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  Número 329 | Agosto 2009
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Nicaragua

“El gobierno ha hecho importantes reformas estructurales y el desafío lo tiene ahora la gente”

William Grigsby, periodista, director de Radio “La Primerísima” y de la nueva revista “Correo”, valoró los logros más importantes del gobierno del FSLN en la primera mitad de su gestión en una charla con Envío que transcribimos.

William Grigsby

A 30 meses del gobierno de Daniel Ortega, a la mitad de su gobierno, con lo poco de gobierno que le queda, y para valorar lo que ha hecho, me parece que la primera idea de la que hay que partir es de una verdad de perogrullo, pero que se olvida con frecuencia: que los partidos políticos se organizan para tomar el poder y que la diferencia entre unos partidos y otros es cuáles son sus objetivos y qué hacen cuando llegan al poder. Un segundo punto de partida es hablar sobre lo que tenemos, no sobre lo que pudimos tener, hablar sobre lo que hacemos y no sobre lo que pudimos hacer. Hablar de presente y de futuro para aprovechar los momentos políticos. Porque si nos quedamos en el pasado nos vamos a quedar en las glorias pasadas o en los errores pasados y eso ya es inútil. La revolución que iniciamos en 1979 ya sólo nos sirve como un referente histórico, como un dato en el curriculum. Lo que importa es lo de ahora. Igualmente, no importa ya lo que ocurrió en los años 90 y después. Importa lo que estamos haciendo ahora, aunque todo lo que hacemos tiene sus orígenes y no son desdeñables. Pero no podemos anclarnos en ellos. Y el tercer punto de partida es reflexionar realistamente sobre la base en la que estamos operando. ¿Debemos analizar la realidad a la que aspiramos o la realidad que existe? Con frecuencia escucho a compañeros y compañeras hablar sobre la realidad que sueñan que sea y juzgan la realidad que hoy existe desde esos sueños. Hay que asumir que trabajamos sobre la realidad que existe y no sobre la realidad a la que aspiramos. Nuestra aspiración es la meta, pero no es la realidad.

Con estos tres puntos de partida, caractericemos la realidad de Nicaragua sobre la que hoy estamos operando. La primera característica es que aproximadamente el 60% de los nicaragüenses no vivieron ni la dictadura somocista ni la revolución sandinista. Sólo tienen referencias, con frecuencia distorsionadas en uno o en otro sentido. No saben lo que fue la insurrección, la represión, el sistema autoritario y dictatorial del somocismo, no saben lo que fue la guerra, las batallas del café y del algodón, la cruzada de alfabetización, las jornadas populares de salud, la organización popular… En términos cuantitativos, ese 60% son 3 millones de nicaragüenses, quizás un poco más. Y como en esa cifra se incluye a los niños, quedémonos entonces con la mitad: un millón y medio de nicaragüenses que no vivieron nada de eso, que no saben.

No podemos suponer que tantos nicaragüenses entiendan lo que está pasando ahora. Además, están educados en contravalores: en el egoísmo, en el arribismo, en trepar a costa de todo el mundo. Eso es lo que recibieron en el sistema educativo impuesto en Nicaragua por el neoliberalismo. Y eso ha tenido resultados concretos. Porque el neoliberalismo no es sólo un sistema económico, es también una ideología que pervierte y deforma a los seres humanos. La política de “sálvese quien pueda” y a costa de lo que sea, que trastocó todo el sistema de valores de quienes habíamos sido formados en la revolución, no dejó a nadie indemne, nadie quedó ileso ante esa ofensiva.

Dentro de ese sistema, también ideológico, estamos los sandinistas, que también hemos sido permeados por esa ideología. Y entre los sandinistas habemos muchos que también somos egoístas, arribistas, que andamos trepando. También a nosotros nos ha pervertido el sistema. No es que nosotros seamos una isla de santos inmersos en la sociedad. Y digo esto, porque hay otros sandinistas que ya no están en el Frente y que se creen eso: una isla de santos. Todos estamos pervertidos. Porque ése fue el sistema que imperó en Nicaragua y no por poco tiempo: 17 años. Y en 17 años se forma una generación.

