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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 330 | Septiembre 2009
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Guatemala

La conspiración fallida y el factor Chávez

La sombra del chavismo aterroriza a las derechas centroamericanas. En democracias tan frágiles como las nuestras, la influencia de Chávez fue la perfecta excusa para el golpe militar en Honduras como lo iba a ser para el golpe técnico pretendido fallidamente en Guatemala. El chavismo puede también manipular radicalizadamente a algunas izquierdas, polarizar más a nuestras sociedades y no dejar espacios en medio para construir alternativas que garanticen el futuro.

Juan Hernández Pico, SJ

Hace tres meses tratábamos de encontrar hilos para salir del laberinto en que Guatemala se había internado a partir del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg y del video hecho público donde culpaba de su asesinato al Presidente de la República Alvaro Colom, a su esposa, la Primera Dama y Comisionada para la Cohesión Social, Sandra Torres, al Secretario Privado de la Presidencia, Gustavo Alejos y a varios empresarios y banqueros.

¿UN GOLPE DE ESTADO TÉCNICO?

Con el paso del tiempo parece bastante probable que en Guatemala se desarrolló una conspiración alrededor de este crimen nefasto para forzar la renuncia del Presidente o su destitución tras antejuicio, y para desaparecer de la escena política, como probable candidata a la presidencia en 2012, a su esposa. La abundante correspondencia entre Rosenberg y Marjorie Mussa salida a la luz pública, que documenta su relación amorosa, vuelve más verosímil el trastorno emocional que el asesinato de ella pudo producirle a un hombre que ya había pasado por difíciles situaciones síquicas.

Estaríamos pues, probablemente, en presencia de una conspiración que habría pretendido montar un golpe de Estado técnico, antes del que un poco más de un mes después se perpetró en Honduras. Es terrible vernos obligados a pensar que quienes conspiraron y utilizaron la angustia de Rosenberg para sugerirle convertir en acusaciones las que tal vez fueron en algún momento sólo sospechas suyas, no se detuvieran ante la propiciación o aprovechamiento de un asesinato. Las declaraciones de Luis Mendizábal, antiguo jefe de la “Oficinita” -despacho clandestino de inteligencia al servicio del antiguo Estado Mayor Presidencial- y repartidor del video durante el entierro de Rosenberg, no ayudan a absolverlo de la participación en tal conspiración. Mendizábal ha declarado que no tiene nada de qué arrepentirse por sus anteriores complicidades en intentos de golpe de Estado en 1988 y 1989 durante la presidencia de Vinicio Cerezo, cuando el entonces Ministro de Finanzas, Carlos Páiz, propuso la reforma fiscal de mayor alcance que se haya elaborado en Guatemala, y que nunca fue aprobada por el Congreso, ante la rebelión de la gran empresa privada. La gran paradoja es que Páiz era un gran empresario.

Sólo los resultados de las investigaciones criminológicas que la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) está llevando a cabo, en combinación con la Fiscalía General de la República (FGR), podrán darnos un terreno firme donde sustentar lo que para nosotros es hoy sólo probable. En este contexto, hemos escuchado que el Presidente de la República no deja de contemplar de vez en cuando el video de Rosenberg para no olvidar que sobre su cabeza pende una espada de Damocles mientras no se levante el secreto del sumario del caso Rosenberg.

CONTRA EL CRIMEN ORGANIZADO

El Comisionado de la CICIG, el juez español Carlos Castresana, viajó a Nueva York para entrevistarse directa y personalmente con el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon. Con esta visita, Castresana enfrentó y disipó totalmente ciertas dudas sobre si la ONU seguía apoyando firmemente su misión. Así apoyado, se explica también que haya mantenido con firmeza su trabajo en varias investigaciones cruciales, entre otras el caso del ex-Presidente Alfonso Portillo, en este momento en libertad bajo fianza.

La CICIG, encabezada por Castresana, se ha preocupado también por identificar aspectos legales y reglamentarios para mejorar la protección de los derechos humanos garantizados por la Constitución. También se ha venido ocupando de otros aspectos que suponen mecanismos favorecedores de la impunidad. Según la misma CICIG, se trata de reformas legislativas en todos estos temas: “Competencia Penal en Procesos de Mayor Riesgo”, Colaboración eficaz para testigos que necesitan de protección “y Amparo, Antejuicio, Tráfico ilícito de Armas y Municiones, Anti-Corrupción, Trata de Personas, Tráfico Ilícito de Migrantes, Régimen Disciplinario en la Justicia Penal, Cooperación Jurídica Internacional, Extradición y Asistencia Jurídica”.

