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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 316 | Julio 2008
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Nicaragua

El Rescate y la Renovación del Sandinismo: Una crítica a la cultura heroica nicaragüense

La acción política transformadora, para ser efectiva, necesita de un pensamiento guía fundamentado en un conjunto de convicciones y principios éticos colectivos. La ausencia de un pensamiento orientador o el uso de un pensamiento vago y nebuloso, solamente pueden producir resultados ambiguos y contradictorios. Esto es lo que está sucediendo con la actuación política de la izquierda nicaragüense que forma parte de la Alianza MRS y que se organiza en torno al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y al Rescate del Sandinismo.

Andrés Pérez Baltodano

A pesar de presentarse como una opción de izquierda, la Alianza MRS no ha logrado articular un pensamiento y una visión alternativa para transformar la realidad de Nicaragua. ¿Quién puede explicar en qué consiste la renovación del Sandinismo y, más concretamente, cuál es la nueva visión que ofrece la Alianza MRS de la soberanía, la justicia social y la libertad que fueron el centro del ideario sandinista? ¿Quién puede aclarar si en esa organización continúa o no vigente la lógica de las grandes mayorías, que una vez se propuso como el principio rector de la economía nicaragüense? ¿Cual es la visión de la democracia que maneja la Alianza MRS? En mil y un comunicados, esa organización ha apoyado y promovido una democracia abstracta, pero nunca ha hecho un planteamiento serio y crítico sobre las debilidades y contradicciones de ese sistema en un país como el nuestro. La ausencia en su programa de explicaciones y definiciones sustantivas, más que las supuestas deficiencias organizativas castigadas por el corrupto Consejo Supremo Electoral, son las que hacen de la Alianza MRS una organización política imaginaria.

CUANDO LA POLÍTICA ES UN JUEGO DE APUESTAS

En ausencia de un pensamiento guía, la Alianza MRS ha terminado actuando, consciente o inconscientemente, en concordancia con el sistema de valores dominantes. Es decir, en consonancia con el “sentido común” con el que se articulan las definiciones del bien y el mal en la política de nuestro país.

La huelga de hambre a la que se sometió su principal dirigente, Dora María Téllez, se enmarca dentro de esos valores. Esa valiente acción forma parte de una cultura heroica, que minimiza y a veces hasta desprecia, el papel que juega el pensamiento en la construcción de la realidad social. Dentro de esa cultura, el futuro se percibe como un juego de azar. Y la política, como el valor que se necesita para hacer apuestas audaces en la ruleta de la historia. En este sentido, no es sorprendente que una de las participantes en la marcha del 27 de junio, que buscó capitalizar el impacto de la huelga de Dora María, declarara a un diario local que una gran bola azul que empujaba un grupo de jóvenes emerrecistas, simbolizaba “los testículos del MRS”.

Del juego de apuestas que es la política en nuestro país, se deriva, casi siempre, más y más confusión. La marcha del 27 de junio ofrece una muestra de los peligros que se derivan de la ausencia de un pensamiento político que oriente los esfuerzos por transformar el país. La participación de la Alianza MRS en esa marcha elevó el nivel de confusión en la Torre de Babel que es Nicaragua y agregó un clavo más al ataúd de la izquierda nicaragüense.

CUANDO SOBRE EL PROVIDENCIALISMO
SE MONTA EL NEOLIBERALISMO

Ya desde las elecciones generales del año 2006 quedó claro que la Alianza MRS no contaba con un pensamiento propio y, mucho menos, con un programa alternativo al sistema económico y social imperante. Lo reconoció el mismo candidato presidencial de esa alianza, Edmundo Jarquín, cuando señaló que los planes de gobierno de todos los partidos que competían en esas elecciones eran prácticamente idénticos y que lo único que los diferenciaba eran las personas que los proponían. De esa manera, la competencia electoral nicaragüense adquiría la seriedad de un concurso para elegir al más simpático de los candidatos. O al más feo. O al de mejores modales. O al que lograra venderse mejor.

