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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 345 | Diciembre 2010
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Nicaragua

La aventura de producir energía azul en el Caribe

La seducción y el cariño que provocó la revolución sandinista en la Nicaragua de los años 80 está en el corazón de la aventura económica, social y cultural en la que se ha embarcado BlueEnergy, una pequeña organización que no cree en el “oro negro” y que está generando “energía azul” en zonas aisladas y empobrecidas de la Costa Caribe.

William Grigsby Vergara

En el año 2006 los cortes de energía en Nicaragua llegaron a durar hasta ocho horas diarias. Los “apagones” afectaban toda la producción y la vida colectiva y personal de toda la población. En 2007 el nuevo gobierno del FSLN decidió solucionar de inmediato un problema tan grave incorporándose al ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), iniciativa del Presidente Hugo Chávez.

Enseguida comenzaron a llegar al país plantas gene-radoras de energía que se alimentan de combustibles fósiles. Unas llegaron de Venezuela, otras de Cuba. También empezaron a llegar desde Venezuela buques petroleros con petróleo y derivados para alimentar esas plantas. Llegaban a precios preferenciales, producto de un convenio que deja al gobierno de Daniel Ortega ganancias millonarias. Según el político liberal Eliseo Núñez Morales, hoy el 54% de la generación eléctrica de nuestro país está ya en manos de los negocios que ha organizado el ALBA en Nicaragua. A pesar de que seguimos atados, y muy atados, al petróleo, la Estrategia Energética Nacional, anunciada por el Ministerio de Energía y Minas, es transformar la matriz energética de Nicaragua, extremadamente dependiente del petróleo, para sustituir poco a poco el “oro negro” por otras fuentes ge-neradoras de energía, que sean renovables y resulten sostenibles.

UNA AVENTURA MUY DIFÍCIL
EN UN PAÍS COMO ÉSTE

El 17 de junio de 2010 tuve ocasión de asistir al lanzamiento en Managua de la Asociación Nicaragüense para las Energías Renovables y el Ambiente, que se dio a conocer con el nom-bre de RENOVABLES. Más de 22 instituciones nicaragüenses han co-fundado esta alianza, todas especializadas en el desarrollo de energías limpias. Entre ellas, AMAYO, APRODELBO, ASOFENIX, ATDER-BL, BLUEENERGY, EMEAW-WIWILÍ, GIER, GRUPO FÉNIX-UNI-PFAE, HISMOW S.A, MUJERES SOLARES DE TOTOGALPA, POLARIS, PCH LA FLORIDA, PCH RÍO BRAVO, PCH BILAMPÍ-WANAWÁS, PCH EL NARANJO Y PROLEÑA.

La misión que se han trazado -masificar el uso de fuentes renovables de energía, tanto en el sector público como en el privado, y divulgar, educar e investigar para darle a Nicaragua un futuro con energía sostenible- es una tarea de titanes. Nicaragua es el país centroamericano con la energía eléctrica más cara, el país donde sólo a un 65% de la población le llega la electricidad, un país que aprovecha apenas el 5% de sus recursos naturales renovables para producir electricidad. No hay en Nicaragua suficiente conocimiento de las posibilidades para generar y usar fuentes renovables. No hay suficiente difusión de buenas prácticas en eficiencia energética para ahorrar la producción actual y futura. Tampoco hay suficientes incentivos y condiciones favorables para la producción de energías limpias.

Entre los varios titanes lanzados a la aventura de cambiar este panorama desalentador, busqué a BlueEnergy, una organización sin fines de lucro que desde hace seis años trabaja en el Caribe Sur de Nicaragua (Región Autónoma del Atlántico Sur, RAAS), donde casi el 80% de la población no disfruta de la electricidad. Quise conocer más de estos promotores de “energía azul”.

TRES AMIGOS DE INFANCIA,
TRES ACCIDENTES CRUCIALES

La idea original de BlueEnergy nació en la mente de Mathias Craig durante una clase de emprendedurismo social que recibía en el famoso MIT (Instituto Tecnológico de Massachussetts). ¿Dónde compartir sus conocimientos científicos, dónde invertir en energía renovable? Nicaragua apareció enseguida en su radar mental.

Él ya conocía nuestro país. Su madre, la lingüista Colette Grinevald, trabajó en los años 80 en Nicaragua, desarrollando un programa de rescate de las lenguas autóctonas de la Costa Caribe. A ella se debe la revitalización de la lengua del pueblo Rama. Mathias respiró Nicaragua siendo niño. También Guillaume, su hermano mayor. Tenían 11 y 13 años cuando pasaron unas vacaciones en Nicaragua en 1989.
Además, cuando Colette viajaba a Nicaragua para realizar trabajos de campo, los dos hermanos se quedaban en su casa en Estados Unidos con un “tercer hermano”: Carlos, un blufileño, estudiante destacado en los años de la revolución, a quien la familia Craig-Grinevald llevó a Estados Unidos para darle allí la oportunidad de una mejor edu-cación.

