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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 314 | Mayo 2008
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Nicaragua

Josefina Vijil, Doctora en Pedagogía, iniciada en el campo de la educación como colegiala alfabetizadora durante la Cruzada Nacional de 1980, y desde entonces siempre educadora, analizó los problemas y los desafíos de la Educación en Nicaragua en una charla con Envío que transcribimos.

Josefina Vijil

En Nicaragua hay tres ideas sobre la educación en las que poco a poco todos y todas nos estamos poniendo de acuerdo. La primera ya suena a cliché: la educación es un factor clave para el desarrollo. Con la segunda cada vez hay más gente de acuerdo: no es cualquier educación la que sirve para el desarrollo. Es decir, que no basta con que haya una escuela donde niños y jóvenes se vayan a sentar a un aula y obtengan un diploma, ni siquiera que egresen de una universidad. Se requiere una educación pertinente y de calidad. La tercera idea es triste: la educación que tenemos hoy en Nicaragua es tan de bajísima calidad que, en vez de servirnos para salir de la pobreza y para superar la falta de equidad, está reproduciendo la pobreza y las desigualdades. Porque cuando hay muy pocos que tienen una buena educación y muchos que tienen una mala educación estamos abonando a la falta de equidad en la sociedad: sólo unos cuantos con muchas oportunidades y muchísimos sin ninguna. Durante mucho tiempo se nos ha dicho que la educación es un instrumento para la movilidad social, para que la gente se supere y vaya mejorando su vida y la vida de su comunidad. Pero hoy en Nicaragua la educación no está sirviendo para eso.

La educación no sucede nunca en lo abstracto, ocurre siempre en una realidad y un contexto concreto. La realidad más dura del contexto concreto que vivimos hoy en Nicaragua es la falta de equidad, la pobreza mayoritaria, la crisis económica y social... Ahí sucede la educación. Creo que son dos los problemas centrales que están en la base de todos los desafíos educativos que hoy tenemos. El primero, que la educación no es una prioridad en este país. Y el segundo, que la educación no es una política de Estado.

En Nicaragua todo el mundo dice que la educación es prioritaria. Pero el primer y más importante indicador, objetivamente verificable, para saber cuáles son las prioridades de un país es el presupuesto nacional. En Nicaragua no se invierte más del 3.7% del PIB en educación básica y media. Y para resolver mínimamente los innumerables problemas que tenemos en la educación, necesitaríamos una inversión de al menos 7% del PIB. En 2008 el presupuesto del MINED apenas alcanzará el 3.7%, lo mismo que en 2007. En esta materia, nada ha cambiado con el nuevo gobierno. Y según las proyecciones, en 2009 no vamos a pasar del 3.9%. Tampoco el sector privado invierte en educación lo que debería y podría.

Del gasto total en educación, una parte sustantiva se invierte en educación superior. Esto se ha utilizado para cuestionar el mandato constitucional de dedicar el 6% del presupuesto para las universidades, sin embargo en todos los países del mundo se invierte más en la universidad, pues ésta cuesta más. Realmente, para su desarrollo Nicaragua necesita invertir mucho en educación superior de calidad. Y hoy no la tiene. Falta una auditoría social que obligue a las universidades a rendir cuentas de todo lo que estamos invirtiendo en ella con nuestros impuestos.. La solución no es dejar de invertir en la Universidad, sino invertir más en todos los subsistemas educativos y transformar las universidades en centros de investigación, de ciencia, de producción de conocimiento. Nicaragua necesita instituciones de estudios superiores que hagan investigación, que incidan en el desarrollo y que formen profesionales que tengan una visión cultural amplia, integral, humanista. ¿La calidad de los universitarios egresados es la que necesita Nicaragua? ¿Cuánto se está dedicando de tanta inversión a la investigación? La investigación de calidad es clave para el desarrollo del país.

Hay otros desbalances graves en el presupuesto: se invierte menos en secundaria que en primaria y en preescolar, no se invierte en educación técnica, no se hace suficiente inversión en infraestructura y en material didáctico. Tanto descuido que desde 2004 en Nicaragua no tenemos libros de texto y vamos a tener pronto una legión de niños y niñas que habrán cursado toda su primaria sin haber tocado nunca un libro de texto, que sólo estudiaron con un cuaderno y un lápiz de grafito.

Además de una inversión insuficiente, hay una desarticulación de esfuerzos. Uno invierte aquí, el otro allá, el otro allá y no hay ese “rayo láser”, esa sinergia de todos apuntando al mismo lugar. Y ahí viene el otro problema fundamental: la educación no es una política de Estado. Es una política de gobiernos, y a veces una política de ministros. Durante el gobierno de Bolaños, cuando se cambió de ministro se cambió de educación. No tenemos una visión de país sobre el tema educativo. No hay una visión de país que se exprese en políticas educativas de Estado. Solamente tenemos una Ley General de Educación, aprobada hace dos años sin tener todavía una visión educativa de país.

