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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 326 | Mayo 2009
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Nicaragua

Rafael Aragón, sacerdote católico y religioso dominico de la Orden de Predicadores, compartió con Envío una caracterización de la distintas diócesis católicas, de sus obispos, su clero, sus religiosas y sus laicos, acompañándola de reflexiones sobre algunos de sus hitos históricos y sobre algunos de los desafíos actuales, ofreciendo así pistas sobre su rumbo futuro, en una charla con Envío que transcribimos.

Rafael Aragón

Quiero comenzar por la Costa Atlántica, el territorio más extenso del país y el menos conocido en el resto de Nicaragua. Y quiero comenzar por la Costa porque es allí donde he tenido mayor participación en la formación de laicos. Desde hace 30 años paso anualmente una semana en la Costa dando cursos a los Delegados de la Palabra de Dios. Los Delegados son un movimiento católico surgido en Honduras en los años 60. Prepara a los campesinos con liderazgo en sus comunidades para que presidan las celebraciones del domingo y expliquen y comenten la Biblia a sus paisanos. Para esa tarea se capacitan estudiando la Biblia desde una perspectiva de compromiso histórico.

La Costa no es una diócesis, tiene el estatus jurídico de un vicariato apostólico y, por eso, los obispos no son nombrados allí como en el resto del país -a partir de ternas propuestas por la Conferencia Episcopal-, sino que los designa la congregación religiosa que tiene en ese territorio la misión apostólica. Históricamente la ha tenido la orden de los Capuchinos de Estados Unidos. Actualmente, como quedan solamente tres capuchinos, el vicariato está pasando a manos de sacerdotes diocesanos.

En 1966, un año después de terminado en Roma el Concilio Vaticano Segundo, los capuchinos norteamericanos de la Costa se comprometieron con la renovación que el Concilio representó en la teología, la liturgia, la apertura al mundo. Y promovieron el movimiento de los Delegados de la Palabra. Promovieron también la capacitación de laicos dándoles una sólida formación bíblica. Publicaron folletos con explicaciones muy buenas para una lectura avanzada de todos los libros de la Biblia, publicaciones que aún seguimos usando, pero que apenas se conocen en el resto del país. Introdujeron en las comunidades metodologías de catequesis muy populares. Como resultado, el liderazgo de las comunidades fue muy progresista. Recuerdo que en 1980 asistí a una asamblea de Delegados en Siuna y los vi celebrar la Cena del Señor, utilizando en la liturgia tortilla y chicha, lo que era una gran novedad pastoral. En 1988, en una gira que hice, vi en Bocana de Paiwas a los Delegados celebrar ellos los bautizos, aun cuando yo, el sacerdote, estaba presente.

Todo este trabajo pastoral fue muriendo poco a poco, al morir el obispo que lo promovió, Salvador Schaeffler, y al ir envejeciendo la comunidad de religiosos capuchinos. Con los dos nuevos obispos, Pablo Schmitz y David Zywiec, y con la llegada a la Costa del clero diocesano, formado en el seminario de Managua -algunos incluso con estudios en Roma- se fue imponiendo una mentalidad más conservadora en todo.

El trabajo pastoral de los capuchinos se caracterizó en la Costa por fortalecer las comunidades y los liderazgos nativos laicos, aunque sin proyección social ni conciencia política. Es ésa la tradición de la Iglesia católica en Estados Unidos, donde de lo social y lo político se ocupa el gobierno y a la iglesia le corresponde ocuparse de la comunidad. En Nicaragua, este estilo tiene también que ver con la conciencia que siempre han tenido los obispos de la Costa: obispos misioneros y obispos extranjeros, que no deben meterse en la política del país. Siempre han respetado los puntos de vista de los obispos nacionales y nunca han tenido una estrategia propia al interior de la Conferencia Episcopal.

Desde la llegada del obispo Pablo Schmitz a la Costa, la iglesia costeña fue cambiando. Es cada vez mayor la presencia del clero nacional, formado en el seminario de Managua en los tiempos de mayor influencia del arzobispo Miguel Obando y Bravo. Los capuchinos norteamericanos -sólo quedan tres, en Siuna, El Ayote y La Cruz del Río Grande, y un formador bíblico en Managua- son mayores y las parroquias, incluido ese símbolo que es la catedral de Bluefields, las han entregado al clero nacional.

Con estos cambios la pastoral se ha orientado hacia la educación, creando escuelitas rurales, construidas con la colaboración de las familias y administradas por maestros de la misma comunidad. El vicariato les paga medio sueldo. Prestan un gran servicio y han tenido mucho éxito. También ha promovido la iglesia algunos proyectos de salud. La formación del laicado ya no es una prioridad y ha decaído el interés por promoverla.

A pesar de todo, un gran valor de la iglesia de la Costa es ser la única que mantiene un instituto de formación permanente de laicos. Inicialmente se orientaba a la formación y ordenación de diáconos permanentes. El diaconado es el escalafón previo al sacerdocio. El diaconado permanente fue promovido por el Concilio Vaticano Segundo para dar respuesta a la escasez de sacerdotes. El Concilio permitió que se promoviera como diáconos a hombres casados con liderazgo comunitario. En la Costa fueron ordenados unos veinte diáconos casados y la parroquia de El Rama fue administrada durante años por uno de ellos.

