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  Número 351 | Junio 2011
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Nicaragua

La salida del coronel en retiro Lenín Cerna de su cargo de secretario de organización del FSLN tiene un importante significado en el escenario político nacional y en el escenario pre-electoral. ¿Es el fin de un ciclo de evolución-involución del partido de gobierno o es el inicio de una nueva mutación? Cuando se cumplen 50 años de la fundación del FSLN y 31 años de la Revolución que encabezó el FSLN, son preguntas relevantes.

Equipo Envío

En el mes de mayo se celebró en Managua la 17 edición del Foro de Sao Paulo, que anualmente reúne en alguna ciudad latinoamericana a partidos de izquierda, principalmente a los de América Latina. Se encuentran para compartir visiones y propuestas y para analizar desafíos. Este año se reunieron en la capital de Nicaragua más de 250 delegados de 42 partidos de izquierda de América Latina y el Caribe y de algunos de Asia y Europa.

El FSLN monopolizó la representación de la izquierda nicaragüense y ejerció de anfitrión, armado de un filtro excluyente para impedir que en cualquiera de los eventos del Foro se colaran quienes pudieran hacer el mínimo ruido al guión oficial. El más esperado de los participantes fue el popular ex-Presidente brasileño Lula da Silva. Estuvo en Managua apenas cuatro horas para clausurar el Foro.

FSLN: MUESTRA VIVA DE LA EVOLUCIÓN DE LA IZQUERDA

En su discurso, Lula compartió experiencias, dio consejos y afirmó que el FSLN “es la demostración más viva de la evolución política de la izquierda latinoamericana”. En un ambiente cada vez más polarizado y sin mucho análisis, esta frase fue destacada como piropo por voceros del gobierno y denostada como inexplicable disparate por voceros de la oposición.

Probablemente, Lula se refería, con cierta razón, a la evolución experimentada por el FSLN al frente del gobierno de los años 80 en relación al FSLN en el gobierno actual.

En los años 80 la dirigencia del FSLN afirmaba que la Revolución era “fuente de derecho” y, en consecuencia, gobernaba sin respetar el marco jurídico de la democracia “burguesa”, tratando de promover expresiones de democracia directa. Fue hasta 1987 que se promulgó la Constitución que estableció un primer marco. El FSLN de hoy combina un respeto relativo a las reglas del juego de la democracia “burguesa” con la creación de estructuras paralelas de poder de la que llama democracia “directa”.

Más importante seguramente a criterio de Lula es otra señal de la evolución del FSLN, la que acerca más al actual gobierno de Ortega al de Lula en Brasil durante dos períodos: la alianza tácita del FSLN con grandes empresarios nacionales y con inver¬sionistas extranjeros, en contraste con las estatizaciones masivas y la persecución política contra la empresa privada que caracterizó al gobierno del FSLN en los años 80. Entre los países del ALBA el gobierno del FSLN es el único que mantiene una alianza tan exitosa y armónica con el gran capital.

SIMILITUDES CON LULA

El gobierno de Lula ha coincidido con el de Ortega en ese enfoque. Y por eso, las organizaciones sociales y populares brasileñas -los Sin Tierra, el movimiento indígena, las mujeres, los ecologistas-, que respaldaron al PT y a Lula para que llegara al gobierno, se han sentido traicionados viendo cómo Lula priorizaba su alianza con el gran capital brasileño y con el capital transnacional para promover el desarrollo nacional.

El gobierno de Lula se concentró en grandes obras de infraestructura que facilitaran las inversiones, a costa de profundizar el deterioro ambiental y de sacrificar las demandas por una reforma agraria y por el respeto a los territorios indígenas de la Amazonía. Con las diferencias de escala, algo de eso sabe Lula que hace Ortega en Nicaragua.

Al igual que en la gestión del FSLN, la gestión de Lula dejó mucho que desear en materia de educación y de salud públicas. Sus logros en la reducción de la pobreza absoluta de millones de brasileños a través de varios programas sociales son indiscutibles, mientras en el caso de Nicaragua aún está por verse si en este terreno el FSLN tendrá logros parecidos.

