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  Número 319 | Octubre 2008
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Nicaragua

Posoltega: enterrados ayer, desterrados hoy

El deslave del volcán Casita los aterró. En aquellos días aciagos enterraron a más de dos mil quinientos de sus paisanos: niñas, niños, ancianos… Tan drástico cambio en la pirámide poblacional ha propiciado el destierro de muchos de ellos, que hoy se van como migrantes a Costa Rica. Desde hace diez años todo cambió en Posoltega, especialmente en ese “país de hombres libres” que es El Tanque.

José Luis Rocha

Posoltega fue un caso emblemático de afectación por un desastre natural y de reconstrucción decidida y tesonera, aunque erizada de las inquinas entre organizaciones gremiales, del oportunismo de los terratenientes, de la competencia entre ONG, de las rémoras legales de la burocracia y de la insolencia de los altos funcionarios, que se sintieron retados por el diminuto y habitualmente inocuo poder local.

EN LA MIRA: MIGRACIONES Y DEFUNCIONES

El huracán Mitch dejó a su paso 3 mil 45 muertos en toda Nicaragua, 2,513 (83%) fueron sepultados por el deslave del volcán Casita, ubicado en el municipio de Posoltega, en el departamento de Chinandega. La ayuda externa fluyó como catarata hacia ese rincón del país. La administración municipal amplió sus servicios y desarrolló una capacidad técnica imprevisible. La alcaldesa sandinista Felícitas Zeledón, alcanzó años después, el lustre de una diputación. Y cierto sector de la cooperación alemana intentó construir un programa modelo de rehabilitación en la comunidad de El Tanque, el asentamiento que acogió a muchos de los sobrevivientes de las cooperativas Rolando Rodríguez y El Porvenir, las más afectadas por el deslave.

En otras ocasiones me he ocupado de los tropiezos que podríamos llamar coyunturales en la constitución de esa comunidad y en el entorno nacional. Han pasado diez años desde aquella tragedia. Hemos ganado perspectiva para analizar algunos de los cambios producidos y sus raíces. He buscado ahora centrarme en condicionantes estructurales que no afloran a simple vista y que no han sido objeto de reflexión: las migraciones y las defunciones.

Basándome en dos censos y en historias de vida de habitantes de Posoltega, he querido analizar los cambios en la inserción de los posolteganos damnificados por el Mitch en el modelo agroexportador como minifundistas semi-proletarios que aportan mano de obra a las grandes haciendas de monocultivo. Este análisis presta especial atención a la estructura ocupacional, a los destinos de los productos agrícolas, a las migraciones y a la pirámide poblacional.

Un censo en Los Zanjones, como grupo de control por no haber sido afectado por el Mitch, ayudará a contrastar mejor los cambios ocurridos en El Tanque. Uno de los censos en El Tanque -con 142 hogares- lo apliqué en coordinación con los brigadistas de la Defensa Civil liderados por Gerardo Reyes. El otro censo fue realizado por la antropóloga suiza Anouk Zulauf y cubrió 155 hogares, con entrevistas a más del 80% de los jefes o jefas de hogar o a sus cónyuges y a otros miembros del hogar. Las diferencias en la cobertura se deben fundamentalmente a las diferentes épocas del año en que fue recogida la información. El primer censo coincidió con la temporada alta de migración hacia Costa Rica, cuando incluso familias enteras migran y algunas viviendas permanecen durante semanas y meses completamente yermas.

GANADERÍA, BANANO, ALGODÓN... DE QUIÉN SON ESTAS TIERRAS

Posoltega se constituyó como municipio en 1862. En la primera mitad del siglo 20 fue escenario de una silenciosa expansión de la ganadería extensiva, que arremetió con fuerza deforestadora entre 1900 y 1945 y configuró una estructura agraria, basada en el binomio latifundio ganadero-minifundio campesino de granos básicos. Así lo afirma Angélica Fauné. Posteriormente hubo un período bananero y se inició la producción cañera en la llanura como efecto de la onda expansiva del Ingenio San Antonio, propiedad de la familia Pellas, el clan con mayor capital del país. Pero el municipio adquirió cierta relevancia económica hasta el auge del cultivo del algodón en la década de los años 60. Entonces su extensión territorial aumentó a 199 kilómetros cuadrados y su cabecera municipal fue elevada a la categoría de ciudad y convertida en sede del Centro Experimental del Algodón.

