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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 351 | Junio 2011
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Internacional

2010-2030: El fin de un mundo

El 10 de mayo, cuando entregábamos a la imprenta el capítulo 5 de su extenso, comprometido y esclarecedor texto “El Antropoceno: la crisis ecológica se hace mundial”, moría en Madrid su autor, a los 64 años. En memoria de su lúcida inteligencia y de su sensible corazón, publicamos extractos del último libro que escribió –una advertencia sobre el fin “de un mundo”– y fragmentos de la Carta con la que se despidió de sus amigos al partir.

Ramón Fernández Durán

El “mundo de 2007” se ha acabado, ya no existe como tal ni volverá jamás. Es un “mundo” que se está deshaciendo poco a poco ante nuestros ojos, pero sin darnos cuenta. Estamos en un punto de inflexión histórica, en una bifurcación de enorme trascendencia de la que todavía no somos conscientes. O tan sólo mínimamente. Se están produciendo ya profundas mutaciones económicas, geopolíticas y culturales, muchas de ellas de carácter todavía subterráneo, que irrumpirán con fuerza en la superficie en las próximas dos décadas, pero que aún permanecen ocultas, sobre todo para los que no las quieren ver en la gran mayoría de las sociedades del mundo, condicionadas por los mensajes que les transmiten sus estructuras de poder y la Aldea Global.

En algunas sociedades las transformaciones están emergiendo ya con una fuerza inusitada -las revoluciones y rebeliones generalizadas en todo el mundo árabe, espacio de importancia estratégica mundial-, lo que ha hecho entrar en crisis profunda un orden petrificado durante más de 50 años, generando derivas y consecuencias imprevisibles.

EL FIN NO SERÁ TIPO PELÍCULA DE HOLLYWOOD,
SERÁ LENTO, IMPARABLE

Las fuerzas que van a sacar bruscamente las mutaciones a la luz y las van a intensificar aún más se están fraguando rápida e intensamente en la trastienda y no se han mostrado todavía de forma abierta e intensa, salvo para una exigua minoría social que las quiere ver. En un primer momento, esas fuerzas no son otras que el progresivo agotamiento de los combustibles fósiles o el principio del fin de la era de la energía barata. Después, aparecerán los límites ecológicos planetarios que frenarán el despliegue “sin fin” del actual Capitalismo Global y de la Civilización Industrial.

Son los límites, tanto de inputs (agotamiento de recursos), como de outputs (saturación y alteración de los sumideros) planetarios, los que están implicando una catástrofe ecológica sin precedentes en la Historia de la Humanidad, que se va sumando cada día con más fuerza a los desequilibrios internos y en ascenso, económicos y sociopolíticos, que genera el despliegue -y las crisis- de las fuerzas del capital a escala mundial. Van a ser los límites ecológicos -en concreto, el agotamiento de los recursos, y muy especialmente de los combustibles fósiles- los que sin duda van a poner fin a esta carrera desenfrenada.

Durante el período excepcional entre el derrumbe del Imperio Oriental del Socialismo Real (1989-91) y la crisis de Wall Street (2007-2008), pareció que el Imperio Occidental se consolidaba y ampliaba su alcance a escala mundial definitivamente, inaugurándose una especie de Vacaciones de la Historia, en un presente continuo. Un sistema industrial más ágil, high tech, flexible, consumista, “democrático” y glamoroso era capaz de imponerse y de engullir a otro sistema, más torpe, burocratizado, con escasez de bienes y servicios, fuertemente represivo y sobre todo gris.

El “fin de la historia”, lo denominó Fukuyama (1992), para caracterizar el triunfo planetario del Capitalismo Global de corte liberal-occidental. Pero todo fue un espejismo temporal propiciado por más de veinte años de energía barata, muy barata, por el período de coste energético más bajo de la historia, como resultado de la caída espectacular de los precios del petróleo desde los años 80, lo que también propició la incorporación clave de la China “comunista” al nuevo Capitalismo Global, reforzando la mundialización.

