaragua, respalda los tres órdenes de compromiso de la Declaración de Panamá y llama a Contadora a crear condiciones adecuadas para esa firma promoviendo el diálogo directo Estados Unidos-Nicaragua, impulsando la creación de comisiones mixtas entre los países del área para resolver los problemas bilaterales de no agresión entre los países centroamericanos.

Los últimos acontecimientos en Estados Unidos: hacia la solución militar

Preparando el ambiente para la votación sobre los $100 millones en la Cámara, el Presidente Reagan acentuó este mes su campaña de acusaciones contra Nicaragua, intentando forzar la decisión del Congreso en favor de la solución militar.

Algunos de estos planteamientos -ya conocidos- fueron:

* Sobre el peligro para la seguridad de Estados Unidos y del área centroamericana:

-Si no se aprueban los fondos, "Nicaragua se convertirá en un refugio y santuario para los terroristas del mundo", en una segunda Libia.

-Las presiones militares sobre Nicaragua tienen como objetivo el que Nicaragua cese sus agresiones contra las democracias de Centroamérica.

-Nicaragua no es sólo una amenaza para la seguridad regional sino para los Estados Unidos en particular.

* Sobre el alineamiento de Nicaragua con el Este:

-"Nicaragua recibe órdenes de Gorbachov, Castro, Khadafi y Arafat".

-"Los soldados cubanos transitan en grandes cantidades por las calles de Managua".

-Nicaragua ha recibido más de mil millones de dólares en apoyo de parte de la URSS y algunas de las armas más temibles del arsenal soviético.

* Sobre la situación interna en Nicaragua:

-Hay que presionar a Nicaragua para prevenir la creación de un Estado totalitario marxista-leninista.

-"La URSS tiene la esperanza de convertir a Nicaragua en su primera base en territorio continental".

-El veredicto final ya lo escribió el Cardenal Obando en el Washington Post. Escuchen detenidamente las palabras del Cardenal. El dijo que no es verdad que el régimen sandinista es un gobierno democrático, legítimamente constituido, que busca el bienestar y la paz del pueblo y goza del apoyo de la gran mayoría.

-El obispo nicaragüense Pablo Vega, que visitó Washington hace varias semanas, dijo que campesinos humildes reconocen su derecho a actuar y a defenderse.

Durante la campaña de este mes, la acusación más concreta fue la formulada por el director de la CIA, William Casey, y por el propio presidente Reagan: un avión soviético AN-30 estaría desempeñando tareas de apoyo logístico al ejército de Nicaragua. Es evidente que a Nicaragua le asiste pleno derecho para emplear el apoyo de un avión de este tipo en su guerra de defensa. Y es sorprendente que Estados Unidos cuestione esto, cuando tan sólo en los meses de marzo y abril llegó a violar 140 veces el espacio aéreo nicaragüenses con sus aviones-espía. Aparte de esto, el gobierno de Nicaragua explicó unos días después la misión de la aeronave soviética. El AN-30 equipado con cámaras fotográficas de gran precisión y alcance, había sido contratado por dos años y en base a una línea de crédito de la URSS por INETER (Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales) para tomar fotos de 50 mil km2. e la zona occidental del país, con el fin de actualizar los mapas cartográficos, no renovados desde hace 20 años, y la carta náutica nacional, que se hizo hace 100 años. Los estudios fotográficos permitirán también el estudio de los suelos para la implementación de proyectos de desarrollo.

A estas acusaciones del Presidente norteamericano hay que sumar, dentro de la campaña por los $100 millones -que es la campaña para justificar la solución militar-, las posiciones de los países centroamericanos aliados de Estados Unidos con respecto a la propuesta de Contadora en su tercera Acta de Paz.

Las posiciones de Costa Rica, El Salvador y Honduras, aunque no son todavía una respuesta totalmente definida ni definitiva, expresan claramente la situación límite a la que la intransigencia norteamericana ha llevado el proceso de Contadora.

Al plantearse la tercera Acta como la última versión, al estar incorporadas en ella las propuestas militares hechas por los propios países centroamericanos -aunque fueran propuestas tácticas y apresuradas-, al saberse la respuesta positiva que daría Nicaragua y al chocar con la dinámica de Contadora la reintroducción del tema de la democratización del área, no quedaba otro camino a Estados Unidos que promover la muerte de Contadora a manos de los mismos centroamericanos. El momento era propicio: a pesar del empuje de la última reunión, es notable el agotamiento de los negociadores, que soportan desde hace más de 3 años todo tipo de presiones por parte de Estados Unidos. Las declaraciones de los países centroamericanos después de la objetivamente positiva reunión del 6 de junio nunca habían sido tan despectivas para el proceso de Contadora. Estas declaraciones se iniciaron, significativamente, en los Estados Unidos, con las palabras del Secretario de Estado, George Shultz, que comentó así la reunión en Panamá:

"Las cuatro democracias que se encuentran en la primera línea de fuego frente a la agresión comunista de Nicaragua quieren decidir por sí mismas qué tipo de tratado de paz les conviene".

Después, la Cancillería hondureña, en comunicado del 13 de junio, expresó que la nueva Acta "no establece obligaciones razonables y suficientes para garantizar su seguridad", precisando después que Honduras no firmaría esa Acta.

El Canciller de El Salvador, Castillo Claramount, fue más lejos, al afirmar que Contadora estaba dominada por Nicaragua y que los restantes países centroamericanos querían mediación, pero no imposición:

"Vamos a dejar de lado el tutelaje fraterno de naciones amigas que se comprometieron en este esfuerzo y vamos a generar nuestras propias opciones para profundizar en este proceso de paz..."

"Nosotros, los centroamericanos, tomaremos la decisión de cómo, cuándo y con quiénes nos vamos a reunir".

Calificó el Acta de Paz como un documento gris, incompleto y un tanto intrascendente.

En una línea similar, Costa Rica afirmó que aspiraba a que Contadora fuera un grupo de fraternal presión contra Nicaragua para lograr en este país cambios democráticos. El 19 de junio oficializó su respuesta, calificando la tercera Acta de deficiente y vaga y se refirió a la necesidad de acercarnos a Europa, sugerencia hecha también por El Salvador, que habló de la re-creación de Contadora con 2 países latinoamericanos y 2 europeos.

A estos peligrosos intentos de debilitar a Contadora por los mismos centroamericanos hay que unir las campañas lanzadas por sectores republicanos y medios informativos de Estados Unidos contra el gobierno mexicano y contra el General de la Fuerzas Armadas en Panamá, Manuel Antonio Noriega, acusándoles de responsabilidad en fraudes electorales, de corrupción, y de vínculos con el narcotráfico. México y Panamá son dos países claves en el proceso negociador.

