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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 319 | Octubre 2008
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Nicaragua

“Nos hemos aliado al PLC apostando a transformar el liberalismo”

Eliseo Núñez Morales, quien fue vocero del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y hoy es vocero del Movimiento “Vamos con Eduardo”, integrado por disidentes del PLC, aliado al PLC para la campaña electoral municipal, compartió con Envío un diagnóstico del liberalismo, y explicó y valoró el sentido de esta alianza, en una charla que transcribimos.

Eliseo Núñez Morales

En los últimos cinco años si de algo ha sufrido Nicaragua es de una baja estrepitosa en los niveles de tolerancia en nuestra clase política y en nuestra población. Lo que habíamos ido consiguiendo desde 1990, entre miles de problemas, y teniendo aún fresca la memoria de los costos que representó la guerra, cargando todavía el conflicto en las espaldas, está ahora disipándose, borrándose, y han comenzado a aparecer niveles cada vez más marcados de intolerancia ideológica en temas políticos y hasta en temas éticos o religiosos. Las elecciones presidenciales del año 2006 fueron para los liberales una escuela de muchas enseñanzas. Quienes para esas elecciones decidimos hacernos a un lado del PLC y crear una opción diferente, en la Alianza Liberal Nicaragüense, la ALN, lo hicimos por diferentes razones. Muchos -y no me da pena decirlo- lo hicieron porque sus ambiciones personales de obtener una candidatura o un cargo no se habían visto satisfechas dentro del PLC. Otros lo hicimos porque creímos que el camino que el PLC estaba tomando no era el adecuado y había que reformar el liberalismo. Con diferentes razones se hizo una mezcla y surgió la ALN, que atrajo a 700 mil votantes. A ellos hay que sumar los aproximadamente 200 mil votos que recibió el MRS y los votos que recibieron otros partidos minoritarios. Todos estos miles de votos representaron la voluntad de miles de personas de separarse de lo que hasta ese momento venían siendo las recientes “paralelas históricas”. Porque las “paralelas” heredadas desde la independencia, conservadores–liberales, habían sido sustituidas por las “paralelas” Frente Sandinista–Partido Liberal Constitucionalista. El resultado electoral de 2006 expresó un cambio profundo en el escenario político: el 67% del electorado votó contra el FSLN.

En 1999, la premisa bajo la cual se elaboró el pacto libero-sandinista, el pacto entre el FSLN y el PLC, fue que entre nosotros dos, liberales del PLC y sandinistas del FSLN, captamos el 96% de los votantes. Así lo reflejaron las urnas en las elecciones de 1996. En consecuencia, y por tener esa mayoría electoral, decidimos que teníamos derecho a establecer un régimen donde sólo nosotros cohabitáramos y garantizáramos de esa manera “la estabilidad política que necesita el país”. Ése fue el argumento externo del pacto. El argumento interno fue: hagamos entre ambos una distribución de los espacios de poder de tal forma que los dos nos mantengamos siempre en el poder y el que gane no gane todo y el que pierda no pierda todo. Ésa es también la base de una democracia, pero cuando esa idea se tuerce de manera perversa es también la base de los regímenes autoritarios.
En el año 2000, cuando se re-editó el pacto FSLN-PLC, el argumento era el mismo que en 1999, pero ya empezaba a cambiar la situación: entre ambos partidos ya no teníamos el 96%, del electorado, sino el 65%. La premisa del nuevo acuerdo fue otra: seguíamos siendo mayoría, pero nos habíamos reducido y entonces necesitábamos juntarnos los dos para mantenernos en el poder y desde el poder lograr hacer irrelevante al restante 35%.

¿Qué ha pasado en el camino, entre el primer momento del pacto y lo que hoy sucede? Los que conocemos a Arnoldo sabemos y reconocemos que es un excelente táctico, pero un estratega de lo peor. Él sólo mira dos pasos adelante y combate con todo lo que tiene, pero si el contrincante que tiene enfrente comienza a apostar al mediano plazo, ni siquiera al largo plazo, Arnoldo ya no sabe actuar, porque su único escudo de protección es el enfoque táctico, que aunque es de primer orden, al salirse del corto plazo comienza a mermar. Y eso es lo que ha sucedido.

Ortega y su grupo en el Frente Sandinista juegan al poder político. Y Arnoldo y su grupo en el PLC juegan al poder público, dos cosas totalmente diferentes. En lenguaje más coloquial: los sandinistas juegan al poder y los liberales a los cargos. Y Arnoldo juega al corto plazo y Ortega al largo plazo. ¿Qué sucedió? El pacto comenzó “fifty-fifty”, mitad-mitad, pero eso ha ido cambiando y ya no es así: lo que fueron cargos al 50-50 están hoy en otra relación, desfavorable al PLC: 75-25. Y ahora que Ortega es Presidente y ha consolidado su poder y tiene un proyecto político de largo plazo, Arnoldo y su grupo del PLC se han ido quedando desplazados del poder público, que es el espacio que más les interesa.

Quizás yo y algunos de los que estamos hoy en este esfuerzo no sobrevivamos al pacto, pero el pacto no sobrevivirá en este país. Creo que Nicaragua no puede soportar en pleno siglo XXI un esquema de poder como el que quieren establecer, que es copia del esquema de poder que se llamó “teoría del péndulo” bajo el cual edificaron el PRI en México. Los grupos que habían hecho la revolución mexicana, incluyendo el de Plutarco Elías Calles, fueron llamados por Elías Calles, que les dijo: “No podemos seguir peleándonos, distribuyámonos el poder”. Y así hicieron: al que le tocaba la Presidencia de México le tocaba también la mitad del gabinete y los otros dos grupos se distribuían un cuarto y un cuarto del gabinete y un tercio de los puestos del Congreso. Y así se repartían todo el poder. Y rotaban, siempre estaban en rotación. Fue el presidente Miguel de la Madrid el que rompió la rotación cuando eligió como su sucesor a Carlos Salinas de Gortari, que era de su mismo grupo y no del grupo al que le tocaba en la rotación. Y ahí empezó la debacle del PRI. Fueron 69 años de poder hegemónico. Yo no creo, me niego a creer, que los nicaragüenses vamos a soportar un poder de ese tipo, que es el que quieren implantar, porque con una teoría similar fue construido el pacto libero-sandinista.