Sin la incorporación de China, nueva “fábrica del mundo” -y de fábricas en todas las periferias del Sur Global- y sin su inmensa, barata y superexplotada fuerza de trabajo, así como sin sus abundantes recursos de todo tipo, el nuevo Capitalismo Global no hubiera sido factible. Tampoco sin la nueva y cuantiosa mano de obra inmigrante barata que se trasladó desde la Periferia a los países centrales, y a otros centros emergentes del Sur Global. Todo esto permitió también destruir el poder obrero en los espacios centrales y conquistar el alma humana por la Sociedad de Consumo y la Aldea Global.

La crisis financiera mundial con epicentro en Wall Street vino a mostrarnos que todo era más bien un simulacro pasajero, por su consistencia evanescente, aunque con tremendos impactos reales. Podemos decir que la crisis de Wall Street está siendo para el Capitalismo Global lo que la Caída del Muro de Berlín fue para el Socialismo Real. Ha sido la chispa que ha activado una dinámica de crisis global multidimensional y creciente y un dispar desmoronamiento societario, lo que se venía incubando ya desde hacía años, al menos desde inicios del nuevo milenio. La quiebra del Capitalismo Global y el consiguiente colapso progresivo de la Civilización Industrial no será un proceso repentino, tipo Hollywood. Será un lento proceso, con altibajos, pero también con importantes rupturas, que ya se han iniciado y que será imparable.

EL FIN DEL YO
Y EL REGRESO AL NOSOTROS PARA SOBREVIVIR

En los últimos 30 años, el desarrollo imparable de la Sociedad de Consumo, de la Sociedad de la Imagen, de la Comunicación y del Entretenimiento ha implicado un salto abismal en las dinámicas de individualización social, que se suma a otros ya dados en la historia, pero que los desborda con creces. En los espacios centrales altamente urbanizados se han configurado nuevas Sociedades de Masas multiculturales, altamente desestructuradas, de un individualismo intenso, afincadas en el hedonismo insolidario, y en las que las pocas estructuras comunitarias reales que permanecen se dan principalmente, en el seno de algunas colectividades étnicas y de inmigrantes.

Son unas Sociedades de Masas muy distintas de las existentes a principios del siglo 20 en los países industrializados. Aquellas eran altamente combativas y en general sustancialmente homogéneas -étnicamente hablando-. En ellas, el Yo se encontraba en gran medida diluido en un Nosotros potente y antagonista, protagonista de la lucha de clases.

Ahora, el paisaje social es muy diferente, más o menos conflictivo internamente, pero no antagonista en términos de clase, con un derrumbe moral generalizado y sin precedentes, y en el que las cosas no van a peor porque todavía subsisten, a pesar de todo, estructuras de apoyo mutuo y cuidado, especialmente las de la familia nuclear en crisis, y las de las mujeres, las estructuras comunitarias y algunos otros lazos sociales y puentes intercomunitarios, algunos promovidos desde el Estado, en muchos casos a través de ONG. Todos estas estructuras hacen que la situación no degenere aún más y derive en una posible guerra de todos contra todos.

Pero la quiebra del Capitalismo Global, que ya se ha iniciado, aunque todavía tenga un carácter subterráneo, traerá cambios trascendentales en las dinámicas sociales que se han dado en los últimos 30 años. Cuando esta quiebra se profundice en las próximas dos décadas asistiremos a un agotamiento de la expansión hasta ahora irrefrenable del Yo, pues cada vez más la comunidad, el Nosotros, y no el individuo, será la unidad básica de supervivencia.

