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  Número 341 | Agosto 2010
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Nicaragua

Entre fantasmas

Otra celebración del 19 de Julio, en un nuevo aniversario de la revolución nicaragüense de 1979 y los datos de una nueva encuesta nacional hicieron presentes a algunos fantasmas entre los que se mueven actualmente el gobierno y la oposición, los protagonistas de la política nacional.

Equipo Nitlápan-Envío

La plaza estuvo llena a rebosar: cientos de miles. Como siempre. La multitud mezcló la alegría de la celebración con el licor, con afiches antiguos y nuevos, con banderas rojinegras y con la nostalgia de lo que aún guarda la memoria colectiva de lo que fue aquella jornada triunfal de hace 31 años. Como siempre. Expectativas y rumores sobre lo que diría en su discurso Daniel Ortega circularon profusamente en días anteriores. Como siempre.

PLAZA LLENA... Y VACÍA

En el mismo escenario colorido y flo¬reado de los últimos años -algo más sobrio-, hubo algunas novedades dignas de señalar, tanto en el ambiente de la plaza como en el rito oficial del 19 de Julio de este año. Brindan pistas de dónde está hoy el partido de gobierno y de cómo percibe hoy el momento político.

Asiduos participantes en esta celebración vienen observando, este año con más claridad, que el gentío que llena la plaza es una multitud mayoritariamente sin identidad política, mucho menos que tenga una identidad “revolucionaria”, tal como se les describe y excita desde la tarima oficial. Se nota esto en las conversaciones que se cruzan y se escuchan, en las consignas, en la forma de “participar”. Se trata sólo de estar ahí y de estar porque sí. El contradictorio hecho de una multitud despolitizada en una concentración política refleja la deriva del FSLN, donde la educación política ha sido sustituida por un activismo dirigido centralistamente o forzado desde las instituciones del gobierno.

Ese gentío, integrado por jóvenes que no conocieron los años de la revolución, por adultos que sí los conocieron, participaron en ellos y son fieles a su memoria, y por empleados estatales que participan sin voluntad, refleja la debilidad estructural del FSLN, que de ser una organización revolucionaria ha involucionado año tras año hasta no ser más que una maquinaria partidaria, un partido electorero, un PRI más en Mesoamérica… Refleja un vacío.

Por otra parte, un ambiente así, masivo y con exceso de licor, convoca a gente sin escrúpulos, y por primera vez se escucha de los participantes más fieles al rito anual que sintieron miedo. Miedo a la agresividad en muchos de los rostros temor a expresiones de violencia delincuencial que vienen desatándose en el país en ocasión de las actividades gubernamentales y que permanecen después en la más total impunidad.

¿UNA REVOLUCIÓN?

Hubo otras novedades. Además de agentes de la Policía Nacional, como siempre, efectivos del Ejército vigilaban cercanos puntos estratégicos a la tribuna presidencial. ¿Temores justificados, rumores recientes, alguna información concreta? Un descontento que no encuentra cauces y el autoritarismo excluyente del gobierno están nutriendo las tendencias de la cultura política nacional que imagina salidas violentas a cualquier crisis. El partido de gobierno lo sabe.

A diferencia de años anteriores, la numerosa familia del Presidente no era visible en la tribuna. En su lugar, rodeaba a Ortega un masivo coro de jóvenes, uniformados con camisetas de un intenso rosado -derivando al rojo-, que aplaudían, gritaban, brincaban, bailaban y alzaban los brazos al unísono, al mismo ritmo y con uniformidad festiva, aprobando entusiastas todo lo que decía el Presidente. A ellos enfocaban permanentemente las cámaras del canal oficial y, por tanto, ésas eran las imágenes más frecuentes en la cadena nacional que cubrió el evento.

El ritual de este año proyectó protagónicamente a la juventud. Van envejeciendo los escasos liderazgos históricos que aún apoyan al partido de gobierno y la apuesta es por la juventud que no había nacido cuando Nicaragua vivió la revolución de los años 80. A quienes sí vivieron aquellos años resulta más difícil convencerlos de que estamos viviendo “la segunda etapa de la revolución”, como insiste el discurso oficial.

¿Se desarrolla hoy en Nicaragua una revolución, un proceso revolucionario? ¿Hay conciencia revolucionaria en la población, incluso en la población que simpatiza con el FSLN y vota por ese partido? ¿Hay una población organizada, hay organización popular? Y ¿cómo conduciría el FSLN un proceso revolucionario no siendo ni mayoría política ni siquiera mayoría electoral?

