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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 200 | Noviembre 1998
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Cuba

Cubanas: trazos para un perfil, voces para una historia

Hay quienes creen que la tarea más transformadora cumplida por la revolución cubana en un buen trecho de sus primeros años fue la desarrollada por las mujeres y con las mujeres.

María López Vigil

Y hay quienes piensan que la asignatura pendiente de más calibre que carga hoy la revolución cubana tiene que ver con las mujeres. Tal vez ya es hora de recuentos y de inventario. ¿Cuál es el perfil de las mujeres cubanas? ¿Y cuál es el rumbo que adopta en Cuba el debate sobre género? Algunos trazos y algunas voces pueden contribuir a delinear mejor el perfil y a contar la historia que fue y la que hoy se está haciendo.

1. TAL COMO ERAMOS

En Cuba existe una larga tradición de lucha de las mujeres por la igualdad de derechos con los hombres. Casi siempre, estas luchas estuvieron vinculadas a causas mayores, patrióticas y políticas,
que buscaban dar forma a una nación "con todos y para el bien de todos" como la soñó José Martí.


Las raíces

*Octubre de 1868: se inician las guerras de independencia. Y comienzan con el gesto de dignos terratenientes blancos que liberan a sus esclavos negros para, unidos negros y blancos, combatir a los españoles. Tan pronto como el 14 de abril de 1869, Ana Betancourt de Agramonte solicita a la Cámara de Representantes de la República en Armas que en la Cuba independiente las mujeres tengan los derechos que no tienen y que merecen. Libertados los esclavos -dice en su solicitud- "ahora se debe libertar a la mujer". Así, ambas liberaciones, la de los negros y la de las mujeres de todos los colores, están ya planteadas cuando nace la nación cubana.

**El racismo está sembrado en el humus más profundo de la nacionalidad cubana. Enfermedad heredada del sistema colonial esclavista. También el machismo aparece en lo más hondo de la cultura cubana. Enfermedad más vieja y resistente aún, que ha acompañado a la civilización humana. "La revolución le fue de frente a ambos males -me dice Juana, una socióloga-, pero así como con el racismo no pudo haber hecho más de lo que hizo, con el machismo sí pudo seguir haciendo, pero sólo llegó hasta un punto, muy alto por cierto, pero después ya no siguió." Las crisis bajan las defensas ante las enfermedades: en la actual crisis cubana afloran nuevas expresiones del machismo nunca desarraigado, y también rebrota el racismo, agazapado entre los pliegues de la cultura.

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El sello

* Los primeros 40 años de independencia conocieron de constantes luchas de las mujeres cubanas por transformar las leyes que regulaban sus derechos y el de los niños, el ma- trimonio y el divorcio, por cambiar las leyes que penaban el adulterio de forma inequitativa, que no exigían el pago de pensión alimenticia en caso de separación, que clasificaban a los hijos en legítimos e ilegítimos... Cuba es el primer país latinoamericano que celebró un Congreso Nacional Femenino. En 1923. La pre-revolucionaria Constitución de 1940 consagró los esfuerzos de las mujeres en un manojo de derechos, que incluía el derecho a elegir y a ser elegidas para cargos públicos.



* "Aunque tiene muchos baches, la Constitución del 40 fue muy progresista para su tiempo. Pero nos costó tanto, que cuando salió fue como si las mujeres hubiéramos quedado agotadas con el esfuerzo. Nos desmovilizamos. Muchas fueron a insertarse dentro de los partidos tradicionales, que crearon "secciones femeninas" pero ¡para ponerlas a servir el café! Quien vuelve a unificarnos nuevamente con un ideal de lucha, con una meta nacional, es el Frente Cívico de Mujeres Martianas, en 1952", me cuenta una de aquellas martianas. Las Martianas se disolverán en enero de 1959, pocos días después del triunfo de la revolución. "Misión cumplida", dijeron y entregaron sus banderas. "Tremendo error", dicen hoy algunas cuando analizan la historia que siguió. ¿Por qué? pregunto. Porque la mayoría de los cargos directivos en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), creación en 1960 de la revolución -me explican- "fueron copados no por las martianas ni por las audaces muchachas de la Sección Femenina del Movimiento 26 de Julio, sino por miembras del Partido Socialista Popular, el PSP, el partido comunista cubano previo a la revolución. Eran mujeres muy capaces, expertas en teoría marxista, pero con una idea de la liberación de la mujer basada en los libros y en la práctica de los países del socialismo real". Las del PSP imprimirán a la FMC su peculiar sello desde el comienzo. Sin embargo, como de tantas trabas y cadenas debían liberarse las mujeres cubanas, este sello apenas se apreció en los primeros años revolucionarios y sólo el tiempo fue haciéndolo más y más visible.

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La Patria

* Mientras miles de mujeres lloraban pegadas al radio siguiendo apasionantes e interminables radionovelas -tuvieron en Cuba su cuna-, otras mujeres -habaneras principalmente- dedicaban todo su tiempo a la lucha urbana clandestina contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-58). Según una encuesta que estudió 675 casos, el perfil predominante de aquellas mujeres fue éste: blancas, menores de 30 años, solteras, con estudios secundarios o superiores, de clase media, hijas de familias trabajadoras que, con mayor conciencia social y política que sus madres, lo arriesgaron todo, conscientes de los cambios que Cuba, y ellas en Cuba, necesitaban. Jugaron un papel determinante en el triunfo revolucionario.



* Las mujeres que lucharon contra la dictadura de Batista -como treinta años antes lo habían hecho otras contra la dictadura de Gerardo Machado- no levantaron banderas feministas, no plantearon demandas específicas de género. En la encuesta, el 77% dijo que hasta ignoraba la existencia en Cuba de organizaciones femeninas en los años 50. Y, naturalmente, existían. Entre ellas, las Martianas. El 94% afirmó que lucharon "por todo el pueblo cubano", entendiendo que luchar "por la democracia, la libertad, el respeto a los derechos humanos y la dignidad de todos" valía la pena. Valía la cárcel, valía hasta la vida. "Siempre Cuba estuvo por delante y en aquellos años nos faltó lucidez para vincular nuestra demandas como mujeres a las demandas de la patria", reflexiona hoy una de aquellas luchadoras.

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José Martí

* José Martí es, sin discusión, el padre de la nación cubana, una nación forjada en la matriz de millones de madres anónimas. Martí es citado por unos y por otros a favor y en contra de ideas divergentes. ¿Fue feminista Martí? En 1889, en Estados Unidos, viendo la educación que se estaba dando a las muchachas en aquel convulso fin de siglo, escribió: "Se ha de preparar a la mujer para que no tenga que salir a vender besos si quiere comprar panes, y pueda en el mar revuelto remar sola, pero no debe deducirse que a la mujer se deba dar crianza de varón, y hacer de una paloma un saltamontes, puesto que los pueblos necesitan de los dos sexos, como la familia, y un pueblo sin alma de mujer, o con cantineras por esposas, viviría como una horda de mercenarios o como un barrio chino.... Y la solución está -dicen de los colegios de Smith, de Wellesley, de Wells- en educar a la mujer de modo que pueda vivir de sí con honor, si le toca la desgracia de la soledad, pero con hábitos y lecciones que convengan a la belleza y finura de su sexo... Para casada debe educársela ante todo... Casada por la mente como por el sexo, y capaz de entender y premiar los móviles y sacrificios de la faena del esposo, y de sentarse de noche a su lado, a pensar juntos, a enjugarle la hiel de la frente, a levantar la casa."

* ¿Fue entonces antifeminista Martí?, pregunto a la historiadora cubana Sonnia Moro. Contesta decidida: "No busques en Martí ni feminismo ni una perspectiva de género. Cuando Martí llegó a los Estados Unidos se atacó al ver la "masculinidad" de las mujeres americanas, porque para él la mujer era la camagüeyana Carmen Zayas Bazán, la criolla que él había dejado embelleciendo su hogar. Y allá en Estados Unidos se encontró a las mujeres caminando por las calles con un maletín y vestidas con un saco... Esa mujer de oficina chocaba con aquella mujer lánguida que él amaba. Pero hubo en Martí algo más que ese susto. Quería a una mujer muy capaz. Y por eso, cuando le escribe cartas a su hijita del alma, a María Mantilla, le dice: "Y mi hijita, ¿piensa en la verdad del mundo, en saber, en querer -en saber para poder querer-, querer con la voluntad, y querer con el cariño? ¿Piensa en el trabajo, libre y virtuoso, para que la deseen los hombres buenos, para que la respeten los malos, y para no tener que vender la libertad de su corazón y su hermosura por la mesa y por el vestido?" Entonces, ni digamos lo que Martí no podía decir ni usemos a Martí para quedarnos atrás".


El subdesarrollo

* Al triunfo de la revolución, sólo el 12-15% de la población económicamente activa de Cuba eran mujeres. Trabajaban mayoritariamente como maestras, enfermeras y "criadas", como se llamaba a las empleadas domésticas. Las mujeres profesionales eran una destacada excepción. La prostitución estaba notablemente extendida. En 1959, en un país de 6 millones de personas, había entre 90 y 100 mil prostitutas, el 95% de ellas de origen campesino.

* Imagen de la mujer cubana pre-revolucionaria es Elena, protagonista de la extraordinaria película Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea. Sergio, el otro protagonista, describe a Elena superponiendo en ella los síntomas más profundos de otra enfermedad que aquejaba a Cuba: "Elena demostró ser totalmente inconsecuente. Es pura alteración, no relaciona las cosas. Esa es una de las señales del subdesarrollo: incapacidad para relacionar las cosas, para acumular experiencia. Es difícil que se produzca aquí en Cuba una mujer trabajada por los sentimientos y por la cultura. El ambiente es muy blando. Todo el talento del cubano se gasta en adaptarse al momento. La gente no es consistente y siempre necesita a alguien que piense por ellos."



Era 1961, 1962. La revolución en marcha iba a producir el prodigio:
hacer firme lo blando. Iba a dar consistencia
a la nación y a la gente, a moldear otro tipo de mujeres.



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2. LA REVOLUCION NOS CAMBIO LA VIDA

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A partir del primero de enero de 1959, y desde el cabo de San Antonio hasta la punta de Maisí, Cuba empezó a cambiar. En la vida de cubanos y cubanas se puso en marcha una transformación acelerada. No fue sólo el derrocamiento de una dictadura ni mucho menos un cambio de gobierno, ni tampoco el reflejo latinoamericano de la guerra fría ni la apuesta geoestratégica de uno de los imperios para acabar con el otro. Fue la construcción de todo un mundo, de otro mundo. Y las mujeres compartieron, a la par de los hombres, el protagonismo de esta empresa.

