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  Número 334 | Enero 2010
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Nicaragua

Las piedras en los zapatos

Daniel Ortega tiene allanado el camino para ganar la Presidencia en 2011, pero lleva una dura piedra en sus zapatos reeleccionistas. La disgregada oposición política a Ortega propone una coalición unitaria para derrotarlo en 2011, pero lleva una gruesa piedra en sus zapatos opositores. La institucionalidad está hecha trizas por doce años de pacto entre Ortega y Alemán. ¿Podrá caminar Nicaragua hacia un futuro diferente sólo sacando una de las más grandes piedras que hoy llevan esos zapatos?

Equipo Nitlápan-Envío

En uno de los varios spots televisivos que hacen colorida propaganda al gobierno de Daniel Ortega se nos anuncia que 2010 es “año de siembra” y 2011 será “de cosecha”. Se entiende que ya nos están hablando de labranzas y faenas electorales.

Ciertamente, desde los tres últimos meses de 2009, con los que finalizó el trienio de Ortega, hasta estos dos primeros meses de 2010, último año de la primera década del tercer milenio, todo se está moviendo en Nicaragua en función de la disputa electoral de noviembre de 2011. Y, aunque todo se mueve intensamente, apenas nos apartamos del mismo punto, de la misma correlación de fuerzas, del mismo cerrado paisaje político.

TODAS LAS DE GANAR

Daniel Ortega tiene todas las de ganaren 2011. Su dominio en las instituciones del Estado se manifiesta a diario. Desde las oficinas de aduanas hasta las salas de la Corte Suprema de Justicia, desde las alcaldías del Norte hasta los salones del Consejo Supremo Electoral, su voluntad se viene imponiendo y sus intereses prevalecen. En un país tan dependiente de la cooperación externa, cuenta también con el respaldo de las instituciones financieras internacionales, el FMI a la cabeza. También lo blinda el beneplácito del gran capital nacional, financiero y empresarial, con el que mantiene relaciones fluidas y permanentes. Por si esto fuera poco, Ortega ha logrado amasar, con dinero venezolano, una fortuna y un poder económico enorme, lo que le permite influir mucho más de lo que nunca antes logró.

El gobierno de Estados Unidos lo tolera pragmáticamente y el gobierno de Venezuela lo sostiene privilegiadamente. Con el control que tiene del Poder Judicial, consiguió una ilegal resolución que lo habilitó para presentarse por sexta vez como candidato presidencial del FSLN, a pesar de estar constitucionalmente inhibido para hacerlo. Con todas estas credenciales, es difícil creer que en las próximas elecciones el Presidente juegue para perder.

LA PIEDRA DEL DESEMPLEO

En 2006 Daniel Ortega pedía una oportunidad para gobernar “en paz” en un segundo período al frente del país. Dejando a un lado que su “paz” ha provocado una polarización extrema, generada no sólo por una obsoleta retórica “revolucionaria” sino, sobre todo, por los implacables mecanismos de control social que desde el comienzo ha utilizado, lo que no imaginaba Ortega es que le tocaría gobernar “en crisis”.

La crisis económica internacional sigue afectando duramente a Nicaragua. Se han reducido las remesas que enviaban nuestros migrantes desde Estados Unidos y Costa Rica y que estaban sosteniendo la sobrevivencia de buena parte de la población. Se ha encarecido el crédito, ha bajado el precio de nuestras exportaciones, ha descendido en un 25% la inversión privada, tanto la nacional como la extranjera. Y la afectación principal que provoca todo esto sigue siendo un desempleo en aumento. El desempleo es la afilada piedra que lleva en sus zapatos el candidato. Y es la que le puede impedir llegar a gozar de cinco años más de gobierno.

LA PIEDRA ES ALEMÁN

Daniel Ortega ha llegado tan lejos en tres años porque sus estrategias sociales gotean sobre un país empobrecido durante décadas y sobre una población abandonada a su suerte por una derecha históricamente insensible, que hoy insiste en llamarse “democrática”. Ha avanzado tanto Ortega porque todas sus tácticas políticas chocan con una oposición que rechaza su estilo de gobernar y su proyecto autoritario, pero nada más. Una oposición que nos vende la idea de que luchar contra Ortega es luchar por la democracia.

