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  Número 312 | Marzo 2008
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Nicaragua

Muchos choques, poca luz y aún sin derrotero

“Los partidos políticos… producen con su choque la luz que indica el derrotero”. Con esta grandilocuente frase del Manifiesto Liberal de 1910 encabezaban el PLC de Arnoldo Alemán y la ALN de Eduardo Montealegre sus acuerdos de unidad en enero 2008. Este mes ha habido choques y unidades entre ambos y encuentros, desencuentros, ofensivas y defensivas entre todos los partidos políticos Pero no indican aún ningún derrotero.

Equipo Nitlápan-Envío

El gobierno Ortega-Murillo ha cambiado telones, entre telones y bambalinas del escenario político y económico nicaragüense. Ha transformado áreas del escenario y su decorado, sin haber presentado aún un proyecto claro, un rumbo de país, un plan para dos, tres años.

Pero ya hay tendencias. Van en varias direcciones: ineficiencia estatal por la excesiva centralización de las decisiones, utilización de los mecanismos estatales para consolidar a los grupos económicos afines al FSLN, judicialización de la política -los tribunales funcionan para premiar a amigos y castigar a enemigos- y profundización del clientelismo político para reconstruir al partido FSLN e incrementar su base electoral y social. Todas estas tendencias parecen llevar como norte la instalación de una “dictadura institucional”, lo que ha despertado alertas e incertidumbres por todos lados.

Con este contexto, ya desde hace meses percibíamos que las elecciones municipales de noviembre, además de ser la vía para elegir a 153 nuevos alcaldes y vicealcaldes y a sus concejales, serían también un referéndum sobre la gestión presidencial del gobierno Ortega-Murillo, al término de casi sus primeros dos años. En la última encuesta nacional de opinión pública (CID Gallup, 16-22 febrero), la opinión positiva sobre la gestión de Ortega no pasa del 21%. Entre los sandinistas, sólo el 46% la calificó como positiva. Jugándose tanto en estas elecciones, Ortega decidió actuar en el escenario electoral, mucho antes de lo previsto, sorpresiva, astuta y arteramente, buscando ganar esas elecciones “antes de las elecciones”.

LAS DOS MITADES ROJAS

La división de los liberales en dos mitades: los leales al arnoldismo en la casilla roja número 1 del PLC y los simpatizantes de Eduardo Montealegre en la casilla roja número 9 de la ALN fue lo que le permitió a Daniel Ortega ganar en las elecciones presidenciales de noviembre de 2006 con el 38% del electorado. Ambas mitades liberales sumaron el 54% de los votos.

La división fue motivada, en gran medida, por el grado de corrupción que el líder del PLC y ex-Presidente Arnoldo Alemán institucionalizó, tanto en su gobierno (1997-2001) como en su partido. Y porque, en una leve fisura a la tradicional cultura de impunidad, sus robos a los recursos del Estado lo convirtieron durante el gobierno de Bolaños, desde 2003, en un reo condenado a 20 años de cárcel, lo que comenzó a desgastar su liderazgo.

MONTEALEGRE VS. ALEMÁN:
DISTANCIAS Y DESCONFIANZAS

Con posiciones de derecha neoliberal modernizante, con un estilo más urbano y tecnocrático, con una costosa campaña mediática, y con el apoyo de Estados Unidos y de grupos empresariales nacionales y centroamericanos, la ALN tomó distancia de Alemán. A pesar de su limitado carisma popular, su líder, Eduardo Montealegre -ex-banquero y ex-ministro de Alemán y de Bolaños-, supo capturar entre la población liberal el descontento generado por la corrupción de Alemán y la confusión política que su pacto con Daniel Ortega proyectó sobre la bandera antisandinista que Alemán monopolizaba desde 1990. La ALN quedó como segundo grupo político más votado en 2006.

