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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 360 | Marzo 2012
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Honduras

Un país que arde, que se hunde

El sondeo de opinión pública “Percepciones sobre la situación hondureña en el año 2011”, realizado a fines de 2011 por el ERIC, en asociación con la UCA de El Salvador, retrata a una sociedad deprimida y desconfiada y a una institucionalidad política colapsada. Urge un giro de timón para apagar los incendios, para que el barco no se hunda.

Ismael Moreno, SJ

En Honduras no es nada fácil que la gente hable, opine, se exprese, especialmente si es gente de a pie, la que no frecuenta universidades, la que sobrevive en la venta callejera o en los mercados, la que es diariamente amenazada sin saber de dónde vienen los tiros, la que se llena de euforia en los estadios gritando a favor de un partido de fútbol, sin conocer que es propiedad de un político o de un acaudalado empresario,la que se transfigura sábados y domingos cantando, gritando y bailando al son de la prédica de su pastor en la capilla más cercana, la que se consume de pobreza en las aldeas de montaña adentro o en un barrio marginal de cualquiera de nuestros desordenados centros urbanos.

UNA SOCIEDAD ROTA

El sondeo de opinión pública realizado por nuestro Equipo de Reflexión e Investigación y Comunicación (ERIC-SJ) a finales de 2011 dejó hablar a la gente, a esa gente. Nos dijeron que perciben que el país se hunde y responsabilizan de ese desastre a los políticos, a los grandes empresarios, al Congreso Nacional y a todos los que sostienen la institucionalidad del Estado. Esa es su percepción, inevitablemente mediada por quienes más influyen en su vida y en su conciencia, condicionada por lo que viven, comen o hambrean, sufren, padecen, ríen y, sobre todo, por la angustia que sienten ante los sobresaltos cotidianos. Dijeron “su” verdad, aunque no sea la verdad que algunos quisieran escuchar. Desoir esa verdad sería una irresponsabilidad política.

¿Qué retrato de país y de sociedad revela el sondeo? Una sociedad rota y un país en precariedad. De seguir las tendencias actuales avanzaremos hacia un proceso de deshumanización por el que ya estamos transitando. Por eso, el retrato que dibuja el sondeo representa una convocatoria urgente para que el barco que se está hundiendo gire el timón y oriente el rumbo.

DESCONFIANZA
ES LA PALABRA CLAVE

El sondeo refleja una sociedad que ha perdido la fe en los demás y en lo público. Lo público se ha convertido más en una amenaza que en un espacio de derechos. Más de diez instituciones del Estado reciben una calificación de desconfianza por encima del 75%. Y ninguna de las instituciones del país, incluyendo las iglesias, recibe una alificación de confianza que llegue al 50%. Las dos instituciones mejor consideradas, la iglesia católica y las iglesias evangélicas, alcanzan el 50.2% y el 52% respectivamente de desconfianza de la población.

El encierro en una perpetua lucha por la sobrevivencia, en “el sálvese quien pueda”, y en el que cada quien tome la justicia por su mano, parece ser lo que el porvenir nos depara. Desconfianza es la palabra clave que arroja el sondeo. Desconfianza hacia lo externo, lo distinto y lo extraño, que acentúan la inseguridad y el temor. Desconfianza hacia los actores políticos y económicos que han controlado el país a lo largo de las últimas décadas.

No creer en las instituciones -especialmente en las que se sostienen en los políticos, los empresarios y la policía-, significa que la gente entiende que ha de sobrevivir en indefensión e inseguridad. La gente no espera buenas noticias de empresarios, políticos y funcionarios públicos. Cuando un 86% dice que se encuentra igual de pobre o más pobre que en 2010 está expresando una profunda frustración. Y si advierte que 2012 será peor, el sondeo confirma que la sociedad hondureña está sumida en la depresión, por más esfuerzos que hagan los medios de comunicación para distraerla de sus penurias.

INCENDIO
EN EL PENAL DE COMAYAGUA

El 14 de febrero, día del amor compartido entre amigos y enamorados, el fuego consumió los cuerpos de 360 presos del penal de Comayagua. Lo que ocurrió en la cárcel es una horrenda metáfora del fuego que devora a Honduras tras el golpe de Estado de 2009.

