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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 227 | Enero 2001
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Nicaragua

El guión de la película electoral

La sala está muy oscura. El guión de la película cambia, se repite, avanza, retrocede... El final no está aún definido. Puede ser trágico, podría ser más abierto...

Equipo Nitlápan-Envío

Como si la historia quisiera volver a repetirse, protagonizan hoy la escena política nicaragüense personajes de un pasado que aún no queda atrás: el líder empresarial antisandinista Enrique Bolaños, el ex-Presidente y líder del FSLN Daniel Ortega, la candidata de la UNO y ex-Presidenta de Nicaragua Violeta de Chamorro. Para completar el guión, al Norte, al frente de la potencia estadounidense, George Bush junior.
Aunque los nombres del reparto son los mismos, la similitud del film es sólo aparente. La historia nunca se repite. Aun con este casting, la película del 2001 es completamente diferente a la de los años 80 y 90. Entre otras cosas porque el país está hoy más poblado, está más empobrecido y está más cansado. El final de la película electoral podría agravar pobrezas y cansancios, podría ser incluso trágico. También podría, sin caer en ilusos happy ends, ser un final más abierto. En este dilema está, nada más y nada menos, el desafío de este año electoral, el primero del nuevo milenio.

DICIEMBRE ARDIENTE

Desde el día siguiente de las elecciones municipales, la agitación de la clase política en torno a las alianzas
-naturales y contra natura- para participar en las próximas elecciones, en el cerradísimo marco legal armado por el pacto libero-sandinista, fue febril y cambiante. El más politizado diciembre de la historia del país fue tal vez el del año 2000. Ni las fiestas de la Purísima ni las de Navidad ni las de la despedida del año lograron detener o siquiera reducir las reuniones de todo tipo -abiertas y encubiertas, formales e informales, prudentes y atolondradas- de prácticamente todos los personajes de la clase política, reuniones destinadas a dejar “rayado el cuadro” de las elecciones presidenciales de noviembre 2001 cuanto antes. No hubo un minuto de sosiego entre el fin de unas elecciones, las municipales, y el inicio de la preparación de las siguientes, las presidenciales.

MEDIDAS EXTREMAS

Los resultados de las elecciones municipales, aunque favorables cualitativamente al FSLN, pueden resumirse en “un gran empate técnico”. Cifras tan ajustadas, y la exhibición de organización y eficacia demostradas por los “comandos electorales”, del FSLN, tanto durante las votaciones como durante el conteo y las presiones callejeras para exigir los resultados oficiales, aterrorizaron al gran capital nicaragüense y a un sector del empresariado y alarmaron a Alemán y al PLC, que analizaron los resultados municipales como un anuncio del retorno al gobierno del FSLN y de Daniel Ortega y su círculo de poder. Aunque grandes empresarios y políticos liberales saben que ese retorno no significará ningún cambio “revolucionario” en ningún terreno, quieren evitarse a toda costa las incertidumbres y riesgos que ese regreso al poder representaría para sus intereses, no siempre coincidentes. En defensa de esos intereses, y por si acaso, comenzaron a prepararse ante la eventualidad. La primera medida fue moderar notablemente las primeras declaraciones alarmistamente antisandinistas con que comentaron los resultados electorales. La segunda fue una medida extrema: el pacto Pellas-Alemán, acordado en diciembre.

PELIGRO INMINENTE

El PLC obtuvo una ligera victoria cuantitativa en las elecciones, por el mayor número de votos que captó en las zonas rurales. Pero esa ventaja no le permite dormirse en ningún laurel. Tras dos semanas de estarse resistiendo a aceptar esta realidad, los liberales tuvieron que admitir que, en materia electoral, el pacto Ortega-Alemán funcionó exclusivamente a favor de Ortega. Los sandinistas demostraron más pericia y más malicia en todo el proceso. Los directivos del PLC reconocieron sus debilidades: no seleccionaron bien a sus fiscales, no los capacitaron, se creyeron sus propias encuestas... Les sobró triunfalismo y les faltó organización.
En el FSLN sobreabundó la organización y, como ya anunciaron que sus 18 mil “comandos electorales” serán ahora 30 mil, este poderoso “ejército” sigue alimentando su triunfalismo. Aunque jamás podrá probarse, no hay que descartar que la organización exhibida por el FSLN incluyó mecanismos que garantizaban anomalías, y anomalías que garantizaban resultados favorables. Todos estos “controles” han quedado ya “instalados” por el FSLN para las próximas elecciones.