Puertas abiertas

* Para que la vida de las mujeres cambiara, lo primero era que estudiaran, que trabajaran, posibilidades, oportunidades. Los círculos infantiles, para cuidar a los hijos y a las hijas de las que abrían por primera vez las puertas de su casa y salían a trabajar y a estudiar, fueron primeras piedras en el edificio del cambio. Los círculos empezaron a germinar por toda la isla aún antes de que se fundara la Federación de Mujeres Cubanas. Y cuando en 1960 nació la FMC, la primera tarea que el propio Fidel Castro le encomendó fue la promoción y multiplicación de estos nuevos kinder -como se habían llamado-, ya al alcance de todos.


* Miles de muchachas estudiantes salieron de las ciudades para alfabetizar en el campo. Después, miles de muchachas campesinas salieron del campo, ya alfabetizadas, para estudiar en las ciudades, para conocer que el mundo era más que su aldea. El 59% de los 100 mil alfabetizadores fueron mujeres y el 55% del millón de alfabetizados en 1960-61 fueron mujeres. A la campaña de alfabetización siguieron cursos de calificación en escuelas politécnicas y universidades para las mujeres más marginadas: campesinas, amas de casa, criadas y prostitutas. Poco a poco mujeres que cada vez se parecían menos a Elena empezaron a aparecer en todos los espacios. Y poco a poco hombres que cada vez se parecían menos a Sergio se daban cuenta de este cambio. Y todos y todas empezaron a cambiar.



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Numeritos hablan

* "Una revolución dentro de la revolución": así llamó Fidel a la promoción de la mujer iniciada en Cuba a partir de 1959. Todos los indicadores demuestran que esta revolución se consiguió. Veinte años después, en 1980, la vida de las cubanas ya había cambiado radicalmente: estaban masivamente presentes en la sociedad y en el mundo del trabajo, con educación y con capacidad de decisión sobre el número de sus hijos.

* En los primeros 20 años de revolución, entre 1960 y 1980, la fuerza de trabajo femenina más que se duplicó y la fecundidad se redujo en poco más de la mitad. Después del aumento en la natalidad que hubo entre 1961-64, desde los años 70 comenzó el descenso.

* En 1981, cerca del 60% de las mujeres de ciudad entre 20-45 años trabajaban fuera de su casa. En el campo, este indicador fue mayor en términos relativos.

* Entre 1970 y 1981, la proporción de mujeres de ciudad en edad fértil que ya tenían un nivel medio de instrucción se duplicó: del 30 al 61%. En las zonas rurales, se triplicó, superando el 30%.

* Estos avances no se detuvieron nunca en los años que siguieron. Hoy en el mundo, más de 400 millones de mujeres son analfabetas, pero ninguna es cubana. Y más de 100 millones de niñas no entran a la escuela primaria. Ninguna es cubana.

* Grandes y acelerados cambios en la calle, muchos menos cambios en la casa. Las mujeres se responsabilizaron mucho más del espacio público que los hombres lo hicieron del espacio privado. A mediados de los años 70, guiado por la preocupación de que muy pocas mujeres eran nominadas y elegidas para cargos en las estructuras del Poder Popular, el Partido Comunista de Cuba (PCC) llevó a cabo una encuesta que mostraba la diferencia de tiempo que hombres y mujeres dedicaban a las tareas de la casa. La película Retrato de Teresa se basó en uno de estos estudios. Comenzaba ya entonces a hacerse ostensible la doble jornada de las mujeres, agudizada por su vertiginosa integración social y por las escasas facilidades de que disponían para aliviar las tareas caseras. La doble jornada se señala ya en estos años como un problema: para enfrentarlo o para aceptarlo con resignación. Cuando la madre de Teresa oye a su hija quejarse por la falta de solidaridad de su marido, le dice fatalista: "Digan lo que digan la mujer siempre será mujer y el hombre siempre será hombre. Dios lo quiso así. ¡Eso no puede cambiarlo ni Fidel!"

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Federación de Mujeres Cubanas

* En 1960 nació la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), con el objetivo de aglutinar a todas las cubanas mayores de 14 años y promover su desarrollo personal -estudios, capacitación, orientación, salud reproductiva, talleres- y su participación en las tareas de la revolución: trabajos voluntarios, milicias, misiones internacionalistas... No son pocos los que consideran que, de todas las organizaciones revolucionarias, la FMC fue la que tuvo en los primeros años de la revolución logros más sorprendentes. Dos de ellos: erradicar prácticamente la prostitución dándoles a las mujeres dedicadas a este oficio oportunidades de estudio y de trabajo, y alfabetizar a todas las mujeres campesinas, quebrando a machetazos de osadía el ancestral machismo de la cultura rural.

* En los años 60 y 70 los intereses de la mayoría del pueblo cubano coincidían con las propuestas de la revolución. Eran dos caminos convergentes. Lo femenino quedaba disuelto en lo social. La FMC representaba cabalmente los intereses de las mujeres cubanas, les daba respuestas adecuadas a sus demandas y les planteaba tareas y metas que las hacían crecer. Pasó el tiempo, y ya crecidas, fueron otras las demandas y más diverso el color de los sueños. Desde mediados de los años 80 los caminos empezaron a perfilarse más y, sin ser divergentes, ya no coincidían tanto. En 1991, en esa gran encuesta de opinión pública que fueron los aportes preparatorios al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, un porcentaje de cubanas llegó a proponer que la FMC fuera disuelta. Por fortuna, la FMC sobrevivió, pero sin cambiar mucho. Hoy, congrega al 97% de las mujeres, más de tres millones de cubanas que, pese a cualquier divergencia o alejamiento, siguen pagando puntualmente su cuota mensual de 25 centavos.



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La triple jornada

* El tema de la doble jornada de la mujer que trabaja fuera del hogar y antes de salir de la casa o al volver a ella tiene que lavar, planchar, cocinar, limpiar y encargarse de los hijos, aparece con fuerza en cualquier análisis sobre la situación de las mujeres. La jornada pagada y la que ni se paga ni se valora dejan caer su peso sobre cientos de millones de mujeres en todo el mundo. También sobre las cubanas, y a pesar de tantos años de revolución. Una encuesta de 1988 mostró que en el 81% de los hogares de un municipio urbano de La Habana, en el 83% de los de un barrio suburbano de Cienfuegos y en casi el 96% de los de una zona rural de Oriente, las mujeres seguían realizando ellas solitas todos los trabajos domésticos.

* Ya desde los años 60, lo más característico en Cuba no ha sido la doble sino la triple jornada: jornada doméstica, jornada laboral y jornada comunitaria, la que exigían los valiosos, significativos y múltiples compromisos revolucionarios. Sin abandonar ninguna responsabilidad, las mujeres se cargaron de nuevas responsabilidades. Además de lo que hacían en el centro de trabajo y en el hogar, todas, de una manera o de otra, se vieron involucradas en la vida de la comunidad: colaboradoras de los planteles educacionales, promotoras de círculos de abuelos, activistas de los círculos juveniles, trabajadoras sociales o culturales, brigadistas sanitarias, ejecutoras entusiastas de las múltiples tareas que diseñaban los Comités de Defensa de la Revolución.

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La familia

* Los años 70 fueron los de institucionalización de la revolución. En estos años se buscó "ordenar" las profundas transformaciones de los años anteriores. En 1975 se aprobó el Código de la Familia. El Código establece que las relaciones familiares deben basarse en el amor, el respeto mutuo, la ayuda recíproca y la responsabilidad compartida. Y presenta como norma una versión de familia: la familia nuclear, con padre, madre e hijos.

* Todos los estudios sobre la familia en Cuba -algo tardíos y poco complejos durante demasiado tiempo- han tendido a presentar como referente, y hasta como ideal, a la familia nuclear. Resulta curioso, porque, por el alto número de divorcios y por los problemas de vivienda, las familias nucleares no han abundado mucho en la Cuba revolucionaria. Este es sólo uno de los señalamientos que se le hacen hoy al Código, "una legislación que le dio mucha importancia a la familia, pero que no cubrió los problemas reales, que se movían por fuera de esa intención legal", según me comenta una investigadora cubana. Otras críticas destacan que la ley dedicó más espacio a regular el divorcio que a regular la familia. Hay quienes le critican a este Código haber iden- tificado los derechos de la mujer con sus derechos como madre, tal como lo hacía la legislación laboral de aquellos años, a pesar de que esta identificación representaba un avance respecto al tiempo pre-revolucionario. Ya a finales de los años 70 empezaron a surgir algunos estudios sobre la familia, considerándola "en crisis". Estos estudios, inicialmente muy cuantitativos, muy demo- gráficos, se han intensificado hoy, cuando es Cuba entera la que está en crisis. Hay analistas que afirman que el estudio de la familia cubana impone el adentrarse, a fondo y en serio, en el tema de la raza, y que es ése un tema pen- diente. A pesar de todos sus límites, encontré a una femi- nista cubana que me dijo: "El Código de la Familia pudo estar mil veces mejor, pero creo que ayudó a crear bastante conciencia, en hombres y también en mujeres, contra un machismo de primer nivel. No era una ley que obligara a nadie a lavar platos en su casa, pero sí educó a muchos hombres en la idea de que tienen que lavar los platos... ¡Y a muchas mujeres en que lavarlos es también cosa de hombres!"



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El divorcio

* Cuba es hoy uno de los países del mundo con más alta tasa de divorcios, indicador que se ha ido incrementando año con año: del 0.6 por cien matrimonios que había en 1961 se pasó a lo largo de los años 90 a un promedio de 23.5 divorcios por cada 100 matrimonios. Los matrimonios por embullo, y en edades muy tempranas -fruto de una amplísima libertad sexual- y la escasez de viviendas -que complica la vida de la pareja desde el primer día- inciden en tan altas tasas. Las muchachas cubanas se casan por primera vez, en promedio, a los 18.4 años, la edad más temprana en América Latina.

* Al divorciarse, el hombre cubano queda obligado legalmente a pasarle a la mujer una pensión mensual si es ésta quien se queda con la guarda de los hijos. Además de ser muy pequeña, esta pensión no siempre se entrega. En los años 80, la FMC hizo un censo y descubrió que más de 200 mil hombres no entregaban un centavo a sus ex-esposas, aunque muchas mujeres ya no los denunciaban. Entre otras razones, porque trabajaban, se sentían capaces y no querían aparecer agradeciéndole nada a sus ex-maridos.



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Jefas de hogar

* Una tercera parte de los hogares del planeta tienen al frente a una mujer sola -madre soltera, viuda, separada o divorciada-. En Cuba, el porcentaje es algo más alto: entre el 33 y el 40%, según los datos sean oficiales o no.

