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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 391 | Octubre 2014
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Honduras

El partido LIBRE, las colibríes y el archipiélago

La lógica del partido LIBRE, que recibió el respaldo de casi un millón de votos hace un año, ha sido la de los partidos tradicionales, acomodarse y jugar “hacia arriba”. La lógica de muchas organizaciones sociales está siendo la de abonar pequeñas porciones de tierra hasta formar un inestable archipiélago en el mar de las calamidades del país. La lógica de las colibríes es dar vida gota a gota en un esfuerzo de vuelo incesante para vencer a la muerte.

Ismael Moreno, SJ

A casi un año de las elecciones generales en las que LIBRE quedó como la segunda fuerza política, con un caudal que se acercó a un millón de votos, sus 35 diputados se mantienen atrapados en la maraña política tradicional.

Las intrigas y las luchas de poder internas los han convertido en un manojo de políticos que llegarán a convertir a LIBRE en una extensión del bipartidismo histórico. En vez de actuar como un partido que canaliza las demandas populares y marca la diferencia haciendo política con el pueblo, LIBRE parece haber aceptado y haberse resignado a ser y a actuar como un partido más, un partido que practica la política de cúpulas.

En pláticas esporádicas con Envío varios de los diputados de LIBRE coinciden en que desde enero a octubre de este 2014 no han logrado avanzar en una propuesta partidaria coherente. “Al Congreso vamos a perder el tiempo”, nos dijo un diputado del departamento de Colón. “Es más lo que invertimos en pleitos que lo que abonamos a un plan común. Es más, no tenemos ningún plan de lucha, desconfiamos unos de otros”, fue la opinión de una diputada del departamento de Yoro. “Nos cuidamos de lo que decimos y delante de quién lo decimos, porque cada quién anda viendo cómo poner zancadillas a los demás para su ventaja personal”, nos confió otro diputado del departamento de Francisco Morazán.

LIBRE: UN PARTIDO
DE MUCHOS PARTIDITOS

En los líderes locales de LIBRE que alcanzaron un puesto de elección popular en los municipios ocurre algo parecido, con el agravante de que mientras algunos diputados hacen alguna bulla, quienes tienen cargos como regidores o alcaldes parecen haber quedado reducidos en el mapa político hasta la casi inexistencia. Son ignorados rampantemente por los poderes locales dominantes o los emplean para que cumplan el papel de legitimadores de las decisiones de los “caciques” tradicionales.

Ni las elecciones ni los partidos que surgieron después del golpe de Estado ni la Resistencia, organizada con el partido LIBRE, han representado, hasta el sol de hoy instrumentos que estén posibilitando una respuesta creíble
al derrumbe hondureño. Hubo muchas bullas políticas, especialmente en los recientes tiempos electorales, pero ninguna de ellas ha sabido o querido tocar los hilos generadores del deterioro incesante en el que ha caído la sociedad hondureña. No se ha pasado de la bulla. A pesar de su casi un millón de votantes, la práctica de LIBRE en el Congreso Nacional y en las regiones, departamentos y municipios lo hacen aparecer como un partidito de unos 30 mil votos. Se asemeja a un gigante panzón, lleno de votos, que al momento de caminar es sólo un enanito insignificante. O bien, se muestra como un partido muy partido internamente, como un saco de muchos partiditos.

ASÍ ES LA POLÍTICA TRADICIONAL

De los partidos políticos poco se puede esperar. Al menos por ahora. Un partido político tradicional se nutre de la gente que vive, sobrevive y lucha en su territorio, su organización o su trabajo. Los activistas vinculan a esa población con el partido. Las dirigencias se nutren del respaldo de sectores poblacionales importantes y se preocupan por mantenerse vinculados a ellos con acciones demagógicas o regalías clientelistas y el papel de los activistas es asegurar que la población sea clientela segura al momento de las elecciones. Las dirigencias partidarias son conscientes de que la vida presente y futura del partido depende de mantener un sector nutrido de clientes. El partido les atiende, les apoya, les ofrece ayuda y esos “clientes” devuelven los favores con el voto en las urnas. Así han sabido vivir y perpetuarse por más de un siglo los dos partidos tradicionales de Honduras que hasta hoy son dos eximias y poderosas maquinarias electorales.