EL MIEDO ADENTRO

La derrota electoral municipal debilitó sensiblemente a Arnoldo Alemán, tanto en el gobierno como en el partido. Su acariciado sueño de sustituir las elecciones presidenciales por elecciones para una Asamblea Constituyente -paréntesis que le iba a permitir una reelección más pronta-, se le hizo humo entre las manos. Con tantos ases sobre la mesa, nada ganaba el FSLN haciéndose cómplice del sueño del Presidente Alemán.
Pero el Presidente se recompuso hábil y rápidamente. Se concentró en asegurarse el control del PLC, para que el “golpe” electoral y la marea de críticas contra el pacto con el FSLN que se levantó tras las elecciones no lograra erosionar su liderazgo más allá de lo debido. El antisandinismo volvió a funcionar como cemento cohesionador. El PLC entendió que sólo un pacto electoral con el Partido Conservador (PC) y un pacto político-económico con el capital conservador le podría asegurar una victoria en primera vuelta en unas presidenciales con resultados previsiblemente muy reñidos. La falta de identidad del PC, su historia -marcada por hitos pactistas- y el terror que la demostración de poder del FSLN produjo en un sector del empresariado nicaragüense, especialmente en el gran capital -el capital de la familia Pellas-, que sostiene financieramente al Partido Conservador, facilitó el nuevo pacto.

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

El Partido Conservador tuvo un desempeño poco exitoso en las elecciones municipales. En relación a los resultados que obtuvo en las elecciones de 1996 quedó bastante bien, pero las desmesuradas expectativas que tuvieron tantos sectores nacionales e internacionales -alimentadas por la mayoría de medios de comunicación- de que los conservadores captarían el caudal de los votos de ese “centro” mayoritario de la población que repudia el pacto FSLN-PLC y está hastiado de los caudillos y de su impunidad y corrupción, no se cumplieron en absoluto.
En los resultados obtenidos por los conservadores se revelaron los límites de su elitismo. Los verdes no fueron ni vistos ni sentidos por el electorado ansioso de una alternativa como “tercera vía”. Tampoco ellos quisieron serlo. No en balde fueron sus dirigentes quienes liquidaron la opción de tercera vía ya constituida. La inconformidad de quienes simpatizan con una tercera vía se expresó en la abstención.

EL PODER DE UNO

La participación de los conservadores contribuyó a restar votos a los liberales y favoreció al FSLN. Por eso, los magistrados sandinistas le dieron el pase a los conservadores a la boleta electoral, violentando las expectativas de Alemán. No hay que tener mucha imaginación para adivinar un desempeño similar de los conservadores en las elecciones presidenciales: resultados modestos que les garantizarían varios escaños en la Asamblea Nacional, pero que restarían votos al PLC favoreciendo al FSLN.
Aunque los conservadores tienen una casilla en la boleta electoral, no tienen un candidato que pueda competir de igual a igual con sandinistas y liberales y les asegure la victoria. Pedro Solórzano fue inhibido de forma burda para que compitiera -y muy probablemente ganara- la Alcaldía de Managua, y era obvio que, de presentarse como candidato presidencial, sería también inhibido. En este caso, ya estaba el terreno judicial preparado para esa inhibición, con un caso de tráfico de influencias ya abierto por el gobierno contra Solórzano.
Fuera de Pedro Solórzano, no existe entre los conservadores ningún candidato que tenga alguna probabilidad de victoria. Los conservadores que abogan por una gran alianza antisandinista uniéndose al PLC tienen este dato como uno de los que más les inclina la balanza de sus cálculos hacia el pacto con Alemán.