El algodón arrasó con los restos de bosque, desplazó a los campesinos hacia la cúspide de las faldas del volcán Casita, concentró la propiedad de la tierra en manos de una emergente burguesía agraria y semi-proletarizó a gran parte del campesinado. Se produjo así un tipo de campesino con escaso acceso a la tierra, que no cuenta con suficiente capital de trabajo para hacer producir la que tiene y que por ello recurre a la venta de su fuerza de trabajo para completar sus ingresos.

La semi-proletarización consiste en que los campesinos tienen tierra apenas suficiente para dedicarla a cultivos de auto-subsistencia y deben trabajar como mozos en las grandes haciendas durante ciertas temporadas, especialmente en las épocas de cosecha. El antropólogo estadounidense Michael Taussig ha estudiado el impacto que sobre los campesinos latinoamericanos tiene la proletarización, esa transición de un régimen pre-capitalista a un sistema capitalista, donde la mano de obra es una mercancía más y las relaciones humanas se transforman. Ha mostrado cómo esta transición fragmenta e impugna la interconexión orgánica que existe entre el imaginario y las realizaciones -el alma y las manos- del mundo campesino. La reacción es la producción de explicaciones según patrones preestablecidos en la cultura grupal. Esto permite arrojar luz sobre el papel y la naturaleza de algunas interpretaciones campesinas del desastre y de los cambios.

DE BENEFICIARIOS DE LA REVOLUCIÓN A VÍCTIMAS DEL MERCADO

A fines de los años 70, el semi-proletariado posoltegano conformó un movimiento de lucha por la tierra que inició sus actividades con la toma de la finca El Porvenir y las fincas pertenecientes a la empresa Agropecuaria Bellavista, S.A. Bajo las consignas “La tierra para el que la trabaja” y “Tierras ociosas para manos laboriosas”, se formaron la Comunas Agrícolas Sandinistas, base agropecuaria de un nuevo Estado en proceso de gestación y germen de las primeras cooperativas aprobadas por la Junta de Reconstrucción Nacional en los albores de la revolución sandinista de los años 80. Para entonces, la extensión territorial de Posoltega fue reducida a los 124 kilómetros cuadrados que actualmente tiene.

En 1981 las cooperativas Rolando Rodríguez, El Porvenir, Augusto C. Sandino y Rigoberto López Pérez, entre otras, fueron beneficiadas con títulos de propiedad colectiva por el gobierno revolucionario. Les fueron concedidas las tierras sobre las laderas del Casita que en 1998 resultarían afectadas por el deslave provocado por las intensas lluvias del huracán Mitch.

Terminada la revolución, el giro que supuso el paso de una economía de planificación estatal a una economía de mercado, con su anexa ola de privatizaciones, creó una situación conflictiva a las cooperativas de reforma agraria. Éstas pasaron a formar parte de un sector especial denominado Área Propiedad de los Trabajadores (APT). En el municipio de Posoltega, el APT estaba integrada por la Empresa Agropecuaria Carlos Agüero, S.A. y por ocho grupos cooperativos que manejaban un área de 772 manzanas, 60 de las cuales pertenecían a la cooperativa Rolando Rodríguez y 48 a El Porvenir. Los Callejas y los Ulloa -hacendados a quienes el gobierno sandinista confiscó esas tierras- las reclamaron y, aunque fueron indemnizados, su reclamo persiste hasta hoy y pende amenazante, como espada de Damocles, sobre los cooperativistas actuando como un factor que desencadena tensiones y desembramientos.

Cuando los cooperativistas atribuyeron el deslave del volcán a las obras que los Callejas-Deshón estaban haciendo en el cucurucho del Casita, estaban expresando la tensión sostenida entre el gran capital y los intereses de la fuerza laboral agrícola. También expresaban una vaga conciencia de que los desastres naturales no son con frecuencia enteramente “naturales”. Estaban recurriendo al mecanismo que encontró Taussig: explicar un fenómeno de difícil comprensión -en esta ocasión un desastre natural repentino y brutal y no la transición al sistema capitalista- en términos de una cultura grupal asimilada en los años 80 y proclive a identificar causas económicas y político-sociales.

