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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 363 | Junio 2012
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Centroamérica

Los Jinetes del Desarrollo en tiempos Neoliberales (5): Tercer jinete: los neopentecostales

El sincretismo religioso -todo puede mezclarse y todo debe mezclarse- y el nuevo espíritu del capitalismo se funden a fondo en las iglesias neopentecostales. Con poco más de una década de existir en Centroamérica, los neopentecostales se nutren de la cultura gerencial y del pensamiento positivo, ideas que han penetrado a nuestras sociedades, y a las religiones tradicionales. Visité los más promintentes templos del neopentecostalismo en Guatemala y Nicaragua. Éstas son mis primeras reflexiones sobre el tercer jinete que cabalga raudo en nuestra región.

José Luis Rocha

Los neopentecostales, el más bisoño de los jinetes que cabalgan en la Centroamérica neoliberal, tienen el mayor éxito mundano, contra lo que su talante religioso nos podría inducir a pensar. Obtienen fondos nacionales e internacionales, no escatiman inversiones en los más sofisticados medios audiovisuales, hacen uso de lo último en tecnología de la comunicación e incuban políticos de alto vuelo: el ex-Presidente de Guatemala Jorge Serrano es un notable fiel de El Shaddai y Harold Caballeros -fundador y pastor de esa iglesia- es el actual Canciller guatemalteco y jura que Dios en persona le prometió que llegará a la Presidencia.

Con sus medios electrónicos, su arquitectura y su doctrina, los neopenecostales están a la altura -o bajura- de los tiempos, pero en todo caso están al día. A diferencia de los otros tres jinetes de este serie-narcos, ONG y pandillas-, los neopentecostales apenas tienen poco más de una década de cabalgar en Centroamérica, aunque podríamos decir que su larga gestación, como en el caso de los otros jinetes, también se llevó a cabo en los años 70 y 80.

Para acopiar la información que analizo en este texto y en el próximo visité los más prominentes templos del neopentecostalismo en Guatemala y Nicaragua, observé sus ceremonias, me empapé del ambiente, fui expulsado de dos de sus santuarios, expuse mi espíritu al encendido verbo de sus predicadores, conversé amistosamente -y también discutí acremente- con algunos de sus fieles, leí las obras de algunos de sus más encumbrados gurús e invertí decenas de horas en Internet y la televisión para catar el fondo y la forma de sus shows. Creo que he estado en los más significativos ambientes de los renacidos y prosperados. Y ahora doy cuenta de unas primeras reflexiones -seguirán más- de lo que vi y de lo que oí, y del significado que encontré en sus búsquedas.

NEOPENTECOSTALISMO:
SU PERFIL

El término “neopentecostales” no fue acuñado ni es asumido por ninguna de las iglesias que designa. Es un ejemplo más de la violencia simbólica ejercida por los académicos. Pero los ríos de tinta bien documentada, apuntalando argumentos con base empírica, parecen justificar la etiqueta común a iglesias que comparten suficientes características como para englobarlas en un solo bolsón. Muchas de ellas son escisiones o transformaciones de iglesias pentecostales o de otras denominaciones evangélicas. Por ejemplo, Lakewood Church -la más grande en Estados Unidos, fue fundada originalmente como iglesia bautista por John Osteen y después fue neopentecostalizada por su hijo Joel Osteen.

¿En qué consiste esa neopentecostalización? Los académicos brasileños figuran entre los primeros en hablar de neopentecostales. Aplicaron ese sello a las Igreja Universal do Reino de Deus, Renascer em Cristo, Sara Nossa Terra e Internacional da Graça de Deus. Todas se autodenominan pentecostales, pero se distinguen de las Assembléia de Deus no únicamente por el mayor tamaño de sus templos.

Ari Pedro Oro, Ricardo Mariano, Paul Freston y Joaquín Algranti, entre otros, utilizan el término neopentecostalismo “para reconocer la ruptura con las expresiones tradicionales y caracterizar los rasgos distintivos de las nuevas expresiones pentecostales. En este sentido, subrayan un cambio en la ética y la estética religiosa, que tiende a volcarse hacia el mundo secular: utilizan la técnica, el lenguaje y los códigos de los medios de comunicación, adoptan una estructura empresarial, participan en política, construyen redes transnacionales, demonizan en Brasil a los grupos afro-brasileños (en Guatemala demonizan la religiosidad y toda la herencia cultural maya) y practican una liturgia basada en las curaciones, el exorcismo y la prosperidad”.

MEGA-IGLESIAS CON UNA OFERTA MUY VARIADA
DONDE EL PASTOR ES EL MENSAJE

Las iglesias neopentecostales centroamericanas tienen muchos de esos rasgos. Expondré los que me parecen más acusados. Empiezo por el rasgo “mega”. Se suelen usar de forma indistinta los términos neopentecostal y megaiglesia. La confusión brota en parte del hecho de que las más exitosas megaiglesias en Estados Unidos, Brasil, Argentina, Guatemala y Nicaragua son neopentecostales. Pero definir a una iglesia sólo por las dimensiones de sus edificios es una muy pobre definición. Decir que una megaiglesia es una iglesia no católica de más de dos mil miembros, como hace Luisa Kroll en la revista Forbes, no nos dice mucho sobre el motor y las consecuencias de la grandeza. Lo mega es una condición de lo neopentecostal, pero ni es su rasgo exclusivo ni abarca todo su perfil. En otras palabras: toda iglesia neopentecostal es extra large, pero no toda megaiglesia es neopentecostal. Lo mega es un epifenómeno de varias raíces.

