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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 337 | Abril 2010
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América Latina

Una visita a la muralla gringa

Mucho vimos y oímos en nuestros doce días por la “ruta del rechazo”. El final de la ruta fue la frontera entre México y Estados Unidos, la más larga y transitada de todo el planeta. Allí el Sur mira al Norte y penetra en el Norte. Allí el Norte rechaza al Sur y lo teme y construye muros, vallas, cercos. Allí está erizado de obstáculos el camino que lleva al American way of life y son omnipresentes los Border Patrol, agentes del American way of death. A pesar de todo, allí comprobé que de un lado y del otro nos pican a todos los mismos mosquitos…

José Luis Rocha

Corría el año de 1997. El artista tijuanense Marcos Ramírez Erre emplazó un caballo de Troya en la frontera entre Tijuana y San Diego, a escasos metros de las casetas migratorias. La escultura de madera tenía 25 metros de altura, dos cabezas -una mirando hacia Estados Unidos y otra hacia México- y se componía de una serie de reglones que dejaban ver con nitidez el interior del equino vientre. Las dos cabezas expresaban que la penetración no es unidireccional: el norte se inyecta en el sur y éste a su vez se inocula en el norte. La estructura translúcida sugería la ausencia de secretos. Todos saben lo que hay en el interior del caballo. No hay posibilidad de arteras emboscadas nocturnas. “Ya sabemos todas las intenciones de ellos hacia nosotros, y ellos las de nosotros hacia ellos”, dijo el escultor.

La reciprocidad cognitiva que expresó aquel caballo no borra el monopolio del poder. No evita que una de las dos partes sea la propietaria efectiva de la frontera y pretenda acabar con el caballo o devolverle una -supuesta- primigenia unidireccionalidad. Por eso el emplazamiento de la escultura y su mensaje resultaron tan provocativos. Pusieron en evidencia la disolución de la frontera que estaba teniendo lugar en cierto plano de la realidad. En otros planos, sin embargo, el reforzamiento de la frontera salta a la vista. La globalización es un fenómeno de dinámicas multidireccionales. Abre y cierra puertas. Allana caminos y eriza de obstáculos los senderos.

EL MUNDO DE HOY:
UNOS GLOBALIZADOS Y OTROS LOCALIZADOS

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman puso de relieve esta dualidad cuando afirmó que “juntamente con las dimensiones planetarias emergentes de los negocios, las finanzas, el comercio y el flujo de información, se pone en marcha un proceso ‘localizador’, de fijación del espacio. Estos dos procesos estrechamente interconectados introducen una tajante línea divisoria entre las condiciones de existencia de poblaciones enteras, por un lado, y los diversos segmentos de cada una de ellas, por otro. Lo que para algunos aparece como globalización, es localización para otros. Lo que para algunos es la señal de una nueva libertad cae sobre muchos más como un hado cruel e inesperado. La movilidad asciende al primer lugar entre los valores codiciados. La libertad de movimientos, una mercancía siempre escasa y distribuida de manera desigual, se convierte rápidamente en factor de estratificación en nuestra época moderna tardía o posmoderna”.

En relación al valor universalizado de la libre movilidad, el mundo, según Bauman, se divide en globalizados y localizados: “Algunos nos volvemos plena y verdaderamente ‘globales’. Otros quedan detenidos en su ‘localidad’, un trance que no resulta agradable ni soportable en un mundo en el que los ‘globales’ dan el tono e imponen las reglas del juego de la vida. Ser local en un mundo globalizado es una señal de penuria y degradación social”. Y añade: “Para los globalmente móviles, el espacio ha perdido sus cualidades restrictivas y se atraviesa fácilmente en sus dos versiones, la ‘real’ y la ‘virtual’, mientras que para “los ‘localmente sujetos’, los que están impedidos de desplazarse y por ello deben soportar los cambios que sufra la localidad a la cual están atados, el espacio real se cierra a pasos agigantados”.

UNOS TURISTAS Y OTROS VAGABUNDOS

Cuando a algunos ‘localizados’ se les hace imposible soportar las estrecheces de su circunscripción territorial y se lanzan, contra viento y marea, a la aventura de trascender las fronteras, se enfrentan a ingentes barreras. El mundo, por referencia a la movilidad, se segmenta de nuevo en dos categorías: turistas y vagabundos.

El mundo del turismo y el mundo del vagabundo conviven, pero son diametralmente opuestos. Bauman explica: “Para el habitante del primer mundo -ese mundo cada vez más cosmopolita y extraterritorial de los empresarios, los administradores de la cultura y los intelectuales globales-, se desmantelan las fronteras nacionales tal como sucedió para las mercancías, el capital y las finanzas mundiales. Para el habitante del segundo mundo, el de los vagabundos, los muros de controles migratorios, leyes de residencia, políticas de ‘calles limpias’ y ‘aniquilación del delito’ se vuelven cada vez más altos. Los fosos que los separan de los lugares deseados y la redención soñada se vuelven más anchos, y los puentes, al primer intento de cruzarlos, resultan ser levadizos. Los primeros viajan a voluntad, se divierten mucho (sobre todo, si viajan en primera clase o en aviones privados), se les seduce o soborna para que viajen, se les recibe con sonrisas y brazos abiertos. Los segundos lo hacen subrepticia y a veces ilegalmente. En ocasiones pagan más por la superpoblada tercera clase de un bote pestilente y derrengado que otros por los lujos dorados de la business class. Se les recibe con el entrecejo fruncido, y si tienen mala suerte los detienen y deportan apenas llegan”.

