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  Número 330 | Septiembre 2009
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Nicaragua

Un llamado urgente: aprovechar el Bono Demográfico

Hacemos un llamado casi desesperado, urgente. El núcleo de nuestra Propuesta a la Nación se resume en esto: Tenemos entre tres y cuatro décadas. No tenemos tiempo que perder y no podemos esperar. Tenemos que actuar ya para que dentro de esas tres o cuatro décadas comencemos a ver un poquito de luz.

Adolfo Acevedo

El 8 de agosto, la Coordinadora Civil -expresión de la sociedad civil nicaragüense, que reúne a unos 600 organismos no gubernamentales, redes y personas individuales en todo el país- sostuvo su primera Asamblea del año 2009 para presentar su “Propuesta a la Nación para cambiar el rumbo del país”. El texto fue discutido con más de 5 mil personas de 43 municipios de Nicaragua.

Teniendo en cuenta la crisis internacional y la crisis nacional, la Coordinadora Civil afirma al presentar la Propuesta: “Poco o nada podemos hacer por cambiar la crisis mundial, pero mucho por contribuir a la búsqueda del consenso nacional”… Para hallarlo, consideran que seis pasos son “imprescindibles”.

SEIS PASOS IMPRESCINDIBLES

Los seis pasos son: “Primero: establecer el Contrato Social que defina los principios éticos para superar la exclusión y discriminación social, especialmente las que han vivido las mujeres, las niñas, niños, los pueblos afrodescendientes y los pueblos indígenas. Segundo: crear mecanismos de control social para desempantanar la economía productiva, víctima de la voracidad de la clase política que legalizó el hurto, la usura y la estafa, con el contubernio de los gobiernos y funcionarios públicos. Tercero: desarrollar desde la sociedad civil procesos que permitan lograr el empoderamiento social, una reingeniería de leyes e instituciones y contribuir a una nueva cultura política que termine con el caudillismo y los pactos de cúpulas. Cuarto: diseñar una política internacional respetuosa y coherente que refleje el consenso de la sociedad y no el voluntarismo de determinado grupo, partido o caudillo. Quinto: contribuir a una nación inclusiva y democrática, en donde reine el imperio de la ley y la justicia social. Sexto: aportar al desarrollo de capacidades que permitan superar las brechas de desigualdad, promoviendo iniciativas de integración regional en procura de la unidad, soberanía e independencia nacional y la libertad y la democracia de la región centroamericana.

UNA AGRESIÓN INJUSTIFICABLE

En la Asamblea de agosto de la Coordinadora Civil participaron más de 500 personas de las redes territoriales y organizaciones y redes temáticas que integran la Coordinadora. Al término de la reunión, cuando los participantes se dirigían al centro de Managua para una pequeña marcha hacia los predios de la Catedral, donde se celebraría un acto cultural, fueron agredidos, humillados e impedidos de movilizarse por un grupo de choque del gobierno, que los esperaba armado de piedras y garrotes. Ese día, el Presidente Daniel Ortega, en un discurso en Chontales, no sólo no condenó la injustificable agresión, sino que afirmó que los agredidos eran “grupos que no tienen sosiego”, que “se dedican a desearle mal al gobierno” y que ese día salieron “a gritar a favor del golpe en Honduras y a confrontar a jóvenes que cantaban y sembraban árboles”.

A continuación, publicamos las palabras con las que el economista de la Coordinadora Civil, Adolfo Acevedo -insultado en la calle por fanáticos del grupo de choque como “oligarca y ladrón”- presentó un resumen de los principales contenidos y del espíritu de la Propuesta.

PENSAR EL FUTURO:
TENER EN CUENTA LA ESTRUCTURA DE EDADES

Las personas inician su vida como niños que dependen enteramente de las personas adultas para satisfacer sus necesidades de nutrición, educación, salud, afecto y desarrollo integral. La “suerte” de las personas cuando son adultas dependerá mucho de lo que se hizo por ellas cuando eran pequeñas.

Un aspecto fundamental de la “suerte” de las personas en Nicaragua tiene que ver con la evolución de la estructura de edades de la población, con las tendencias demográficas del país. Normalmente, la estructura de edades de una población se clasifica así: menores de 15 años, de 15 a 64 años y mayores de 64 años. Esta clasificación tiene detrás una teoría: la del ciclo de vida de las personas y la del rol económico que desempeñan las personas a lo largo de su vida.