Carlos vio pasar a Mathias y a Guillaume por la primaria y la secundaria, los vio convertirse en adultos. Esto acercó poco a poco a los dos hermanos Craig a la cultura de la Costa Caribe nicaragüense. Después, Mathias buscó a un amigo de la infancia, Lâl Marandin -que ya había escuchado de ellos historias maravillosas de Nicaragua- y junto con Guillaume, estos “tres mosqueteros” emprendieron la aven-tura de su vida, en la que se mantienen hasta hoy.

Hablando con los tres fundadores de BlueEnergy des-cubrí algo que me parece digno de ser tenido en cuenta, que resulta constructivo. Al meterse a esta aventura, los tres, Mathias, Guillaume y Lâl, sufrieron un grave accidente en fechas cercanas y eso hizo que se replantearan el sentido de sus vidas. Lâl Marandin cayó varios metros desde una montaña mientras practicaba alpinismo. Por poco termina su vida en silla de ruedas. Mathias Craig sufrió embolismo pulmonar y esta enfermedad lo mantuvo varias semanas postrado en cama y al borde del colapso, imposibilitado de viajar a Nicaragua para apoyar a sus compañeros en los primeros meses de la empresa. Y Guillaume Craig, que era gestor y director de un bar en Francia, fue víctima de la violencia en una noche de farra: le patearon el cuello y sufrió una contractura que casi lo mata. La coincidencia de estos tres eventos fueron auténticos trampolines para que BlueEnergy naciera y recibiera impulso.

Con ese impulso, esta ONG funciona actualmente desde tres países-base: Nicaragua, que es la sede operacional, Estados Unidos, que es la sede internacional, y Francia. En Nicaragua se toman las decisiones. BlueEnergy emplea ya a unas 40 personas, más de la mitad nicaragüenses.

PASO TRAS PASO
EN BUSCA DE UN SUEÑO

Lâl Marandin fue quien se acercó primero al terreno para investigar las condiciones y la factibilidad de un proyecto de energía alternativa en Bluefields. ¿A partir del sol, del viento, del agua? Lâl hizo las primeras revisiones protocolarias, los primeros talleres. Pocos meses después llegó a Nicaragua Guillaume, mientras Mathias se reponía de su enfermedad pulmonar y apoyaba desde Estados Unidos.

Desde el inicio los tres sabían que la tarea no sería fácil. No obstante, la idea gustó rápidamente a las autoridades y a la población, pues la propuesta era el desarrollo local de una cadena de labor, de valor y de conocimiento aprovechando las capacidades locales para mejorar la calidad de vida de los habitantes con energías renovables. Al inicio, el Instituto Politécnico Cristóbal Colón de Bluefields -miembro del Instituto Nacional Tecnológico de Nicaragua (INATEC) brindó el espacio, las herramientas iniciales y el apoyo logís-tico necesario para que BlueEnergy capacitara a los primeros caribeños sobre las nuevas tecnologías. La relación con INATEC se fortaleció con la amistad de los tres fundadores con el profesor Ismael Castillo, miembro del Politécnico, quien ha acompañado a BlueEnergy desde su nacimiento hasta hoy.

Después se desarrolló la primera campaña de medición del recurso eólico en la Costa Caribe. Después, la cooperación internacional se sumó a la causa. BlueEnergy se fue fortaleciendo. A partir de entonces, decidieron ir más allá del Caribe y brindar también algunos servicios básicos a las poblaciones no conectadas a la energía en la zona del Pací-fico, en la otra mitad de Nicaragua: capacitación técnica para la construcción y mantenimiento de turbinas eólicas para el ensamblaje de sistemas híbridos con paneles solares, acceso a agua potable con fabricación local de filtros de bio-arena, construcción de pozos, incentivos a emprendedores locales...

Mathias me explica que el reto principal de BlueEnergy es convertirse en una organización formal, institucionalizarse y crecer. Al inicio, ni siquiera tenían una estructura legal ni relaciones con otros organismos similares ni un apoyo financiero sostenible. El único contacto existente era el de su madre, Colette Grinevald. En los comienzos, Mathias no se vio directamente enfrentado a las dificultades del proyecto, pues estuvo primero en Washington y luego en San Francisco buscando fondos y voluntarios. En esta búsqueda llegó a ser reconocido como “héroe de CNN” en la campaña que promovió ese medio en 2007. Más reciente-mente recibió el título de Ashoka Fellow de la famosa insti-tución de emprendedores sociales Ashoka.