* A diferencia de lo que sucede en los países latinoamericanos, no es sólo la irresponsabilidad masculina o la miseria y la inestabilidad laboral las que están detrás de la cifra de hogares jefeados por mujeres. En Cuba, se explican también, y sobre todo, por la independencia económica y educativa alcanzada por las mujeres, por el aumento de su esperanza de vida y por las facilidades que existen para que obtengan el divorcio. También se explica porque las mujeres, más cultas, priorizan las relaciones basadas en el afecto. Con la revolución comenzaron a crecer las uniones consensuales o por mutuo acuerdo, que son reconocidas plenamente por la ley. Ya en 1987, por cada cinco mujeres casadas entre 15-49 años había cuatro unidas.


La educación de los hijos

* A finales de los años 70 se promulgó el Código de la Niñez y de la Juventud, que reconoce el papel y autoridad de la familia en la formación física, moral y espiritual de los jóvenes, sin dejar de acentuar las responsabilidades que tiene el Estado en su educación.

* La revolución disgregó a las familias cubanas. Las dispersó. El exilio masivo separó a miles de familias y hasta hoy las ha mantenido separadas. Las misiones internacionalistas, también masivas, crearon grandes fracturas. Las becas para adolescentes y para jóvenes en provincias, y tantas otras "tareas de la revolución", hicieron de la familia una realidad mucho más diversa de lo que es en el resto de países latinoamericanos. Sobre las responsabilidades familiares en la educación de los hijos, el sicólogo cubano Manuel Calviño hace este comentario: "El adulto cubano fue convocado a un protagonismo social de tal dimensión que esto conspiró contra la posibilidad de concentrarse en el ámbito familiar: padres separados de sus hijos por largos períodos para enfrentar tareas inevitables y madres que trabajan, asisten a reuniones y se incorporan a labores agrícolas en el campo, no constituyen el prototipo tradicional". Y añade un matiz fundamental para entender la lógica de la familia cubana forjada en el proceso revolucionario: "Entre nosotros, un hombre puede ser recompensado por su desempeño laboral durante 14 horas diarias, pero nadie le pregunta nunca qué pasa con sus hijos. La reafirmación del hombre cubano, y también la de la mujer, no viene por su ámbito familiar sino por su participación social. Yo no conozco a ningún dirigente, trabajadora, médico, a quien se le haya cuestionado su eficiencia por la desatención a su círculo familiar".



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En el mundo del trabajo

* En los años 80, la participación de las mujeres en el mundo del trabajo era una realidad constatable por cualquiera. Estaban presentes en todas las áreas de la economía. Y una de cada tres mujeres era ya técnica o profesional, una cifra muy destacable en el ámbito latinoamericano. Más de diez años después, el 60% de los técnicos, profesionales y científicos del país son mujeres. Las hay en todos los campos: médicas, ingenieras, mineras, geólogas, economistas, biotecnólogas...

* La preparación profesional fue muy alta y abarcó a miles y miles. Pero eso no bastó. Trabajaban, pero no se aprovechaba todo lo que habían aprendido. Trabajaban pero no dirigían. Trabajaban pero seguían siendo "inferiores". Ya en los años 80, la periodista Mirta Rodríguez Calderón, pionera en el abordaje del tema de género en Cuba, recopiló en un libro varios reportajes que había escrito en la revista Bohemia para seguir la pista a infinidad de casos. "Quise demostrar con ellos -dice Mirta- cómo las mujeres eran discriminadas en el trabajo, cómo eran maltratadas por su jefe, cómo algunas incluso eran acosadas, cómo se las prefería si eran bonitas. Y lo quise demostrar afirmando que esto podía pasar tal vez en cualquier país, pero que en Cuba resultaba escandaloso."

Según datos de este libro, el 98% de la fuerza laboral en la industria textil eran en aquel entonces mujeres, pero todos los jefes eran hombres. Ya entonces eran muchos los casos de muchachas que no querían elegir carrera, seguras de que las pondrían a trabajar en tareas que nada tenían que ver con lo que habían estudiado. "¿Cómo es posible que en centros de trabajo cuya composición laboral es mayoritariamente femenina, todos los jefes -o casi todos- sean frecuentemente hombres?", se preguntaba la periodista, y hacía hablar a una ingeniera química especializada en tecnología azucarera, frustrada al ver a sus compañeros varones ubicados en trabajos vinculados con su perfil profesional mientras para ella y sus compañeras la ingeniería había quedado en los papeles.

En aquellos años había en el Ministerio de la Industria Azucarera 1 mil 378 trabajadores: 769 hombres y 609 mujeres. Los 6 viceministros eran hombres, los 32 directores eran hombres y entre los 108 jefes de departa- mentos, 96 eran hombres y sólo 12 mujeres.

Con el paso de los años esto no cambió mucho. Y hoy es patente la presencia mayoritaria de mujeres en el sector de los servicios -son el 61% de los trabajadores- y en los puestos de administración -son el 88%-, demostrando que también entre las cubanas se puede hablar de una tendencia que es universal: cuando la mujer entra al mundo del trabajo extiende a ese terreno las ocupaciones que desarrollaba ya en su hogar. A pesar de tantos espacios abiertos y de tantos estudios, a comienzos de la década de los 90, al empezar la crisis, sólo el 4.6% de las trabajadoras cubanas, en todas las ramas, ocupaban puestos de dirección.



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En el mundo de las decisiones

* En 1997 las mujeres ocupaban el 30.5% de los cargos directivos en la administración central del Estado. Su participación era mayor en los niveles directivos medios y de base. En los sindicatos ocurría lo mismo: el 56% de los dirigentes sindicales de base eran mujeres. En el nivel municipal bajaba el porcentaje: 41.6%. Bajaba más en el nivel provincial: 32.7%. Y más aún en el nivel nacional: 26%.

* Alba Aguirre, funcionaria cubana en el Fondo para la Población de Naciones Unidas, hizo este comentario al regreso de la Cumbre sobre la Mujer realizada en 1996 en Beijing: "La situación de Cuba proyecta a una mujer con conocimientos, aptitudes y confianza en sí misma, que son las cualidades que reclama el documento final de la Cumbre como condiciones para hacer factible la participación de la mujer en el desarrollo. Pero, en Cuba, ¿participamos plenamente, estamos en los niveles donde se elaboran y deciden las políticas, donde se estructura el gobierno, donde se hace la vida pública?"



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En el mundo de la política

* Según Naciones Unidas, Cuba ocupa el lugar número 15 entre los países del mundo y el número uno en América por el porcentaje de representación femenina en cargos políticos, poniendo así en práctica el nuevo concepto de democracia paritaria. Los mayores índices de mujeres candidatas y electas para cargos en las Asambleas del Poder Popular se dieron en 1986, un año de gran estabilidad. Ya en las elecciones municipales de 1997 y en las provinciales y nacionales de 1998, los índices bajaron. En 1998 los votantes cubanos eligieron para la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Parlamento, a un 17.2% de mujeres. Cinco años atrás habían elegido a un 22.7%. En 1991 eran mujeres el 16% de los miembros del Comité Central del PCC y el 12% de los miembros del Buró Político. En octubre 97, el Buró se redujo a 25 miembros y sólo dos son mujeres. Aún así, los porcentajes son altos comparados con los de otros países latinoamericanos: el por- centaje promedio de mujeres en los órganos legislativos de América Latina es del 10% y el porcentaje de mujeres en cargos de efectiva decisión política es de sólo el 3%.

* "Las cifras son mejores que en otros países pero, además de que no nos conformamos con ellas, porque para algo hicimos una revolución, las cifras engañan -me comenta una politóloga cubana- porque cuando las mujeres llegan al Parlamento, cuando usan la palabra, si la usan, lo hacen desde una posición que imita a sus colegas varones. A ninguna de las elegidas las he oído hablar nunca en el Parlamento desde su ser mujeres. Hablan como poder. Si las oyes, sin mirarlas, sólo por la voz sabes que habla una mujer. Hablan desde esquemas masculinos, con palabras que aluden a la revolución o al asunto en debate, pero sin poner una mirada de mujer en ese asunto en debate. Y esto pasa porque el concepto de género es todavía muy poco manejado entre las cubanas." Otra cuestiona así las cifras: "Sí, llegan al poder, pero de una en una, y ya llegadas, no influyen en diseñar políticas que permitan que otras muchas mujeres lleguen también a tener poder, poder de verdad. Son autoritarias, imitan a los hombres. Yo las llamo mujeres con bigote".



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La salud reproductiva

* "Los niños nacen para ser felices" fue una de las primeras consignas que acompañó la transformación de la vida de las mujeres cubanas en los inicios de la revolución. Desde entonces, dar a luz no volvió a ser, para las mujeres, el equivalente a correr un riesgo. Y desde entonces, las hijas y los hijos empezaron a llegar a un mundo seguro y que aseguraba las bases de la felicidad. Los indicadores fueron mejorando año tras año. Hoy, son equivalentes a los de los países más desarrollados del mundo.

* Todas las cubanas embarazadas tienen garantizados entre once y quince controles prenatales gratuitos y el 99.9% pare en maternidades debidamente equipadas.

* La mortalidad materna es de 2.6 muertes por cada 10 mil nacidos vivos, una de las más bajas del mundo. En cuanto a mortalidad infantil -con 6.9 muertes por cada mil nacidos vivos- Cuba está entre los 25 países del mundo que tienen un indicador más positivo, a la par de Alemania o de Suiza.

* Las leyes garantizan subsidios por embarazo, maternidad y lactancia y hay un empeño continuo y organizado en la salud preventiva de las mujeres.

* Posibilitar la planificación familiar ha sido una prioridad. 85 de cada 100 mujeres en edad fértil utilizan algún tipo de anticonceptivos. La interrupción del embarazo hasta el tercer mes es un derecho de todas las mujeres y el aborto es un servicio seguro y gratuito.

* Existe hoy en Cuba una preocupación creciente por los embarazos de adolescentes. En 1997, el 14% de los partos fue de muchachas menores de 20 años. Potencia esta realidad no la miseria o la falta de educación -como sucede en otros países latinoamericanos- sino la intensa interrelación sexual -otros la llaman promiscuidad- que se ha promovido en Cuba desde los círculos infantiles hasta las becas y las llamadas "escuelas al campo" o "escuelas en el campo" para estudiantes de secundaria o pre-universitarios, donde una inadecuada o ausente educación sexual y problemas organizativos y funcionales han propiciado intercambios desiguales de amor por sexo o intercambios más equitativos de sexo por sexo, pero con altos grados de irresponsabilidad o de superficialidad. La tendencia es a relaciones sexuales en edades muy tempranas. ¿Falló el sistema de educación, el Estado no educó en valores? Son complejas las respuestas. Según un amigo sociólogo, "existe una franja de la conducta individual que sólo la orienta la familia y como el Estado desconfió de la familia, hizo todo lo posible por debilitarla y asumió todas las responsabilidades de la educación para garantizarse todas las lealtades, también en los altos índices de maternidad precoz se expresa el alto precio que hemos tenido que pagar por esa política".