Todas estas propuestas se dirigen fundamentalmente a tratar de mejorar el “sistema de justicia de Guatemala” y a conseguir hacer avanzar su propia misión de “apoyar al Estado a desarticular los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad, mediante el impulso y la promoción de una acción más eficiente y eficaz -particularmente del Ministerio Público- en el proceso penal, sobre todo en los casos de grave criminalidad y de alto impacto social.” La actuación de la CICIG, una herencia valiosa de la anterior Presidencia, movida especialmente por el Vicepresidente Eduardo Stein, es un factor prometedor en el campo yermo de la justicia frente a la impunidad. Bien es verdad que la opinión pública se pregunta cuándo se verá el primer juicio oral que culmine el proceso en alguno de estos casos. Se podría contestar que mejor es un proceso lento pero bien investigado que uno rápido y mal hilvanado.

¿POR QUÉ FRACASÓ ESTE GOLPE?

Volvamos al probable intento de golpe de Estado técnico. La probable pretensión -ampliamente publicitada por el General Otto Pérez Molina, perdedor en las anteriores elecciones- era que tanto el Presidente como la Primera Dama se vieran forzados a renunciar, o al menos a retirarse temporalmente del ejercicio de sus cargos, mientras se les sometía a antejuicio, por la presión de las acusaciones de Rosenberg y de las marchas “blancas”, especialmente de jóvenes, en parques y plazas de la capital. Pretendían que las tareas ejecutivas fueran desempeñadas mientras tanto por el Vicepresidente, el eminente cardiocirujano Rafael Espada.

Nada de eso se logró. Principalmente, porque Rosenberg hacía acusaciones sin sustentarlas con prueba alguna. En segundo lugar, porque ni el Congreso promovió un antejuicio ni el Vicepresidente dejó de apoyar al mandatario y, obviamente, el Presidente pedía pruebas. En tercer lugar, porque a las marchas “blancas” capitalinas se les opusieron, sin encontronazos, las marchas “verdes”, provenientes del interior del país y especialmente de las zonas indígenas, donde Colom ganó la gran votación que contrapesó por vez primera los votos de la capital. También venían de los asentamientos marginados de la capital, donde se ha hecho sentir el trabajo de Cohesión Social de la Primera Dama. En cuarto lugar, porque quienes marchaban en las marchas “blancas” se cansaron relativamente pronto de marchar y de compartir las calles con los “shucos” -algunos les echaban perfume o loción cuando se cruzaban con ellos- y con los “rotos” -algunos les tiraban billetes-. No parecían estar dispuestos a salir a las calles durante dos años y medio, el resto del período presidencial de Colom. Y en quinto, pero no por eso último lugar en términos de importancia, porque la CICIG se hizo cargo de la investigación del asesinato de Rosenberg inmediatamente, en cooperación con el Ministerio Público, y el Presidente, después del paso en falso de reunirse a solas con el Fiscal General, comprendió la gravedad de la situación y ofreció a la CICIG absoluta cooperación y ninguna interferencia.

SANDRA TORRES:
MOTIVO PARA LA CONSPIRACIÓN

No puede evitarse preguntar por los motivos de la conspiración. En tiempos de una crisis mundial que golpea duramente a Guatemala y al resto de Centroamérica, unas políticas de “cohesión social” no pueden dejar de ser recibidas por la numerosa población pobre y miserable de este país como lluvias de mayo para las siembras. “Mi familia progresa” y “Bolsa solidaria”, a pesar de las oscuridades contables que se les achacan, son una respuesta que, de alguna manera, tratan de responder al descenso notable de las remesas (¿-12% de tasa interanual en 2008-09?) y al consiguiente descenso del consumo y del comercio interno, tanto el formal como el informal. La proclamación de su presidencia como “socialdemócrata” y sucesora de los programas políticos y de los sueños de su tío asesinado, Manuel Colom Argueta, acercó peligrosamente a Colom a los límites de la tolerancia criolla. Que pueda ser sucedido por su esposa, Sandra Torres, pudo haber sido la gota que habría desbordado la copa. Más aún si, como se rumora, las encuestas de intención de voto la favorecen.

Nadie con dos dedos de frente y algún conocimiento de la profundización de la pobreza en Guatemala en estos tiempos de crisis mundial y de clima imprevisible, con la vuelta de la corriente del Niño y la sequía, puede aborrecer el programa “Mi familia progresa”. Lo que no se puede aceptar es que su contabilidad no sea transparente. También sería inaceptable que, al abrigo de la falta de transparencia, se esté formando una bolsa privada para la presunta futura campaña electoral de la Primera Dama.

Ésa es la acusación que circula en el país. Y es una acusación muy fácil de desvirtuar con sólo transparentar las cuentas de Cohesión Social y, más en concreto, las de “Mi familia progresa”, o las de “Escuela Abierta”. Tampoco se podría aceptar que estos programas de asistencia social, mezclada -en el caso de la educación- con algún inicio de transformación estructural, sean utilizados en forma discriminatoria, favoreciendo a unas regiones del país y desfavoreciendo a otras, de acuerdo a una aritmética electoral o a otras circunstancias.