“QUEREMOS IR DONDE
HAY NECESIDAD DE ESTAR”

“Ha sido un continuo aprendizaje”, repiten los tres. Los tres se fueron dando cuenta de que en el Caribe Sur los problemas económicos, sociales y culturales de la población son tan enormes que no bastaba con promover la generación de energía, por muy renovable que ésta fuera, para alcanzar un desarrollo integral. ¿Ofrecerle electricidad a una comunidad donde los niños no van a la escuela porque no beben agua potable, se enferman y desertan de las aulas? ¿Cómo ofrecer un sistema de luz eléctrica si la población no tiene siquiera capacidad de llevar un libro de actas con los pagos de la comunidad, algo necesario para asegurarle sostenibilidad al proyecto? “Tuvimos que desarrollar imaginación”, repiten los tres.

Buscaron socios y sociedades que complementaran su trabajo y decidieron que BlueEnergy actuara como catalizador entre las distintas instituciones y entidades, vinculando a las poblaciones aisladas con el gobierno local, el gobierno regional y el gobierno central. “Somos una especie de “go between” entre las redes del complejo sistema de cooperación que desemboca en Bluefields y en la RAAS”. Este servicio de interface -y de interlocución- ha ido convirtiendo a BlueEnergy en una organización cada vez más nicaragüense.

Lâl subraya que BlueEnergy quiere llegar donde el Estado no llega: “Nuestra misión es ir donde hay necesidad de estar. Y la experiencia nos conduce a las poblaciones indígenas más aisladas en el Caribe Sur, en la RAAS, a los territorios del pueblo Rama y del pueblo Creole”. También trabajan en la cuenca de la Laguna de Perlas y en el territorio del pueblo Garífuna.

LA APUESTA ES POR EL SOL Y POR EL VIENTO

Existen varios niveles de intervención. En Bluefields, donde hay un mercado de empleo más normalizado, aunque con sus particularidades, es necesario capacitar lo suficiente para que haya un mantenimiento y una sostenibilidad reales. Esto permitirá que mañana exista respaldo financiero para que se pague el servicio a través de una tarifa negociada con los usuarios y los cooperantes, formando así un fondo financiero que asegure el mantenimiento del sistema.

Se adapta la capacitación tanto al público como a sus necesidades. Se brinda la capacitación que el sistema re-quiere. BlueEnergy se reúne con la comunidad para acordar cómo usarían el sistema, dónde ponerlo, cómo financiarlo, cuándo ponerlo a funcionar. Todo se acuerda con la comunidad beneficiada y BlueEnergy sólo se encarga de la instalación y del mantenimiento básico durante los primeros meses hasta que sea un sistema comunitario y autosos-tenible.

En Bluefields y en la RAAS existe un gran potencial para las energías renovables gracias a la benevolencia del ecosistema. BlueEnergy saca provecho del sol y del viento: apuesta principalmente a los molinos eólicos y a los paneles solares. No apuestan a pequeñas hidroeléctricas porque no existe la altura suficiente (energía potencial de gravedad) en los cuerpos de agua de las comunidades donde trabajan y, por eso, esas aguas no tienen corrientes fuertes. La pró-xima apuesta en la que piensan, para un futuro próximo, es trabajar de manera sostenible y técnicamente adecuada con el inmenso potencial de biomasa que existe en la región.

LOGROS QUE CELEBRAR

Hasta hoy, BlueEnergy ha logrado resultados en 15 comu-nidades del Caribe, beneficiando a unas 3 mil personas con más de 12 kilovatios de primera capacidad histórica instalada, y con 210 pequeñas instalaciones que brindan energía eléctrica a un número similar de hogares, y con decenas de filtros de agua. Han hecho esto con 20 empleados caribeños y un promedio de 15 a 20 voluntarios internacionales residentes. Casi 200 voluntarios internacionales han pasado por los equipos de BlueEnergy en la Costa Caribe.

BlueEnergy es responsable también del exitoso proyecto Monkey Point, ubicado en una comunidad aislada al sur de Bluefields. Los 300 habitantes de esa comunidad jamás habían conocido la electricidad hasta que en junio de 2007 BlueEnergy instaló uno de los sistemas híbridos eólico-solares con los que trabajan. Los 5 kilovatios hora que produce el sistema diariamente son suficientes para la escuela, la radio de comunicación y la recarga de las baterías que alimentan el centro de salud y cinco hogares. Después, han sumado otro sistema para generar electricidad y manejan ya un sistema integrado para guardar, purificar y distribuir agua potable.

