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  Número 355 | Octubre 2011
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Nicaragua

Preguntas, temores y señales de última hora

¿Qué consecuencias podría tener una votación masiva? ¿Por qué el Consejo Supremo Electoral ha puesto tantos obstáculos a la observación electoral? ¿Se polarizará la elección en el último momento? Son algunas de las preguntas de última hora.

Equipo Envío

Desde el fraude electoral en las elecciones municipales de 2008 el fantasma de la abstención se coló en muchos de los análisis que reflexionaban sobre lo que ocurriría en las elecciones presidenciales tres años después. “Yo no vuelvo a votar” fue una de las expresiones, cargadas de frustración, que se escucharon entonces entre votantes de Managua y de las principales alcaldías del país, en las que el FSLN alteró los resultados a su favor. Aquellas elecciones no fueron creíbles. Tampoco lo fueron las celebradas en el Caribe en 2010.

DOS FANTASMAS EN PUGNA

Al desengaño de un amplio sector de la población en 2008 se fueron sumando, desde entonces y hasta hoy, las denuncias sostenidas de toda la oposición señalando, una sobre otra, las anomalías que vienen rodeando el actual proceso electoral: ilegalidad de la candidatura de Ortega, ilegalidad de la permanencia en sus cargos de los magistrados electorales, partidarización en la entrega de la cédula de identidad para votar, arbitraria inhibición de candidatos a diputados, nombramientos de autoridades electorales departamentales y municipales privilegiando abiertamente al FSLN…Todo esto, y más que esto, advertían las denuncias, apuntaba a contar con la posibilidad de que el partido de gobierno fraguara un fraude aún mejor organizado que el de 2008.

“Si se las van a robar, ¿para qué votar?” Las constantes denuncias de la oposición fomentaban, sin pretenderlo, como un bumerang, la apuesta abstencionista. A su vez, la abstención era una de las apuestas del partido de gobierno ya que, por una simple operación matemática, mientras más abstención hubiera, menos votos válidos habría y así se incrementaría el porcentaje sobre el que se contarían los votos favorables a Ortega, partiendo de que el “voto duro” del FSLN acude fielmente a las urnas.

SI HAY VOTACIÓN MASIVA…

A pesar de todo el preludio pre-abstencionista, las encuestas fueron demostrando a lo largo del año 2011 que aunque el fantasma del fraude permanece en el escenario, la participación se imponía sobre el fantasma abstencionista. La última encuesta fiable de la que disponemos al poner punto final a este último análisis pre-electoral es la de CID-Gallup realizada entre el 10-16 de septiembre a nivel nacional. El 79.5% de los encuestados afirma que votará, el 12.8% todavía no lo decide y apenas el 6.9% dice que no lo hará.

¿Qué significaría una votación masiva? En primer lugar, y acudiendo a lo ocurrido en las cuatro elecciones presidenciales anteriores, indicaría que nuevamente en 2011 la población nicaragüense demostraría mantener su “fe electoral”, certificándose como uno de los electorados latinoamericanos con mayores índices de participación en comicios. Los índices de abstención previos lo corroboran: 1990 (18.92%), 1996 (27.40%), 2001 (13.99%), 2006 (16.15%).

Podría significar también que el FSLN perdería las elecciones, ya que los votos por el FSLN siempre han quedado en minoría en todas las consultas electorales cuando se enfrentan a otras opciones. Los votos no sandinistas -la mayoría son claramente antisandinistas- en las cuatro elecciones anteriores también lo muestran: 1990 (59.17%), 1996 (62.16%), 2001 (57.69%), 2006 (62%).

El FSLN perdió en 1990 (40.83%), en 1996 (37.84%), en 2001 (42.31%) y ganó en 2006 con 38%. La victoria en minoría de 2006 del FSLN se explica políticamente por la fractura en dos mitades casi iguales de la oposición liberal. Y legalmente, por la reforma constitucional pactada entre Ortega y Alemán años antes, negociación en la que Alemán le concedió a Ortega reducir el porcentaje para ganar elecciones al 35%. Cifra tan reducida no aparece en ninguna legislación electoral latinoamericana.

