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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 200 | Noviembre 1998
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América Latina

Investigación y acción social: claves para una alianza

Los académicos menosprecian a los investigadores populares. Los activistas sociales reclaman a los investigadores por su lentitud y por su lejanía de la realidad. Algunos analistas son burócratas y algunos activistas frustran a los pobres. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacerlo? ¿Con quiénes hacerlo?

Ricardo Falla

Qué relación existe entre la investigación, el análisis y la ciencia, por un lado, y la acción social, por el otro? Cerca de 30 años de cabalgar en ambas realidades, unas veces más en una y otras más en otra, y la experiencia de los jesuitas centroamericanos y de otras partes del mundo, orientan mis respuestas a esta pregunta.
Respuestas y reflexiones que, aunque ciertamente pequen de utópicas, van dirigidas especialmente a las ge- neraciones jóvenes. Reflexiones y respuestas que parten de un presupuesto que ha de ser la medida y el criterio para juzgar la integración entre la investigación y la acción: la promoción de la justicia en el mundo y particularmente en nuestro continente.
Justicia, en sentido amplio, la que abarca diversas dimensiones: las relaciones económicas, sociales y culturales. Porque de esto se trata, de ver cómo se potencian mutuamente la investigación y la acción social para resolver los grandes problemas de nuestros pueblos, y para que acciones e investigaciones no desemboquen en actividades disparatadas o insulsas, sino en esfuerzos que promuevan relaciones más justas entre los seres humanos.



Entre los pobres, mirando con sus ojos

Si no hay objetividad y rigor analítico, no hay ciencia. Tampoco habrá una acción social sólida, con fuerza y duradera. Sin embargo, existe un horizonte epistemológico que colorea siempre nuestra mirada y la interpretación de los hechos. Ese horizonte es la situación vital del investigador o de la investigadora.

La situación en que vive quien hace investigación debe estar afectada por la injusticia del mundo. Esto le permitirá mirar e interpretar los hechos como lo hacen quienes sufren la injusticia. Participará así, en cuanto es posible, de su mismo horizonte epistemológico. La mirada de los pobres del mundo puede ser estrecha y de corto alcance, pues no conocen mucho del mundo que está más allá de su aldea y de su barrio, pero más que el alcance y el conocimiento del mundo de fuera, lo que interesa es el ángulo de su mirada, su perspectiva y su punto de vista.

La fuente de inspiración de esa mirada no se suele lograr más que con cierto contacto directo con los pobres. Se logra con lo que llamamos la inserción en su mundo. Según sea la profundidad de la convivencia con los empobrecidos y excluidos, existen muchos tipos de inserción. Inserción profunda implica comer, dormir y trabajar con ellos. Significa vivir como ellos, sin manejar nuestro propio dinero por algún período de tiempo. Los antropólogos hemos sido educados para esta opción. Recuerdo cómo comí gusanos y pasé hambre entre los Yaruros de Venezuela, cuando, todavía estudiante e inspirado por la lectura de Tristes Trópicos de Levi-Strauss, fui a hacer trabajo de campo en los llanos del Apure. Inserciones de este tipo provocan choques culturales que le cambian a uno la vida. También existen inserciones más superficiales. Actualmente vivo en un barrio marginado y pobre de una ciudad de Honduras, pero mi trabajo es de tediosa administración fuera del barrio, adonde entro y salgo, con vergüenza, en carro.
La mayoría de los investigadores y de las investigadoras que han tenido inserciones profundas o superficiales no las pueden mantener, porque este tipo de vida está reñida con el tipo de trabajo que tienen que desempeñar después de terminado el trabajo de recolección de los datos. Hay tiempos de inserción, que son los menos, y hay tiempos de redacción en una oficina o de impartición de clases en una universidad. En esta realidad, lo más importante es que el horizonte epistemológico no se disipe con la distancia y que exista siempre una mediación.

Los jesuitas tenemos actualmente una norma universal -que no sé hasta dónde se cumple-: todos los jóvenes en la etapa de formación deben pasar un tiempo de inserción entre los pobres y mejor si es entre los pobres de una cultura diferente a la de ellos.