LOS ERRORES DE LIBRE

Aunque muchos de los líderes del partido LIBRE proceden de las filas de los dos partidos tradicionales, mayoritariamente del Partido Liberal, no parecen haber aprendido la metodología clientelar y se han quedado en las alturas, provocando una ruptura entre la cúpula y la población. Muchísima gente votó por LIBRE y por sus candidatos, pero nadie puede asegurar que toda esa gente es cliente de LIBRE.

¿Dónde reside el error político de los diputados y de la dirigencia de LIBRE? En dar por sentado que son un partido popular, pero prescindir de la población que votó por ellos.

Los resultados electorales que colocaron a LIBRE como la segunda fuerza política electoral asustaron en extremo a los propietarios de los dos partidos tradicionales y actuaron en consecuencia con el miedo que experimentaron. Las dirigencias nacionalistas y liberales se apertrecharon dentro del Congreso Nacional para protegerse de la nueva configuración de fuerzas y de eventuales presiones, hasta colocar a los diputados de LIBRE en clara desventaja y llevarlos a un atolladero.

Al comienzo, los diputados de LIBRE protestaron, quebraron micrófonos, buscaron abrirse paso en un entramado político tan adverso, pero no lograron romper la tranca construida por la alianza de liberales y nacionalistas. Los 35 diputados de LIBRE se afanaron también en buscar aliados entre los 13 diputados del Partido Anticorrupción, (PAC), con un éxito muy frágil, y en las pocas ocasiones en que se aliaron a lo largo del año no superaron los votos de la tranca liberal-nacionalista.

¿Aliarse con el PAC? Quienes votaron en noviembre de 2013 por el PAC representan a una población mayoritariamente juvenil a la que no le interesa tanto la participación política, sino experimentar novedades, y hasta lograr innovaciones consumistas. Su sueño es tener el celular de última tecnología.

JUGARON “HACIA ARRIBA”

Los diputados de LIBRE parecen no haber caído en la cuenta que fueron votados por decenas de miles de personas de departamentos y municipios, y una vez cerrados los espacios dentro del Congreso Nacional, olvidaron a la gente que los votó y decidieron quedarse agazapados en sus curules o buscaron aliarse con algún diputado liberal, seguramente para lograr alguna que otra ventaja personal. Se abrieron paso “hacia arriba”, pero nunca se abrieron paso “hacia abajo”.

Ante el cierre de las puertas institucionales por el “miedo bipartidista”, abrirse paso “hacia abajo” habría significado que dejaran sus curules, abandonaran sus pláticas “de altura” y se vincularan con decisión a la gente que los votó, a quienes se deben como legisladores. Habría significado convocar asambleas populares, informar a la gente de lo que pasaba en el Congreso Nacional para retornar al debate legislativo con el respaldo de su gente. No entendieron que los miedos de la extrema derecha no se vencen con arreglos arriba ni acomodándose a posiciones tradicionales.

Los miedos de la derecha, organizados como un muro de contención bipartidista, se enfrentan respaldados con el caudal popular con el que llegaron al Congreso Nacional. Olvidaron que ésa era su fortaleza y se fueron quedando en las alturas mientras perdían credibilidad ante sus votantes. Jugaron el juego político tradicional, que les sale muy mal. Quisieron asemejarse lo más posible a un diputado tradicional, prescindiendo de la gente que los llevó al curul y de las propuestas e iniciativas populares que debían haber sido su as en el juego.

LIBRE PERDERÁ ESE CAUDAL

Los diputados de LIBRE han ido perdiendo el poder que les delegó cerca de un millón de personas, actúan como si no existiera ese caudal, o dando por supuesto que es un respaldo que se mantiene inamovible, como si esos centenares de miles de votantes constituyeran el “voto duro” de LIBRE. No acaban de caer en la cuenta de que entre los votantes de noviembre de 2013 un alto porcentaje era una población desencantada de los dos partidos tradicionales y de sus turbias maneras de hacer política, gente que apostaba por una nueva alternativa.

Si los 35 diputados de LIBRE, junto a sus más de 30 autoridades municipales, van asimilando las prácticas de los partidos tradicionales, y pierden definitivamente la oportunidad de articular la lucha social con la lucha política para abrir los espacios que cerró el tradicionalismo partidario, un sector importante de los votantes de LIBRE podrá emigrar hacia otros partidos, engrosará las filas del PAC o se sumará a las filas de los apáticos o indiferentes.