Esta dinámica puede llegar a ser impulsada -lo está siendo ya en algunos casos- por los propios Estados y estructuras de poder, como una forma de segmentar lo social, aunque no precisamente en términos de clases, de adocenarlo y de fomentar esa guerra de todos contra todos entre los de abajo, para que no se cuestionen las jerarquías y políticas del poder. La segmentación y el adocenamiento se hace a través del nacionalismo, del deporte espectáculo, del racismo, la xenofobia, la homofobia y el feminicidio. Será también una dinámica que se genere e impulse desde abajo, como forma de refundar las relaciones sociales para mejor sobrellevar condiciones de vida muy duras y hasta para subsistir.

Serán distintas las formas de construir un Nosotros, que cada vez será más necesario. Unas serán fomentadas y manipuladas desde arriba. Y otras serán impulsadas desde abajo y podrían llegar a tener un carácter más emancipador. Sin embargo también podrían derivar en dinámicas fuertemente identitarias y exclusivistas de defensa de los propios territorios, comunidades étnicas y formas de vida, en “identidades asesinas”, que diría Maalouf.

La construcción de distintos Nosotros se llevará a cabo a partir de la materia prima existente, de los distintos vulnerabilidad Yoes sociales, por su renta, por su edad, por razones étnico-culturales, siendo probablemente difícil, o muy difícil, soldar las distintas brechas entre los grupos. Esto puede provocar la construcción de variados Nosotros, en gran medida excluyentes o en conflicto, fácilmente manipulables desde el poder. En ese contexto, las diferencias de edad pueden cobrar un renovado significado de ruptura y conflictividad.

LAS DOS GENERACIONES MÁS AFECTADAS

En los espacios centrales, las generaciones que van a vivir plenamente los escenarios de crisis profundas de estas próximas dos décadas son un abanico de edades: van grosso modo desde la generación del 68, que abandona ya poco a poco su ciclo de vida laboral, a la llamada generación “más preparada de la historia”, que ingresa ahora en él. La generación anterior a la del 68 está ya jubilada y será espectadora cada vez más pasiva de los cambios trascendentales que acontezcan, observándolos desde la distancia generacional, y sabiendo que le afectarán más tangencialmente -especialmente en pensiones y cobertura sanitaria-, pues está terminando ya su ciclo de vida.

La generación del 68, que es la que más ha disfrutado de los combustibles fósiles, en concreto del petróleo, pues durante la vida de esta generación -la mía- se habrán usado casi la mitad de todos los recursos energéticos no renovables, estará en las próximas dos décadas en plena tercera y cuarta edad, disfrutando todavía de los últimos retazos del Estado del Bienestar, en firme y rápida regresión en esos años. Aunque esta generación, la mía, que es la que ha vivido en la opulencia del petróleo, puede llegar al final de su ciclo vital en una situación de penuria, parte de una buena base, en general, pues muchos son propietarios de su vivienda o tienen un alquiler seguro y en ocasiones hasta social, y son todavía atendidos por el Estado.

Pero las dos siguientes generaciones, la que pueda estar ahora en los 40 y 50 años y la que está hoy con 20 ó 30 años, llevarán sobre sus espaldas el grueso del impacto de la quiebra del Capitalismo Global. La generación que está naciendo hoy tan sólo tendrá unos 20 años cuando alcancemos el 2030, y estará empezando enfrentarse entonces a su vida adulta, en un contexto ya de crisis muy profunda, pues ya habrá estallado el actual Capitalismo Global y se estará iniciando el largo declive de la Civilización Industrial. Además, habrá pasado toda su juventud en un contexto de grandes crisis. Será una generación que habrá nacido ya en plena Era del Ecocidio.

LA GENERACIÓN
“MÁS PREPARADA DE LA HISTORIA”

La generación que hoy está empezando a abrir sus ojos al mundo será muy distinta a las dos anteriores, a las que la quiebra del Capitalismo Global les va a afectar de lleno. Ambas generaciones están muy mal preparadas para enfrentar los escenarios que se avecinan. La que está ahora en la cuarentena y más, la que ha disfrutado hasta hoy en mayor o menor grado del consumo y la opulencia, es la que sufrirá más la destrucción del empleo asalariado y fijo que todavía tiene, y la reducción de los gastos sociales. Seguramente, al final de su ciclo de vida laboral ya no podrá disfrutar del Estado Social, que por entonces habrá pasado ya a mejor vida.