EL SISTEMA HÍBRIDO EÓLICO – SOLAR

La especialidad de BlueEnergy es fabricar y producir sus propias soluciones al cien por ciento localmente, sean las turbinas de viento (aerogeneradores), las torres que las sostienen y el resto del sistema que las hace funcionar o sean los filtros de agua potable. Los paneles solares los importan, ya que es muy difícil producirlos localmente. BlueEnergy propone una receta de lo que fabrica, pero tiene que importar los “ingredientes”: imanes, cobre, componentes eléctricos y electrónicos... A veces están disponibles en Managua. O también en Bluefields, pero siempre en menor cantidad y a un precio mucho mayor.

“Queremos construir varios prototipos de molinos de viento para generar energía eólica. Ya hemos desarrollado tres productos: uno de 500 vatios que al inicio funcionó muy bien, pero que brinda poca energía. Después, poco a poco, nos especializamos en el modelo de 1 kilovatio. Ahora vamos a tratar de especializarnos en otro de 1.5-2 kilovatios de potencia. Todo dependiendo de cómo se desarrolle el equipo de investigación”, me explica Lâl.

“El sistema híbrido eólico-solar -me explican- resulta beneficioso. Tiene la ventaja de tener mucha complemen-tariedad entre las partes. Ambos sistemas llenan un banco de batería con fuentes que se complementan de forma excelente. Es sencillo: cuando no hay viento hay sol y cuando no hay sol hay viento con los cambios de clima. Esta alternabilidad y complementariedad hacen sencillo el uso y permiten un diseño muy rentable para comunidades aisladas”.

LAS SECUELAS DEL “ORO NEGRO”

A Lâl y a los hermanos Craig les sorprende ver cómo los costeños se han abierto tan rápidamente a los nuevos sistemas alternativos que sustituyen el petróleo. Tal vez por la terrible experiencia que han tenido en la zona las plantas generadoras que se mueven con diesel. En la RAAS existen escombros, esqueletos y sobras de programas de desarrollo que fracasaron cuando las comunidades costeñas se dieron cuenta de lo caro que era mantener esas plantas. Conseguir repuestos lo complicaba aún más.

El transporte de esas plantas movidas con diesel exigía también de una logística imposible de lograr en una zona sin infraestructuras adecuadas: ni buenos caminos ni siquiera caminos, ni instalaciones portuarias, ni comunicación... Desde ningún punto de vista era rentable seguir invirtiendo en máquinas tan grandes, que duplicaban el costo del combustible transportado desde la capital, Managua. La mala experiencia con los derivados del petróleo permitió dar la bienvenida a las energías alternativas que promueve BlueEnergy.

ANTE OTRA CULTURA
Y ANTE EL EXCESO DE BUROCRACIA

Una dificultad que ha tenido BlueEnergy para desarrollar su proyecto ha sido que sus promotores, a pesar de todas las simpatías previas, son extranjeros. “Tuvimos que aprender cómo trabajar con personas de otra cultura, que hablan otras lenguas a la del resto de Nicaragua, donde las relaciones personales tienen otros matices. La Costa es otra Nicaragua. Ganarse la confianza de la gente resulta complicado”, confiesa Lâl, que señala que la falta de infraestructuras básicas y los avances del narcotráfico en la zona son dos elementos clave que están ahuyentado la cooperación extranjera.

Otra dificultad ha sido enfrentarse a la burocracia. A pesar de ella, pudieron cumplir con todos los requisitos administrativos y financieros del Estado y registrarse ante el Ministerio de Gobernación y el Ministerio de Relaciones Exteriores, como se les exige a las ONG internacionales que trabajan en Nicaragua. No fue nada fácil el proceso. “Si al iniciar esto hubiéramos sido conscientes de que en Nicaragua existían tantas dificultades, no hubiéramos sido capaces de meternos a este proyecto. Sólo lo superamos con una in-mensa fe en el sentido de lo que estábamos haciendo y con la tremenda generosidad de mucha gente anónima que nos ayudó y entendió que sin esa ayuda nos caeríamos. Fue un proceso casi milagroso”, suspira Lâl al recordar los duros comienzos.

INDICADORES Y PLAZOS RÍGIDOS
NO FUNCIONAN AQUÍ

Otra gran dificultad que tuvo que superar BlueEnergy fueron las relaciones de trabajo con muchos agentes de la cooperación internacional. Las maneras en que están pensadas la mayoría de los proyectos de la cooperación internacional no encajan bien con el cambiante contexto de la Costa Caribe, donde son muchas las incertidumbres y el mapeo del poder resulta caótico. “No siempre sabe uno quién tomará las decisiones finales: si el gobierno regional, si el gobierno central, si el gobierno municipal... La falta de agilidad institucional entorpece el trabajo y ha sido un problema adicional contra el que también hemos tenido que luchar”.

