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  Número 348 | Marzo 2011
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Nicaragua

La conexión libia

Cuando los partidos políticos nicaragüenses armaban y desarmaban apresuradamente sus alianzas para inscribirse a tiempo y cumplir con el estricto calendario electoral, estalló la revuelta popular en Libia, réplica tectónica del terremoto que sacude al mundo árabe. El Presidente Ortega tiene una estrecha conexión con Libia. Y lo que está pasando en Libia encierra mensajes sobre el partido de gobierno.

Equipo Envío

Aunque Trípoli, la capital libia, está a más de 10 mil kilómetros de distancia de Managua, una buena parte del pueblo de Nicaragua ha escuchado hablar de Libia más que de cualquier otro país del vasto y lejano mundo árabe. En algún momento han sido muchos los que han oído de Gadafi, el hombre que ha gobernado Libia desde hace 42 años.

PALABRAS EN LA MEMORIA

Como hoy, más o menos conscientes, pertenecemos ya a una ciudadanía que habita en esa plaza global que ha resultado ser la información en tiempo real, la “revolución de los jazmines” en Túnez primero, y la heroica insurrección pacífica en Egipto después, se convirtieron enseguida en tema de conversación, análisis, comparaciones y especulaciones de mucha gente en Nicaragua, a pesar de que nada, o casi nada, sabemos sobre la historia y los problemas actuales de esos países. Pero como las noticias mencionaban dictaduras prolongadas, represión, dinastías, desempleo, insurrección, fraudes electorales, corrupción -palabras todas que han estado presentes y siguen presentes en el imaginario político nicaragüense- el terremoto árabe no nos resultaba ajeno.

Cuando le tocó el turno a Libia, los acontecimientos se nos acercaron aún más. A diferencia de las revoluciones de Túnez y Egipto, las noticias daban cuenta de un gobernante que estaba siendo desafiado por su gente y por opositores armados y, en respuesta, ametrallaba al pueblo que se rebelaba contra él. Nicaragua conoció un drama similar hace apenas tres décadas.

EMPATÍA Y COOPERACIÓN

En el mar de solidaridad que se volcó sobre nuestro país después del terremoto de 1972 que devastó Managua llegó Libia, iniciándose desde entonces relaciones de cooperación y apoyo, gobierno tras gobierno. La relación se estrechó con la llegada al poder del gobierno revolucionario. La revolución nacionalista que encabezó Muamar Gadafi en Libia contra los imperialismos que habían ocupado su país durante décadas inició en 1969. La revolución nicaragüense que encabezó el Frente Sandinista contra la dictadura somocista que duró cinco décadas ocurrió apenas diez años después, en 1979. La empatía política fue inmediata.

En los años 80, Libia, como otros países del grupo de los No Alineados, brindó cooperación técnica al gobierno del FSLN en el ámbito agropecuario y le facilitó créditos. En 1984 fundó en Managua el Centro Cultural Árabe Libio, que promovía eventos culturales. Hasta hoy ha promovido becas para capacitar a estudiantes nicaragüenses en contabilidad, mecanografía, lengua árabe y costura. La empresa Agropecuaria Árabe Libia, con una inversión de 15 millones de dólares, fue considerada por el gobierno libio “una de las empresas más grandes del sector agropecuario de Centroamérica”.

Los créditos libios a Nicaragua generaron deuda externa. Y mientras en los años 90 los países occidentales le condonaron a Nicaragua, uno tras otro, las deudas contraídas en los años de la revolución, Libia no lo hacía. Fue precisamente este 16 de febrero, cuando ya sonaban los primeros tiros en Trípoli, que el presidente del Banco Central de Nicaragua anunciaba que, por fin, tras las gestiones de cuatro gobiernos, Nicaragua había logrado un acuerdo de condonación de la deuda con Libia: nos perdonan 195.8 millones de dólares, quedándonos aún pendientes 117.8 millones.