¿No está el FSLN sólo administrando populistamente el modelo neoliberal, incluso profundizándolo en algunas áreas, como la municipal, como analiza en páginas siguientes el municipalista Silvio Prado?

Sin conciencia, sin organización, sin conducción, sin correlación de fuerzas en la sociedad, no parece haber más revolución que la que está en el inflamado y voluntarista discurso con el que se agita al gentío en las plazas.

ORFANDAD INTERNACIONAL

A diferencia de la fiesta de 2007 y 2008, y la de algunos años anteriores, cuando en la tribuna se veían representantes de los países del ALBA y otros dirigentes revolucionarios del mundo, este año en la celebración central del FSLN se sintió más que nunca la orfandad internacional de este “proceso revolucionario”.

Cuba envió a uno de sus vicepresidentes, Ramiro Valdés, que leyó un predecible discurso, en el que se refirió al “nuevo contexto” latinoamericano, en el que “ya no estamos solos, como en el pasado, los pueblos que nos atrevimos a desafiar la tiranía yanqui”. El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no llegó y no envió a ningún representante, tan sólo un escueto mensaje que leyó Ortega.

La “solidaridad internacional” estuvo representada únicamente por Serguei Vasilevich Bagapsh, Presidente de Abjasia, y por Eduard Jabievich Kokoity, Presidente de Osetia del Sur, nuevas repúblicas separadas en 2009 de Georgia con el respaldo de Rusia y reconocidas únicamente por Venezuela, Nicaragua y Nauru, república insular de Micronesia.

¿Y LA GRAVE CRISIS
INSTITUCIONAL?

A diferencia del escenario de años anteriores, los representantes de los cuatro poderes del Estado que acudieron al acto -sólo estuvieron los afines al partido de gobierno y se ausentaron los afines a Alemán- y los altos mandos del Ejército y la Policía, no fueron ubicados cerca del Presidente, sino desplazados al estrado más alto del escenario, apenas enfocados por las cámaras oficiales.

Una mayoría de estos funcionarios ocupan sus cargos al margen de la ley, aferrados a un inconstitucional decreto presidencial, mientras no avanza la negociación Ejecutivo-Legislativo, al no lograr Ortega los 56 votos que necesita para la elección o reelección de sus candidatos, a pesar de presiones y prebendas.

Aunque el decreto y la permanencia en los cargos ha agudizado la crisis institucional, con mayor tensión en el Poder Judicial, y a pesar del descrédito en el que continúa actuando el Poder Electoral, el Presidente Ortega no hizo la más mínima alusión en su discurso a este grave problema, que evidentemente lo desgasta. Alejar del espacio central del rito anual a los funcionarios cuestionados fue señal de que el Presidente, a pesar de todos los esfuerzos y energías desplegadas, reconoce que no logra solucionar este problema y opta por minimizarlo, al menos en el escenario de la fiesta.

VUELVE “EL GALLO”

Tal como el año pasado, en el acto se dio por segura la que en 2011 sería la sexta y consecutiva candidatura presidencial de Daniel Ortega, a pesar de que la tiene prohibida por partida doble en la Constitución.

En julio pasado y también este año, el tinte pre-electoral se lo dio al acto la desempolvada canción “El gallo ennavajado” -tema de la campaña electoral de 1990, cuando Ortega perdió el gobierno-, altavoceado hasta el cansancio en la plaza. (Con ritmo de corrido, Ortega es aclamado como el gallo ennavajado / que ya tiene preparado / el pueblo trabajador. En una de sus estrofas, la pegadiza canción hace una afirmación, desmentida por la realidad: Ya se fueron los tiempones / de los viejos barrigones / que engañaban a la gente / robando las elecciones).

En la tarima del 19 de Julio de 2009 Ortega había lanzado ya su proyecto de reelegirse. En aquella ocasión lo hizo envolviéndolo en el señuelo de una reforma constitucional que introduciría en la nueva Constitución la figura del “referéndum revocatorio”, al modo venezolano, para que el pueblo tuviera derecho a destituir a todas las autoridades electas. Presentó la idea como el camino para profundizar la “democracia directa” e, implícitamente, como la vía para que el pueblo decidiera rechazarlo o reelegirlo…

Después de aquella sugerencia fallida, porque la pretendida reforma constitucional hizo agua, al no encontrar consenso el partido de gobierno para llevarla adelante, Ortega no cedió y en octubre, decidió apuntalar su pretensión reeleccionista en una ilegal resolución judicial: los magistrados del FSLN en la Corte Suprema declararon inconstitucional el artículo constitucional que le prohíbe a Ortega la reelección, argumentando que eso afectaba su derecho a la igualdad ante la ley.