El neoliberalismo dejó terribles resultados socioeconómicos. Analfabetismo en el 35-38% de la población. Abandono de todo el sistema de salud curativo y preventivo. Privatización de los servicios públicos de salud y educación. Solamente 420 mil nicaragüenses asegurados. La inmensa mayoría de los trabajadores del campo en condiciones precarias, por no decir semiesclavistas. Un millón 300 mil nicaragüenses -la cuarta parte de la población- expulsados de Nicaragua y trabajando fuera para sostener a sus familias. La emigración influye en los valores de la sociedad y en los comportamientos sociales, porque mucha gente mantiene a sus familias desde fuera con remesas y hoy mucha gente en Nicaragua está solamente esperando esas remesas, sin cultura de organización ni aspiración de organización ni cultura de luchar por sus propias necesidades. Solamente esperan que les manden los reales. Y esto influye a la hora de crear conciencia, organización social, valores, militancia… Tenemos también un desempleo, entre abierto y encubierto, que afecta aproximadamente a la mitad de la población o quizás a más. Una tenencia de la tierra en cuestión por falta de títulos de propiedad. Un sector financiero opulento, como todo sector financiero, que tiene el control político de la clase dominante y que se ha enriquecido a costillas del erario público a lo largo de todos estos años, incluyendo los dos años y medio de este gobierno del Frente Sandinista.

Y lo más importante: tenemos un modelo económico en crisis. El modelo económico de Nicaragua ha demostrado en estos 17-19 años que no resuelve los problemas de la gente. Produce pobres y produce ladrones y produce unos cuantos ricos. Pero aunque ese modelo esté en crisis, no se puede cambiar por voluntad política. Ni el Frente Sandinista ni Daniel Ortega pueden decretar ese cambio. Ese cambio no se decreta por voluntad política, se construye. Y se construye con nuevas relaciones de producción, con nuevas alternativas de producción y con nuevas formas de comercio internacional.

Yo comparto la tesis de quienes afirman que el sistema económico capitalista en su versión neoliberal no se puede romper en un solo país, no se puede lograr sin alianzas entre países y entre pueblos. Ningún país latinoamericano solo es capaz de romper ese sistema y construir una alternativa. La experiencia de estos años lo demuestra. Sólo la alianza entre países que tomen un rumbo diferente es capaz de construir un nuevo modelo.

Las consecuencias económicas del neoliberalismo en Nicaragua son muy profundas, empezando con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y terminando con el mercado financiero, el mercado de capitales. El principal destino de nuestras exportaciones es Estados Unidos como país. Como región, es Centroamérica, casi equiparada con Estados Unidos: 34-32%. Pero, como origen de nuestras importaciones, de Estados Unidos directamente o de sus filiales en Centroamérica, viene el 80% de todo lo que compramos. Otro factor a tomar en cuenta son los 700-800 mil nicaragüenses que trabajan en Estados Unidos y que envían a Nicaragua remesas familiares: 600 millones de dólares al año. Las remesas que envían los nicaragüenses que trabajan en Costa Rica representan 200 millones de dólares.

Tenemos además una precaria situación de empresas o de formas de producción de lo que quedó del modelo económico de la revolución y de lo que quedó de la “propiedad de los trabajadores” después de los acuerdos de concertación de los años 90. Aunque de todo eso ha sobrevivido muy poco, ahí está algo, sobre todo en el campo. Y podría servir de palanca para desarrollar un modelo alternativo. Pero, lo primero que hay que resolver en el campo son los títulos de propiedad y las políticas crediticias.

