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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 316 | Julio 2008
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Nicaragua

“Nicaragua está en una situación límite, eso me obligó a la huelga de hambre”

Dora María Téllez, dirigente del Movimiento Renovador Sandinista, compartió con Envío sus reflexiones una semana después de concluir la huelga de hambre que mantuvo durante 13 días en el centro de Managua, en una charla que transcribimos.

Dora María Téllez

El Consejo Supremo Electoral le ha quitado la personería jurídica al MRS para que no participemos en las elecciones municipales de noviembre. Intenta que no participemos tampoco en las elecciones presidenciales de 2011. Quieren borrarnos del mapa político. Pero el MRS no depende de los papeles del Consejo Supremo Electoral. No nos quitan el sueño esos papeles. Lo que nos quita el sueño es la pérdida de las libertades en Nicaragua, las lesiones a la democracia y la condición miserable en la que vive la mayoría de los nicaragüenses. Eso sí nos quita el sueño. Y todo eso es una consecuencia del pacto Alemán-Ortega y del gobierno Ortega-Alemán.Este año 2008 se cumplen 10 años del pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, que comenzó cuando Alemán gobernaba y que ha desembocado hoy en el gobierno Ortega-Alemán. No podemos olvidar el pacto, porque el pacto ha significado cambios importantes en el sistema político nicaragüense, en la institucionalidad de nuestro país y en la mentalidad de gran parte de la élite política nicaragüense. La Ley Electoral actual, aprobada por el FSLN y el PLC en el año 2000, fue uno de los grandes productos del pacto.

Es una ley draconiana, que inició suprimiendo la suscripción popular para las candidaturas municipales. Ni el PLC ni el Frente querían candidatos municipales fuera de sus dos partidos políticos. Por eso, uno de los primeros acuerdos entre Alemán y Ortega fue cortarle la cabeza a toda organización política que no fuese partido político. Y ésa fue una primera gran liquidación del derecho de los nicaragüenses al pluralismo político. Porque la Constitución dice con mucha claridad que los nicaragüenses, que las nicaragüenses, tenemos derecho a participar en la gestión de los asuntos públicos y en la política nacional a través de “organizaciones políticas”. No dice que sea exclusivamente a través de “partidos políticos”. La democracia representativa en Nicaragua nos da el derecho de expresarnos políticamente a través de organizaciones políticas, no solamente de partidos políticos. Esto significa que “pluralismo político” no es sólo pluripartidismo. El pluralismo garantizado por la Constitución implicaba que la gente podía asociarse por suscripción popular y presentar candidaturas municipales. El primer golpe político del pacto fue reducir el pluralismo a pluripartidismo.

La Ley Electoral del 2000 también cambió la matemática electoral. Y por este cambio, el voto que uno deposita en la urna no vale lo mismo si vota por el partido del primero o del segundo lugar o si vota por otros partidos. En las elecciones pasadas, las del 2006, el MRS sacó el 8% del voto nacional, pero no tiene el 8% de los diputados. Deberíamos tener 7 u 8 diputados, pero con la forma de contar los votos, según la Ley Electoral del pacto, se favorece siempre al partido del primero y del segundo lugar. Así, después de eliminar el pluralismo político, buscaron forzar el bipartidismo por la manera en que se cuentan los votos y se distribuyen los escaños en la Asamblea Nacional.

La mayoría de la gente cree que todos los votos valen lo mismo, pero no, unos valen más que otros. El pacto diseñó la Ley Electoral para que sus dos partidos se repartieran con la cuchara grande y para que aun los votos de quienes no votan por ellos terminen sumándoselos a ellos. El pacto también aumentó los altos cargos en las instituciones para repartirlos entre los incondicionales de Alemán y Ortega. Así se repartieron el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría, la Corte Suprema de Justicia, luego los Tribunales de Apelaciones: en Managua hay uno que obedece a Alemán y otro a Daniel Ortega. Y así en el resto de departamentos del país. Después, como no era suficiente con los Tribunales de Apelaciones, se repartieron los Juzgados, los jueces civiles y también los jueces penales. Así Alemán y Ortega se protegen y protegen a sus incondicionales, a sus argollas, que tienen mano libre para cometer todo tipo de delitos. También se repartieron la Procuraduría de Derechos Humanos y la Fiscalía, las instituciones autónomas y las de servicios públicos. Actualmente no queda ningún espacio en donde los ciudadanos nicaragüenses puedan defenderse cuando, de una manera o de otra, se enfrentan a Ortega y a Alemán. El pacto ha ido dejando en la indefensión a la ciudadanía.

Después de repartirse los cargos en las instituciones, vino la repartición de negocios, de contratos, de licitaciones, los megasalarios y todo tipo de privilegios ilegítimos. Alemán se dio cuenta de que muchos de los discurseros revolucionaristas eran vulnerables al dinero fácil. Así comenzó la oleada de corrupción que trajo el pacto Alemán-Ortega. Con el pacto, el gobierno y las instituciones se han transformado en un botín para repartir cargos a la parentela de la pareja presidencial y a Alemán y a sus asesores y a su círculo inmediato. Por todos lados lo que vemos son estructuras de poder donde cada quien va poniendo a sus familiares en los cargos y trabajos. Así sucede en los departamentos y así sucede en los municipios.

Hoy, esta corrupción, que lleva diez años de extenderse en todo el Estado, está alimentada por los fondos venezolanos. Estamos hablando de 520 millones de dólares, según declaraciones del Presidente Ortega. ¿Dónde está ese dinero? Si ese dinero se usara para pavimentar calles, estaría pavimentado todo el país. Si se usara para construir escuelas, Nicaragua estaría llena de escuelas. ¿Dónde están esos reales, dónde van, quién los administra, cómo se administran? ¿Podemos presumir que hay una robadera? Con todo derecho. ¿Por qué se esconden para administrar ese dinero? Por algo, y ya está apareciendo el “algo”. Son las licitaciones y contrataciones a empresas cuyos dueños están vinculados al Presidente Ortega, a su familia, a los funcionarios de su partido, a la argolla de Alemán. ¿Y la Contraloría, qué hace? Nada, pues está subordinada a Ortega y a Alemán. La Fiscalía tampoco investiga nada. Son los medios de comunicación los que destapan, a diario, los casos de corrupción, sin que las instituciones encargadas cumplan con su responsabilidad.