Mención aparte merece la actual posición de Guatemala, que lucha por mantener posiciones más neutrales que las de sus vecinos, mientras el Pentágono trabaja activamente por comparar la voluntad de los militares guatemaltecos con la reanudación de la asistencia militar al país. Después de algunas declaraciones dilatorias, la Cancillería de Guatemala se distanció de los tres países centroamericanos que forman el llamado "bloque de Tegucigalpa" en sus posiciones contra Contadora:

"Nosotros no vamos a formar un bloque con ningún país o grupo de países que tengan por objeto llevar a cabo aislamiento o llevar a cabo acciones unilaterales que signifiquen problemas o rebasen el principio internacional. Siempre lo hemos dicho y lo seguiremos diciendo: los centroamericanos somos los más interesados, los más llamados y los más capacitados para resolver nuestros propios problemas, pero el concurso de Contadora y el Grupo e Lima será bienvenido".

El propio presidente Vinicio Cerezo, en visita oficial en México, su apoyo a la gestión de Contadora, como única instancia para solucionar la crisis centroamericana.

Después de repasar, en las declaraciones más significativas de este mes -previas a la votación sobre los $100 millones- cómo se expresan las dos dinámicas en conflicto (solución militar/solución política) intentaremos esquematizar más aún las posiciones y propuestas fundamentales, tal como se han venido manifestando desde hace mucho más tiempo.



Una palabra clave en apoyo de la solución militar: la del Congreso de Estados Unidos

La opinión pública internacional se ha acostumbrado peligrosamente a la inmoralidad política que supone que el Cuerpo Legislativo de los Estados Unidos discuta periódicamente cómo forzar política y militarmente al gobierno de Nicaragua a aceptar sus planteamientos de potencia hegemónica en la región. Mientras mantienen relaciones diplomáticas con el gobierno nicaragüense, las autoridades norteamericanas financian abiertamente a grupos armados que tienen como objetivo la desestabilización y el derrocamiento de ese gobierno, objetivo que cumplen asesinando a civiles y destruyendo la infraestructura económica de un país, empobrecido precisamente por esa misma potencia. La ilegalidad e inmoralidad de una actuación así sólo halla justificación entre quienes suponen que los derechos del más fuerte y del más grande son más derechos que los del más débil y más pequeño.

Después de dilaciones en las fechas para un nuevo debate, motivadas en gran parte por el ultimátum que Contadora se autoimpuso y por el nuevo giro ocurrido en contadora con las propuestas de Nicaragua, los legisladores norteamericanos se reunieron una vez más el 25 e junio para debatir y votar el financiamiento a la contrarrevolución.

Tres propuestas se presentaban a la consideración de los representantes de la Cámara de Estados Unidos, controladas por los demócratas.

Propuesta Hamilton (la más progresista)

-Ninguna ayuda directa a la contrarrevolución.

-Ayuda ($27 millones) para la reubicación de los contrarrevolucionarios que depongan las armas, para los refugiados y desplazados por la guerra (a través de la Cruz Roja y ACNUR) y para Contadora.

OPCION: Solución política negociada (fue derrotada por 183 votos contra 245)

Propuesta McCurdy (la que desde hacía meses parecía tener más posibilidades de triunfar)

-$100 millones en ayuda para los contrarrevolucionarios ($30 millones en ayuda "humanitaria" inmediata y $70 millones en todo tipo de armas a partir de otro debate en octubre. (Estos $70 millones estarían condicionados a los avances de las negociaciones regionales).

-$350 millones en ayuda a los países centroamericanos, a excepción de Nicaragua.

OPCION INTERMEDIA: Continuación de las presiones hasta alcanzar una solución negociada más favorable a los Estados Unidos.

(Esta propuesta no llegó a votarse)

Propuesta Skelton/Edwards (paquete-proposición de los republicanos y demócratas más conservadores, del que la mayoría de los legisladores tuvieron noticia sólo en las vísperas del debate y que responde a un plan elaborado hace un año por una comisión presidencial).

-$100 millones en ayuda militar para la FDN (todo tipo de armas ligeras y pesadas).

En los 100 millones se incluyen: -$5 millones para los grupos contrarrevolucionarios del Bloque Opositor Sureño (BOS).

-$5 millones para los mískitos de MISURASATA.

-$3 millones para investigar la corrupción de los contrarrevolucionarios.

-$300 millones en ayuda económica para los países centroamericanos, a excepción de Nicaragua.

-$2 millones para que los países centroamericanos participen en las actividades del Grupo Contadora.

OPCION: Solución Militar
(Triunfó por 221 votos contra 209)

La propuesta que triunfó en el Congreso

La propuesta triunfadora autoriza el entrenamiento de los contrarrevolucionarios por asesores de la CIA, siendo éste uno de los puntos más graves del paquete y uno de los que era más importante para los planes del Presiente Reagan. La única enmienda introducida a la propuesta victoriosa fue la que determinó que estos entrenamiento se deben realizar a por lo menos 20 millas de distancia de la frontera nicaragüense.

En momentos en que Contadora planteaba una última y nueva propuesta de solución negociada, y después de meses en que los congresistas demócratas más liberales empezaban a tener en cuenta a Contadora y a seguir atentamente su evolución -aunque fuera para usarla como un arma de contención a la política Reagan- hubiera parecido que la posición McCurdy tenía que triunfar. Intentando fortalecer las posiciones de estos demócratas liberales, y tres días antes de la votación, al Internacional Socialista expresó su "rechazo" a la política Reagan en la Resolución emitida al finalizar su reunión en Lima.

A pesar de todo esto, la solución que apuesta más explícitamente por la guerra fue la elegida por la mayoría de los representantes. Para que el carácter intervencionista y de desprecio a América Latina de esa elección apareciera aun más evidente, el mismo día que la Cámara votaba, los 4 Cancilleres de Contadora llegaban a Estados Unidos para entregar al Secretario General de la ONU y al de la OEA la tercera versión del Acta de Paz. También quisieron entregársela a las autoridades del Departamento de Estado, pero éstas no encontraron tiempo para recibirlos.

El monto de la ayuda, el diseño de todo el paquete, con la inclusión de la ayuda a los 4 países centroamericanos -como queriendo pagar o comprar sus posiciones anti-Contadora- la intensa campaña antinicaragüense organizada por la Administración antes del debate y las puertas que se han abierto a la CIA en esta propuesta, le dan a este último voto por la guerra de los congresistas norteamericanos un carácter de extrema gravedad.

