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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 331 | Octubre 2009
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Honduras

Día a día hasta el día en que regresó Zelaya

Fue totalmente inesperado el regreso de Manuel Zelaya a Honduras. Así lo demuestran las crónicas de los días que precedieron a este acontecimiento. Son inciertos los resultados que tendrán los desenlaces de este conflicto. Y así lo demostrarán las crónicas que tendrán que escribirse durante mucho tiempo más para dar cuenta de lo que realmente provocó el golpe de Estado en el alma del pueblo hondureño.

Alejandro Fernández

8 DE SEPTIEMBRE: “SACAREMOS AL PAÍS DE ESTAS HONDURAS”

72 días después del secuestro del presidente Zelaya a manos de un escuadrón militar y su rocambolesca deportación a Costa Rica, el país sigue presa de la incertidumbre y la ingobernabilidad. La resistencia interna y la presión internacional han convertido el gobierno de Micheletti en un Ejecutivo a la deriva, cuya única misión es retener el poder a toda costa, para entregárselo al próximo presidente electo, asegurando así que el país persista en el inmovilismo político que beneficia a una pequeña casta de privilegiados.

Desde el 1 de septiembre, todo el empeño de la clase política tradicional se ha centrado en darle credibilidad al proceso electoral -iniciado formalmente ese día- para situarlo como el final del callejón político al que ellos mismos nos abocaron. Algunos observadores internacionales ceden a este argumento, aunque pareciera que lo hacen más por cansancio que por convencimiento. Oscar Arias luce escéptico ante su propia propuesta negociadora, y ve en los comicios una posible salida, aunque ha enfatizado recientemente el enorme daño que este gobierno de facto le infringe a Honduras con su negativa a aceptar el Acuerdo de San José. Otro es el caso del mexicano Carlos Fuentes, quien dice que Micheletti es inaceptable, pero “el del sombrero” no es mucho mejor, con lo que propone dirimir los conflictos en las urnas. Tiene toda la razón el autor de “Gringo viejo” en su percepción sobre los dos líderes políticos, pero es posible que su opinión sobre las elecciones fuera más matizada si conociera las interioridades de este bipartidismo de primera generación. Forjado en los albores del siglo 20, y alimentado por los grandes emporios bananeros, los dos partidos tradicionales que una vez más están en contienda, se han empeñado durante un siglo en evitar a toda costa que emerja una ciudadanía activa.

Radio Progreso sigue recibiendo día a día, minuto a minuto, las llamadas de una población que parece haberle agarrado el gusto a la resistencia. Algunas intervenciones de los radioescuchas pueden parecer desde lejos un poco ingenuas, pero vistas y sentidas de cerca suenan muy estimulantes y reflejan una nueva conciencia democrática. “Ahora somos nuevos, ya no nos dejamos pajear y sacaremos al país de estas Honduras”, dice un señor por teléfono. Esta frescura en la palabra contrasta grandemente con el anquilosamiento de las que escuchamos en las televisoras afectas al régimen de facto. En la más popular de ellas, propiedad del magnate Ferrari, todos los días se ensayan nuevos malabarismos para hacer creer que el país va por buen rumbo, a pesar de las sanciones de Estados Unidos, de la prohibición del FMI para utilizar sus fondos, y de las pertinaces advertencias de mandatarios latinoamericanos...

Cuanto más repiten a la gente que nuestra democracia es tan especial y tan perfecta que a los extranjeros les cuesta trabajo entenderla, la población se siente más burlada e indignada, y empieza a buscar otras respuestas alternativas.

ARMADOS CON HUEVOS
DE GALLINA

Es cierto que la presencia en las manifestaciones callejeras ha decrecido con el paso de las semanas, pero no es menos cierto que los que se animan a salir a la calle lo hacen con un convencimiento que conmueve. El pasado domingo, en el puente Los Castaños, a un kilómetro de El Progreso, pudimos saludar a un centenar de personas que se apostaron “armados” de huevos de gallina, para lanzárselos a los activistas liberales que previsiblemente se dirigían en autobuses a una de las fincas de Roberto Micheletti. Era un grupo pequeño y absolutamente vulnerable, pero los policías que vigilaban sus acciones parecían más preocupados que ellos. Horas después, en Choluteca, otro centenar de personas se enfrentaba a una concentración a la que acudía el candidato presidencial liberal Elvin Santos y eran reprimidos por orden del alcalde de esa ciudad. Son acciones pequeñas pero ponen palos en la rueda de la fortuna de los candidatos, que se sienten evidentemente incomodados y hasta crispados.

La campaña política ha arrancado con prudencia. No son las alharacas estruendosas de otros años. Demasiado ruido, tanto nacional como internacional, empaña un proceso que luce apagado e incierto. ¿Son las elecciones una salida a este conflicto? Sería deseable, pero mucho nos tememos que no son la solución. Lo ocurrido el 28 de junio no ha sido un hecho aislado, sino el triste colofón de 27 años de democracia frustrada. El convencimiento de muchos hondureños y hondureñas es que esto no da para más. Un nuevo gobierno surgido de estas elecciones mantendría en el poder a los mismos que han burlado la Constitución y se niegan a perder uno solo de sus privilegios. Para que esto no ocurriera, el golpe tendría que ser denunciado por los candidatos y las responsabilidades de quienes han manoseado la Constitución tendrían que ser depuradas. El gozo proviene de un pueblo que se sabe protagonista. El drama es que aún no se vislumbra un camino factible para un nuevo pacto social sobre el que construir un Estado moderno y civilizado.

CRISTIANOS EN RESISTENCIA

Un nuevo tropiezo de los golpistas denota una vez más su prepotencia y ausencia total de talante democrático. El padre Andrés Tamayo, un sacerdote salvadoreño que ha sido figura sustancial en la defensa del medioambiente en la última década, en el vasto y otrora frondoso departamento hondureño de Olancho, está hoy a las puertas de ser expulsado del país. Su obispo lo dejó sin su querida parroquia de Salamá y las autoridades migratorias reconsideran su naturalización. Lo acusan de incitar a la población hondureña a no acudir a las urnas. Ya hace unos días lo decía el canciller del Cardenal Rodríguez, sin poner nombres a su dedo acusador: “Los que no quieren a este país, ¡que se vayan!”. Otra vuelta de tuerca para el descrédito de la jerarquía católica hondureña. Algunos internautas se suman a una propuesta de apostasía colectiva, seguramente inviable pero significativa en lo que tiene de gesto de repulsa. Otros optan por ratificar su derecho a sentirse dentro de la Iglesia, a pesar de que sus dirigentes se muestren tan selectivos y excluyentes. Así, un grupo de laicos de Santa Bárbara se autoproclamaba ayer tarde como Movimiento de Cristianos en Resistencia.