El estudio de 2009 de la Stanford Social Innovation Review muestra que, no sólo en Nicaragua, sino en todo el mundo, la cooperación internacional funciona en un círculo vicioso (The Nonprofit Starvation Cycle), que ahoga a las asociaciones sin fines de lucro que quieren cumplir con metas demasiado ambiciosas.

Basta un ejemplo. En la Costa Caribe de Nicaragua nunca se sabe con exactitud cuándo va a llegar el responsable local encargado de aprobar un nuevo proyecto. Quizás llegue hoy, mañana o dentro de tres meses. Eso retrasa cada paso que hay que dar. Cuando eso sucede en un proyecto de 300 mil o 500 mil dólares las complicaciones y los impactos sociales y ambientales que esos retrasos causan son mayores. La cooperación internacional no acepta ambivalencias ni retrasos ni incertidumbres, evalúa sobre indicadores, resul-tados, valores y fechas rígidas que no siempre se adaptan a lo que sucede en el Caribe nicaragüense.

Cuando pequeñas ONG como BlueEnergy inician su trabajo suelen minimizar la necesidad de infraestructura y los gastos de funcionamiento y pretenden seducir a la cooperación explicándole sus objetivos. “Pero, ¿cómo ex-plicarle a quien quiere invertir lo que pasa en una región donde no hay carreteras ni teléfonos? La gente de la cooperación no entiende esas complicaciones porque no las vive. Es lógico. Nosotros tratamos de entregarles el plato servido sin comentarle sus ingredientes ni la dificultad de elaborar la receta. No nos queda otra opción”, reconoce resignado Lâl.

LIMITACIONES CULTURALES
Y LIMITACIONES FINANCIERAS

Al no tener una noción clara, cercana, de las dificultades que enfrentan las pequeñas ONG nicaragüenses, la comunidad donante tiene expectativas irreales sobre la realización de los proyectos. Piensan que con una reunión y la firma de unos acuerdos quedarán resueltos todos los problemas. BlueEnergy siente después la presión de responder rápido y de satisfacer expectativas que resultan inalcanzables.

“Si para que avance un proyecto se necesita la firma de un poblador costeño para el día siguiente, BlueEnergy no puede traer de inmediato a esa persona porque está en plena siembra y tardará semanas en poder movilizarse. ¿Lo vamos a forzar? No podemos. Si lo forzamos, provocamos una crisis de confianza en la comunidad y ya no seremos bienvenidos, la gente nos puede mirar con recelo. No podemos darles respuestas inmediatas a los donantes que las piden. ¿Y por eso la cooperación va a negarnos el respaldo?” Así se alimenta un ciclo de inoperancia en la región “afectada-beneficiada”.

El otro gran problema que hay que enfrentar con la cooperación internacional es que a veces limita la capacidad de inversión de las ONG. El dinero que viene de los donantes se entrega con diez páginas sobre todo lo que no se puede hacer con ese dinero y con una única página indicando lo que sí se puede hacer. En estas barreras financieras se expresa que no entienden bien las necesidades profundas de cada comunidad y el rol que deben jugar sus recursos.

Actualmente, este malentendido entre la cooperación internacional y los agentes de desarrollo es uno de los grandes retos que BlueEnergy y muchas otras ONG simi-lares enfrentan en Nicaragua. Por suerte, existen agencias de desarrollo y ONG internacionales en la comunidad de donantes que se han adaptado a estos contextos y brindan un apoyo adecuado y eficiente. BlueEnergy entró, por ejemplo, en una relación muy fructífera con la ONG holandesa HIVOS, especializada en el empoderamiento de las poblaciones indígenas.

LA MAYOR AMENAZA:
LA FRONTERA AGRÍCOLA

Una gran amenaza se cierne sobre éste y muchos otros proyectos que se desarrollan en esta zona de nuestro país: el avance avasallador de la frontera agrícola sobre las regiones Norte y Sur del Caribe de Nicaragua.

Guillaume explica que este fenómeno, sumado a la presión que ejercen los mestizos que migran de otras zonas y entran a la RAAS por Nueva Guinea, está afectando a comunidades aisladas del pueblo Rama y Creole con las que trabaja BlueEnergy. En estos territorios indígenas ya hay frecuentes problemas de seguridad. “Nos preguntamos si hay seguridad para nuestro trabajo, nos preguntamos si al instalar equipos los van a respetar o si la gente se va a robar los paneles. Estamos ante un problema grave, aunque lo más grave es que el avance de la frontera agrícola representa la destrucción del ecosistema del Caribe. Por ahora solo podemos reconocerlo, no podemos hacer mucho para frenar esto”, reconoce Guillaume.