La siguiente generación, la que ahora está ingresando en la vida adulta, la que se considera “la generación más preparada de la historia”, será la que se lleve muy probablemente la bofetada más sonora. La quiebra del Capitalismo global le sorprenderá absolutamente desprevenida, pues no sólo está sufriendo ya la precariedad más extrema -también los mayores de 30 años-, cuando le habían prometido lo contrario, sino que muchos de ellos están ya inmersos en un elevado endeudamiento a causa de su acceso a la vivienda -o a la universidad-, o disfrutan de un alquiler precario y caro, por lo que muchos deciden permanecer en el hogar familiar.

Es la generación Peter Pan, la que no quiere crecer, pues se siente bien así, ya que refugiarse en el nicho familiar les permite seguir accediendo al consumo, a la movilidad motorizada y a la Sociedad de la Información y el Entrenamiento, a la que dedican horas. Pero esa situación se enquistará y agravará, no sirviéndoles seguramente para nada la ardua y costosa formación adquirida, que no se adaptará en absoluto a las nuevas necesidades y requerimientos de una crisis profunda, pues el presente sistema educativo es totalmente disfuncional para enfrentarla.

SERÁN TIEMPOS DE GRANDES CONFLICTOS

Peor aún estarán seguramente en el futuro los actuales adolescentes, que han crecido inmersos en la Sociedad de la Información, que participan desenfrenadamente en las redes sociales dedicando al Ciberespacio una atención absolutamente desmesurada que les hace confundir la realidad con la ficción. Viven volcados en el mundo irreal y fantástico de la realidad virtual.

Son como pequeños emperadores superexigentes por la educación recibida, tanto de las generaciones anteriores de la opulencia, como de una Sociedad de la Imagen, la Comunicación y el Entretenimiento, que les oculta el deterioro salvaje del mundo real, social y ambiental, y que les instala en el hedonismo insolidario y en la ausencia de empatía con el prójimo. Son un resultado perverso de la actual sociedad. No tienen culpa directa y son los que, junto con los que tienen ahora entre 20 y 50 años, van a sufrir todas las consecuencias de la quiebra del Capitalismo Global.

En esa deriva atroz se producirán sin dudas grandes tensiones y conflictos inter-generacionales, entre las generaciones más jóvenes y más afectadas por esta quiebra, y las generaciones más maduras, que han disfrutado y todavía disfrutan en mayor o menor medida de una situación más desahogada y de una ayuda, aunque en regresión, del Estado, que ellos ya no tendrán. Además, la caída de la natalidad desde hace años, el retraso de la edad de maternidad y el creciente envejecimiento de las poblaciones autóctonas de los países centrales agudizará este fenómeno, pues adicionalmente las nuevas generaciones tendrán que hacerse cargo, en muchas peores condiciones que antes de sus mayores, con la familia nuclear en crisis, y con una sociedad cada vez más avejentada.

Los conflictos inter-generacionales dentro de las poblaciones autóctonas estarán a la orden, pero, a pesar de todo, con muchos más medios y derechos que los que se producirán entre las poblaciones inmigrantes, más jóvenes, empobrecidas y sin derechos, o que los que se generarán entre los jóvenes autóctonos sin pedigrí, los que viven en los barrios periféricos.

Dentro de cada generación la situación más difícil la sufrirán, sin duda, las mujeres, por el carácter (neo) patriarcal de las sociedades y por la crisis profunda del Estado Social, que incidirá sobre todo en ellas.

