Envío Digital
 

Revista Envío
Edificio Nitlapán,
2do. piso
Universidad Centroamericana
UCA

Apartado A-194
Managua, Nicaragua

Teléfono:
(505) 22782557

Fax:
(505) 22781402

Email:
info@envio.org.ni

Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 32 | Febrero 1984
Inicio Escribanos Archivo Suscribase

Anuncio

Nicaragua

Los EU en las elecciones de Nicaragua: tres modelos de intervención

La historia de pasadas elecciones en Nicaragua tiene importantes lecciones, en estos momentos en que el reto es nada menos que hacer una nueva historia, y preparar un proceso electoral diferente, sin la intervención de Estados Unidos.

Equipo Envío

En el Consejo de Estado de Nicaragua se ha discutido desde octubre la ley que regulará las elecciones prometidas por el FSLN en su programa de gobierno y anunciadas para 1985 cuando terminó la Cruzada Nacional de Alfabetización, en 1980.

"Serán las primeras elecciones libres de la historia de este país", han repetido los dirigentes revolucionarios en las últimas semanas, mientras los partidos de oposición -que tanto clamaron por las elecciones- cuestionan ya las próximas, tanto en su totalidad y sentido como en las características con que se perfilan. La mayoría del pueblo, entre tanto, no encuentra en su memoria personal o colectiva ninguna experiencia electoral realmente libre, seria, participativa, a la que remitirse. Para la Nicaragua revolucionaria el desafío electoral es uno más en la larga lista de los desafíos que enfrenta a diario un país que se reconstruye desde sus cimientos para llegar a ser una nación soberana. La historia de pasadas elecciones en Nicaragua tiene importantes lecciones, en estos momentos en que el reto es nada menos que hacer una nueva historia.

Corrupción, injerencia externa y frustración

Centroamérica heredó de España la división. La Corona Española apenas desarrolló en Centroamérica estructuras comerciales o vías de comunicación que permitieran a las distintas provincias -hoy países- relacionarse e integrarse fecundamente entre ellas. Más bien fomentó las relaciones directas de cada una con la metrópoli. La independencia cortó estos vínculos y los fraccionamientos y localismos se acentuaron fuertemente. Los ingleses capitalizaron esta desunión. Más tarde lo harían los norteamericanos. Las continuas guerras o tensiones entre las distintas provincias y, sobre todo, las sangrientas contiendas entre los grupos hegemónicos de cada país (liberales y conservadores) tienen casi todo que ver con esta herencia colonial que las posteriores colonialismos sajones perpetuarían. En Nicaragua, la disputa entre liberales y conservadores no es un disputa entre principios políticos, proyectos sociales o tendencias ideológicas. Es, más bien, la disputa entre las clases adineradas de León y de Granada. Estas disputas se resolverán o agravarán con todo tipo de alianzas, para hacer frente al descontento amenazante del pueblo pobre -la mayoría- que se unía, reclamando paz, pan y participación. Todos los procesos electorales de la historia de Nicaragua pueden mostrar la evolución de estas disputas entre las clases pudientes del país, a la vez que muestran otro dato clave: la impuesta y continua interferencia norteamericana en la vida política nicaragüense. Insinúan, al mismo tiempo, el grado de escepticismo que se fue creando entre la mayoría del pueblo ante las contiendas electorales. Haremos un apunte histórico de 3 de estas elecciones. Las de 1856, cuando un filibustero norteamericano resultó electo presidente de Nicaragua. Las de 1228 reguladas por una ley redactada por un norteamericano y supervigiladas por miles de marines en armas. Y las de 1957, recién asesinado Anastasio Somoza García.

Con variables, un recuento de las elecciones en otros países centroamericanos, mostraría lo mismo: la corrupción de las cúpulas políticas y militares controladas por los sectores económicamente poderosos, la escasa importancia que, por eso, los pueblos centroamericanos han dado a las elecciones y la continua injerencia norteamericana en las mismas, aumentando la corrupción y confirmando el escepticismo y la frustración.

La triste dependencia de Centroamérica respecto de los Estados Unidos se pone de manifiesto, de manera especial, al llegar cada nuevo proceso electoral. "La Embajada" -basta con eso para indicar que se habla de la norteamericana- ha señalado casi siempre sin pudor, cuál es "su" candidato. Cualquier nominación presidencial ha necesitado previamente de este aval. En las últimas dos décadas se ha añadido a este procedimiento más simple, el del "lobby", el del cabildeo. Antes de iniciarse el "juego", comienzan los viajes de los políticos criollos a Washington para medir allí las reacciones de los senadores o representantes más influyentes, para ir de pasillo en pasillo, de oficina en oficina a pláticas previas con comités, comisiones, con el Departamento de Estado, con el Pentágono... Sólo después de este peregrinaje puede elaborarse una candidatura, sólo así se puede garantizar la victoria en una elección. Sobre estos asuntos, los ejemplos, las historias, las anécdotas más increíbles, llenarían muchos libros de "baja" política.

1856: Elecciones filibusteras en los comienzos de la expansión norteamericana

Los Estados Unidos llegaron a Nicaragua tan sólo 28 años después de la Independencia de España y sólo 11 años después del desmembramiento de la Federación centroamericana. Era 1849. Llegaron en la persona del Comodoro Cornelius Vanderbilt, negociante que organizaba los viajes de sus compatriotas hacia California por la ruta de Nicaragua. Un año antes se había descubierto oro en el Oeste norteamericano. La Compañía del Tránsito, de Vanderbilt, se encargaba de transportar a precios módicos y con seguridad a los buscadores afectados por aquella histórica "fiebre de oro".

