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  Número 387 | Junio 2014
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Nicaragua

El documento de los obispos: ¿una hoja de ruta?

El resultado más visible del diálogo de los obispos con el Presidente Daniel Ortega es un documento extenso, que podría convertirse en una hoja de ruta, tanto para el gobierno como para la población. ¿Hay condiciones para que así sea?

Equipo Envío

Desde que el 4 de marzo el arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes, recién investido cardenal en Roma, aterrizó en el país, a su regreso de la Ciudad Eterna, conocimos que, finalmente, y tras años de desencuentros y de no responder a las reiteradas solicitudes de los obispos, el Presidente Daniel Ortega aceptaba reunirse con los miembros de la Conferencia Episcopal.

Varias razones movían al mandatario. Entre ellas, no era la menor la conocida relación personal que el cardenal Brenes tiene con el Papa Francisco, quien está ganando creciente influencia mundial. Daniel Ortega no podía dilatar por más tiempo algún acercamiento con los obispos.

EXPECTATIVAS Y ESCEPTICISMOS

La importancia del encuentro fue sobredimensionada día con día, aunque no por el gobierno, uno de los dos dialogantes. En sus extensos mensajes de cada mediodía, la Coordinadora de Comunicación y Ciudadanía, quien anuncia detalladamente todas las actividades gubernamentales, desde la entrega de bolsas de comida a las familias pobres, hasta las reuniones con alcaldes o ministros, pasando por los viajes al extranjero de cualquier funcionario, no mencionó nunca una actividad como ésta, a pesar de su indiscutible importancia.

Mientras el gobierno guardaba silencio, y la mayoría de la gente seguía al margen de este asunto, absorta en los obstáculos de la supervivencia diaria, algunos dirigentes de la oposición organizada magnificaban la trascendencia política que tendría el encuentro, mientras otros se la restaban, pronosticando una reunión meramente protocolaria. Los más preocupados advertían que la credibilidad de los obispos corría riesgo porque Ortega les estaba tendiendo una trampa, ya que lo único que buscaba era “la foto”.

La religiosidad tradicional, a la que tanto provecho le sabe sacar el gobierno, también se hacía sentir. Y mientras dirigentes políticos y sectores populares expresaban confianza en el encuentro, basados en el poder que despliega el Espíritu Santo en situaciones difíciles, como preveían sería esta reunión, los propios obispos la “sacralizaron” en exceso. Publicaron un mensaje en el que pedían a la grey católica “plegarias personales y oraciones comunitarias”, también misas, solicitaban que el Santísimo Sacramento estuviera expuesto todo el día en las iglesias el 21 de mayo, jornada de la reunión y expresaron que irían al encuentro como “profetas de Dios”.

En este ambiente expectante, una sociedad con nula conciencia laica, se acercaba a la fecha de la cita.

¿CUÁL SERÁ LA AGENDA
DE LOS OBISPOS?

Con los días se fueron concretando los detalles. La reunión sería en horas de la tarde, en el edificio de la Nunciatura, sede del embajador del Vaticano en Nicaragua, actualmente el obispo nigeriano Fortunatus Nwachukwu, de quien inicialmente se dijo sería “mediador”, aunque después él mismo afirmó que actuó como “anfitrión y facilitador”. Desde su llegada al país en 2012, nombrado por el Papa Benedicto 16, el nuncio se ha promovido como factor de acercamiento entre el gobierno y los obispos.

Se conoció también que Ortega había invitado a participar, como parte de la delegación oficial, al Cardenal Miguel Obando, en retiro por su edad desde 2005 y trabajando en estrecha cercanía con el gobierno de Ortega desde 2007.