FALTA COMUNICACIÓN
Y FALTAN INCENTIVOS FISCALES

¿Qué papel juega el Estado de Nicaragua en este proceso de desarrollo tecnológico y humano al que BlueEnergy está apostando en la Costa Caribe?

Lâl lo explica así: “Lo que no están haciendo ellos, lo tenemos que hacer nosotros”. Por eso, el Estado le facilita algunas cosas a BlueEnergy. Sin embargo, existen dos niveles donde el apoyo del gobierno central podría ser mayor y tener más impacto. El primero, la consulta, comunicación, concertación y planificación de los proyectos de desarrollo nacionales. Muchos planes se hacen y se deshacen sin comunicarle nada a la gente involucrada en el terreno. “Un ejemplo es la llegada de la red eléctrica nacional a la cuenca del municipio de Laguna de Perlas. Esto ha impactado muchísimo la planificación estratégica de BlueEnergy, porque nunca había estado contemplada en los planes de electrificación rural nacionales”.

El segundo nivel de problemas se da en la legislación: no hay una real exoneración de impuestos para proyectos de desarrollo con energía limpia, lo que representa un gran vacío. En teoría, esas exoneraciones se pueden conseguir, pero hacerlo es entrar a un complejo laberinto fiscal, con un papeleo enorme y con trámites de administración que son siempre desgastantes. Los paneles solares son un buen ejemplo. Tienen que importarse porque es muy difícil producirlos localmente, pero sólo las grandes empresas mayoristas de sistemas logran la exoneración del impuesto sobre el valor agregado (IVA), sin que el precio cambie realmente para el comprador final.

Enfrentar a la Dirección General de Ingresos puede también convertirse en una tarea surrealista digna de un relato de Kafka. Cuando uno vive en Managua, cumplir con las exigencias de la institución fiscal no es tan difícil, la mayoría de la gente tiene cédula de identidad y casi todo el mundo tiene sus facturas al día. Pero en el Caribe las cosas cambian. Todo allí es informal. “La DGI exige hacer una retención sobre los gastos que hacemos en comercios que no tienen siquiera sus facturas al día. Queremos cumplir con las leyes, pero ¿cómo hacerlo?”, se lamentan. Y tienen que estar inventando soluciones.

FALTA FACILITAR LOS TRÁMITES
Y ARMONIZAR LAS LEYES

Por falta de incentivos fiscales y demás trabas BlueEnergy termina pagando prácticamente el doble del IVA sobre gran parte de los materiales que adquiere. Marandin explica en términos aterrizados el engranaje de los trámites: “Importamos un componente para sistemas como los nuestros y pagamos un impuesto aduanero. Después pagamos el IVA sobre la compra. Finalmente lo traemos a la Costa y pagamos otro impuesto por el transporte. Un verdadero relajo. Al final los materiales terminan valiendo el doble de lo que realmente valen cuando en realidad existe una ley, la 532, que promueve el uso de las energías renovables y que debería, en teoría, exonerar del IVA a BlueEnergy y a todos los pequeños actores que trabajamos en el sector”.

Lograr todo el papeleo necesario en dos ministerios y en otra institución para calificar para obtener esas exoneraciones, demostrando a la vez que se trabaja en un programa de cooperación internacional, le costaría a BlueEnergy el doble de lo que ya está pagando por brindar sus servicios a la comunidad.

En un marco más general, en Nicaragua sólo existen cuatro o cinco abogados que manejan a fondo la legislación que rige el sector de energía renovable, que resulta muy confusa por sus imprecisiones. Son doctores con posgrados y maestrías, litigantes muy especializados en el tema, pero nada fáciles de contratar. Es necesario armonizar, actualizar y simplificar el marco legal y normativo del sector. Los miembros de la asociación RENOVABLES están haciendo una revisión completa, acompañados de expertos legales, para saber cómo conseguir un marco legal que les permita agilizar los procedimientos de inversión y de producción de energía.

UNA MEDIDA LEGAL POSITIVA

En Alemania, a inicios de los años 90, apareció una disposición legal que establecía que el Estado y las empresas distribuidoras de electricidad estaban obligadas a comprar a un precio favorable la electricidad renovable producida por cualquier generador en Alemania, fuera ciudadano o empresa pequeña, mediana o grande.

Esta disposición -conocida como “medición neta”- incentiva automáticamente la producción y generación local de energía limpia, pues son muchos los que quieren sacar ganancias de la producción local de energía solar, hidroeléctrica o eólica. La electricidad que se produce de más -el consumo inútil- se vende a la red nacional y de esta forma se recupera la inversión de forma muy rápida y eficiente.

