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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 345 | Diciembre 2010
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Nicaragua

“Está creciendo la legitimación social a las actividades del narcotráfico”

Roberto Orozco, investigador, experto en temas de Seguridad Ciudadana y Crimen Organizado del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), analizó datos y hechos de las actividades del narcotráfico internacional y nacional en suelo nicaragüense, en una charla con Envío que transcribimos.

Roberto Orozco

En la Costa Caribe, en Managua y en varias zonas del Pacífico ha surgido y está creciendo un fenómeno que consideramos muy peligroso: la legitimación social de las actividades del narcotráfico. En estos lugares hay estructuras del crimen organizado nacional. Cuando escuchamos “crimen organizado” nos imaginamos a grandes mafiosos mexicanos o colombianos. Pero el crimen organizado nacional y local ya está entre nosotros y es más peligroso que el crimen organizado internacional. Desde el IEEPP lo hemos venido advirtiendo a las autoridades.

El IEPP es una ONG de la sociedad civil. Nació en 2004 para dedicarse fundamentalmente al estudio de los temas de seguridad y defensa. Observábamos entonces que en Nicaragua no existía una representatividad de carácter civil en estos temas, que eran propiedad exclusiva de la Policía Nacional y del Ejército de Nicaragua. Veíamos que los civiles, ni aquellos que estaban en la conducción política de estas dos instituciones ni aquellos a quienes les tocaba ejercer sobre ellas control legislativo y democrático, estaban participando. No había personal capacitado para estudiar estos temas. Ésa fue nuestra principal preocupación y con ella surgimos.

Nos fuimos especializando en el terreno y sobre la marcha. Estudiamos en el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa (CHDS) de la Universidad Nacional de Defensa de los Estados Unidos, y comenzamos a trabajar. Hoy, el IEEPP es una institución que ya no se dedica sólo al estudio de la seguridad ciudadana y la defensa nacional, tiene otros programas: transparencia y presupuesto público. Hemos crecido: somos una organización de 20 personas, de las cuales la mitad son operativas y contamos con cuatro investigadores seniors. En mi caso, me dedico desde la óptica de la academia al estudio de la seguridad ciudadana y del crimen organizado, pero no tengo nada que ver con los órganos de inteligencia del Estado ni con la Policía Nacional. Soy sólo un civil que, desde la óptica de la academia, hace investigaciones tratando de conocer y entender el impacto de estos dos fenómenos. La naturaleza de nuestro trabajo es producir información calificada para los tomadores de decisiones, para quienes hacen las políticas públicas. Investigamos la realidad desde la academia y le presentamos nuestros hallazgos al Estado.

Uno de los primeros datos crudos que nosotros manejamos en nuestras investigaciones sobre el crimen organizado es éste: la incautación de droga ha venido incrementándose en Nicaragua desde 1994. A partir de ese año empezaron a crecer las incautaciones. ¿Se incauta toda la droga que pasa por Nicaragua? Ese dato no lo tenemos, no conocemos cuánta droga pasa por Nicaragua. Hay una teoría, de la ONUDD, la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, que afirma que en cualquier país lo que se decomisa es apenas el 10 ó 20% de lo que pasa por ese territorio. La ONU nunca ha revelado la metodología con que trabaja para hacer esta afirmación y hay académicos y científicos que la cuestionan, pero es un dato y ahí está.

La OEA y la ONU afirman que por Centroamérica pasa el 90% de la cocaína que se produce mundialmente. La región andina -Colombia, Perú y Ecuador- es la mayor productora de cocaína del mundo. Según la ONU, Colombia maneja el 80% de la producción mundial y Perú el 20%, mientras que Ecuador y Bolivia proveen de pasta básica de cocaína a los principales países productores de esta droga. Estados Unidos es el país con mayor consumo a nivel mundial. Según la última encuesta de 2008 del Departamento de Salud de Estados Unidos, en ese país hay al menos 10 millones de consumidores de droga. De ellos, 2 millones consumen cocaína. Esto genera una demanda importante de la cocaína que se produce en América del Sur.

Es obvio: si en la región andina se produce toda la cocaína que circula a nivel mundial y en Estados Unidos está el gran mercado consumidor, Centroamérica está en medio de la oferta y la demanda y, por razones geográficas, grandes cantidades de droga tienen que pasar necesariamente por el istmo centroamericano, sea por vía aérea, marítima o terrestre.

Hay que entender que el narcotráfico es esencialmente un mercado más entre los muchos mercados legales e ilegales que existen a nivel internacional. De un libro que escribió Moisés Naím titulado “Contrabando” surgió la teoría de las guerras perdidas de los Estados nacionales contra los cinco mercados ilegales que él identifica como los principales: piratería, narcotráfico, tráfico de personas, tráfico de armas y lavado de dinero.

En Nicaragua funcionan unos once mercados ilegales. Entre ellos, uno tan inocuo como la reproducción ilegal de películas y música en CD. Esta piratería, penalizada ya en el Código Penal y en la Ley de Derechos de Autor, genera ingresos a un gran número de familias nicaragüenses por el orden de los 100 mil dólares mensuales, de acuerdo a estudios realizados recientemente.

Se ha calculado que las economías ilegales están sosteniendo la economía familiar del 60–65% de la población nicaragüense y que la mayoría de las personas que viven de la economía informal en Nicaragua están dedicadas a economías ilegales. El narcotráfico es una más de las economías informales e ilegales.