Las pugnas de Vanderbilt contra "Garrison and Morgan", sus socios iniciales, por el monopolio de estos viajes, agudizaron los conflictos entre liberales y conservadores. En general, la presencia de los norteamericanos -comerciantes, colonos, representantes de los banqueros del norte- fue un agravante de la situación política.

En 1855 los liberales ("democráticos") pidieron la ayuda a los norteamericanos en su guerra contra los conservadores ("legitimistas"). William Walker, un fracasado médico y voluble periodista, ambicioso de aventuras que le compensaron personalmente y poseído de un sentimiento mesiánico de su destino y del destino imperialista de los norteamericanos, respondió a este llamado con 55 mercenarios. Ya tenía experiencia en "trabajos similares". En 1853 había invadido con otros filibusteros el territorio mexicano de Sonora creando allí una República de la que se hizo elegir presidente. A su llegada a Nicaragua, los liberales dieron a "Guillermo Walker" el grado de General, entregándole el mando de sus ejércitos para que con ellos aplastara al de los conservadores.

Esta nueva injerencia norteamericana enturbió aún más el panorama político. Walker no fue un simple asesor militar. Su pretensión trascendía las pugnas internas nicaragüenses: quería anexar Nicaragua a los Estados sureños de Norteamérica, convirtiéndola en un Estado esclavista. Por eso luchó con las armas. Su pretensión era poblar Nicaragua de colonos norteamericanos. A sangre, fuego y prepotencia, estaba dispuesto a hacer realidad este sueño. Desde el momento de su llegada, fusilando a políticos y militares nicaragüenses de una y otra tendencia y arrasando las ciudades, se convirtió "virtualmente en un dictador", según los propios historiadores norteamericanos que contaron con orgullo sus hazañas.

Meses después del desembarco de Walker y sus filibusteros en Nicaragua, había ya en el país 600 mercenarios norteamericanos que estaban integrados como soldados en dos batallones: el de rifleros y el de infantería ligera. Otros 500 norteamericanos vivían en Nicaragua como "negociantes", aunque era también, "aptos para empuñar las armas", según el mismo Walker. Todos estos extranjeros se habían convertido en "nicaragüenses naturalizados", prácticamente desde que llegaban al país. Nicaragüenses con todos los derechos, también el de votar en las elecciones.

En mayo de 1856, en medio de la guerra entre legitimistas y democráticos, estos últimos promovieron una elecciones para presidentes, senadores y diputados, pero sólo en León y Chinandega. La oligarquía granadina impugnó estas elecciones. Para entonces, Walker desconfiaba de liberales y de conservadores, a los que veía ir y venir en vaivenes políticos imprevisibles para él. Desconfiaba también de las alianzas que éstos pudieron hacer contra él, entre sí y con los salvadoreños, guatemaltecos o costarricenses. Esta desconfianza y la confianza que le daba la reciente victoria conseguida contra los costarricenses en la Hacienda Santa Rosa, le llevaron a imponer nuevas elecciones "para el bienestar de los americanos". En estas elecciones que el planeó y convocó determinó resultar elegido, para unir al poder armado -que ya tenía- el poder civil, que aún sentía no controlar del todo.

A esta aventura política le animó también una señal recibida de Washington en mayo: el P. Agustín Vijil, sacerdote católico al que él había enviado a Estados Unidos como su ministro y embajador personal había sido aceptado como Embajador de Nicaragua por el gobierno norteamericano.

La convocatoria de las elecciones se hizo el 10 de junio. El 29 se celebraban ya los comicios, pero sólo en los Departamentos del Pacífico meridional. Con Walker se presentaron otros 3 candidatos, todos "controlables" por él. Los soldados nicaragüenses y norteamericanos fueron licenciados por decreto gubernativo para que votaran. Listas ficticias con votantes ficticios trataron de mostrar a nicaragüenses -y especialmente a los norteamericanos- la amplia participación en todo el país. Sobre un total de 35.000 votantes (otras fuentes hablan de 23.236) Walker obtuvo 16.000 votos (otras fuentes: 15.835). Según la Constitución nicaragüense -la primera que tuvo el país después de rota la federación centroamericana- el presidente no podía ser elegido por votación directa y ésta fue la modalidad llevada a cabo a propuesta de Walker. También prohibía la Constitución votar a un militar en ejercicio o a un extranjero y éste era el caso del electo. La inconstitucionalidad del proceso fue clamorosa desde muchos ángulos.

Walker tenía 32 años cuando llegó a ocupar la presidencia de Nicaragua. Juró su cargo el 12 de julio de 1856 en Granada, la ciudad que apenas medio año después arrasarían sus hombres. Hubo ese día un solemne desfile militar, un solemne acto religioso y un solemne banquete, en el que se hicieron 53 brindis con 53 vinos diferentes. Siete días después, Mr. Wheeler, embajador norteamericano en Nicaragua, reconocía oficialmente el gobierno presidido por Walker. El filibustero había dejado de serlo a pesar de todas las irregularidades cometidas y a pesar de las contradicciones en el seno del gobierno de Washington, el aventurero mercenario recibía trato de estadista.

