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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 349 | Abril 2011
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Nicaragua

Las cinco casillas de la boleta electoral

Empieza a “rayarse el cuadro” más claramente para las elecciones del 6 de noviembre. Sabemos ya que en la boleta electoral habrá cinco casillas con cinco rostros. Y no sabemos mucho más porque seguimos percibiendo la profunda incertidumbre que rodea este proceso electoral.

Equipo Envío

Cumpliendo con el calendario elaborado por el Consejo Supremo Electoral -con magistrados que continúan ocupando cargos a pesar de tener período vencido hace muchos meses-, los 19 partidos que tienen personalidad jurídica configuraron cinco alianzas e inscribieron sus fórmulas para Presidente y Vicepresidente de la República. Inscribirán las listas de candidatos a diputados nacionales, departamentales y al Parlamento Centroamericano en un mes.

LOS CINCO INSCRITOS

El partido de gobierno, FSLN, sumó en su alianza -la llaman como en 2006 “Unida Nicaragua Triunfa”- al partido costeño YÁTAMA. Con menor presencia e importancia participan también en esta alianza el Partido de la Resistencia -el que conserva los sellos, pero no la mayoría de ex-contras-, el somocista PLN, la Democracia Cristiana (UDC) y tres pequeños partidos de origen evangélico: Camino Cristiano, Alternativa por el Cambio y MUC. Su fórmula es el Presidente Daniel Ortega y quien fuera hasta hace un año Jefe del Ejército, Omar Hallesle¬vens.

El Partido Liberal Constitucionalista (PLC) sumó en su alianza al histórico Partido Conservador y al pequeño partido costeño PIM. Su fórmula es el ex-Presidente Arnoldo Alemán y el actual diputado del PLC y ex-Canciller Francisco Aguirre Sacasa.

En la casilla del Partido Liberal Independiente (PLI) participan estructuras, dirigentes y bases del Movimiento Vamos con Eduardo (MVE) y del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), en una alianza llamada Unidad Nicaragüense por la Esperanza (UNE), a la que se unieron los pequeños PAC y el costeño PAMUC, más variadas disidencias de otras corrientes políticas. Su fórmula es el empresario radial Fabio Gadea Mantilla y quien fuera candidato presidencial del MRS en 2006, Edmundo Jarquín.

La Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) no sumó a ningún otro partido. Su fórmula es el diputado “independiente” Enrique Quiñónez y la diputada del PLC Diana Urbina.

El partido Alianza por la República (APRE) sumó en su alianza a los mínimos Partido Unionista Centroamericano (PUCA) y Partido Neo-Liberal (PALI). Sus candidatos son el ex-ministro de educación durante el gobierno de Bolaños, Miguel Ángel García y la pastora y líder de las denominaciones evangélicas de las Asambleas de Dios Elizabeth de Rojas.

FSLN: CON VOTO DURO,
REGALOS Y CARNETS

El FSLN con Daniel Ortega de candidato ganó en 2006, después de tres derrotas consecutivas, con sólo el 38% de los votos. En esta contienda apuesta a superar ese magro porcentaje con una victoria “cómoda” que le dé la mayoría simple de diputados -lo que no tuvo durante este período- e incluso la mayoría cualificada.

La división de la oposición liberal le favoreció en 2006. En esta contienda esa división permanece y el FSLN juega con la ventaja de ser el partido de un gobierno que cuenta con la administración discrecional de millonarios recursos de la cooperación venezolana y con el abierto acceso a los recursos estatales, tanto en el nivel central como en los municipios: el FSLN gobierna en la mayoría y las principales alcaldías del país.

Tiene también la ventaja de los dos sombreros que llevará durante varios meses Daniel Ortega: en cualquier acto público: ¿cómo distinguir entre el Presidente de la República con sus responsabilidades estatales de mandatario y el candidato presidencial con sus aspiraciones electorales? La identificación de los intereses del Estado con los del partido de gobierno -una de las características más acusadas de la gestión de Ortega- llega ahora al clímax con esta ilegal y peligrosa simbiosis.