Hoy, la iglesia es más clerical y el programa de formación continúa, pero todo lo que se enseña tiene que tener el visto bueno de Roma y, por ejemplo, una asignatura debe ser Derecho Canónico…¡para campesinos que apenas saben leer y escribir! Hoy, los diáconos han sido prácticamente excluidos. Hace cinco o seis años no se les toma en cuenta, hace unos diez años no hay ordenación de diáconos y los que actúan pastoralmente son sólo los Delegados de la Palabra, pero con un perfil ya muy diferente al que tuvieron al inicio de esta valiosa experiencia.

La actitud abierta del obispo Salvador Schaeffler permitió que varias comunidades de religiosas se establecieran en la Costa: Siuna, Waslala, El Rama, Bluefields. Han hecho un trabajo importante en la formación de las mujeres y en la concientización del laicado. Pero el no haber tenido suficiente acogida institucional las fue debilitando. Ahora trabajan en la Costa nuevas congregaciones. Han llegado, por ejemplo, misioneros españoles del Instituto Español de Misiones Extranjeras y en Nueva Guinea -tradicional bastión evangélico- han construido, al mejor estilo de la práctica misionera española, un enorme templo para remozar la presencia del catolicismo.

En la Costa siempre han estado, junto a los católicos, moravos, anglicanos, bautistas y otras denominaciones evangélicas. Los anglicanos han perdido fuerza después que el huracán Juana destruyó la catedral anglicana de Bluefields. Y aunque después de diez años lograron levantarla, la comunidad anglicana no se ha levantado más. Los moravos son los de mayor arraigo. En las bases de la iglesia católica y de la iglesia morava la relación es cordial y hay una colaboración estrecha. Sobre todo en Puerto Cabezas. Si hay una misión morava allá van los católicos y a las misiones católicas van los moravos. Cada quien con su identidad, su tradición y su culto, pero las relaciones son armoniosas. También lo son las relaciones entre los obispos de ambas iglesias. Es a nivel del clero, entre los sacerdotes católicos y los pastores moravos, donde se aprecian celos y competencia.

Sigamos el mapeo. En la diócesis de Matagalpa y de Jinotega predomina la tradición franciscana italiana. Se trata de una espiritualidad católica muy tradicional, basada en la devoción a la Virgen, a la Eucaristía, a los santos y al Papa. Por contraste: en la Costa hay capillas que no tienen como titular a ningún santo, porque los norteamericanos no promueven la devoción a los santos. Los franciscanos sí. Promovieron también el movimiento de Acción Católica, pero más que para fomentar una acción social en el laicado, para que se organizaran para la construcción de la capilla de la comunidad. Por contraste: en la Costa, que haya o no capilla es menos importante, porque la liturgia se celebra en las casas y en las escuelas. En Matagalpa y Jinotega el templo es el símbolo central del catolicismo. Las devociones más arraigadas son el rezo del rosario y la visita al Santísimo. En Matiguás, por ejemplo, es típico ver a los campesinos bajarse del bus y entrar inmediatamente a visitar al Santísimo en el templo.

En estas dos diócesis no ha existido un proyecto de formación integral de laicos y hasta hace muy poco hay alguna formación bíblica. La proyección social de los grupos católicos organizados no ha sido el fruto de una formación que los orientara a asumir un compromiso con el bien común y con la mejora de la sociedad como expresión de su fe cristiana, sino que ha surgido espontáneamente del sentido comunitario que siempre existe en las comunidades rurales. Los campesinos tienen un sentido innato de solidaridad ante las necesidades colectivas.

Jinotega es diócesis desde 1984 y ha tenido sólo dos obispos: Pedro Vílchez y el actual, Carlos Enrique Herrera. En Matagalpa hubo dos obispos franciscanos italianos -Julián Barni y Carlos Santi- antes del actual, Jorge Solórzano. El obispo Solórzano está hecho a imagen y semejanza del cardenal Obando, de quien fue su obispo auxiliar en Managua. Es un obispo muy popular y querido por las comunidades campesinas, por su cercanía a ellas. El obispo Herrera es un franciscano “de sandalias y de cotona”. Así lo caracterizó, con escándalo, alguna gente de la burguesía jinotegana. Es sencillo, humilde, hospitalario con todo el mundo y tiene una gran acogida en las comunidades rurales. Convoca mucho al pueblo pobre con el carisma franciscano.

En estas dos diócesis el clero nacional tiene una formación débil, sin grandes planteamientos pastorales. Pero la impronta franciscana, conduce en todas partes a algún proyecto social-caritativo: un asilo de ancianos, un hogar para niños de la calle... Esa sensibilidad ha hecho que el obispo Herrera se haya abierto a una pastoral hacia los enfermos con VIH.