Pero el detalle que más interesaba era el contenido del encuentro: de qué hablarían los obispos con el Presidente. ¿Temas “pastorales”? Todo cabría en un concepto tan amplio como difuso. ¿Temas institucionales? “Ya para qué -decían bastantes-, si ya Ortega tiene el control de todo, si ya reformó la Constitución a su antojo y eligió a su capricho todos los altos cargos pendientes…”

En medio de los cálculos habló el magistrado de la Corte Suprema, Rafael Solís: Temas sociales sí, pero “lo político concreto no creo que lo vayan a plantear, no es ése el papel de la Iglesia Católica”. La casi totalidad de otros funcionarios evitaba hablar del tema con los periodistas o no pasaba de los lugares comunes: nuestro Presidente siempre está dispuesto a dialogar, estamos seguros del éxito, esperemos hasta ese día…

HABRÁ INFORMACIÓN
SÓLO AL FINAL

Unos 15 días antes del encuentro, el arzobispo Brenes y el presidente de la Conferencia Episcopal, René Sándigo, anunciaron que la prioridad del diálogo sería el tema de la familia, lo que causó preocupación y decepción en algunos sectores, dadas las características “pre-franciscanas” de muchas de las normas de la moral católica tradicional referidas a la familia, que hoy empieza a flexibilizar, con sentido común y compasión, el Papa Francisco.

El 12 de mayo los obispos se reunieron durante una jornada entera para consensuar la agenda que llevarían al encuentro. Días después declinaron darla a conocer, aunque prometieron que al salir de la reunión informarían “íntegramente” de todo lo que habían tratado.

Algunos dirigentes políticos hicieron llegar a los obispos posibles temas para que los abordaran con el gobierno. Crecieron las especulaciones mediáticas sobre el papel que jugarían finalmente los obispos… ¿Delegados de los partidos políticos? ¿Representantes de la población? ¿Voceros de la sociedad civil? ¿Legitimadores del gobierno? ¿Defensores de la moral tradicional? ¿Tontos útiles?

En este ambiente confuso, una sociedad con una clase política hoy muy debilitada, se acercaba a la fecha de la cita.

“¡LOS ELECTOS,
ELECTOS ESTÁN!”

Del encuentro de los obispos con Ortega se comenzó a hablar antes de que, por fin, fueran elegidos decenas de altos funcionarios que Ortega mantuvo en sus cargos con períodos vencidos durante años. Y por eso, durante bastantes días algunos sectores dijeron que proponer nombres de personas probas para esos altos cargos debería ser el punto medular de la agenda de los obispos. Pero Ortega decidió elegir estos cargos antes del encuentro. El proceso parlamentario de la elección culminó precisamente horas antes del terremoto del 10 de abril, al que siguió la crisis sísmica que mantuvo en vilo a buena parte del país durante dos semanas.

Por si hubiera alguna duda, el 18 de mayo, tres días antes del esperado encuentro, en Niquinohomo y en la celebración del 119 aniversario del nacimiento del General Sandino, el Presidente Ortega se refirió a este tema etiquetándolo como “intocable”, al advertir con inusual energía: “¡Los cargos nombrados, nombrados están! ¡Los cargos electos, electos están!”

GOBERNAREMOS
POR “DÉCADAS”

Habló además Ortega, y con ironía, del más cuestionado de los reelectos, Roberto Rivas: “Es divertido cómo cuestionan con mucha fuerza al presidente del Consejo Supremo Electoral. ¡Cuando les daba la victoria a ellos era una buena persona, era un santo, pero cuando ganamos nosotros, ya no sirve!”. Ortega advirtió esa noche que si querían cambiar a Rivas o a cualquier otro funcionario tendrían que “ganar las elecciones y lograr mayoría en la Asamblea”. También les advirtió que tuvieran “paciencia” porque el Frente Sandinista seguiría gobernando “por décadas”.

Imposible no ver en estas palabras un mensaje con dedicatoria a los obispos por si se atrevían a tocar el tema intocable… Y como, de hecho, lo tocaron, y precisamente en relación a los cargos en el Poder Electoral, esas vehementes palabras de Ortega fueron eliminadas de su discurso en todas las páginas oficiales del gobierno después del encuentro con los obispos. ¿No estaban en el guión u Ortega se prepara a hacer algún cambio en el Poder Electoral como señal de generosa escucha al mensaje de los obispos?

En este ambiente de desconfianzas y recelos llegamos a la fecha de la cita.

NO HUBO LA FOTO
TEMIDA...Y DESEADA

Fue hasta el día siguiente de la reunión del miércoles 21 de mayo que se comenzó a saber cómo se desarrolló. La nube de periodistas que llegó a la Nunciatura no pudo pasar de los jardines. Así que no hubo la “foto” que tantos temían y que era el trofeo legitimador con el que Ortega esperaba salir del encuentro.