Y esto recorre todo el país. En el Caribe, donde hay tantos recursos naturales, la cosa es gravísima. Allí el reyezuelo que ha puesto Daniel Ortega es Brooklyn Rivera, que está repartiendo territorios completos para apropiarse de los beneficios de las concesiones de madera, para eventuales concesiones petroleras, para las mineras. También está alentando la confrontación entre mískitos y mayangnas de Awas Tigni, para quitarles territorios a los mayangnas. Está cambiando las autoridades que eligen las comunidades. Está intentando comprar periodistas y líderes sociales. Y así la gente costeña va quedando en la indefensión. Y ahora está estimulando unos micro-levantamientos, unas mini-autoasonaditas, para evitar que haya elecciones municipales en enero de 2009. No quieren elecciones. Porque si hubiera elecciones limpias en la Costa pierden. Porque en el Caribe Norte la gente damnificada por el huracán “Félix” está todavía viviendo en champas de plástico y sin comer. ¿Dónde se ha quedado la ayuda? En las argollas de la gente de Brooklyn.

El pacto ha liquidado las instituciones. ¿Qué credibilidad tienen hoy las instituciones? El pacto ha estrangulado la democracia. Y ahora ha acabado con la legitimidad del proceso electoral. En el año 2000 ya le quitaron la personalidad jurídica al MRS. Aquel año yo me lancé de candidata a la Alcaldía de Managua. Después de la primera encuesta, nos dieron el machetazo esos mismos magistrados del Consejo Supremo Electoral. Introdujimos un recurso de amparo, que pasó en una gaveta de la Corte Suprema de Justicia unos tres años. Hasta que tuvieron que resolver y nos devolvieron nuestra personalidad jurídica. Ahora tratarán de que sea igual y que el recurso duerma el sueño de los justos en manos de los magistrados de la Corte Suprema.

El pacto tiene ya el control de todo el aparato electoral. Desde el Consejo Supremo hasta la última junta receptora de votos. Ya en las elecciones del 2006, varios de los digitadores de las actas, en distintos departamentos, nos avisaron que tenían la orden de eliminar los votos del MRS y sumárselos al Frente. Por eso, el Consejo Supremo no autorizó a nuestros fiscales a supervisar directamente a los digitadores. En Managua les descubrimos una conexión electrónica para manipular la información electoral. Y sabemos que en esas elecciones hubo toda una operación de “peinado” de votos. Hasta el día de hoy el Consejo Supremo Electoral nunca pudo dar las cifras definitivas de estas elecciones. Por boca de un magistrado liberal, hoy sabemos que la cifra real de votos que sacó Daniel Ortega fue el 29% y que el resto, hasta hacerlo llegar al 38%, se lo sumaron las manos de los magistrados del Consejo Supremo Electoral. Ese mismo magistrado liberal se vanagloriaba, sin recato alguno, ante varias personas, de los diputados que les robaron a los partidos políticos ajenos al pacto.

Con estos antecedentes, ¿qué creen que va a pasar en las elecciones municipales, donde solamente va el PLC, el danielismo y sus partidos satélites, con todas las mesas y los Consejos municipales bajo su control? Está claro que será una gran robadera de votos, que ya comenzó robándole los votos al MRS y al Partido Conservador por adelantado. Como parte de sus más recientes arreglos, Alemán y Ortega ya acordaron quién de ellos dos ganará en qué municipio, no importando la cantidad de votos que saque cada uno. Ya hay cuotas de poder que ambos se han asegurado. Ya sabemos que en Managua ganará el candidato del danielismo, Alexis Argüello. Éstas son unas elecciones fraudulentas y no competitivas y por eso, son ilegítimas. En este contexto, el MRS va a continuar defendiendo y reclamando su derecho a participar en las elecciones municipales hasta el último día. Y no vamos a hacer ninguna alianza con ningún partido, fuerza o candidato. Y no votaremos en ninguna casilla del pacto y de sus satélites.

El pacto también usa la represión. Recordemos cómo Arnoldo Alemán, cuando fue Presidente, comenzó a reprimir a las organizaciones no gubernamentales. El gobierno del Presidente Ortega ya está haciendo lo mismo. Sus voceros están diciendo que las ONG son agentes del imperialismo yanki para conspirar contra su gobierno. Y eso las pone en peligro, no sólo legalmente, sino que pone en peligro la vida física de la gente que trabaja en las ONG. El militante danielista que mató a Carlos Guadamuz declaró que lo hizo porque le molestaba lo que decía Guadamuz. Las declaraciones, acusaciones y llamados al odio que hace Ortega ponen en riesgo la vida de todos aquellos que hacen trabajo social desde las organizaciones de la sociedad civil. Porque al pacto le molesta lo que dicen y lo que hacen.

La libertad de expresión y la libertad de organización están bajo amenaza del gobierno Ortega-Alemán. Y son libertades básicas. El artículo 29 de la Constitución dice que “toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, de pensamiento, de profesar o no una religión” y que “nadie puede ser objeto de medidas coercitivas que pretendan menoscabar estos derechos”. La Constitución es tajante: “Los nicaragüenses tienen derecho a expresar su pensamiento en público y en privado, individual o colectivamente”. La libertad de opinión está hoy amenazada: ay del trabajador del gobierno, del Estado, que abra su boca para decir: no estoy de acuerdo con lo que pasa. Lo corren. También hay represión contra los medios de comunicación. El que no se alinea con este gobierno y con el pacto Ortega-Alemán es amenazado y castigado.