En el gabinete nombrado por el nuevo presidente todos los ministros eran nicaragüenses y todos los viceministros, norteamericanos. Con ellos Walker comenzó a "reorganizar" a Nicaragua, según sus ambiciosos planes. Estos se manifestaron ya en los primeros decretos. Dio validez legal a la lengua inglesa y desde entonces los documentos oficiales o comerciales eran igualmente válidos en español o en inglés. Confiscó las propiedades de los "enemigos del estado", con "la intensión -son sus palabras- de poner una gran parte de las tierras del país en manos de la raza blanca". (La primera propiedad confiscada a estos "enemigos" comprendía más de 40 haciendas, fue valorada en $753 mil y puesta a subasta entre los norteamericanos, anunciándola en los periódicos de New Orleans, New York y San Francisco).

Pero el más significativo de los decretos fue el del 22 de septiembre, que declaraba legales los contratos de servidumbre personal por tiempo fijo y restablecía la esclavitud en Nicaragua. (La esclavitud había sido abolida en Centroamérica al momento de la independencia, esta abolición había sido uno de los reclamos más sentidos en las luchas independentistas y la constitución vigente en Nicaragua decretaba la pérdida de los derechos ciudadanos al que traficara con esclavos).

La ambiciosa pretensión de Walker unió temporalmente a los centroamericanos, que derrotaron militarmente al presidente filibustero obligándolo a huir de Nicaragua en 1857. En 1860, cuando intentó volver a través de Honduras, alentado por sus compatriotas, que en New York y New Orleans le recibieron como un héroe, fue descubierto y fusilado por los hondureños, precisamente en Puerto Trujillo, el lugar en donde hoy los norteamericanos construyen la gran base militar en Puerto Castilla.

Así pensaba el Presidente Walker

"Por este decreto (se refiere al de restablecimiento de la esclavitud) debe juzgarse la administración de Walker, porque es la clave de toda su política. En realidad, la cordura o la insesatez de este decreto implican la cordura o la insensatez del movimiento americano de Nicaragua; porque del restablecimiento de la esclavitud africana dependía la estabilidad de la raza blanca en el país".

"La introducción de la esclavitud negra en Nicaragua suministraría una cantidad de mano de obra constante y segura para el cultivo de los productos tropicales. Teniendo como compañero al negro esclavo, el hombre blanco llegaría a arraigarse allí, y juntos el uno y el otro destruirían el poder de la raza mestiza, que es la perdición del país".

"Debemos esperar que la posteridad nos hará justicia, si no nos la hacen ahora. Lo que por ignorancia llaman "filibusterismo" no es el producto de una pasión impaciente o de un deseo inmoderado; es el fruto de los instintos seguros o infalibles que obran de acuerdo con leyes tan antiguas como la Creación. Sólo los necios hablan de establecer relaciones perdurables, sin el empleo de la fuerza, entre la raza americana pura, tal como existe en los Estados Unidos, y la raza mestiza hispanoindia, tal como se encuentra en México y Centroamérica. La historia del mundo no ofrece una visión tan utópica como la de al raza inferior sometiéndose mansa y pacíficamente a la influencia dominadora de un pueblo superior. Doquiera que la barbarie y la civilización o dos formas distintas de civilización se encuentren frente a frente, el resultado, tiene que ser la guerra".


(William Walker. "La guerra de Nicaragua". 1860)
* Walker siempre escribe de sí mismo en tercera persona.

1982 - Elecciones supervigladas mientras combate Sandino:

No hay presidente nicaragüense sin apoyo estadounidense

Las ruinas que dejó la guerra nacional contra Walker favorecieron un acuerdo entre liberales y conservadores. Las familias conservadoras granadinas ocupan el poder durante 30 años. Cuando Nicaragua se incorpora al mercado internacional como país productor de café, se hacen necesarias reformas estructurales que los liberales -con Zelaya en la presidencia- implementarán.

La política de Zelaya era marcadamente nacionalista. Sus planes para abrir un canal interocéanico en Nicaragua con capitales europeos, provocaron una fuerte reacción en Estados Unidos, en decidida expansión imperialista a costa de México y de los países de la Cuenca del Caribe. Zelaya tuvo que renunciar a la presidencia por presiones de los Estados Unidos, que cortaron relaciones diplomáticas con Nicaragua para forzar su retirada del escenario. La guerra entre liberales y conservadores rebrotó con fuerza. En 1912, pretextando la defensa de la vida y propiedades de los norteamericanos y llamados por el conservador, Adolfo Díaz, Estados Unidos interviene militarmente en Nicaragua, llegando a movilizar hasta 2,700 marines, que sostuvieron en el poder a los conservadores.

La intervención norteamericana iniciada en 1912 -y que duró con interrupción de unos meses hasta 1933- marcará decisivamente la historia del país y el futuro comportamiento de los grupos políticos. Desde entonces será indispensable para ellos, cuando quieran obtener o conservar el poder, el contar con el apoyo del embajador y gobierno estadounidense.