Otro polaco, el periodista Ryszard Kapuscinski observó: “La época de la globalización muestra una fuerte tendencia a levantar limes (reales y metafóricos), a marcar y señalar fronteras y cordones sanitarios: apartheid. De modo que hay tanta unificación como fragmentación, el mismo afán de reunir que se separar”. Para crear esa sociedad dual globalizada-localizada, para frenar la movilidad de las masas empobrecidas, para reducirlas a la condición de vagabundos, ilegales, aliens, sans papiers, se erigen muros.

USA Y URSS: OBSESIÓN POR MUROS FRONTERIZOS
Y POR ALAMBRAR SU IMPERIO

Estados Unidos ha sido la nación que más ha invertido en barreras físicas y controles fronterizos. Sus políticos, sean republicanos o demócratas -desde Hillary Clinton y Barack Obama a John McCain y Mike Huckabee- pueden disentir en cuanto a la extensión y altura de los muros adicionales, los materiales de las vallas, el número de agentes de la patrulla fronteriza y otros tópicos. Pero todos están de acuerdo en que debe reforzarse la seguridad en la frontera y en que la frontera está insuficientemente protegida.

De acuerdo al investigador estadounidense Joseph Nevins, el representante Duncan Hunter, un republicano del área de San Diego, nominado por su partido como candidato a la Presidencia en 2008 y posiblemente el individuo a quien cabe adjudicar la mayor responsabilidad por los muros y vallas fronterizas, llamado por algunos Secretary of da fence (Secretario del cerco), argumentó en 2006 a los funcionarios de la administración Bush que aumentar las barreras era una buena forma de evitar las muertes en la frontera. Si puedes salvar vidas cercando el desierto, ¿por qué no cercar el desierto?, preguntó.

Según Kapuscinski, los soviéticos también estuvieron, en su momento, obsesionados con las vallas fronterizas: “Teniendo en cuenta que, allí donde fuera técnicamente posible, las fronteras en cuestión siempre fueron (y siguen siendo) protegidas por espesas vallas de alambre de espino (vi esos enjambres en las fronteras con Polonia, China e Irán) y que dicho alambre, debido a lo fatal del clima, se estropea muy deprisa, y que hay que cambiarlo a menudo en cientos, mejor dicho, en miles de kilómetros, podemos dar por sentado que gran parte de la metalurgia soviética no es sino la industria dedicada a la fabricación de alambre de espino... Y por otro lado, tampoco es difícil imaginarse aquellos miles de equipos y comisiones de control recorriendo el Imperio de punta a punta con el fin de verificar si todo quedaba cercado como debía, si las vallas tenían bastante altura y espesor, si la maraña de las alambradas era lo bastante tupida como para que ningún ratón pudiese escurrirse a través de ella. También es fácil imaginarse las llamadas telefónicas de Moscú a sus subordinados en provincias, llamadas que entrañan la alerta y la constante preocupación que se encierra en la pregunta: ¿Seguro que todos estáis bien alambrados? Y he aquí que los hombres, en vez de construirse casas y hospitales, en vez de arreglar instalaciones de agua y electricidad, que no paraban de estropearse, durante años y años estaban preocupados (por suerte no todos) en alambrar su Imperio, en el interior y de cara al exterior, a escala local y a escala estatal”.

Estados Unidos es el único imperio sobreviviente. Como el soviético, y por parecidas razones -impedir el ingreso del caballo de Troya: evitar a los enemigos a quienes se tilda de terroristas, mantener alejados a quienes pueden alterar el cóctel ideológico, preservar impoluta la propia cultura-, se obsesiona con los muros. Invierte más y más recursos en la vigilancia, los controles y las barreras.

Con este texto explico cómo se materializa y desglosa esa voluntad de rechazar en la frontera mexicano-estadounidense. Continúo con “la ruta del rechazo”, cuyas estaciones empecé a describir y a analizar en un texto anterior (Envío, marzo 2010).

EN LA FRONTERA BINACIONAL
MÁS LARGA Y TRANSITADA DEL MUNDO

Los 3,326 kilómetros que dividen México y Estados Unidos son la frontera binacional más larga y con mayor movimiento del mundo. En un año acumula 350 millones de cruces legales y un número desconocido de cruces indocumentados. A lo largo de la frontera se suceden ciudades que a menudo, aunque divididas por un muro, presentan un continuum urbano. Matamoros/Brownsville, Reynosa/McAllen, Nuevo Laredo/Laredo, las primeras en Tamaulipas y las segundas en Texas. Piedras Negras en Coahuila y Eagle Pass en Texas, Nogales en Sonora y Nogales en Arizona, Mexicali en Baja California y Calexico en California, Tijuana en Baja California y San Diego en California, Ciudad Juárez en Chihuahua y El Paso en Texas, entre muchas otras.

Todas son ciudades de un crecimiento acelerado. En 1980-1990 Ciudad Juárez, conocida en tiempos de la Colonia como El Paso del Norte, dio el salto de 544,496 a 789,522 habitantes. El Paso lo hizo de 425,259 a 515,342. En la actualidad se estima que la población de El Paso sobrepasa los 600 mil habitantes y la de Ciudad Juárez el millón 300 mil. Las consecuencias de esta rápida urbanización han sido devastadoras en el lado mexicano: precarismo, marginación, hacinamiento, incapacidad de prestar los servicios de agua potable y electricidad a los nuevos asentamientos que surgen caóticos e irrefrenables. En el lado estadounidense la migración crece aceleradamente. Ya desde 1980 El Paso tenía solamente un 33% de población anglosajona. En 2008 en El Paso se concedió la residencia permanente a 4,746 migrantes y a 4,436 nuevos naturalizados. En 1999-2008, se concedieron 41,447 nuevas residencias, una cifra muy elevada para una ciudad tan pequeña. Supera a Kansas, Indianápolis, Jacksonville o Cleveland. Pero junto a la aceptación formal se asienta el rechazo. Sólo El Paso Service Processing Center tenía 800 detenidos en 2009 y los alrededores de El Paso están salpicados de centros de detención para inmigrantes. Según algunos informantes, hay un centro con capacidad para 2 mil en Chaparral, otro con 3 mil camas en Pacos y otro con 1 mil 500 camas en Sierra Blanca.