¿Cómo romper este modelo en crisis? La primera decisión que tomó el gobierno del Frente Sandinista para lograr la ruptura de ese modelo, y resultó una sabia decisión, fue buscar la autosuficiencia alimentaria y asumir como prioridad económica al sector agropecuario. Regresar al campo. Entre otras cosas, porque la tendencia que llevaba el país es que, a cinco años plazo, tendríamos sólo consumidores de arroz, frijoles y maíz importados. No íbamos a tener capacidad de producir para todos los nicaragüenses lo básico: el gallopinto y la tortilla. Algo parecido a lo que ha ocurrido en México, la tierra donde nuestros antepasados domesticaron el maíz. Hoy México importa de Estados Unidos gran parte del maíz que consume, algo increíble.

Lograr la autosuficiencia alimentaria significa recuperar la actividad agropecuaria del país. Invertir los principales recursos que tenemos en el sector agropecuario. Eso es lo que se está haciendo. Este plan tiene varios componentes: el componente crediticio, el de títulos de propiedad, el de componer los caminos, el de brindar semillas, asistencia técnica y fertilizantes y el de buscar mercados. Encontrar mercados más allá de la autosuficiencia local. Una vez cubiertas las necesidades nacionales, ¿qué hacemos con los excedentes? Diversificar los mercados: Brasil, Venezuela, Centroamérica, México… Es muy importante que operen simultáneamente estos componentes y darle a los campesinos posibilidades para exportar los excedentes de su producción a buenos precios y a mercados que no sólo sea el de Estados Unidos.

El gobierno también ha decidido aprovechar este momento, el boom de los precios de los alimentos. Hace un par de años se decretó la crisis alimentaria mundial y hoy en día los alimentos son tan caros como otras materias primas. La exportación de alimentos puede incrementar el producto nacional bruto. Hace un par de años el arado y el campesino eran despreciados, vistos como factores económicos de tercera categoría. Hoy, en toda América Latina, el campo vuelve a adquirir una importancia vital. El proyecto del gobierno apunta también a aprovechar la oportunidad histórica de industrializar, de procesar, con nuestros propios recursos, las materias primas que producimos, en agroindustrias: queserías, lecherías, embutidoras… Porque hoy el queso de Boaco y de Chontales va para El Salvador, ahí lo terminan de procesar, lo embolsan y lo venden en Gringolandia con el “made in El Salvador”. Y con el maní pasa otro tanto: exportamos el maní de aquí y nos lo venden de regreso como “maní brander”. Esta industrialización no se hace de la noche a la mañana y necesita inversión privada, estatal y mixta. Por ahí vamos.

La decisión económica del gobierno también ha tenido componentes sociales. Porque no se puede hacer toda esta inversión en el campo sin invertir a la par en programas de salud, de educación y de seguridad. Y eso es lo que se está haciendo. Quien conoce Nicaragua sabe que la miseria que hay en el campo es ofensiva, obscena. Miseria total: gente que no tiene acceso a nada ni tiene oportunidades de nada. A veces encuentro compañeros y compañeras que juzgan la realidad de Nicaragua con los ojos de Managua. Y eso es faltar a la objetividad y a la realidad. El 45% de la población nicaragüense vive en el campo en condiciones de vida miserables, sin condiciones mínimas para sobrevivir y sin oportunidades para progresar. Y si a la miseria rural le sumamos la de quienes viven en los cinturones de miseria de Managua, superamos más del 45%. Y ya no hablemos de la Costa Caribe, la zona históricamente más abandonada del país. Los problemas del campesinado son no sólo de salud, de educación y de seguridad, también de vivienda, agua potable, energía eléctrica, caminos, transporte… Es un cúmulo de problemas asociados el que está enfrentando el gobierno para mejorar la vida de la gente del campo.

¿Por qué los sandinistas nos hicimos sandinistas, qué nos motivó? Los que nos metimos al Frente Sandinista antes de la revolución lo hicimos por tres razones. Primera: acabar con la Guardia Nacional, acabar con la represión, con la muerte, conquistar la libertad, las libertades democráticas. Segunda: recuperar la soberanía nacional, que los yankis dejaran de entrometerse y tener un proyecto de país propio. Tercera: salir de la pobreza, progresar. Esas tres razones, en uno o en otro orden, subyacen en las decisiones que inspiraron a los jóvenes que hace treinta años entramos al Frente. Y esas tres razones continúan vigentes, siguen vigentes.