LIBRE DESNATURALIZÓ
A LA RESISTENCIA

Si una vez que los diputados de LIBRE vieron que no podían abrir las trancas impuestas por el bipartidismo a través de las vías parlamentarias, hubiesen ido a sus departamentos y municipios a convocar a sus bases, a informarles de la situación, a impulsar propuestas e iniciativas legislativas, pudieron haber alentado la movilización de las bases. Pudieron haber articulado la lucha social y política... aunque tal vez ya para entonces la dirigencia de LIBRE había desnaturalizado al Frente Nacional de Resistencia Popular y no tenía ninguna instancia con la que establecer alianzas.

Ya para entonces el partido había consumido, achicharrado, al Frente de lucha, quedando los diputados electos sin más contraparte que sus incondicionales. Hubo ocasiones en las que el diputado se reunía con no más de una decena de activistas, sin saber si ese encuentro era con bases del partido, de la Resistencia o del propio diputado. He ahí las consecuencias desmovilizadoras y desarticuladoras del error político de la dirigencia de LIBRE de quedarse en la cúpula, de apropiarse de un caudal de lucha para sí mismo, de prescindir de la fuerza de las bases que votaron por esta alternativa.

UNA GELATINOSA
PLATAFORMA ELECTORERA

¿Qué ocurrió a los diputados electos al sentirse con tan enorme caudal de votos? Cada uno se creyó con capacidad para capitalizar a su favor esa fortaleza, error en el que fueron cayendo hasta convertir a LIBRE en un haz de corrientes internas, cada una disputando el liderazgo de todo el partido y pensando ya en las elecciones de noviembre de 2017. Dejaron así a LIBRE transformado en una gelatinosa plataforma electorera.

La dirigencia de LIBRE desarticuló al Frente de Resistencia como instancia intermediadora y aglutinadora de procesos de luchas locales, territoriales y gremiales. Llenó al Frente de militantes de LIBRE y, de hecho, expulsó a toda la gente que votó por sus candidatos pero no estaba interesada en pertenecer a un partido político. La dirigencia de LIBRE optó por un Frente de militantes obedientes a la línea partidaria y renunció a un frente de masas. El FNRP pudo haber sido la instancia que dialogara con los diversos sectores sociales del país, que recogiera y representara sus demandas y exigiera al Estado su cumplimiento.

La dirigencia de LIBRE perdió esta perspectiva, y al desnaturalizar la fuerza y la identidad del Frente, se quedó como única instancia, “partidarizando” todas las relaciones, las negociaciones y a las mismas organizaciones sociales.

Un Frente de Resistencia cuyos máximos dirigentes son los mismos dirigentes de LIBRE condiciona a toda organización social, comunitaria, eclesial y territorial a “partidizarse” si quiere pertenecer a una instancia aglutinadora de lucha popular, limitando así la capacidad del partido para impulsar alianzas. La situación se ha agravado hoy, cuando varios diputados de LIBRE están concentrando todos sus esfuerzos en fortalecer su propia corriente interna para postular sus candidaturas. En la práctica política cotidiana, todas las actividades que realiza el Frente en la lucha social responden ya al objetivo de sus dirigentes, enfrascados en propósitos electorales, aun cuando para la próxima contienda falten aún tres años.

LA LÓGICA DEL COLIBRÍ

Las esperanzas de resistencia y de construcción de propuestas populares hay que buscarlas con lupa fuera de la política oficial y de sus partidos. Las hay, pero son diminutas.

Son pequeñas experiencias organizativas, narraciones breves situadas en la lógica del colibrí que, con su agudo pico y su volar incesante, va poniendo vida gota a gota.

Estas pequeñas experiencias van surgiendo en la marginalidad, a partir de datos locales, sin marcos lógicos y sin líneas partidarias. Fortalecen la fe en la fuerza liberadora de los pobres. Es en estas experiencias en donde se pueden descubrir los residuos de fe liberadora que han sido arrasados y erradicados por la oficialidad eclesiástica. En ellas es donde buscar pistas para hacer realidad una nueva cultura política y ciudadana construida con nuevas relaciones sociales y nuevas relaciones de género.