“NOS PICAN LOS MISMOS MOSQUITOS”

Uno de nuestros interlocutores más inspirados en El Paso, el misionero laico Maryknoll West Cosgrove nos dijo una gran verdad: En El Paso y Ciudad Juárez nos pican los mismos mosquitos. ¿A qué vienen, pues, tantos respingos con el asunto de la frontera? El pegón es que las ciudades fronterizas son gemelos asimétricos con relaciones ambivalentes. Cabalgan entre favores arrancados y el parasitismo más rampante. Como en todo dúo bivitelino o univitelino, en estas binas de ciudades siempre hay un gemelo dominante y uno sometido. Esta asimetría nos refresca la certera frase de Porfirio Díaz: Pobrecito México: tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

Y eso que Porfirio Díaz apenas pudo otear el desprecio que se avecinaba y que no ha sido una constante. En 1900 la frontera carecía de mojones. Los coyotes o guías eran innecesarios para pasar mediante subterfugios a los migrantes. De hecho, no había controles migratorios y, por eso mismo, tampoco indocumentados. El ferrocarril -que hacía el recorrido entre la ciudad de México y El Paso- trasladó a centenares de miles de migrantes desde su apertura en 1884 hasta que los primeros controles empezaron a convertirse en un severo cuello de botella. Muchos migrantes simplemente abordaban el tren que los llevaba desde los alrededores de El Paso hasta sus destinos laborales.

El desorden de la revolución mexicana imprimió un giro en las prácticas de control fronterizo. Los estadounidenses quisieron poner orden mediante la exigencia de vacunación, baño y desinfección. La legislación de 1917 añadió un test de alfabetismo y un impuesto de 8 dólares por cabeza. Ese año, solamente en el puente de El Paso-Ciudad Juárez, 127,173 mexicanos fueron bañados y fumigados. Tuvieron que desnudarse por completo, esterilizar sus ropas en una secadora de vapor, ser fumigados con ácido cianhídrico y permanecer desnudos mientras los inspectores de aduanas chequeaban sus partes velludas -cabeza, sobacos, barba y área genital- en busca de piojos. Aquellos en quienes encontraban piojos debían afeitarse sus cabezas y cuerpos y aplicar una mezcla de kerosene y vinagre sobre su cuerpo.

En 1924 surgió el control que ha devenido un clásico: una visa, que entonces tenía un precio de 10 dólares. Probablemente fue en esa época cuando las autoridades estadounidenses empezaron a etiquetar como aliens a los mexicanos. Desde que tempranamente las ciudades mexicanas fueron vistas como los sitios donde obtener placeres sexuales y sustancias ilícitas, la frontera adquirió la función de separar los cuerpos puros de los impuros, los cuerpos virtuosos de los pecaminosos.

West Cosgrove nos mostró los tipos de frontera construidos en El Paso. Hay muros metálicos. Hay cercas de malla de acero galvanizado -nuestra nicaragüense malla ciclón-. Hay malla con alambre de púas. Y también hay enormes lajas pintadas de blanco que dejan espacios por los que cualquiera puede pasar con facilidad. Pero en todos los puntos hay enormes focos, sensores y cámaras. La border patrol no baja la guardia.

El Paso-Ciudad Juárez es el único punto de la frontera donde hay frontera de tierra y de agua. Aquí comienza a actuar como frontera la corriente del río Grande. La frontera de malla ciclón es la frontera más concurrida. Desde el lado mexicano nos llega a visitar una parvada de niños. Tienen los cachetes colorados y visten al estilo tex-mex. Parecen que estuvieran encarcelados en México, mirando todo el día hacia ese norte próximo e inalcanzable, palpando la reja inexpugnable. Pero, ¿no serán los gringos los encarcelados en su American way of death?

LA MILITARIZACIÓN DE LA FRONTERA:
“NO HABRÁ BALAS PARA DETENERLOS”

A los muros se añade el patrullaje continuo. Es el ojo humano que no engorda -pero vigila y reduce- al caballo de Troya. Durante una fugaz visita de 15 minutos a un punto fronterizo aparentemente desolado, recibimos la consecutiva compañía de tres vehículos patrulleros y divisamos un helicóptero de monitoreo.

Rubén García, otro de nuestros más penetrantes interlocutores en El Paso, señaló que esta represión y militarización de la frontera no es un evento nuevo bajo el inclemente sol de la migra. No data del 11 de septiembre de 2001. El 9/11 solamente le dio una justificación ideológica más. Una razón más para apretar los cinchos fronterizos. De hecho, las mismas estadísticas del Department of Homeland Security demuestran cuán sobredimensionadas están las amenazas terroristas: entre 2004 y 2006 esa institución presentó apenas 12 acusaciones de terrorismo, apenas el 0.0015% de un total de 814,073 extranjeros juzgados en las cortes de inmigración.

