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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 344 | Noviembre 2010
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Honduras

Diálogo: cambiar algo para que no cambie nada

El diálogo al que convocó el Presidente Lobo alborotó el avispero político, pero ha dejado intacta la polarización en la que está atrapada Honduras desde el golpe de Estado. La convocatoria al diálogo fue un paso bien calculado de Lobo en el movedizo terreno en que se sostiene y provocó un paso en falso del Frente de Resistencia: se negaron a participar, pero no tuvieron capacidad de dar argumentos ni de presentar un plan de diálogo alternativo y coherente.

Ismael Moreno, SJ

El primero de octubre el presidente Porfirio Lobo amaneció convocando a los diversos sectores de la sociedad hondureña a un diálogo sobre la iniciativa de una Asamblea Nacional Constituyente como posible camino para una salida política a la crisis del país, agudizada tras el golpe de Estado.

UN PASO MÁS DE LOBO,
UN PASO EN FALSO DEL FRENTE

El Presidente convocó a los partidos políticos, a los gremios empresariales, a las iglesias, a los liberales en resistencia y al Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Lobo organizó la primera sesión para el 4 de octubre. Los primeros en ser convocados serían los representantes de los partidos políticos. Después, tocaría el turno a los liberales en resistencia. Inmediatamente después al FNRP. La primera reacción a la iniciativa del Presidente vino de la Alianza Cívica por la Democracia (ACD), expresión política de la extrema derecha, responsable del golpe de Estado: “’El Presidente le está siguiendo el juego a Mel Zelaya y se está dejando llevar por las consignas de Hugo Chávez. No se puede aceptar un diálogo sobre la Constituyente. Por eso defendimos la democracia y sacamos a Mel”. A pesar de esto, fueron al diálogo. Todos los demás convocados también fueron al dialogo. El único ausente fue el FNRP. Anunció que consultaría con sus bases, a las que convocó el 19 de octubre para decidir qué harían. Ese día, por aclamación, hubo un rotundo NO al diálogo presidencial,
por considerarlo una maniobra orientada a legitimar al gobierno. Sólo participarían en el diálogo si Zelaya estaba presente y sólo lo harían si se convocaba a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) incluyente, participativa y orientada a la refundación de Honduras.

“Diálogo” fue la palabra política central durante todo el mes de octubre. Ante esa realidad las posiciones fueron fundamentalmente dos bien delimitadas. En la primera se agrupan las fuerzas de la derecha, incluyendo a los sectores de derecha extremistas. Este grupo reduce la salida política a la crisis a la reforma a ciertos artículos de la Constitución, los que regulan la consulta a la ciudadanía. Y lo que le consultarían es si aceptan o no eliminar los llamados “artículos pétreos” constitucionales, que impiden la reelección presidencial. Apuestan así a una salida reformista que capitalizarían ellos, los que controlan todo el poder en el país. La segunda posición agrupa a los variados sectores aglutinados en torno al FNRP. Rechazan reformas tan limitadas y propugnan por aprovechar la ocasión para lograr transformaciones políticas, jurídicas e institucionales, que se expresarían en una nueva Constitución.

Con la convocatoria a este “diálogo nacional”, el Presidente Porfirio Lobo dio un paso más en el movedizo terreno político en el que está asentado. Y el Frente Nacional de Resistencia Popular dio un paso en falso en el proceso para alcanzar ciudadanía como interlocutor en la búsqueda de respuestas a la crisis de gobernabilidad en la que siguen hundidos el país y el Estado.

PERSISTE LA SOMBRA DE ZELAYA

El tema central del diálogo no podía ser otro que el de una eventual Asamblea Nacional Constituyente. El artífice de este proyecto fue el Presidente Manuel Zelaya, quien introdujo el ruido del cambio constitucional en paralelo al ciclo electoral un año antes del golpe de Estado. Zelaya fue expulsado del país, pero aún más que cuando era Presidente, ha seguido influyendo en la coyuntura del país.

Un mes antes del golpe de Estado, un alto dirigente en la política vernácula reconocía: “Uno puede estar a favor o en contra de la política de Mel, pero de lo que nadie tiene duda es de la capacidad que tiene ese hombre para colocar los temas que le interesan en el primer plano de la coyuntura nacional”.