“SIN PACTO NUNCA GANÁBAMOS”

Hace tres años, el entonces alcalde de Managua, Dionisio Marenco, y negociador fundamental en el pacto, lo reconocía así a Envío, “Concebimos el pacto para que el Frente regresara al poder. Desde ese punto de vista el pacto funcionó tan bien que logró que el Frente regresara al gobierno en 2006, gracias a reducir el porcentaje para ganar hasta el 35% si sacás cinco puntos de ventaja sobre el del segundo lugar. Cuando uno ve los resultados de las elecciones de 2006 pareciera que fueron hechos a la medida de esa decisión. Sin ese acuerdo el Frente nunca hubiera ganado las elecciones”.

A pesar de ese acuerdo, a la victoria del FSLN en 2006 le ronda la justa sospecha de que tras la falta de información que existe, hasta el día de hoy, sobre los resultados del 8% de las urnas en aquellas elecciones -¿silencio también pactado?- se esconde alguna irregularidad. ¿En la asignación de las diputaciones?

SI HAY ELECCIÓN POLARIZADA…

Pero una votación masiva no necesariamente significaría la derrota del FSLN. Por un lado, el panorama político nacional ha variado considerablemente: la guerra y el miedo a la guerra -factores que pervivieron hasta los comicios de 2001- son fantasmas que se han ido desvaneciendo. Y esto pesa más que en nadie en las mentes -y por tanto, en la intención de voto- de la gente más joven, que son más de un tercio de la población votante y a quien el FSLN ha dirigido privilegiadamente su campaña.

Por otro lado, para que una votación masiva signifique la derrota del FSLN tendrían que repetirse los escenarios electorales de 1990, 1996 y 2001: una elección claramente polarizada entre el FSLN y uno solo de los otros competidores. Tanto doña Violeta (con la UNO), como Alemán y Bolaños (con el PLC) lograron polarizar la elección, en gran medida por esa persistente memoria opresiva de la guerra.

Para las elecciones de 2006 el FSLN trabajó durante cinco años con todo tipo de astucias políticas y de argucias legales y judiciales para dividir al liberalismo antisandinista. Arnoldo Alemán en una acera -la del liberalismo tradicional- y Eduardo Montealegre, en la otra, liderando un liberalismo menos autoritario- partieron en dos a la oposición anti-Ortega. El sandinismo crítico del FSLN, organizado en el MRS, participó y obtuvo 200 mil votos. La elección no se polarizó. Y Ortega ganó.

YA NO HAY DOS MITADES

El escenario electoral de 2011 no está aún polarizado. Pero tampoco es exactamente igual al de 2006, porque aunque la oposición al FSLN está dividida ya no está partida en dos mitades. En una están los aún fieles a Alemán, candidato por el PLC. Y en otra una heterogénea y plural alianza encabezada por los liberales de Montealegre y por los sandinistas del MRS, a quienes el Poder Electoral borró del mapa jurídico-electoral en 2008, aunque no logró que desaparecieran del mapa político nacional.

Según la última encuesta de CID-Gallup, Daniel Ortega cuenta con un sólido 45.8% de intención de voto. Ante él compite en segundo lugar esa plural alianza que lidera Fabio Gadea (33.5%) y en tercer lugar Alemán (10.1%). Esta tendencia se ha mantenido desde hace meses. Los otros dos partidos en contienda apenas puntean en ninguna de las varias encuestas realizadas hasta ahora. A pesar de esta tendencia, los voceros del partido de gobierno no han dejado de anunciar que el PLC, con Alemán de candidato presidencial, quedará con seguridad en segundo lugar, lo que suma suspicacias sobre las anomalías que podrían presentar los resultados finales de los comicios.

DESNUDANDO A ALEMÁN

Desde que en agosto de 2010 Fabio Gadea apareció sorpresivamente en el escenario como candidato presidencial, de la mano de Montealegre, encabezando la variopinta alianza que lo acuerpa, su prioridad fue socavar la simpatía electoral por Alemán como primer e indispensable paso para enfrentar a Ortega con éxito en una competencia polarizada. Sus giras de campaña, los mensajes de la Radio Corporación que Gadea dirige, la propaganda inicial, se centraron en desnudar a Alemán, denunciando su política de pacto con Ortega.