Efectivamente, las visiones de sociedad y los programas de gobierno de los partidos que compitieron en las elecciones presidenciales pasadas eran prácticamente iguales, porque todos estaban pensados dentro de la cultura dominante. Es decir, dentro de los valores que forman parte de la tradición religiosa providencialista cristiana que se reproduce en Nicaragua desde hace quinientos años; dentro de las percepciones y actitudes políticas pragmática-resignadas de los miembros de la sociedad frente al poder y la historia y dentro de los valores económicos que representan los intereses del capital nacional e internacional que propugnan por la institucionalización del mercado como el eje regulador de la vida en sociedad.

El providencialismo define una percepción de la historia como un proceso gobernado por la voluntad de Dios. El pragmatismo resignado se alimenta del providencialismo y constituye una forma de percibir la realidad social como una condición histórica determinada por fuerzas ajenas al pensamiento y a la acción política reflexiva. Desde una perspectiva pragmática-resignada, lo políticamente deseable debe subordinarse siempre a lo circunstancialmente posible. La política, en otras palabras, se concibe como la capacidad para ajustarse a la realidad del poder y “atemperarse a las circunstancias”.

Sobre el providencialismo religioso y el pragmatismo resignado dominantes en Nicaragua se montan hoy los valores del neoliberalismo. El neoliberalismo es una forma especial de capitalismo, un modelo de relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad, que intensifica la racionalidad instrumental del mercado hasta convertirse en el eje normativo rector de toda la vida en sociedad. En Nicaragua, la racionalidad neoliberal ha terminado adaptándose a los vicios sociales que forman parte de la historia de la corrupción y la impunidad en nuestro país. Más aún, ha servido para justificar el histórico egoísmo, la miopía política y la insensibilidad de las élites nicaragüenses.

CUANDO IMPERAN EL FATALISMO Y EL HEROÍSMO

El pragmatismo resignado devalúa el pensamiento y genera una conducta política que privilegia la acción y sacrifica la reflexión. Al fin y al cabo, la devaluación del pensamiento es la devaluación de la mente que no se percibe a sí misma como una fuerza capaz de condicionar el sentido de la historia.

En sociedades en donde la política y la gestión del Estado se orientan dentro de una cultura reflexiva, la historia se percibe como una construcción social en la que participan el pensamiento y la acción. Veamos un ejemplo. En un reciente informe publicado por un centro de investigaciones canadiense, se confirma que la economía de Canadá ha perdido fuerza y dinamismo en las últimas tres décadas. El reporte se pregunta: “¿Significa eso que los canadienses deben trabajar más duro?” Y se responde: “No. Necesitan trabajar en forma más inteligente”. La pérdida en la capacidad de foresight (capacidad para visualizar / pensar / teorizar el futuro) es mencionada como una de las principales causas del deslizamiento económico canadiense y como una de las principales razones que explican el crecimiento de las economías más exitosas del mundo.

En sociedades como Nicaragua, en donde la historia se percibe como un proceso desligado del pensamiento y de la capacidad reflexiva de los miembros de la sociedad, el futuro es secundario y lo que predomina es el impulso a vivir el presente. El cortoplacismo al que hace referencia Emilio Álvarez Montalván en su estudio de la cultura política nicaragüense es una manifestación de la brecha que percibimos entre el pensamiento y la realidad.

Despreciando y mal usando el poder de las ideas y del pensamiento para condicionar el futuro, asumimos que lo que tenemos que hacer para sobrevivir es aprender a vivir la historia como un proceso gobernado por la casualidad. En este contexto surgen dos tipos de conducta que son aparentemente opuestas pero que, en realidad, reflejan el peso de una misma cultura: el fatalismo de los que se resignan a la voluntad de Dios y a la suerte para sobrevivir, y el heroísmo de los que ven la historia como un juego de azar en el que lo único que podemos hacer es responder a las circunstancias del presente mediante golpes de suerte y acciones extraordinarias y trascendentales.