LA ARITMÉTICA DEL DIABLO

En este contexto, movido por el miedo y por un crudo pragmatismo -ni correr ningún riesgo con el FSLN, ni gastar ni un centavo más en el PC, partido sin bases, sin organización, y con un único candidato inhibible-, Carlos Pellas se acercó en diciembre al Presidente Alemán para empezar a armar una alianza electoral PC-PLC que no sólo impida el regreso del FSLN al gobierno, sino que garantice un gobierno menos ostentosamente corrupto que el que ha dirigido Arnoldo Alemán.
Desde antes de las elecciones municipales, el poderoso empresario había expresado públicamente y en varias ocasiones que estaba decidido a participar activa y abiertamente en política respaldando al PC. Al hacerse oficiales los resultados electorales, pasó a la acción, que transformó en omisión: el “respaldo” consistió en cortarle todo apoyo financiero al PC para forzar a sus directivos a aceptar una alianza con Alemán.

La alianza PC-PLC fue un fundido en negro brusco en el guión de la película electoral, y contribuyó a modificar aceleradamente decisiones en todos los partidos. Decepcionó a la opinión pública y dividió a los conservadores, cuyas figuras más visibles habían argumentado hasta las vísperas con “la raya” que los separaba del pacto y la corrupción. Pero el que tiene plata es el que platica. Y hasta hoy, “la plata” de la familia Pellas es la más añeja, la más sólida y la más abundante de Nicaragua.

CAUSA JUSTA

Existe una conciencia generalizada, en el país y en la comunidad internacional, de rechazo y estupor ante los niveles de corrupción de los que ha hecho ostentación el gobierno de Arnoldo Alemán. La “gestión mafiosa” del Estado que ha caracterizado al gobierno alemanista está ya plenamente identificada, y existe un amplio consenso de que Nicaragua no podría aguantar otro período de un gobierno de esta calaña. El gobierno de los Estados Unidos, el saliente y el entrante, comparten este consenso.
El sector empresarial y político conservador que está a favor de una alianza con el PLC le puso a Alemán algunas condiciones. Las más visibles, las relacionadas con una “limpieza”, en el partido y en las candidaturas, de aquellos de sus amigos más caracterizados en escandalosos casos de corrupción. Alemán tenía que aceptarlo. Necesita de la alianza con los verdes. Después de haber pasado meses insultando a varios dirigentes conservadores, clamó por esta alianza en varios actos públicos, argumentando siempre con la unión del voto democrático para impedir el regreso de la noche oscura, el regreso del FSLN al gobierno.

En el partido de gobierno también ha ido creciendo la conciencia del daño causado al PLC por los funcionarios corruptos del círculo más íntimo de Alemán. Esa conciencia ha generado disidencias, la más significativa la del fundador del PLC y ex-Ministro José Antonio Alvarado.
A cambio de unirse en una misma cruzada antisandinista para vencer a Daniel Ortega, Alemán le ha asegurado a Pellas no sólo una cierta depuración, sino también los cargos del gabinete económico en un nuevo gobierno liberal. Esto le garantizaría al gran capital una política económica con reglas claras y con menores cuotas de discrecionalidad.