“UNA O DOS VECES AL AÑO”

Después de la derrota del gobierno revolucionario en las urnas en 1990, las relaciones de Estado a Estado, y de revolución a revolución, evolucionaron a una amistad personal entre Muamar Gadafi y Daniel Ortega. El propio Ortega reconoce una relación especial que no tiene paralelo con las que ha mantenido con otros líderes mundiales que apoyaron la revolución. En los años 90, Ortega admitió que el partido FSLN y él mismo vivían de “las remesas” que le enviaba su “hermano Gadafi”. Años después, en la presentación de credenciales del nuevo embajador libio en marzo de 2007, ya electo Presidente, Ortega dijo que “después del año 1990, al menos una o dos veces al año me he estado reuniendo durante estos 16 años con el hermano Moammar El Khadaffi”.

El penúltimo de esos viajes ocurrió en junio de 2007, en una gira que Ortega realizó con su familia -esposa, hijos, yernos, nueras, nietos- por Argelia, Irán y Libia. En aquella ocasión, Gadafi le habló de su iniciativa de formar un “Frente del Sur” para “crear un equilibrio internacional a nivel político y económico” e invitó durante dos días a toda la familia presidencial a Sirte, el pueblo donde él nació, para que compartieran con su familia la boda de un sobrino con una poetisa jordana.

“Fue una actividad muy hermosa, donde pudimos palpar la cultura y las tradiciones del pueblo libio. Además, se desarrolló una impresionante velada artística donde pudimos apreciar las canciones y las danzas de la lucha revolucionaria, así como una demostración de la caballería que utilizaron en sus luchas revolucionarias”, comentó desde allá Rosario Murillo.

EL ÚLTIMO VIAJE

Apenas un mes antes que Gadafi azuzara a su gente (“quienes me aman”) a perseguir “casa por casa” a “las ratas” que se habían rebelado contra él (“Yo soy la gloria de Libia”, dijo en esa ocasión), el diario británico The Telegraph publicaba un cable de Wikileleaks, en el que una nota del 4 de enero de 2009 de la embajada de Estados Unidos en Trípoli informaba del último viaje de Ortega a Libia, del 19 al 22 de diciembre de 2008. Según el cable, Ortega viajó a solicitarle a Gadafi dinero en efectivo, pero en tres reuniones con él “no obtuvo ni un dinar” del líder libio. Ortega también solicitó al gobierno libio invertir en la construcción del soñado canal interoceánico por Nicaragua y en otros proyectos, sin resultados.

Según la nota, Gadafi contó después que Ortega sólo llegó a pedir y “a llorar en su hombro”. A juicio de la embajada estadounidense, “los días en que la revolución libia soltaba plata para sus amigos revolucionarios en el exterior han llegado a su fin”.

CORDIALIDAD,
DEPENDENCIA, INTERCAMBIOS

Tal vez en compensación, un año después el Presidente Ortega recibió en Managua, de manos del Ministro de Información y Cultura de Libia, el Premio Internacional Gaddafi para los Derechos Humanos, establecido para “quienes hayan colaborado de forma sublime en la prestación de servicios humanos destacados o en la realización de labores gloriosas en defensa de los derechos humanos”. Anteriormente, recibieron este premio Nelson Mandela, Fidel Castro y Hugo Chávez, que a cambio le obsequió a Gadafi una réplica de la espada del Libertador, afirmando que Gadafi “es para los libios lo que Simón Bolívar para los venezolanos”.

Un contexto de tantos encuentros cordiales y de tanta dependencia económica, explican la solidaridad incondicional con Gadafi expresada por el Presidente Ortega cuando estalló la rebelión popular en Libia. En estas visitas e intercambios parece haberse tejido también una afinidad ideológica de la que dan cuenta proyectos y estilos de gobierno trasladados de las du¬nas del desierto a nuestra Nicaragua.