Molesta e indigna sobremanera la connivencia entre el alto clero y quienes, amparados en la política, manejan este país como su finca privada. Quizás ayude a entender esta posición de los obispos la pertenencia de algunos de ellos, incluido el Cardenal, a las familias de más rancio abolengo de este pequeño país, terratenientes y grandes ganaderos de la Honduras profunda.

MAÑANA ES “LA JUGADA”

Mañana es “la jugada”, como dicen los campesinos. Honduras se juega contra México en el estadio azteca buena parte de sus opciones para estar en el Mundial de Sudáfrica. Muchos hondureños han padecido en los dos últimos partidos de la selección una suerte de esquizofrenia. Aun con la pasión contagiosa que despierta la selección, consideran que un triunfo deportivo que nos llevara al Mundial pesaría más en la balanza que las sanciones del FMI o los llamamientos de la OEA. En los dos últimos partidos, la suerte le ha sonreído a Micheletti, que en cadena nacional ha implorado al Altísimo por el triunfo: 4-0 le ganamos a Costa Rica y 4-1 a Trinidad. Todo un sueño que mañana puede confirmarse o hacerse añicos. Más de uno pensará que atribuir al futbol tanta importancia es una frivolidad. Pero en escenarios tan frágiles y tensionados como el hondureño, estamos obligados a permanecer atentos a lo que suceda en la cancha.

Fuera de ella, unas horas antes, una caravana de vehículos marchará por San Pedro Sula en apoyo al cura Tamayo, a quien han nombrado “capellán de la resistencia”. En este ambiente tenso, dramático y esperanzador hemos superado ya en número de días la duración de la gran huelga de 1954, soñando que tan largo camino nos ayude a alumbrar una sociedad distinta.

10 DE SEPTIEMBRE: ELECCIONES, GRAN TEMA DE DEBATE

El país amaneció hoy un poquito más triste. La selección hondureña cayó contra México en el estadio azteca. Aunque era previsible, nos devuelve a nuestra realidad futbolística, más bien mediocre. Los periodistas no encontraban fácilmente epítetos para abordar el tema, sin contagiar de pesimismo el resto de la vida nacional. Ahora nos jugamos todo ante Estados Unidos, ese país que según algunos funcionarios del régimen de facto, se encuentra sorpresivamente contaminado por el “chavismo” y alejado de su tradicional papel “democratizador” en la región.

Pero como no hay mal que por bien no venga, los hay que no descansan y cuando se cierra una puerta, ya están abriendo otras cinco. Adolfo Facussé -uno de los empresarios más prominentes del país- se lució hoy con una propuesta insólita, que sin duda traerá polémica en los próximos días. Para combatir la abstención en las próximas elecciones de noviembre, lo mejor que se le ocurre a este miembro de una de las familias más poderosas de Honduras es promover que las tiendas ofrezcan suculentos descuentos a quienes ese día acudan a comprar con el dedo manchado, prueba palmaria de que participaron en el proceso electoral.

Uno no sabe si alegrarse o lamentarse de tanta ignominia. Por una parte, resulta evidente que mucha gente en el país recibirá esta idea como lo que es, el intento de comprar al votante, pretendiendo maridar de la forma más burda el comercio con la democracia y convirtiendo una supuesta fiesta cívica en un gran día de mercado, las navidades adelantadas. Visto así, en algunos la propuesta alimentará la rebelión. Pero también es muy cierto que para la gran masa de hondureños y hondureñas indiferentes, sin acceso a otra información que la que proviene de los grandes medios, éste puede ser un reclamo muy atractivo, que al fin y a la postre ayudará a llenar las urnas de votos desconcertados.

Lo cierto es que la validez o no de las elecciones se ha convertido en el gran tema de debate. O más que de debate, habría que hablar de monólogos opuestos. Desde fuera del país parecen tenerlo muy claro. La Unión Europea emitía hoy un comunicado anunciando que no mandará observadores a las elecciones, una forma tácita de no reconocerlas. La mayoría de países latinoamericanos hace muchos días que se pronunciaron. El Departamento de Estado de Estados Unidos puede hablar más alto, pero no más claro. Sin embargo, la gran mayoría de los periodistas de este país hacen cada día lo posible para hacernos ver lo contrario. Resultaría agotador tratar de entender los razonamientos que escuchamos en cada noticiero porque carecen de razón y están hechos de afirmaciones gratuitas y arbitrarias que no se ajustan a los hechos.

SIGUE FALTANDO ANÁLISIS

El gobierno de Zelaya hizo público hoy por diversos canales informativos una interpretación sobre el golpe y sus razones. El documento aprovecha para glosar las pretendidas virtudes de su gobierno, entre ellas la supuesta reducción de la pobreza. Un análisis medianamente serio comprometería mucho esas afirmaciones. Pero sigue faltando análisis en Honduras. A 75 días del golpe seguimos careciendo de un pensamiento crítico que ilumine el movimiento de resistencia. Entre otras cosas, sería preciso ofrecer información fidedigna y contrastada que, sin dejar dudas sobre la necesidad de retornar al orden constitucional, sitúe en su justo lugar al gobierno de Zelaya y sus responsabilidades en la situación que vivimos.

Siendo justos, diríamos que sí hay esos análisis, pero su difusión es muy pequeña o ha sido silenciada. Lo que leemos cada día a través del Internet son correos escritos con urgencia, que abonan mucho al espíritu de resistencia, pero que no estimulan la reflexión. Un ex-cooperante extranjero enraizado en Honduras me comentaba esta tarde: “Es que la gente lo quiere todo para mañana. Y aquí aún hace falta mucha formación y mucho trabajo para cambiar las cosas”.

COMO ESPERANDO
LA “SEGUNDA VENIDA”

Es hasta cierto punto lógico que la gente esté en otra cosa. Me llama una profesora para pedirme información sobre el padre Tamayo. Están haciendo una pancarta para salir a la calle el sábado exigiendo detener la agresión del Estado, que pretende expulsarlo del país en que se ha naturalizado y al que ha aportado su trabajo pastoral y social. Sigue siendo llamativa la actitud de tantos maestros y maestras. Algunos no eran de los más activos en las tradicionales marchas del magisterio para conquistar mejoras salariales. Ahora viven con pasión sus primeras demandas no gremiales en años. Algunos han dado pasos que, en condiciones normales, hubieran necesitado años. Pero si queremos que no se desmorone lo conseguido se precisa de una organización fuerte, permeable a la autocrítica y suficientemente abierta para construir una propuesta de país sobre una base amplia, alejada de las consignas y de la demagogia.