Así pues, en la cultura pragmática resignada, la historia se convierte en un fetiche que se adora con respeto o que se enfrenta con improvisaciones y emboscadas. En ambos casos, la historia se objetiviza y, por lo tanto, se separa de la fuente de su creación, que somos nosotros mismos y la manera como la pensamos y como entendemos nuestro papel en la construcción social de la realidad.

CUANDO LA LÓGICA ES COYUNTURALISTA
Y ELECTORALISTA

El pensamiento y la conducta de los grupos que se organizan dentro de la Alianza MRS muestran el peso de la cultura pragmática-resignada dominante en Nicaragua. Ese movimiento ha actuado y sigue actuando dentro de una lógica estrictamente electoralista y coyunturalista, que lo empuja constantemente a reaccionar frente a las trampas de los que controlan los procesos y las instituciones públicas del país. La más reciente de esas trampas fue la cancelación de la personería jurídica del MRS por parte del impresentable Poder Electoral.

Ése no fue, sin embargo, el primer leño que el FSLN tiraba en el camino del emerrecismo. Ya antes, en el año 2000, el MRS perdió su personería jurídica. En agosto de 2001, poco antes de las elecciones presidenciales de noviembre de ese año, el FSLN empujó al MRS a integrarse a la Convergencia Nacional liderada por Daniel Ortega. El partido aceptó y logró recuperar su personería jurídica. Se atemperó a las circunstancias y ofreció su ayuda para elegir a su verdugo. En la actual coyuntura, el MRS y la Alianza MRS reaccionaron a las zancadillas del FSLN con la huelga de hambre de Dora María, así como con movilizaciones y “piquetes azul y blanco” contra el gobierno.

CUANDO NO SE PIENSA EL FUTURO

Fueron sorprendentes los brotes de admiración y hasta de adulación provocados por la decisión de Dora María de iniciar una huelga de hambre para protestar por la cancelación de la personería jurídica del MRS. Le escribí para solidarizarme humanamente con ella y para decirle que Nicaragua la necesitaba viva. A Dora María y a miles de otras Doras Marías Nicaragua las necesita pensando y construyendo todos los días el futuro que necesitamos. Porque ese futuro no va a ser nunca el resultado de acciones dramáticas divorciadas de una visión, un pensamiento guía, y objetivos construidos sobre la base de un conjunto de convicciones colectivas. Más que acciones extraordinarias, lo que necesitamos es la práctica constante y sistemática de lo ordinario, el debate permanente de las ideas, el pensamiento aplicado diariamente a la acción y, en palabras de Edward Said, “la disciplina del detalle”.

El futuro que deseamos no llegará envuelto en una bola de fuego caída del cielo, como parecía pensar Víctor Tirado cuando frente al lugar en donde Dora María realizaba su huelga- anunciaba con certeza profética la inminencia de “una explosión nacional”. Ni llegará como producto de un súbito “abrir de ojos y despertar de la conciencia”, como lo anunciaba dramáticamente Víctor Hugo Tinoco frente a los medios. Alcanzaremos el futuro que necesitamos cuando lo pensemos y cuando actuemos en concordancia con lo que pensamos.

En este sentido, la construcción de nuestro futuro dependerá en mucho de la capacidad de nuestros partidos políticos para convertirse en partidos de ideas y no de personas. Esto incluye al MRS y a la Alianza MRS. Durante la dirigencia de Sergio Ramírez, la renovación del Sandinismo significó seguir a Sergio Ramírez. Durante la dirigencia de Dora María, significó seguir a Dora María. Luego significó seguir a Edmundo Jarquín y a Enrique Sáenz, ahora de nuevo a Dora María. Todo, en un juego de gestos y rostros que cada vez más hacen del nombre de ese partido una abstracción sin sentido. Se podría llamar Movimiento por la Renovación del Sandinismo o Movimiento por el Movimiento o Movimiento por la Renovación del Movimiento y no cambiaría nada. Porque después de quince años su nombre no significa nada.