¿Qué queremos como país? Actualmente, el nivel educativo de los nicaragüenses es de apenas 5.6 años de escolaridad, con una inequidad muy grande, porque en el campo es de sólo 3.6 años y en la ciudad de 7. Actualmente, la legislación nicaragüense establece como obligatorios siete grados: el tercer nivel de preescolar y seis grados de primaria… ¿Queremos seguir así? ¿A dónde vamos si ésa es nuestra meta como país? ¿No aspiramos a tener al menos 12 años de escolaridad, los que según la CEPAL son el umbral educativo mínimo para mantener a la gente fuera de la línea de la pobreza? Y si eso es lo que queremos, ¿cómo articularemos los esfuerzos para lograrlo en los próximos veinte años? Porque en cinco años no lo vamos a conseguir.

La educación es siempre un proceso de largo plazo y mientras lo sigamos enfrentando con políticas de corto plazo no vamos a llegar a ningún lado.

Si queremos que todos tengan 12 años de escolaridad, que en la secundaria o al salir de ella existan opciones técnicas además de la opción universitaria, si queremos una educación que enseñe a pensar lógicamente, tendremos que dejar de lado un montón de distractores que hay en el sistema educativo y articular políticas para lograr esas metas. Pero si no sabemos a dónde vamos ni lo que queremos... ¿Por qué en Nicaragua nos impusieron en los años 90 desde afuera las políticas educativas? Porque no teníamos -ni tenemos todavía- una visión propia. Tenemos que desarrollar una visión de país que se traduzca en políticas educativas de Estado que sobrevivan a los gobiernos y a los ministros y a los funcionarios.

Obviamente, estos dos problemas fundamentales están interrelacionados y generan efectos negativos. Si no tenemos recursos, la infraestructura escolar se resentirá. El 54% de nuestros centros educativos no tiene agua potable, que es fundamental para el desarrollo del proceso educativo. Tenemos un déficit de unas 20 mil aulas. Se necesitarían al menos 54 millones de dólares en inversión en infraestructura solamente para construir esas aulas que faltan. Hay cantidad de escuelas sin pupitres, sin sillas. Hay cantidad de escuelas en donde los niños de primer grado aprenden a escribir en papel de envolver. Las profesoras les hacen unas rayitas que les sirvan de pauta para que escriban, pero ¿quién aprende así? Como no hay recursos, no se paga decentemente a las maestras y a los maestros y aún no hay ningún compromiso de aumentarles sus salarios, a pesar de que en sus manos está el presente y el futuro de Nicaragua.

Con salarios tan bajos, ¿quién va a querer ser docente en Nicaragua? Los docentes no quieren que sus hijos estudien magisterio. La mayoría de nuestras maestras son madres solteras, abandonadas, mujeres que sacan a sus hijos adelante solas. No es justo seguir pensando que como son “apóstoles” deben ganar poco, mientras que los altos funcionarios de los poderes del Estado se echan al bolsillo una millonada…

¿Cuándo vamos a darle al magisterio un salario digno que promueva la profesión docente? Hace un tiempo, el PREAL, el programa de promoción de la reforma educativa de América Latina, planteaba la necesidad de que los países diseñaran estrategias para que los mejores estudiantes de cada promoción optaran por la carrera docente. Escuchando esto desde Nicaragua, decíamos que quienes llegan aquí al magisterio llegan porque son pobres, no por ninguna otra razón. Optan por el magisterio porque ven ahí una salida rápida, porque no tienen opciones de educación técnica para obtener un trabajo. Después, si se enamoran de la profesión seguirán, pero si no, en cuanto pueden se van a otro trabajo. O se van a Costa Rica, donde nuestras maestras ganan más como empleadas domésticas.

El desarrollo profesional de nuestros docentes no sólo tiene que ver con remuneración, sino con promoción. Porque aquí la única manera de que un docente sea promovido es saliendo del aula de clase para escalar a una posición administrativa. Dentro del aula de clase no tienen como hacer carrera. En ese marco, ¿cómo hacemos para que las y los mejores docentes se queden en el aula? En Nicaragua no hay carrera docente en el sentido estricto de la palabra y el docente sólo logra un mejor salario por la antigüedad, entendiéndola como sinónimo de experiencia, lo cual es absurdo, porque tener más años enseñando no siempre significa tener más y mejor experiencia. En cambio, no existen suficientes incentivos salariales por trabajar en condiciones tan duras como un multigrado, por desarrollar experiencias innovadoras, por lograr que los estudiantes aprendan más, o por haber estudiado más y tener mayores niveles de aprendizaje profesional.