Algunas de estas características se pueden extrapolar al mundo entero, pero sólo algunas, pues las situaciones son enormemente diversas en los distintos espacios planetarios, sobre todo en los nuevos centros emergentes y en el Sur Global, por cómo les afecta la división internacional del trabajo y las divergencias centro(s)/Periferia(s), así como la contradicción campo-ciudad. Además, el Sur Global está todavía en considerable crecimiento demográfico en general, aunque con importantes diferencias de tasas de natalidad -el Mundo Árabe ha sido uno de los espacios con mayor expansión poblacional-, y de él parten cuantiosos contingentes de población joven para acceder a los mundos privilegiados de los países centrales y a los nuevos centros emergentes.

Será enorme la complejidad que las dinámicas poblacionales y migratorias tendrán en las próximas dos décadas, aderezadas muy probablemente por la nueva y colosal problemática que planteará el previsible y brusco freno de la expansión demográfica global y el inicio forzado del declive poblacional de aquí al año 2030, así como las nuevas corrientes migratorias de refugiados ambientales que activará el cambio climático en marcha. Todas estas dinámicas se pueden dar conjuntamente y condicionarán y complicarán aún más las posibles respuestas socio-políticas a los nuevos escenarios que generará la quiebra del Capitalismo Global.

UN PASADO QUE NUNCA VOLVERÁ

De mirar nada más que hacia el futuro, desde finales del siglo 19 y principios del siglo 20, en pleno auge de la Revolución Industrial, cuando se proyectaban en el porvenir todas las esperanzas de transformación que traería el Progreso, la Modernidad, la Urbanización, la Industrialización, la Motorización y hasta la Revolución, hemos pasado en los últimos años a vivir atados a un presente continuo descorazonador, sin ánimos de mirar hacia el porvenir. Sin decirlo explícitamente, se vaticina atroz.

Y ahora que el futuro ha estallado en el presente, nos vemos obligados a mirar hacia atrás, hacia el pasado, para poder avanzar a tientas hacia un futuro muy complejo y también descorazonador. Muchos miran hacia el pasado cercano, para intentar conservar mucho de él, aquellos rasgos más positivos de lo alcanzado -allí donde se alcanzó algo, o mucho, lo que no ha ocurrido así en muchos lugares del mundo-. Sin embargo, esa mirada hacia atrás es en gran medida vana, pues el pasado más o menos reciente, o algo que se le parezca, no volverá nunca más.

Esto no quiere decir que no luchemos por ciertos logros sociales y culturales adquiridos. Pero casi nadie sabe lo que se aproxima, y nadie quiere mirar de verdad hacia el futuro, porque simplemente nos da miedo, o porque puede hacer tambalear nuestras convicciones más profundas.

Es por eso por lo que nos cebamos en el presente y, como mucho, en esa visión cortoplacista hacia atrás. Quizás sea preciso mirar más hacia atrás, hacia el mundo anterior a la Revolución Industrial, al mundo previo al de la configuración del sistema urbano-agro-industrial global, para ver de dónde venimos y hacia dónde es posible que volvamos, cuando vayan desapareciendo los combustibles fósiles. Sabiendo también que nada volverá a ser igual a cómo fue, pues el futuro nunca se recrea de igual forma a como lo hizo antes, en el pasado. Y porque el futuro también dependerá de lo que hagamos, pues no hay nada escrito.

DEBEMOS IMAGINAR EL FUTURO

Como nos dice Catton: “Nuestra especie no parece lo suficientemente sabia para lidiar en el siglo 21 con el mundo que ha creado”. Cabría decir que es una parte de nuestra especie, y en concreto un sistema -el Capitalismo Global y la Civilización Industrial que lo acompaña- los que parecen incapaces de lidiar con el monstruo que han generado. Es por eso por lo que es preciso enfrentar la realidad y atreverse a imaginar el futuro, aunque nos cueste. Será también la forma de poder entender hacia dónde podemos ir, o hacia dónde nos llevan, y cómo y cuándo podremos condicionar una deriva que en gran medida nos desborda. Es importante también imaginar el futuro, pues no en vano lo hacen las grandes estructuras empresariales y estatales para intentar adelantarse y condicionarlo.