El emerrecismo ni siquiera ha sido capaz de decidirse por la fusión o por la separación permanente de los dos grupos que coexisten dentro de la Alianza, bajo los nombres Rescate del Sandinismo y Movimiento Renovador Sandinista. ¿En qué difieren estos grupos sustantivamente? ¿Qué es lo que quieren rescatar (o desechar) los rescatadores? ¿Qué quieren renovar (o no renovar) los renovadores?

CUANDO NO HAY “LUCES ALTAS”

A estas alturas, ya no valen respuestas líricas a estas preguntas, como las que dicen que lo que se quiere rescatar y renovar es “el espíritu del General de Hombres Libres” o “el legado de Carlos Fonseca Amador” o la famosa “democracia”. Tampoco caben generalidades como las que se leen en los comunicados del MRS, diciendo que esa organización lucha por “el derecho a la comida, el empleo y una vida digna”.

Sandino y Fonseca están muertos. La democracia en Nicaragua no existe. Escasea la comida, el empleo y la dignidad. Lo que tendría que hacer el emerrecismo es hacer explícita su visión de nación, explicar cómo se repartirán los costos y beneficios de esa visión y decir cómo piensan convencer al pueblo para que los apoye.

Sintetizemos: La acción política, para ser efectiva, necesita de luces bajas y de luces altas. Sin luces altas la política se convierte en un juego de azar. Podemos avanzar y gozar de la ilusión del progreso, sin saber si vamos o no moviéndonos en dirección al abismo. Y aclaremos: Los héroes también hacen la historia. Para ser efectivo, sin embargo, el heroísmo necesita, de una racionalidad y de objetivos explícitos y legítimos.

Gandhi vivió una filosofía y persiguió objetivos políticos concretos, congruentes con esa filosofía. En nombre de esa filosofía y para alcanzar sus objetivos juró no volver a comer hasta que los musulmanes y los hindúes pararan de matarse durante la traumática partición de la India en 1947. La heroica resistencia de Martin Luther King y de los líderes del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos también contó con un pensamiento guía y con un conjunto de convicciones y aspiraciones colectivas. Más concretamente, ese movimiento contaba con una legitimidad explícitamente fundamentada en un pensamiento que luchaba por ser universalmente aceptado. Contaba, además, con una visión normativa transmitida y defendida frente al pueblo de los Estados Unidos y el mundo; y, finalmente, estaba guiada por un conjunto de objetivos precisos, claros, y definidos. Fue así que el movimiento de los derechos civiles en los Estados Unidos fue capaz de generar un sueño colectivo que transformó a ese país.

Las acciones del MRS, incluyendo la valiente huelga de hambre de Dora María, solamente han generado confusión. La expresión más grande de esa confusión fue el “arroz con mango” que significó la marcha del 27 de junio.

PORQUE HAY MUCHAS NICARAGUAS

Quien propuso que la marcha del 27 de junio debería prescindir de colores partidarios, creó -consciente o inconscientemente- un disfraz para ocultar las varias Nicaraguas que marcharon ese día de bolas, ruido, pasión y sol. No existe una Nicaragua. En nuestro territorio nacional y fuera de él co-existen varias Nicaraguas. Muchas de ellas incompatibles. Muchas de ellas contradictorias e irreconciliables.

Nicaragua no es simplemente una realidad geográfica. Es una multiplicidad de vivencias que generan un mosaico de visiones de lo que es la realidad del país. En este sentido, el reto de la política y de los partidos políticos es unificar el sentido de nuestra nicaraguanidad promoviendo la construcción de un consenso social fundamentado en una estructura de derechos ciudadanos en la que estén representados, justamente, los intereses y las necesidades de todos y de todas.

Esa tarea implica reconocer que los consensos sobre los que se sustenta el orden social son siempre hegemónicos y que, por lo tanto, expresan y representan los intereses y las aspiraciones de las clases y grupos sociales dominantes. En sociedades marcadas por la pobreza, la injusticia y la desigualdad social, la construcción del orden y la paz debe privilegiar a los sectores marginados por las estructuras de poder que han imperado en el país desde su inicio. Al menos esto se espera de un movimiento de izquierda como pretende serlo la Alianza MRS.