Hay que entender también que la estructura del PLC es cupular y prebendaria. Para comprender mejor por qué es así, hay que saber que sus bases, su fuerza, se asienta en esquemas políticos tradicionales, en bases heredadas del somocismo. No hay que tener temor a decir que el PLC montó su estructura partidaria a partir de 1979 en lo que fueron los jueces de mesta y las estructuras de los jefes políticos del régimen de Anastasio Somoza, y cuando en un municipio quien asumió el liderazgo del PLC no fue el jefe político de Somoza, fue ese jefe quien recomendó quién iba a ser el líder del PLC allí. En 1979 no había otra base en la que montar el liberalismo. Las estructuras del PLC tenían sólo once años en 1990 y en política once años es muy corto tiempo. Hacía sólo once años que el régimen somocista había sido desmontado cuando el PLC empieza a consolidarse y a crecer hasta llegar al gobierno siete años después, cuando inicia el pacto.

Con el gobierno de Bolaños, y especialmente ahora, con el triunfo de Ortega, esta estructura, sumamente tradicional, que sigue ahí, se ha ido percatando que es necesario que la cúpula prebendaria del partido reforme el liberalismo, porque si no lo hacen nunca volverán al poder. Y comienzan a presionar. Y como Arnoldo tiene una situación desfavorable en el pacto, como ya no está 50-50, sino 75-25, como ya no puede repartir cargos como los repartía antes, viene perdiendo control sobre la estructura del PLC. Esta pérdida de control se vio claramente cuando en 2007 quiso que los diputados del PLC aprobaran las reformas constitucionales propuestas por Ortega y no logró conseguir los votos. Y no los logró porque ya no tiene la capacidad de convencer a su gente ofreciéndoles un cargo o una prebenda. Es esta circunstancia, la crisis en el pacto, la que ha propiciado la presión por la unidad del liberalismo, la presión porque el PLC se uniera a la ALN.

¿Qué pasó después de los resultados de 2006 en la estructura nuestra, en la ALN, entre quienes estábamos ya en la acera de enfrente, separados del PLC? Estábamos divididos en dos grupos. Por un lado, el grupo -en ése me incluyo yo- de quienes creemos que no importaba perder el poder una vez más, siempre y cuando mantuviéramos una línea clara, sabiendo hacia dónde queríamos ir para reformar el liberalismo, convencidos de que el tiempo nos iba a ir dando oportunidades que podríamos aprovechar. Por otro lado, el grupo de los pragmáticos, los que creían que había que frenar al Frente Sandinista, aún aliado con Arnoldo, para continuar después con la reforma interna del liberalismo. Quienes estábamos en el primer grupo éramos los más jóvenes, los de menos edad.

En la discusión de qué hacer pasamos meses y meses. En mayo de 2007 tuvimos horas de discusión con el Movimiento Renovador Sandinista para unir esfuerzos, para sondear la posibilidad de hacer una alianza con ellos. La posición inicial del MRS fue negativa: argumentaban que no querían su “invisibilidad política” y que no iban a correr en estas elecciones municipales si no iban en su propia casilla. Con los meses, y tal como se fueron viendo las intenciones autoritarias del gobierno, cambiaron a otra posición: ir en cualquier casilla con tal de ir todos juntos. Pero ya era finales de febrero de 2008, y mientras tanto el grupo de los pragmáticos en la ALN había ido ganando terreno, orientándose a la alianza con el PLC, considerando la unidad del liberalismo un paso intermedio y necesario para la reforma del liberalismo.

¿Cuál fue la gota que derramó el vaso y decidió a la mayoría de la ALN por esa alianza? El vaso no lo derramamos nosotros. La gota la echó el Consejo Supremo Electoral cuando, convertido en un super-poder y como una más de sus arbitrariedades, le quitó la dirección de ALN a Eduardo Montealegre y nos dejó en el movimiento “Vamos con Eduardo” sin personería jurídica y sin estructuras. El resultado fue obvio: terminamos aliados con el PLC. Los pragmáticos ganaron la batalla. Además, hubo muchísima presión del capital nacional, advirtiéndonos que si íbamos solos a las elecciones municipales no tendríamos recursos para la campaña y nos retirarían el apoyo público.