MENOS AUTOCONSUMO Y NUEVOS CULTIVOS

El Tanque es un asentamiento que inicialmente fue integrado mayoritariamente por sobrevivientes de las cooperativas Rolando Rodríguez y El Porvenir. A lo largo de la década que transcurrió desde su fundación hasta el día de hoy, algunos no damnificados compraron unas pocas casas y parcelas en El Tanque a sus pobladores originales. Estos adquirientes son generalmente familias de los alrededores, algunas incluso tuvieron o tienen tierras en el Casita, pero no residían allí cuando el Mitch.

En el tránsito desde El Porvenir y la Rolando Rodríguez hasta El Tanque, muchos usos y costumbres fueron cambiando. Un cambio significativo es perceptible en la estructura de consumo y de ventas. El 20% de los habitantes de El Tanque declara que solía dedicar el fruto de sus cosechas al autoconsumo. En la actualidad, sólo el 12.6% lo hace. En la comunidad de Los Zanjones -que no fue afectada por el Mitch- el descenso del autoconsumo apenas fue del 23 al 19%, manteniéndose casi en el nivel que los productores de El Tanque tenían antes del huracán.

La producción campesina para el autoconsumo es una constante en las unidades económicas insertas en el binomio latifundio de monocultivo-minifundio campesino de granos básicos, que a veces incluye frutales y hortalizas. El autoconsumo ha sido una pieza fundamental para que ese modelo funcione. Y fue una constante del campesinado semi-proletarizado de las planicies del Pacífico.

Según el libro El campesino-finquero de Cristóbal Maldidier y Peter Marchetti, las planicies del Pacífico concentran “la agroindustria nacional tanto exportadora -ingenios o mataderos- como alimentaria, con aceiteras, alimento balanceado para animales y leche”. En la actualidad ya no se trata de un latifundio de pastos para el ganado ni de algodonales. “Una parte de las grandes estructuras algodoneras pasaron en los años 80 a manos de los campesinos bajo la forma de cooperativas, con sistemas de producción especializados y altamente mecanizados. Poco a poco, el algodón ha sido sustituido por otros cultivos como el maíz, el sorgo y la soya”. Maldidier y Marchetti sostienen que en las pequeñas fincas “se encuentran sistemas de producción intensivos y diversificados, que combinan, según los casos, granos básicos, frutales, musáceas, tubérculos y ajonjolí. La cercanía de la capa freática o las altas reservas en agua de algunos suelos permiten, en algunas microzonas bajas de las planicies, un ciclo adicional de cultivo en apante como la sandía o el melón, llamados cultivos de humedad”.

EN COSTA RICA ESTÁN AHORA LAS OPORTUNIDADES

Esta economía de patio, de solar o pequeña parcela permitió una producción de autosubsistencia apenas suficiente para reproducir una mano de obra que debía permanecer como un ejército laboral de reserva disponible en las temporadas de cosecha (caña y café) que demandan numerosa mano de obra. La introducción del maní y la soya en las planicies de Chinandega y León, siendo cultivos que desplazan mano de obra, generó cambios notables, reduciendo la producción de autosubsistencia desde un presumible 80% a un 20%. Al realizar una actualización de El campesino-finquero, casi una década después de la primera versión, Alfredo Ruiz y Yuri Marín encontraron que en las planicies del Pacífico se encuentra más del 40% del maní, la soya y el ajonjolí que se cultivan en Nicaragua.

Los pobladores de El Tanque calculan que donde una finca algodonera demandaba veinte mozos, a una finca manicera o soyera le basta con dos. Las migraciones hacia Costa Rica se incrementaron para cubrir este déficit de oportunidades laborales y de ingresos en un contexto altamente inflacionario. Según la Encuesta Nacional de Medición de Nivel de Vida de 2001, Chinandega es el cuarto departamento de los 17 que tiene Nicaragua donde más hogares reportan miembros que residen fuera del país: 20%. La mayoría de sus emigrantes van por temporadas a Costa Rica. Estudiosos de las migraciones calculan que en el año 2000 alrededor de 105 mil nicaragüenses migraron temporalmente a Costa Rica.