Los sociólogos de la religión hablan mucho del “mercado religioso”, de los “consumidores de bienes religiosos de salvación” y de las “compras de bienes religiosos”. Echando mano de esa abusiva pero penetrante metáfora, puedo comparar a las iglesias Cuadrangular, Bautista, Mormona y Católica con tiendas -grandes o pequeñas-, y a las iglesias neopentecostales con enormes malls.

En las primeras hay variados productos doctrinarios, debido a la diversidad de las sectas, movimientos y personalidades que las integran y que convierten, subvierten o pervierten los dogmas y directrices institucionales. Pero en cada templo la oferta suele ser muy específica. En las neopentecostales la oferta satisface a una demanda más variada precisamente porque se ha renunciado a ofrecer productos específicos. Los productos son bienes generales que todos necesitan: consejos, música, abrazos, besos e instrucciones para la vida, que los pastores distribuyen narrando anécdotas sobre su propia vida, presentándose como ejemplo, como modelos a seguir. No importa la doctrina, sino la posibilidad de que el pastor pueda presentarse como un objeto-identitario. El medio -el pastor- es el mensaje. Éste es otro de los principales rasgos de las iglesias neopentecostales. Pero tampoco es un rasgo que hayan monopolizado.

PARA UNA MEMBRESÍA
DE CLASES MEDIAS CON ALTOS SALARIOS

Un tercer rasgo está en los sectores hacia los que dirigen sus redes en busca de prosélitos. En el grueso de su membresía predominan los sectores de medianos ingresos, con amplia presencia de profesionales asalariados de alta remuneración. En principio, no excluyen a otros sectores, pero es obvio que le apuntan a ese segmento como prioridad y han desarrollado una estética, retórica y liderazgo que ejerce un hipnótico atractivo en ese estrato social.

Éste sí que es un rasgo muy propio. En contraste con Antoni Negri y Michael Hardt, que pusieron atención al potencial revolucionario de la multitud neoliberal -masa que, sin importarle el estatus de clase, puede movilizarse en torno a una meta común-, la investigadora estadounidense Megan Marie afirma que el neoliberalismo también tiene clases con intereses nítidamente identificables. Un ejemplo es la clase profesional gerencial que abarrota los templos neopentecostales.

En Estados Unidos su feligresía está conformada por jóvenes profesionales, que realizan trabajo inmaterial, pertenecen a la clase media y se sienten más a gusto como empleados de una mega-cadena comercial que en ningún otro sitio. Tienen poder laboral, solvencia financiera y cargos de autoridad que los distinguen del proletariado industrial. Sin ser grandes capitalistas ni pequeña burguesía, están a cargo de la reproducción de las relaciones de clase capitalistas. Son la gente que hace el trabajo mental en la producción y comercialización capitalista, sin tocar la materia industrial ni comercial: medicina, leyes, docencia, publicidad...

Son individuos que crecieron en sociedades modernas -más bien, en los segmentos modernizados de sus sociedades-, con acceso a los avances tecnológico, gente que suele creer que, mediante su trabajo mental, está construyendo una sociedad más justa. En Centroamérica el abanico incluye desde empleados en el mundo de las finanzas hasta burócratas universitarios. Pero sus niveles de ingresos y su estabilidad laboral no suelen ser tan bonancibles como los de los neopentecostales estadounidenses.

CON UN CÓDIGO MORAL MUY ABIERTO

El cuarto rasgo es su código de conducta: menos severo que el de las iglesias pentecostales y más centrado en aquellas actitudes y rutinas que conducen hacia una vida profesional y familiar exitosa y placentera.

La neo-ausencia de normativas invasoras del ámbito privado parece un sinsentido en el ámbito religioso. Y lo es. ¿Para qué existe una iglesia, si no es para proporcionar un super-yo que nos diga cómo hay que comportarse en cada segundo y situación, en público y en privado? El neopentecostalismo no condena los gustos en materia de atuendo, música, manjares y licores. Carece de código de vestuario y de censuras a los atrevidos escotes y minifaldas demasiado reveladoras. Un neopentecostal puede ser un abstemio y presentarlo como virtud religiosa, pero también puede tomar licor sin remordimiento.

LA MORAL SEXUAL
CEDE PASO A LA ÉTICA EMPRESARIAL

Algunas iglesias neopentecostales están explícitamente abiertas a homosexuales, lesbianas y a otros hijos de Dios cuyas “prácticas sexuales contra natura” fueron y siguen siendo objeto de anatema en el catolicismo y a otras denominaciones evangélicas. Esto no impide que Joel Osteen -pastor de Lakewood Church, la mera catedral del neopentecostalismo- etiquete la homosexualidad como pecado, porque un punto nodal de sus prédicas es la familia en su versión tradicional. Pero, en cualquier caso, la homosexualidad es un tema sobre el cual los neopentecostales sólo se pronuncian cuando son acorralados por los periodistas. Las diatribas homofóbicas no constituyen uno de sus estribillos.