Quienes estábamos con una línea diferente a la de los pragmáticos mantenemos hoy esa misma posición dentro de la alianza que hemos hecho con el PLC y en la negociación expresada en el acuerdo que firmó el movimiento “Vamos con Eduardo” y el PLC en julio. Lo que hoy tenemos como fruto de esa alianza y de ese acuerdo es la construcción de un partido “por corrientes”. Esto significa, entre otras cosas, que quienes en un momento fuimos disidentes del PLC mantenemos nuestra integridad en los territorios que habíamos ganado con la ALN hasta que se forme un partido nuevo. Si ese nuevo partido se va a llamar solamente Partido Liberal o va a tener algún “apellido” es lo de menos. Lo importante es que la estructura actual del PLC permite que existan corrientes ideológicas dentro del liberalismo.
Yo llevo aproximadamente unos veinte años en política, empecé como activista del PLC a los 17 años. Soy de ideología liberal, no porque mi familia haya sido de ideología liberal, sino porque creo que es la ideología que puede dar soluciones a los problemas de los nicaragüenses y la que puede sacarnos de la situación actual, cada vez más difícil. Por definición, la ideología del liberalismo es flexible, no es una ideología dogmática. Hay políticos con parámetros liberales moviéndose desde el centro-derecha hasta el centro-izquierda. Naturalmente, con diferencias. Por ejemplo, un liberal europeo y un liberal latinoamericano son básicamente inversos. El liberal europeo es sumamente abierto en asuntos de ética y de libertades individuales: en el concepto de familia, en el tema del aborto, en el del matrimonio entre homosexuales, en todas las libertades individuales…El liberal europeo mira todos esos temas de una manera mucho más abierta que el liberal latinoamericano, que tiende a verlos desde posiciones conservadoras. Los vemos con criterios religiosos tradicionales, sintiendo que debe respetarse un entorno moral y que no debe haber una libertad individual tan amplia. Sin embargo, en los temas económicos el liberal europeo se guía por el “dejar hacer, dejar pasar”, mientras que en América Latina la tendencia liberal es a nivelar oportunidades a todos los sectores sociales, para que a partir de ese piso la gente pueda competir y logre objetivos más o menos similares.

Pero aún en temas de libertades individuales relacionadas con temas éticos, hay entre nosotros en la ALN diferencias, porque son temas polémicos y todavía la mayoría de los nicaragüenses no hemos entendido que hay espacios que al individuo se le tienen que respetar. En el tema del aborto terapéutico, por ejemplo. Nosotros consideramos que es un tema muy espinoso, que fue un tema que se polarizó y que al final se llevó a empellones. Entre nosotros hay varias posiciones. La mayoría de nuestros diputados votó en la Asamblea Nacional por penalizarlo. Aunque yo no era diputado, mi posición es que el aborto nunca debe ser un método anticonceptivo, pero sé que hay caminos intermedios y como abogado estoy convencido que hay que aceptar el aborto como método de solución médica. Hay otros diputados nuestros, José Pallais y Luis Callejas, que en aquella ocasión votaron a favor del aborto terapéutico y no porque estén en la posición intermedia en la que estoy yo, sino porque creen que el aborto debe quedar a libre elección de la mujer y de la familia y no debería ser prohibido bajo ninguna circunstancia. Hay diferencias entre nosotros y yo espero que la nueva generación sea más abierta.

El problema de mi generación, y eso lo vivo a diario, es que trabajo con gente de quince, veinte años mayor que yo. Porque la generación de los 80, la de 35 a 50 años, no se involucró en política por muchas razones y esa generación sería la que debería estar ahora al mando, sustituyendo a los mayores. Y la generación que viene detrás está apática. Por culpa de nosotros mismos, los que estamos en política, porque lo único que les hemos mostrado es la cara fea de la política. Es difícil hallar caja de resonancia a algunas ideas más nuevas o menos viejas cuando trabajás con gente 15 años más que vos, que ya cambiaron sus prioridades. Otto Bismarck decía que “a los 18 años todo el mundo es comunista, pero después de los 40 todo el mundo es conservador”. Y es verdad. Después de los 40 el idealismo va disminuyendo y se hace más difícil el debate. Por eso, uno de los retos que tenemos es involucrar más gente joven en política para que los partidos puedan irse abriendo.

Vuelvo a nuestra alianza con el PLC, a la que nos forzó o nos empujó el Consejo Supremo Electoral al cambiar la situación jurídica de la ALN. Cuando ganó el grupo pragmático y decidimos ya todos, como grupo, aliarnos con el PLC, sucedió algo que nunca había sucedido antes en el PLC. Por primera vez, Arnoldo, aún siendo líder del partido, no pudo decidir sobre el cien por ciento de los candidatos para estas elecciones municipales. El movimiento “Vamos con Eduardo”, como institución política, lleva el 50% de los candidatos de esa alianza y el PLC el otro 50%. Pero incluso la selección de los candidatos tuvo que hacerse de forma diferente. Entre nosotros no pudimos hacer primarias porque el Consejo Supremo Electoral adelantó el calendario para presentar las candidaturas. Entonces hicimos lo que llamamos “asambleas abiertas” en 122 de los 145 municipios.

Eran asambleas con un gran sesgo, porque el que lograba invitar a más gente a la asamblea era el que ganaba. Hubo diferencias alrededor de la validez de esta iniciativa y posiblemente hayamos perdido adeptos con este método, pero creímos que, en lugar de dejar que sólo los partidarios nuestros eligieran su candidato en el municipio, era mejor darle oportunidad a que cualquiera que quisiera votar por un candidato lo hiciera, arriesgándonos a llevar candidatos que ganaron porque tenían más recursos para llevar más gente a la asamblea que por contar con más apoyo en el municipio. De ésos hay varios entre nuestros candidatos, lo sabemos y así los asumimos.

En este ambiente, viendo esta nueva fórmula de selección de candidatos, el PLC se vio obligado a hacer algo similar. El liderazgo del PLC no tuvo esta vez la capacidad de imponer ni siquiera al 50% de sus candidatos. Nosotros creemos que eso es ya un cambio sustancial en las estructuras del liberalismo. ¿Que los controles que ejerce Alemán todavía son altos? Sí, lo son. El hecho de que el PLC tenga ocho magistrados en la Corte Suprema de Justicia, el hecho de que tenga tres Contralores en la Contraloría General de la República, sirve para ejercer mucha presión. Por ejemplo, hay alcaldes del PLC que en las elecciones de 2006 quisieron apoyarnos, pero nos decían: “Si los apoyo a ustedes, seré sancionado por la Contraloría. Ya me lo dijeron: que me hacen una auditoría y salgo “pegado” aunque no haya hecho nada”. Ése es el tipo de controles que aún tiene el PLC, una completa distorsión en el servicio público, que no debería de existir en una democracia, pero que existe.

