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  Número 337 | Abril 2010
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Nicaragua

Espejismos

Tal vez el intensísimo calor que anuncia y despide anualmente la Semana Santa en tierras centroamericanas explica los espejismos del actual momento político. Tal vez.

Equipo Nitlápan-Envío

Marzo reveló desesperación entre los actores que dominan el escenario político nacional. En el telón de fondo de ese escenario permanece pendiente el nombramiento en la Asamblea Nacional de dos docenas de funcionarios de alto rango. Y en el escenario ya aparecieron el desarrollo final y los resultados de las elecciones regionales del Caribe.

Saliendo de las tablas, caminamos todos, actores y espectadores-votantes, hacia el momento electoral. Un año y medio nos separa de las elecciones generales de noviembre de 2011. Y en el camino, calor, desesperación y sed producen espejismos.

AÚN SIN HUMO BLANCO

Son ocho de veinticinco los funcionarios de alto rango que permanecen enquistados en sus cargos, a pesar de habérseles vencido -en diciembre, febrero y abril- su período constitucional. Un magistrado del Poder Electoral, cuatro de los cinco contralores y tres magistrados de la Corte Suprema de Justicia continúan activos y arbitrando en las instituciones del Estado, cobrando sus salarios, favorecidos por el ilegal decreto presidencial del 9 de ene¬ro de 2010, que los mantiene en sus puestos.

De la Asamblea Nacional -a quien corresponde nombrar a esos veinticinco funcionarios- no salen aún señales de humo blanco. Y mientras podemos suponer que el PLC está negociando con el FSLN la lista definitiva de los elegidos, los juristas no se cansan de afirmar que si el decreto presidencial de enero es ilegal no tiene, por tanto, ningún valor legal todo lo que están haciendo o deshaciendo, todo lo que harán los funcionarios empotrados. Afirman que están cometiendo el delito de usurpación de funciones y que podrían ser procesados por eso.

EN LA COSTA: UN TERMÓMETRO

Mientras estas negociaciones avanzan en secreto y el debate legal sobre el decreto presidencial continúa sobre la mesa, todos los movimientos políticos, abiertos y encubiertos, tienen que ver ya con las elecciones generales. ¿Qué significaron para los 2011 los comicios del domingo 7 de marzo, cuando los costeños eligieron a los 90 concejales que integrarán los dos gobiernos de las regiones autónomas del Caribe?

Algunos esperaban que significarían un esfuerzo del Consejo Supremo Electoral (CSE) para rehabilitarse y recuperar algo de su perdida credibilidad tras el fraude de noviembre 2008. Pero no hubo signos de rectificación.

Continuaron las anomalías en la entrega retrasada y partidarizada de cédulas. No se permitió la observación nacional ni a Ética y Transparencia ni al IPADE. Solamente fue acreditado el organismo regional CEDEHCA. Por primera vez, el CSE impidió a los periodistas de los dos diarios nacionales, “La Prensa” y “El Nuevo Diario”, asistir a las conferencias de prensa donde el Consejo anunció los resultados casi definitivos y asignó los escaños.

Por otra parte, además de una tinta no indeleble que pudo haber facilitado votos dobles o hasta triples en algunas juntas, y además de un padrón de votantes no depurado, se repitieron en los comicios algunas de las irregularidades que en 2008 alteraron los resultados. Todo, fruto del “control partidario de las estructuras electorales, lo que sigue siendo el problema crucial del sistema”, como afirmó IPADE en su informe conclusivo.

Los ojos externos que presenciaron las elecciones caribeñas fueron los de cinco miembros de una misión técnica, no de observación, de la Unión Europea, que estuvieron en el terreno un par de semanas antes de las elecciones, con el objetivo de informar únicamente a las autoridades de la UE.

En el último minuto, el CSE, buscando mejorar su imagen para el 2011, invitó al secretario de asuntos políticos de la OEA, Dante Caputo, y lo llevó de visita a varias mesas de votación durante la jornada electoral. Al dejar el país, Caputo anunció que esperaba que la OEA pudiera actuar como observadora en las elecciones de 2011. Al que más le conviene esto es al gobierno, si quiere legitimar un segundo mandato del FSLN.