JUEGO DE PATRIOTAS

A pesar de estas correcciones -menos corruptos en el poder y menos corrupción en el gobierno-, los sectores del Partido Conservador que rechazan la alianza con el PLC argumentan que lo que pretende Alemán es dividir y destruir al PC, que perdería toda credibilidad al aliarse con el partido que firmó el pacto y con el hombre que ha conducido el gobierno más corrupto de la historia del país, lo que le haría recuperar su histórica imagen de partido “zancudo”.
Quienes adversaron la alianza PC-PLC propusieron dos alternativas. La primera, ir solos -plan de Noel Vidaurre, muy frágil por carecer de dinero, de suficiente popularidad y por estar expuesto a ser eliminado por el Consejo Supremo Electoral (CSE)-. Y la segunda, hacer de la casilla conservadora en la boleta electoral una “casilla universal”, el espacio de una Gran Alianza -antipacto y anticorrupción- que cobije, junto a los conservadores, a liberales y a sandinistas disidentes y a toda la gama de pequeños partidos que fueron eliminados de la arena política por una Ley Electoral que busca forzar el bipartidismo. En esta secuencia del guión electoral, entró a escena, con gran dominio de la situación, doña Violeta Barrios de Chamorro.

MISERIA

El pacto Pellas-Alemán no significa que el pacto FSLN-PLC deje de funcionar o haya desaparecido. Su esencia, la exclusión, sigue siendo necesaria para danielistas y alemanistas hasta que en noviembre midan de nuevo fuerzas en las urnas. La esencia del pacto, la bipartidización de los poderes e instituciones del Estado, es un hecho consumado que tiene lamentables y diarias expresiones en resoluciones aberrantes de la Corte Suprema de Justicia, en claras omisiones de la Contraloría General de la República, en inercias del Poder Legislativo.
La institucionalidad ha sido destruida por el pacto. Ninguna institución ha quedado a salvo del virus pactista, y en ninguno de los finales que tenga la película electoral será fácil recuperarlas de esta enfermedad.

EL FILO DE LA NAVAJA

Ya en marcha el pacto Pellas-Alemán, el pacto Ortega-Alemán volvió a actuar a través del Consejo Supremo Electoral (CSE) a inicios de enero para negar personalidad jurídica y eliminar de la contienda presidencial al Movimiento de Unidad Nacional (MUN) liderado por el ex-Jefe del Ejército, el sandinista Joaquín Cuadra. Alegando formalidades no cumplidas, y tras postergar durante casi dos meses esta decisión
-eminentemente política, aunque fue revestida de “apego a la ley”-, los tres magistrados del FSLN en el CSE y uno de los magistrados del PLC votaron por cancelar esta opción “de tercera vía”.
Según denunció Cuadra ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), la exclusión del MUN tendría ya una contraparte pactada: excluir, más adelante, a los conservadores de los comicios presidenciales, no avalando las firmas que tendrán que presentar como requisito legal para inscribir a sus candidatos, si el sector que se opone al pacto PC-PLC se presenta como opción independiente.
Si la exclusión del MUN conviene al FSLN, la del PC le conviene al PLC. Y la del PC le convendría tanto al PLC como al FSLN si la casilla verde se transformara realmente en “universal” para agrupar una gran alianza antipacto. La exclusión de esta opción de tercera vía se le haría casi imposible al CSE si esa alianza la encabeza Violeta de Chamorro, por el respaldo con que cuenta en la comunidad internacional. Es obvio que las elecciones presidenciales nicaragüenses estarán mucho más expuestas a la presión y a la observación internacionales que lo que lo estuvieron las municipales. Aunque también es obvio que la observación internacional no podrá captar los procedimientos fraudulentos ya instalados en los mecanismos electorales y que, por su mejor organización, favorecen al FSLN.