A la reunión, iniciada minutos después de las 4 de la tarde, llegaron los diez obispos de la Conferencia Episcopal (CEN) y Daniel Ortega, con su esposa y la última de sus hijas, Camila. También acompañaba la delegación gubernamental el Cardenal Obando.

Según se fue conociendo, las cuatro horas y 20 minutos que duró el encuentro se consumieron así: después de los saludos de rigor, el presidente de la Conferencia Episcopal, René Sándigo, obispo de Chontales y Río San Juan, leyó el extenso texto que publicamos íntegramente en páginas siguientes, lectura que duró casi una hora, y después Ortega habló por más de una hora.

Según relató el obispo de Estelí, Abelardo Mata, el Presidente ocupó ese tiempo recordando su niñez y su educación con los religiosos salesianos, y explicando su visión de Nicaragua y del mundo, reconociendo la crisis de valores que hay en la actualidad y la necesidad de los valores cristianos…

Después hubo un intercambio en el que varios obispos insistieron en algunos puntos del documento, recibiendo de Ortega algunos comentarios y varios silencios. Nadie se refirió a si la esposa de Ortega dijo algo. O a lo que dijo o no dijo el Cardenal Obando.

Al término del encuentro, Ortega y Murillo salieron de la Nunciatura evitando a los periodistas. El obispo Sándigo sí les dio breves y formales declaraciones. Y los obispos cumplieron lo prometido: entregaron a los medios de comunicación copia del documento que le habían entregado al Presidente: 14 páginas, 6 temáticas, 46 puntos, 2 propuestas.

POR ESCRITO
Y EN UNIDAD

El documento de los obispos fue publicado íntegramente al siguiente día en “La Prensa” y fue circulado ampliamente por Internet, desde la CEN y desde otras fuentes. Se leyó en algunas parroquias el domingo siguiente.

El primer valor del texto es ése: quedó por escrito lo que hablaron. Valor es por aquello de que “las palabras se las lleva el viento” o por aquello de que “papelitos hablan”.

Resulta también valiosa la unidad de criterios conseguida por los obispos, expresada tanto en el cuidado lenguaje que emplearon, como en los temas seleccionados… y en los omitidos. Por ejemplo, no se refirieron al polémico tema de los rearmados en el Norte. Conociendo las diferencias que hay entre los obispos fue un importante logro que hablaran en consenso, como ellos mismos dijeron: “como una sola voz”.

LAS VOCES DE MUCHA GENTE

El texto abarca seis grandes temáticas (La familia, la problemática social, los derechos humanos, la situación en la Costa Caribe, la evangelización y algunas políticas del gobierno y la institucionalidad), en ese orden, sin que aparezca como prioritaria ninguna.

Al interior de los seis grandes apartados los obispos incluyeron un amplio abanico de problemas, planteando preguntas, haciendo sugerencias y ofreciendo ideas. Fueron menos conceptuales que habitualmente, menos teóricos, relatando problemáticas bien concretas y específicas. Se pueden sentir varias manos en el texto y se pueden escuchar a través de sus palabras las voces de mucha gente. Porque muchas de estas cosas son las que la gente comenta hoy en mercados, calles, buses y hogares.

LOS PROBLEMAS
DE LA COSTA CARIBE

Llama la atención, por lo específico, todo lo que afirman sobre la dramática situación que las poblaciones indígenas atraviesan en la Costa Caribe, inserta en la jurisdicción eclesiástica como Vicariato de Bluefields.

Los obispos señalan la necesidad de que el gobierno emprenda, de forma justa, el “saneamiento jurídico” establecido en la Ley 445, como solución a las tensiones territoriales entre indígenas y mestizos. A este tema, delicado y urgente, dedicamos un amplio texto en Envío de mayo 2012

Resultan especialmente significativos los párrafos que los obispos dedican a denunciar el deterioro ambiental en el Caribe y en otros puntos de la geografía nacional, en donde “operan individuos y organizaciones, que al amparo corrupto de las autoridades municipales y nacionales, continúan su labor depredadora sin restricción de ningún tipo, ignorando las muchísimas leyes existentes protectoras del medio ambiente”. Denuncian claramente “la existencia de una mafia maderera que viene depredando las pocas reservas verdes que nos quedan”.