LA DIVISIÓN LIBERAL

En las elecciones del Caribe compitieron cuatro alianzas y tres partidos nacionales sin presencia en la Costa, que emergieron casi de la nada para estos comicios y que obtuvieron resultados insignificantes.

Los liberales del PLC de Alemán y los liberales del MVE de Montealegre tenían anunciada para el 14 de marzo -para tan sólo una semana después de las elecciones costeñas- la firma de la unidad de ambos grupos, tras meses de mediación del obispo de Estelí, Abelardo Mata, que actúa como garante de los acuerdos a los que lleguen.

Sin embargo, a pesar de que ese proceso de unidad estaba ya en marcha, el PLC y los del MVE se inscribieron divididos para estos comicios. Lo hicieron así para medir fuerzas, para calibrar quién lidera el sentimiento anti-FSLN, para demostrar quién debe ser ungido como líder de la oposición y quién el candidato presidencial que enfrente a Ortega en 2011. No fueron dos distintos proyectos para resolver los reales problemas de la Costa los que determinaron los candidatos que seleccionaron ambos grupos liberales para concejales ni los que decidieron las alianzas que hicieron. Ni fueron dos programas diferentes los que explican la división con la que se exhibieron en el Caribe.

“FRAUDE TÉCNICO”

El PLC participó en alianza con pequeños partidos costeños y el MVE lo hizo aliado a los siempre escurridizos liberales de ALN. Montealegre y Alemán hicieron fugaces apariciones en el Caribe, cada quien acuerpado por su propia barra. La división latente -a pesar del proceso de unidad- se agrió más en vísperas de los comicios, cuando el PLC comenzó a denunciar que habría un “fraude técnico” y el dirigente del PLC Wilfredo Navarro se encargó de denostar con palabras gruesas a Montealegre, acusándolo de ser cómplice con ALN del fraude promovido por el FSLN para darle al partido de gobierno más votos y más concejales en los dos gobiernos regionales, a costa del PLC. Después de las elecciones continuó, con más fuerza, el aparatoso enfrentamiento y el PLC, “ofendido”, canceló el proceso de unidad con Montealegre.

GANÓ LA ABSTENCIÓN

Con fraude o no, con más o menos irregularidades e inconsistencias comprobadas por EyT e IPADE -aunque fuera de los centros de votación, ambos organismos no dejaron de estar presentes in situ-, los grandes ganadores de estas sextas elecciones caribeñas fueron la apatía y el desencanto, con alguna excepción en alguna de las 30 circunscripciones-, traducidas esas actitudes en una abstención del 67% del total de votantes. Desde las segundas elecciones regionales costeñas la abstención viene incrementándose cada cuatro años. En las de 2006 llegó al 56%. El incremento este año de esa indolencia política parece ser, más que una respuesta al descrédito del CSE, un voto castigo a los partidos nacionales y a las autoridades regionales, que viven más pendientes de los intereses de los líderes de los partidos nacionales que los promueven que de las necesidades de las comunidades que los eligen.

El 26 de marzo, el CSE, adelantándose a las fechas establecidas por la ley electoral, asignó los escaños de concejales en base a lo que presentó como resultados finales, cuestionados totalmente por el PLC y parcialmente por EyT y por IPADE. En el Caribe Norte, el FSLN mantiene el control del gobierno regional que comenzó a tener hace cuatro años: quedó con 22 concejales, el PLC con 10 y el partido costeño Yátama, aliado del FSLN, con 13. En el Caribe Sur, en donde el PLC siempre mantuvo el control, el CSE asignó 19 concejales al FSLN, 3 a su aliado Yátama, y 20 al PLC, que reclama por el robo de 4 concejales. En el Norte ninguno de los tres partidos pequeños obtuvo escaños. En el Sur, ALN, aliada del grupo de Montealegre, quedó con 2 y APRE con uno.

UN ESPEJISMO COMO PRETEXTO

La Costa Caribe es prácticamente la mitad del territorio nicaragüense. Sin embargo, la desigualdad en infraestructura y oportunidades en una y otra mitad de nuestro país es escandalosa. Sólo un ejemplo: en la mitad que controla el gobierno central hay 20 mil kilómetros de carreteras pavimentadas y en esa otra mitad que es el Caribe se han asfaltado solamente 80 kilómetros.