El FSLN ha confesado abiertamente que trabajó hasta el último momento por mantener la división de los liberales. Por todos los medios. El pacto le facilitaba la herramienta principal: con el control del Poder Judicial que le ha dado el pacto PLC-FSLN y con la decisión de Alemán de no abandonar la política y negociarlo todo a cambio de su libertad, Ortega lo tenía fácil. Manejando a su antojo el caso judicial de Alemán, la división estaba garantizada. Y como en la cultura política de Nicaragua lo habitual no es debatir ideas sino descalificar, insultar, serrucharles pisos, tender trampas, lograr después reconciliaciones efímeras, en fin, el pleito permanente, varios años de división liberal (otras banderas, otros sellos, otros dirigentes, nunca otros programas), trajeron como consecuencia más divisiones subjetivas: montañas de rivalidades y de desconfianzas mutuas.

MONTEALEGRE:
CHIVO EXPIATORIO DE LOS CENIS

Ya en las elecciones municipales de 2004 el FSLN ganó la alcaldía de la capital Managua y 86 alcaldías más -las principales y más pobladas del país- por la división de los liberales. De ahí que mantener e intensificar esa división era y sigue siendo la prioridad de la estrategia electoral del FSLN. Controlando la sentencia definitiva contra Alemán, Ortega ha tenido durante años la llave maestra.

Pero, creciendo el liderazgo de Montealegre, había que reforzar la cerradura y combinarla con una estrategia contra ALN y su líder. El camino elegido ha sido convertirlo en prácticamente el único y principal responsable del enorme costo que para el Estado nicaragüense ha tenido la ilegal emisión de bonos bancarios llamados CENIS, decisión gubernamental tomada tras las fraudulentas quiebras bancarias ocurridas en el año 2000, durante el gobierno de Alemán.

Aunque fueron muchos y de todos los colores políticos los responsables de estas quiebras y de esta decisión -a la cabeza, los hermanos Centeno Roque, aliados del FSLN y causantes de la quiebra del Interbak, banco de capital sandinista-, como Montealegre fue un eslabón en el caso, renegociando estos bonos bancarios cuando fue Ministro de Hacienda de Bolaños y como también tenía intereses económicos en uno de los bancos que compraron CENIS, el líder de ALN fue transformado desde que inició este año electoral en blanco de una feroz campaña de propaganda del gobierno Ortega-Murillo en todos los medios. Y en objetivo central de las investigaciones institucionales para “esclarecer” el caso. Así, amenazados, tanto Alemán como Montealegre, con tribunales y con cárcel, la división estaba asegurada.

Informaciones y reflexiones que permiten entender mejor las contradicciones que rodean actualmente la versión de la propaganda oficial en el caso de los CENIS las aporta, con amplio conocimiento de causa, el economista de la Coordinadora Civil Adolfo Acevedo, en páginas siguientes de este mismo número.

UN PING-PONG POLÍTICO

Una jueza sandinista condenó a Alemán en primera instancia en diciembre de 2003 a 20 años. Durante el gobierno de Bolaños, Alemán no penó en la cárcel, sino que gozó en su hacienda, después en una suite hospitalaria y la mayoría del tiempo de su condena la ha pasado recorriendo todo el país en continua actividad política.

En noviembre de 2007, cuando algunos magistrados de la Corte Suprema incondicionales de Alemán dieron muestras de independencia limitando jurídicamente el proyecto político central del Presidente Ortega, los Consejos de Poder Ciudadano, Alemán “pagó” la factura: otra jueza sandinista ratificó la sentencia de 20 años a Alemán en segunda instancia, rechazando su apelación. Alemán quedó confinado de nuevo en su hacienda y también fue notificado de la causa que se le mantiene abierta, a él, a su esposa y a su suegro, en Panamá por blanqueo de dinero del Estado nicaragüense en cuentas personales.

Pero bastó que los magistrados leales a Alemán cambiaran su posición y apoyaran el proyecto de Ortega para que el reo recibiera de nuevo permiso judicial para realizar actividades políticas a favor del PLC por todo el país y el juicio panameño retornara a alguna gaveta. Ortega continuaba jugando con él.