La historia militar de la franja fronteriza corrobora la tesis de un incremento de la vigilancia fronteriza previa al 9/11. Aunque entre 1952-1954 se decía en los círculos de poder de Washington que la inmigración ilegal procedente de México había alcanzado un punto crítico, la patrulla fronteriza sólo podía contratar a 200 efectivos. En 1980 el presupuesto de la patrulla fronteriza era de alrededor de 78 millones de dólares, menor que el presupuesto de la policía de Baltimore y mucho menos de la mitad del presupuesto de la policía de Filadelfia.

Adentrándose en la década de los 80, algunos levantaron voces de alarma. El antiguo director de la CIA, William Colby, afirmó que la migración mexicana no autorizada sería en el futuro una amenaza mayor para los Estados Unidos que la Unión Soviética. La más obvia amenaza -advirtió Colby- es el hecho de que habrá 120 millones de mexicanos a fin de siglo. La Patrulla Fronteriza no tendrá suficientes balas para detenerlos.

CIFRAS DEL “AMERICAN WAY OF DEATH”

A la revitalización de la Guerra Fría se añadió una guerra al rojo vivo contra los inmigrantes indocumentados. Como observaron Michael T. Klare y Peter Kornbluh, la guerra de baja intensidad se convirtió en una guerra de todo tiempo. En su imprescindible libro The militarization of the US-Mexico border 1978-1992, Timoty J. Dunn da cuenta de la creciente inversión del gobierno federal estadounidense en el control fronterizo durante la década de los años 80. En 1978-1992 el equipo de la patrulla fronteriza pasó de 2,580 a 4,948, mientras sus fondos pasaron de 78 a 326 millones de dólares. Los fondos para aprehensiones y deportaciones crecieron en más de 120 millones: de 35 a 159. Los incrementos rondaron el 92% (efectivos de la patrulla fronteriza), 317% (fondos de la patrulla fronteriza) y 355% (fondos para deportaciones).

La eficiencia no registra una tasa de crecimiento ni remotamente similar: 38% las aprehensiones, 11% las expulsiones, -76% las detenciones y -78% los detenidos en los centros de confinamiento para migrantes. La ineficiencia también es perceptible en el tiempo promedio de reclusión para los detenidos, que subió de 2.7 a 26.3 días, 874% de aumento. Y que en 2009 alcanzó los 114 días, si su¬mamos los días previos y posteriores a la orden de remoción.

Entre 1992 y 2005 el número de agentes de la Border Patrol se duplicó, llegando a redondear cerca de 11 mil, con 9,633 en la frontera sur y apenas 1,031 en la frontera norte. La ley de 2004 Intelligence Reform and Terrorism Prevention autorizó la contratación de 2 mil nuevos agentes cada año por los siguientes cinco años fiscales. De modo que podemos asumir un aumento sostenido desde la aprobación de esa ley hasta la fecha. En la década de 1995-2005, se registró un aumento del 125% en los miembros de la patrulla fronteriza. En décadas anteriores, se necesitaron más de 40 años (1941-1985) para obtener un incremento incluso más bajo, del 111%.

La militarización, la Ley Patriótica y la luz verde a los abusos han devenido en una conculcación de derechos fundamentales. “Una vez alienado -nos dice el brillante escritor Gore Vidal- un derecho inalienable es apto para ser eternamente perdido, en cuyo caso nosotros ya no somos ni remotamente la más reciente y mejor esperanza sobre la tierra sino meramente un estado imperial de mala calaña cuyos ciudadanos son obligados a permanecer en fila por escuadrones SWAT y cuyo estilo de muerte -no de vida- es universalmente imitado”. El American way of life se ha convertido en un estúpidamente imitado American way of death, de control y de rechazo.

ATRAVESANDO DEL NORTE AL SUR:
DEL FULL COLOR A UN ESCENARIO GRIS

El segundo día de nuestra visita a la frontera cruzamos la temible barrera. El tránsito desde el lado estadounidense (El Paso) hasta el mexicano (Ciudad Juárez) es suave y ligero. Para salir del sueño americano se camina por un túnel de malla ciclón, abierto del lado de la calle, cerrado del lado del río Grande.

Desde el lado gringo nos preguntábamos cómo sería la transfiguración fronteriza. ¿Iríamos del full color a los tonos sepia, como en la película Traffic? Ocurrió algo semejante. Del otro lado no encontramos grandes edificios ni casitas impecables, como las que Mattel construye para sus barbies. Súbitamente emergió todo el escenario emblemático del Tercer Mundo. Aguas negras vertidas en las calles. Casas de ripio sucediéndose casi sin interrupción. Edificios derruidos, testimonio descascarado de que, al menos para los juarenses, todo tiempo pasado fue mejor. Por las heridas que deja el tiempo y sus elementos asomaban las defectuosas entrañas de la construcción: ladrillos porosos y descolocados, vigas retorcidas y oxidadas. El aire y el clima parecen más polucionados e inclementes.

Nos detenemos un momento y volvemos la vista atrás. Una inmensa cruz de madera, saturada de enormes clavos de hierro, está emplazada entre las dos vías de acceso entre México y Estados Unidos. Cada clavo lleva colgado un nombre. Cada clavo representa una de las muchas mujeres asesinadas en Ciudad Juárez por el crimen organizado. Algunas fueron descuartizadas. Muchas figuran aún como desaparecidas.

CIUDAD JUÁREZ:
LA CIUDAD MÁS VIOLENTA DEL MUNDO

Las altas cuotas en vidas humanas que cobra el crimen organizado no son exclusivas de Ciudad Juárez. Otras ciudades mexicanas también son afectadas. Pero Ciudad Juárez es indiscutiblemente el territorio más violento del mundo.