Más en Jinotega que en Matagalpa muchos líderes laicos de las comunidades participaron antes en las filas de la Contra, y algunos fueron grandes líderes de la Resistencia. Combatieron, vivieron en Honduras. Hay Delegados de la Palabra que fueron alfabetizadores durante la Cruzada, después se decepcionaron y se integraron a la Contra. Varios explican que ahora son Delegados porque durante la guerra le prometieron a Dios que si salían vivos dedicarían su vida a la iglesia. Hoy tienen un liderazgo reconocido y una capacidad de entrega muy grande, con mucha proyección social en sus comunidades.

El obispo Vílchez fortaleció más el movimiento de Cursillos de Cristiandad que el de los Delegados de la Palabra. Hay diferencias: en sus reflexiones dominicales en sus comunidades, los Delegados, aun cuando lean la Biblia con algún matiz fundamentalista, siempre introducen elementos históricos, mientras que los cursillistas son más normativos: exhortan a cambiar de vida y a una moral tradicional. Y como están cercanos a la tradición carismática, sus celebraciones son más festivas. En el norte de Jinotega hay comunidades mískitas totalmente abandonadas. A diferencia de la Costa, a donde circula la Biblia en mískito y hay líderes mískitos y mayangnas en las comunidades. Hay una comunidad de religiosas en Wiwilí, junto al río Coco, haciendo lo que pueden en una línea pastoral liberadora.

Vayamos a Juigalpa. Durante años fue una prelatura dependiente de la diócesis de Granada. Julián Barni fue su primer obispo, Pablo Vega el segundo, Bernardo Hombach después y ahora lo es René Sándigo, que mantiene una pastoral tradicional, clerical y autoritaria, con una relación muy cercana a los grandes finqueros.

En esta diócesis los grandes terratenientes han tenido siempre influencia en la marcha de la iglesia. Por ejemplo, si haces una reunión con Delegados, alguno llega en carro, lo que en la Costa es algo inimaginable. A diferencia de los capuchinos norteamericanos de la Costa -que no se articulan con ningún “poder de este mundo”- o de los franciscanos del Norte -que tienen una clara opción por los pobres, aunque buscan el dinero de los ricos para ayudar a los pobres-, el estilo eclesiástico en Juigalpa es bastante cercano a la gente rica y acomodada de las grandes haciendas, que participan con peso en la iglesia.

En su tiempo, el obispo Pablo Vega apoyó mucho a los laicos y a las comunidades. Su orientación política fue claramente antisandinista y su orientación eclesial fue anticlerical: confiaba en los laicos más que en el clero, les dio formación y consolidó comunidades bastante unidas. Después de él el obispo Bernardo Hombach tenía una orientación más social y desde la dirección de Cáritas apoyó muchos proyectos con ONG: dispensarios, programas infantiles…

También propició Hombach la llegada a la diócesis de comunidades de religiosas. Entre ellas, monjas trapenses, que han construido en medio de la pobreza de aquellos campos un monasterio impresionante. En un lugar donde no hay luz, para llegar a su monasterio hay un camino de dos kilómetros iluminado por farolas. Estas religiosas son argentinas y en su país estuvieron comprometidas con movimientos progresistas, pero ahora viven allí, en un modelo monacal que los trapenses identifican con “la ciudad de Dios” a la que todos debemos aspirar. Ellas dicen haber construido ya esa “ciudad”, en un lugar bellísimo en donde no falta nada y en donde contemplan a Dios acogiendo a quienes las visitan.

La diócesis de Granada es tradicional y conservadora, reflejo del conservatismo de Nicaragua, que siempre ha tenido su centro en Granada. El obispo Leovigildo López Fitoria gobernó esta diócesis durante muchos años, pero siempre actuó con timidez y muy apegado a las normas del Derecho Canónico. En los años de la lucha contra la dictadura somocista, la excepción estaba en Tola y San Juan del Sur, en donde fue párroco Gaspar García Laviana, misionero del Sagrado Corazón, caído en la lucha guerrillera. También era excepción San José de los Remates, en Boaco, donde
el sacerdote Alfonso Alvarado y un compañero trabajaron en los años 70 y 80 en la formación de Delegados de la Palabra con una orientación claramente política. Muchos líderes de la revolución pasaron por sus manos. Cuando la Conferencia Episcopal de Nicaragua firmó aquella famosa carta pastoral de julio de 1979, legitimando la insurrección armada, Alvarado jugó un papel determinante.

¿Qué pasó con todo este trabajo? Tal vez les pasó lo que a muchos otros: pensaron que la revolución era ya el Reino de Dios y soñaron con una “Cristiandad de izquierdas”. Después, vinieron las decepciones, y hoy Alvarado es un párroco tradicional. Sus planteamientos, excesivamente clericales y machistas, le impiden entender los cambios que se han dado en la sociedad y el movimiento de Delegados que promovió se ha ido orientando a una espiritualidad tradicional, con una identidad católica basada en la competencia con las iglesias evangélicas. Creo que el peso del clericalismo masculino en la iglesia católica influye en estos giros y consolida un estilo que no permite promover una participación desde abajo que transforme el modo de ser iglesia.