La única manera que tenemos para hacer algún cálculo de la droga que transita por Nicaragua es analizar el comportamiento de la droga incautada. En 1994 en Nicaragua se incautaron 1,333 kilos de droga en operaciones realizadas por los órganos de seguridad en todo el territorio nacional. Para aquel entonces era una cifra grande y fue considerada un éxito, porque antes sólo se decomisaban 300, 360 kilos, como máximo 500 kilos. Fue a partir de aquel año que las cifras comenzaron a dispararse. En el año 2005 se incautaron 7,311 kilos. De tonelada y media pasamos a siete toneladas y media. En 2008 se incautaron 15,352 kilos. De siete toneladas y media pasamos a quince toneladas y media. Aunque las cifras de 2009 no las tenemos todavía, y aunque ese año se haya incautado más o menos, sin duda ya podemos marcar una tendencia, ya que los indicadores de tendencia sólo se ven a largo plazo. Y lo que estamos viendo es una tendencia ascendente, nunca descendente.

¿A qué se debe este incremento? Hay varias explicaciones. Algunos dicen que la producción de droga creció. Otra razón puede ser que la Policía esté haciendo un trabajo más efectivo. Puede ser que las coordinaciones de nuestra Policía con la DEA de Estados Unidos y el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos, que operan en el Caribe nicaragüense -a partir del convenio bilateral que en 1992 firmó el gobierno de Nicaragua con Estados Unidos- esté produciendo una mayor efectividad.

El narcotráfico debe analizarse desde sus dos modalidades: el tráfico transnacional -los grandes cargamentos que pasan de país en país hasta llegar a Estados Unidos y Europa- y el tráfico nacional, técnicamente conocido como microtráfico, narcomenudeo o expendio de drogas.

Otro dato que debe llamar nuestra atención. En el año 2008, por actividades del narcotráfico fueron detenidas 3,695 personas. Las capturadas por tráfico internacional fueron 1,887. De ellas, sólo el 2.4% eran extranjeros. Esto quiere decir que casi el 98% eran nicaragüenses involucrados en el narcotráfico internacional. Por tráfico interno, en 2008 fueron capturadas 2,808 personas y todas eran nacionales, no había ningún extranjero. En el año 2009 fueron capturadas 4,646 personas relacionadas a actividades del narcotráfico, casi mil más que en 2008. De ellas, 2,179 por tráfico internacional. De ellas, sólo 88, el 4%, eran extranjeros. El resto, todos nacionales. La mayoría de los extranjeros capturados son guatemaltecos, después mexicanos y colombianos. ¿Qué estamos viendo? Que los extranjeros son una porción mínima de los capturados, que el 96% son nicaragüenses, que una buena cantidad de nacionales ya están metidos en el tráfico internacional. Estamos viendo que cada vez hay más nicaragüenses involucrados en ambas modalidades del narcotráfico. ¿Por qué? Es sencillo: mucha gente está comiendo en Nicaragua de la venta de drogas, y ése es el gran impacto social que el narcotráfico tiene en nuestro país.

La participación de cada vez más nicaragüenses, tanto en el tráfico internacional como en el nacional, implica que hay zonas de nuestro país con cada vez mayor presencia del narcotráfico internacional y que cada vez hay más ciudades de Nicaragua con personas dedicadas al mercado interno de drogas. Por tráfico interno en el año 2009 fueron capturadas 2,467 personas, el 12.8% mujeres.

El modus operandi del narcotráfico en Nicaragua no es distinto al modo con que operan en el resto de Centroamérica y en México. Hace unos siete años se afirmaba que Centroamérica era una ruta de tránsito de la droga. Pero hace unos tres o cuatro años los países de Centroamérica, también Nicaragua, han dejado de ser solamente ruta de tránsito para convertirse en plazas que ofrecen apoyo decidido a las estructuras internacionales del narcotráfico, apoyo en todos los aspectos: información de inteligencia, seguridad, logística (combustible y alimentación) y embodegaje de la droga.

Esto ha sucedido porque el modus operandi del narcotráfico ha variado debido a las acciones de interdicción, a las operaciones policiales o militares de los países centroamericanos en coordinación con el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos y la DEA. Hasta hace poco, una lancha cargada con mil o dos mil kilos de cocaína y equipada con tres motores fuera de borda de 200 caballos de fuerza, salía de Barranquilla o de cualquier provincia costera de Colombia y viajaba directa a Louisiana, Miami o Nueva Orleans. En ese tiempo los guardacostas estadounidenses no permanecían en las aguas caribeñas de Centroamérica. Todo empezó a cambiar a partir de 1992, cuando Nicaragua firmó con Estados Unidos un convenio bilateral de cooperación para la interdicción del narcotráfico en aguas nicaragüenses. Nicaragua fue el primer país que despuntó con esa actividad y después, por presiones internacionales, le siguió el resto de países centroamericanos. Actualmente, las fragatas del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos, con un helicóptero de la DEA, patrullan el Caribe, permaneciendo fundamentalmente en aguas nicaragüenses. Ésta es una de las razones por las que en Nicaragua se incauta más cocaína que en otros países de la región.