A los templos y hogares neopentecostales no llega la alargada sombra del Dios que el conservadurismo católico y el calvinismo pintaron como una mezcla de big brother y Torquemada, siempre ojo avizor y antorcha en mano. La gula, la avaricia, la lujuria y otros vicios capitales no son un tema central en sus charlas. Pero tampoco se puede decir que el neopentecostalismo se desentienda de la conducta de sus adeptos. Los predicadores insisten en el amor a los hijos, el tiempo a ellos dedicado, la necesidad de una actitud positiva, la imagen paternal de Dios, los deberes con la familia, el ánimo emprendedor, la correcta administración del dinero, la prosperidad personal, el deseo de una mejor sociedad… Los predicadores neopentecostales dan consejos prácticos para que el family-man de clase media sepa encarar los retos del siglo 21.

Importan, por eso, todos los aspectos del comportamiento que tienen consecuencias seculares, inmediatas, individuales y familiares. Pero los ejes temáticos y la propedéutica divina cambian. La moral sexual cede paso a una ética empresarial. El gusanillo de la conciencia ha sido sustituido por la lombrizuela o boa del emprendedurismo. El Dios que se la pasaba castigando es despedido y sustituido por un Dios obsequioso al que nada le place más que repartir palmaditas reconfortantes y palabras de aliento.

Para el Dios neopentecostal ya no hay un solo estilo de vida para ser creyente, ya no existe aquella estrecha senda de privaciones que conducía a la salvación. El relativismo posmoderno está abierto a la diversidad de gustos y estilos de vida, que hay que respetar. Todos los caminos -si son de Dios- conducen hacia la prosperidad. Puesto en contraste con el catolicismo conservador, el neopentecostalismo revela mejor que nunca lo que es y las razones de su atractivo. Precisamente, del catolicismo proviene el flujo más notorio de su membresía, que en el estilo carismático, secular y amante del éxito personal de los neopentecostales, encuentra un nicho religioso muy acogedor.

VALE TODO: CABEN TODAS LAS CREENCIAS

El rasgo más característico del neopentecostalismo es su carácter no denominacional. En rigor no podríamos decir que se trata de una forma de ecumenismo, porque los miembros no pueden compartir sobre la base de sus creencias anteriores o paralelas. Se admiten personas con todo tipo de prácticas religiosas, siempre y cuando las dejen en la entrada. Se trata más bien de que en los templos y prédicas neo-pentecostales se evita todo decorado, práctica, afirmación o ritual que pueda ser asociado a una religión institucionalizada reconocible. Lakewood Church en Houston era y sigue pareciendo un estadio deportivo. El templo de Shaddai en Guatemala es un sobrio salón de convenciones. Los templos neopentecostales carecen de vitrales y retablos. El lugar del Santisimo o de la Cruz lo ocupa un micrófono. Un antropólogo extraterrestre poco actualizado jamás asociaría esos espacios con el culto religioso. Cualquier hospital guatemalteco o nicaragüense tiene más ornamentación religiosa que un templo neopentecostal.

Lo mismo cabe decir sobre los rituales. En Hosanna, iglesia neopentecostal de Nicaragua, la ceremonia matrimonial consiste en unos consejos y palabras de ánimo del pastor, muy semejantes, incluso más seculares, que los de la ceremonia legal. Ahí está la clave del éxito: la vacuidad doctrinal no espanta a nadie y es compatible con cualquier tipo de opciones pasadas y presentes, religiosas, laborales y políticas. Por eso es posible ser miembro de Hosanna, escuchar la radio evangélica pentecostal Maranatha y presentarse como experto en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola.

La muy posmoderna política del “se vale todo” deviene en lo que el estudioso brasileño Ari Pedro Oro llama “religiofagia”: el apetito desmedido y omnívoro que engulle cualquier otro credo. La “religiofagia” confunde a los investigadores. Por eso la Igreja Universal es tratada como pentecostal -pues así se autodenomina-, presentada como la más católica de las iglesias evangélicas, asumida como una reedición urbana del catolicismo popular tradicional, ridiculizada como una iglesia de bricolaje, exhibida como un fenómeno que busca desafiar la tradición cultural, observada como una iglesia que rearticula sincréticamente en su propio interior creencias y prácticas rituales de los adversarios, y vendida como un camino intermedio entre los evangélicos y las religiones afro-brasileñas. Esta múltiple identidad y capacidad de situarse en la frontera inter-religiosa es la clave de su megatalla. Con su polifacética tolerancia, las iglesias nepentecostales claman Super-size me.