Convencionalmente, los niños se clasifican como “menores de 15 años”. Se trata de una clasificación económica: son consumidores totalmente dependientes del ingreso de sus padres, no trabajan, no generan ingresos, únicamente consumen.

En los países latinoamericanos, y según esta clasificación convencional, las personas de 15 a 64 años son las que tienen edad de trabajar y de generar ingresos. Aunque sabemos que los niños de 15 años no deberían trabajar, el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), clasifica las personas en edad de trabajar a partir de los 10 años.

Las personas “en edad de trabajar” son las que ingresan al mercado de trabajo y generan ingresos. Sostienen a los dependientes: a los más pequeños y a los más mayores. Y en esta fase de su vida cumplen también una función económica muy importante: ahorran para tener con qué vivir cuando lleguen a la edad de su jubilación, que convencionalmente se estima a los 64 años, cuando dejan de trabajar, dejan de percibir ingresos y “supuestamente” pasan a vivir de los ahorros que acumularon cuando trabajaron.

Esta estructura de edades de la población y su evolución a lo largo del tiempo es sumamente importante para que pensemos en el futuro de Nicaragua y en el de todos nosotros. En 1990, el 46% de la población nicaragüense tenía menos de 15 años y era dependiente. El 51% estaba en edad de trabajar y sólo un 3.1% entraba ya en la edad de jubilación. En esos años había casi una persona en edad de trabajar por cada niño y no todas las personas en edad de trabajar habían ingresado efectivamente al mercado laboral. Teníamos hogares con muchos niños, en los que probablemente había una persona que generaba un ingreso, probablemente escaso y que tenía que distribuir entre muchos niños. Consecuencias: desnutrición infantil, analfabetismo y una pobrísima y esporádica asistencia médica y social.

UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA:
YA TENEMOS EL BONO DEMOGRÁFICO

A partir de 1990, la población infantil nicaragüense, como porcentaje de la población total, se comenzó a reducir aceleradamente y ya en 2005 era el 37.8% de la población. A la vez, la población en edad de trabajar pasaba del 51% al 58%. La tasa de fecundidad de las mujeres se redujo casi a la mitad, la población infantil dejó de crecer y hasta se comenzó a reducir. Con una población infantil en descenso, los niños comenzaron a crecer y a alcanzar la edad de trabajar. Nicaragua tiene ahora la más numerosa cantidad de población en edad de trabajar y de generar ingresos de toda su historia.

¿Qué significa esto para el país, qué oportunidades nos abre? Imaginemos lo que ocurre en los hogares con más personas en edad de trabajar y menos niños a quienes cuidar. Si quienes tienen edad de trabajar encontraran un empleo con un ingreso decente, los ingresos del hogar aumentarían y con menos niños, se podría invertir más en ellos. En situaciones como ésta hay más posibilidades de reducir la pobreza de manera más rápida. Es lo que sucedió en países del sudeste asiático, como Corea del Sur, que en los años 50-60 era un país pobrísimo, más pobre que los países de América Latina y ahora es un país desarrollado. Y lo logró en un plazo de tiempo relativamente corto. En unas cuantas décadas se convirtió en un país desarrollado y eliminó casi completamente la pobreza.

El secreto estuvo en que aprovechó una oportunidad como la que nosotros tenemos ahora. Esa oportunidad se llama Bono Demográfico y es la fase de transición demográfica en la cual un país tiene el porcentaje más alto de población que entra gradualmente a la edad de trabajar. La oportunidad que ofrece esa fase es el gran crecimiento de la fuerza de trabajo. Y si esa fuerza de trabajo encuentra empleos de alta productividad se puede producir un disparo en el crecimiento económico.

Al mismo tiempo, al aumentar el crecimiento económico, y como se está reduciendo la población infantil dependiente, lo que ocurre es que aumenta el ingreso promedio de los habitantes del país y eso aumenta las posibilidades de invertir más en los niños. Es por dos vías que crecen las posibilidades de reducir rápidamente la pobreza: por la vía del ingreso por habitante y por la vía del aumento de inversión en los niños.