NO A LA MINERÍA

En relación con la destrucción ambiental señalan también la gravedad de la minería a cielo abierto, tema al que desde el año 2013 y, número tras número, hemos dado prioridad en Envío, uniéndonos así a las luchas que los movimientos sociales de todo el continente están librando contra este saqueo de recursos, que provoca desastres ambientales irreversibles.

Amenazada como está en su diócesis la reserva Cerro Pavón, en Rancho Grande, por la voraz compañía minera B2Gold, días antes del encuentro, el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez había sido categórico: “Ya lo hemos dicho y lo seguimos repitiendo: no a la minería”.

La inclusión del tema de la minería en el texto de los obispos toca los intereses del gran capital nacional, aliado del capital transnacional y aliado del gobierno.

También es relevante que, por primera vez, los obispos hayan hecho oír su voz sobre el megaproyecto del Canal Interoceánico. “Es decisivo y urgente -afirman- que se discuta el proyecto con mayor profundidad, escuchando la opinión de científicos nacionales y extranjeros expertos en la materia”. Dar voz a varios expertos de la Academia de Ciencias de Nicaragua ha sido uno de los objetivos de nuestra revista desde que se anunció la onerosa concesión canalera en junio de 2013.

QUÉ DICEN DE LA FAMILIA

A diferencia de los ambientalistas, que aplaudieron a los obispos por denunciar los estragos ambientales y por declararse preocupados por las afectaciones que causará el Canal Interoceánico, las organizaciones de mujeres, tan numerosas y activas en Nicaragua, no han dejado de comentar, más privada que públicamente, su incomodidad ante la visión que de la familia ofrecen algunos de los párrafos que los obispos dedican a este tema, su condena de lo que llaman “ideología de género” y su falta de sensibilidad laica, siendo así que la laicidad es condición indispensable en una institucionalidad democrática.

A pesar de esto, es de destacar que es la primera vez que los obispos en su conjunto, y en un documento de este calado, se refieren a la “mentalidad machista” y a la violencia contra las mujeres como un “vergonzoso fenómeno social”.

QUÉ DICEN DE LA SALUD

Lo que los obispos dicen del sistema público de salud es pertinente. Se refieren a “la generalizada falta de atención médica de calidad en hospitales y centros de salud y a la ausencia de medicamentos adecuados para muchas enfermedades”.

Se preguntan: “¿Qué pasaría si las ayudas brindadas con mucha dificultad por organizaciones como la Iglesia y las ONG dejaran de atender a los sectores vulnerables de la población?” Y concluyen: “Urgen políticas de salud pública más eficaces y coordinadas que ayuden a ir solucionando este problema tan grave”.

A las carencias del actual sistema de salud Envío ha dedicado varios textos (diciembre 2009, diciembre 2011 y más recientemente, marzo de 2014).

QUÉ DICEN DE LA EDUCACIÓN

Con un estilo similar se refieren los obispos a problemas concretos que observan en el sistema de educación pública. Hablan, por ejemplo, del adoctrinamiento ideológico de los estudiantes y de la promoción automática del alumnado, aunque no hayan asimilado los conocimientos… Parten los obispos de que “no hay democracia sin educación de excelencia” y de que “el futuro de Nicaragua depende en gran parte de la calidad educativa”, idea que comparten con buena parte de la sociedad. La apuesta por una educación de calidad ha sido un mensaje reiterado desde hace años, tanto desde el gobierno como desde diversos organismos de la sociedad civil nicaragüense.

Pero, ¿qué es la “calidad”? Voces de expertas en Pedagogía han hablado en Envío explicando en detalle los obstáculos del sistema actual para lograr esa “calidad” (mayo 2008, junio 2010, septiembre 2011, marzo 2012, junio 2013).

LAS CÁRCELES,
LA MIGRACIÓN

Son muy concretos los obispos cuando se refieren a lo que está sucediendo en el sistema penitenciario, enumerando graves problemas humanos e institucionales que afectan a la población penal.