En menos de una semana, tres incendios dejaron cuerpos carbonizados en el centro penal, en mercados de Tegucigalpa y en viviendas, al tiempo que los familiares de las víctimas incineradas en el penal de Comayagua clamaban con desesperación que les entregaran los restos calcinados de sus deudos. Más de dos semanas después del incendio, los cadáveres eran entregados a cuentagotas a escépticos familiares: ¿era su ser querido, era otro cuerpo, era a caso un bulto simulando un cadáver lo que recibían?

Desconfianza extrema. Así está el país. Honduras ha pasado a ser un ejemplo de lo que no debe ser un país. Sin embargo, la clase política, también las cúpulas religiosas, siguen insensibles sosteniendo que el país se ha normalizado y que todo avanza con normalidad hacia las elecciones.

La tarde del 15 de febrero -cuando ninguno de los cuerpos del penal en llamas había sido rescatado-, el Nuncio convocó -o aceptó la convocatoria- a los titulares de los tres poderes del Estado y a los ministros para celebrar una misa por los difuntos. En la misa no hubo ni un solo familiar de los muertos. Tampoco hubo una sola palabra que hiciera referencia a las causas de fondo de la tragedia. Esa misa, ante los responsables de lo que viene ocurriendo en el país, proyectó una imagen macabra, que contrastaba con las escenas de desesperación que se vivían en los alrededores del penal de Comayagua.

“NO ESTAMOS PREPARADOS
PARA TRAGEDIAS ASÍ”

A una semana de la tragedia del penal de Comayagua, la periodista independiente Sandra Maribel Sánchez, impotente al lado de los familiares que en las instalaciones de medicina forense reclamaban los cadáveres de sus seres queridos, escribió su testimonio. Lo reproduzco íntegro porque expresa vivamente por qué los hondureños no creen en la institucionalidad:

“Los parientes de las víctimas de la masacre del Centro Penal de Comayagua han entrado en desesperación y rebasaron los obstáculos que les separan de los cuerpos de sus seres queridos… A una semana de la tragedia, gran cantidad de familiares esperan en las afueras del insuficiente depósito de cadáveres, que les informen sobre sus seres queridos que perecieron en el incendio”.

“A todas luces es evidente que el manejo que las autoridades han hecho de la situación no es la mejor. Quedan evidenciadas también las limitadas capacidades con las que cuenta el país para enfrentar tragedias como ésta… Y es que son tantos los muertos y tantos sus familiares, que aun siendo Honduras el país más violento del mundo, no estamos preparados para tragedias de estas dimensiones. Por eso es imposible mantenerlos a todos “bajo control”, distantes del sitio donde se encuentran los muertos, bajo la equivocada presunción de que eso disminuirá su dolor y ansiedad, cuando el efecto que se logra es el contrario”.

“¡NO QUEREMOS ATAÚDES!”
“¡NO SON PERROS!”

“Los familiares, mayoritariamente mujeres, llegaron al límite de su tolerancia, y enardecidas por el dolor porque las bolsas que contienen los cuerpos de sus parientes yacían tirados en el suelo, botaron la barrera metálica que les separaba de ellos, intentando abrir las bolsas con palos o navajas para constatar si alguno de los cadáveres pertenecía a sus seres queridos, y de una vez por todas lograr un poco de paz, en medio de tanta zozobra, frialdad e indiferencia”.

“Esta situación dramática se prolongó por varios minutos, luego de un enfrentamiento entre los parientes y los policías, que mantenían el cerco alrededor de la tétrica escena, durante la cual varios de los cuerpos carbonizados quedaron a la vista de los dolientes”.

“Una de las personas que espera impotente alguna información de su familiar fallecido contradijo la versión del Ministerio Público, que asegura estar proporcionando información permanentemente, al asegurar que no les dicen nada y que eso les lleva a la desesperación. Entre gritos, sollozos y la fetidez que despiden los cuerpos, los manifestantes imploraban por saber qué pasa con sus deudos”.

“Con mucha dignidad, pero de manera contundente, un familiar expresó: “¡No queremos limosnas del gobierno, no queremos ataúdes, ni mucho menos dinero, lo que queremos es que nos entreguen los cuerpos para poder enterrarlos y salir de este sufrimiento!” A otros familiares se les acabó la paciencia. “¡Queremos que nos entreguen los cuerpos, ya no soportamos estar aquí y que las autoridades nos sigan engañando!” dijo un padre que permanece a las afueras de la morgue a la espera de recibir el cuerpo de su hijo fallecido en el trágico suceso.