El aprovechamiento del Bono Demográfico, que permitió a los países del sudeste asiático reducir la pobreza en un lapso corto de tiempo y convertirse en países desarrollados, implica también que las personas en edad de trabajar recibieron una adecuada nutrición cuando fueron niños. No ingresaron al mercado laboral desnutridos, recibieron adecuados cuidados de salud y una calificación adecuada, de tal manera que al empezar a trabajar estaban habilitados para poder encontrar empleos formales de alta productividad y bien remunerados. Eso es lo que significa aprovechar el Bono Demográfico.

NO HAY DESARROLLO
CUANDO HAY BAJA ESCOLARIDAD

En Nicaragua, aunque ya estamos viviendo en la fase de Bono Demográfico, lo que nos encontramos es que cuando las personas en edad de trabajar eran niños, recibieron mala alimentación y un nivel educativo extremadamente bajo.

Según los Quintiles de Bienestar -clasificación de los hogares en cinco grupos, cada grupo representando un 20% de los hogares, según sus niveles de ingresos- en el quintil de los hogares nicaragüenses de menores ingresos, el de los hogares más pobres, la mayoría en zonas rurales, el nivel de escolaridad promedio de la población mayor de 15 años es de unos 2.7 años. En el segundo quintil, el nivel de escolaridad llega casi a 4 años. Cuatro años es un umbral: menos de cuatro años de escolaridad significa que una persona es analfabeta. En el tercer quintil -y ya contamos entonces al 60% de los hogares- el nivel de escolaridad es sólo de 5 años. En quienes ingresan al mercado laboral provenientes de estas tres quintas partes de los hogares nicaragüenses los niveles de escolaridad son bajísimos. En los otros dos quintiles, los de los hogares con más recursos, los niveles de escolaridad son de 8 a 11 años.

En todos los países del mundo existe una correlación muy estrecha, muy cercana, entre los niveles de escolaridad que alcanzan las personas y el ingreso que van a tener por su trabajo a lo largo de su vida adulta. Si al menos las tres quintas partes de los niños y jóvenes de Nicaragua -los criados en los hogares de los tres quintiles de menos recursos- ingresan al mercado laboral con tan bajos niveles de escolaridad y de calificación, esto significa que en el resto de su vida, en los siguientes 50 años de su vida adulta, sólo tendrán empleos precarios e informales, que los mantendrán el resto de su vida bajo el umbral de la pobreza. Encontrar un empleo formal y bien remunerado requiere niveles de calificación que la mayor parte de los niños y adolescentes en Nicaragua nunca alcanzan.

A MÁS ESCOLARIDAD MENOS POBREZA

La relación educación–mejores empleos la señala el último estudio del Banco Mundial. Es el que más me gusta porque por primera vez pone el acento en el problema de la educación como determinante fundamental en los niveles de pobreza de un país. Dice el estudio: “Vivir en la pobreza es casi una certeza para las personas con menos de la secundaria completa”. Las personas con una escolaridad menor están condenadas a vivir bajo el umbral de la pobreza.

Es un hallazgo del Banco Mundial: los ingresos laborales aumentan según los años de escolaridad y es hasta que una persona alcanza once años de escolaridad -la secundaria completa- que los ingresos laborales comienzan a superar el umbral de la pobreza. En Nicaragua, quienes fueron niños y están entrando anualmente al mercado laboral, unos 118 mil jóvenes, entran con una escolaridad bajísima.

También nos dice ese estudio del Banco Mundial que los bajos niveles de educación de los pobres parecen estar restringiendo incluso su acceso a la manufactura de la maquila, porque también para trabajar en las Zonas Francas se exige por lo menos una educación secundaria completa. Y sólo las personas del quintil de mayores ingresos, un 20% de la población logra alcanzar esa escolaridad. No me gusta decir que ese quintil de mayores ingresos es el quintil rico, porque realmente las encuestas de hogares, ni en Nicaragua ni en América Latina, captan a los verdaderamente ricos, que son los que superaron la secundaria y alcanzaron la universidad.

7 DE CADA 10 EMPLEOS EN NICARAGUA
SON PRECARIOS E INFORMALES

De acuerdo con el Bono Demográfico, Nicaragua está teniendo hoy el mayor crecimiento en su historia en población en edad de trabajar, oportunidad que nos podría permitir superar la pobreza en un período corto de tiempo.

Esta oportunidad se está desaprovechando por completo. Porque la mayor parte de los jóvenes que ingresan en la edad de trabajar lo hacen muy deficientemente preparados. Casi 7 de cada 10 empleos en Nicaragua son empleos precarios en el sector informal. Y esto es así porque la economía nicaragüense está generando mayoritariamente el tipo de empleo que puede absorber una fuerza de trabajo con las características de la nicaragüense, con bajísima calificación.