LA HORA DE GADAFI

Libia está enclavada en el amplio desierto del Sahara. Es un país inmenso, con un territorio 13 veces más extenso que Nicaragua y con la misma población que alberga nuestro país: casi 6 millones de habitantes. Las tierras de lo que hoy es Libia estuvieron en manos de faraones egipcios, comerciantes fenicios, gobernantes griegos y emperadores romanos, hasta la llegada de los árabes. Cuando siglos después de la caída del imperio otomano, las potencias europeas se repartieron África, Italia convirtió a Libia en su colonia. Derrotado Mussolini, al término de la Segunda Guerra Mundial, Naciones Unidas declaró a Libia país independiente e instaló al rey Idris como gobernante de ese territorio.

En los años 60 se descubrió que las tierras libias se asentaban sobre un mar de petróleo. Entonces apareció Muamar Gadafi. En 1969, este beduino y militar con grado de capitán, derrocó al rey con un golpe de Estado sin tiros, y nacionalizó las tierras, la banca y el petróleo, expulsando del país las bases militares de Gran Bretaña y Estados Unidos.

UNA EXTRAÑA AMALGAMA

La revolución de Gadafi fue “verde”, no por ecológica, sino por el color de sus banderas, y se basó inicialmente en tres principios: nacionalismo, socialismo y panarabismo. Después comenzó la amalgama: ideas y proyectos iban y venían, transmutándose con los años en una alquimia que combinaba un liderazgo real con extravagancias y charlatanería hueca. Gadafi pretendió, infructuosamente, erigirse como líder del mundo árabe y de las revoluciones tercermundistas. En esa aventura fue percibido durante años por Occidente como un desestabilizador y terrorista internacional, brindando él mismo pruebas de que lo era. En los años 80 Libia fue sancionada y aislada por Occidente.

A finales de los años 90 -cuando ya había recibido en su jaima portátil instalada en el desierto a Daniel Ortega en innumerables ocasiones-, Gadafi se transmutó él mismo, convirtió a Libia en miembro pleno de la comunidad internacional estrechando relaciones con Estados Unidos, Francia, Italia, Gran Bretaña, Alemania, y hasta con Israel, permitiendo la entrada en Libia de empresas petroleras extranjeras y amistándose con sus enemigos de ayer. Dio un giro de 180 grados y, al mejor estilo de la hipocresía política, Occidente dio un giro de los mismos grados y le rió todas las extravagancias, obvió su corrupción y silenció la represión de la que ya había suficientes pruebas.

Insertado en las coordenadas de pleno aliado político y comercial de Occidente lo encontró la rebelión de Túnez y Egipto, países vecinos. Gadafi defendió a Mubarak y condenó el alzamiento del pueblo egipcio contra él. Cuando le llegó su turno, Berlusconi defendió a Gadafi y la ira popular mostró al mundo lo que pasaba en Libia.

¿UNA REVOLUCIÓN
O MUCHAS IDEAS REVUELTAS?

Después de unos seis años en el poder, en 1975 Gadafi publicó El libro verde -sus ejemplares son quemados hoy por los opositores-, en tres volúmenes: La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo, La solución del problema económico: el socialismo, El fundamento social de la Tercera Teoría Universal.

Dos años después proclamó a Libia como Jamihiriya Árabe Libia Popular y Socialista. (Jamarihiya puede traducirse del árabe como Estado de las Masas). Inspirado en Platón y en el Che Guevara, la síntesis de sus textos verdes muestran una ideología que revuelve ideas nacionalistas, anticapitalistas, anticomunistas, socialistas y religiosas, que conducen todas al modelo de un gobierno de democracia directa bajo la conducción de un líder supremo que es el guía de esa “revolución”. Acosado por el descontento popular, Gadafi declara ahora que no puede renunciar a ningún cargo porque no tiene ninguno. La realidad es que con su democracia directa concentró todo el poder convirtiéndose en uno más de los autócratas que han gobernado en los países del Medio Oriente y que hoy son rechazados por los pueblos árabes.