Muchos dicen que al aliarnos con el PLC nos aliamos con el pacto. Y esta percepción es un problema. Lo sabemos. No en balde dicen que en política la percepción es la realidad. Sin embargo, con el acuerdo que hicimos, creemos que podemos llevar a las bases del PLC a moverse en un camino diferente. Y sinceramente, creo que en eso hemos avanzado muchísimo. Quienes están fuera del liberalismo no se hacen idea de la revolución interna que hoy tiene que enfrentar la dirigencia del PLC dentro de su estructura. La gente se siente más libre. Y la libertad, cuando la probás, la querés seguir probando. Y eso es lo que está pasando. Cuando las bases vieron que ya no era Arnoldo el que les decía: vos sos naranja, vos sos limón, sino que ellos podían decir si eran manzana o si eran banano, entendieron que podían decidir las candidaturas y se animaron a decidir en sus municipios. Esos cambios no se ven ahora en el exterior. Que se consoliden será un proceso. Ciertamente, Arnoldo sigue controlando mucho. Y Ortega con él. En realidad, este país está controlado, entre la gente de Arnoldo y la de Ortega, por no más de cien personas entre diputados, magistrados y otros que no se ven.
¿Cuál es nuestro objetivo electoral? Además de ganar las alcaldías en las que llevamos candidatos del movimiento “Vamos con Eduardo”, y ganar alcaldías con los candidatos del PLC, nuestro objetivo es consolidar un círculo de gobiernos locales que garanticen que las instituciones comiencen a funcionar y a avanzar en el sentido correcto.

¿Qué vamos a hacer con los CPC en las alcaldías que ganemos? Los CPC no son un mal concepto, son una buena iniciativa de participación. El problema es cuando ese concepto se degrada y esta iniciativa se convierte en una estructura partidaria. Yo aspiro a que en mi partido haya participación, a que mi partido se convierta en un partido de ciudadanos y deje de ser un partido de simpatizantes. Los nicaragüenses solucionamos el país ante la televisión y en la sobremesa. El nicaragüense se sienta frente al televisor a las 6 de la tarde a ver las noticias y cuando está cenando lo arregla todo: “¿Viste lo que dijo aquel? Ése no sabe hacer las cosas, yo hubiera hecho esto y lo otro…” Pero de ahí no pasa. Porque nuestra cultura política es muy grande, pero se queda en la casa.

Yo empecé siendo activista en mi partido, después pasé a ser instructor de jóvenes y siempre les decía a los universitarios: “Van a oir siempre que la política es sucia. Pero la política es como una casa. La política es tuya y esa casa es tuya. Si vos te sentás en la acera de enfrente a repetir que está sucia, la casa continuará sucia. Lo que tenés que hacer es agarrar una escoba y un lampazo y entrar en la casa a limpiarla. En el camino te vas a ensuciar, te vas a enlodar, te van a decir que no podés, pero ¡intentá hacerlo!” No podemos perder la esperanza de que la política puede cambiar.
Los CPC, tal como están siendo concebidos, van a ser un problema real e institucional para nosotros en las alcaldías que ganemos, pero serán también un problema interno para el Frente Sandinista. Yo creo que la estructura de los CPC, tal como están funcionando hoy, se va a derrumbar. Es una supraestructura la que están creando, por encima del partido, que ideológicamente ya no tiene nada que hacer, porque el partido FSLN ya son los CPC. Por un lado, no es admisible sustituir a ningún partido de esa forma, por más errores que puedan tener los partidos. Por otro lado, en la medida en que las prebendas no lleguen a los CPC -porque las prebendas no pueden permear tanto- va a haber más militantes que reclamen. Y si se meten con el Ejército -y ya han empezado a hacerlo con la Policía-, que ha hecho tan grandes esfuerzos por su profesionalización, esto no tiene un futuro muy promisorio. Hay que empezar a hacer algo para que las cosas no lleguen hasta ahí.

Creemos que, además de ganar la alcaldía de Managua, en 13 de las 17 cabeceras donde llevamos candidatos podemos, si no ganar el alcalde y el vicealcalde, sí tener una representación de concejales suficiente para empezar a variar el rumbo de la situación actual desde los gobiernos locales en los temas que nos interesan. ¿Cuáles son esos temas? Primeramente, la institucionalidad, un tema que no se puede vender mucho en la calle. Porque cuando llegás al votante y le hablás de institucionalidad, tenés que hacer un gran esfuerzo para asociarla con la comida que lleva a su mesa todos los días, con cómo va a mandar a su hijo al colegio o con cómo va a tener un empleo más digno, porque la institucionalidad la siente como algo abstracto. Sin embargo, nosotros estamos convencidos de que si no establecemos un Estado de derecho, donde todos sepamos las reglas y las cumplamos y en donde haya una discusión abierta entre los ciudadanos que vaya enriqueciendo las ideas y las propuestas y los ciudadanos participen cada vez, más no vamos a lograr el otro tema que nos interesa: una economía sana.