El narcotráfico internacional tuvo que cambiar su modo de operar. Como hay más vigilancia, ya no viajan directamente, sino que van de país en país: de Colombia ya no van directamente a México sino que van a Panamá, de ahí a Costa Rica, de ahí a Nicaragua, a Honduras, a Guatemala…Van saltando. Y en cada país van guardando la droga y después siguen. Y para tener éxito en estas operaciones han ido creando una red de cooperación logística a lo largo de todo el Caribe centroamericano, incluyendo el Caribe nicaragüense, con personas de las comunidades, sobre todo del litoral, que les brindan apoyo: Prinzapolka, Tasbapouni, San Juan de Nicaragua, Wawa, Whounta, Bismuna, Cabo Gracias a Dios, Prinzapolka…En todos estos lugares han creado una amplia base social de respaldo. En la comunidad se designan personas que se encargan de suplirle a los narcotraficantes internacionales todas sus necesidades: les proveen de combustible y de alimentación, garantizan su seguridad, etcétera. En estas zonas hay también brazos armados que se encargan de protegerlos. Recordemos lo que pasó en Walpasiksa, en el Caribe Norte de Nicaragua, el 8 de diciembre de 2009, cuando un oficial de la Fuerza Naval y otro de la Policía Nacional murieron al ser emboscados a tiros por narcotraficantes colombianos que eran apoyados por células armadas de esa comunidad miskita.

En estas zonas del Caribe existen actualmente individuos armados, nacionales y extranjeros, que están ejerciendo control sobre esas zonas. Son como un Estado dentro del Estado. Una de las grandes vulnerabilidades de las cuales se aprovecha el narcotráfico es precisamente la ausencia del Estado. En estas zonas, cuando la autoridad estatal se da cuenta de que hay presencia del narcotráfico es cuando el narcotráfico ya tiene rato de estar trabajando allí. ¿Cómo se dieron cuenta en Walpasiksa? Porque se estrelló una avioneta de narcotraficantes colombianos. Si no, no se hubieran dado cuenta. Porque toda la comunidad los estaba apoyando. En las investigaciones que se hicieron después, apareció un cuaderno que tenía el narcotraficante colombiano, en donde aparecían listas de las personas de la comunidad que recibían un estipendio mensual por brindar apoyo logístico y garantizar seguridad: entre tres mil y cinco mil córdobas cada uno. En la lista estaba también el pastor de la iglesia morava. Esto indicaría un grado de aceptación o legitimación de la actividad de narcotráfico en esas zonas.

En zonas como ésta en el Caribe, también en el Pacífico y en Managua, está surgiendo y creciendo un fenómeno que resulta peligroso: la legitimación social de las actividades del narcotráfico. La gente lo está legitimando porque está viendo en el narcotráfico un factor de desarrollo. Es fácil imaginar por qué. Una comunidad indígena miskita abandonada, que obtiene sus medicinas de las raíces y de las hojas de los árboles de la selva, que obtiene todos sus alimentos de la carne que le brinda el mar o la selva, una comunidad a la que nunca el Estado ha sido capaz de proveerle infraestructura de producción económica, una comunidad en donde el Estado jamás ha estado presente ni con educación o salud, ni con Policía o con Ejército, ve llegar a un foráneo que viene con una cantidad exorbitante de dólares y que no necesita tener más que un único contacto en esa comunidad para empezar a repartir dinero y a comprar gente.

Si uno mira el mapa de la pobreza extrema en Nicaragua, el que se hizo utilizando la metodología de las necesidades básicas insatisfechas, verá que las regiones del Caribe tienen los peores índices. En una situación así, ese foráneo que reparte dinero se convierte en poco tiempo en el líder de la comunidad porque está sosteniendo económicamente a varios de la comunidad o a los principales líderes de la comunidad o incluso a toda la comunidad. Y la gente de la comunidad ve que ese negocio les está trayendo beneficios. Y con ese dinero ya pueden cambiar la casita de tambo -de troncos y asentada sobre pilotes para que en invierno no se le inunde- por una casa de concreto. Y después ya pueden tener energía eléctrica propia y también teléfono satelital y televisión satelital. Es decir, ven un cambio en sus vidas y ven que es el narcotráfico el que les está proporcionando ese cambio.

Nuestro trabajo y nuestra obligación es decirle al Estado lo que está pasando: está creciendo en Nicaragua la legitimación social del narcotráfico. Cuando lo decimos, las autoridades rechazan esta visión. Aceptarla sería reconocer que han tenido cero efectividad en el combate al narcotráfico en el Caribe. Creemos que en casos así, el narcotráfico no puede ser combatido solamente con acciones de interdicción: con mayores operaciones militares o mayores operaciones policiales. Si el Estado no es capaz de proveer a estas comunidades condiciones sociales y económicas para que cambien de actividad económica y tengan oportunidades de desarrollo, no van a conseguir nada y esas comunidades van a continuar dando apoyo al narcotráfico porque eso les trae un beneficio, un beneficio que el Estado nunca les ha brindado. En otras palabras, el narcotráfico ha sustituido al Estado al brindarle beneficios directos a esas comunidades.

¿Pasa algo similar en el Pacífico, en Managua? Veamos algunos datos del microtráfico, del narcomenudeo. La venta
de drogas genera a los narcotraficantes internos una ganancia semanal de 170 mil dólares, lo que representa casi el 40% de todo lo que se vende en una semana en el Mercado Oriental, el mayor mercado callejero de Centroamérica. Según cifras oficiales de la Dirección de Investigación de Drogas de la Policía Nacional, Managua es la principal plaza pera el mercado ilegal de consumo y venta de drogas y es el lugar que tiene más expendios a nivel nacional. Oficialmente, hay 992 expendios en todo el país. Pero un ex-director de drogas de la Policía Nacional dijo extraoficialmente que son 10 mil. Yo le creo más a él.