AMNISTÍA A LA VISTA

Al iniciar el año electoral, y al dar cada vez más muestras el gobierno Ortega-Murillo de su propósito de instalar a toda costa una dictadura institucional a partir de las ventajas que el pacto con el PLC le ha dado en el control de las instituciones, empezó a ganar fuerza entre dirigentes del PLC la iniciativa de aprobar en el Parlamento un decreto legislativo de “amnistía general y reconciliación nacional”, que favoreciera a Alemán y que lo liberara de su “carcelero” Ortega.

El anteproyecto de amnistía confeccionado por el PLC abarcaba también a Montealegre. Y a las familias de ambos. Y, según el texto original después modificado, a decenas de ex-funcionarios estatales con cuentas pendientes por actos de corrupción. El texto ordenaba detener cualquier proceso judicial iniciado o por iniciar.

La amnistía era también una estrategia electoral: amnistiar a Alemán y a Montealegre favorecería la unidad entre los liberales. Así se restañarían heridas y se suprimiría el doble chantaje de Ortega. Unidas las dos mitades rojas derrotarían al FSLN derrotado en las elecciones.

ALEMÁN ACEPTA:
“AMNISTÍA PARA MÍ”

Una amnistía para Alemán es un proyecto que ha aparecido y desaparecido desde hace años, al vaivén de las coyunturas. Alemán nunca ha querido ser amnistiado, porque aunque esto significa perdón y olvido, y sobre todo libertad plena, también significa reconocimiento del delito cometido. Siempre aspiró Alemán a que en los tribunales se le absolviera “por falta de pruebas”, pero como ese ideal se le ha ido esfumando con el tiempo, en esta ocasión no tuvo pudor en reconocer que quería ser amnistiado: El caso de Arnoldo Alemán -dijo él mismo- es eminentemente político. Sí, se le debe dar amnistía a Arnoldo Alemán, declaró ante los periodistas.

El FSLN se oponía, naturalmente a la amnistía y exigía que, en todo caso, se aprobara como ley para que pudiera vetarla Ortega, lo que no podría hacer si se aprobaba como decreto. Montealegre la rechazaba por considerar que no tenía que ser perdonado por no haber delinquido, pero muchos en ALN la veían muy oportuna para liberarlo de la espada damocleana del juicio por los CENIS.

Sin embargo, cuando el PLC hizo rondas de consultas con las dos asociaciones de derechos humanos del país y otras asociaciones y personalidades recibió un rechazo unánime. ¿Por qué amnistía si no existe en el país un contexto de conflicto armado que la justifique? Aprobarla consolidaría la tradicional cultura de impunidad, porque serían perdonados delitos comunes y no delitos políticos. Además, era una iniciativa “con nombres y apellidos”, los de los dos dirigentes liberales, rivales ambos, bajo el chantaje de Ortega ambos.

EL FMI A LA VISTA

En los primeros días de febrero, cuando la amnistía iba y venía, el contexto económico era muy tenso. La inflación de enero había superado el 1.25%, el petróleo seguía subiendo, alcanzando récords históricos, incrementando los precios de todo. El FMI anunciaba su llegada al país para finales del mes con el objetivo de revisar el programa firmado con el gobierno, no sólo sus metas cuantitativas, sino los criterios de desempeño y cómo adecuar el programa a las nuevas realidades: la desaceleración de la economía en Estados Unidos y los precios en ascenso del petróleo y de los alimentos, que están provocando inflación en toda Centroamérica y en mucha mayor medida en Nicaragua.

Según el FMI, la elevada inflación en Nicaragua se debe, además del alza vertiginosa del precio del petróleo a otros factores, entre ellos los efectos del huracán “Félix” y las lluvias en otras regiones del país y a hechos como el de que algunos productos básicos, como los frijoles, se han convertido en productos de exportación -a Venezuela-, creando vacíos de oferta en el país.