Además de liquidar las instituciones y fomentar la corrupción, el gobierno Ortega-Alemán ejerce el poder mediante el miedo. Como no puede ejercer el poder mediante el consenso, ni mediante la mayoría, ni mediante la búsqueda de acuerdos políticos para el bien del país, lo ejerce mediante el miedo. Tiene que infundir miedo. O compra o atemoriza. Igual que Somoza García, con su política de “las tres P”: plata para los amigos, plomo para los enemigos y palo para los indiferentes.
La plata ha comenzado a correr y el palo se esgrime contra todo el que quiere oponerse. Y ojalá no lleguen al uso del plomo. Aunque asesinatos como el de los periodistas Carlos Guadamuz y María José Bravo sólo pueden atribuirse a la creación, por quienes detentan el poder, de un ambiente envenenado contra periodistas y medios de comunicación.

El gobierno está destruyendo la libertad de organización y el derecho a la participación ciudadana cuando estableció que los únicos mecanismos de participación son los Consejos del Poder Ciudadano, una decisión que es inconstitucional. Su política ha sido liquidar los comités de desarrollo municipales, aunque hay algunos que aún sobreviven. También mataron el CONPES. Si en la época de Bolaños era una bocina de las políticas gubernamentales, ahora no es ni siquiera bocina. Ya es un muerto.

El danielismo ha emergido ahora con toda claridad. Cuando estábamos en la huelga de hambre había gente que nos pasaba gritando: ¡Viva Daniel! No decían ¡Viva el Frente! Porque ya el partido tampoco existe. Lo que existe es el danielismo. Nada más. El pensamiento de Sandino y el legado de Carlos Fonseca han sido totalmente traicionados. El danielismo es una facción corrupta del sandinismo, que colapsará por el peso de los sandinistas verdaderos.

Tenemos que reconocer que este gobierno del pacto ya pasó a la etapa de la represión. Intimida y reprime a todo el que no está alineado. Todas esas declaraciones de que los medios de comunicación y las ONG son “vendepatrias” y están pagados por el imperialismo son amenazas. ¿A qué tribunales vamos a ir a defendernos? Nosotros, en el MRS, hemos decidido que no vamos a ir a defendernos a los tribunales del pacto. ¿Nos quieren condenar? Vamos condenados. ¿Nos quieren echar presos? Vamos presos. Ni abogados defensores vamos a buscar. Porque no vamos a contribuir a hacer la mueca de que éste es un país donde nos podemos defender. Porque en este país todo el mundo sabe de antemano por dónde van a resolver los jueces.

Una de las más trágicas expresiones del pacto es que, como consecuencia de la corrupción generalizada y de la impunidad, la mayoría de los nicaragüenses está abandonada a su suerte. Este pacto de poder y corrupción ha provocado que los corruptos que se roban millones estén en las calles y en puestos públicos y que quienes se roban una gallina para comer estén fundidos en la cárcel. Ésa es la naturaleza de este esquema de poder: la impunidad de los poderosos y la indefensión de los más pobres. ¿Qué ladrón de corbata, que roba el Presupuesto y el erario público, está preso o en proceso de estar preso? Ninguno. Ya quisieran muchos nicaragüenses tener la cárcel que tiene hoy Arnoldo Alemán, que circula por fiestas y restaurantes y que hasta fue invitado especial a la toma de posesión del Presidente Ortega. ¿Está preso Byron Jerez? ¿Está preso el alcalde de Chinandega, que usó dinero de la comuna para reparar la casa de su hermano y de su cuñado, que vendió la chatarra de la alcaldía? ¿Está preso el candidato actual del Frente en Jinotega, Leónidas Centeno, que usó los 400 mil córdobas que les dan a los diputados en la Asamblea para obras sociales, para regalárselos a sus familiares? Todos esos son los “hermanos” del Presidente Ortega. Siempre los llama así: “mis hermanos”. Estamos claros de qué tipo de hermandad se trata: una hermandad mafiosa, una hermandad de delincuentes que han chupado el dinero del país, que es dinero de todos nosotros, especialmente de la gente más pobre.

La corrupción lo ha invadido todo y ha llegado a tal nivel que los corruptos no disimulan lo que se roban. Como cuando Somoza le decía a Cornelio Hüeck cuando aquel se construyó una gran mansión: “Usted se robó la gallina ¡y no escondió las plumas!” Eso es lo que sucede ahora: nos están mostrando la corrupción en nuestra cara. Los ladrones circulan impunes en todas partes, se arrodillan en todos los altares, desfilan con lo que se nos robaron creyendo que nosotros somos incapaces de levantar la voz.

El pacto ya lo copó todo y ahora está tratando de liquidar todos los espacios de participación por el miedo, por la represión, por el uso de las instituciones. Me decían unas profesoras de la UNAN Managua que hay estudiantes universitarios que quieren pronunciarse, pero que tienen miedo de que los aplacen, de que los saquen de la Universidad. ¿A qué nivel hemos llegado? A Roger Arias -el universitario que nos acompañó haciendo también doce días de huelga de hambre- ya están algunos dirigentes de la UNEN viendo cómo lo expulsan de la Universidad. ¿Y el derecho de opinión? ¿Y la autonomía universitaria? ¿Y la libertad de expresión? ¿Qué le quitó Roger con su huelga de hambre a quienes manejan esa universidad, a los líderes de la UNEN, que han estado ordeñando durante años el 6% del presupuesto nacional, metidos también en una nube de corrupción?

Estuvimos en la huelga de hambre reclamando democracia, y reclamando “democracia con gallopinto”. Hablamos del gallopinto porque por debajo del gallopinto sólo queda morirse de hambre. El gallopinto es el mínimo. El nicaragüense que no logra comer gallopinto ni una vez al día está en la peor condición de todos. La diferencia entre la pobreza extrema y la muerte es el gallopinto. Y lo que hace un año la gente podía comprar en gallopinto era el doble de lo que puede comprar ahora. Ahora sólo pueden comprar la mitad de los frijoles, la mitad del arroz, la mitad del aceite y la mitad de la sal de la que compraban hace un año para hacer su gallopinto de cada día.