Es muy frecuente el recurso al aborto en edades muy tempranas. La regulación menstrual está muy extendida entre las adolescentes como un método de control natal. Se calcula que el 60% de las "regulaciones" son abortos y que la tercera parte de este tipo de abortos se aplica a adolescentes. "Llegan al hospital solas, tan tranquilas, el proceso es muy rápido. En un par de horas vi llegar a decenas y vi llenar dos cubetas con placentas", me cuenta una extranjera que enfermó en Cuba y tuvo oportunidad de ver de cerca esta realidad diaria, que ha encendido luces de alarma. Empiezan a aparecer nuevos planteamientos. Escucho esto en un programa dominical de Radio Rebelde: "La educación sexual que hoy se está dando -dice la joven radialista- es demasiado anatómica. Falta profundidad. Falta darle una connotación espiritual al sexo, al coito". Todo el lenguaje que acompaña el mensaje es aún demasiado rígido y esquemático, y aún falta un debate donde aparezcan las dudas y las contradicciones, pero ya es un primer paso necesario.



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La violencia

* El machismo cubano incorporó desde hace mucho tiempo la convicción de que quien pega a una mujer "no es hombre"... porque la mujer es "más débil". Tal vez este machismo sutil ha protegido a las cubanas de la violencia física en dosis tan altas y alarmantes como las que sufren las mujeres en otros países de América Latina. A este muro de contención que puso el machismo tradicional la revolución sumó murallas al desencadenar procesos educativos y culturales masivos entre hombres y mujeres. La violencia machista más extendida en Cuba es más sutil, y se expresa en la relación posesiva que el hombre establece sobre la mujer. Y en las consecuencias de violencia, especialmente sicológica, que se derivan de esa posesividad.

* Aunque no faltan en Cuba expresiones de violencia física, de abuso sexual, incluso de incesto, no aparecen estos hechos reflejados en los medios de comunicación, que sólo informan de los casos más graves y lo hacen sin tintes sensacionalistas, entendiendo -acertadamente- que el espacio para reflexionar sobre estas tragedias no debe ser el masivo.



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Homosexuales y lesbianas

* La revolución cubana creó, desde el primer instante, una barrera de rechazo a cualquier manifestación de homosexualidad, especialmente la masculina. En los años 60 se internó a los homosexuales o a los sospechosos de serlo en "unidades especiales" para que no contaminaran las filas del ejército, se hacían redadas por las calles para capturar a "afeminados y a amanerados" y se producían en centros laborales y de estudio "auténticos circos romanos en los que los expulsábamos", me cuenta Manuel, arrepentido y lloroso hoy por haber participado en la escuela de arquitectura en alguna de estas inquisiciones. Los años fueron rectificando estas actitudes de intolerancia. Sin embargo, el "asco" lleva a la censura a cortar diálogos abiertos y frescos sobre este tema en las tan apreciadas telenovelas brasileñas que pasa la TV cubana y el rechazo aparta todavía del Partido y de la Juventud del Partido a homosexuales y lesbianas, considerándolos ineptos o incapacitadas para la ejemplaridad que la militancia de vanguardia exige.

* La sociedad cubana ha crecido en tolerancia, desde los ya lejanos e intolerantes años 70 que narró espléndidamente la película Fresa y Chocolate. Cuando se invierte tanto en la educación de la gente, son millones las neuronas que, entrenadas en nuevas sinapsis, conducen el pensamiento humano hacia sentimientos de simpatía hacia los diferentes, de respeto a la sociodiversidad. Los sectores de cultura del Poder Popular en varios municipios incluyen ahora en sus celebraciones shows de travestis, que resultan muy aplaudidos. Y se estrena en La Habana la obra de teatro El último bolero -que aborda el tema del lesbianismo- y es un éxito de taquilla. Escucho a la directora del programa radial nocturno Casa de Cristal. Todos saben, porque ella lo dice, que es lesbiana. "El proceso revolucionario -reflexiona- no ha sido estático, ha ido cambiando. Está demostrado que las raíces homofóbicas no calaron hondo en suelo cubano. Esto también demuestra que estamos preparados para el cambio."



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El triunfo de Lucía

* El logro más profundo de las mujeres cubanas tras todas las transformaciones revolucionarias de las primeras tres décadas de la revolución es inmedible. A la par de los niveles de escolaridad, del conjunto de leyes favorecedoras de la equidad, las cubanas asumieron, colectivamente, en un proceso masivo, el sentimiento de su valor como personas y de su responsabilidad dentro de la sociedad. Se desarrollaron en el mundo del trabajo y en el mundo de la política. Y en el mundo del hogar, fueron más libres tanto para elegir a su pareja como para dejarla, disfrutaron más sus relaciones sexuales y tuvieron en sus manos el decidir sobre su fecundidad. ¿En qué balanza pesar este colosal avance?

* La película Lucía, de Humberto Solás, pintó de forma inolvidable en tres "Lucías" el amor mujer-hombre, la sensibilidad femenina, la ubicación de la mujer en la sociedad, en tres momentos cumbres de la historia cubana: 1895, 1927 y 1960. La Lucía de 1895, en la Cuba aún colonia de España, rompe su encierro de mujer blanca y burguesa, que sólo reza y cose, para vagar enloquecida por las calles de Trinidad, víctima ingenua de la traición de un hombre casado que delata a su hermano, combatiente por la independencia. La Lucía de 1927, mestiza y de clase media, trabaja en una fábrica de tabaco de Cienfuegos. Por conciencia política y por amor a un hombre comprometido en la lucha contra el machadato, conspira y se arriesga, pero no logra equilibrar una relación desigual y termina quedándose sola. La Lucía de 1960 es una campesina que trabaja, se alfabetiza, goza con su hombre, pelea con él y es capaz de exigirle, de frente, decidida, un amor igualitario. La niña campesina que riendo despide la película es todo un símbolo de confianza en el futuro: Lucía le ganará la batalla al machismo.



¿Se equivocó la niña? ¿Fue sólo el sueño ingenuo de los frescos años iniciales de la revolución apostar por el triunfo de Lucía? ¿Cuántas batallas le han ganado mujeres y hombres al machismo en Cuba? La crisis ha venido a revelar lo mucho que se avanzó y todo lo que aún queda de camino.

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3. LAS HEROINAS DEL PERIODO ESPECIAL

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Cuando en 1989 empezaron a caer los muros de la Europa oriental y la URSS estalló en repúblicas, en Cuba todo entró en crisis. No hay lugar del planeta donde hoy no se hable de crisis. Entre crisis financieras de bolsas y crisis éticas de valores se acaba este siglo. La crisis cubana se llama "período especial". Muy especial no por festiva, sino por peculiar. Todo -o casi todo- cambió de repente y a la vez para una población acostumbrada ya masivamente a aceptables niveles de vida, a la seguridad personal, a la estabilidad social. El período especial es, sobre todo, incertidumbre. En 1989, una mayoría de cubanas y cubanos miraban el pasado con orgullo, el presente con seguridad y el futuro con optimismo. De la mañana a la noche, la comida, la luz, el agua, el transporte, el trabajo, el salario, la línea recta del horizonte, comenzaron a oscilar. Existe consenso en que son las mujeres quienes llevan el mayor peso diario de una crisis tan prolongada en el tiempo. Y en que son los sacrificios, la solidaridad y la creatividad de las mujeres las que han amortiguado más los efectos de la crisis.


Los sacrificios de esta hora

* Algunas mujeres han dejado de trabajar definitiva o temporalmente para enfrentar la crisis en el hogar donde les toca "inventar" el desayuno, el almuerzo y la cena, hacer filas interminables para comprar lo que hay y cuando lo hay, administrar la escasez, cuidar con menos recursos a padres o suegros ancianos o impedidos... Muchas de las que siguen trabajando pueden hacerlo porque otra mujer -madre, abuela, hermana- les ayuda en la casa. Abundan las jubilaciones antes de los 55 años y las aspiraciones profesionales puestas a un lado para ir a cualquier empleo en el que se gane en dólares.

* Lo más "especial" de esta crisis es que todos estos arduos e inesperados sacrificios los hacen las mujeres cubanas no sólo para que sobrevivan su familia, sus hijos -así sucede en cualquier país del mundo-, sino que una mayoría de ellas se sacrifican para que sobreviva el proyecto revolucionario en el que han participado.

Trabajadoras y desempleadas

* El ajuste económico cubano, aunque es "especial", también ha provocado desempleo es- tructural. Como en otros países. Son muchas las fábricas cerradas. Y se lucha tenazmente por mantener calidad en los servicios públicos de salud y educación. Como las mujeres siempre fueron minoritarias como obreras, y siempre fueron mayoritarias en la salud (80% de los técnicos medios y superiores) y en la educación (87% de los maestros de primaria y 54% en la enseñanza media), el desempleo las ha afectado menos. Su amplia participación en el turismo (44%) o la investigación (42%) -sectores priorizados-, también ayuda a que el desempleo femenino se note menos. Las desempleadas pertenecen sobre todo a diversas ramas de la industria ligera. El 46% de los trabajadores disponibles -así se les llama en Cuba- son mujeres.

* Leo en una Bohemia de febrero de 1997 una acertada y preocupante reflexión de una periodista atenta a los cambios: "No he podido encontrar por ningún lado, aunque hace tiempo que lo busco, un dato sustantivo para el análisis de la relación actual de las mujeres con el trabajo: ¿cuánto del fondo general de salarios de la nación va a parar a manos femeninas? He llegado a creer -como me lo aseguró la viceministra Mayra Lavigne- que este dato no se controla por la Oficina Nacional de Estadísticas y que no se sabe. Pero me parece muy importante saberlo. La teórica Kate Young, una entendida en la materia, acuñó hace tiempo las categorías condición y posición. Ellas son iluminadoras cuando se aplican al análisis de género en materia de empleo: puede haber, como hay en Cuba, un 42.3% de mujeres en condición de trabajadoras, pero ¿en cuáles posiciones se ubican? ¿Cuántas son jefas de organismos, directoras, presidentas, cuántas disponen de despachos y suben a las tribunas? Eso te lo dice el salario. Un dato del que valdría la pena disponer. Es sabido que en Cuba por trabajo igual hombres y mujeres reciben salario igual. No estoy segura, sin embargo, de que las mujeres ocupan, por igual, las plazas mejor remuneradas". Señala también la periodista que resulta casi imposible saber en Cuba qué por ciento de los alimentos del campo son producidos por mujeres y ni siquiera se ha escuchado de la voluntad de cuantificar en el Producto Interno Bruto del país el colosal volumen del trabajo no remunerado que a diario realizan las mujeres.