Tamayo y la esposa de Zelaya han estado hoy en La Ceiba. Siguen hablando del retorno del mandatario depuesto, pero poco sabemos de sus planes concretos. Por ratos, da la impresión que estuviéramos esperando “la segunda venida” del libertador definitivo, con un sentimiento más escatológico que mundano, muy al uso del providencialismo popular, lo que tampoco ayuda demasiado a resolver la crisis.

La reposición de Mel Zelaya sigue siendo una demanda elemental, pero la construcción de un nuevo país poco tendrá que ver con su pensamiento caótico. Tampoco tendrá mucho que ver con la redacción de una nueva Carta Magna. La ciudadanía hondureña tiene un largo camino por delante. Un camino que no será nada fácil. Cien años de una cultura política viciada en sus raíces no se desmontan en tres meses ni en tres años. Lo bueno es que este movimiento de resistencia nos ha demostrado que somos capaces de emprender el camino y que estamos deseosos de hacerlo.

13 DE SEPTIEMBRE: INDIGNACIÓN, REFLEXIÓN… Y DEBATE

José Ignacio López Vigil, “radioapasionado” cubano-latinoamericano radicado actualmente en Ecuador, se pregunta en una entrevista con Radio Progreso cómo mantener la indignación y la esperanza a 76 días del golpe de Estado. No es tarea fácil -añade- cómo mantener también la capacidad de avanzar en el análisis sin perderse en las urgencias emocionales que provocan los acontecimientos. Él mismo se responde. Será necesario seguir liberando la palabra, continuar abriendo los espacios para que la población se exprese, sin dejar de alimentar el debate entre las diferentes visiones que hoy se cruzan en Honduras sobre la especial situación política que se ha creado.

Consideramos esenciales estas palabras de López Vigil, puesto que uno de los grandes riesgos que corremos es encasillarnos en nuestra propia visión de los acontecimientos y cerrarnos al necesario diálogo para construir una alternativa de país. Desde la firmeza en la defensa de la constitucionalidad y la denuncia del golpe del Estado es posible y necesario debatir con altura sobre los posibles escenarios a los que nos abocamos. Estos ya casi 80 días de resistencia suponen un enorme avance para el pueblo de Honduras, pero todo está por hacer para construir una alternativa política al bipartidismo tradicional. No será con ideas preconcebidas ni planteamientos excluyentes como Honduras superará este reto histórico. Más que nunca, quienes soñamos una Honduras diferente precisamos de una cultura política basada en la tolerancia y el respeto al derecho ajeno.

EL GOLPE DEL “DESVISAMIENTO”

La presión internacional ha continuado en los últimos días. En la tarde del viernes le fue retirada la visa gringa a varios funcionarios del actual gobierno de facto, entre ellos al propio Micheletti. El político progreseño confirmaba a Radio América en horas de la noche que había recibido una comunicación escrita del consulado americano notificándole las malas nuevas. Lo que no explicó es que, en realidad, la carta iba dirigida al titular del Congreso Nacional, que es el cargo que Estados Unidos le sigue reconociendo a Micheletti, y no el de Presidente de la República.

Junto a don Roberto, no podrán viajar al país del norte el canciller López Contreras, la diputada Marcia Villeda y la totalidad de los titulares de la Corte Suprema de Justicia, además de sus familiares directos. Tampoco podrán hacerlo un listado de empresarios cuyos detalles no han sido dados a conocer, aunque hemos sabido que uno es Adolfo Facussé, el promotor de la brillante idea que promueve el voto a cambio de descuentos en los centros comerciales. El empresario miembro de una de las grandes familias del país fue escoltado por la policía migratoria a su llegada a Miami el sábado y devuelto a Tegucigalpa a las pocas horas.

No obstante -afirmó Micheletti- Estados Unidos seguirá siendo nuestro amigo. La consigna del Ejecutivo de facto es resistir y no dar un paso atrás. Luis Ortez, ministro de la juventud, explicaba ayer sábado que la medida no debería preocuparnos, puesto que iremos al Mundial de Futbol y podemos hacer escala en Panamá para llegar a Sudáfrica. Así de bizarros se muestran los miembros del gobierno interino cuando toca encajar los golpes.

Pero aunque pongan cara de póker, el “desvisado” causa consternación entre los afectados y enorme preocupación entre la clase empresarial, los verdaderos autores intelectuales del golpe de Estado. No poder asistir al dentista en Houston o quedarse sin las compras de Navidad en Nueva York es algo incómodo y hasta humillante. Hay damas de la alta sociedad capitalina que van a Miami hasta a arreglarse el cabello. Es seguro que algunos miembros de las grandes familias están pensando seriamente en propiciar el regreso de Zelaya y acabar de una vez por todas con esta situación, aunque otros sienten tal desconfianza hacia el olanchano, que prefieren agotar toda posibilidad de sobrevivir al repudio internacional, aun asumiendo las pérdidas económicas para sus empresas y conformándose para mientras con las tiendas exclusivas de los países del área.

¿HASTA DÓNDE, HASTA CUÁNDO?

La pregunta que está en el ambiente es hasta dónde pretende y está dispuesto a llegar Estados Unidos con sus presiones y hasta donde está dispuesta a llegar la oligarquía local en su propósito de no ceder un centímetro en sus posiciones. Está claro que la situación actual incomoda a casi todos, pero también es cierto que el regreso de Mel sigue resultando una apuesta arriesgada para una clase dominante acostumbrada a no improvisar con sus intereses.

El grupo de Micheletti y su círculo más cercano es el que más claro lo tiene. Han quemado las naves y se preparan para una defensa numantina de sus posiciones. Ayer viernes, la ministra de finanzas entregó al Congreso el anteproyecto de presupuesto de la República para el 2010. Gabriela Núñez enfatiza que habrá que apretarse la faja. Y eso que se ha hecho caja con los fondos de la cooperación que, hoy por hoy, son más que inciertos. Siempre confía el Ejecutivo golpista que tras las elecciones de noviembre la comunidad internacional reconozca al nuevo gobierno y suspenda las sanciones. De mantenerse el gobierno de facto, el próximo Presidente gobernará el primer año con un presupuesto ficticio y sujeto a decisiones que se produzcan en el exterior del país.