La fraternidad entre Gadafi y Ortega no sólo se basó en la transferencia de recursos financieros -las remesas libias-. También parece haberse alimentado de la importación de esas revueltas ideas traducidas como “revolución”. Cuando el Presidente Ortega recibió en Managua el Premio Gadafi para los Derechos Humanos, entre las razones del honor que se le concedía, el enviado de Gadafi afirmó: “En Nicaragua ustedes han adoptado claramente el Proyecto Jamahirino, un proyecto basado en el poder de todos. Y cuando ustedes han proclamado la instalación de los Consejos del Poder Ciudadano es también por su convicción de que el Pueblo tiene que ser el Presidente”.

EL MODELO
DE LA “DEMOCRACIA DIRECTA”

En septiembre de 2009 el Presidente Ortega convocó a una “Gran Consulta al Presupuesto Nacional” para iniciar el “pleno desarrollo del modelo de democracia directa”. (La “gran consulta” no tuvo resultados conocidos y sólo se realizó aquel año). Esa iniciativa la anunció Ortega en el contexto de la celebración oficial de los 40 años de la Gran Jamarihiya de Gadafi.

En esa ocasión, el embajador libio, Abdalla Mohamed Matoug, explicó que en la Jamarihiya “el pueblo mismo es quien decide y cualquier proyecto se discute en el Congreso Popular, que decide qué se va hacer en el área de educación, cuántas escuelas, cuántos kilómetros de carreteras… El pueblo decide en el Congreso Popular Básico y el Comité Popular se encarga de ejecutar”, afirmando que esa experiencia “es un ejemplo en el mundo y muchos países visitan Libia” para conocerla.

¿Para replicarla? Porque ése es, en teoría, el diseño que el actual gobierno de Nicaragua ha presentado y promovido con el nombre de Consejos del Poder Ciudadano y Gabinetes del Poder Ciudadano. En teoría, porque en la práctica, aún los más fervientes defensores del gobierno de Ortega reconocen que eso no ha funcionado.

En esa ocasión, Rosario Murillo hizo eco al embajador libio cuando declaró: “Nosotros los sandinistas nos identificamos con los logros y victorias del pueblo libio, donde se ha desarrollado un modelo extraordinario de poder para el pueblo, un modelo de democracia directa. Es un modelo que catalogamos de libertades individuales, que parten del hecho de que el pueblo organizado en los Congresos del Poder Popular ejerce ese poder para decidir sobre las transformaciones que se llevan a cabo y que garantizan justicia y paz social en ese país”.

SOLIDARIO
CON LA “GRAN BATALLA”

Al iniciarse los disturbios en Libia, el FSLN celebraba por todo el país “congresillos” con la participación de miembros del Poder Ciudadano, empleados estatales y simpatizantes del partido de gobierno. Reunidos en lugares céntricos, cumplían, sin debate alguno, con el único punto de agenda: ratificar por aclamación la candidatura presidencial de Daniel Ortega, prohibida constitucionalmente, aunque validada en 2009 por una cuestionada sentencia de magistrados de la Corte Suprema, incondicionales del FSLN, que declararon inaplicable el artículo constitucional que le prohíbe a Ortega reelegirse.

Estas asambleas, expresión de la “democracia directa”, desembocarían en el cuarto Congreso del FSLN, que se iba a celebrar el 21 de febrero. Aunque se canceló para esa fecha, el Presidente Ortega acudió a Niquinohomo ese día y en un acto en honor a Sandino expresó por primera vez su solidaridad con Gadafi, cuando en Libia se contaba ya con una semana de enfrentamientos sangrientos: “He estado comunicándome telefónicamente con él… Lógicamente, él está librando nuevamente una gran batalla. ¡Cuántas batallas ha tenido que librar Gadafi! Y en estas circunstancias, ellos están buscando cómo dialogar para defender la unidad de la nación… Yo le expresaba lo que es elemental: en momentos difíciles se pone a prueba la lealtad…Yo le transmití la solidaridad del pueblo nicaragüense, de los sandinistas nicaragüenses, a él, a todo el pueblo libio”.

Para ese día, ya había evidencias de que Gadafi no estaba buscando cómo dialogar, y que su “gran batalla” era contra un sector de su pueblo que repudiaba su gobierno.