Según el Centro de Derechos Humanos que opera dentro de la Parroquia de Jesús Obrero, la comisión de homicidios dolosos ha ido en vertiginoso ascenso: 186 en 2003, 227 en 2005, 300 en 2007, 1 mil 607 en 2008 y 2 mil 658 en 2009, alcanzando así una tasa de 191 homicidios por cada 100 mil habitantes. Un genocidio silencioso. Estas cifras triplican las de El Salvador o Colombia, considerados por muchos como los países más violentos de América Latina.

¿Por qué tanta violencia precisamente en la frontera? En este fragmento de la frontera donde Benito Juárez se refugió durante la segunda intervención francesa, y que en 1888 fuera bautizado con su apellido por obra y gracia de Porfirio Díaz, los cárteles de Juárez y de Sinaloa se disputan la plaza. El de Sinaloa tiene presencia en 80 ciudades de Estados Unidos y en 15 países latinoamericanos. Las organizaciones de Joaquín “El Chapo” Guzmán y los Carrillo Fuentes se disputan Ciudad Juárez. Tres bandas apuntalan los carteles: Aztecas, Mejicles y Artistas Asesinos. Estas bandas extorsionan a pequeños y medianos empresarios. Más de 10 mil 600 negocios se han visto obligados a cerrar debido a las amenazas de las bandas satélites de los cárteles.

El cártel de Juárez ha sido el mimado del ejército. En su libro Los capos, el periodista mexicano Ricardo Ravello, especialista en narcos, observa que “con Ernesto Zedillo el cártel de Juárez, bajo la conducción de Amado Carrillo Fuentes, fue el menos golpeado... Amado pudo tejer complicidades incluso al interior de las altas esferas militares. Eso no sólo lo acredita su vínculo con el general Jesús Gutiérrez Rebollo, sino las visitas que hizo Eduardo González Quitarte, su publirrelacionista y hombre de confianza, a la Secretaría de la Defensa Nacional, con el objetivo de lograr un acuerdo para que a Carrillo Fuentes se le permitiera operar el negocio del narcotráfico sin ser perseguido”. Incluso desde el gobierno de Carlos Salinas, su jefe de la Policía Judicial Federal, Adrián Carrera Fuentes, “puso a buena parte de la corporación al servicio del narco y sobreprotegió al cártel de Juárez”.

MIENTRAS HAY MÁS MILITARES,
CIRCULAN MÁS DROGAS Y HAY MÁS CRÍMENES

¿Por qué los cárteles quieren el control de la región fronteriza? Ravello señala: “De acuerdo con los datos oficiales, el sur de Texas es el más importante receptor y distribuidor de drogas en Estados Unidos... En 2004 se decomisaron 25 toneladas de cocaína en la región, lo que equivale en monto a las mismas que se confiscaron en México durante el mismo periodo”. La cocaína, que tiene su imán en el norte, aumenta su valor con cada kilómetro hacia su meta: un kilo de coca, que en Colombia se cotiza en 1 mil 750 dólares, en Centroamérica puede llegar a costar 6 mil dólares.

La militarización no hizo más que acentuar el peligro. Ravello sostiene que “detrás de un cargamento de cocaína, mariguana o cualquier otro alcaloide, siempre ha estado, puntual y servil, la presencia militar o policiaca que hace posible que el embarque llegue a su destino final: el gran mercado consumidor de Estados Unidos. Como pago por sus servicios, los barones del narcotráfico desembolsan millones de dólares y así obtienen la protección que necesitan. Altos jefes policiacos, militares y funcionarios públicos han servido de eslabones en la amplia cadena de protección tejida por los poderosos narcotraficantes”. Ergo: mientras más militares, más negocio y más asesinatos.

Donde hay mucho dinero, hay muchas disputas. Las divisiones y reyertas entre cárteles están a la orden del día. Lo que ocurre en Ciudad Juárez es reflejo de una guerra que tiene por escenario toda América: el cártel del Golfo-Zetas disputa al cártel de Sinaloa su dominio sobre 43 ciudades estadounidenses y 10 países del continente. Pero aquí reaparece la asimetría de las ciudades gemelas. Del lado mexicano están los muertos. Del lado estadounidense, en su ciudad gemela, están el Wells Fargo y el Chase, con sus torres de 90 y 76 metros de altura, junto al Bank of America. Los bancos tienen enormes sucursales en una zona que ni por su volumen poblacional ni por su actividad económica justifica semejante desarrollo del sector financiero. Adivina adivinanza: cocaína por fuera, dólares por dentro. ¿Qué es?

JUGANDO EN INTERNET A BORDER PATROL

Hacemos nuestro reingreso a los Estados Unidos. No hay controles del lado mexicano. Sólo nos piden tres pesos para salir de su territorio. Los Estados Unidos Mexicanos dejan en manos del Department of Homeland Security el control migratorio y aduanero en este punto de la frontera. Para eso está la omnipresente Border Patrol que lo controla todo, que es todo.

Border Patrol es también un juego de Internet, cuya página inicial despliega su nombre en mayúsculas pintadas de verde, blanco y rojo, los colores de la bandera mexicana. El jugador dispone de una serie previamente definida de proyectiles para ultimar a sus enemigos: un hombre de rostro fiero, barbado, armado y con el pecho cruzado por enormes ca¬nanas, etiquetado como “mexicano nacionalista”; un traficante de drogas vestido de charro mexicano, con barba de tres días y flanqueado por hojas de marihuana; y una pareja latina con dos hijos, donde la mujer ocupa el plano superior y es identificada como “reproductora”. Border Patrol es un juego interactivo donde el jugador apunta y dispara a los tres estereotípicos cruzadores de frontera. El juego fue creado en 2002 y diseminado ampliamente en 2006, como reacción ante las marchas por los derechos de los inmi¬grantes de ese año.