Si la contrarrevolución está derrotada militarmente en Nicaragua y desacreditada por su corrupción en los Estados Unidos y a pesar de eso, los congresistas le dan un espaldarazo tan fuerte, su voto es un voto por el derrocamiento del gobierno revolucionario y para muchos, por una eventual intervención si ésta se hace necesaria para lograr este objetivo. Con este voto, estamos a las puertas de un conflicto generalizado en Centroamérica con el creciente involucramiento de efectivos norteamericanos en él.

Refiriéndose al voto, Alfonso Robelo, líder contrarrevolucionario, dijo: "Este es un mensaje para los combatientes dentro de Nicaragua. Estamos Unidos no los abandona. Ya podemos programar para los próximos 17 meses.

Los cancilleres de Contadora, presentes en Washington calificaron la votación de la Cámara de error histórico. Y el Canciller de Nicaragua, P. Miguel D'Escoto expresó: "No me sorprende esta votación. Me interesa mucho más el voto que pronunciará mañana la Corte Internacional de La Haya".

Una palabra clave en apoyo a la solución negociada: la del Tribunal de La Haya

Apenas unas horas después del voto norteamericano, la Corte Internacional de Justicia anunció al mundo su fallo sobre el conflicto Estados Unidos-Nicaragua (ver artículo especial en este mismo Envío).

Este voto había sido retrasado varios meses por las presiones norteamericanas, pero las presiones no fueron suficientes para impedir que la decisión final se produjera. Y que esa decisión fuera una clara, categórica y detallada condena de las acciones llevadas a cabo por Estados Unidos en su guerra contra Nicaragua.

El Canciller nicaragüense, P. Miguel D'Escoto acudió a La Haya a recibir el veredicto final. Y en las primeras horas de la mañana anunció por radio al pueblo de Nicaragua la esperada noticia: "Ha sido una victoria de la paz, una victoria de los países del Tercer Mundo, una victoria de América latina y también una victoria del pueblo norteamericano. Ha sido un triunfo de todo el pueblo de Nicaragua, de todos los que nos acompañaron en el Viacrucis por la Paz y la vida. Aquel sacrificio fue un clamor que no fue desatendido por Dios".

El Presidente Daniel Ortega, desde Nicaragua, enjuiciaba así el hecho, a los pocos minutos de conocer la sentencia: "La Corte ha condenado claramente la decisión del Congreso y del Presidente. Esto nos da más fuerza para resistir, combatir y derrotar la política terrorista de Estados Unidos".

El Departamento de Estado, como era de esperar, rechazó el fallo y afirmó que la ayuda a los contrarrevolucionarios era coherente con el derecho internacional. Eso dice el gobierno norteamericano -respondió el embajador de Nicaragua en Washington, Carlos Tünnerman-, pero ¿qué dice el pueblo norteamericano, qué dicen los abogados norteamericanos? Abraham Chayes, abogado estadounidense que participó en todos los procedimientos del juicio, y asesor legal el propio Departamento de Estado, insistió en que se trataba del caso más importante en la historia de la Corte.

En sólo 30 horas se había evidenciado ante el mundo, de forma dramática y solemne, el carácter del conflicto que enfrenta Nicaragua. Una institución política, la de los legisladores norteamericanos, en nombre únicamente de su tradición de intervenciones y de actuaciones hegemónicas, le declaró la guerra a Nicaragua. Y una institución jurídica, en nombre del derecho internacional, condenó ante el mundo esa tradición intervencionista. Como nunca, se vio en estas 30 horas que el caso de Nicaragua plantea trascendentales preguntas sobre los derechos de los explotados países del Sur y sobre el sentido y el futuro del derecho internacional si estos derechos no empiezan a ser realmente respetados.

A juicio de grupos moderados, como la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), el derecho internacional atraviesa "su mayor y más peligrosa crisis desde la II guerra mundial", según declaraciones de su Presidente, Hilarión Cardoza, al comentar los resultados de la votación en la cámara de representantes de Estados Unidos.

Nicaragua: derecho a defenderse y deber de responder


A las pocas horas de aprobar los $100 millones para la contrarrevolución y los $300 millones para "comprar" la voluntad de los países centroamericanos, se filtraba en medios norteamericanos que el Servicio Secreto de Estados Unidos daría a los contrarrevolucionarios $400 millones más en "ayuda encubierta". Aunque la gravedad del voto en la Cámara no debe juzgarse por criterios cuantitativos y aunque estas cifras puedan parecer muy pequeñas a los ojos de los países industrializados, no está de más recordar que si el plan contrarrevolucionario aprobado por el Congreso, y el plan de los que el Congreso ha bendecido al abrir las puertas a la CIA, es de más de 800 millones, las divisas que Nicaragua ganó con sus exportaciones en el año 1985 no llegaron ni a $300 millones. También las cifras hablan de la desigualdad de los contendientes, de la desigual guerra a la que está sometido un país tan pequeño.

Como era de esperar, pero también con cierto matiz de situación de inesperada emergencia, el gobierno de Nicaragua interpretó los resultados de la votación como esa declaración de guerra que se vio siempre como posible y que, definitivamente, parece haberse producido ya el 25 de junio de 1986.

A los dos días de esa votación y el mismo día en que se conoció el fallo de La Haya, se celebraba en Managua el tradicional "Repliegue". Cada año, miles de personas recorren ese día durante toda la noche, y hasta el amanecer, el trayecto de 30kms. entre Managua y Masaya, por las mismas trochas y caminos por los que en el año 79 y en los días de la insurrección final contra Somoza, los combatientes sandinistas condujeron a la población de los barrios de Managua en un repliegue táctico que resultó decisivo en el enfrentamiento final con la guardia nacional somocista.

Al saludar a los más de 50 mil caminantes, el Presidente Daniel Ortega, que iba a la cabeza de ellos, planteó así la gravedad del nuevo momento de agresión: "¿Es posible en estas circunstancias normalizar el país? ¿Podemos seguir actuando con tolerancia y flexibilidad con algunos, porque tienen rangos o cargos de tipo jerárquico o civiles?... ¡El que quiera a Nicaragua, a la patria, al pueblo, que se quede! ¡Y el que quiera a Reagan, que se vaya para Miami!... ¡Aquí no hay una lucha cívica! Aquí lo que hay es una guerra ¡y a la guerra se le responde con la guerra!"