SENSATEZ Y SENTIMIENTOS

Aunque con dificultades y resistencias, Alemán entendió que es absolutamente necesario mejorar la imagen de su partido en materia de corrupción -no en materia de democracia- para que el horizonte electoral no le sea tan adverso y para garantizar la alianza con la derecha empresarial conservadora.
El PLC fue el primer bloque político en definir, en enero, su fórmula presidencial. Antes de que apareciera en el horizonte la alianza Pellas-Alemán, el candidato presidencial ungido por Alemán para sucederle era Iván Escobar Fornos, Presidente del Poder Legislativo desde 1997, cargo en el que dio diarias pruebas de total docilidad a cualquier decisión del titular del Ejecutivo.
La alianza con los conservadores forzó a Alemán a cambiar de candidato: sería el Vicepresidente Enrique Bolaños. Aunque Bolaños es un candidato anciano y poco atractivo para un país de jóvenes -quienes deciden las elecciones- y cansado de confrontaciones, y aunque es un conservador que milita en el PLC desde hace apenas un año, resultaba el candidato ideal para la nueva etapa del alemanismo: ideal para captar a un buen sector de empresarios tradicionales que siguen considerando a Bolaños intachable, ideal por eso para satisfacer al capital conservador y para lavar imagen ante la comunidad internacional, ideal también para que el siempre cargado y provocador lenguaje del “Churruco” enrede al electorado en la trampa de un antisandinismo, obsoleto por fundamentalista.

NO SE LO DIGAS A NADIE

Bolaños luchó por ser el candidato presidencial de la UNO y desafiar a Daniel Ortega en 1990 y no lo logró, al ser derrotado por Violeta de Chamorro. Desde entonces, no ha dejado de soñar con la silla presidencial. Ese sueño lo domina. Hoy se le realizan las vísperas. La arrogancia implícita en la euforia que refleja Bolaños desde que fue nominado podría actuar en su contra, reduciendo su atractivo entre un electorado que, evidentemente, no está mayoritariamente conformado por empresarios antisandinistas y canosos.
Aunque Bolaños no es un incondicional de Alemán y aunque su antisandinismo no tiene nada que ver con el antisandinismo del Presidente
-plagado de caprichos, veleidades y pactos-, los inexplicables silencios de Bolaños ante la corrupción presidencial, y el nulo papel que desempeñó la Comisión de Integridad que presidió, son anuncios de que, con él, Alemán se garantiza lo que más le interesa en esta nueva etapa, en la que se concentrará en su reelección en el año 2006: impunidad para su capital malhabido.
La fórmula presidencial del PLC se completó con la candidatura de José Rizo para la Vicepresidencia. Rizo, empresario cafetalero del Norte, tiene gran experiencia en organización partidaria, cuenta con un sólido apoyo entre las bases liberales, y tiene una concepción más moderna de la política. Tras la expulsión de Alvarado del PLC, no dejó de externar sutiles posiciones críticas al caudillismo alemanista y a su gestión.

La realidad de un Alemán cuestionado tras los resultados municipales, y de un PLC cada vez más hastiado de su caudillaje, creó la correlación de fuerzas necesaria para que Alemán renunciara al “dedazo” y permitiera que los convencionales del PLC nominaran la fórmula presidencial por medio del voto secreto y por esto, que Rizo se alzara con la candidatura. Alemán equilibró esta concesión garantizándose dos semanas después el control del partido, en una convención donde el voto ya no fue secreto y en la que impuso la “plancha” de todos los cargos de dirección del PLC. Esta doble actuación -abrir algo en la fórmula presidencial, cerrarlo todo en la dirección del partido- sirve de indicador sobre cuáles son las prioridades del Presidente saliente.

MAS ALLÁ DE UNA OBSESIÓN

Arnoldo Alemán tuvo que renunciar a la Constituyente y aceptar una fórmula presidencial que no era exactamente la que había planeado. Tuvo también que maquillar el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PLC retirando de cargos directivos a amigos muy cercanos por su vinculación a notorios actos de corrupción -Byron Jerez, Edgard Quintana-, pero conservó a otros -René Herrera, Martín Aguado- y configuró una directiva partidaria mayoritariamente leal a su liderazgo.
En enero del 2002, Alemán saldrá de la casa presidencial para ocupar un escaño de diputado -blindado con inmunidad- en la Asamblea Nacional, insólito privilegio que el FSLN le regaló en el pacto. En la Asamblea, Alemán será seguramente el jefe de la bancada de los diputados liberales. A estos diputados los eligirá el CEN de un partido que continúa dominando caudillistamente.
Aunque Bolaños, si es electo Presidente, quiera o deba separarse algo en el Ejecutivo de la sombra de Alemán, Alemán seguirá teniendo un gran poder en su partido, en el Legislativo y en el país, espacios desde los que irá preparando su reelección para el año 2006.