Un comunicado de la Asociación de Trabajadoras del Hogar a Domicilio y de Maquila (ATRAHDOM) denuncia al Presidente Colom por haber negado que en Guatemala haya hambruna, le exige que se transparente y equilibre el destino de las “Bolsas de Solidaridad”, y que en la próxima negociación de las Comisiones Paritarias (patronal, trabajadores y Estado) para fijar el salario mínimo, tanto urbano como rural, se tenga preferentemente en cuenta el punto de vista de los trabajadores, pues con menos de 100 quetzales al día es imposible no pasar hambre en este país, a menos que se descuiden totalmente otros componentes de la canasta básica vital: ropa y calzado, luz, gas, agua, escuela, etc. Los costos de la canasta básica alimentaria y de la canasta básica vital los calculó el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el año 2008 en 65.35 y 119.26 quetzales al día, respectivamente.

LAS INTRANSIGENTES ÉLITES

Se podría pensar que las guerras de los años 80 en Centroamérica habrían dejado como resultado, en “las élites” y en buena parte de la población, una conciencia social mínima: un cierto nivel de tolerancia, un cierto acuerdo, aceptado en diferentes grados pero aceptado finalmente, de que los beneficios del avance en el desarrollo de nuestros países deben ser distribuidos en alguna medida, de que las extremas desigualdades económicas y sociales son criadero de violencia, de que sin un mínimo consenso, estabilidad y paz no hay desarrollo, de que la violencia nos perjudica a todos y de que las elecciones son hoy por hoy la única alternativa civilizada para dirimir qué fuerza, partido o persona es quien va a gobernar. Por desgracia, no hemos llegado a este tipo de sabiduría política. Nuestras élites, aunque hayan modernizado tecnológicamente sus maneras de invertir el dinero y de ganarlo, y aun cuando se hayan incorporado a la transnacionalización globalizada del capital, se mantienen profundamente hundidas culturalmente en las raíces conservadoras de los antiguos “terratenientes”. Esto da origen a su intolerancia y los hace esquizofrénicos en su apoyo a la democracia. Para su mal hay cura: cortar por lo sano, es decir, abandonar su adhesión a la democracia.

UNA CULTURA POLÍTICA PRIMITIVA

Los gobernantes, que proceden habitualmente de esas élites o de miembros rebeldes de burocracias estatales, bien sean las parlamentarias, las universitarias o las militares, no han estado a la altura de la democracia representativa, que requiere honestidad, transparencia y competencia, siendo la incompetencia “la madre de todas las corrupciones”. La cultura política en Centroamérica es primitiva y una vez se llega al poder, de lo que se trata no es de gobernar sino, como diría Carlos Marx, de “acumular primitivamente” y de buscar cómo sostenerse a cualquier precio en esa ventajosa posición ilimitadamente. En “El Periódico” del 12 de julio, Edelberto Torres Rivas escribió un atinado artículo a propósito del golpe de Estado en Honduras, titulado “Las democracias también se pudren”. “El estado democrático funciona bien si quienes lo dirigen tienen convicciones democráticas y son competentes para el manejo de los asuntos públicos,” dice. Para desgracia nuestra quienes nos dirigen no parecen, en su mayoría, tener estas dos características.

SEÑAL DE INCOMPETENCIA POLÍTICA

En términos de competencia para organizar la seguridad ciudadana, para el afianzamiento de la paz en una sociedad atravesada por la cultura de la violencia, como lo es la guatemalteca desde los tiempos de la Conquista, que ha sido reforzada con extremismo brutal por el crimen organizado después de 36 años de conflicto armado interno, el mayor error, la mayor incompetencia del Presidente Colom fue la de no atreverse a ratificar en su puesto a la que fue la última ministra de Gobernación en el gabinete de Oscar Berger, Adela Camacho de Torrebiarte. Con ella y su equipo, la política de lucha contra la inseguridad ciudadana y a favor de la reconversión de la Policía Nacional Civil (PNC), había empezado a caminar por el camino correcto.