“¡Están tirados en la calle como perros, quiero ya a mis dos hermanos! ¡Que me los den así como están!” gritaba desesperada una mujer, con una expresión de dolor capaz de conmover al más desalmado. Unas horas antes, otra joven mujer gritaba con la desesperación dibujada en su rostro: “¡No queremos que los entierren en fosa común! ¡Aquí estamos esperándolos para llevarlos a la casa, para enterrarlos como Dios manda, no como perros! ¡Los queremos podridos o como estén, no nos importa, son nuestros muertos!”

SÓLO APELLIDOS
DEMASIADOS COMUNES

“No conocía personalmente a ninguna víctima de esta masacre, no necesito conocerlas para que mi humanidad reaccione ante este indescriptible y dolorosísimo hecho. La pena que me causa y las lágrimas en mis ojos me han separado varias veces de la computadora, para intentar procesar lo que ha pasado”.

“Y al revisar el archivo de fotografías que he ido construyendo para que no se me olvide lo que ocurrió, como no olvido hechos similares en El Porvenir o San Pedro Sula, aumentó mi dolor al reparar en una fotografía del cementerio municipal de Comayagua: se abrían unas sesenta fosas, donde serán enterrados sesenta hombres, que aunque hubieran cometidos delitos, ya estaban purgando sus penas según las leyes nacionales. Reparé en los nombres de cada una de las víctimas y, con excepción del de Jorge Constantino Ypsilanty, sólo encontré apellidos Mejía, Rodríguez, Hernández, Cáceres, Flores, Gómez, Pérez, García, Martínez… Demasiado comunes, como para esperar respuestas más contundentes de parte de las autoridades. Me pregunto y les pregunto: ¿Hubiese habido la misma respuesta si los muertos se apellidaran Facussé, Larach, Canahuati, Kawas, Nasser, Ferrari, Rosenthal u otros parecidos?”

LA IMPUNIDAD TIENE NOMBRES

La población demanda cambios, clama por cambios. Si a una persona de a pie le preguntaran cuáles son sus tres deseos más sentidos, sin duda diría, conforme a los resultados del sondeo, que quiere empleo, que quiere seguridad y que quiere que metan en la cárcel a los que se sostienen en la corrupción y la impunidad.

En Honduras la impunidad no es una palabra retórica. Tiene que ver con la ausencia de investigación sobre las causas del incendio en el centro penal de Comayagua. No la hubo tampoco en el incendio que calcinó a 107 hombres en mayo de 2004 cuando Pepe Lobo era presidente del Partido Nacional y presidente del Congreso Nacional y por cuyo caso el Estado fue demandado por el obispado de San Pedro Sula y por el ERIC. Ante la inminente sentencia condenatoria, el actual gobierno de Pepe Lobo tuvo que aceptar el 28 de febrero la fórmula de un “acuerdo amistoso” ante la Comisión Interarnericana de Derechos Humanos (CIDH), responsabilizándose a nombre del Estado de la muerte de aquellos privados de libertad y asumiendo un calendario para el cumplimiento de acuerdos.

Tampoco hubo una investigación oficial de la matanza de 69 presos el 5 de abril de 2003 en el penal de La Ceiba, cuando Pepe Lobo ya era presidente del Congreso.

“NO TENEMOS ESTADO AUNQUE TENGAMOS FUNCIONARIOS”

La impunidad tiene que ver con el asesinato, el 22 de octubre de 2011, del hijo de la rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y de un amigo suyo. La rectora, Julieta Castellanos, logró investigar de inmediato que los asesinos habían sido cuatro policías adscritos a una posta policial de la capital. Los policías fueron retenidos en la posta, pero a los pocos días los oficiales se encargaron de promover su fuga con el argumento de que los implicados tenían derecho a un descanso de fin de semana. La rectora continuó en su cruzada contra la impunidad, y logró ser escuchada por los titulares de los tres poderes del Estado.

Les propuso una depuración policial realizada por una comisión integrada por hondureños y con la participación de actores internacionales. Los jefes policiales decidieron hacer un simulacro de depuración despidiendo a unos cuantos oficiales y a decenas de efectivos de bajo rango, dejando intacta toda la estructura. “No tenemos Estado, aunque tengamos funcionarios”, dijo la rectora, en una expresión histórica que sintetiza magníficamente el reino de la impunidad que es hoy Honduras.