Uno de los grandes problemas que tienen los profesores de primer grado es que tienen niños de seis años y niños con bigote, que están en extra-edad. En primer grado hay escuelas donde se juntan niños de 6 años y niños de 12 años. Datos obtenidos de varias fuentes parecen indicar que cerca del 40% del alumnado del país está en extra-edad: más años de los que deberían tener para el nivel que cursan.

También está el desafío del multigrado: una profesora que tiene en la misma aula a niños de diversos grados. El multigrado -que podría potenciar una metodología muy buena pedagógicamente y hay países que lo han demostrado- se utiliza en Nicaragua sólo como uni-docente. La maestra dice: “Voy con primer grado”…y mientras va con ésos, los de segundo no hacen nada. Y después: “Voy con los de segundo”, y así…Se supone que la metodología multigrado no es directiva, sino activa, sobre la base de guías y ejercicios, en donde niños y niñas avanzan a diferentes ritmos. Pero si la maestra no está preparada ni tiene los recursos para hacerlo así, ¿cómo lo va a hacer?

Junto al escaso salario y la falta de incentivos está también el desafío de la formación del magisterio. En Nicaragua, todos los gobiernos han invertido más en la formación en servicio de los docentes, en capacitarlos cuando ya están ejerciendo. Hasta el día de hoy se le ha dado poca importancia a la formación inicial de los maestros, que resulta fundamental para su formación profesional, para que aprendan en la escuela normal una metodología con la que enseñen después a sus alumnos. No hay tampoco acompañamiento pedagógico al docente. En vez de acompañamiento pedagógico se ejerce la supervisión. Hace unos años me decía una profesora de primer grado en una escuela de Estelí que había llegado el inspector y que el reporte que había hecho de ella era negativísimo: no había puesto la fecha en la pizarra, la clase la tenía desordenada, los niños no estaban en silencio, los niños no tenían el uniforme... Y en las observaciones puso: todos los niños saben leer y escribir. ¿Por qué evaluaremos a un profesor: porque su clase estaba en silencio o porque logró los objetivos de aprendizaje?

Como resultado de todas estas limitaciones, desafiantes, problemáticas, tenemos una educación de muy baja calidad. Y el indicador más importante de esta baja calidad no son las pruebas de ingreso a la Universidad, con las que nos asustan cada año. No es el más importante porque esas pruebas no están hechas para medir la calidad de la secundaria, sino para ajustar la cantidad de los ingresos al cupo de las universidades.

Hay un indicador más preocupante: los niños, las niñas, los jóvenes no están aprendiendo a leer comprensivamente, no están aprendiendo a poner por escrito sus ideas, no están aprendiendo a pensar lógicamente. ¿Y cómo van a aprender a pensar lógicamente si no estamos haciendo énfasis en la comprensión? ¿Y cómo vamos a hacer ese énfasis con la calidad de la educación que recibieron maestras y maestros?

No enseñamos a pensar. Nuestro sistema educativo no enseña a superar la descripción de la realidad para lograr una abstracción y hacer un análisis. Proporcionamos información, pero no un método para transformar esa información en conocimiento y en un conocimiento personal que sirva para la vida. Damos información, pero cómo analizar, cómo investigar, cómo plantear preguntas y encontrar respuestas…De todo eso, cero. Como decía alguien que daba clases de Historia en la UCA: “Los muchachos tienen mucha ropa, pero poco closet”. Mucha información y poco conocimiento de métodos para organizarla y transformarla en conocimiento. ¿De qué sirve tanta información si no aprenden? El sistema educativo enseña para los concursos de “mejor alumno”, donde lo que se mide es la pura memoria. Todavía existe en el imaginario social la idea de que la buena calidad de la educación es mucha información, mucha erudición. Todavía se cree que sabe más el que sabe decir muchas cosas, el que se sabe los nombres de todos los ríos de Nicaragua y de todos los presidentes de Nicaragua, aunque no sepa redactar una carta... Y actualmente el mundo del trabajo está cambiando a una velocidad tan impresionante que si no nos focalizamos en las herramientas básicas del aprendizaje -saber leer, saber escribir, saber pensar, operaciones matemáticas básicas, saber plantearse preguntas y saber encontrar respuestas- no iremos para ningún lado.