LA EXPERIENCIA
DE LAS MADRES MAESTRAS

En las zonas de mayor conflictividad de San Pedro Sula, calificada como la ciudad más violenta del planeta, centenares de mujeres que han visto morir a sus hijos violentamente o que tienen que pagar el “impuesto de guerra” para que sus hijos sigan sobreviviendo, están organizadas en un programa llamado “Madres Maestras”. Son mujeres pobres, muchas de ellas no saben leer y escribir, pero se organizan para hacer de la vida de sus barrios y colonias un lugar de esperanza, de juego para sus hijos y de aprendizaje de arte y cultura. Convencidas de que ni la policía ni el Ministerio de Seguridad ni nada que venga del Estado resolverá su drama diario -no tener ninguna seguridad de que sus hijos adolescentes volverán a casa después de la escuela, no saber si se librarán de la amenaza de que el crimen organizado los obligue a engrosar sus filas-, estas mujeres se decidieron a luchar por la vida de sus hijos.

Para la mayoría de estas madres y maestras la vida ha resultado ingrata. Sin embargo, han aprendido no sólo a sobrevivir a la violencia y al dolor por la cruenta pérdida de sus hijos, sino que saben cantar mientras aprenden. En un taller organizado por religiosas metidas hasta el fondo en barrios y colonias de esta zona conflictiva de San Pedro Sula, las madres-maestras han logrado identificar que un problema central en la sociedad hondureña, aún más persistente que la violencia, es la corrupción. Esa corrupción que se expresa también en el conformismo de las familias ante la extorsión delincuencial, que se va extendiendo a las escuelas y a las directivas comunales, arrasa las corporaciones municipales y los ministerios, como el de Salud y el de Obras Públicas, y se incrusta también en las iglesias evangélicas y en la católica.

“ELLAS Y YO
NOS VAMOS SANANDO”

Consuelo es una religiosa que trabaja con este programa como consejera y acompañante. Confiesa que este trabajo la está ayudando a releer el Evangelio desde estas mujeres-madres que, como María de Nazaret, abren caminos para que sus hijos crezcan “en edad, sabiduría y gracia”, y desde su lucha por rehacerse anticipan “el derribo de los poderosos de sus tronos para poner en su lugar a los humildes”.

“Mi trabajo es caminar con ellas -me dice- y ellas me ayudan a mí a caminar en una experiencia de Iglesia que nada tiene que ver con la Iglesia poderosa y patriarcal en la cual crecí y me formé. Me toca apoyarlas cuando van cargando con sus angustias, porque tienen que asistir a la formación y a la atención de sus niños a escondidas de sus maridos, sabiendo que al regresar a casa corren el peligro de que sus maridos las golpeen”.

Con alegría tierna y humilde, la hermana Consuelo baja su voz para decirse a sí misma mientras conversa conmigo: “Estas mujeres llevan una enorme carga y a mí me toca ayudar a que su peso sea menor. Yo también experimento que ellas llevan en sus vidas el peso de mis propias cargas y heridas. Así, ellas y yo nos vamos sanando”.

LA EXPERIENCIA
DE “PASO A PASO”

“Paso a Paso” es un programa llevado por comunidades de base de la Iglesia católica de San Pedro Sula. Está inserto en el sector Rivera Hernández, el más violento de los de esta violenta ciudad.

El programa nació un 24 de marzo de 2002 inspirado en Monseñor Romero. Atiende diariamente a 300 niños y niñas, “los chiquis” y “las chiquis”, conducidos por comités de madres que junto a sus niños comparten lecturas y manualidades en el marco de la cultura del “Buen Vivir”. Cada año salen a la calle en una “peregrinación por la Vida”. En el local donde funciona todo gira en torno a un hermoso árbol, el “árbol de la Vida” que simboliza
la armonía de esta humanidad infantil con la Madre Naturaleza.

Lo singular de estas experiencias nacidas en la marginalidad de la ciudad, es que los jóvenes agrupados en maras y pandillas cometen muchas fechorías y actos de criminalidad, pero respetan y protegen la vida y las actividades de las madres maestras y de los voluntarios y los niños del “Paso a Paso”.