LA HISTORIA INTERMINABLE

Las elecciones de noviembre parecen querer rebobinar la película política y repetir un escenario polarizado entre antisandinismo y sandinismo, comicios en los que se convocará a votar “contra” alguien y no “a favor” de algo. En una esquina del ring estará Enrique Bolaños, confiscado en los 80, indemnizado cuantiosamente en los 90, que ha interpretado con un muy ideologizado discurso descalificador y sin matices la revolución de 1979, y que ha lanzado varias veces la irresponsable iniciativa de disolver el Ejército de Nicaragua, sólo por su origen sandinista. En la otra esquina del ring estará Daniel Ortega, símbolo de todo lo que tan ardientemente viene confrontando Bolaños desde hace dos décadas. Como en una historia interminable, la sociedad se verá acosada por los ya obsoletos argumentos que saturaron los años de la guerra.
El triunfalismo con el que el FSLN interpretó sus victorias cualitativas en las elecciones municipales -especialmente la de Managua, la más significativa-, impulsaron a Daniel Ortega a lanzar su candidatura presidencial sólo doce horas después de conocerse los resultados en la capital. A partir de ese momento, los medios de comunicación, escritos, hablados y televisados, asistieron a un intenso debate que duró más de dos meses sobre la conveniencia o no de una cuarta candidatura de Ortega para Presidente.

EL INTOCABLE

Desde el sandinismo -el que aún permanece en el FSLN, y el mayoritario, el que está fuera, disperso y confundido- se cuestionó a fondo la candidatura de Daniel Ortega, por ser potencialmente perdedora. Resultó lamentable que, con muy pocas excepciones, tantas voces críticas del sandinismo no se atrevieran a ir más a fondo para cuestionar no sólo la candidatura de Daniel Ortega sino también su liderazgo dentro del partido, por su probado autoritarismo antidemocrático, por su falta de escrúpulos y por el turbio expediente de su ética privada. Cuestionarlo como candidato, a la par que se le sigue ensalzando como el “incuestionable líder” del FSLN sólo contribuye a incrementar el poder del que abusa impunemente y a restarle credibilidad y espacios al sandinismo.

El debate sobre la fórmula presidencial lo decidió dirimir el FSLN en una “consulta popular” -especie de primarias- entre militantes, simpatizantes y ciudadanos, similar a la celebrada en 1990. La consulta seleccionaría al candidato presidencial del FSLN y a los candidatos a diputados. Dentro del FSLN surgieron dos candidaturas alternativas para la Presidencia de la República: la del economista Alejandro Martínez Cuenca, ex-Ministro de Planificación en el gobierno sandinista; y la de Víctor Hugo Tinoco, diputado, miembro de la Dirección Nacional del FSLN, con larga trayectoria en la lucha antisomocista y amplia experiencia en relaciones internacionales durante los años 80.

EL ABOGADO DEL DIABLO

A mediados de diciembre, la voz más poderosa económicamente en el FSLN, la del ex-Jefe del Ejército Humberto Ortega, entró al debate sobre el candidato presidencial que convenía al FSLN. En carta abierta ampliamente difundida, Humberto cuestionó la candidatura de su hermano Daniel, por el riesgo real que tiene de ser derrotado por una derecha antisandinista unificada por el temor a la probabilidad del regreso del FSLN al gobierno. Humberto descalificó también la candidatura de Tinoco y calló sobre la de Martínez Cuenca.
La contradicción entre los dos hermanos no fue un simulacro, como algunos afirmaron, y desató muy sordas luchas de poder dentro de las estructuras del FSLN. Para Humberto está claro que una derrota electoral de Daniel no sólo afectaría al danielismo -que hoy mantiene secuestrado al FSLN-, sino al orteguismo, un concepto político-económico más amplio. A los intereses de Humberto Ortega le conviene indistintamente una victoria o una derrota del FSLN, pero sólo si quien pierde no es su hermano.