Tal vez aquí cabe un paréntesis sobre el movimiento de los Delegados de la Palabra de Dios. Este movimiento nació con el objetivo definido de acercar a los hombres, a los varones, a la iglesia, para que participaran en sus actividades y así comenzar a transformar la religiosidad tradicional. Pronto, las mujeres reclamaron su participación, y en Honduras, en paralelo al movimiento de los Delegados, apareció el Club de las Amas del Hogar. En Honduras, el trabajo pastoral con las mujeres se destacó sobre todo en la diócesis de Choluteca, en donde hubo capacidad para incorporarlas al liderazgo de la iglesia. En Nicaragua no se dio entonces ni se ha dado nunca un trabajo pastoral con las mujeres desde la organización institucional. Ese trabajo lo realizan varias congregaciones religiosas, algunos equipos de capacitación y ONG, pero sin que tenga repercusión en las instancias oficiales de la iglesia. La formación humana y cristiana que algunos equipos pastorales ofrecen hoy en Nicaragua tiene ya una orientación de género. Y poco a poco, la cultura machista va cambiando en la mentalidad de los Delegados.

Ciertamente, la mayoría de los líderes en el campo son varones, a diferencia de lo que pasa en las ciudades: en las comunidades eclesiales de base y en otros movimientos la mayoría de líderes son mujeres. Sin embargo, la formación impartida durante tantos años de trabajo con los equipos que han participado no ha logrado cambiar la referencia machista y patriarcal que domina la iglesia católica.

Por esto, valoro mucho el esfuerzo de las comunidades de religiosas que, en parroquias, grupos y movimientos, e inspiradas en la teología de la liberación, trabajan para que las mujeres sean consideradas, valoradas y respetadas en la comunidad eclesial. Es un trabajo importante y difícil porque los movimientos de corte tradicional no han cambiado su estilo patriarcal y machista y no falta gente en ellos cerrada a plantear el tema de género.

Sigamos con Estelí. En los años 80 fue la esperanza de una diócesis abierta al proceso revolucionario y a un cambio en las tradicionales estructuras eclesiásticas nicaragüenses. La diócesis era joven, había dependido de la diócesis de León. Rubén López Ardón, ordenado en Roma durante la insurrección antimosocista, fue su segundo obispo. Era un pastor con capacidad de diálogo, pero por su apertura al proceso revolucionario la Conferencia Episcopal lo marginó. Él no soportó las presiones, atravesó una dolorosa crisis personal y decidió irse del país hacia México, donde actualmente está viviendo totalmente al margen de cualquier compromiso eclesial.

Hasta hoy quedan en Estelí huellas de la iglesia que allí pudo construirse. Aún permanecen en las comunidades estelianas las fraternidades dominicanas y franciscanas que se convirtieron después del Concilio Vaticano Segundo en comunidades eclesiales de base. En Las Segovias hubo comunidades en Ocotal, Somoto, Palacagüina... Hoy, las comunidades eclesiales de base siguen existiendo, pero son minoritarias, y de la teología de la liberación apenas queda nada.

El actual obispo, Abelardo Mata, fue obispo auxiliar del arzobispo de Managua y tiene su mismo estilo, aunque con más claridad intelectual y con declaraciones públicas más incisivas. Está promoviendo las comunidades “de la nueva evangelización”, un proyecto mexicano basado en la espiritualidad carismática, que es equivalente al pentecostalismo católico. Utilizan la metodología de retiros y reuniones. Su proyección social se basa en la doctrina social de la iglesia y por eso sus planteamientos son cercanos a los de la Democracia Cristiana.

Las comunidades de religiosas Maryknoll hicieron un trabajo importante en los años 60 y 70 en Las Segovias y aún después. En los años 80, desde la Confederación de Religiosos de Nicaragua, enviamos una carta a todas las comunidades religiosas de América Latina diciéndoles que en Nicaragua estábamos viviendo un proceso esperanzador y pidiéndoles que vinieran a participar. 18 comunidades de religiosas acudieron a este llamado y algunas aún trabajan en Nicaragua. Como el arzobispo de Managua las excluía, buscaban el respaldo de otros obispos. La Costa y Estelí fueron lugares en donde las acogieron.

Antes de la revolución no hubo prácticamente en Nicaragua comunidades de religiosas presentes en barrios y comarcas. Estas 18 comunidades que llegaron a la Nicaragua revolucionaria venían con el objetivo de desarrollar un modelo de vida religiosa “en inserción”, pero por carecer del apoyo de los obispos tuvieron que establecerse no donde querían, sino donde podían, y sin el apoyo institucional y por falta de vocaciones, no lograron gestar el movimiento renovador que esperábamos. Creo que el esfuerzo por la renovación de la vida religiosa pertenece a la generación que vivió la enorme novedad del Concilio Vaticano Segundo, pero aquel dinamismo ya no existe.

En la diócesis de León está el obispo Bosco Vivas. Las debilidades propias del clero de León explican el acomodamiento que se observa en esta diócesis. Esas debilidades ponen al obispo y a su clero en dificultades: temen que si hablan diciéndole al gobierno “cuatro cosas”, el gobierno les pueda sacar “ocho cosas” y eso los mantiene callados.