LA LÓGICA
DEL ARCHIPIÉLAGO

Estas dos experiencias y otras más, pequeñas y organizadas desde las víctimas, creyendo en lo que hacen, marcadas por la mística de la gratuidad y el voluntariado, se diluyen como gotas de agua en el desierto de la desmovilización provocada por tantas organizaciones sociales que proliferan a lo largo y ancho del territorio nacional.

Contrasta la lógica del colibrí con la de una mayoría de organizaciones, que abonan pequeñas porciones de tierra para que en el inmenso mar de calamidades del país surja una multitud de islas hasta conformar un interminable archipiélago en el que cada isla se alimenta de las calamidades del mar.

Una mayoría de organizaciones sociales, comunitarias, populares, ecologistas, ambientales, de derechos humanos, étnicas, feministas, juveniles, de comunicación y eclesiales padecen del síndrome del archipiélago. Son muchas, muchísimas, desparramadas por todo el país. También mínimas sus posibilidades de crecer y enormes sus probabilidades de hundirse y desaparecer, como diminutas islas ancladas en el mar de nuestras calamidades.

Todas estas organizaciones, unas más otras menos, se ocupan de temas similares que tienen que ver o afectan a todas y a la sociedad en general. Pero cada una cuenta con su propia agenda y la defiende con pasión contra las demás. Cada una va impulsando su agenda de trabajo o de lucha, segura de bastarse a sí misma o viendo a las demás organizaciones a partir de esa seguridad.

La mayoría de estas organizaciones han sucumbido o establecido relaciones verticales con un organismo donante o una ONG, de quienes reciben apoyo y de donde emanan no pocas de las temáticas que conforman sus agendas de trabajo o de lucha, y a quienes dan cuenta de lo que hacen, de lo que quieren hacer y de lo que han dejado de hacer. Sin que haya conciencia de ello, las líneas verticales están muy bien definidas y se basan en la obediencia y la sumisión.

CON LA LÓGICA
DE RELACIONES VERTICALES

La mayoría de estas organizaciones no tiene relaciones horizontales con otras organizaciones similares
o si las tiene son hilos muy tenues o son líneas punteadas en lugar de continuas y cuando se buscan establecer más sólidas líneas casi siempre es para atraer a organizaciones o sectores hacia la propia agenda de trabajo y no para conocer la agenda ajena, mucho menos para construir una agenda común.

Así como cada organización suele obedecer “hacia arriba” a quienes definen las temáticas, aportan los dineros y exigen el marco lógico, buscan establecer también relaciones verticales con los destinatarios finales de sus agendas, convirtiéndose de esta manera en intermediarias de contenidos y recursos entre los donantes y los destinatarios. Todas las líneas verticales están muy bien marcadas, mientras que las líneas horizontales son difusas
o son apenas formulaciones.

LA LÓGICA NEOLIBERAL
ENTRÓ EN LAS ORGANIZACIONES

En una lectura tal vez arriesgada y aventurada, también provocadora, se podría decir que las organizaciones sociales acabaron convirtiéndose en un subproducto del neoliberalismo, aun cuando todas ellas, sin excepción, son férreas críticas del modelo neoliberal.

El modelo neoliberal arrastró en pocos años a las enclenques economías centroamericanas, sumergidas en obsoletas prácticas feudales, para que se insertaran en la globalización. A la vez, la cultura del individualista y de competitividad sin límites del neoliberalismo penetraba a las organizaciones sociales retrotrayéndolas a una especie de feudalización política, ideológica e incluso económica.

Hoy, cada organización tiende a ser un feudo, con sus propios señores o señoras feudales, con sus espacios bien encastillados, con sus propios recursos y con sus propios destinatarios, nuevos siervos al servicio del feudo. Las economías nacionales han saltado del retrógrado feudalismo a la economía neoliberal del mercado, mientras las organizaciones sociales y populares retrocedieron a una concepción feudal.

También la violencia, la criminalidad y la inseguridad han hecho lo suyo con las organizaciones sociales. Así como la violenta realidad, con la dosis de morbo con que la sazonan ciertos medios de comunicación, ha contribuido a generar un ambiente de miedo y a que la gente rehuya los espacios públicos, en las organizaciones sociales ha hecho mella acentuando el encierro y el ensimismamiento de sus dirigentes, ocupados sólo en sus quehaceres internos.