Mientras se discute y se lucha por la integración centroamericana, Nicaragua es el país de Centroamérica menos integrado territorialmente y aún no existe la carretera que nos lleve de las costas del Pacífico a las del Caribe. Qué harán los nuevos gobiernos costeños para lograr mayor equidad, basándose en la autonomía regional, vigente apenas en los papeles, lo iremos viendo en estos cuatro años. Esperando verlo, lo que ya quedó claro es que las elecciones costeñas contribuyeron a que el PLC fabricara un espejismo.

Un espejismo es una ilusión óptica. Rodeados de circunstancias especiales el ojo ve en el horizonte algo que en la realidad no existe. Con ocasión de las elecciones caribeñas, el PLC que sigue obedeciendo a Alemán proyectó el espejismo de una grave fisura en la unidad de los liberales provocada por Montealegre y su grupo. Es real el mal desempeño de los concejales del PLC y el desgaste del partido de Alemán en zonas tradicionalmente liberales. Es real una campaña electoral que, una vez más, tuvo muy poco en cuenta lo que pasa en el Caribe y que eso debilitó al PLC en las urnas. Eso es real. También son reales las irregularidades del CSE para dejar en mejor posición al FSLN. Lo que no es real, sino pretexto, un espejismo, es la “canallada” de Montealegre, presentado por los dirigentes del PLC como “apéndice” del FSLN en complicidad con el partido de gobierno en un fraude para afectarlos.

Esa confabulación y la alegada gravísima desunión es un espejismo proyectado por el PLC, preparando condiciones que justifiquen las negociaciones bilaterales que lleva adelante con el FSLN para repartirse entre ambos cuotas de poder para los próximos cinco años a través de los altos cargos en juego, para elegir en esa repartición a magistrados de un CSE muy parecido al actual -que seguiría controlado por el FSLN- y para empezar a delinear ya el escenario de la competencia electoral del 2011 con el PLC y Alemán dominando las tablas. En resumen, para activar un nuevo episodio del pacto con el FSLN.

ALEMÁN CANDIDATO

El plan del PLC quedó más claro cuando, después de las elecciones costeñas y ya proyectado el espejismo de la ruptura de la unidad, Alemán buscó sacar partido de la “complicidad” de Montealegre en una concentración de sus bases rurales en Boaco, zona tradicionalmente liberal. Ante sus seguidores, el domingo 21 de marzo se lanzó ya como candidato presidencial para 2011. Aunque su anuncio fue de pre-candidatura para unas primarias que su partido propone para el próximo mes de julio, en su discurso no quedó duda de que Alemán pretende encabezar a las “fuerzas democráticas” y ser líder de la “unidad opositora” que competirá con Ortega en 2011.

En su discurso en Boaco, Alemán remedó a Daniel Ortega en la campaña de 2006 y pidió, como Ortega, que le dieran “otra oportunidad” para gobernar. Parodió también nada menos que a Martin Luther King, organizando sus promesas en la continua reiteración de que él “tiene un sueño”. Al desenguaracar ese sueño, esbozó un “acuerdo con la nación” para cuando sea Presidente: prometió “un país de propietarios”, “un gobierno de meritocracias” sin “padrinos”, una “revolución educativa”, la construcción de cinco escuelas diarias…

¿ESE PASADO YA PASÓ?

Los dirigentes del PLC anunciaron que Alemán mostraría su “músculo” reuniendo entre 15 y 18 mil seguidores en Boaco. Pero la concentración no pasó de unas 3 mil personas. Muchas llevaban ya las camisetas rojas con la consigna de la próxima campaña electoral: “Arnoldo vuelve”.

El día antes a la concentración liberal, la sociedad civil, preocupada por las negociaciones encubiertas que el PLC lleva adelante con el FSLN para repartirse los veinticinco cargos, convocó a una marcha que llamó “de las escobas” para barrer la corrupción y exigir de los diputados la selección de nuevos funcionarios idóneos. Alemán y Navarro hicieron burla de la marcha y de la sociedad civil. Apenas llegaron unas 2 mil personas. Fracaso, pues, en ambos bandos.

Mientras la sociedad civil carece de fuerza organizada para convocar, el deterioro de Alemán, en su propia organización y maquinaria, tiene una base real. Se basa, más que en su documentada corrupción mientras gobernó, en las consecuencias del acuerdo político que siendo Presidente suscribió con Daniel Ortega en 1998 y que se tradujo en el año 2000 en dañinas reformas a la Constitución y a la Ley Electoral.