Esto no sucede sólo en León. Creo que la política del gobierno con la jerarquía de la iglesia católica está consiguiendo sus metas. El FSLN se confrontó con la iglesia católica en los años 80 y le fue mal. Ahora negocia para que le vaya mejor. ¿Cómo negocia? De poder a poder. El gobierno hace regalías a algunos obispos y a un sector del clero con la justificación de apoyar a la iglesia y así mantiene sumisa y callada a la jerarquía católica. Y como ya el movimiento eclesial que en los años 80 se llamó “iglesia popular” ha desaparecido, esta política oficial le resulta más exitosa al gobierno y más sencilla de implementar.

Durante años el movimiento de Delegados de la Palabra tuvo mucha fuerza en León y en Chinandega. Este movimiento, nacido en Honduras al calor del Concilio Vaticano Segundo (1961-65) y de la Conferencia de obispos latinoamericanos en Medellín (1968), tenía una gran proyección social. En Honduras, esa proyección se ha mantenido hasta hoy y los Delegados de la Palabra de la diócesis hondureña de Choluteca, en la frontera con Nicaragua, tienen un estilo que contrasta con el de sus pares en el lado nicaragüense.

En los años 70 el movimiento de los Delegados en Occidente desembocó en un compromiso político: la lucha armada contra la dictadura somocista. En el norte de Chinandega, en León, Achuapa, Somotillo, El Viejo, hubo comunidades muy vivas y de gran tradición sandinista. La revolución acentuó las contradicciones y tensiones entre la jerarquía y esas comunidades. Hoy, ese movimiento, que se llama “el Bloque”, ya está desvirtuado por falta de acompañamiento pastoral y por el rechazo institucional sostenido por obispos y párrocos durante años.

De 1980 a 1992 los dominicos acompañamos a estas comunidades, pero con grandes dificultades. En algunas comunidades estaba la ermita “oficial” del párroco y a una cuadra la ermita de las comunidades del Bloque, en una competencia desgastante. Con el tiempo, el Bloque se ha convertido en una ONG, mantenida con recursos de la solidaridad internacional, incluidos los de la iglesia luterana. Después del huracán Mitch, en esa zona, muy afectada, muchos Delegados se hicieron pastores luteranos a cambio de recursos.

Actualmente, la religiosidad que el obispo Bosco Vivas promueve en su diócesis es muy tradicional. Insiste en la devoción a la Virgen de Fátima y a la Virgen de Cuapa, una “aparición” ocurrida en los años 80 en Cuapa (Chontales), con marcada orientación de oposición al gobierno revolucionario de entonces. La vida religiosa en León siempre ha estado mucho más comprometida con la educación que con la pastoral, destacándose allí los colegios de los Hermanos de la Salle, los Calasancios y las religiosas de la Asunción y Pureza de María, entre otras congregaciones. El clero de León, por su visión clerical, autoritaria y machista, no acepta que las religiosas participen con iniciativa propia en proyectos pastorales.

Managua. El arzobispo Obando y Bravo dejó una impronta en la arquidiócesis. Actualmente, ya no tiene ni tanta fuerza ni tanta presencia y se ha replegado a la Universidad Católica, la UNICA, como institución de apoyo. La actual alianza del cardenal Obando con el gobierno -¿quién la inició, él o el gobierno?- ha tenido réditos para el gobierno, porque Obando se mantiene dócil al gobierno y neutral ante los conflictos nacionales. Creo que ni los obispos ni la mayoría del clero simpatizan con la actual línea de Obando, quien, poco a poco, ha ido perdiendo el liderazgo que tuvo en la vida nacional y en la vida eclesiástica.

Para comprender el giro que Monseñor Obando ha dado en este segundo gobierno de Daniel Ortega hay que partir, primero, de la personalidad del Cardenal, que busca fama y prestigio derivados del cargo eclesiástico que ostenta. En segundo lugar, hay que pensar que ese giro puede ser el fruto de una negociación del gobierno: ofrecerle “borrón y cuenta nueva” en las acusaciones de corrupción que involucraban a la iglesia y a sus allegados. Daniel Ortega se olvidaba del pasado y a cambio Obando bendecía al gobierno. Obando tiene una personalidad compleja y difícil de manejar en una cultura como la nicaragüense, donde es tan fundamental la tradición religiosa. El gobierno sandinista no supo manejar esta cultura en los años 80 y, a mi modo de ver, la está manejando mucho peor en la actualidad.

El actual gobierno sandinista ha abandonado una visión abierta y comprometida del cristianismo y la ha sustituido por una visión mítico fundamentalista para ganarse a la gente. Pero se equivoca: la creciente secularización de la sociedad, una visión progresista de la fe y una visión tradicional, que siempre hace independiente lo religioso de lo político provocan que el pueblo no se sienta bien cuando los políticos tratan de manipular sus sentimientos religiosos. Solamente los sectores más atrasados en su visión de la sociedad pueden estar de acuerdo con los planteamientos del gobierno actual.