La marcha “bajo una misma bandera” sirvió para esconder las contradicciones de nuestra realidad social. En ese sentido, fue un canto a la mentirosa visión no conflictiva de la política que forma parte del arsenal ideológico neoliberal. Esa visión asume que la tensiones y contradicciones que se derivan de la existencia de las varias Nicaraguas que co-existen dentro y fuera de nuestro territorio pueden ser resueltas mediante diálogos no confrontativos, en cómodos salones, sin la urgencia del hambre, y dentro de los parámetros que establece la visión normativa de la que se alimentan muchas de las organizaciones de la llamada “sociedad civil” nicaragüense. La Alianza MRS, si el nombre de Sandino todavía significa algo para esa organización, no puede promover esa visión.

PORQUE HAY RESISTENCIA A PENSAR

Tampoco puede la Alianza MRS presentar como virtuosas decisiones que ha tomado como consecuencia de su debilidad política. Lo que empujó a la Alianza MRS a hacer un frente común en la marcha del 27 de junio con personajes como Enrique Quiñónez y Eduardo Montealegre es una necesidad manufacturada por su propia inacción y, más concretamente, por no haber logrado construir una identidad, una filosofía y un programa de acción, con la capacidad, la claridad y la fuerza necesarias para capturar la imaginación de un pueblo desnutrido. A estas alturas, la Alianza MRS tendría que ser capaz de movilizar, por su propia cuenta y sin participar en molotes parcialmente financiados por la embajada de Estados Unidos, a las decenas de miles de pobres y desempleados que han sido engañados, una y otra vez, por los partidos de derecha y por el FSLN.

No puede la Alianza MRS hacer de la necesidad virtud. Ha construido su propia tumba y se ha enterrado en ella. No tiene derecho, tampoco, a quejarse de la oscuridad y la estrechez de la situación nacional, como si ellas fueran producto de la mala suerte. Tampoco puede caer en la trampa de un hiperactivismo desesperado. Cuando yo criticaba el vacío ideológico, filosófico y doctrinario del MRS y de la Alianza MRS, una buena amiga emerrecista me decía: “Eso ya pasó. El pasado es pasado. No lo hicimos. No creamos una identidad ni desarrollamos un pensamiento. Ahora tenemos que hacer algo. Cualquier cosa.” ¿Cualquier cosa?

Ahora es el comienzo de los próximos quince años de vida de la Alianza MRS o, por lo menos, de Nicaragua. Su resistencia a pensarse a sí mismo y a pensar a Nicaragua, llevó al emerrecismo a encamarse hoy con los Quiñónez y con los Montealegre de este mundo. De continuar con esa misma resistencia, el emerrecismo podría llegar a convertirse en una amenaza mayor que la que representa el corrupto FSLN en el poder.

Mayor, porque el FSLN expresa hoy, en vivo y a todo color, la corrupción y la degeneración a la que puede llevar el pragmatismo descarnado que sus líderes han practicado en los últimos años. Nadie dentro de las filas del FSLN -a excepción del gelatinoso e irrelevante Tomás Borge-habla de Ortega como un gobernante honesto, capaz, o medianamente inteligente. El pueblo que votó por el FSLN se traga a la dirigencia de ese partido por necesidad y, seguramente, porque presiente que las alternativas pueden ser peores para los más pobres del país. ¿Y cómo criticarlos, después de la insensibilidad mostrada por las clases sociales representadas por el gobierno de Enrique Bolaños durante la efímera “Nueva Era”? ¿Cómo no entenderlos después de que el discurso de campaña de la Alianza MRS, durante las elecciones pasadas, fuera pesadamente neoliberal?

PORQUE CREAN CONFUSIÓN

La profunda ilegitimidad del gobierno actual apunta claramente a la posibilidad de que en un futuro no muy lejano, la familia Ortega-Murillo pase a ser recordada como se recuerda una superada indigestión estomacal. No más que eso, porque el proyecto político de esa pareja tiene más de comedia que de tragedia. Es más una broma -costosísima por cierto- que un momento dramático de nuestra historia.