“UN SOLO CASO”

Mientras se celebraba en Managua el Foro de Sao Paulo, ya se había consumado la caída de Lenín Cerna como secretario de organización del FSLN y su red de subordinados en las estructuras políticas, electorales y de inteligencia estaba siendo barrida. ¿El fin de un ciclo u otra mutación en la evolución del FSLN?

En el guión de la caída de Cerna hay antecedentes que son públicos y otros que, aunque permanecen en sombras, se filtran a la luz. Cuando la segunda etapa de gobierno de Daniel Ortega iniciaba, la Coordinadora de Comunicación y Ciudadanía publicó lo que llamó “Estrategia de Comunicación”. En aquel extenso texto señaló tres temas “altamente sensibles” para el proyecto que iniciaba, y que hoy sabemos está decidido a prolongarse en el tiempo a cualquier costo, “digan lo que digan, hagamos lo que tengamos que hacer”, como ya lo ha expresado Tomás Borge, uno de los fundadores del FSLN.

Los tres temas que el FSLN debía cuidar por su alta sensibilidad eran la relación con Estados Unidos, la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros -elemento central en la “evolución” de la que habló Lula- y la corrupción asociada al proyecto.

Sobre la corrupción, el texto afirmaba: “Un solo caso emblemático provocaría una mancha muy, pero muy difícil de borrar. Y puede relegar a un segundo plano los esfuerzos en materia social…Esto nos obliga a ser inflexibles y sumamente cautos en términos de cortar de raíz y en cuanto asome cualquier brote de corrupción, evitando así tener que dar explicaciones posteriores sobre el conocimiento que se tenía o no del fenómeno…Un castigo ejemplar en algún caso que se produzca dará las señales que debemos dar”.

Aunque en más de cuatro años de gobierno, los medios de comunicación han informado con persistencia no sólo de brotes de corrupción en las instituciones del Estado, sino de plantas crecidas y enraizadas, sin que el gobierno haya dado “explicación posterior”, y aunque en el gobierno ha habido bastantes despidos de altos cargos, también sin explicación posterior, ha sido un único caso de corrupción, el de la DGI -del que hablamos el mes pasado- el que parece haber dado pie a un castigo ejemplar, a una destitución “por corrupción”. ¿O por otras razones?

“UN CASTIGO EJEMPLAR”

Después de investigaciones periodísticas de “El Nuevo Diario” desde comienzos de este año, señalando varios actos de corrupción de Walter Porras, director de la institución recaudadora de los impuestos ciudadanos (Dirección General de Ingresos), el 11 de abril Porras fue apartado de su cargo. Días después, y en el ya proverbial sigilo gubernamental -que no reacciona nunca a estas investigaciones-, alguien filtró a otro medio de oposición, “Confidencial”, una investigación hecha por la Policía en la DGI.

En ella aparecía el organigrama con el que venía funcionando en esa institución un grupo de gestores que obtenía grandes cantidades de dinero cobrando coimas por determinados impuestos a determinados contribuyentes. Entre los nombres que aparecieron vinculados a una gestora de esa red destacaba el de Lenín Cerna, que recibía recursos para “logística”.

Hasta hoy no se conoce que alguna de las personas que aparecieron en ese organigrama haya sido juzgada, mucho menos sentenciada. Ni siquiera Porras, a la cabeza del grupo extorsionador, que afirma sin recato que él no es responsable de nada, que ni siquiera fue interrogado, que él está jubilado y no destituido, y que sigue “de frente con el Frente”.

La excepción fue Lenín Cerna. Todo se hizo coincidir. En los mismos días en que estallaba el escándalo de corrupción en la DGI, Cerna recibía el “castigo ejemplar” del que habló la Estrategia en 2007. Un par de semanas después, se conocía, no por información oficial sino por filtraciones a medios opuestos al gobierno, que el poderoso organizador de los comandos electorales del FSLN había sido separado de su cargo y con él todos sus subordinados. Se supo que había orden de que cualquier orden o instrucción girada por él o por ellos debía ser denunciada y desobedecida.