Bluefields es la segunda plaza de mercado de drogas en Nicaragua. Acabo de regresar hace dos semanas de Bluefields y lo que está sucediendo allí es dramático. Allí la droga se está consumiendo abiertamente en lugares públicos sin ningún problema. Están consumiendo en una plaza o en una esquina y pasa un policía a la par de donde están y tiene que bajar la cabeza porque si les dice algo lo pueden hasta matar. Hay un informe del CAPS (Centro de Atención Psicosocial) de Bluefields, que informa que en los primeros ocho meses del año 2010 atendieron a 6,500 alumnos de secundaria y de primaria por algún grado de adicción de drogas. Los expendedores de drogas han colocado los expendios de drogas alrededor de las escuelas. En el colegio Divino Pastor, en Santa Rosa, las monjitas están desesperadas, no hallan qué hacer. Los narcotraficantes les han abierto hoyos en los muros del colegio -parecen ya quesos suizos- y por ahí meten la droga y se la regalan a los niños para crearles la adicción. El jefe de la Policía de Bluefields, el Comisionado Manuel Zambrana, dijo en una conferencia pública que la Policía de Bluefields no tiene ya capacidad para combatir el narcotráfico en la ciudad. Es una declaración institucional. La situación se ha complicado al extremo porque el narcotráfico ha logrado penetrar el tejido social de Bluefields, generando enormes ingresos.

Igual está pasando en muchos barrios de Managua. El narcotráfico ya ha logrado penetrar el tejido social de muchos barrios y a la gente ya no le importa que la Policía les catee la casa y les quite un poco de droga. Ya hay un mercado fuerte, grande, que ha montado todo un sistema y esos cateos no significan nada.

Un mercado como el que ya existe en Managua y en varios lugares de Nicaragua no puede funcionar sin una estructura, sin una cadena de al menos tres eslabones. El primer eslabón es el proveedor connotado. Es quien consigue la droga en volúmenes considerables y la entrega a los expendedores, bien sea por concesión o por compraventa. No tenemos cifras de cuántos expendedores connotados hay en Nicaragua. Lo que sí sabemos es que no están precisamente en los estratos más bajos de la sociedad. También sabemos que algunos han logrado tales ganancias que se han convertido en empresarios, muchos del sector transporte, un sector muy vinculado al narcotráfico internacional. Cuando estos proveedores connotados entregan droga por concesión le dan, por ejemplo, un kilo al vendedor y el vendedor les paga y le queda a él algo de ganancia. En estos casos, los expendedores “bautizan” la droga: le añaden talco o algún otro polvo para hacer crecer el kilo y así ganar más. El siguiente eslabón es el dueño de varios expendios, a donde llegan los expendedores iniciales, los que comienzan a vender. Al final de la cadena está el consumidor.

Esta cadena está generando violencia en los barrios, provoca violencia juvenil, promueve violencia en las pandillas de jóvenes, provoca robos con fuerza, robos con intimidación y otros delitos. La venta y el consumo de drogas producen impactos directos en la inseguridad ciudadana. Creemos que en sus estadísticas las autoridades policiales deberían de desagregar la causa de los delitos, indicando cuántos de los que registran se cometen bajo el efecto de sustancias sicotrópicas. Sabemos
de una gama de delitos cometidos bajo la influencia del alcohol, pero no sabemos cuántos se cometen bajo la influencia del crack o de la cocaína o de los inhalantes.

En muchos lugares de Nicaragua los expendedores de drogas han comenzado vendiendo bolsitas de crack y con el tiempo algunos han llegado a convertirse en empresarios del transporte o se han vuelto casatenientes o han comprado tierras en los asentamientos de Managua. El expendedor connotado, el que tiene más dinero y lleva más tiempo en esto, llega a los asentamientos pobres de Managua y compra uno, dos o tres terrenos contiguos y ahí monta otro expendio y comienza a crear ahí el consumo y la adicción. Esto, independientemente de si el barrio es nuevo o si se está creando o si es antiguo.

En el sistema financiero nacional no se está lavando dinero producto del narcotráfico. La actividad que más lavado de dinero produce en Nicaragua no es el narcotráfico, es el contrabando comercial aduanero, toda la mercadería -principalmente cigarros-
que entra por las aduanas sin pagar impuestos. Los grandes comerciantes que se dedican al contrabando están colocando el dinero que obtienen en bancos de Panamá y de las Islas Caimán. ¿Cómo se lava en Nicaragua el dinero del narcotráfico?
Se lava comprando tierras: terrenos urbanos y tierras rurales. También invierten en empresas, en la construcción de edificios y de plazas comerciales. Invierten en bienes inmuebles y en bienes muebles, también compran vehículos lujosos.

La única encuesta nacional que se ha hecho en Nicaragua sobre consumo de drogas se hizo en 2006. Fue financiada por la CICAD (Comisión Interamericana Contra el Abuso de Drogas) de la OEA, que apoyó así al Consejo Nacional de Lucha contra las Drogas, institución estatal a la que corresponde, por la Ley 285, rectorear las políticas públicas contra el consumo y el tráfico de drogas a nivel nacional. Según esta encuesta, en aquel año el 4.8% de la población nacional consumía drogas ilícitas. Unas 250 mil personas. ¿Ha crecido el número de los consumidores o ha decrecido? No se ha vuelto a hacer una segunda encuesta que responda a esta pregunta.