La Asamblea Nacional Constituyente, el carácter y beligerancia de la resistencia hondureña, las relaciones internacionales, la crisis al interior de los dos partidos políticos mayoritarios, y especialmente del Partido Liberal, la vida y agonía del Partido Unificación Democrática, el carácter de los dirigentes del movimiento popular, entre otras muchas realidades, siguen estando estrechamente vinculadas a la sombra, a las palabras, a las acciones y a la vida de Zelaya. Uno puede estar en acuerdo o en desacuerdo con lo que dice y hace Zelaya, pero no puede obviar que él sigue colocando los temas que dan que hablar en la coyuntura hondureña.

QUITÁNDOLE COLOR
A ESA BANDERA

La convocatoria al diálogo y la misma realidad de ese diálogo es impensable sin la presión que Zelaya ejerce sobre sus seguidores para mantener la demanda de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Zelaya entiende la ANC como un poder alternativo al existente, y ya elaboró incluso un calendario para constituir esa Asamblea a finales del año 2011. Propone, de hecho, un gobierno paralelo. La capacidad que tenga o no la presión popular para obligar a los poderes establecidos a negociar los contenidos y el proceso de una ANC que conduzca a construir un Nuevo Pacto Social que defina las nuevas reglas del juego político, jurídico e institucional es crucial para hacer viable la propuesta que promueve Zelaya.

En política, las improvisaciones sorprenden a quienes no toman precauciones. Esto parece haber ocurrido con el diálogo convocado por Lobo. Lo que parecía una carta que el Presidente se sacaba de la manga, resultó una jugada política consecuente con el cinismo y el oportunismo de los políticos. Si la Constituyente ha sido una bandera de Zelaya y sus seguidores en la resistencia, si por la Constituyente hubo golpe de Estado, si la demanda fundamental de la resistencia sigue siendo la convocatoria a una Constituyente, había que quitarle color a esa bandera. Y había que hacer funcional esa demanda a la clase política que controla el país.

LA REELECCIÓN
NO ES LO FUNDAMENTAL

Si en los planes de Zelaya la Constituyente estuvo asociada a su pretensión de perpetuarse en el poder, hay que recordar que varios Presidentes de Honduras anteriores a Zelaya tuvieron también la intención de repetir en la presidencial. Así lo hicieron saber de muy diversas maneras Callejas y Flores Facussé. Y tuvieron seguidores.

Con Constituyente o sin ella, la reelección la vienen acariciando desde hace unas dos década los políticos hoy opuestos a una Constituyente. Sin embargo, como bien lo dijo el incómodo obispo de Santa Rosa de Copán, Monseñor Luis Alfonso Santos, “lo de menos con la Constituyente es la reelección presidencial. Al fin de cuentas, qué más da que una persona sea presidente por cuatro cinco, seis u ocho años. El asunto de fondo es la transformación de la institucionalidad del Estado y los cambios profundos que se demandan para transformar la actual lógica de la democracia representativa”.

Para los políticos de oficio el cambio de los artículos pétreos de la Constitución, los que impiden la reelección, ha sido siempre cuestión de cálculo y de ocasión. Lo que de verdad no aceptan es arriesgar sus cuotas de poder y sus privilegios en una verdadera transformación de las reglas del juego en la democracia y en la institucionalidad de un Estado que es su “gallinita de los huevos de oro”. Eso ya les suena a “pasos de animal grande”. Y para disimular sus temores prefieren hablar del peligro que representa Chávez.

UNA NEGATIVA SIN ARGUMENTOS

La convocatoria a un diálogo para abordar la posibilidad de una Asamblea Nacional Constituyente fue un paso bien calculado por el Presidente Lobo. Como la resistencia no había pasado de la consigna a la definición política de los contenidos de una Constituyente, quiso tomarlos desprevenidos.

Lobo convocó al diálogo a todos los sectores, incluido el Frente Nacional de Resistencia Popular, que pudo haber abierto en esa pluralidad un camino dando una respuesta coherente. No lo hizo.