Pero el emerrecismo, ahora enredado con los representantes de los intereses más oscuros del país puede terminar creando una confusión que, de institucionalizarse, le tomaría al pueblo nicaragüense mucho tiempo develar. Esa confusa visión política que ofrece hoy la Alianza MRS tiene ya una consigna -absurda y contradictoria-, en el lema-guía de la marcha del 27 de junio: “Unidos por la Democracia, contra la dictadura y el hambre”. Con ese lema y con sus acciones, el emerrecismo está ya contribuyendo a crear la impresión de que la democracia de Eduardo Montealegre es una democracia contra el hambre. Todo esto, en contra de la lógica de izquierda más elemental y en contra de las evidencias que muestran que el neoliberalismo de los Montealegres de este triste mundo, ha aumentado la miseria y la desigualdad en países con las condiciones del nuestro.

El MRS también está ya contribuyendo a confundir lo que significa la lucha contra la corrupción en Nicaragua. Lo hace cuando marcha con los corruptos que, por una u otra razón y casi siempre por razones ajenas a su voluntad, no están hoy con el pacto PLC-FSLN. Usan sus energías para luchar contra los corruptos “empactados”, en alianza con los corruptos “no empactados” como si el problema fuese el estilo y la manera en que se practica la corrupción. ¿Puede el MRS avalar la inocencia de Eduardo Montealegre en el fraude de los CENIS?

Hasta la identidad del feminismo nicaragüense -construido con tanto esfuerzo por tantas mujeres brillantes y valientes- se vio comprometida en la marcha en la que participó la Alianza MRS. El Movimiento Autónomo de Mujeres que forma parte de esa alianza marchó bajo la misma bandera enarbolada por Enrique Quiñónez, el mismo a quien la Red de Mujeres contra la Violencia condenara en noviembre de 2006 por sus agresiones verbales contra las mujeres y contra el movimiento feminista nicaragüense.

Nadie niega la necesidad de construir puentes entre los diferentes partidos y organizaciones del país, como parte de las políticas de alianzas que son indispensables en el ejercicio de la democracia, y para la construcción de un consenso social en nuestro país. Pero los puentes necesitan de bases firmes para no desmoronarse. En este caso, de bases filosóficas, bases doctrinarias, bases de ideas.

Las alianzas políticas -como el amor que define Eric Fromm- son verdaderas y efectivas cuando ambos se unen sin perder sus propias características. El resto es el sadismo de cuero y látigo que tan bien practica el FSLN con sus aliados, y el masoquismo socialcristiano que mantiene a Agustín Jarquín en un estado de excitación permanente. Los puentes trazados por la Alianza MRS son puentes sin bases que forman una telaraña sin centro que amenaza con enredar aún más, el pensamiento de las masas pobres del país.

EMOCIONES NADA MÁS...

La historia política de Nicaragua ha sido marcada por el uso de visiones confusas y superficiales de la realidad. La nuestra ha sido, parafraseando a Shakespeare, una historia contada por un pendejo: una orgía de ruidos, gritos de plaza y explosiones de emoción y furia que después de casi doscientos años no han significado ni producido nada más que miseria, corrupción y estúpida vanidad. Hemos parido incontables héroes y mártires en la defensa de un territorio que no hemos sabido hacer producir para al menos matar el hambre. Ni siquiera hemos sido capaces de evitar que nuestros ríos se sequen y que nuestros lagos se mueran, junto con nuestras esperanzas. De todas formas, vivimos agarrados de Sandino y de Rubén, pregonando al mundo nuestro cada vez más inexplicable “orgullo de ser nicaragüenses”.

Hemos sido -sobre todo nuestros llamados partidos políticos- “emociones nada más”, como señala con gran agudeza “el comandante” en la novela de Fernando Silva. Emociones que matan porque la pasión política irreflexiva, la que no está moldeada por el pensamiento y la razón, termina casi siempre en tragedia y confusión.

PARA CONSTRUIR EL FUTURO...