Son muchos los liberales alemanistas que fueron convencidos por esos mensajes y se separaron de Alemán, concluyendo que el “pecado” de su líder no fue la corrupción que institucionalizó en su gobierno (“Todos roban”) sino el pacto que hizo con Ortega, que resultó en la victoria del FSLN y en el control que mantiene ya el partido de gobierno sobre todas las instituciones (“Nos traicionó, se vendió”). ¿Ese 10% de intención de voto que aún mantiene Alemán marca la frontera de hasta dónde puede llegar Gadea, es el “voto duro” del PLC, es la reserva estratégica del caudillo, que al impedir la polarización de los comicios le garantiza el triunfo a Ortega?

EL CRITERIO DEL VOTO ÚTIL

Para que una participación masiva significara una derrota del FSLN tendría que imponerse en las filas de toda la oposición a Ortega en el último momento -ese momento final que las encuestas a veces no pueden captar- el criterio del “voto útil”. Eso supondría que ese 10% que aún dice que votará por Alemán, o al menos buena parte de ese porcentaje, priorizara la derrota de Ortega por encima de su fidelidad al caudillo rojo y cayera en la cuenta de que Alemán no puede ganar y Gadea sí.

Si a esos liberales que rompen filas se uniera buena parte de los indecisos que dicen no saber aún si votarían o no -probablemente no son votantes del FSLN-, Fabio Gadea podría derrotar a Daniel Ortega. No ganaría un gran dirigente ni un sugestivo proyecto ni un gran programa de gobierno. Se impondría el voto útil, el que elige pragmáticamente, el que se decide por “el mal menor” o por el “no hay otro palo donde ahorcarse”, ya que “la oposición no sirve” y el “no hay por quién votar” es un pensamiento generalizado, no sólo en la propaganda oficial y entre los simpatizantes del FSLN, sino también entre bastantes de los potenciales votantes que se guiarían por el voto útil.

CARAMBOLA DE ÚLTIMA HORA

Ciertamente, aunque a los dirigentes de la oposición a Ortega se les pueden señalar inconsistencias, incoherencias y negligencias, se les puede achacar falta de un proyecto atractivo y de credibilidad, se los puede responsabilizar de muchos errores pasados que explican los graves problemas del presente, se les puede descalificar por insistir más en la legalidad y en la institucionalidad que en la justicia social en un país tan inequitativo, y se los puede calificar como una “bola de perros y gatos” que pasan peleándose, atacándose y descalificándose, quienes votan el 6 de noviembre no son los dirigentes y el criterio del voto útil podría imponerse. Porque hay una sorda corriente de descontento ante el rígido control social que el partido de gobierno impone sectariamente. (“Se les está yendo la mano”).

Podría pasar. Pasó ya en 1990, cuando la oposición también se veía, y era, frágil, dispersa y sin proyecto y el FSLN se sentía omnipotente. La alianza que lleva al octogenario Gadea de candidato aspira a repetir el “violetazo” que protagonizó la población votando masivamente por Violeta de Chamorro para librarse de la guerra.

En este caso tal vez lo haría para librarse de ese control social que ha impuesto el FSLN en su segundo período, innecesariamente porque ya no hay guerra. Lo haría para detener el “germen de la dictadura creciendo”, como calificó a este gobierno el obispo Silvio Báez. La combinación de una votación masiva con la convicción del voto útil producirían un “violetazo” y eso dificultaría o haría imposible que el partido de gobierno consumara un fraude como el que realizó en 2008. Es en esa carambola política en la que coloca su confianza la alianza PLI-UNE liderada por Gadea.

PUEDEN GANAR EN BUENA LID

También es posible que el FSLN gane limpiamente. Su confianza reposa en el total control que tiene sobre el Consejo Supremo Electoral -institución estatal que no deja de dar pruebas de ello lo que cuestiona la “limpieza”-, y en los abundantes recursos de los que dispone -superiores con mucho a los de cualquiera de los gobiernos precedentes-, con los que ha hecho llover un diluvio de donaciones sobre amplios segmentos de la población pobre, tanto en el campo como en algunas ciudades.

Si el FSLN gana las elecciones limpiamente, ¿qué pesará más en su victoria? ¿Que para la mayoría de quienes votan por Ortega la ilegalidad de su candidatura importó poco? La encuesta de CID-Gallup afirma que el 50% piensa así. ¿Que la abrumadora propaganda a favor de Ortega terminó convenciendo a la mayoría de que su gobierno es cristiano, socialista y solidario, aun cuando las importantes promesas de “desempleo cero” y “corrupción cero” hayan sido claramente incumplidas?