Entre 1912 y 1925 -primera etapa de la intervención- se desarrollaron 3 elecciones presidenciales en Nicaragua, que ganaron siempre los conservadores. Los norteamericanos eran observadores de estos comicios, intervinieron en la modificación de los reglamentos electorales, etc. El 3 de agosto del 25 los marines dejaron Nicaragua, después de asegurar en el poder a una alianza conservadora-liberal. A fines de ese mismo mes surgía ya la crisis. Los marines desembarcarán nuevamente en 1926, esta vez en Bluefields, para defender a los norteamericanos residentes, preservar sus propiedades y "neutralizar" zonas del país. De hecho, combaten en favor de los conservadores. Estados Unidos entrega la presidencia a su incondicional Adolfo Díaz. Juan Bautista Sacasa, el liberal a quien por la constitución vigente correspondía la presidencia, es apoyado por el gobierno mexicano en su "guerra constitucionalista".

Un pacto para la "paz" en el traspatio

Estados Unidos temía que el gobierno mexicano, nacionalista, que apoyaba a los liberales nicaragüenses, pretendiera extender su hegemonía en Centroamérica. El apoyo diplomático y en armas que el gobierno mexicano de Calles daba a Sacasa era visto como un desafío en un área que ya entonces consideraba Estados Unidos como su traspatio. El "Memorandum on Nicaragua", escrito por el Secretario Adjunto de Estado Robert Olds (enero 1927) era claro: "Si alguna vez un país ha tenido un interés especial en un área determinada, no hay duda de que éste es el caso de los Estados Unidos con respecto a los países situados al sur de la república de México. Así lo ha reconocido tácitamente el mundo entero hasta este momento".

La justificación ideológica en la intervención en Nicaragua -incrementada en enero del 27, cuando estaba en receso el Congreso norteamericano, con 16 barcos de guerra, 215 oficiales, 3.900 soldados y 865 marines- fue ésta: existía la evidencia de que México "exportaba la revolución bolchevique hacia las repúblicas centroamericanas". La prensa norteamericana vinculada económicamente a los consorcios petroleros -dueños ya de casi todos los importantes yacimientos mexicanos- lanzaron la campaña. Olds indicó a las agencias informativas que el propósito de México no era otro que "establecer una autoridad bolchevique en Nicaragua para meter una "cuña hostil" entre los Estados Unidos y el Canal de Panamá".

Parte del Congreso norteamericano y sectores significativos de la opinión pública europea, latinoamericana y norteamericana, no creían en las acusaciones contra México y tampoco aceptaban la intervención en Nicaragua. En sólo 2 semanas el gobierno norteamericano tuvo que recurrir a 8 justificaciones distintas para "vender" la idea de la necesidad de la intervención, pero sin éxito. Crecía tanto el malestar que se hacía urgente para el presidente Coolidge el sacar cuanto antes a los interventores, mediante una fórmula capaz de lograr una duradera reconciliación interna y de procurar una buena imagen a la política exterior de Estados Unidos, pues Coolidge preparaba su reelección.

La fórmula fueron las "elecciones supervigiladas". Quien había de proponerlas era el enviado especial del presidente, Henry L. Stimson, abogado newyorkino, que llegó a Nicaragua en abril de 1927. en Tipitapa, a la sombra de un espino negro, se concreto verbalmente el Pacto del embajador especial Stimson con el jefe militar de los liberales, El Gral. Moncada. Liberales y conservadores se comprometían a deponer las armas -asi cesarían la guerra civil- y a aceptar la presencia militar norteamericana mientras Estados Unidos organizaba un nuevo ejército "apolítico", la Guardia Nacional. El compromiso abarcaba también la aceptación de la fórmula de la supervigilancia en las elecciones presidenciales de 1928, en las que Estados Unidos apoyaría la candidatura de Moncada para presidente.

Para Stimson era claro que después de 15 años de gobiernos conservadores una victoria de los liberales en urnas vigiladas por norteamericanos rompería el mito de que Washington siempre apoyaba a los conservadores. Por otra parte, éstos con su entrega incondicional a los norteamericanos, ya habían tocado fondo en su despretigio a nivel popular. La buena imagen y la crisis económica mundial -que ya se avizoraba- aconsejaban a Washington un gobierno liberal.

Sólo falló una pieza en esta fórmula: la actitud patriota de un general liberal, Augusto C. Sandino, que decidió no pactar con el pacto de su superior Moncada, decisión que fue tan histórica como histórica había sido la traición de Moncada.

Así empezó la nueva historia

"Con su palabra fácil (Moncada) procuró convencerme de una vez, respecto de la claudicación, diciéndome que sería una locura pelear con los Estados Unidos de Norteamérica, porque es aquella una nación poderosa que tiene ciento veinte millones de habitantes; que yo no podría hacer nada con trescientos hombres que tenía a mi mando. Que nos sucedería igual que a una presa que está bajo la garra de un tigre, que tanto más se la mueve, más se le ahondan las uñas.

Sentí un profundo desprecio desde ese momento por Moncada. Le dije que yo consideraba un deber morirnos o libertarnos...

No era posible que yo fuera indiferente a la actitud asumida por un traidor. Recordé en esos momentos las frases hirientes con que nos calificaban a los nicaragüenses en el exterior. Así pasé tres días en el cerro de El Común, abatido, triste, sin saber a actitud tomar, si entregar las armas o defender el país, que reclamaba conmiseración a sus hijos. No quise que mis soldados me viesen llorar, y busqué la soledad.