Los empleos con mejor remuneración requieren de mayor calificación y a ese mayor nivel de calificación -la secundaria completa y aún mayores niveles- sólo llegan los niños y adolescentes del 20% de hogares con mayores ingresos, los que, a su vez, tienen al frente a padres y madres que en el pasado pudieron alcanzar la secundaria completa o más. Está comprobado que los padres y madres que completaron la secundaria, e incluso mayores niveles, tienen hijos con mayores probabilidades de alcanzar la secundaria completa o más.

¿Cuáles son las opciones de los jóvenes nicaragüenses que ingresan al mercado laboral con tan bajos niveles de escolaridad? En tan limitadas opciones están las causas para emigrar y las causas del aumento de la descomposición social y de la violencia. Y eso que en Nicaragua las pandillas no han alcanzado los niveles que alcanzan las maras en El Salvador. Pero para un chavalo nicaragüense -lo veo como economista- incorporarse a una pandilla es adquirir sentido de identidad y poder y, posiblemente, tener ingresos superiores a los que obtendría en un trabajo precario.

LA SEMILLA DE UNA CATÁSTROFE

Si todo esto no se tiene en cuenta, estamos hablando de una reproducción nacional de la pobreza. Y peor: no sólo estamos desaprovechando el Bono Demográfico, sino que estamos sembrando la semilla de una catástrofe demográfica futura.

Hoy, ya, la población infantil se está reduciendo aceleradamente y hoy, ya, hay un crecimiento significativo de la población en edad de trabajar. Pero dentro de tres o cuatro décadas nuestra transición demográfica va a entrar a una nueva fase, la del vencimiento de la población. Y en esa fase lo que nos interesará será la proporción de las personas trabajando en relación a las que se jubilan. Serán las personas en edad de trabajar las que las sostendrán.

Sólo el 20% de la fuerza de trabajo nicaragüense está afiliada al Seguro Social. El 80% de las personas que trabajan lo hacen sin ningún ahorro cuando llegan a la edad de su retiro. A partir del año 2020 el Seguro Social nicaragüense comenzará a tener déficit. Lo digo con conocimiento de causa, porque formé parte de la Comisión Nacional de Reforma a la Seguridad Social en el año 2006. Conozco los estudios actuariales del INSS, que demuestran que, con sus ingresos -los de las cotizaciones de los trabajadores asegurados- el Seguro Social ya no será capaz de hacer frente al pago de las pensiones y comenzará a sufrir un déficit que irá en aumento. Entonces, las personas en edad de retiro van a depender cada vez más para sobrevivir de las personas en edad de trabajar.

En el año 2005 todavía había 14.4 personas en edad de trabajar por cada persona en edad de retiro. En el 2050 habrá sólo 4.6 personas en edad de trabajar por cada persona en edad de retiro, según indica la curva de envejecimiento de la población.

En el 2005 había 15.5 adultos mayores de 60 años por cada 100 niños menores de 15. En el año 2050 habrá 101 mayores de 60 años por cada 100 menores de 15. Entonces habrá tantos mayores de 60 años como tantos menores de 15, dos grupos de población dependiente de la población que trabaja. Y de estos 101 por cada 100 menores de 15, la mayor parte no va a tener ninguna capacidad de ahorro para llegar a su vejez y habrá cada vez menos personas en edad de trabajar que los sostengan.

Incluso, quienes estén en edad de trabajar van a seguir mayoritariamente, y con toda probabilidad, trabajando en empleos informales y precarios que los condenarán a repetir el ciclo de una vida en pobreza extrema, porque hoy no estamos invirtiendo todo lo que se requiere para asegurar que quienes entren al mercado laboral lo hagan con los niveles de escolaridad necesaria para salir de la pobreza.