La falta de recursos, la falta de políticas de Estado y la baja calidad de la educación producen un insuficiente acceso y una escasa permanencia en la educación. Esto quiere decir que no van a la escuela todos los que deberían ir y además, que no permanecen en la escuela todos los que deberían permanecer. ¿Dónde está la mayor fuga? En el primer grado. 21 de cada 100 niños desertan en ese primer grado, se van y no vuelven. En Nicaragua el atolladero principal del sistema educativo está en el primer grado. Ahí es donde hay más deserción, donde encontramos más repetición. Ahí es donde necesitamos a los mejores educadores. Además necesitamos promover que niños y niñas entren a la escuela en tercer nivel de preescolar, al menos, y no en primer grado.

El futuro educativo de un niño se traza en la primera infancia, de los 0 a los 6 años. El preescolar es fundamental, no tanto por el contenido sino por las posibilidades de estimulación, porque hay procesos cognitivos, circuitos cerebrales, que se forman sólo a esas edades y que si no se formaron entonces ya nunca más se formarán. Hoy estamos luchando para que se cumpla la Ley General de Educación, que establece que al menos el tercer nivel de preescolar (5-6 años) sea obligatorio. Actualmente, sólo 35 de cada 100 niños y niñas nicaragüenses tienen acceso al tercer nivel de preescolar. Y ya está comprobado que los niños que reciben educación preescolar tienen más posibilidades de aprender mejor que quienes no la reciben. Y los que no la reciben son los más pobres. Se perpetúa así la falta de equidad educativa.

Hoy, la mayoría de los preescolares en Nicaragua son preescolares comunitarios, que tienen grandes limitaciones. El nivel promedio de escolaridad de las profesoras de preescolar es sólo de nueve años y la mayoría no tiene formación específica para la educación preescolar. Además, están muy mal pagadas: 500 córdobas, 300 córdobas... El preescolar comunitario resuelve, pero no es una solución de largo plazo. El Estado tiene que asumir los preescolares.

Los problemas en la primaria son también muchos. También en secundaria. El 50% de los maestros de secundaria son empíricos, no tienen formación específica como maestros. Según la Ley, en primaria y secundaria son obligatorios 200 días de clase anuales, mil horas de clase al año. Pero eso no se cumple, yo creo que no llegamos ni a 700 horas al año. Según el Ministro de Educación, hay 500 mil niños fuera del sistema escolar.

La estadística en Nicaragua no es confiable y por eso no sabemos si son más o si son menos, pero sabemos que son muchos, demasiados. Hay muchos que no llegan, que no tienen ninguna opción educativa. Y entre quienes llegan, pocos la terminan. Solamente el 50% de quienes inician primaria llega al final, al sexto grado. Pero esto no es parejo para todos: entre los más ricos el 99% culmina la primaria.¿Por qué sucede todo esto? Porque no hay suficientes escuelas, porque la educación es de muy mala calidad, porque no hay suficientes maestros, porque los maestros están mal pagados, porque la condicionalidad del FMI de congelar la masa salarial de los empleados públicos provoca no sólo que no se le pueda incrementar el salario a los maestros, sino que no se pueda incrementar el número de maestros, porque si se incrementara habría que pagarles y se incrementaría la masa salarial. Y hoy necesitamos más maestras y maestros para atender el derecho de toda la ciudadanía.

¿Por qué sucede todo esto? También sucede porque los niños y las niñas y sus familias no son tontos y saben que no tiene sentido ir a una escuela donde no van a aprender nada y donde lo que les enseñan no les servirá para nada.
Así, la mala calidad de la educación, la falta de recursos y la falta de una visión educativa de país provoca que no estén en la escuela todos los que deberían estar y que no se queden en la escuela todos los que se deberían quedar.

Otro problema que tenemos, a pesar de que la Ley General de Educación habla de educación extra-escolar, es que existe un solo modelo de escuela. Y quien no se adapta a ese modelo no va. El modelo que tenemos es una escuela de 7 de la mañana a 12 del mediodía. O si no, un sabatino para hacer la primaria acelerada. Es cierto que hay algunos esfuerzos alternativos, pero no son los suficientes y no están institucionalizados. ¿Dónde hace su secundaria un joven de una comarca rural si allí no hay secundaria? Y si va a un instituto donde la hay, ¿cómo consigue una beca? Hay que pensar en modelos alternativos. Hay algunos esfuerzos. Por ejemplo, Fe y Alegría tiene en Somotillo un proyecto para niños trabajadores y uno de los primeros problemas que descubrieron las maestras es que esos niños y niñas no pueden estar sentados más de quince minutos. Y han tenido que inventar una metodología diferente, especial para ellos, distinta a la de las escuelas tradicionales, en las que todos tienen que estar sentados y en silencio.

