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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 345 | Diciembre 2010
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Nicaragua

Cró-nica de un cubano en búsqueda

Oponer al autoritarismo la autonomía para que la gente defina sus normas y estructuras, sin subordinarse a partidos, gobiernos o empresas. Combatir la mercantilización con la autogestión, gestando nuestros propios recursos para no depender de poderes ajenos. Y desterrar el clientelismo con la solidaridad, con relaciones basadas en la reciprocidad, la simetría y el apoyo mutuo. ¿Sucedería ya esto en Nicaragua? Llegué queriendo tomarle el pulso a la actual cultura política. Ésta es sólo una crónica parcial y personal de mi búsqueda.

Llego al módulo de chequeo migratorio del aeropuerto Augusto César Sandino y mientras el funcionario revisa mis documentos, estampa sellos y cobra el impuesto turístico, mis ojos chocan con una colorida pared… En ella, un mural con motivos políticos -no muy diferentes a los que saturan mi querida y vieja Habana- contrasta con los tonos pastel de la promoción turística. Ambas propagandas venden la imagen de Nicaragua como un país donde la estabilidad, la alegría y el bien común son cosa perenne, fruto de la obra de un gobierno del “Pueblo Presidente”, a la vez que ofertan al visitante aventuras exóticas. Rebasado el proceso, salgo al salón de espera y me adentro, por primera vez en mi vida, en suelo nicaragüense.

COMO UNA NOVIA LEJANA

Llegar a Nicaragua era un viejo sueño, anhelado desde la niñez, cuando mis padres me dejaron al cuidado de los abuelos para marchar a Centroamérica a apoyar, primero a la guerrilla del Frente Sandinista y después al gobierno revolucionario. Aunque de 1977 a 1983 me vi privado del calor filial por una tierra que se me antojaba distante, por algún misterio del alma humana no abrigué rechazos al país que “me robaba” a mis “viejos”. Al contrario, mis recuerdos de infancia atesoran los acordes de Quincho Barrilete y Comandante Carlos, las imágenes sensuales del Palo de Mayo y los colores de Barricada y Soberanía, que de cuando en vez llegaban a casa junto a las cartas paternas. Ya crecidito, asistí al llanto de mi madre, que me dijo por teléfono “Se acabó, perdieron los sandinistas”, mucho antes que los noticieros cubanos -aficionados al secreto y al triunfalismo- dieran la noticia a mis asombrados compatriotas.

Por todo ello Nicaragua Nicaragüita fue para mí una suerte de novia en la lejanía, de ésas que nos construimos -y amamos- con la secreta ternura de una pasión adolescente. Ésa cuyos besos imaginamos sin probarlos y de las que muchas veces perdemos sus rumbos, cuando los caminos se separan tras el colegio y entramos en las maratones de la vida profesional y la estabilidad familiar. Por eso, aunque he seguido la realidad nica todos estos años y la elegí como parte de mi agenda de investigación, tenía cierto temor ante lo que encontraría allí, sabedor de que Gardel nos miente con eso de que “veinte años no es nada” y consciente de que mis recuerdos estaban inevitablemente cargados de una cuota de afecto. Ahora, en esta cró-nica me entrego a un ejercicio reflexivo para poner cierto orden a mis ideas e informaciones y para compartir miradas nacidas de mi naturaleza anfibia (investigador-activista), al buen decir de la colega Maristella Svampa.

Metido como estaba en una “apretada agenda académica” -frase horrible pero exacta-, que me llevaba como loco entre charlas, cursos y entrevistas, demoré algunos días en callejear, pues andaba sin un buen mapa de Nicaragua... Por suerte, la cámara fotográfica y el cuaderno se convirtieron en parte de mi cuerpo y no me despegué de ellos, presto a registrar aquello que captara mi atención y toda sutileza de la vida nica que sedujera mi ojo inquisidor. Y son ésas -y no las coloridas estampas turísticas- mis vivas postales de Nicaragua. Agradezco haberlas hecho posible la invitación a compartir un mes en las instalaciones del equipo del Centro Interuniversitario de Estudios Latinoamericanos y Caribeños (CIELAC).

TODO LO QUE COMPARTIMOS

En mi condición de extranjero, siempre recibí un trato amable y abierto, no intimidado ni servil ante el foráneo. Probablemente influyó mi condición de cubano. Me moví en segmentos de clase media ilustrada y también entre sectores populares en plazas, transportes y pulperías. Al escuchar en el mercado “¿Qué querés, amor?” con ese mismo desenfado que los cubanos vamos regando por el mundo, me di cuenta que compartimos muchas cosas. Nos unen gustos del paladar, con un gallopinto hermano de nuestro congrí, una mezcla étnica que reúne en un maravilloso cóctel el indio, el negro y el español, la valentía y sensualidad distintivos del carácter caribeño, capaz de trascender aquí un anclaje geográfico que gravita al Pacífico...