Hay tensiones actualmente entre la Conferencia Episcopal y el gobirno de Daniel Ortega. Iniciaron con la denuncia de fraude electoral en las elecciones municipales hecha por la Conferencia Episcopal en noviembre. Creo, que aunque esta denuncia se basa en la objetividad de los hechos, quien más convencido está de lo sucedido es el obispo Bernardo Hombach, considerado por algunos colegas obispos el intelectual de la Conferencia. Pero como es extranjero y ya ha presentado al Papa su dimisión por haber cumplido 75 años, pierde fuerza esa denuncia.

Los obispos nicaragüenses no tienen cultura de valorar la democracia. En ellos pesa más la relación personal que han articulado ya con dirigentes del gobierno y la ayuda que reciben de ellos y eso les impide mantener actitudes valientes y proféticas.

Hay que recordar que la Conferencia Episcopal se sintió más cercana del gobierno de Alemán que del gobierno de doña Violeta o del gobierno de Bolaños. Esto se pudo observar ya en el acto de toma de posesión de doña Violeta. El cardenal Obando participó en aquel acto y pronunció un discurso más largo que el de la nueva mandataria, en el que destacó algunos aspectos de la democracia y reclamó al gobierno saliente, el gobierno de Daniel Ortega, por asuntos de la educación. Pero su presencia no destacó demasiado, fue un invitado más a aquel acto. En contraste, en la toma de posesión de Alemán, el cardenal Obando presidió un acto litúrgico en plena ceremonia civil vistiendo los ornamentos más solemnes: mitra y capa pluvial. En el acto se cantó el Te Deum en latín. Aunque pueden parecer detalles protocolarios, dicen mucho de las relaciones que se establecieron entre el gobierno de Alemán y varios obispos católicos, sobre todo Obando, Bosco Vivas y Mata.

El gobierno de doña Violeta mantuvo simpatía y respeto hacia la jerarquía eclesiástica, sobre todo hacia el Papa Juan Pablo II, mientras que el de Alemán mantuvo una relación estrecha con la iglesia, apoyándola económicamente y destacándose la presencia de la jerarquía en los actos públicos del gobierno. Ideológicamente, los tres obispos que he mencionado simpatizan con el partido de Alemán. Con Bolaños, la jerarquía regresó al distanciamiento y presionó para que Roma aceptara la dimisión del Cardenal Obando como arzobispo de Managua, cuando él ya la había presentado a Roma al cumplir sus 75 años de edad. Durante el gobierno de Bolaños salió a luz pública la corrupción de la Comisión de Promoción Social de la Arquidiócesis de Managua (COPROSA) y de otras entidades eclesiásticas y también se conocieron las ventajas personales del cardenal Obando y de sus allegados UNICA.

El actual arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes, está hecho a imagen y semejanza del arzobispo Obando, pero tiene otro estilo, más pastoral. Tiene una gran capacidad de ganarse a la gente. En Matagalpa, donde fue obispo antes de ser nombrado para la capital, el alma de los campesinos sintonizó con él. Sin ningún planteamiento pastoral específico, solamente por estar con ellos, por ser cercano. También es una característica suya procurar que su clero se sienta como una familia, que haya amistad, integración y armonía entre sus sacerdotes. Por su formación, de la tradición diocesana, no comprende el papel de la vida religiosa en la iglesia y no tiene la viveza política que tenía Obando.

El clero de Managua es muy variado, pero todos están en una línea conservadora, de cercanía al poder y a los sectores económicos y políticos de más poder. Tanto el arzobispo Brenes como sus sacerdotes han sido “ganados” por la política del gobierno: apoyo económico para obras, fiestas religiosas, donación de terrenos... Eso les quita libertad para asumir posiciones críticas o proféticas ante la situación del país.

En la arquidiócesis de Managua, al igual que en las diócesis de León y Granada, ha prendido con cierta fuerza el Catecumenado, un movimiento católico laical, surgido hace 40 años en España y fortalecido activamente durante el pontificado de Juan Pablo II. El Papa puso más confianza en este movimiento y en los también recientes Opus Dei y Legionarios de Cristo, que en las grandes órdenes religiosas históricas: jesuitas, dominicos, franciscanos...

Varios ministros del gobierno de Bolaños pertenecen al Opus Dei. Aunque no conozco mucho al Opus Dei, siento que en la sociedad nicaragüense no tiene la incidencia que en otras sociedades latinoamericanas y que el clero y los obispos de Nicaragua no son fáciles para sumarse a esta obra.

El Catecumenado se basa en una capacitación que dura varios años y que busca una renovación de los compromisos del bautismo. Las comunidades catecumenales o neocatecumenales tienen cierta autonomía de las parroquias. Es el movimiento eclesial con más organización y presencia en los barrios de la capital. Los catecúmenos están construyendo una gigantesca iglesia en el barrio San Judas de Managua.

Otro movimiento de laicos con presencia en Managua es la Ciudad de Dios, expresión más refinada del Carismatismo católico. También tienen un centro enorme y convocan a la élite católica. El catecumenado ha desplazado al movimiento carismático, que tuvo mucho éxito en los años 70 y 80 y que hoy ha perdido fuerza. Sin embargo, creo que, al margen de las diferentes identidades, la espiritualidad que hoy ha ganado el corazón de la mayoría de los creyentes católicos de Nicaragua es una espiritualidad carismática, basada en celebraciones bulliciosas y festivas, en la creencia en milagros y sanaciones, en el poder de la oración y en una lectura fundamentalista de la Biblia.