Siete de cada diez nicaragüenses ganan menos de 40 córdobas al día. Hay gente que hoy ya ni siquiera está encendiendo el fuego y sale a comprar la taza de frijoles ya cocidos al vecindario, pero sólo puede comprar la taza que se va a comer en el tiempo en que se la va a comer. Ni siquiera compra las tres tazas de todo el día, sino sólo la taza que se va a comer en ese momento. No tiene para más. No se enciende el fuego y ya sabemos lo que significa no encender fuego. ¿Cuál es la sensibilidad de este gobierno ante esta tragedia? ¿Qué hace el gobierno para que, al menos, el gallopinto sea accesible a todas las familias? ¿Qué le cuesta a este gobierno hacer un pacto de solidaridad con las pulperías, barrio por barrio, abasteciéndolas de arroz, frijoles, aceite y sal a buen precio, para que lo vendan a precios de lista, para que los dueños y dueñas de las pulperías sobrevivan? Porque aquí todo el mundo tiene que vivir.

¿Y habrá mayor producción de frijoles? Para eso hay que darles semilla a los campesinos. He hablado en estos días de la huelga por lo menos con campesinos de diez puntos del país y me decían que no tienen semilla, que no consiguen, que se la dan a la gente de la argolla del secretario político del Frente, que sólo llega a los del CPC. Uno de Carazo me decía que le cuesta un dólar la libra de semilla y que para sembrar un cuarto de manzana tiene que comprar 30 libras y que a ese costo no puede sembrar. Y la urea de la “colaboración venezolana” viene al mismo precio que la urea comercial. Y el crédito no llega al campesino verdaderamente pobre, sino que se queda en los grupos de poder afines al gobierno.

Y tenemos además un arreglo del gobierno con Unión Fenosa, que sube los precios de la energía eléctrica mensualmente. Y una amenaza del director de INAA de que van a comenzar a subir los precios del agua. Y los combustibles siguen subiendo. Y ahí están los pescadores de Corn Island, que no pueden salir a pescar con los precios tan altos que tiene el diesel. Y si salen, nadie les compra lo que pescan al precio que les cuesta a ellos. Y ya el gobierno le está diciendo a los transportistas que cuando se les acabe el subsidio -y ya se les agotó con los precios del petróleo subiendo- deben subir las tarifas. ¿Y a quién le van a caer esas tarifas? A los pobres. ¿Y hay incremento de salarios? No lo hay, los salarios están estancados.

Cuando fuimos a la huelga de hambre demandamos la democracia que nos están quitando al negarnos el derecho a elegir y a ser electos, exigimos el gallopinto de cada día, y le reclamamos al gobierno que convocara a un diálogo nacional para discutir cómo enfrentar entre todos la carestía de la vida. La idea es sentar a los empresarios, a las organizaciones no gubernamentales, a los partidos políticos, a las organizaciones sociales, a las iglesias para discutir esto. Es necesario un pacto de solidaridad en Nicaragua. El economista Adolfo Acevedo identificó una lista de siete productos básicos -arroz, frijoles, sal, azúcar, leche, aceite y maíz- y calculó que a un matrimonio de maestros
no les ajustan ya sus dos salarios ni siquiera para comprar esos siete productos básicos. Ya no estamos hablando de la “canasta básica”, que anda en las nubes. Estamos hablando de hambre. Hambre en serio. Deberíamos discutir en un diálogo nacional sobre esos siete productos y sobre el gas y el kerosén para cocinar. Deberíamos discutir sobre un incremento de salarios. Deberíamos llegar a un gran acuerdo de precios y salarios, como el que ya existe en otros países de América Latina.

Si seguimos como vamos pagarán los más débiles. Los niños, las niñas, los ancianos. Van a morir de hambre si no reaccionamos rápidamente. Porque todo esto sucede en un país donde la desnutrición en la niñez no baja del 25%. ¿Qué es lo que está esperando el gobierno para entender lo que está pasando? ¿Que la gente salga a saquear las bodegas de ENABAS? Un empresario nicaragüense decía recientemente en un medio internacional que los empresarios se sienten bien con el gobierno y que han decidido no meterse en política de partidos. Pero esto no es política de partidos, esto es la comida. Los empresarios también van montados en este barco. ¿Creen que pueden hacer dinero mientras el resto se empobrece? El que cree que puede hacer aquí millones mientras el resto no tiene para comer el gallopinto está loco. Si el barco se hunde, nos hundimos todos. ¿Cuándo se van a dar cuenta? ¿Cuando la gente comience a saquear supermercados, cuando comience a asaltar camiones que llevan productos básicos para distribuirlos en las comunidades? No podemos llegar a ese punto. Tenemos que reaccionar ahora. Ahora. De lo contrario, el país va hacia la disolución social y el conflicto. Porque estamos hablando de la comida. Y porque hablamos de un gobierno que está sordo, es insensible y es incapaz.

El esquema estratégico del gobierno y del pacto Ortega-Alemán es éste: arreglarse con el gran capital, neutralizar el Ejército y a la Policía, y amenazar y golpear a quienes no se someten. Éste es un momento crítico también para el Ejército y para la Policía. Para nadie es un secreto que el Presidente Ortega trata de hacer en la Policía -y ya lo ha hecho- cambios que cree le dan una correlación favorable dentro de la institución. Lo mismo hizo Bolaños y lo mismo hizo Alemán. Doña Violeta también hizo cambios. La Policía ha sido una de las instituciones más maltratadas por todos los gobiernos. Y sigue siendo maltratada. En cada barrida barren de cuatro en cuatro, de cinco en cinco, y así la institución ha perdido cantidad de buenos cuadros, con capacidad, calidad y edad para poder seguir aportando. Y así la Policía se va quedando sin mandos de experiencia, lo que puede causarle problemas en el futuro.