Su historia y trayectoria le proporcionan al FSLN la ventaja de una capacidad de organización y disciplina entre sus bases, y por tanto de fidelidad en el voto, mayor que las del resto de partidos. El voto duro del FSLN es el más duro de todos. Mientras Ortega mantiene cohesionado a su voto duro usando y abusando de los símbolos de los años 80, trata de atraer a los desafectos y a los que no se mueven por esos símbolos con los beneficios de los programas sociales (vacas, chanchos, semillas, créditos, láminas de zinc) y con una miscelánea de regalos: camas, colchones, televisores de pantalla plana, mochilas escolares, casas, comida, medicinas, empleos en el Estado…

¿Se traducirán esos regalos en votos? No sucedió así en las elecciones municipales de 2008. Igualmente, carnetizó durante estos años como militantes del FSLN a decenas de miles de trabajadores estatales. ¿Se traducirán en votos esas afiliaciones masivas y no siempre voluntarias?

FSLN: CON LA CARGA
DE LA ILEGALIDAD

La oposición al FSLN ha cuestionado consistentemente la candidatura de Daniel Ortega: prohibición constitucional a la reelección sucesiva y a un tercer período presidencial. Y prohibición constitucional a que cualquier institución, incluida la Corte Suprema, modifique la Constitución.

Además de las razones jurídicas, constitucionales y legales, presentadas hasta la saciedad contra la candidatura de Daniel Ortega durante meses, destaca el argumento al que aludieron seis militares retirados del Ejército Popular Sandinista (un coronel, dos tenientes coroneles, un mayor, un capitán y un teniente primero) que reflexionaron así en carta pública a la nación: “Es inconcebible que el Frente Sandinista de Liberación Nacional, como partido de larga trayectoria, no cuente en sus filas y en su institucionalidad con hombres y procedimientos incluyentes, para nombrar un candidato que los represente, habiendo numerosos hombres y mujeres destacados que cuentan con trayectoria,formación, prestigio y éxitos en la vida pública del país”.

La inscripción de Ortega para la reelección fue impugnada ante el Poder Electoral por tres de las cuatro fórmulas de oposición que competirán en las elecciones, sin ningún éxito. La inconstitucionalidad de la candidatura de Daniel Ortega será un tema presente y candente durante toda la campaña electoral y acompañará el nuevo período de Ortega si éste lograra la victoria en las urnas.

FSLN: CON UNO DE LOS SUYOS

Daniel Ortega eligió como compañero de fórmula a Omar Halleslevens, hasta febrero de 2010 Jefe del Ejército.

En sus últimas tres contiendas como único candidato que ha tenido el FSLN en más de cinco lustros, Ortega, consciente de que su partido no ha superado nunca una minoría electoral, buscó a compañeros “de fuera” que le dieran valor añadido y captaran votos más allá de las fronteras partidarias.

En 1996 Ortega sorprendió a muchos al elegir como fórmula a un desconocido, el ganadero confiscado en los años 80, Juan Manuel Caldera. Enviaba el mensaje de buenas relaciones con los pequeños y medianos productores rurales -base social de la contrarrevolución armada-, y a la vez, un mensaje de reconciliación nacional.

En 2001 Ortega captó al socialcristiano Agustín Jarquín, quien en el cargo de Contralor durante el gobierno de Alemán acusó al Presidente, pagó su osadía con la cárcel, y se construyó por eso un liderazgo pionero en la lucha contra la corrupción. Jarquín fue elegido por Ortega como “jabón ético” que limpiara su imagen después del nefasto trato con Arnoldo Alemán, materializado en el pacto con el que ambos reformaron a su favor la Ley Electoral y la Constitución.

En 2006 la fórmula de Ortega fue la que menos tragaron las bases de su partido. El elegido fue el liberal y ex-jefe civil de la contrarrevolución Jaime Morales Carazo. El mensaje que Ortega enviaba era, de nuevo, el de la reconciliación nacional y el de las mejores relaciones con el gran capital nacional, con el que Morales Carazo habla de tú a tú.

En esas tres ocasiones, y a pesar de sus fórmulas, el FSLN sacó más o menos el mismo porcentaje de votos. Ahora, en 2011, Ortega ya no eligió fuera de las fronteras partidarias. Señal de que ya no necesita hacer alianzas, que está seguro de los resultados. Halleslevens no tiene la voluntad de hacerle sombra a Ortega.