¿Cómo hacer hoy realidad ese país que queríamos, y que seguimos queriendo, sin que provoque ruptura social o guerra con Estados Unidos? ¿Cómo resolver los problemas sociales del campo sin tocar los intereses de los ricos? No es posible. Porque es una aspiración fuera de la realidad que los ricos sean suficientemente responsables y generosos para pagar impuestos. Pero tampoco es posible resolver la problemática social y económica de Nicaragua sin afectar los intereses de la gente más rica del país, sea por la vía tributaria o por otras vías.

Esta contradicción ha sido postergada por el gobierno del Frente Sandinista, pero creo que inevitablemente va a surgir. Porque no es posible tener un presupuesto autosuficiente sin una reforma tributaria en la que los ricos paguen de acuerdo a sus ingresos y los pobres de acuerdo a los suyos. Ahora los pobres son los que sostienen todos los gastos del gobierno con la compra de todo lo que compran, cualquier cosa. Los pobres mantienen al gobierno, ése es el grueso de la recaudación: la de los impuestos por el consumo. La periodista Eloísa Ibarra demuestra en un trabajo reciente que en los años del gobierno de Alemán los banqueros sólo pagaron el 7% del impuesto sobre la renta sobre sus ganancias, mientras los asalariados mejor pagados pagaban el 30%. Eso no puede ser, es un insulto a la inteligencia y a la decencia política.

El gobierno posterga la reforma tributaria para evitar que le rebalsen las otras contradicciones: la contradicción política y la contradicción con Estados Unidos. Pero en mi opinión, mientras más se postergue la reforma tributaria, no sólo es peor para el gobierno sino peor para el país. Cada día que Nicaragua pasa sin reforma tributaria es negativo. A mí me desconcierta que el Frente no haya hecho una reforma tributaria y creo que el gobierno perdió su oportunidad de oro para hacerla en su primer año, en 2007. No sé en qué trampa cayó, no sé por qué no la hizo entonces. Y no me convencen los argumentos que me han dado. A mí me sorprendió el acuerdo al que Daniel Ortega llegó con los empresarios del COSEP hace un par de meses de no hacer reforma tributaria en los próximos dos años. Me parece que le vendieron al gobierno la idea de que hacer una reforma tributaria en época de crisis no es conveniente porque eso ahuyenta las inversiones y causa más desempleo. Pero la gran empresa privada del COSEP, la que no paga impuestos, sólo genera el 8% del empleo en Nicaragua.

La única explicación que encuentro es que para poder hacer una reforma tributaria necesitás dos cosas: la mayoría parlamentaria -que el Frente la tiene para otras osas, pero no para eso- y consenso, no necesariamente de los empresarios -porque ellos serán los más perjudicados- pero sí de otros sectores sociales y económicos. Yo creo que el Frente debería hacer la reforma tributaria este año. Es la única forma de tener los recursos para acometer las ingentes tareas sociales del país. La reforma tributaria es una piedra angular para todo lo que podremos hacer en el futuro.

Para entender que decisiones como ésta se posterguen, hay que tener en cuenta que el Frente Sandinista es un frente y hay en él distintas sensibilidades, para ponerlo de la manera más elegante. Dentro del Frente hay sectores claramente socialdemócratas, que tienen intereses económicos muy importantes, hay sectores vinculados al movimiento popular, hay sectores que han sido cuadros profesionales del Frente durante mucho tiempo… Armonizar todas las sensibilidades es a veces difícil, sobre todo para aplicar determinadas políticas.

También hay gente en el Frente que ocupa sus funciones para traficar influencias, para parasitar cargos, para sólo recibir el salario y no hacer nada o evitar que la gente haga algo. Hay gente en el Frente que es así y gente que no es así. La mejor manera de evitar todo eso es la participación de la gente. Control social le llaman también. Ir señalando y señalando, y no cansarse, hasta que ocurran los cambios. Creo que los cambios vendrán con la nueva gente que entre al Frente y que empiece a pasar factura.