El FMI escuchó de representantes de la Coordinadora Civil otros elementos subjetivos, de “sicología inflacionaria”, derivados de tensiones políticas, incertidumbres económicas y anuncios contradictorios del gobierno. También les escuchó cuestionar la insistente propuesta del FMI de congelar los salarios de los trabajadores del sector público -médicos, enfermeras, policías, maestras, técnicos- como un mecanismo anti-inflacionario. La Coordinadora viene reclamando del gobierno una propuesta de política salarial de mediano plazo que todavía no existe.

LA MAGNITUD DE LA
“COOPERACIÓN” VENEZOLANA

También venía el FMI a analizar las consecuencias inflacionarias que puede estar provocando el dinero venezolano proveniente del ventajoso acuerdo petrolero que Chávez le ha facilitado a su aliado Ortega. Este dinero circula en las arcas presidenciales sin control y sin transparencia.

Altos funcionarios del gobierno Ortega han restado importancia a todos los reclamos hechos por diferentes sectores sobre la necesidad de transparentar estos recursos. Algunos de ellos niegan que sean recursos “de la cooperación” que deban integrarse al presupuesto, afirmando que se trata solamente de inversiones privadas de Venezuela en Nicaragua, no decididas por criterios de rentabilidad, sino por “ayudar a un pueblo hermano”.

El FMI ha solicitado al gobierno información más detallada sobre la cooperación venezolana. Porque la magnitud de los montos (unos $400-500 millones anuales) tiene repercusiones macroeconómicas que deben ser evaluadas. El FMI solicita que la parte de esta cooperación destinada a inversiones públicas aparezca registrada en el Presupuesto y que la parte que es inversión privada destinada al sector privado -como alega el gobierno-, aparezca registrada claramente en la balanza de pagos. Hasta el momento, no aparece registrada en ninguna parte para ser objeto de control y escrutinio público.

¿CONTRADICCIONES O TEATRO?

Tensión creaba también el problema de los CENIS. Mientras arreciaba la propaganda contra Montealegre -y a la par de él contra el director del diario “La Prensa” Jaime Chamorro-, presentándolos como únicos culpables del enorme agujero socavado en el erario público con los CENIS, el Presidente del Banco Central, Antenor Rosales -en contradicción con el calificativo de “robo del siglo” con el que se vilipendiaba en cuñas de radio y spots de televisión la emisión de estos bonos- renegociaba activamente con los banqueros la deuda interna derivada de ellos.

Y mientras esto hacía Rosales, un juez de los más cercanos al FSLN, Julio César Arias, le ordenaba a Rosales suspender cualquier pago de esa deuda, a lo que Rosales se negaba, sonrisa ancha y ley en mano. Y mientras el Presidente Ortega anunciaba que “honraría” la deuda de los CENIS para no afectar la imagen de Nicaragua, el fiscal Armando Juárez -también del entorno de los que trabajan para el FSLN- y el procurador Hernán Estrada -cercanísimo a la pareja presidencial- se lanzaron, también ley en mano
-pero sin sonreir- a una investigación, con el objetivo de declarar ilegales los CENIS y el “enriquecimiento ilícito” derivado de ellos.

¿Contradicciones en el gobierno? ¿Desplazamiento de los intereses del grupo empresarial del FSLN? ¿Presiones sobre los banqueros? ¿Una posición dura de cara a la llegada del FMI? ¿O tan sólo una pieza teatral en el escenario de los medios de comunicación, con roles asignados desde la Presidencia a cada actor? Son tan teatrales las apariciones del presidente, su esposa y su equipo, en tarimas-altares cundidos de flores, que cabe pensar que las comparecencias gubernamentales de otros de sus funcionarios tienen también ese carácter.

QUITANDO Y DANDO

La renegociación de Rosales con los banqueros culminó: bajará la tasa de interés en 1%, se extenderá el plazo del pago a 12 años y se reducirán significativamente los montos a pagar en este año 2008, para liberar recursos para el gasto social. No es poco contar con un extra de millones de córdobas más en manos del gobierno para inversión social en un año de elecciones.