La droga que más se consume en Nicaragua es la marihuana. En segundo lugar, el crack, un derivado de la cocaína. Y en tercer lugar, la cocaína en polvo. En Nicaragua se cultiva marihuana en Matagalpa, en Waslala, en Jinotega, en el Triángulo Minero,
en Bosawas, en el Norte del país. No se cultiva en grandes extensiones. Hay productores que, por necesidad económica, prestan sus tierras a cultivadores de marihuana que les pagan. Esa marihuana es esencialmente para consumo nacional, nunca va al mercado internacional, y se vende fundamentalmente en Matagalpa, Jinotega y Managua.

El crack se consume en grandes cantidades. Durante un tiempo fue considerada la droga de los pobres, pero ahora es consumida en todos los estratos sociales. Se creyó que eran los pobres los que consumían crack porque una piedrita costaba sólo cinco, diez o veinte pesos dependiendo del tamaño. Se la fumaban, les producía un efecto de dos-tres minutos, y al momento, como provoca una adicción muy grande, tenían que volver a consumir más.La adicción al crack es muy intensa. Los expertos afirman que no hay ninguna droga que cree tanta dependencia física, sicológica y emocional como el crack. Es una adicción mayor que la que provoca la cocaína, el alcohol o la marihuana y es una adicción que impulsa a estar consumiendo permanentemente y que provoca todo tipo de enfermedades y puede llevar a la muerte.

Yo me metí a una investigación sobre narcomenudeo para conocer cómo estaba el comercio ilegal de drogas en Managua y en la investigación pude revisar los expedientes de varias ONG dedicadas a la rehabilitación de drogodependientes en la capital. Encontré en esos expedientes a consumidores que gastaban hasta 30 mil córdobas al mes sólo en crack, cerca de mil quinientos dólares mensuales. Esa cantidad no la puede pagar un pobre por más que robe. Y cuando veía el apellido de la persona que consumía esa cantidad me daba cuenta que estaba ante gente de los estratos más altos de la sociedad. Esto no se percibe porque esas personas tienen capacidad para viajar a tratarse su adicción en Costa Rica o en Miami. Lo único que vemos son las ONG que tienen casas de rehabilitación y que están llenas de personas de muy bajo nivel económico.

Hay un estudio de la CICAD, anterior a 2004, sobre el consumo de drogas ilícitas entre estudiantes de secundaria de toda América Latina. En ese estudio se obtuvieron rangos casi similares a los del consumo entre los jóvenes de Centroamérica: más o menos el 5-6% consumían drogas. En el estudio se incluyó también el alcohol. El gran hallazgo de ese estudio y de esa encuesta fue comprobar que el alcohol era la puerta de entrada a las drogas ilícitas. Las edades en que se iniciaba el consumo de alcohol y de drogas era 13-14 años entre los varones y 15-16 entre las mujeres. Según ese estudio, el consumo de otras drogas inicia al experimentar los efectos de la marihuana. Inician con alcohol, después siguen con marihuana y después con crack o cocaína en polvo. Actualmente, estamos viendo que muchos estudiantes consumen lo que llaman “bañado” o “maduro”, un cigarro de marihuana con piedras de crack o con cocaína en polvo.

Si hay abastecimiento de droga para tan amplio mercado interno eso significa que existen en Nicaragua estructuras internas del crimen organizado. Sólo en Bluefields, en lo que va de 2010, ha habido 40 asesinatos al estilo sicariato como producto del crimen organizado de acuerdo a cifras oficiales. La tasa nacional de homicidios en Nicaragua es de 13 por cada 100 mil habitantes por año. En Bluefields esa tasa ya fue ampliamente superada. El sicariato provoca asesinatos planificados. Son siempre asesinatos con saña. Los sicarios matan por encargo. Se trata de asesinatos vinculados al narcotráfico y al abigeato. Y siempre que el narcotráfico mata está dando una señal de su poder. Hay cuatro razones por las que los narcotraficantes matan: cuando les roban droga, cuando les roban dinero, cuando los acusan ante las autoridades y cuando le quitan la mujer al capo.

La situación es cada vez más difícil en Bluefields. A Gerardo Suárez, Fiscal Regional de Bluefields, lo tuvo que sacar de allí la Policía Nacional, de prisa en secreto, según publicó un medio de comunicación nacional. De acuerdo a información extraoficial,
el jefe de la Policía Nacional allí, llegó un día a su oficina y en su mesa se encontró un papelito que le decía: “No te metás con nosotros, hijo de p…porque te vamos a matar”. ¡En su propia oficina! Aunque esta información no fue comprobada oficialmente, los medios de comunicación informaron sobre ella. Guardando todas las distancias, me parece que Bluefields va a ser nuestra Ciudad Juárez. Recordemos que ya en 2004 mataron en Bluefields a cuatro policías dentro de la propia unidad policial.

El narcotráfico ha llegado a tener en Bluefields un poder tan grande que ahora ya está mostrando su músculo, el músculo que tiene en la base social que lo respalda. Sacan el músculo amenazando al Fiscal. Ya tienen poder como para meterse con una autoridad local. Aún no se meten con las autoridades centrales. La amenaza al Fiscal es una señal de la fuerza que ya tienen: no van a amenazarlo si no tienen capacidad de cumplir su amenaza. Es una amenaza que debe llamarnos la atención.