Todo esto diferencia a nicaragüenses y cubanos de la lentitud taciturna del altiplano americano y de la sequedad y pragmatismo de pueblos norteños. La hospitalidad nica ha abrigado a una vasta comunidad de estadounidenses y europeos -entre ellos, a amantes de la mística sandinista-, que echaron su suerte en estos lares, como confirman estudios que revelan a Nicaragua como sitio puntero de ex-funcionarios y cooperantes extranjeros que permanecen en el país una vez concluidos sus compromisos oficiales.

No menos importantes son los vínculos entre pueblos, forjados en el hermanamiento de nuestras revoluciones en los años 80 y sancionados en una suerte de “contrato sexual”, colchón mediante, por numerosas parejas binacionales, con varios de cuyos hijos tuve el placer de compartir.

¿LA SEGUNDA ETAPA DE LA REVOLUCIÓN?

Sorprende al visitante la reiterada invocación a la Revolución en el discurso público oficial y en algunos comentarios de militantes de base del partido gobernante. La referencia no parece tener una sola causa, pues reúne -en mezcla confusa- los espejismos de la propaganda que bombardea a una población desatendida por sucesivos gobiernos neoliberales, la simulación de quien alaba al poder para ganar favores y hasta la dificultad sicológica de “procesar el duelo” después de dos décadas de pérdida del proceso al que tanta gente entregó su vida.

Mística e ignorancia, esperanza y oportunismo parecen fundirse en la constante referencia a la “segunda etapa de la Revolución”, cuyos tradicionales símbolos rojinegros me parecieron desterrados de plazas y calles, en contraste con la costosa omnipresencia de vallas y camisetas rosadas, “cristianas, socialistas y solidarias” cuyos diseños me recuerdan poco la ideología emancipadora y mucho los logos de la lotería mexicana. “Nada de Revolución, eso es babosada. Si no trabajo no como y los ricos siguen igual, dentro y fuera del gobierno”, me dijo molesto un taxista camino al mercado Huembes.

Donde parece sobrevivir la Revolución, a pesar del tiempo y las traiciones, es en el imaginario y las prácticas de no pocos nicaragüenses, de ambos sexos y varias edades. Y es así si entendemos la Revolución más allá del hecho histórico puntual, como un amplio repertorio de prácticas, valores, discursos y costumbres, que reivindica la memoria y participación populares, la igualdad y justicia social, así como el rechazo a toda forma de dominación y jerarquía. Lo “revolucionario” expresa la impronta emancipadora de un cambio social repentino, radical y desestructurador, cuya inercia perdura, cuando es cierto, más allá de sus tiempos funda¬cionales.

En Nicaragua es visible este legado en la beligerancia de las mujeres, cuyo amplio y plural movimiento de defensa de derechos -en ejemplar contraste con otras experiencias de la región- se opone frontalmente a la alianza de todos los poderes políticos y fácticos, empeñados en una cruzada conservadora que amenaza las reglas liberales de un Estado laico y las conquistas progresistas de una Revolución popular.

Incluso en las filas del sandinismo popular, encuadrado en el Frente sandinista, hallé posiciones de una criticidad y autenticidad que se distancian del lenguaje ampuloso y prefabricado de los cuadros. La mística y ética de la revolución sobreviven en palabras que escuché a una activista cultural de la Coordinadora Social: “Yo fui a alfabetizar en los 80, a pesar de la oposición de mis padres y apoyé los festivales de cultura de la Juventud Sandinista… Hoy creo que debemos ir más allá de los partidos y los gobiernos, que hacen pactos y manipulan a la gente. Hay que salir de las oficinas y ayudar a la gente“.

“ES NECESARIO QUE GANE DANIEL”

Toda relación entre el Estado, los partidos y las organizaciones sociales pone en juego, de forma simultánea, una diversidad de identidades y opciones políticas, y una asimetría entre sujetos con cuotas desiguales de poder. Para comprender esto, nada mejor que interactuar con actores concretos y constatar esta realidad en sus propias miradas.

En un encuentro con activistas y líderes comunales, realizado en la Universidad Politécnica, en coordinación con la Secretaría del Consejo de Fortalecimiento de la Participación Ciudadana de Managua, una activista de salud insistía en la identificación Revolución- FSLN-Presidencia y explicaba así su opción política: “Doña Violeta regaló nuestro patrimonio, Alemán se hizo millonario con el huracán Mitch, Bolaños nos endeudó con Unión Fenosa. Por eso es necesario que Daniel gane en 2011 para garantizar los derechos de los pobres”.