¿Qué ha sucedido durante años en Nicaragua? Desde una óptica estrictamente personal, yo creo que la mayoría de los cambios institucionales que se han hecho en Nicaragua se deben a que el donante los exigió o a que el prestatario, el Banco Mundial o el Fondo Monetario, lo pusieron como condición o a que, ni modo, ya hicimos este cambio y ahora tenemos que hacer el que sigue…Hemos hecho cambios, pero no hemos interiorizado la necesidad de fortalecer instituciones democráticas. Y en esto la clase política es la principal culpable. No hemos tenido capacidad, quienes hemos estado en la política, de creer en la institucionalidad, en el Estado de derecho. No hemos creído que tenemos que construir institucionalidad porque así lo queremos, sino que lo hacemos porque nos ponen esa condición.

Un ejemplo es la autonomía municipal, que creció en la medida en que los gobiernos nórdicos presionaron para lograrlo. Si Dinamarca, que era el país que llevaba la voz cantante en eso, y tenía detrás a suecos y a noruegos, no presionaba porque los proyectos de infraestructura fuesen encaminados a ir dándole capacidad a los municipios de crecer en autonomía en los servicios que prestaban a la población, si no presionaban para que el gobierno central transfiriera recursos a las municipalidades, nada de eso hubiera sucedido. La autonomía municipal, las transferencias municipales, no son producto de que nosotros creímos que solucionaban algo, sino que fueron producto de que nos lo exigieron para que la ayuda siguiera viniendo. Y así hay otros ejemplos: la reforma de la Corte Suprema, la reforma a la ley de la Contraloría…Y cuando las cosas se hacen así, sin convicción, se desvirtúan, se desvían.

Igual podemos decir de la lucha contra la corrupción. Ciertamente, hubo persecución del delito en un momento determinado, pero no hubo ni leyes para la prevención ni una educación masiva anti-corrupción. Y todavía mucha gente aspira a meterse a la política para llegar a un cargo porque ahí se hacen ricos. No debería de ser ése el objetivo pero hay un montón de gente así metida en política y otro montón haciendo fila para meterse. Y esa gente representa un problema muy grave para Nicaragua.

La lucha contra la corrupción tuvo su centro en el caso de Alemán. Pero el proceso de Alemán fue tan distorsionado que a estas alturas no importa si sea culpable o inocente. Simplemente, lo ocuparon políticamente. Siempre lo he sostenido: el gobierno de Enrique Bolaños presentó contra Arnoldo el caso más débil. Arnoldo tenía ciertamente dos problemas legales totalmente claros. Uno, transferencias de la Tesorería de la República por 9.7 millones de dólares a una cuenta privada de una compañía de Byron Jerez, desde la que después ese dinero se redistribuía. Y el otro, el uso de los fondos confidenciales por 1 millón 800 mil dólares. El resto eran casos con tecnicismos: que agarraba del presupuesto y le daba un uso diferente, que había una serie de irregularidades administrativas con una serie de culpables administrativos con problemas legales…Pero, cuando el gobierno de Bolaños enfocó el asunto en “los 100 millones que se robó Arnoldo”, el caso comenzó a perder consistencia. El gobierno no se dio cuenta que lo que debía hacer no era un show político sino un caso, y que tenía que estructurar ese caso. Y para que le cuadraran los 100 millones agarró un montón de hechos con vacíos legales. Entonces, tuvo que apoyarse en el Frente Sandinista para convertir esos vacíos legales en hechos jurídicos reales y poder condenar a Alemán y mantenerlo preso. Y ahí es cuando el caso comienza a ser completamente político y Arnoldo pasa a ser un sujeto de negociación en lugar de ser un sujeto de proceso.

Esos 9.7 millones fueron transferidos olímpicamente a una cuenta privada. ¿Cuál fue la justificación? La carretera Boaco-Muy Muy se hizo con fondos de inversión venezolanos. Cuando Chávez llegó al poder disolvió el FIV, el Fondo de Inversión Venezolano y primero creó el Banco Andino de Desarrollo y después lo convirtió en el BANDES, que es el banco que ahora opera en Nicaragua. Cuando se disolvió el FIV y se creó el Banco Andino, Byron Jerez creó una compañía que se llamaba Andina de Desarrollo, una sociedad anónima, a donde transfería el dinero para pagar la carretera, que no estaba siendo pagada. Jerez asumió que como Venezuela había disuelto el FIV, ya no les iba a cobrar y el dinero había que pasarlo a algún lugar y lo pasaban a una compañía “andina”, con nombre parecido al del banco con el que Chávez sustituyó el FIV. Ése sí era un caso de corrupción sólido. Pero, increíblemente, ese caso no estaba contenido en la acusación, aunque sí estaba contenido en el expediente. Yo todavía no he terminado de entender por qué en el libelo acusatorio uno no encuentra ese caso. Ahí es donde uno mira que desde el comienzo no hubo congruencia moral para llevar adelante el caso de Arnoldo.

Porque es muy grave considerar que si el gobierno de Bolaños quería realmente combatir la corrupción no le hubiera ofrecido a Arnoldo embajadas ni irse del país ni olvidarlo todo si renunciaba a ser presidente de la Asamblea… Bolaños lo terminó enjuiciando después de seis meses de negociar con él, ofreciéndole al “corrupto” ser embajador en Dominicana, embajador en España, irse al Parlacen con todos los poderes plenipotenciarios de un ex-Presidente. Hay un autor judío, que estuvo en campos de concentración, Nathan Sharanzki, que dice que una de la cosas más importantes para poder navegar en el mundo de la vida pública es “la congruencia moral”.