UN PAÍS SIN RETROCESO

¿Cuál es la perspectiva de Nicaragua ante todas estas cifras, que son oficiales, resultado del censo de población y de la encuesta de medición del nivel de vida? ¿Qué nos espera? Que dentro de tres o cuatro décadas, el Bono Demográfico estará concluyendo e iniciaremos la segunda fase de la transición demográfica: envejecimiento de la población, aumento acelerado de población adulta dependiente, mayor porcentaje de personas jubiladas sin ningún ahorro y reducción de la población en edad de trabajar. Y, para empeorar las cosas, quienes estén en edad de trabajar seguirán haciéndolo principalmente en empleos precarios e informales, que los mantendrán en la pobreza extrema y tendrán que sostener a una población infantil, sin esperanzas de recibir buena alimentación y educación. Ya no existirán muchos niños en los cuales invertir para que nos puedan sacar en algún futuro de la pobreza…

Cuando lleguemos a esa situación, Nicaragua ya no tendrá retroceso. En ese momento, el país dejará de ser viable. Hoy a Nicaragua se le abre una ventana de oportunidad de tres o cuatro décadas para poder hacer las inversiones y las transformaciones que se requieran para aprovechar lo que se pueda del Bono Demográfico, porque una vez que termine esa etapa vendrá el envejecimiento de la población…y se acabó el recreo.

El núcleo de la propuesta de la Coordinadora Civil es hacer un llamado a la nación nicaragüense, un llamado casi desesperado, implorando, para decirle que si no hacemos un esfuerzo casi sobrehumano en estas pocas décadas que tenemos por delante, Nicaragua estará condenada a no tener ninguna viabilidad y estará condenando a la mayoría de su población a una catástrofe social y democrática.

DEBEMOS INVERTIR AL MENOS
EL 7% DEL PIB EN EDUCACIÓN

En Nicaragua no pensamos en el futuro. ¿Cuatro décadas? Pensamos que es un montón de tiempo y que para llegar allá nos falta mucho. En 1990 yo tenía 32 años y hoy al despertarme ya tenía 50 años. Así que la idea de que tenemos mucho tiempo por delante es un grave error. En 1990, cuando yo tenía 32 años, era el tiempo de una población mayoritaria entre 0 y 19 años. Como el tiempo pasa, en el año 2005 toda aquella población que en 1990 tenía entre 0 y 19 años ingresó a la edad productiva y hoy representa el 63.4 % de la población.

La población en edad de trabajar en los próximos años es la niñez para la que la Coordinadora Civil ha demandado, y demanda en esta Propuesta, una inversión en educación de por lo menos el equivalente al 7% del Producto Interno Bruto (PIB).

Yo he escuchado decir al Ministro de Educación, Miguel de Castilla, “que eso del 7% del PIB no es posible porque Nicaragua es un país muy pobre”. Honduras, un país muy pobre, alcanzó ese nivel en el año 2001. Bolivia, también muy pobre, ya lo alcanzó. Lesotho -un país africano más pobre que Nicaragua-, invierte en educación el equivalente al 13% del PIB. ¿No puede hacerlo Nicaragua?

¿Cómo mide uno la prioridad que una familia le otorga a la inversión en la educación de sus niños? Viendo el porcentaje del ingreso del hogar que se destina a eso. Igual en los países. Nicaragua necesita invertir por lo menos el 7% de su PIB en educación. Esto significaría duplicar el actual presupuesto del Ministerio, que es el 3.5% del PIB. Con un aumento así conseguiríamos una meta educativa fundamental: que todos los niños y niñas de 3-6 años asistan a la educación preescolar, que es absolutamente fundamental para su desarrollo futuro. Se conseguirían también otras metas básicas: que el 100% de los niños en edad de primaria estén matriculados en la educación primaria, que el 80-100% de los niños que se matriculen en primaria logren culminarla, que al menos el 73-75% de los chavalos en edad de secundaria estén matriculados en secundaria. Conseguiríamos la gran meta: alcanzar para toda nuestra población un nivel de escolaridad promedio de al menos 9 años.

En los Objetivos de Desarrollo del Milenio se ponía como plazo el año 2015 para que la niñez de todo el mundo tenga la primaria completa aprobada. Podemos discutir ese plazo, pero tenemos que hacer el esfuerzo de invertir lo que se requiere en educación. Nicaragua no está haciendo el esfuer-zo mínimo necesario para cambiar el rumbo y el mínimo necesario es ése: dedicar el 7% del PIB a la educación. Si no lo hacemos, si no cambiamos un rumbo que parece ine¬¬vitable, tendremos un futuro sombrío, un futuro sin futuro.