El llamado de Lobo Sosa encontró a la resistencia con la ropa a medio poner. No tuvieron capacidad de dar una respuesta política coherente, a pesar de la capacitad potencial que tendrían para capitalizar a su favor una coyuntura en la que el gobierno está en pleno estado de precariedad. Lobo se les adelantó y los obligó a reunirse de emergencia. Y aunque era obvio que la resistencia tenía que rechazar el diálogo “presidencial”, tal como fue planteado, no debieron negarse sin dar argumentos y sin proponer cuál es el diálogo en el que sí participarían. Es alto el costo político que han pagado. Ha quedado la impresión que a la resistencia le están “comiendo el mandado”.

COMO DEBIÓ HABER SIDO

El diálogo al que convoca Lobo toca las puertas de dos órbitas políticas. Una, la de los sectores que apoyan al gobierno y que han entendido que la solución al conflicto surgido tras el golpe se dio ya con las elecciones y con la asunción al gobierno de Lobo. Otra, la de los sectores que se opusieron al golpe y que siguen sosteniendo que la crisis desatada por el golpe no sólo no terminó con las elecciones y con el nuevo gobierno, sino que persiste y se expresa en una creciente inestabilidad con notables signos de ingobernabilidad.

El Presidente Lobo convocó indiscriminadamente a todos los sectores, como si cada uno estuviera equidistante con respecto a la crisis hondureña. Con esta premisa falsa el diálogo no ha logrado ni consenso ni credibilidad.

Si la iniciativa del Presidente Lobo de convocar al diálogo era seria, debió haber propuesto como punto de partida una invitación a sentarse a la mesa de debate a estos dos grandes sectores, proponiendo un encuentro previo con cada uno para que definieran sus objetivos y, con una mediación cualificada, poner en marcha un proceso de debate hasta lograr una negociación con consensos mínimos.

Pero Lobo se quedó con los suyos, y los suyos propusieron reformas a las figuras constitucionales de consulta para sólo reformar a su medida los artículos constitucionales que les permitan proseguir usufructuando los recursos del Estado.

Lo que desnudó el sentido del diálogo como una maniobra calculada de los negociadores oficiales, fue convocar al FNRP como a uno más, metiéndolo en el mismo saco de los demás convocados. Y en la actual crisis existen dos actores que la definen: los sectores de extrema derecha -a los cuales se remite en última instancia la administración de Lobo- y los diversos sectores de la resistencia, los cuales se remiten en última instancia al FNRP.

Entre estos dos actores se encuentran otros muy diversos sectores sociales que luchan porque sus demandas y derechos sean escuchados y atendidos por una institucionalidad estatal que hoy va a la deriva.

QUIEREN DIALOGAR
COMO EN UN CLUB DE AMIGOS

Era impensable la convocatoria al diálogo si todos los que ocupan las cimas del poder no estuvieran sintiendo que el agua ya les está llegando al cuello. Los únicos que se resistían al diálogo eran los extremistas que califican la actual coyuntura como de triunfo sobre los “zelayistas” y “chavistas”, y que ven a América Latina como un campo de batalla en donde no puede haber medias tintas: o son los chavistas-comunistas o son ellos, los paladines de la democracia y de la libertad. Creen que en Honduras se libró una batalla contra Chávez y ese triunfo es lo que hoy defienden. Para esta gente negociar con la resistencia es sinónimo de debilidad.

Pero estos sectores extremistas saben que el país se está derrumbando y, por eso, aceptan el diálogo siempre que no participe la resistencia zelayista. Quieren dialogar entre ellos, algo así como buscar salidas a la crisis en un club de amigos. Entienden que se deben realizar cambios y aceptan que se reformen algunos artículos de la Constitución, específicamente el artículo 5, que establece los mecanismos del plebiscito y del referendum, como instrumentos de consulta al pueblo.

Aceptan incluso que se reformen los llamados artículos “petreos”, para que se abran las trancas y quienes fueron presidentes aspiren a la reelección.

En este club de amigos no existe la más mínima posibilidad de una ANC que pretenda la redacción de una nueva Constitución, menos aún mientras planee en Honduras la determinante sombra de Mel Zelaya. Pero no hay que descartar nada con este grupo y su NO a la ANC pueden darlo muy en minúscula, porque disponen de medios para mantener sus privilegios y sus negocios aun en esta eventualidad.