“PARA ESTRUCTURAR EL VOTO
Y GANAR LAS ELECCIONES”

Lenín Cerna, 64 años, fue compañero de celda de Daniel Ortega. Ambos compartieron durante años la cárcel. Perteneció a las estructuras del Ministerio del Interior y dirigió la Seguridad del Estado en los años 80. Tras la derrota electoral de 1990, cuando las estructuras de la Seguridad pasaron al Ejército, Cerna ascendió a coronel.

Después de años ausente del escenario público y partidario, en 1999 cuando ya estaba en marcha el pacto de Ortega con Alemán, Ortega anunció complacido la reincorporación de Cerna al FSLN. Cerna anunció ese día que regresaba para “estructurar el voto electoral” y garantizar el triunfo del FSLN en las elecciones municipales del año 2000 y en las presidenciales de 2001. En 2000 el FSLN ganó la alcaldía de Managua con Herty Lewites como candidato. Y en 2001 Ortega perdió la Presidencia frente a Enrique Bolaños.

En las siguientes dos contiendas, con los “comandos electorales” mejor estructurados, organizados y capacitados bajo el mando de Cerna, el FSLN ganó la alcaldía de Managua con Dionisio Marenco como candidato. Y Ortega ganó la Presidencia de la República. En 2008, el FSLNse declaró vencedor en Managua -con el boxeador Alexis Argüello como candidato- y en otras cien alcaldías, por obra de un documentado fraude. Cerna y sus “comandos” se demostraron graduados: sabían ganar por las buenas y por las malas.

Cerna es un hombre que inspira temor. Su capacidad de intimidación le ha dado mucho poder y lo ha hecho famoso. En 1999, días después de su retorno al FSLN, fue entrevistado por “El Nuevo Diario”. Sin desmentir hechos de crueldad que se le achacan, recordó que al principio de la Revolución estuvieron presentes “el dolor y la euforia, el entusiasmo y los rencores, el afán de justicia y la sed de venganza, como en los primeros días de la Revolución Francesa, cuando los reyes fueron llevados al cadalso”.

Años después, en 2004, se refirió de nuevo a esos hechos hablando a “Confidencial”: “Si yo hice algunas maldades fue bajo la dirección de esos señores”. Esos señores eran los nueve comandantes de la Dirección del FSLN. De ellos, dos (Borge y Arce) apoyan hoy a Ortega y tres (Ruiz, Ca¬rrión y Tirado) lo adversan públicamente.

LAS DOS PRIMERAS
GENERACIONES

Quienes al comienzo del actual gobierno de Ortega en 2007 ocuparon la mayoría de los cargos más relevantes pertenecen a la primera generación de sandinistas, la de los años 60. Son también de esa generación buena parte de los sandinistas que han abandonado el FSLN y hoy hacen oposición a una organización que consideran ha mutado en “orteguismo”.

En ambas aceras, ésta es una generación probada durante dos décadas en operaciones militares audaces, en la clandestinidad y en actividades de guerrilla urbana, en las que murieron muchos de sus compañeros, prácticamente los dirigentes de mayor peso que tuvo el FSLN en su nacimiento, hace ahora 50 años. También es una generación probada en la década de los años 80 en la compleja conducción de estructurar casi de la nada un gobierno. A la generación de “los históricos” pertenece Cerna.

Pasar de la clandestinidad, las acciones heroicas y las actividades conspirativas a conformar no ya un partido, sino un gobierno que dirige un Estado y administra un país en revolución y en guerra, provocó en el FSLN su primera lógica mutación. La inesperada derrota electoral de 1990 fijó esa mutación con sus varias y complejas características en la herencia que la dirigencia del FSLN transmitió a la siguiente generación, “la generación de los 80”, ya con otras aspiraciones, más familiarizada con los recursos económicos, más profesional, también más experimentada, también más pragmática.

MUTACIONES EN LOS AÑOS 90

En los años 90, en un contexto nacional e internacional tremendamente adverso, con el modelo neoliberal en pleno apogeo en toda América Latina, un muro emblemático caído a mazazos en Berlín y todas las izquierdas tratando de sobrevivir, sin brújula y en un mundo de cambios acelerados, el FSLN tuvo que evolucionar.