¿Hay espacios de crítica en el Frente? Lo que yo creo es que la cultura de la queja nos lleva a la frustración. La cultura de la queja la debemos sustituir por la cultura del hacer, aunque nos represalien. ¿Hay que pedir permiso para pelear? Yo no conozco una pelea que no tenga consecuencias, todas las tienen. Tienen un costo. Si queremos cambiar las cosas, asumamos riesgos. La pobreza ideológica que puede haber dentro del Frente -que ciertamente la hay en algunos estamentos- no es posible repararla simplemente denunciándola, sino atacándola. Hay quien dice: pero, ¿cómo me voy a meter al Frente a pelear si me tengo que acomodar a su pensamiento? Eso es lógico: el Frente Sandinista no es un club social, es un partido político y si te metés al Frente es porque vas a asumir la política del Frente, sus principios. Si no, no te metás. Tal vez haya que buscar otros espacios donde pelear.

La reforma tributaria no se ha hecho. La reforma que sí se ha hecho y es estratégica es la reforma educativa. Y tal vez porque hay en los medios un ánimo de hostilidad o de escepticismo, esta reforma no ha sido apreciada en su profundidad y ha pasado prácticamente en silencio mediático, a pesar de ser tan vital para el futuro del país. Porque ¿para quién estamos trabajando? Para la chavalada. Y por eso debemos ofrecerle a las niñas y a los niños herramientas culturales y educativas para que puedan acometer los desafíos del desarrollo del país.

La reforma educativa que se ha hecho tiene varios componentes. El de la alfabetización: Nicaragua es ya territorio libre de analfabetismo. El componente de la educación gratuita, que no es sólo no pagar la matrícula, sino también que el uniforme no sea obligatorio y que en el campo le den a los cipotes su desayuno o su merienda escolar, porque nadie puede estudiar con hambre. Y esto ha aumentado la retención escolar: los chavalos que empiezan el curso y lo terminan pasaron del 75% al 92% según cifras oficiales. Otro componente de la reforma educativa es la atención a las maestras y maestros para mejorar su formación cultural y pedagógica. Esto significa no sólo actualizar sus conocimientos, sino erradicar el empirismo dentro del magisterio, dotarlos de mejores herramientas y, fundamentalmente, convertirlos en protagonistas del proceso educativo mediante la evaluación y planificación mensual del trabajo en los TEPS, que operan a partir de una escuela madre con las maestras y maestros de cuatro-cinco escuelas cercanas, que evalúan y planifican mes a mes. Esta experiencia ha tenido muy buenos resultados.

Otro componente de la reforma educativa es el cambio en el pensum, en el curriculum, en los contenidos que reciben niños, niñas y adolescentes. Ha sido una reforma curricular que no se hizo desde el escritorio del ministro Miguel de Castilla, sino con una activa participación del profesorado y de la comunidad educativa, que pasó un año en consulta y en la que también tuvieron una participación muy destacada todos los organismos no gubernamentales involucrados en las redes educativas del país. La reforma del pensum concluyó a mediados de 2008, se pasó a la elaboración de los textos escolares y ya están listos los de primaria. No hubo dinero para los de secundaria, pero ya están listos para impresión en 2010.

El objetivo es que los muchachos y muchachas que ingresaron este año 2009 y que saldrán bachilleres en 2020-2021 sepan una segunda lengua, sepan un oficio y dominen la computación. Saber un oficio parece cosa de menor importancia, pero no lo es porque ¿qué ocurre con la mayor parte de quienes salen hoy de la escuela? Que si no pueden seguir estudiando secundaria tienen que trabajar. Pero, ¿en qué si no saben hacer nada? Saber un oficio es vital.