EL FANTASMA DE LA ILEGITIMIDAD

En vísperas del 19 de Julio el rumor más fuerte era que Ortega utilizaría la tarima enflorada para reafirmar su candidatura, ratificando la validez de esa resolución, que en su momento dijo “estaba escrita en piedra”, o anunciando que había conseguido ya suficientes votos para respaldarla o inventando cualquier nueva argucia legal o maniobra política para legitimarla.

No hubo nada de esto. Sólo el canto del “gallo ennavajado” hacía alusión a que Ortega pretende reelegirse. Y sólo al final de su discurso usó de la retórica para referirse, sin partitura, a su pretensión: “Ésta es una lucha de intereses: los que quieren de manera egoísta seguir concentrando la riqueza, el capital y las tierras, y la Revolución Sandinista, que sigue luchando bajo los principios del Cristianismo, el Socialismo y la Solidaridad. Son dos posiciones, ¡y nos vamos a ver las caras el próximo año en la gran batalla electoral! ¡Ahí nos vamos a ver las caras! Y es el pueblo el que tendrá que tomar la decisión…Porque este pueblo se merece que el gobierno del Frente Sandinista, Gobierno de Unidad, Reconciliación y Paz, continúe gobernando”.

A pesar de marañas jurídicas revestidas de legalidad, a pesar de retóricas y de gallos -y también porque no existe asomo de conciencia revolucionaria en el país-, un fantasma ronda el proyecto del partido de gobierno: la ilegitimidad de la candidatura de Ortega y las consecuencias políticas, también económicas, nacionales e internacionales, que se derivarían de su ilegítima eventual reelección en 2011.

“NUMERITOS HABLAN”

Tal vez por eso, en la tribuna del 19 de Julio el Presidente apostó a “legitimar” su ilegal segundo período como gobernante con cifras y más cifras, poniendo a “hablar” a “los numeritos”. Entre otras cosas, Ortega afirmó que Nicaragua fue el país centroamericano con menor decrecimiento por la crisis internacional que tanto ha afectado a nuestra región, lo que no es cierto, ya que Nicaragua ha experimentado una severa contracción de la economía y es Guatemala el país que mejor ha resistido la crisis.

Anunció el crecimiento de la economía en 2010, bajando al detalle de hacer un recuento de cuánto había sido el incremento porcentual en la producción de maíz, frijoles, carne bovina, leche, carne de pollo y huevos, mientras el coro juvenil lo acuerpaba aplaudiendo cada cifra. El Presidente también aportó numeritos de las carreteras reparadas, construidas o terminadas -algunas, proyectos iniciados en gobiernos anteriores- y habló también de importantes incrementos en el presupuesto de salud y educación.

LO IRREAL Y LO REAL

Después de echar a la basura el Plan Decenal de Educación e inaugurar una nueva estrategia educativa (ver Envío de julio 2010), el Presidente bajó también al detalle de la gente que el partido de gobierno ha movilizado para cumplir la irreal meta de conquistar los seis años de primaria para toda la población urbana en 2011 y para toda la población rural en 2012: “En la batalla por el sexto grado -dijo- ya participan más de 581 mil 936 ciudadanos. ¡Y vamos para los 600 mil! ¡Y luego para los 700 mil, y luego para el millón de ciudadanos aportando solidaridad!”

Con los numeritos que presentó, Ortega concluyó que “en reducción de la pobreza ha habido un incremento de más del 50%, con una inversión en estos tres años, de 3,440 millones de dólares”. Es real que este gobierno aumentó el gasto social en relación al gobierno anterior, pero no en esa cantidad y la crisis internacional le ha forzado a recortar de forma importante las proyecciones para el gasto social con las que arrancó su gestión.

Después del discurso presidencial ni el FMI ni el Banco Mundial quisieron ni avalar ni desmentir ni matizar la afirmación presidencial sobre el incremento en la inversión para la reducción de la pobreza en el país.

¿ESOS OJOS NO VEN
EL DESEMPLEO?