Todas estas limitaciones desembocan en un sistema poco eficiente: pocos recursos, mucho abandono, poca calidad, mucho dinero que se desperdicia… Todo esto abona a la falta de equidad, todo esto reproduce la pobreza, la profundiza. Por eso podemos afirmar que la educación que hoy tenemos no nos está sirviendo para el desarrollo, sino que nos mantiene en la pobreza y acrecienta las desigualdades.

En la Costa Caribe los problemas de calidad, de acceso, de cobertura y de permanencia se agudizan. El primer desafío es que la autonomía costeña no es aún una realidad porque no hay ni financiamiento ni políticas de Estado que hagan real la autonomía educativa. Un gran avance ha sido establecer el SEAR, el Sistema Educativo Autonómico Regional, con el esfuerzo de las Universidades del Caribe y el apoyo de la cooperación internacional. Otro avance es que la legislación establece -y ya se cumple en algunos lugares- que en los primeros grados de primaria se enseñe en la lengua materna de los distintos pueblos y hasta el segundo o tercer grado se comience a recibir educación en español.

¿Cómo resolver tantos problemas? En Nicaragua no hemos tenido la capacidad de negociar otro presupuesto con el Fondo Monetario Internacional. Todos los funcionarios, incluyendo los del actual gobierno, más parecen funcionarios del FMI que representantes de los intereses nacionales. La cooperación internacional nos ha ayudado, pero se ha orientado a entregarle al gobierno fondos para que se inviertan en el presupuesto según los planes diseñados por el Ministerio de Educación. La cooperación negocia las metas y después va midiendo el impacto de los indicadores que se van cumpliendo o no con esos fondos.

Ciertamente hemos avanzado y hoy hay más escuelas que antes, más niños en la escuela que antes... pero en las cosas más importantes andamos muy mal todavía. Durante muchos años las metas de la cooperación han estado centradas en la educación primaria y en el acceso y no en el resto del sistema ni en la calidad.

En distintos foros somos muchos los educadores que hemos mencionado todos estos problemas. Las demandas deben venir ahora desde la gente. Las comunidades deben organizarse para hacer demandas en esta dirección. Con mucha facilidad achacamos a los organismos financieros internacionales la situación en la que estamos. Decimos que nos quieren sin educación y sumidos en la ignorancia para imponernos sus planes. Pero para hacer política clientelar, como la que hace hoy el gobierno y la mayoría de los representantes de la clase política, también se necesita falta de educación y mucha ignorancia. Todo lo que hoy nos falta en educación es funcional a la cultura política que se mantiene en Nicaragua. La gente educada nunca es cliente político porque piensa, porque dice, porque opina, porque critica, porque es ciudadano y ciudadana.

¿Qué ha hecho el nuevo gobierno? Nada más llegar el FSLN al gobierno, al día siguiente, abolió el modelo de autonomía escolar, que se estableció en los años 90 y que planteaba que cada centro tenía que hacer su propia gestión, con la participación de los padres y madres de familia. Con la autonomía cada centro recibía una transferencia del Estado y decidía cómo administrar ese dinero: tenían que pagar la luz y el agua, y decidir cuánto iban a pagarle a los maestros, cuánto iban a invertir en las aulas de clase, si iban a tener profesores extra -de inglés, de folklor-... Sin analizar a fondo este modelo, hemos de admitir que, como todo en la vida, tuvo sus claros y sus oscuros. Lo más oscuro, sin ninguna duda, fue el cobro obligatorio a los estudiantes, que entre 1994 y 1998 provocó una reducción sensible de la matrícula. Oscuro también el hecho de vincular el pago de los estudiantes con la remuneración de los docentes, con lo cual convirtieron a los docentes en cobradores. Sin embargo, el modelo no fue evaluado, y abolir las cosas sin evaluarlas antes para saber qué funcionó y qué no y por qué, no es solución
de nada. Las reiteradas políticas de “borrón y cuenta nueva” le han costado muy caras a este país.

El otro modelo de descentralización, el de la municipalización de la educación, nunca llegó a ser un modelo, porque sólo se aplicó como pilotaje y durante un tiempo no suficiente como para sacar lecciones del proceso. La limitación principal fue que lo único que se descentralizaba era lo administrativo y los gobiernos municipales no querían asumir las responsabilidades educativas si no iban a tener los recursos.

Lamentablemente, el debate sobre la descentralización municipal derivó a un debate de presupuesto cuando debió ser un debate educativo. Yo creo que conviene la descentralización municipal, porque cuando el municipio tiene atribuciones para decidir sobre su situación educativa lo hace mejor: está más cerca del centro y más cerca de la comunidad que lo que está el Ministerio de Educación central.