Las bases del FSLN, especialmente las históricas, que se han visto desplazadas en este período por jóvenes militantes con escaso espíritu de compromiso, se reconocen en Halleslevens, militante del FSLN desde universitario y participante en el comando que asaltó en 1974 la casa de Chema Castillo. En la jefatura del Ejército se ganó el aprecio de sus subordinados y de la sociedad. Halleslevens es también un finquero y ganadero de Chontales, donde le consideran campechano y “tranquilo”. La sociedad chontaleña, mayoritariamente adversa al FSLN, tendría ahora a un paisano por quien votar.

Pero lo más importante en la selección de Halleslevens es otro aspecto. El general en retiro fue durante 17 años jefe de la contrainteligencia militar al interior del Ejército. Pertenece a esa matriz conspirativa en la que nació, creció, se desarrolló y sigue actuando el partido de gobierno. Conspirar para vencer y responder a cualquier divergencia analizándola como conspiración es una de las características que ha impedido al FSLN transformarse en un partido democrático.

FSLN: CON UN MILITAR

Omar Halleslevens es un militar, al que vimos hasta hace muy poco al frente del Ejército. Y en la situación de casi total control institucional que tiene hoy el Presidente Ortega desde la titularidad del Ejecutivo, el nombramiento como compañero de quien fuera hasta hace un año Jefe del Ejército no podía dejar de provocar un arsenal de análisis.

Algunos compañeros de armas de Halleslevens, hoy separados del partido de gobierno, y algunos juristas, lo señalan como cómplice de la ilegalidad que comete Ortega al pretender la reelección aceptando ser fórmula con él.

¿Su selección indica que la fusión Estado-Partido promovida por Ortega evoluciona ya hacia algo más peligroso: Estado-Partido-Ejército? La jefatura de la institución armada ha reiterado que la decisión de Halleslevens es “personal” y que en nada compromete al cuerpo institucional del que Halleslevens salió. Sin embargo, es imposible no hacer hipótesis cargadas de preocupación por un eventual mayor endurecimiento del gobierno.

Algunas opiniones han coincidido en que, en cualquier caso, la selección de Halleslevens afecta al Ejército, la institución nacional con mayor credibilidad, encuesta tras encuesta y año tras año. Otros se han preguntado si el militar en retiro fue seleccionado para promover en la población una señal intimidante “por lo que pueda pasar”… y para cuando pase. El actual Jefe del Ejército respondió a este temor afirmando que el Ejército de Nicaragua “no es un ejército represor”.

El partido de gobierno ha ido colocando al frente de instituciones estatales y de negocios del ALBA a cinco generales y a ocho coroneles en retiro. Carlos Brenes, coronel en retiro -éste opuesto a la reelección de Ortega-, resalta este otro aspecto: “Hay que tener en cuenta el fenómeno que consiste en que oficiales que pasan a retiro ocupan cargos en el partido y en los negocios del partido. Ahora es Halleslevens. Es un mensaje de que la fidelidad es premiada”.

PLC: CON “EL GORDO”

El PLC aparece en el escenario electoral con la consigna El Gordo Presidente – El cambio ya. El “gordo” Arnoldo Alemán -ahora más esbelto, sometido a la estricta dieta que exige la banda gástrica que usa-, quien controla el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) desde su fundación, fue a partir de 1990, cuando se alzó con la alcaldía de Managua, el representante más activo y vociferante del antisandinismo. Agitando esa bandera ganó la Presidencia de la República en 1996. Tanto como Alcalde como Presidente, Alemán dejó tras sí un reguero de evidencias de la corrupción que institucionalizó en su entorno de gobierno, fiel a la matriz prebendaria del liberalismo somocista, en donde se desarrolló su liderazgo político.

Ese proceder convirtió a Alemán en representante eximio de esa característica de la incultura política nicaragüense que es la concepción del Estado botín e hizo de él símbolo del gobernante latinoamericano corrupto.