Varias veces, entre cifra y cifra y entre logro y logro, dijo Ortega: “Se me viene la frase de Cristo: El que tenga ojos para ver, que vea, y el que tenga oídos para oír, que escuche”.

Más allá de las cifras oficiales, quien tiene ojos ve que el desempleo sigue siendo el desafío que el gobierno no logra solucionar, y no sólo por la crisis económica internacional, que escapa de sus manos, sino por la incertidumbre política que alimenta. El deseo de migrar en busca de oportunidades de trabajo se mantiene, según las encuestas, en más de la mitad de los nicaragüenses. Quien tiene orejas también escucha que el desempleo es el problema que más desesperanza a la población.

El principal problema social y económico que enfrenta el gobierno de Ortega en vísperas del año electoral, es el aumento del desempleo. Los actuales niveles de desempleo superan con creces los que existían cuando Bolaños dejó el gobierno. Según las estadísticas del Banco Central y las del INIDE (Instituto Nicaragüense de Estadísticas), la tasa de desempleo abierto se incrementó del 5.1% en 2006 al 8.4% en 2009. Y desde la llegada al gobierno de Ortega en 2007 el acumulado de nuevos desempleados llega a unos 60-65 mil, siempre según cifras oficiales, que cuentan el desempleo abierto, concepto que engloba sólo a la gente que no tiene ningún empleo, ni siquiera el de vender agua helada en la calle.

También los niveles de subempleo crecieron durante el gobierno de Ortega según las estadísticas oficiales. La última encuesta de hogares del INIDE muestra que la tasa de subempleo visible fue del 13.8% de la fuerza laboral ocupada. Muestra también que el 28.4% de los trabajadores que tienen empleo reciben salarios inferiores al salario mínimo establecido por el Estado, situación que se conoce como tasa de subempleo invisible.

¿Y LOS RECORTES?

Adolfo Acevedo, economista de la Coordinadora Civil, revisa algunos de los numeritos presidenciales y concluye que las proyecciones presupuestarias que el gobierno del FSLN ha presentado al FMI para el acuerdo que espera firmar a fines de este año y que comprometería al gobierno en 2010-2013 muestran un escenario “preocupante”, tanto en la inversión en educación como en la inversión en salud, reflejando un decrecimiento en ambos sectores, nuevas reducciones del gasto social destinado a reducir la pobreza, lo que, entre otras cosas, impedirá a Nicaragua cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015.

Las proyecciones de recortes en el gasto social también aparecen en la versión actualizada del Plan Nacional de Desarrollo Humano que el gobierno presentó en noviembre de 2009. El texto muestra que el gobierno abandona muchas de las metas originales que en gasto social previó en la primera versión del Plan. El gasto social originalmente programado para 2009-2011 tendrá que reducirse en 8.6% del PIB, lo que equivale a 552 millones de dólares aproximadamente. El gobierno ha tenido que abandonar sus metas iniciales en lo que destina a reducir la pobreza de forma notable por las restricciones presupuestarias, que no son ajenas a las consecuencias del fraude electoral de 2008, un fantasma que se proyecta aterrorizante en cualquier análisis que hoy se hace para las elecciones de 2011.

“La reducción del gasto social propuesta por el gobierno -afirma Acevedo- resulta todavía más preocupante porque en el período 2010-2013 se debería estar produciendo el mayor de los esfuerzos para aumentar la inversión pública en los dos campos fundamentales de la educación y la salud, ya que, de acuerdo a las proyecciones socio-demográficas disponibles, dentro de 25-30 años Nicaragua estará culminando la fase de aprovechar el denominado “bono demográfico” y estará entrando plenamente a la fase de envejecimiento de su población”.

“El desafío es hacer desde ahora el esfuerzo necesario para aprovechar al máximo esta oportunidad, que se produce una sola vez y sólo por un tiempo limitado, para que podamos arribar a ese otro momento de la transición demográfica -la fase del envejecimiento de la población- en mejores condiciones para afrontarlo”.

MÁS RECURSOS QUE NADIE

Lo más significativo en relación a los “numeritos” del Presidente es que ningún gobierno anterior ha tenido los recursos extra que ha tenido a su disposición este gobierno.

Según el Plan Nacional de Desarrollo, en 2008 ingresaron a Nicaragua casi 300 millones de dólares, derivados fundamentalmente de la factura petrolera que abastece Venezuela en condiciones muy favorables de crédito concesional. Sumando la ayuda venezolana a toda la otra cooperación externa, el gobierno de Ortega dispone anualmente de casi 900 millones de dólares de ayuda externa, más que la cooperación que recibió el gobierno de Bolaños.