Esta cifra ha ido creciendo año tras año. Se estima que sólo el sector agroexportador agrícola costarricense absorbe estacionalmente a 60 mil trabajadores nicaragüenses. Patricia Alvarenga Venutolo estimó que el 75% de las labores agrícolas en Costa Rica las realizan trabajadores originarios de Nicaragua y que las fincas bananeras ticas suelen depender de un 40% de mano de obra nicaragüense. Eduardo Baumeister calcula que la mano de obra estacional nicaragüense en Costa Rica es el 83% de la fuerza laboral en el cultivo de caña de azúcar, el 75% en el cultivo de frijoles, el 66.7% en el de naranja, el 63.2% en el café, el 50% en el melón y el 45.7% en el banano.

TRABAJO EN COSTA RICA, VACACIONES EN NICARAGUA

El sistema ha ido cambiando. La mano de obra nicaragüense está hoy más inserta en un mercado laboral regionalizado, rompiendo aceleradamente con el esquema tradicional: un ejército de reserva que subsiste con la producción de su minifundio mientras se le abren oportunidades de trabajo en las estaciones de cosecha, una o dos por año. En Costa Rica, la sólida y gigantesca industria agroexportadora tradicional y una emergente agroexportación no tradicional ofrecen empleo a los nicaragüenses en diferentes épocas del año en cortes de café, caña, banano, fresa y melones, a los que se añaden la construcción y el trabajo doméstico.

Los períodos de baja demanda laboral son breves y poco numerosos. Cuando regresan a su país, cargados con los jugosos ahorros posibles merced a unas remuneraciones que llegan a más del 300% de lo que hubieran recibido en Nicaragua, los migrantes toman uno, dos y hasta tres meses de vacaciones, desdeñando como oprobioso el ejercicio de mover un azadón o blandir un machete. Administrados de manera no dispendiosa, los ahorros cubren los gastos familiares durante todo el período vacacional. En caso de emergencia, pueden acceder a trabajar durante un par de semanas en los cañaverales de los Pellas, cuyo contratista y trailer pasan diariamente en busca de nuevos y viejos reclutas, una especie que la misma migración ha hecho escasa y mejor cotizada.

EL TANQUE: “PAÍS DE HOMBRES LIBRES”

Por ser una comunidad campesina representativa de la zona, con casas dispersas y una producción de granos básicos en lotes pequeños, la inserción de Los Zanjones en el sistema tradicional fue siempre superior a la de la Rolando Rodríguez y El Porvenir, que eran cooperativas dotadas con entre 4 y 15 manzanas de tierra por socio, una cantidad suficiente para liberarse del sistema de semi-proletarización al que Los Zanjones estaban condenados.

De acuerdo al registro catastral de la alcaldía de Posoltega, la Cooperativa Rolando Rodríguez posee las fincas Santa Narcisa y El Socorro, que abarcan 371.06 y 296.88 hectáreas respectivamente, para un rango de 7 a 15 manzanas por socio. El título de reforma agraria concede las 1,091.767 manzanas de la finca El Porvenir a 113 socios, a un promedio de 9.66 manzanas por socio. Una vez que estas fincas fueron desmembradas, a los socios les correspondió un rango de entre 4 y 12 manzanas. La dotación de tierra de esas cooperativas era de mejor calidad y su volumen per cápita superior al promedio de 2.56 manzanas del semi-proletariado del Pacífico. Y aunque el incremento poblacional hizo que las nuevas generaciones fueran cayendo nuevamente en el sistema de semi-proletarización, no lo hicieron en la misma medida que Los Zanjones.

En el caso de El Tanque (ex-Rolando Rodríguez y ex-El Porvenir) la desvinculación de este sistema se aceleró. ¿Cuáles fueron los factores que activaron un mayor descenso de esta economía de autoconsumo? En primer lugar influyó un rasgo determinado por la política. Como cooperativistas beneficiarios de la reforma agraria, los socios de la Rolando Rodríguez y El Porvenir ya habían roto con ese esquema de división del trabajo.

En su marco de valores, la independencia laboral es un bien muy preciado. Este rasgo es reforzado por su condición de gente de la cordillera: habitaban las faldas del Casita, “un país para hombres libres”, como generaliza Braudel a partir del Mediterráneo. Pero para poder mantener este espíritu de independencia se necesitaron dos oportunidades económicas: las tierras de El Tanque y la migración.