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Las más empobrecidas

* Uno de los cambios económicos decididos por el gobierno cubano, al no poder garantizar pleno empleo a la población en edad de trabajar, fue la autorización del trabajo por cuenta propia. Reglamentado en exceso, estigmatizado por la ideología oficial y con continuas oscilaciones a lo largo de los últimos cuatro años, los "cuentapropistas" han ido logrando "resolver". Sobreviven. En febrero de 1997, se calculaba que el 30% de los cuentapropistas eran mujeres y que en el área de elaboración de alimentos eran más, una mayoría indiscutible. En la venta puerta a puerta de alimentos -a veces ilegal- son también mayoría. Puertapropistas las llaman.

* Cuba ha hecho cambios económicos sin acompañarlos con políticas específicas hechas desde la perspectiva de género. Ni el desempleo estructural e inevitable ni la autorización del empleo por cuenta propia tuvieron suficiente mirada de mujer. Cuando a fines de 1996 les elevaron los impuestos a los cuentapropistas, entre las categorías más gravadas estaba la elaboración de alimentos. ¿Nadie cruzó esa alza con el alto porcentaje de mujeres en esa categoría y con el alto porcentaje de ellas que eran jefas de hogar? En 1997, se establecieron altos impuestos a quienes alquilaban alguna habitación de su casa a turistas. Tampoco se hizo ninguno de estos cruces, y hubiera sido necesario porque la mayoría de quienes alquilan son mujeres. Y muchas, mujeres solas. Por primera vez, y dada la avalancha de adaptaciones económicas que la isla ha tenido que hacer para sobrevivir, se puede aplicar también a Cuba, aunque en medidas menores, esa realidad de la que tanto se empieza a hablar en el resto de América Latina: la feminización de la pobreza.



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La vuelta al hogar

* Para las que trabajan, la doble jornada se ha hecho más dura y complicada con la crisis. Falta la luz, el agua, el jabón. Y cuando no faltan, sobran los temores de que vuelvan a faltar. Y aunque los hombres -sobre todo los abuelos jubilados- ayudan más en el hogar, rebrotan también en los hogares los síntomas del machismo, tanto el más burdo como el más sutil. A la vez, la triple jornada se ha ido complicando en extremo o se ha difuminado. La participación política y social de las mujeres ha disminuido, al exigir tremendas cuotas de sacrificio personal.

* "Hoy, cuando le ofrecen a una mujer un cargo de responsabilidad no lo acepta ni de juego. Con el peso de lo de la casa ya tenemos bastante. Estamos agobiadas, no podemos con todo, ¿y encima más?", dice una que desde 1994 no aceptó ninguna responsabilidad que la sacara más allá de las cuatro paredes de su casa. Y añade otra: "Yo cuando voto elijo como delegados del Poder Popular a hombres. Porque tienen más tiempo para dedicarle al cargo, más posibilidades. Yo sé que una mujer no puede, y si es mi amiga, menos la elijo. ¡No le voy a hacer la basura de elegirla, porque sé que no puede!"



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Las jineteras

* Desde 1989 la economía cubana trata de adaptarse a la nueva situación mundial. Ha em- prendido un titánico esfuerzo en todos los frentes. Todos los días, Cuba gana unas batallas y pierde otras. La única salida es abrir una economía cerrada y asegurada a las incertidumbres de la actual economía mundial. Inversionistas, empresarios y turistas del Primer Mundo son bienvenidos en la isla. Sus dólares, sus proyectos, firmas y vinculaciones son absolutamente necesarios para que Cuba sobreviva y siga desarrollándose. En torno a los extranjeros -ayer rechazados o cuestionados, hoy privilegiados- se ha desarrollado un mundo de prostitución, fundamentalmente femenina, aunque también masculina.

* Las jineteras son hoy una de las señales más visibles y más polémicas de la crisis cubana. La FMC y el discurso oficial tienden a interpretar esta realidad como minoritaria expresión de una crisis de valores morales. "Se nos plantea que el jineterismo no tiene razón de existir porque en Cuba están aseguradas las necesidades básicas: salud, techo, educación, el plato de frijoles... Pero es muy difícil decirle a las jóvenes de Cuba que les baste eso. Puede ser que eso les baste a las muchachas de las villas miseria latinoamericanas, pero aquí no basta", me explican. Otras interpretaciones no oficiales y más complejas, hablan de las jineteras como las protagonistas de una muy peculiar estrategia de sobrevivencia en la que ellas -a diferencia de otras latinoamericanas- mantienen el control de la situación -"jinetean" al turista, al extranjero- buscando en este "trabajo", además de dinero para la familia e incluso para otros en el barrio, una aventura romántica, la tijera con la que cortar la rutina y las carencias del período especial o la posibilidad de ingresar a los hoteles, discotecas, playas y lujos del apartheid turístico. La comunidad no rechaza a las jineteras y no sólo las tolera sino que a veces las respalda y hasta las admira. Ellas mismas tienen una autoestima muy elevada.

Después de unos años de "jineterismo desorganizado", el mayor problema son hoy los hombres que han tejido redes de proxenetismo en torno a estas muchachas. Según cifras oficiales, el 60% de las jineteras tienen uno o varios proxenetas. Al igual que en otros temas, también el de la prostitución encuentra en Cuba ventajas comparativas, oportunidades. Como dice el sociólogo Aurelio Alonso: "No sé qué esperanza puedan tener las miles de prostitutas que en Bogotá viven en la miseria. Creo que en Cuba podemos tratar el reto de la prostitución con niveles de lucidez que otros sistemas sociales no han tenido ni tendrán la posibilidad siquiera de intentar".



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Batallas perdidas

* El cambio mayor que está ocurriendo en Cuba no se expresa en cifras, indicadores o análisis. "Todo lo construido se puede desbaratar -me dice preocupada una amiga-. Mi nieta dice que se va a casar con un extranjero para tener cosas bonitas. Sólo el hecho de que le haya pasado por la cabeza es una señal de alerta. Hoy, los niños quieren estudiar para turistas y las niñas dicen que las más preciosas de las muchachas son las jineteras. Hoy las chiquitas tienen como ideal ser lo que fue mi mamá y no lo que fui yo, quieren casarse y ser la mujer bonita de un hombrecito rico que las mantenga, y ser muy felices. ¡Las batallas que nosotras ganamos, ellas las pierden, y las pierden sin darse cuenta de que las pierden!"

* Mientras esto sucede, el discurso oficial de la FMC parece bastante estático. No logra asumir la complejidad, los vericuetos del laberinto social que es la actual realidad cubana. En la declaración del V Pleno del Comité Nacional de la Federación, realizado en febrero 98, se lee: "Fidel nos dio el privilegio, desde 1959, de ser las primeras en avanzar... Somos hoy dignas, plenas, cultas, libres: ésa es la mayor conquista que alcanzamos con la revolución... Las mujeres, que fuimos las excluidas de ayer, las subordinadas y oprimidas de ayer, que hicimos siempre el trabajo invisible, somos hoy protagonistas visibles de una gesta heroica..."



Pero los aplausos al heroísmo ya no bastan. En la pérdida de muchas conquistas de la revolución están siendo ya las mujeres las más afectadas. Pero de eso no se habla. Habrá que hablar. Y deben ser voces de cubanas las que hablen.



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4. LO MUCHO QUE AUN NOS FALTA

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Entre 1992 y 1993, la economía cubana tocó fondo. fueron los meses más amargos de la crisis. Fábricas paralizadas, continuos apagones, recortes en todos los productos que se conseguían por "la libreta". Los campos improductivos, las ciudades desabastecidas. Superávit de incertidumbres y déficit de alimentos. Estrés nacional, colectivo. Toda la población bajó de peso, diez, quince, veinte libras. La combinación de poca comida y mucha bicicleta devolvió la esbeltez a aquellos que ya transitaban hacia la obesidad de los sedentarios y a la mayoría la dejó en los huesos. Se perdió brillo en los ojos y se hizo más difícil la sonrisa.

Por la puerta de atrás de este edificio de desdichas llegó al país una epidemia hasta entonces desconocida. La neuropatía periférica debilitaba el sistema motor hasta provocar invalidez temporal y atacaba la vista. Los casos se multiplicaron por toda la isla y en todos los ambientes hasta llegar a 40 mil afectados. Aunque nunca se dio una explicación definitiva y oficial de esta enfermedad, está claro que no era necesario buscar causas extrañas. La neuropatía llegó de la mano de una muy deficiente alimentación, en la que se hicieron ausentes casi del todo las proteínas, las vitaminas y los minerales. El complejo vitamínico que el gobierno empezó a distribuir entre todos los cubanos meses después bastó para hacer retroceder la epidemia.

Escucho esta historia: "En 1992 fui una de las muchas mujeres que se enfermó de neuropatía periférica. Pasé mucho tiempo con muy poco que comer. Lo poco que había en la casa lo guardaba para mi hijo. Mi marido comía en su trabajo, pero llegaba a la casa y quería más. Y yo se lo daba, y cada vez yo comía menos. Terminé cayéndome en el piso, caminaba arrastrándome, no tenía fuerzas en las manos ni para encender el radio. Sentí que me iba a morir. Y fue en esa debilidad, derrengada, cuando descubrí todas las renuncias que había hecho durante tantos años, en todos los años en que aún no había período especial..."

La neuropatía quedará como un doloroso símbolo del momento en el que la crisis cubana tocó fondo. Pero es sabido que cuando se toca fondo, ya todo movimiento es hacia arriba. Poco a poco, pero hacia arriba. Y así como la neuropatía afectó los negros ojos de Yolanda -esta mujer de 40 años- también se los abrió para entender mejor su vida.

El período especial ha abierto muchos ojos, ha sido revelador para el pueblo cubano. Y entre otras muchas revelaciones, puede ir colocando en el centro del debate el tema del género. Han empezado a escucharse más y más voces, voces de mujeres revolucionarias, de mujeres de la FMC, de federadas, que reconociendo lo mucho caminado, claman por lo mucho que aún falta para llegar. Escuchemos esas voces, tal vez desordenadas, quizá impetuosas. No importa. Así, caótico y desafiante, parece también el magma originario de donde nace la vida.

* "Sí, tenemos salud, tenemos educación, educación asegurada, salud asegurada. Tenemos leyes, trabajamos, participamos en la economía, no nos morimos en el parto... Y qué bueno eso, ¿verdad? No todas las mujeres en el mundo tienen eso, ¿verdad? ¡Pero uno no siempre está enfermo, no siempre está estudiando, no siempre está pariendo! ¿Cómo nos vamos a conformar con eso si hicimos una revolución, si nos hemos ganado mucho más? Sabemos que los problemas de las mujeres en América Latina son tremendos: son analfabetas, no tienen agua potable, no son dueñas de su cuerpo, se mueren al parir, no tienen cómo hacer una planificación familiar... ¡Para nosotras eso es prehistoria! Comparadas con ellas tenemos mucho, pero, ¿por qué compararnos con otros países? ¡Compárennos con nosotras mismas! ¡Si hemos luchado 40 años teníamos que haber logrado mucho más!