Hay que ser moralmente congruente. Bolaños empezó negociando y después terminó enjuiciando. El caso de Arnoldo empezó mal y el juicio también empezó mal. Sí hubo corrupción, pero los vacíos jurídicos del caso fueron aprovechados por quien manipula el Poder Judicial. Toda esta mezcla tiene hoy a Arnoldo caminando en las calles. El día que Arnoldo le dé a Ortega todo lo necesario para salir libre, saldrá libre, y el día que se lo niegue lo mandarán a la Cárcel Modelo.
Resultado para Nicaragua: ¿qué modelo anti-corrupción tenemos después de todo esto? No existe. Y es algo que debería haberse creado ya. Porque es cierto que para combatir la corrupción hay que capturar peces gordos. Pero también hay que educar a la gente y hay que hacer leyes contra la corrupción que le vayan cerrando posibilidades al funcionario de actuar a su libre arbitrio y que le obliguen a cumplir reglamentos.

Paralelamente a todos estos graves problemas de institucionalidad, en Nicaragua han ido creciendo las inequidades. Después de los programas de ajuste estructural tenemos una enorme deuda social con la mayoría de los nicaragüenses. Los liberales que nos fuimos del PLC creemos -y cuando estábamos adentro ya lo creíamos- que hay que buscar la manera de comenzar a pagar la deuda social de este país. Y hay que establecer otras prioridades para poder pagarla. Cuando uno va tan cerca como a Costa Rica, uno aprecia que ese país tiene una infraestructura modesta, pero buena. Uno transita carreteras bastante bien mantenidas. No son las grandes carreteras de El Salvador o de Guatemala, ni tampoco algunas carreteras como las de acá, carreteras de doce metros de ancho, que son sumamente caras. Según datos de hace cinco-seis años, la Panamericana norte es una carretera que nos costó 592 mil dólares el kilómetro, mientras que las carreteras que se hacen en Costa Rica costaban 390 mil dólares. Doscientos mil dólares de diferencia son bastantes.

¿Por qué pongo a Costa Rica como ejemplo? Porque el orden de prioridades de Costa Rica varió hace muchos años. Sus prioridades fueron educación y salud y ahí se centraron. Y a través de la educación cimentaron cultura política, cultura social, una serie de valores que hoy han hecho de la sociedad tica una sociedad mucho más avanzada que las sociedades del resto de Centroamérica. Se trata de establecer prioridades. Costa Rica sigue siendo un país pobre, pero con las prioridades que establecieron avanzaron en un camino diferente y mejor que el nuestro. Y lo hicieron también con cosas tan pequeñas como esa disposición, que existe desde el gobierno de Figueres, que prohíbe celebrar en fechas nacionales o efemérides patrias actos épicos de violencia. Esto parecía irrelevante hace cuarenta años y en Nicaragua muchos se burlan de esa disposición, pero con decisiones así se va construyendo una cultura política totalmente distinta a la nuestra.

Nosotros creemos que el camino de priorizar objetivos diferentes a los que hemos venido teniendo es el camino que Nicaragua debería seguir, sin necesidad de salirse de los marcos de una estructura económica estable y sana. Por ejemplo, el programa de gobierno nuestro llevaba iniciativas como la de las mutuales. Sabemos que la banca en Nicaragua no es democrática, que no genera democracia económica. Pero, a diferencia de otras visiones, que creen que la democratización de la banca tiene que darse con una regulación de la banca ya existente, creíamos que teníamos que crear una institución como la mutual para acercar la banca a la gente, dejando a la banca tradicional hacer sus negocios con los segmentos del mercado que ellos quieran.

Queremos llevar al país a niveles en los que el ciudadano pueda crecer. Que no crezca solamente el país, sino que crezcan el país y los ciudadanos, que crezca cada ciudadano. Nicaragua tuvo un crecimiento en 1998, 1999 y 2000 por encima del 5% anual, pero fue un crecimiento que no se redistribuyó equitativamente. Jugamos en esos años a la “teoría del derrame”, que no funcionó. Nosotros creemos que si cambiamos las prioridades -y por eso nuestro lema fue “Sembrando oportunidades”-, si se lleva a la gente, a cada persona -principalmente a través de la educación- a un nivel en que pueda superar su condición socioeconómica individual, conseguiremos un cambio importante para todo el país.

Hace poco el Banco Mundial organizó un coloquio no de economistas, sino de ex-presidentes, ex-primeros ministros, gente que había participado de alguna manera en lo que se llamaron los “milagros económicos” de los últimos 25 años -Japón, Taiwan, etcétera- y les preguntaron cuál había sido el camino de estos países para salir de la pobreza y dijeron que era la combinación de tres factores: una gran cantidad de políticas liberales, una cantidad no deleznable de políticas socialistas para igualar las oportunidades y una buena dosis de libertad individual.

Pensamos lo mismo. Y vamos a las elecciones creyendo que podemos hacer gobiernos locales con esa visión. Creemos que esta visión de cultura económica y de servicio público que queremos brindar a la población la tenemos que aparejar a una lucha por la democracia, que es igual a la lucha por la institucionalidad. Porque la gente empieza a perder fe en la democracia en la medida en que la democracia no llena las necesidades individuales. El ex-rector de la UCA, Xabier Gorostiaga, decía que si las elecciones seguían poniendo al frente de nuestros países a presidentes que adoptan las decisiones económicas tomadas en escritorios fuera del país y siguiendo recetas, la democracia iría perdiendo su contenido y la gente iría teniendo fe en otros caminos. Y así ha sido: después de la década de los 90, cuando hubo tantos programas de ajuste estructural a lo largo y ancho de América Latina, la ONU hizo una encuesta y descubrió que 7 de cada 10 latinoamericanos creían que el autoritarismo era más eficiente que la democracia.