Es cierto que Colom puso como su primer ministro de Gobernación a un viceministro que había trabajado en el equipo de Torrebiarte. Vinicio Gómez. Por desgracia, falleció víctima de un accidente, medio año después de haber sido nombrado. Su sucesor, Francisco Jiménez, es más un intelectual de la seguridad que un ministro ejecutivo y la impaciencia del Presidente, que buscaba resultados, hizo que fuera cesado al final del primer año de esta Presidencia, para encargarle perfeccionar el diseño de la investigación criminal como sector especial de la PNC. Colom nombró a continuación, a principios del año 2008, para este ministerio a un viceministro de los tiempos de Arzú, con fama de organizador de la “limpieza social”, especialmente de niños de la calle, el alcalde de Villanueva Salvador Gándara. Éste se rodeó en la cúpula de la PNC de auténticos maleantes. Menos de medio año después, Colom ha prescindido de Gándara y ha nombrado a la cabeza del ministerio a Raúl Velásquez, abogado de origen democratacristiano, quien parece haber elegido como sus asesores, consciente o inconscientemente, a gente con fama de corrupta. Gándara ha regresado a la alcaldía para la que fue electo.

Así pues, sin contar al ministro fallecido, el Ministerio de Gobernación ha cambiado ya de manos tres veces. Así sucedió en la presidencia de Berger y fue mayor el trasiego en la de Portillo. De los cuatro últimos presidentes, sólo el ex-Presidente Arzú mantuvo en el cargo a una sola persona durante sus cuatro años al frente del Ejecutivo.

FRÁGIL CONVICCIÓN DEMOCRÁTICA

Por lo que toca a la convicción democrática, la hipótesis de la conspiración fallida para conseguir un golpe de Estado técnico en Guatemala, nos ilumina sobre lo que Edelberto Torres Rivas llama el “estado de permanente transición” en que se encuentran nuestros Estados, “pues el veredicto de la estabilidad institucional es esencialmente transitorio.” Es esto lo que nos ha mostrado el golpe de Estado de Honduras y lo que pudo habernos mostrado el pretendido en Guatemala.

En Honduras fue ejecutado en forma más burda, puesto que se permitió la intervención del Ejército y la expatriación del Presidente, convocando así a los espíritus castrenses y dictatoriales de las Repúblicas Bananeras. En Nicaragua, en noviembre de 2008 el “golpe” contra los poderes municipales lo ejecutó el FSLN con un fraude electoral al más puro estilo somocista: con los poderes del Estado absolutamente copados por un pacto interpartidario beneficioso a la larga para los dos pactantes, y con la entrada en juego de “tropas de choque” partidarias dispuestas a romper las cabezas que hiciera falta de manifestantes y protestantes de la multicolor oposición. En Venezuela se ha hecho decretando repetir referendos hasta obtener el resultado querido por el chavismo, y persiguiendo luego a los líderes electos de la oposición, o inventando estructuras de gobierno que nieguen las institucionalizadas a nivel municipal por la voluntad electoral mayoritaria de la población. En Guatemala todo iba a hacerse de forma más jurídica, poniendo contra la pared al Presidente por la presunta comisión de un crimen horrendo.

Lo que falla en realidad es la profundización de la democracia. Un gran peligro es que los gobiernos que quieren perpetuarse en el poder para seguir combatiendo al narcotráfico -guerrillero o no- con mano dura, recurran a la alianza militar con los Estados Unidos, a ejemplo del Presidente Uribe en Colombia, cuya ambición de perpetuación ni los abanderados del capital ni las derechas de la clase política discuten ni publicitan en Centroamérica.

Otro peligro, que se nos muestra claramente en la Nicaragua orteguista, a veces en la Venezuela chavista, y hoy en la Honduras golpista, es que los gobiernos se apunten a la política del bandolerismo social de las masas, entusiasmadas con un populismo y antiyanquismo de corto plazo o aceitadas con dádivas sociales que, si no son acompañadas por medidas estructurales productivas y reproductivas, a la vez que redistributivas, serán sólo pan para hoy y hambre para mañana, sobre todo cuando dependen de algo tan volátil como los precios del petróleo y de algo tan escasamente distribuido como la elevada capacidad tecnológica para explotar reservas de crudo, como las del Orinoco venezolano, las del Golfo de México o las que se dice yacen en la plataforma marítima hondureña.

LA SOMBRA ATERRORIZANTE
DEL CHAVISMO

La sombra del chavismo aterroriza a nuestras derechas, económicas o políticas, incluso a algunas de las más transnacionalmente globalizadas. En Centroamérica, tal vez sólo el capital de los Pellas, posiblemente el más poderoso y transnacionalizado de Centroamérica, aguanta la tormenta en Nicaragua sin estridencias y con calma. Y eso, a pesar de que el Presidente Ortega ha entrado de lleno en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). El Presidente Zelaya en Honduras entró en la misma iniciativa con menos consistencia y coherencia. El Presidente Colom apenas se acercó al Presidente Chávez para entrar en Petrocaribe, sin llegar a pedir membresía en el ALBA. Sin embargo, la actividad al frente de Cohesión Social de su esposa, generó gran nerviosismo al proyectarse la posibilidad de su candidatura en 2011. Con ella, pudiera opacar la del General Otto Pérez Molina del PP, la de Alejandro Giammattei de la GANA, la de Rigoberta Menchú -que probablemente intentará probar de nuevo con el simbolismo del año 2012, fecha que culmina una era maya- y la de Mario Estrada, detrás de quien se dice que pretende agazaparse el ex-Presidente Alfonso Portillo con sus oscuros nexos con el crimen organizado. Sandra Torres en la Presidencia, volcada a tareas de solidaridad con las masas empobrecidas, podría apuntarse al ALBA con menos dificultad que Colom.