TIERRA REPARTIDA, TIERRA DE MELONES

Después de la devastación del Mitch, la cooperación alemana compró El Tanque -de la finca Carlos Agüero, propiedad de activistas de la Asociación de Trabajadores del Campo- pagando el embargo bancario que pesaba sobre ella. La distribución de las tierras en el asentamiento siguió una pauta inusitada y bastante bien pensada: se asignaron 1.5 manzanas por familia damnificada en el lugar de la vivienda, y se añadieron otras manzanas como propiedad colectiva. En la actualidad, el 41% mantiene su parcela de 1.5 manzanas, el 4.5% ha vendido la totalidad de esa parcela o son nuevos residentes que compraron la casa pero no la parcela, el 31% ha vendido entre 0.25 y 1.25 manzanas y el 25.3% ha comprado entre 0.25 y 4.5 manzanas para añadirlas a las 1.5 que ya tenían.

Toda la tierra permanece dentro de la comunidad. Lo confirma el constante promedio de 1.5 manzanas. La fragilidad legal de ese pequeño mercado de tierras -debido a las rémoras legales de la titulación- ha favorecido su carácter endogámico. La mayoría de quienes han vendido son los jefes o jefas de hogar que vieron aterrados a hijos, padres, parientes, que perdieron a la totalidad o a la casi totalidad de los miembros de su núcleo familiar.

Los lotes de El Tanque contienen subsuelos cuya retención de agua y humedad es óptima para el cultivo de melones. Cerca del 30% de los jefes de hogar de El Tanque son meloneros a tiempo completo o parcial. El cultivo de melones y de otras hortalizas ha disparado la conexión de los agricultores de El Tanque con los mercados de León, Chinandega y la ciudad de Posoltega en más de 7 puntos porcentuales con respecto a la situación pre-Mitch. Y la conexión no sólo la tienen los productores: existe ahora un 11% de ex-agricultores y amas de casa que se dedican al comercio, viajando dos o tres veces por semana a vender melones, otras hortalizas y frijoles. La proximidad a los populosos mercados urbanos y la disponibilidad de suelos aptos para cultivos de interés en esos mercados produjo un giro ocupacional que permitió romper con la economía de autoconsumo-peonaje en las haciendas cañeras y cafetaleras.

EN COSTA RICA GANAN MUCHO MÁS

Estos elementos no bastan para explicar una ruptura tan abrupta, que además va acompañada de un descenso de 7 puntos porcentuales de la agricultura como ocupación. Las migraciones son el otro factor.

Dado el crecimiento poblacional, las tierras de El Tanque se revelaron insuficientes. La cantidad de jóvenes en relación a la disponibilidad de parcelas cultivables se convierte en un mecanismo gradualmente expulsor. El 97.6% de los migrantes de El Tanque están en Costa Rica y apenas el 2.4% en Estados Unidos, un patrón migratorio más costarricense que el que se observa en las zonas rurales nicaragüenses en su conjunto: 80% a Costa Rica y 11.6% a Estados Unidos. La migración estacional es determinante para inclinar la balanza a favor de Costa Rica, país cercano, al que se puede viajar sin exceso de peligros en un solo día.

Las oportunidades salariales en Costa Rica son muy atractivas. La tabla muestra las diferencias en el salario mínimo mensual entre Costa Rica y Nicaragua para las ocupaciones más frecuentes de los pobladores de El Tanque, así como los costos de oportunidad para quienes no migran. El agricultor que migra a Costa Rica recibe al menos 198 dólares mensuales más por su trabajo. Las mujeres que trabajaban como amas de casa sin remuneración en Nicaragua trabajan en Costa Rica como domésticas y devengan un mínimo de 195 dólares al mes. Tomemos la distribución ocupacional de los entrevistados: 43.4% son agricultores, 16% son albañiles, 6.2% son obreros, 4.8% son profesoras, 9% son empleadas domésticas y 7.6% son pequeñas y medianos comerciantes. Si distribuimos a los 83 migrantes de El Tanque -en la temporada baja de migraciones- en las ocupaciones que hubieran tenido en Nicaragua y las que tienen en Costa Rica, resulta que en Nicaragua hubieran ganado, en conjunto, 4,968 dólares mensuales, mientras que en Costa Rica ganan unos 22,784 cada mes. Al año el contraste es: 59,616 dólares en Nicaragua contra 273,408 en Costa Rica.