Los bancos aceptaron el trato porque si el gobierno renegocia con ellos quedaría legitimada por un gobierno sandinista la controversial deuda nacida de los CENIS. Y porque las amenazas que en enero hizo el Presidente Ortega de no pagarles la deuda y de retirar de esos bancos todos los depósitos del gobierno, hicieron un daño directo al BANPRO y al BANCENTRO, ya que sus “ratings” internacionales se deterioraron y ahora les cuesta más caro conseguir financiamiento externo.

Después de aquella amenaza de no pago, el Presidente Ortega y Rosales dijeron que sólo pagando la deuda el gobierno conservaría credibilidad y podría seguir emitiendo títulos de deuda. Se sabe ya que estos títulos los colocará el gobierno a un interés que permitirá a los bancos, al comprarlos, compensar el 1% que perderán en la renegociación. Con una mano les quitan y con otra les dan: otra prueba de que la alianza de Ortega con el capital financiero nacional es una de las más firmes en su gobierno.

APARECE HUMBERTO ORTEGA:
“CONCERTACIÓN YA”

Cuando el PLC luchaba por la amnistía, el ambiente político era también confuso. Haciendo un gran despliegue publicitario, en dos páginas enteras en ambos diarios nacionales, Humberto Ortega quebró silencio y retiro para hacer el 6 de febrero un urgente llamado a una “concertación ya” en nombre de “nuestros mártires”, aunque citaba únicamente a su hermano Camilo Ortega -caído en la insurrección anti-somocista- y a Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por el somocismo, muertos ambos hace ahora 30 años.

Humberto Ortega ha cultivado la imagen de reaparecer repentinamente en tiempos de crisis. Esto no quiere decir -y así lo declaró- que no sea un asesor diario de su hermano el Presidente de la República. Esta vez -y así lo declaró- eligió la jornada litúrgica del miércoles de ceniza para llamar “a la reflexión”.

¿Era ya la situación tan inmanejable que ameritaba su reaparición, que volviera a proyectarse como el gran estratega para analizar públicamente lo mal que va el gobierno de su hermano? ¿Le decía públicamente a su hermano lo que su hermano no le escucha en privado o el llamado era sólo una iniciativa de “compadres hablados”?

Humberto Ortega pedía acuerdos necesarios que garanticen la estabilidad nacional que fortalezca la gobernabilidad del país para mejorar los esfuerzos que se están haciendo para superar los problemas más críticos y urgentes que afectan a toda la población. Proponía que los dirigentes del poder político, económico, social, espiritual y los medios de comunicación, con la iniciativa del Presidente de la República, acuerden medidas concretas que moderen la pasión de las elecciones municipales de este año.

En declaraciones posteriores a sus llamados en los diarios, el ex-general Ortega dijo que su objetivo era constituir en Nicaragua un centro político de cohabitación en donde debemos caber todos, un gobierno de unidad nacional incluyente.

TODOS... MENOS DOS

Como era de esperar, al llamado de Humberto Ortega siguieron múltiples análisis sobre la naturaleza de una auténtica “concertación” y otras tantas especulaciones sobre el sentido oculto y las verdaderas intenciones de su llamado.

Prácticamente todo mundo, analistas y políticos, aplaudieron una posible concertación. Uno de los primeros fue el reo Arnoldo Alemán, quien declaró que, como “un soldado de la patria” estaba dispuesto a participar y a “concertar”. Hizo estas declaraciones tras visitar al Cardenal Obando, sondeando la posibilidad de que una amnistía que le beneficiara fuera uno de los frutos que madurara de la mano del prelado, tan cercano en los últimos años al Presidente Ortega.

En medio de tan loada y generalizada aceptación de la propuesta, no se escuchó una sola palabra, mención o “recibido” desde la casa presidencial, lo que añadió más incógnitas al sentido de esta iniciativa.

¿QUÉN QUIERE
GOBERNABILIDAD?

Humberto Ortega proponía fortalecer la gobernabilidad, a la par que el equipo de gobierno de su hermano proponía a los países donantes que renunciaran a ese vínculo que la cooperación internacional viene estableciendo entre ayuda externa y gobernabilidad en los países a los que llega esa ayuda.