CADA PASTOR ES AUTÓNOMO

Un subproducto nada desdeñable del carácter no denominacional es la independencia orgánica. Cada iglesia neopentecostal es autónoma. Puede elegir mentores importantes que les compartan sus activos intangibles, de esos que se multiplican justamente cuanto más se comparten: la fama, el prestigio, el saber-hacer, la estructura administrativa. Pero esos mentores no tienen una vinculación jerárquica con sus ahijados. Nada impide que éstos busquen apadrinamientos adicionales o sustitutos cuando les place.

Por eso pueden decir que cada templo es una “iglesia”, salvo cuando se trata explícitamente de una sucursal. Como es el caso de Hosanna, que tiene un templo mayor en Managua y otros templos menores en Granada, Masaya, Diriamba, Juigalpa y el barrio San Judas en Managua, todos parte de una misma iglesia que dice tener más de 12 mil miembros e incrementarlos a razón de 300 por mes. En este terreno de las jerarquías el contraste con el catolicismo es muy marcado: el neopentecostalismo no tiene una casa matriz que controle el tipo y la calidad de productos que ofrecen todas sus ramas y sucursales. Cada gerente-pastor administra su iglesia como mejor le parece. Y aunque los productos finales e intermedios son muy semejantes, ningún pastor aprovecha su aplastante prestigio o su condición de “padrino” para imponer dogmas, misales, catecismos, fórmulas, bulas o interdictos a sus protegidos y a sus colegas menos laureados.

UNA MUTACIÓN RELIGIOSA

Lo que el sociólogo de la religión Jean-Pierre Bastian escribió para ponderar la efervescencia del pentecostalismo aplica con mayor razón a la era del neopentecostalismo: “Comparando la dinámica adquirida por un campo religioso, hasta hace poco regulado por la Iglesia católica romana, y la situación actual de un campo religioso vuelto loco, estallando en todas las direcciones, se puede hablar de mutación. Es decir, no existe otra dinámica que la de la mera competencia de la economía del libre mercado religioso”.

La Centroamérica neoliberal, veneradora del libre mercado, llevó la liberalización al campo religioso, donde nacen, crecen y se reproducen los malls de la salvación y tienen lugar mutaciones por la vía del sincretismo. ¿Cómo son esos malls, qué venden y cómo lo venden? Hay que verlos desde su interior.

EN LA ÚLTIMA FILA
DEL TEMPLO HOSANNA DE MANAGUA

Es miércoles 30 de mayo, día de las madres en Nicaragua. Remonto la avenida Jean Paul Genie en dirección a la carretera a Masaya después de girar en U en un cruce de calles donde el rótulo indica “Sólo Hosanna”, la única señal de tránsito que establece una norma válida exclusivamente para un grupo particular: quienes asisten a esa iglesia. Ingreso al espacioso parqueo, frente a la gigantesca carpa circense que sirvió de templo en los inicios de Hosanna, ahora usada como centro de capacitación. Cinco jóvenes vigilan que todo esté en orden. Probablemente se trate de adeptos que prestan ese servicio, una especie de diezmo en especie.

El templo es un gigantesco cajón sin divisiones, con piso de cemento, repleto hasta el copete de sillas metálicas plegables. La monotonía del concreto sólo es interrumpida por amplios ventanales dispuestos sin simetría. No hay adornos permanentes. No hay esculturas ni pinturas. No hay ídolos que adorar. Ni incienso que quemar. No hay distracciones del más allá, sino sólo las del aquí y ahora del escenario. El barroco católico ha sido sustituido por la sobriedad luterana. Un grupo de edecanes de entre 20 y 70 años, vestidas con formales blazers y faldas negras, reparten diminutas cajitas con flores a las madres que hacen su ingreso.

Procurando no llamar la atención, me siento en la última fila, precaución completamente superflua porque la masa de asistentes asegura una cómoda impersonalidad, desde la cual los fieles pueden, con impunidad y libres de miradas reprobatorias, dedicarse a las ocupaciones más variadas: cuchichear con los que tienen al lado, chatear por celular, retocarse el peinado, maquillarse, cambiar de asiento tres o cuatro veces, salir a tomar el aire por quince minutos... En la tarima, un grupo canta alabanzas a Dios. Las letras de las canciones me resultan decepcionantes: no hacen más que repetir una y otra vez que Dios es alto, fuerte, glorioso y poderoso. He padecido este ritual muchas veces, siempre preguntándome si la autoestima de Dios necesitará este reiterativo masaje. O si en verdad alguien cree que a base de adularlo ganaremos el premio apetecido y nos libraremos del infierno tan temido.

MÚSICA, DIEZMOS Y CONCURSOS

Lo simplón de las letras es compensado por una musicalización espectacular. Los miembros del conjunto no sólo tocan y cantan muy bien: han cuidado que los acordes de las canciones estén a tono con los últimos hits musicales. Los atronadores parlantes hacen el resto. Los abundantes jóvenes -la mayoría, a juzgar por los hijos en brazos o de tambaleante caminar, parejas de reciente formación- y el resto de participantes se ponen de pie, alzan sus brazos y dan inicio a un bamboleo rítmico.