Con estos recursos, el gobierno ha tenido y sigue teniendo una oportunidad excepcional para enfrentar el desafío histórico de contribuir significativamente a superar la pobreza de Nicaragua. Sin embargo, las prioridades del gobierno de Ortega han sido, hasta ahora, financiar con la ayuda venezolana las inversiones del grupo empresarial Albanisa y los gastos del aparato de su partido.

FANTASMAS SUPERADOS

Y lo que más claro queda ante los numeritos oficiales y los numeritos con que hay que celebrarlos o matizarlos es que los fantasmas que la oposición al gobierno del FSLN lanzó a la atmósfera electoral durante la campaña de 2006 -la reaparición de la tarjeta de racionamiento, el resurgir de una inflación desmesurada, el regreso de las confiscaciones y hasta del servicio militar obligatorio-, fantasmas a los que la oposición aún se empeña en dar vida en la memoria colectiva -como pudimos ver en el discurso del diputado Eduardo Montealegre en ocasión de la ilegal destitución del alcalde de Boaco- se han desvanecido por obsole¬tos y absurdos.

Apelar a esos fantasmas para cosechar votos sembrando miedo indica la miseria programática del liderazgo opositor.

EL FANTASMA DE LA UNIDAD

Hay fantasmas amenazantes, los hay atemorizantes, los hay preocupantes. También los hay amistosos. “Gasparín” se llama uno de ellos. El denominador común de todos estos fantasmas, cuando aparecen y rondan a quienes con ellos conviven, es que producen espejismos en la mente y empujan a actuaciones tan erradas como ilusorias.

Si el fantasma que persigue al partido de gobierno es la ilegitimidad de la candidatura de su “gallo ennavajado”, sin saber aún Ortega cómo hacer para esfumarlo, el fantasma que acompaña a la oposición, el que se resisten a abandonar, es el fantasma de la unidad: esa creencia -cercana ya a la superstición- de que si todos los pedazos de la oposición se unen, Ortega será derrotado en las elecciones de 2011.

La nostalgia de un tiempo pasado genera fantasmas: el fantasma que alimenta la oposición se basa en una evocación, no acompañada de reflexión ni de autocrítica, del momento político, histórico, y también bélico, de 1990, cuando la oposición se unió y la UNO derrotó al entonces poderoso FSLN.

La más reciente encuesta de opinión a nivel nacional de la firma M&R (realizada entre el 19 y el 28 de junio de 2010) tiende a desvanecer esa visión cuasi mágica. Demuestra que no bastará la unidad opositora para vencer en las urnas a Daniel Ortega.

ESTOS NUMERITOS
TAMBIÉN HABLAN

En la encuesta, el 32.8% dijo simpatizar con el FSLN (con 38% del electorado ganó Ortega en 2006). Las simpatías hacia los partidos de oposición suman apenas el 28.2%. Sin simpatía por ningún partido se declaró el segmento mayoritario: 42.3%.

El 64.8% de los entrevistados no se identifica con ninguno de los tres políticos de oposición que más pasarela ocupan como candidatos presidenciales que desafiarían el autoritarismo de Ortega (Arnoldo Alemán, Eduardo Montealegre, Edmundo Jarquín). Entre quienes se declaran independientes el porcentaje de indiferencia sube hasta el 79.6%. En el caso de que la pugna electoral se diera fundamentalmente entre Alemán y Ortega, en el grupo de los independientes -el más numeroso en este momento- el 41.6% no votaría por Alemán. En un escenario en el que concurrieran sólo esos dos candidatos, el 46% del total de encuestados votaría por Alemán, la abstención llegaría al 50% y el FSLN ganaría con el 53.9% de los votos, con lo que, con algunos “ajustes” en los conteos que le facilitara el Poder Electoral, el FSLN se garantizaría la mayoría en la Asamblea Nacional, superando así el obstáculo principal que ha tenido durante estos años: contar con todas las instituciones estatales menos con la mayoría en el Legislativo. Según algunos voceros de Ortega, se podría entonces “cambiar el sistema” y ahí sí asistiríamos a una “revolución”.

NO BASTA UNIRSE

Conclusiones de M&R: Por sí misma, la unidad de la oposición no es garantía de un triunfo electoral. Tendría que ser -dicen- “una unidad que proponga un programa atractivo y un candidato que sea capaz de cautivar y motivar a los independientes”, que representan el segmento más importante del electorado. No hay señales de que la oposición liberal se mueva en esta dirección.