La oposición está fragmentada, distorsionada por los super-egos de muchos de sus dirigentes, codiciosa de cargos sólo por las prebendas que de ellos se derivan, sin un liderazgo creíble y sin ningún proyecto grande, mediano o pequeño que conquiste la imaginación de una mayoría, que viene perdiendo no sólo empleos y remesas, sino también esperanza y que está cada vez más descontenta con el rumbo de Ortega y con las maniobras de sus opositores.

A pesar de eso, la oposición a Ortega viene promoviendo la articulación de todos esos fragmentos en un frente único y bajo un liderazgo único. Tarea difícil, más peliaguda por el desmedido afán de Arnoldo Alemán de recobrar protagonismo en la tribu que compondría ese frente, apoyado en ese objetivo por quienes pugnan por aceptarlo, olvidando su expediente de corrupción y su complicidad con el propio Ortega, reduciendo sus vicios políticos a que “pertenece al pasado” o a que es “un caudillo tradicional”.

Alemán es la piedra en el zapato opositor, aunque sólo el tiempo dirá si este grueso obstáculo contribuirá a sacar a Ortega del gobierno o será precisamente esa piedra quien, paradójicamente, consolide el proyecto político del Presidente.

LA PIEDRA ES EL CSE

No sólo para ganar de nuevo la Presidencia en 2011, sino para poder gobernar después con una crisis más manejable, Daniel Ortega necesita que las elecciones resulten creíbles, que el proceso electoral consiga legitimidad nacional e internacional.

No hay institución del Estado que en este momento tenga un nivel más alto de descrédito que la encargada de garantizar eso: el Consejo Supremo Electoral. Ni hay personaje político más cuestionado por todos que el presidente del CSE, Roberto Rivas, prohijado por el Cardenal Obando, responsable último del fraude de noviembre de 2008 y al que se le conocen cada vez más escándalos por su lujosa vida en Costa Rica, donde su hermano Harold, embajador de Nicaragua, está siendo enjuiciado por evasión de impuestos. El CSE, con Rivas a la cabeza, es la primera piedra que habría que sacar del zapato de nuestra ya casi desecha institucionalidad.

Entre febrero y junio de 2010 se termina el período a los siete magistrados del CSE y a tres de sus suplentes, todos ellos colocados en esos altos cargos por la voluntad de Ortega y de Alemán, como expresión del pacto entre ambos, que cumple ya doce años. Los magistrados electorales actuales habían ido sirviendo los intereses de ambos, pero desde 2007 la balanza se ha inclinado drásticamente a favor de los de Ortega. La reelección de todos o de algunos o la elección de nuevos magistrados puede resultar crucial de aquí a 2011. Un cambio sustantivo en el CSE, no sólo en sus magistrados, sino en toda la estructura de mando -se calculan unas cien personas- podría comenzar a anunciar un cambio en la correlación de fuerzas políticas, aunque, si la oposición no ofrece pronto una visión de país, será sólo cambiar algo para que todo siga igual.

NO SOMOS EL NUDO

El ambiente de inseguridad jurídica y de falta de confianza y consenso políticos no parecen alterar la favorable postura del FMI y del BID hacia el gobierno de Daniel Ortega. Pesa más en las valoraciones de estas instituciones el control macroeconómico, de corte neoliberal, que el gobierno mantiene en la economía. Y seguramente, la estabilidad que Ortega garantiza estando en el gobierno, y no “gobernando desde abajo”, como demostró durante años.

El apoyo de estas instituciones también debe verse como una apuesta a la posibilidad de mantener a Nicaragua políticamente dentro del esquema neoliberal, impidiendo así que el país termine dependiendo completamente de Chávez. Para Estados Unidos, Venezuela es el nudo que mantiene la maraña del llamado “Socialismo del siglo XXI”. Mientras desatan ese nudo, deben mantener los enredos periféricos -como el de la Nicaragua de Ortega- bajo cierto control.

NO CERRAR LA CAJA

Después de ocho meses de tensa espera, el FMI aprobó la tercera revisión del programa económico que ha suscrito con el gobierno hasta 2011. Gran alivio para el gobierno, porque de esa luz verde depende la entrega de fondos de otros países e instituciones, entre ellas el BID. A mediados de enero visitó Nicaragua el vicepresidente ejecutivo del BID, Daniel Zelikow, que le dio otro importante espaldarazo a la gestión económica gubernamental, comprometiéndose a duplicar los fondos para Nicaragua “porque ha demostrado capacidad de administración y ejecución de los recursos y por las prioridades establecidas para la reducción de la pobreza”.