SECTORES DE LA RESISTENCIA
QUE NO AVANZAN

En el otro extremo del escenario se encuentra el FNRP. El discurso y los cálculos de este grupo los dinamiza Zelaya y su equipo. Como experto definidor de coyunturas, Zelaya ha logrado echarse en la bolsa tanto a un sector de la llamada resistencia liberal como a la resistencia de los sectores populares agrupados bajo las diversas y difusas banderas de la izquierda hondureña.

Mel Zelaya es el líder indiscutible e incuestionable de todos ellos. Y lo es por méritos propios, así como por los vacíos políticos e ideológicos que existen al interior de estos grupos. Lo que nadie podría cuestionar, sin estar aferrado a fanatismos, es que estos sectores de la resistencia popular avanzaron muy poco en los meses siguientes al golpe de Estado para desarrollar un pensamiento y para construir una propuesta política y social coherente con la realidad de los muchos y muy diversos sectores que se movilizaron indignados en contra de quienes provocaron y sostuvieron la ruptura constitucional. Coincidimos con lo que afirman algunos lectores políticos de la realidad hondureña que tienen una enorme afinidad con las luchas de la resistencia: el FNRP es más una realidad virtual que una construcción política orgánica y real.

VACÍOS QUE LLENA
EL LIDERAZGO DE ZELAYA

Todo mundo habla del Frente, todo mundo hace referencia a sus luchas. Mientras unos acusan al Frente de estar sometido a Chávez y de ser responsable de la desestabilización del país, otros le remiten todas las tareas y desafíos políticos al Frente y hasta amenazan con echarle el Frente a algunos ricos cuando están haciendo de la suyas en contra de la gente humilde.

El FNRP anda por todas partes. En algunas asambleas se habla de que se está organizando en los 18 departamentos del país. En algunas zonas alejadas de los centros urbanos, el Frente se organiza desde las dirigencias de base, pero sin vínculos con las estructuras nacionales.

El FNRP es una realidad política que ha penetrado en la vida nacional. Pero sin vertebración política e ideológica carece de capacidad movilizadora y aglutinadora. Es más un espacio de entusiasmo político que una estructura política de base. Sigue existiendo una desproporción enorme entre esa euforia y entusiasmo y un proceso organizativo cuantificable. Entre lo virtual y lo real hay una enorme brecha. ¿Quién la llena? Mel Zelaya. Y cuanto mayor es la brecha más fuerte emerge avasalladoramente su liderazgo. Lo logra por sus propios méritos y por su talla real de dirigente. No en vano logró echarse en la bolsa en su momento a sectores cavernícolas del Partido Liberal que con agrado dieron el visto bueno para que fuese su candidato a la Presidencia. Pero también lo logra por la composición gelatinosa del FNRP, particularmente por la de quienes desembocaron en el Frente tras andar por los sinuosos caminos de la izquierda hondureña.

EL IMPETUOSO
LIDERAZGO DE ZELAYA

Negar el liderazgo y la conducción indiscutible y determinante que Zelaya ejerce al interior del FNRP sería como negar a un Callejas o a un Flores Facussé el ser líderes indiscutibles del bipartidismo. Durante muchos años ambos garantizaron que todos los caminos llevaran siempre a sus propias guaridas. Zelaya es una figura similar en el terreno del FNRP. Hasta hace muy pocos años -tan pocos como los que se pueden contar con los dedos de las manos y todavía sobran- Zelaya ejerció un liderazgo tan fuerte dentro del bipartidismo tradicional hondureño que puso en cuestión, hasta incluso disputar, la autoridad de los liderazgos bipartidistas de mayor raigambre.

Al ser expulsado de los círculos de esa autoridad oficial bipartidista, Zelaya se deslizó progresiva -y progresistamente- hacia otro ámbito, y es allí en donde hoy ejerce la autoridad de la que fue despojado en el bipartidismo. Los medios masivos no se equivocan cuando añaden a la resistencia el apellido de “zelayista”. En efecto, el liderazgo impetuoso que ejerce Mel Zelaya convierte al FNRP en un destacamento político zelayista.