Basta echar una mirada por el mundo para constatar que “para construir el futuro, hay que soñarlo -teorizarlo, diría yo- primero”. El liberalismo europeo triunfó frente al poder de la Iglesia y el de la realeza. Triunfó la visión de Martín Lutero. Triunfó Mandela, armado con una visión de los derechos humanos contra la que el Apartheid no podía sobrevivir. El feminismo triunfó porque su activismo estaba armado de una visión, una justificación, y una nueva filosofía de vida. Ninguno de estos movimientos exitosos antes alcanzó sus objetivos por casualidad, o por un golpe de suerte, o simplemente por audacia.

Hasta en América Latina puede observarse que las sociedades más exitosas son aquellas que mejor han pensado su futuro. O puesto en términos más concretos, son las que han contado con élites empresariales, sindicales, políticas, y eclesiásticas capaces de construir su futuro soñándolo y teorizándolo primero. Los relativamente grandes logros de nuestra vecina Costa Rica son impensables sin la visión que orientó al gobierno transformador de Pepe Figueres después del triunfo de sus fuerzas en 1948. Todavía hoy Costa Rica, más que cualquier otro país centroamericano, ha estudiado las oportunidades y los riesgos asociados con la integración regional, que en Nicaragua se maneja con una superficialidad y un desconocimiento aterradores. Eso, entre otras cosas, explica la amplia movilización popular que desató el tratado de libre comercio CAFTA en el vecino país y la pasividad que el pueblo de Nicaragua -siempre aturdido y atiborrado de coyuntura- mostrara frente a la decisión del gobierno Bolaños y del FSLN de aprobar ese tratado.

Chile, otro país exitoso -no por causa de Pinochet, sino por un envidiable desarrollo económico y cultural iniciado desde el siglo XIX- es impensable sin la reflexión que tanto la izquierda como la derecha chilenas han logrado imprimir en su acción política. Comparar el nivel cultural de la clase política chilena -de izquierda o de derecha- con la nicaragüense, es confirmar el brutal atraso que sufre nuestro país. Esa comparación puede hacerse fácilmente contrastando y analizando el discurso y la articulación mental y verbal de nuestras élites políticas con el de las chilenas. No hablo simplemente de una diferencia en el manejo del idioma castellano. Hablo de la diferente capacidad de ambos grupos para en¬tender el futuro a partir de una comprensión de la realidad en la que operan.

LA IZQUIERDA DESAPARECIDA

Hasta la desdichada historia nicaragüense ofrece algunos ejemplos de la importancia que juega el pensamiento político en los esfuerzos para transformar la realidad. La Revolución Sandinista hubiera sido impensable sin una visión social alternativa a la somocista. Basta recordar el papel que jugó la visión pluralista, de economía mixta y de no alineamiento en la creación de un amplio movimiento de oposición al somocismo. El FSLN torpedeó ese programa. Eso se sabe y forma parte de otra historia. Lo que aquí se quiere dejar sentado es que el triunfo de 1979 tuvo mucho que ver con la construcción de un pensamiento y de una visión orientadora que se expresó en el llamado Programa de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

Es necesario recordar también el papel que jugó el ideario socialista y el pensamiento y el ejemplo patriótico de Sandino en la articulación de una visión de nación que sirvió como marco dentro del que se desarrolló la lucha armada del FSLN. Se puede criticar la superficialidad del pensamiento marxista de Carlos Fonseca Amador. Pero no se puede poner en duda la capacidad del fundador del FSLN para entender la necesidad de enmarcar su acción revolucionaria dentro de un pensamiento y una doctrina orientadora.

El espíritu de Carlos Fonseca Amador ha muerto porque la izquierda nicaragüense que, a través del FSLN y de la Alianza MRS, reclaman su herencia política e intelectual, ha sido incapaz de reconocer el valor del pensamiento y de la teoría social en la construcción de la realidad. Desde esta perspectiva, ha muerto el espíritu de Carlos Fonseca Amador y la izquierda en Nicaragua ha desaparecido.


CATEDRÁTICO DE CIENCIAS POLÍTICAS EN CANADÁ.

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