Para algunos partidos de izquierda Chávez es un socialista auténtico y reverdece las esperanzas de que, a pesar de 1989 en Berlín y 1991 en Moscú, sea posible en el siglo 21 un socialismo renovado en América Latina, y no sólo una socialdemocracia entre neoliberal y neokeynesiana. Chávez dice además, sin pelos diplomáticos en la lengua, lo que no pocos querrían decirle al molesto vecino del Norte, que seguiría estando apresado por el pentagonismo, a pesar de Obama.

Para otros, también izquierdistas, Chávez es un “chafarote” -como decimos en Guatemala y en El Salvador o un “guardia”, como se dice en Nicaragua- jugando a Bolívar o a Fidel Castro o a quién sabe a qué personaje. Pensaría como militar y habría mostrado una tendencia clara hacia la extensión territorial de sus influencias. Su meta sería controlar el poder y hacerse para esto de un mayor “espacio”, al estilo del “espacio vital” que reivindicaba Hitler. Trataría así de envolver en esa dinámica al mayor número posible de gobernantes latinoamericanos.

EL FACTOR CHÁVEZ
EN CENTROAMÉRICA

Como su influencia en Brasil y el Cono Sur está limitada -el Senado paraguayo acaba de votar en contra de la incorporación de la Venezuela chavista al Mercosur-, como su batalla por la expansión hacia Colombia pudiera terminar en un fracaso total, y como Alan García venció al candidato apoyado en Perú por Chávez, Ollanta Humala, Centroamérica se convierte en una presa fácil y no muy costosa.

Este proyecto chavista puede aparecer como el de un bienhechor rico y generoso, gracias a los petrodólares, gestionados como dádivas y apropiados por los gobernantes agraciados sin pasar por el filtro controlado del presupuesto nacional, como en la Nicaragua orteguista, o enviados directamente a partidos de izquierda o entregados por Petróleos de Venezuela, S.A. (PEDEVESA) en forma de precios más baratos o de créditos relativamente blandos, como en El Salvador o en Guatemala. Y puede terminar en tragedia como con el parcial financiamiento de la consulta popular fallida en Honduras. Sobre todo, podría llegar a ser también una calamidad para los partidos y organizaciones de izquierda interesados en el desarrollo de sus países y en construir sociedades más participativas y justas. Estas organizaciones podrían llegar a verse desplazadas, cooptadas y, en el peor de los casos, cuasi-compradas, por los portadores de los petrodólares de Chávez -como lo fueron las derechas y los militares por los dólares yanquis- y terminarían siendo puestas al servicio de un proyecto cuyos resultados habrán de estimarse y valorarse por los cambios estructurales logrados por Venezuela por Chávez. ¿Están convirtiendo a Venezuela en un país con seguridad alimentaria y con una economía que supere a largo plazo su excesivo descanso en las rentas petroleras?

Al buscar responsables de lo que nos está pasando en Centroamérica no me quedo con el coronel Hugo Chávez y su mesianismo político. Así como creo que a Chávez la historia lo juzgará fundamentalmente por lo que, al final de su mandato electoral logre estructuralmente en Venezuela, creo también que a nuestros políticos en Guatemala la historia los juzgará por lo que logren estructuralmente en este país.

POLARIZACIÓN ENTRE DERECHAS E IZQUIERDAS

Las derechas centroamericanas, tan bien autoexpresadas actualmente -como hace treinta años en su oposición a los revolucionarios sandinistas- están profundamente polarizadas contra las izquierdas. Y no dejan mucho espacio en el medio para un gobierno auténticamente social que construya el presente rescatando el pasado enrumbándose hacia el futuro.

Un columnista de “La Prensa Gráfica”, de San Salvador, Juan Héctor Vidal, empresario, ex-director y actual asesor económico de la Asociación de la Empresa Privada (ANEP), lo dice el 31 de agosto mejor que lo podríamos decir nosotros: “Personalmente nunca me hice ilusiones de que la transición (de ARENA al FMLN, de Saca a Funes) sería fácil. En primer lugar porque veinte años de gobierno de un mismo partido han causado insatisfacción en muchos, pero también han dejado suficiente sedimento para enturbiar las aguas, crear condiciones propicias para hacerle difícil la tarea a sus sucesores y hasta para dejar montada una plataforma estratégicamente diseñada con fines inconfesables. Por otro lado, al gobierno de Mauricio Funes se le está complicando la situación porque existen sospechas de que dentro de su mismo partido hay grupos que no están nada complacidos con sus acercamientos a la empresa privada, con la distancia prudente que mantiene del coronel Chávez, ni con la simpatía que muestra hacia los presidentes de Estados Unidos, Brasil y otros gobiernos democráticos de la región”.