* "Aquí nos hemos anquilosado. Mira lo que dijo Roberto Robaina en su discurso de cierre del año 93... Dijo que "nuestras madres han sido una retaguardia estelar, heroínas silenciosas que realizan la pequeña hazaña doméstica de servir la mesa nuestra de cada día..." ¡Nuestras madres, nuestras mujeres! ¡Nuestras, nuestras...! El discurso oficial es un discurso ultramachista. Y dice que somos "la retaguardia estelar" ¿Qué retaguardia? ¡Si somos la punta misma de la vanguardia en este momento, si la resistencia somos nosotras! ¿No sabe él que sin la "pequeña" hazaña de comer cada día esto no camina, que sin nosotras esto no hubiera funcionado? ¡Y lo peor es que ni lo sabe ni nadie se lo dice!"

* "Las mujeres estamos hoy agobiadas por la cotidianidad, por la supervivencia, pensando qué vas a cocinar, pensando que la cocina está rota, con una sola hornilla, y que la ventana está rota y si viene un ciclón.... Dicen que la gente es cada día más egoísta. No, qué va, hay mucha solidaridad. Cuando sea estudiado el período especial, se verá que quienes una vez más han salvado esta revolución son las mujeres. Si las mujeres no hubieran "inventado" todo, desde hacer de un vestido viejo un vestido nuevo hasta ir en bicicleta con un niño guindado detrás para llevarlo al círculo, esto no hubiera resistido. Seguimos siendo las que nos comemos el caparachón del pollo y repartimos las masas a los demás. Somos las que vamos a las reuniones de padres, las que sabemos lo que le pasa a los hijos, las que estamos cuidando a los viejos... Hoy, todas las mujeres vivimos estresadas. No es fácil..."

* "Oye un chiste sobre el estrés, para bajar la presión. El marido llama al manicomio para explicarle al doctor los síntomas de locura de su mujer. Se ha pasado todo el día -le dice- gritando desde el balcón: ¡Soy camarera del Hotel Nacional! ¡Soy camarera del Hotel Nacional! Lo que tiene su señora -lo tranquiliza el médico- se llama delirio de grandeza. Lo que le pasa es que ella no acepta que es sólo una neurocirujana..."

* "Aquí lo que nunca se ha aceptado es el feminismo. Feminismo en Cuba ha sido siempre algo peligroso, sospechoso, antinatural. ¿Feminista? Esa es la que rechaza a los hombres, la que quiere acabar con los hombres, la que habla de que ya no quiere "dormir con el enemigo"... Y no sólo son los hombres los que no entienden, hay un montón de mujeres acostumbradas a pensar: ¿cómo voy a ser feminista si yo creo que sin los hombres no se puede vivir? ¿Feminismo? Para mucha gente es también igualito que lesbianismo, no diferencian. Una gran ignorancia..."

* "Estoy haciendo mi tesis sobre cómo se refleja la equidad de género en las condiciones sociolaborales. Encuentro mucha comprensión humana entre mis compañeros, pero muy poca comprensión del concepto. No saben qué es género. ¿Género? En Cuba sólo se interpreta como igualdad de derechos. No logro hacer equipo para mi trabajo, no entienden, no sé cómo hacerme entender."

* "Uno habla de feminismo, trata de hacer conciencia y te dicen: chica, ¿pero qué más quieres tú? Tienes una carrera, trabajas, te divorciaste cuando te dio la gana, planificaste y tuviste los hijos que quisiste, llevas el pelo corto, vas con pantalones y montas en moto... ¿Qué más quieres tú?"

* "Somos y no nos damos cuenta. Estamos y no nos vemos, no se nos ve... En una investigación realizada en 1988 y orientada por la Federación, se demostró que por cada diez hombres que aparecían incluidos en las noticias aparecía una sola mujer. Y que cuando salían mujeres, aparecían o en su casa o en la calle o en los comercios, mientras que los hombres aparecían en los centros de trabajo o en los espacios políticos. En 1991, la proporción había mejorado: por cada cuatro hombres y medio aparecía una mujer, pero los escenarios seguían siendo los mismos."

* "Fíjate en todos los mensajes patrióticos de la revolución... El mensaje patriótico está vinculado casi invariablemente a la virilidad, a la hombría. La revolución le da siempre "respuestas viriles" al imperialismo yanki. Aquí el único mérito es "tener huevos"... Mira esa valla, mira el mástil de la bandera: es un falo".

* "Mira este dato: en el último proceso electoral, el 98 por ciento de toda la propaganda electoral estuvo dirigida a los hombres y estaba elaborada sólo en masculino... La Federación elaboró sólo un 2 por ciento de los mensajes electorales para dirigirlos a las mujeres. ¿Qué te parece?"

* "El socialismo liberaba a la mujer metiéndola a trabajar. Y ya. Si eras asalariada, ya estabas liberada, si trabajabas productivamente, ya habías roto las cadenas. En el socialismo que aprendimos todo era facilito, todo iba en una línea recta: la sociedad se emancipaba del capitalismo y ya era feliz, ya funcionaban todas las cosas. La mujer se emancipaba económicamente y ya era libre. La familia te subordina, el trabajo te libera... ¡Cuánta bobería, caballero!"

* "La Federación de Mujeres Cubanas se fue quedando muy atrás. El logotipo de la Federación es una mujer cargando un chiquito y con un fusil al hombro. Y el discurso de la Federación habla mucho de las mamás, de "nuestros" hijos, de "nuestra" responsabilidad en la educación de los hijos, habla sobre "mujer y familia"... Pero ¡la familia no es de la mujer! ¡Mujer y familia no, mujer y sociedad! El discurso oficial se ha ido haciendo cada vez más conservador, sin relación con lo que ha pasado en Cuba".

* "¿Que si la Federación es hoy una cáscara vacía? La respuesta varía mucho de cuadra a cuadra. Depende mucho de la composición del grupo, de cómo se lleven las vecinas, de la afinidad que haya. El mismo día de la fiesta de la Federación puedes ver tres cuadras a oscuras y una cuadra a toda vela con una gran fiesta. Tal vez uno de los proyectos más sólidos que tiene hoy la Federación son las Casas de la Mujer, que están por municipios, por barrios. Unas dan yoga, otras ejercicios aeróbicos. También ayudan a resolver problemas matrimoniales. Ya no plantean actividades puramente políticas, como fue al principio."

* "¡Pues para mí la Federación está vacía y sin cáscara! Yo tengo 37 años, nací en el 60 cuando nació la revolución, fui al círculo infantil de los Niños Mártires de Chapultepec y a la Escuela Lenin. Yo comía bandera roja y cagaba hoz y martillo, yo fui formada en eso y todo lo de la revolución lo aprendí a respetar. Y reconozco que sí, que la Federación hizo muchas cosas, grandes cosas, pero hoy ya no te resuelve nada, ni siquiera el círculo infantil. Todo cambió en Cuba. Y por eso la gente se va, la gente se suicida o la gente se calla, pero yo no me voy a ir ni me voy a suicidar, ¡ni me voy a callar!"

* "¿La revolución cambió la construcción histórica de la sexualidad o la dejó tal cual? Eso está por discutirse en Cuba. De eso ni se habla. La revolución modificó muy poco eso, no le entró a ese tema. En Cuba el machismo es lo natural, lo incambiable, algo genético, atemporal, atributo del hombre latino, su derecho, su deber... A lo más que se aspira es a moderarlo algo en la conversación, sobre todo si estamos presentes mujeres. Sólo lo logran suprimir un poquitico del choteo, pero erradicarlo de la vida... ¡imposible!"

* "La sociedad cubana es muy permisiva y muy liberal y a la vez muy conservadora en cuanto a la sexualidad. Muy contradictoria. Si se oye que en Costa Rica se hizo una investigación que demuestra que no sé qué por ciento de mujeres son anorgásmicas, se arma aquí un escándalo, porque nosotras no, a nosotras no nos pasa eso, a ninguna le pasa eso. Pero, ¿cómo lo sabemos? Si pasan por la TV una película francesa en la que se ve de todo, no pasa nada, pero si en una película cubana una muchacha le abre la portañuela del pantalón al hombre, al otro día todo el mundo comenta que los niños no pueden ver eso... Esta sociedad es muy contradictoria, y hay que averiguar por qué somos así. No hay suficientes estudios sobre la sexualidad de las cubanas."

* "Aquí lo que hay es una doble moral institucionalizada. La doble casa ha sido una institución en este país, y lo ha seguido siendo después de la revolución. La revolución no tocó esas cosas. Aquí, cuando un hombre iba a la guerra en Angola, si el Partido sabía que la mujer que se quedó en Cuba tenía otra pareja, cuando el compañero regresaba, el Partido iba y se lo contaba y le hacían una presión bien fuerte para que se divorciaran. Y si no se divorciaban, él tenía que entregar el carnet de militante. Un héroe del Ministerio del Interior o de las FAR no podía perder su imagen, no podía permitir que su mujer lo hubiera engañado. Pero a nadie en el Partido le preocupaba si el que volvía de Angola había tenido allá no sé cuántas parejas y había dejado un reguero de hijos. Eso no importaba. La mujer tenía que comportarse en Cuba como una vestal, a la espera, con un cinturón de castidad. Y el hombre, total libertad. Suena medieval, ¿verdad?, pero pasó hace unos añitos nada más."

* "Tantos cambios en la vida pública, en la sociedad, no garantizaron iguales cambios en la vida privada. Se divorciaron esos dos mundos. El re- conocimiento social a las mujeres en la vida pública no significó que se nos diera un reconocimiento igual en la vida privada. Los hombres eran revolucionarios en su centro de trabajo, en el núcleo, en el sindicato, pero entraban en su casa y ya no eran revolucionarios. ¡Una pila de reaccionarios, conservadores! ¡Yo los llamo machistas-leninistas!"

* "No es que los hombres no entiendan lo que es feminismo, lo que es género, lo que significa todo este asunto. Menos lo entienden las mujeres. Y nada ayuda a que lo entiendan. Yo creo que la Federación no quiere que lo entiendan. Como si la igualdad entre hombres y mujeres ya estuviera lograda, como si la igualdad se diera por sentada. ¡Y está parada!"

* "Aunque ya hay cosas sentadas... Mi generación se desgastó en la lucha individual en el hogar. Y mi hija ya tiene otra mentalidad, no le entra tan de frente al machismo. Las muchachas ya son mejores que sus madres. Y el machismo ha retrocedido: hay más padres buscando a sus hijos en la escuela, más padres llevando a los niños al médico. Entre la gente joven las cosas ya no son tan graves como en nuestro tiempo y hay más equidad".