Hasta hoy, y por esa razón, Arnoldo Alemán -aunque absuelto por una Corte Suprema controlada por Ortega del principal caso de corrupción por el que fue sentenciado a 20 años-, tiene prohibida la entrada en Estados Unidos y en los países de la Unión Europea del área Schengen. Los cables de Wiki¬leaks lo incluyen entre “los diez gobernantes más corruptos de todo el mundo”.

Como candidato presidencial, Alemán llega cargando una imagen desgastada, pero más que por sus actos de corrupción -en la incultura política del país hay una gran tolerancia social a quienes hacen botín del Estado-, por el pacto que acordó con Ortega durante su mandato (1997-2001), que le facilitó a Ortega regresar al gobierno al reducir a 35% el porcentaje de votos necesarios para ganar; y por permitirle apropiarse de las instituciones del Estado, actuando con complicidad y por prebendas. El pacto con Ortega es lo que más ha erosionado el liderazgo de Alemán, no su corrupción.

A pesar de todo esto, Alemán conserva el atractivo halo de los caudillos zalameros y el PLC cuenta con la ventaja de bases organizadas y de una maquinaria electoral probada. La pregunta en estos comicios será cuánto queda en pie de este engranaje. Muchos de quienes han sido sus eslabones han abandonado el PLC, convencidos de que Alemán no representa una verdadera oposición y compite con Ortega para continuar siendo su socio minoritario en un pacto que reparte cargos en el gobierno.

PLC: CON LOS VERDES

Si la bandera del antisandinismo ideológico fue la gran ventaja de Alemán en 1996 y todavía en 2001, la disidencia de los liberales encabezada por Montealegre en las elecciones de 2006 alteró el cuadro de la oposición liberal. Después de ver las actuaciones de Alemán con Ortega de nuevo en el gobierno, el antisandinismo del PLC ya no resulta tan creíble. Y dos opciones encabezadas por candidatos que han abandonado el PLC -Quiñónez en la ALN y Fabio Gadea en el PLI- le disputan sus bases al PLC, Quiñónez con la bandera del antisandinismo tradicional y Gadea con banderas que ya no contienen ese ingrediente.

El PLC acude entonces a las elecciones en una alianza, llamada GANA, que ha unido a los rojos con los verdes del Partido Conservador (PC). Los líderes de ambos partidos se precian de haber resucitado en esta extraña mancuerna la fuerza tradicional de las “paralelas históricas”: liberales y conservadores controlaron la política nacional, sus divergencias motivaron guerras civiles y sus pactos llenaron la historia del país desde la independencia hasta 1979. En el PLC, como ha sido tradicional, se agrupan capitales medianos y el PC tiene en su dirigencia a representantes del gran capital.

PLC: CON UN ANTÍDOTO

Durante varias semanas se especuló sobre quién sería el dirigente conservador que aparecería como fórmula de Alemán, pero ya en la víspera de la selección, Alemán advirtió que sería otro “rojo sin mancha”. El elegido fue el diputado del PLC Francisco Aguirre Sacasa.

Aguirre Sacasa es “un caballero a carta cabal”: así lo define Alemán. Como buen caballero, cuando Aguirre fue Canciller de Alemán estrenó el nuevo edificio de la Cancillería, donado por Taiwan, cabalgando un brioso corcel, una escena insólita.

Alemán lo selecciona esperando revitalizar el PLC y sobre todo, retener a sus bases, aunque Aguirre Sacasa no es un dirigente cercano a la gente. La alianza con el PC se expresará en las listas de diputados, con las que el PLC busca captar votos en zonas tradicionalmente verdes: Granada, Boaco, Chontales.

Aguirre Sacasa actúa como antídoto al veneno volcado por los liberales sobre Alemán por su pacto con Ortega. Maquilla su imagen internacionalmente, especialmente ante Estados Unidos -Aguirre Sacasa conoce muy bien la política del Norte- y nacionalmente la mejora ante el gran capital nacional. El elegido tiene una imagen de ponderación, sagacidad y hasta de abolengo. Conoce muy bien la política internacional después de 28 años de trabajar en el Banco Mundial. Con él, Alemán intenta convencer a quienes desde hace años lo vienen considerando fuera del juego por su impresentable récord político.