Así de inciertas están las cosas para la población hondureña, y así de calamitosas para esas tres cuartas partes que viven bajo la línea de la pobreza. El empleo sigue en caída libre, las fuentes de divisas como las remesas, la industria maquilera y el turismo continúan disminuyendo, la inversión extranjera se mantiene a la expectativa y las previsiones de recesión económica son más dramáticas de lo que se preveía hace tan sólo unas semanas. Si bien el Ejecutivo depuesto condujo al país a una situación económicamente grave, el gobierno golpista está llevando a la nación a un estado de agonía.

LA LLAVE ES LA EDUCACIÓN

Mañana entramos en la semana de la patria. El 15 de septiembre, como cada año, habrá marchas cívicas por las calles para conmemorar la independencia de España alcanzada hace casi 200 años. En esta ocasión, junto a las promovidas por las autoridades, habrá marchas paralelas organizadas por la resistencia. Bajo el lema de “¿Cuál independencia?” se esperan concentraciones en las principales ciudades del país. El fin de semana la oposición ciudadana al golpe volvió a mostrar su fuerza con actividades en toda la República. No son concentraciones muy numerosas, pero brotan y se multiplican por toda la geografía nacional. La gente humilde se sube al carro de la resistencia al golpe con una dignidad que sobrecoge.

En el occidente del país, en Intibucá, se realizó hoy un acto con gran presencia del pueblo lenca, la etnia más vinculada a la identidad nacional, pues lenca era el cacique Lempira, quien sostuvo batalla contra los invasores españoles en el siglo 16. En ese marco, el obispo Santos, de la diócesis de Copán, ofreció públicamente una parroquia al depuesto padre Tamayo. Es una decisión que evidencia la profunda división que vive la Iglesia Católica a partir de los sucesos del 28 de junio y que reta frontalmente a las autoridades que han dictado la orden de expulsión del sacerdote salvadoreño.

El pueblo hondureño llega a esta semana cívica confundido y preocupado por el futuro. Percibe con claridad que será quien pagará los platos rotos de la ineptitud con que se maneja la clase política hondureña. Debiera saber también que ningún político tradicional -incluido Zelaya y su camarilla- lo sacarán de este callejón sin salida. Los caudillismos de izquierda o de derecha no harán más que agravar la situación de calamidad en que vive. Solamente una democracia renovada, con partidos políticos diferentes, y con una participación real y efectiva de hombres y mujeres en los asuntos públicos, podrá alumbrar una Honduras diferente. Y ésa es una tarea de larga duración en la que ni Mel Zelaya ni mucho menos los golpistas están convocados como protagonistas.

Roger Bados -el muy querido dirigente popular asesinado en San Pedro por un grupo de sicarios pocos días después del golpe de Estado- dejó esta reflexión en su último escrito: “Las posibilidades reales para la realización práctica y concreta de cualquier proyecto de transformación necesariamente tienen que pasar por procesos educativos de carácter popular”. En la educación está la llave para construir una alternativa transformadora. Ocurra lo que ocurra en las próximas semanas, este país necesita una renovación pedagógica profunda para que la democracia se haga realidad y la Constitución -ésta o la que venga- pase de ser un simple papel escrito a un instrumento al servicio de toda la hondureñidad.

15 DE SEPTIEMBRE: DÍA DE LA INDEPENDENCIA EN PARALELO

Los golpistas jamás se imaginaron que llegarían al 15 de septiembre, Día de la Independencia, con tantas dificultades para desplegar el aparato mediático que cada año pretende mostrar que vivimos en una República libre, independiente y democrática. La realidad es muy otra. Desde 1821, la oligarquía criolla hizo del Estado su patrimonio y conspiró para consolidar un entramado político que, a través de los vaivenes de la historia, se las ha arreglado para mantener los privilegios de unos pocos frente a la exclusión de las grandes mayorías.

En un ambiente tenso, pero sin violencia, se han celebrado desfiles paralelos en todo el país. En el estadio nacional de Tegucigalpa tuvo lugar el acto cívico militar más importante organizado por el gobierno de facto. Tuvo mucho más de militar que de cívico. Marchas de guerra, paracaidistas, tanquetas, aviones, soldados…También algunos colegios, especialmente los de enseñanza privada. A pesar de que los organizadores se esmeraron en presentar un espectáculo vistoso, desplegando toda la parafernalia militar, las graderías no se llenaron, como era habitual en años anteriores. Por el contrario, la marcha convocada por la resistencia en la capital fue más numerosa de lo esperado. Probablemente, la más nutrida desde la tarde aciaga del aterrizaje abortado del Presidente Zelaya y el asesinato de Isis Obed Murillo.

Las fuerzas policiales tratan de evitar que la resistencia haga mucho ruido, pero no pueden contener la presión popular que pacíficamente se expresa en cada rincón del país. Actos de repudio al golpe militar se multiplican en Honduras. Se registraron marchas cívicas en resistencia contra el golpe de Estado en Tocoa, La Esperanza, San Pedro, Santa Bárbara, Santa Rosa, Lamaní, Candelaria, El Progreso, Siguatepeque, La Entrada, Sonaguera… Desde todos estos lugares periodistas improvisados reportan sus crónicas a Radio Progreso que -en un programa especial repleto de momentos emotivos- recoge los testimonios que confluyen desde todo el país a esta emisora. El padre Melo, director de la radio, expresa su optimismo ante un despliegue tan alentador de la resistencia popular: “Nunca más las marchas del 15 de septiembre volverán a ser lo que eran antes…A partir de ahora construiremos una forma nueva de celebrar y buscar la verdadera independencia”.

NO SE PELEA POR ZELAYA

Está claro que en Honduras se juega mucho más que el retorno de un Presidente, cuyo mandato fue truncado de manera violenta e inconcebible en pleno siglo 21. Se juega, entre otras cosas, la posibilidad de dar un salto desde una sociedad cuya cultura política es todavía pre-democrática, autoritaria y clientelista a una cultura ciudadana asentada en las libertades individuales y colectivas.