Es esta espiritualidad emocional la que hoy acerca a católicos y a evangélicos. En las bases, el pueblo católico y el pueblo evangélico de Nicaragua tienen la misma espiritualidad, unos siguiendo la tradición católica y otros tradiciones protestantes, pero emocionalmente es la misma espiritualidad. Socialmente el desafío que se plantean sus dirigentes es quién convoca a más gente.

El movimiento católico -porque fue fundado por un sacerdote católico norteamericano- llamado Hombres de Negocios del Evangelio Completo tiene auge en algunos sectores y regiones del país, pero no tiene ninguna vinculación ni institucional ni oficial con la jerarquía católica ni es visto con buenos ojos por el clero católico.

Las Comunidades Eclesiales de Base de Managua tuvieron hasta los años 80 un papel destacado. En aquellos años la mayoría de sus líderes pasaron a trabajar con la revolución y no se invirtió en la formación de nuevos líderes. Los sacerdotes que acompañaban esas comunidades soportaron el rechazo del arzobispo Obando y abandonaron Nicaragua o vieron cómo el arzobispo les retiraba las licencias pastorales. Todas estas presiones impidieron gestar un movimiento más sólido y más amplio. En algunas parroquias se mantuvieron algunos grupos y hoy las comunidades eclesiales de base son como una ONG: llevan adelante un trabajo social con niños de la calle y con mujeres en riesgo y convocan a unos cien jóvenes en la pastoral juvenil, pero no tienen ni la presencia ni la fuerza evangelizadora que pensamos en algún momento iban a tener para dinamizar las estructuras eclesiásticas.

Actualmente, uno de los puntos de acuerdo entre el gobierno y la jerarquía católica ha sido la penalización del aborto terapéutico. La jerarquía no ha sabido diferenciar entre el aborto en general y el aborto terapéutico, una realidad ante la cual la iglesia y muchos moralistas siempre han tenido apertura. Yo creo que la obsesión de los obispos nicaragüenses para que se penalizara el aborto terapéutico es porque creen que si se permite el aborto terapéutico se permitirán todos los abortos.

Creo que esta actitud es irracional y que esta discusión debió haber sido objeto de reflexión en un foro abierto, donde establecer diferencias entre el aborto por elección, el aborto terapéutico, el aborto después de una violación, y donde establecer diferencias entre la moral oficial de la iglesia y las políticas públicas del Estado, entendiendo que en un Estado laico la legislación no tiene que coincidir con la moral católica. Creo que la mentalidad de los obispos es una mentalidad de Cristiandad: no quieren perder el liderazgo moral de la sociedad, aunque sea irrespetando las visiones que no coinciden con las suyas.

En varias ocasiones la jerarquía católica también ha incidido en las políticas públicas impidiendo la educación sexual en las escuelas públicas. Y aunque la jerarquía católica no tiene un peso específico en el sistema educativo nacional, esto no quiere decir que no pretenda imponer sus valores morales a toda la sociedad. En el modelo de Cristiandad, le corresponde al gobierno la responsabilidad de la educación, pero los valores y criterios morales de esa educación le corresponden a la iglesia que, por ser un “poder moral”, debe incidir en las leyes.

Creo que esto es un error y creo que si la iglesia considera un mal moral el uso del condón o las relaciones pre-matrimoniales debe educar a sus fieles para que eviten esas prácticas, pero no debe pretender imponer esos criterios a toda la sociedad. La sociedad nicaragüense, como todas las sociedades humanas, se encamina hacia una secularización, y hay cada vez más gente que no comparte los criterios morales católicos en lo referente a la sexualidad.

Otro punto de fricción o de negociación entre la jerarquía católica y el gobierno es la subvención a las escuelas parroquiales. Hay que decir que la iglesia jerárquica en Nicaragua nunca apostó por la educación. Por la educación han apostado las congregaciones religiosas masculinas -jesuitas, calasancios, lasallistas, dominicos, franciscanos- y las femeninas -asuncionistas, teresianas, maryknoll, cabrinis-, aunque la articulación de religiosas y religiosos educadores en lo que fue la FNEC y el peso que tuvo ante la dictadura somocista y en los años 80 se ha perdido y cada congregación tiene hoy su propio proyecto pedagógico y orienta la educación a su estilo.

¿Y las escuelas parroquiales? En los años 90 los obispos montaron escuelas parroquiales para obtener ingresos con los que sustentar al clero diocesano. Ése fue el primer objetivo de las escuelas parroquiales. El segundo fue ocupar esos espacios para transmitir la doctrina católica más tradicional. Y así, los estatutos y reglamentos de estas escuelas plantean cosas como que todas las profesoras y profesores deben estar casados por la iglesia, algo excepcional en las costumbres nicaragüenses.