En Nicaragua no era una sorpresa. En Nicaragua, el autoritarismo se asocia con Somoza. Y Somoza, a pesar de todos los errores políticos y de toda la represión, está asociado también con una época de bonanza económica. Mucha gente dice: yo tuve trabajo en ese tiempo, en ese tiempo no tenía tantos problemas…De lo que no se percatan es que, por la falta de libertades, la represión política y el poder de la dinastía implantada, esas ventajas económicas se perdieron. Porque para que esas ventajas hubieran sido permanentes tenían que haber ido a la par con una institucionalidad que el régimen heredara, y eso no sucedió.
Cuando en enero de 2007 fuimos a reconocer nuestra derrota como ALN y a felicitar a Ortega por su triunfo, lo único que tuve oportunidad de decirle, porque él estaba eufórico, fue: “Presidente, la historia nos ha enseñado que cuando un líder fuerte, un caudillo como lo es usted, llega al gobierno, tiene la gran oportunidad de ceder algo de su poder a la institucionalidad. Ahora tiene la oportunidad de hacer más rápidamente los cambios que necesitamos y tiene que tomar una decisión: ser recordado por cuánto tiempo logró mantenerse en el poder o ser recordado por cuánta institucionalidad logró heredarle a Nicaragua”. La respuesta de Ortega fue: “Sí, por eso quiero hacer el régimen parlamentario, para dejar algo”.

El régimen parlamentario que Ortega quiere dejar es bien preocupante. En la reforma constitucional que ya tienen redactada y que aprobarán, si lo logran, se plantea, entre otras cosas, que el diputado que salga electo estará sujeto al partido y si el diputado discrepa del partido, será retirado y sustituido por otro, siendo el Consejo Supremo Electoral quien determinará de quién es el partido. Viendo los desastres que ha causado ya el Consejo Supremo Electoral, tenemos razones para preocuparnos. La cuestión no es de sistemas. Los sistemas políticos no son ni malos ni buenos, están ahí y si los distorsionamos comienzan a ser malos. Y esa distorsión es la que nosotros queremos evitar luchando por la institucionalidad.

Para mucha gente nosotros tomamos el camino equivocado al aliarnos con el PLC. Yo no creí que fuera el camino equivocado, pero sí el camino más difícil para lograr la institucionalidad que queremos para Nicaragua y la transformación del liberalismo. Nosotros estamos absolutamente claros que con esta alianza le estamos “re-vendiendo la marca” al PLC. Cuando decidimos la alianza casi me sentí leninista: dar un paso atrás para poder dar dos adelante. Yo no estuve entre quienes creían que ésa era la mejor decisión, estaba entre quienes creíamos que el camino más correcto era lo que, jocosamente llamábamos “la GPP”, la guerra popular prolongada: mantenernos fuera, sin importarnos si ganábamos o perdíamos elecciones. Cuando opinaba así, los otros me decían: “Vos hablás así porque tenés 35 años”. Y así era: la mayoría de los que opinábamos por no aliarnos con el PLC éramos los más jóvenes. Fue una contradicción casi de tipo generacional.

“Relanzarle la marca” al PLC y reforzar a Arnoldo con esta alianza era una preocupación que estaba presente en todos, pero nuestro grupo perdió y todos tuvimos que asumir el reto de ver cómo transformamos el liberalismo desde adentro. Cuando se está imponiendo un régimen autoritario, como el que trata de imponer Ortega, no se puede perder ningún espacio. El MRS mantiene un espacio político, pero ya no tiene espacio partidario. Nosotros tenemos un espacio político y con esta alianza tenemos además un pequeño espacio partidario.
Vamos con Eduardo, sí... Con Eduardo Montealegre. Formar a alguien como líder institucional es tan difícil que no tenemos tiempo de hacerlo estando ante una batalla inmediata, la contienda electoral municipal. El liderazgo de Eduardo Montealegre, a pesar de sus debilidades, era el que menos debilidades presentaba dentro del liberalismo para lanzarlo como candidato a la alcaldía más importante, la de Managua. El liberalismo y las instituciones partidarias nicaragüenses han carecido de capacidad para crear relevos a sus liderazgos. Cuando yo estaba todavía en el PLC una de las cosas que siempre le decía a Arnoldo era: “Doctor, la única manera que usted tiene de ganarle la batalla a Ortega es lograr crear su propia teoría de sustitución partidaria”. Pero como ellos no creen en eso, como creen que “después de ellos, el diluvio”, no hubo manera de convencerlo. Y es que apostar al relevo es querer trascender por las ideas y no buscar una trascendencia personal. En el caso de Eduardo Montealegre, a pesar de que se ha convertido en una especie de caudillo del grupo en el que estamos, creo que todavía es posible -y lo digo por lo que platico con él- que no sea del tipo de los que si logra llegar al poder quiera institucionalizar su persona e impida la reforma del liberalismo y la consolidación de una institucionalidad en el país.

Estamos en una lucha para superar la cultura política tradicional y queremos dar esa lucha. Nicaragua es un país de cultura caudillista. Y el problema del caudillismo no es que Arnoldo y Daniel amanecieron desayunando un día y dijeron: “Vamos a ser caudillos”. No, los caudillos responden a una necesidad socio-cultural de los nicaragüenses, y mientras nosotros no comencemos a hacer algo para cambiar esa tendencia socio-cultural de necesitar y desear a un líder político lo más cercano posible a un padre que nos dé, que nos ayude, que nos haga favores, pero que decida todo en vez de decidirlo nosotros y de participar nosotros, no habrá cambio en Nicaragua.