Así lo decía una líder campesina: “Aquí muchos se hicieron dueños de la tierra. Con los tres gobiernos anteriores aumentó la emigración a la capital y hay una catástrofe de superpoblación y el gobierno no tiene ahora dónde reubicar a esa gente. Nuestro presidente, el comandante Daniel, nos ha dado a los campesinos educación y nos abre espacios. Yo apenas llegué a sexto grado, me sentía analfabeta y hoy me doy cuenta que tengo potencial”.

Mientras, en una cuerda un poco más crítica, aunque igualmente “danielista” un dirigente decía: “En los 80 era miembro de la Juventud Sandinista y aunque era médico hice el servicio militar, por mística revolucionaria… Pero ahora se acabó la mística. Hoy son políticos con camione¬tonas que negocian con la oposición y con el capitalismo. El comandante Daniel tiene un poco de mística, pero los otros no. No hay mística ya en Nicaragua”.

“YA NO SE PUEDE CRITICAR”

En el debate generado tras una conferencia que impartí en el ranchón Miguel Ramírez Goyena de la alcaldía de Managua, destacaba cómo la cultura política de América Latina, tanto de izquierda como de derecha, en las organizaciones de sociedad civil o en los partidos políticos, reproduce valores y prácticas perversas: un autoritarismo que impone desde el poder una agenda al resto de la sociedad, una mercantilización que representa a las personas motivadas por la maximización de los beneficios y un clientelismo que degrada a los ciudadanos, al anular espacios para el desarrollo de sus derechos, y tratarlos como una masa hambrienta de favores, incapaz de construir su realidad. Frente a esa cultura política de la dominación, una nueva visión de la izquierda debe construir una cultura política de la emancipación, oponiendo al autoritarismo la autonomía -para que la gente defina sus normas y estructuras sin subordinarse a partidos, gobiernos o empresas-, combatiendo la mercantilización con la autogestión -gestando nuestros propios recursos para no depender de poderes ajenos- y desterrando el clientelismo mediante la solidaridad -con relaciones basadas en reciprocidad, simetría y apoyo mutuo-.

Al defender el valor de la autonomía, un dirigente del Movimiento Comunal dijo: “La autonomía en nuestro movimiento se construyó en la Revolución, en 1988, y una lección fue que podemos ser revolucionarios y de izquierda sin subordinarnos. Pero hay que debatir cómo hacerlo. Hoy asistimos a un error histórico, porque está involucionando la participación comunitaria y popular”.

En referencia a la ausencia de relevo y debate, otro veterano dirigente de este movimiento testimonió: “Los dirigentes políticos y los de las organizaciones sociales siempre son los mismos. Yo mismo, tengo 32 años de ser líder aquí. En los primeros años de la Revolución se podían señalar los errores, pero ahora no se puede decir nada. Ya ni siquiera me invitan a las reuniones los del Frente”.

“DIVIDIRNOS ES ESTRATEGIA DE LOS GRINGOS”

Para otro dirigente, las nuevas estructuras de participación afectaron un trabajo previo y dividieron a las propias bases del Frente. “El Movimiento Comunal tiene raíces sandinistas, pero con la creación de los CPC (Consejos del Poder Ciudadano) nos miraban como a animales raros y nos til¬daron de contrarrevolucionarios. Eso provocó la división. Pero todos somos sandinistas y todos defendemos los derechos de los pobres”.

En contraste, depositando en las bases la causa de los equívocos, otro dirigente comunal rebatió. “El gobierno ha tratado de desarrollar un modelo para que todos participemos sin exclusiones, pero abajo no sabemos hacer alianzas, aunque tengamos problemas comunes. No debería haber exclusiones. Cuando entendamos esto vamos a fortalecer el modelo. Hemos malentendido a los Gabinetes del Poder Ciudadano como si fueran exclusivos. Ahí debemos estar todos para que las comunidades se desarrollen”.

Sin abandonar un discurso radical y de lealtad al partido gobernante, pero sin ocultar las deformaciones del “Poder Ciudadano”, un dirigente de la Asociación de Discapacitados denunció: “Provocar la división entre las organizaciones es parte de la estrategia de los gringos. Pero uno de los principales pegones para que la gente se una es que miramos que los dirigentes viven mejor que nosotros. Y así pasó en los 80: dirigentes que no se querían bajar de sus carros para hablar con las bases y conocerlas”.