En Bluefields llegué a ver por las calles varios Hammers, un lujo que contrasta con la pobreza de esa ciudad. Caminando por algunos sectores de la ciudad, uno puede observar casas que no tienen nada que envidar a las casas más lujosas de Managua. ¿No se da cuenta la Policía que éste o que aquel, que no tenía ni dónde vivir, ahora es un gran millonario? Sí se da cuenta, pero el riesgo es enorme para la Policía local, que ya ha declarado que no tiene capacidad para enfrentar al narcotráfico local.
El narcotráfico ha copado en Bluefields colegios, universidades y barrios. Cuando se llega a estos niveles, la única medida posible para rescatar la seguridad es un golpe directo por la vía de la interdicción. Guardadas las distancias, algo como lo que tuvo que hacer recientemente el gobierno de Brasil en algunas favelas de Río de Janeiro, metiendo al ejército y a la policía para desarticular y golpear severamente las bases locales del narcotráfico. Cuando el narcotráfico ha crecido tanto ya no cabe otra intervención.

La Policía Nacional tiene la tendencia a considerar esto como casos aislados, como problemas excepcionales. Pero cuando sistematizamos toda la información observamos un patrón que es lo que nos preocupa como resultado de nuestra investigación académica. Y el patrón que hemos encontrado es la presencia permanente de estructuras nacionales del crimen organizado dentro de varios municipios del país.

Para garantizar el abastecimiento de drogas en los expendios nacionales tienen que estar montadas y funcionando estructuras nacionales del crimen organizado. Y lo están. ¿Cómo se abastecen? Hay cuatro fuentes de abastecimiento para el mercado nacional. La primera es el pago que las organizaciones transnacionales hacen con droga a quienes les dan apoyo logístico. Hay, por ejemplo células en Rivas que ayudan a pasar la droga por el sector fronterizo y, en vez de pagarles con dinero, les pagan con droga. Esa droga alimenta el mercado local. Otra fuente de abastecimiento es el robo de droga. En Rivas hay estructuras a las que la Policía denomina “tumbadores” de droga. Las dirigen ex-militares y ex-policías. Asaltan a las organizaciones transnacionales. Hubo un caso en Rivas en que robaron 800 kilos de droga, que fueron a parar en gran parte al mercado nacional. Por ese robo mataron después a dos hombres que viajaban en un vehículo por la carretera Panamericana. Rafaguearon en marcha el vehículo, al mejor estilo de las mafias mexicanas.

En Centroamérica conocemos de veinte carteles de la droga nacionales. Hay siete en Guatemala, cuatro en Honduras, dos en
El Salvador, cuatro en Nicaragua y hay otros más en Panamá y Costa Rica. Todos los carteles centroamericanos trabajan
y coordinan sus acciones con los dos grandes carteles mexicanos: el cartel de Sinaloa y el cartel del Golfo.

En algún momento se determinó que el robo de esos 800 kilos de cocaína en Rivas fue para pasarla de un cartel a otro. En aquella ocasión la Policía Nacional intervino y capturó a tiempo a una célula de sicarios, asesinos a sueldo encabezados por un mexicano e integrada por cuatro hondureños y tres nicaragüenses. Esa gente llegó a Rivas fuertemente armada con una lista de personas a las que iban a asesinar, muertes que lograron evitarse. En mi investigación, ésa fue la única señal que encontré relativa a alguna pugna entre carteles en suelo nicaragüense. La pugna entre carteles siempre va a estar latente, siempre será un factor de riesgo, porque siempre va a haber un grupo que quiera aprovecharse de las debilidades del otro, que intente pasar por encima del otro, que quiera marcar un territorio más amplio. En Nicaragua esas pugnas tienen todavía un perfil muy bajo. No sé por qué.

Pareciera que hay algún convenio, aunque no estoy diciendo que lo haya, pero casi parece percibirse un pacto en estos términos: “En la medida en que no matemos, en la medida en que no generemos violencia, no atraeremos hacia nosotros la mirada de las autoridades... En la medida en que trabajemos con un perfil bajo vamos a seguir pasando más droga, obteniendo más ganancias y no vamos a tener problemas con las autoridades…”

Otra fuente de abastecimiento de droga para el mercado nacional es la importación directa. Algunas estructuras internas que proveen el mercado local han crecido tanto que se han convertido en importadores pequeños directos en el mercado internacional y van a Panamá o a Costa Rica o directamente a Colombia e importan droga para el mercado local.
También se abastece el mercado nacional por el robo de drogas incautadas. Actualmente, la Policía Nacional destruye inmediatamente la droga que incauta. Antes, esa droga se guardaba en las bodegas de la Corte Suprema de Justicia, porque era parte del cuerpo del delito y como cuerpo del delito era evidencia esencial en el proceso penal. Pero la droga empezó a desaparecer de las bodegas y, cuando el juez llegaba a ver el cuerpo del delito ya no había nada. Entonces, como no había cuerpo del delito, no había delito y el delincuente salía libre. Esto empezó a cambiar con la entrada en vigencia del Código Procesal Penal hacia el 2004, pero tuvieron que ocurrir varios casos para que las autoridades se convencieran que guardar la droga representaba un riesgo.

Pero siempre hay agentes policiales corruptos que abastecen el mercado local robando droga incautada. Y eso está documentado. El “plan escoba” que organizó la Policía Nacional en 2006-2007 en Matagalpa, que fue el golpe más grande contra los expendedores locales que dio allí la Policía, se pudo realizar porque los narcotraficantes locales capturados hablaron y lo dijeron: “Nosotros trabajamos en esto porque Fulano y Fulano (agentes policiales) son los que nos dan la droga”. Todo eso está documentado en procesos judiciales. Todo esto demuestra que hay ya un cierto nivel de penetración a las instituciones, aún no a las del nivel central, aún no a los mandos institucionales, pero sí a agentes de lugares donde es mayor la presencia del crimen organizado local, donde hay una intensa actividad del narcotráfico y donde se mueve mucho dinero proveniente de la droga. Es en esos lugares en donde la Policía Nacional ha tenido que enfrentar los más claros casos de corrupción interna: Rivas, Bluefields, Bilwi y Chinandega.