La separación en 1995 de un importante grupo de sandinistas, los que formaron el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), tuvo un impacto muy fuerte en los sectores medios del Sandinismo, muchos de la generación histórica. De esa década el FSLN salió vivo, pero ya no el mismo.

En 1996, la candidatura presidencial del FSLN se sometió a unas primarias internas en el partido. Ortega tuvo que aceptarla y las ganó. El ejercicio trajo soplos democratizadores al FSLN. Pero la derrota electoral del FSLN en 1996 y la llegada al gobierno del liberalismo somocista encarnado en Arnoldo Alemán -un gobierno que se preveía duraría mucho-, enrareció el aire y llevó al FSLN a decidir una estrategia de sobrevivencia, que se materializaría en un acuerdo político que marcaría en los años siguientes una de las mutaciones más importantes en esta organización política.

El pacto entre el grupo de Daniel Ortega y el de Arnoldo Alemán -Alemán comprando paz social y el FSLN recuperando espacios institucionales- tuvo con el tiempo consecuencias muy negativas, tal vez no previstas para algunos de quienes lo negociaron. La repartición de cargos estatales entre los dos grupos ha ido demoliendo paso a paso a todas las instituciones del Estado, encorsetándolas en un bipartidismo asfixiante.

DE MILITANTES A ELECTORES

Decidido ya el pacto entre el PLC y el FSLN es cuando regresa al partido Lenín Cerna, determinado a ganar las elecciones y a revertir la balanza del pacto a favor del grupo de Ortega.

Según analistas de la evolución-involución del FSLN, hasta antes de la llegada de Cerna aún se podía decir que el FSLN era “un partido de militantes” -debatían, proponían, analizaban el rumbo del país, pensaban-, pero la ansiedad de la dirigencia política por recuperar espacios institucionales para regresar al gobierno a cualquier costo lo fue transmutando en “un partido de electores”.

Mutado así el FSLN, con una cúpula negociando poder y bases orientadas sólo a las tareas del voto, Cerna ganó más y más influencia porque logró estructurar una maquinaria eficaz y poderosa: 30 mil fiscales electorales, que activaba cuando llegaban las elecciones. Hacían campaña, llenaban las plazas en las concentraciones partidarias, movían a la gente a votar, vigilaban las juntas de votación, se capacitaban para impugnar en tiempo y forma boletas, actas y juntas…

En 2001 la candidatura presidencial del FSLN se sometió a elecciones primarias. Otro soplo democratizador, aunque ya más débil que el anterior. De nuevo, Ortega ganó. En su victoria aparecían ya señales del gen del culto a la personalidad.

A pesar del gran esfuerzo de Cerna, el FSLN perdió las elecciones presidenciales de 2001 ante un candidato tan poco atractivo como Enrique Bolaños. Sería hasta cinco años después, y gracias a nuevos esfuerzos de organización puramente electoral, que el FSLN logró regresar al gobierno, ya con una mermada capacidad de transformación de la sociedad nicaragüense más compleja que los años 80.

LA HORA DE LOS CPC

En 2009, al cumplirse casi los primeros dos años del gobierno de Ortega, Dionisio Marenco -a punto de salir por la puerta grande de la alcaldía de Managua, con altos índices de popularidad- describió así para Envío la mutación -Marenco la llamó “punto de inflexión”- que estaba experimentando el FSLN en su segunda etapa de gobierno.

“Hay mucha polémica alrededor de cómo está gobernando Daniel Ortega, por la exclusión en que están diferentes actores sociales, por la estridencia de la política exterior, por los choques del gobierno con los otros partidos y contra las otras fuerzas sociales, por el rumbo y la forma en la que se está gobernando, innecesariamente virulenta. Y por los CPC, que son en realidad el Frente Sandinista. Yo creo que cometieron un error cambiándole el nombre al Frente, porque los CPC de los barrios son los mismos del Frente y ahí no entra nadie más. ¿Por qué han hecho eso? Yo me imagino que sea una estrategia para copar la organización del partido”.