Para muestra de la relación del pueblo con sus autoridades sirva un botón: los vendedores ambulantes de El Progreso recibieron ayer una circular de la directiva de su asociación, quien a su vez fue presionada por la municipalidad. En esta circular se conmina a todos los vendedores estacionarios -quienes venden hotdogs, helados, tortillas en las calles- a que se presenten uniformados de azul y blanco para el desfile oficial organizado por la municipalidad. La amenaza es explícita: “A quien no vaya a marchar se le levantará el puesto el día miércoles”. Así trabajan las autoridades en este país. Perciben y tratan a los supuestos ciudadanos como si fueran siervos de la gleba. Transitar de este estado de semiesclavitud a una ciudadanía plena es el verdadero reto: no se pelea por seguir a Mel Zelaya en sus desvaríos populistas, sino por rechazar un sistema que nunca ha sido democrático ni de lejos.

“HEMOS SIDO ELEGIDOS
POR DIOS”

El chantaje de la clase política es a veces más sutil y apela al tradicionalismo de este pueblo. Por ejemplo, a su religiosidad, en ocasiones profunda pero muchas veces terriblemente ingenua. En el programa televisivo estelar de los domingos, el periodista Edgardo Melgar entrevistó a tres diputados creyentes, cristianos no católicos. Durante una hora dijeron tal cantidad de sandeces que cuesta trabajo reproducir el tono de la entrevista sin sentir vergüenza ajena. En síntesis, explicaron cómo Honduras ha sido escogida por Dios para anunciar un mensaje al mundo, amenazado por sujetos como Hugo Chávez. Muestra de la mano de Dios en todo esto es, según una dama muy bien peinada que se dice legisladora, el pronto reconocimiento que recibimos de Israel, el pueblo escogido por Yahvé. ¿Alguien puede creer que esto es serio en pleno siglo 21? ¿No resulta una infamia jugar con la pretendida ignorancia de una población, a costa de argumentos que no es posible que se crean quienes los esgrimen? ¿No estarán poniendo el listón intelectual de la población hondureña demasiado bajo?

Es posible que el bipartidismo se haya pasado de la raya, como lo demuestran las impresionantes manifestaciones del día de hoy. Es posible que estén infravalorando a un pueblo que ya no puede creer, como antaño, que nacer y vivir en la Honduras de la desigualdad es una dicha inenarrable, por la que debemos estar eternamente agradecidos a nuestros políticos, que nos protegen de plagas bíblicas como el comunismo o el anarquismo. La gente ya no se la traga. Cuando sale un ex-ministro y nos explica que nuestra Constitución es una pieza jurídica tan perfecta que costará años entenderla a la comunidad internacional, son muchos más los que se ríen o se avergüenzan que los que se admiran. Hoy mismo, Micheletti, al tiempo que dijo perdonar a quienes están confundidos por doctrinas equivocadas, recomendaba a los políticos de todo el mundo que leyeran con detalle la Constitución hondureña. Sólo le falta sugerir que la pongan en las mesitas de los hoteles, junto con la Biblia, para deleite del mundo civilizado.

Buena parte de una población tradicionalmente desentendida de la politiquería, despierta ahora a una nueva conciencia. Se da cuenta de que detrás de esta pretendida democracia no hay otra cosa que una pandilla capaz de cualquier ignominia para seguir enriqueciéndose, mientras las mayorías perviven en la miseria.

¿SERÁ ESTO UNA RUPTURA HISTÓRICA?

Pero de aquí a capitalizar este suceso nacional para construir otro país diferente todavía hay mucho trecho. Marvin Barahona -el mejor historiador de su generación- expresa en un estupendo artículo publicado en la revista “Envío” de Honduras su esperanza en que este golpe ayude a consolidar “a un actor político y social que en el siglo 20 no alcanzó el poderío necesario para amenazar el status quo”.

¿Será este el acontecimiento clave para propiciar la ruptura histórica que esperábamos? Es posible, pero conviene no lanzar las campanas al vuelo. El bipartidismo siempre ha sido muy hábil para capitalizar a su favor cualquier cosa que pareciera amenazarlo. Aunque la impresión, y la esperanza, es que en esta ocasión han medido mal las consecuencias de sus actos y el tiro les está saliendo por la culata. Al menos, eso parece cuando uno ve la sorpresa con que empresarios golpistas como Benjamín Bográn reciben la noticia de que no pueden entrar en Estados Unidos. Tan nerviosos se ponen que acaban balbuceando cosas sin demasiado sentido. Fito Facussé, por ejemplo, dice que en adelante irá a Brasil, un destino que a su hijo le apasiona.

Una declaración de Hillary Clinton llegaba ayer al país. Significativamente no iba dirigida al gobierno-a quien no reconoce-, sino al conjunto del pueblo hondureño. Con motivo de la fiesta de la independencia, reafirma su amistad con el pueblo y hace votos por un pronto retorno a la democracia. Más claro ni el agua. Aquí el que se pierde es porque quiere. Sólo hay una salida a este callejón: la restitución del Presidente.

Con o sin ella, nadie nos quita la satisfacción que sentimos un día como hoy. Por primera vez el día de la independencia se cierra con la alegría que confiere la dignidad y la esperanza. Hondureños y hondureñas tienen ante sí una oportunidad histórica que no pueden ni deben desaprovechar. De ello depende el futuro de nuestros hijos, el de nuestras hijas.

21 DE SEPTIEMBRE:
¡ZELAYA YA ESTÁ AQUÍ!

Como a las 10 de la mañana saltó la noticia. Quizás algunos la veían venir pero a otros nos agarró completamente desprevenidos. Como se dice en Honduras, “no es lo mismo verla venir que tenerla delante”. Después de una semana donde el aparato golpista, a través de los candidatos a las elecciones, había reforzado sus posiciones de intransigencia ante al mediador Arias, estábamos pendientes de la reunión que Arias sostendría en la tarde con Hillary Clinton. Pocos esperaban que hoy lunes los acontecimientos dieran un giro inesperado con el regreso de Mel Zelaya al país. El olanchano lo hizo a su estilo, sorpresivamente, dando uno de esos golpes de efecto que tanto entusiasman a sus seguidores.

Nos encontrábamos con Gerardo Martínez, comunicador audiovisual, en una cafetería de la colonia Palmira, cuando una amiga nos llamó para decirnos que corría el rumor de que el Presidente depuesto había entrado en la noche al país, había llegado en horas de la mañana a Tegucigalpa y se encontraba protegido al interior de la Casa de las Naciones Unidas.

En un primer momento nos mostramos escépticos. Los rumores políticos han sido parte de la cotidianidad desde hace más de 80 días. No obstante, rápidamente nos desplazamos a estas oficinas internacionales, donde nos encontramos ya con un nutrido grupo de personas que nos hicieron sospechar que la noticia era cierta.