El danielismo trata de alinear a la Policía. Le da órdenes de que vaya aquí y no vaya allá, la lleva y la trae a su antojo. También le da ese mensaje al Ejército, pero el Ejército es una institución más fuerte. Y resiste mejor que la Policía esos embates. La Policía ha sido una institución más frágil, precisamente porque cada Presidente le ha ido pasando la factura que considera conveniente. Por eso es que hablamos de una dictadura institucional, y no de una dictadura militar. Esta dictadura no tiene Ejército ni Policía. Su pelotón de fusilamiento es el Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia. Por distintas razones, todo el mundo va a morir allí.

Tenemos que percatarnos como sociedad de que estamos en una situación crítica. Si no hacemos nada y no lo hacemos ahora, el país seguirá desangrándose por fuera de sus fronteras y los nicaragüenses y las nicaragüenses se seguirán yendo hacia Estados Unidos, hacia Costa Rica, hacia España, hacia cualquier lugar menos quedarse en su patria. Si no hacemos nada, estaremos condenando a las próximas generaciones a levantarse en armas contra lo que se está estableciendo como una dictadura institucional, que tiene al frente a una mafia de corruptos y sinvergüenzas sin sensibilidad alguna por los pobres. Porque de seguir así, al no encontrar condiciones mínimas de vida, el pueblo
se va a levantar, espontánea y desorganizadamente, y hará justicia por su propia mano.
Es el momento de tomar opciones. La línea está claramente trazada: los pobres no pueden estar más pobres y desesperados, los ladrones no pueden estar mejor y el gobierno no puede estar más separado de la realidad nacional, encerrado en su burbuja de corrupción.

Hemos planteado que si la institucionalidad está corrupta, si las instituciones no están respondiendo a los intereses del pueblo, nosotros tenemos que organizarnos en asambleas cívicas en todo el país. Asambleas cívicas de jóvenes, en los barrios, en las comunidades, asambleas cívicas de mujeres, de artistas, de artesanos, de pequeños comerciantes... Por todo el país. Para defender la democracia, para luchar contra la corrupción y para luchar contra la carestía de la vida. Decimos asambleas “cívicas” porque estamos convencidos de que es la lucha cívica y pacífica la que nos va a sacar de esto. La lucha cívica de todo el pueblo. Si se ha establecido una dictadura institucional desde arriba, tenemos que responder con democracia desde abajo. Asambleas Cívicas que sean profundamente democráticas. Porque si nosotros no oponemos la democracia a esta dictadura institucional vamos a terminar todos como en la época de la dictadura somocista, creyendo que el autoritarismo, la imposición y la represión son lo correcto. La única manera es ponerles enfrente una muralla de todo el pueblo. Y preparar grandes protestas nacionales. Para que escuchen.

Porque el poder del pacto Ortega-Alemán es sordo. Este grupo de poder está completamente ensordecido por su propia ambición de poder y de dinero y hay que tocarles la puerta duro. Sólo preparando y llevando adelante grandes protestas nacionales podemos enfrentarlos. Si quienes tenemos más capacidad de levantar la voz con fuerza, no la levantamos, los pobres van a estar cada vez peor y la gente que tiene miedo va a tener cada vez más miedo. Cuanto más impositivo es el poder de arriba tenemos que hablar más duro abajo. Hay que hacer protestas fuertes. Ésa es nuestra obligación, la de todos los que tenemos algún nivel de liderazgo en el país, en una comunidad, en un barrio, hasta en un núcleo familiar.

Tenemos que levantar la cabeza. Hicimos la insurrección para desembarazarnos de una dictadura salvaje de más de 40 años. Y eso nos costó miles de muertos. Y después vino una guerra: la Resistencia con otros miles de muertos, y la gente que fue al servicio militar patriótico con otros miles de muertos. Estamos parados y sentados sobre un mar de sangre. Hoy tenemos que reconocer que estamos en una situación límite y tenemos que actuar con el sentido de urgencia y de contundencia con que se actúa en una situación límite. Esta situación límite es la que me obligó
a la huelga de hambre.

Nosotros creemos que éste es el momento de Nicaragua. Y entender esto es difícil, porque dentro de la estrategia del gobierno Ortega-Alemán está dividir. Cuentan ellos con la ventaja de que en Nicaragua la cultura de tolerancia es baja. Insistimos siempre en las diferencias y olvidamos las coincidencias. Éste es un momento en que tenemos que poner en primer lugar las coincidencias reconociendo y respetando nuestras diferencias. ¿Es diferente el MRS del Partido Conservador? Sin duda ninguna. Pero tenemos coincidencias fundamentales. Con ellos y con otros. ¿Cuáles son las coincidencias que hoy queremos subrayar? En primer lugar, la defensa de la libertad de opinión y de expresión. Un derecho fundamental, constitucional. Hemos llegado a tal punto que la Constitución ya no es el piso, es el techo que debemos alcanzar. Los derechos básicos que están en la Constitución los estamos perdiendo.

Queremos coincidir en la lucha por la democracia, por la libertad de organización, por la libertad de opinión. Queremos coincidir también en la lucha contra la corrupción. Contra la corrupción, no contra los corruptos de aquel o de aquel otro. La corrupción sin nombre y sin apellido, no importa de que lado estén. Queremos coincidir también en la lucha porque los pobres no sufran más en estas circunstancias de crisis de precios nacionales e internacionales. Y tenemos que luchar por sentar a toda Nicaragua para emprender juntos esta lucha. Tenemos grandes diferencias con los conservadores, con otros movimientos y con otros partidos, pero creemos que éste es el momento de Nicaragua.