Siento que estoy en un concierto gratuito. Pero aquí nada es gratis. En cuarenta minutos pasan las edecanas y los edecanes con unos saquitos de terciopelo púrpura para recoger las ofrendas. También anuncian unos sobrecitos para que depositen los diezmos. El pastor se la pasa insistiendo en que “Dios da según lo que le den”, “Hay que dar mucho para que Dios nos dé”. De modo que los desempleados y los mal pagados tienen que sacar fuerzas de flaqueza si quieren un futuro premio. Y los que tienen una posición acomodada, ojo con el diezmo. A Dios rogando y todos dando. Unos para conseguir y otros para agradecer y conseguir más.

Cinco canciones y un par de donativos más tarde, una especie de pastor auxiliar dirige una serie de concursos para los niños. Se forman tres parejas. Los mayores cargan a los más chicos como si fueran sus bebés. Pero los supuestos lactantes, en lugar de recibir un biberón con leche, deben apurar a toda velocidad una botella de cocacola. El primero en terminar es premiado con una canasta llena de obsequios para su madre. Después premian velocidad, fecundidad y asistencia a la iglesia: gana el primer niño que llegue a la tarima en representación de cohortes de cuatro y de cinco hermanitos que estén en el templo.

MUJRES PASTORAS, PAREJAS Y BESOS

Sigue el plato fuerte. El pastor principal, Arsenio Herrera, toma la palabra para anunciar a su esposa. Será su debut. Antes de cederle el micrófono, el pastor hace un elogio de su esposa, pero únicamente menciona sus virtudes como pareja, sin palabra alguna que no se relacione directamente con la vida conyugal. Culmina su discurso con un abrazo y un sonoro beso. Ambos son envueltos en un aura de aplausos del público.

Ellos son el mensaje. Son lo que hay que ser, nuestro mejor “nosotros” posible. Haciendo a un lado la sospecha de que los personajes públicos no coinciden con las personas privadas -el escenario lleno de oropel no dice mucho de los trastes polvorientos y curtidos que hay tras bamba¬linas-,¬ no puedo evitar pensar en el contraste entre esta escena y las ceremonias católicas -también con brechas enormes entre personas y personajes-, dirigidas habitualmente por varones célibes, yermas de emociones humanas espontáneas y donde -salvo en una boda- un beso entre parejas está tan fuera de lugar como un payaso en un oficio fúnebre.

Si después de dos mil años, en el catolicismo parece natural que no haya presbíteras mujeres y que las monjas -funcionarias femeninas de la institución- no puedan dirigir regularmente una ceremonia religiosa, no es extraño que muchas de las parejas de hoy encuentren más atractiva una celebración neopentecostal, donde el protagonismo alentado entre las mujeres es más acorde con el espacio que éstas han ganado -tras siglos de luchas- en el mundo laboral, político y familiar.

EL “MALL” FUNCIONA: HAY OFERTA PARA TODOS

La pastora lleva un discurso muy articulado sobre las virtudes de la mujer. Mientras habla, suena una música de relajamiento que contrasta con el estilo dinámico de la pastora. Salpica su discurso con anécdotas familiares. Despierta al público con indicaciones que todos cumplen sin chistar: “Díganle a su esposa que es virtuosa”... y todos los hombres se voltean hacia su esposa y repiten “Sos virtuosa”. En una ocasión la pastora pidió que dijéramos al vecino “Dios es grande” y la más anciana de las edecanes se aproximó a mí y, con una sonrisa encantadora, me dijo “Dios es grande”.

Nadie dormita durante el sermón. Cuando algunos entre el público están a punto de cabecear, la pastora demanda abrazos o apretones de manos para vecinos, madres, cónyuges o vástagos. Y termina con una oración: todos con las cabezas inclinadas y los ojos cerrados, mientras la música se torna más arrulladora, escuchan a la pastora invocar prosperidad para quienes están afligidos por un matrimonio inestable o porque el Señor no ha puesto aún las manos sobre sus finanzas. Nos promete que todos seremos prosperados.

El evento de casi dos horas fue transmitido por radio Hosanna y por Internet. El mall funcionó y cada quien obtuvo lo que seleccionó dentro de toda la oferta. Las afligidas, unas palabras de esperanza. Los hambrientos de afecto, besos y abrazos. Las melómanas y amantes de MTV, música sacro-pop en vivo. Los obsesionados con sus flujos de caja, la promesa de prosperidad. Sucedió lo que el pastor Cláudio Freidzon de la Assembleia de Deus repitió a sus fieles en la jornada “Tiempos de avivamiento” en septiembre de 2008. “Reciben la fuerza del Espíritu Santo, reciben la petición de su corazón, reciben el avivamento, reciben lo que venían a buscar, ¡tómenlo, tómenlo, tómenlo!” Nadie está obligado a consumir toda la oferta. ¿Qué importa si alguien bostezó durante el sermón o se arregló el tocado en pleno clímax de una alabanza? Importa que fue abrazada y pagó su diezmo.