Allí sólo, reflexioné mucho, sentí que una voz extraña me decía: "¡Vende patria!". Rompí la cadena de reflexiones, y me decidí a luchar, comprendiendo que yo era el llamado para protestar por la traición a la Patria y a los ideales nicaragüenses, y que las balas serían las únicas que deberían defender la soberanía de Nicaragua, pues no había razón para que los Estados Unidos intervinieran en nuestros asuntos de familia. Fue entonces cuando publiqué mi primer manifiesto".
(Augusto C. Sandino. Mayo 1927)


La decisión de Sandino, aquella noche, transformaría la estéril guerra civil de tantos años en una larga guerra de liberación nacional, en la primera guerra de guerrillas del continente americano.

La fórmula de la supervigilancia

La "supervigilancia" propuesta por Stimson consistía, entre otras cosas, en que los presidentes del Consejo Nacional de Elecciones y de los 13 Consejos Departamentales habían de ser norteamericanos el conteo de los votos y el derecho a vetar candidatos y a arbitrar en las disputas políticas de los partidos en materia electoral. Se proponían un poder electoral omnímodo, claramente anticonstitucional.

La ley electoral vigente entonces era la Ley Dodds, que había regulado las elecciones de 1924. Fue redactada por el Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Princeton, Harold Dodds, después de que en 1920 Washington comunicara unilateralmente a Managua que su legislación electoral necesitaba ser modificada.

El "Supervigilante" -que, según el Plan Stimson, debía ser nombrado por el presidente norteamericano- fue el General Frank Ross McCoy, del Estado Mayor del Ejército Estadounidense. Una de sus primeras misiones fue redactar, con un experto del Departamento de Estado y en consulta con Dodds el reglamento que regularía las elecciones supervigiladas.

Así vio a Mc Coy el periodista

"El General McCoy es uno de esos tipos de voluntad de hierro, superlógicos y de una sola línea, cuya recia mandíbula no admite una sola onza de contemporización. Después de haber consultado el caso con el general Chowder, Kellog, Hughes y otros, formuló un plan para supervizar las elecciones en Nicaragua. Programado el plan, pasó éste a ser como la Santa Biblia al que no se le podía poner una tilde en la "i" ni la crucita a la "t"; y este hombre era ahora el Moíses del Monte Sinaí de Nicaragua con su Decálogo de las Tablas de la Ley (la ley electoral, llamada por el pueblo nicaragüense ley McCoy). Esta ley, y su promulgación la haría aprobar aun cuando todo el infierno se congelara. Nada de lo que pudiera surgir en Nicaragua le haría alterar una pizca del programa que había elaborado.

No cabe duda de que sin el respaldo ilimitado de todos los poderes de Estados Unidos, el general McCoy hubiera sido un rotundo fracaso. Con todo ese poder pudo haber hecho que los nicaragüenses construyeran una escalera hasta Marte. No obstante, el general se jactaba de ser un hombre práctico y testarudo. Creía haber descubierto un plan ideal para la salvación de Nicaragua; una perfecta utopía democrática... una utopía que él exponía ciegamente y me la explicó con fervor de fanático, tan dogmático y tan rectilíneo como el más rabioso comunista.

Como por ironía, hay una curiosa semejanza entre la línea del pensamiento del comunista estadounidense y la del imperialista estadounidense. Ambos navegan en un mar de irrealidades. En Haití, en Nicaragua o las Islas Filipinas, el imperialismo bien comunista hace caso omiso de la realidad política estadounidense porque no tiene ninguno".

Carleton Beals, periodista norteamericano, el primero y el único que entrevistó a Sandino durante la guerra contra los marines (1928).


Estaba vigente en el país la Constitución de 1911, que especificaba que correspondía al Poder Legislativo de Nicaragua realizar el escrutinio electoral. La propuesta Stimson empezó por esto, a encontrar fuerte oposición en el Congreso Nicaragüense, en donde dominaban los conservadores, que en principio se opusieron a la supervigilancia, temerosos de perder en ellas el poder asegurado por tantos años. Los norteamericanos recurrieron a todo para lograr el necesario consenso bipartidista nicaragüense que superara la inconstitucionalidad de la propuesta. Recurrieron hasta a Charles Lindergh, el famoso piloto. Muy popular por aquellos años en Nicaragua y en toda América Latina, y le encomendaron la misión de hablar ante el Congreso de Nicaragua sobre las ventajas de la supervigilancia electoral. Lindbergh sabía volar, pero no supo convencer a nadie con sus palabras. A medida que se acercaban las elecciones y el partido conservador se perfilaba como el claro perdedor, su postura de oposición a la supervigilancia ser irá dulcificando, para llegar, al final, a una clara colaboración con los planes norteamericanos a pesar de que, de hecho, la "Ley McCoy" tuvo que ser aprobada por Adolfo Díaz, al margen del Congreso nicaragüense. Unicamente así tenían los conservadores la posibilidad de volver algún día al poder.

A finales de 1927 tocaba realizar elecciones municipales. Los marines ocupantes recibieron de McCoy el consejo de permanecer cerca de los colegios electorales y, entre otras, la orden de no prohibir el alcohol y, más aún, de conducir a los borrachos en dirección a las urnas para que votaran. Sin vigilar aun el proceso, McCoy y la embajada se dieron cuenta de las prácticas fraudulentas. Esto les dio una razón más para justificar la supervigilancia en las presidenciales.