Esto funcionó muy bien en Alemania y no tan bien en España, pero dejó muchas lecciones aprendidas y se copió en varios países de Europa con mucho éxito. También fue una medida exitosa en varios estados de Estados Unidos. Y aunque no se trata de copiar esa medida legal en Nicaragua, sí se podrían incorporar algunos aspectos viables.

Establecer una “medición neta” sería un gran paso para nuestro país. “Se mide de manera controlada lo que se produce y lo que se consume -explica Lâl- y si se produce más de lo que se consume, se vende el excedente (en dinero o en energía) a la empresa distribuidora en la red nacional y así todos los sectores salen beneficiados y se recicla la energía producida. Según entendemos, las discusiones sobre esta posibilidad han empezado en Nicaragua en octubre del 2010”.

UNA TIERRA CON TANTOS VOLCANES DESAPROVECHADOS...

En la búsqueda de producir más energía alternativa causó alarma el anuncio del megaproyecto hidroeléctrico brasileño-nicaragüense Brito, que según científicos y ecólogos nica-ragüenses representaría una gravísima amenaza para los ecosistemas del lago Cocibolca y del río San Juan. El megaproyecto contempla la construcción de una represa sobre el río San Juan, y otra sobre el río Brito, usando como embalse de regulación las aguas del lago Cocibolca para generar 250 megavatios. La presión de la opinión pública, a través de medios de comunicación nacionales que dieron voz a expertos ambientalistas, condujo al gobierno de Nicaragua a declarar “congelado” el proyecto. ¿De momento o definitivamente?

¿Existe realmente una cultura ecológica respecto a la generación de energía en el gobierno de Nicaragua, en la población nicaragüense? Guillaume lo duda. Su reflexión parte de su experiencia en la Costa Caribe. “En Nicaragua existe un enorme potencial geotérmico por la abundancia de volcanes en la costa del Pacífico, pero toda esa energía está desaprovechada. Nosotros decidimos enfocarnos en energías renovables en la Costa Caribe, donde no hay volca-nes, pero sí hay sol y viento, pero tuvimos que hacer una ardua labor de concientización ecológica en la zona. No la había”.

Y añade: “Como miembro de la Asociación RENOVA-BLES, BlueEnergy está pendiente de lo que ha prometido el gobierno: cambiar la matriz energética de Nicaragua de los combustibles fósiles a fuentes renovables. Queremos que esa promesa se cumpla, acompañaremos y apoyaremos de todas las formas posibles esa transición, convencidos de que eso es bueno y necesario para Nicaragua. Y cada vez que se tome una decisión que pueda amenazar esta transición lo señalaremos”.

APUESTAN A LA PEQUEÑA ESCALA

BlueEnergy distingue entre los pequeños proyectos y los macroproyectos de energía renovable, hoy en marcha, como el proyecto hidroeléctrico Tumarín, pilotado por la empresa de capital brasileño CHN en el Caribe Sur, los ingenios azucareros que generan energía a partir de la biomasa o el proyecto eólico Amayo, en Rivas, lanzado por inversores nicaragüenses, guatemaltecos y estadounidenses y comprado en junio de 2010 por la multinacional Ashmore Energy International, con una capacidad instalada de 63 megavatios utilizando 30 aerogeneradores de 2.1 megavatios cada uno. “El trabajo que hacemos nosotros en la Costa Caribe es de generación a escala micro y a pequeña escala, con fuentes renovables, y siempre vinculando la generación de la energía con un desarrollo integral de la comunidad y con el compromiso con la protección del medioambiente”, me explica Guillaume.

Los proyectos de energías renovables son proyectos de largo plazo que funcionan a cabalidad en al menos cinco años. Cualquiera de estos proyectos necesita de permisos de construcción, de mediciones, de inversiones importantes. Siendo muy optimistas, la matriz energética de Nicaragua no habrá cambiado hasta el 2015-2017. La transición será gradual. Por otra parte, la generación a partir de fuentes renovables requiere de soluciones costosas de mantener. “El desafío de BlueEnergy y de nuestros pares en este empeño es hacerlas no sólo accesibles, sino rentables y más baratas”, dicen los tres.

¿CUÁL ES EL COSTO
DE LO QUE HACE BLUEENERGY?

El modelo individual en una comunidad rural, para que cada familia disfrute el tener iluminada su casa en las noches y haga funcionar algunos aparatos caseros requiere de uno o dos paneles solares de 50 vatios. Con la instalación, este modelo cuesta unos 500 dólares y sólo lo puede financiar una familia costeña con el crédito de una microfinanciera.