EN LA GUATEMALA NEOPENTECOSTAL
LAS CRUZADAS ESTÁN DE MODA

Guatemala ha sido bendecida con un neopentecostalismo más beligerante, remunerativo y numeroso que Nicaragua. En 2009 las megaiglesias de la Ciudad de Guatemala incluían la Fraternidad Cristiana (pastoreada por Jorge H. López), la Iglesia Casa de Dios (Carlos “Cash” Luna), los Ministerios El Shaddai (Harold Caballeros), la Iglesia Central Elim (fundada por Othoniel Ríos Paredes, ahora llamada Iglesia de Jesucristo Palabra Mi-El Central), la Iglesia Lluvia de Gracia (Ángel Edmundo Madrid Morales) y los Ministerios Ebenezer de Guatemala (Sergio Enríquez). Las tres primeras están catalogadas como claramente neopentecostales. A fines de 2011 pude visitar dos de ellas.

Soplan los norteños vientos de noviembre en Guatemala. Entro en la librería cristiana Bisel, instalada en un mall de la capital. Debe ser una librería muy ecuménica porque están a la venta camándulas y libros de las mejores plumas evangélicas. En un lugar destacado está una armadura plástica de cruzado. Tiene dimensiones como para un niño de ocho años. Servirá acaso para que desde la más tierna infancia se entrene en la defensa de la fe, ignorante de que los hombrones que usaban ese atuendo, en su larga jornada hacia Tierra Santa, iban almorzando niños en Bulgaria y Turquía.

Cuando días después visité la Casa de Dios del pastor Cash Luna, me percaté de que la única ornamentación sobre las paredes eran las fotografías de Cash, su esposa y algunos extras vestidos de cruzados, representando una obra de teatro. Y luego constaté que el libro Victorious Warfare de Harold Caballeros, en la edición de Thomas Nelson Publishers, exhibe en su portada un escudo y una espada de cruzados. Salta a la vista que las Cruzadas están de moda, como también lo están las guerras contra Satán en el Reparto Schick de Managua. Allá en la Capitanía General en escenarios teatrales. Aquí en Nicaragua, en la dura calle y en modestos templos.

CÓMO VE ESTE PASTOR LA CULTURA MAYA:
“UNA IDOLATRÍA SERPENTINA”

En la librería predominan los libros de Peniel, una de las más arrolladoras editoriales del neo y vetero-pentecostalismo. Compro De victoria en victoria, obra capital del optimismo espiritual y de Harold Caballeros, fundador de El Shaddai -congregación con 12 mil afiliados en Guatemala-, pastor neopentecostal por más de veinte años y actual Canciller de Guatemala. Compro ese libro porque es su obra capital y contiene una concienzuda exposición de sus más elaboradas tesis, a juicio del antropólogo canadiense Kevin Lewis O’Neill, único investigador que ha publicado un magnífico estudio a profundidad sobre El Shaddai, titulado City of God: Christian citizenship in postwar Guatemala.

El libro afirma, entre otras cosas, que la culpa de todos los males en Guatemala la tiene la sangrienta cultura maya, ducha en sacrificios humanos y promotora de la violencia: “Todo el arte de las culturas Maya, Azteca, Tolteca e Inca nació de la inspiración de la serpiente. Bien podemos llamarlas culturas serpentinas, cuando notamos que desde la arquitectura de sus pirámides hasta el diseño de sus vestidos (huipiles), todo proviene del diseño de la piel de la serpiente“.

“Apenas comenzábamos a comprender la importancia de lo que teníamos frente a nosotros. Nos percatamos de que nuestros país, más bien los países de la llamada Mesoamérica, habían sido entregados, dedicados o comprometidos con este espíritu inmundo. De allí que muchas de las características del culto están vigentes aún hoy en nosotros. Ciertamente, los mayas transitaron por todo ese proceso degenerativo que provoca la idolatría. De la adoración a Dios pasaron a poner sus ojos sobre el hombre y, con ese pecado, se corrompieron. De ahí fueron descendiendo a la adoración del ave (quetzal), al cuadrúpedo (jaguar) y por último al reptil (la serpiente de cascabel). Durante todo el proceso de investigación, nos llamó poderosamente la atención lo sanguinario de ese culto, los sacrificios humanos, y lo peculiar de la forma como se llevaba a cabo el sacrificio”.

EL POR QUÉ DE LAS GUERRAS DE LOS AÑOS 80
Y LA PROMESA DE LA SUPER TORTILLA

Según Caballeros, el juego de pelota maya, donde el capitán del equipo perdedor era inmolado, está en las raíces de nuestra cultura y explica las luchas fratricidas de los años 80: “Estos patrones de comportamiento están vigentes. Si bien ya no existe el juego de pelota ni se producen sacrificios humanos en esa misma forma, el derramamiento de sangre por medio de la muerte causada por un hermano contra otro continúa. Muchos de los países latinoamericanos (y otros, por supuesto), han experimentado movimientos revolucionarios o guerrilleros. Y en cada uno de estos casos el proceso es el mismo. Son guerras fratricidas. Guatemaltecos matando guatemaltecos, nicaragüenses contra nicaragüenses. Hermanos derramando sangre de sus hermanos, contaminando así la tierra”. Caballeros pensó que México era una excepción a su hipótesis, pero pronto -y no debido a las matanzas del narcotráfico- constató que no lo era: “El Ejército Zapatista de Liberación Nacional surgió como un movimiento más, de aquellos que tanto dolor han traído a nuestros pueblos”.