Investigación: tres tipos

La investigación de las ciencias sociales debe arrancar su inspiración de los pobres para que pueda tener influjo en una acción transformadora de la sociedad. Todos conocemos los principales tipos de investigación y análisis. El académico, que se hace en las universidades y que consiste primariamente en estudio, reflexión, investigación y redacción. El de planificación y diseño de políticas, que se realiza en las oficinas de los Estados, de las Naciones Unidas, de las ONGs y que tiende a conocer una situación dada para priorizar acciones o servicios. El de concientización y organización popular, que partiendo de la base, pretende movilizar a los marginados articulando sus necesidades con la lucha por la justicia.

Entre estos tres diversos tipos de investigación no suele haber la complementariedad necesaria. Los académicos suelen despreciar como faltos de cientificidad los estudios de los investigadores populares, y éstos acusan a los académicos de alejarse de la realidad y de las grandes mayorías y de estar obnubilados por los prejuicios inconscientes que genera la competencia interna dentro de la academia. A los investigadores de planificación se les tilda de burócratas, dependientes de la institución, impersonales y alejados de los órganos de decisión para los que trabajan.



Investigar para transformar: claves

Tres elementos debería tener el análisis que hacen estos tres tipos de investigación para lograr una base de mejor entendimiento y para poder confluir en una acción social transformadora:
- Que la motivación y orientación de la investigación sea resolver los grandes problemas de injusticia: la pobreza, la violencia, la destrucción del ambiente, la propagación del SIDA, la discriminación de la mujer, la corrupción política, etc., etc. Esta motivación determina la selección de los temas a investigar y el ángulo de interpretación. No es fácil la selección de los temas más relevantes, porque la libertad está condicionada muchas veces por los intereses de las instituciones y de los financiadores de los proyectos. Hay temáticas que no "venden" y otras que "están de moda". En cualquier caso, la orientación hacia la justicia debe tratar de mantenerse contra viento y marea.

- Que la investigación se conduzca con rigor académico, que sea autocrítica en sus presupuestos, que sospeche de sus fuentes, y que reconozca los límites de sus métodos. Especialmente, que esté atenta al efecto paralizante de los análisis de nivel macro, que frecuentemente contrastan con la esperanza de los pobres, que luchan día a día por la vida y, a pesar de los datos estadísticos, sobreviven "sin saber cómo", como concluyen muchas veces los investigadores, poniendo al desnudo su lejanía de la realidad. La investigación debe caracterizarse por la honradez intelectual reflejada en la teoría, el método y las técnicas. Y la ciencia debe reflexionar sobre sí misma para ver si no está sirviendo para sostener las injusticias.

- Que el análisis se realice en diálogo. Con frecuencia, el entrenamiento intelectual lleva, por la dinámica de la competencia, a un estilo individualista de trabajo. Debería existir diálogo entre quienes investigan la misma disciplina y entre las distintas disciplinas: la antropología, la economía, la historia, la sociología, la filosofía, incluso la teología. La globalización de la sociedad exige además un diálogo entre el nivel micro y el nivel macro. La investigación debe tener como uno de los principales criterios de la verdad de sus análisis el diálogo con los afectados, sea directamente o sea a través de las personas que están en la vanguardia de la acción social.



Acción e investigación: dos dinámicas

Según el objetivo que pretende, la acción social admite muy variadas clasificaciones. Hay acciones de acompañamiento, de asistencia, de desarrollo, de promoción de los derechos de las personas y de los pueblos, de conciencia de género, de defensa del ambiente, de solidaridad internacional, de cambio estructural. Según a las personas a quienes se dirige, también hay muchos tipos de acción social: con minorías étnicas, con marginados urbanos, con organizaciones campesinas, con migrantes, con enfermos del SIDA, con ancianos... Puede clasificarse también la acción social según el tipo de injusticia que pretende enfrentar, según el tipo de servicio que se brin- da o según la identidad de los activistas.
La acción social entra fácilmente en conflicto con la dinámica del análisis y la investigación. Las necesidades son urgentes, quienes están en primera línea conocen estas necesidades mejor que quienes investigan, no pueden esperar y les hace falta responder al ritmo diario sin poseer toda la información. La investigación, especialmente la académica, es demasiado lenta y pesada y no suele ayudar a los activistas, que la desprecian. "Intelectuales de aire acondicionado", "teóricos" -dicen-, "vénganse a ensuciar las botas", "sólo sacan libros que se empolvan en los anaqueles", "ganan grandes salarios y la gente muriéndose de hambre"... Todo eso dicen.