En este momento de Nicaragua no tenemos por qué avergonzarnos de coincidir con otros en los derechos básicos de los nicaragüenses. Al contrario. Lo peor que nos pudiera pasar es convertirnos en una secta y encerrarnos nosotros solitos. El MRS va a pelear, junto a otros, por los derechos básicos de los nicaragüenses. Porque si no peleamos por eso, ni siquiera vamos a poder pelear por las transformaciones sociales que el MRS quiere para esta sociedad. Ahora nos están liquidando lo básico. Ahora estamos, otra vez, peleando por lo elemental. Vamos a luchar con quienes estén dispuestos a hacer esa lucha, no importa que tengan otro partido, que no tengan ningún partido, que no simpaticen con nosotros.

Las asambleas cívicas que proponemos tienen que ser plurales. Por eso son cívicas. No son del MRS. Por eso son democráticas. Tiene que participar toda la gente de una comunidad, de un barrio, de una universidad, jóvenes de distintas corrientes, de distintos pensamientos, de distintas religiones, de distintas opciones políticas o de ninguna, pero que estén dispuestos a defender lo básico: la libertad de opinión, la libertad de expresión, la libertad de organización, la libertad de participación ciudadana, la libertad de elegir y ser electos, la lucha contra la corrupción, la lucha contra la carestía de la vida. ¿Estamos de acuerdo en eso? ¡Vamos de viaje! Cada quien se pone su camiseta y agarra su bandera de Nicaragua, porque ése es el partido que nos cobija a todos: la bandera de Nicaragua. Y con esa bandera debemos luchar para salvar a Nicaragua de las garras del pacto Ortega-Alemán.

Lo peor que nos puede pasar hoy es quedarnos discutiendo diferencias. Como sociedad, tenemos que aprender a trabajar con nuestros acuerdos y a respetar nuestros desacuerdos. Es el momento de trazar la raya: o con el pacto o contra el pacto. El MRS tiene que estar en esta lucha haciendo alianzas concretas con todos los que quieran democracia, lucha contra la corrupción y lucha contra la carestía de la vida. No importa qué color tiene la camiseta, no importa cuántas otras diferencias tengamos con ellos. Ésas son hoy nuestras tres banderas claves y con ellas queremos convocar a la mayoría de los nicaragüenses. ¿Para qué? Para cambiar el país, para hacer una revolución cívica.

¿Qué sería lo ideal para nosotros? Que esta lucha sensibilizara a todo el mundo sobre la necesidad de construir un país con verdadera justicia social. No con migajas, no con chelines, no con prebendas, no repartiéndoles espejitos y collares de cuentas a los pobres. Con justicia social. Con verdaderas oportunidades para los pobres, que es distinto a andarles dando regalitos para tomarse una foto con ellos. No viendo al pobre con cara de pordiosero, que es lo que hace este gobierno y lo que han hecho otros gobiernos. El pobre no es pordiosero, es pobre. Y es pobre porque no tiene oportunidades, porque no se le han dado oportunidades, porque el sistema le niega oportunidades. Para nosotros lo ideal sería que en esta lucha sensibilizáramos a todos sobre la necesidad de que el país se enrumbe por un cauce de democracia, de no corrupción, de transparencia y de justicia social.

En este momento nuestra lucha es, en realidad, una lucha constitucional. Porque nos están dejando por debajo de nuestros derechos constitucionales. Estamos entrando al terreno peligroso en donde los que gobiernan están por fuera del cauce constitucional, del cauce legal. En estas circunstancias, los jóvenes deben jugar un papel crucial. Yo creo que si los jóvenes salen a la calle, el pacto se acaba. Porque los jóvenes son más difíciles de convertirse en clientela política. Tienen menos que perder. Tienen más generosidad.

Yo apelo a los jóvenes. Y apelo a mi generación. Porque nosotros fuimos a la lucha armada para no llegar a este punto. Yo me aterro de pensar que le podemos dejar a la próxima generación de jóvenes lo mismo que nos tocó a nosotros.

Mi generación no puede permitir que las generaciones de jóvenes que están por delante de nosotros tengan amigos muertos, hermanos muertos, hermanos y amigos lisiados, que pierdan su juventud. No lo podemos permitir. Nada haría nuestra generación si otra generación tiene que masticar el cable que nos tocó masticar a nosotros. Nosotros tuvimos combatientes de 14, de 15, 16 años, gente valiosísima que lo dio todo.

La generación actual tiene que decidir. Por eso vamos a la lucha cívica, pacífica, en la calle, contundente. Porque si no es contundente no moveremos a esa mole de poder corrupto que es el pacto Ortega-Alemán. Y los jóvenes tienen que ir en primer lugar. Y mi generación también. Yo apelo en particular a mi generación, que tiene cierta fuerza, que tiene conciencia, que sabe por lo que pasamos. Por la huelga de hambre vimos llegar a cantidad de combatientes, de todos lados. Hubo combatientes, hombres de 50 años, que llegaron a llorar. Y que decían: “Todo lo que dejamos en el camino para llegar a esto...” Pero no nos podemos quedar llorando. Si nos bajamos a uno más grande y peor, nos vamos a bajar a éstos. Nada más que ahora tenemos el dilema de hacerlo por la vía cívica y pacífica. Allí a la huelga llegaron compañeros que me dijeron: Aquí estamos dispuestos para una escuadra de sabotaje, estamos listos. Les dije: No, ahora ya no es así, tenemos que hacer una lucha cívica y pacífica. Mi generación tiene que salir a las calles para impedir que otra generación pase por lo mismo. La generación del servicio militar patriótico, los que se fueron a la Resistencia, tienen que salir a la calle para impedir que a otros les toque andar el mismo camino. Los jóvenes tienen que salir a las calles porque éste es su país y no sólo por su futuro, sino por su hoy, por su ahora. Si no lo frenamos, el pacto sigue. Le hace falta aún un paso clave: la reforma constitucional que le permita a Daniel Ortega la reelección, la permanencia en el poder sin necesidad de recurrir a una elección general. Cualquiera que lee las encuestas sabe que Daniel Ortega no ganaría las próximas elecciones generales. Entonces, el pacto le tiene que asegurar la permanencia en el poder sin necesidad de elecciones. Por eso están hablando de cambios en el sistema político.