También se refieren, en ese mismo estilo, a los derechos laborales y a algunos de los dramas que experimentan los migrantes, un sector en expansión en Nicaragua y del que el gobierno apenas habla, pues de hacerlo admitiría implícitamente la crisis de un país con cada vez menos oportunidades de un trabajo digno.

“Estamos convencidos -dicen los obispos- de que el Gobierno podría hacer mucho más en cuanto a la protección del migrante, creando vínculos de colaboración con la Iglesia y con otras instituciones, atendiendo a los migrantes en las fronteras, apoyando las casas de albergue”.

La migración de nicaragüenses y centroamericanos es desde hace muchos años una de las prioridades de nuestra publicación. Llevamos años coincidiendo con los obispos: el gobierno podría hacer mucho más.

MÁS POBREZA
Y MÁS ENRIQUECIDOS

Es un valor del documento que los obispos no hayan recurrido al trillado discurso de funcionarios y aliados del gobierno, alabando lo bien que va la economía, la estabilidad macroeconómica de la que gozamos, el crecimiento del que disfrutamos y lo atractivo que es nuestro país para la inversión extranjera.

No mencionan nada de esto. Más bien, fieles al pensamiento del Papa Francisco, se refieren, aunque muy brevemente, al abismo de desigualdad que hay en Nicaragua: “No obstante los esfuerzos del gobierno por superar el problema de la pobreza… la pobreza crece continuamente, mientras que al mismo tiempo, como ha ocurrido siempre en la historia de este país, unos pocos individuos y grupos de poder siguen enriqueciéndose sin medida”.

En este apartado dan por supuesto los obispos un problema candente: el empobrecimiento de la población campesina por la creciente concentración de tierras y “el regreso de la gran hacienda” (Envío septiembre 2013).

Tampoco se refieren a una de las herramientas más necesarias para enfrentar la desigualdad que denuncian: un sistema tributario justo, que nunca ha existido en Nicaragua, que haga que esos “pocos individuos y grupos de poder” paguen los impuestos que deben pagar y no sigan siendo privilegiados con exoneraciones.

Es un problema histórico del que venimos hablando y que ningún gobierno, tampoco el actual, ha tenido voluntad de enfrentar (Envío diciembre 1999, abril 2010, octubre 2012, diciembre 2012).

“POLÍTICAS SINCRETISTAS”

Varios párrafos dedican los obispos a expresar su “preocupación” por la manipulación que hace el gobierno de términos y símbolos religiosos de la piedad popular católica, con objetivos políticos y partidarios, aludiendo al inconfundible sello impreso a toda la propaganda y proyección del actual gobierno. Los obispos lo llaman “políticas estatales sincretistas”, afirmando que “entorpecen una respetuosa relación entre Iglesia y Estado”.

A continuación, y “lamentando que poco a poco se nos han ido cerrando escenarios de evangelización”, los obispos, “invocando la libertad religiosa establecida en nuestra Constitución y apelando a la buena voluntad del Gobierno” piden “urgentemente que se facilite nuestra presencia para la evangelización en espacios tales como escuelas, cárceles, hospitales y cualquier otro lugar que requiera la presencia y la acción de la Iglesia”.

No todo se podía decir, pero es en esta sección en la que se echa en falta en el texto algún matiz ecuménico, algún reconocimiento a la labor de los “hermanos separados”, sobre todo teniendo en cuenta que un 40% de la población nicaragüense no se reconoce como católica, se confiesa “cristiana” evangélica y está organizada en otras iglesias.

¿POR QUÉ HABLAR DE LA INSTITUCIONALIDAD POLÍTICA?

Al hablar de la institucionalidad, el apartado último del documento, recogen los obispos párrafos enteros de algunos de sus anteriores mensajes y cartas pastorales, cuando se refirieron a problemas directamente relacionados con el poder político. Los obispos señalan de nuevo la “alarmante concentración de poder”, las transgresiones a la Constitución, el uso de la ley “para hacer pasar por legal lo que es ilegal”, el sometimiento de los poderes del Estado al Ejecutivo…

Es acertado que, al describir la importancia de hablar del tema de la institucionalidad, lo hagan mirando a la historia y a la cultura política: “En un país como Nicaragua el respeto y la fortaleza de la institucionalidad no sólo es indispensable, sino que adquiere carácter de urgencia política, pues somos un pueblo con una memoria relativamente reciente de lucha antidictatorial, motivada por el cierre de los espacios democráticos y, al mismo tiempo, lamentablemente somos un pueblo con una cultura política marcada por las ambiciones de poder, el mito de los caudillos mesiánicos y los fraudes electorales. No podemos olvidar la historia”.