En un comunicado emitido el día anterior, a las pocas horas de conocerse los resultados de la votación en la cámara, la dirección nacional del FSLN había señalado, no ocultando el dramatismo, la gravedad del momento.

La decisión de la Cámara norteamericana -dice el comunicado- es un golpe al Grupo de Contadora y al de Apoyo que pretende ser mortal y cambia las perspectivas internacionales e internas en las que se ha desarrollado nuestra revolución.

En el Comunicado se hacen diferentes planteamientos generales, de los que se irán desprendiendo a corto plazo nuevas medidas para defender al pueblo y al proyecto revolucionario de la guerra declarada por el gobierno norteamericano. Este cambio de perspectivas no supone -como se ha podido ir viendo ya en los primeros días después al anuncio- una radicalización de la revolución en el sentido de abandonar el modelo de pluralismo político, economía mixta y no-alineamiento, sino en el sentido de dejar atrás ciertas flexibilidades que tanto en el pluralismo político -incluida la libertad de expresión-, como en la economía mixta, repercutirían en la misma preservación del proyecto revolucionario en momentos tan delicados como los que se avecinan.

La revolución ha endurecido su mano y ha decidido seguir endureciéndola para que el bien de las mayorías y la soberanía nacional sean mejor garantizados en esta difícil etapa de supervivencia, resistiendo la escalada de la agresión norteamericana.

En el terreno diplomático: defender el derecho internacional

Nicaragua, reforzada por el fallo de la Corte Internacional, que refrendó la verdad y la justicia de su causa, seguirá acudiendo a todos los foros internacionales y participando positivamente en el foro latinoamericano de Contadora, para insistir en la solución política negociada. En este grave momento, los dirigentes de la revolución hacen un llamado al mundo para detener este resurgimiento del fascismo que intenta desconocer el orden jurídico y el derecho internacional.

-El 1 de julio, y para denunciar la situación creada con el voto de la Cámara en favor de la guerra, Nicaragua convocó una vez más al Consejo e Seguridad de la ONU. En los debates, de 3 días de duración, el rechazo expreso de la política norteamericana y de los planes de la Administración Reagan, fue unánime, a excepción de la intervención del representante salvadoreño y naturalmente, del de los Estados Unidos, el General Vernon Walters, uno de los iniciales ideólogos del proyecto contrarrevolucionario, que intentó demostrar con más mapas que poder de convicción que la guerra de agresión era la que Nicaragua llevaba adelante contra sus vecinos centroamericanos. Durante el debate, el Secretario General de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, expresó el apoyo del organismo internacional a la solución política propuesta por América Latina a través del Grupo de Contadora. Particularmente críticas de la política de Estados Unidos fueron las intervenciones de Venezuela -que habló a nombre de Contadora y que leyó en el foro la Declaración de Panamá- y de la India que habló a nombre del Movimiento de Países No-alineados.

Para afianzar el apoyo internacional a Contadora, y también en previsión de que en la Cámara el resultado de la votación fuera tan negativo como de hecho lo fue, viajó durante casi un mes por Europa occidental -incluyendo en su gira, Argelia y la DA-, el vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez. Sus visitas resultaron muy positivas y son especialmente útiles en la nueva coyuntura, en la que Nicaragua necesita afianzar una vez más el consenso internacional anti-Reagan para así reforzar a la opinión pública estadounidense, aún mayoritariamente anti-intervencionista y, en estos momentos, el único freno que puede detener la intervención directa.

El 24 de junio, de regreso a Nicaragua, Sergio evaluó así las posiciones de Europa occidental:
-Existe un respaldo global a nivel de presidentes, cancilleres, partidos y personalidades públicas a 1) una salida negociada que cierre el camino a las soluciones agresivas y 2) al respeto a la soberanía y autodeterminación de Nicaragua y por tanto, existe rechazo a agresiones cubiertas, encubiertas y abiertas.

-Existe en esos sectores un respaldo unánime al proceso de institucionalización del proceso revolucionario, concretado en esta etapa en la discusión y aprobación de la Constitución .

-En la mayoría de los sectores de opinión existe una amplia gama de respaldo con distintos matices al proyecto revolucionario y sólo los sectores ultraderechistas de cada país mantienen posiciones en favor de la solución militar.

Causa desconcierto en Europa -declaró Sergio- la actitud de los centroamericanos de quitarle legitimidad a Contadora. Esa actitud crea estupor, porque se trata de liquidar la acción negociadora y de no llegar a ninguna clase de acuerdo.

La gravedad que en la situación mundial abre el último voto de los legisladores norteamericanos, arrastrados por la estrategia Reagan, se muestra en la declaración soviética, que en su parte más crítica afirma:

"...Tal desarrollo de los acontecimientos acarrea perniciosas consecuencias, no sólo para el continente latinoamericano. Afectará inevitablemente la situación general en el mundo y no podrá dejar de repercutir en las relaciones soviético-norteamericanas... Se equivocan aquellos que consideran que pueden poner al mundo ante el hecho consumado del saqueo internacional los que pretenden que todo les está permitido".

Ante esta agudización del conflicto y ante la probada intransigencia norteamericana, la cuestión clave empieza a ser hasta qué punto los gobiernos aliados de Estados Unidos o los gobiernos muy dependientes de Estados Unidos en sus economías subdesarrolladas lograrán unirse para definirse, en nombre del derecho internacional, contra las políticas de Estados Unidos en Centroamérica. ¿Se concretarán esas definiciones en pronunciamientos unitarios que no dejen lugar a dudas? Y más aún, ¿se irá más allá de los pronunciamientos y se estructurarán, también unitariamente, otro tipo de acciones de presión eficaces?

En el terreno militar: prepararse para la intervención

El accionar terrorista de los contrarrevolucionarios contra los civiles nicaragüenses, características de su actividad militar desde hace muchos meses, se vio inmediatamente acrecentado después de que conocieron -como dijo Alfonso Robelo- que Estados Unidos no los abandona.

Tan sólo unas horas después de la votación, las fuerzas de la FDN atacaron una unidad de producción en Boaco, asesinando a 4 niños e hiriendo a otros 3 (entre 2 y 12 años) y matando a su padre.