“UNA ARREMETIDA MEDIÁTICA”

Después de ser cancelado en dos ocasiones sin explicación, el Congreso del FSLN se celebró por fin el sábado 26 de febrero. Como en los congresillos previos, la reunión fue festiva. Una multitud de flores y de jóvenes rodeaban a Ortega para ratificarlo como candidato presidencial. Los cuestionamientos desde el respeto a la Constitución que pesan sobre la candidatura de Ortega desde hace año y medio fueron zanjados en unas frases por la flamígera oratoria de Tomás Borge: “Están fuera de la realidad quienes ignoran que todos y cada uno de los diferentes órganos del Estado están para responder a los intereses de la Revolución, es decir del pueblo… La Revolución es fuente de Derecho y sus decisiones son legítimas, justas, más allá de lo formal…Si estamos en Revolución, y aún lo estamos, qué duda cabe que para el país lo positivo es la continuación del Poder actual... ¡La máxima legitimidad la tiene la voluntad popular, la voluntad de todos ustedes!”.

Frases que no pueden dejar de preocupar porque significan que “la revolución” (el actual gobierno) y “la voluntad popular” (los simpatizantes del FSLN) pasan por encima de “lo formal” (la Constitución de la República).

En esta ocasión, Ortega, ya ungido como candidato presidencial, y no pudiendo desconocer las noticias que en Nicaragua y en todo el mundo se seguían con preocupación, optó por la teoría de la conspiración, volvió a expresar su solidaridad con Gadafi y describió lo que sucedía en Libia como “una arremetida mediática feroz, donde no han podido presentar una sola toma de aviones bombardeando al pueblo ni de tanques disparando contra el pueblo ni de soldados ametrallando al pueblo”.

“MI GOBIERNO
LO ACOMPAÑA”

Días después, Ortega enviaba una carta a Gadafi, llena de mayúsculas, en una tercera expresión de solidaridad con él, al conmemorarse otro aniversario de la proclamación de la Gran Jamahiriya: “Conmemorar este aniversario con el espíritu de lucha y de compromiso que vemos en las calles de Trípoli es el mejor homenaje a esa histórica Declaración que hoy Usted y su Pueblo ratifican, en plena resistencia a la intervención imperial y a los intentos de dividir sus Territorios Sagrados para continuar desarrollando el neocolonialismo expansionista y re-colonizador que persigue los Recursos Naturales de nuestros pueblos… Libia vive momentos trágicos y definitorios. Nicaragua, mi Gobierno, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, y nuestro Pueblo, le acompañan en estas batallas que no sólo representan la defensa de la Dignidad y de la Nación y la Cultura Libia, sino que son también expresión de las luchas a las que, en distintas formas, nos estamos enfrentando todos los Pueblos del Sur”.

EL PRESIDENTE ORTEGA
SE QUEDÓ SOLO

Las tres expresiones públicas de solidaridad de Ortega con Gadafi, sin el más mínimo atisbo de crítica o de compasión por las muertes de civiles, han tenido costos políticos para el Presidente. A nivel nacional, en comentarios que en voz baja hacen sus propios simpatizantes.

En el escenario internacional Ortega se quedó solo. Las otras únicas declaraciones de apoyo, las de Chávez y Fidel Castro, fueron más matizadas y menos fraternales.

La propuesta de mediación encabezada por Chávez y los países del ALBA -a la que Ortega se adhirió-, no sólo llegó tarde. Viniendo de mandatarios solidarios con Gadafi, no resultó ni creíble ni aceptable para los opositores libios. La identificación radical de Ortega con Gadafi provocó hasta que se especulara con que Managua daría asilo al coronel libio y a su familia. El costo electoral que pudiera tener para Ortega la solidaridad con Gadafi dependerá de lo que su “hermano” siga haciendo y de lo que finalmente ocurra en Libia.