Con el nuevo gobierno la tendencia es a re-centralizarlo todo. Ahora hasta los lápices se compran en la sede central. Estamos viendo cómo avanza una tendencia centralista y uniformizadora. Una de las características negativas que siempre ha tenido la escuela es que uniforma. Y la pedagogía moderna se basa precisamente en el rechazo a esta característica, planteando que no todo el mundo aprende al mismo ritmo y de la misma forma. Con la tendencia del actual gobierno de centralizarlo todo, se están cortando iniciativas innovadoras locales que ya tenían años de funcionar, se le están cortando alas a gente que venía haciendo cosas interesantes. Yo creo que tenemos que discutir modelos de municipalización de la educación y creo que si en Nicaragua tuviéramos 154 excelentes delegados municipales de educación, en vez de tener 154 técnicos en la sede central del Ministerio de Educación, a la educación le iría mucho mejor.

Cuando se abolió la autonomía escolar se decretó la gratuidad de la enseñanza. Incluso, el día que se decretó, el 11 de enero, quedó ya establecido, también por decreto presidencial, como Día Nacional de la Educación. Y una de las banderas del actual gobierno es la gratuidad de la educación. ¿Es gratuita la educación en Nicaragua? ¿De qué gratuidad habla el gobierno? Es un tema que creo que debemos debatir y problematizar.

En primer lugar hay que decir que la educación cuesta mucho. Hay que pagar docentes bien formados, materiales didácticos, infraestructura, servicios, etc. El tema es quién paga esos costos, si los paga el Estado o los paga la familia. Ahora, una buena parte de los costos los están pagando las maestras y los maestros, que subsidian la educación con sus míseros salarios. Otra parte importante de los costos los están pagando las familias.

¿Qué dice la legislación nicaragüense sobre esto? La Ley General de Educación dice que la educación es gratuita y obligatoria para la educación básica, incluyendo el tercer nivel de preescolar. Esto significa siete años: tercer nivel de preescolar y después seis años de primaria. Siete grados. Pero la Ley le añade una precisión: “en los centros del Estado”. Dice también que la educación secundaria es gratuita, aunque ya no obligatoria, y precisa también que lo es “en los centros del Estado”.

Este aspecto es de los más problemáticos de la Ley General de Educación, puesto que si entendemos la educación como un derecho, la gratuidad se debe definir por la persona y no por el establecimiento educativo. Si la educación es un derecho, el Estado tiene la obligación de proveerla para todos y todas, independientemente de que en la comunidad donde vivan las niñas o niños, haya o no centros del Estado. Porque si no es así, quien viva en un lugar con la suerte de tener una escuela estatal va y no paga. Pero si vive en un lugar donde no hay escuela del Estado, no tiene acceso a la educación y para él o ella no es gratuita. ¿De qué le sirve a un joven que vive montaña adentro que no tenga que pagar aranceles en la escuela, si él no ha tenido acceso a ninguna escuela jamás porque no hay ninguna modalidad que le permita asistir, porque no hay escuela cerca o porque no tiene posibilidad de irse a otro lugar a estudiar?

Un joven de un lugar alejado de la zona rural que hizo su primaria necesitaría tener la posibilidad de acceso a becas o a internados -como hay en otros países, en Bolivia, en Honduras- que le permitieran continuar sus estudios en un lugar distinto al que vive. Y si ya tiene familia -porque en el campo los muchachos se emparejan muy jóvenes- deberían existir programas que le permitieran ir una semana al internado y otra semana regresar a trabajar en su comunidad.

Ese joven debería también tener acceso a una carrera técnica. En Nicaragua, la educación técnica es muy escasa. Hay solamente 17 mil estudiantes de educación técnica en todo el país. Menos del 1% de la población económicamente activa de este país tiene nivel técnico. La oferta es bajísima, ínfima, no hay presupuesto para educación técnica. Y cuando uno pregunta a las familias qué educación quisieran para sus hijos, la mayoría, sobre todo en los sectores rurales, reclama educación técnica y habilitación laboral. La educación tiene que responder a las necesidades de la gente y en este país la educación técnica es una demanda no atendida de la gente.

Existe una relación profunda entre la obligatoriedad del nivel escolar y la gratuidad en la educación. Un autor que analiza las legislaciones educativas de América Latina dice: “La determinación de un nivel como obligatorio compromete al Estado a garantizar oferta educativa en ese nivel para la totalidad de la población y ello se ve reflejado en todas las leyes”. Si es obligatoria y gratuita, eso obliga al Estado a ofrecer ese servicio a la totalidad de la población. Este autor señala que hay muchos países en donde el Estado garantiza la universalidad de la oferta, aun en niveles que no son obligatorios. Y pone el ejemplo de Argentina y Chile, donde el preescolar no es obligatorio, pero el Estado lo ofrece para que puedan ir quienes quieran. Finalmente, señala la gran contradicción que tenemos en Nicaragua cuando dice: “Nicaragua es el único caso en que sucede lo contrario: la educación es obligatoria a partir del nivel inicial, pero el Estado aún no garantiza el acceso universal a ese nivel”.