La reforma educativa está concebida para que a la juventud nicaragüense se le enseñe desde el aula a pensar y a tomar decisiones. Y quien piensa, inevitablemente tiene que ser crítico y tener una conciencia crítica ante la realidad. Con la reforma que hizo el ministro Humberto Belli se le enseñó a la juventud a obedecer y a someterse. Si el Frente Sandinista no sigue en el gobierno y esta reforma educativa se sostiene, este gobierno habrá hecho algo estratégico para Nicaragua. Si alguna obra quedará de este gobierno, estoy seguro que será la reforma educativa, que representa un cambio estructural.

Pero antes de estudiar la gente tiene que comer. Muchas veces he escuchado a compañeras y compañeros que miran con desdén el esfuerzo del gobierno por dar de comer. Pero quienes han estado en la profundidad del campo saben que el hambre aprieta y que resolver el hambre es tarea crucial si aspiramos a organizar a la gente, si queremos construir ciudadanía y formar conciencia. Si aspiramos a lograr todo eso, primero la gente tiene que comer. Y el hambre no sólo está en el monte, también hay hambre aquí en Managua. A unos sectores de la población los podemos capitalizar, pero a otros les tenemos que dar de comer. Porque para miles de familias comer es la primera prioridad. Y este problema no se resuelve sólo con voluntad política. Para eso el gobierno está desarrollando el programa Hambre Cero y el programa Usura Cero.

Yo escuché criticar el programa Hambre Cero porque era clientelista y asistencialista. ¿Asistencialismo? Qué me importa lo que sea si lo primero es que la gente coma. Tenemos que lograr que la gente coma como resultado de su propio trabajo, pero mientras tanto tenemos que darle de comer. Crear posibilidades para que la gente tenga oportunidades para resolver sus necesidades materiales no se logra de un día para otro. Primero hay que comer para después pensar en cómo recomponer el modelo productivo.

Este gobierno ha tomado decisiones estratégicas para cambiar el modelo productivo y para cambiar el modelo educativo. También para cambiar el modelo energético. ¿Ya se nos olvidó que hasta mayo de 2007 teníamos racionamientos de energía, cortes de luz, apagones de hasta once horas diarias? Pues, aunque ahora tenemos todavía desastres en el servicio del sistema eléctrico, este gobierno logró resolver las fuentes de generación de energía eléctrica: con petróleo y gracias a las plantas de Venezuela y de Cuba. Y está apostando a lo más importante: a cambiar la matriz energética para que el país empiece a producir con sus propios recursos energía limpia y renovable: energía hidroeléctrica, solar, eólica, geotérmica, biomasa, para sustituir el petróleo. Pero eso no se hace de un día para otro.

Los primeros resultados de este esfuerzo estratégico se empezarán a ver a partir de fines de 2009 e inicios de 2010. Si este gobierno termina en 2012 no va a cosechar los resultados. Será en 2014-2015 cuando la matriz energética se habrá invertido y el principal componente ya no serán el petróleo y sus derivados sino las energías renovables. Además, para esas fechas se va a sextuplicar la producción de energía nacional. Cuando el Frente Sandinista recibió el gobierno, Nicaragua producía 520-540 megavatios de energía eléctrica. En 2014 serán 3 mil megavatios y seremos capaces de exportar energía. Es un cambio estratégico porque todo el mundo entiende que si aspiramos a desarrollar el país no podemos hacerlo sin energía.

El cuarto proyecto estratégico en el que está empeñado el gobierno del Frente Sandinista es el de la promoción del turismo. La enorme ventaja del turismo es que inversiones sencillas producen rápidamente muchas divisas y muchos empleos directos e indirectos. En mi opinión, el turismo de gran escala lo que produce son desechos en todos los sentidos de esa palabra y es mejor el turismo de pequeña y mediana escala.

La opción del gobierno es la promoción de pequeños negocios turísticos en el sector rural, lo que se llama turismo rural o turismo ecológico. Pero, aunque ésa es la opción oficial, hay tendencias en el gobierno a priorizar los grandes negocios turísticos y la Cámara de Turismo, la CANATUR, hace mucho lobby a favor de los grandes negocios y el gobierno le da a los grandes respuestas mucho más rápidas y con más beneficios adicionales -de los muchos que ya les da la ley-, mientras que a los pequeños empresarios que quieren aventurarse en el turismo les pone un montón de trabas burocráticas. Eso hay que cambiarlo, y para cambiarlo hay que pelearlo.