En estos lugares los narcotraficantes capturados han salido de las celdas policiales como fantasmas que atraviesan las rejas. Y la posterior investigación no descubre ni candados rotos ni puertas quebradas ni ninguna señal de violencia en las celdas. Simplemente, se escaparon con la complicidad de las estructuras que en ese momento estaban de guardia en la unidad policial. Y cuando la unidad de investigación de Asuntos Internos de la Policía Nacional analiza el caso se dan cuenta que existieron vínculos individuales con los prófugos.

En 2008, la Primera Comisionada Aminta Granera tuvo que llegar a Bilwi a reestructurar el mando de la policía regional. Se habían fugado de la unidad policial tres narcotraficantes colombianos capturados. Pronto se supo que salieron de las celdas policiales acompañados de tres policías que los iban cuidando y que se montaron con ellos en una lancha y los acompañaron hasta Colombia. En Colombia, los capturaron a todos y deportaron a Nicaragua a los tres policías nicaragüenses. Al llegar a Nicaragua, cuando estos tres agentes vieron que la institución policial iba en serio contra ellos, hablaron: “Nosotros no lo hicimos solos”, dijeron. Esto consta en el proceso judicial.

¿Son casos aislados, como dice la Policía Nacional? Pudiera ser. Sin embargo observamos un patrón en estos casos que nos indica otra cosa. Nos indica que hay sectores geográficos que tienen ya estructuras del crimen organizado local
y que están inmersos en actividades de apoyo al crimen organizado transnacional. Y nos alerta sobre la violencia que eso pudiera generar en el país. Después de Bluefields, tememos que la próxima ciudad con problemas pudiera ser Rivas, otra plaza de consumo de droga a nivel nacional, no sólo por su ubicación fronteriza, sino por la gran afluencia de turistas. El surf atrae a gran cantidad de turistas a la playa de Tola, y entre esos turistas vienen algunos buscando comercio sexual -trata de personas- y a la par, consumo de drogas.

El patrón nos indica que en las ciudades donde hay fuerte actividad del narcotráfico internacional, y donde hay presencia
del crimen organizado local que lo apoya, es donde se están dando más casos de corrupción interna en la Policía. En Chinandega varios narcotraficantes salieron del sistema penitenciario con una orden judicial de libertad. La versión oficial fue que la firma en la orden fue falsificada.

Lo que estamos viendo es que ahora, del fenómeno abajo -el expendio y el consumo- estamos saltando a un nivel institucional primario. Es algo muy preocupante porque así comenzó la expansión del narcotráfico en México.

Cuando la complicidad con el crimen organizado está institucionalizada o comienza a institucionalizarse, lo que ocurre en un país es que el poder del narcotráfico crece, se expande. Ese poder, que tiene aristas económicas, políticas y también armadas, se convierte en un “señor poderoso” que no puede ya convivir con las estructuras estatales que no pactan con él. Cuando a ese “señor poderoso” le comienzan a no gustar ciertas cosas genera violencia. Se convierte en lo que se conoce en ciencias políticas como un “poder fáctico”, un poder dentro de un poder. Con los poderes fácticos o se convive o hay guerra. Así ha sido siempre en la historia del crimen organizado: obliga a que convivan con él o desata la violencia, una violencia que incrementa los niveles de inseguridad ciudadana, la intranquilidad, la percepción de que la vida no vale nada. Lo que está pasando hoy en México.

Nicaragua es uno de los países centroamericanos que más colabora en el combate contra el narcotráfico internacional. A la fecha, ha generado los principales resultados en la región. Cuando comparamos las incautaciones de droga en otros países del istmo vemos que Nicaragua tiene las estadísticas más altas. En ese nivel se ha trabajado con eficacia, pero el esfuerzo estatal se ha enfocado en el tráfico internacional, en la lucha contra las grandes corporaciones del crimen organizado transnacional. Pero a nivel interno estamos haciendo muy poco. La CICAD hace recomendaciones a los gobiernos y a los dos años evalúa el cumplimiento. Ante la CICAD, Nicaragua ha salido excelentemente bien en el combate al tráfico internacional, pero sale mal evaluada en el esfuerzo por frenar la demanda interna. Al menos hasta 2009, Nicaragua no estaba haciendo absolutamente nada para reducir la demanda interna de drogas.

En la lucha contra el narcotráfico internacional se ha venido confirmando que el Caribe nicaragüense se ha convertido en una de las zonas de mayor presencia del crimen organizado en el continente. Y es en ese accionar que hay que inscribir el inicio del conflicto en el río San Juan. En nuestros estudios ya habíamos comprobado que dos de los grupos mencionados en este conflicto eran de los más activos como receptores del narcotráfico internacional en el litoral Caribe, aunque no eran los únicos. Por versiones de la prensa, ya se sabía desde el año 2004 que uno de estos grupos, conocido como Los Reñazco, estaban involucrados en el asesinato de los cuatro policías de Bluefields. La información que ha dado el Ejército y la Policía sobre la actividad de estos grupos en el río San Juan -ruta tradicional del tráfico interno hacia Managua- y en la finca Aragón son ciertas.