ALN: CON AMBIGÜEDAD

La Alianza Liberal Nicaragüense fue una creación de Eduardo Montealegre que la organizó, la financió y la proyectó como disidencia moderna del PLC. Ganó el segundo lugar en las elecciones de 2006, lo que la consagró como una opción política atractiva y con potencial de crecimiento entre las bases del PLC y en el liberalismo.

Eso la objetivó como un riesgo para el bipartidismo pactado entre Alemán y Ortega. Por eso, la ALN fue entregada en 2007, por una arbitraria decisión del Poder Electoral, a aliados del FSLN. A partir de entonces la mayoría de los diputados electos en las listas de ALN se unieron a Montealegre en el Movimiento Vamos con Eduardo y la minoría de diputados que quedaron con el membrete de ALN se convirtieron en los más desprestigiados del Parlamento, prestos siempre al mercado de compraventa de votos en lo que Ortega convirtió ese Poder del Estado durante estos años.

El candidato presidencial de esta ALN, o de lo que ha quedado de ella, es Enrique Quiñónez, un político de verbo encendido y grosero, cadete de la EEBI somocista, combatiente de la contrarrevolución, cercano a Alemán durante años para después descalificarlo consistente y duramente en los últimos años. Promotor de la candidatura presidencial de Montealegre y diputado de su bancada hasta hace poco, Quiñónez pasó a dirigir la ALN en 2010 en una rara movida política que dio lugar a todo tipo de suspicacias: el “nadie sabe para quién trabaja” del dicho cobra vigencia en su caso.

Antes de inscribirse como candidato presidencial, Quiñónez intentó que ALN hiciera alianza con el emergente grupo de Fabio Gadea Mantilla, respaldando su candidatura, pero fracasó, ya que en el consejo político de Gadea se atuvieron al susodicho dicho.

Quiñónez se quejó, frustrado, y se candidateó él mismo, buscando entonces como fórmula a alguna representación de los sectores evangélicos pentecostales, pero tampoco logró convencerlos. Finalmente, va acompañado de la diputada del PLC en el Parlamento Centroamericano, Diana Urbina, ardiente abanderada del antisandinismo y ahora desertora del PLC.

La primera y principal conquista política de la ALN es José Rizo, presidente honorario del PLC, quien fue candidato presidencial del PLC en 2006 y que ahora abandona su partido. Su transfuguismo añade más recelos sobre el por qué y el para qué del trabajo de ALN.

ALN: CON SOMOZA
Y SUS RECURSOS

La ALN tiene una gran ventaja, que se desprende de la legalidad surgida del pacto Ortega-Alemán. Está presente en todas las estructuras electorales municipales y departamentales y en todas las mesas de votación, encabezándolas o como segunda fuerza. Y como el modelo electoral de Nicaragua se basa en la desconfianza de unos hacia otros, suponiendo que “todos roban” y que “el que pestañea pierde”, y como el actual proceso electoral se celebrará bajo el nubarrón del fraude cometido en 2008, esto le da una enorme ventaja a quienes cuentan los votos in situ y a quienes deciden sobre las impugnaciones ese día.

La gran novedad -otra gran ventaja- que trae al proceso electoral este ambiguo grupo político es su jefe de campaña, Álvaro Somoza Urcuyo, nieto del primer Somoza, (“Tacho viejo”, Somoza García), sobrino de “Tachito” (Somoza Debayle) e hijo de Luis Somoza. Este Somoza de tercera generación salió al exilio en 1979 con 28 años, regresó a Nicaragua en los años 90 y aparece ahora visible en la contienda electoral, poniendo sus importantes recursos económicos en la mesa de juego de la contienda. ¿Alguien sabe para quién trabaja?

Somoza Urcuyo ha calificado a Alemán como “un traidor a la patria” y a Daniel Ortega como “un asesino” que “se dirige hacia una dictadura”. A pesar de tan contundentes calificativos, las sospechas que envuelven los objetivos de ALN rodean también a este Somoza.