Concluyen también -un mensaje dirigido a Alemán y a Montealegre- que “posiblemente”, el esfuerzo de un candidato que pretenda ganarle al FSLN sin contar con el apoyo de los independientes “quedará en pretensión”.

Otra conclusión: el FSLN y Daniel Ortega son minoría en el universo electoral, pero son una clara mayoría respecto a los votantes “con partido”. Por tanto, en las actuales circunstancias políticas, una elección a dos bandas no es garantía de victoria sobre Ortega y una elección a tres bandas podría ser fatal para la oposición: Ortega ganaría y podría ganar con mayoría parlamentaria, lo que le daría manos libres para su proyecto y reduciría aún más el protagonismo y la incidencia de la oposición, hoy acantonada en la Asamblea y en los medios de comunicación.

¿LEGITIMAN LO ILEGAL?

Un dato muy significativo: en la encuesta de M&R de hace un año (fines de junio de 2009), el 60.8% expresaba rechazo a la reelección presidencial continua, aspiración que Ortega comenzaba ya a esbozar. Un año después, el 56.1% de los entrevistados contestó que aceptaría la candidatura para una reelección continua de Ortega si se cambia a los magistrados electorales y ocupan esos cargos “personas que inspiren confianza y credibilidad”.

Esta respuesta tiene muchas lecturas. Significa que Ortega podría desvanecer su fantasma negociando las cabezas de estos magistrados electorales, responsables del fraude en los comicios municipales de 2008, poniendo en su lugar a similares, en trueque por una reforma constitucional que haga legítima su reelección.

Significa también que en el “país real” la guerra de desgaste contra las instituciones y las leyes del “país legal”, que lleva adelante el partido de gobierno desde que asumió el poder, da sus frutos y la población lo que quiere son “personas” que le inspiren confianza más que instituciones que se ajusten al marco legal. Y está dispuesta a transar una cosa por la otra.

¿Debe leerse también esa transacción en el entendido de que la población imagina que Ortega perdería si son magistrados electorales honestos quienes cuentan los votos?

UN DATO ROSADO

Otro dato a tener en cuenta: la encuesta demuestra que el gobierno mantiene las simpatías del grueso de la militancia rojinegra. Entre los entrevistados que simpatizan con el FSLN el 71.5% aprueba el trabajo que realiza Ortega y, pisándole los talones, el 64.8% aprueba el que hace su esposa, quien cada vez realiza más trabajos y tiene mayores atribuciones en el gobierno. Es de hecho la “primera ministra”, como ya declaró Ortega. Y sería una candidata alternativa del FSLN, como han afirmado en su momento operadores del partido y como afirman algunos rumores.

LAS DOS CANDIDATURAS

Mientras el gobierno presenta logros, la oposición no presenta programas y se mantiene enmarañada en pugnas por la candidatura presidencial que encabezaría ese “fantasma” de la unidad antidanielista, percibida como victoriosa por sí misma.

Arnoldo Alemán fue ratificado por aclamación como único candidato presidencial por el PLC en la convención de ese partido el 11 de julio, con la consigna de campaña “Arnoldo vuelve”. Días después, el 25 de julio, Eduardo Montealegre presentó su candidatura y apenas esbozó un genérico “programa” de cuatro puntos carente de creatividad.

En la convención del PLC el anuncio central de Alemán fue que el tribunal de Panamá había declarado nulo el caso por lavado de dinero que allí se le abrió a él, a su esposa, a su suegro y a su mano derecha, Byron Jerez. “La conspiración se acabó y la justicia ha brillado. ¡Dios escuchó mis plegarias y las de mi familia! Todos los juicios se cayeron porque jamás cometí delito alguno, ¡Dios es mi testigo, se hizo justicia!”, clamó entusiasta.

El tribunal panameño se basó en la sentencia de la Corte Suprema de Nicaragua, que había anulado ese caso, llamado de “la guaca”, en enero de 2009, por influencia de Ortega, a cambio de concesiones políticas de Alemán. El tribunal panameño ordenó entregarle a Alemán más de 5 millones de dólares, bienes que le fueron incautados como medida cautelar al abrir el proceso. ¿Dinero para su campaña electoral?