Si esto es así, ¿cómo vamos a alzar la bandera de la gratuidad de la educación, cuando no hay escuelas ni maestros para la totalidad de la población, cuando no hay modalidades suficientes para dar este servicio a la población que no puede asistir a la modalidad que hay, cuando hay muchas familias que no pueden enviar a sus hijos a la escuela porque no tienen cómo pagar el costo que esto significa? Tenemos que ser claros: no hay gratuidad. Lo único que tenemos hoy es el no cobro de aranceles en los centros del Estado. Y punto. Y eso es bueno y es un logro, aunque muy limitado.

Para cuestionar la existencia de la gratuidad tenemos otras razones. Muchas investigaciones indican que los costos que la familia tiene que asumir para enviar a un hijo o una hija a la escuela son superiores a los que invierte el Estado. Tienen que invertir en transporte -es uno de los costos más altos en Nicaragua-, en útiles escolares -que son muy caros-, en uniforme -dicen que el uniforme no es obligatorio, pero si un niño va sin uniforme a una escuela donde todos lo llevan se siente muy mal y deja de ir y le pasa lo mismo si va en chinelas cuando todos llevan zapatos-. También está el costo de oportunidad: lo que significa para esa familia que ese niño o esa niña dejen de trabajar porque van a la escuela. Son costos muy altos. Y son una de las razones por las que no hubo la explosión de matrícula que se esperaba en 2007, cuando se decretó la gratuidad. El gobierno esperaba esa explosión, pero no la hubo. Lo que hubo realmente fue esto: la matrícula de primaria decreció en 1%, la de preescolar incrementó un poco y la de secundaria incrementó en 1.6%. Y aunque en el primer momento tal vez se matricularon más niños, rápidamente abandonaron la escuela, porque no pudieron sostener los costos.

Si queremos que la educación sea gratuita, además de garantizar que haya escuelas y maestros en los lugares en donde están los niños y los jóvenes, necesitamos garantizar también programas compensatorios. Hay que comenzar a subsidiar, a subvencionar, a los más pobres. Durante algún tiempo se experimentó en algunas zonas de Nicaragua lo que se llamó la Red de Protección Social, un programa que el BID implementó en muchos países latinoamericanos y que fue muy cuestionado, tanto aquí como en otras partes. Consistía en darle una ayuda a la familia, a cambio de que garantizara que el niño fuera a la escuela, se alimentara convenientemente -lo que controlaban a través del peso y la talla- y tuviera acceso a servicios de salud. Fue un buen precedente de programas similares que habría que impulsar superando las limitaciones que tuvo éste. En algunos países el programa del BID creó conflictos porque estuvo acompañado de mucho clientelismo político. En México provocó conflictos serios, sobre todo en las comunidades indígenas.

Otro problema de fondo que tenía este programa es que garantizaba que los niños llegaran a una escuela, pero ¿de qué sirve que estén sentados en un aula si la educación no es de calidad? Y el programa no intervenía en el componente de calidad. Sólo en el de cobertura. En Nicaragua el programa logró unos niveles de matrícula muy altos en las zonas más pobres, pero cuando terminó la matrícula se fue. No fue sostenible. Algún subsidio es necesario. Es preciso desarrollar en el país este debate: si queremos que la educación sea gratuita y que niños y niñas, sobre todo los más pobres, puedan educarse, necesitamos debatir sobre programas compensatorios de largo plazo que permitan a la familia asumir los costos de la educación.

Para poder afirmar que en Nicaragua la educación es gratuita necesitamos primero que haya escuelas y maestros en todas las comunidades, que garanticen la oferta para la totalidad de la población. Segundo, que haya programas compensatorios para la población más pobre -para quienes no van a ir si no los ayudamos-. Tercero, que haya suficientes programas alternativos para la población que no puede acceder a la actual oferta que existe. Cuarto, que la educación que se ofrezca en las escuelas sea pertinente -esto significa que la educación es de calidad y responde a las necesidades de quien la recibe-. Sin estas cuatro condiciones no podemos hablar de gratuidad de la educación.