Este ambiente nos podría llevar a una mayor polarización, a una mayor, si cabe, radicalización de las “derechas”, a un resquebrajamiento de las “izquierdas”, a retrocesos en el desarrollo en nuestros países de fuerzas provistas de verdadero coraje, corazón con los pobres y auténtica inteligencia. Podría llevarnos al continuo intento del cierre de espacios hasta acabar transformando la contienda política en una pugna de bandas -o de bandidos-, a la corrupción de líderes populares envueltos en petrodólares y a un mayor debilitamiento de la precaria institucionalidad de los Estados, convertidos ahora en teatro de nuevos y más hirientes conflictos y en mercado de nuevos intereses.

UN NUEVO FASCISMO CRIOLLO

La conspiración fallida en Guatemala y el golpe en Honduras son un “aviso” de que podrían venir por delante días de inestabilidad y violencia, ya no sólo organizada criminalmente por contrabandistas de todo tipo, traficantes de armas y narcotraficantes, sino impulsada políticamente en todos los países de Centroamérica por una especie de mimética intransigencia de la guerra.

Los ejércitos y los cuerpos de seguridad policiales son un factor desequilibrante cuando intervienen en el conflicto político, pero lo son también las fuerzas paramilitares y las diversas formas de grupos de choque organizadas por los gobiernos, partidos u otros grupos políticos, sobre la base de mercenarios -nos sobran debido al desempleo y la pobreza, en aumento por las consecuencias de la crisis mundial-. Se trata de un fenómeno que podríamos ir viendo crecer, al estilo de lo que ya se ha visto en Nicaragua, de lo que conocen muy bien la historia guatemalteca y salvadoreña, y de lo que en Honduras se ve ya, al ser infiltradas por la violencia las marchas a favor del restablecimiento de la constitucionalidad. Si permitimos que resuciten formas de fascismo criollo, mestizo o ladino, si permitimos que la “protesta” y la “manifestación” públicas dejen de ser actos cívicos y se conviertan en batallas callejeras a garrotazos, entre “fuerzas de choque” de cada parte, la violencia callejera convocará a la violencia política. No debemos ni podemos permitir que éstas vayan a ser las “reglas del juego”.

NO LO PODEMOS PERMITIR

La política, la auténtica política, es diálogo, confrontación honesta y civilizada de opiniones diversas para encontrar un camino transitable. La democracia representativa ha de ser defendida por toda la ciudadanía. Sin embargo, sin derechos humanos de segunda y tercera generación, sin los derechos humanos sociales, económicos y culturales, y con desigualdades abismales, los derechos políticos, las libertades de la democracia representativa, pueden llegar a podrirse. Sólo una lucha por la participación, por la democracia participativa, podrá defender los mínimos de la democracia representativa.

Los movimientos sociales liberadores o emancipadores del siglo 21 no deben, no pueden, permitir que reviva la violencia. Las chispas de la violencia política en las calles sólo conseguirán que se avive la hoguera de la violencia criminal. La palabra, la discusión, el debate, la imagen creativa, los oídos que se escuchan y los ojos que miran y aprecian con humanidad, son las herramientas de la política. Sin todos ellos, el poder, que es una mediación o una herramienta para organizar la sociedad a pesar de los conflictos inevitables, se convierte en pura y lisa fuerza bruta al servicio de los intereses dominantes y, por eso, privilegiados.

En los años 70, planteamos a un ministro del interior salvadoreño que si la Policía y la Guardia y otros cuerpos de seguridad salían a proteger la propiedad y al gobierno con fusiles automáticos de guerra, sería un milagro que no hubiera víctimas mortales entre la ciudadanía que protestaba contra las deplorables e injustas condiciones de vida. Nos contestó: “Usted es un iluso. No estamos en Inglaterra ni en Suiza”. El resultado de aquel pragmatismo interesado fue una guerra con horrendas violaciones a los derechos humanos y numerosos crímenes impunes de lesa humanidad.