También relevan el tema de la institucionalidad mirando al futuro: “Creemos que la actual estructura institucional y política del país no traerá, ni a mediano ni a largo plazo, ningún beneficio ni para los actuales gobernantes, ni para los miembros del partido gobernante, ni para ningún nicaragüense”.

“NADIE ES ETERNO”

Ya al final del texto, y después de recordarle al Presidente que “los años pasan y nadie es eterno”, y que aún tiene la posibilidad de “heredar a la nación un legado histórico”, los obispos le hacen dos propuestas.

La primera, la celebración de un gran diálogo nacional “con todos los sectores del país”. La segunda, “una profunda reforma política de todo el sistema electoral”. Sobre el sistema electoral, le piden a Ortega su “palabra de honor” para garantizar en 2016 un proceso electoral transparente, con observadores nacionales e internacionales y con toda la ciudadanía cedulada.

NO ERA LO PREVISTO

Era lógico que Ortega, tan limitado en su elocuencia, más cuando se trata de declaraciones que debe improvisar ante temas que lo cuestionan, saliera del encuentro aceleradamente y sin saber qué decir. Acostumbrado a jugar con ventaja en todas las canchas a las que acude, el gol de esa tarde debió causarle al menos cierto desconcierto. No era lo previsto.

“Nadie sale incólume de una reunión con Ortega, y los obispos lo lograron”, resumía así un periodista el encuentro. Más allá de las consecuencias que tenga esta reunión, sólo por eso, por salir indemnes, por dejar constancia de lo que hablaron en un escrito que describe, una tras otra, muchas de las sombras de este gobierno, y porque no hubo ninguna foto, la reunión se convirtió en un fracaso de imagen para Ortega.

La prueba de que fue así la dieron en la cancha del gobierno: ningún medio oficial u oficialista publicó el texto, lo radió o lo leyó en televisión, ni tan siquiera para citar los párrafos en los que los obispos le reconocen al gobierno logros positivos. Los medios gubernamentales sólo informaron del encuentro como uno más de los que el gobierno tiene a diario, pero sin referirse a los contenidos.

“LOS ESCUCHAMOS
CON MUCHA HUMILDAD”

Fue Rosario Murillo, al día siguiente de la reunión, en su diaria alocución, quien hizo la primera interpretación oficial de lo ocurrido, aunque sin citar ninguna de las “preocupaciones y posiciones sobre determinados temas de la vida nacional”, de las que habían hablado los obispos.

Para ella y para él -dijo- había sido “un honor y un privilegio” estar en la reunión. No faltó el largo y habitual exordio religioso de todas sus alocuciones: “Escuchamos, con mucha Humildad y mucho Respeto los planteamientos de los Señores Obispos…”

“Nuestro Presidente hizo una amplia Exposición sobre los Valores prevalecientes en este Mundo, en este Mundo donde no sólo nos contaminan el aire, no sólo nos contaminan el Ambiente, la Naturaleza, sino también las Familias, las Comunidades...”

“¡En estos Países nuestros cómo nos llenamos de desvalores! ¡Cómo se promueve que perdamos la Fe! Y cómo nos hemos preocupado en esta Nicaragua, de Cristianismo, Socialismo y Solidaridad, en promover los Valores Cristianos, las Prácticas Cristianas, la Cultura de Familia, el Amor y la Unión desde la Familia…”. (Las mayúsculas son las que aparecen siempre en sus escritos).

“QUEREMOS INFORMARLESMÁS A FONDO”

Lo medular de su mensaje fue anunciar que ministros y ministras se reunirían con los obispos con “presentaciones para informarles en detalle” y “más a fondo” sobre los programas en salud y educación del gobierno, el proyecto del Gran Canal, la situación del sistema penitenciario… Ofreciéndoles esta información, daba a entender que los obispos están desinformados. Una forma de menosprecio.

El obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, comentó días después: “Lo agradecimos”, en referencia al ofrecimiento de estas reuniones. “Sin embargo, le hicimos ver que ni nosotros ni ellos tenemos el tiempo suficiente para dedicarnos a una serie de reuniones. Le replanteamos que lo adecuado serían comisiones de trabajo y comisiones nuestras, pero no supimos si la idea le pareció o no”.

“SE SUMAN
A INJUSTAS CRÍTICAS”

Prácticamente, todos los funcionarios de gobierno evitaron comentar ni mucho ni poco la reunión, mucho menos los contenidos del texto.

El primero en reaccionar, el más presto, fue el presidente del Poder Electoral, Roberto Rivas, quien se sintió lógicamente aludido porque los obispos proponen cambiar a los magistrados electorales por miembros “honorables”.

“Parece ser -se quejó Rivas- que los señores obispos se han dejado llevar por la agenda que les está marcando algún medio de comunicación o alguna corriente política, sumándose a las injustas críticas que le hacen a la institucionalidad y al Poder Electoral”.

“DEMERITAN LOS ESFUERZOS DEL GOBIERNO”

En la web oficialista “el 19” el periodista de opinión Edwin Sánchez escribió dos textos diciéndoles a los obispos algo de lo que el gobierno quisiera decirles y no puede. Sánchez se refiere burlescamente a los representantes de la “monarquía vaticana” que reclaman en Nicaragua “el deterioro democrático”. Descalifica, por sus nombres, a tres de los diez obispos, llamándolos voceros de “la vieja escuela que predica el desencuentro y demerita los esfuerzos por el bien común del gobierno” y especula que la entrega de ese texto pareciera ser el “banderillazo de salida para la derecha conservadora”.

En este contexto llamaron la atención las declaraciones del diputado del partido de gobierno en la Asamblea Nacional, Jacinto Suárez, muy cercano al Presidente Ortega. Imposible relacionarlo con la derecha conservadora: “La Iglesia Católica tiene muchísima información -dijo-, tiene un tendido de párrocos en todo el país y es muy útil al gobierno escucharla, porque está recibiendo alimentación de un organismo que tiene muchísima vinculación con la población”.

“ES MUY ÚTIL ESCUCHAR
A LA IGLESIA”

Con estas declaraciones Suárez rompió filas en las de la hermenéutica oficial. Las tensiones y contradicciones en el partido de gobierno son inocultables y son seguramente más quienes comparten posiciones parecidas a las de Suárez.

Las disputas que hoy atraviesan sordamente al Frente tienen que haberse avivado tras el encuentro con los obispos porque, a pesar de todo, son los obispos uno de los pocos grupos de poder con influencia social que conserva credibilidad y autoridad moral en sectores significativos de la población.

La situación del país no es boyante: al problema de la roya del café se sumará este año un ciclo agrícola castigado por el cambio climático y la sequía y se está reduciendo la cooperación venezolana, aunque no las expectativas de mucha gente de seguir recibiendo las dádivas que paga esa cooperación… Para navegar mejor en la marea de los próximos años, que no se prevén fáciles, el gobierno debería hacer algo, cambiar algo, identificar coincidencias con los obispos, aprovecharlas y mostrar cierta apertura. Eso deben estar diciendo de la mucha utilidad de escuchar a la iglesia deben estar hablando ya “otros suarez” en el círculo del poder.

El gobierno podría afrontar, por ejemplo, el “saneamiento jurídico” que el documento propone para resolver los problemas territoriales en la Costa Caribe y para hacerlo podría apoyarse en el “tendido” que tiene la iglesia católica en la zona. Hay otros cambios menos complejos: dar respuesta a la denuncia de los obispos de que en instalaciones de salud pública se está esterilizando a las mujeres sin contar con su consentimiento.

Esos “otros” deben pensar que buscr coincidencias para hacer cambios sería más efectivo que organizar reuniones para hacerles “presentaciones” a los obispos y convencerlos de lo bien que va el país.

¿COMO EN VENEZUELA?