¿Que se impuso la resignación de que no hay posibilidad de vencerlo? ¿Que el derroche de regalos, ayudas y prebendas convenció a los pobres que han recibido todo eso de que sólo este gobierno se acuerda de ellos? La encuesta afirma que el 63% cree que Ortega favorece al pueblo. ¿Que prevaleció el miedo de los empleados públicos a perder su trabajo si no votaban por Ortega? ¿Que la juventud, que ni conoció el somocismo ni la revolución ni la guerra, fue la que finalmente decidió la elección?

Todos estos factores combinados pueden decidir la elección a favor de Ortega. Todas las encuestas han sido consistentes en que el Presidente-candidato mantiene una muy cómoda ventaja frente a sus competidores.

NO SÓLO GANAR, SINO ARRASAR

Pero el FSLN no quiere solamente ganar. Quiere arrasar. No quiere únicamente que Ortega repita al frente del Ejecutivo, también quiere controlar el Legislativo -lo que no pudo en este período-, asegurándose la mayoría simple (48 diputados) y aún quiere más: la mayoría absoluta (56 diputados).

En el escenario político nacional y en el marco electoral actual una victoria arrasadora del partido de gobierno no suena creíble. Y es esa meta -que parecen empeñados en lograr cueste lo que cueste, “digan lo que digan, hagamos lo que tengamos que hacer”, como expresó Tomás Borge- lo que podría explicar la terca insistencia del Consejo Supremo Electoral (CSE) en poner obstáculos a la observación electoral internacional, retrasando al límite la llegada de las misiones de observación, y cerrando las puertas a la observación nacional.

VIENEN “ACOMPAÑANTES”

Cumplido este mes el plazo para la acreditación de observadores -el CSE insistió en llamarlos “acompañantes”- las perspectivas son preocupantes.

El Reglamento que el CSE publicó para normar la actuación de los observadores es diferente al que funcionó en 2006 y es violatorio de los principios internacionales para la observación de elecciones. Ante esa evidencia, la Unión Europea negoció bilateralmente con el CSE para que flexibilizara el Reglamento en los puntos más cuestionables (libertad de movilización, libertad de expresión y libertad en la elaboración del informe final). Lo consiguió, pero sólo para los 40 observadores de su misión, a pesar de que lo solicitó para otros observadores internacionales, y especialmente para los nacionales.

En los últimos días de septiembre, la OEA parece haber conseguido una flexibilidad similar para sus 80 observadores. El Centro Carter expresó su disposición a enviar una misión, pero solicitando al CSE que modificara el Reglamento y acreditara a los observadores nacionales. El cuestionado presidente del CSE, Roberto Rivas, calificó de “ofensiva” la petición y ofendió a esta institución diciendo que en algún lugar le habían comentado que la llaman “Centro Cartera”. Según Rivas, se habían autoexcluido. El Centro Carter ha observado todas las elecciones presidenciales desde la de 1990, en la que jugó un papel crucial.

Entre los “acompañantes” internacionales, el CSE recibió con los brazos abiertos a una pequeña misión del CEELA (Comisión de Expertos Electorales de Latinoamérica), un grupo de técnicos fundado en 2005 y promovido por el gobierno de Venezuela, que en 2008 no puso ninguna objeción a las obvias irregularidades de aquellas elecciones.

Al partido de gobierno le conviene que los observadores no sólo observen... o acompañen. Precisa también que legitimen los resultados, que esperan favorables, especialmente por surgir de unos comicios tan cuestionados. Por eso, era de esperar que, aunque a última hora y a regañadientes, acreditarían a alguna misión internacional. En otro sentido, la presencia en el terreno de la misión de la UE y de la OEA, más que observar a fondo -llegan con mucho retraso y son muy pocos- contribuye a dar alguna confianza al electorado y por eso, abona a la participación y disuade la abstención.

EL TEMOR AL “VIOLETAZO”

A pesar de todas sus ventajas, el partido de gobierno teme un “violetazo” y está creando condiciones para impedirlo. Sabe que si la participación es masiva y la elección se polariza porque al final prevalece la opción por el voto útil, los resultados podrían ser muy cerrados y en esa situación sería totalmente indispensable la legitimación internacional, que espera menos acuciosa y exigente que la nacional.