El 3 de julio, mientras se preparaban los fuegos artificiales más fastuosos de la historia norteamericana para celebrar a la centenaria Estatua de la Libertad, volaban por los aires, destrozados sus cuerpos, 32 campesinos nicaragüenses (entre ellos, 12 niños -algunos recién nacidos- y 14 mujeres). Fueron víctimas de una mina antitanque accionada a distancia por una banda de los paladines de la libertad, que apuntó esta vez contra un vehículo civil que llevaba a sus pasajeros a San José de Bocay. 18 miembros de una misma familia -los Castillo López- murieron ese día. Ni siquiera nos quedó el consuelo -decía llorando una mujer, familiar de las víctimas- de poder mirar a nuestros muertos dormidos. En pedazos quedan cuando los matan así y no da consuelo mirarlos".

Las víctimas de esta injustificable masacre fueron enterradas en el mimo humilde cementerio en donde hace unas semanas era enterrado el cooperante vasco, Ambrosio Mogorrón, que pereció en iguales circunstancias, víctima de una mina antitanque que destruyó un vehículo civil. En Nicaragua la población campesina se pregunta cuántas minas antitanque podrán comprar los "combatientes por la libertad" con $100 millones de dólares. Y el pueblo que puede escuchar La voz de Estados Unidos, emisora oficial del gobierno norteamericano, se preguntó asombrado el mismo día de esa masacre cómo el representante de Estados Unidos ante la OEA pudo llegar a afirmar que si el General Augusto C. Sandino viviera sería un "combatientes por la libertad". Esta ofensiva afirmación la puso por escrito en una carta enviada a la OEA, para justificar su no asistencia al acto en el que el organismo colocó un busto del General Sandino en la galería de los héroes latinoamericanos.

Ante el terrorismo contrarrevolucionario es escalada, presagio de la crueldad con la que se emprendería una intervención directa, intentando ahogar en sangre a la revolución nicaragüense, el gobierno revolucionario ha empezado a acelerar los planes de reclutamiento para el servicio militar de reserva para los adultos, con el fin de disuadir la intervención o para aplastarla.

Mientras no llega ese momento, la guerra continua y los contrarrevolucionarios siguen siendo aniquilados. Si a lo largo de todo 1985 hubo 6 mil bajas en las filas contrarrevolucionarias, ya en los primeros 5 meses de 1986 son 4 mil las bajas. En el simbólico acto del Repliegue, el presidente Ortega facilitó nuevas cifras totales de las pérdidas humanas de esta guerra: hay ya más de 29 mil víctimas, de las que 16,416 son muertos. De ellos, 4,303 murieron defendiendo la revolución y 12,103 combatiéndola, arrastrados a las filas de la contrarrevolución que financia Estados Unidos.

Este mes se presentaron a la prensa internacional dos cubanos exiliados en Estados Unidos -del grupo de los marielitos, que fueron capturados por el ejército sandinista y que pertenecían a la FDN. Confirmaron la participación en el grupo de mercenarios cubanos y de otros países latinoamericanos, reclutados en Estados Unidos y dieron otros datos de interés sobre las conexiones de la CIA con autoridades hondureñas y de Costa Rica. Ya están hablando de contratar hispanos, porque ya se les agotó la cantera de Nicaragua, -dijo evaluando este nuevo perfil que puede ir teniendo la FDN- el Comandante Bayardo Arce.

Aun cuando en la coyuntura militar la tendencia es a profundizar la derrota estratégica de la contrarrevolución, el voto del Congreso apunta hacia la solución militar y mientras no sea necesaria la decisión final de la intervención, hacia el incremento del terrorismo desestabilizador, a la par que los contrarrevolucionarios son entrenados en el uso de las nuevas y sofisticadas armas que se les han entregado. Acciones terroristas mayores, como fue el minado de los puertos -que la CIA realizó en 1984- o bombardeos quirúrgicos tipo Libia podrían esperarse en esta nueva escalada de la agresión. También se esperan acciones de pequeños comandos terroristas, dirigidos por la CIA: atentados contra dirigentes, sabotajes contra específicos objetivos económicos y militares. Sin mucho costo humano y político, acciones de este tipo buscarían publicidad y desestabilización en el corto plazo.

En el terreno económico: asegurar la supervivencia

La economía nicaragüense, en sus aspectos primarios: la producción material y el abastecimiento de los productos vitales, atraviesa desde hace ya mucho tiempo una situación crecientemente crítica.

La declaración de guerra del Congreso norteamericano encontró al país en vísperas de que el gobierno diera algunos golpes de timón para corregir situaciones de descontrol en los precios, de burocratismo en las estructuras del Estado, de ineficiencia de los trabajadores, de desgaste de la infraestructura, de derroche de los pocos recursos, etc.

La Asamblea Sandinista, órgano consultivo del FSLN, comenzó a reunirse este mes para estudiar nuevas medidas económicas. (De ellas y de la crisis económica en general hablaremos ampliamente en los próximos números de Envío.

El comunicado del FSLN con ocasión del voto en el Congreso señala virtudes que permitirán ganar también, estratégicamente, la guerra económica. Trabajo, productividad, eficiencia, ahorro, honradez y responsabilidad son las virtudes mencionadas. Son hoy importantes desafíos para todos los sectores del pueblo.

Los analistas de la realidad nicaragüense coinciden en señalar que si el gobierno revolucionario logra estructurar, con una nueva doctrina económica, una auténtica económica resistencia y de supervivencia que iguale más la sociedad y profundice la alianza entre el sector privado patriótico -que produce con eficiencia- y los sectores populares, la revolución sandinista habría superado con éxito los objetivos políticos de la actual guerra de desgaste promovida por Estados Unidos. Estos objetivos no son otros que deteriorar el atractivo del modelo nicaragüense haciéndolo inviable, erosionar la confianza del pueblo en su propio proyecto y en la capacidad de los dirigentes para llevarlo adelante y debilitar el consenso político con el retraso en la mejora e las condiciones de vida de las mayorías que es el objetivo esencial de toda revolución.

En el terreno político: aplicar estrictamente la emergencia

La Dirección Nacional del FSLN había discutido y aprobado diferentes planes para responder a la situación que crearía un voto afirmativo de la Cámara a los $100 millones. Estos planes se resumían en esta decisión: "aplicación estricta y severa del Estado de Emergencia, que en un esfuerzo por contribuir a la distensión interna y regional se ha manejado a veces con excesiva flexibilidad".

Al conocerse la decisión del gobierno norteamericano, el Presidente de Nicaragua, en conferencia de prensa, declaró entre otras cosas: "quien intente suponer que aquí hay un problema interno estará actuando como un cómplice de la política terrorista del gobierno norteamericano".

En esta ocasión, un periodista preguntó al Presidente sobre la situación en la que se encontraba el Cardenal Miguel Obando y Mons. Pablo Vega, Presidente y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Ambos obispos habían sido citados por el propio presidente Reagan durante su campaña en favor de los $100 millones.