Zelaya le ha suministrado al Frente cierta vertebración y el FNRP se ha convertido en una estructura sustentada en las decisiones y rumbos que le va dando alguien que surgió del seno del bipartidismo y que hoy tiene capacidad para enrumbar al FNRP conforme a su influencia y a los poderes que delega en otras personas, familias o sectores.

EL PODER SIGUE
EN LAS MISMAS MANOS

En el escenario del diálogo se encuentra también una amplia gama de sectores que cargan sobre sus espaldas las consecuencias del descalabro económico del país y de las decisiones de los grupos de poder sobre los recursos naturales.

En los primeros nueve meses de la actual administración los diputados han aprobado la concesión de decenas de ríos a grupos y empresarios que han sido los mayores explotadores de la energía térmica, todos expertos en torcer las leyes para favorecer sus inversiones, y que ahora, como por arte de magia, se presentan como los mayores protectores del medio ambiente, dedicados ahora a apropiarse de ríos y fuentes de agua para la construcción de hidroeléctricas. Una verdadera perversión: los más sucios empresarios del país dicen estar comprometidos con inversiones millonarias en la producción de energía limpia.

Los sectores más fundamentalistas de la economía y de la política siguen afanados en sostener un modelo sistémicamente excluyente y que concibe al sector rural casi exclusivamente para negocios de agroindustria. Según análisis del Foro Social de la Deuda Externa (FOSDEH), por cada 100 lempiras que circulan en el país sólo 5 se destinan a mejorar la vida de las aldeas y comunidades rurales. Demuestran también que del presupuesto nacional unos 70 lempiras se quedan en la capital.

LA BOMBA QUE EL GOLPE
QUISO DESACTIVAR

Los datos de la exclusión siguen siendo bombas que ya están explotando. De cada 100 jóvenes que tratan de cruzar las fronteras buscando el camino al Norte, 87 proceden de comunidades rurales. Algunos emigraron primero del campo a los cordones de miseria de los centros urbanos. Otros saltaron de una sola vez de la aldea al camino que los lleva a Guatemala y a México buscando alcanzar uno de los pasos fronterizos a Estados Unidos.

La bomba ya está en plena explosión. Tras su autoanálisis de que la crisis la estaba provocando un Zelaya manejado por Hugo Chávez, los sectores elitistas decidieron frenar el estallido con un golpe de Estado.

Zelaya y su equipo se les salían del huacal a la oligarquía. Establecían coordenadas que representaron el inicio de una ruptura con la lógica de exclusión, con la de la administración de los bienes públicos y con la participación de la ciudadanía.

El tiempo va mostrando que el golpe de Estado fue una acción violenta en el contexto de una sociedad en estado de ebullición y descalabro. Mostró también que en última instancia, Zelaya Rosales -habiendo jugado un papel muy importante en la política hondureña- era un factor más en el contexto de convulsión social estructural que no podía resolver el golpe. Quitando de en medio al factor distorsionador, más bien se agitó más, como quedó demostrado.

UNA GUERRA NO DECLARADA

En la vida cotidiana, Honduras se ha convertido en una zona de guerra, sin reglas que la humanicen. El 7 de septiembre 17 jóvenes fueron masacrados en la zapatería donde trabajaban en un barrio céntrico de San Pedro Sula y en plena tarde. Una serie de masacres de siete, cinco, seis, cuatro, ocho personas se fueron sucediendo casi cotidianamente, hasta que el 30 de octubre 14 jóvenes que se aprestaban a jugar fútbol en una cancha de un populoso barrio en la periferia de San Pedro Sula, fueron acribillados con fusiles de asalto AK-47 por comandos que actúan impunemente, desapareciendo sin que la policía identifique rastros.

¿De dónde vienen los matones, quiénes entrenan a estos sicarios? Saltan infinidad de versiones y todas se estrellan con la genérica y facilista respuesta: ajustes de cuentas de un crimen organizado que nadie en lo público dice de dónde viene y de qué sectores se alimenta. El resultado es un promedio de 14 muertes violentas diarias, lo que nos convierte en uno de los países sin guerra declarada con mayor violencia del planeta.