La acción social también merece críticas. Puede ser ciega o miope, sin análisis, y puede estar plagada de errores que dañan a los pobres: por la dependencia del financiamiento de las ONGs que crean algunos proyectos, por la imposición a la gente de los ritmos de trabajo de los activistas, por luchas suicidas cimentadas sobre análisis ideológicos, por acciones atropelladas y mal planeadas que terminan frustrando a los pobres... Como nos decía un técnico de talante crítico al ver nuestra secadora de granos en un municipio de Honduras: "Este es uno de tantos fósiles del inmenso cementerio de proyectos de América Latina". El activismo tiene una dinámica propia y se alimenta a sí mismo, más si existe mucho dinero detrás. Se asemeja al intelectualismo de muchos de los grandes proyectos de investigación, que también tienen una dinámica propia en la que terminan perdiendo el para qué.



Acción social eficaz: claves

¿Qué rasgos positivos debería tener la acción social? Entre la acción social y la investigación debería haber un influjo mutuo, de modo que la acción fluya del análisis y el análisis se alimente con la práctica. No se trata de que la acción se inicie al término de una investigación siguiendo una lista de recomendaciones. Además, nunca suele suceder así. Lo que ocurre, más bien, es que cuando la investigación toca la fuente inspiradora del pueblo, se desencadena un proceso que contagia entusiasmo. La investigación logra destacar un tema, ha valorado a una población olvidada, ha levantado un reto que es casi una aventura para la juventud. Entonces, como parte de ese proceso, se inicia la acción. Así lo hemos visto en muchas ocasiones. De una investigación realizada entre varios compañeros sobre los indígenas panameños surgió el compromiso de hacernos cargo de una parroquia en zona guaymí, con todo lo que eso supone de apoyo a la organización popular desde la experiencia religiosa. A partir de ese compromiso de acción fueron surgiendo problemáticas a investigar, como por ejemplo, la relación de los indígenas con la mina de cobre que amenazaba su comarca. A la par, cada estudio, más o menos sofisticado, que hacíamos apoyaba la lucha por la autonomía de la etnia guaymí.

Aunque en la mayoría de los casos, la acción social no parte de una investigación previa, sí debería partir del diagnóstico de las personas que sufren la injusticia y que serán involucradas en la acción de los activistas sociales. Con este diagnóstico, los activistas aprenden a seguir desde dentro los deseos de los pueblos y a detectar cuáles son las intuiciones de solución que pueden ser operativizadas con la ayuda externa. Se trata de un análisis participado con los pobres, en el que ellos son también investigadores. Desde esta óptica se entiende la recomendación de no apoyar proyectos diseñados desde fuera -que son inflexibles- sino procesos que permiten un espacio abierto para la creatividad de la gente a quien se acompaña. De esta manera se evita esa relación entre el activista-funcionario que viene a supervisar el proyecto y la gente que lo engaña, pues lo que le interesa realmente a la gente no es lo que le interesa al proyecto, sino las ganancias que puedan sacar de él.



¿Hacerle el juego al sistema?

La acción social no debe "hacerle el juego al sistema". Este es un tema que despierta mucha discusión, porque nadie está fuera del sistema y nadie puede decir que no se aprovecha de él. Sin embargo, lo que se pretende con este consejo -que suele darse en reuniones de reflexión sobre la acción social- es alertar sobre la posibilidad de que tratando de aliviar la pobreza de los pueblos sustituyamos, por ejemplo, al Estado en su responsabilidad de garantizar agua potable, mejorar el sistema de salud o asegurar la educación. Otro ejemplo puede ser el de quienes dicen -me parece que incorrectamente- que al apoyar la lucha por los derechos humanos en las maquilas se le hace el juego a los sindicatos norteamericanos, que se oponen a la maquila porque quieren recuperar empleos.

Realmente, no hay receta para saber cuándo se le está haciendo el juego al sistema. Lo importante es que la acción social tenga en cuenta no sólo las necesidades inmediatas que pretende aliviar, sino el contexto social y político en que se dan estas necesidades.



La necesaria institucionalidad

Hace falta que la relación entre investigación y acción, inspiradas ambas en el contacto de inserción con los pobres, se plasme socialmente, de alguna manera, en una institución, aunque sea pequeña, para asegurar que su incidencia en la transformación social sea duradera, aunque cambien las personas. En una sola persona se puede dar con éxito esa difícil tensión entre investigación y acción social, pero aunque esa persona sea una fuente de inspiración carismática para toda una institución, eso no basta.