Eran la avanzadilla de una sorprendente multitud que minuto a minuto fue arribando a las puertas de Naciones Unidas cargada de banderas y pancartas. Media hora después, el Departamento de Estado norteamericano confirmó la noticia. Tras 85 días, Mel Zelaya regresa a Honduras, de donde fue sacado por la fuerza en su propio avión presidencial.

“¡LES GANAMOS!
NO LO PUEDO CREER…”

La alegría se torna incontenible. Un hombre sin afeitar, con la apariencia de ser un poblador de los suburbios o un labriego venido del interior, nos mira con cara de incredulidad: “Les ganamos, no lo puedo creer… les ganamos”. Se agarra la cabeza como para terminar de demostrarse a sí mismo lo sorprendente que le resulta haber derrotado a quienes siempre se han mostrado invencibles. Aun cuando esta victoria se tornara pírrica, esta sensación de triunfo que llega al corazón de tanta gente es algo que no se puede menospreciar. Hay personas sencillas que tienen casi tres meses resistiendo en las calles y mostrando públicamente su oposición al golpe de Estado. Probablemente es su primera victoria en la plaza pública y eso supone un baño de autoestima difícil de imaginar. Más tarde nos daríamos cuenta que era pronto para celebrar, que la batalla aun se estaba librando y que las espadas seguían en alto.

Como sucede con frecuencia en acontecimientos sobrecargados de emotividad, el mínimo rumor se convertía en noticia y corría de boca en boca al instante. En medio de aquella manifestación de alegría se decía que Micheletti había sido sacado del país a las dos de la madrugada, que Romeo Vásquez, el jefe de la Fuerzas Armadas, también había “caído”, que a las 2 de la tarde Mel hablaría desde casa presidencial… Estas noticias caían entre la multitud como chispas que prendían la algarabía y la tornaban por momentos incontenible. Poco a poco el espacio se nos achicaba y casi no podíamos sostener la cámara con que tratábamos de inmortalizar el momento.

Hemos visto a campesinos abrazarse entre lágrimas, a mujeres humildes desgañitarse gritando contra los militares, a ancianos sin poder contener la alegría reprimida durante semanas. Pronto aparecieron carros cargados de parlantes desde donde se emitían canciones de celebración que los presentes coreaban y hasta bailaban. Sonó de todo: desde el “Nos tienen miedo”, que es ya un himno hondureño, hasta una versión remozada para Zelaya del “Jefe de Jefes” de Los Tigres del Norte.

También aparecieron más banderas. Entre ellas las del Partido Liberal, quien amenaza con capitalizar todo este movimiento para remozar el bipartidismo. Mucha gente en el movimiento popular considera que esta alianza táctica con un sector de lo más rancio de nuestra política vernácula no es más que una utilización que resulta conveniente y de la que luego se podrán desprender. ¿Por qué no lo contrario? En realidad, sería lo más normal. Que sea la clase política, más versada y más poderosa, quien utilice a los ciudadanos bienintencionados y no a la inversa.

LA EMOCIÓN DE ESTE MOMENTO: “¡SÍ SE PUDO!”

Es inevitable sentir temores ante el rumbo que tomen los acontecimientos y sus consecuencias para los más pobres, pero es imposible no sentirse arrastrado por la emoción del momento y contagiarse de la risa y el entusiasmo de los presentes. Mucha gente se me acerca para abrazarme, para darme la mano o para decir con cierta candidez: “¡Sí se pudo!”.

Al mediodía se anuncia que Zelaya no está en ese edificio y se confirma que está en la embajada de Brasil, a 200 metros de donde estamos. La multitud comienza a moverse. Imposible saber cuánta gente hay, pero no menos de 50 mil. Si esto sigue creciendo, piensa uno, y empiezan a llegar personas del interior del país, se pueden llegar a congregar cientos de miles de personas, lo que constituiría una amenaza enorme para el régimen golpista que, a estas horas, ya sabemos que continúa en su sitio.

Quizás por eso, en la primera cadena nacional de la tarde, se nos anuncia un toque de queda de una duración sorprendente. Constituye en realidad un encierro para todo un país. A pesar de que ya son las 3:30 de la tarde cuando se hace oficial el comunicado, el toque abarcaría de 4 de la tarde a 7 de la mañana en todo el territorio nacional. Todos y todas para casa. ¿Se moverán los miles de simpatizantes de Zelaya, que a estas horas continúan frente a la embajada de Brasil? ¿Marcharán todos sobre Casa Presidencial y sacarán de allí a Micheletti? Nadie sabe qué puede pasar en las próximas horas. El primer encuentro de Mel con la población, transmitido por el canal 36 de televisión, resulta un baño de multitudes. Da la impresión de que si este hombre ordena a la muchedumbre que arrase la capital lo hará entre gritos de júbilo.

¿YA TODO ESTÁ COCINADO?

Viendo a Rassel Tomé, el ex-candidato de Micheletti y hombre de Rosenthal Oliva, dirigiendo a los manifestantes, uno piensa que todo está ya cocinado. Pero quizás no. La incertidumbre cae sobre nosotros antes de que el día empiece a oscurecer. A las 5 de la tarde, Micheletti nos regala una segunda cadena nacional. Rodeado de todo su equipo, de los diferentes poderes del Estado, y de esa parte de la sociedad civil que lo ha acuerpado desde el primer día, anuncia que nada cambiará este nuevo movimiento de Zelaya.

¿Será verdad que no hay negociaciones por debajo de la mesa? Pide a la embajada de Brasil que entregue a Mel a las autoridades hondureñas para que sea juzgado como corresponde. Con todo, el nerviosismo entre quienes ostentan el poder es notorio, a pesar del maquillaje. Según el corresponsal de Reuters, el gobierno de Micheletti considera inaceptable que Zelaya llame a una movilización popular desde la embajada de Brasil y culpa a ese país de los disturbios que se pudieran producir. Un empresario -el Facussé que se quedó sin visa- se atreve a sugerir que puesto que Brasil no reconoce a este gobierno, no está Honduras obligada a respetar la inmunidad diplomática de su embajada.