Más distante se sigue mostrando la Unión Europea, que mantiene en veremos la ayuda presupuestaria, no quitando de la mesa el tema de la gobernabilidad y la exigencia de garantías previas que aseguren unas elecciones libres y justas en 2011. En mayo habrá una respuesta definitiva de los europeos. Termina entonces el contrato establecido en 2005 y decidirán si lo renuevan o no.

Aunque los europeos siguen distantes, prácticamente todos se mueven con el argumento que expresó la ministra de cooperación externa de Dinamarca, Ulla Tornaes, a su paso por el país: “En Nicaragua es evidente que vamos por mal camino, pero si uno cierra definitivamente la caja, también elimina las posibilidades de influir en el desarrollo de este país”.

PLANES NADA OPTIMISTAS

Aunque confía en que los europeos no cerrarán la caja porque quieren seguir influyendo, y aunque las notas del FMI y del BID son excelentes, el gobierno también es realista. No hay optimismo en los documentos oficiales. En la última versión, de 2009, del Plan de Desarrollo Humano -un texto crucial que ha tenido varias versiones y que el gobierno nunca ha consultado con la sociedad civil- hay cifras que reflejan un crudo realismo: en los próximos tres años -dos de ellos los de “siembra y cosecha”- el crecimiento será muy modesto (calculan 1-2%) y las posibilidades de que el gasto social -reductor de la pobreza- y la inversión pública -generadora de empleos- crezcan son mínimas. Este apretón de faja en el gasto se combinará en 2010 con el pago de deuda interna derivada de los bonos de indemnización por las confiscaciones de los años 80. Este desba¬lance no parece será compensado con el incremento en la recaudación de impuestos en las cantidades que imaginó el gobierno con la nueva ley tribu¬taria, ya aplicándose.¬

En un escenario así el problema principal que el gobierno enfrentará para “sembrar” y “cosechar” es el empleo. Todas las encuestas demuestran desde hace años que el desempleo es la principal causa de preocupación de la mayoría de los nicaragüenses. Entre sus consignas, Ortega repitió en su campaña y en las rosadas vallas gigantescas de su propaganda “Desempleo Cero”. Pero la crisis internacional, los recortes en inversión pública y la inseguridad económica que generan las crisis políticas que él mismo provoca invalidaron esta atrayente promesa. En 2010 y 2011 podría ser peor.

Las estimaciones para 2010 de Funides -centro de investigaciones económicas de la gran empresa privada-, son más sombrías. Calculan que en 2010 no habrá ningún crecimiento positivo y puede haber decrecimiento. Enfatizan la inseguridad jurídica y las incertidumbres políticas como una de las causas. Y señalan que se crearán pocos empleos en la empresa privada: según sus encuestas, el 83.8% de las empresas de todo tamaño no piensan ampliar sus capacidades en los próximos seis meses, el 81% mantendrá el número de empleados, mientras el 15.4% piensa reducirlo.

EL AÑO DE LO QUE NO SE HIZO

Ciertamente, el gobierno tiene en marcha proyectos de infraestructura, que según el directivo venezolano de la empresa nica-venezolana ALBA, Rafael Paniagua, se tratan de algo más: de “un proyecto de país” con 35 proyectos en marcha.

Mientras este grandioso proyecto se hace visible, el gobierno regala cosas a alguna gente y a veces hasta a mucha gente. Y regalará más cosas como “abono” a la cosecha electoral. Regala cocinas que llegan de Venezuela, reparte láminas de zinc en actos que preside el Cardenal Obando, reparte vacas y cerdas preñadas en zonas rurales a cuenta del programa Hambre Cero… y la gente recibe contenta todo lo que le dan. Pero lo que la mayoría de la gente quiere es lo que no consigue: un empleo fijo, un salario regular.

La gente que no recibe estas dádivas, y también la que las recibe, sabe que a Nicaragua entra mucha plata venezolana, pero todavía no ve traducida esa plata en empleos... Explosivas resultaron las declaraciones del ex-alcalde de Managua Dionisio Marenco sobre la cantidad de dinero que el convenio petrolero de Chávez con Nicaragua le deja al gobierno de Ortega y que se traduce en los cada vez más diversificados negocios de la empresa privada ALBA de Nicaragua, S.A. (Albanisa), desde donde funciona la millonaria cooperación venezolana.