Esta opinión de Marenco la comparten muchos de “los históricos” de su generación. Desde el despacho de Rosario Murillo, Coordinadora de Comunicación y Ciudadanía, el FSLN mutó en 2007 en los Consejos del Poder Ciudadano, que después tuvieron otras expresiones: Gabinetes del Poder Ciudadano (GPC) y CLS (Comités de Liderazgo Sandinista), nuevas estructuras, paralelas a las viejas y debilitadas estructuras del FSLN, a veces nutridas de militantes recientes, a veces reforzadas con algunos de los viejos secretarios políticos. Todos organizados en una estructura vertical y centralizada.

DE NUEVO ORTEGA,
YA EN UN NUEVO FSLN

Los CPC, los GPC y los CLS fueron el vehículo que empleó la Coordinadora y sus aliados dentro del FSLN para “copar” y para legitimar la toma de la estructura institucional del FSLN.

Esta nueva estructura se expresó de la forma más solemne el 26 de febrero de 2011 cuando el IV Congreso extraordinario del FSLN ratificó por aclamación en la Plaza de la Revolución la sexta candidatura presidencial de Daniel Ortega, prohibida por la Constitución, que establece que no puede haber reelección consecutiva y tampoco un tercer período de gobierno para nadie.

A ese Congreso asistieron 1 mil 19 congresistas. El total actual son 1 mil 88. La Junta Directiva del Congreso la integraron 32 personas, hombres y mujeres, a la cabeza Daniel Ortega, secretario general del partido, seguido de Rosario Murillo, Tomás Borge, y en una cuarta posición, Lenín Cerna.

En el acto, y en las decenas de “congresillos” que se celebraron antes por todo el país, se demostró una característica de este remozado organismo político que es hoy el FSLN: predomina lo festivo y se cancela el debate, indispensable en toda organización democrática.

La nueva candidatura de Ortega y la nueva arquitectura del FSLN no se han logrado sin tensiones, disputas e imposiciones. Preparan una nueva etapa. En vísperas de unas elecciones plagadas de ilegitimidades e incertidumbres, aprovechando el caso de corrupción en el que aparecía mencionado, y a pesar de estar en vísperas de activar su eficaz maquinaria electoral, quienes ya controlan el FSLN decidieron que Lenín Cerna era prescindible.

HISTÓRICOS Y EMPRESARIOS

Apartar a Cerna -o limitar su influencia si se le permite seguir al frente de aspectos logísticos- es una decisión que beneficia a los dos grupos de poder que hoy controlan el FSLN: los empresarios y los “históricos”.

En los años 80 ya hubo empresarios “patrióticos” que participaron en el FSLN. Antes del triunfo de 1979 ya estaban representados en el Grupo de los Doce. Hoy, el bloque de los empresarios lo encabeza Bayardo Arce. A este grupo perteneció Herty Lewites.

En el otro grupo, el de los “históricos”, están ex-militares, ex-oficiales del Ministerio del Interior, dirigentes de las organizaciones sociales. Murillo se alió a los históricos de las organizaciones sociales. A los históricos perteneció siempre Dionisio Marenco, apartado del FSLN por ser el principal rival del emergente liderazgo de Murillo. También a ese grupo ha pertenecido Cerna, al que parece le ha tocado ahora el turno de “cortarles las alas”.

ORTEGA: EL GRAN ÁRBITRO

Con los años, y con la mutación que produjo el gen del culto a su personalidad, Daniel Ortega se fue consolidando como indispensable árbitro entre ambas corrientes. Y ante cualquier disputa interna. Su tenacidad al frente del FSLN en los peores años y su pragmatismo sin escrúpulos consolidaron su liderazgo y fortalecieron su capacidad de arbitraje.