“GADAFI ES INDEFENDIBLE”

Si la reacción de Gadafi y de las estructuras que lo rodean han revelado en qué se convirtió, tras cuatro décadas de poder absoluto este hombre, la reacción ante la crisis libia de Daniel Ortega y la de algunos de sus voceros han revelado su incapacidad de autocrítica y la cápsula de poder en la que viven y desde la que pretenden hacer pensar a sus simpatizantes, objetivo ya imposible en esta plural plaza de la información globalizada.

Pensadores a los que podemos acceder fácilmente por Internet desnudan, desde la izquierda, las falacias de quienes defienden a Gadafi. El escritor y periodista venezolano Modesto Emilio Guerrero, defensor de la revolución chavista, escribe:“Libia se hizo Estado-nación independiente con Gadafi. Eso explica el trato diferenciado que le da ahora el imperialismo. Cualquier análisis o política sobre Libia debe partir de esa historia, reconociendo el valor de Gadafi en su resistencia al imperialismo”.

“Pero si nos quedamos ahí, comenzamos a mentirnos a nosotros mismos. Porque las cosas cambian, para bien o para mal, pero cambian. Y Gadafi ya no es Gadafi. Lo esencial en Libia es la rebelión en su contra, tan legítima como las del resto de África del norte, aunque al frente no haya todavía una dirección política revolucionaria… La complejidad nace en que Gadafi se ha convertido en indefendible. Antes era contradictorio, ambivalente. Desde hace años es otra cosa. Su brutal represión y sus respuestas políticas reaccionarias a las protestas han sido más despiadadas que las del propio Mubarak o Ben Alí. Su régimen es autárquico y nepótico, con él en el centro como si fuera el jefe de una dinastía. Gadafi y su desgastado movimiento panarabista y “socialista”, la Jamahiriya, perdieron toda progresividad, porque enfrenta a las masas rebeladas como lo hicieron sus socios reaccionarios del Magreb… Gadafi se volverá defendible, sólo temporalmente, en el caso de que la OTAN lo ataque. Y lo será a condición de que él llame al pueblo libio, comenzando por el Consejo Nacional de Bengasi a tomar las armas para defender la Nación libia”.

“ES EL MUNDO AL REVÉS”

Alma Allende, quien escribe desde Túnez mano a mano con el antropólogo español Santiago Alba Rico, comenta en una de sus crónicas: “Es el mundo al revés -dice Rami, militante de izquierdas, muy triste-. Los criminales invasores de países se pronuncian a favor del pueblo libio y los exportadores de médicos y solidaridad se pronuncian a favor de su verdugo”… Muchos carteles ofrecen un montaje fotográfico en el que se suceden los rostros de Ben Alí, Mubarak y Gadafi tachados con una cruz y a continuación un espacio vacío con un signo de interrogación: ¿Quién será el siguiente? Cualquiera que en estos momentos se atreva a apoyar a alguno de los dictadores de la región desde Europa, Estados Unidos o América Latina, se ganará la reprobación más absoluta y definitiva de todos los árabes, de Mauritania al Golfo”.

“ME SIENTO AVERGONZADO”

El intelectual vasco Iosu Perales, buen conocedor de la política de Centroamérica y del Medio Oriente, escribe desde Bilbao: “Como europeo me siento profundamente avergonzado de las relaciones habidas durante décadas entre la Unión Europea y sus gobiernos con los regímenes policíacos del norte de África. Durante mucho tiempo, el comercio, las inversiones y el petróleo han valido más que los derechos humanos. La hipocresía de nuestros gobiernos y de los principales partidos políticos europeos ha venido cerrando los ojos a la realidad tremenda de pueblos aplastados, humillados, viviendo en estados de excepción permanente… Como hombre de izquierda me siento avergonzado de las reacciones de Fidel Castro, de Daniel Ortega y Hugo Chávez quienes, en un alarde de ignorancia, o lo que sería peor, de burda propaganda, aseguran que detrás del levantamiento popular en Libia están Estados Unidos y la OTAN…”