A medida que avanzaba el año 1928 se iba perfilando el gran obstáculo para las elecciones mismas y para la imagen que de ellas se quería dar. El obstáculo, era Sandino y su "pequeño ejército loco", como le había llamado con admiración y cariño Gabriela Mistral. Aunque Sandino mantenía en jaque a los marines, McCoy insistía en menospreciarlo públicamente. En el "Evening Star" de Washington (13-V-1928) lo calificaba de "simplemente un hombrecito escurridizo vagabundeando por las montañas". Además del hostigamiento a que Sandino sometía a las tropas norteamericanas, Moncada había contribuido a convencer a McCoy de la peligrosidad del "rebelde", explicándole cómo su proyecto no era otro que el de hacer de Nicaragua un "estado bolchevique"...

Ya cercanas las fechas, y dispuesto a que las elecciones se celebraran a toda costa, McCoy comenzó a tomar medidas drásticas. La primera fue destituir a todas las autoridades civiles locales en los departamentos norteños, bajo sospecha de que eran sandinistas, sustituyéndolas por oficiales de marines. Cuando McCoy supo que Blanca Arauz, telegrafista de San Rafael del Norte (Jinotega), era la esposa de Sandino, decidió que los norteamericanos controlaran totalmente a nivel nacional los teléfonos, la radio y los telégrafos, un tiempo antes de las elecciones. McCoy propuso también a Sandino una amnistía si deponía las armas, aunque no dio publicidad a esta medida, en la que confió mucho.

Un mes antes de las elecciones, Moncada -candidato liberal y de los Estados Unidos- y el definitivo candidato conservador, Adolfo Bernard (otros dos candidatos propuestos habían sido descalificados por McCoy), apoyaron públicamente la decisión tomada en Washington en reunión del más alto nivel de que los marines norteamericanos permanecieran en Nicaragua aun después de las elecciones presidenciales y de que se aplicara la supervición norteamericana también en las siguientes elecciones.

Para estas fechas ya estaban creada otra institución de "pacificación" nacida del proyecto de Washington: la Guardia Nacional, dirigida al principio por oficiales norteamericanos. "La Guardia es un instrumento de la política nicaragüense del Departamento de Estado y todo lo que afecte a su organización y eficiencia es de importancia capital para nosotros", escribía en ese mismo mes electoral, Dana Munro, Encargado de Negocios de EE.UU. en Nicaragua a la Secretaría de Estado en Washington.

En domingo 4 de noviembre se celebraron las elecciones. 5.642 y 1.869 guardias nacionales vigilaron armados en todo el país el desarrollo de los comicios. En las costas nicaragüenses había 5 cruceros de guerra con 1.500 marines más dispuestos a desembarcar. Según la Constitución de 1911 sólo podían votar los varones nicaragüenses mayores de 21 años y los mayores de 18 si estaban casados o si sabían leer y escribir. En septiembre y octubre se realizaron los empadronamientos previos a las elecciones. 148.831 personas se empadronaron y las fuentes norteamericanas calculan que votó un 90% de ellas. (En Nicaragua, hasta hoy, no ha habido nunca un censo electoral y las elecciones son precedidas de previos empadronamientos o inscripciones en los registros electorales).

Los marines trajeron hasta Managua, a lomo de mulas, en carretas, en barcos por el lago y los ríos, las urnas electorales para que McCoy contara los votos. Moncada resultó ganador con 76.676. Durante unos días los votantes conservaron en sus dedos la señal de la tinta que los norteamericanos usaron para impedir fraudes. El costo total de los preparativos y de la celebración de estas elecciones fue de 190.000 dólares. Las 2/3 partes de esta cantidad se destinaron al pago del numeroso ejército supervisor.

McCoy se retiró muy sastifecho de Nicaragua, convencido de que había sido el promotor de una "revolución pacífica". Pero si el supervigilante se iba, los marines vigilantes se quedaban. Y esto intensificó la lucha de Sandino.

En julio de 1929 llega a Nicaragua el Supervigilante de las siguientes elecciones al Congreso de 1930: el Jefe de Inteligencia Naval, Capitán Alfred W. Johnson. Con 56 supervisores norteamericanos pudieron evitar. En vista de esto, Stimson, ya entonces Secretario de Estado, propuso a Washington que las elecciones presidenciales de 1932 fueran también supervigiladas. Y así se hizo.

Vencio en ellas el liberal Sacasa, candidato norteamericano. El nuevo presidente Hoover estaba ya dispuesto a retirar de Nicaragua a los marines, impotentes durante casi 5 años, ante las tropas de Sandino. La Guardia Nacional parecía consolidada y al frente de ella los norteamericanos dejaban a un hombre de su entera confianza: Anastasio Somoza García.

Un mes después de retirados los marines, Sandino firmó en 1933 un armisticio con Sacasa. Ofreció tácticamente poner la experiencia de su ejército de campesinos al servicio del nuevo presidente, como garantía de su proceso nacional y popular, mientras luchaba con su ardor característico por demostrar la inconstitucionalidad del nuevo ejército creado por los norteamericanos. El 21 de febrero de 1934 -hace hoy 50 años- Somoza, el general de "ese nuevo ejército", mandó asesinar a Sandino, por consejo de los norteamericanos.