MOVIMIENTOS SOCIALES,
NO MERCENARIOS CALLEJEROS

Los movimientos sociales en su mayoría han mostrado en Guatemala y, sobre todo en Honduras, que puede haber una justa, larga y firme resistencia con manifestaciones y protestas pacíficas, con palabras dialogantes e imágenes profundamente creativas. Ha sido un espectáculo animador, a pesar de que han faltado oídos que escuchen y ojos que miren sin doblez. Si, por el contrario, las reglas de juego de los partidos políticos y de los movimientos sociales vuelven a aceptar el desafío brutal de los métodos violentos, a los que podrían estar dispuestas las derechas y las izquierdas -no verdaderamente radicales, sino intolerantemente radicalizadas- las calles se volverán batallas de maras o pandillas. Torpe tendría que ser un gobierno que utilizara a las fuerzas armadas cuando puede controlar las calles con sus “fuerzas de choque”, hasta que los manifestantes se cansen de sólo recibir los golpes y comiencen también a propinarlos. Por ese camino iríamos hacia la bandolerización mercenaria de la política. En ese río revuelto quienes saldrían ganando serían, además de las derechas recalcitrantes, los narcos, los militares y policías corruptos, los guardaespaldas y servicios de seguridad privados y los matones de aquellos que los pueden pagar. Así completaríamos el teatro de operaciones. ¿Deseamos esta “democracia” en Centroamérica?

LA CULTURA TERRATENIENTE

En Guatemala, los reclamos justos de los agricultores sin tierra, expresados en la Plataforma Agraria desde hace varios gobiernos, se han intensificado durante el gobierno de Colom. Pareciera que, después del asesinato de Rosenberg y del video, el Presidente trata de separarse más claramente de la oligarquía que lo ataca tan duramente. Se ha acercado a la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC), hasta el punto de hacerse presente en su asamblea. También se ha acercado al sindicato de los maestros y a su líder Joviel Acevedo. Parece estar tratando de consolidar su relación con los movimientos sociales. Ha llegado a acuerdos con la Plataforma Agraria, aunque no parecen tener alcance estructural en la problemática del campo. No parece haber interés en hacer avanzar en el Congreso con fuerza la Ley de Desarrollo Rural, una de las muchas deudas con los Acuerdos de Paz.

Esto nos lleva de nuevo a la cultura política de la derecha guatemalteca. La tierra es un símbolo de estatus y de diferenciación racial y económicamente clasista. La tierra es “la patria del criollo”. La tierra rural, que en la Colonia fue la tierra del cacao, del maíz y del frijol, del añil y de la cochinilla; y en la Reforma la tierra del café, del banano, de la caña de azúcar, del hule y del algodón, la tierra del modelo ya superado de la agroexportación. Hoy es la tierra del petróleo petenero y altaverapaceño y la del oro de San Miguel Ixtahuacán en San Marcos, y es también la tierra urbana de la Calzada de la Paz y de Las Margaritas, de la carretera a El Salvador, las tierras de los sucesores de Justo Rufino Barrios, y tantas otras.

Y la patria del criollo sigue sin poder ser al mismo tiempo y con el mismo derecho la patria del ladino pobre y, menos todavía, la patria de los indios, a menos que acepten seguir malviviendo en el minifundio y llegar a cortar a las fincas en tiempos de cosecha. O vivir como colonos en esas fincas.

“Inforpress Centroamericana” informa recientemente que más de 60 mil familias viven aún en régimen de colonato, parecido a una servidumbre feudal, excepto porque el dueño de la finca no protege a sus colonos, sino que puede expulsarlos cuando quiere, como lo hicieron después de la crisis del café en 2003 numerosos propietarios de fincas en la bocacosta de Quetzaltengo y San Marcos.

TIERRA, HAMBRE
Y CAPITALISMO NEOLIBERAL

La propiedad de una cantidad de tierra capaz de ofrecer un desarrollo sustentable a familias campesinas y a sus descendientes, la capacitación técnica para explotarla racionalmente, el crédito correspondiente, todo ello está íntimamente relacionado con el hambre en el corredor seco de Guatemala y con la emigración a Estados Unidos desde tierras del Occidente minifundista.

Actualmente, el hambre está en primera plana de los medios. Y debe estarlo. Hoy y siempre que siga existiendo. El obispo brasileño Pedro Casaldáliga, dice que no hay más que dos absolutos: el Hambre y Dios. Pero lo que hoy está en las primeras planas, como lo estuvo durante la Presidencia de Portillo (2000-2004), es el hambre manipulada, el hambre de la que se quiere hacer único responsable al gobierno de Colom y a los programas de Cohesión Social de su esposa, por mal usados o corruptos. Puede que haya una parte de responsabilidad gubernamental, es evidente. Eso sucede en todos los gobiernos. Pero en los medios no se relaciona el hambre con el cambio climático que las industrias que se rigen por el lucro a corto plazo contribuyen a crear ni con la carga tributaria mínima que están dispuestos a mantener los legisladores y que el capital lucha por hacer permanente, oponiéndose a toda alza de impuestos progresivos sobre la renta y sobre las ganancias del capital. Acaba de fracasar una vez más el proyecto de reforma fiscal en el Congreso. Tampoco relacionan los medios el hambre con el monto de los salarios mínimos ni con el sistema neoliberal que ha privado en este país desde los 80. Relacionar el hambre con todo esto no sería políticamente correcto, porque entonces el hambre dejaría de ser una herramienta arrojada contra un gobierno que, aun con sus vacilantes proyectos, atemoriza al poder económico de este país.