EL ANTICUERPO
QUE NECESITA TODA REVOLUCIÓN

Testimonios de militantes sandinistas e investigadores consultados en la Universidad Centroamericana (UCA) y en la Universidad Nacional Autónoma, en Managua, destacaron que el pragmatismo, la profesionalización, la des-ideologización -o los intentos de reideologización ecléctica- y la incorporación de métodos de contrainteligencia en la construcción del “nuevo FSLN” están imprimiendo dinámicas totalmente diferentes a las de los años 80, cerrando las puertas de un partido dotado entonces de cierta capacidad de diálogo interno para abrirlas ahora a un partido de operadores políticos y conspiradores policíacos.

En América Latina -y Nicaragua no es una excepción- buena parte de las fuerzas progresistas han apostado por “transformaciones estructurales”, pero han relegado la idea de la autonomía como elemento circunstancial -a enarbolar sólo desde la oposición y ante la derecha-, y con eso han eliminado el anticuerpo que necesita toda revolución. Cuando se cree que sólo una vanguardia puede “bajar líneas” no se construye emancipación, pues sólo se puede ser revolucionario cuando se transfiere el poder a la sociedad y no cuando se concentra y perpetúa en una camarilla. Y si, además, la apuesta se reduce a un liderazgo individual entonces el asunto empeora, porque las preferencias y patologías personales tienen alta probabilidad de convertirse en políticas de Estado.

Aunque podemos reconocer las deudas del neoliberalismo y las dificultades de hacer política en entornos de pobreza extrema, creo que la ausencia de una pedagogía política es una responsabilidad claramente imputable a los órganos de dirección y a la estructura profesional del FSLN.

¿EL “IMPRESCINDIBLE”?

Cuando los sinceros reconocimientos de las bases al liderazgo máximo son amplificados por la propaganda, cuando las críticas son censuradas y los méritos magnificados, no se puede hablar de un “apoyo espontáneo del pueblo”, sino de una deliberada estrategia política de perpetuación. Cuando en una reunión con una veintena de líderes de los Comités de Liderazgo Sandinista y de los Gabinetes del Poder Ciudadano, realizada en Matagalpa, se comparó “al compañero Daniel con el Ché Guevara porque es un hombre imprescindible, un estadista de talla internacional, el único presidente que se ha preocupado por los pobres y él único dirigente que se mantuvo fiel a los principios sandinistas”, no puedo dejar de pensar: ¿Esa propaganda no se convierte en un dique que bloquea el ascenso de nuevos liderazgos, no constituye una forma de culto a la personalidad?

En la actual coyuntura nicaragüense quedan en el tintero varias interrogantes, de las que rescato dos. Sobre la supuesta y reciente apertura de los Consejos y Gabinetes de Poder Ciudadano a la población de filiación liberal, “emerresista” o independiente, sería necesario precisar si esa mutación obedece a un reconocimiento de los efectos perversos de la política de exclusión practicada antes o a una táctica para absorber y cooptar a las bases opositoras, o a una confluencia de ambos procesos.

Si en las elecciones de 2011 resulta triunfante el Comandante-Presidente, se probará si esa mutación pragmática del Estado-Partido obedecía sólo a la lógica de la coyuntura electoral y a las correlaciones de fuerza en la Asamblea Nacional, ambas mutables, o si la naturaleza de clase de su dirigencia los continuó atando a un modelo neopatrimonialista, que no transita hacia socialismo alguno.

LA PIONERA LUCHA DE LAS FEMINISTAS

Durante muchos años, bien porque mi catalejo para otear la lucha femenina era “machista-leninista”, por suponer cuasi universales las conquistas de la mujer cubana o por el efecto de mis debates con ciertas “académicas del género” insoportablemente racistas y autoritarias, mantuve ciertas distancias con las feministas. Sin embargo, la realidad nicaragüense me llevaba a comprender la vitalidad del movimiento feminista aquí, heredero de las tradiciones de lucha del pueblo revolucionario. Con todo, como mis ojos buscaban un sujeto más unificado y homogéneo, mi aprendizaje y admiración fue enorme al conocer la riqueza de la realidad, allende la vitrina de la ciudad capital.

Conocí del proceso de crecimiento, en el seno de las compañeras del FSLN, de una temprana (auto)conciencia sobre los déficits de protagonismo femenino dentro de las estructuras y agendas políticas del nuevo poder, ya desde la segunda mitad de los 80. Me llamó la atención el modo como las integrantes del Partido de la Izquierda Erótica, el Comité Nacional Feminista y el emblemático Movimiento Autónomo de Mujeres, de corazón rojinegro, adelantaron desde aquellos años una distinción de la autonomía, cuestionando el paradigma de las organizaciones populares como poleas de transmisión partidarias, rechazando el vanguardismo de la izquierda tradicional. Dialogando con algunas aprecié la diversidad de posturas teóricas y políticas, y compartí la inquietud acerca de los atizados conflictos entre mujeres populares e ideólogas, así como los retos por perpetuar liderazgos personales y carismáticos, en una lógica que acerca al movimiento feminista -como a otros- al diseño del poder que critican cada día.