A CADA DÍA
LE BASTA SU AFÁN

Si algo tienen en común estas organizaciones y sus dirigencias con los sectores populares es la sobrevivencia. Vivir al día, arañar para saber llegar al final del día, es un rasgo que identifica a las organizaciones. Lo mismo le ocurre a la mayoría de la gente, desempleada y sobreviviendo. “A cada día le basta su afán” parece ser la consigna de todos.

Entre los sectores populares, ya no sólo buscan asegurar la comida del día, sino salvar la vida de las garras amenazadoras de la violencia criminal y delictiva. A las organizaciones sociales les abate el coyunturalismo: viven
y sobreviven en la realidad coyuntural, sin capacidad de ver más allá. Los fondos de la cooperación son la inyección que necesitan para sobrevivir saltando de coyuntura en coyuntura.

De fondo, lo que parece estar ocurriendo es que se han roto o se están rompiendo paradigmas y los liderazgos populares y sociales se siguen aferrando a los antiguos, que se están haciendo añicos y no tienen capacidad para ver desafíos y realidades que irrumpen en la sociedad actual. Cuanto más fuerte es la crisis paradigmática, más crece el peligro de que los liderazgos tradicionales -políticos, sociales, eclesiales- se aferren a lo que ya no es o casi no es.

La verticalidad, el patriarcado, la concepción tradicional de la familia como núcleo de la sociedad, los liderazgos masculinos basados en caudillos, la concepción gremialista, lo religioso como cohesionador social, son paradigmas que han ido quedando en ruinas, superados por las dinámicas de tantas organizaciones que se mueven hoy en la irregularidad, la ilegalidad, la violencia, el crimen y la delincuencia.

CÓMO REINVENTARNOS

Son muchos los desafíos. El brillo del capital, con todas sus expresiones, ciega hasta hacer que no veamos la vida que resiste en la marginalidad. No dejarnos cegar por el falso brillo del capital es el mayor de los desafíos contraculturales. Encender luces desde la marginalidad es la tarea, porque el brillo del capital conducirá irremediablemente a la destrucción y al desastre. Sólo las luces que encendamos al margen de ese poderoso y falso brillo sobrevivirán e iluminarán el camino del Buen Vivir que ha de surgir de las cenizas de la destrucción.

La construcción de organizaciones sociales desde nuevos paradigmas, desde nuevas lógicas de poder, desde nuevas relaciones de género, desde nuevas relaciones con la Naturaleza y sus bienes nos conducirá a una mística que configurará y dará un nuevo sentido a nuestros recursos y medios, a la formación intelectual y académica. La gratuidad y el voluntariado deben sustentar las luchas.

Desde ahí debemos reinventar el imaginario de la organización popular y social respetando todas las diversidades, articulando la academia y la investigación con nuevas relaciones de género y vinculando la política con lo social y comunitario. Debemos reinventar la histórica opción por los pobres desde la política y la ética, desde la ciencia y la fe, desde el poder entendido como capacidad para producir cambios significativos en las vidas de las personas y en el entorno social. En eso consiste el Buen Vivir.

Debemos alimentarnos de la generosidad y bondad espontánea y vital de la gente que vive y resiste en la marginalidad de la sociedad con la lógica de los colibríes. La mayoría de la gente que habita en la marginalidad pasa haciendo el bien. Ese heroísmo cotidiano es una reserva espiritual, mística y ética que ha de alimentar las luchas sociales y populares.

Tenemos que apostar por nuevas generaciones de liderazgos para construir nuevos paradigmas y propuestas transformadoras desde la organización social y popular. Pero este nuevo liderazgo solo puede ser transformador si deja de ser elitista y patriarcal, desde la lucha de las mujeres y los jóvenes que viven en los márgenes.

Los valores y la mística que existen en la marginalidad habrían de ensancharse hasta configurar la Comunidad Organizada en Movimiento como sujeto que articule temáticas, agendas, visiones y luchas comunes; que construya propuestas y movilice desde una agenda común.

¿Es un sueño? Sí, pero ya sabemos que para construir el futuro hay que soñarlo primero.


CORRESPONSAL DE ENVÍO EN HONDURAS.

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