La resistencia de los países cooperantes -especialmente los de la Unión Europea- a abandonar la exigencia de un buen gobierno (transparencia, controles, participación de la sociedad civil, poder judicial independiente, respeto a los derechos humanos) mantiene estancado el diálogo entre el gobierno y los países donantes.

El gobierno insiste también en que los países cooperantes trasladen al Presupuesto nacional los fondos para proyectos específicos o directamente entregados a organizaciones civiles.

Las fricciones entre el gobierno y la comunidad donante han dejado como resultado que no exista aún un plan de desarrollo que sirva como marco de referencia para la cooperación, requisito básico para orientarla, para incrementarla y para la realización de un grupo consultivo, que el gobierno Ortega planea convocar en octubre de este mismo año, entre otras cosas para pedir ayuda para la reconstrucción del Caribe norte, devastado por el huracán Félix hace ya más de seis meses y aún en situación de emergencia, sin suficiente y adecuada atención del gobierno central.

UN ACELERE IMPUESTO
ARBITRARIAMENTE

Es en este contexto difícil que Daniel Ortega decidió empezar a “ganar” las elecciones municipales. La estrategia del FSLN la condujo esta vez el Consejo Supremo Electoral (CSE), en donde el gobierno tiene mayoría de 3-2, al contar siempre con el voto incondicional del Presidente del CSE, Roberto Rivas, protegido del Cardenal Obando.

Primer paso. Sorpresivamente, el CSE anunció el 11 de febrero que adelantaba en dos meses el calendario electoral. El 3 de marzo debían presentarse ya las alianzas de partidos y el 9 de marzo los casi dos mil candidatos de cada alianza o partido que competirán por los cargos municipales. En las elecciones municipales de 2004 estas fechas fueron el 7 de mayo (alianzas) y entre el 7 de mayo y el 16 de julio (candidatos).

El calendario era un atropello. La boleta electoral de las municipales de noviembre debería “cerrarse” ocho meses antes de las elecciones, una decisión que Rivas, presidente del CSE justificó con el poco dinero con que cuentan y la mucha calma que necesitan para organizarlo todo, argumentos poco creíbles. A pesar de los reclamos de todos los partidos -a excepción del FSLN, que calificó a los reclamantes como “poco organizados” y “poco serios”-, el CSE mantuvo a toda costa el atropello.

El objetivo era obvio: acelerarlo todo. En muy pocos días debían realizarse o concluir las negociaciones políticas entre los partidos y debían tomarse decisiones sobre las candidaturas. Esto impediría procesos más lentos, con más debate, fomentaría decisiones precipitadas, promovería la selección de candidatos por “dedazos” agudizaría las contradicciones. El acelere también le convenía al FSLN, donde existen inquietudes y tensiones internas por las candidaturas. Con el punto final impuesto desde arriba se garantizaría la disciplina.

MONTEALEGRE EN EL AIRE

El acelere buscaba precipitar acuerdos y así alentar la división de las dos rojas mitades liberales, que, entre graves tensiones y desconfianzas, habían firmado en enero un acuerdo de unidad para ir juntos en las municipales. Pero el pleito seguía. Eduardo Montealegre aspiraba a la candidatura para la alcaldía de Managua y Arnoldo Alemán la entorpecía.

La estrategia de Ortega, a través del CSE fue de tenaza. El 20 de febrero, al día siguiente de ratificar el adelanto en el calendario electoral desconociendo los reclamos de los partidos, el CSE decidió, también sorpresivamente, retirarle a Montealegre la presidencia de ALN, entregándosela a Eliseo Núñez, ficha de Alemán. De repente, Montealegre se quedaba en el aire, sin partido, sin casilla en la que competir y enfrentado a un dilema, que el acelere amargaba aún más. El CSE lo dejaba al frente del grupo que en 2006 él mismo había llamado “Vamos con Eduardo”…

Los diez días que siguieron a las arbitrarias decisiones del CSE se saturaron con un frenético trajín partidario: ofertas, reuniones, decisiones desmentidas en horas, condiciones aceptadas en minutos, declaraciones contradictorias…

DOS OPCIONES,
DOS BLOQUES

Todas las opciones que circularon en esos días se reducían a dos. O conformar un Bloque Opositor de todos los partidos (se han dado en llamar “fuerzas democráticas”) contra el FSLN de Daniel Ortega. O conformar todos un Bloque Opositor al pacto y enfrentar tanto al FSLN como al PLC.