Después del esperado “diálogo”, hay también quienes, tanto en el gobierno como en la sociedad política, no ven en el corto plazo ni la necesidad ni las condiciones para esperar del encuentro y de este documento cambios significativos o para buscar coincidencias para un trabajo conjunto con los obispos.

El estricto control que tiene Ortega del entramado institucional, ya consolidado legalmente en todos sus aspectos -el último nudo ha sido la nueva Ley de la Policía-, no esconde la falta de legitimidad gubernamental. Sin embargo, la debilidad de la oposición organizada en partidos y la pasividad generalizada de la mayoría de la población, que no siente aún que movilizándose, y arriesgándose, encontrará salida a sus muchos problemas cotidianos y tampoco en la cancha de los partidos políticos ve aún puertas de salida, reduce el impacto que tiene esa ilegitimidad. Lo sabe bien el gobierno.

A pesar de tanto control conseguido, en algo tendrá que flexibilizarse si quiere conservar el poder. Aunque la propuesta de convocar un gran diálogo nacional luce como un imposible, aceptarlo le daría a Ortega una nueva carta. Y en un país como el que es hoy el nuestro, tan extremadamente polarizado, en el que se han profundizado tanto las distancias, los recelos y las rivalidades, eso también beneficiaría a la sociedad, aun cuando no surgiera de ese diálogo nada más que un encuentro, tras tantos desencuentros.

Estamos a tiempo. Sería lamentable que asistiéramos en Nicaragua a un diálogo nacional en una situación tan crítica como la que ha forzado en Venezuela ese diálogo. Y si hoy no vemos aún señales de una crisis similar, también podría suceder así en Nicaragua si se sigue tensando el escenario político.

¿EL ÚNICO EN EL ALBA?

Algo tendrá que hacer también el gobierno respecto del deteriorado sistema electoral. Aquí los obispos piden varias cosas: “nuevos y honorables miembros al frente del CSE, un sistema de cedulación independiente y un proceso electoral abierto irrestrictamente a observadores de instituciones nacionales y extranjeras”.

Las elecciones de 2016 no serán sólo “un proceso electoral presidencial”, como escribieron los obispos. En ellas se elegirá no sólo al Presidente, también a diputados, a alcaldes y concejos municipales y a autoridades regionales del Caribe.

¿No hará nada el gobierno para restaurar la credibilidad nacional e internacional del sistema electoral nicaragüense? ¿O aceptará cargar con el baldón de ser el único país del ALBA en donde los fraudes se suceden uno tras otro?

¿PAPEL MOJADO?

Aunque la historia está llena de documentos acertados, llenos de muy buenas intenciones y brillantes en su argumentación, ningún documento ha cambiado la historia. Muchos de ellos han quedado en papel mojado. Otros, los menos, se han convertido en referente y en inspiración para la movilización de la gente en determinados momentos históricos.

Es la gente, sus esfuerzos, sus luchas, su determinación, la que cambia la historia. El tiempo, el implacable, es el que separará, también en esta ocasión, “lo mojado” de “lo seco”, lo duradero de lo efímero, lo de fondo de lo meramente coyuntural.

¿UNA HOJA DE RUTA?

Aunque este documento no dice nada nuevo, nada que no sepamos, nada que los mismos obispos no hayan dicho antes de una o de otra forma, la coherencia entre sus contenidos y el momento en que surgió le imprimen las características de una hoja de ruta, tanto para el gobierno -si tiene voluntad política- como para la oposición organizada en partidos -si tiene disposición- como para la población, si tuviera una buena conducción.

Este texto podría servir para el debate. Podría orientar la construcción de una agenda de hechos a identificar para reclamar cambios en diferentes ámbitos de la vida nacional. Podría ordenar algunas metas a conseguir por los movimientos sociales… Podría servir para mucho de lo que hoy necesita nuestro país. Los obispos lo titularon con esa intención “En busca de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor”.

¿PARA DÉCADAS?

Aunque son incuestionables las llagas en donde los obispos han puesto su dedo, aún hay suficiente gobernabilidad para que el gobierno piense que el modelo actual tiene seguro de vida para mucho tiempo, para “décadas”, como afirmó entusiasmado y retador Daniel Ortega. Hay otros que saben que el tiempo corre en contra de esta seguridad.

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