Electrificar a toda una comunidad o a una casa comunal multiusos que tenga al menos un centro de comunicación y un centro de salud requiere de una inversión mayor. Puede costar de 15 a 20 mil dólares. En las comunidades donde BlueEnergy trabaja no hay capacidad para financiar algo así. “Por eso buscamos ayuda de la cooperación interna-cional”, dicen.

Dar mantenimiento al sistema es la segunda fase. El mantener el sistema se vuelve costoso a lo largo de los años: hay que cambiar piezas, conseguir repuestos, sustituir baterías... La propuesta de BlueEnergy es lograr que la comunidad costee el servicio de energía pagando la recarga de las baterías. En el caso de las escuelas, el Ministerio de Educación podría, por ejemplo, aportar una cuota fija mensual. BlueEnergy no ha logrado aún “vender esa idea” al Ministerio.

CAPACITAR: OTRO DESAFÍO

¿Cómo hace BlueEnergy para capacitar a una población con una educación tan limitada como la de la Costa Caribe? Los usuarios de sistemas comunitarios, así como quienes viven en hogares en donde BlueEnergy ha instalado el sistema, reciben una capacitación básica en el manejo de baterías y en el mantenimiento de los paneles. Es una información sencilla al alcance de cualquiera. “No es necesario explicarle al usuario cómo se fabrica un panel solar, de qué está hecho ni cómo funciona, porque eso no es lo que necesita saber”, explica Guillaume. Para explicar lo que sí necesitan saber, BlueEnergy ha elaborado manuales y afiches con fotos de los indígenas y con palabras traducidas a sus lenguas. Para quienes quieren saber más se les facilita información que encuentran en libros y en Internet.

A un nivel algo más exigente BlueEnergy trabaja con los operadores de los sistemas comunitarios, para que conozcan cómo darles un mantenimiento básico: bajar, instalar y desinstalar una turbina, engrasar partes separadas, unir piezas... Ya hicieron también manuales para capacitar a los técnicos de la región.

El último nivel de la capacitación, y el más complejo, pretende preparar a técnicos en instalación, mantenimiento y diseño de sistemas renovables calificados por el INATEC. BlueEnergy ha trabajado muchos años con este organismo estatal y ha creado un programa nacional. Espera ahora que inicien los primeros cursos, con un currículo de 24 meses de estudio. A los niveles más altos, los universitarios y los de maestrías, BlueEnergy empieza a dedicarse poco a poco, participando en 2010 en la Maestría de Energía Renovable de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Su aspiración es conectar el Caribe con el Pacífico para que exista una sinergia de trabajo y vínculos de comunicación que garanticen profesionales de calidad humana y técnica a todos los niveles.

“SOBREVIVIR, CRECER,
LLEGAR A CENTROAMÉRICA”

¿Cuál es el futuro de BlueEnergy, después de un continuo proceso de vencer obstáculos, celebrar logros y afinar aprendizajes? Cada uno de estos tres amigos tiene una respuesta diferente.

“Primero de todo, nuestro futuro es sobrevivir -dice Mathias con sentido del humor-. Sobrevivir para seguir estando un día y otro más en este mundo y para seguir luchando en la creación de oportunidades en las zonas donde trabajamos. Sobrevivir para seguir conectando a las comunidades aisladas. Nos gustaría ver salir de estas comunidades a personas convertidas en emprendedoras de sus propios negocios, decididas a solucionar sus problemas para salir de la pobreza”.

Guillaume cree que el futuro de BlueEnergy está atado al compromiso con INATEC, con los gobiernos centrales y con las universidades con quienes trabajan. “Queremos traer a este proyecto más recursos humanos, más profesores y técnicos, más estudiantes y voluntarios dispuestos a ayudarnos. Gracias a nuestros contactos con la Universidad de Berkeley y con el MIT creemos que podemos lograrlo y servir como puentes entre el resto del mundo y la Costa Caribe de Nicaragua. Nuestro deseo para el futuro es aprender y crecer como seres humanos”.

Lâl piensa que el futuro de BlueEnergy es mejorar el sentido de apropiación de los equipos por parte de las comunidades, mejorar el programa educativo y el currículo técnico para formar personas más capaces en el trabajo por energías limpias, siempre según sus estilos de vida y su entorno medioambiental.

“Los costeños están acostumbrados a ver muchos cheles que llegan para lanzar proyectos cortoplacistas y luego no pasa nada. Nuestra intención es convertir a BlueEnergy en una institución local de apoyo y de incidencia. Queremos acompañar a estas comunidades a crecer como sociedades auténticamente autónomas. También pretendemos que en el futuro BlueEnergy difunda estos conocimientos en otros países centroamericanos. Quisiéramos repetir la experiencia aprendida en Nicaragua en otras comunidades de la región”.

COMUNICADOR SOCIAL.

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