¿Son más exigentes y acuciosos los observadores nacionales? Pareciera que sí por el menosprecio con que han sido tratados por el CSE, excluyéndolos en las elecciones de 2008, en las caribeñas de 2010 y ahora de nuevo. De las tres organizaciones de observación nacional, Ética y Transparencia (EyT), viendo las condiciones impuestas por el Reglamento del CSE, anunció que no pediría acreditación. Hagamos Democracia solicitó la acreditación, pero le fue negada. A IPADE lo mantienen en capilla.

A pesar del rechazo y el menosprecio, las tres organizaciones nacionales han llamado a una votación masiva. “Para la bienandanza del proceso electoral y su precaria legitimidad, es indispensable una votación masiva y sin temores” (EyT). Y han anunciado que, con o sin permiso, están bien organizadas para que sus equipos de observadores estén presentes el día de los comicios. Mientras, toma cuerpo la campaña ciudadana de convertir a cada votante en un observador y también en un fiscal.

EL VOTO MÁS CRUCIAL

La intención del partido de gobierno no sólo de ganar el Ejecutivo, sino de arrasar para controlar el Legislativo, parece tener que ver con la exclusión de los observadores nacionales. Para lograr la mayoría parlamentaria es fundamental el voto por los diputados departamentales (72 del total de 90 que son electos el 6 de noviembre), resultados que son mucho más fáciles de “acomodar” porque el volumen de los votos es mucho menor y la alteración sería sobre menores porcentajes.

No sucede así en la votación presidencial, con un volumen de votos mayor -la población nacional-, aunque EyT ha advertido que bastaría alterar el 10% de los votos presidenciales para variar el resultado.

Las reducidas misiones internacionales difícilmente podrán estar presentes en los más de 150 municipios de los 16 departamentos a la hora de las votaciones, y especialmente, a la hora del conteo y de la transmisión de los resultados. Las organizaciones nacionales, más numerosas, y con experiencia en el terreno, sí están preparadas para hacerlo y son más capaces de detectar las irregularidades.

MÁS INTERROGANTES

Estos son algunos de los interrogantes de última hora. Van acompañados de algunos otros. Como éstos. ¿Será capaz el CSE de inhibir a Gadea o a sus diputados, como se ha rumorado insistentemente, o el rumor es sólo una táctica para confundir y alejar la posibilidad de la polarización de último minuto?

¿Los inhibirá después de las elecciones, según quede la composición del Legislativo, para favorecer a la bancada parlamentaria que logre el FSLN? ¿Cómo calcular la población votante que se quedará sin participar porque, a pesar de todos los compromisos, reclamos, tranques y protestas, no recibió su cédula de identidad?

En el plan de victoria electoral arrasadora, ¿qué papel le ha asignado el partido de gobierno a la red informática en la transmisión de datos? ¿Y cómo aprovecharán las tecnologías de la comunicación los observadores nacionales no acreditados, que han prometido estar presentes en todo el país para garantizar la transparencia del conteo y, por tanto, vigilar la transmisión?

¿Quiénes serán seleccionados para “policías electorales” por el CSE? ¿Cómo podrán trabajar los fiscales de la oposición en las mesas controladas por el partido de gobierno? ¿Recibirán actas certificadas con los resultados y podrán conservarlas, siendo las actas la única prueba para denunciar anomalías? Finalmente, ¿habrá violencia en la jornada electoral, la habrá el día después?

LOS CUATRO
REQUISITOS MÍNIMOS

Al presentar el 4 de octubre su tercer informe sobre el proceso electoral, EyT -capítulo nicaragüense del organismo Transparencia Internacional- afirmó que había “condiciones mínimas” para votar y detalló los “requisitos mínimos” que demanda un proceso creíble, aun con todas las anomalías que han precedido éste y que EyT no ha dejado de señalar.

Son cuatro esos requisitos. Conteo de votos en presencia de fiscales de todos los partidos. Entrega de copias fieles de las actas de escrutinio a todos los fiscales de todos los partidos. Publicación inmediata de los resultados del escrutinio en la pared exterior de cada junta receptora de votos con acceso y libertad de la población para verlos. Y publicación en tiempo razonable por el CSE del 100% de los resultados junta por junta.