Harold Caballeros asegura haber tenido un sueño revelador donde Dios le dijo que tenía que ser Presidente de Guatemala. Al frente del partido Visión y Valores (VIVA), montó su campaña electoral sobre la oferta de acabar con la desnutrición del país mediante la Super Tortilla, “un producto con el mismo sabor al que hoy consumimos en todo el país, pero que se elaboraría con harina fortificada para darle a los ciudadanos los nutrientes necesarios para su desarrollo”, reza la página web “Harold presidente”. Añadiendo soya, vitaminas y minerales a las tortillas de todos los molinos del país, Caballeros prometió poner fin a la desnutrición en dos años.

De poco sirvieron las promesas divinas y las apariciones en los medios de copetudos señores de saco y corbata y señoras emperifolladas devorando tortillas fortificadas. El 11 de septiembre de 2011 la coalición de Caballeros apenas obtuvo el 6.15% de los votos válidos en la primera vuelta. Con un agudo cálculo de la economía política electoral y procurando sacar el mejor provecho de su inversión en la campaña, Caballeros decidió entonces endosar sus votos al ex-general Otto Pérez Molina, quien le retribuyó concediéndole el Ministerio de Relaciones Exteriores. Cambió una imposible primogenitura por un plato de lentejas… fortificadas.

HAROLD CABALLEROS:
¿QUÉ ESPERAR DEL PASTOR-CANCILLER?

¿Qué puede esperar la mayoría de guatemaltecos mayas (¿51%, 61%?) de un Canciller que desde su púlpito en El Shaddai promovió una guerra espiritual contra la espiritualidad maya? Caballeros predicó que uno de los más catastróficos eventos en la historia guatemalteca ha sido el crecimiento de la religión pre-colombina: “Ese falso culto abrió las fronteras guatemaltecas al demonio”. ¿Qué consecuencias tendrá poner las relaciones exteriores de Guatemala en manos de quien ha lamentado y denunciado que Guatemala fuera entregada y dedicada al maligno espíritu serpentino de las culturas indígenas?

Los cultos mayas son para Caballeros un ejemplo del rechazo al Dios verdadero, un error que ha heredado corrupción, tinieblas y dolor a las futuras generaciones. Con una descomunal ignorancia de los más elementales hallazgos de la fenomenología de las religiones, afirma que si los indígenas dicen que Quezalcoatl “murió por su gente, y resucitó al cuarto día, conocemos ya que estamos en presencia de una falsificación de Cristo”.

No podemos decir que Caballeros peque de inconsistente: ahora sirve al general que hizo lo que estuvo en sus manos y fusiles para exterminar etnias mayas en los años 80. Uno de los gestores del genocidio étnico y el promotor del genocidio cultural -o etnocidio- se dan la mano. No debe sorprender la alianza del pastor Caballeros con el militar. Caballeros ha llevado su veneración de los métodos y atuendo castrenses a su templo. Esto fue comprobado por sus adeptos cuando una mañana dominguera los sorprendió al apagar las luces del templo, dejarlos en tinieblas, saltar sobre el podio inopinadamente ataviado con un traje militar y proclamar: “¡Vamos a ser Kaibiles por Cristo!”

DE VISITA EN EL SHADDAI
DE HAROLD CABALLEROS

Visité El Shaddai en diferentes ocasiones. Hice varios intentos para obtener al menos una entrevista con sus líderes. Solicité cita con Cecilia de Caballeros, esposa de Harold y heredera de su púlpito. Es la pastora principal en El Shaddai desde que Caballeros recibió el llamado divino a la Presidencia de Guatemala. Una intermediaria me condujo a un salón de reuniones y ahí me interrogó sobre mis buenas intenciones y la naturaleza de la revista Envío. Hablamos por quince minutos, durante los cuales no conseguí arrancarle una sola declaración sobre su iglesia: “Esa información se la darán en la entrevista”, me dijo. No debió quedar muy convencida de mi probidad porque incumplió su palabra de llamarme o escribirme para acordar la fecha y hora de la entrevista.

En la librería Kairos -sita en el mismo complejo que incluye el templo, salones, oficinas y la Universidad San Pablo- pude comprar tres libros de Caballeros que leí de cabo a rabo y algunos CDs de conferencias internacionales con exposiciones de lo más granado del neopentecostalismo mundial. Ahí me topé con la oportuna frase del libro bíblico de los Proverbios, que ya había visto, aleteando y haciendo guiños coquetos, en el rincón de donativos del sitio web de El Shaddai: “Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo”.

En la librería, junto a los libros Lo que no digo cantando de Ricardo Montaner y El monstruo, donde Sakis González expone sus pecados, descubro una joya: la película Altos instintos, que en 1997 protagonizó la cantante mexicana Yuri, renacida tras la desaparición milagrosa de varios tumores que afectaron temporalmente sus cuerdas vocales y su carrera artística.