Para lograr todo esto, y mucho más, el contexto latinoamericano es crucial. Nicaragua tiene una oportunidad histórica de enderezar el modelo de su sociedad gracias a que existen otros países dispuestos a echarnos una mano. Por primera vez en América Latina los países latinoamericanos son capaces de ayudarse entre ellos. ¡Por primera vez! Antes siempre hemos tenido que recurrir al Norte opulento -Estados Unidos, Europa, Japón- o al bloque soviético cuando existía. Ahora, por primera vez, recurrimos al Sur. ¡Eso es histórico! Lo vivimos, pero no lo tomamos suficientemente en cuenta. Y hoy recurrimos al Sur en condiciones favorables, bajo una lógica de igualdad y no bajo una lógica de subordinación, que es lo que hasta ahora nos había ocurrido con el Norte y nos ocurrió también con el campo soviético.

Uno de los principales desafíos que tienen los gobiernos de la Alianza Bolivariana -Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua-, es que sus pueblos asuman el ALBA como una realidad propia, que no la vean como una alianza entre gobiernos. Porque si sólo queda entre gobiernos, tendrá la vida de los gobiernos, empezará y terminará cuando esos gobiernos empiecen y acaben. Pero si la gente asume el ALBA, la gente condicionará a sus gobiernos para que el ALBA permanezca.

El ALBA -ese conjunto de países que colocan sus recursos en común- nos abre una oportunidad histórica que debemos saber aprovechar. Por eso, lo que ocurre en Honduras es un laboratorio. Hay una concertación de fuerzas políticas proclives a Estados Unidos que están aprovechando la coyuntura hondureña para una ofensiva contra el ALBA y contra todo lo que huela a cambio. Si les va bien, ¡por ahí nos viene! Si les va mal, ya ganaron mucha experiencia. Y aún sin fijarnos en el ataque al ALBA, lo de Honduras es gravísimo, porque es el poder de las armas sobre el poder de la gente. Si ese golpe se legitima, se estará diciendo que las armas son más importantes que las leyes y que la gente. Si el golpe militar y el poder militar quedan legitimados quedarán legitimadas también las invasiones militares. Quién sea Zelaya es irrelevante. El pueblo hondureño lleva todos los siglos del mundo oprimido, sin gozar de libertades plenas. Pero allí ha habido un trabajo silencioso de organizaciones sociales que ha ido creciendo y trabajando como hormigas: sindicatos, gremios, organizaciones de mujeres, campesinas, ecológicas… Son los que están en las calles. No son zelayistas, como dicen los medios internacionales, para descalificarlos. Es la gente aprovechando su oportunidad histórica. Zelaya es una excusa. No van a dar la vida por Zelaya, la van a dar por sí mismos.

A 30 meses del gobierno de Daniel Ortega el cambio estratégico que sigue en la agenda del Frente Sandinista es la reforma del Estado. La propuesta de pasar de un sistema presidencial a un sistema parlamentario ya no se contempla. Sólo se contemplan dos reformas: permitir la reelección presidencial y establecer la figura del referéndum revocatorio para revocar todos los cargos: presidente, diputados, alcaldes.

Al iniciar su gobierno el Frente Sandinista, ensayó una reforma del Estado organizando el Poder Ciudadano, con uno de los primeros decretos de 2007. La intención era convertir a los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) en instrumentos del Ejecutivo para que sus decisiones fueran vinculantes. Es decir, que si allá abajo la gente tomaba decisiones, éstas fueran vinculantes para los funcionarios allá arriba. Pero aquel proyecto fue abortado y esa función le fue arrebatada a los Consejos del Poder Ciudadano por la oposición. Y los CPC quedaron sólo como instrumentos políticos.