Tras entrevistar a destacadas feministas, insertadas en la reflexión y el activismo en espacios emblemáticos y a menudo distanciados, todos los testimonios incluían un consenso: “Debes conocer a las Venancias”. Así fue que me enrumbé, mochila en mano, a la fresca Matagalpa, flanqueada por verdes y pintorescos cerros.

EN MI BÚSQUEDA
PONGO RUMBO A MATAGALPA

En Matagalpa realizamos un taller sobre los desafíos de la participación, compartimos una noche de danza en el Centro Guanuca y conocí a las feministas más chéveres y aterrizadas de mi vida.

En sus relatos -confrontados con testimonios ajenos- las Venancias me explicaron su insistencia en funcionar con las menores formalidades posibles y supe de su conocimiento no ingenuo de la legislación y de las trampas de la gestión de recursos, herramientas valiosas para mejorar la organización, definir las responsabilidades y aumentar el trabajo. Alabé la bendita tozudez de radicar el poder en la Asamblea de miembras y mantener una equidad en los ingresos.

Una muestra de los “vientos de cambio” que hoy sacuden a Nicaragua en la coyuntura electoral es la evolución de las posturas de las autoridades matagalpinas ante el trabajo de las Venancias. El gobierno municipal es del FSLN y, aunque no hay relación de cooperación, tampoco sienten acoso. Lo que lamentan ellas es que ese mismo alcalde, que fue innovador en políticas de participación trabajando con los Consejos de Desarrollo Municipal y las asociaciones civiles, pese a las críticas del aparato partidario, hoy, con el FSLN en el gobierno central, haya perdido aquel acumulado de aprendizaje conjunto, revelando los verdaderos intereses del poder.

No todo es directamente beligerante o reivindicativo en el trabajo de estas mujeres. Como parte de una concepción amplia de la cultura y sus nexos con la política -expuestos en un mural dentro de sus instalaciones en el Centro Cultural Guanuca- ofrecen sistemáticamente actividades recreativas para toda la familia y jornadas de reflexión, como la semana de la Revolución, donde analizaron el papel de la mujer en el proceso de los años 80, procurando construir una mirada más allá del discurso oficial y de la partidización de la memoria popular.

“NI ALEMÁN NOS TRATÓ ASÍ”

Las Venancias son autocríticas de los procesos y crisis acaecidas dentro del movimiento de mujeres. Reconocen el debate dentro del movimiento, donde algunas abogaban por un movimiento nacional, capaz de centralizar fuerzas y politizarlas, con un liderazgo único, mientras otras defendían la organización por redes, articuladas por temas y ritmos diversos, rechazando la organización centralizada heredada del FSLN y la emergencia de una nueva vanguardia, esta vez feminista.

En una postura que me pareció particularmente difícil -y honesta-, algunas matagalpinas cuestionaron su participación en las depuraciones realizadas dentro del Movimiento Autónomo de Mujeres en 2006, a raíz del conflicto estallado por la alianza de éste con el Movimiento Renovador Sandinista, señalando el incumplimiento de los plazos y formas para procesar disensos que ellas mismas habían acordado, fragmentación cuyas consecuencias han sido visibles en momentos de conflicto en torno al movimiento social.

Otra compañera denunció, con pesar, la suerte de esquizofrenia vivida por las mujeres del FSLN que “rechazan la penalización del aborto -apoyada por su partido-, pero que después fueron fiscales de mesa electoral disciplinadas, apoyando todas las jugadas del Partido-Estado” durante la contienda municipal del 2008. Con gran sensibilidad, dos activistas recordaban como “el acoso gubernamental que sufrimos aquel año nos dolió mucho viniendo del FSLN, porque dedicamos parte de nuestra vida a la Revolución y no podemos guardarle rencor”. Aquella orden de allanamiento contra las Venancias nos fue directo al corazón. El FSLN dijo aquel año que las ONG éramos ladronas de la cooperación, que era ilegal organizarse sin aval legal. Querían quitarnos el tema de la incidencia política del trabajo de las ONG. Ni Alemán nos trató así”.