El 12 de mayo, "The Washington Post" publicó un artículo editorial firmado por el Cardenal obando, en el que, entre otras cosas, se refería al gobierno sandinista como una "terrible dictadura" en la que existía una continua violación de los derechos humanos. En una de sus muchas intervenciones de estas semanas en favor de los $100 millones, el Presidente Reagan exhortó a los Congresistas a escuchar voces claras sobre Nicaragua, especificando que una de las más cualificadas era la de un hombre bueno, el Cardenal. Y citó frases textuales de su artículo en el WP, para describir cuál era la situación interna en Nicaragua.

Por su parte, Mons. Vega fue a Washington en los primeros días de marzo, invitado por la Heritage Foundation, organización comprometida en el derrocamiento el régimen sandinista. En esa ocasión, el obispo se reunió con los líderes contrarrevolucionarios, Adolfo Calero y Enrique Bermúdez, ex-Coronel de la Guardia Nacional somocista. En los primeros días de junio, Mons. Pablo Vega volvió a Washington, invitado esta vez por PRODEMCA, que ha sido denunciada repetidamente como organización de fachada. En esta ocasión, Vega defendió la guerra contrarrevolucionaria como un derecho humano, argumento nunca usado hasta entonces por Reagan, pero que el Presidente ya incluyó en su última intervención, en las vísperas de la votación en la Cámara. Reverendo Padre -dijo Reagan refiriéndose a Vega-, lo hemos escuchado, porque nosotros los norteamericanos creemos, al igual que usted, que hasta el campesino más humilde tiene derecho a ser libre.

Preguntar la noche del 25 de junio qué pasaría con los dos obispos era preguntar si serían castigados de alguna forma por haber contribuido con sus declaraciones al triunfo de la opción guerrerista. El Presidente Ortega respondió así a esta pregunta:

"Gentes como el Cardenal Obando y Mons. Vega tendrán que definirse frente al pueblo. A partir e hoy, ellos tienen la oportunidad de manifestarse con claridad y decir a favor de quién están o de guardar silencio. El pueblo será el mejor juez".

Estas palabras muestran que, con la aprobación de los $100 millones se estaba abriendo una nueva coyuntura interna en Nicaragua, la que algunos empiezan ya a llamar la hora de las definiciones.

El día 26 y en consecuencia con los planes acordados previamente, la Dirección de Medios de Comunicación Social el Ministerio del Interior resolvió "suspender por tiempo indefinido" la publicación del diario La Prensa. Las razones para tomar la decisión fueron, según el Comunicado oficial:

"El diario La Prensa, actuando como vocero de los intereses de la potencia agresora, ha venido elevando sus niveles de provocación y desinformación, pretendiendo con ello justificar la agresión norteamericana, negando la validez del Grupo de Contadora como la única solución posible para lograr la paz en Centroamérica...

En ningún momento ha cumplido con la responsabilidad social, ética, profesional, no ha actuado como reflejo de los objetivos comunes de la sociedad nicaragüense que como medio de difusión está obligado para con el pueblo... De manera reincidente ha violado e irrespetado disposiciones emitidas por esta Dirección, haciendo reproducir y difundir material expresamente no autorizado".

En la edición que ya no salió a la calle, la del 26 de junio, el editorial de La Prensa planteaba la posición del periódico ante el voto a favor de los $100 millones. Calificaba la situación de guerra en Nicaragua como una prolongada guerra civil y la votación en la Cámara como otro elemento preocupante. Indicaba que los Estados Unidos siempre se han sentido inseguros con el régimen instaurado en 1979, que Contadora siempre soslayó el tema de la democratización interna y que el gobierno sandinista no ha querido promover un cambio de imagen. Al final, decía que el voto debía interpretarse como una puerta abierta a negociaciones de última hora.

La sutil coincidencia de estos planteamientos con los norteamericanos es evidente. Y no era ni la primera ni la segunda vez que estas coincidencias se daban. Pero si era la primera vez que se daban después de la línea divisoria que marcó la declaración de guerra del Legislativo estadounidense. El cierre de La Prensa -grave medida- indicaba la gravedad del nuevo momento político.

A nivel de la opinión, donde La prensa, tiene un público fijo que guarda una lealtad tradicional al periódico que siempre leyó y a cuyo modelo de comunicación sensacionalista ha sido acostumbrado, la noticia no causó demasiado impacto. Desde hace mucho tiempo existía la convicción de que tarde o temprano esa medida se tomaría. Y en esta coyuntura de crisis económica, es el problema de la guerra y son los problemas cotidianos y no los ideológicos los que mas preocupan a la mayoría de la población. La información de La Prensa -aparte de sus notables deficiencias técnicas y estrictamente periodísticas- era una permanente provocación al gobierno.

La Prensa no informaba sobre los más importantes actos masivos en apoyo al proceso contrarrevolucionario; sobre la visita al país personalidades, si éstas eran solidarias con el gobierno nicaragüense; sobre los encuentros, congresos y eventos de carácter internacional que se celebraban en Nicaragua, si éstos significaban un apoyo para la revolución. La Prensa deba muy poco espacio -y a veces ningún espacio- a las noticias sobre las atrocidades que los contrarrevolucionarios cometen contra los civiles. La Prensa reproducía permanentemente artículos e informaciones sobre la realidad internacional, enfocados según la óptica de Reagan y en ocasiones, usando material de la propia embajada de Estados Unidos. La Prensa era permanente vocero de las posiciones de los partidos que boicotearon las elecciones de 1984 y de los valores culturales del capitalismo norteamericano.

Durante más de 5 años fueron éstas sus líneas informativas. Muchos visitantes de Nicaragua tenían que reconocer que la censura que se le aplicaba a un diario así y en circunstancias excepcionales era bastante flexible. Si en tiempos de normalidad, La Prensa tenía un lugar dentro de Nicaragua, su política informativa llegó a convertirse en un potencial peligro en esta nueva fase, la de la guerra declarada. A esto hay que añadir el carácter de impunidad que había ido acumulando con su actuación.

Al día siguiente del cierre del periódico, el Presidente Ortega especificó que no se trataba ni de la confiscación ni de la destrucción del periódico. Y señaló los límites temporales del cierre: Si Reagan quiere tener un vocero en Nicaragua -dijo- debe cesar la agresión. Y es éste otro enfoque a tener en cuenta ante esta medida y ante las que vendrían en los próximos días. Se trata de medidas preventivas. Pero también de medidas transitorias, que son claros avisos y señales de advertencia: los márgenes de pluralismo y de libertad de expresión en Nicaragua -temas de preocupación permanente para los liberales de todo el mundo- dependen hoy de que se logre en Nicaragua una solución negociada y de que el gobierno norteamericano se decida a abandonar la solución militar.