Somoza Urcuyo respaldó la candidatura presidencial de José Rizo por el PLC en 2006. Ahora entra a la contienda con una mayor proyección. Además de reforzar económicamente a ALN en su campaña, aspira a recuperar un protagonismo político que reivindique ese apellido que lo marca.

Ese apellido evoca el antisandinismo que durante veinte años monopolizó Alemán: esta ALN puede quitarle votos al PLC, dividiendo aún más la oposición a Ortega. Y aunque parezca mentira, para muchos de quienes integran las generaciones de votantes mayores, ese apellido resulta todavía atractivo porque trae a la memoria el orden social y el auge económico de aquella etapa.

PLI: CON UN GRUPO PLURAL

Después de buscar ansiosamente la casilla de un partido con personería jurídica en la que poder competir y bajo la espada de la incertidumbre de si el partidarizado Poder Electoral le pondría obstáculos a su participación, la alianza UNE (Unidad Nicaragüense por la Esperanza) aterrizó por fin en la casilla del Partido Liberal Independiente (PLI).

El lanzamiento de Fabio Gadea, un personaje no nuevo en la política, pero sí inesperado como candidato presidencial, surgió de una propuesta del liberal Eduardo Montealegre, que dispuso sus recursos y las bases del MVE para proyectar a Gadea.

Gadea quiso agrupar en torno a su candidatura a toda la oposición al proyecto de Ortega. No lo consiguió. Pero en torno a la novedad que representaba su irrupción en el escenario y el sentido explícito de su candidatura -opuesta tanto a Ortega como a Alemán- se agruparon muchos más: amplias disidencias de las estructuras del PLC en varios municipios, disidencias conservadoras y socialcristianas, líderes de la Resistencia. Y los sandinistas del MRS. También muchos de los movimientos que en oposición al pacto de Ortega y Alemán han ido surgiendo en la sociedad civil a lo largo de los años.

El heterogéneo grupo que apoya a Gadea expresa una voluntad de pluralismo que en las otras tres alianzas opositoras -PLC, ALN y APRE- no existe. Sin embargo, esa mezcla política e ideológica que apunta al pluralismo, es tanto una virtud como un problema y una desventaja. Lograr consensos en un grupo tan variado, con rivalidades históricas y concepciones contradictorias, en la selección de los diputados, en el programa que presenten al país, en los mensajes y discursos de su campaña, es el mayor desafío de esta alianza. Lograr recursos para sostenerla también lo es.

PLI – CON UN COMPLEMENTO

Gadea seleccionó como compañero de fórmula a Edmundo Jarquín, del “clan Chamorro” -colaborador de Pedro Joaquín y casado con una de las dos hijas de doña Violeta, ex-Presidenta de Nicaragua-, quien fuera funcionario del gobierno revolucionario de los 80 y candidato presidencial del MRS tras la inesperada muerte de Herty Lewites en 2006, consiguiendo para ese partido 200 mil votos.

La selección de Jarquín (MRS) expresa la vocación de pluralismo de este grupo. Escogerlo supone también “darse color” más allá del liberalismo, tomando distancia tanto del PLC como del MVE. La dupla con Jarquín ha provocado tensiones y susceptibilidades entre los liberales que, viniendo del PLC, han comido y bebido antisandinismo durante años, y desconfían de las consecuencias políticas que puede tener esa yunta.

A sus casi 80 años Gadea muestra energía y el apoyo que recoge en zonas rurales por el poder de su Radio Corporación y sus 50 años de cuentos radiales con el emblemático personaje Pancho Madrigal- parecen aumentársela.

En sus giras rurales le acompaña Jarquín. Ambos tienen voces de calidades radiofónicas y se complementan. Gadea narra y Jarquín analiza, Gadea habla a un público rural y Jarquín a un público urbano, Gadea mueve símbolos emocionales y Jarquín apela a argumentos y a razones, Gadea tiene un probado historial anti-FSLN, Jarquín viene del FSLN. Gadea es un provinciano, Jarquín un cosmopolita.

La apuesta declarada de este grupo es unificar el voto independiente y el descontento disperso y así polarizar la elección entre Ortega y ellos -aunque haya cinco opciones, que ese día cuenten para el electorado sólo dos- y mover al electorado a una participación masiva que frene la tentación del fraude electoral o que obligue al partido de gobierno a evidenciarse optando por hacerlo.