Esta segunda opción parecía frágil, teniendo en cuenta el precedente del llamado Bloque contra la Dictadura, conformado en el Parlamento en noviembre ante las arbitrariedades del gobierno, ejecutadas entonces con otro brazo de la dictadura institucional, la Corte Suprema de Justicia.

El Bloque contra la Dictadura se desintegró el 12 de febrero en la discusión del presupuesto. Liberales ALN y liberales PLC, que se habían comprometido a reformarlo a fondo enfrentando a Ortega, lo aprobaron en minutos con apenas algún irrelevante maquillaje. Sólo los tres diputados del MRS mantuvieron su compromiso de oponerse a ese presupuesto de diseño neoliberal.

MONTEALEGRE
BAJO LA BANDERA DEL PLC

Mientras el FSLN miraba en silencio, y en palco, el desasosiego que había provocado con las decisiones del CSE y toda la clase política discutía sobre las ventajas y desventajas de configurar un bloque u otro, Arnoldo Alemán vio en este momento de crisis su gran ocasión: invitó a Montealegre a competir en la casilla del PLC, lo aceptó como candidato a la alcaldía de Managua, renunció a la candidata que hasta entonces él promovía y clamó por la oportunidad que se abría para consolidar la unidad liberal.

Montealegre dudó. El 27 de febrero anunció muy firme que competiría en la casilla, también roja, del PLI. Pero cuatro días después cedió. Tras horas de encuentros en los que nunca faltó Alemán llevando la batuta, los de “Vamos con Eduardo” fueron con Eduardo a donde Alemán y aceptaron competir en la casilla del PLC. Alemán aceptó la fórmula Montealegre-Quiñónez para la alcaldía de Managua.

Al anunciar su decisión, horas antes de que venciera el plazo fatal del CSE, Montealegre tuvo que admitir que también había razones económicas: el gran capital respaldaba su decisión de volver bajo la carpa roja de Alemán.

UNIDAD FRÁGIL
Y BAJO TORPEDEO

Los liberales así “unidos” anunciaron que lo acordado es tanto una unidad para ir juntos en las elecciones como una unidad para votar juntos en el Parlamento. Aspiran a ganar con Montealegre en la alcaldía más apetecida, la de Managua, y en más de 100 municipios en todo el país.

Tras esta unidad -surcada aún de desconfianzas- se adivina un acuerdo para conseguirle a Alemán una amnistía que le libere del chantaje de su carcelero y un acuerdo para evitarle a Montealegre la desaforación que le llevaría a enfrentar un juicio por el caso de los CENIS.

Esta “unidad”, naturalmente, intentará ser torpedeada desde todos los flancos por la maquinaria institucional del gobierno Ortega-Murillo. Una guerra de desgaste que se prolongará hasta la misma fecha de las elecciones. Porque la unidad del antisandinismo liberal, aunque esté pegada con chicle, pone en peligro las victorias con que el FSLN contaba en los comicios municipales.

EL DILEMA DEL MRS:
¿EL CORTO O EL LARGO PLAZO?

En la Alianza MRS hubo quienes apostaron durante algunos días a integrarse en un bloque opositor al pacto. El ex-candidato presidencial Ed¬mundo Jarquin encabezó esta opinión. La argumentaba comparando el peligroso momento político actual con el que hace ya 30 años motivó a todas las fuerzas políticas nicaragüenses a conformar un bloque contra la dictadura somocista.

Otros dirigentes de la Alianza MRS y un grupo de la juventud integrada a ella, para renovar y rescatar al sandinismo, rechazaron con firmeza andar por este camino.