SEÑALES DE “ÁNGELES”

Hace dos meses y en estas mismas páginas recordábamos lo que un alto ex-funcionario del gobierno del FSLN dijo hace años: la estrategia de retorno al gobierno de Daniel Ortega requería de neutralizar a los tres “ángeles” que le cerraban las puertas de regreso al “paraíso” del poder: el gran capital nacional, el gobierno de Estados Unidos y la jerarquía de la iglesia católica.

En los últimos días estos tres “ángeles” -que envainaron sus “espadas” en 2006 legitimando el triunfo de Ortega- han dado señales de estar alerta ante lo que ocurra en los comicios.

En el gobierno de Estados Unidos las cosas no son como en 2006. El clima en el Norte ha cambiado hacia Nicaragua. Los senadores cubano-americanos Bob Menéndez y Marco Rubio vetaron al embajador nombrado por Obama para la sede de Managua por su insuficiente trabajo en Cuba. Y el núcleo duro del Senado ya ha sido alertado por ellos sobre “las maquinaciones electorales” de Ortega. También en la Cámara de Representantes se ha debatido sobre la “interferencia y resistencia” que los países del ALBA ponen a los procesos democráticos.

EL “ÁNGEL” DEL NORTE

En ese cambio de clima, la embajada de Estados Unidos en Managua solicitó tener una misión de observación electoral y pidió que se acreditara a los organismos nacionales de observación. Lo mismo que había solicitado el Centro Carter.

El cuestionado presidente del CSE, Roberto Rivas, calificó la solicitud como “injerencia” y “falta de respeto”. Y comentó irrespetuosamente que “mejor ya mandaran otro William Walker a declararse Presidente de Nicaragua”. Sin responderle, el mensaje que han enviado al partido de gobierno los funcionarios estadounidenses ha sido reiterado y claro: la elección debe ser transparente.

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, en su visita a Nicaragua para conseguir la acreditación de sus observadores, demostró estar plenamente informado de las irregularidades con las que ha transcurrido el proceso electoral. La OEA se juega su prestigio si respalda un fraude o alguna maniobra que se le parezca. Y el partido de gobierno se juega su legitimidad si la lleva a cabo. No hay duda de que lo que “observe” la misión de la OEA podría convertirse en una espada de doble filo para el partido de gobierno, conociendo la influencia determinante que tiene el gobierno de Estados Unidos tanto sobre Insulza como sobre el organismo hemisférico.

Así que, aunque el “ángel del Norte” no ha desenvainado aún su espada, ya ha empezado a dar señales de estarla afilando. Si la alza provocaría una reacción en cadena: cualquier cambio importante en las relaciones de Estados Unidos con Nicaragua repercutirá en las relaciones del FMI y del BID -principal fuente de financiamiento del gobierno de Ortega- y, en consecuencia, en las reacciones del segundo “ángel”: el gran capital nacional.

EL “ÁNGEL” EMPRESARIAL

También dio inesperadas señales de alerta el “ángel” empresarial. Hasta ahora la gran empresa privada se ha caracterizado por contribuir activamente a hacer eco al discurso del equipo económico de Ortega, alabando la estabilidad macroeconómica, el incremento de las exportaciones y la recuperación económica, a pesar de la crisis internacional.

Sin dejar de reconocer todo esto, llamó poderosamente la atención el mensaje enviado al gobierno por José Antonio Baltodano, representante de uno de los tres grupos del gran capital nicaragüense en la reunión organizada por FUNIDES (Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social), de la que es su director ejecutivo. Baltodano analizó con preocupación la situación política nacional por la crisis de institucionalidad. Y al igual que lo hiciera en el pasado agosto, en el Foro de Inversiones “Crezcamos Juntos”, esta vez con mucha más fuerza, señaló en su discurso como “primera prioridad” para la economía “fortalecer la institucionalidad y el estado de derecho”.