DEBEMOS INVERTIR EN LAS ZONAS RURALES

Otro eje central en la propuesta de la Coordinadora Civil es comenzar a superar en serio el abandono en que se encuentran las zonas rurales. Los niños sin educación no están flotando en el aire, viven en zonas geográficas sumidas en el abandono. El 60% del 75% de niños que sobreviven en los lugares más pobres están en las zonas rurales de Nicaragua, lugares sin acceso a agua potable, donde ni siquiera existen escuelas formales con el primero al sexto grado de primaria y el primero al quinto de secundaria. Zonas donde lo que hay mayoritariamente son escuelas multi¬grados y con una calidad de educación muy deficiente.

De la mayor parte de la red vial de Nicaragua -unos 19 mil kilómetros- el 75% son caminos rurales que cuando llueve se desbaratan y a los que después de la lluvia no se les da mantenimiento. Nicaragua tiene pavimentada apenas el 10% de su red vial, mientras que otros países tan pobres como el nuestro tienen un promedio del 20%. ¿Cuántos kilómetros tienen que caminar por esos caminos los niños pobres de las zonas rurales para llegar a la escuela?

La pobreza extrema de Nicaragua está en las zonas rurales. Y el 73% de los pobres extremos trabaja en la agricultura. El sector agrícola es el sector que genera más empleo en el país. Genera el 30% del empleo en unidades familiares que emplean entre una y cinco personas. Unidades económicas muy pequeñas, con muy pocas tierras y sin ningún acceso al crédito o a otro tipo de recursos.

Proponemos un esfuerzo fundamental para superar en serio el enorme atraso y abandono de las zonas rurales. Esto exige una inversión a fondo en salud para reducir la mortalidad infantil y la mortalidad materna y para garantizar a todas las mujeres embarazadas el acceso a las casas maternas, a los centros de salud o a los puestos de salud.

Las políticas educativas, destinadas a superar el retraso educativo en las zonas rurales y en las urbanas no deben ser sólo políticas del Ministerio de Educación. Deben ser parte de las políticas de desarrollo del país, que tienen que ser políticas integrales. Y es un acento esencial en esa integralidad la educación de las mujeres, para que se puedan incorporar al mercado de trabajo, no como lo hace la mayoría en el sector informal, como autoempleadas o como trabajadoras en un negocio familiar sin remuneración, sino para que puedan encontrar empleos decentes y bien remunerados. La educación de las mujeres supone también invertir para reducir el embarazo de las adolescentes y para generalizar una adecuada educación sexual y reproductiva.

UN BANCO DE FOMENTO DE VERDAD

Las zonas rurales requieren de una inversión importante en la red de estructura vial para que la gente tenga acceso a los servicios públicos básicos y los productores puedan sacar sus cosechas. Para superar el rezago en la producción agrícola, la Coordinadora Civil plantea que se tome en serio el Banco de Fomento. ¿Vamos a permitir que los salvadoreños vengan a Nicaragua, compren baratísimo los frijoles a los productores nicaragüenses, se los lleven a El Salvador, los empaquen y los exporten? Hay que desarrollar cadenas de valor en la agricultura para mejorar la capacidad de acopio, almacenamiento y comercialización de nuestros productores.

En los próximos siete años tendremos posiblemente buenos precios en los mercados internacionales para nuestros productos, para la carne y el café. Los frijoles son ya el quinto producto de exportación de Nicaragua. Pero para que los buenos precios se reflejen en mejores ingresos de los productores hay que resolver los problemas de la comercialización, porque las mayores ganancias se quedan hoy en manos de los comercializadores y no llegan a los productores. Hay que elevar el ingreso de los hogares en las zonas rurales y eso facilitará que las familias rurales envíen a sus hijos a la escuela.

¿CÓMO FINANCIAR TODO ESTO?

¿Cómo se financiarán todas estas inversiones? La Propuesta a la Nación de la Coordinadora Civil plantea la transformación del Sistema Tributario. En Canadá, el hijo del Primer Ministro va la misma escuela que el hijo del chofer del Primer Ministro porque las escuelas públicas canadienses son escuelas públicas para todo el mundo y de igual calidad para todos. En los países desarrollados se cumple el principio de educación de calidad para todos. Y el desafío ya no es la primaria universal o la secundaria universal, porque ya están avanzando a la educación universitaria universal.