Las medidas de "estricta aplicación de la emergencia" siguieron. El 28 de junio, el sacerdote nicaragüense Bismarck Carballo -a quien el Cardenal dio en 1984 el título honorífico de Monseñor- vocero de la Arquidiócesis de Managua, regresaba de un viaje por Europa y Estados Unidos en donde había multiplicado sus declaraciones contra el gobierno de Nicaragua. El gobierno dio aviso a las líneas aéreas que lo traían de regreso al país de que no podría ingresar a Nicaragua. Se le suspendió así, temporalmente, su derecho a residir en el país. El P. Carballo ha estado involucrado a lo largo de todos los años de revolución en las principales situaciones de confrontación entre la jerarquía de Managua y el gobierno revolucionario. Entre los últimos hechos que protagonizó están los que culminaron con el cierre del periódico Iglesia octubre/85 y el de la Radio Católico enero/85.

El 1o. de julio, el Comandante Bayardo Arce, de la Dirección Nacional del FSLN, dio declaraciones a periodistas internacionales sobre la nueva situación. La Prensa volverá a salir y Carballo volverá a entrar -dijo- cuando cese la agresión, indicando que a partir de la aprobación de los $100 millones la situación de flexibilidad interna cambiaría y ya no se aceptarían, en nombre de la libertad de expresión, declaraciones que significaran apoyo de ningún tipo a la potencia enemiga.

Al día siguiente, Mons. Pablo Vega fue invitado a una conferencia de prensa, también con periodistas internacionales. Entre otras cosas, y en su lenguaje habitualmente complicado, Mons. Vega dijo:

-Que la guerra de agresión y hasta una eventual invasión directa de los Estados Unidos estaban justificadas en el alineamiento de Nicaragua, introduciendo una vez más la guerra que enfrenta el país en el marco del conflicto Este-Oeste, visión que contradice a Contadora y a gran parte de la comunidad internacional:

"No puedo criticar sólo los 110 millones cuando hay otros miles de millones que se están dando por otro lado también. Así que no se puede hablar de uno mientras no se hable del otro... No quisiéramos realmente que estos casos se dieran (lo de los $100 millones), porque no hay razones en Nicaragua para que tengamos que llegar a esto. Ambas potencias tendrían que medir los resultados que esto está significando para un holocausto innecesario del pueblo... La invasión de un lado tiene su razón en la invasión que se hace del otro lado. Y en no tomar en cuenta la decisión del pueblo nicaragüense. Los que tienen la culpa de esta cosa son los que han tomado esas decisiones de recostarse y apoyarse en un bloque para, como quien dice, provocar al otro. Eso es culpa de los que toman esas decisiones, no nuestras".

Que la guerra que hay en Nicaragua no es más que la defensa de un derecho humano de los campesinos frente a la agresión sandinista, argumento que ya había expresado en Estados Unidos y que fue usado por el Presidente Reagan:

"Esto es una agresión militar del ejército sandinista. Eso es lo que lleva al pueblo a decidir... Esa gente está defendiendo sus derechos humanos. Y es la agresión de un sistema ideológico, el arrebatarles -como ellos dicen- a sus muchachos, el querer imponerles unas cosas que no son propias de ellos, lo que les lleva a esa decisión... Si un pueblo es atormentado, si un pueblo es aplastado, liquidado en sus derechos humanos, en sus vidas, en la disponibilidad de su propia patria, como si fuera un apátrida, a esa persona no le queda más remedio..."

Que el fallo de la Corte de La Haya no era aceptable, opinión que contradice la de toda la comunidad internacional, a excepción de la del gobierno de Estados Unidos:

"Una Corte puede tener los hechos concretos a su alcance o puede no tenderlos sino a medias. Y entonces, su juicio podría parcializarse, según como le llega la noticia. Yo no soy especialista en esa rama, no conozco mucho, pero sí me llama la atención que una Corte de carácter internacional no se sitúe en un plan más universal. Que se vieran las cosas desde el ángulo de lo que son los derechos del hombre y no de los derechos de los partidos o de los gobiernos simplemente. Yo creo que también vale la pena que se estudie que la agresión que nosotros estamos sufriendo es gracias a un imperialismo militarista también del Este... Así que si vemos lo de unos veamos lo de otro. Si no, no hacemos juicio, hacemos parcializaciones. Un juicio no es para parcializar, sino para buscar la justicia y no para buscar la prepotencia o la preponderancia o la hegemonía de un bloque sobre otro. En este sentido, creo que hace falta, a mi ver, una visión más amplia de los problemas".

Mons. Pablo Vega no mencionó en ningún momento de su intervención la solución propuesta por Contadora, sino que planteó una vez más, como única salía, la solución del diálogo de reconciliación interna, coincidiendo también en esto con los puntos de vista norteamericanos. El obispo, que no se refirió a los crímenes contra los civiles que caracteriza la actividad de los contrarrevolucionarios, insistió en que su posición era imparcial, como le pasó a Cristo. Y en que sus actividades de cabildeo político en Washington con los dirigentes contrarrevolucionarios eran un derecho:

"La misma extrañeza hubo cuando apreció mi fotografía platicando con Fidel Castro. Y él es de la extrema izquierda. Y aquí con nuestro gobierno, que es de una extrema izquierda. Entonces, si he platicado con éstos, no veo por qué no se pueda, por qué no tenga derecho, a platicar también con aquellos".

El gobierno nicaragüense respondió a Mons. Vega el 4 de julio. Esta es la parte central del comunicado oficial:

"El obispo Vega ha realizado toda una labor delictiva que lo convierte en cómplice de la política del terror y el crimen que ha significado el sufrimiento, la muerte y el dolor de miles de niños, mujeres, ancianos y jóvenes que, en nuestro país están siendo victimas de la política terrorista del Gobierno de Estados Unidos.

En consecuencia, dada la reiterada actitud antipatriótica y criminal asumida por el obispo Vega, en irrespeto a las leyes de la República y al pueblo de Nicaragua, se ha tomado la decisión de:

-Suspender indefinidamente el derecho a permanecer en el país a quien, como el Obispo Vega,no merece ser nicaragüense y cuyo lugar se encuentra al lado de Reagan y de las bandas mercenarias, asesinas de niños. Esta decisión será efectiva mientras se mantenga la agresión del gobierno de los Estados Unidos en contra de Nicaragua.