No podía menos Alemán que referirse a ese acuerdo en Boaco, consciente que es eso lo que más lo debilita ante sus bases rurales. Lo hizo, sin mencionar la maldita palabra “pacto”: “Dejo atrás -dijo- todos los errores, inexperiencias o temas inconclusos de mi primer período de gobierno, a la vez que con el grito de ¡basta ya! dejo atrás todo acuerdo previo que hubiese podido forjarse en épocas pasadas. Fueron circunstancias diferentes, en situaciones coyunturales que ya hoy no existen. Ese pasado ya pasó, éste es mi nuevo compromiso con los nicaragüenses y con Nicaragua. ¡Mi único acuerdo será con Nicaragua!”

¿UNA HISTORIA INTERMINABLE?

Lo menos que puede decirse de la autoproclamación de Alemán como candidato presidencial es que es prematura. Aunque hay quien le gana: Boaco se produjo seis meses después del aún más apresurado anuncio (octubre 2009) de la ilegal sentencia judicial que permitió a Daniel Ortega autoproclamarse como candidato presidencial a la reelección.

Estas anticipaciones, reflejo de desesperación por cerrar el paso a cualquier debate, consulta o posibilidad alternativa, revela a ambos dirigentes como las dos caras de una misma moneda. Ambos se necesitan desde hace años y se crecen necesitándose mutuamente.

En 2011 Ortega necesita a Alemán como contendiente y Alemán a Ortega como rival. Varias encuestas indican que entre quienes en este momento perfilan los medios de comunicación como “líderes” de la oposición, Ortega sólo ganaría ante Alemán.

Por su parte, Alemán, además de querer desesperadamente esa “segunda oportunidad” para seguir disponiendo de los recursos que el control del Ejecutivo brinda, sabe que su mejor resguardo para que sus delitos de corrupción queden sepultados es rivalizar con Ortega haciendo de la propuesta bipartidista una historia interminable.

LA FÓRMULA
ALEMÁN-MONTEALEGRE

Más preocupante que la ambición de Alemán es que, desde bastante antes de Boaco y más todavía después de Boaco, empezó a trazarse en algunos círculos de poder económico y político la fórmula de la “unidad opositora”: Alemán-Montealegre. Algunos empresarios parecen dispuestos a financiarla. Alemán la propone, autoproclamándose como el “abanderado de la unidad”. Se riega la idea de que esta yunta unificaría al liberalismo y resultaría imbatible en las urnas frente a Ortega. Se trabaja el concepto de que, a pesar de todo, Alemán es una realidad política con la que hay que contar, que no se puede prescindir de él, que hay que resignarse a la evidencia de que aún seduce a muchos nicaragüenses.

Aunque Montealegre declaró después de Boaco que no iría en fórmula con Alemán, había declarado tan sólo unos días antes que “no se puede pasar de la tradición a la modernidad si no tenés un pie en la tradición empujándote a la modernidad. No se puede hacer los cambios tan bruscamente”. Quedó claro que “el pie en la tradición” es su creciente cercanía con Alemán y hasta el hacer fórmula con él. Por sus muchos bandazos no resulta creíble que al final ésa no termine siendo la opción de Montealegre.

¿ES CIERTA LA TESIS CRUCISTA?

Tras la aceptación resignada que reconoce el liderazgo tradicional de Alemán y lo acoge sin ascos está la teoría “crucista” (propagada por el ex-embajador de Ortega en Estados Unidos, Arturo Cruz jr.) que afirma que en Nicaragua la tensión tradición-modernidad es central, que el caudillismo tradicional es prácticamente insuperable y que la modernización de esta enquistada cultura política es un esfuerzo sísifico que no prospera.

En su comparecencia ante el Diálogo Interamericano el 24 de noviembre de 2009, Cruz afirmó que “la política caudillista sigue siendo la expresión política dominante en Nicaragua” y al explicar el primero de tres puntos con los que pretendió demostrar esa tesis dijo: “Hay un número significativo de nicaragüenses, quizás la mayoría, cuyas expectativas son escasas y urgentes. Son expectativas que pueden ser satisfechas con un techo sobre sus cabezas (más exactamente con una lámina de zinc) y con una bolsa diaria de arroz y frijoles”.