1957: Elecciones familiares en a consolidación del somocismo

Asesinado Sandino, descabezado su ejército, reprimido salvajemente por la Guardia el movimiento cooperativo sandinista en el norte, Somoza -el "liberal" en quien los Estados Unidos iban a concentrar desde ese momento sus simpatías- tenía el camino libre para conseguir la presidencia de la república, contando con el poder de la Guardia nacional que dirigía. En 1936 gana ya las elecciones, después de haber forzado militarmente la renuncia de Sacasa y se inicia la dictadura familiar que durará 43 años.

En 1939 disolvió el Congreso una Asamblea Constituyente que reformó la Constitución, alargando el período presidencial de 4 a 6 años. Así se prolonga su mandato hasta 1947. Para las elecciones de ese año, por consejo norteamericano y por presiones de sus allegados, que temían que el fuerte antisomocismo desembocara en un movimiento armado, no se postuló él sino que lanzo como candidato a Leonardo Argüello, quien con clarísimos fraudes se impuso al verdadero ganador, el Dr. Enoc Aguado, candidato de la oposición. En sólo 26 días, Somoza dio un golpe de Estado a "su" candidato, colocando en la presidencia a un tío suyo que le resultaba más incondicional que el presidente. En las elecciones convocadas para 1950, después de los pactos firmados con el Partido Conservador, Somoza García vuelve a ser elegido. Era el gruto de los consejos norteamericanos recibidos durante su viaje a Washington en 1949.

En 1955, rotos los pactos, Somoza anuncia que será candidato para las elecciones presidenciales de 1957. Dos nuevas agrupaciones políticas -el Partido de Renovación Nacional, de tendencia socialista-marxista, que duró poco, y la Unión Nacional de Acción Popular, germen del actual Partido socialcristiano- hicieron alianza con el Partido Conservador de Nicaragua y el Partido Liberal Independiente para enfrentar a Somoza e impedir una nueva reelección. El Frente Defensor de la República que formaron fue duramente reprimido.

El 20 de septiembre de 1956 se celebró en un teatro de León la convención nacional del Partido Liberal, en el que se hizo la nominación de Somoza García como candidato. El 21, en la noche, se celebraba ya al futuro presidente en el club social de León. Rigoberto López Pérez, cercano a los movimientos progresistas de la época, quiso apresurar "el principio del fin de la dictadura" y disparó contra Somoza, hiriéndolo de muerte. Allí mismo fue asesinado por la Guardia Nacional.

Los periódicos oficiales intentaron convencer al pueblo de que el atentado no había sido grave, mientras llegaba a Nicaragua, el Dr. Heaton, destacado médico militar norteamericano, director del Hospital Walter Reed de Washington, al frente de un equipo de médicos norteamericanos. Trasladaron al herido a un hospital de la zona del Canal de Panamá, mientras en Nicaragua entraba en vigor el estado de sitio y eran encarcelados e interrogados por la Guardia Nacional -que dirigía Anastasio Somoza Debayle- los más destacados políticos de la oposición.

El clima de inestabilidad era notable. El ajusticiamiento llevado a cabo por Rigoberto había puesto realmente en peligro la dictadura en un momento en que las fisuras existentes en la Guardia y los brotes de liberalismo reformista amenazaban al somocismo. Mientras el pueblo esperaba un golpe de Estado, Washington trataba de amarrar los hilos. El día 28 el Congreso elegió por unanimidad a Luis Somoza Debayle, hijo mayor de Somoza, como "encargado del ejercicio de la presidencia". Luis era entonces Presidente del Congreso, después de que en 1955 su padre había hecho reformar la Constitución, anulando la cláusula que prohibía a los parientes del presidente en segundo grado ocupar cargos en el Congreso.

El día 29 murió Somoza. En su entierro, el embajador norteamericano, Thomas Whelan, expresará todo el apoyo del Gobierno de Estados Unidos a la familia Somoza, a la persona de Luis como sucesor de su padre y a la gestión somocista. Aquellas palabras frenaron un movimiento aun titubeante en el ejército. Expresaban que durante aquella semana Estados Unidos había amarrado bien los hilos. En su primer discurso oficial el nuevo presidente correspondía este apoyo: "Cúmpleme rendir público testimonio de gratitud, en nombre del pueblo de Nicaragua y en mi nombre, al gobierno amigo de los Estados Unidos de América, que en horas de prueba prestó inestimable ayuda para salvar la vida de quien conduce nuestros destinos".

Ya en la Presidencia, Luis es nombrado candidato por el Partido Liberal para las elecciones de 1957. El Partido Conservador consiguió movilizar a algunos sectores de algunas ciudades con la consigna "¡Basta ya!", pero en definitiva se abstuvo de participar en las elecciones. Como ya había sucedido en campañas anteriores, se creó un fantasma Partido Conservador para que diera aval de legalidad a los comicios. Se celebraron el 3 de febrero de 1957. Las cifras oficiales hablaron de 490.108 votos válidos, de los que 434.892 habían sido para Luis Somoza. En uno de sus primeros mensajes el nuevo presidente declaraba hacer suyas las causas por las que había luchado su padre, una de las cuales era "la armonía continental que los Estados Unidos presiden".