Es densa la nebulosa en la que nadie halla respuestas sobre el monto, las ganancias y los proyectos que mueve el dinero venezolano. Marenco sí tiene algunas certezas: “Aquí en Nicaragua -afirma- no hay ningún rico que tenga más que el ALBA. Ninguno. Ni sumados todos los bancos juntos llegás a tener la capacidad económica que significa la importación de petróleo. ¿Cómo se maneja? ¿Quién la maneja? ¿Dónde se invierte? ¿Cómo se va a pagar? Ése el verdadero misterio que hay que resolver, por razones de interés nacional, porque algún día se va a tener que pagar eso”.

Nadie más autorizado que Marenco para hacerse preguntas porque, siendo alcalde de la capital, fue él, quien en Caracas, invitado por Chávez inició este convenio petrolero, aunque de esa responsabilidad fue apartado sin explicación unos días después que Ortega llegó al gobierno y ya no supo más. También tiene la certeza de que la enormidad de las ganancias de ese convenio podrían haber comenzado a transformar ya el empobrecido rostro de Nicaragua y siente que eso no ha sucedido: “Hay una cantidad de inversión salvaje, que debería hacerse, que debería verse. En 2009 lo más importante es lo que pudo hacerse y no se hizo”.

¿LLEGARÁ A TIEMPO?

Según la última encuesta de M&R de diciembre de 2009, Ortega inicia el año 2010 con un apoyo del 32%, lo que significa que mantiene su base pero no la incrementa. De mantenerse la política de dádivas y de acrecentarse el desempleo, Ortega se arriesga a que esa base se reduzca, lo que pone en peligro su reelección.

Para sembrar oportunidades de empleo y cosechar votos el gobierno está obligado a aumentar la inversión pública en programas de empleo de rápido impacto. Capitalizar el banco estatal Produzcamos para expandir el crédito rural tendría ese resultado. La crisis internacional, combinada con la crisis creada por el movimiento de los “No Pago” -alentado inicialmente por Ortega- ha reducido en un 12-15% el crédito rural.

La construcción es otra posibilidad. Mientras la reactivación del crédito rural aún no aparece, Ortega apostó por la construcción. A mediados de enero, en una de sus muchas, cordiales y prolongadas reuniones con los más altos representantes del gran capital nacional, los sumó al “programa de crédito justo para la vivienda social”, que espera reactivar aceleradamente el deprimido sector de la construcción.

El plan espera construir en los próximos tres años 11 mil-15 mil viviendas de 60 metros, que costarán 20 mil dólares y que en un plazo de 15-20 años y a un interés de sólo 8% pagarán familias que no ingresen más de mil dólares mensuales. El gobierno pondrá el capital y la gran banca privada administrará los créditos. El déficit de viviendas en Nicaragua es de unas 500 mil. El Presidente afirmó que tendrán que pasar 15-20 años para cubrirlo, plazo que coincide con los cuatro períodos más que Ortega calcula seguirá gobernando Nicaragua.

Con este programa y con otros que el gobierno tal vez lance, Ortega confía en sacarse del zapato la piedra que más le entorpece el camino a la reelección. ¿Funcionará este programa a la velocidad que el grupo en el poder necesita para que lo sienta y lo note la población desempleada y descontenta? ¿Con su tradición poco flexible en los créditos populares, tendrá capacidad la banca privada en la implementación de este programa? ¿Llega a tiempo este programa para recuperar el tiempo perdido, todo lo que pudo hacerse en el trienio 2007-2009 con los abundantes recursos de la cooperación venezolana y “no se hizo”?

METROCENTRO 2:
UN RETO AL PACTO

La ilegal resolución judicial de octubre, que habilitó a Daniel Ortega para reelegirse, inquietó justificadamente a la sociedad y a los opositores. Todos los partidos en la oposición -los cuatro grupos liberales y el Movimiento Renovador Sandinista- se reunieron de emergencia con representantes de la sociedad civil y de la empresa privada y firmaron el 9 de noviembre lo que se conoce como los Acuerdos de Metrocentro 2. Todos se comprometieron a: No reelegir a ninguno de los actuales magistrados propietarios y suplentes del CSE. No elegir nuevos magistrados del CSE mientras no se realice una transformación profunda en el CSE y en el marco electoral, que garantice la transparencia y respeto al voto ciudadano. No elegir a ninguno de los funcionarios que deben ser nombrados por la Asamblea Nacional en 2009 y 2010, mientras no se escoja para esos cargos, de acuerdo a los preceptos constitucionales, a personas capaces, honestas e imparciales.