EL FANTASMA DE ALEMÁN:
LAS REJAS

Como el fantasma que atormenta a Alemán es la cárcel y con ese espanto rondándolo Ortega lo ha mantenido aceptando ser socio menor del pacto durante los últimos ocho años, enseguida que llegó la noticia de Panamá se puso en marcha la maquinaria orteguista en el Estado.

El Procurador de la República recurrió de casación en Panamá, mientras magistrados afines a Ortega en la Corte le recordaron a Alemán que en Nicaragua tiene aún tres casos pendientes. Y hasta le advirtieron que había sido liberado del caso “de la guaca” en Nicaragua, entre otras cosas por aducir ser “valetudinario”, y que una persona en ese deteriorado estado de salud estaría inhibida para postularse a la Presidencia.

Las instituciones controladas por Ortega nunca inhibirían la candidatura de Alemán. Ortega lo necesita en la posición de rival electoral. El fantasma de la prisión emerge oportunamente de sus sombras para que Alemán se avenga por fin a respaldar una reforma constitucional que legitime la candidatura de Ortega y para que termine negociando los altos cargos pendientes según los intereses y condiciones de Ortega, siempre garantizándole migajas a Alemán.

Ambos políticos se necesitan -desde el autoritarismo de izquierda y el de derecha-, ambos coinciden en seguirse repartiendo el Estado como un botín familiar.

¿QUÉ SON LAS PRIMARIAS?

En este contexto tan reiterado, poco novedoso y nada serio, celebrar unas elecciones primarias interpartidarias para que la población elija a quien encabece la unidad opositora -iniciativa que sobrevuela en la enrarecida atmósfera política desde hace meses- luce cada vez más irrealizable.

El experimento de las primarias interpartidarias se nutre del fantasma de la unidad: dicen que el descontento mayoritario lo que quiere es la unidad, cuando lo que quiere es una propuesta que suene realista, que sea seria, que pueda cumplirse y que la proponga gente honesta que inspire respeto.

Las interpartidarias se parecen cada vez más a un trámite para dirimir la pugna de liderazgo entre Alemán y Montealegre, lo que las reduce al campo de la oposición liberal y a dar salida al descontento de la derecha.

Alemán parece estarlas promoviendo para ganar tiempo para que la confusión se haga más espesa. No concibe la unidad si no es alrededor del liberalismo y de sí mismo. Persiste en su candidatura y entra y sale de esas primarias sabiendo que es un candidato perdedor: en la encuesta un 8.7% del total expresa simpatías por él y entre los independientes sólo un 1.5%.

Sabiendo esto, persiste, apostando a que la gente vote por él como “mal menor”, avivando los fantasmas anti-sandinistas ya en retirada por la realidad. Persiste, sobre todo, porque es la única manera de seguir teniendo poder en el PLC como repartidor de los cargos públicos que le garantizaría Ortega si él se mantiene dentro del perímetro del pacto. Su rival, Montealegre, no termina de definir su elástica posición.

El sandinismo representado en el MRS y en el Rescate dejaron claro que jamás participarán en primarias interpartidarias si Alemán concurre a ellas. “El orteguismo trabaja en montar un circo electoral. No tienen sentido primarias para elegir candidatos ¿Ir a elecciones con el mismo Consejo Supremo Electoral? ¿Y con qué programa?”, repiten sus dirigentes.

ENTRE FANTASMAS

En el país legal no hay prácticamente espacio institucional en que el partido de gobierno no se haya enquistado. Esto ha sido posible porque en el país real no están resueltos los grandes problemas estructurales de la pobreza y la falta de oportunidades y este gobierno busca respuestas que el anterior gobierno desestimó. Porque la sociedad no supera la pasividad que las secuelas de la guerra, la lucha por la sobrevivencia y el descrédito de la clase política inducen en su memoria o en su día a día.

Porque la religiosidad más alienada y alienante se impulsa desde todos los ángulos, tanto desde el gobierno como desde la mayoría de los sectores de oposición y esa religiosidad ni organiza ni moviliza.

Ha sido posible por las similitudes entre quienes gobiernan y quienes más bulla opositora hacen contra el gobierno: todos -o casi todos- con “cola”, todos con algo que esconder, todos con precio, todos codiciosos de las ventajas que facilita administrar el erario publico, todos con egos protagónicos, vulnerables al chantaje, la amenaza y la prebenda... Entre esos fantasmas no se pisan las sábanas. Esos fantasmas nos tienen en jaque a todos.

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