“Esta desconexión en las respuestas viene dada por el hecho de que líderes que dicen ser de izquierdas, lejos de analizar los hechos con una mínima objetividad, prefieren forzar la realidad para amoldarla a sus propios esquemas, que sólo encuentran explicaciones en una clave conspiratoria que tiene al imperio como enemigo… ¿Es tan difícil pensar y creer que el levantamiento en Libia, como antes en Túnez y en Egipto, es simplemente obra de la gente? ¿Castro, Ortega y Chávez consideran que las poblaciones sólo se movilizan dirigidas o manipuladas, careciendo de toda autonomía? ¿No han pensado que tal vez la Libia que está en sus cabezas es sencillamente un fraude? ¿Que ni Gadafi es socialista, ni de izquierdas, y que su democracia directa es desde hace tiempo la cobertura para mantener un cinturón social de hierro de defensa de su régimen?...

“¿No han pensado Fidel, Daniel y Hugo que cuando un régimen debe proceder a masacrar a su propio pueblo indiscriminadamente para sobrevivir -no a rebeldes separatistas ni a disidentes apoyados por potencias extranjeras-, ese régimen esta desautorizado y debe dar paso a una nueva realidad política? La “democracia de masas” de Gadafi, superadora de la occidental, no era tal cosa, era tan sólo un modo de dominación desde el culto a la personalidad”.

LAS TRIBUS DE ALLÁ
Y LAS DE ACÁ

Al analizar la estructura social del Estado-Nación que construyó Gadafi, y que ahora podría verse destruido y anegado en los “ríos de sangre” que pronosticó amenazante el hijo de Gadafi y sucesor en la dinastía, se nos explica que Liba es un país tribal, con dos grandes tribus en disputa y más de un centenar de otras tribus, adheridas a una o a otra, y a las que Gadafi logró unificar e inicialmente representar. Los “gadafos”, una tribu insignificante, tradicionalmente aliada de una de las dos tribus más poderosas, la de los “warfalas”, es la tribu a la que pertenece Muamar.

Su “hermano” en Nicaragua, el Presidente Ortega, aspira hoy a la reelección, a cinco años más de gobierno dirigiendo el círculo de poder que controla hoy el FSLN, en el que dos “tribus” se disputan entre sí, enconada y silenciosamente, la preeminencia. Si como afirma el periodista William Grigsby en otras páginas de este mismo número, las elecciones de noviembre dirimirán quién tiene la mayoría política en Nicaragua, también podrían dirimir quién la tiene al interior del partido de gobierno.

NEOLIBERALES
VS. REVOLUCIONARIOS

Además de las actuales tensiones por razones generacionales -viejos militantes que están siendo desplazados por adolescentes y jóvenes con escaso conocimiento de la historia y nula experiencia de lucha-, la contradicción principal en el partido de gobierno se da entre dos “tribus”.

Una es la que controla el gabinete económico y las relaciones con las instituciones financieras internacionales. Apuestan a cinco años con más de lo mismo de lo que ya ha habido en estos primeros cinco años: un modelo neoliberal de macroeconomía “sana”, de mercado abierto y libre, de capitalismo salvaje acompañado de proyectos de compensación social asistencialistas, que alivian temporalmente algunas de las carencias de la pobreza, pero que no generan empleo y que han profundizado las desigualdades.

La otra tribu es la que, consciente de la marca neoliberal del actual gobierno, sueña con otra revolución, la proyecta, aspira “a cambiar el sistema” y confía en poder hacerlo con los millonarios recursos del ALBA y profundizando las herramientas jamihirianas de la “democracia directa”.

“EL FSLN FUE PULVERIZADO”

El FSLN llegó al gobierno en 2007 muy desgastado en su papel original, el de ser un instrumento de cambio estructural para la sociedad nicaragüense. Durante los “16 años de pesadilla neoliberal” -como reiteradamente repite el actual gobierno- la dirigencia del FSLN participó activamente en esa pesadilla respaldando prácticamente todas las medidas económicas de aquella etapa a cambio de compartir espacios de poder político.