Los cargos en juego en 2010, además de los 10 magistrados -7 propietarios y 3 suplentes- del CSE, son los 5 contralores, 4 de los 16 magistrados judiciales, el procurador y subprocurador de derechos humanos y el superintendente de bancos.

Arnoldo Alemán -que ya empezaba a negociar con su socio Ortega algunos de estos nombramientos- se vio forzado a participar en la reunión de Metrocentro. Después del fraude electoral -del que pronto se descubrió fue cómplice de Ortega para deslucir y arrinconar a su rival liberal Eduardo Montealegre- venía perdiendo confiabilidad, liderazgo y protagonismo, especialmente entre sus bases.

Alemán actuó en Metrocentro como aquellos que dicen “firmar me harás, cumplir jamás”. Tras las vacaciones navideñas -que siempre sirven para olvidarlo todo y negociar algo- Alemán comenzó a agarrar aire y hasta lo recibió del gobierno, que ordenó devolverle la frecuencia de Radio La Poderosa, que cuenta ahora con una poderosa cobertura nacional.

Alemán anunció que su decisión era presentarse como candidato presidencial del liberalismo unificado en 2011, seguro de que antes ganará las elecciones primarias previstas entre todos los grupos liberales para elegir candidaturas. Declaró también que estaba firmemente comprometido a no elegir a ninguno de los magistrados del CSE, dando a entender que sí negociaría el resto de los cargos que quedan vacantes. Señales de que no renuncia a seguir pactando con Ortega y hasta a monopolizar la interlocución con el gobernante a nombre de la oposición, lo que hasta ahora ha hecho con el beneplácito de sus correligionarios en el PLC.

¿ALEMÁN FOREVER?

El “desgrane” del PLC -primero en ALN y posteriormente en el Movimiento Vamos con Eduardo- ha sido muy tímido y muy lento, en relación a lo que se esperaba sucediera en las filas del liberalismo alemanista cuando Alemán dejó el gobierno y fue acusado, investigado y sentenciado por graves delitos de corrupción.

No es ninguna novedad la falta de autonomía ante Arnoldo Alemán de quienes aún lo acuerpan, apoyan y defienden en el PLC. Por pragmatismo resignado, prebendas recibidas y agradecidas o amistades personales, Alemán parece ser invencible. Lo que resulta novedoso, y preocupante, es la aceptación creciente que va teniendo Alemán entre otros opositores que siempre lo han rechazado por su expediente político.

En la desesperación ansiosa por articular cuanto antes contra Ortega a una nueva UNO (Unidad Nacional Opositora) o una GUN (Gran Unidad Nacional), como también la quieren llamar, va revelándose una implícita y explícita tolerancia a la presencia protagónica de Alemán en esa unidad y hasta a que la encabece, llegado el caso. Y lo mismo que existe hoy un cabildeo presionando a Alemán para que abandone por fin la política, se mueve también otro cabildeo en otra dirección: para que los conservadores y los sandinistas del MRS -los únicos que, con el pequeño grupo de liberales que dirige Virgilio Godoy, han reiterado su rechazo a Alemán- le abran sus puertas en esa virtual coalición opositora.

EL DECRETAZO DEL 9 DE ENERO

Es en ese contexto que cobra todo su significado político la última mayúscula ilegalidad cometida por Daniel Ortega: el 9 de enero, y en previsión “del caos” -así dijo- que produciría el dejar vacantes los más de 20 altos cargos en juego en este primer semestre del año, emitió un decreto presidencial ordenando que todos los que ocupan esos cargos permanezcan en ellos si la Asamblea no elige a nuevos ocupantes.

El decreto es ilegal e inconstitucional porque le corresponde únicamente a los diputados a la Asamblea Nacional esta elección. Pero como para cada cargo necesitan reunir 56 votos, el decreto es un arma política que el Presidente arrojó contra sus opositores: o eligen a los míos o los reelijo yo.