El equipo elemental de una institución orientada a estas tareas consiste en un grupo de personas, unas dedicadas a la investigación y otras a la acción social, unidas todas en tareas concretas y comunes de promoción de la justicia.
Desde las universidades se ha intentado institucionalizar la relación investigación y acción y combinarla con la docencia. La realidad muestra que la docencia -aunque no debería ser así- le quita agilidad a ambas tareas. Docencia, investigación y proyección social se plasman dentro de las universidades en facultades, institutos de investigación y centros de proyección social, que posibilitan la aplicación de los estudios de los universitarios en el campo y en los barrios pobres de las ciudades. Ordinariamente, la integración de estas tres áreas deja mucho que desear y no es la única forma, ni la más incidente, en que el análisis universitario se convierte en acción. Ya decía Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana de El Salvador, que la misión de la universidad es la de ser conciencia crítica y propositiva de la sociedad. La continua expresión de esa conciencia le costó la vida.

Algo semejante le sucedió al obispo de Guatemala, Juan Gerardi, dos días después de haber presentado en cuatro volúmenes los resultados de una investigación sobre las violaciones a los derechos humanos durante la guerra, que demuestra que la inmensa mayoría de estos crímenes fue responsabilidad del ejército de Guatemala. Con una piedra le destrozaron la cara y la cabeza, indicando así simbólicamente la destrucción que pretendían hacer del informe del equipo de Recuperación de la Memoria Histórica, REHMI. En este caso, la investigación convertida en denuncia se hizo acción social, pero la acción no ha sido aún lo suficientemente poderosa como para desenmascarar las fuerzas militares que se ocultan tras el poder. Actualmente, la realidad de la mundialización está abriendo nuevos niveles de coordinación en redes alrededor de nuevos temas de investigación y acción: la búsqueda de alternativas a la pobreza o a la deuda externa, la integración del gran Caribe, las contrapropuestas al ALCA, etc.



Equipo coherente: claves

Aunque es difícil ofrecer algunas pistas que deberían darse en estas formas de coordinación, desde las que existen en el equipo de un centro social hasta las que hay en las universidades y las redes, sugerimos las siguientes:
- Que exista cierta unanimidad básica en lo que se pretende -la promoción de la justicia, entendida ampliamente- y que ese objetivo sea una realidad y no una mera palabra. Que haya claridad en los objetivos específicos y en las tareas de cada persona o institución que colabora. Esa claridad debe llevar a una selección de la información y de las tareas, para no ser abrumados por un sinfín de reuniones, de redes o de mensajes electrónicos.

- Que exista un personal con liderazgo dedicado a la coordinación y que esté apoyado por una administración eficiente. Dentro del personal debe existir espíritu de escucha y de confianza mutua, donde todos tienen algo que decir.

- Que la cuestión financiera se maneje con discernimiento con el objetivo de que los equipos de investigación o acción no sean dependientes de fondos -del Estado o de corporaciones- que les impidan la libertad de acción o la crítica social. El capítulo de las inversiones exige también discernimiento, para que los intereses del patrimonio que sostiene el trabajo no provengan de corporaciones que están explotando a los trabajadores en otras partes del mundo.

- Que los gastos que se hagan en proyectos de investigación o de transformación social -altísimos salarios, conferencias en hoteles de cinco estrellas- no sean una ofensa a los pobres cuya situación de pobreza se dice querer aliviar. Son proverbiales los sueldazos de los investigadores extranjeros en América Latina.
- Que la inserción entre los pobres de algunos miembros del equipo o institución sea tomada como una corresponsabilidad -"si ella está entre los pobres, todos estamos allí"-, como un correctivo testimonial y efectivo a las invevitables diferencias de niveles de vida que impone la realidad y nuestro mundo, especialmente si los profesionales tienen familia.



Familia y comunidad: su influjo

La relación entre investigación y acción se plasma socialmente en la familia, las amistades, la comunidad, en todas las formas de convivencia de los distintos integrantes del equipo. Al escribir un libro, los investigadores lo suelen dedicar a la esposa, hijas o hijos, que pacientemente lo soportaron y apoyaron. La familia tiene un influjo obvio en el trabajo de investigación, para que éste sea abierto o cerrado a la acción social. Tiene también influjo en la acción social de los miembros del hogar. La reflexión y el análisis espontáneo y continuo en el seno familiar, en el círculo de amistades y en la comunidad, influyen en la orientación tanto de la investigación como de la acción social.