* "Pero es el período especial el que ha hecho un rebolico con avances y retrocesos. ¿No ves el vuelo que ha agarrado lo religioso? Y las religiones son bastante machistas. No sé bien otras religiones, pero lo que es en la religión abakuá el hombre lo es todo. Todo todo. Es el colmo del machismo. Las mujeres ni siquiera podemos pertenecer a esa religión."

* "Todo nos da que algo falla, que algo está fallando. Uno lee cualquier documento político y no encuentra por ningún rincón nada que refleje la perspectiva específica de las mujeres. No es sólo que en el lenguaje no se diga nunca "los cubanos y las cubanas", no es eso. No es necesario estar siempre tras el "os" y el "as" en cada palabra, no es eso. Es que no se nos toma en cuenta. No se nos habla, no hablamos, no se nos ve, no nos vemos. Ni estamos en el lenguaje ni se habla de las problemáticas específicas nuestras. Y se ha diversificado ya tanto esta sociedad, que hay que hablar de problemas específicos. Las mujeres cubanas tenemos problemas específicos en esta crisis. Yo digo que empezar a cambiar el lenguaje con el que hablamos de la realidad ya sería un paso, y un paso revolucionario".

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5. MAGIN: VOCES PARA UNA HISTORIA

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Todas estas voces se escuchaban ya en Cuba, agudas, insistentes, en tonos más altos o más bajos, cuando ocurrió esta historia. La historia de un paso revolucionario dado por mujeres revolucionarias dentro de la revolucionaria Federación de Mujeres Cubanas.



En 1993, un grupo de mujeres cubanas se convocó, se unió y empezó a tomar iniciativas originales e inéditas Como grupo. Crearon la Asociación de Mujeres Comunicadoras. La llamaron Magín, una palabra del castellano antiguo que significa inteligencia e inspiración, talento e imaginación. Imagen. La imagen de la mujer. Durante tres años, Magín fue una experiencia excepcional, que puso de manifiesto a las mujeres que participaron en ella -y al círculo de personas a las que llegaron- el perfil de la mujer cubana, los muchos cambios que la revolución logró en las mujeres y los cambios aún pendientes. En septiembre de 1996, Magín fue disuelta por decisión del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en nombre de la "unidad" nacional. En un sistema como el cubano, la inmensa mayoría de la sociedad no llegó nunca a saber siquiera que Magín nació, que Magín creció y que Magín murió, o que se "desactivó", como dicen las magineras. Es tiempo de contar la historia. Con las voces de un grupo de mujeres que participaron en esta experiencia intento hacerlo.

* "En febrero de 1993 se celebró en La Habana el Primer Congreso Iberoamericano "Mujer y Comunicación". Vinieron muchas comunicadoras de toda América Latina y de otros países. Las oíamos hablar de "género", analizar desde "la perspectiva de género"... Y nosotras las cubanas ahí, sin saber bien cómo hablar ni de qué hablar... Nos dimos cuenta que te- níamos que actualizarnos. Magín surgió de ese Congreso. En Cuba, claro, existía ya todo ese nuevo lenguaje de "género", que contenía una nueva visión. Pero era para una élite oficial y para la exportación. En Naciones Unidas y en los eventos internacionales las representantes de la delegación oficial de Cuba ya hablaban de género y desde ahí hacían los análisis y en el centro de la Federación había ya tongas de materiales que hablaban de género. Pero a nivel de la base de la Federación, nada de nada..."

* "En aquel Congreso un grupo de las mujeres que participamos nos dimos cuenta no de que nos faltaban espacios, porque eso ya lo sabíamos. Nos dimos cuenta de que no habíamos conceptualizado bien todos esos vacíos, que aún no le habíamos dado forma a tanta cosa por hacer."

* "Uno puede saber de algunas realidades de manera intuitiva porque es inteligente, pero puede no tener el aparato conceptual que le ayude a ser más consciente de esa realidad. Eso fue lo que nos ocurrió. Realmente, ésta del género es la teoría más sencilla del mundo, porque cuando uno la asimila, se quita la venda y corre a toda velocidad. Más pronto te la quitas y más rápido corres si eres mujer. Tú puedes tener leído todos los tomos de Marx y de Engels y nunca en la vida ser marxista, pero con esto no, esto es muy sencillo de entender..."

* "En toda la política de la revolución cubana existe una clara voluntad de lograr la igualdad entre hombres y mujeres. Es ideal de la revolución esa equidad. Pero esa voluntad tropieza con la realidad, con la cultura. Y la cultura no cambia tan rápido. Por eso, pensamos que era tan importante desde los medios y con mujeres que ya están dentro de los medios, trabajar por ese cambio cultural. Las fundadoras de Magín éramos mujeres haciendo cotidianamente noticias, entrevistas, programas, telenovelas, spots. Mujeres hablándole a diario a mucha gente. Podíamos masificar la perspectiva de género. Cuba tiene ya todas las potencialidades para hacer este esfuerzo y con éxito."

* "Al crear Magín decidimos empezar por los medios de comunicación. Pero partiendo de un concepto de "medio" muy amplio. La mayoría de las que empezamos éramos comunicadoras, profesionales de la comunicación. Pero no queríamos sólo perio- distas, radialistas, publicitarias... También empezamos a sumar a maestras. ¿Quién más multiplicadora de mensajes que ellas? Y a médicas de la familia, que también multiplican mensajes. Y a diputadas del poder popular y a académicas y a investigadoras... Descubrir el concepto de género y aplicarlo al trabajo que cada una ya estaba haciendo: ésa fue la tarea que nos dimos."

* "Fuimos nosotras, en Magín, las que empezamos a señalar que no se podían poner titulares en masculino en los periódicos, fuimos nosotras las que insistimos en que la televisión cubana no podía ser "blanca", porque la población cubana es multirracial... Nunca había habido en Cuba una investigación sobre el sesgo sexista en los medios. Sin embargo, muchas mujeres trabajan en los medios. El 54 por ciento de los técnicos de la televisión son mujeres, el 40 por ciento de los trabajadores radiales son mujeres. En el cine el 13 por ciento son directoras. En el periódico Granma, el 26 por ciento de los periodistas son mujeres. En Juventud Rebelde son el 30 por ciento. En la revista Bohemia, el 39 por ciento. Son mujeres el 45 por ciento de quienes trabajan en la Agencia de Información Nacional. El 50 por ciento de las estudiantes de Comunicación Social son mujeres. Sin embargo, la mayoría de todas estas comunicadoras, muchas con cargos de dirección, han carecido de conciencia de género. El terreno de trabajo era amplísimo."

* "Establecimos varios equipos. Uno para estudiar la imagen de las mujer en los medios y para irla enriqueciendo. Otro equipo para elaborar productos de comunicación que reflejaran la variedad de razas en Cuba. Un equipo para promover iniciativas audiovisuales, un equipo de ecología y género, uno para procurar calidad con calidez en los servicios de salud, otro para producir spots de género para radio y TV, un equipo para ir pasando el tema de la violencia doméstica del plano privado al público, un equipo para elaborar materiales sobre la sexualidad femenina. Otro para hacer periodismo investigativo sobre los cambios ocurridos a las mujeres cubanas en las distintas etapas de la revolución. Proyectamos varias series de publicaciones: sobre cultura para la crisis, sobre autoestima, sobre mujeres sin historia y mujeres con historia... Teníamos muchos proyectos."

* "Cuando creamos Magín, ¿qué estaba haciendo la Federación? En esos años, su propaganda expresa la crisis en la que se encontraba. No pensaba la FMC ya en una propaganda para poner en marcha a las mujeres, para darles lo que ahora sabemos que se llama empoderamiento o autoestima. No era una propaganda ni eran iniciativas elaboradas desde una perspectiva de género. La propaganda era muy institucional: era sólo divulgar lo que hacía la Federación, y lo bien que lo hacía. También fue por eso que muchas profesionales encontramos un camino para avanzar en Magín. Ese fue el secreto y la magia de Magín: desde lo profesional de cada una meternos al terreno de lo ideológico en el tema de las mujeres."

* "Mira un ejemplo. En Cuba tenemos una salud pública con calidad. El proyecto de Magín hablaba de "calidad con calidez". ¿Por qué? En Cuba, una mujer que decide abortar, lo hace con total libertad y seguridad, pero tal vez no encuentra una mano cálida al lado. Igual la que va a parir: cuenta con el mejor equipo, pero tal vez le falta una palabra dulce al lado. Y a veces esa mano y esa palabra debían de dársela otras mujeres y no se la dan... ¿Qué pasa? Pasa que aquí han estado siempre abandonados los factores subjetivos, que siempre ha habido un menosprecio por lo subjetivo y por lo individual. Ese era también nuestro terreno."

* "Y no sólo lo subjetivo. En nuestro sistema de salud hay vacíos objetivos. Falta, por ejemplo, tener en cuenta las brechas de género. Tener en cuenta todas las condicionantes que hacen que las mujeres se puedan enfermar más: porque le dan la comida a los hijos, se la dan al marido, tienen la sobrecarga y el estrés del trabajo doméstico... A nivel de la atención primaria, por ejemplo, las hojas con las historias clínicas carecen de cualquier visión de género, al extremo que si tapas el nombre del paciente, no sabes si se trata de un hombre o de una mujer, porque en el cuestionario no se hacen preguntas específicas que permitan saberlo. Cuando descubrimos esto, algo tan simple, cuando lo expli- camos a las colegas, causó un gran impacto y empezaron a diseñar cambios. Parece mentira, pero nadie había caído en eso."

* "Dijimos también: vamos a mirar los programas de la televisión con mirada de género. La telenovela. Sale una escena en que el hombre está sentado y viene la mujer y le sirve el café. ¿Y por qué no ponemos de vez en cuando a una mujer sentadita y a un hombre paradito que le viene a traer el cafecito, para que millones de personas digan: vaya, un hombre le trae el café a la mujer? Es un mensaje pequeño, pero que llega al subconsciente y que queda. Veamos otra escena, de aventuras: una niña y un niño llegan a una cueva y la niña no entra, entra el varón... ¿Y por qué no entra ella primero, por qué ella no es más decidida y valiente que él? Después de este pesquisaje, una compañera de Magín, Xiomara Blanco, hizo la novela Tierra Brava, que tanto gustó en Cuba. Constantemente, metió cositas. Era una novela en la que los hombres lloraban y eran chismosos... Tres veces a la semana esta novela se convirtió en un taller masivo de género, la miraban millones de personas. Xiomara decía: yo antes había hecho ya muchas cosas de manera intuitiva, pero con Magín ahora lo hago consciente, sé como lo hago, cómo lo dosifico, cómo puedo equi- librar a los personajes. Y no sólo fueron las telenovelas, inventamos programas para la televisión, otros para la radio, renovamos algunos..."