MATANDO DE VERDAD EN BORDER PATROL

Vernon Billings quiso jugar a Border Patrol en El Paso el 22 de febrero de 2003. Muy de mañana, algunos inmigrantes salieron a botar la basura en el parqueo contiguo a Casa Anunciación, albergue para inmigrantes indocumentados fundado hace 32 años por Rubén García para servir a los pobres más expuestos a las inclemencias de la sociedad, mucho más lacerantes que las de la Naturaleza.

En 1978, ninguno de los refugios para inmigrantes y sin techo de El Paso abría sus puertas a los inmigrantes indocumentados. Casa Anunciación se convirtió en un lugar de acogida para los sin papeles y sin techo. Rubén García nos cuenta: Nos preguntamos con quién se identificaría Dios aquí en El Paso. Y respondimos: con aquellos que ni siquiera pueden conseguir un pedazo de piso. Los primeros en venir fueron los nicaragüenses. Muchos eran militares de alto rango de la Guardia Nacional que habían huido sin nada. Nos tocó también darles la bienvenida a cientos de salvadoreños que huían de la represión en su país. Tuvimos hasta 115 personas al mismo tiempo. Durante un tiempo nos vimos obligados a aplicar la política de no aceptar mexicanos. Dimos prioridad a los centroamericanos porque eran indocumentados aquí y en México. Y sucedió algo cómico: los centroamericanos le decían a la migra que eran mexicanos para que sólo los deportaran hasta México y los mexicanos nos decían que eran centroamericanos para que les diéramos hospedaje.

Aunque no existen leyes que hagan de los refugios un lugar inmune a las redadas, Casa Anunciación jamás ha sido objeto de una. El Immigration and Costums Enforcement tiene la política de no intervenir con el trabajo de las casas de servicio social.

Los muchachos, huéspedes en ese albergue, botaban basura muy confiados a las 8:30 am, cuando apareció una patrulla fronteriza de la que bajaron varios oficiales que de inmediato procedieron a interrogarlos. El gobierno federal ofrece un entrenamiento de cinco meses y empieza por pagar alrededor de 40 mil dólares anuales a un joven patrullero que haya concluido sus estudios de secundaria. Algunos pueden ascender y llegar a ganar 70 mil dólares anuales. Muchos profesores universitarios ganan mucho menos que eso. Quizás espoleados por semejante estímulo los patrulleros cumplen con fanático celo sus obligaciones, “juegan” a fondo el Border Patrol.

“¿POR QUÉ TENÍA QUE DISPARAR?”

En el grupo de muchachos que botaban basura, hubo uno que se puso muy nervioso: Juan Patricio Peraza, mexicano de 19 años de edad, oriundo de Mexicali. Corrió en un momento de distracción de los patrulleros. Al darle alcance, un agente lo golpeó en la cabeza con la macana, un instrumento con el que sólo tienen permitido golpear en las piernas. Juan Patricio se enojó, empujó al agente, corrió nuevamente y se armó con un tubo metálico que encontró en su camino. Otro agente lo acorraló y por unos instantes lo apuntó con su pistola. Pero luego retrocedió y enfundó el arma. Quizás pensó que no valía la pena matar a una persona en esa situación, supone Rubén García.

La retirada del agente posibilitó que Juan Patricio se diera a la fuga nuevamente y fuera acorralado por varias patrullas en una calle contigua al albergue. Rubén García explica que varios testigos vieron a los agentes empuñando sus pistolas y dispuestos en un semicírculo. Juan Patricio estaba en el centro, con el tubo balanceándose sobre su hombro. Él estaba hablando con uno de los agentes cuando otro patrullero llegó y salió de su vehículo. En ese momento, Juan Patricio se dio la vuelta y el agente Vernon Billings le disparó dos veces: una en el brazo y otra en el estómago. Los patrulleros afirman que ellos persiguieron a Juan Patricio después que éste corrió y reclaman que el perseguido golpeó a un oficial con una escalera y amenazó al resto con un tubo de metal. Los testigos dijeron no comprender por qué los patrulleros tuvieron que dispararle. Eran ocho patrulleros. ¿Por qué tenían que disparar? se pregunta García y añade: Mira el ambiente que estamos creando. Estás convirtiendo a las personas en amenazas. Si contratas a todos estos agentes, les das armas y cargas sus pistolas con balas expansivas de punta hueca, esto es lo que tiene que suceder.

Los padres de Juan Patricio entablaron un juicio contra el gobierno estadounidense. Pero la patrulla fronteriza llegó a la estación de policía y amenazó con deportar a los ocho testigos, todos huéspedes de Casa Anunciación, que habían acudido a testificar. Al principio ni siquiera permitió que los abogados de derechos humanos entrevistaran a sus clientes. Como culminación de un proceso viciado en extremo, el 29 de julio de 2008 el juez Richard Mesa emitió su veredicto: la acción de Billings estaba justificada, y por lo tanto, la trágica muerte de Peraza no fue el resultado de un comportamiento negligente. Algunos medios de comunicación y abogados sostuvieron que hubo violaciones fundamentales a la política de la patrulla fronteriza y los procedimientos investigativos: convirtieron en objeto de vigilancia y control un albergue para los sin techo, no se cercioraron de los detalles básicos de la situación antes de aplicar una fuerza mortal, removieron testigos antes de que pudieran ser entrevistados por el Departamento de Policía de El Paso y no se molestaron en acopiar información en la escena del crimen.