Pero, como todo en la vida, no podemos hacer una reingeniería al gusto con la familia y con la parentela. En América Latina hemos crecido en medio de contradicciones ideológicas impuestas por la vida, donde el cuñado era oficial del ejército y el hermano estaba en la guerrilla. Sin embargo, creemos que existe un espacio de libertad para moldear la constitución, los hábitos y la orientación del hogar. El presupuesto es que no debe haber una dicotomía entre la vida familiar y la preocupación por la promoción de la justicia, de la que una de las dimensiones es la relación investigación-acción.



Hogar para el cambio: claves

En algunos hogares se alimenta positivamente la relación entre investigación y acción:
Porque existe entre los miembros del hogar una comunicación, adaptada a la edad, sexo y parentesco de cada uno, que incluye la reflexión informal sobre lo que se hace y sobre lo que se debe hacer. Esta reflexión, aireada en la mesa, en el juego, en todos los espacios, es un contrapeso desideologizador, integral y de sentido común al equipo de investigación y de acción. A la vez, es un soporte que alimenta el compromiso de por vida por la promoción de la justicia en momentos de fracaso, depresión, desempleo o traiciones. Si en este horizonte de reflexión crecen los hijos y las hijas, se les fomenta su orientación por la justicia en el mundo.
Porque se da una hospitalidad y actitud abierta a personas de diversas clases sociales y ocupaciones, pero especialmente a las personas pobres. Hemos visto casos ejemplares de investigadores o trabajadores sociales que en sus casas en las ciudades dan alojamiento al campesinado. Es una forma de mantener el horizonte episte- mológico de los pobres.
Porque en común hay descanso, convivencia, fiesta, vivencia de arte y de espiritualidad -aunque no sea religiosa-. En esos momentos de descanso se hace ruptura del trabajo serio y se lo relativiza, como algo que posiblemente apenas cambie el mundo. Se toma en broma la misma seriedad e intensidad que le dedicamos al trabajo. Después de todo, las grandes transformaciones han sido ajenas a nuestra responsabilidad y hay que aprender a verlas como un regalo de la vida. La espiritualidad de una familia donde los niños y las niñas juegan se opone a una ideología prometeica.
Porque la familia, el hogar, las amistades son metáfora viva de una nueva sociedad incluyente, igualitaria, respetuosa, abierta y alegre, que da esperanza a quien la mira y se acerca a ella. En sí misma, por su mera presencia contracultural en la sociedad, una familia así es un foco de cambio social.



Esperanza en una nueva sociedad

La fuente inspiradora de la integración de la investigación y la acción social para la promoción de la justicia son los pobres. Pero si esa promoción es inviable, si los fracasos han oscurecido las estrategias, si la misma posibilidad de una teoría global de la sociedad ha sido puesta en crisis y carecemos de un norte al cual tender, entonces la inspiración se puede convertir en un tremendo engaño. Nos hacen falta motivos de esperanza que no sean meras ilusiones.

En Centroamérica hemos intentado ya un par de veces, después de la caída del socialismo, montar seminarios de estudio sobre la imagen de una nueva sociedad y hemos recogido algunas lecciones que son motivo suficiente para proseguir la búsqueda intelectual y para no abandonar los trabajos de promoción de las bases. Una lista de las principales temáticas a profundizar marcan a la vez rasgos de la imagen de una nueva sociedad.

- En el terreno económico: la economía mixta entre el mercado y la planificación debería ser una alternativa a la absolutización ideologizada del mercado y a la fracasada centralización del socialismo. La economía debería orientarse a generar empleo, a mejorar el nivel de vida y a proteger el ambiente, no sólo a controlar y garantizar cifras macroeconómicas, aunque esto sea necesario. La riqueza no debería cimentarse en la especulación financiera sino en el aliciente de la producción.
- En el terreno social: la formación de la sociedad civil y la profundización de la democracia participativa deben ampliarse. En algunos de nuestros países el poder del ejército está todavía muy actuante. En otros, el abstencionismo electoral es una señal peligrosa. La ampliación de la participación de las mujeres en un mundo tradicionalmente machista es un proceso lento y necesario que debe engendrar una nueva sociedad. Desburocratizar, disminuir y modernizar el Estado es una tarea imprescindible, pero también lo es su fortalecimiento frente a los organismos internacionales. Contra el desprestigio de los partidos políticos un punto de agenda necesario es la revalorización de la vocación política y el enfoque de la transformación estructural a partir del poder local.