PLI - CON OTROS MENSAJES

La oposición al partido de gobierno abunda en mensajes manidos y reiterados. Algunos de los mensajes de Gadea son los que más concretos de los que comienzan a aparecer.

Esta alianza se define por enfrentar el pacto Ortega-Alemán. Gadea es consuegro de Alemán, y fue diputado al Parlacen por el PLC durante tres períodos. Antes de inscribirse como candidato en la casilla de otro partido renunció a su “militancia en el PLC del Doctor Alemán, pero no en el PLC de los liberales constitucionalistas, de la inmensa mayoría de liberales constitucionalistas. Soy, sigo, y seguiré siendo liberal constitucionalista -aclaró-. Lo que no soy es ni Orteguista ni Alemanista… El pacto Ortega-Alemán me ha obligado a este paso”.

Gadea es el único candidato que ha mencionado, aunque aún tímidamente, alguna posición respecto de los programas sociales que Ortega hace insignias de su gobierno y con los que trata de atraer el voto de la población más pobre. “Prometo -ha dicho Gadea- que seguirán y se ampliarán los programas de apoyo gubernamental a los más pobres, sin partidarismo, sin que nadie tenga que entregar a cambio su dignidad y su libertad de pensamiento. Si hay láminas de zinc, será para todos, si hay vaquillas y chanchos, será para todo el que lo necesite. Nadie necesitará decir “Estoy con Fabio” para acceder al bono productivo, a los créditos, a la asistencia técnica”.

También ha dicho que la prioridad de su gobierno será la educación, aunque aún no presenta un programa de gobierno ni aún explica cómo logrará responder a esa prioridad, si lo hará decidiéndose a llevar adelante la reforma fiscal que Nicaragua necesita para superar la brecha de inequidad que cada día se acentúa más entre los ricos de siempre -que no pagan impuestos-, los nuevos ricos que promueven los negocios del ALBA -que tampoco los pagan- y los pobres que se benefician de los programas sociales del gobierno y los otros pobres, que son mayoría y están abandonados a su suerte, sin empleo, sin oportunidades.

APRE:
CON LA PROVIDENCIA DIVINA

APRE (Alianza por la República) fue un partido “creado” al calor del poder durante el gobierno del Presidente Bolaños en 2002 y con disidencias del liberalismo, monopolizado por el PLC y controlado por Arnoldo Alemán, condenado ya entonces por graves actos de corrupción. Después de una participación irrelevante o de estar ausente en las dos siguientes elecciones municipales y en las nacionales de 2006, se suponía que había perdido su personería jurídica. Sin embargo, participará en los comicios del domingo 6 de noviembre.

Su candidato presidencial, Miguel Ángel García -fue ministro de educación durante el gobierno de Bolaños- confiesa que Dios le orientó aceptar esta candidatura y que Dios le asegura que ganará con un millón de votos de respaldo.

“Dios proveerá”, dice cuando le interrogan sobre quién financiará su campaña. Su fe, de tradición católica, está reforzada por la de su candidata a la vicepresidencia, la pastora evangélica Elizabeth de Rojas, quien considera que bastará “activar un botón” y todos los fieles de las Asambleas de Dios participarán en la campaña del APRE, la financiarán y votarán por ellos.

Con esta fe, el APRE tiene como consigna “Con Miguel tiembla Daniel”, aunque con su buen humor, reconoce que los primeros temblores del Presidente serán de risa al verlo a él, precisamente a él, desafiándolo con tanta seguridad de vencerlo.

¿SEGUROS O TEMEROSOS?

¿Representan estas cuatro opciones una auténtica opción al proyecto de Ortega y de lo que hoy es el FSLN?

El partido de gobierno se proclama muy seguro de su triunfo en las urnas. Pero su tenaz negativa a permitir la observación nacional en las elecciones, la campaña que ha organizado con sus juventudes y los empleados estatales para que repudien la observación electoral como sinónimo de injerencismo extranjero, y la desproporcionada, intolerante y represiva reacción con que respondió a la marcha del 2 de abril de la sociedad civil en rechazo a la inconstitucional candidatura presidencial de Ortega, indican que no están tan seguros, que no quieren correr ningún riesgo con los observadores y que pondrán la Policía Nacional al servicio de los intereses de Ortega.