El rechazo lo provocaba el propio Eduardo Montealegre, eximio representante de la derecha neoliberal. ¿Cómo un movimiento de orígenes sandinistas podía respaldarlo?

¿Por qué hacerlo, además, teniendo en cuenta los buenos resultados electorales (más de 100 mil votos) que la Alianza MRS había obtenido en Managua en 2006, a pesar de tantos obstáculos, votos que podrían crecer al ver las ambigüedades de Montealegre, que concluyeron aceptando competir en la misma casilla de Alemán?

Los unos opinaban que la prioridad indiscutible para Nicaragua en la actual coyuntura es derrotar a Daniel Ortega y quebrar así su proyecto de dictadura institucional. Los otros apostaban a la coherencia, a los principios, considerando que la prioridad es crecer y seguir apostando al largo plazo.

LOS QUE VAN SOLOS

Por fin, la decisión de Eduardo Montealegre de refugiarse en la casilla del PLC, al am¬paro de Arnoldo Alemán, aclaró los cielos anaranjados. El MRS competirá solo, bajo el sombrero de Sandino. Solo, tanto contra la dictadura institucional que pretende instalar el gobierno Ortega-Murillo como contra el vigente pacto de Ortega con Alemán, funesto acuerdo que preparó las condiciones para esa posibilidad dictatorial.

Con los mismos argumentos, competirán también solos los verdes del Partido Conservador, aunque en las filas de este partido la decisión de la soledad causó una abierta división y un grupo de verdes “se fue con Eduardo” a la casilla roja del PLC.

UN PRIMER BALANCE

El balance de esta primera embestida pre-electoral de la dictadura institucional en ciernes abre muchos interrogantes. Sin duda, el gobierno Ortega-Murillo organizará nuevos capítulos en su estrategia de ataque. Y en su estrategia de defensa reforzará de mil maneras su poderoso tendido electoral.

Alemán ha mejorado su situación, frente a su carcelero y al interior del PLC y del liberalismo en general. Ya anunció el reo que recorrerá todo el país para hacer campaña en los municipios a favor de los candidatos liberales. Ya algunos liberales le han sugerido que no haga campaña en Managua, porque eso empañaría la imagen de luchador contra la corrupción que ha cultivado Montealegre.

La decisión de Montealegre de reagrupar a los que “van con Eduardo” bajo el alero del PLC ha provocado gran alegría en las bases liberales, y también bastante rechazo en quienes, en esas mismas bases, lo consideraban un líder anti-pacto. Ante las críticas, Montealegre esgrime esta consigna: derrotar a Ortega es derrotar el pacto.

La “soledad” de casilla asumida por el Movimiento Renovador Sandinista y por el Partido Conservador le abre a estos dos grupos políticos nuevas oportunidades. En números redondos, la tercera parte del electorado nicaragüense no participa de la polarización FSLN-antiFSLN y pueden considerarse votantes independientes.

¿REFERENDUM,
ELECCIÓN O ABSTENCIÓN?

¿Qué pesará más en estos votantes en noviembre: el rechazo a los dos caudillos o el frenar a Ortega en su carrera hacia la dictadura institu¬cional? ¿O lo que pesará más será la popularidad y representatividad de los candidatos que presenten todos los grupos?

¿O lo que más contará será la apatía frente a la política y los políticos y habrá poca participación, una abstención que siempre favorece al FSLN? La última encuesta nacional de CID-Gallup revela que el 78% de la población está harta de los políticos y no valora positivamente ni a Ortega ni a la oposición.

ESCRITO EN PAPEL

Aunque se empezó a rayar el cuadro, nada está escrito en piedra todavía. Sólo algo ya se escribió en papel. Pero en Nicaragua los papeles vuelan, se los llevan los vientos de la desmemoria y de la desidia y se pierden. Y la tinta con la que se escribe en ellos se diluye pronto. La borra el pragmatismo.

Serán la crisis económica y la incertidumbre política las que irán escribiendo derecho en líneas torcidas y torcido en líneas derechas. Falta mucho tiempo para leer y para interpretar lo que dirán esas líneas.

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