En la zona existen precedentes de este tipo de abusos y de impunidad. En 1992 acosos de la patrulla fronteriza en la secundaria Bowie y la muerte de Ezequiel Hernández en 1997, asesinado por los marines que patrullaban la frontera cerca de Radford, Texas.

LOS TRES ENTIERROS DE JUAN PATRICIO PERAZA

El tío de Juan Patricio, Sylvestre Peraza, que vive en San Francisco, se declaró enfurecido por la decisión: No hay justicia. ¿No tenían esos agentes el entrenamiento y experiencia para desarmar a un adolescente que sólo cargaba un tubo? Le digo a las autoridades que es vergonzoso tener esos agentes en este país. No hay justicia para una persona indocumentada. Más de veinte testigos vieron lo que ocurrió y ellos todavía dejan libre al agente sin encontrar falta alguna en lo que hizo.

Juan Patricio padeció tres entierros: la sepultura física, la sepultura de sus derechos, que no pudieron ser ratificados por el sistema de justicia, y la sepultura moral porque el rechazo a los indocumentados prevalece y sirve de abono a iniciativas espontáneas y formales que machacan los derechos de los indocumentados. Los gobiernos parecen olvidar que cuando los hombres, mujeres y niños migran, no dejan sus derechos en su país, señala Nisha Varia, investigadora principal de la División de Derechos de la Mujer para Human Rights Watch.

Juan Patricio fue castigado por querer trabajar donde no nació, un delito al que algunos aplican la pena de muerte. La discriminación de hoy derrama sangre. Juan Patricio Peraza es recordado como un joven fácil a las bromas y amigo de arrancar carcajadas en sus contertulios con sus imitaciones de Cantinflas. Quería conseguir un trabajo en Estados Unidos para enviar dinero a sus padres. En lugar de trabajo, los Estados Unidos le regalaron dos balazos en plena calle. Pero Juan Patricio tiene su resurrección en la comunidad de El Paso y en el Border Network for Human Rights, que en 2003 organizó una marcha de 40 kilómetros, desde Anthony hasta el centro de El Paso, para honrarlo y demandar fiscalización del comportamiento de la patrulla fronteriza. El Border Network for Human Rights ha estado enviando anualmente delegaciones a Washington para educar a los funcionarios elegidos sobre las realidades de la vida en la frontera y la necesidad de una reforma migratoria.

CÓMO SE MUERE EN EL DESIERTO:
LAS SEIS ETAPAS DE LA HIPERTERMIA

En distintas formas, muchos “vagabundos” son castigados por querer trabajar y vivir donde no nacieron. Los muertos en la región fronteriza entre México y Estados Unidos han ido en aumento hasta llegar a 350 personas muertas por año entre 1995 y 2006. En los últimos años la cifra supera los 500. Sólo el desierto del Valle Imperial en California cobra un mínimo de 50 vidas al año.

La hipertermia -excesiva temperatura corporal- y la carencia de agua y comida son las principales causas de muerte. La hipertermia, de acuerdo a Nevins, es una muerte espantosa que pasa por seis etapas. Las primeras dos son el estrés y la fatiga por recalentamiento corporal. Luego viene un síncope a base de fiebre y piel fría. El rostro palicede y la persona se marea. Los músculos quedan acalambrados y adoloridos, tan castigados que pueden doblegarte del dolor. La persona queda entonces exhausta por recalentamiento. Aumenta la fiebre, el dolor de cabeza, las náuseas y el vómito. La piel de la víctima se pone tan fría que la persona tirita, se desmaya y puede tener un ataque cardíaco. El golpe calórico es la etapa final. Ocurre cuando el cuerpo está tan caliente que las víctimas a menudo se quitan la ropa para disminuir la sensación de extrema incomodidad. Entonces los órganos y músculos colapsan. El tránsito entre estas etapas produce desorientación y mengua la capacidad de tomar medidas efectivas para sobrevivir.

Y dado que los controles y rechazos se han globalizado, las muertes -sus motivaciones y causas- también son homo¬geneizadas en fronteras asiáticas, africanas y europeas. En los Mares del Sur, en el Mediterráneo y en el Atlántico. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía declaró en su informe Derechos Humanos en la Frontera Sur 2009 que ese año un total de 109 migrantes perdieron la vida o desaparecieron intentando alcanzar las costas de Andalucía. En todo el Mediterráneo hubo un total de 168 víctimas, la mayoría del África subsahariana y del norte de África. En 2008 se registraron 342 muertos/desaparecidos. ¿Por qué arriesgarse tanto? ¿Vale la pena elegir de qué muerte se va a morir cuando no se puede elegir qué vida se puede vivir? La respuesta la dio un migrante a punto de cruzar el desierto donde un día antes encontraron el cadáver de una amiga: Nuestras necesidades son más grandes que nuestros miedos.

LAS TRES PLAGAS
QUE AMENAZAN EL MUNDO

Las autoridades migratorias enfocan el problema desde otro ángulo. Las autoridades federales se conforman con denunciar a los coyotes o la imprudencia de los migrantes. Johnny Williams, en un tiempo director de la región oeste del Immigration and Naturalization Service, ofreció una recompensa de 5 mil dólares por información que condujera al arresto de coyotes. Los traficantes de personas -afirmó Williams- representan uno de los peligros más grandes que enfrentan los que cruzan la frontera de forma ilegal y deben ser llevados ante la justicia. ¿Y qué hacemos con los traficantes de murallas?