Hay que entender que el crimen organizado es uno solo en el Caribe: Belice está conectado con Honduras, Honduras está conectada con los de la zona de la Región Autónoma del Atlántico Norte en Nicaragua, éstos están conectados con los de Bluefields, los de Bluefields se conectan con los de Puerto Limón en Costa Rica, los de Puerto Limón con los de la frontera sur de Costa Rica y así hasta llegar a los indígenas de Kuna Yala en el Caribe panameño. Son redes interconectadas por la narcoactividad.

El hecho de que se combata al narcotráfico en San Juan de Nicaragua, en un punto de las costas caribeñas nicaragüenses, es sólo una medida temporal. Pronto, se reducirán allí las acciones de interdicción y surgirá la narcoactividad en otra zona. Porque no existe realmente un esfuerzo internacional coordinado con todos los países para reducir el problema, no sólo en Nicaragua, sino en todo el Caribe centroamericano, hasta poner un muro de contención en las islas de San Andrés, de donde sale parte de la droga que llega al Caribe centroamericano.

Muchos se preguntan por la efectividad del gobierno de Estados Unidos, país con el mayor consumo mundial de droga, en la lucha contra el narcotráfico, muchos se preguntan por qué dedican tanta energía para controlar el narcotráfico fuera y no trabajan con la misma energía para detener el consumo dentro. Muchos dudan de los resultados que Estados Unidos presenta. Hay expertos en Estados Unidos que afirman que están haciendo grandes esfuerzos para reducir la demanda de sus drogodependientes. Y hay expertos que explican las limitaciones que siempre tendrán estos esfuerzos afirmando lo que afirman todos los antropólogos: drogarse es una actividad humana. A lo largo de la historia los seres humanos siempre han buscado cómo drogarse, siempre han buscado ese escape. En la medida en que esa tendencia humana exista se combinará con otra: la ingeniosidad humana para proveer de drogas a quienes quieren drogarse.

Aunque Estados Unidos haga o no haga, haga más o menos o deje de hacer para reducir la demanda, siempre va a haber quienes introduzcan la droga en Centroamérica, en México, en Estados Unidos. Siempre. Y siempre va a haber quienes quieran drogarse. Este negocio aprovecha muy bien todas las vulnerabilidades humanas, institucionales, económicas. Científicamente, podemos afirmar que la venta y el consumo de drogas podrían y deberían reducirse a su mínima expresión, pero nunca podremos desaparecer completamente esta realidad, este negocio. ¿Pudo Estados Unidos ganar la guerra contra el alcohol prohibiéndolo en los años 20, los años de Al Capone? Tuvo que legalizarlo. Porque los costos del combate son más altos que los costos que producen los efectos del consumo.

En Colombia, en 2007, se reunió un grupo de expertos y de notables para estudiar el fenómeno de la droga y cómo enfrentarlo. Participaron ex-gobernantes latinoamericanos, entre ellos Ernesto Zedillo por México y Sergio Ramírez por Nicaragua. También estuvieron escritores, entre ellos Paulo Coelho por Brasil. Analizaron esta realidad desde todos sus ángulos durante quince días y llegaron a esa misma conclusión.

La legalización de la droga es un asunto polémico. Se sabe que después de la legalización del alcohol en Estados Unidos se incrementó la violencia callejera y los accidentes de tránsito, pero aún así, los índices de violencia serían menores con las drogas legalizadas que manteniéndolas ilegales. Es un tema que se discutirá durante años. Creo que aún falta mucho para que la droga se legalice. Lo más reciente fue el intento de legalizar la marihuana en California y fracasó.

La resistencia a la legalización también tiene razones económicas, también tiene que ver con el sistema gubernamental ya montado y con los grandes presupuestos que se destinan a las agencias de combate al narcotráfico. Legalizar la droga en Estados Unidos implicaría que gran parte del Departamento de Justicia desempleara a su personal. El gran aparato que hay en Estados Unidos para el combate contra las drogas, la DEA, el INL, el FBI -que se está metiendo ahora a investigar drogas- se reduciría sensiblemente. También habría desempleo en el Servicio de Guardacostas.

Pareciera entonces que también hay una importante ganancia estatal manteniendo la lucha contra el narcotráfico, y no sólo en Estados Unidos, también en México y también en los países centroamericanos. Nuestros presidentes están siempre pidiendo más dinero a Estados Unidos para fortalecer la lucha contra las drogas. Y ese dinero les representa beneficios: más personal, más presupuesto, una amplia gama de inversión en otras áreas. Habría que estudiar mejor este flanco del asunto.

No he querido alarmarlos, he querido motivarlos. ¿Qué podemos hacer?Algo que todos podemos hacer, y está probado que resulta efectivo, es educar para prevenir el consumo. Lo que nosotros podemos hacer lo estamos haciendo: proveemos de información a las autoridades nacionales. Somos un centro de pensamiento, un centro de investigación académica. Lo más que podemos hacer son propuestas de políticas públicas, pero está en la soberanía del Estado hacernos caso o no. Nuestro discurso desde el IEEPP al Estado es éste: “Señores, estas investigaciones las hacemos para ustedes, para que ustedes tomen cartas en el asunto ahora, que es temprano, que aún podemos hacer algo”. ¿Nos hacen caso? Nuestra obligación, nuestra responsabilidad es decirlo.

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