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  Número 322 | Enero 2009
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Nicaragua

Sin ningún borrón y con muchas cuentas nuevas

Sin ningún “borrón” en el desmedido fraude electoral que organizó en las elecciones municipales del 9 de noviembre, el gobierno de Daniel Ortega inició el año listo para hacer realidad su proyecto de largo plazo. En un año incierto y difícil económicamente el proyecto de la familia presidencial enfrentará muchas “cuentas nuevas”.

Equipo Nitlápan-Envío

Desde el lunes 10 de noviembre de 2008 hasta el viernes 16 de enero de 2009 la crisis política provocada por el fraude electoral fue protagonista.

Ese segundo viernes del nuevo año Daniel Ortega sacó ya sus cartas para el 2011: liberó de toda responsabilidad penal a Arnoldo Alemán e inició una nueva fase del pacto, que debe llevar a los dos a la culminación de su sueño: una reforma constitucional que transforme el sistema político nicaragüense en un sistema parlamentario y los perpetúe a ambos y a sus partidos en el poder, excluyendo cualquier otra alternativa política. Bipartidismo forzado: un sueño que será una pesadilla para Nicaragua.

UN MODELO YA CONSENSUADO

Consumado el fraude -“lo robado, robado está” ha sido la consigna implícita en declaraciones y silencios oficiales-, Daniel Ortega inició 2009 calculando ya todo para cumplir sus aspiraciones en el 2011.

En ese año de elecciones presidenciales deben estar aprobadas en dos legislaturas unas reformas constitucionales que le permitan a él la reelección y que nos sumerjan en el parlamentarismo.

Ya existe un texto redactado por los magistrados del PLC y del FSLN. Ya lo han anunciado y reconocido. Ya está consensuado entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán en la Corte Suprema. En el nuevo sistema los electores votaremos sólo por las listas cerradas de diputados que presenten los partidos y serán los diputados los que elijan al Jefe de Estado y al Primer Ministro.

El modelo debe garantizar bipartidismo y alternabilidad en el poder a los dos caudillos y a sus dos partidos. ¿Ortega ocupando el cargo de Jefe de Estado -responsable de relaciones internacionales y de temas de defensa- y Alemán Primer Ministro o Presidente de la Asamblea Nacional?

Para hacer realidad este proyecto aguardan al Presidente Ortega nuevos retos políticos y económicos, nuevas cuentas, las económicas las más duras de enfrentar.

CUENTAS POLÍTICAS

El Presidente tiene el reto de reanimar el desgastado liderazgo de Alemán porque sólo así se garantizará los votos de los diputados alemanistas para aprobar la reforma. Necesita 56 votos. El FSLN tiene 38 en su bancada, y otros 11 (6 ALN y 5 “independientes”), vulnerables a chantajes, presiones o prebendas. Alemán tiene 25 votos en el PLC. Y aunque al día de hoy, todos afirman que jamás votarán ni por la reelección de Ortega ni por el parlamentarismo, sus negativas están bajo sospecha.

Alemán libre será más dinámico políticamente. Ortega necesita activo a Alemán entre sus diputados -que lo sigan considerando factor de poder- y entre las bases liberales que aún lo respetan -y hasta lo admiran- para que anule el liderazgo emergente de Montealegre y de su grupo. Los liberales alemanistas ya recorren el país ocultando la responsabilidad de Alemán en el fraude electoral de noviembre y achacándole a Montealegre las derrotas del PLC en 2006 y ahora en 2008 por “dividir” al liberalismo.

Saldar “cuentas” con Alemán no será difícil: éste seguirá siendo socio minoritario en el pacto y también rehén de Ortega. El 16 de enero Alemán recibió una libertad “condicionada” y ya se ocupó la Procuraduría de anunciar que el Estado también continúa impulsando otros casos de corrupción que tiene pendientes Alemán.

Para que le cuadran las cuentas políticas, Ortega debe aniquilar a la oposición, dejando sólo en el escenario político, como rivales-socios, a los liberales del PLC controlado por Alemán. Los ataques contra medios de comunicación, periodistas y organizaciones y personalidades de la sociedad civil críticos -que llegaron a un clímax de estridencia diaria en los meses de junio a noviembre de 2008- han entrado en pausa, para “enterrar” el escándalo internacional por el fraude electoral. Los medios oficiales han abandonado desde el inicio del año las permanentes campañas de difamación para concentrarse en propagandizar los logros económicos y los proyectos sociales del gobierno. Pero si las voces críticas de los medios y de las organizaciones cívicas persisten, la guerra continuará. El campo quedó minado.