Meses antes, en el Valle de Sula, una familia logró identificar de manera inconfundible a unos policías como responsables del asesinato de su hijo y sus dos acompañantes. La Policía, con apoyo de la Fiscalía y los Juzgados limpiaron los archivos y trasladaron a los implicados a otra región. Los familiares, sin contar con prueba judicial y testifical alguna, conocieron en directo la impunidad.

“LA POLICÍA ES
UNA ORGANIZACIÓN DELICTIVA”

El 7 de diciembre de 2011, después de denunciar en entrevista pública a altos oficiales de la Policía por sus vínculos con el narcotráfico, el político y renombrado ex-funcionario en la lucha antinarcóticos, Alfredo Landaverde, fue asesinado. Existen firmes indicios de la autoría de oficiales de la Policía en este crimen. Hilda Caldera, viuda de Landaverde, junto a la rectora Castellanos, ha demandado una respuesta al Estado sobre este crimen. Pero la respuesta es invariable: “Se sigue investigando, no se pueden adelantar datos para no entorpecer las investigaciones”.

Ante las irresponsables críticas de algunos sectores por la importancia privilegiada que funcionarios del Estado daban al caso del hijo de la rectora, Julieta Castellanos salió al paso leyendo este texto: “Ese asesinato se constituye en un caso emblemático, pues ha sintetizado la indignación nacional ante miles y miles de muertes violentas que se dan sin investigar y, por ello, en absoluta impunidad. La acción de los fiscales y medios de comunicación evidenciaron que, más allá del apoyo de algunos policías a bandas delincuenciales, la propia Policía ha actuado como una banda que ejecuta graves acciones ilícitas. La Policía se ha constituido en la organización delictiva con mayor eficacia: está destruyendo la convivencia de la nación y volviéndose por ello más peligrosa”.

LA “MANO DURA”
NO SERÁ SOLUCIÓN

El escenario que se abrió el 22 de octubre de 2011, con el asesinato del hijo de la rectora, ha creado una brecha en el muro de la impunidad. Demuestra que diversas instituciones y sus funcionarios están coludidos en mantener la impunidad y que son miles las víctimas de la criminalidad entronizada en la Policía y en el Ministerio de Seguridad.

La política no normalizará la vida de Honduras. Tampoco la militarización ni “la mano dura”. Tampoco una eventual intervención directa del gobierno de Estados Unidos, con el argumento de que la inseguridad y la amenaza del narcotráfico han desbordado al gobierno hondureño. En la Mosquitia hondureña ya hay bases militares estadounidenses.

En los dos últimos años, 18 comunicadores sociales han sido asesinados. Ninguno de estos crímenes ha sido esclarecido. En los dos últimos años 50 campesinos han sido asesinados en la conflictiva zona del Aguán. No pocos de estos crímenes están directamente asociados a la confrontación que involucra al gran el empresario Miguel Facussé. En una ocasión, y al calor de los acontecimientos que causaron el asesinato de cinco campesinos en la finca “El tumbador”, en disputa entre el empresario y los campesinos, Facussé aceptó que él cuenta con guardias armados para proteger sus propiedades. Ninguna autoridad se atreve a hacer nada que afecte los intereses de tan prominente empresario. Goza de impunidad en un país en donde ya no existe administración pública, sino el poder de quienes tienen el control de la violencia.

¿QUIÉN RESPONDERÁ?

La encuesta del ERIC permite calificar a la población hondureña como deprimida y desesperada. La impunidad reinante provoca desesperación y depresión colectivas. Sin embargo, en medio de la desesperación y el hambre, la inseguridad y el miedo, la gente sigue dando lecciones de dignidad, como las que Sandra Maribel Sánchez recogió entre los familiares de los hombres carbonizados en el penal de Comayagua. No quieren limosnas, no quieren ataúdes, no quieren palmaditas de consuelo. Quieren que se respete su dignidad. No son de familias de apellidos árabes ni de familias de la aristocracia política, empresarial o terrateniente. Son seres humanos, y ésa es la dignidad que demandan.

¿Quién responderá al 54.9% gente que dice tener esperanzas en el futuro? ¿Pueden ser los mismos hacia los cuales la gente expresa tanta desconfianza?