QUÉ DIÁLOGO QUEREMOS

Es entre los sectores sociales agobiados por la inseguridad económica y el estado de guerra no declarada donde reside la demanda por un diálogo que no se sustente sólo en los cálculos de los sectores extremistas de la derecha hondureña y en las consignas de los sectores bajo la influencia del zelayismo.

¿Qué dicen estos sectores, los que simpatizan, sintonizan y participan con la resistencia, pero sin sentirse matriculados en la corriente liderada de manera tan personalista y determinante por Manuel Zelaya?

Dicen que el país necesita de un diálogo nacional. Que ninguna ruta de salida a la crisis política, de inestabilidad y de ingobernabilidad se puede encontrar con éxito por otro camino que no sea el del diálogo, un díalogo donde se escuchen las demandas de los sectores opuestos al golpe de Estado y en una resistencia más amplia que la del FNRP.

Para que el diálogo funcione hay que salvarlo, ante todo, de la pérdida de credibilidad. Hay que llenarlo de un nuevo valor. Hay que sacarlo de la privilegiada cancha de los grupos de poder, quienes dicen aceptarlo, pero participando en calidad de triunfadores, y por consiguiente, con derecho a imponer las reglas.

Para salvarlo, el diálogo ha de dejar de ser un espacio “presidencial”. Se trata de una connotación con muy escaso crédito y sin suficiente capacidad para convocar a todos. Un diálogo convocado por Lobo adolece de un mal de origen, y por consiguiente, nace condenado a fracasar o a quedarse en un remedo. El diálogo ha de ser “nacional e incluyente” y con reglas definidas por todos los sectores involucrados.

QUÉ CONTENIDOS
QUEREMOS EN EL DIÁLOGO

No puede existir un diálogo nacional entre un sector que domina y controla, y otro u otros que estén políticamente subordinados. La igualdad de condiciones es criterio para dialogar. No puede tampoco existir diálogo verdadero cuando se hace uso de los medios masivos de comunicación para presentar los intereses de los grupos con mayor poder como si fuesen las grandes y únicas verdades del país, al tiempo que se descalifica y se desprestigia a quienes no piensan igual y a quienes debían estar en la mesa de diálogo y no están. Un diálogo nacional ha de garantizar a todos los sectores dialogantes igual acceso a los medios de comunicación, con iguales tiempos y oportunidades.

Un verdadero diálogo nacional deberá incluir los intereses de todos los sectores de la sociedad. De manera muy especial, las demandas de los sectores más excluidos e indefensos. Sus voces y demandas han de estar presentes en la mesa de diálogo y no pueden ser delegadas ni representadas más que por ellos mismos. La búsqueda del bien común de la nación ha de atender privilegiadamente a las calamidades de los más oprimidos.

Un verdadero diálogo nacional no puede definirse únicamente a partir de los cálculos de los políticos, sean éstos los de los partidos legalmente inscritos como los de los provenientes de la izquierda o de los sectores que dirigen la resistencia. No deberá tener como horizonte inmediato negociaciones de cara a procesos electorales. El centro del diálogo nacional deben ser contenidos que conduzcan a la transformación política, jurídica e institucional del país.

Contenidos como la soberanía y el control sobre los recursos y riquezas naturales, la tenencia de la tierra, la política fiscal, el sistema de educación, salud, vivienda, empleo, la política de género, la garantía del respeto a la diversidad cultural y étnica. Estos contenidos fundamentales deberán ser puntos de negociación hasta lograr la formulación de un Pacto Social que inevitablemente deberá expresarse en consultas nacionales y finalmente en una Asamblea Nacional Constituyente que acabe redactando una nueva Constitución, expresión histórica de una Honduras refundada con ciudadanía activa, participativa, incluyente y democrática.

UN ESTADO EN BANCARROTA
Y SOBRE UN POLVORÍN


¿Hacia dónde nos conduce la actual coyuntura del diálogo? Todo dependerá del modo cómo se incorporen los factores que están agazapados presionando y condicionando. Un factor decisivo es la crisis económica. El país y el Estado siguen ahogándose por la falta de oxígeno económico. Y la comunidad internacional no acaba de normalizar sus relaciones con Honduras, mientras la presión gremial por el cumplimiento de demandas salariales coloca al gobierno sobre un polvorín.