En el liberalismo, Ortega tratará de asfixiar a Montealegre, que ganó protagonismo, credibilidad y madurez en la denuncia del fraude.

Después de la crisis post-electoral y de la nueva fase del pacto con Alemán, Montealegre dio por finalizada la alianza electoral que hizo con el PLC y su movimiento Vamos con Eduardo buscó cobijo jurídico en el Partido Liberal Independiente. El PLI fue fundado en 1944 como una disidencia del liberalismo somocista y ha conservado una trayectoria honesta, aunque irrelevante en los últimos años. Desde esta nueva casa roja, Montealegre ha convocado a todos los liberales anti-pacto y anti-caudillos a forjar la unidad liberal. Su compañero de fórmula para la alcaldía de Managua, Enrique Quiñónez, decidió quedarse dentro del PLC, dispuesto a organizar una corriente crítica que, desde las bases, socave hasta desmoronarlo el liderazgo de Alemán.

Mientras Alemán le asegura votos en la Asamblea y bases que rechacen a Montealegre, Ortega tiene en agenda enjuiciar a Montealegre por el caso de los bonos CENI y cancelarle la personería jurídica al PLI. Lo lograría fácilmente con el control que el pacto tiene, y ha probado con creces, en el Poder Judicial y el Poder Electoral.

CUENTAS CON EL SANDINISMO

Por el lado sandinista, el proyecto 2011 exige asfixiar también al MRS, que ganó más legitimidad y simpatías por el proceso con el que enfrentó la ilegal anulación de su personería jurídica, iniciado con la huelga de hambre de Dora María Téllez -despertador de conciencias- y por las posiciones siempre coherentes e independientes de sus tres diputados en la Asamblea.

Mientras en el MRS aseguran que recobrarán su personería jurídica para el 2011, Eduardo Montealegre aspira no sólo a disputarle el liderazgo a Alemán en las filas liberales, sino a encabezar una alianza nacional que enfrente con éxito las tendencias anti-democráticas de Ortega y lo derrote en 2011. Para esa coalición que convoca no sólo a los liberales, sino a ex-contras, conservadores y sandinistas del MRS.

En el discurso del grupo de Montealegre ya no se habla críticamente del sandinismo y siempre se refieren al orteguismo, al igual que por los esfuerzos del MRS ha logrado posicionarse entre muchos sandinistas críticos el concepto de danielismo para diferenciarlo del sandinismo. Son cambios lingüísticos que expresan una realidad política cambiante.

¿LIDERAZGOS CREIBLES?

La crisis de liderazgos políticos es evidente hoy en Nicaragua. La indignación popular por el fraude electoral lo demostró. A pesar de esfuezos dispersos, esa rabia no tuvo la conducción que merecía.

Causas tan justas y urgentes como la democratización del país y el compromiso compartido para construir una sociedad con equidad social no tienen al frente a líderes creíbles que vinculen efectiva y convincentemente ambas causas.

Mientras Ortega pretende contraponer los derechos sociales a los derechos civiles y políticos y trata de vender la idea de que el precio de cierta mejoría social para los más pobres -a eso le llama “revolución”- es la renuncia a la libertad de todos, en la oposición la justa lucha por una institucionalidad democrática aparece a menudo muy alejada de las postergadas aspiraciones de los más pobres y nunca va acompañada del reconocimiento autocrítico de que los largos años de insensibilidad social, derroche y corrupción de los tres gobiernos de las “fuerzas democráticas” que precedieron al de Daniel Ortega son también causa de que él esté donde hoy está y pueda hacer lo que hoy hace.

SIMPATÍAS Y ANTIPATÍAS

La falta de credibilidad en los liderazgos opositores está favoreciendo a Ortega, a pesar de sus errores. Si las encuestas nos dan pistas sobre los liderazgos nacionales más visibles, la última de M&R, realizada después del crucial 16 de enero, nos muestra que Ortega mantiene lo que los votos ya dijeron en 2006 (34.1% de aprobación contra 59.7% de desaprobación). Muy parecidos son los porcentajes sobre la Presidenta de facto Rosario Murillo (31.6% a favor vs. 61.4% en contra), a pesar de las antipatías que ha decidido ganarse desde que llegó al gobierno a asumir poderes omnímodos.