Ante el deterioro del país y la carga de inseguridad y de desconfianza que expresa la percepción de la gente, la esperanza que manifiestan es muy precaria, y tiene pocos asideros. Al igual que en el anterior sondeo que realizamos (finales de 2010), la gente acaba depositando su esperanza en las mismas instituciones en las que desconfía.

Desconfía de la institucionalidad política. Sin embargo, al sugerir qué instituciones debían impulsar salidas a la crisis nacional, señalan a la Corte Suprema de Justicia, a los medios de comunicación alternativos y a las iglesias.

NO HAY MODELOS ALTERNATIVOS

Las escasas reservas de confianza en un país que se hunde, las deposita la gente en las iglesias, en los medios de comunicación, en las municipalidades y en las Fuerzas Armadas. ¿Qué significa esto? Puede significar que una vez que la gente se desencanta de partidos políticos, empresarios e instituciones públicas en general, prefiere quedarse en el país, escuchando mejores noticias en los medios, recibiendo mensajes de consuelo en las iglesias, aceptando propuestas de solución de quienes deciden en sus municipios, sometiéndose a la seguridad que podrían ofrecerle los militares.

La inclinación hacia espacios religiosos autoritarios es lógica ante un horizonte tan cerrado. Es lógica ante la ausencia histórica de paradigmas alternativos y ante la incapacidad de los sectores alternativos para ofrecer o proponer paradigmas distintos a los dominantes.

Los hallazgos del sondeo de opinión nos podrían estar advirtiendo de la ausencia de un proyecto político y de modelos alternativos. Y por eso, de la imposibilidad actual en los sectores empobrecidos de luchar por otros paradigmas. En una situación así, la gente acaba cargando con sus frustraciones y expresa su malestar y desencanto, pero termina encuadrándose dentro de los mismos moldes paradigmáticos de los que reniega. Sus respuestas estarían expresando también las limitaciones de la izquierda hondureña y de otros sectores opositores, que no presentan modelos alternativos que transformen el malestar y descontento popular en motivación para luchar por auténticos cambios.

LA ATRACTIVA
OFERTA PENTECOSTAL

Los únicos que aumentaron en confianza entre 2010 y 2011 fueron las iglesias evangélicas. Ante la inseguridad, la violencia, el miedo, el desempleo, la carestía de la vida y la corrupción pública, la prédica evangélica, especialmente la pentecostal, ofrece consuelo y ofrece seguridad dentro del templo, lejos de las calles. Hermana en un grupo con quien se comparten las esperanzas en un cielo nuevo que nos salvará de esta tierra de perdición. Es también un paradigma alternativo. Ante el paradigma dominante: político, violento, perverso y corrupto de esta tierra, y ante la ausencia de modelos alternativos en la izquierda y en los sectores opositores, gana la partida el paradigma que los arranca de la historia, los salva de la violencia y la perversión y los consuela en las desgracias. Es una esperanza desvinculada de la realidad, en nombre de la providencia divina, aunque administrada por el pastor del grupo.

Rotos los tejidos sociales ganan espacio las ofertas providencialistas, que suelen legitimar las ofertas autoritarias, crecientes en un país capturado progresivamente por quienes ejercen la ley del más fuerte.

QUIENES EMIGRAN
DEL BIPARTIDISMO

¿Cuál es la percepción de la gente sobre los partidos políticos? En su conjunto, los partidos son la institución que recibe la mayor desconfianza, sólo superada por el empresariado. Sin embargo, la gente que en un 82.8% expresa tener poca o ninguna confianza en los partidos, es la misma que reconoce preferir (31.7%) el Partido Nacional, el Liberal (27%) y apenas 2.8% el partido LIBRE (Libertad y Refundación) el recientemente fundado partido del ex-Presidente Manuel Zelaya. Un 35.3% manifestó no tener preferencia por ningún partido político.

Estos hallazgos resultan importantes para un debate abierto y franco. Expresan el difícil y lento proceso de ruptura y transición que la sociedad hondureña recorre para distanciarse del tradicionalismo político expresado en el bipartidismo.

A pesar de que desconfían de los partidos, de sus líderes, de sus funcionarios, todavía un porcentaje importante (53.7%) sigue aferrada a ese bipartidismo del cual desconfía. El peso del tradicionalismo queda patente en el sondeo.