REMESAS LLEGAN, MIGRANTES SE VAN

Estos migrantes envían mensualmente una parte de sus ahorros: el 13.8% envían 20 dólares o menos, 36.4% envían 30-50 dólares, 32.6% 60-100 dólares y el 17.2% envían 150 dólares o más. Éste es en realidad un Producto Externo Neto, que ya pagó la reproducción de la mano de obra y que entra a Nicaragua para cubrir otros gastos. En total suma 6,754 dólares, a un promedio de 81.37 dólares por migrante.

Al salir del país y encontrar ubicaciones laborales mejor remuneradas, generaron suficientes ingresos para sostenerse y enviar un volumen de remesas que supera en 1,786 dólares el ingreso que hubieran obtenido en caso de permanecer en Nicaragua. Y como esos 6,754 entran mondos y lirondos para sostener a los dependientes de su familia -y ya no incluyen al asalariado o asalariada que ya pagó su sustento en Costa Rica-, su impacto es mayor en cuanto a cobertura de las necesidades de niños y ancianos. A esto se añade que cuando los migrantes que van a Costa Rica toman “vacaciones” en Nicaragua llevan 700 dólares por cabeza para compartir con su familia.



De estos migrantes, sólo el 7.2% decidieron ir a trabajar a Costa Rica antes del Mitch. Quizás aquí hay un sesgo debido a que las encuestas inquirieron acerca de los miembros de los hogares que residen fuera del país. Es muy complicado obtener información sobre hogares enteros que migraron, lo que fue la norma durante los años 80. Entre 1999-2002, se fue el 7.2%. En ese período los habitantes de El Tanque tenían la expectativa de que el FSLN ganaría las elecciones de 2001.

El Tanque es una cantera electoral marcadamente sandinista, con cifras muy por encima del promedio nacional: 49.7% de los entrevistados, hombres y mujeres, son partidarios del FSLN, 6% son liberales y 44.3% se declaran independientes o sin partido. Un tercer fracaso del FSLN -en 2001, después de las derrotas de 1990 y 1996- los animó a irse. En 2003 se fue el 8.4%, más que en los cuatro años anteriores. En 2005 se fue el 18%, en 2006 el 14.5% y en 2007 el 12%. El 27.7% de los que emigraron en 2008 son migrantes temporales.

¿POR QUÉ EMIGRAN MÁS LOS DE EL TANQUE?

Las migraciones también han afectado a Los Zanjones y a toda la Nicaragua rural y urbana. Pero El Tanque aportó un flujo mayor: 9.6% de su población está fuera del país. Esta cifra calza con el piso migratorio cercano al 10% que Baumeister atribuye al país entero. Pero, puesto que sólo el 27% de los migrantes proviene de zonas rurales y el 73% de zonas urbanas, y dado que el peso demográfico rural es del 42%, a las comunidades rurales les correspondería un 6.4%. Esta cifra es más cercana al 5% de Los Zanjones. ¿Por qué hay más migración en El Tanque? La oportunidad económica de irse a Costa Rica está tan a la mano de Los Zanjones como de otras comunidades.

Hay una particularidad de El Tanque que puede incidir sobre su elevada tasa migratoria: la pirámide poblacional. En la tabla podemos comparar la pirámide poblacional de toda el área rural de Nicaragua con la de El Tanque. En la de El Tanque es llamativo el reducido porcentaje de menores de 15 años y de mayores de 65 años, y el peso superior de la población entre 15 y 64 años comparada con el conjunto de la población rural.

Si a los residentes en El Tanque le agregamos los emigrantes, la brecha de estas diferencias se amplía. Esta distribución poblacional tiene un impacto sobre las tasas de dependencia. La dependencia demográfica de la población mayor de 65 años es del 4% en El Tanque, cuando a nivel rural es del 7%. Y la tasa de dependencia económica (menores de 15 y mayores de 65 años sobre los de 15 a 64) es de 65%, cuando en toda la zona rural es de 86%.