Montealegre no aparece como un líder nacional: tiene un empate (46.7% de simpatías contra 45.7%). Mejor posición tiene el coordinador de la alianza MRS y ex-candidato anaranjado Edmundo Jarquín (59.5% vs. 28.4% de opi¬nión negativa). Jarquín está pugnando con Montealegre por en¬cabezar la alianza opositora a Ortega.

El personaje público con más simpatías es el alcalde sandinista saliente de Managua Dionisio Marenco (87.2% positivo contra 5.8% negativo). Marenco ha sido totalmente aislado dentro de su partido por su bien ganadapopularidad. Esto convierte su futuro político en una de las mayores incógnitas de este momento.

Libre Alemán, declaró sin pudor alguno que aspiraría a ser candidato presidencial en las elecciones de 2011. En esta encuesta de M&R, Alemán obtiene la más alta opinión negativa (79.5% vs. 13.9%), rechazando el 87% de los encuestados que se lance como candidato presidencial en un par de años.

EL MAYOR RIESGO

Daniel Ortega y Arnoldo Alemán decidieron arriesgar capital político en la jugada extrema del 16 de enero, por la que Alemán quedó libre y entregó a Ortega el control de la Asamblea Nacional -único espacio que escapaba al ordeno y mando de Ortega y a los intereses del pacto- para asegurarse el futuro de un parlamentarismo legalizado y permanente.

Cuando en 1998 -Alemán en la Presidencia y Ortega en la “oposición”- se hicieron socios tenían el plan de repartirse a partes iguales los espacios institucionales del Estado y garantizarse una permanente alternabilidad en el poder imponiéndole a Nicaragua el bipartidismo PLC-FSLN.

El gobierno de Enrique Bolaños representó un paréntesis para las pretensiones de ambos y colocó a Alemán -condenado por corrupción- en la posición de socio minoritario, pero no significó el fin del pacto, que no sólo ha consistido en una reforma constitucional y electoral y en una continua repartidera de cargos, sino que está también entramado de vínculos personales, intereses y relaciones políticas y negocios comunes.

Diez años después, Ortega y Alemán vuelven por sus fueros. El obstáculo son los cambios que ha experimentado el escenario político. Durante los oscuros cinco años bolañistas, la izquierda autoritaria, representada por el danielismo del FSLN, vio crecer una izquierda democrática, organizada en el MRS y aún desorganizada. Y la derecha autoritaria, controlada por el alemanismo desde el PLC vio surgir una derecha democrática, liderada hoy por Montealegre y también no organizada bajo su liderazgo. Que estos grupos que provocaron rupturas en ambos lados del espectro político y que han participado ya, con éxitos, en contiendas electorales, sigan existiendo, crezcan y se fortalezcan representan el mayor riesgo para el pacto.

PLANES ELECTORALES
PACTADOS

El fraude electoral ya tenía el claro objetivo de forzar el bipartidismo. En mayo de 2008 fue el PLC el que solicitó al Consejo Supremo Electoral (CSE) la cancelación de la personería jurídica del Partido Conservador y del MRS para que ambas agrupaciones anti-pacto no participaran en los comicios municipales. Lo logró.

Después, el CSE, con el respaldo del PLC, despojó a Montealegre de su agrupación ALN y se la entregó a un grupo de liberales afines al proyecto bipartidista, para que Montealegre no participara en los comicios. No lo lograron, porque Montealegre aceptó firmar una alianza con el PLC, lo que le permitió poner a algo menos de la mitad de los candidatos a alcaldes en los 146 municipios en disputa en noviembre. Entonces, el fraude acordado entre los magistrados electorales del FSLN y los del PLC debía garantizar que, aunque Montealegre y los suyos participaran, no ganaran.

Y así fue. Después de la liberación de Alemán, el magistrado electoral René Herrera, “un hombre super-inteligente, nombrado por Alemán en el Consejo Supremo Electoral con la misión de hacer un fraude de filigrana a favor de Daniel Ortega” -como dijo en Envío de este personaje el brillante escritor liberal León Núñez, anunciando lo que sucedería en las presidenciales de 2006- lo reconoció.

LO SABÍA Y LO QUERÍA

En un escrito en el diario “La Prensa” del 23 de enero, titulado Catástrofe por un sueño equivocado, Herrera desnuda, explícita e implícitamente, lo ocurrido el 9 de noviembre y en los días sucesivos afirmando que los resultados de las elecciones municipales -aunque logrados no por filigrana alguna- fueron previstos por Alemán, y hasta queridos por él, ya que lo que estaba en juego para Alemán -y para Ortega- era desembarazarse del liderazgo alternativo que Montealegre le disputaba en el liberalismo.