-El obispo Vega se encuentra en Honduras, donde tendrá la oportunidad de estar más cerca de sus hermanos, que son los hermanos de Reagan: los criminales guardias somocistas.

El gobierno de Nicaragua continuará garantizando el derecho del pueblo a ejercer, con absoluta libertad, sus creencias y prácticas religiosas, que han sido y siguen siendo parte vital en el proceso de transformación revolucionaria que vive la sociedad nicaragüense".

Antes de que un vehículo y un helicóptero llevaran a Mons. Pablo Vega a la frontera con Honduras, los medios de comunicación del Estado desarrollaron una intensa campaña de denuncia y repudio contra el obispo. Decenas de personas leyeron pronunciamientos acusándolo de cómplice de la contrarrevolución. El día 3 de julio se había producido la muerte de 32 civiles por la explosión una mina, como señalamos anteriormente, y esto caldeó más aún los ánimos.

La expulsión de Nicaragua de Mons. Vega -y en mucha menor medida la del P. Bismarck Carballo- ha hecho que nuevamente, las siempre tensas relaciones de la jerarquía católica con el gobierno revolucionario hayan vuelto a entrar en un momento especialmente crítico. Sin embargo, en esta ocasión no parece lo más acertado el hablar de la posibilidad de una ruptura. La situación de polarización internacional que ha provocado la política agresiva de Reagan contra Nicaragua y el camino realista planteado por Contadora, obligan a la diplomacia vaticana a moverse en este caso con más cautela que en anteriores crisis. Esto no quita que muchas conferencias episcopales y el propio Papa -que visitaba Colombia cuando sucedieron los hechos- hayan manifestado su inconformidad con la decisión del gobierno nicaragüense y le hayan pedido que la reconsidere. Pero esas manifestaciones son, como muy acertadamente comentó el ex-obispo de Cuernavaca, Mons. Mendez Arceo, una reacción instintiva del cuerpo eclesial.

Hay signos de que también en el Vaticano se tiene muy en cuenta que la derrota estratégica de la contrarrevolución lleva lógicamente a que la solución militar que impone Reagan vaya a traducirse en nuevas acciones terroristas incontroladas y en una eventual intención directa. Hay signos de que el claro apoyo que ciertos sectores de la jerarquía nicaragüense dan a la política Reagan preocupa en el Vaticano. Como señal de distensión en esta línea, el Papa Juan Pablo II había recibido el 19 de junio -antes de la expulsión de Mons. Vega- al vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez. Este calificó la visita privada de media hora con el Papa y el encuentro de más de una hora con el Cardenal Secretario de Estado, Agostino Casaroli, como un paso adelante muy positivo en las relaciones con la Iglesia.

"He transmitido al Papa -dijo Sergio, ya en Nicaragua- nuestra voluntad de que las relaciones que se establezcan en un futuro entre la Jerarquía Católica y el Estado revolucionario sean a través de un diálogo constructivo. De parte nuestra, he asegurado al Papa que el Estado definirá en su Constitución Política, el pleno respeto a la libertad religiosa y ofrecimos garantías a la Iglesia. Es sobre esas bases que queremos construir una relación constructiva con la Iglesia Católica de Nicaragua".

Este encuentro, muy valorado por el gobierno sandinista, y el próximo arribo a Nicaragua del nuevo Nuncio de la Santa Sede, Paolo Giglio, son elementos a tener en cuenta en el análisis de la resolución que tendrá esta nueva coyuntura de crisis en las relaciones de la jerarquía con el Estado revolucionario.

De fondo, está la pregunta sobre la percepción que exista a estas alturas en el Vaticano sobre la reversibilidad o consolidación del gobierno revolucionario. Es una pregunta que está en directa relación con la opción que haya por la solución militar de Reagan o la opción por la solución política negociada de América Latina a través de Contadora.

Con el objeto de que el Papa Juan Pablo II sume su influencia en el universal respaldo a la solución negociada, el Canciller colombiano, Augusto Ramírez Ocampo, entregó al Papa el texto de la tercera Acta de Paz en su primera noche de estancia en Colombia, destacando ante el Pontífice que el Acta se enmarca dentro de la doctrina pontificia de construir una nueva sociedad del amor, basada en la paz con justicia social y en la cual no caben ni odios ni rencores ni carrera armamentista.

En este sentido, cada vez llama más la atención el prácticamente absoluto silencio y la escasísima beligerancia del Vaticano y de los obispos latinoamericanos en apoyo a la iniciativa de Contadora.

Apoyar eficazmente las propuestas latinoamericanas de Contadora es hoy un desafío bien concreto que se presenta a la jerarquía de la Iglesia para acreditar con ello su voluntad de paz y su opción por la vida del pueblo de Nicaragua.

La revolución nicaragüense llega a su séptimo aniversario en un momento de especial agravamiento del conflicto, después de la declaración de guerra de los legisladores estadounidenses. Aunque estos agravamientos y distensiones sucesivas caracterizan los 5 años de guerra, la persistente intransigencia del gobierno norteamericano, refrendada ahora por el Legislativo, y las concesiones hechas a la abierta participación de la CIA en la guerra, permiten hablar de que hemos entrado en una nueva fase, de que se ha dado un giro del 80o. en los planes de agresión militar contra Nicaragua y en la creciente regionalización del conflicto, en momentos en los que el FMLN salvadoreño ha dado, con el ataque al cuartel de San Miguel, una gran prueba de su capacidad militar.

La intensificación de la guerra contrarrevolucionaria intensificará el desgaste de la economía nicaragüense y pondrá a prueba la capacidad negociadora de los países latinoamericanos y de la comunidad internacional en su defensa de la autodeterminación de Nicaragua. En esta nueva fase de la guerra, Nicaragua va a acelerar el paso, capacitándose mejor para la defensa militar (nuevas armas defensivas) económica (nuevas medidas) y política (nuevos límites de tolerancia). Se producirán medidas audaces, a tono con las medidas de prepotencia de la Administración Reagan.

Los próximos meses, previos a las elecciones legislativas en Estados Unidos, en los que los contrarrevolucionarios estarán ya entrenados por sus nuevos asesores y armados con sus nuevos arsenales, serán decisivos. En Nicaragua se forja una unidad nacional basada en el amor leal a la patria y en la voluntad de trabajar por una paz con dignidad. Los que no compartan estos mínimos se estarán autoexcluyendo del proceso histórico.

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