JUVENTUD SOBREVIVIENTE, JUVENTUD MIGRANTE

La explicación de este cambio podría encontrarse en el impacto que las muertes provocadas por el deslave tuvieron sobre la pirámide poblacional de El Tanque. Los habitantes de la Rolando Rodríguez y El Provenir que ahora residen en El Tanque declaran 177 familiares muertos. De no ser por la tragedia del Mitch, la población de El Tanque sería un 20% superior a la actual. Un tercio de las familias perdieron entre tres y cuatro miembros, 42.4% de las familias perdieron entre tres y cinco miembros. La hipótesis de que el deslave cobró más víctimas entre niños, niñas y ancianos es razonable, aunque lamentablemente no sea verificable con los datos disponibles, pues el censo de los fallecidos no incluyó sus edades. De ser esto cierto, ese sesgo de edad en las víctimas del Mitch podría ser la causa de una pirámide familiar tan distinta a la del resto del área rural y de la menor tasa de dependencia.

Esta tasa menor de dependencia tiene ventajas para El Tanque. Expertos en el tema han demostrado que un alto volumen de población muy joven o vieja “redunda en bajos niveles de ingreso, bajo nivel de tributación, mayores necesidades sociales insatisfechas y baja capacidad de ahorro”. El Tanque tiene condiciones para producir lo contrario: mayores niveles de ingresos, más satisfacción de necesidades sociales y alta capacidad de ahorro. Pero, en un contexto en el que quedarse en Posoltega sólo representaba limitaciones, el elevado número de personas en las edades que predominan entre los migrantes funcionó como una masa crítica que activó la causación acumulativa de la migración por su efecto demostración y por los beneficios visibles.

Muchos de los jóvenes sobrevivientes han optado por romper con el pasado y, dotados de las energías y la osadía que requiere el espíritu pionero, y también amenazados por una decreciente disponibilidad de tierras, han migrado en mayores proporciones que el promedio del resto de las zonas rurales de Nicaragua.



DESTERRADOS POR LOS ENTERRADOS

La ruptura con el binomio latifundio ganadero-minifundio campesino de granos básicos que produce y se sostiene sobre el binomio autoconsumo-peonaje en las haciendas es un rasgo en expansión en Posoltega. La mecanización de los nuevos monocultivos en las grandes haciendas, las migraciones internacionales y las oportunidades en otras ocupaciones -comercio y siembra de melones- han contribuido a esto. El declive de ese binomio ha ocurrido en El Tanque de manera particularmente acelerada. Esto es consecuencia, en parte, al hecho de que en su marco de valores los cooperativistas de El Tanque habían roto con la dependencia laboral, al convertirse en beneficiarios de la reforma agraria en la década de los 80.

Ese sentido de libertad cultivado en la cordillera y como dueños de su empresa cooperativa contribuye a que muchos de ellos no reproduzcan el mismo binomio en un espacio binacional: autoconsumo en Nicaragua y trabajo en la gran hacienda costarricense. Por eso se toman unas vacaciones en Nicaragua que dedican al consumo, ese terreno paradisíaco donde se pretende ejercer la libertad de elegir. No son estimulados por la ética del trabajo, sino por el frenesí y la estética del consumo, tal como lo explica el sociólogo polaco Zigmunt Bauman como rasgo de esta segunda modernidad que llamamos globalización.

El factor clave para romper con el sistema anterior ha sido la ventaja de la migración. Y su elemento posibilitador -hasta unos niveles atípicos para los patrones migratorios rurales- fue una dramática transformación de la pirámide poblacional por efecto de las víctimas que cobró el deslave del Casita. Es una pirámide donde todavía pesan más los enterrados que los desterrados. Y de hecho hay más desterrados debido a la cantidad de enterrados y a la necesidad de una ruptura con ese pasado.

La proporción de jóvenes con ansias de algo diferente se alimenta incrementalmente a sí misma: migran unos, contagian a otros y la mayor disponibilidad de jóvenes en edad de migrar allana el terreno para que migren cada vez más.

INVESTIGADOR DEL SERVICIO JESUITA PARA MIGRANTES DE CENTROAMÉRICA (SJM). MIEMBRO DEL CONSEJO EDITORIAL DE ENVÍO.

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