El “decretazo”-como le llamó la oposición- puede interpretarse positivamente: es provisional y busca estimular, acelerar o hasta precipitar los acuerdos entre una oposición que no tiene capacidad de ponerse de acuerdo nada más que en la retórica antida¬nielista, por los oscuros intereses personales que privan en sus “acuerdos”.

También puede interpretarse como una estratagema para boicotear el conflictivo y muy frágil proceso de unidad que está en marcha entre los liberales de Alemán y los de Montea¬legre, forzando a uno de los dos grupos a “amarrarse” con el FSLN en una negociación con dados cargados.

Si Montealegre sumara su volátil docena de votos a los 38 de Ortega no sumaría los 56 para elegir. Si entonces el FSLN comprara votos para completar los 56 de esa alianza, Montea¬legre obtendría algunos cargos en el Estado, con lo que debilitaría algo a Alemán, pero se desprestigiaría ante la opinión pública, que lo ha considerado -aunque cada vez menos- una alternativa a la viciosa política de Alemán. Si Alemán sumara los 21 votos del PLC a los 38 de Ortega podría llenar todas las vacantes y asistiríamos a una nueva reedición del pacto con el argumento de “la gobernabilidad del país”. Alemán añadiría sólo un poco más de desprestigio al que ya ha acumulado, pero esto le garantizaría seguir siendo interlocutor privilegiado de Ortega.

DEL POLVO DEL OLVIDO

El punto crucial de estas negociaciones parece ser el Consejo Supremo Electoral, sus nuevos o reelectos magistrados y, sobre todo, el destino de su actual presidente Roberto Rivas, pieza fundamental en la alianza entre Daniel Ortega y el Cardenal Obando.

El escándalo continuo que provoca Rivas con sus declaraciones y su ostentosa vida, más el permanente estrés aritmético parlamentario -ahora en busca del número 56- explica lo sucedido el 28 de enero: como Alemán tardaba en decidir qué hacer -y mientras aún tiene pendiente un juicio en Panamá del que nunca le notifican las autoridades judiciales nicaragüenses-salieron ese día del polvo del olvido, resucitados de la prescripción penal y activados desde los juzgados dominados por el danielismo, tres viejas causas contra Alemán por fraudes, estafas y defraudaciones cometidas durante su Presidencia: el robo de vaquillas del IDR, la compra y uso de un jet presidencial que trasegaba cocaína -el famoso narcojet-, y la quiebra de la empresa estatal Mayco. Igualmente, se avivó la presión contra Montealegre, al que el gobierno hace único responsable de la estafa al Estado y el enriquecimiento ilícito que causaron los bonos bancarios CENIS.

Con la excepción del MRS, la oposición parlamentaria, con la excusa de escapar de la condición de ser rehenes de los chantajes judiciales de Ortega, propuso defender a ambos dirigentes liberales con un decreto de amnistía que cubriría a los dos. Si la judicialización de la política revela quién es Ortega, esta amnistía en este momento, revela a la “oposición” liberal, a esa derecha en la que todos parecen tener algo que ocultar y todos están dispuestos a encubrirse unos a otros a costa de hacer a Nicaragua rehén de la corrupción y de la impunidad.

La presencia de Alemán y los ardides y tretas a las que este político se entrega compulsivamente son una piedra en el zapato de los opositores. ¿Sacarla a tiempo en nombre de la ética y de la certeza de que Alemán no es de fiar en ninguna circunstancia o tolerarla y aprender a caminar con ella? La crisis de Nicaragua se expresa en que a estas alturas todavía haya que hacerse esa pregunta.

TAMBIÉN PODRÍA SER…

Según algunas encuestas -demasiado prematuras-, el único candidato al que Daniel Ortega le ganaría en 2011 sería Arnoldo Alemán. El agudo observador liberal León Núñez -buen conocedor, desde dentro, del liberalismo alemanista- afirma que la candidatura presidencial de Alemán obedece a otra estrategia más del pacto al que no está dispuesto a renunciar: candidateándose, el desgastado Alemán le garantizaría la victoria a Ortega, porque provocaría una masiva abstención. A cambio, Ortega le seguiría dando cuotas de poder a sus amigos liberales, lo que consolidaría el liderazgo alemanista, tanto en el partido como en la “oposición”.