Ha caído la noche y es difícil acceder a más noticias. La ciudad esta previsiblemente militarizada y nadie puede salir a comprobarlo sin exponer su integridad. Aunque sabemos que muchas personas guardan vigilia frente a la embajada brasileña. El canal de televisión contrario al golpe ha salido del aire. Las comunicaciones vía teléfono celular han sido cortadas. No sabemos qué movimientos se están preparando de uno y otro lado, pero es evidente que dentro de este regreso al silencio forzado, el miedo y la esperanza vuelven a aparecer con fuerza. Como me comentaba el periodista Manuel Torres, a quien encontré esta mañana entre la multitud, las próximas 72 horas son decisivas para la solución de la crisis y quién sabe si para el futuro de Honduras.

ENREDADOS EN GRAN CONFUSIÓN

Una de las cosas que más nos preocupan en estos últimos días es la profundización de la falsa polarización. Lo más terrible es que a medida que las posturas se van extremando, las voces más equidistantes de Micheletti y de Zelaya son silenciadas. Muchas personas son acusadas de golpistas por el simple hecho de reconocer en Mel a un político caótico, o advertir que en su gobierno había corrupción. No podemos permitirnos señalar a Doris Gutiérrez o a Matías Funes como golpistas por mantener posiciones diferentes a las de la resistencia. Con toda una vida a sus espaldas de compromiso real con los intereses de las mayorías, son pieza fundamental para construir una alternativa a la élite político-empresarial que maneja este país.

No lo son en cambio los periodistas David Romero y Eduardo Maldonado, o tantos otros políticos corruptos que se han unido a la resistencia. Hay quien piensa que en estas condiciones es mejor esperar a las elecciones. Otros pensamos que necesitamos a Mel Zelaya aquí para retornar al orden legal y comenzar una nueva historia. Ojalá no nos dejemos enredar en medio de toda esta confusión. Ningún caudillo será nunca una solución, ni ninguna Constitución por bien hecha que esté, podrá sustituir a una ciudadanía educada y participativa. Esperemos que esta crisis nos ayude a forjarla.

A las 8 de la noche más noticias van tejiendo un panorama sombrío. Una tercera cadena nacional anuncia que el toque de queda se extiende de 7 de la mañana a 6 de la tarde del día martes en todo el territorio nacional. Es decir, siete millones y medio de personas hemos sido secuestrados hasta nuevo aviso. Por otra parte, anuncian en la OEA que Mel Zelaya abandona el Pacto de San José y renuncia a esa vía dialogada. ¿Estamos prontos al final de este episodio histórico o es el inicio de un mayor caos que puede conducir a un enfrentamiento violento entre hondureños? La situación no parece tener salida a estas horas de la noche. Así vivimos este día, uno de los más contradictorios desde que el 28 de junio la clase política hondureña demostró su menosprecio por los principios democráticos y sumió a este país en su mayor crisis contemporánea.

22 DE SEPTIEMBRE:
DE LA ALEGRÍA A LA REPRESIÓN

En pocas horas transitamos de la desbordante alegría que generó la llegada de Mel a la más oscura de las jornadas represivas. A las 4:30 de la madrugada, el ejército y la policía cargaron contra centenares de manifestantes que habían montado guardia toda la noche frente a la embajada de Brasil, donde desde ayer se encuentra refugiado el mandatario depuesto.

La represión se extendió en las primeras horas de la mañana a las colonias colindantes, donde la luz y el agua fueron cortadas desde anoche. En algunos lugares se denuncia la entrada de fuerzas policiales al interior de domicilios y la captura de algunos ciudadanos y ciudadanas. Cientos de personas fueron confinadas en un estadio de beisbol capitalino. Hay decenas de heridos y se ha confirmado al menos un muerto, aunque hay muchas más denuncias de personas fallecidas por herida de bala, aún sin confirmar. Algunos dirigentes de derechos humanos aseguran que la policía ha sacado a algunos heridos de los hospitales y se los ha llevado a paradero desconocido. Lo que resulta claro es que ha corrido la sangre.

En horas de la tarde comienza un rosario de nuevos altercados en diferentes barrios de la ciudad capital. En la televisión vemos impresionantes imágenes de El Pedregal, donde la policía mantiene un enfrentamiento armado con un grupo de pobladores que se defienden con piedras. A pesar del prolongado toque de queda, miles de capitalinos han desafiado la medida y han salido a enfrentar a las fuerzas armadas. Cuando sólo falta una hora para la medianoche siguen llegando denuncias de todos los rincones de la ciudad. Hablan de represión armada incluso contra menores de edad. Todavía a estas horas se escuchan disparos y sirenas por toda la ciudad, convertida en el escenario improvisado de una guerra de guerrillas.

¿ASALTARÁN LA EMBAJADA
DE BRASIL?

Seguimos parcialmente incomunicados y sometidos a un virtual estado de sitio absolutamente irracional. En todo el país sin excepción está prohibido salir a la calle desde ayer a las 4 de la tarde. Estamos secuestrados desde hace 31 horas y el toque de queda se ha extendido hasta mañana a las 6 de la tarde como mínimo. No hay gasolina ni siquiera para los médicos que difícilmente pueden llegar a hacer sus guardias a los hospitales. Muchos trabajadores del sistema de energía eléctrica o del sistema de aguas prefieren quedarse en casa que arriesgarse a un malentendido. En San Pedro Sula un joven de 18 años que iba en bicicleta se asustó y huyó al ser requerido por los policías, quienes le dispararon a matar con macabro acierto.

Se sospecha que durante toda la tarde el gobierno barajó la posibilidad de entrar por la fuerza en la embajada brasileña para capturar a Mel Zelaya. Sin embargo, la reacción preventiva de Brasil, invocando la Convención de Viena y la posibilidad de convocar al Consejo de Seguridad de la ONU hace reconsiderar su decisión a los golpistas. La vicecanciller Martha Lorena de Casco comparece a las 5 de la tarde y afirma en cadena nacional que el gobierno es respetuoso de las convenciones internacionales y que no asaltará territorio brasileño. El tono de su comparecencia, no obstante, es amenazante y confrontativo. Sobre todo, rezuma cinismo. La funcionaria del régimen golpista vuelve a decir que ellos están abiertos a una solución negociada, cuando no han hecho otra cosa que boicotearla desde el primer momento.

Mucho peor es la última cadena nacional del día. A las ocho de la noche, ante periodistas nacionales y extranjeros, el canciller López Contreras lee una declaración de Micheletti. Lo primero que sorprende es que la declaración se hace en inglés. Una voz femenina la va traduciendo al castellano. ¿No son éstos los que invocan el orgullo nacional y nuestra idiosincrasia? La declaración es cantinflesca. Afirma Micheletti que está dispuesto al diálogo, pero deja claro que no hay ninguna posibilidad de restitución de Zelaya puesto que la separación de poderes y la Constitución lo tornan inviable.