Es hora de que lo hagamos nosotros, los que abogamos por un cambio profundo del sistema urbano-agro industrial, rompiendo con la lógica perversa del capital, sin saber quizás muy bien lo que implica realmente. Debemos imaginar el futuro siendo conscientes de que la lógica del capital no podrá ser quebrada realmente, al menos en las próximas dos décadas, y de que serán muy probablemente los límites energéticos, los límites de recursos y los límites ecológicos, y no precisamente las luchas sociales, los que le doblarán la columna vertebral a la lógica del capital, una lógica que nos afecta a todos y en la que, en mayor o menor medida, estamos todos inmersos, pues no podemos sustraernos a ella. Debemos estar atentos, sabiendo también que lo que vendrá después, y mientras tanto venga, puede ser bastante peor que lo que “disfrutamos” hoy. Aunque siempre dependerá de cómo actuemos.

¿HACIA DÓNDE MIRAR?

La quiebra del Capitalismo Global actual, y posteriormente la quiebra de los Capitalismos Regionales planetarios, significarán un auténtico respiro para los mundos no modernizados ni industrializados -los pueblos campesinos e indígenas-, sometidos ahora al acoso activo del capital. Serán estos pueblos los que mejor sobrevivirán a esta quiebra y al largo declive de la Civilización Industrial.

Por eso, será preciso mirar por el retrovisor aún más atrás para ver qué tienen esos mundos no modernizados que les ha permitido permanecer más en el tiempo e integrar más adecuadamente su existencia con Gaia, para conocer su memoria biocultural, sabiendo también que esa memoria biocultural es en general patriarcal, pues el patriarcado se ha proyectado prácticamente a todas las culturas del mundo, desde sus orígenes, hace ahora unos 6 mil años, y las ha contaminado en mayor o menor medida a todos.

Con esa mirada hacia atrás, de largo alcance, y teniendo en cuenta el análisis sin edulcoración alguna del presente y su posible proyección en el próximo futuro, podremos comprender que el crecimiento exponencial no será más que un fenómeno transitorio de la historia humana, una realidad que toca a su fin, pues somos la única especie que hasta ahora ha superado -artificialmente- los límites ecológicos, en nuestro caso, los límites planetarios. Nadie podía pensar o imaginar hace unos 500 años, antes del inicio de la expansión del capitalismo mundial, cómo podría ser el mundo de hoy en día.

Nosotros tampoco podemos pronosticar algo así hacia delante, pues el escenario actual, y sus posibles frutos, ya son, y serán, sumamente fluidos y cambiantes. Ya podemos tener algunas certezas y muchas incertidumbres sobre cómo pueden ser las próximas décadas, y es urgente atreverse a imaginarlas para poder influir sobre ellas. Sólo imaginando y preguntando caminamos, como dicen los zapatistas.

CARTA DE DESPEDIDA

Me da algo de pena desaparecer en estos momentos en que la Historia parece acelerarse, pues se ha puesto otra vez en marcha irresistible después de que nos alertaran en los años 90 sobre el “fin de la historia” en el marco de la “globalización feliz”. Y esta nueva activación de la Historia viene también determinada cada vez más por la Crisis Energética, Ecológica y Climática que amenaza al Planeta y a las sociedades humanas. Sobre todo la crisis energética a corto plazo, pues el principio del fin de los combustibles fósiles, a punto de empezar, va a suponer una ruptura histórica total.

Sé también que he vivido un período histórico excepcional, las décadas apoteósicas de la Era del Petróleo, y además en las mejores condiciones posibles. En los últimos 60-70 años, los de mi generación, el sistema urbano-agro-industrial mundial ha consumido prácticamente la mitad de los combustibles fósiles de los que disponía el Planeta. Y eso ya no puede continuar por más tiempo y estamos a punto de iniciar el declive energético fósil.