DE VISITA EN LA CASA DE DIOS
DE CASH LUNA

Similar literatura encontré en la Casa de Dios de Cash Luna. Allí, las dimensiones de todo eran mucho mayores y más sofisticada la oferta de entretenimiento. La sección de niños, llamada IgleKids Casa de Dios, junto a un enorme rótulo que reza “Aprenderé a ser un conquistador”, tiene una galería con los apóstoles de la iglesia, encabezados por los pastores Cash y Sonia Luna, seguidos por el resto de pastores y coordinadores. En un fondo salpicado de estrellas, con chillona ropa escarlata y farandulera sonrisa, destaca la fotografía de la coordinadora de “Wow Dios”, identificada como Nanny Lu, en obvia alusión -por nombre y atuendo- a la cantante colombiana de “tropipop” Fanny Lu.

Esta galería es la antesala de una inmensa sección de juegos para niños, capaz de avergonzar las ofertas de cualquier mall de la región. No será la falta de dinero lo que frene el ansia lúdica en esta incubadora neopentecostal: para mitigar el pecado de insolvencia hay un pequeño cajero automático a la altura de los diminutos usuarios y futuros conquistadores.

Quise explorar otras áreas, pero mi visita se vio truncada cuando nos colamos en el sancta sanctorum, el lugar de culto, el gran auditorio repleto de asientos acolchonados y mucho tinglado audiovisual, y ayuno de parafernalia religiosa. En ese espacio, modelo de neutralidad confesional, apareció uno de los muchos vigilantes que hacen rondas continuas y nos dijo que no estábamos autorizados a ingresar allí.

Los dos amigos que me acompañaban eran vivos ejemplos de buenos modales y diplomacia. Uno de ellos le explicó, con la típica donosura y delicado tacto chapines, que habíamos entrado a orar, y en seguida adoptó un aire de insuperable recogimiento. Pero el impertérrito vigilante llamó por radio a sus colegas: “Tres sierras entraron”. Sierras es la palabra cifrada para señores en las empresas de seguridad. Tuvimos que poner pies en polvorosa. No importa. Tomamos fotografías y catamos el ambiente. Hay tres eternidades de videos en You Tube para profundizar en la oferta ideológica de Cash Luna.

LOS POLOS ACTUALES
DE LA COMPETENCIA RELIGIOSA

La emergencia y vigor de los neopentecostales ha cambiado las coordenadas de las rivalidades confesionales. El eje antinómico se ha desplazado y no es el que observó el sociólogo francés Yvon Le Bot, un mercado religioso que se disputan católicos y protestantes. La nueva oposición se da entre renacidos -carismáticos católicos, neopentecostales, pentecostales y otras denominaciones- y tradicionales, es decir, católicos e iglesias protestantes históricas.

Obviamente, al interior de cada conglomerado hay un arcoiris de opciones. Hay otros ejes de oposición, pero ninguno está tan marcado por el vigor competitivo y por un componente de clase como aquel que tiene a los neopentecostales en un polo que sustrae fieles al catolicismo -tibio y militante- y crea una cohesión clasista montada sobre el consumo y el apetito de cierto capital cultural.

UN ECUMENISMO
POSMODERNO, CERRADO Y NEUTRO

Dentro de la oferta religiosa de la Centroamérica neoliberal destacan los polimorfos neopentecostales, que han logrado llevar a la escena regional un ecumenismo posmoderno, cerrado y neutro.

Posmoderno porque no se desgasta en articular una convergencia doctrinal, quedando así muy a tono con un mundo donde los grandes relatos de la modernidad han caído en descrédito. Cerrado porque no cristaliza en cultos dialogantes, rituales híbridos y celebraciones mixtas debido a la tensa combinación de apertura y sectarismo que caracteriza a los “renacidos” y al mismo “renacimiento”, pues ese renacimiento implica una ruptura que busca antes negar que compartir la tradición de la que se proviene.

Neutro porque los neopentecostales -como los de Hosanna o los de El Saddai- han tomado nota de las conveniencias de ser no confesionales para mejorar el reclutamiento, cobijados bajo un estandarte que dice “No somos una religión, sino un espacio para vivir la fe”. Su estrategia, sin embargo, está produciendo el resultado que persigue el ecumenismo llano: aglutinar a los cristianos de todas las tradiciones.

Queda mucha tela por cortar en el amplio manto del neopentecostalismo. Mencioné sus rasgos, que encierran algunas de las razones de su atractivo desde la orilla de la oferta, pero es preciso explicar por qué otras ofertas decaen -¿por qué tantos católicos migran hacia el neopentecostalismo?- y desentrañar los nuevos condicionantes de la demanda: violencia, delincuencia, inestabilidad laboral y otras situaciones que levantan ansiedades y preguntas que son aplacadas y respondidas por el sincretismo neopentecostal, que ha amalgamado el cristianismo con el pensamiento positivo y la cultura gerencial. Lo veremos en la continuación de esta serie.

Continuará en el número de agosto.

INVESTIGADOR DEL SERVICIO JESUITA
PARA MIGRANTES DE CENTROAMÉRICA (SJM).
MIEMBRO DEL CONSEJO EDITORIAL DE ENVÍO.

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