“LA OPOSICIÓN TIENE NUBLADA LA VISTA”

En el horizonte de la política nacional, estas mujeres constatan el quiebre de la clase político-partidaria y la necesidad de construir una alternativa de largo aliento, desde el movimiento social y con una izquierda crítica. “Aquí hacer campaña es sólo para conseguir un cargo de diputado o un trabajo en el gobierno. Y en el otro lado, el antidanie¬lismo le ha nublado la vista a la oposición”. Como balance, me llevé en la alforja la impresión de haber conocido un movimiento que ha ganado respeto como espacio de consenso y mediación, que trata de distanciarse de las disputas nefastas que han sacudido al movimiento de mujeres y que asiste al esfuerzo de reconstruirlo, que periódicamente resurge, sin olvidar lo que sucedió, para sacar lecciones de la crisis.

EN UN PAÍS DE JÓVENES

Nicaragua es un país de jóvenes. El 60 % de la población tiene menos de 35 años. Esa condición puede convertirse en oportunidad o en barrera para la movilización ciudadana que el país necesita para frenar las indecencias de los poderes tradicionales. Si la mocedad se traduce en orfandad de la memoria, las juventudes pueden dar razón a Edmundo Desnoes, quien calificaba el subdesarrollo como la incapacidad de asociar ideas y acumular experiencias. O validar la sentencia del historiador Carlyle, que recuerda a los pueblos que olvidan su historia su condena a repetirla.

Sin embargo, la misma existencia de una mayoría de población vital, con sueños libres de viejos dogmas y lealtades, puede abrir ventanas de esperanza en un país simultáneamente apasionado por su legado y desencantado de sus desempeños. Faltan solo los “locos lindos” que lleven las reivindicaciones fuera de los formatos grises y perversos de la realpolitik y seduzcan a una juventud atravesada por las promesas -y frustaciones- del consumismo, el nihilismo y la rebeldía esterilizada.

Tuve la oportunidad de compartir cancha una tarde de domingo con varios espíritus inquietos, también en Matagalpa, en el programa radial “Cooperación externa: ¿Opción o imposición?”, transmitido en Stereo Kiss. Interactuando con los oyentes, llevando de la mano la reflexión comprometida y la soltura del humor, juntos explicamos las improntas mercantiles y autoritarias que colonizan el espacio asociativo y la cooperación internacional, las modas y elitismos expertos que alejan a las comunidades de la autogestión sostenible, y las falsas promesas de los organismos internacionales. Temas todos trascendentes en la realidad nica, pero alejados del las agendas y códigos de los espacios tradicionales de interacción juvenil.

POR LA DIVERSIDAD SEXUAL

Los empeños de estos jóvenes no se agotan en los tensos minutos de una cabina radial. Desde hace dos años forman parte del colectivo “Jóvenes Agentes de Cambio”, que crea espacios de comunicación basados en el diálogo y el respeto a la diversidad humana, con un enfoque laico y de Derechos Humanos. Sin estar constituidos como ONG o Fundación, y amparándose en el derecho a la libre asociación inscrito en la Carta Magna nicaragüense, estos jóvenes agentes han apostado a la autonomía y a la autogestión. Sustentados con recursos personales, y a través de alianzas con otros colectivos y movimientos, han impulsado importantes actividades, como la realización en Matagalpa del primer plantón por los Derechos Humanos de la Diversidad Sexual.

El plantón hizo visible los rostros humanos de la diversidad sexual (gays, lesbianas, transexuales, intersex y bisexuales), brindó información pertinente sobre los avances en materia jurídica de respeto a los derechos de la diversidad sexual y el nuevo delito de discriminación por razones de opción sexual en el ámbito laboral. Con el apoyo de grupos de mujeres del Movimiento Comunal, asociaciones civiles, familiares, parientes y amigos de los participantes, la jornada permitió, a través de diferentes expresiones artísticas, que la diversidad sexual desplegara sus inquietudes, sueños e ideas. Fue un ejercicio democrático en donde la sociedad local se acercó a conocer y a solicitar información, ganando fuerza la percepción colectiva de que la ignorancia es fuente de discriminación.

UN BALANCE CRÍTICO
DE LO QUE HOY SUCEDE EN “NUESTRA AMÉRICA”

Otros buenos momentos los compartí en Managua con los muchachos del Movimiento por el Rescate del Sandinismo, visiblemente entregados a fortalecer la organización, la formación y el activismo político “desde abajo y a la izquierda” que su patria necesita.

Con sentido crítico reconocieron sus enormes desafíos para reconstruir una cultura y liderazgo político sandinistas y socialistas, realmente alternativos y emancipadores. Uno de esos compañeros, un joven y valioso sociólogo y abogado, se vinculó al esfuerzo interdisciplinario que coordino, junto a otros colegas “anfibios”, en el Grupo de Trabajo Anti-capitalismo & Sociabilidades Emergentes del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), integración que tributará a los aprendizajes y acompañamientos mutuos de luchas y reflexiones en todos los rincones de Nuestra América.