Los niveles de escolaridad superior en esos países andan por el 60-70% y van a llegar casi al 100%. ¿Cómo financian estos países una inversión tan grande en educación y en salud de calidad para todos? A través de sistemas tributarios progresivos, que significan que quienes tienen mayores ingresos pagan porcentajes mucho más altos en impuestos que quienes tienen menos ingresos.

La ex-embajadora de Suecia en Nicaragua, Eva Zetterberg, dijo en una ocasión que en Suecia ella pagaba el 50% de su buen salario en impuestos. ¿Qué reciben a cambio los suecos? Saben que, aunque tienen una carga tributaria tan alta, nadie padece, nadie morirá por falta de atención médica, nadie llegará a la vejez desprotegido y los hijos de todos recibirán una educación de la misma calidad.

En Nicaragua hay que hacer una transformación fundamental en el Sistema Tributario. Quienes hoy están hablando de reforma tributaria, hablan de un remiendo. La Coordinadora Civil plantea algo de lo que muchos no quieren hablar: los ingresos del capital tienen que ser gravados. Son ésos los recursos que nos permitirán hacer las inversiones que necesitamos. El gobierno no se atreve a hacerlo y espera que sea la cooperación externa la que nos resuelva el clavo y nos de los recursos que nosotros podríamos generar. También lo decía Eva Zetterberg, cuando se preguntaba si era justo que los contribuyentes de los países ricos financiaran las inversiones públicas de países como el nuestro, donde los ricos no contribuyen con sus impuestos.

TRANSFORMAR EL SISTEMA TRIBUTARIO REGRESIVO EN UN SISTEMA TRIBUTARIO PROGRESIVO

Las personas tienen dos tipos de ingresos. Los ingresos por su trabajo: salarios y servicios profesionales. A los trabajadores les descuentan el impuesto sobre la renta (IR) de la planilla y a los consultores se lo retienen en el pago. No tienen manera de escaparse. Pero los ingresos por ganancias de capital, por rentas financieras y por dividendos o están eximidos de pagar impuestos o tienen una tasa muy baja. En los países desarrollados a un empresario como Carlos Pellas, se le suman sus dividendos, sus ganancias de capital y sus rentas financieras y se le aplica una tasa impositiva progresiva sobre sus ingresos totales. Una tasa que puede llegar a que pague por sus ganancias casi al 40% en impuestos. En Estados Unidos el 1% de los hogares más ricos tienen que pagar un impuesto sobre la renta que es el 30% de sus ingresos. Ésa es la vía por la que estos países tienen recursos para poder invertir. Y es por eso que en América Latina, como esa vía no existe, el rezago social es tan enorme, la pobreza es tan grande y la educación es tan deficiente. América Latina, con sistemas tributarios regresivos, tiene la concentración del ingreso y la desigualdad de ingresos más grande en todo el planeta.

Un sistema tributario regresivo significa que la carga tributaria recae con mayor fuerza sobre la población y con menor fuerza sobre los sectores de mayores ingresos. Al gobierno le tiemblan las piernas para cambiar esto. Pero mientras no se tenga la entereza de transformar el sistema de impuestos, Nicaragua no tendrá nunca los recursos necesarios para desarrollarse. El año pasado, durante la Semana Mundial de la Educación, me invitaron a hablar. También lo hizo la empresaria Lorena Zamora. Ella habló maravillas de la importancia de la educación y yo hice esta misma exposición y hablé de la necesidad de transformar el Sistema Tributario. Ella se puso molestísima. Pues bien, aunque moleste, ése es el planteamiento de la Coordinadora Civil.

EL ENORME PESO
DE LA DEUDA INTERNA

Otro punto de nuestra Propuesta a la Nación es la deuda interna. La deuda interna de Nicaragua no sólo son los CENIS. En este momento, la mayor parte de deuda interna la constituye el pago por los Bonos de Indemnización. En 2008 nos reunimos con el Procurador de Justicia, Hernán Estrada -cuando todavía se reunía con nosotros, ahora ya no lo hace- y nos dijo que había hecho una revisión de seis meses de emisión de Bonos de Indemnización y lo que encontró fue que una propiedad valorada en 200 mil dólares la habían indemnizado con 2 millones de dólares. Había otros casos en que las propiedades se habían perdido por no pagar préstamos bancarios y había muchos casos en los que legalmente no había ninguna justificación para indemnizar. Nos habló de una enorme cantidad de irregularidades, por las que él había tenido que anular gran parte de esa emisión de bonos.