No podemos dejar de decir dos palabras sobre el Seminario, el lugar donde se forman los futuros sacerdotes diocesanos del país. Al triunfo de la revolución, no funcionaba el Seminario en Nicaragua. Tanto la corriente renovadora que predominaba en aquellos años en la iglesia católica, como el atractivo que unirse a las filas del Frente Sandinista ofrecía a los jóvenes, dispersó a los seminaristas. Varios prefirieron dejar sus estudios sacerdotales e incorporarse a la lucha revolucionaria.

En los años 80 la Conferencia Episcopal trajo a un grupo de sacerdotes mexicanos para organizar la formación de los futuros sacerdotes. Tenían una formación tradicional, pero llegaban abiertos al proceso revolucionario, dispuestos a acompañarlo. Los obispos no vieron esto con buenos ojos y tuvieron que abandonar el país.

Desde entonces, el seminario se ha ido configurando con una mentalidad clásica, muy clerical, distanciada de los problemas de la gente. En una sociedad en crisis, el seminario se convirtió en un espacio de convocatoria para los jóvenes que buscaban un estatus social. Muchos jóvenes entraron al Seminario para “protegerse” de la revolución y ésos son los sacerdotes que tenemos ahora. Su formación teológica y humanista es pobre y predomina en ellos una mentalidad tradicional, clerical, que reproduce el modelo de iglesia que promovió Juan Pablo II. El recién nombrado obispo auxiliar de Managua, Silvio Baéz Ortega, llega a elevar el nivel de los estudios teológicos y bíblicos
en el seminario.

El gusto por las formas tradicionales -incluso el regreso al uso de los hábitos y a los signos litúrgicos tradicionales- es ya común entre los seminaristas. En la misa crismal celebrada este jueves santo, por ejemplo, los seminaristas cantaron el Padrenuestro en latín y en gregoriano. Así, el Padrenuestro -oración por excelencia de la comunidad cristiana- fue convertido en un rito espectacular, lo que contradice los criterios de la renovación litúrgica promovida por el Concilio. En las casas de formación de la vida religiosa masculina se ha dado también ese mismo retroceso. En Nicaragua no hay una presencia significativa de casas de formación para los religiosos y la mayoría se forma actualmente en Guatemala, Costa Rica y El Salvador.

Ya hace años que yo decía que en poco tiempo Nicaragua sería un 50% católica y un 50% evangélica. ¿Por qué las denominaciones evangélicas han crecido tanto? Son muchos los factores. La civilización occidental -en la que se transmitió el Cristianismo y en donde prosperó la Cristiandad, una mentalidad que está aún presente en la iglesia católica- está en crisis. Y en momentos de crisis buscamos dónde agarrarnos. Para mucha gente, otros mensajes religiosos son más atractivos que los mensajes católicos y a ellos se agarran. Para alguna gente la solución es agarrarse a la tradición y eso es lo que pretende el Vaticano, que hoy trata de fortalecer la visión de la tradición católica.

La tradición católica es muy racionalista: presenta doctrinas y propone verdades, pero deja por fuera las emociones. El catolicismo tradicional predica racionalmente el dogma e impone una moral a la gente, que vive y siente emocionalmente su religiosidad. En una sociedad abierta y en crisis, como la nuestra, surge una sed de sentido que la racionalidad no sacia y, como hoy hay multiplicidad de ofertas religiosas, la gente elige la que más le gusta. Las denominaciones evangélicas son más emocionales y, por eso, más atractivas.

El éxodo del campo a los barrios de las ciudades es otro factor que también explica el auge de las iglesias evangélicas. La iglesia católica no está presente en los barrios pobres. En Chinandega hay tres templos católicos en el centro de la ciudad, mientras que en los barrios hay decenas de templos evangélicos. Y esto sucede por toda Nicaragua. Los campesinos católicos que llegan a la ciudad pierden sus referentes religiosos y los encuentran en estas nuevas iglesias. La iglesia católica no ha tenido ni tiene capacidad para acompañar la cultura de los pobres urbanos, para atraerlos, para animarlos. Las estructuras más descentralizadas y menos jerarquizadas de los evangélicos resultan más atractivas para estos pobres. Entre los evangélicos hay también más promoción de liderazgos de base. Otro factor que influye es que la lectura de la Biblia ha cuestionado la devoción católica a los santos, a la Virgen, al Papa…

¿Qué queda en Nicaragua de la teología de la liberación? La utopía social y teológica de los años 70 y 80 permanece en quienes aún trabajamos por aquellas metas y tenemos aquellos sueños. Pero creo que en Nicaragua no tenemos ya referentes de la teología de la liberación. Vivimos el fin de una generación. Sin embargo, creo que la teología de la liberación no ha muerto, porque hay por toda América Latina, también en Nicaragua, muchas semillas sembradas por la teología de la liberación, y ahora por la teología feminista.

He pasado 30 años de mi vida dando cursos a campesinos nicaragüenses, hondureños y guatemaltecos sobre teología de la liberación desde una lectura comprometida de la Biblia. Y no me rindo. Pero es innegable que en este tiempo predomina en el clero, y también en la gente, una tendencia hacia una religiosidad cada vez más tradicional y cada vez menos comprometida con el cambio social.

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