La ambición de Ortega y de Alemán es infinita. Ambicionan estar en el poder hasta la muerte y heredarlo a su familia, a sus hijos. Estamos ante un esquema de poder familiar, dinástico y mafioso, con reyes, reinas y príncipes herederos. Igual que en el somocismo. Nadie llega a este nivel de liquidación de libertades públicas sólo para estar cinco años en el gobierno y para después someterse a elecciones periódicas. Es una ilusión pensarlo así. Arnoldo Alemán está totalmente de acuerdo con Daniel Ortega y los dos están amarrados políticamente y económicamente, porque tienen negocios y chanchullos conjuntos.

Si no lo enfrentamos y lo destruimos, el pacto no se acabará. Ahora Daniel Ortega está hablando de socialismo. Quiere empacar la reforma constitucional con el socialismo. Cree que nos vamos a poner a la defensiva. ¿Qué vamos a discutir con ellos? ¿Si ellos o si nosotros somos de izquierda? En esa trampa no vamos a caer. En las radios oficialistas usan ahora el ideologímetro para declarar quién es de izquierda y quién no lo es. Son una pandilla de mafiosos, de ladrones, que han liquidado las conquistas de la revolución en materia de libertades políticas, que han abandonado ompletamente a los pobres y que están solamente interesados en su poder y en su dinero. ¿En qué se parece eso a la izquierda?

Desde el primer cuestionamiento que le hicimos al danielismo a comienzos de los 90, comenzaron a decirnos traidores, socialdemócratas, pagados por la CIA. A mí me han declarado agente de la CIA como cien veces, pagada por el imperialismo otras cien. No perderemos el tiempo en discutir etiquetas y epítetos. Queremos otra discusión, bien concreta: el pueblo nicaragüense tiene derecho a la democracia, a comer, por lo menos, su gallopinto, y a que su dinero, el dinero del pueblo, no sea botín de corruptos.

A lo único que sí respondí durante la huelga de hambre es a si yo comía o no comía. Y lo hice por una razón muy simple. Porque el danielismo perdió la dimensión moral de la política. La malbarató, la vendió. Y por eso la gente tiene razón al no creer en los políticos. A eso sí respondí y les dije: Solamente aquellos que vendieron su alma al diablo creen que todo el mundo la vendió con ellos. Y solamente los que perdieron la moral, los que se desmoralizaron, creen que todo el mundo perdió la moral como ellos. Cuando las radios oficiales repetían que yo comía en la huelga de hambre, lo que estaban diciendo es que ellos son incapaces de hacer un sacrificio mínimo por la democracia,
por el pueblo nicaragüense, en la lucha contra la corrupción.

Ninguno de ellos es capaz de creer en lo gratuito. Ninguno de ellos puede entender que quienes estaban en la huelga conmigo todo el día eran voluntarios. Porque ninguno de ellos son voluntarios de nada. Todos son pagados. Y re-pagados dentro de una masa de corrupción generalizada. Para ellos la política y la moral no van juntas. No creen en sacrificios por nadie. Hoy, también tenemos que reivindicar la dimensión moral de la política. La política no tiene por qué ser inmoral, por qué ser amoral, sucia, corrupta. Los acuerdos políticos no tienen que ser “dame y te doy”, tienen que hacerse en función de mejorar la realidad nacional, en función del país, de los pobres, de la gente.

El cálculo que hizo el pacto Ortega-Alemán es que quitándole la personalidad jurídica al MRS íbamos a ir a buscar a Daniel Ortega. Están equivocados. No tienen dinero para comprarnos y no tenemos precio que puedan pagar. Y eso ya es extraño en la política nicaragüense, donde hay quienes se ponen el precio en la frente. Y si eso significa que la Corte Suprema no resuelve a tiempo para que participemos en las elecciones municipales, así será. No vamos a dejar de luchar. El MRS va a seguir luchando sin papeles, con papeles, con más papeles, con menos papeles, en la lucha electoral y fuera de la lucha electoral. Más temprano que tarde, tendrán que devolvernos la personalidad jurídica que nos confiscaron.

Algunos me han dicho que yo tengo un espíritu inquebrantable. No, yo no tengo ningún espíritu inquebrantable. Yo tengo que hacer un gran esfuerzo todos los días para mantenerme en mi punto. Yo quisiera estar en mi casa en una hamaca leyendo y que no hubieran tantos problemas en Nicaragua. Pero no tengo paz cuando veo lo que pasa. Un día me preguntaron en la huelga de hambre que cómo lo estaba enfrentando. Y dije que como los alcohólicos anónimos: 24 por 24. Nadie se mete en una huelga de hambre pensando: Voy a pasar treinta días sin comer. El esfuerzo fue de cada hora, de cada día. Y ahora me pasa lo mismo. No puedo ver mi vida para atrás y verla para adelante sin actuar. Y sé que ahora hay un montón de preguntas pendientes: qué vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer, que si los jóvenes son apáticos o no, que cómo los despertamos, que si vamos a lograr movilizar a la gente, que cómo van a hacerse esas asambleas cívicas…Todas esas preguntas están ahí. Pero no tendremos opción: o actuamos o no actuamos. En la acción tendremos que respondernos las preguntas.

Hay quienes para descalificarnos nos dicen que somos de clase media. Por el MRS votaron, al menos, 200 mil personas. Esas personas votaron por todas estas cosas que hoy estamos diciendo y reclamando. Y no hay 200 mil personas en Nicaragua de clase media. Ojalá las hubiera. Hubo 100 mil votos por el MRS en Managua. No hay 100 mil personas de clase media en Managua. Ojalá las hubiera. Hay que reconocer que los sectores de clase media ejercen liderazgo sobre la sociedad. En mi columna guerrillera del Frente Norte había sobre todo sectores medios, algunos campesinos y muy pocos obreros. Yo entré a la revolución viniendo del sector medio. A mí no me da vergüenza ser de la clase media. Me avergonzaría ser de clase media y no pensar en Nicaragua y no pensar en los pobres. Eso sí me daría una pena horrible.