UN LOGRO DEMOCRÁTICO

Una lucha democrática que sí se ha logrado es la que ha terminado por lograr que el Congreso reforme la ley que regula las Comisiones de Postulación que depuran las listas de quienes presentan sus currículos, postulándose para la Corte Suprema y para las Magistraturas de las Cortes de Apelación. Es una lucha en la cual se ha destacado el protagonismo ciudadano del Movimiento Pro Justicia y del movimiento social Una Guatemala Visible, aún incipiente que lucha por transparencia económica política y cultural.

Se ha dado un paso importante al no aceptar varias instancias judiciales un amparo que se les presentó para permitir que los votos de los Comisionados para la Postulación fueran secretos. Los votos deberán ser públicos, procedimiento importante para contrarrestar intentos de soborno o de compra de votos por conglomerados corruptos pertenecientes al crimen organizado, o por sus emisarios o representantes, que pretenden infiltrar los poderes del Estado, y en concreto el Poder Judicial, con gente que juegue a favor de sus intereses.

¿REFORMAR LA CONSTITUCIÓN?

Otro de los temas cruciales del momento en Guatemala es la propuesta del movimiento Pro-Reforma al Congreso. Impulsado, entre otras personas de la misma institución, por el economista radicalmente neoliberal Manuel Ayau, fundador y ex-rector de la Universidad Francisco Marroquín, por el Centro de Estudios Económicos y Sociales (CEES), y otros. Este movimiento, cuyos integrantes nunca quedan claros -se habla de “un grupo de ciudadanos”, del “grupo de los 75”- intenta proponer cambios sustanciales a la Constitución guatemalteca de 1985, que tiene fama de ser la mejor que ha existido en el país y un texto avanzado en el contexto del Derecho Constitucional latinoamericano.

Entre otras cosas, proponen cambiar el Congreso actual, unicameral, por una doble cámara, una de diputados y otra de senadores, con el pretexto de separar mejor los poderes del Estado. La Cámara de senadores estaría compuesta por gente que haya alcanzado los 50 años. Los senadores serían electos por un período de 15 años y tendrían la capacidad de destituir al Presidente y Vicepresidente de la República por razones tan abiertas a la interpretación de cada persona como “extralimitación grave en sus funciones”.

Según la propuesta, el Senado estaría sobre la Constitución. Bajo el Senado estarían también tratados internacionales, los decretos legislativos de la Cámara de Diputados y los decretos gubernativos del Ejecutivo. En resumen, es la aplicación lisa y llana del neoliberalismo económico a la política.

Fundamentan la propuesta con autoridades filosófico-políticas tan venerables como Aristóteles, aunque obviamente no se arguye por qué hemos de volver a modelos de gobierno como el ateniense, que -con el mérito de haber inventado el gobierno de los ciudadanos con los ciudadanos y para los ciudadanos- restringían la ciudadanía, la participación en la deliberación y decisión sobre los asuntos públicos a los varones propietarios y la concedían limitadamente a los artesanos, no reconociéndola a las mujeres, los campesinos y, por supuesto, a los esclavos y a los “bárbaros” (no griegos).

La propuesta es, además de oligárquica, racista, puesto que, bajo el velo de una igualdad universal ante la ley, prohibiría el favor público a sectores de la población desfavorecidos, que han carecido tradicionalmente de igualdad de oportunidades económicas, educativas, étnicas, lingüísticas o culturales. Se trata de una propuesta auténticamente retardataria. Lleva una dedicatoria clasista contra cualquier tipo de cambio estructural en el país y contra cualquier medida de redistribución económica o de búsqueda de la verdadera igualdad y dignidad humanas. Muestra hasta qué punto las derechas pueden concebir proyectos de nación hundidos en el más rancio tradicionalismo y no ciertamente en las tradiciones más dignas y emancipadoras de la humanidad.

CREÍAMOS...

Creíamos que el paso por la guerra había iluminado nuestra razón y cambiado hasta cierto punto nuestros sentimientos. O si no eso, creíamos, queríamos creer, que siquiera había esclarecido o ilustrado la inteligencia para defender mejor los intereses particulares sobre la base de una ciudadanía más común. De un bien más común. ¿Nos equivocamos?

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN GUATEMALA.

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