La idea original de los CPC no era hacerlos instrumentos partidarios. Desgraciadamente, terminaron siendo, en su mayoría, una extensión partidaria. Pero en Nicaragua nada nos limita a organizarnos para influir en la toma de decisiones y para asumir decisiones. Creo que esto no se promueve por decreto, no depende de la voluntad política, esto es una pelea diaria. Los CPC no son los únicos instrumentos para tomar decisiones e influir en la toma de decisiones. Si nos hablan de democracia directa, asumámosla y pongámosla en práctica. Diferentes instrumentos, CPC, sindicatos, gremios, como quieran llamarse, deben asumir esta filosofía. Si nos dicen que hay democracia directa, vamos a tomarlo en serio y a ver si es cierto.

Hay quienes creen que durante los años del neoliberalismo se creó un tendido organizativo en el país. Yo no lo veo así.
Lo que hay son cascarones organizativos. Como el mismo Frente Sandinista, que es otro cascarón. Lo que hay es una suma de compañeros y compañeras que en esos años tuvieron una formación y aprendieron determinadas labores organizativas, pero yo no veo una organización masiva. Nicaragua no es hoy una sociedad organizada y ése es uno de los grandes problemas que tiene este país. Es cierto que el Poder Ciudadano debió haberse construido aprovechando el andamiaje de la democracia participativa que ya había, aun cuando se creara una nueva organización, los CPC, para apostar a la democracia directa. Se desaprovechó esa oportunidad y ya es muy tarde para revertirlo.

Si yo representara al Frente Sandinista, yo apostaría a reformar el Estado con una Asamblea Constituyente, pero no veo eso en el ánimo de los dirigentes del Frente. Creo que el contrato social, que se llama Constitución Política, ya no nos representa a todos, ya no es un contrato que se adecúe a las necesidades políticas, sociales y económicas del país. Creo que la realidad ha superado la Constitución y creo que para que un nuevo contrato social tenga éxito hay que garantizar la democracia directa: que la gente se involucre y que cuando lo haga se la tome en cuenta.

Una de las cosas de las que yo más me he quejado en los años del neoliberalismo es que uno pegaba gritos contra Bolaños, contra Alemán, contra Violeta o contra Daniel y nada pasaba. Tenías el derecho al berrido, pero nada más. Teníamos el derecho de quejarnos y patalear, pero todos seguían haciendo lo que querían. No debemos seguir así. Tenemos que buscar la manera de vincular nuestras opiniones con nuestras decisiones y con las decisiones del Estado y las de la sociedad. Y para eso tiene que haber un nuevo marco constitucional, no sólo para reducir los cargos públicos o actualizar los derechos, sino sobre todo para involucrar a la gente en la toma de decisiones. ¿Cómo hacerlo? Yo no tengo la fórmula.

En mi opinión, si el Frente Sandinista logra entusiasmar, enamorar, convencer, a la juventud para que se involucre en la construcción de una nueva sociedad, no importará el instrumento ni el nombre que le pongan: CPC, organización comunitaria, lo que quieran… Si se involucra a la gente, sobre todo a la juventud, dotándola de instrumentos orgánicos vinculantes, se transformará la sociedad. También creo que eso no es posible políticamente en este momento. Ni creo que socialmente la gente esté convencida de que debe ser así. Porque uno de los éxitos del neoliberalismo es habernos confiscado el derecho a participar en política, hacernos ver la política como algo sucio, de ladrones, de corruptos y “yo no me meto en política porque la política no me da de comer”…Hemos dicho eso muchas veces y lo hemos escuchado por todas partes y en esencia eso significa habernos arrebatado el derecho a construir nuestra sociedad, a participar en las cosas que nos atañen.Y se las dejamos a una clase política que habitualmente está vinculada a intereses poderosos. Eso significa que los ricos no sólo lo son por dinero sino porque son los que toman las decisiones. Si logramos prender en la gente, sobre todo en la juventud, la idea de que tomar las decisiones no es asunto de los políticos sino de todos, otro gallo nos cantará.

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