¿Qué soy intelectual? Absoluta y completamente. Nunca hice trabajo manual, nunca fui obrera, no fui obrera de la construcción, no fui obrera de nada, no trabajé en una zona franca, no fui machetera, no trabajé en una cocina de mozos. Yo era estudiante. Y si eso fue bueno para hacer la revolución, ¿por qué no va a ser bueno ahora? ¿Y los profesionales que se metieron a hacer la revolución? ¿Por qué son malos ahora? Y los poetas, como Ernesto Cardenal, que se metieron a hacer la revolución, ¿por qué se ven ahora como malos? ¿Y los músicos como los Mejía Godoy? ¿Y los pequeños empresarios, las pulperas, las dueñas de tramos en el mercado, por qué los ven malos ahora y eran buenos a la hora en que se tenían que morir, a la hora en que lo dieron todo? Lo que me daría a mí vergüenza es haber salido de la casa de los pobres y convertirme en un corrupto, en un ladrón, en un nuevo rico sin sensibilidad ninguna por la gente. Eso sí me daría vergüenza. La clase media en Nicaragua tiene un liderazgo en la sociedad y tiene que ejercerlo para construir un país donde los pobres tengan oportunidades.

Éste es un momento difícil y tenemos que sacar fuerzas de flaqueza. Y para organizarnos no hay que esperar a que nadie nos lo diga. Tenemos que confiar en nosotros, en lo que podemos hacer como pueblo, en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas como pueblo y en las fuerzas que podemos sacar de nuestras flaquezas como pueblo.Nosotros venimos de largo en la lucha dentro del Sandinismo. El MRS es un partido sandinista. No es una secta ni pretende serlo. Quiere ser un partido sandinista del siglo 21, y eso significa asumir los desafíos de este siglo para Nicaragua. Sandino asumió los desafíos de la primera mitad del siglo 20 y Carlos Fonseca asumió los desafíos de la segunda mitad del siglo 20. Hoy nos toca asumir los desafíos del siglo 21 dentro del espíritu y la lógica del Sandinismo: la soberanía nacional, la dignidad nacional, la democracia, la honradez, la opción por los pobres, la construcción de una opción nacional.

La lucha dentro del Sandinismo ha sido muy difícil. El MRS comenzó siendo un grupo mínimo, acusados de intelectuales, de clase media, de traidores, de vendepatrias, de agentes del imperialismo. También Sandino comenzó con poquitos. ¿No decimos, no cantamos, que “eran treinta con él”? Uno no puede esperar a ser millones para empezar a luchar. ¿Nos ven como minoría? No importa. ¿Y quién ha dicho que las minorías no logran enormes cambios? ¿No inició una minoría la lucha de los negros en Estados Unidos? ¿No comenzó una minoría la oposición contra la guerra de Vietnam, no comenzó con una minoría la revolución de los estudiantes en Francia? ¿Y no empezó con una minoría la lucha revolucionaria en Nicaragua?

El otro día me estaba acordando con Sergio Ramírez: cuando la ofensiva de octubre de 1978, éramos 67 los de todos los frentes de guerra, los del frente norte, el frente sur y la gente de adentro. Sólo 67. Y creíamos que íbamos a derrotar a la dictadura en aquella ofensiva de octubre. Y no echamos comida en las mochilas porque decíamos que íbamos a comer nacatamales en Ocotal…Y después pasamos una semana sin comer nada…Éramos una minoría. Lanzada a morir. Eso sí: con moral, con decisión, con compromiso, con convicción. Y ahí quedaron muchos compañeros y otros sobrevivimos. Algunos de ellos me acompañaron en la huelga de hambre, otros desgraciadamente se convirtieron al somocismo.

No hay límites para el ejercicio del poder en el pacto Ortega-Alemán. Hay un sectarismo profundo en este gobierno, que es el dogma del danielismo. Las dictaduras comienzan encerrándose, eliminando libertades, aislándose dentro del país y también en el plano internacional. Estas actitudes políticas siempre tienden a empeorar. Y es contra eso contra lo que hay que luchar, no rendirnos. El poder autoritario no se satisface con nada. Debemos detenerlos con el aporte de todos, con lo que cada quien pueda aportar. Mucha gente llegó a la huelga de hambre con lo que tenían: hablaban, preguntaban, oraban por nosotros. Todas esas palabras y oraciones son parte de la energía positiva que cada quien pone en esta lucha. Una persona me llevó una Biblia y en ella señaló con marcador anaranjado los textos que hablan del ayuno. Y allí leí que el ayuno que Dios quiere es luchar contra las injusticias.

El aprendizaje más importante que saqué de la huelga de hambre es que éste es el tiempo
de Nicaragua. No es tiempo de nosotros mismos. Ni siquiera es tiempo del MRS como partido. Es el tiempo de Nicaragua. Es por Nicaragua lo que tenemos que hacer, Nicaragua nos está pidiendo que lo hagamos. Debemos hacerlo todos juntos para que el país cambie. Éste es el tiempo de Nicaragua. Si el MRS tiene que impulsar este momento de Nicaragua, ése es su papel actual como partido político. Tomar la bandera de Nicaragua y ponerla en su lugar, porque la han convertido en un trapo que se arrastra en la corrupción de estos zánganos del pacto Ortega-Alemán. El papel del MRS es ahora tomar la bandera de Nicaragua y ponerla en su lugar, tomar la Constitución de la República y ponerla en su lugar. El papel del MRS es también ahora el que me decía una viejita de 95 años que llegó a verme a la huelga de hambre: “Sean ustedes -me dijo- la voz de los pobres. A los pobres nadie nos oye. Los pobres tenemos boca, pero no tenemos lengua. Hablen ustedes por nosotros”. Lo que tenemos que hacer es levantar la bandera de Nicaragua y hablar por los pobres. Y eso es lo que vamos a hacer.

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