Este Grupo de Trabajo, conformado por un colectivo de jóvenes “anfibios” -todos académicos con experiencia de activismo y menos de 35 años de edad-, y bautizado joco-samente como Sub-40 por ser el benjamín de los colectivos afines de CLACSO, eligió realizar su primera reunión de trabajo en Managua del 3 al 6 de octubre de 2010. Lo hicimos considerando la importancia de apoyar la investigación e intercambio académicos en países menos favorecidos de la región, al tiempo que nos daba la posibilidad de conocer y acompañar experiencias de movimientos sociales en la tierra de Sandino. La realización de nuestro empeño sólo fue posible por el apoyo solidario de compañeros nicas de la Fundacion Popol Na que garantizó alojamiento, del CIELAC que habilitó los salones y ofreció la logística para las sesiones, y de varios amigos del movimiento social que aportaron sus recursos materiales y humanos para la actividad.

Procedentes de Argentina, Brasil, Cuba, Guatemala, México y Nicaragua, en el encuentro hicimos un balance crítico de los paradigmas y conceptos (anticapitalismos, sociabi¬lidades emergentes, autonomía, autogestión, etc.) que sustentan nuestra propuesta teórico-política. Discutimos la coyuntura actual de lucha social contra los gobiernos neo¬liberales, las dificultades de preservar la autonomía en relación a los gobiernos llamados progresistas, y las estrategias de represión, desmovilización y cooptación llevadas a cabo por partidos y Estados de diversas tendencias ideológicas en contra de la autonomía popular.

También compartimos momentos emotivos con representantes del estudiantado, comunidades y movimientos de base, así como con dirigentes y analistas políticos de un diverso espectro ideológico. Todos enriquecieron la visión de los miembros del Grupo sobre la realidad nicaragüense. Nuestro colectivo decidió la ampliación a colegas de Venezuela y concordamos en la necesidad de incorporar a nuevas compañeras.

Al final, sacamos una declaración, titulada Carta de Managua, donde nos posicionamos sobre varios acontecimientos recientes de la región, directamente relacionados con los procesos de autorganización y búsqueda emancipadora que mueven nuestro pensamiento y accionar.

TRIBUNAL DE JUSTICIA CLIMÁTICA:
COSTA RICA Y NICARAGUA EN EL BANQUILLO

El cierre de mi estancia en Nicaragua no pudo ser mejor. Invitado por los amigos del Movimiento Social Nicaragüense “Otro Mundo es Posible” formé parte del Tribunal Centroamericano de Justicia Climática, instalado el 29 y 30 de octubre, en Managua. Nicaragua integra también el Tribunal Permanente de los Pueblos.

El objetivo de la instancia fue denunciar ante la opinión pública diversos casos de atropellos a los Derechos Humanos de comunidades centroamericanas y abusos en contra del medioambiente.

En el Tribunal fue expuesto el papel de las instituciones financieras -Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Banco Centroamericano de Integración Económica, entre otros-, que facilitan recursos económicos para proyectos que afectan al medioambiente y a la sociedad, y la complicidad de Estados y gobiernos (Costa Rica y Nicaragua) en esas actividades de devastación.

En esta ocasión fueron presentadas varias denuncias: los efectos de la minería a cielo abierto de la comunidad Crucitas en Costa Rica; la contaminación y violación de derechos laborales de la empresa española Pescanova, en el Occidente nicaragüense; y el abandono de la Reserva Indio Maíz, en el río San Juan de Nicaragua, donde los cultivos tradicionales van siendo suplantados por el monocultivo de palma africana para la producción de biodiesel con apoyo de la cooperación alemana. También se denunció el uso de agrotóxicos para la producción de banano en el Occidente de Nicaragua, afectando afluentes hídricos y perjudicando la salud de más de 8 mil trabajadores, ex-trabajadores y pobladores, responsabilidad del nicaragüense grupo Pellas y de las transnacionales Dow Chemical, Del Monte y Chiquita Brand, entre otras empresas.

Ver el testimonio fílmico de un joven afectado por los agrotóxicos, enfermo de insuficiencia renal, que exhortó a sus compañeros a continuar la lucha para que su muerte no fuese en vano, me emocionó. Pude sentir en carne propia el dolor e impotencia de esas familias porque hace cinco años perdí a mi padre de crianza, alguien vital en mi formación personal y política, víctima de ese terrible padecimiento.