Tiende una mano a Zelaya para hablar, pero pretende presionar a Brasil para que entregue al mandatario depuesto a la justicia. Acorralado por las preguntas de periodistas extranjeros, Contreras se muestra evidentemente inseguro. Llega a sugerir una mediación de la Santa Sede. Aun sabiendo que es miembro del Opus Dei -como lo son otros actores de este gobierno de facto-, tan descabellada propuesta sólo se puede entender por el nerviosismo del momento. ¿No ha quemado el Cardenal toda posibilidad de que la Iglesia medie en el conflicto? ¿No sigue resultando su silencio ante la represión incomprensible para la mayoría católica de este país?

MICHELETTI Y ZELAYA IMPROVISAN EL GUIÓN

Lo cierto es que se ven pocas luces para solucionar el conflicto. Tanto Zelaya como Micheletti pareciera que están improvisando. Es sabido que los mejores guionistas están en Estados Unidos y por eso, no parece que este guión con tantos desaciertos esté escrito por ellos. Y eso supone una terrible amenaza, habida cuenta de lo caldeados que están los ánimos. Cuando la población se topa, como está ocurriendo, con una clase política que no quiere entrar en razón y que opta por la confrontación y la fuerza, puede terminar por perder el control. La represión desatada hoy puede colmar el vaso de la paciencia de mucha gente que hasta ahora se ha manifestado pacíficamente

Esta mañana, en un programa televisivo fueron convocados cuatro candidatos a las elecciones del 29 de noviembre. Pepe Lobo -líder del Partido Nnacional- sugiere que hay que volver al dialogo con Mel Zelaya, ahora que ha vuelto al país. Un dialogo que debería ser amplio y diligente. Incluso llegó a decir que contempla la posibilidad de que su partido abandone el Congreso Nacional de no llevarse a cabo un esfuerzo real por acercar posiciones. Es interesante esta postura de Lobo, puesto que abre un hueco en la intransigencia mostrada por la clase política.

Es de suponer que más de uno está pensando que las cosas han ido demasiado lejos. Algunos actores cercanos a la élite económica pueden estar maniobrando para salvar una situación ingobernable que tampoco los favorecerá a ellos.

El Frente de Resistencia convoca a una marcha multitudinaria mañana a las 8 de la mañana, desafiando una vez más el toque de queda. Se está movilizando gente desde diferentes puntos geográficos del país con el objeto de llegar a la capital y sumarse a la estrategia de la resistencia. Pero estos intentos de desplazamiento seguirán encontrándose con los retenes que se han dispuesto por todo el país para impedir la libre circulación de las personas. Nunca desde el día del golpe de Estado el país había estado tan militarizado.

LA RESISTENCIA
TIENE VIDA PROPIA

Muy difícil deben haberse vuelto las cosas para que no se termine de llegar a una salida negociada que permita a unos y otros asegurar su futuro político y financiero, fórmula utilizada por los poderes fácticos de este país durante décadas. Los acuerdos por debajo de la mesa han sido la manera de hacer política, lo que mantuvo a Honduras relativamente a salvo de los conflictos armados que caracterizaron a Centroamérica durante la década de los 80. Una vez más hay que destacar que no esperaban encontrarse con una ciudadanía tan ávida de transformaciones y tan harta de vivir con miedo.

El movimiento de resistencia ha tomado vida propia y se mueve en ocasiones caóticamente, pero con inusitada beligerancia. Es una lástima que la dirigencia no tenga clara una propuesta. Cifrarlo todo en una nueva Constituyente es una buena consigna para salir a la calle un día, pero después de tres meses resulta insuficiente para un país que está patas arriba y que se aboca a una crisis económica sin precedentes en su historia contemporánea.

EL OPTIMISMO DE ESTA HORA
Y EL PELIGRO DE ESTA HORA

En la tarde visito a unos amigos en el barrio La Leona, donde hay bastante gente en la calle. Parece un domingo más. Me encuentro con Albita, una joven madre que se acerca para compartir sus impresiones. Según Albita, aquí lo que hay son dos políticos peleando por intereses particulares.

Esta ciudadana no se ha creído los discursos de los líderes, ni siquiera las palabras de Mel ayer, cuando en su genuino estilo campechano invitaba a la multitud a irse a vivir con él a su hacienda de Olancho. Más allá de Micheletti y de Zelaya -los dos caudillos del Partido Liberal enfrentados en esta crisis-, ésta es una pugna entre la oligarquía autoritaria que ha tenido siempre las riendas del poder y un pueblo que pretende un futuro diferente a la sociedad de la desesperanza en que han vivido.

Es profundamente injusto que estos anhelos, tan dignos y tan razonables, de un pueblo que merece mejor suerte, tengan que enfrentar día tras días el desprecio y la violencia institucional, azuzada por medios de comunicación mediocres y mentirosos al extremo.

Hoy hemos vivido uno de los días más tristes de los 87 que se han sucedido desde el golpe de Estado. Sería ingenuo esperar para mañana un día mejor. Sólo cabe esperar que este gobierno muerda al fin el polvo agotado por sus propios errores. Es la única esperanza, porque de lo contrario nos tememos que estén por venir jornadas sangrientas, cuya responsabilidad habría que adjudicar a una clase política vergonzosa.

Si algo ha quedado demostrado en esta crisis es que la política hondureña está profundamente enferma y es imprescindible reinventarla para que esté orientada al bien común y no a satisfacer los caprichos de unas pocas familias.

QUE NO SALGAN
VIVITOS Y COLEANDO

Lo único claro hoy es que se ha destapado la tremenda corrupción e incompetencia que está debajo de la vida política del país. Esperemos que no haya una salida en falso. Muchos pensamos que algo muy bueno ha ocurrido: se ha sacudido la conciencia del pueblo y el pueblo se ha encontrado en las calles y se siente orgulloso de haberse reconocido. Ésa es una base esencial para un nuevo país. Pero las amenazas también son muy grandes. Una negociación política de última hora, en la que Zelaya recupere posiciones, pero la clase política salga vivita y hasta fortalecida sería terrible. También es terrible la crisis económica que se nos viene encima, y que golpeará con más fuerza cuando ya la atención internacional se haya desplazado a otro conflicto.

COMUNICADOR POPULAR.

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