A partir de la victoria electoral de 2006 Daniel Ortega decidió ceder “el 50% de su poder” a su esposa, que en estos años ha ido concentrando cada vez más tareas. Coordina toda la comunicación del gobierno, es vocera oficial de la Presidencia y diseña las campañas de propaganda del FSLN. Coordina las sesiones del gabinete ministerial. Coordina la nueva estructura partidaria. Coordina las acciones del gabinete social. “Es prácticamente la Primera Ministro de mi gobierno”, ha dicho Ortega. Pero el gran árbitro sigue siendo Ortega.

CARLOS GUADAMUZ
Y HERTY LEWITES

No está de más recordar un par de eventos en los que aparecen involucrados protagonistas de ambos grupos de poder en el FSLN.

Cuando en 2004 un subordinado de Cerna en la Seguridad del Estado de los años 80 y en los años siguientes miembro de los comandos electorales, William Hurtado, asesinó fríamente al periodista Carlos Guadamuz -del círculo cercano a Ortega-, Cerna defendió al asesino, Borge lo justificó y Ortega construyó una metáfora que parecía una confesión de complicidad. Fue Murillo la que hizo público entonces un mensaje condenando severamente la actitud de los tres.

Tampoco está de más recordar que en 2005, cuando Herty Lewites pretendió, al salir con éxito de la alcaldía de Managua, competir con Ortega por la candidatura presidencial del FSLN en las elecciones de 2006, contando con el apoyo del bloque de empresarios del FSLN, Murillo había iniciado, ya desde un año antes, una campaña de ardiente descalificación de Lewites. Como no fue suficiente, Ortega, inseguro ante la competencia interna, suspendió las elecciones primarias en el FSLN y Lewites fue expulsado del FSLN en 2006. Ésta fue una de las varias “esquinas peligrosas” en las que el partido decidió tomar una dirección contraria a una apertura democratizadora.

LAS LISTAS
DE DIPUTADOS DEL FSLN

Como organizador y dirigente de los comandos electorales Lenín Cerna también estaba al frente del equipo que supervisaba el proceso de selección de los candidatos a alcaldes, concejales y diputados que representarían al FSLN en los comicios.

Coincidentemente, fue en el contexto en que el partido de gobierno seleccionaba a sus candidatos a diputados en las elecciones de noviembre que Cerna fue defenestrado.

En las listas del FSLN, anunciadas por Murillo, hay muy pocos de “los históricos”. Hay muchas mujeres -el 60% entre propietarias y suplentes, aunque la mayoría no va en posiciones ganadoras-, hay un buen sector de gente vinculada a sindicatos que domina Gustavo Porras. Nadie de la Juventud Sandinista. Nadie vinculado a Cerna. Se reeligen los más incondicionales de Ortega y varios aliados aparecen en puestos no ganadores.

Quienes conocen mejor a quienes integran mayoritariamente las listas del FSLN los describen como “figuras grises” sin capacidad de cuestionar órdenes ni de defender posiciones propias.

EL FIN DE UN CICLO

De la destitución de Cerna hemos sabido realidades y especulaciones por los medios de oposición al gobierno. Sólo uno de los operadores políticos del FSLN, el diputado Edwin Castro, confirmó con cuatro palabras que la destitución era una realidad, pero no explicó nada más.

¿Cuáles fueron las razones para separarlo de tan importante cargo? El periodista William Grigsby, un “histórico”, hoy plenamente incorporado al actual proyecto del FSLN, lo explicó así en el programa televisivo “Cuarto Poder”: “El ciclo de Lenín terminó. El FSLN ya tiene dos nuevas estructuras: el tendido electoral que Lenín creó y un nuevo tendido político. Lenín sale porque el FSLN quiere trascender de ser una maquinaria electoral y quiere ser un partido político vinculado a las bases”.

Según esta explicación, el FSLN estaría preparándose para una nueva mutación, a partir de los CPC -que nunca estuvieron bajo el control de Cerna- y a partir de secretarios políticos ya depurados, los que aún estaban bajo el control de Cerna. El objetivo es político: vincularse a las bases, pasar de ser un partido de electores a un partido de militantes. Y pasar a serlo después de la “contundente” victoria electoral que el FSLN anuncia para noviembre.

¿FUE POR ESTO?