LA FALTA DE AUTONOMÍA EN VIVO

Durante el debate entre los testimoniantes, en torno a la responsabilidad del gobierno nicaragüense en la criminal situación de los enfermos de insuficiencia renal, me sorprendió que, mientras la activista acusaba con pasión a la empresa Pellas, eludía contestar en público la pregunta del Tribunal referente a la participación del gobierno del FSLN en el caso y defendía las compensaciones logradas sólo para algunos afectados.

Otro compañero recordó la necesidad de no exonerar de sanción al gobierno del FSLN por su estrecho vínculo con las empresas contaminantes, por su negativa a resolver la situación sanitaria y jurídica de la totalidad de los trabajadores afectados e incluso por el incumplimiento de un acuerdo conquistado, lucha mediante, al gobierno neoliberal de Enrique Bolaños. Esta situación puso en evidencia los riesgos y costos de la cooptación de los movimientos sociales por los llamados gobiernos progresistas, y mostró la mediatización de las agendas de lucha como resultado de la pérdida de autonomía.

En el Tribunal también fueron analizados los conflictos por derecho a su territorio ancestral de una comunidad de la etnia mayangna, que acusó al Estado de Nicaragua ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. También, el caso de gobiernos territoriales indígenas opuestos a la concesión de tierras para la extracción de madera a empresas locales asociadas con transnacionales, en el marco del ALBA Forestal. Un último caso presentado fue el de la comunidad indígena de Jinotega, donde el gobierno nicaragüense, de manera inconsulta, construyó sobre su territorio, una generadora de energía eléctrica

VEREDICTO: CULPABLES

En el foro, cuyos veredictos no son jurídicamente vinculantes pero sí procesualmente rigurosos y moralmente inapelables, me acompañó, como presidente, François Houtart, sacerdote y sociólogo belga, secretario ejecutivo del Foro Mundial de Alternativas y miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial de Porto Alegre. También formaron parte del Tribunal Clemente Martínez Quinteros, meteorólogo nicaragüense, especialista en recursos hídricos y coordinador de la Alianza de Organizaciones por la Defensa del Agua y Salvador Montenegro, quien actualmente es director del Centro de Investigación de Recursos Acuáticos en la Universidad Autónoma de Nicaragua. Como fiscal, William Montiel, activista social e hidrólogo, por años director del Centro Nacional de Estudios Territoriales de Nicaragua.

En el veredicto los jurados coincidimos en que, en todos los casos los gobiernos de Costa Rica y Nicaragua habían cedido a los mecanismos impuestos por las grandes transnacionales, sin velar por los derechos de sus ciudadanos y ciudadanas y por el respeto al medioambiente y a los recursos de sus países.

En el caso de los indígenas, el Tribunal aseveró que el gobierno de Nicaragua no había respetado ni reconocido su identidad, su propiedad y su derecho como parte de ese país. Consideramos que las empresas no habían respetado la legislación de cada Estado, al poner sus intereses por encima de los de las poblaciones afectadas.

En el caso de las bananeras, el jurado expresó que se trataba de un delito de lesa humanidad, por ser procesos depredadores de la Naturaleza y la Vida humana, desarrollados por la lógica del capital con la complicidad de los Estados nacionales.

UNA CRÓ-NICA PARCIAL Y PERSONAL

Termino este texto en México, nueva y prolongada estación de paso, cumpliendo los 35 años que fijan el paso de la juventud a la adultez. Pero no alcanzo a olvidar una Nicaragua que tanto me recuerda a mi patria y a cuyos movimientos sociales he decidido acompañar en estos tiempos convulsos.

Mi cró-nica parcial y personal de mi corta pero intensa estancia en Nicaragua no trata de eludir la subjetividad que permea mis saberes y sentires. No traté de entregar un conocimiento académico, para lo cual ya habrá tiempo, forma y lugar. Creo que la pupila virgen del “otro” puede arrojar una luz diferente sobre las prácticas políticas y el vivir cotidiano. Y aquí me tocó ser ese otro, si bien con fronteras difusas, pues jamás me sentí extranjero en Nicaragua. Es esa cercanía la que me hace recordar todo el sentimiento regalado en los barrios de Managua, el encanto de Ometepe, la majestuosa sencillez de Masaya, el cariño matagalpino, la belleza de Catarina, la historia viva de Granada y tanto regalo, íntimo e imborrable, de esta tierra y su gente. Ecos que resuenan en mi mente como los nuevos acordes de una antigua y hermosa melodía.


Politólogo, historiador y activista social, miembro de la Red Observatorio Crítico (Cuba), del Observatorio Social de América Latina (OSAL) y Co-coordinador del Grupo de Trabajo Anticapitalismo & sociabilidades Emergentes del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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