No me gustaría dejar de apuntar en esta carta una meditación sobre mi capacidad de sobrevivir estos últimos años, y en especial estos últimos meses, gracias, en muy gran medida, a la existencia de la Sociedad Hipertecnológica. Sin ella, lo más probable es que yo ya no estaría aquí. Y yo, que soy un crítico de la sociedad hipertecnólogica, sobre todo de su insostenibilidad en el mediano y largo plazo, quiero resaltar esta contradicción que vivo. Quiero resaltar cómo mi supervivencia diaria depende de generar una cantidad muy considerable de residuos, pues si ya el “ciudadano medio” en nuestra “sociedad del usar y tirar” genera cada vez una mayor cantidad de desechos, en el caso de un enfermo de cáncer terminal como yo, ese volumen se multiplica aún más.

Cuando estaba en el hospital observaba con asombro la cantidad de residuos que allí se generaban. Una verdadera desmesura. Y pensaba si no sería posible tratar las enfermedades que nos asolan con menos despilfarro, utilizando un menor flujo energético y, sobre todo, una tecnología más sencilla. Pero la medicina oficial actual es un pivote muy importante de esa Sociedad Hipertecnológica, que ha hecho posible una reducción de la mortalidad, sobre todo de las personas mayores con enfermedades graves o crónicas, pero a coste de un gran uso de recursos, de un consumo energético elevado y de una tecnología muy sofisticada. Todo esto no podrá ser posible en el futuro.

Esta reflexión, y todas las contradicciones que implica, también me rondaban por la cabeza en el hospital cuando tomé la decisión de abandonar el tratamiento por quimioterapia. Con mi decisión pretendo dejar de ser no sólo un consumidor in crescendo de cuidados proporcionados por otros, sino también un consumidor de recursos, energía y tecnología que sólo son posibles en los espacios centrales de un Capitalismo Global crecientemente desigual, que va tocando a su fin.

FUI UN PRIVILEGIADO

La verdad es que me siento un ser privilegiado. Primero, por haber nacido y vivido en una familia acomodada, en un país del Norte, aunque eso me creara muchas contradicciones al llegar a la edad adulta. Segundo, por ser un hijo del 68, ese momento de quiebra histórica sin precedentes que se dio en casi todo el mundo y que nos cambió las vidas a muchos y muchas de los que lo vivimos. Y tercero, porque a partir de entonces me enzarcé en muy distintos procesos de transformación político-social e ideológica, en donde fui aprendiendo conjuntamente con sus actores nuevas formas de vida y de estar en el mundo, al tiempo que intentábamos ir transformando las estructuras de poder existentes. Fueron años excepcionales…

Me quedan algunos deseos y anhelos no realizados, y que ya serán imposibles de plasmar, pero ya lo tengo asumido. Y quizás otra vez será. Me hubiera gustado hacer un viaje largo con Ana, mi mujer, a América Latina, con el fin de conocer más la realidad de ese enorme y esplendoroso territorio y de sus pueblos tan diversos, combativos y vibrantes. Poder acercarnos a experiencias muy ricas de transformación social que allí se dan y compartir con ellas sus prácticas y peripecias con el fin de enriquecernos. Hubiera deseado también hacer alguna vez el Camino de Santiago. Me habría encantado pasar mis últimos años en Córdoba, la ciudad que más amo y en la que tengo muy buenos amigos. Me apetecía mucho esa última etapa soñada de mi vida. Pero no va a ser posible…

MIEMBRO DE ECOLOGISTAS EN ACCIÓN. INGENIERO Y URBANISTA.

EXTRACTOS DE SU LIBRO “LA QUIEBRA DEL CAPITALISMO GLOBAL: 2000 – 2030 – PREPARÁNDONOS
PARA EL COMIENZO DEL COLAPSO DE LA CIVILIZACIÓN INDUSTRIAL”, PUBLICADO EN ESPAÑA DOS MESES
ANTES DE SU MUERTE. LOS ÚLTIMOS PÁRRAFOS SON FRAGMENTOS DE SU CARTA DE DESPEDIDA.

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