Sabiendo esto, la Coordinadora Civil está planteando que se haga una revisión de toda esa deuda para determinar qué parte de la misma ha sido emitida irregularmente. La investigación de los CENIS, que iba en esa misma dirección, se convirtió después, lamentablemente, en un instrumento político para perseguir a Eduardo Montealegre, quien, si bien tiene responsabilidades en el caso de los CENIS, no es ni el único ni el principal responsable.

Proponemos que se haga una revisión para determinar qué parte de la deuda por Bonos de Indemnización fue emitida irregularmente y qué parte fue emitida conforme a la ley. Y en cualquier caso, nuestro planteamiento es que se reestructure esta deuda para pagarla en un plazo más largo, con menores intereses y así destinar recursos que actualmente se destinan al pago de esa deuda a las inversiones urgentes que el país necesita.

¿DÓNDE ESTÁ LA COOPERACIÓN
DEL GOBIERNO DE VENEZUELA?

También estamos planteando la incorporación de la cooperación de Venezuela al Presupuesto General de la República. En 2008 la cooperación venezolana fue de 300 millones de dólares. El total de cooperación externa con Nicaragua ha sido de unos 570 millones de dólares al año. Si sumamos ambos montos en cooperación concluimos que nunca en su historia Nicaragua ha tenido tantos recursos disponibles como ahora. ¿Cuándo habíamos tenido esta oportunidad?

Soñamos con tener el dinero venezolano incorporado al presupuesto para invertir en viviendas, agua potable y saneamiento, en educación y salud, en caminos, en construcción y mantenimiento de la red vial. La Cuenta Reto del Milenio que Estados Unidos destinó al desarrollo de Occidente era de 175 millones de dólares durante cinco años. En Occidente ya podemos ver el impacto de todo lo invertido en infraestructura vial y en desarrollo productivo. Con los 300 millones de dólares de la cooperación venezolana deberíamos estar viendo ya también un impacto en desarrollo, pero no lo estamos viendo. Si esos recursos se están distribuyendo entre la gente, es posible que esa gente tenga un poco más para consumir. Pero lo que Nicaragua requiere hoy es de un importante esfuerzo en inversión pública.

También estamos planteando reorientar toda la cooperación externa. Nicaragua ha tenido y mantenido una cooperación internacional que, en términos per cápita es una de las mayores del mundo. Los países más pobres del mundo han recibido en los últimos 15 años un promedio de cooperación internacional de 20 dólares por habitante. Los nicaragüenses hemos recibido más de 100 dólares por habitante. Pero es una realidad que gran parte de esa cooperación externa no llega directamente a la gente, porque un 30% se diluye en costos administrativos y otro 30% se va en el pago a consultores, llamados “asistentes técnicos”.

Nicaragua ha recibido más de 8 mil millones de dólares de cooperación internacional en los últimos 15 años, una enorme cantidad de dinero. Tampoco se ve su impacto en la infraestructura física del país y en el desarrollo de su capital humano, porque gran parte de esa cooperación se ha desperdiciado. Reorientar la cooperación externa conforme a otras prioridades es uno de los planteamientos de la Propuesta de la Coordinadora Civil, una propuesta que cada sector nacional podrá hacer suya en las partes que sienta más importantes.

NO DEBEMOS PERMITIR
QUE NICARAGUA LLEGUE AL FONDO DEL BARRIL

La Propuesta a la Nación, ¿tiene propuestas específicas sobre los montos a invertir anualmente en todo esto? Ésa no es exactamente la pregunta. La pregunta es si Nicaragua tiene o no tiempo para encontrar una salida. Y Nicaragua no tiene tiempo. Sólo tiene tres o cuatro décadas para hacer inversiones y transformaciones importantes en la educación si no queremos perder esta oportunidad y llegar al punto de no retorno, cuando se inicie el proceso de envejecimiento de nuestra población.

Hacemos un llamado casi desesperado, urgente. El núcleo de nuestra propuesta se resume en esto: “Tenemos entre tres y cuatro décadas, no tenemos tiempo que perder y no podemos esperar. Tenemos que actuar ya, para que dentro de esas tres o cuatro décadas comencemos a ver un poquito de luz”.

ECONOMISTA. COORDINADOR DE LA COMISIÓN ECONÓMICA DE LA COORDINADORA CIVIL.

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