Pero nada está escrito -ni en piedra ni en papel- en este país de frágil memoria y agudo cortoplacismo. Es posible también, que si en el sombrío escenario que nos depara noviembre de 2011 las opciones presidenciales son o Alemán u Ortega, y cuando llegue el momento de esa disyuntiva se mezclan y combinan tres elementos: el creciente descontento con el rumbo por el que Ortega lleva al país, el antisandinismo mayoritario que siempre ha existido en la sociedad nicaragüense agitado por la retórica alemanista, y el desempleo en ascenso, Alemán podría ser reelecto Presidente de esta República. Y entonces, con Alemán arriba y Ortega abajo (?), el pacto continuaría en nuevas ediciones y re-ediciones.

SEÑALES DESDE EL CARIBE

No hay ninguna posibilidad de algún cambio en esta cerrada correlación de fuerzas si no se logra un cambio en profundidad del Consejo Supremo Electoral. No basta con cambiar a su impopular presidente Roberto Rivas. Tampoco basta con sustituir a sus siete magistrados por otros, seleccionados por Ortega y Alemán entre su gente. Sería necesario cambiar toda una estructura que, después de doce años de pacto, se ha amañado a trabajar por “órdenes superiores” y no por lo que les señala la ley, el servicio público y el bien común. No hay señal ninguna de que haya voluntad de que esto suceda.

El 7 de marzo se celebran elecciones regionales en la Costa Caribe para elegir a los gobernadores y concejales de los dos gobiernos autónomos. El ambiente de la población es de apatía, las campañas están deslucidas y las denuncias de un posible fraude a favor del FSLN -por irregularidades en la demarcación de la cartografía electoral y en la entrega selectiva de cédulas a simpatizantes del gobierno- se han sucedido. Incluso, aún si fueran transparentes -aunque marcadas por la tradicional abstención costeña- lo que harían es legitimar al CSE para el fraude que se está preparando ya para 2011.

UN PAÍS COLAPSADO

En cualquier caso, lo más grave en el Caribe es la inevitable presencia que tendrá el poder del narcotráfico en las decisiones de candidatos y electores, y posteriormente de gobernantes y gobernados.

El caso de Walpasiksa, Caribe Norte, en donde, en diciembre, una patrulla de la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua fue atacada con armas por narcotraficantes colombianos respaldados por comunitarios mískitos, con saldo de dos militares muertos, ha evidenciado el arraigo que el narcotráfico tiene en esta mitad del país por los niveles de abandono en que el Estado ha mantenido a las comunidades caribeñas y también por el “desarrollo” que el dinero del narcotráfico les trae y que se traduce en una visible mejoría de la calidad de vida.

El general en retiro Hugo Torres dijo a Envío: “Walpasiksa es una campanada de alerta. Se atrevieron a retar al Estado retando al Ejército. Por primera vez estamos ante una manifestación relevante de hasta dónde el narcotráfico ha echado ya raíces en Nicaragua, y no sólo en el Caribe. El narcotráfico tiene ya una fuerte presencia nacional. En Walpasiksa nos mandan una señal del poder con el que se sienten. Y es que donde falta la presencia del Estado -y el Estado falta en muchas comunidades de Nicaragua- es mucho más fácil para el narcotráfico asentarse y consolidarse“.

“Cuando se corrompe el Poder Judicial se comete uno de los crímenes más grandes que se puede cometer contra un pueblo. El gobierno de Arnoldo Alemán y el actual gobierno de Daniel Ortega han profundizado la corrupción en el Poder Judicial, lo que ha favorecido al narcotráfico. Cuando el narcotráfico encuentra un Estado donde su representante se asienta sobre la corrupción, y además irradia corrupción hacia todo el tejido social, político y económico, encuentra el terreno más fértil y el clima más apropiado para echar raíces. Esto puede llevar a Nicaragua a un colapso, a una situación parecida a la de México o Guatemala”.

AVATARES INIMAGINABLES

La noticia de que uno de los narcotraficantes colombianos fugitivo tenía dos cédulas de nacionalidad nicaragüense, emitidas por el CSE, muestra que esa piedra mayor que ya llevamos en el zapato nacional, que es el narcotráfico, no es ajena a las tres piedras que hemos tratado de identificar en este texto. Y de las que seguramente nos tocará seguir escribiendo en los próximos meses.

A menos que, por avatares casi imposibles de imaginar, Nicaragua logre ver más allá del presente que la aprisiona, identifique las piedras que la detienen -estas tres y muchas más-, las deseche y logre andar con zapatos nuevos.

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