Asegura Herrera que Montealegre y los candidatos de su movimiento perdieron por carecer de base. Dice que el alegato de fraude fue solamente un “circo mediático” y que “la trinchera invencible” que Alemán se reservó con sus candidatos ésa no se perdió porque las bases liberales son alemanistas.

Desde que llegó al Poder Electoral, Herrera ha luchado por conseguir la libertad de Alemán y lo ha logrado llevando a Ortega al gobierno nacional en 2006 y en 2008 a los orteguistas a los gobiernos locales. Ahora, apuesta con entusiasmo por las reformas constitucionales, asegurando que le darán a Nicaragua “una estabilidad política y económica de 50, 60, 70 años”.

LAS CUENTAS ECONÓMICAS

El gobierno no esperaba una reacción tan consistente de la comunidad internacional ante el fraude electoral. El congelamiento de 95 millones de dólares que el Grupo de Apoyo Presupuestario (UE, gobiernos europeos, Japón…) se habían comprometido a aportar al presupuesto del 2008 y al del 2009, y otro congelamiento, el de 63 millones de dólares aún pendientes de la Cuenta Reto del Milenio, programa financiado por el gobierno de Estados Unidos, son las dos medidas económicas más significativas dentro del cerco de descrédito político internacional que el fraude electoral le ha causado al gobierno de Nicaragua.

Aunque hasta en su mensaje de fin de año el Presidente sostuvo que Nicaragua sortearía la crisis mundial con el apoyo de sus nuevos socios -Venezuela, Irán, Rusia- y por estar bien posicionada en el nuevo mundo multipolar, ese triunfalismo lo ha ido moderando el peso de la realidad.

El 20 de enero el Presidente anunció cómo piensa sortear la crisis. Un agudo comentario a las limitaciones del plan gubernamental y un panorama desolador de las finanzas públicas los ofrece en las siguientes páginas de este mismo número el experto en derecho fiscal Julio Francisco Báez.

MILLONES PARA EL AGUJERO

Aunque el escenario del 20 de enero era el habitualmente cargado de flores, las caras de quienes acompañaron al Presidente a anunciar el plan anti-crisis eran inusualmente serias y taciturnas. No es para menos. Las cuentas económicas serán las más complejas de saldar.

Difícilmente los recursos de libre disponibilidad que aportaba el Grupo de Apoyo Presupuestario y que sostenían una porción significativa del presupuesto nacional regresarán.

El gobierno anunció que taparía ese agujero solicitando préstamos al BID ($300 millones), al BCIE ($200 millones), emitiendo bonos, usando reservas internacionales y confiando en la extrema flexibilidad que hasta ahora ha tenido con Ortega el FMI para permitirle estas heterodoxias y a pesar de ellas, desembolsarle 100 millones de dólares según lo acordado antes del fraude en el programa trianual ya firmado. Ninguna de estas tres instituciones multilaterales ha reclamado, ni reclamará, por el fraude electoral. Les son suficientes las cifras macroeconómicas. El gobierno confía -y seguramente no se equivoca- en que la cooperación bilateral de algunos de los países europeos no se irá o se restablecerá en importantes proyectos sociales y de inversión pública del gobierno. Varias señales ya hay en ese sentido de Italia y España...

ENVUELTOS EN LA CRISIS

La crisis internacional ya se está sintiendo en el país. La inversión extranjera no llega. El mal récord del gobierno por su actuación contra empresas como Tropigás o Barceló, ha provocado desconfianza y extrema cautela en la empresa privada nacional y transnacional. Los precios internacionales de los productos tradicionales de Nicaragua -carne, maní, café- han bajado. Sólo los lácteos y el oro se mantienen. La exportación de mariscos se ha desplomado.

Las exportaciones de textiles desde nuestras maquilas han descendido mes tras mes. 22 mil puestos de trabajo se han perdido ya en maquilas que se van cerrando o reduciendo personal. Las remesas familiares -sostén cotidiano del consumo popular- están reduciéndose y la crisis en Estados Unidos y también en Costa Rica las reducirán más, aunque no se reduce la migración. En el primer semestre de 2008 el éxodo nica hacia Costa Rica creció del 11% al 25%. Más de la mitad de los nicaragüenses afirman que su prioridad es emigrar, convencidos de que es mejor ser pobre en cualquier otro país que serlo en su patria.