Yo no he encontrado un camino más efectivo para superar nuestros problemas de cultura política que la educación. Pero el camino es largo y los resultados se recogen sólo en el largo plazo. Y a los políticos no les gusta nada que dé resultados a largo plazo. Sacar a un niño de bachiller cuesta once años, ¡y el período de gobierno dilata sólo cinco años! Y una carretera de 30 kilómetros que un político puede inaugurar a lo sumo tarda un año. Mientras no estemos convencidos de que debemos apostar al largo plazo, no vamos lograr nada. Y en este país es difícil apostar al largo plazo y hasta suena cruel. Le pedimos a esta sociedad que planifique, pero ¿cómo va a hacerlo cuando siete de cada diez nicaragüenses al solucionar su desayuno tienen como horizonte de su planificación el almuerzo? Y ésa es una dura realidad diaria.
La responsabilidad de planificar debería recaer en el otro 30 por ciento, en los tres de cada diez que sí podemos hacerlo. Y ahí está la clase política, ahí estamos nosotros, que deberíamos de estar viendo nuestra realidad con una visión de largo plazo. En 1970 la ciudad de Nueva York comenzó a hacer un acueducto que va a empezar a utilizar en el año 2012. Hace 40 años determinaron que haría falta agua en la ciudad y comenzaron a hacer el acueducto. En Nicaragua todavía tenemos al 45% de la población sin agua potable y la justificación para no planificar cómo tendremos agua en Managua dentro de 30 años es que si todavía hay un 45% de la población sin agua, por qué ocuparnos de Managua. ¿Y por qué no nos ocupamos de las dos cosas a la vez?

Algún día tendremos que romper ese círculo vicioso. Muchos de nuestros problemas radican en la falta de una visión de largo plazo. Y el empresariado es igual: planifica a muy corto plazo, planifica mercadeos bien cortos. Uno de los datos más interesantes del reciente informe del FUNIDES es la explicación que dan sobre el por qué la inflación actual en Nicaragua es mayor a la del resto de Centroamérica. Afirman que por la desconfianza en Ortega y por la inestabilidad jurídica las empresas están apostando a ganancias en plazos cada vez más cortos, encareciendo desproporcionadamente sus productos. Hoy, el corto plazo del empresario, que antes era de dos años, es de meses. Resultado: la inflación inter-anual anda ya en el 23% y la inflación en los alimentos está llegando al 40%. Y este cortoplacismo que genera inflación es aún más grave teniendo en cuenta que en Nicaragua la clase media baja y la clase baja con ingresos dedica siete de cada diez córdobas de sus ingresos a comprar alimentos, mientras en los países desarrollados esas clases dedican sólo tres de cada diez a la comida.

¿Habrá fraude en las elecciones? Nosotros hemos dicho que el Frente Sandinista intentará robarse las elecciones. Otra cosa es que pueda hacerlo. Hay una máxima que dice que quien hace leyes para la represión termina siendo reprimido por esas mismas leyes. Eso es lo que le está pasando ahora al PLC con la Ley Electoral que nació del pacto. Y lo decimos casi como un “mea culpa”, aunque no hayamos escrito la letra de esa Ley Electoral. Esa ley está hecha con llaves y candados. La mitad de las llaves las tiene uno y la mitad de los candados las tiene el otro.

El problema que tiene quien se quiera robar las elecciones es que el sistema fue construido para que si hay robo quede rastro: impugnación de mesas, anulación de mesas, anulación de votos…

Nosotros creemos que con dos factores se impide el fraude: con una votación masiva y con una buena fiscalización. Estamos trabajando para preparar bien a nuestros fiscales. En todo el proceso nuestros fiscales estarán viendo todo lo que ocurre. Nos han avisado: les van a “preñar las urnas” y les van a pagar 500 dólares a cada fiscal para que se hagan de la vista gorda. La verdad es que la única manera de robarse las elecciones sin dejar rastro es pagándole al fiscal. No hay otra. ¿Esa posibilidad existe? Existe. Las otras maneras dejan un rastro seguible claramente. Con todas estas incertidumbres vamos al proceso electoral municipal, con todas ellas hemos hecho una alianza con el PLC. Lo hacemos convencidos de que Nicaragua necesita un cambio. Hemos hecho estas apuestas de corto plazo pensando en el largo plazo.

Mi esperanza es que la generación que venga nos sustituya con ideas más frescas, más abiertas. Recuerdo una idea, una imagen, que me compartió Dora María Téllez en una plática privada que tuvimos. Ella me dijo que en Nicaragua nos equivocamos si creemos que el país está dividido verticalmente, en derecha e izquierda, porque la división es también horizontal, es una división en cruz: Nicaragua está hoy dividida entre derecha autoritaria e izquierda autoritaria y entre izquierda democrática y derecha democrática.
Hoy estamos viviendo en un punto de inflexión, aún no hemos llegado a un punto en el que ya no habrá retroceso. Si no logramos que la izquierda y la derecha democráticas tengan espacios, vamos a volver al círculo vicioso de la violencia. El casete del conflicto, de la guerra, que llevamos dentro los que lo conocimos, ya se está borrando.

En estas elecciones la gran mayoría de quienes votan nacieron después del conflicto. Y eso debería ser bueno, porque es gente que ya está creyendo en métodos diferentes. Pero es malo, porque a pesar de haber nacido después del conflicto, esa juventud se encuentra cada día en las calles con las mismas causas que lo originaron, y como no tienen la experiencia, y como se está sembrando intolerancia, no van a saber que el camino que tomó la generación que me antecedió a mí, la generación de mi padre y de mis abuelos -ir a la guerra y buscar cómo solucionar los problemas por la vía armada- no era el camino correcto. Si seguimos por el camino que vamos, puede ser que dentro de diez años haya gente que crea que no hay más solución que volver a la violencia. Tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles para evitarlo cuando aún estamos a tiempo.

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