Que la historia reciente desmienta la despectiva tesis crucista. Para las elecciones presidenciales de 2006, después de los tres disímiles gobiernos de doña Violeta de Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, comenzó a hacerse realidad en Nicaragua una inicial ruptura en la tradicional cultura política: el liberalismo construyó su disidencia con ALN y Montealegre a la cabeza y el sandinismo la construyó fortaleciendo al MRS con Herty Lewites a la cabeza. Ambos, Lewites y Montealegre, venían de las mismas entrañas de sus partidos y los desafiaban, si no plenamente sí con unos primeros pasos.

Autoritarismos caudillistas (FSLN y PLC) compitieron en esas elecciones contra fuerzas algo más modernas y más democráticas en la derecha (ALN) y en la izquierda (MRS). Estados Unidos apostó decididamente a un triunfo de la derechista alianza ALN con la confianza de que la convertiría en el equivalente de la salvadoreña alianza ARENA, que a lo largo de los años 90 había logrado hacer añicos al caudillista PCN.

Daniel Ortega ganó por la división de los liberales, pero Montealegre con ALN quedó en segundo lugar y el MRS creció significativamente: de 10 mil votos que obtuvo en 1996 conquistó 200 mil diez años después. El inicio de un ruptura en la cultura política fue un hecho: ALN y MRS estaban en camino de seguir creciendo.

EL DESMENTIDO DE LA HISTORIA

En peligro el autoritarismo tradicional ante las que se llamaron en 2006 “fuerzas emergentes”, la decisión de los caudillos fue drástica: matar antes de que siguieran creciendo. En febrero de 2008, con una artimaña administrativa, el pacto FSLN-PLC, a través del CSE, le arrebató ALN a Montealegre para entregar esa organización política a un grupo de liberales que se aliaron al FSLN a cambio de prebendas. Y en mayo de 2008, el PLC-FSLN, a través del CSE, canceló con otra artimaña administrativa la personería jurídica al MRS.

A pesar de esta tierra arrasada para seguir abonando a la tradición caudillista, en las elecciones municipales de 2008 Montealegre aceptó participar con su grupo en coalición con el PLC y bajo su bandera, llevando en importantes municipios a candidatos propios. Y el MRS pidió a sus simpatizantes votar contra los candidatos de Ortega en todos los municipios.

Tuvieron de nuevo éxito los “emergentes” y el FSLN se vio obligado a pagar el alto costo político de realizar un ya muy documentado fraude electoral para alzarse con la victoria en al menos 40 municipios, la capital y varias de las principales cabeceras departamentales. En casi todos ellas competía con los candidatos liberales “emergentes”. Además, Montealegre logró la victoria como candidato a la alcaldía de Managua -triunfo que le arrebató el fraude- por el apoyo que recibió del MRS. Algo similar sucedió en otros municipios. Muy pronto supimos que el fraude electoral fue posible por la complicidad de Alemán con el grupo de Ortega para derrotar a Montealegre y liquidar su movimiento.

Hasta aquí la historia reciente, una historia que desmiente la teoría crucista.

REALIDADES Y ESPEJIMOS

Un espejismo es una ilusión óptica. Rodeados de circunstancias especiales el ojo ve en el horizonte algo que en la realidad no existe.

Es real el desgaste del gobierno de Ortega. En la última encuesta nacional de M&R (10-18 marzo) el 62.2% de los encuestados afirma, como lo viene afirmando consistentemente desde hace ocho meses, que el gobierno de Ortega va “en la dirección equivocada”. Y el 66.5% afirma que no votará por la reelección de Ortega. Eso es real. El espejismo es creer que esa convicción y ese descontento aceptarán a cambio cualquier cosa, que tragarán a Arnoldo Alemán.

Es real que el 65.7% de los encuestados siente “desesperanza” ante el gobierno de Ortega, principalmente por no haber dado respuesta al principal problema que aflige a la mayoría de la población: el desempleo, la falta de oportunidades para conseguir un trabajo fijo. Eso es real. El espejismo es creer que quienes así sienten confiarán en que la yunta Alemán-Montealegre hará renacer la esperanza en un crecimiento del empleo.