Además, la ayuda venezolana no podrá ser tan generosa como prometió tantas veces Chávez. En diciembre, Daniel Ortega afirmó que se sentía “más libre” sin la cooperación de los “colonialistas europeos” y anunció que la sustituiría con la cooperación venezolana. Sin rectificar esta fantasía, ya varios altos funcionarios reconocen que no tendremos ni más libertad ni más petrodólares.

Aunque el gobierno nunca ha dado información comprobable sobre lo que recibe y gasta de los fondos petroleros y no petroleros que aporta Venezuela, y aunque tampoco dio en su plan anti-crisis ninguna cifra sobre lo que no recibirá o no podrá gastar este año, la baja de la producción petrolera en Venezuela y la drástica caída de los precios internacionales del petróleo le anuncian a Ortega que los petrodólares también se han ido por un agujero negro.

EL GRAN PERDEDOR

El “desenlace” de la crisis política evidenció obviedades: la vigencia del pacto Ortega-Alemán, el control político que Ortega ha tenido siempre sobre el caso judicial de Alemán y la influencia que Alemán continúa ejerciendo sobre una mayoría de los diputados de su partido PLC. Mostró también la nula reacción de las bases del FSLN ante este ominoso final del caso Alemán. “Otra gran jugada del comandante”: así ha visto la mayoría del danielismo el último acto de este sainete que ha durado cinco años.

¿Podía ser de otra forma? La libertad total de Alemán por decisión de su carcelero Ortega ha sido un hecho tan esperado durante tanto tiempo que al momento de producirse las reacciones del resto de la exhausta sociedad nicaragüense no guardaron ya proporción con la gravedad del acontecimiento.

Evidentemente, Ortega resultó ganador en esta “jugada”, porque la junta directiva de la Asamblea Nacional configurada el 16 de enero con los votos facilitados por Alemán le garantizan durante los próximos dos años el control del Parlamento y también porque en las quince comisiones legislativas, organizadas por la nueva junta directiva, el FSLN tendrá durante dos años el control de once y un control total en la comisión económica, la más estratégica de todas para ir solventando las nuevas cuentas que tiene ante sí el Presidente.

Aún libre y liberado, el gran perdedor de esta “jugada” es el propio Alemán. Su liderazgo está cada vez más desacreditado entre las bases liberales, que tienen ahora una prueba más para responsabilizarlo de haber llevado de nuevo al gobierno a Ortega y de entregarle después todo lo que le ha pedido. Alemán aparece hoy como apañador del fraude electoral y sólo haciendo un teatro cuando lo denunciaba a la par de Eduardo Montealegre en los difíciles días de noviembre. Si caro le costó a Ortega el fraude, caro le costará a Alemán este nuevo episodio del pacto.

¿DUEÑO DE TODO?

El año se presenta muy difícil económicamente. En el Presupuesto 2009 presentado por el Ejecutivo en octubre de 2008 el gobierno calculó un crecimiento para este año de 4.2%, lo que ya resultaba extremadamente optimista, pues la crisis internacional y sus obvias consecuencias en Nicaragua eran suficientemente conocidas. Aún hoy continúa siendo optimista y anuncia un crecimiento del 2.5%, cuando otras voces bien informadas alertan de un crecimiento cero.

Seguramente la pequeña economía nicaragüense no colapsará, pero sí puede extenderse el malestar social por el hambre, el desempleo, la desesperación y la delincuencia. Y el gobierno, además de tratar de recuperar el apoyo de la comunidad internacional, enfrentará protestas populares por reivindicaciones económicas, organizadas o espontáneas o caóticas. El clientelismo sufrirá recortes y no podrá dar respuestas a todo. Y las solapadas contradicciones y “pasadas de cuenta” al interior del Frente Sandinista entre empresarios y “revolucionarios” se agudizarán.

Ortega confía sortear la crisis económica, porque confía que, mal que bien, temprano o tarde, la cooperación internacional no dejará totalmente abandonada a Nicaragua. Confía también en resolver las cuentas políticas manteniendo el control de las instituciones, la red local de los CPC y el monopolio de las calles y de la violencia callejera contra cualquier oposición que lo desafíe, como ya lo ha demostrado.

A pesar de la crisis, se siente ganador. Ya se ha adueñado de todo. Menos de la mente y el corazón de buena parte de los nicaragüenses. Por eso tuvo que recurrir al fraude. Por eso aún nos falta mucho por ver.

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