CONTRA VIENTO Y MAREA

Es evidente que la candidatura de Daniel Ortega polariza a la sociedad nicaragüense, a la vez que contribuye a unificar a las fuerzas de derecha y a dividir a las de izquierda. Sólo para entender algo, y sólo para entender ese algo relativamente, utilizamos los términos izquierda y derecha. Estamos conscientes que en Nicaragua cada vez confunden más cosas y a más gente.
Daniel es nuestro candidato, se cansó de repetir desafiante y burlesco Arnoldo Alemán. A pesar de esto, y contra el viento y la marea de la sociedad, del sandinismo y de sectores del danielismo y del orteguismo, Daniel Ortega impuso su candidatura. Para ello, su círculo de leales aceleró la fecha de la consulta al 21 de enero con el fin de cortar el debate y así limitar las posibilidades de las candidaturas alternativas. A la hora de la inscripción de candidatos a diputados, inhibió de participar a Mónica Baltodano, José González y Angela Ríos, tres de los cuatro diputados del FSLN que se opusieron, con votos y con declaraciones, a varios de los contenidos del pacto FSLN-PLC. La impugnación de sus candidaturas fue la primera señal de unos resultados previsibles.

En su campaña en Managua, Daniel Ortega hizo notoria exhibición de poder económico, con mantas, afiches, y sobre todo, con abundante y costosa propaganda en los medios. El día de la consulta popular hubo muchas irregularidades y anomalías, especialmente en la capital. El número de votantes que acudió a la consulta no cubrió las expectativas. A pesar del crecimiento poblacional, fue notablemente inferior al de quienes participaron en la consulta de 1996 y al de quienes se inscribieron como miembros del FSLN en 1994.

TODO SOBRE PERROS Y GATOS

Estaba claro que si Daniel Ortega competía, ganaba. Aun sin hacer trampas. Un buen sector de las bases sandinistas viven su pertenencia al sandinismo como una “religión” y esa perspectiva convierte al líder en un semi-dios que inspira temor y reclama fidelidad. Sin embargo, la consulta demostró que este pensamiento mágico va superándose: a pesar de todos los obstáculos, en Managua Tinoco y Martínez Cuenca captaron entre los dos la simpatía de un 45-55% de los votantes sandinistas. Esto, aunque no los hacía candidatos, sí cuestionaba significativamente la candidatura de Ortega.
Los resultados oficiales ocultaron esta realidad y dieron la victoria a Ortega con el 71.85% de los votos. En los votos para seleccionar candidatos a diputados sí hubo que hacer trucos. Y fueron mayores. Tras haber anunciado resultados oficiales del 97% de las urnas, las cifras finales fueron cambiadas, acomodándolas para que resultaran favorables a los candidatos leales al danielismo. Se perfila así una bancada de diputados del FSLN tanto o más danielista que la que ha tenido el FSLN en estos años.

NUNCA OLVIDES

Tinoco, Martínez Cuenca y muchos de los candidatos a diputados desplazados de posiciones ganadoras denunciaron la falta de transparencia de la consulta, responsabilizando por ello a las estructuras electorales del FSLN y al propio Daniel Ortega, que se limitó a achacar a debilidades del sistema lo ocurrido. El 25 de febrero, el Congre- so del FSLN -con congresistas dominados totalmente por el danielismo- ratifica todos los resultados de la cuestionada consulta. Y selecciona al candidato a la Vicepresidencia que acompañará a Daniel Ortega en la fórmula presidencial.

Las corrientes críticas del sandinismo que aún están en el FSLN, entre ellas la Izquierda del FSLN, están de nuevo ante un dilema. Resulta incoherente que dentro de unos meses trabajen entre las bases del FSLN buscando captar votos para candidatos que llegaron a serlo en una consulta que ellos mismos han calificado como “un insulto a la inteligencia”.