* "Por ejemplo, mira estos diálogos de Tierra Brava. Nacho Capitán le dice muy bravo a Silvestre: ¡Poner botones es cosa de mujeres! Y Silvestre le aclara: No, ¡poner botones es cosa de tener el botón, la aguja y el hilo! Dice otro hombre en otra escena: ¡Las mujeres hablan como cotorras! Y le contesta la mujer: ¡Acuérdate que hay cotorras... y cotorros!"

* "En Magín nos reunimos mujeres profesionales muy variadas, algunas conocidas y de prestigio. Realizadoras de cine, radialistas, artistas plásticas, diseñadoras, escritoras de telenovelas, conductoras de programas estelares de la TV, periodistas, académicas... Ninguna buscó a Magín para ser algo, buscaron este espacio para hacer algo, para compartir su experiencia. Al principio, para concertarnos, tuvimos que conocernos. La historiadora no conocía a las de la radio, las de la radio no conocían a las médicas ni a las sicólogas, éstas no conocían a la oficial del tránsito, la otra no conocía a la diputada del poder popular... Aunque nacimos en La Habana, tuvimos vocación nacional y tuvimos filiales en varias provincias y una célula en Santiago de Cuba y otra en Pinar del Río. Llegamos a agrupar a unas 300, 400 compañeras, algunas más sistemáticas, otras menos. Todas ellas se identificaron con Magín y hoy se autodenominan magineras".

* "Entre nuestras tareas fue una prioridad reunirnos, convocarnos en talleres. Los llamamos "de crecimiento individual". ¡Por primera vez se hablaba en Cuba de "individual"! Tremenda revolución. Había talleres un mes sí y un mes no. Hacíamos cuatro talleres al mes, duraban una jornada entera de cada semana. Treinta o cuarenta mujeres en cada taller. Los talleres los empezamos en los años mas duros del período especial, cuando las mujeres vivíamos muy deprimidas. Trajimos expertas nacionales e internacionales. Todas llegaban a aprender, a compartir un proyecto, una tarea. Por primera vez hablamos de nuestra autonomía, de nuestra autoestima... Hablamos de climaterio, de dieta, de lenguaje sexista, de lenguaje racista, de fantasías sexuales, de jineteras. Hablamos de cosas de las que nunca habíamos hablado. Cuando hablamos del problema de la violencia en la casa, vimos cuántas de las que estábamos allí, todas profesionales, habíamos sido agredidas sexualmente y algunas incluso violadas. Ni nos lo imaginá- bamos... Vinieron especialistas que hablaron de cómo conoce la mujer, de género y comunicación. Vino Dennie Eagleson, una gran fotógrafa de Estados Unidos, y nos habló de cómo se ha manejado la imagen de la mujer en su país. El tema religioso no lo tocamos, no tuvimos tiempo. Tampoco al tema de las preferencias sexuales. Hubo amigas extranjeras lesbianas que nos preguntaron qué pensábamos sobre eso y que si Magín iba a hacer algo en este terreno. No tuvimos tiempo de tanto."

* "De todo lo que hacía Magín, de todo lo que hacíamos informábamos al Partido. Al principio, la Federación nos acompañó, no había problemas, nos tenían mucho respeto, éramos parte de ellas. Las invitamos siempre a todo, les dábamos nuestros materiales. Además, dijimos siempre: si hemos llegado a crear Magín, es por lo que la Federación nos enseñó, si avanzamos tan rápido es por todo lo que hicimos antes en la revolución."

* "Fue una idea peregrina pensar que Magín quería competir con la Federación, sustituirla. Todas nosotras éramos federadas y cumplíamos con la Federación. Magín era otra cosa: un grupo de profesionales que se unían y se reunían con proyectos para sí mismas, para las mujeres y para toda la sociedad. Tal vez, sí, lo que queríamos era reactivar a la Federación, completarla. Pero eso es justo. En Cuba no existe ni un solo grupo de profesionales mujeres, no hay una asociación de pedagogas, ni de médicas, ni de ingenieras, ni de periodistas. Todas las asociaciones son de hombres y mujeres. Y aunque en algunas profesiones las mujeres somos mayoría y somos las que definimos la profesión, son hombres los que nos representan."

* "A los hombres a quienes logramos llegar los encontramos muy preparados para entender qué cosa es género. Nuestros proyectos encontraron a muchos hombres cubanos preparados. Hombres de verdad revolucionarios. Porque éste es un esfuerzo de conjunto, de mujeres y de hombres, de todos. Porque bien sabemos que machistas pueden ser no sólo los hombres sino también las mujeres. Y porque feministas deben ser las mujeres y también los hombres".

* "En marzo de 1996, el Buró Político del Partido sacó un documento ideológico muy duro, muy restrictivo, muy preocupante. De repente, las mujeres de la Federación que venían a nuestros talleres y que participaban en todo lo nuestro, se alejaron. Fue una señal de lo que venía. Habían recibido la indicación de irse zafando. En septiembre, el Comité Central del Partido convocó al Comité Ejecutivo y al Comité Gestor de Magín. El objetivo de la reunión era disolvernos. No fue un tribunal, fue una reunión fraternal, respetuosa, pero desde un comienzo, quedó claro que si hacíamos resistencia, se nos iba a aplicar la disciplina partidaria."

* "Reconocieron nuestras capacidades y valoraron nuestros proyectos, pero argumentaron con el peligro del Carril Dos de la política de bloqueo de los Estados Unidos, que propone no hacernos la guerra, sino meternos su caballo de Troya en casa, apoyándose en organizaciones sociales. Los del Comité Central nos explicaron a cuánta gente había seducido el enemigo, cuántas becas ofrecía, cuántos fondos. Nos dijeron que el 70 por ciento de los organismos de cooperación tienen un propósito subversivo, que siempre esperan dividendos políticos a cambio de su cooperación, etcétera, etcétera. Todo esto para concluir que lo que más hay que cuidar en Cuba es la unidad y que las organizaciones que ya existen han conservado esa unidad y que Magín nunca iba a ser reconocida como organización. Nos dijeron que, aunque nuestro propósito era justo, no siempre lo justo es lo oportuno y que cada una de nosotras podía seguir trabajando en la misma dirección, pero dentro de las organizaciones de masas que ya existen en Cuba. En este caso, dentro de la Federación."

* "En Cuba, por la ley, tú no puedes duplicar una asociación que ya existe. Nos dijeron que, en parte, nosotros duplicábamos a la Unión de Periodistas y a la Asociación de Publicitarios y en parte, duplicábamos a la Federación de Mujeres Cubanas. Dijimos que no, porque el objetivo específico de Magín era cambiar la imagen de la mujer en los medios de comunicación introduciendo el concepto de "género" y a través de talleres de autoestima, y eso nadie lo estaba haciendo. No aceptaron este argumento. En Cuba, hay miedo a duplicar organizaciones, pero sobre todo, hay miedo a que las mujeres se movilicen de manera individualizada. Y ha habido una gran reticencia a asumir, a incluir, la categoría género".

* "Estuvo claro que tras toda la argumentación estaba de fondo un pensamiento muy machista: ustedes, mujercitas seducibles, pueden caer en la tentación del enemigo, no se dan cuenta de que el enemigo las quiere comprar con fondos, con ideas diferentes, con individualismos. Nosotros, los hombres, los que sabemos cómo se mueven las cosas en la política, debemos salvarlas de la tentación..."

* "Tal vez ellos, inconscientemente, sabían que un movimiento como Magín les quita poder. En Cuba, como en todas partes del mundo, los hombres ya saben que tienen que ceder poder. También deben de saber que para desarrollar esta sociedad, y cualquier sociedad, tienen que contar con la mitad de la población en igualdad de condiciones, y que la mirada de la mujer hace falta para tomar mejores decisiones. Y más, si se trata de la mirada de la mujer cubana: capaz, inteligente, culta..."

* "Todas expresamos con mucha coherencia nuestra frustración y nuestro desacuerdo con la argumentación con la que nos desbarataban. Dijimos que Magín era un proyecto tan justo como oportuno y que era nuestro derecho llevar adelante ese proyecto. Defendimos lo que hacíamos y su importancia en estos tiempos de crisis. Dijimos que el Partido tenía que preguntarse por qué un grupo de mujeres talentosas y revolucionarias encontramos tanto que decirnos, que decir y que hacer en Magín y por qué no lo habíamos encontrado en otra parte. Dijimos muchas cosas, nadie echó para atrás, pero todas terminamos aceptando la decisión del Partido. Por disciplina y por respeto al Partido. Además, no podíamos hacer otra cosa. Si no quieres que te consideren una "disidente" y se te cierren los espacios profesionales en Cuba, no puedes hacer otra cosa en un caso así. Pero les advertimos que si los espacios que nosotros llenábamos no los llenaba el Partido, sería ese enemigo del que hablaban quien los llenaría, porque había vacíos reales y era necesario llenarlos."

* "Nos disolvieron, pero muchas cosas han quedado. En primer lugar, en Magín logramos rescatar la validez del término "feminismo", que en Cuba había llegado a ser tan peyorativo. Es muy difícil saber si ese rescate está ya logrado a nivel masivo, en toda la sociedad, en hombres y en mujeres. Y fuimos aún más allá: pusimos en la calle la palabra "género", frente a la que había habido mucha resistencia y mucha reticencia en la Federación. Hemos obligado a actualizar en algo el discurso oficial sobre las mujeres. La palabra "género" era en Cuba rara hace unos años y ahora ya no tanto. En gran medida, fue obra de Magín. Y creo que cada maginera, con el aparato conceptual que aprendió y con el entrenamiento que recibió en Magín, seguirá trabajando por esta causa donde quiera que esté. Esta causa vive en trescientas, cuatrocientas mujeres que no son bobas, que están metidas en todas partes y que la multiplican... ¿No es un logro bárbaro?"

* "Creo que más tarde o más temprano, Magín volverá. Yo voto por el futuro. Es necesario que estas ideas se canalicen. Ojalá la Federación asuma todos nuestros proyectos, qué maravilla. Pero, ¿caben este tipo de tareas en una organización tan masiva como es la Federación?"

* ¿Qué futuro van a tener las ideas que compartimos en Magín? ¿La Federación de Mujeres Cubanas aceptará el desafío que le planteamos como mujeres, como federadas y como revolucionarias? ¿Lo aceptaran los hombres, como hombres y como revolucionarios? Entretanto, "andemos nuestro camino", como dice Martí, que también nos dijo que "la prueba de cada civilización humana está en la especie de hombre y de mujer que en ella se produce".

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