Parecen presos del temor a que el descontento generado por el autoritarismo gubernamental se exprese libremente, se organice y crezca.

¿EL CAIRO EN MANAGUA?

El partido de gobierno viene apostando desde hace un buen tiempo a la pasividad y a la resignación nacional ante los hechos consumados y a la tolerancia internacional ante el mal menor. ¿Se sostienen estas apuestas?

Internacionalmente, el contexto mundial está siendo severamente modificado por las insurrecciones en el mundo árabe. El Presidente Ortega no puede dejar de seguir, no sin ansiedad, perplejo y preocupado, lo que está ocurriendo en esos países. Los voceros oficiales justifican las restricciones que el gobierno impone a la oposición porque existe “información de inteligencia” que le indica a las autoridades nicaragüenses que está en marcha una “conspiración” para derrocar al gobierno, provocando en Managua algo similar a lo que ocurrió en la Plaza Tahrir de El Cairo.

Egipto no es Managua y esa evidencia la comparten el gobierno y la oposición. La interpretación fantasiosa que traslada El Cairo a Managua encubre lo que sí debe estar preocupando y perturbando al partido de gobierno: la crisis del modelo libio, versión africana del modelo chavista en Venezuela.

Los líderes de Venezuela y Libia, ambos países petroleros, han centrado sus proyectos en emplear las riquezas derivadas de los excedentes del petróleo para mejorar el nivel de vida de sus poblaciones. Hoy, Libia es el país árabe con renta per cápita más alta y mejores servicios de educación y salud. Sin embargo, la concentración del poder en una persona y en su familia, el férreo control social y la falsedad de la Jamahiriya como expresión del “poder popular”, han hecho estallar el clamor por la libertad.

Venezuela no es Libia y eso también es evidente. Pero la crisis del modelo libio arroja sombras sobre el rumbo del modelo de Chávez y el del ALBA, desde donde se alimentan la concentración de poder y el control social que caracterizan el gobierno del “poder ciudadano” de Ortega en Nicaragua. También sabe Ortega que el contexto venezolano está siendo modificado: Chávez y el ALBA en 2007 -cuando Ortega llegó al gobierno- tenían una solidez que Chávez y el ALBA en 2011 ya no tienen.

LA CRISIS DEL MODELO LIBIO

Lo que le preocupa al partido de gobierno es la crisis del modelo libio, espejo al que se asoman con temor. Tal vez por eso la reiterada incondicionalidad que el Presidente expresa con el coronel Gadafi, que este mes llegó al extremo al ofrecer al sacerdote católico Miguel D’Escoto -Canciller de Nicaragua en los años 80 y ahora asesor de Ortega en política exterior-, para que Gadafi lo nombrara su representante en la ONU. Esta medida temeraria e irracional de Ortega y el excéntrico papel que le tocó jugar a D’Escoto al llegar a la sede de la ONU esgrimiendo el nombramiento de Gadafi, exhibió a Nicaragua ante el resto del mundo como un país aislado, al garete, por la irresponsabilidad de su timonel.

La confusión de los compromisos personales de Ortega con Gadafi -al que ciertamente debe muchos favores- con su responsabilidad como gobernante de un país pequeño y frágil como Nicaragua está erosionando la tolerancia internacional con la que cuenta Ortega para imponerse en un nuevo período y ser legitimado internacionalmente. La fuga de Nicaragua de la cooperación europea -Suecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Austria, ahora Holanda- es un pésimo presagio.

Nacionalmente, la apuesta a la pasividad y a la resignación es un mal cálculo. Nada está todavía consumado. Mucho tiene que llover antes de la fecha de los comicios y las incertidumbres sobre lo que sucederá de ahora hasta esa fecha, en esa fecha, y en su “día después” tienen que estar presentes en cualquier análisis. También en éste. Nos obligan a la humildad de la espera. Y a la de la esperanza.

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