VOLVER A EMPEZAR

Al consagrar su candidatura en la Convención Liberal el 28 de enero, Enrique Bolaños anunció el nada democrático proyecto del PLC: alcanzar el “dos por uno” (doblar los votos del FSLN) para cambiar la Constitución y poder barrer de las instituciones a los del FSLN, entregándolas totalmente a los del PLC. De la dictadura bicéfala construida por el pacto a la dictadura de una sola cabeza dominada por un antisandinismo fanático. Después de la consulta, Daniel Ortega anunció también su proyecto, para el que requiere ganar en primera vuelta y con una sustancial mayoría: cambiar la Constitución para “volarle la cabeza” al modelo presidencialista y conducir al país a un parlamentarismo al estilo europeo. Desconociendo las reformas ya hechas en 1995 a la Constitución -que refuerzan el poder del Parlamento, pero que no se aplican porque los diputados son elegidos en “planchas” y no son independientes de los caudillos de sus parti-dos-, Ortega planteó una revolución cívica y democrática que el FSLN encabezará.
Si la película electoral sólo tiene estos dos posibles finales, su trama podría concluir en una tragedia. El final más aceptable de las elecciones presidenciales no puede ni debe ser grandioso -ninguna revolución, ninguna contrarrevolución-. El mejor de los finales sólo puede ser muy modesto: tan sólo un gobierno que comenzara a abrir los espacios que el pacto FSLN-PLC ha cerrado, en las instituciones, en las leyes, y también en las conciencias. Simplemente, volver a empezar...

AL RESCATE

Después de que Ortega y Alemán -con métodos antidemocráticos similares- impusieran un férreo control en sus partidos para mantener la correlación de fuerzas favorable a sus liderazgos y a sus listas de candidatos a diputados, quedaron para un tercer momento las decisiones de los conservadores.
Con el enorme privilegio que en medio del pacto excluyente significa tener una casilla en la boleta electoral, el PC contaba con la posibilidad de contribuir a otro final del film agrupando en su casilla a una alianza -tanto de centro-derecha como de centro-izquierda- para enfrentar el pacto y rescatar la institucionalidad con un programa caracterizado por la racionalidad y por la sensibilidad social, virtudes tan necesarias ambas en la Nicaragua de hoy. Para algunos, la única posibilidad de que esta opción sea potencialmente ganadora y no pueda ser eliminada por los magistrados pactistas que controlan el CSE es que la encabece doña Violeta Barrios de Chamorro.

UNA MUJER AUDAZ

Fue así, tras varios cortes y fundidos en negro, que doña Violeta volvió a aparecer en el guión. Como en 1990, como la poderosa madre que puede salvar al país de “padres” tan arteros y peligrosos, o simplemente como la más realista y menos mala de las salidas: una opción que significaría reagrupar a quienes disienten de la exclusión del pacto y se reúnen con espíritu nacionalista y pluralista para ir abriendo los candados que dos caudillos cerraron.

La participación de doña Violeta en la contienda electoral, aun cuando imaginativamente devuelve a la sociedad y al electorado a una película con escenarios ya vistos -el de la guerra de los 80 y el del desmantelamiento de los beneficios sociales de los años 90-, podría alterar sensiblemente el bipartidismo forzado por el pacto.
Con un equipo que fuera radicalmente diferente al de los “muchachos” tecnócratas que la acompañaron en los 90 -y que demostraron tanta insensibilidad social y tanta voracidad para asaltar el Estado-botín-, doña Violeta podría ganarle a Bolaños y a Ortega -incluso en primera vuelta- para después comenzar a remendar los destrozos causados a la institucionalidad por el pacto, recuperando algo de la tolerancia y la dignidad perdidas a raudales en estos años. Sería una oportunidad de volver a dar algo de luz “a este pueblo que ama tanto vivir.”

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