QUEREMOS
ELECCIONES “CREÍBLES”

“Nuestras instituciones son deficientes y frágiles y la población percibe que están subordinadas al poder, en vez de que el poder esté subordinado a ellas”, dijo Baltodano. Se debe -afirmó también- “restaurar el equilibrio de los poderes y su ejercicio por funcionarios idóneos para que el régimen republicano funcione”. También se refirió a la necesidad de “restaurar la credibilidad del proceso electoral”, evitando “que se continúe erosionando su marco legal”. También se refirió a “mejorar la calidad de la justicia propiciando su independencia”. Según FUNI¬DES, el 85.5% de las 62 empresas más grandes del país afirman que la justicia nicaragüense no es “confiable”.

Baltodano se refirió también a las consecuencias económicas que tuvieron las “no creíbles” elecciones municipales de 2008, advirtiendo sobre las que tendría para la economía nacional que el 6 de noviembre asistiéramos a hechos similares. “El proceso electoral tiene que ser transparente, tiene que respetarse el voto individual y tiene que ser creíble nacional e internacionalmente”. Baltodano comentó en una entrevista posterior que lo que él había dicho abierta y públicamente lo respaldaban “en silencio” sus colegas del empresariado nacional. Así que el segundo “ángel” ha advertido que tiene guardada una espada.

EL TERCER “ÁNGEL”

La jerarquía de la iglesia católica es el tercer “ángel” que el Partido de gobierno ha trabajado más directamente para neutralizarlo. Tal vez su error en ese “trabajo” ha sido aplicar las mismas tácticas que aplica a sus oponentes políticos. Trata de dividir para vencer y trata de comprar para callar. Pero eso no siempre resulta.

Hay que recordar que en noviembre de 2008 fue la Conferencia Episcopal de Nicaragua el primer sector nacional que, en un lenguaje inusualmente directo, denunció las irregularidades de las elecciones, basándose para afirmarlo en el testimonio de primera mano de su amplia base social. Y que fue en el contexto de las tensiones generadas por el fraude que, sólo unos meses después, en abril de 2009, el Vaticano nombró como obispo auxiliar de Managua a Silvio Báez. El Frente Sandinista nunca tuvo la ocasión de lidiar con una personalidad eclesiástica del talante y el talento del obispo Báez.

NUEVAS LLAMAS CATÓLICAS

En julio, en vísperas de la celebración de un nuevo aniversario de la Revolución, se produjo un importante desencuentro entre Báez y el partido de gobierno por declaraciones del obispo sobre la manipulación que hace el gobierno de los símbolos religiosos. Aquella chispa anunciaba incendio. Parecía todo calmo, cuando apenas un mes después, el asesinato, con crueldad y saña, del párroco de La Concepción, Marlon Pupiro, vino a demostrar que las llamas estaban vivas. La jerarquía de la iglesia católica -obispos y párrocos- están más que dolidos por los absurdos resultados presentados por la Policía Nacional en la investigación de este crimen. Creen que se encubre a autores intelectuales que podrían haber tenido motivaciones políticas para matarlo. Y mientras crece el reclamo sostenido de la jerarquía y de la feligresía de la parroquia de Pupiro porque se conozca la verdad y se haga justicia en este turbio caso, otros párrocos comenzaron a hablar, informando que están siendo hostigados y amenazados y muchos vigilados cuando celebran misa para tomar nota de lo que predican en sus homilías. Una realidad que evoca la persecución y hostigamiento que sufrieron sacerdotes y parroquias en los años 80.

Esta delicada situación fue precedida por las críticas de obispos y párrocos contra el Poder Electoral por no entregar en tiempo y forma sus cédulas de identidad a sectores de población que no comulgan con el gobierno. Así, este conflictivo prólogo pre-electoral, incrementado por la tirantez provocada por el caso Pupiro, coloca al gobierno en una situación precaria si cayera en la tentación de no actuar con total transparencia el día de los comicios. El “ángel” católico esta listo para volver a hablar.

HACIA EL DÍA D

Cargados de todas estas preguntas y temores y alertas a todas estas señales, que probablemente se incrementarán hasta que llegue el día D, nos preparamos para analizar lo que ocurra en esa jornada.

(EL ANÁLISIS DEL ACONTECIMIENTO
DEL 6 DE NOVIEMBRE RETRASARÁ LA SALIDA DE LA PRÓXIMA REVISTA, QUE POR RAZONES DE CALENDARIO CUBRIRÁ DOS MESES, NOVIEMBRE Y DICIEMBRE).

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