Es real el desgaste del FSLN, sus errores y el control social que impone, pero lo es también que en temas tan sensibles como la educación y la salud las políticas de gratuidad y de mejoramiento de estos servicios públicos aplicadas por el actual gobierno han sido eficaces y tienen aceptación y reconocimiento en más del 50% de los encuestados. Eso es real. El espejismo es creer que eso no pesará a la hora de las votaciones y que la yunta Alemán-Montealegre representará para el imaginario de los votantes una mejora sobre lo que ya han recibido de este gobierno, que haciendo hoy una tan considerable acumulación de capital y consolidando hoy un tan poderoso grupo económico aprovechando los canales del Estado, dispondrá de recursos suficientes para seguir incrementando el clientelismo pre-electoral.

Es real que el gobierno de Daniel Ortega atenta contra la democracia porque violenta sin empacho la Constitución y las leyes y cercena libertades civiles y derechos ciudadanos. Eso es real. Es un espejismo creer que ésa será la prioridad que mueva a los votantes.

Es real que la división de la oposición favorece la continuidad de Ortega. Eso es real. Es un espejismo creer que la unidad Alemán–Montealegre derrotará a Ortega. Como lo es creer y hacer creer que oponerse a Ortega es promover la democracia, que la unidad contra Ortega es unidad por la democracia, que luchar por cuotas de poder político -lo que hoy vemos que es la prioridad de la oposición- es luchar por la democracia Es un espejismo creer que cualquier fórmula unitaria desafiará con éxito la reelección de Daniel Ortega.

ORTEGA: VICTORIA SEGURA

Nicaragua ha evolucionado. Es un espejismo no ver esa evolución, como le sucede a Cruz. Lo es también creer que sin un programa realmente alternativo, que no aparece por ningún lado, que sin cierta ejemplaridad en la clase dirigente y sólo con retórica politiquera y machista y con oraciones a la espera de un milagro divino se convence a la gente.

Es real, lo dice la encuesta, que un 56.6% de la población cree que la oposición debe unirse y competir unida y con un único candidato en 2011. Es real que el 57.7% de la población dice no pertenecer a ningún partido y un 54% se define como “independiente”. Eso es real, esa crisis de la representatividad de los partidos políticos es real.

Es un espejismo creer que esa mayoría aceptará el “todos contra Ortega” del 2008, sea cualquiera que sea la opción que enfrente al FSLN. Si Ortega se enfrenta a Alemán ganará Ortega. Y si la opción contra Ortega fuera el dúo Alemán-Montealegre ganará también y sólo se añadiría una vergüenza más en las muchas que acumula la política nacional.

Si esa yunta es la fórmula, le convendrá más a Ortega unir a los liberales en lugar de dividirlos, como lo logró hace cua¬tro años, porque se dispararía la abstención. En ambos escenarios, con o sin Roberto Rivas en el CSE, Ortega no necesitaría hacer un fraude para legitimar su segundo mandato. La abstención le daría el triunfo.

La candidatura de Alemán, su presencia en la campaña bajo cualquier fórmula, promoverá el triunfo de Ortega, bien sea por el desgaste de su nefasto liderazgo o bien sea por la abstención que provocará en quienes desde hace años comenzaron a hacer una ruptura con la cultura caudillista y han visto abortadas, tanto en la derecha como en la izquierda, las opciones que les servían de cauce de salida para comenzar a construir otra cultura política.

En fórmula con Alemán, Montealegre derrocharía un capital político que desde hace meses va en descenso. Y si Montealegre acepta unirse a Alemán porque “tiene un sueño” de que eso le dará el pase para ser el candidato único e invencible que derrote al FSLN en 2016, contribuirá a construir condiciones de violencia y de desestabilización mayores que las que hoy nos hacen percibir espejismos por todas partes.

CON SED

Un espejismo es una ilusión óptica. Rodeados de circunstancias especiales el ojo ve en el horizonte algo que en la realidad no existe. Las circunstancias políticas actuales son tórridas, confusas, hay mucha sed de poder y una desmedida ansiedad cortoplacista para llegar al “agua” espejada falsamente en el horizonte, incapaz de calmar la sed de justicia y de democracia que tiene la mayoría de la población nicaragüense, a la que cada vez es más grave engañar con espejismos.

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