Si ésta es la explicación oficial, son dignas de tener en cuenta las que a nombre de “fuentes del FSLN que prefieren guardar el anonimato” han explicado en los dos diarios de circulación nacional lo ocurrido en el caso Cerna.

Tal vez la más interesante de las hipótesis es ésta: conociendo que la Constitución de Nicaragua prohíbe a Daniel Ortega la reelección y conociendo que Murillo estaba proyectándose ya desde 2008 para asumir la candidatura presidencial del FSLN, Cerna, experto en conspiraciones, maniobró en su contra y a favor de Ortega para que magistrados del FSLN en la Corte Suprema de Justicia emitieran la ilegal sentencia que habilita hoy a Ortega para la reelección. Esa sentencia, de octubre de 2009, sería el precedente de su caída en desgracia.

CONVENIENTE
PARA UNOS Y PARA OTROS

En cualquier caso, es evidente que la transmutación del FSLN en esta segunda etapa de gobierno ha producido un equilibrio inestable en el círculo de poder que hoy controla lo que queda del partido.

En cualquier caso, es una realidad que Cerna había acumulado mucho poder y que eso le daba mucha autonomía para ejercerlo. Por su estrecha relación de cárcel, de años y maniobras junto a Ortega, y por su capacidad organizativa y su poder de intimidación, acrecentó año tras año ese poder, tal vez hasta niveles ya inaguantables para la nueva dirección del FSLN.

También para el sector de los empresarios, Cerna era ya tal vez impresentable. Su influencia en la producción de fallos en tribunales en manos del FSLN -algunos favorecedores de narcotraficantes, como pudimos leer en las revelaciones de Wikileaks- y su reciente vinculación al caso de corrupción en la DGI -institución que analizan con lupa los organismos internacionales que cuidan de la macroeconomía nacional, y con los que tan estrechamente trabaja el bloque de empresarios- aconsejaban descartarlo.

Sacar a Cerna es una señal de voluntad política de transparencia. No es casual que cuando estalló la corrupción descubierta en la DGI, el único funcionario gubernamental que se refirió a estos hechos fue Bayardo Arce, asesor económico de Ortega y cabeza visible del bloque de empresarios del partido. Arce reconoció “algo anómalo” en la DGI y anunció que se pondría “en orden la casa”.

Lo más cierto es que, tanto para el grupo de los “históricos” que apuestan a superar un partido reducido a maquinaria electoral para crear un partido vinculado a las bases, como para los empresarios, que apuestan a una macroeconomía sana con todos los ingredientes del modelo neoliberal, el supremo árbitro sigue siendo Daniel Ortega. La fusión Estado-Partido-Gobierno-Familia a la que hemos asistido estos últimos años lo aseguran en ese sitial.

¿SÓLO UNA TREGUA?

Las informaciones periodísticas hablaron de una “barrida” de los hombres leales a Cerna en todas las estructuras políticas y de inteligencia que él controlaba en el FSLN, especialmente en León y Chinandega, donde tenía a sus más incondicionales y a donde ya habían acotado con anterioridad sus poderes.

Ahora, quedan varios interrogantes en el enrarecido aire pre-electoral. ¿Afectará la campaña del FSLN la salida de Cerna? Aunque la información oficial es que quien sustituirá como secretario de organización será el propio Daniel Ortega, ¿quién en la realidad cotidiana y concreta ocupará su estratégica posición?

¿Será Cerna abandonado totalmente por el árbitro Ortega, tal como lo fueron Guadamuz y Lewites? ¿Qué se negoció con este hombre, que tanto sabe de tantas cosas? ¿Es esto sólo un reacomodo de fuerzas o es algo más definitivo? ¿Es sólo una tregua pre-electoral en las luchas internas en el FSLN o habrá nuevos capítulos en un equilibrio de poder que, con o sin Cerna, parece inestable?

Ninguna de las respuestas que vayan apareciendo a estas interrogantes deja de tener importancia para el futuro de Nicaragua, dado el control que hoy ejerce el FSLN sobre el Estado, sobre el país y sobre una parte de la población nicaragüense.

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