¿Qué significa que el 35.3% no tenga preferencia por partido alguno? Anuncia un deslizamiento, una transición activa, una búsqueda. Expresa también una gran oportunidad, aunque existe el riesgo de que ese porcentaje de quienes no tienen preferencias partidarias haya emigrado del bipartidismo con tal desencanto y frustración que se haya vacunado en contra de la política, que sea ya una población “despolitizada”. Significaría esto el daño que el bipartidismo ha inyectado a la sociedad, arrastrándola a la indiferencia y la apatía, atrapándola en la sobrevivencia del “sálvese quien pueda”. Significaría que cuando se emigra del bipartidismo se va hacia ninguna parte, porque no existe alternativa que logre capitalizar ese flujo migratorio de los desencantados de la política bipartidista.

¿Y LA RESISTENCIA?

El exiguo 2.8% del respaldo a LIBRE despertó polémica y encono en algunos sectores de la Resistencia en los primeros días de divulgación de los datos del sondeo de opinión pública. Hay que advertir que la encuesta se realizó del 19 al 30 de noviembre, a pocos días de haberse bautizado a LIBRE como brazo político del Frente Nacional de Resistencia Popular, cuando todavía nadie podía dar por seguro que ése sería el nombre definitivo y después de un irregular proceso de nombramientos y des-nombramientos, de pugnas e impugnaciones. Los encuestadores no preguntaron por nombres de partidos y menos por candidatos. Sólo decían: “¿Podría decirme cuál es el partido de su preferencia?” En ese contexto, el 2.8% por LIBRE estuvo muy por encima del porcentaje de gente que prefirió a los tres partidos diminutos entre los cinco oficiales. Además, el sondeo no investigaba preferencias electorales, sino percepciones de la gente sobre la situación del país al concluir 2011.

El sondeo del ERIC refleja una sociedad muy deprimida con una alarmante pérdida de confianza en la institucionalidad. Refleja un ambiente de polarización con conflictos políticos no resueltos. Refleja desigualdades económicas que provocan angustia e incertidumbre en una sociedad que no espera soluciones de este gobierno. Expresa ansias de la gente por buscar salidas dentro del país. Expresa desencanto hacia la política y hacia la institucionalidad que la alimenta, aun cuando más del 50% se mantenga bajo la égida del bipartidismo.

Expresa escepticismo ante nuevas propuestas, aunque un porcentaje mínimo expresó simpatía por el naciente partido LIBRE, cuyos dirigentes, en lugar de lanzar piedras hacia techos vecinos, deberían ver en este dato un desafío para continuar trabajando por captar a quienes aún apuestan por el bipartidismo y por ganar al 35.3% que no tiene preferencias partidarias.

Son grandes las tareas a las que convoca este retrato hondureño desde la perspectiva política. Verlas como amenazas o ver en una encuesta coyuntural un plan malévolo es mera miopía. El sector político oficialista, desnudado en el sondeo como incapaz, impune y corrupto, abre también oportunidades.

AÚN HAY TERRENO FÉRTIL

Los hallazgos del sondeo dejan muy claro que la gente demanda profundos cambios. Si no hay un giro radical del timón, si no cambian las prácticas políticas -también las religiosas-, acabaremos hundiendo el barco. Si es cierto que la sociedad hondureña perdió su confianza en los políticos y en las instituciones, sigue decidida a luchar dentro del país y a buscar caminos para salir de las penurias económicas y del agobio de la violencia y la inseguridad. El ejemplo de la lucha contra la impunidad que lidera la rectora de la Universidad ha sido de gran relevancia. En su lucha se enfrenta a las instituciones promotoras de impunidad, aferrándose con pasión a las víctimas de esas instituciones y de sus funcionarios. Su gesto, su lucha nos indica que entre la población hay terreno fértil para buscar salidas construidas desde la fuerza de la misma gente.

UN CAMBIO DE TIMÓN

En el ERIC hicimos este sondeo como un aporte para que en nuestro país todos nos pongamos a pensar y a buscar juntos salidas que respondan a las demandas de la población. Los datos están sujetos a modificaciones según se incorporen nuevos elementos a la coyuntura. Hoy ya nos advierten del abismo estructural y profundo en el que ha caído Honduras, de lo hondo que estamos.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN HONDURAS.
Ver sondeo completo en:
http://eric-rp.org/content/

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