Otro tema que debemos debatir es el de la obligatoriedad de la educación. La comunidad tiene que luchar por más presupuesto y como país tenemos que luchar por un nivel más alto de escolaridad. Somos quizás el único país de América Latina que se plantea como obligatorio sólo siete años de escolaridad, cuando la tendencia internacional es que los años obligatorios sean entre doce y quince.

Hay que tener en cuenta otro indicador muy importante. De acuerdo al censo de 2005, la composición de la población nicaragüense ha cambiado por primera vez en mucho tiempo. Siempre tuvimos la estructura de una pirámide con una base amplísima: la de la población de 0 a 15 años. Y con muy pocos de mayor edad en la punta de la pirámide. Éramos un país de niños y niñas y con gente muy joven. El censo de 2005 nos dio sorpresas. Y a pesar de que hay muchos que no creen en el censo, es el único instrumento que tenemos para planificar. Según el censo 2005, por primera vez la estructura de la población nicaragüense se asemeja a la silueta de un árbol de navidad. La natalidad ha disminuido y el grupo poblacional más numeroso es el de quienes tienen más de 6 años. Este fenómeno es conocido como “bono demográfico”. En poco tiempo, esta población en edad de estudiar estará en edad de trabajar y, por eso, podrá proporcionarse ingresos y tendrá una menor tasa de dependencia. Muchos países -entre ellos, los llamados “tigres asiáticos”- aprovecharon su “bono demográfico” para el desarrollo: en los años del “bono” invirtieron mucho en la educación de ese grupo poblacional y, cuando esa gente mejor preparada se integró a trabajar, el país comenzó a desarrollarse.

Los resultados del censo de 2005 nos están indicando que Nicaragua tiene ahora esa oportunidad. La podemos aprovechar para invertir en educación y para desarrollarnos. Pero si no la aprovechamos, no sólo no nos desarrollaremos, sino que en unos años esa omisión se nos convertirá en un problema muy serio. Porque esa población que no estudió o que tuvo educación de baja calidad, y por eso consiguió trabajos peores, envejecerá, será dependiente, no habrá ahorrado, no tendrá seguro social y se convertirá en una carga social pesadísima.

¿Cómo estamos respondiendo hoy a esta oportunidad? Las opciones educativas para esta población, en la que hay que invertir ya, son muy limitadas. La población nicaragüense que tiene algún acceso a alguna educación es menor de 13 años. A partir de los 13 años comienza a ser ínfima la proporción de nuestra población que recibe educación. No tenemos opciones para esa población. No están llegando suficientes estudiantes a primaria, no tenemos suficiente oferta de secundaria, no tenemos oferta de educación técnica... Si Nicaragua no aprovecha este momento, la oportunidad del “bono demográfico” se nos convertirá en una bomba de tiempo.

Este año 2008 el Ministerio dijo: ya resolvimos el tema de la gratuidad, estamos por resolver el tema del acceso y ahora vamos a resolver el tema de la calidad... Pero en la educación todo está interrelacionado y es parte de un sistema. No se resuelven los problemas uno por uno. Cuando la gratuidad sea una realidad, más gente va a querer ir a la escuela y entonces habrá más presión por una educación de calidad y si hay más calidad no sólo habrá más acceso, sino menos deserción y menos repetición... Todos los elementos interactúan.

Sabiendo esto -que la educación es un sistema-, sabiendo también que no podemos resolver todos los problemas tocando un solo problema -porque todos están interconectados-, y conociendo que los problemas que tenemos que resolver son gigantescos, nos podemos desanimar. No debe ser ésta la conclusión porque todos, todas, podemos hacer algo por mejorar la educación desde el lugar en donde estamos... Un gran pedagogo de Venezuela escribió unas “parábolas pedagógicas” y entre ellas recuerdo siempre ésta: Había una mujer que salía todas las mañanas a caminar a la orilla del mar. Una mañana se sorprendió: en la noche anterior una tormenta había sacado del mar y regado por toda la orilla millones y millones de estrellas de mar. Entonces, vio a lo lejos a un hombre que agarraba una estrella y la devolvía al mar y agarraba otra estrella y hacía lo mismo y así otra y otra y otra... Entonces se acercó al hombre y le dijo: “¿Usted se da cuenta de la tarea gigantesca que ha emprendido? Nunca va a acabar, nunca va a devolver al mar todas estas estrellas ni aunque se esfuerce todas las horas del día y todos los días de su vida...” Y el hombre la miró, sonrió y le contestó: “Es verdad, pero para esta estrella -y devolvió una más al mar-, para esta estrella hoy todo será distinto...”

Con ese espíritu debemos emprender la tarea educativa. Quizás no podamos cambiar la situación nacional, pero todo lo que podamos hacer en nuestro entorno para construir algo distinto hará la diferencia para alguna “estrella”.

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