- En el terreno cultural: son tareas de la nueva sociedad la recuperación de la identidad de los pueblos y de sus valores, aplastados por la cultura globalizante de los medios de comunicación, y la revalorización de "la civilización de la pobreza" -como la llamaba Ellacuría- para enfrentar el consumismo voraz y depredador.
Se nos hace cada vez más evidente que cualquier solución a los problemas, por más que estén muy localizados en comunidades pequeñas, han de verse desde una perspectiva global. Aunque el capitalismo transnacional va provocando una brecha cada vez más profunda entre pobres y ricos, entre analfabetos y computarizados, entre indígenas que viven en los barrancos como si fueran seres del siglo pasado e indígenas cultos y profesionales -y podemos seguir dando ejemplos-, la globalización ha tenido efectos positivos que no se pueden negar. Uno de estos efectos es la conciencia de una ciudadanía universal y la posibilidad de una solidaridad, nunca antes imaginada. Esta solidaridad, que en tiempo de las guerras centroamericanas fue muy activa y organizada entre los países del Primer Mundo y las personas comprometidas con el cambio social, parece haber entrado en un momento de letargo. Es el momento para reorganizarla y revigorizarla, dentro de una concepción, no ya de dos bloques, sino de un solo mundo: la aldea global.



Un banquete donde todos quepan

Parecen hoy hacernos falta metáforas-raíces de la nueva sociedad. Algunos mencionan que la balsa salvavidas es una metáfora raíz de la sociedad excluyente. Sólo pocos caben en esa balsa y los que no entran, no tienen más remedio que ahogarse. Es una imagen del darwinismo social, donde sobreviven los más fuertes y mejor adaptados al medio. Ante esta imagen, en nuestros círculos de reflexión hemos manejado la imagen judía de la comida de fiesta, donde mientras más participan más hay, porque hay más trabajo, más entusiasmo para producir y más generosidad para compartir. Esta comida de fiesta suena a mitología. Pero los grandes mitos de la humanidad han sido portadores de esperanza, señal de que algo de verdad encierran.



Viendo el esquema podemos contemplar el camino y la dinámica que supone la integración de la relación entre investigación y acción. Partimos de los pobres como fuente de inspiración, lo que se logra en el contacto directo con ellos en la inserción. Este es el pozo inspirador de donde surgen las motivaciones para el esfuerzo por la promoción de la justicia, sea desde la actividad investigativa o sea desde la acción social. Se trata de un pozo cargado de negatividad, porque en él se palpa la injusticia en su sinrazón más directa. Pero en este pozo, mientras más oscuro, aparecen las luces de la esperanza que permiten hablar de una nueva sociedad en el futuro. En la risa de los pobres se adivina esa chispa de esperanza que alimenta la nuestra.

Esta inspiración influye en la relación entre investigación, análisis y ciencia, por un lado, y acción social, por el otro. Pero no influye en abstracto, sino que se plasma en concreto en relaciones estables, unas de trabajo y otras de vida. El equipo donde se da a la vez la investigación y la acción es el prototipo de la integración, en una unidad de trabajo, de la relación entre investigación y acción. La familia o el hogar es el prototipo donde se integran, en una unidad de vida, esas dos actividades. Entre equipo y familia existe una mutua relación de apoyo crítico que da raíces afectivas a un compromiso que, si es real, atravesará por muchas tormentas.
Así como la inspiración de los pobres impulsa porque su realidad está teñida de negatividad y se lucha por salir de ella, así la visión de una nueva sociedad atrae y da motivos de esperanza. Esa visión nos hace adivinar una imagen que no se puede delinear esquemática y racionalmente. Más bien, se perfila en una serie de luces que brillan en medio de la oscuridad. Viéndolas en su conjunto nos dan una idea de las posibilidades y de los retos que nos brinda esta difícil hora de la historia que nos ha tocado vivir.

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