El pacto entre Ortega y Alemán sumó confusión a la decepción que todo esto provocaba en los sandinistas auténticos. Las disputas por cargos con buenos salarios y la búsqueda de adeptos a cambio de prebendas se instalaron muy pronto en el FSLN.

“El Frente Sandinista que conocimos, el que algunos tenemos como referencia histórica, ya no existe. Ese Frente fue pulverizado por el mercado, por conductas personales negativas, por decisiones políticas estratégicas en defensa de intereses personales, y hoy está copado por gente que aspira a tener cuotas de poder y no a servir”, reconocía con dolor un militante histórico en mitad de la pesadilla. Nada de lo que le dolía entonces ha cambiado desde que el FSLN llegó al gobierno, más bien todo lo que señalaban se ha agudizado.

UNO DE LOS ABANDERADOS
DE LA TRIBU

En este clima de “harakiri ético” -como lo bautizó Xabier Gorostiaga- progresó la tribu neoliberal del FSLN.

En medio de la trifulca ideológica provocada por los acontecimientos en Libia, el cientista social Amaru Barahona, firme defensor del gobierno de Ortega, identifica a uno de los más conspicuos abanderados de la tribu neoliberal: “Bayardo Arce es un representante típico de la neoburguesía “compradora”, a la que le importa un comino la construcción de un mercado interior en Nicaragua. En la actualidad, Bayardo junto con la jerarquía del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (MIFIC), cohesionan la perspectiva neoliberal dentro del gobierno, en una entente ideológica con el COSEP, organismo de nuestro empresariado tradicional que nunca tuvo, no tiene, ni tendrá un proyecto nacional de desarrollo, y cuyo pensamiento económico se reduce a la aceptación del recetario neoliberal”. Arce es el asesor económico de Ortega y fue miembro de la dirección del FSLN en los años 80.

VENEZUELA
SOSTIENE A LAS DOS TRIBUS

Quienes representan a la otra tribu afirman que cambiarán el sistema en el próximo período electoral y ya han estado ensayando esa apuesta en este período presentándose como los arquitectos de “la segunda etapa de la revolución”.

Los millonarios recursos venezolanos, administrados discrecionalmente desde la Presidencia, han permitido a la tribu neoliberal construirse un importante grupo de poder económico, que ya compite con los capitales nacionales con las ventajas que les brinda ocupar posiciones en el Estado.

A la otra tribu los recursos de Chávez le han facilitado otros instrumentos: organizar concentraciones masivas, desarrollar una propaganda masiva, distribuir regalos masivamente, proyectando desde esa masividad la imaginería de una “revolución del poder ciudadano”. Todo orientado a lograr un segundo período de gobierno tras las elecciones de noviembre. Y más períodos después.

Quien dirige esta tribu lo ha envuelto todo en colores y en una amalgama ideológica confusa, que va desde el proyecto “cristiano, socialista y solidario” de los discursos y los rótulos, pasa por los conceptos del “bien común” o del “buen vivir” para aterrizar ahora en el ideario liberal y más que bicentenario de “libertad, igualdad y fraternidad” con que ha envasado este año la estrategia de campaña electoral del FSLN.

OPRESIÓN Y CORRUPCIÓN

Es clara la conexión libia. Pero ni Libia es Nicaragua ni la Jamahiriya es el Poder Ciudadano ni Gadafi es Ortega. Tampoco Occidente es la democracia ni la OTAN es la solución ni las revoluciones árabes son ya la transformación definitiva de esos países. Pero en lo que hoy ocurre en las calles árabes encontramos sugerencias para todos los humanos. Provocaciones. Estímulos.

Cuando le preguntan a Nawal el Saadawi, la feminista, escritora y siquiatra egipcia, considerada la “madre espiritual” de la revolución de la plaza Tahrir en El Cairo, por qué estalló la revolución en su país, responde: “Por acumulación de la opresión y de la corrupción”. Una acumulación así la hay actualmente en muchas partes del planeta. También en Nicaragua.

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