Después de la muerte de Luis en 1967, su hermano Anastasio sería el presidente electo y reelecto del país hasta el triunfo revolucionario, con algunos paréntesis de fachada civil. En esta nueva etapa de la dinastía familiar serán claves dos momentos. Uno, el pacto Agüero-Somoza (conservadores-liberales) de 1971, que descabezó definitivamente a la oposición. ("No hay por quién votar", será la frase con la que Pedro Joaquín Chamorro resumirá en 1974 la dramática situación política). Otro, el terremoto de Managua en 1972, en el que la convulsión social puso en dificultades políticas a Somoza. La embajada norteamericana amarró de nuevo los hilos con una fórmula muy especial: aconsejó concentrar todo el poder en el recién creado Ministerio de Emergencia, del que Somoza se hizo cargo con plenos poderes. Siete años después, un verdadero terremoto social -la revolución sandinista- quebrará definitivamente la consolidada estructura dictatorial.

Así pensaba Somoza Debayle

"En lo que respecto a los Estados Unidos yo no me siento como "alguien de fuera", ni lo soy de manera alguna.
En ese momento (en 1946) podía decir ciertamente que sabía más acerca de los Estados Unidos que de mi propio país. Los lazos que me atan a los Estados Unidos existirán toda mi vida. En lo que se refiere a los Estados Unidos yo no soy un extraño, ni hablo desde afuera. Los Estados Unidos serán siempre una parte de mí mismo, y en mi corazón yo siempre seré una parte de los Estados Unidos de América".

(Anastasio Somoza Debayle, "Nicaragua traicionada", relato hecho al periodista Jack Cox, meses antes de ser ajusticiado en Paraguay).


Un doble desafío

La historia de Nicaragua, desde su independencia, es una dramática repetición de intervenciones norteamericanas y de traiciones de los políticos criollos. Así fue abortada, una y otra vez, la soberanía nacional, la soberanía popular. Las elecciones nunca fueron -no podían serlo- expresión de soberanía. Sólo fueron una pieza más con la que legitimar la intervención y encubrir la traición. A cada época histórica correspondió un modelo de intervención, una profundidad en la dimensión de la traición. Y también una fórmula electoral.

Cuando Nicaragua estaba dominada por la oligarquía y Estados Unidos empezaba su expansión, en esa etapa que abarca desde la independencia de España hasta el gobierno liberal de Zelaya, aparece Walker. Lo llaman los políticos criollos. Cuando el caos político despedazaba a Nicaragua, un hombre caótico y pretencioso se apodera del país y pretende legalizar sus actividades mercenarias con unas elecciones que son más que un espectáculo ridículo que un fraude jurídico. Ciertamente que el aventurerismo de Walker dividió a la Administración norteamericana que le fue contemporánea, pero en definitiva Walker fue apoyado. Y lo fue porque su alucinante proyecto de dominación sobre Centroamérica, y especialmente sobre Nicaragua, se correspondía con las pretensiones norteamericanas sobre esta área del mundo. Walker las interpretó en versión estrambótica. Y además fracasó. Pero el filibustero-presidente no es un "accidente histórico". El fue sólo el pionero "imprudente" de lo que vendría después.

Cuando Nicaragua empieza a estructurarse según el modelo capitalista de desarrollo y Estados Unidos está en plena expansión imperialista, cuando Zelaya ofrece una mínima respuesta nacionalista para la construcción de la soberanía, la reacción norteamericana será despiadada. Ya no sirven los piratas caóticos. Se necesitan armas, leyes, un férreo control, una intervención directa que garantice "el futuro". Aparecen los marines. Los llaman los políticos criollos. Estados Unidos pretenderá después legalizar su forzada "fórmula de paz" para Nicaragua con unas elecciones supervigiladas de 1928 -que parten por medio la historia contemporánea de Nicaragua, no por las elecciones mismas sino por la resistencia con que Sandino enfrentó a los supervigilantes- estaba diseñado ya por el proyecto norteamericano para Nicaragua.

Cuando Nicaragua vive el auge económico de la post-guerra y llega el "boom" del algondón, cuando se inicia la larga noche somocista y Estados Unidos es ya la gran potencia del mundo, en esa etapa que se inicia en la antesala de la II Guerra Mundial, ya no tiene que "aparecer" nadie. Somoza -el padre, el hijo mayor, el hijo menor, la familia entera- serán, ellos mismos, los Estados Unidos en Nicaragua. Pactan con él políticos criollos. Para entonces la intervención tiene ya una estructura "nacional". Los hilos ya están en Washington, los títeres en Managua. Ya no son necesarios los marines ni leyes McCoy. En esta etapa las elecciones ya son clarísimamente una pieza más, la menos importante, dentro del bien montado aparato interventor.

Cuando la nueva Nicaragua construye hoy el proyecto revolucionario, y se dispone a hacerlo también con los votos, desafía, a la par, la pretensión interventora de los Estados Unidos y el entreguismo de sectores políticos nacionales.

Imprimir texto   

Enviar texto

Arriba
 
 
<< Nro. anterior   Nro. siguiente >>

En este mismo numero:

Nicaragua
La diplomacia bélica del informe Kissinger desafía a Contadora

Nicaragua
Jalapa es Nicaragua: Testimonios del nacimiento de una nueva conciencia popular

Nicaragua
Los EU en las elecciones de Nicaragua: tres modelos de intervención
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica
GüeGüe: Hospedaje y Desarrollo Web