Kapuscinski dio su diagnóstico sobre estos traficantes, diseñadores e ideólogos de los cercos, separaciones, xenofobias y rechazos: “Al mundo lo amenazan tres plagas, tres pestes. La primera es la plaga del nacionalismo. La segunda es la plaga del racismo. Y la tercera es la plaga del fundamentalismo religioso. Las tres tienen un mismo rasgo, un denominador común: la irracionalidad, una irracionalidad agresiva, todopoderosa, total. No hay manera de llegar a una mente tocada por cualquiera de estas plagas. En una cabeza así arde constantemente una santa pira en espera de víctimas. Todo intento de entablar una conversación serena está condenado al fracaso. Aquí no se trata de una conversación, sino de una declaración. Que asientas a lo que él dice, que le concedas la razón, que firmes tu adhesión. Si no lo haces, ante sus ojos no tienes ninguna importancia, no existes, pues sólo cuentas como un instrumento, como un arma. No existen las personas, existe la causa. Una mente tocada por semejante peste es una mente cerrada, unidimensional, mono¬temática y sólo gira en torno de un único tema: el enemigo. Pensar sobre el enemigo nos alimenta, nos permite existir. Por eso el enemigo siempre está presente, nunca nos abandona”.

El Department of Homeland Security es hijo de esta cultura monotemática centrada en la ubicación y persecución de enemigos. Como la Inquisición, la Gestapo o los verdugos y soplones durante la época del Terror que siguió a la revolución francesa siempre está a la caza de enemigos. Ve enemigos en todas partes. En cualquier viajero y su equipaje o atuendo. Todo suscita su pánico y activa su hipersensible alarma: turbantes, medicamentos, quesos, embutidos, regalos empacados, regalos a medio empacar, cortauñas, botellas, champú… Todo puede convertirse en un arma letal.

El Department of Homeland Security es de esas maquinarias que, una vez activado el motor de arranque, adquieren vida propia y siempre encuentran combustible en su derredor. Lo hallan en los prejuicios, en la ambivalencia de los políticos, en el pánico y la paranoia, en la religión de la conspiración, en la dinámica del capital. Es una guillotina automática y desorbitada que se sirve de racionalizaciones, del celo administrativo, de los reglamentos, jueces, sensores, estadí¬grafos y concepciones sobre la legalidad, al tiempo que echa mano del mal humor persistente u ocasional de los patrulleros fronterizos, de sus complejos de inferioridad y su sadismo mal soterrado, de la inevitable discrecionalidad propia de la condición humana, de “los errores del opresor, la afrenta del soberbio, las dilaciones legales, la insolencia del alto funcionario”. Es una maquinaria que todo lo recicla en aras de su persistencia.

Es una maquinaria al servicio de lo que el fotógrafo David Bacon identificó como una voluntad, no tanto de frenar la migración, como de definir el estatus de cierto tipo de seres humanos como subordinados. De esta forma, los migrantes que tienen éxito en cruzar la frontera tienen que vérselas con las vejaciones e inseguridad asociadas con su condición de “aliens” e “ilegales”.

“ME VOY PAL NORTE,
SIN PASAPORTE, CON LAS PATAS...”

Cuando en sus Travels with Charley Steinbeck indagó por la creciente movilidad de muchos estadounidenses y sus implicaciones sobre el desarraigo, uno de sus interlocutores comentó a quemarropa: “¿Quién tiene permanencia? Las fá¬bricas cierran, te mudas. Cuando los buenos tiempos llegan, te mudas donde las cosas son mejores. Si tienes raíces, te sientas y mueres de hambre. Mira a los pioneros de los li¬bros de historia. Estaban en movimiento. Toma la tierra, vén¬dela y múdate. Yo leí en un libro que la familia de Lincoln vino a Illinois en un bote. Tenían algunos barriles de whisky a modo de cuenta bancaria. ¿Cuántos niños en Estados Unidos permanecen en el lugar donde nacieron si pueden irse?”

Como el interlocutor de Steinbeck hace 50 años, Bauman encuentra en la actualidad mucha sensatez en desplazarse ‘buscando vida’: “El deseo de los hambrientos de trasladarse allí donde abundan los alimentos es el que cabe esperar de seres humanos racionales; dejarlos actuar de acuerdo con sus deseos es la actitud correcta y moral, según indica la conciencia... Es difícil negarles a los pobres y hambrientos, sin sentirse culpable, el derecho a ir adonde abundan los alimentos, y es virtualmente imposible presentar argumentos racionales convincentes de que la migración sería una decisión irracional. El desafío es sobrecogedor: se trata de negarle al prójimo el derecho a la libertad de movimiento que se exalta como el logro máximo del mundo globalizado, la garantía de su prosperidad creciente…”

Por eso muchos hombres y mujeres sienten que su imaginación del mundo quedó muy bien reflejada en la canción de Calle 13 “Pal norte”: Hoy me voy pal norte / sin pasaporte/sin transporte / a pie, con las patas / pero no importa, este hombre se hidrata / Por lo que retratan mis pupilas / cargo con un par de paisajes en mi mochila / cargo con vitaminas de clorofila / cargo con un rosario que me vigila… Por el desierto, con los pies a la parrilla / Vamos por debajo de la tierra, como las ardillas / Yo voy a cruzar la muralla/yo soy un intruso/con identidad de recluso / y por eso me convierto en buzo / y buceo por debajo de la tierra / pá que no me vean los guardias y los perros no me huelan / Abuela, no se preocupe/que en mi cuello cuelga la Virgen de Guadalupe.

A pesar de tantos pesares, de tantas fronteras, el caballo de Troya, se mueve. Sin embargo, se mueve. Y lo sigue haciendo en ambas direcciones.

INVESTIGADOR DEL SERVICIO JESUITA PARA MIGRANTES DE CENTROAMÉRICA (SJM). MIEMBRO DEL CONSEJO EDITORIAL DE ENVÍO.

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