El gobierno no logra siquiera jugar el papel de apagafuegos, porque el descalabro económico no alcanza ni para paliar conflictos crecientemente acumulados. Pasaron diez meses del año sin que la administración Lobo diera respuesta al ajuste al salario mínimo, y para hacerlo debió desindexar -desligar o desajuntar- el Estatuto del Docente manteniendo el valor del salario mínimo sin alteración alguna hasta el mes de agosto. Y el aumento a partir de septiembre ha sido diferenciado y con un aumento que en nada se equipara a la inflación y al alto costo de la vida. Una decisión así equivale a seguir revolviendo el avispero de la conflictividad social.

La aprobación del decreto legislativo mediante el cual se separa el aumento al salario mínimo del aumento al salario del magisterio amparado en el Estatuto se explica porque el Estado está en bancarrota y por la urgencia en dar algunas respuestas a los sectores sociales con más bajos ingresos.

Los gremios magisteriales, con el respaldo de los diversos sectores organizados del sindicalismo y del movimiento popular, rechazan esta decisión, y esta actitud es cuestionada por sectores que siempre han observado con ojo crítico el accionar de un magisterio, muy firme en sus luchas reivindicativas, pero muy flojo para cumplir en las aulas escolares a la niñez y la juventud que asiste a las escuelas públicas. Aun en el caso de la buena voluntad que pudiera existir en la decisión del gobierno para asegurar en tiempos de ahogamiento económico el beneficio de los sectores más deprimidos, sacrificando para ello a sectores gremiales con ventajas salariales y seguridad social por encima de la mayoría de la población, que no tiene ni siquiera oportunidad de un salario mínimo, lo que hay de fondo es un Estado y un gobierno con tan escasos niveles de credibilidad que lo incapacitan para proponer con éxito respuestas que cuenten con un consenso mínimo en la sociedad.

CON PIES DE BARRO
Y EN TERRENO MOVEDIZO


Nada que pueda provenir del gobierno ni de las actuales élites empresariales y políticas puede encontrar eco en la sociedad opuesta al golpe de Estado. Nada que venga como propuesta del actual gobierno se puede impulsar si no es con coerción, fuerza, autoritarismo y represión. En Honduras no existen consensos mínimos que permitan a algún sector de la sociedad imprimir protagonismo y liderazgo para impulsar propuestas.

Mientras Lobo Sosa y su equipo no caigan en la cuenta de que se sostienen sobre pies de barro y en un terreno político y social movedizo, sus propuestas siempre tropezarán con quienes no demandan respuestas del gobierno, sino una Honduras gobernada de otra manera.

El “diálogo presidencial” alborotó todo el avispero politico, pero ha dejado intacta la polarización en la que está atrapada Honduras. El Presidente Porfirio Lobo llamó al diálogo argumentando que si hay sectores que demandan una Constituyente el gobierno está obligado a escucharlos. Un mes después de la convocatoria, a quienes ha escuchado el gobierno es a quienes dieron el golpe de Estado y ha convertido la consulta que se le hará a la población en una propuesta que desemboque en cambiar algo para que no cambie nada.

ASÍ TERMINA EL AÑO


Un mes después de la convocatoria presidencial, el verdadero diálogo entre los sectores que lideran la polarización sigue sin realizarse, mientras la violencia y sus promotores siguen definiendo el escenario nacional.

Termina el año en Honduras sin ninguna verdadera novedad. Y a la vuelta de la esquina está la campaña electoral que se abrirá en 2011 con las elecciones internas y primarias de los partidos. Estas elecciones son en Honduras como un ventarrón que arrasa todo lo que encuentra a su paso.

Y como el “diálogo presidencial” no está cambiando nada, sólo confirmando las posiciones de los sectores políticos polarizados, la posición que cada uno de esos sectores asuma ante la política electoral será decisiva para establecer si el diálogo llegará o no a ser un instrumento para avanzar en la salida a la crisis o si seguirá siendo una herramienta de presión para medir fuerzas en una pugna que sólo generará mayor desgaste e inestabilidad en el país.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN HONDURAS.

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